The words you are searching are inside this book. To get more targeted content, please make full-text search by clicking here.
Discover the best professional documents and content resources in AnyFlip Document Base.
Search
Published by e.balenciaga, 2023-03-12 00:19:07

Esculpiendo palabras en la arena

Esculpiendo palabras en la arena

1 1 Esculpiendo palabras en la arena Súper portada


DISEÑO G


GUARDAS


4 ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA De la imagen a la palabra Cristina Cortés Viniegra Ilustraciones: Zuzene Seminario Maquetación y diseño: Edurne Balenciaga


5 Agradecimientos Quiero agradecer a todos aquellos niños y familias de las que he aprendido, además de mis compañeras y todo aquel me ha mostrado o facilitado el camino, a los que me han ayudado a aprender a mirar e hilar el mundo simbólico, las sensaciones, las emociones y las creencias con la narrativa, con las palabras. Para todos ellos con este libro va mi más sincero agradecimiento. Quiero hacer una mención especial a todas y cada una de las Consultoras de EMDR niños y adolescentes, el capítulo 9 no hubiera sido posible sin el trabajo conjunto realizado. El protocolo, en el expuesto, “Abrazando la adversidad en familia” es el resultado del trabajo aunado que llevamos a cabo las Consultoras EMDR Niños y adolescentes de la Asociación EMDR España. La adversidad de la pandemia nos unió como una familia. Dirigimos y participamos en la intervención familiar que organizó la Asociación EMDR, en ese momento de crisis global. El protocolo AAF se convirtió en uno de nuestros recursos regulatorios que favoreció nuestra resiliencia individual y grupal. Gracias a Antonia Salamanqués, Chus Taboada, Elisa Múgica, Gloria Sánchez, Mabel García Medina, María José García Saban, Montse La pastora, Paloma Cabaleiro, Rosana Bellosta, Roser Batalla. A Manuel Guerrero, director de edición de la Editorial Desclée de Brouwer, por su confianza, sus sugerencias y por su apoyo al proyecto y su agilidad para resolver las dificultades que nos hemos ido encontrando. Todo ello ha supuesto una ayuda increíble, muchas gracias. A Zuzene Seminario la ilustradora que me acompaña en este proyecto, por haberse entregado a este libro con su ilusión refrescante, por confiar y dejarse inspirar en cada ilustración. A mi madre, por crear las condiciones para que este manuscrito se haya podido escribir. Gracias por tu sostén y cuidados. No sé cómo agradecer el trabajo minucioso de corrección, y aliento de Javier Elcarte, sin él no hubiera sido posible desarrollar y concluir este texto. Gracias por todo el apoyo, el acompañamiento inestimable. A mis compañeros de Vitaliza, en especial a Anabel de la Cruz por todo el soporte y la atención recibida de su parte. A mi hija Oskia, por compartir conmigo su energía y vitalidad. A mi hijo Aitor, aunque no entienda mi empeño, gracias por sus sonrisas y mirada franca. Cristina.


6 6


7 7 A veces los seres humanos no nos llevamos del todo bien con el sentir. A veces quisiéramos poder entender por qué sentimos lo que sentimos y desearíamos que esa comprensión fuera inmediata y en lo posible, que viniera con libro de instrucciones acerca de qué hacer con eso que sentimos, y que el método sea rápido y eficaz. La cosa se complica cuando no podemos rastrear ni con el mejor detective del mundo por qué sentimos lo que sentimos. No sabemos de dónde viene, no entendemos la intensidad, y todo esto nos hace sentir aún peor. A veces, cuando los seres humanos no nos llevamos del todo bien con lo que sentimos, es posible que nos llevemos aún peor con lo que sienten los que vienen detrás de nosotros: los hijos e hijas. ¿Por qué llora así? ¿Por qué se enoja tanto? Su malestar aumenta el nuestro, y entonces estamos dispuestos a cambiar nuestro deseo ante la lámpara de Aladino: pedimos que alguien haga algo con eso que sienten, porque creemos verdaderamente que así desaparecerá nuestro propio malestar. Y entonces, en estas ecuaciones de la vida, aparecen otros seres humanos que portan un baúl imaginario cargado de herramientas: palabras para nombrar lo innombrable, imágenes para observar lo que a veces habita el mundo interno, y relatos poderosos sobre el mundo de las emociones para enseñarnos que lo malo pasa y lo bueno vuelve. Y tal vez, en algún espacio, es posible que un día se encuentren los tres protagonistas de esta historia: los seres humanos a los que llamamos padres, madres o cuidadores, los seres humanos que los siguen, a los que llamamos hijos o hijas, y las personas que cargan con el baúl imaginario de herramientas, conocidos como terapeutas. PRÓLOGO


8 8 Los y las terapeutas somos pasajeros transitorios en el viaje de vida de los niños y las niñas que nos visitan y de sus familias. Y como viajeros incansables que somos, a lo largo de todas las travesías que nos ha tocado recorrer vamos recolectando conocimiento y sabiduría que guardamos en un baúl imaginario de herramientas. Pero ese baúl imaginario no tiene recetas específicas acerca de cómo usar esas herramientas. Lo hemos aprendido bien después de tanto viajar: a veces, para entrar en un mundo interior lleno de miedos, oscuridades y escenas indescifrables, se requiere no solo del equipo (conocimiento) adecuado, sino de un profundo sentido de la orientación, que está alimentado antes que nada por nuestra capacidad de conectar con el niño o niña que tenemos delante de nosotros, y con las personas cuidadoras que lo traen hasta nosotros y nosotras. Las terapeutas EMDR tenemos una hoja de ruta que anticipa las paradas de nuestro camino: primero conocemos la historia (fase 1), luego equipamos a esa personita viajera que tenemos delante nuestro con los pertrechos para una aventura que por momentos puede sentirse vertiginosa (fase 2). Acto seguido hacemos foco con una potente linterna en alguna roca que obstaculiza el camino de vida de este niño o niña, una roca más o menos pesada que carga sin querer y a veces sin saber sobre sus pequeñas espaldas (fase 3). Y ahora sí, es tiempo de hacer la magia que nos enseñaron y ver cómo podemos ir deshaciendo esa roca densa, oscura y pesada hasta convertirla en un grano de arena más de esos que habitan las playas (fases 4 a 7). Como todos y todas sabemos la arena de las playas del mundo no es toda igual: en algunos lugares es muy fina, en otros es más gruesa, en otros está mezclada con conchillas o salpicada de pedregullo. A medida que la roca se va desgranando, vamos chequeando el estado de nuestra obra (fase 8): ¿hay algo más que podamos hacer? ¿Hasta dónde podemos o debemos llegar? A medida que la piedra se va desgranando es posible que el niño o la niña hasta aprenda a jugar con la arena; tal vez la sienta un poco molesta pero, en cualquier caso, ya no le pesará lo mismo que pesaba aquella piedra. Sin embargo, aún con lo precisa que puede resultar la hoja de ruta que tenemos los terapeutas EMDR, a veces es necesario detenerse en el


9 9 equipamiento para el viaje. Porque queremos que sea un viaje del que finalmente el niño o niña y su familia aprendan algo valioso; porque sabemos que puede ser sacudido, pero no queremos que maree a nadie; y porque algunos necesitarán de una ayuda extra a la hora de aprender a hilar sus sensaciones con las emociones que las acompañan y con los pensamientos que las coronan. Así es como Cristina nos lleva a recorrer su travesía mostrándonos con casos clínicos concretos, como se puede complejizar nuestra actividad, dependiendo de qué haya aprendido el niño o niña que vamos a atender sobre su mundo de emociones y sensaciones, qué experiencias lo hayan modelado o impactado, y de qué forma sus personas cuidadoras han participado o no en dicho modelado y en la intensidad del impacto. ¿Pueden nuestras y nuestros pequeños viajeros identificar lo que sienten? ¿Tienen palabras para describirlo? ¿Pueden trazar la línea que conecta una emoción con su resonancia en el cuerpo? Y si no pueden hacer algo de todo esto ¿cómo podemos ayudarles a lograrlo? ¿Y qué hay de las y los cuidadores que acompañan a esas y esos pequeños viajeros? ¿Pueden ellos resonar con el mundo interior de sus niños y niñas? Y si no ¿pueden aprenderlo? ¿Y qué sucede cuando lo aprenden? En esta danza entre las y los pequeños viajeros, las personas indispensables acompañantes y los transitorios pasajeros de estas travesías que somos los y las terapeutas, la autora nos muestran magistralmente cómo el uso de las imágenes va creando un mundo de palabras y significados, y cómo se van tejiendo puentes que dan sentido a la experiencia interior, la roca que EMDR nos ha enseñado a reducir hasta convertirla en un grano de arena. Así, luego de introducirnos en los primeros dos capítulos en el contexto general que abrazará las intervenciones que siguen, la autora nos contará la travesía de Adrián (capítulo 3), y cómo esa travesía se ve acunada por un sistema familiar acogedor y seguro. Luego las acompañaremos en el viaje que hicieron con Itziar (capítulo 4), en el cual el panorama emocional de las personas cuidadoras resulta un poco más tembloroso y tambaleante. A continuación, en la historia de Anne (capítulo 5), veremos


