The words you are searching are inside this book. To get more targeted content, please make full-text search by clicking here.
Discover the best professional documents and content resources in AnyFlip Document Base.
Search
Published by e.balenciaga, 2023-03-12 00:19:07

Esculpiendo palabras en la arena

Esculpiendo palabras en la arena

51 51 Alegría, los ojos nunca mienten Arrugas de expresión entorno a los ojos. Mejillas se elevan. Comisuras de los labios ascienden en el movimiento de la sonrisa o risa. La boca puede estar abierta o cerrada, en este caso la comisura de los labios ascienden más. 1 1 2 2 3 3


52 52 AMOR El amor acrecienta la satisfación de la alegría La apertura del pecho y el corazón nos abre al exteriror y al otro. El gozo es mayor si es compartido y disfutado en comunidad.


53 53 SORPRESA Se elevan las cejas. Ascienden los párpados. La elevación tanto de las cejas como de los parpados generan un efecto curiosos los ojos parecen orbitar, además si es intensa la emoción puede llegar a queda al descubierto la parte blanca de la esclerótica situada por encima del iris. La mandíbula cae. Y en consecuencia la boca se abre no por la articulación de los músculos masticadores, sino por el efecto y el arrastre que produce sobre ella la caída de la mandíbula. 1 1 2 2 3 3


54 54 Tristeza, me reconoces por mis arrugas horizontales en la frente Las cejas se elevan en la zona central de la frente o se dirigen hacía el centro de la nariz, cuando expresa tristeza moral. La comisura de los labios caen. Se eleva la barbilla. Cuando la intensidad aumenta los parpados superiores caen, junto a una mirada baja o perdida y los ojos se humedecen y parecen vidriosos por el efecto de las lagrimas. Si se intenta contener y u ocultar será difícil de identificar. En los pucheros, los niños, suben y sacan el labio inferior si no va acompañado el movimiento de las cejas, tan solo el movimiento del labio es el producido, no estanos ante una expresión autentica sino intencionada, estamos ante los “falsos pucheros” 1 1 2 2 4 3 4 5 5 3


55 55 asco Se cierran las fosas nasales, se arruga la nariz. También puede provocar que las cejas bajen hacia la nariz. Los párpados pueden cerrarse y las mejillas elevarse, como si alguien estuviese aplastando verticalmente nuestra cara. Los labios pueden aparecer apretados o que la boca se abra, más aún si genera arcadas, símbolo de su máxima intensidad. 1 1 2 2 3 4 3 4


56 56 desprecio Los labios se retraen hacia un solo lado de las mejillas, marcando una asimetría, puede llegar a formar un hoyuelo en un solo lado de la cara, o marcarlo más. Es la única emoción unilateral Según la intensidad puede ir acompañado de una mirada de reojo o desafiante, o alto contacto visual o tensión en los párpados. 1 1 2 2


57 57 vergüenza La mirada desciende, se evita el contacto ocular. Las mejillas se sonrojan sin control. La boca intenta esbozar una sonrisa. 1 1 2 2 3 3


58 58 orgullo La sonrisa distendida, generada por la alegría interna Se puede acompañar de cabeza elevada y pecho ligeramente abierto que facilita la entrada de aire 1 1


59 59 miedo Se suben parpados superiores sin elevación de cejas. También puede provocar tensión en los párpado inferiores. Y apertura de los labios, aunque se mantendrán las comisuras alineadas horizontalmente. Un miedo intenso puede generar tensión y contracción del cuello, haciendo retroceder la cabeza. Entre las situaciones que generan miedo, tenemos el miedo a no ser creído. 1 1 2 2 3 4 3 4


60 60 ira - su intensidad se hace visible siguiendo sus elementos identificativos Comenzamos con el ceño fruncido, las cejas se juntan, los parpados se levantan. La mandíbula se adelanta Tensión en los labios, cuando intentas contener o disimular, la ira, los labios aparecen apretados y delineados más finamente. Si se expresa libremente sin contención se puede subir el labio superior, mostrando los dientes superiores. Los labios pueden abrirse en forma de embudo, y nos podemos encontrar en ocasiones con dilatación de las fosas nasales. Conforme crece su intensidad se iran mostrando los dientes primero se pueden mostrar los inferiores, y su máxima expresión si además se muestran los los superiores. 1 1 2 2 3 5 4 3 4 5


61 61 Ofuscación y confusion Cuanto más me enerva Mayor es la ofuscación. Se ha podido colar después de una sorpresa inicial Donde la apertura se Cierra ¿Qué dirías de ofuscación? ¿se combina más de una emoción básica? Algunos de los niños dicen que es una combinación de tristeza y enfado. Se les puede Invitar a que creen sus propias respuestas y a que realicen sus propias preguntas también. Pueden descubrir otras emociones más elaboradas en las que se combinan más de una sensación y emoción básica. No solo es importante descubrir y reconocer las expresiones que en definitiva generan sensaciones, sino que lo importante es ayudarles a percibirlas, a darse cuenta de la emocionalidad física que generan y a atender la información que proporcionan.


