The words you are searching are inside this book. To get more targeted content, please make full-text search by clicking here.
Discover the best professional documents and content resources in AnyFlip Document Base.
Search
Published by carla.gaspar.sarda, 2022-10-23 00:29:06

El Alba de los Aspectos

El Alba de los Aspectos

CAPÍTULO CUATRO

LOS CINCO

Jaina se arrodilló entre Kalec y la reliquia, debatiéndose entre la necesidad de

actuar rápido para poder salvar al dragón azul y el deseo de abrazarlo y reconfortarlo, ya que
esos podían ser los últimos minutos de vida del ex Aspecto, por mucho que ella intentara
evitarlo. Kalec continuó sufriendo una espantosa metamorfosis, en la que los rasgos de
protodragón se imponían cada vez más a los demás y en donde su ritmo de respiración era
tan acelerado que la archimaga no se podía creer que los pulmones todavía no le hubieran
explotado.

¡Este artilugio no se pudo crear con este fin!, se dijo Jaina a sí misma de manera
insistente. ¡No tiene sentido!

En ese instante, se concentró en la vibrante reliquia y se le desorbitaron los ojos al
darse cuenta de que lo que había creído que era un único objeto muy sólido estaba compuesto
en realidad por dos piezas.

«Creo que dio con algo», había dicho Buniq en su momento, la cual se había
desvanecido sin dejar rastro, a pesar de haberse hallado muy cerca de la archimaga.

Pero en cuanto Jaina empezó a relacionar a esa misteriosa taunka con el
descubrimiento de la segunda pieza, tuvo la sensación de que alguien la vigilaba. Con suma
rapidez, la hechicera alzó la mirada más allá de la reliquia.

Ahí no había nadie… o, más bien, no había nadie ahora. No obstante, un pensamiento
muy peculiar cruzó velozmente la mente de Jaina, la idea de que había visto a alguien. No
se trataba ni de un dragón ni de un humano, aunque se trataba de algo cuya forma recordaba
a uno de esos seres bípedos. Mientras se concentraba, la archimaga creyó recordar que se
trataba de una figura encapuchada y con capa un poco más alta que Kalec en su forma
humanoide.

Jaina sabía alguna cosa que otra sobre los guardianes y, si bien eran mucho más altos
(en realidad, eran similares a los gigantes), estaba segura de que poseían el poder necesario

P á g i n a | 249

El Alba de los Aspectos

como para lograr que los demás los vieran de otro modo. Aunque ese fuera el caso, Jaina se
preguntó por qué, si lo que había llegado a ver era en verdad un guardián o su imagen
proyectada, este se había desvanecido tan rápidamente.

No me lo he imaginado… Estaba ahí de pie. Además, no había aparecido hasta que
Jaina se había dispuesto a investigar la reliquia y había descubierto que constaba de dos
componentes y no solo de uno.

Eso hizo que volviera a pensar en Buniq, a quien cada vez consideraba mucho más
que una taunka. Además, a un guardián no le habría resultado muy difícil presentarse bajo
esa forma.

Como estaba segura de que estaba siguiendo la pista correcta, Jaina examinó esa
zona donde, al parecer, las dos piezas se habían fusionado. Si no hubiera sido por su avezado
ojo, la archimaga dudaba mucho que se hubiera percatado de ello, ya que estaban unidas
gracias a algún hechizo.

Un hechizo… Jaina pensó de nuevo en la forma en que se había enfrentado a la
reliquia en un principio. Tal vez, dada la situación, su ataque había sido muy poco
consistente y centrado.

Volvió a trazar el símbolo en el aire y estudió de qué manera estaban unidos ambos
componentes. Entonces, lanzó el conjuro.

El símbolo envolvió la parte más pequeña, así como la zona en la que estaba unida a
la más grande. Mientras esto tenía lugar, Jaina reforzó sus encantamientos de protección
personal una vez más. No tenía ni idea de qué podría ocurrir, pero la experiencia le decía
que debía esperar lo peor.

Ambos componentes relucieron con un brillo blanquecino que la cegó. La archimaga
retrocedió, pues estaba segura de que la reliquia estaba a punto de estallar o de atacarla
violentamente.

Sin embargo, ese intenso fulgor se desvaneció, y el componente más pequeño giró
hasta completar un semicírculo.

Parpadeando, Jaina hizo ademán de cogerlo.
De repente, recibió una descarga de energía blanca en la frente. Se estremeció, pero
por la sorpresa, no de dolor.
Súbitamente, Jaina vio…
El mundo se desdibujó.
Lo hizo de una manera que Kalec nunca había experimentado. Se sintió como si un
momento siguiera al otro como las olas del mar. Fue muy desconcertante, ya que todo lo que
veía a través de los ojos de Malygos pareció fluir también como unas olas. Mientras tanto,
la niebla se aproximaba más y más, con Galakrond detrás.

P á g i n a | 250

El Alba de los Aspectos

Entonces, su anfitrión miró hacia atrás, hacia los no-muertos, y el ex Aspecto
experimentó lo mismo. Se abalanzaban sobre él desparramándose, como si estuvieran
hechos de agua, lo cual les confería un aspecto aún más espantoso.

Vamos a morir, pensó un Kalec tan aterrado como maravillado. Si bien el dragón
azul jamás había creído que Malygos pudiera llegar a morir, sus recuerdos sobre su propia
época se habían vuelto tan vagos que se preguntaba si realmente eran recuerdos o meras
fantasías.

Pero eso importaba más bien poco. Lo único que realmente importaba era que él y
su anfitrión estaban a punto de perecer de una manera horripilante.

Los pensamientos de Kalec se vieron interrumpidos por un rugido teñido de tristeza,
que también llamó la atención del macho azul como el hielo, quien se volvió en dirección al
bramido.

Algo más había atraído la atención de Galakrond, una columna de llamas un tanto
patética, pero todavía peligrosa, que había exhalado una Alexstrasza sometida a una gran
tensión. Tras ella, Neltharion (el en su día poderoso Neltharion) hacía todo lo posible por
mantenerse flotando en el aire. No cabía duda de que, a pesar de que Alexstrasza quería
facilitar la huida de Neltharion, este intentaba seguir cerca, como si así pudiera ayudar de
algún modo.

Galakrond los miró con desprecio. El coloso, que se había olvidado de Malygos por
el momento, exhaló levemente en dirección hacia Alexstrasza, lanzando otra ráfaga de su
nauseabunda niebla hacia ella. Toda la resistencia de la que la hembra naranja como el fuego
había hecho gala se vino abajo al instante. Y lo que era aún peor, en su lucha por seguir
batiendo las alas, Alexstrasza se había acercado sin querer a su gigantesco adversario.

Galakrond abrió la boca de par en par y aguardó gozoso a que Alexstrasza siguiera
aproximándose involuntariamente a sus descomunales fauces.

Malygos avanzó a gran velocidad hacia la niebla, pues había optado por ella en
detrimento de los no-muertos. Kalec se alegró de que hubiera tomado esta decisión, ya que,
a pesar de que la niebla fue anulando la voluntad de ambos, al menos esas ondas que
distorsionaban la realidad cesaron en cuanto optó por reaccionar de esa manera. Fuera cual
fuese el destino que los aguardaba, los cinco habían demostrado ser tan leales unos a otros
como lo habría sido cualquier dragón de verdad. Cada uno de ellos había intentado salvar a
alguno o a algunos de los demás, jamás habían rehuido la pelea, jamás habían temido a la
muerte…

No.… no eran cinco. Somos cuatro…
Ese pensamiento se desvaneció junto a todos los demás, ya que la niebla demostró
ser demasiado para Malygos. Su ataque había resultado ser tan fútil como lo había sido el
gran asalto de Talonixa. Batió las alas más lentamente, pues era lo único que podía hacer

P á g i n a | 251

El Alba de los Aspectos

para lograr que se movieran lo bastante rápido como para evitar que cayera al suelo hacia
una muerte segura.

Lo cual quería decir que no podía hacer nada ni por Neltharion ni por Alexstrasza,
la cual necesitaba su ayuda de manera más inminente.

Mientras unos negros nubarrones se cernían sobre la lucha por sobrevivir de Malygos
y Kalec, ambos pudieron comprobar que la hembra naranja como el fuego era consciente del
funesto destino que la esperaba. Si bien logró dar unos pocos aleteos que ralentizaron su
avance, las fauces del monstruo se cernían ya sobre ella.

Entonces, algo cayó sobre Galakrond, cerca del lado cegado por el ataque previo de
Alexstrasza. En cuanto esa cosa impactó ahí con fuerza, una gran ráfaga de arena barrió la
gigantesca cabeza del protodragón, cubriéndola por entero.

Kalec y su anfitrión apenas lograron distinguir cómo un apaleado Nozdormu
intentaba asirse a algo mientras exhalaba una y otra vez. Galakrond se sacudió para procurar
quitarse de encima a Nozdormu. El zarandeado protodragón marrón se movió violentamente
adelante y atrás, pero se mantuvo aferrado con firmeza gracias a sus garras. Nozdormu
parecía hallarse muy débil, por lo cual el hecho de que, de algún modo, hubiera conseguido
volver para atacar de nuevo al monstruo había sorprendido tanto a Malygos como a Kalec.

Pero las esperanzas que albergaban de poder salvar a Alexstrasza se vinieron abajo
en cuanto Galakrond decidió que Nozdormu no era más que un incordio y optó por
concentrarse una vez más en ella. Ese pequeño respiro no había sido suficiente como para
que la hembra hubiera tenido alguna oportunidad real de escapar. Tampoco había ayudado
que, al intentar librarse de Nozdormu, el monstruoso leviatán hubiera dispersado gran parte
de la niebla, puesto que Alexstrasza, al igual que Malygos y Neltharion, había inhalado ya
tanta que no pudo recuperarse a tiempo.

Nozdormu se soltó a la vez que lanzaba una última ráfaga de arena, que fue a
impactar contra el ceño de Galakrond, pero por muy fuerte que lo golpeara, era ya muy
evidente que el impacto únicamente sería capaz de distraer a su horrendo rival solo por un
segundo más. No obstante, esa no era la intención de Nozdormu, ya que nada más atraer la
atención del enorme protodragón sobre él, desvió la descarga hacia abajo para taponarle a
este las fosas nasales.