10 10 cómo la autora utiliza sus intervenciones para ayudar a una niña de 9 años a bucear en su mundo interior, cuando su sistema familiar se siente más a gusto evitando semejante tumulto. En el capítulo siguiente (capítulo 6), el trabajo con David hila las memorias del pasado con las del presente en una trama que contiene a dos familias: la de origen, con la que ya no está, y la de acogida, que lo cuida en el hoy, tratando de entender su ayer. Y cuando ya creíamos que habíamos subido todos los peldaños de la escalera de la complejidad, la autora nos regala un capítulo que la desafía en su experiencia, y que nos mueve a todos a recordar que la vida es tan cambiante que, cuándo creíamos que lo habíamos visto y aprendido todo, siempre llega algo nuevo e inesperado a sacudir nuestra comodidad. Los múltiples y diversos caminos del sufrimiento nos enfrentan, en el capítulo 7, al dolor de niños y niñas que atraviesan un mar bravo en balsas precarias para llegar a un mundo nuevo de la mano de una promesa que no se deja ver con facilidad. Pero esos dolores se mezclan además con la soledad de las familias, que quedaron del otro lado del mar, y con un idioma y una cultura diferentes. Y desde la enorme sensibilidad de estas acompañantes de múltiples travesías, esos sobrevivientes del mar empiezan a tocar tierra firme de la mano de una antigua forma de expresión de la humanidad toda: narrar el dolor y la vida a través de las imágenes. Cuando terminamos ese recorrido íntimo por las travesías a la que nos invita la autora, tomamos un respiro sabiendo que todavía nos queda un poco más. Y así llegamos a los capítulos finales en los que Cristina nos aporta más herramientas para ayudar a las y los pequeños viajeros a hilar los componentes de sus experiencias internas, para darles el sentido que encaje en cada una de sus vivencias: las emociones resonando en el cuerpo y reverberando en palabras, y entre los tres dándole forma al dolor que EMDR nos enseñó a sanar.


11 11 Para cuando lleguemos a la última página, tal vez nos haya parecido que este viaje cargado de múltiples travesías ha sido demasiado corto, o se ha pasado demasiado rápido. Pero confiemos. Como la luz de un faro que guía a los barcos en la oscuridad del mar nocturno, este libro nos ayudará a trazar los senderos que andaremos con cada pequeño viajero, con cada pequeña viajera que nos visite, para llegar seguros y juntos al interior de su mundo emocional. Buenos Aires, Agosto de 2020. Sandra Baita, psicóloga


12 12


13 13 CONSIDERACIONES INICIALES He transitado arenas de playa y desiertos emocionales, he jugado a esculpir y tallar palabras que reverberen con mis emociones. He transitado senderos y atravesado ríos y riachuelos de aguas tranquilas y caudalosas, que me han animado a levantar pasarelas o construir puentes, puentes que me han permitido conectar y reconectar conmigo y con los demás. He buscado y sigo indagando como facilitar la conexión emocional, como ayudar a tolerar las sensaciones desconocidas y a poner nombre a lo que no se sabe que se siente. Esa exploración me ha llevado a ir dando forma a este pequeño texto, cargado del colorido de las ilustraciones que le acompañan, aunque quizás debería expresarlo a la inversa; las ilustraciones de las tarjetas que captan sensaciones, emociones, y creencias son abanderadas por este pequeño manual. Su sinergia busca ayudar a dar voz a lo sentido cuando es difícil de tolerar, a desarrollar los primeros trazos del lenguaje emocional que se confunde en su grafía y no se sabe si son líneas, esculturas o palabras que aún no son capaces de levantarse y conquistar su identidad. Este libro tiene por objetivo ayudar a conectar y organizar la experiencia implícita asociada a las experiencias traumáticas. Para ello propongo y presento un material gráfico, ilustraciones a modo de tarjetas, que han sido elaboradas y utilizadas desde mi andadura terapéutica. Siempre me ha sorprendido cómo se produce, con muchos de los niños y jóvenes con los que intervengo, una comunicación a través de símbolos e imágenes. Esta comunicación surge inesperadamente, sin buscarlo, y de repente nos encontramos construyendo entre ambos un lenguaje visual que más adelante se irá cargando de contenido semántico. Nos entendemos desde ese procesamiento visual, sutil y rápido. Las palabras inicialmente no son necesarias, el hecho de buscarlas podría resultar tremendamente costoso y dificultoso. En la medida que me he ido percatando de este proceso y he reflexionado sobre ello, la necesidad de elaborar y crear un material ilustrado que ayudara en esa comunicación simbólica ha sido mayor. Buscaba medios que me facilitaran la entrada en las fases de procesamiento del trauma. El descubrimiento de la ventaja que proporcionan las imágenes se traduce en la búsqueda continua de ilustraciones que resuenen con lo que busco. He realizado varios intentos fallidos hasta que finalmente acepto la enseñanza que me muestra Inés. Es imposible tener en cuenta todas y cada una de las emociones o estados que se van organizando y más aún congelarlos en la instantánea de una


14 14 ilustración como inicialmente pretendía. Porque el proceso de esculpir imágenes y de liberar las palabras atrapadas en la experiencia del trauma es progresivo y dinámico y la mejor forma de ser fiel al proceso es tener un baúl abierto a la flexibilidad de cada momento e ir creando imágenes, tarjetas y cuentos que evolucionan junto al protagonista, junto a la heroína que se ha adentrado a través de la terapia en ese viaje de exploración y comprensión. He comenzado primero buscando, luego creando dicho material ilustrado y, por último, al intentar hacerlo he reafirmado lo que ya sabía, lo difícil que es abarcar toda la emocionalidad humana. Así que, finalmente, he optado por realizar un esbozo de posibles ilustraciones y animo a que cada terapeuta busque, bucee con su paciente y cree o encuentren las ilustraciones y las imágenes que mejor se adapten a ese mundo simbólico. Mundo que comienza a cobrar forma entre aguas que se tiñen de color, cual acuarela y que, en la medida que afianzan sus líneas, quedan delimitadas por las palabras. Antes de que fueran creadas estas tarjetas emocionales, recopilaba imágenes e ilustraciones que me encontraba por ahí y ahora sé que seguiré haciendo. Que no podemos poner diques a las corrientes emocionales, que lo importante es encontrar la imagen que ayude a conectar con el mundo interno de cada niño. La comunicación inicial con niños que han sufrido trauma temprano suele se simbólica, a través del lenguaje visual, que se concreta, con arcilla, plastilinas, etc. esculpiendo imágenes que se transformaran en palabras. Las imágenes facilitan la forma de a contar y narrar historias sin palabras, con pictogramas, así sorteamos la dificultad de acceder a las palabras. En ese proceso de descubrimiento ha ido surgiendo este material gráfico que responde a la necesidad de ayudar a crear enlaces, sendas, que propicien la conexión con el mundo de las sensaciones y el sentido de lo vivido. Las ilustraciones se convierten en los ladrillos que nos ayudan a levantar puentes entre la experiencia sentida y no conocida porque nadie reparó en ella, en su momento, y las palabras que van surgiendo en el proceso terapéutico y que ayudan a conocer y comprender lo sucedido, no solo los hechos que pudieron acontecer sino también la experiencia emocional no atendida y que ha pasado inadvertida. Solo podemos sanar aquello que conocemos y nombramos. Esta presentación la realizo desgranando casos clínicos que no se corresponden con ningún paciente o sistema familiar concretos, sino que constituyen una representación del sumatorio de casos similares que han sido atendidos en terapia o en supervisiones. A través del hilo conductor de los casos, muestro como el apego influye directamente en la capacidad regulatoria, condicionando tanto la conexión emocional como las estrategias para sortearla y evitarla.