62 62 Se puede seguir jugando con otras emociones y sentimientos, animarlos a descubrir y a encontrar las características propias de cada una de ellas. En la infancia, por ejemplo, los celos y la envidia se confunden o se consideran la misma emoción, se sorprenden cuando recaen en la diferencia. Así, los celos expresan el sentimiento de querer en exclusividad para uno mismo el afecto y la atención de una persona querida, ya sea mamá, papá, o una amiga, o un objeto compartido y deseado. Cuando no se logra esa atención especial o exclusividad se pueden manifestar diferentes emociones, que también podemos ayudar a darles luz, en algunos surgirá la tristeza, en otros el enfado y en otros quizás el miedo a dejar de ser querido o no poder disfrutar del objeto deseado. Las emociones más frecuentes con las que se suele manejar el malestar son; la tristeza, el enfado o el miedo, a los que se puede añadir la preocupación, y por supuesto la suma de emociones combinadas. Se les puede invitar a que se conviertan en detectives de su mundo emocional y que dibujen, interpreten, o escriban un verso sobre esa emoción. Este es el verso de una niña que se sorprendió de esa diferencia entre celos y envidia. “Mi mamá es solo mía, mía, mía. Mi hermano no la puede tocar. No la puede besar. Mi mamá es solo mía, mía. Ana era una niña locuaz que le gustaba hablar y cantar. En sus canciones hablaba de sus conflictos. En una de ellas canturreaba sobre la envidia. Cuando se le pregunta qué es la envidia; Ana dice que una cosa muy fea, muy fea. Se le pregunto porque era esa cosa tan fea y dijo que era muy fea porque no quería a Rubén, a su hermano y quería que su mamá no quisiera a Rubén.


63 63 Ana tenía 6 años, y se llevaba justo 14 meses con su hermano. Cuando nació su hermano comenzó a asistir al aula infantil. No resulta difícil entender que su hermano fuera el causante de su malestar y que demandara tanto a mamá. Se le explico que la envidia no es algo feo, sino un sentimiento que surge cuando se quiere algo que no se tiene y que tiene otro niño, amiga, u otra persona. Es muy normal sentirla, se puede sentir cuando una amiga o un hermano tienen algún juguete o algún objeto que nosotros no tenemos. Entonces, al contemplarlos con ese objeto entran muchas ganas de tenerlo y quizás aparezca el enfado hacia esa amiga o hacia el hermano. Puedes llegar a estar tan enfadada que te den ganas de quitarle ese juguete, o quizás elijas no estar con ellos. Ana respondió: “yo no quiero los juguetes de Rubén, solo quiero a mi mamá, quiero dormir con mi mamá todos los días”. Se le explicó que lo que ella sentía tenía otro nombre, que se suele llamar celos, que los celos son un sentimiento muy normal entre hermanos cuando quieren que su papá o mamá este siempre con ellos y no con el hermano. A partir de ahí, Ana cantó la estrofa presentada más arriba. A continuación, dijo: “No tengo envidia, tengo celos, ¿son feos?”. Se continúo hablando sobre las emociones y de cómo todas las emociones nos muestran lo que necesitamos, no hay ninguna fea, lo importante es descubrir lo que está pidiendo esa emoción y ver como lo podría conseguir. Ana dijo: “quiero que se vaya Rubén”, y se siguió hablando de cómo eso era imposible, Rubén era su hermano y su papá y mamá querían a los dos, en su corazón había espacio para ambos. La idea no es desarrollar el caso de Ana aquí, solo añadiré que se escribió un cuento personalizado entre su mamá y la terapeuta sobre una gacela. A Ana le encantaban las gacelas, el cuento describía como en el corazón de mamá gacela había espacio para sus dos hijos, para la pequeña gacela cantarina y para el gacelito pequeño que le encantaba perseguir al balón. Además, los papás prepararon una historia sobre su nacimiento y lo rápido que mamá se volvió a quedar embarazada. En ella se podía observar la compresión