De un modo instintivo, Galakrond abrió las fauces todavía más en busca de aire…
Y en ese momento crítico, una protodragona más pequeña y amarillenta se colocó
ante Galakrond y exhaló en su boca.
El coloso echó la cabeza hacia atrás, con una expresión muy peculiar dibujada en su
rostro. En cuanto la niebla dejó de afectar a Malygos y Kalec, estos se acordaron de las
secuelas del aliento de Ysera; en cierto modo, eran similares a las del aliento de Galakrond,
aunque no tan debilitantes.

P á g i n a | 252

El Alba de los Aspectos

Ysera no se acercó a Alexstrasza, tal y como Malygos había supuesto, sino que hizo
algo inconcebible (una vez más) y prosiguió su demencial ataque sobre el coloso, mientras
se interponía en todo momento entre él y su hermana. Kalec y su anfitrión comprobaron que
habían subestimado a Ysera; la cual quizá había asumido su papel con ciertos titubeos, pero
no había abandonado a Alexstrasza ni a los demás.

De hecho, quedó claro que había sido Ysera quien había ayudado al herido
Nozdormu a alcanzar a Galakrond y que los ataques de Nozdormu habían sido llevados a
cabo como una estrategia de distracción para que Ysera atacara.

Ysera… y, quizá de manera no intencionada, también Malygos.
Ahora que tenía la mente despejada, el macho azul como el hielo era consciente de
que no iban a tener otra oportunidad. Pese a que Galakrond flotaba en el aire, desorientado,
eso no iba a durar mucho. Si Malygos pudiera…
Un siseo le advirtió de que se había olvidado de cierta amenaza. Sin embargo, cuando
el anfitrión de Kalec se volvió para encararse con los no-muertos, comprobó que ahora
volaban de un modo más caótico y que, en un caso concreto, se estaban peleando entre ellos.
Al principio, Malygos se quedó perplejo, pero pronto se dio cuenta de que la desorientación
de Galakrond había acabado afectando a sus putrefactos esclavos.
El macho azul como el hielo exhaló sobre la pareja que se peleaba, logrando así que
ambos cayeran congelados hacia el suelo. Aunque quería ocuparse también de los demás,
un rugido de advertencia de Ysera lo llevó a concentrarse de nuevo en Galakrond. La
hermana de Alexstrasza trazó un círculo a gran velocidad alrededor de la cabeza del
monstruo, a la vez que seguía exhalando su aliento hacia el interior de la boca de este y lo
hería con sus garras aquí y allá. Su adversario siguió sacudiendo la cabeza, presa, al parecer,
de la furia, aunque en realidad la agitaba para poder despejar su mente de los perniciosos
efectos del aliento de la hembra. Si bien Malygos admiraba el gran esfuerzo que Ysera había
hecho hasta entonces, no pudo evitar darse cuenta de que la mirada de Galakrond cada vez
parecía más enfocada. Y lo que era aún peor, tras lanzar un fuerte resoplido, logró deshacerse
de la arena que le taponaba las fosas nasales; acto seguido, dio unas intensas bocanadas de
aire para poder recuperarse lo antes posible.
Mientras observaba todo esto, el anfitrión de Kalec urdió un plan. Se parecía mucho
a un ataque que habían intentado lanzar contra Galakrond anteriormente, pero en ese intento,
habían luchado cada uno de manera individual y no unidos. Además, el coloso entonces no
había sido tan grande como ahora. Si los cinco fueran capaces de actuar tal y como había
soñado Malygos con anterioridad…
En ese instante, se acercó raudo y veloz a Neltharion, quien había logrado superar su
propio estupor.
—¡Vamos! ¡Deprisa!

P á g i n a | 253

El Alba de los Aspectos

Hay que reconocer que el macho gris como el carbón lo siguió sin rechistar. Malygos
voló hacia uno de los picos que habían quedado hechos añicos por culpa de la pelea. Unos
trozos enormes y mellados de piedras pendían precariamente de esas montañas a las que, en
su momento, habían pertenecido por entero. El anfitrión de Kalec clavó la mirada en el
fragmento más grande y afilado, el cual podía ser transportado por dos protodragones con
las garras traseras.

—¡Ayúdame!
Entre Neltharion y él, partieron y soltaron ese fragmento. Después, Malygos voló
con su compañero de vuelta hacia Galakrond. Mientras el coloso aparecía en su campo de
visión, el anfitrión de Kalec se dio cuenta de que Alexstrasza había hecho lo que creía que
haría: en cuanto su mente se había despejado, había ido a apoyar a su hermana. Ahora ambas
se acercaban volando desde lados opuestos y se movían como si se estuvieran leyendo los
pensamientos mutuamente. Atacaron a la vez, evitando así que Galakrond pudiera elegir un
objetivo por encima de otro. Asimismo, lograron evitar que se percatara de que los dos
machos se aproximaban.
Si bien las hermanas y el monstruo eran incapaces de ver nada más allá de la batalla
que mantenían, Nozdormu logró divisar a Malygos y Neltharion. También vio que traían
una roca consigo. Quizá Nozdormu comprendiera de inmediato qué pretendían hacer con
ella o quizá no, pero sin duda alguna, se dio cuenta de que necesitaban acercarse mucho más
a su rival.
El protodragón marrón se elevó bruscamente y abandonó el lugar donde se hallaba
ahora relativamente a salvo. Acto seguido, logró exhalar de nuevo. La columna alcanzó a
Galakrond en la parte superior de su arco superciliar, provocando que este agachara la cabeza
de manera instintiva, tal y como había hecho en un ataque anterior.
Mientras hacía esto, Alexstrasza e Ysera redoblaron su asalto y se alternaron en sus
ataques, de modo que, en cuanto el monstruo volviera a alzar la cabeza, siguiera preocupado
únicamente de ellas. Pero cuando parecía que todo por fin empezaba a ir como la seda,
Neltharion bramó:
—¡No-muertos!
Malygos giró el cuello violentamente y descubrió que tenían a algunos de los no-
muertos prácticamente mordisqueándoles las colas. Las criaturas no volaban con la misma
coordinación aparente de la que habían hecho gala en un principio, lo cual, tanto para Kalec
como para su anfitrión, revelaba que Galakrond los había liberado de su yugo, aunque no
sabían si eso lo había hecho de un modo intencional o, simplemente, estaba demasiado
distraído como para mantener su vínculo con ellos. Lo que sí importaba de verdad es que los
cadáveres reanimados habían vuelto a dejarse guiar por su instinto, o lo que fuera que
tuvieran en su lugar, y perseguían volando a sus comidas probablemente más cercanas.

P á g i n a | 254

El Alba de los Aspectos

Además, como Malygos y Neltharion portaban entre ambos una pesada carga, los
dos machos parecían dos comidas muy fáciles de conseguir.

—Neltharion… es tan… ¡fuerte! —exclamó Malygos, quien dio un giro desesperado
al plan que llevaban a cabo—. ¡Que podría llevar esta piedra él solo!

El protodragón gris como el carbón entornó los ojos.
—Neltharion es fuerte. Pero también lo es… Malygos… quien también es más listo
que Neltharion.
Neltharion abrió una garra. La roca se agitó. Sin pensarlo demasiado, el anfitrión de
Kalec agarró con más fuerza si cabe la piedra. Sabía qué pretendía hacer Neltharion (era lo
mismo que él había estado a punto de hacer), pero era ya muy tarde para detener al otro
protodragón.
Neltharion se soltó del todo. Malygos gruñó por el esfuerzo a la vez que hacía todo
lo posible para evitar que la roca se le cayera. Kalec sabía que su anfitrión había tenido la
intención de pedirle a Neltharion que siguiera llevando la roca, mientras él se volvía para
encararse con los no-muertos. Malygos no pensaba que luchar contra los títeres de Galakrond
fue fácil, pues en cierto modo, eso solo era una invitación a sufrir una muerte más rápida e
igual de espantosa.
Pero Neltharion conocía muy bien a Malygos, tanto como Kalec. Si querían que el
plan contra Galakrond llegara a buen puerto, tenía que coordinarlo el macho azul como el
hielo. Neltharion era un combatiente temible, era el más fuerte de los cinco, pero no era un
gran estratega como Malygos.
Al menos aún no, recordó Kalec de un modo abrupto. Como Deathwing, Neltharion
había demostrado ser muy artero. Pero eso será en el futuro… o eso creo.
Mientras Kalec se debatía entre si realmente había un futuro o no, Malygos echó un
último vistazo a Neltharion, quien en ese momento estaba arremetiendo violentamente
contra tres de esos no-muertos que los perseguían. Entonces, el anfitrión de Kalec se armó
de valor y se encaró con Galakrond. Respiró hondo y aceleró aún más. A pesar de que no
pudiera impedir la más que probable muerte de Neltharion, sí podría lograr que ese sacrificio
no fuera en vano… aunque él y los demás también tuvieran que dar sus vidas.
Mientras Malygos se aproximaba al leviatán deforme, se sintió bastante seguro de
que al final iban a tener que morir.
Galakrond escogió ese momento para echarse a un lado e intentó morder a Ysera.
Sus enormes colmillos fallaron solo por unos centímetros. Ella retrocedió lo más rápido
posible, pero el coloso siguió persiguiéndola al mismo tiempo que abría de nuevo sus fauces.
Unas llamas lo alcanzaron cerca del ojo. Alexstrasza exhaló dos veces, en un intento
de atraer la atención de su rival hacia ella. Sin embargo, Galakrond ignoró ese leve dolor
que la hembra le había causado.

P á g i n a | 255

El Alba de los Aspectos

Para estupor de Malygos y probablemente de todos los demás, incluido Galakrond,
Ysera cambió de dirección. Voló hacia el interior de esa boca abierta y, a continuación,
ascendió de inmediato, con las zarpas traseras extendidas hacia delante y sus propias fauces
bien abiertas.

Esa estrategia demencial permitió que Alexstrasza continuara exhalando, a pesar de
que cada vez le costaba más respirar. Las llamas arreciaron sobre todo el perfil del semblante
plagado de escamas del monstruo, cuyos miembros superfluos se retorcieron,
chisporrotearon y se marchitaron ante ese asalto tan violento y cruel que hizo que el coloso
rugiera de dolor.