15 15 Veremos cómo, según los modelos y estilos de apego, cuando el apego ha favorecido la conexión emocional podemos prescindir de las cartas, y como éstas se convierten en un recurso terapéutico que adquiere más valor en la medida en que la desconexión emocional o el miedo a sentir son mayores. Tan complejo y difícil puede resultar el sentir demasiado como el no sentir. El sentir demasiado nos lleva a querer escapar de la experiencia emocional o a evitar la emoción, no querer mirarla ni nombrarla. como si esa estrategia fuera un sortilegio encantado para liberarnos de un maleficio, maleficio del que no logramos huir, pues el torrente emocional nos persigue allá donde vayamos. Y el no sentir, paradójicamente, es igual de complejo y quizás aún más desconcertante que el sentir, pues en la mayoría de los casos, uno no es consciente de que no siente o siente muy poco. Esta estrategia que un día se instaló, y que desde entonces nos acompaña como un guante transparente, filtrando toda emoción reduciéndola a una experiencia fría y gris, y de la que es muy difícil percatarse, arrastrándonos a una nebulosa sin sentido, suele ser una gran desconocida. He optado por utilizar el femenino como representativo de género, en la mayor parte del texto. Con todo, también hago uso del masculino. En cualquier caso, el empleo ya sea de padres, madres, niños, niñas, la o el bebé, la o el terapeuta, cuidador, o educador incluyen, a ambos géneros por igual. Ha sido también un grato hallazgo descubrir cómo las tarjetas se convertían en un recurso terapéutico en la modalidad online, a la que nos hemos visto empujados con la llegada de la pandemia. Las cartas ilustradas del material emocional, al ser compartidas desde la distancia entre pantallas, no solo favorecen la identificación de emociones, sensaciones y creencias, sino que además nos acercan al paciente, ya que desde espacios distantes e individuales nos llevan a ese lenguaje común, donde tanto la terapeuta como la niña o la familia estamos manejando y compartiendo el mismo material. Material provisto del mismo lenguaje, que nos ayuda a salvar los obstáculos de la distancia física, favoreciendo así ese espacio terapéutico compartido. Los terapeutas nos hemos tenido que adaptar, reactualizar nuestra forma de intervenir y afrontar la terapia online. Prescindir del vinculo físico siempre es difícil, más aún en la intervención con niños y adolescentes. Cada psicoterapeuta se ha visto empujado a bucear y sumergirse en la creatividad para salvar la distancia física, y no cabe duda de que desde esa resiliencia universal cada persona encuentra formas de aprovechar los recursos que tiene o de generar nuevos. En mi caso las ilustraciones del libro se han convertido en un recurso compartido online entre terapeuta y los niños, niñas y jóvenes con los cuales he intervenido. Las ilustraciones nos han acercado en la distancia, nos han permitido tocar la misma emoción. Han servido de pasarela de unión entre las pantallas, rozando las mismas esculturas emocionales desde espacios distantes.


1616


17 CAPÍTULO 1 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19 Puentes emocionales del lenguaje implícito al lenguaje explicíto. CAPÍTULO 2 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31 Puertas abiertas a la intución. CAPÍTULO 3 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69 Acunado en la seguridad. CAPÍTULO 4 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77 No me puedo calmar. CAPÍTULO 5 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91 Desconozco mis emociones. CAPÍTULO 6 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103 Flotando en el miedo y la tristeza sin saberlo. CAPÍTULO 7 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119 Me desarraigo para proteger a mi familia, soy su esperanza. CAPÍTULO 8 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133 Y las estrellas se apagaron. CAPÍTULO 9 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145 Fomentando la resiliencia familiar. CAPÍTULO 10 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165 Sensaciones, emociones y creencias alineadas y enlazadas en la integración. CAPÍTULO 11 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 207 Puentes emocionales de la sensación a la palabra. CAPÍTULO 12 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227 Construyendo historias de vida desde las huellas emocionales. ÍNDICE


18 18


19 19 PUENTES EMOCIONALES Del lenguaje implícito al lenguaje explícito CAPÍTULO 1 “Aquellos psicólogos que creen que la humanidad se convirtió en algo único por la adquisición del lenguaje, no están totalmente equivocados. Pero tampoco tienen toda la razón. Antes que el lenguaje, hubo algo más básico, de un modo más primitivo, y con un poder inigualable en su potencia formativo que nos impulsó hacia el lenguaje. Algo que pudo evolucionar en pequeños pasos, pero que de repente dio lugar a los procesos de pensamiento que revolucionaron la vida mental. Algo que (desgraciadamente) ningún resto fósil puede mostrarnos. Ese algo más fue el compromiso social con el otro. Los vínculos que pueden unir la mente de una persona con la mente de otra –especialmente, para empezar, los vínculos emocionales- son los vínculos que nos empujan al pensamiento.” Hobson “Quizás la consciencia sea el verdadero misterio, no lo inconsciente”. Daniel N.Stern ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA


2020 Esta capacidad para el compromiso social se manifiesta primero en el nivel del afecto compartido y más adelante en el nivel de la enseñanza explícita y aprendizaje. El primer lenguaje que descubre la bebé es, antes que nada, táctil, corporal y sensorial, y su descubrimiento se realiza a través del contacto constante cada vez que la bebé es alzada, sostenida o mirada. Este primer lenguaje aporta una información sensorial implícita de su relación con las figuras de apego y cuidadores. En la medida que la bebé va creciendo, el lenguaje continúa siendo sensorial, visual y sonoro y está cargado de un significado implícito, no explícito, del estado emocional de la madre, de su disponibilidad emocional y de su satisfacción con los cuidados. Conforme la madre o el cuidador se relacionan con la bebé e intentan captar su mundo interno de sensaciones, necesidades y emociones, suelen simultáneamente expresar explícitamente, de un modo natural, la percepción sensorial que creen que está experimentando la bebé respecto a su confort o necesidades, “ah, estás cansada”, o “te duele la tripita”. En la medida que los cuidadores las expresan, están comunicando el estado que creen intuir o inferir de la bebé y de esta forma aprehenden su estado emocional, su mundo interno que, al hacerse explícito le ayudará, durante su crecimiento, a identificar sus emociones y sensaciones y a hacerse más consciente de ellas y, sobre todo, a no temerlas, porque en la medida que son nombradas se adquiere un manejo y control sobre las mismas. No olvidemos que, en esta interrelación, en todo momento, la bebé tiene la imagen de la cara de su mamá que es al mismo tiempo la referencia implícita de los estados emocionales de la persona que la cuida y sustenta física y emocionalmente. De esta forma se va encarnando a aquel que realiza la función de


21 contenedor emocional. La bebé se desarrolla compartiendo y envuelta en los estados emocionales de sus cuidadores. Por lo tanto, el primer lenguaje es implícito, cargado de afectos y emociones. Lo cual es entendible ya que el cerebro en desarrollo de la bebé tiene principalmente activo el hemisferio derecho; el lenguaje propio del hemisferio derecho son las sensaciones y las imágenes, entre ellas la imagen de la cara de mamá. El hemisferio derecho es sensorial, emocional, cargado de lenguaje implícito. Posteriormente, conforme la bebé se va desarrollando, se irá activando el hipocampo y el hemisferio izquierdo y se irá desarrollando el lenguaje explícito, episódico. En muchas ocasiones, cuando el niño vive estados emocionales desregulados, faltan las palabras, la conciencia de lo que ocurre en su mundo interno. La experiencia interna está sin organizar, sin conocer, sin integrar o sin tener la sensación de control sobre ella. A los 12 meses, mediante la prueba de valoración de la situación extraña, ya se hacen visibles las estrategias de regulación y acercamiento que ha desarrollado el bebé en la interrelación repetida y repetida de esa primera etapa de vida. Uno de los primeros objetivos terapéuticos será ir descubriendo esas percepciones y sensaciones no conocidas y comenzar a identificarlas y manejarlas. Intervenir con niños implica el reto de ayudarles a facilitar la compresión de sus estados emocionales. Acceder a esos estados y conocerlos supone nombrarlos. Tener en cuenta los estados madurativos y las características de