64 64 alcanzada por ambos padres de como se había sentido su hija de 14 meses con un hermano recién llegado y yendo al aula infantil. La primera versión de la historia fue contada a través de animales y cuando Ana se identificó con los personajes, paso a ser contada siendo ella la protagonista. En EMDR, este tipo de intervención es acompañada de estimulación bilateral. Después de esta intervención compusimos una nueva canción: Ana y Rubén tienen una mamá Con un corazón muy grande En el corazón de mamá están Ana y Rubén Mamá besa a Ana y también a Rubén. Dibujar, nombrar, representar, contar cuentos, jugar de cualquier modo os con las emociones y sentimientos les ayuda a integrar las emociones y sus diferencias y a tolerar todo lo que llegan a sentir sin que se vean por ello como alguien feo, malo o no digno. En ese descubrir se puede jugar a ver como se encadenan las emociones, qué fue lo primero que se sintió, y encontrar la emoción más básica que se esconde, muy bien escondida detrás de las emociones que se muestran en la superficie.


65 65 ¿Qué emoción escondes más? ¿TRISTEZA, MIEDO, VERGÜENZA?


66 66 A partir de aquí, nos sumergirnos en el mundo emocional de los niños protagonistas de los casos, niños que han contado con diferentes sistemas familiares de apego y tienen diversos niveles de conexión y regulación de sus estados emocionales. A través de sus historias y de la intervención realizada, se mostrará y ayudará a descubrir cómo las ilustraciones, las imágenes ayudan en la comprensión y en la expresión de ese mundo interno que se busca externalizar para acercarse a él sin que abrume.


67 67 Todo niño se sorprende y se deja sorprender por la novedad de cada instante. En ese no querer perderse detalle, la sorpresa le favorece el desabrimiento con su apertura característica de todo el campo visual y diremos que también mental. La sorpresa es una emoción neutra que desaparece rápidamente para transformarse en la emoción ,ya sea positiva o negativa, que genera la sorpresa inicial. Cuando es seguida del miedo se produce un cambio rápido y veloz, a veces inapreciable entorno a las cejas. En la sorpresa se elevan los párpados y las dejas cosa que no ocurre en el miedo que se elevan solo los parpados y las cejas descienden.


68 68


69 69 ACUNADO en la seguridad CAPÍTULO 3 Como resultado de la fusión empática de la psique rudimentaria del niño con la organización psíquica altamente desarrollada del self-objeto materno, el niño experimenta los estados afectivos del self-objeto como si fueran los propios. Kohut ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA


70 70 Adrián es un niño de 13 años que acude a consulta 6 meses después de haber sufrido junto a su familia un accidente de tráfico en el que no hubo heridos, tras el cual el vehículo familiar terminó en el desguace. Desde entonces presenta pesadillas recurrentes referentes al accidente, evita activamente desplazamientos en coche y si se ve obligado a viajar no consigue relajarse ni disfrutar del trayecto. Los padres de Adrián mantienen una relación cálida con sus hijos, saben mantenerse conectados con ellos ante las experiencias dolorosas, tienen buenas habilidades para calmarlos y disfrutan abiertamente con ellos. Han establecido, tanto con Adrián como con su hermano, un vínculo estrecho y seguro. De la historia cabe destacar un accidente anterior sufrido por Adrián y su madre. Cuando Adrián tenía 10 meses, la madre iba conduciendo, al llegar a un semáforo, el vehículo que venía detrás colisionó con ellos. La exploración del bebé no reveló ningún problema y su madre sufrió un latigazo cervical. A Adrián, después de aquel accidente, le costó conciliar el sueño durante un mes. También se irritaba en los desplazamientos en vehículos. Esto último fue despareciendo paulatinamente. La madre reconoce que ella también tuvo problemas para dormir, aunque lo atribuye al dolor cervical y considera que aun así era capaz de mantenerse en calma y calmar al pequeño Adrián cuando viajaban. Con Adrián resulta fácil hablar de lo sucedido. Mientras lo hace mira a su madre, ella lo anima a proseguir con el relato al mismo tiempo que su presencia lo calma y le trasmite valor. De acuerdo con la teoría de regulación del afecto de Allan Shore; en las dinámicas relacionales de la diada Adrián-madre se puede observar cómo la madre de Adrián, mediante conductas de apego y cuidado, ha facilitado a lo largo del desarrollo de su