Entonces, abrió la boca e Ysera arañó con sus garras la carne ennegrecida del paladar
de sus fauces. La sangre y el pus brotaron a borbotones de esa zona extremadamente
lastimada. La hembra amarillenta ignoró los fluidos que cayeron sobre ella y le dio un
tremendo mordisco en la parte carnosa antes de alejarse.

El rugido de Galakrond se tomó mucho más agudo. Pese a que cerró violentamente
la boca, para entonces la impetuosa Ysera ya había logrado escapar.

Al ver que el leviatán cerraba a cal y canto sus fauces, Malygos temió por el futuro
del plan, pero entonces, su gigantesco enemigo abrió la boca ampliamente una vez más.
Galakrond carraspeó y tosió… y, por un momento, pareció hacerse un poco más pequeño.

Se está debilitando, pensó el protodragón azul. Aunque esta debilidad no durará
mucho tiempo.

A esas alturas, Kalec conocía gran parte del plan de Malygos, pero eso no lo armaba
de valor precisamente. Como tampoco lo alentaba el hecho de que su anfitrión estuviera
volando lo más rápido posible, con esa tremenda carga en sus garras, hasta esas mismas
fauces de las que Ysera acababa de escapar por los pelos.

Galakrond olisqueó el aire y se volvió hacia Malygos.
Nozdormu le lanzó una descarga de arena sobre el ojo más próximo.
Ni Malygos ni el monstruo habían visto cómo se acercaba Nozdormu hasta ahí, ya
que el protodragón marrón había medido el tiempo de sus ataques a la perfección, como era
habitual. Galakrond apartó la cabeza para evitar esa irritante arena, lo cual brindó a Malygos
la oportunidad que había estado esperando.
El macho azul como el hielo voló por debajo de los colmillos superiores del coloso
y se adentró en un lugar que no solo apestaba por culpa de la carne desgarrada, sino por el
aliento de ese carnívoro sin parangón que caminaba sobre la faz de ese joven mundo.
Malygos y Kalec intentaron no pensar en cuantos protodragones habían atravesado esa
garganta ahora tan cercana.
Malygos flaqueó. Los esfuerzos que había hecho le estaban pasando factura. Se dio
cuenta de que estaba a punto de soltar la roca. El anfitrión de Kalec recurrió a todas las
energías que aún le quedaban para seguir sujetándola y continuó avanzando hacia ese

P á g i n a | 256

El Alba de los Aspectos

agujero aterrador. En esos instantes, lo único que tenía que hacer Galakrond para acabar con
el diminuto protodragón era cerrar la boca y tragar.

¡Ahora!, le gritó Kalec silenciosamente a su anfitrión. ¡Ahora!
Pero Malygos aguardó un segundo más, pues buscaba el ángulo adecuado.
La oscuridad envolvió a Kalec, pero esta vez se trataba de la oscuridad generada por
las mandíbulas de Galakrond al cerrarse.
Malygos se ladeó y soltó la carga.
Aunque ninguno de los dos pudo ver cómo la roca descendía, sabían qué
consecuencias iba a tener eso la próxima vez que el monstruo respirara. Galakrond abrió las
fauces de repente una vez más y carraspeó de nuevo con tanta fuerza que casi dejó sordos a
Kalec y su anfitrión.
Malygos salió por un lado a gran velocidad, corriendo así el mismo riesgo de haber
acabado partido en dos de un mordisco que había corrido Talonixa en su momento. Sin
embargo, no dio la impresión de que sus temores fueran fundados, puesto que Galakrond
continuaba tosiendo, aunque esta vez por otra razón. Tal y como Malygos había planeado y
esperaba, la roca que había escogido, un proyectil de gran tamaño y puntiagudo, se había
deslizado hasta las profundidades de la garganta del coloso, donde se había quedado atorada
hasta cortarle prácticamente la respiración a Galakrond.
El enorme protodragón se revolvió en el cielo. Con la cola, hizo añicos parte de una
ladera. Con una zarpa trasera, hizo saltar por el aire toneladas de piedra de otra.
Como era incapaz de sacarse la piedra, Galakrond acabó estampándose contra una
montaña y, en vez de elevarse al cielo otra vez, se arrastró velozmente por ella. Sus garras y
su cola dejaron una estela de devastación a su paso.
Después, Galakrond se inclinó sobre un valle y agachó la cabeza, que sacudió
adelante y atrás.
¿Logrará expulsarla? Malygos esperaba que la roca permaneciera ahí atascada el
tiempo suficiente como para lograr que su adversario se desmayara o, preferiblemente,
muriera. No obstante, ahora le preocupaba que Galakrond todavía tuviera la oportunidad de
desbloquear sus vías respiratorias. Si eso sucedía, el anfitrión de Kalec dudaba mucho que
fuera a tener la oportunidad de realizar un segundo intento.
Malygos buscó la ayuda de Nozdormu y las hermanas, por lo que rugió para llamar
su atención. Acto seguido, señaló con la cabeza a Galakrond. A pesar de que todos se
encontraban agotados, tenían que acercarse al monstruo otra vez y hacer todo lo posible para
evitar que se deshiciera de la roca.
Aunque se hallaban en una situación desesperada, Malygos se atrevió a mirar hacia
atrás en busca de Neltharion, pero no había ni rastro del protodragón gris como el carbón ni
de sus horrendos oponentes. El macho azul como el hielo siseó al imaginarse a los no-

P á g i n a | 257

El Alba de los Aspectos

muertos alimentándose con el cuerpo destrozado de Neltharion, se lo imaginó con tal
intensidad que incluso Kalec pudo ver esa imagen en su mente.

Entonces, ese siseo se tifió de furia y determinación. Malygos clavó la mirada en
Galakrond y pensó no solo en la muerte de Neltharion, sino también en la de las víctimas
anteriores de ese monstruo. A continuación, descendió en picado.

El grotesco leviatán respiraba agitadamente. Al anfitrión de Kalec le parecía
imposible que Galakrond pudiera seguir respirando; sin embargo, algo de aire debía de estar
sorteando el obstáculo que le taponaba la garganta, lo cual no era suficiente para satisfacer
las necesidades vitales de Galakrond, pero sí bastaba para que siguiera siendo una
amenazaba considerable.

Los cuatro arremetieron contra la cabeza de su rival, cada uno acercándose desde
una dirección distinta. Galakrond mantuvo la cabeza agachada en todo momento y se
estremeció.

Malygos oyó cómo cambiaba la cadencia de su respiración. Ya no era tan rápida. Si
la roca seguía atascada ahí, debía de haberse movido cuando menos, permitiendo al coloso
tomar más aire.

El anfitrión de Kalec se dio cuenta demasiado tarde de que su monstruoso enemigo
debía de ser ahora más consciente de lo que sucedía a su alrededor que antes.

Como si acabara de escuchar ese pensamiento, Galakrond miró hacia el cielo y divisó
a esas cuatro diminutas figuras.

—¡Bo-bocaditos! —logró decir el leviatán como pudo—. Los… ¡Los devoraré en
cuanto pueda!

Entonces, tosió de manera violenta, pero al mismo tiempo, batió las alas de un modo
agresivo; aunque no para volar, sino con el propósito de mantener a sus enemigos lejos.

Las alas lograron su objetivo con Ysera y Alexstrasza, pero no con Malygos ni
Nozdormu. Este último agarró al monstruo de una de sus alas palmeadas y, tal vez porque
se hallaba casi sin aliento y no podía exhalar contra la cabeza de este, optó por desgarrarle
la membrana.

Le clavó las garras profundamente, demostrando así que había ciertas partes de la
piel del leviatán que no eran impenetrables.

Galakrond dejó de toser. Furioso, intentó cazar de un mordisco a Nozdormu, lo que
brindó al anfitrión de Kalec la oportunidad que estaba buscando. La única esperanza que les
quedaba era impedir que el monstruo lograra desbloquear sus vías respiratorias. Malygos
sabía que podía haberse asegurado de que eso fuera así con anterioridad. Pero se había dejado
llevar por su instinto natural de supervivencia. Había huido de las fauces del coloso en vez
de haber hecho lo que debía. Esa roca nunca habría podido moverse de su sitio si otro objeto
enorme la hubiera mantenido atascada ahí con más fuerza.

P á g i n a | 258

El Alba de los Aspectos

Malygos pretendía usar su propio cuerpo a modo de cuña, aunque eso probablemente
acarrearía su muerte, además de la de Galakrond, si se tenía en cuenta la gran altura desde
la que ambos se desplomarían.

Kalec también entendía que ese sacrificio era necesario y estaba más que dispuesto
a hacerlo. Pese a que todavía conservaba algunos recuerdos difusos (aunque quizá todo fuera
producto de su imaginación) de una vida distinta en la que no era una mera parte
imperceptible de Malygos, estos solo le causaban dolor, ya que a través de ellos el dragón
azul intuía que había perdido a alguien muy importante, a alguien que se desvanecía en la
lejanía de la memoria.

Muramos salvando este mundo, le dijo a Malygos, a pesar de que sus palabras
seguían sin ser oídas por este. Muramos…

Alzándose sobre sus patas traseras, Galakrond apoyó una de sus pequeñas zarpas
delanteras sobre el pico más cercano. Incluso esa extremidad más débil poseía la fuerza
suficiente como para aplastar roca y compactar la tierra como si fuera arena suelta. Seguía
aleteando, mientras Nozdormu le abría tajos más profundos en una de sus alas y Alexstrasza
e Ysera intentaban hacerle lo mismo en la otra. Los ataques de los tres probablemente no
habrían hecho ninguna mella en él si el leviatán hubiera sido capaz de respirar de manera
adecuada, pero en las circunstancias actuales ayudaban a desconcertar aún más a esa bestia
medio asfixiada.

Entonces, un inquietante gorgoteo escapó de la garganta de Galakrond, que fue
seguido por un ronco jadeo que se prolongó varios segundos más de lo que le hubiera gustado
a Malygos.

El hecho de que el coloso pudiera respirar tan bien únicamente podía significar una
cosa: que la roca prácticamente se había soltado. Ahora más que nunca, el anfitrión de Kalec
tenía que aprovechar la oportunidad. Los demás estaban haciendo lo que habían planeado
desde un principio: mantener a su gigantesco adversario distraído para cuando se lanzara el
golpe definitivo, aunque no sabían exactamente de qué modo su líder había decidido realizar
ese asalto final.