22 22 las etapas evolutivas de la mente del niño nos ayuda en esta labor. En las primeras etapas madurativas la mente del niño es fundamentalmente visual y concreta. Con frecuencia cuando se aborda el trauma del abandono, una de las primeras tareas terapéuticas suele ser presentar historias afines con personajes que han vivido algo similar, al mismo tiempo que se representa la historia con peluches. Los primeros dibujos que expresan ese dolor suelen estar representados por los protagonistas del cuento, un oso, un conejo, etc., a los cuales los niños o niñas llaman y bautizan con su propio nombre. Han encontrado un personaje con el que identificarse, que comparte su historia, con el cual les resulta más fácil mirar esa parte de su propia historia, pueden comenzar a ponerle nombre. Posteriormente serán capaces de sumergirse más y más en su historia y de idear y acceder a una imagen propia y dibujarán o realizarán trazos que representan su identidad ante esa experiencia emocional. Acercarse y llegar a rasgar el velo que oculta los estados emocionales, si estos están cargados de dolor, no es nada fácil. Y más si soy un niño o una niña, porque a un niño aún le va a resultar más difícil que a un adulto, si cabe, descubrir y aceptar las ventajas de sentir, recordar, evocar y conectar con esas experiencias que han causado dolor. Esto solo lo podremos plantear si existe seguridad en el presente además de propiciar que el sistema familiar pueda acompañar y sostener la experiencia emocional. Probablemente, hasta ese momento, se ha producido una evitación activa y se ha desarrollado una enorme pericia en evitar de diferentes modos y con distintas estrategias todo el material emocional relacionado con las experiencias adversas


23 23 que se han podido vivir, y más si de improviso se experimenta una gran inundación por la re-experimentación de situaciones desbordantes. Si en el proceso terapéutico se solicitan tareas que sobrepasan tanto cognitiva como emocionalmente a la niña, es muy fácil y frecuente que surja el rechazo a la terapia y a cualquier proceso de conexión emocional. Por lo tanto, las adaptaciones y la preparación previa para poder acercarnos a la experiencia traumática son tan fundamentales como imprescindibles. Así pues, cualquier intervención terapéutica va a tener entre sus primeros objetivos, en la fase de estabilización y regulación emocional, el ir dotando de significado, orden y manejo el contenido implícito emocional, es decir el conocimiento de los estados emocionales y afectivos que acompañan los recuerdos de esas experiencias. El poder nombrarlos e identificarlos los hará conocidos y manejables. Sin embargo, esto no se produce de inmediato. El camino para llegar a ello dependerá de las experiencias adversas o traumáticas vividas y de la conexión y regulación emocional que haya propiciado el sistema familiar en el que el uno se ha desarrollado. Cuando existe mayor dificultad para la conexión o la regulación emocional, es decir, cuando cuesta sostenerse conectado, el proceso será más lento y progresivo y el apoyo en narrativas, analogías, metáforas, símbolos e imágenes lo facilitará enormemente. Las imágenes o ilustraciones propuestas quieren sugerir ese mundo onírico, simbólico, donde los contornos no están del todo limitados. Esto permite que cada niña, niño o joven termine de cerrar y conformar no solo la ilustración, sino también su contenido hasta que este adquiere nitidez dentro y fuera de su mente cuerpo. Aunque esto se produce de manera paulatina, el reconocimiento llega de manera inopinada e imprevista, y así de pronto pueden expresar, nombrar la emoción tal y como el niño pequeño nos sorprende, de repente, con sus primeras palabras siempre concretas y certeras.


24 24 En función de las situaciones vividas en la infancia y de los recursos emocionales que se hayan ido adquiriendo, este proceso será relativamente sencillo o más lento y costoso, y en todo momento será imprescindible ser capaces de adaptarse a la tolerancia del contacto y al manejo del dolor que tenga el niño. El proceso terapéutico es aquel en que se respeta el ritmo del menor, que se acomoda al mismo, donde no se tiene prisa, donde se va acompasando al ritmo de. ese menor, de la misma manera que se acomoda el ritmo respiratorio en la diada mamá-bebé, siendo así su madre la mejor garantía de ir avanzando en el vaivén del movimiento de la vida. El terapeuta, al igual que las figuras de apego, deberá conectar con ese mundo implícito, aprehenderlo en su mente y darle un sentido. La intervención terapéutica es una relación implícita emocional de afecto, en la cual, en la medida que el terapeuta capta el lenguaje implícito del paciente, en este caso de los niños o niñas, lo va a ir haciendo explícito en un lenguaje adecuado a su desarrollo. Si se ha crecido sin nombrar y sin conocer las emociones que se han ido experimentando, la experiencia interna es una gran desconocida y es imposible sentir un manejo adecuado sobre lo que se percibe. La incomprensión y la falta de sentido es la característica emocional propia del estado emocional. Nombrar lo no conocido o lo que no quiero mirar puede resultar muy complejo. Las ilustraciones presentadas sirven en nuestra intervención terapéutica para comenzar a generar enlaces que acercan el mundo interno que está sin explorar y sin identificar. Tanto la terapeuta como la niña se convierten en exploradoras de un inmenso territorio inexplorado, innombrado, del que se desconoce su amplitud y sus límites.


25 25 Una forma incipiente de domar ese dolor es nombrarlo, etiquetarlo y medirlo. Ponerle nombre, es reconocer su existencia, al mismo tiempo que es una forma de decir, “sé que estás ahí”, “te conozco”, “te puedo llegar a entender, a comprender”. Nombrarlo implica un nivel de integración tanto a nivel de la experiencia como a nivel neuropsicológico, pues en el acto de identificar y nombrar se produce y se facilita una comunicación entre el hemisferio derecho implícito y el hemisferio izquierdo explícito. En la medida que se conecta con el malestar, si este puede identificado y nombrado, se empieza a tener un ligero nivel de control sobre él. Así, entre los objetivos iniciales de la terapia, estará esa comunicación explicita y sobre todo implícita entre el terapeuta y el niño para ir enlazando mediante lianas y puentes colgantes, imágenes con palabras que facilitarán la construcción de un lenguaje común entre terapeuta, niño y familia. Ese lenguaje común es necesario para seguir explorando, conociendo, nombrando y teniendo un primer control o manejo sobre los estados emocionales. Es la vía, la ruta para comenzar a conocer lo percibido que se mantiene desconocido. Este lenguaje se va construyendo entre vínculo, juego, cercanía y regulación emocional. Llegar a la niña, no sobrepasarla, mientras se evoca, se identifica, o se nombra, si no se ha hecho anteriormente, puede resultar extremadamente difícil. Contar con un material visual, concreto, que sirva de modelo, permite poner el foco en un objeto, una imagen; posibilita distanciarse


26 26 emocionalmente sin desconectarse de ese dolor que se comienza a mirar y a tocar. Esta labor previa en las fases de estabilización y vinculación puede facilitar el proceso cuando llegue el momento de integrar y desensibilizar las memorias traumáticas. La intervención tendrá que ser lenta, pausada, sin prisa, pasito a pasito, como si estuviera aprendiendo a caminar. Tan paciente y pausada como el aprendizaje emocional que se va produciendo en la primera infancia a lo largo de las interacciones con las figuras de apego y cuidado. Emocionarse supone experimentar placer y dolor, y el placer de mitigar el dolor. Sentir una emoción es una especie de descarga eléctrica sensorial que se vive y se percibe en el cuerpo, y que se aprende a identificar y a nombrar en la medida en que los padres, mamá, papá, y los cuidadores las infieren en el niño y les van poniendo nombres. Cuando la bebé, el niño, viven una emoción, si esta es positiva, la experimentan, la disfrutan junto a sus padres si estos están ahí y se mantienen sintónicos. Los padres podrán amplificar esa emoción positiva si, al nombrarla y compartirla, se deleitan en el placer de su hijo. Igualmente, cuando se vive una emoción negativa y los padres son capaces de mantenerse junto a su hijo o hija y toleran esa emoción en ellos, están ayudando a la niña, al niño a calmarse. Ayudan al bebé y al niño a no desconectarse de la emoción y con su regulación, consiguen que la emoción se amortigüe y disminuya. De esta forma se aprende poco a poco a tolerar y manejar las experiencias adversas. Al mismo tiempo se va interiorizando, aprendiendo, que las cosas malas pasan y que llegan de nuevo las buenas, vuelven otra vez las buenas. Así el estado de desregulación emocional es pasajero y no se cronifica.


27 27 En algunas ocasiones el sistema familiar no es capaz de amplificar la alegría y el júbilo, ni de minimizar el dolor y el malestar. En estas circunstancias la niña se desarrolla sin saber regular sus emociones y va construyendo estrategias defensivas no sanas de regulación emocional que le permitan manejar el dolor emocional. Esta regulación defectuosa puede ser mediante la desconexión, la evitación, la supresión o la represión. En otras ocasiones un acontecimiento ha podido ser tan sobrecogedor que la única salida viable para la menor o toda la familia ha sido la desconexión emocional, la disociación. Crear esa conexión paulatina mediante los eslabones que enlazan el mundo emocional desconocido con las palabras, es decir construir un lenguaje no solo fonológico sino asociado a representaciones mentales que ponen orden en el caos interno y que facilita el dominio y el control emocional, posibilita no solo el inicio del proceso terapéutico, sino todo el proceso en sí mismo. A través de la presentación de casos clínicos se incorporarán nuestras compañeras de travesía, las ilustraciones, las cuales nos ayudarán a sortear los escollos y dificultades. El material ilustrado ayudará a abordar el contacto emocional y a identificar y nombrar lo vivido. Los casos recogen y reflejan diferentes modelos de relación familiar dentro de la cual se han desarrollado distintos tipos de afrontamiento y de manejo del malestar y de la adversidad. Os invito a recorrer este texto para contar con ejemplos de cómo utilizar las ilustraciones de emociones, sensaciones y creencias a lo largo de la descripción de diferentes historias, en las cuales los niños o niñas muestran un bagaje emocional propio, con


28 28 distintos recursos y estrategias regulatorias, para calmarse y para manejar el malestar. Los casos son un reflejo representativo de la experiencia clínica que he ido desarrollando con el tiempo. No se corresponden a ningún niño en concreto, ni a ninguna familia en particular. Nos sirven a modo de hilo conductor para la presentación del material gráfico creado y nos ofrecen la oportunidad de mostrar cómo utilizarlo. La terapia con un menor nos lleva a tener en cuenta un objetivo más amplio que el propio niño, donde se atiende en primer lugar la interacción relacional con los padres. Si durante el proceso terapéutico se logra que el vínculo con los padres sea más seguro, esto será la mejor garantía de que los beneficios terapéuticos se mantendrán y se enriquecerán dentro de la interacción familiar. Una relación de apego segura es el mejor recurso con el que cuenta cualquier niña durante su desarrollo.


29 29 El asco manifiesta el desagrado inmediato surgido ante un estimulo repulsivo ya sea físico o por una apreciación ética o moral. Se encuentra entre las emociones más antiguas y primarias destinada a protegernos, en su expresión busca cerrar las fosas nasales ya que esta emoción conecta con el olfato y así puede rechazar alimentos potencialmente letales, no olvidemos que el olfato tiene vía directa con la amígdala receptora de toda alarma. El rechazo nos habla del desagrado que sentimos o generamos, su micro expresión en la nariz es casi imposible de reprimir por muy breve a modo de micro espasmo que aparece en la punta de la nariz. Aún así, el afecto y la intimidad nos permiten anular el asco ya sea en relaciones parentales, filiares y de pareja donde el amor se sobrepone a sensaciones desagradables.


30 30


31 31 PUERTAS ABIERTAS a la intuición CAPÍTULO 2 Las interacciones básicas más significativas y relevantes entre madre y niño habitualmente se encuentran en el área visual: el despliegue corporal del niño recibe la respuesta del brillo en el ojo de la madre” Kohut (1971) ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA


32 32 Las ilustraciones surgen de mi empeño constante por hallar vías, senderos, puentes que conecten y faciliten el acceso el mundo emocional infantil, en especial al mundo emocional de menores con experiencias tempranas muy traumáticas. Y se plasman, gracias a la creatividad y a la sinergia que se produce con Zuzene, la ilustradora. Muchos de estos niños han sufrido tanto abandono como negligencia y abuso físico o sexual. Respetar sus experiencias y su sufrimiento obliga a agudizar la creatividad y el ingenio para encontrar una u otra forma de llegar a su dolor sin desbordarlos y desestabilizarlos. Intervenir a nivel terapéutico con la infancia y también con las familias y menores que están dentro del sistema de protección requiere implicarse e implicar en el proceso al sistema familiar y a los profesionales que acompañan a ese menor, ya sea el sistema de protección, judicial, educativo o el que corresponda. Si se busca impactar realmente sobre el sistema de apego y cuidados y poder consolidar los resultados a lo largo del tiempo es impensable no plantear una intervención terapéutica que aborde tanto al menor como a todas las personas relacionadas en los cuidados y protección de ese menor. Lo cual implica contemplar y llegar tanto a las familias biológicas, las acogedoras, los profesionales implicados, y en algunos casos, incluso implicar a diferentes órganos públicos, pues de no hacerlo la intervención siempre será incompleta y difícilmente se consolidarán las conquistas terapéuticas. La utilización de diferentes materiales gráficos, visuales, concretos y manipulables, en la fase de estabilización y vinculación con el niño y adolescente y con su sistema de apego siempre resulta de una ayuda inestimable. Este proyecto que aúna texto e ilustraciones es la plasmación de la emoción conjunta de los niños acompañados, de sus familias y la mía propia, en la medida que se ha producido la exploración y la conquista emocional.


33 33 Las tarjetas representaban diferentes estados emocionales, sensaciones y creencias, que en la experiencia clínica facilitan el trabajo de ir dejando que la luz se abra camino en ese mundo interno, al que al niño le cuesta tanto acceder y más aún interpretar. Poner palabras a las interrelaciones implícitas cargadas de afecto y emoción, cuando en la mayoría de estos casos el afecto y la emoción están desregulados debido a sus experiencias adversas más tempranas, es un objetivo primordial en el proceso terapéutico. El texto pretende ayudar a ubicar las ilustraciones y a dotarlas de significado. Las ilustraciones se han elaborado a medida que se ha aprendido a mirar, a mirar con calma, a descubrir como el niño asiente, sin hacerlo abiertamente. Él o ella saben que alguien se ha dado cuenta, de todo un movimiento que suele pasar inadvertido. Alguien ha percibido el oleaje que ha golpeado en los diques y que con el mirar, se ha contribuido a su contención en silencio. Y por un instante, ese niño descubre esa micro experiencia de contacto emocional, donde algo, en ese preciso momento, esta vez no ha pasado inadvertido, lo cual le ha dotado del coraje de mirarse a sí mismo también. Ha visto que ha sido visto y ello le permite verse a sí mismo. Y sin saber cómo, esa oleada emocional o desconexión que llegaba para instalarse, como es la costumbre, esta vez ha sido vivenciada en su ciclo completo, quizás por primera vez en su vida. Porque lo habitual es que el estado emocional quedara interrumpido, cortocircuitado, sin llegar a experimentarse. O sea, sin llegar a experimentar que el oleaje emocional se disuelve por sí mismo, como la ola termina en la arena de la playa, independientemente de cuál haya sido su bravura. El texto recoge la experiencia clínica y los enfoques terapéuticos que me alumbran, así como, algunas intervenciones practicas