Las fauces del monstruo estaban abiertas lo suficiente. Malygos calculó brevemente
el tamaño del agujero y tuvo la sensación de que Galakrond se había vuelto a encoger un
poco. El crecimiento y la transformación del coloso se habían vuelto más caóticos,
probablemente porque su dieta reciente había deformado más su cuerpo en primer lugar.

Malygos se aproximó todavía más. Aprovechó su impulso todo cuanto pudo, plegó
las alas, que pegó al cuerpo lo más posible, y entró como una exhalación. El fétido aliento
de Galakrond lo envolvió, así como algunos jirones de niebla infecta, que amenazaban con
atontar al anfitrión de Kalec antes de que pudiera hacer su sacrificio.

P á g i n a | 259

El Alba de los Aspectos

En ese instante, atisbo la roca, que se encontraba ahora un tanto salida y medio
inclinada a un lado. Galakrond intentaba desplazarla con la parte posterior de la lengua, lo
cual complicaba aún más la misión del pequeño protodragón.

El macho azul como el hielo chocó contra la roca de tal modo que la empujó aún
más hacia dentro. Aunque eso provocó una reacción instantánea por parte del leviatán, quien
sacudió la cabeza con una mayor violencia si cabe al intentar exhalar. Acto seguido, un
resuelto Malygos se aferró a la parte trasera de la lengua del coloso y empujó la piedra, para
arrastrarla lo más lejos posible.

Súbitamente, un temblor sacudió al anfitrión de Kalec, pero no se debía a nada que
Galakrond hubiera hecho. Algo había golpeado al coloso en el cráneo con tal fuerza que
todavía le reverberaba la cabeza. Malygos se percató de que eso iba en su provecho. Ahora
que su monstruoso oponente se encontraba tan ocupado, el anfitrión de Kalec decidió
proyectar su aliento por toda la zona de alrededor de la piedra.

Gracias a esa potente escarcha, la piedra quedó inmovilizada en ese sitio, al menos
por el momento. Tanto Malygos como Kalec sabían que el calor generado por el coloso
derretiría con rapidez el hielo. El macho azul únicamente quería ganar tiempo para poder
colocarse mejor.

Galakrond abrió la boca aún más, pues seguía buscando aire. Malygos clavó su
mirada en la abertura y se sintió dominado por la tentación de huir volando de esa bestia.
Aun así, sabía que debía quedarse.

De repente, una silueta entró dando vueltas en el aire y a gran velocidad en la boca
del monstruo.

Rápidamente, quedó claro que no se trataba de una sola cosa, sino más bien de dos.
Una de esas cosas era un no-muerto machacado y destrozado, lo cual hizo temer al principio
a Kalec y a su anfitrión que Galakrond hubiera urdido un plan sorprendente: enviar a sus
títeres a hacer lo que él mismo era incapaz de hacer. Aunque esa idea se les acababa de venir
a la cabeza, ese no resultó ser el caso, ya que esa segunda cosa estaba viva, de eso no había
ninguna duda.

Al ver ahí a Malygos, Neltharion, que estaba herido y magullado, así como cubierto
de arañazos (aunque no mostraba señal alguna de que lo hubieran mordido), esbozó una
amplia sonrisa con la que le enseñó los dientes.

—¡Vuela! ¡Huye volando! —insistió el macho gris como el carbón.
Malygos contempló el resultado de sus actos y comprobó que la escarcha ya se estaba
derritiendo. De repente, el coloso descendió y eso estuvo a punto de lanzarlos dando tumbos
sobre los dientes mellados de este, lo cual también provocó que la roca se moviera
demasiado.
—¡Debo quedarme! —replicó el anfitrión de Kalec gritando—. ¡Vete tú!

P á g i n a | 260

El Alba de los Aspectos

—¡Luchamos unidos! ¡Como una familia! —Neltharion lanzó una mirada iracunda
a la roca a la vez que propinaba un golpe al cadáver, que todavía se resistía—. ¡Yo la
mantendré en su sitio! ¡Tú vete!

Entonces, Malygos se abalanzó sobre Neltharion, o, más bien, sobre el no-muerto
destrozado y desgarrado. Agarró por la garganta a ese cadáver que no paraba de agitar sus
extremidades de manera demencial y le retorció el cuello de tal modo que sus garras y dientes
dejaron de ser una amenaza.

Galakrond se agitó hacia delante y atrás. Como Malygos y Neltharion contaban con
el espacio justo para poder revolotear por el aire, lograron evitar que esas sacudidas los
afectaran demasiado. El macho azul volvió a arremeter contra la roca, llevándose consigo el
cadáver reanimado.

La roca empezó a ceder. Súbitamente, el paladar del monstruo se interpuso de un
modo amenazador en el camino de Malygos, ya que Galakrond agachó aún más la cabeza
para poder respirar. El anfitrión de Kalec tuvo que corregir su trayectoria.

El no-muerto se resistía e intentaba soltarse. Malygos sacudió violentamente a su
nauseabunda presa y, a continuación, la lanzó hacia delante.

La espantosa criatura se estrelló contra la roca, de manera que esta se adentró un
poco más en la garganta, aunque eso no era lo único que pretendía conseguir el anfitrión de
Kalec, que dobló las patas traseras hacia delante, dispuesto a empujar lo más posible.

—¡Aparta!
Malygos viró justo a tiempo. Neltharion, con las zarpas traseras extendidas hacia
delante del mismo modo que su amigo, golpeó tanto al no-muerto como a la roca.
Con una fuerza que el macho azul no habría podido reunir, Neltharion empujó tanto
a esa figura huesuda como a la roca hacia las profundidades de la garganta de Galakrond.
El coloso reaccionó cerrando la boca violentamente, cuyos dientes rozaron a
Malygos, a la vez que lanzaba un rugido ahogado que estuvo a punto de ensordecerlo.
Neltharion chocó contra el anfitrión de Kalec al intentar evitar esa lengua inquieta. Al
instante, Malygos salió por un lado de esa boca rauda y veloz.
¡Neltharion sigue dentro! Aunque era imposible saber si ese pensamiento había
cobrado forma antes en la mente de Malygos o Kalec, el dragón azul se quedó estupefacto
ante el hecho de que él, que todavía no podía recordar algunos fragmentos de su supuesto
futuro, quisiera rescatar a una criatura que, a su vez, acabaría siendo una amenaza para
Azeroth. Aun así, en cuanto su anfitrión trazó de inmediato un arco hacia atrás, Kalec lo
vitoreó.
Si bien Neltharion yacía tendido boca arriba, estaba intentando incorporarse a pesar
del demencial balanceo de la cabeza del monstruo y de esa lengua que no estaba quieta. Si
no hubiera sido por el hecho de que el conducto respiratorio estaba bloqueado, a esas alturas
el leviatán ya se habría sido tragado dos veces a Neltharion.

P á g i n a | 261

El Alba de los Aspectos

De repente, Galakrond cerró las fauces de manera violenta, y Malygos temió por su
compañero, pero la boca volvió a abrirse. Si bien Neltharion había logrado darse la vuelta y
colocarse boca abajo, seguía sin recuperar el equilibrio.

El anfitrión de Kalec esquivó unos dientes más grandes que él y volvió al interior de
esa boca volando. Con las zarpas traseras preparadas, agarró a Neltharion de los hombros y
tiró de él sin titubeos. Neltharion permaneció inerte en sus garras, pero solo para evitar
distraer a Malygos.

Las fauces se estaban cerrando de nuevo. Malygos batió de nuevo sus alas y aceleró.
Los dos protodragones regresaron al exterior justo cuando esas mandíbulas se
cerraban. Neltharion se estremeció, y Malygos, que a duras penas lograba aún sostenerlo, lo
soltó.
Los dos machos, exhaustos, no volaron muy lejos, sino que se ladearon a la vez y
fueron a ayudar a sus camaradas.
Pero ambos se detuvieron en seco al ver lo que tenían ante ellos. Alexstrasza, Ysera
y Nozdormu ya no pretendían mantener ocupado a Galakrond. Y eso no se debía únicamente
a que Malygos y Neltharion ya no se encontraran en peligro, pues el mero hecho de quedarse
cerca del monstruo era una invitación a la muerte.
El gigantesco protodragón se revolvió descontroladamente, arrasando las montañas
cercanas y desatando una avalancha tras otra sobre esas regiones situadas allá abajo. Agitaba
la cola y las alas de manera demencial en el aire, golpeando otras laderas y generando un
viento que zarandeaba a los pequeños protodragones, a pesar de lo lejos que se hallaban.
Las toses y los carraspeos de Galakrond alcanzaron unas proporciones épicas. Para
estupefacción de Kalec y su anfitrión, el leviatán se lanzó de cabeza contra un pico, en un
intento evidentemente desesperado de librarse de esa roca. Malygos temió que lo lograra,
pero lo único que pasó fue que el coloso acabó sacudiendo la cabeza, como si así pretendiera
despejarse.
Mientras hacía esto, clavó su mirada furiosa en Malygos.
Galakrond se elevó en el aire, con el macho azul como el hielo como objetivo. A
Malygos no le quedó más remedio que darse la vuelta, huir y rogar que no le alcanzara.
Justo cuando acababa de salir huyendo, oyó un tremendo golpe sordo que le hizo
mirar hacia atrás. En vez de haber perseguido al anfitrión de Kalec, Galakrond había virado
abruptamente hacia el sur y se había estrellado contra la cima de una montaña, sobre la que
había caído.
Aunque Malygos se planteó la posibilidad de seguir huyendo, lo siguiente que hizo
el coloso le hizo cambiar de parecer. Galakrond consiguió elevarse en el aire, pero su rumbo
se tomó más errático. En dos ocasiones, cayó encima de sendos picos, destruyendo sus
cimas, antes de lograr permanecer a flote en el cielo. Aun así, daba la impresión de que el
monstruo ya no reparaba en la presencia de Malygos y los demás. Se dirigía hacia el sur, a

P á g i n a | 262

El Alba de los Aspectos

algún lugar situado más allá de las montañas, en esos paisajes sombríos tan lejanos, como si
allá pudiera dar con la clave que resolviera su lucha incesante por seguir respirando.