34 34 cargadas de sencillez, donde en todo instante la premisa fundamental es respetar el momento de desarrollo. Espero y deseo que ambos, ilustraciones y texto, os ayuden a hacer explícito lo implícito. La forma de utilizar las cartas o tarjetas es múltiple y variada y va a depender de las características de cada niña y de lo que el terapeuta o educador esté tratando de alcanzar. Las imágenes invitan, sin llegar a ser totalmente explicitas, a ser completadas en el simbólico personal de cada uno. Facilitan la conexión emocional que cualquier terapeuta especializada en trauma temprano valora, antes de entrar a procesar las experiencias traumáticas propiamente dichas. Dentro de la terapia de EMDR, las ilustraciones son propuestas para la fase 2, cuando se está creando el vínculo de apego, tanto con el niño como con su sistema de cuidados. En esta fase, la construcción de un lenguaje emocional común es muy importante. Ese lenguaje común ayudará a lograr los objetivos de estabilización y regulación y facilitará las fases posteriores. Conectar con las emociones, poder identificarlas, nombrarlas y localizarlas corporalmente, abre la puerta al hecho de darnos cuenta, a comenzar a entender lo que vivo, lo que experimento. Poder nombrarlo, tal como dice Daniel Siegel, me permite domarlo. Si la niña tiene la madurez suficiente se le podrá ayudar a descubrir las creencias negativas básicas que reflejan sus sensibilidades o miedos nucleares. En la infancia las creencias son concretas y las primeras creencias tienden a describir emociones, por ejemplo, “tengo miedo”. La niña, a medida que madura, podrá pensar sobre sí misma y puede llegar a formular sus sentimientos en forma de pensamientos y será capaz de acceder a sus creencias negativas y positivas.


35 35 Se precisa de una madurez evolutiva psico-emocional para poder pensar y formular creencias. Respetar el estadio madurativo de la niña, saber esperar sin presionar es fundamental, en especial en niños con dificultades de aprendizaje que no toleran la evaluación. Este trabajo previo, anterior a entrar en las fases del procesamiento del trauma, facilita que, más tarde, en el momento de abordar la desensibilización y reprocesamiento de las experiencias cargadas de malestar, los niños o adolescentes puedan conectar por sí mismos con los elementos que constituyen esas memorias traumáticas, como son, las emociones, las sensaciones y las creencias. De esta manera, no es necesario recurrir en el momento del procesamiento a materiales accesorios que tienden a propiciar una desconexión emocional de ese instante tan especial. Todo terapeuta de trauma sabe reconocer perfectamente, ese instante de acceso no solo a la memoria traumática sino también al movimiento que se está produciendo. Si se realiza anteriormente ese trabajo terapéutico los menores serán capaces de conectar con los elementos que constituyen la huella de la memoria traumática por sí solos, de forma espontánea. En el momento del procesamiento del trauma, la resonancia del terapeuta con el paciente, en este caso con los niños o jóvenes es una pieza clave. Mantenerse en esa diada comunicativa en resonancia límbica es esencial y evitar los distractores, algo fundamental. La fase de estabilización, o fase 2, nombrada así en EMDR, en la intervención infantil, y más aún si se ha vivido un desarrollo continuado y crónico de trauma o de negligencia física y afectiva, es clave y determinante y que toda la intervención terapéutica está impregnada de esta fase previa.


36 36 En el desarrollo de todo niño pueden suceder hechos que no deberían haber ocurrido, y puede haber faltado una secuencia segura de cuidados que debería haber sucedido. Tan traumático o sub traumático es lo primero como lo segundo. A lo largo de los capítulos veremos como en el desarrollo de toda niña pueden suceder hechos que serán afrontados e influirán en ella de manera diferente según le haya faltado o no una secuencia segura de cuidados. Esta falta de seguridad puede tener diferentes gradientes. La falta de seguridad básica y su intensidad afecta en el mundo emocional, cuanto mayor es ésta, mayor es la confusión y más temido resulta el mundo emocional. También veremos como un material visual, sugerente, como son estas ilustraciones, nos facilitan el acceso a ese mundo emocional. Se propone iniciar la presentación del material siguiendo la secuencia madurativa. Lo primero con lo que se encuentra el bebé es un mundo de sensaciones; así, podemos comenzar identificando las sensaciones que se experimentan en el cuerpo, incluyendo la ausencia de sensaciones, e identificarlas con alguna de las ilustraciones. Para aquellos menores que no accedan a las sensaciones corporales se recomienda desarrollar primero el juego sensorio motor, en especial si tienen menos de 10 años; comenzar por experimentar placer, satisfacción mediante el movimiento y los sentidos. Permanecer junto a ellos amplificando ese placer sensorial; ralentizando el tiempo para que lo puedan sentir y que las sensaciones lleguen a resonar en el cuerpo mientras se dan cuenta de lo que sienten. Este darse cuenta se produce cuando el terapeuta o la figura de apego pone palabras a la experiencia de placer que la niña está viviendo. Esas sensaciones se pueden reforzar e instalar. En EMDR se realiza focalizándose en las sensaciones localizadas en el cuerpo y aplicando sets cortos y lentos de estimulación bilateral.


37 37 Las dinámicas propias de la terapia de juego son idóneas para fomentar la instalación de recursos, incluyendo en sus actividades la estimulación bilateral en los momentos de apego compartidos entre la niña y las figuras de apego o cuidado. La instalación se puede realizar tanto en la niña como en las figuras de apego para ensanchar la posibilidad de que se fortalezca lo que comienza a germinar. Una vez generado y detectado ese estado de conexión relacional, se les ayuda, a todos los partícipes en el ejercicio, a darse cuenta a de lo que se está produciendo, y se les invita a que descubran la emoción y las sensaciones ahí presentes. Una vez localizadas, se realizan sets cortos de estimulación bilateral, algo que pueden hacer entre ellos o con el abrazo de la mariposa. Descubrir y reparar el placer mutuo y compartido es muy satisfactorio. Ante la dificultad del arte de identificar y conectar con las sensaciones, el modelado del terapeuta y el juego con las tarjetas, representándolas, amplificándolas facilita ese primer contacto para llegar a la conexión con las sensaciones y poder identificarlas y nombrarlas. Se puede sugerir que imiten corporalmente la ilustración, la postura física o facial de la ilustración para que perciban las sensaciones que se generan, al igual que hace el bebé y el niño pequeño imitando y reproduciendo los gestos, expresiones de sus cuidadores. En ese juego de imitar, impulsado por las neuronas espejo lleva a captar y reproducir las acciones motoras y emocionales observadas. De esta forma se desarrolla tanto el modelado y el aprendizaje social como la capacidad de mentalizar y desarrollar simpatía empática hacía los demás y hacía uno mismo. Esto último solo es posible en la medida que las figuras de apego mentalizan y simpatizan con los estados del bebé y de la niña o joven. El terapeuta, de forma activa, se convierte no solo en modelo y modelador sino también en tutor resiliente que abre la posibilidad de experimentar, generar y desarrollar tanto nuevas conductas como también nuevas conexiones, nuevos puentes


38 38 tanto afectivos como neurofisiológicos en el cerebro mente cuerpo del menor. Si, aun así, no se consigue el logro de sentir o percibir, será de gran ayuda, que tanto la terapeuta como el niño amplifiquen, exageren la representación de la carta ilustrada sin insistir, ya que lo ideal es respetar esa conducta protectora que aún está cumpliendo una función de salvaguardia, dado que no ha llegado aún el momento de que ceda. La psicoeducación acompaña todo el proceso de juego. Es conveniente comenzar la intervención, antes de entrar de lleno en la conexión emocional; introduciendo información adecuada a cada edad, que explique tanto el objetivo que se busca como la forma en la que se va a ir alcanzando dicho objetivo; ya sea jugando, representando, cantando, entonando melodías, letras y rimas repetidas, contando cuentos o representándolos. Todos estos juegos, propios de la infancia (muchos de los niños que llegan a terapia se los han podido perder), son imprescindibles ya que favorecen y permiten entrar en el espacio mágico simbólico donde todo es posible. Donde uno puede permitirse ser un explorador de terrenos indómitos y salvajes, que en la medida que los descubre se humanizan y se civilizan, a la vez puede levantar puentes entre sus estados y los demás. La mente cerebro conecta, reorganiza, perfecciona y enriquece las redes neuronales que facilitan el cimiento de los descubrimientos. Las nuevas miradas que descubre y percibe en la terapeuta, en la familia enriquecen la relación terapéutica y familiar, llevan a la niña a verse desde nuevas perspectivas y posibilidades y a mirar y sentir el mundo y a los demás desde ángulos nuevos cubiertos de luz y claridad. Mientras no se produzca la conexión no se debería avanzar hacía fases que exigen una mayor complejidad emocional. Toca seguir


39 39 informando, esperar con paciencia a que el fruto esté maduro y caiga por sí mismo del árbol. Si consiguen conectar, se les puede pedir que intenten ver, ligar la sensación con la emoción; es decir, “qué emoción puede acompañar a esas sensaciones”. Pueden intentar mentalizar en qué situaciones perciben esas sensaciones y que emoción no echa explicita las acompaña. De forma proactiva, la terapeuta puede ofrecer ejemplos de experiencias similares que ayuden a comprender y captar la emocionalidad. Desde esa mentalización y comunicación de hemisferio derecho con hemisferio derecho, se puede facilitar el hacer explícito lo implícito, poniendo palabras como lo haría una figura de apego suficientemente sensible, cálida y reflexiva. Una vez que se produce la conexión con las emociones y se logra nombrarlas, la terapeuta vuelve a facilitar este trabajo de hacer visible la experiencia implícita percibida además de identificarla con palabras. De esta forma se alza un nuevo puente que conecta emoción sensación con nominación, manejo y control. Así nace, despierta la posibilidad de percibir y conocer lo no conocido. De algún lugar de ese territorio inexplorado es como si comenzará a emanar un manantial de agua cristalina, el agua clara del “darse cuenta” o de la mente con capacidad de mirar y realizar esquemas mentales de uno y del otro, reflejo de las nuevas miradas del entorno. Una investigación llevada a cabo por el pediatra John Hutton, en la cual compara los efectos de la escucha de diferentes narraciones o cuentos, narraciones verbales, narraciones con caricaturas y narraciones con ilustraciones, en niños menores de 5 años, evidenció que al escuchar cuentos con ilustraciones la comprensión aumentaba ya que no debían prestar solo atención


40 40 a las palabras, la atención compartida con las imágenes convertía éstas en pistas que potenciaban la compresión de la historia. El estudio demostró, además, mediante pruebas de resonancia magnética, una mayor conectividad entre todas las redes que estaban analizando: la percepción visual, las imágenes, el modo predeterminado y el lenguaje. Mediante la escucha de cuentos ilustrados los niños están desarrollando la capacidad de dar vida a las imágenes mentales y mejoran su capacidad de crear imágenes y su capacidad de reflexionar sobre los contenidos de las historias. La conectividad de las redes en estudio aún era mayor si el cuento era narrado sobre el regazo de papá o mamá. El impacto de contar historias con ilustraciones junto a un adulto con el cual se tiene vínculo es siempre superior, debido a la cercanía emocional y física experimentada en el acto. Gran parte del proceso terapéutico consiste en comprender nuestras vivencias, pero esa comprensión se realiza en un entorno especial, en el entorno y sostén de la relación terapéutica, una relación empática y segura. En el caso de los menores, se incluyen en esa relación y vinculación a las figuras de apego que acompañan durante el proceso terapéutico. El escenario terapéutico ideal es aquel en el cual las figuras de apego pueden ofrecer seguridad mediante esa simpatía empática incondicional. Esa comprensión requiere elaborar una narrativa, un cuento sobre uno mismo. Podemos deducir que esa narrativa acompañada de ilustraciones amplifica la compresión, y las imágenes se convierten en pistas para la propia comprensión y reflexión de la historia de vida o el capítulo que se esté abordando. Así pues, las imágenes, las ilustraciones se convierten en los asideros, en los troncos de una pasarela que nos ayudan a cruzar y manejar el cauce del rio emocional y a partir de ellas, surge la escultura de las palabras. Si el niño tiene más de 7 años o la


41 41 madurez adecuada para ello podemos comenzar a vislumbrar las cogniciones. Puede resultar más sencillo empezar por creencias positivas, llegando hasta ellas con preguntas como; “¿qué te gustaría sentir? o ¿qué te gustaría que ocurriera?, a la vez que se le ofrecen las ilustraciones de las creencias positivas. Lo normal es que las primeras creencias que se elaboran recojan las emociones, y que estas se vivan con pensamientos del tipo “estoy contenta”. Desde las creencias positivas podemos navegar hacia las negativas. Expresar lo que se intuye que se siente puede ser complicado y las imágenes de las ilustraciones vuelven a facilitar este acceso. Este es solo un ejemplo de cómo pueden utilizarse. También se pueden repartir, a modo de cartas, entre varios niños e intentar inferir qué les ha podido ocurrir, a los personajes para sentir, creer o emocionarse según la representación, tanto positiva como negativa. En la medida en que proyectan una historia, contada como si fuera ajena a ellos, nos están hablando de sus experiencias, donde el distanciamiento emocional es más fácil de lograr que en un relato en primera persona. El ingenio, la imaginación y la planificación de la intervención terapéutica de cada psicólogo, educador, profesional sanitario o educador social irá matizando los usos y la forma de utilizarlas. La creatividad propia de cada profesional ayudará a descubrir sus posibilidades. Siempre podemos jugar a deconstruir la emoción, a ayudarles a detectar las micro expresiones, o expresiones que caracterizan a las emociones o sensaciones más básicas y posteriormente continuar con emociones más específicas y sutiles.


42 42 Expresiones, sensaciones asociadas y emociones. Juguemos a descubrir la expresión de las emociones más frecuentes y básicas. Se suelen identificar 5 niveles de intensidad, tal como identifica Paul Ekman, en general en las expresividad emocional, en los dos primeros las expresiones son menos apreciables y conforme aumenta la intensidad de la emoción las expresiones faciales son más marcadas y la emoción resulta más fácilmente d e identificar. Por ello el jugar a exagerar, agrandar la expresión característica de cada emoción nos ayuda a conectar más con ella.


43 43 ¿Serías capaz de identificar cada una de estas emociones?


44 44 Es fácil descubrir que las ilustraciones representan más emociones perturbadoras que agradables. Esto es un indicador del valor adaptativo que tienen las emociones y sensaciones corporales para ayudarnos a distinguir situaciones peligrosas o potencialmente dañinas. Por lo tanto, poderlas percibir e identificar ayuda a reconocer situaciones no gratas para poderlas manejar y afrontar de la mejor forma posible. Hay una emoción neutra que es la sorpresa, una emoción que nos avisa de la novedad, que rápidamente se desvanece en la emoción agradable o desagradable que genera ese estimulo o situación novedosa. La capacidad para identificar y comprende las emociones está relacionada con la universalidad hallada en las expresiones emocionales faciales. Darwin, ya en 1872, fue el primero en reparar en esa universalidad, las emociones fueron parte importante de la teoría de la evolución, las considero biológicamente innatas y evolutivamente adaptativas. Posteriormente Tomkins en 1962 actualiza la visión de Darwin al considerar la emoción como la base de la motivación humana y que sus cimientos residen en la expresión del rostro. Posteriormente Paul Ekman y Carroll Izard llevaron a cabo los estudios conocidos como “Estudios de universalidad” donde hallaron y demostraron el alto acuerdo intercultural en la interpretación de las emociones expresadas en los rostros de las personas, tanto en culturas alfabetizadas como pre alfabetizadas. Una investigación llevada a cabo en 2014 por un equipo del departamento de Ingeniería de la Computación y Ciencias del Cerebro la Universidad de Ohio, en Columbus ha logrado identificar hasta 21 emociones en las expresiones faciales. Parten de la premisa de que, en la cotidianidad, el rostro expresa más emociones que las que Darwin consideró básicas, véase; sorpresa, alegría, ira, tristeza, miedo y asco. Realizaron combinaciones de las 6 emociones básicas y de esta forma han encontrado otras 15 expresiones compuestas que reflejan emociones como tristemente enfadado o temerosamente sorprendido.