Como temía que eso pudiera ser así, Malygos se atrevió al fin a lanzarse en
persecución del coloso. Neltharion y el resto se sumaron a él. Todos sabían que, si Galakrond
lograba volver a respirar con normalidad, era más que probable que la muerte pronto les
hiciera una visita.

El leviatán revoloteó por ese páramo, siguiendo un rumbo tortuoso. Su cuerpo volvía
a brillar, pero ahora como si estuviera ardiendo. Varios de sus apéndices superfluos se
marchitaron. Desde la lejanía, Galakrond casi parecía de nuevo un protodragón de verdad,
aunque uno extremadamente grande.

Entonces, se desplomó, sin más.
La tierra tembló allá bajo por culpa de la colisión y la onda expansiva se extendió a
lo largo de varios kilómetros. Las grietas se extendieron allá donde el coloso se había
estrellado, generando unas fisuras que al atravesar el suelo recordaban a unos relámpagos.
Nada más estrellarse, Galakrond se elevó hacia el cielo una vez más. Aunque
consiguió alzarse tanto como una de las más pequeñas de esas distantes montañas, volvió a
caerse. Si bien este impacto no reverberó tanto por todo el paisaje como el anterior, no fue
menos impresionante, ya que, a continuación, el leviatán golpeó el suelo con sus
extremidades de una manera frenética.
Mientras tanto, Galakrond tosía y carraspeaba. A pesar de que tenía la mirada
clavada en algo, ya no parecía ver nada. Se incorporó y batió las alas con más fuerza. De
algún modo, el monstruo consiguió elevarse más y más, hasta que al fin flotó en el aire más
alto que nunca…
De repente, dejó de aletear. También dejó de toser, pero solo porque ya no intentaba
respirar.
A Kalec y su anfitrión le dio la sensación de que Galakrond se había quedado
paralizado en el aire. El gigantesco protodragón pendía quieto ante ellos, con las alas
extendidas en toda su envergadura.
Pero ese espejismo se desvaneció al caer Galakrond a plomo, con su descomunal
cuerpo girando en el aire con la cola por delante.
Cuando esta vez se estrelló contra el suelo, el impacto fue tan brutal que una nube
de nieve y polvo lo oscureció todo brevemente. Malygos logró discernir la silueta de la
cabeza del leviatán, que se estrelló contra el suelo después del impacto del resto del cuerpo.
Esa cabeza descomunal se estampó contra ese paisaje vacío de una manera tan violenta que
se le partió el cuello y el cráneo quedó ladeado conformando un ángulo extraño; en ese
instante, la mandíbula inferior también se le quebró.
Entonces, y únicamente cuando el polvo se había disipado tanto como para que los
cinco pudieran ver con claridad y cuando a Galakrond ya le daba todo igual, tanto la roca

P á g i n a | 263

El Alba de los Aspectos

como los espantosos restos mortales del no-muerto salieron dando tumbos de sus fauces
destrozadas y se detuvieron a unos metros de distancia; en verdad, tenían un tamaño
insignificante comparados con la criatura a la que habían ayudado a derrotar.

Galakrond había muerto.

P á g i n a | 264

CAPÍTULO CINCO

PASADO, PRESENTE Y

FUTURO

Jaina lo comprendió todo entonces. En ese instante, supo por qué se había creado

esa reliquia y por qué actuaba de ese modo.
También supo que la amenazaba con apartarla de Kalec para siempre. Sin embargo,

ahora la archimaga sabía cómo entrar en contacto con él.
Jaina rezó para que no fuera demasiado tarde.

***

Al principio, permanecieron flotando ahí, en el aire, incapaces de creerse lo que veían
sus ojos. Al final, fue Neltharion quien hizo algo impensable: aterrizar justo encima del
pesado torso de Galakrond para comprobar si estaba muerto. Neltharion se posó con tanta
fuerza que el cuerpo tembló… pero el coloso no se estremeció.

Malygos tomó tierra delante de la enorme cabeza y se maravilló ante lo que habían
conseguido. Al repasar lo acaecido, fue consciente de que jamás había esperado que
sobrevivieran a esa batalla, y mucho menos que se alzaran con el triunfo. Solo ahora era
capaz de asimilar la inmensa importancia de su victoria, lo cual hizo que el protodragón se
estremeciera.

Alexstrasza y su hermana se sumaron a él. Nozdormu trazó un círculo alrededor del
gran cadáver y, a continuación, descendió. Neltharion abandonó el lugar del torso donde se
había posado y voló al lado del protodragón marrón mientras se dirigían hacia los otros tres.

Neltharion descendió junto a Malygos.
—¡Hemos ganado! ¡Qué poderosos somos!
—Hemos tenido suerte —murmuró Malygos a su vez.

P á g i n a | 265

El Alba de los Aspectos

El macho gris como el carbón ladeó la cabeza y, acto seguido, asintió.
—Sí… también hemos tenido suerte.
Pero no ha sido solo cuestión de suerte, tal y como Neltharion acaba de señalar,
concluyó un Kalec cada vez más confuso. Hemos ganado porque hemos luchado unidos.
Ya no se consideraba una entidad separada que había nacido en alguna época muy
posterior a esos acontecimientos. Kalec sabía que siempre había sido una parte oculta de
Malygos y daba por sentado que los demás protodragones poseían unas personalidades
secundarias similares, aunque esa no era una cuestión importante para él. Lo que realmente
importaba era que tanto él como Malygos (así como los demás) habían logrado derrotar a
Galakrond. Ahora, el mundo era un sitio seguro.
—Tenía razón… El insistió en que tenía razón —afirmó una mujer a sus espaldas.
—Deberíamos haberle hecho caso —admitió un hombre que a Malygos y Kalec les
pareció que debía de ser Tyr, ni más ni menos. Al unísono, los protodragones se giraron, con
sus dientes y garras preparados para enfrentarse a un posible ataque.
Sin embargo, acabaron encarándose con dos siluetas, envueltas en sendas capas,
cuyos rostros se ocultaban entre las sombras de sus capuchas. Una era tan alta y ancha como
lo había sido Tyr cuando él y el anfitrión de Kalec se habían encontrado por primera vez; la
otra era ligeramente más baja y delgada. Malygos supuso que la más pequeña debía de ser
la mujer. Cuando esa figura volvió a hablar, pudo confirmar que había acertado.
—Bienhallados, paladines victoriosos. Nosotros y este mundo estamos en deuda con
ustedes.
—¿Dónde está Tyr? —inquirió Malygos con cierta impaciencia—. ¿Se lo han
llevado?
—Sí, así es —respondió el hombre—. Si no, esa herida lo habría matado. Está bien,
pero aún no se ha recuperado.
Cuanto más hablaba aquel hombre, más estaba convencido Malygos de que esa voz
le resultaba muy familiar.
—¡Oí tu voz en mi cabeza! ¡Tú nos indicaste el camino a seguir a través de las
montañas!
—Sí, porque había cosas que necesitaban saber, como que Galakrond estaba
devorando tanto a los vivos como a los no-muertos. También queríamos darles unos
momentos muy necesarios de respiro.
Pero el anfitrión de Kalec siguió sin sentirse satisfecho. Ahora que era consciente de
que la raza de Tyr los había estado observando e interviniendo de una manera subrepticia,
tenía que saber otra cosa más.
—¡Tyr luchó! ¡Luchó y estuvo a punto de morir! ¡Ustedes también podrían haber
luchado! ¡Y podrían haber ganado!

P á g i n a | 266

El Alba de los Aspectos

—El poder no siempre asegura la victoria —replicó la mujer de modo solemne—.
Podríamos haber ganado, o podríamos haber empeorado las cosas, lo cual era mucho más
probable. Tyr también acertó en ese aspecto, cuando intentó por última vez empujamos a
tomar una decisión y actuar. A nosotros no nos importaba nada, pues permanecíamos
indiferentes, ante todo, tras comprobar que todas las sugerencias que le habíamos hecho eran
erróneas.

—Dimos la espalda a nuestras obligaciones con este mundo — prosiguió diciendo
su compañero con suma franqueza—. No éramos los más adecuados para protegerlo… pero
ustedes sí lo son.

—Por primera vez, el hombre se movió y alzó una mano idéntica a la de Tyr en
dirección hacia Malygos y los otros cuatro—. Tyr tenía razón en muchas cosas, pero sobre
todo en esto. Acertó al escogeros a los cinco. Nos ha pedido…, no, más bien nos ha
exigido… que arreglemos las cosas para que ningún otro Galakrond, ninguna otra amenaza,
pueda llevar a Azeroth de nuevo al borde de la extinción.

Los cinco protodragones se miraron unos a otros, pues no habían entendido nada de
lo que esas dos criaturas bípedas querían decir. Kalec era el único capaz de atisbar la verdad,
pero la confusión que se había ido adueñando poco a poco de su mente provocó que esa
clase de pensamientos tan profundos volvieran a disiparse.

—Los guardianes son necesarios, los guardianes representan los cinco Aspectos
esenciales que han ayudado a moldear este mundo, y eso continuará siendo así —aseveró la
mujer. Alzó una mano en dirección a Malygos y el resto—. Ustedes van a ser esos Aspectos,
literalmente, y van a emplear ese poder del modo que sea necesario.

—Seremos más fuertes —alcanzó a comprender Malygos al fin. Quieren hacernos
más fuertes.

—No solo queremos eso. Serán algo muy distinto, algo grandioso. —Por primera
vez, la mujer titubeó—. Pero solo si aceptan asumir voluntariamente el papel de protectores
de este mundo. Tyr también ha insistido mucho en eso. Han optado una vez por luchar por
su mundo, pero ¿están dispuestos a convertir eso en la razón de su misma existencia?

A pesar de que usaban palabras complicadas, Malygos se dio cuenta de que entendía
mejor su mensaje de lo que esperaba. Ahora comprendía muchas más cosas, cosas que hace
solo una estación habría creído imposibles de descifrar.

Al comprender esa verdad, le resultó muy fácil tomar una decisión.
—Lo estoy.
Miró a sus compañeros. Alexstrasza ya estaba asintiendo para mostrar que estaba de
acuerdo. Ysera la imitó poco después. Durante un instante, dio la impresión de que
Nozdormu estaba reflexionando sobre esa oferta y, entonces, con un siseo, también asintió.
Ya solo quedaba Neltharion por responder. De hecho, Malygos se percató de que su
amigo tenía la mirada perdida en las lejanas montañas, como si estuviera escuchando algo.