45 45 Las 21 expresiones han sido analizadas con un software de codificación de acción facial capaz de identificar qué grupos de músculos se utilizan para crear dichas expresiones faciales. Fueron analizadas las fotografías de 230 personas, mostrando cada una de ellas las 6 emociones básicas y las 15 compuestas. El modelo computacional de la percepción de la cara identificó con una precisión del 96,9% las seis expresiones básicas y las 15 expresiones compuestas fueron identificadas con una exactitud del 76,9%. El análisis computacional evidenció que las 21 expresiones utilizan una combinación única de músculos. Este tipo de investigaciones se están llevando a cabo en el mundo de la robótica, persiguen el desarrollo de robots y de humanos virtuales que sean capaces no solo de generar movimientos mecánicos que asemejen expresiones faciales sino también que esos mismos robots y humanos virtuales sean capaces de reconocer las expresiones de su interlocutor y tengan la capacidad de adaptar su respuesta a esa reacción emocional detectada u observada. Aun así, las emociones son tremendamente complejas. Se considera que los seres humanos somos capaces de expresar más de 31.000 emociones diferentes. Es lógico pensar que en su expresión convergen biología y experiencias. Otras evidencias que apoya el componente innato y biológico de las emociones las encontramos en la anatomía y musculatura que sustenta la expresión facial es la misma tanto en los adultos como en los recién nacidos, y además está preparada para realizar expresiones desde el inicio del nacimiento, incluso antes. Se han captado imágenes de fetos en ecografías sonriendo, los bebés son capaces de esbozar sonrisas de forma refleja desde antes de su nacimiento. Esa sonrisa involuntaria se va cargando


46 46 de significado en la interacción con sus cuidadores, en la medida que la sonrisa involuntaria es atendida y se le devuelve otra sonrisa y atención, se carga de un afecto positivo que empuja y genera una sonrisa en la bebé colmada de emocionalidad. Emoción y motivación propician la danza comunicativa que se gesta entre bebé y cuidador, entre bebé mamá o papá. De esta forma una expresión, una emoción se modula, se desarrolla en la interacción y en la experiencia relacional. Biología y experiencia nos van configurando en el despertar al mundo, un mundo social en el que se produce el desarrollo. Esa biología de la emoción se constata en las expresiones de las personas con ceguera congénita que manifiestan las mismas expresiones que las personas videntes y por otro lado en las personas no videntes se observa una mayor semejanza en la expresión del rostro con sus familiares que con los no consanguíneos. Hay dos vías neuronales que intervienen en las expresiones faciales. El tracto piramidal genera acciones voluntarias en el rostro y parte de la franja motora cortical, al mismo tiempo el tracto extrapiramidal impulsa expresiones emocionales involuntarias que se originan en las áreas subcorticales del cerebro. Cuando se pretende controlar la expresión emocional se activan ambos sistemas neurales el voluntario e involuntario y en estos estados se llegan a filtrar fugazmente las llamadas micro expresiones. Sin embargo, cuando se desencadena una emoción y está se expresa libremente se extiende por todo el rostro, estas expresiones características de cada emoción hacen participe a toda la cara y según Ekman duran entre 0,5 y 4 segundos. Resultan fácilmente observables, se consideran macro expresiones en contra posición a las micro expresiones. Las micro expresiones normalmente son señales de emociones que se pretenden disimular, también pueden deberse a la huella


47 47 de estados emocionales rápidamente procesados sin intención de ocultación. Son expresiones faciales de duración rápida, muy rápida, inferior a un treintavo de segundo. Pasan inadvertidas para la mayoría de la gente. Darwin fue el primero en plantear la hipótesis que sugiere que los movimientos faciales pueden producirse de manera involuntaria incluso si el individuo está tratando de controlar su expresión. Porter y Brinke en 2008 demostraron como se escapan micro expresiones cuando los individuos intentan engañar o encubrir su expresión emocional. El conocimiento adquirido sobre las emociones y su expresión se ha llevado al desarrollo de programas aplicados tanto para la detección de mentiras como para el aprendizaje y entrenamiento de la lectura emocional. La capacidad de expresar y reconocer las señales emocionales es imprescindible para lograr una interacción adecuada en cualquier grupo social. Una información adecuada sobre los estados emocionales proporciona la base para una mayor y mejor cooperación que desencadena relaciones más gratas y satisfactorias. Los menores que han sufrido trauma o negligencia temprana presentan serias dificultades en estas áreas, les han faltado experiencias de interacción adecuadas y seguras que propiciaran ese modelado emocional. Atender esta necesidad y crear las vías de aprendizaje adecuadas para que puedan ir adquiriendo estas habilidades no solo facilita la recuperación traumática, sino que previene la traumatización secundaria por falta de habilidades sociales. Al igual que Darwin no se limitó a estudiar y descifrar las expresiones de las emociones básicas y conforme avanzaba en sus investigaciones aumentaba su curiosidad respecto a las emociones


48 48 prosociales y sociales, las investigaciones actuales se interesan por la diferenciación y las características propias de un gran número de emociones. Así en uno de los estudios realizados, en 2008, por Matsumoto, profesor de psicología en la Universidad Estatal de San Francisco, con jugadores olímpicos, en el que estudiaba las diferencias entre triunfo y orgullo. Encontró que el triunfo tiene una expresión propia, firme e inmediata que se expresa al declarar el éxito o victoria obtenido, mientras que el orgullo se refleja en expresiones que indican sentimientos positivos hacia uno mismo. Esta autopercepción precisa de un tiempo dedicado a la autoevaluación, por lo tanto, no es una emoción que surja inmediatamente. Las diferencias entre ambas emociones son observables en el rostro. Cuando alguien se siente triunfante después de un desafío, su rostro puede parecer agresivo, la expresión es muy distinta de la sonrisa distendida que se refleja en el orgullo. Los análisis de las fotografías de los atletas que intervinieron en el estudio mostraban que las expresiones de triunfo aparecían unos 4 segundos después de que finalizara la competición, mientras que las micro expresiones faciales y corporales del orgullo surgían unos 16 segundos después de finalizar el partido. Un juego que hemos descubierto en esta exploración compartida ha sido animar a encontrar imágenes de sus jugadores favoritos y que pudieran descubrir y diferenciar el triunfo y el orgullo. A partir de ahí surge la aventura de buscar recuerdos de experiencias de éxito y orgullo y de representar las expresiones propias de cada emoción. Si se logra el acceso a esas memorias positivas de orgullo, entonces se invita a conectar con esas sensaciones agradables y se


49 49 instalan haciendo uso de la estimulación bilateral tapping. Resulta muy grato contactar con experiencias satisfactorias que llevan a sentirnos bien con nosotros mismos. Si la niña es capaz de contactar con esas experiencias positivas y representar corporalmente esa satisfacción, ese orgullo interno, se le puede solicitar que mientras lo hace mantenga contacto ocular con la terapeuta, para que la niña pueda vislumbrar el orgullo que genera en la terapeuta su logro. Acto seguido, la terapeuta realiza la misma postura corporal para que pueda verla reflejada en ella, al mismo tiempo que se enorgullece con ella. Puede caminar, pasear las dos con orgullo, permitiendo que todo el cuerpo participe de esas sensaciones y emociones. De esta forma entre las dos mantienen y amplifican esa emoción, como ocurre en las diadas de apego. Se está facilitando que se corporalice esa experiencia positiva y así, se hace viable la elaboración de la representación correspondiente, que finalizará en la interiorización y exteriorización de una creencia positiva, del tipo “ Soy importante”, o “Hago bien las cosas”. Hallar recuerdos de experiencias positivas y a falta de ellos propiciar las circunstancias para que se puedan dar y conectarlos al goce corporal que generan es parte de la labor de esta fase previa de preparación. Una vez que surgen en la relación terapéutica, se propicia su instalación. Para ello se promueve el contacto corporal, que una vez conseguido e identificada la emoción correspondiente, se pueden aplicar set cortos y lentos de estimulación bilateral. Así se facilita que a partir de esta experiencia vivenciada en la interrelación terapéutica se pueda transferir esa satisfacción a cualquier otra vivencia relacional, sea cual sea el contexto.


50 50 Este trabajo previo constituye la mejor prevención ante los bucles de malestar en los que se puede entrar en las fases de procesamiento, cuando no se alcanzan recuerdos positivos. Las experiencias positivas y la conexión con el afecto positivo que aportan abren la posibilidad de llegar a la instalación de creencias positivas. Pasemos a ver como son las expresiones características de las emociones más básicas y universales incluyendo el reino animal y el contenido emocional de otras más elaboradas.


Click to View FlipBook Version