P á g i n a | 267

El Alba de los Aspectos

Malygos lanzó un leve y corto siseo que hizo que Neltharion volviera a centrar su
atención en los ahí reunidos. Con un cierto tono impaciente, el protodragón gris como el
carbón les espetó:

—Sí… ssssssí.
—Entonces, será mejor que empecemos —anunció el hombre a los protodragones y
al mismo aire.
De improviso, Kalec abandonó ese estado de confusión y se dio cuenta de qué era lo
que iba a tener lugar. La mujer (que, al igual que su compañero y Tyr, transmitía una
sensación de poder mucho más intensa de lo que permitía adivinar su aspecto en ese
momento) había pronunciado la palabra clave. Ha dicho «Aspectos», recordó Kalec. ¡Así es
como Malygos y los demás se convirtieron en los Aspectos!
Todo cuanto había sucedido en realidad cuando se transformaron había permanecido
envuelto en un halo de misterio incluso para los demás dragones. De repente, Kalec se
acordó de que, en alguna que otra ocasión, cuando era mucho más joven, se había preguntado
cómo los cinco habían llegado a ser los paladines del mundo.
Con esos recuerdos, regresaron otros y otros muchos más. Kalec sabía de nuevo
quién había sido y qué le había ocurrido, así como qué le había arrastrado hasta esas
visiones…
—Kalec.
El dragón azul se sobresaltó de repente. No.… fue Malygos quien se sobresaltó.
Entonces, Kalec negó con la cabeza, no, más bien sacudió la cabeza de Malygos. Por primera
vez, Kalec tenía el control de ese cuerpo.
—Kalec, mírame.
—¿Jaina? —preguntó con voz entrecortada—. Jaina…
Pero no estaba mirando a Jaina, sino que era Alexstrasza quien lo contemplaba
detenidamente.
—Kalec —murmuró la protodragona naranja como el fuego—. Mírame.
Cerca de ellos, se materializaron dos figuras encapuchadas más. Kalec se debatió
entre el deseo de seguir siendo testigo de lo que estaba ocurriendo y el deseo de poder
escaparse por fin de ese cuerpo para regresar a su propia existencia. Quería vivir su vida más
de lo que lo había deseado desde hacía muchos meses y ya no le importaba si seguía siendo
o no un Aspecto.
—Concéntrate, Kalec. La reliquia está intentando hacer lo que Tyr le encomendó.
Con el paso de los milenios, la nauseabunda esencia de lo que fue Galakrond fue
impregnándose en ella, lo que provocó que no funcionara como era debido, a pesar de que
todavía pretendía servir a Tyr los Aspectos.
Kalec intentó concentrarse en esas palabras, mientras los recién llegados alzaban las
manos. De repente, él también tuvo la sensación de que ahí había algo, otra gran presencia

P á g i n a | 268

El Alba de los Aspectos

aún más poderosa que los guardianes y que actuaba a través de ellos, la cual era la verdadera
fuerza que iba a provocar las inminentes transformaciones de los protodragones.

Sí, esa fuerza eran los titanes.
¡Está ocurriendo!, pensó el dragón azul. ¡Los titanes son quienes van a supervisar
la transformación, la creación de los Aspectos!
En cuanto alzaron las manos, esas figuras también cambiaron. Crecieron. Sus
capuchas y sus capas cayeron hacia atrás, para revelar a cuatro gigantes de un aspecto similar
al que Tyr había tenido cuando había luchado contra Galakrond. Los guardianes continuaron
aumentando de tamaño, y sus cuerpos brillaron con un tremendo poder.
—¡Kalec! —le espetó Alexstrasza bruscamente—. ¡Mírame!
Solo ella habría sido capaz de sacarlo de su ensimismamiento. Kalec por fin se
concentró por entero en Alexstrasza y alcanzó a ver en esos ojos de reptil una mirada
humana.
El mundo se volvió del revés. Y a Kalec le dio la impresión de que estaba viéndolo
todo, salvo esos ojos a los que miraba fijamente, a través de una superficie acuosa.
Kalec notó que su vínculo con Malygos se desvanecía y, con él, el dominio que esas
visiones ejercían sobre él.
La oscuridad envolvió al dragón azul. Solo esos ojos, los ojos de Jaina,
proporcionaban algo de luz a esas tinieblas. Kalec mantuvo la mirada clavada en la de la
archimaga porque sabía que, si dejaba de mirarla, sería su fin, y también porque esos eran
sus ojos.
Con un grito ahogado, Kalec se despertó al fin de verdad.
Notó el suelo bajo él y percibió los olores del Nexo; esos rastros dejados por
incontables generaciones de dragones azules, así como los peculiares aromas que él asociaba
con esa magia.
Pero lo más importante de todo era que ya no veía únicamente los ojos de Jaina
Proudmoore, sino también su rostro. Su olor humano, tan único entre los de su propia especie
y que tanto lo atraía, quedó impregnado en sus fosas nasales.
Aunque Kalec intentó hablar para pronunciar el nombre de la archimaga, solo brotó
un gruñido de sus labios.
—Calla —murmuró Jaina, a la vez que le acariciaba una mejilla con suma
delicadeza—. Calla… espera un segundo.
Pero el dragón azul era demasiado impaciente.
—Ja-Jaina… me has… me has traído de vuelta.
—Nunca nada podrá separarte de mí. Jamás.
La archimaga hablaba con suma franqueza. Él sabía que ella hablaba muy en serio y
pensaba del mismo modo. Entonces, Kalec alzó una mano (una mano desprovista de escamas
o garras) y le acarició una mejilla a su vez.

P á g i n a | 269

El Alba de los Aspectos

En ese instante, se acordó de ese objeto que tanto le había amargado la vida. Miró
hacia un lado y comprobó que Jaina no había destruido la reliquia, a pesar de que él lo había
dado por sentado. Se encontraba muy cerca y todavía relucía, aunque muy tenuemente.

Tras lanzar un siseo iracundo, Kalec se dispuso a lanzar un hechizo…
—No, Kalec. —Valiéndose de ambas manos, la archimaga lo obligó a centrar su
mirada de nuevo en ella—. La reliquia no pretende hacerte daño. ¿Recuerdas lo que te dije
en la visión?
—Me dijiste… —Entonces, se calló y preguntó—: ¿Cómo sabes todo eso?
—Creo que la clave me la dio un guardián. O tal vez una parte de la reliquia con un
objetivo propio. No estoy segura. Lo único que sé es que no era realmente una taunka.
—¿Te refieres a Buniq?
A Kalec no le sorprendió que la taunka pudiera ser cualquiera de esas dos cosas.
La archimaga invocó una jarra de vino de la nada y, acto seguido, acercó con
delicadeza el borde de esta a los labios de Kalec. Mientras este bebía a sorbos, Jaina se
explayó en su explicación.
—La reliquia dejó bien claro que Tyr siempre hace planes por anticipado. Su único
error fue no prever en qué se iba a convertir Galakrond… ¡como si alguien hubiera podido
saberlo! Intentó compensar ese error buscando unos paladines que no solo pudieran derrotar
a Galakrond, sino que también estuvieran dispuestos a sacrificarse por el bien de Azeroth y
entregar su vida eternamente al servicio de este mundo.
—Y los encontró. Dio con los cinco —susurró Kalec—. Con Malygos, Alexstrasza,
Ysera, Nozdormu y Nelth-Neltharion. Fueron héroes antes de ser los Aspectos. Azeroth no
hubiera llegado a vivir la época de los dragones si ellos no hubieran estado dispuestos a
hacer lo que tenían que hacer.
—Salvaron el mundo cuando aún no poseían los poderes que luego obtuvieron como
los Aspectos. —Jaina se calló y abrió los ojos como platos—. ¡Kalec! ¿Fuiste testigo de su
transformación en Aspectos?
—No.… y no creo que hubiera llegado a serlo, pues creo que la visión prácticamente
había llegado a su fin. Creo que habría vuelto al principio de esta y lo habría revivido todo
una y otra vez.
—Kalec se imaginó esos últimos momentos—. Tyr vinculó la reliquia a los cinco.
Eso fue lo que hizo cuando nos.… les señaló con ella. Impregnó la esencia de los cinco en
ella. Creo que extrajo la esencia de todos y cada uno de ellos, pero sobre todo de Malygos.
Sin embargo, Tyr no podía saber que ese objeto acabaría dentro de Galakrond.
—La clave me permitió adentrarme en su esencia —afirmó la archimaga—. Vi parte
de lo que la reliquia pretendía contarte sobre su función. Tyr sospechaba (o sabía) que algún
día llegaría un momento en el que los cinco albergarían serias dudas sobre ellos mismos, en

P á g i n a | 270

El Alba de los Aspectos

el que podrían llegar a creer que no se merecían ya a desempeñar esos papeles de protectores
del mundo. Todo eso le sonaba muy familiar a Kalec.

—En el Reposo del Dragón, esa situación alcanzó su punto álgido. Ahí fue cuando
decidieron que, como ya no poseían esos poderes tan especiales, ya no eran dignos de ser
los Aspectos. Se habían acostumbrado demasiado a depender de ellos. —El dragón azul
frunció el ceño—. Fue entonces cuando la reliquia se despertó. Percibió que lo que Tyr había
temido había sucedido, aunque tal vez no tal y como él había previsto, e intentó actuar tal y
como él habría querido. Pero había un problema: que, a lo largo del tiempo, la esencia de
Galakrond se había ido infiltrando en la matriz mágica del objeto y lo había corrompido.

Kalec intentó ponerse en pie. Tras rodearle Jaina con un brazo, al fin pudo levantarse
y caminó hasta la reliquia con unas piernas un tanto temblorosas. Ese objeto ya no le
inquietaba, pues sabía con qué propósito había sido creado.

Tyr quería que recordaran lo que fueron en su día y lo mucho que habían logrado
incluso por aquel entonces.

Ante una consternada Jaina, Kalec cogió la reliquia.
—¿Qué piensas hacer con eso?
Pensó en todo lo que había vivido a través de esas visiones y en lo que había visto
acerca del joven Malygos y los otros cuatro. Después de eso, solo podía actuar de una
manera.
—Voy a convocar una reunión.

***

El dragón azul aguardaba pacientemente en la cámara, con la esperanza de no estar
esperando en vano. Había llegado al Reposo del Dragón más de cuatro horas antes, pues
quería estar ahí antes que los demás.

Kalec seguía sin percibir nada más allá de los muros del templo. A esas alturas, el
resto ya deberían haber hecho acto de presencia. Hacía tiempo que había pasado la hora en
la que habían acordado encontrarse.

Con un gesto de disgusto, Kalec recordó que, en realidad, los tres habían contestado
que volarían hasta el Reposo del Dragón solo después de que él hubiera insistido hasta la
extenuación, por lo cual no tendría que sorprenderle que hubieran cambiado de opinión.

Por el momento, seguía manteniendo su forma humanoide, ya que ahora la prefería
por una serie de razones muy diversas. Una de ellas era que así podía manejar mejor la
reliquia, tal y como deseaba.

En esos momentos, ese objeto se encontraba en el mismo centro de la cámara, unos
metros por delante de Kalec, encima de la plataforma. Vibraba silenciosamente, ya que

P á g i n a | 271

El Alba de los Aspectos

Kalec y Jaina lo habían arreglado. La mala influencia que Galakrond había ejercido sobre su
esencia también había sido eliminada, al menos por lo que ellos podían percibir.

Si no vienen, tendré que hablar con cada uno de ellos individualmente. Pero eso
quizá tampoco resolviera la situación, pues los otros tres podrían negarse a recibirlo
perfectamente.

—Bueno, Kalec. ¿Quieres explicamos cuál es la razón por la que has insistido tanto
en que regresemos aquí?

No pudo evitar dar un respingo. Al instante, Alexstrasza (que portaba forma
humanoide) entró en la cámara, tenía un aspecto tan radiante como cuando la había visto en
el bosque. Aunque todavía ni Ysera ni Nozdormu se habían presentado ahí, Kalec percibió
de repente su presencia muy cerca.

—Llevan aquí un rato —masculló.
—Teníamos que… discutir algunas cosas primero. Ahora ya estamos listos para
escucharte, si todavía deseas celebrar esta reunión.
A modo de respuesta, Kalec retrocedió unos cuantos pasos del lugar donde se hallaba
y asumió su forma dracónica. Después, bajó la cabeza y miró a Alexstrasza.
—Sí, quiero hacerlo.
—Muy bien.
La dragona se dirigió hacia el lugar que ocupaba habitualmente y fue cambiando
mientras avanzaba. Para cuando se detuvo, Alexstrasza tampoco tenía ya aspecto
humanoide.
Apenas había concluido su transformación cuando Nozdormu e Ysera entraron. Pero
al contrario que Alexstrasza, se presentaron con sus formas dracónicas y no con los
humanoides. No dijeron nada mientras se colocaban en sus sitios.
—Gracias por hacer esto —dijo el dragón azul con suma calma.
—¿Y qué es lo que estamos haciendo? —le interrumpió Ysera— Será mejor que nos
lo expliques cuanto antes. Nos comentaste que esta reunión tenía algo que ver con esa cosa,
que sé que he visto antes en alguna parte…
Kalec se concentró de inmediato en la reliquia. Nozdormu siseó.
—Pero ¿qué estásssssss…?
La creación de Tyr brilló intensamente.
Los otros tres dragones clavaron sus miradas en el objeto, y Kalec profirió un hondo
suspiro. La reliquia estaba haciendo con ellos lo mismo que había hecho antes con él, pero
no de un modo tan improvisado y caótico. Todos ellos revivieron su pasado, desde su primer
encuentro hasta esa batalla épica.
Sin embargo, mientras Kalec había permanecido atrapado en esa visión durante días,
los otros tres solo permanecieron en trance un minuto, quizá dos. No obstante, en ese corto
espacio de tiempo, sus semblantes de reptil mostraron toda una serie de emociones diversas,

P á g i n a | 272

El Alba de los Aspectos

ninguna de las cuales, por desgracia, indicó a Kalec cómo se estaban tomando ese repentino
viaje por el pasado.

Entonces, la reliquia dejó de relucir. Tal y como Kalec había esperado, Alexstrasza
y los demás se estremecieron.

—Yo estuve… —titubeó Ysera.
Nozdormu observó detenidamente la reliquia.
—Esa cosa…
Alexstrasza parecía enojada.
—¡Kalecgos, no deberías habernos hecho esto sin nuestro permiso!
—¿Acaso me lo habrían dado?
—¡Por supuesto que no! —le espetó Ysera. Entonces, la hermana de Alexstrasza
añadió con un tono sorprendentemente más sereno—. Pero habríamos cometido un error.
Nozdormu desplazó su mirada iracunda de la creación de Tyr hacia Kalec.
—Explícanossss esto… y por qué lo hasss hecho.
Y eso fue lo que hizo Kalec. Les explicó el calvario que había sufrido y lo que había
experimentado a lo largo de la visión. Se lo contó al completo, salvo todo lo relativo a Jaina,
tal y como ella le había pedido.
En cuanto acabó, incluso Nozdormu parecía perplejo.
—Después de convertimos en los Aspectos, durante cierto tiempo, me estuve
preguntando por qué nos mostró esa cosa —masculló el ex Aspecto del tiempo—. Qué necio
fue Tyr al pensar que podría cambiar lo que ha ocurrido por el mero hecho de recordamos
ese incidente.
—No fue solo un mero incidente —le corrigió la dragona roja—. Tu propio tono de
voz te traiciona, Nozdormu. Lo has vuelto a vivir, al igual que mi hermana y yo. Has
recordado cómo te sentiste entonces. Cómo nos sentimos todos.
—¿Acaso eso importa? —preguntó Ysera con brusquedad.
Kalec volvió a tomar las riendas de la reunión.
—Lo que importa es lo que Tyr quería que vieran, eso es lo que realmente tienen que
entender. Cuando renunciamos a nuestros poderes para poder salvar a Azeroth, Ustedes tres,
que los habían poseído durante tantísimo tiempo, hicieron un gran y noble sacrificio
voluntariamente. A través de los milenios, como los Aspectos, han demostrado en más de
una ocasión que estaban dispuestos a sacrificar sus vidas. —Recorrió con la mirada a todos
y cada uno de ellos, retándolos así a negar lo que decía si alguno de ellos quería—. Pero Tyr
sabía… y ahora yo también lo entiendo… que, en un principio, se les otorgaron esos poderes
tan fantásticos no solo porque se encontraban ahí en un momento determinado, sino porque
habían demostrado en muchas ocasiones que eran dignos de ellos, porque habían demostrado
que se los merecían cuando solo eran unos protodragones, ni más ni menos.
Nozdormu gruñó.

P á g i n a | 273

El Alba de los Aspectos

—Estuvimos a punto de morir en muchas ocasiones.
—Pero no lo hicieron.
—No.… no lo hicimos. —Alexstrasza suspiró—. No literalmente, aunque sí
morimos en cierto sentido, pues olvidamos quiénes fuimos en su día, cómo éramos en un
principio, incluso que existíamos antes de convertimos en los Aspectos. —En ese instante,
se colocó delante de Ysera y Nozdormu—. ¡Sí, existíamos antes, y ya entonces luchábamos
pensando en todos y en todo, y no solo en nosotros mismos!
Kalec volvió a retroceder. Alexstrasza lo entendía, pero ¿y los demás?
—Luchabas bien para ser una enclenque —le comentó Nozdormu a Ysera—. A
vecessss, pensé que estabas loca… pero te admiraba.
—Y yo tenía que estar a la altura de ella —replicó la hermana de Alexstrasza, quien
señaló con la cabeza a la dragona carmesí— Y tú siempre estabas ahí para ayudamos con tu
fuerza en el momento adecuado, Nozdormu. Ya lo sabes.
—Todos luchamos muy bien aquel día —admitió Alexstrasza— Incluso… incluso
Malygos y Neltharion.
Los tres permanecieron callados varios segundos; después, al unísono, se volvieron
para encararse con el más joven de ellos. Kalec permaneció completamente inmóvil, pues
era consciente de que cualquier cosa que dijera o hiciera podría fastidiar ese momento.
Alexstrasza negó con la cabeza.
—Nunca deberías haber hecho esto, Kalec.
—Ha sido muy desacertado —apostilló Nozdormu.
—Y arriesgado —concluyó Ysera.
—Pero nos has recordado muchas cosas —prosiguió diciendo la hermana de esta
última—. Nos has recordado, sobre todo, quiénes éramos y quiénes seguimos siendo. —
Alexstrasza volvió a posar su mirada sobre los otros dos—. Tenemos mucho en qué pensar,
¿no creen?
—Sí, mucho —contestó el dragón bronce.
Ysera asintió.
Entonces, Kalec por fin se atrevió a plantear una cuestión que le había estado
inquietando.
—He de pedirles una cosa. Todos conocemos a Galakrond como el Padre de los
Dragones, pero…
—La era de los dragones no empezó como estos siempre han creído —murmuró
Alexstrasza—. Los primeros dragones que surgieron después de nosotros solo sabían que
ese gran esqueleto yacía desde hacía mucho tiempo en el Cementerio de Dragones. Nos
cercioramos de que la verdad sobre Galakrond nunca se supiera, pues temíamos que algún
otro pudiera intentar seguir el tenebroso sendero que él recorrió. Debido a su inmenso
tamaño, muchos solo podían imaginárselo como un verdadero dragón.

P á g i n a | 274

El Alba de los Aspectos

—Por eso decidimos alentar ese error —apostilló Nozdormu—. De un modo
perverso, Galakrond provocó que los dragoneases nacieran. En cierto sentido, fue realmente
su «padre», aunque no del modo en que les hicimos creer a los demássss.

—Y será mejor que dejemos que las cosas sigan así —aseveró la dragona roja con
gran serenidad. Después, antes de que un desconcertado Kalec pudiera reaccionar,
Alexstrasza se volvió y cogió la reliquia—. Yo cuidaré de esto. Ha cumplido su misión… la
misión que Tyr le encomendó. Quizá ya no seamos los Aspectos, pero seguimos siendo
nosotros mismos. Al fin y al cabo, yo, por ejemplo, creo que tal vez aún puedo ofrecer
muchas cosas al mundo. Ahora solo nos queda esperar a ver qué ocurre.

—Lo entiendo —se atrevió a replicar al fin Kalec.
—Será mejor que la próxima reunión se celebre por algún asunto más urgente —
comentó Nozdormu a la vez que extendía las alas y se dirigía a la plataforma—.
Prométemelo.
—Lo… lo prometo.
—Eres muy testarudo —murmuró Ysera mientras seguía a Nozdormu—. Una
cualidad que sé apreciar.
Kalec se quedó a solas con Alexstrasza, quien aferró con más fuerza si cabe la
reliquia.
—Si alguna vez descubro que Tyr sigue vivo, le daré las gracias por recordamos
quiénes somos. Pero como no sé si alguna vez tendré esa oportunidad, tengo que darte las
gracias en su lugar, Kalec.
—No hay de qué…
—Sí lo hay. Tú aún recordabas tu vida anterior, la vida que tuviste antes de asumir
el papel de Aspecto. Recordabas lo suficiente como para estar seguro de que las esperanzas
de Tyr reavivarían las llamas de nuestra motivación. Así que te doy las gracias por eso y por
muchas cosas más. —Acto seguido, abandonó el estrado y, antes de alcanzar la salida, se
giró brevemente—. Oh… y dale las gracias a ella también de nuestra parte.
Alexstrasza se marchó antes de que Kalec pudiera recuperar la compostura. De
inmediato, se volvió hacia una columna lejana envuelta a medias en sombras.
—¿La has oído?
Una parte de la columna pareció separarse de esta y, al instante, se transformó en
Jaina Proudmoore.
—¡No debería haberte acompañado hasta aquí! ¡Lo siento! ¿Qué crees que hará?
Kalec se encogió de hombros.
—Nada. Como mucho, quizá acabe dando con la manera de volver a darte las
gracias. Debería haber supuesto que, de los tres, ella sería la que podría percibirte.

P á g i n a | 275

El Alba de los Aspectos

El dragón azul se encogió y asumió su forma humanoide. Jaina, que no parecía
afectada por lo que acababa de suceder, se dejó caer en sus brazos gozosamente. Durante
varios segundos, no hablaron. Entonces, la archimaga preguntó:

—¿Ha funcionado, Kalec? ¿Volverán a implicarse en los asuntos de este mundo?
¡Azeroth los necesita!

Azeroth los necesita. Aunque eran tres palabras muy sencillas, Kalec meditó sobre
el hondo significado de las mismas. Los tres dragones de mayor edad poseían tal
conocimiento, tanta experiencia, tanto valor y tanta sabiduría que ese mundo no podía
permitirse el lujo de perderlos, pues se volvería un lugar mucho más tenebroso. Kalec era
consciente de que eso no podía ocurrir.

—Creo que sí —contestó al fin—. Siempre han sido muy sinceros con ellos mismos.
Y ahora verán la verdad con más nitidez que nunca. Simplemente… la olvidaron por un
tiempo.

Sin previo aviso, ella lo besó. El respondió del mismo modo.
En cuanto se separaron, Jaina susurró:
—Estoy tan orgullosa de ti, Kalec.
—No sé por qué…
—Hay muchas razones. Sobre todo, por tampoco olvidarte de quién eres. Tú también
tienes aún un papel que desempeñar en este mundo. De hecho, yo diría que varios.
Habían estado discutiendo sobre eso en parte mientras él había estado preparando la
reunión. Después de lo vivido a través de las visiones, Kalec estaba reconsiderando ahora su
decisión de dejar que los demás dragones azules escogieran cada uno su propio camino.
Todavía tenía que cavilar mucho al respecto y tal vez dejara al final las cosas tal y como
estaban, pero había diversas circunstancias que le llevaban a pensar que sería conveniente
refundar el Vuelo de Dragón Azul. No solo por el bien de Azeroth, sino por el bien de su
propia especie. El mismo había dado la espalda a sus obligaciones, al igual que los demás,
pero ahora podía compensar ese error.
Además, tenía otros papeles que desempeñar. Unos papeles que todavía no tenía muy
claro cuáles eran, lo único que sabía es que Jaina insistía en que estaría a su lado para
ayudarlo. Aunque eran conscientes de que, si aunaban esfuerzos, podrían poseer un gran
poder, ambos creían que, si unían sus corazones, podrían ayudar más y mejor a Azeroth en
muchos sentidos.
Kalec pensaba que sería interesante descubrir si eso era cierto o no.
—Deberíamos marchamos —le dijo a Jaina.
Ella asintió y, acto seguido, retrocedió. Al instante, Kalec se transformó de nuevo y
bajó un ala para que Jaina pudiera subirse a ella.
—¿Estás lista? —preguntó Kalec.
—Sí.

P á g i n a | 276

El Alba de los Aspectos

El dragón azul salió del templo andando. Como todavía estaba cayendo la noche,
pudieron distinguir ciertos detalles distantes bajo la penumbra.

Kalec desplegó las alas y saltó hacia el cielo. Miró hacia atrás para asegurarse de que
Jaina se encontraba bien y, a continuación, ascendió aún más. Por puro capricho, Kalec trazó
un círculo alrededor del Reposo del Dragón. Mientras hacía esto, por el rabillo de ojo, el
dragón azul pudo ver los huesos de Galakrond.

Algo brilló ahí fugazmente y captó su atención.
—¿Qué ocurre? —gritó Jaina.
—Nada… nada.
Kalec se ladeó y se dirigió hacia Dalaran para dejar ahí a Jaina. Luego, regresaría al
Nexo para cerciorarse de si la presencia de la reliquia había dejado alguna secuela o no en
ese lugar. No había ninguna razón que justificara que no le hubiera dicho a Jaina lo que creía
haber visto allá abajo, salvo que probablemente todo había sido cosa de su imaginación. Tal
vez ella lo habría entendido, pero había decidido guardarse ese secreto para sí.
Entre las sombras cada vez más grandes que envolvían esas enormes costillas, Kalec
creía haber vislumbrado a una figura pequeña, una figura con capa, que al mismo tiempo
daba la impresión de ser tan alta y poderosa como un dragón.
Kalec, al que le daba igual que hubiera visto realmente a Tyr o no de un modo tan
fugaz o que todo se tratara, con casi toda seguridad, de que su mente le había jugado una
mala pasada, dio gracias en silencio al guardián en nombre de Alexstrasza, Ysera,
Nozdormu… y él mismo.

FIN

P á g i n a | 277

OTRAS LECTURAS

Si quiere leer más sobre los personajes, situaciones y lugares mencionados en este
libro, podrá hallar más información en las fuentes mencionadas a continuación.

• Kalecgos (también conocido como Kalec) ha participado en muchos eventos
clave de la historia reciente de Azeroth. Sus hazañas aparecen recogidas en World of
Warcraft: Jaina Valiente: Mareas de guerra y World of Warcraft: Thrall: El crepúsculo
de los Aspectos de Christie Golden; World of Warcraft: La noche del dragón de Richard
A. Knaak; y Warcraft: La Trilogía de la Fuente del Sol y World of Warcraft: Alasombra,
tomo 2, Punto del Nexo de Richard A. Knaak y Jae-Hwan Kim.

• Puede conocer más detalles sobre la vida de Jaina Proudmoore y sobre su relación
con Kalecgos en World of Warcraft: Jaina Proudmoore: Mareas de guerra, World of
Warcraft: Devastación: Preludio al Cataclismo y World of Warcraft: Arthas: La
ascensión del Rey Exánime de Christie Golden; el cómic mensual de World of Warcraft de
Walter y Louise Simonson, Ludo Lullbi, Jon Buran, Mike Bowden, Sandra Hope y Tony
Washington; World of Warcraft: El ciclo del odio de Keith R. A. DeCandido; Warcraft:
Legends, tomo 5, «Pesadillas» de Richard A. Knaak y Rob Ten Pas.

• Puede hallar más información sobre Alexstrasza, Ysera, Nozdormu, Malygos y
sus respectivos Vuelos de Dragón en World of Warcraft: Thrall: El crepúsculo de los
Aspectos de Christie Golden; y Warcraft: La Trilogía de la Guerra de los Ancestros,
World of Warcraft: El día del dragón, World of Warcraft: La noche del dragón y World of
Warcraft: Tempestira de Richard A. Knaak.

• Deathwing estuvo a punto de destruir Azeroth durante el Gran Cataclismo. Su
larga historia repleta de traiciones y crueldad está recogida en World of Warcraft: Thrall:
El crepúsculo de los Aspectos de Christie Golden; la serie Alasombra de Richard A. Knaak
y Jae-Hwan Kim; Warcraft: La Trilogía de la Guerra de los Ancestros, World of Warcraft:
El día del dragón y World of Warcraft: La noche del dragón de Richard A. Knaak; y
World of Warcraft: Más allá del Portal Oscuro de Aaron Rosenberg y Christie Golden.

P á g i n a | 278

LA BATALLA PROSIGUE

El Cataclismo cambió Azeroth y a su miríada de pueblos en muchos sentidos. El
alba de los Aspectos narra cómo la incertidumbre asola ahora a los antiguos dragones. Pero
¿qué le aguarda al resto de razas de ese mundo?

En Mists of Pandaria, la cuarta expansión de World of Warcraft puedes ayudar a
escribir el próximo capítulo de la historia de Azeroth Conviértete en uno de los primeros
héroes de la Horda o la Alianza que explore el misterioso y exótico continente de Pandaria.
O asume el papel de un noble pandaren (la última raza del WoW) y unirte a la Horda o la
Alianza, dependiendo de qué facción se amolde más a tus ideales. Sea cual sea el bando
que elijas, tus aventuras influirán en el destino de Azeroth en los años venideros.

Ahora que los dragones se han forjado un nuevo destino, la tarea de proteger el
mundo del mal ha recaído en manos mortales… en tus manos. ¿Estarás a la altura del
desafío?

Descubre el reino siempre en expansión que ha entretenido a millones por todo el
mundo, ve a www.WorldofWarcraft.com y descarga la versión gratuita de prueba. Vive la
historia.

P á g i n a | 279

P á g i n a | 280


Click to View FlipBook Version