71 71 hijo la madurez psicofisiológica de los sistemas de regulación primarios subcorticales, que se desarrollan en la primera infancia: el excitatorio, en torno a los 10, 12 meses y el inhibitorio, que madura en torno a los 16 y 18 meses. Esto permite que Adrián sea capaz de regular su afecto en muchas situaciones y sea capaz de pedir ayuda cuando se ve desbordado. Su madre sabe estar ahí, con él y sostenerlo, esta es la mejor manera de regular un estado. Adrián es capaz de conectar con las emociones de miedo e inseguridad. Las puede localizar en el cuerpo en forma de tensión en el estómago y en las piernas y por él mismo es capaz de acceder a la creencia de “Estoy en peligro” cuando se encuentra o piensa en un vehículo. Adrián no precisa de ayuda externa para acceder a sus emociones. Es capaz de identificar sus estados y reconocerlos, durante las sesiones terapéuticas. La presencia de su madre es lo más importante para él y eso lo tiene garantizado, su madre acude siempre con él y se muestra activa y participativa cuando se requiere su colaboración. En los momentos de mayor tensión, al centrarnos en el recuerdo del impacto, su madre con su presencia lo calma y lo anima a proseguir. Resulta fácil observar como a lo largo de su desarrollo ha contado con una familia lo suficientemente buena, sensible y fuerte que ha facilitado la interacción relacional, la regulación emocional y por ende el desarrollo psico afectivo fisiológico. Esta interacción ha permitido que se generen tanto las conexiones excitatorias como las inhibitorias, dando como resultado un sistema simpático y parasimpático equilibrado que puede regularse de forma adecuada recurriendo a la regulación relacional y/o a la autorregulación. Acceder a los recuerdos sintiéndose seguro junto a su madre es relativamente fácil y poder procesar esas memorias también


72 72 resulta sencillo. En un par de sesiones de EMDR focalizadas en el accidente familiar, Adrián vuelve a sentirse seguro cuando viaja. Va recuperando su sueño habitual. Posteriormente se realizaron tres sesiones más sobre el accidente en el que viajaban Adrián y su madre cuando este era un bebé. Este accidente tan temprano ya ha sido integrado a cierto nivel. La familia ha propiciado una narrativa coherente de lo sucedido, que incluía las emociones que pudieron experimentar tanto Adrián a sus 10 meses como su madre. Se observa como el sistema regulatorio secundario asociado a la mentalización, la capacidad de pensar sobre mi mundo interno y el de los demás, también es una conquista en el desarrollo de Adrián. Para acceder a este recuerdo, del que ya hay una narrativa familiar, al ser una experiencia preverbal utilizamos la narrativa desde el modelo de EMDR. Para ello, la madre elaboró una historia a modo de cuento, cuyos protagonistas eran unos gatos de angora que viajaban en un flamante vehículo tuneado y sufrieron un accidente. El cuento pretende llegar al estado bebé de Adrián. La primera versión fue contada e interpretada con unos gatos de peluche por la terapeuta. Se busca que la atención se dirija al escenario, a los personajes y al narrador para que, de esta forma, al externalizar lo ocurrido, resulte más manejable, mientras la madre le iba practicando estimulación bilateral, tapping, sobre los muslos. La narrativa en la medida que se integra cambia, evoluciona, y se va contando de diferentes maneras. En versiones posteriores era la madre la que iba narrando lo sucedido, introduciendo cada vez más detalles e información emocional, mientras el padre le iba practicando la estimulación bilateral. Con los recursos que ha desarrollado tanto psicológicos como neurofisiológicos a Adrián le resulta fácil, en las sesiones de procesamiento del accidente, conectar con las emociones de miedo que pudo experimentar en aquella ocasión, siendo un bebé de 10 meses. A nivel corporal se observa el sobresalto


73 73 y el susto. Su madre permanece calmada asegurándole que todo está bien, que ella está bien, que los dos están a salvo. En los momentos de miedo e incertidumbre, al conectar con la memoria del accidente en las sesiones terapéuticas, la madre de Adrián le sigue transmitiendo que ella está ahí que tiene la fortaleza para manejar esa situación, acompañándolo sin miedo, sosegada, en calma. Adrián puede experimentar que su madre es lo suficientemente fuerte para hacerse cargo y lo suficientemente sensible como para saber lo que necesita y proporcionárselo. Terminan las sesiones con la percepción y la creencia de sentirse a salvo. Adrián, de forma espontánea, es capaz de conectar con experiencias buenas y divertidas que ha tenido en diferentes viajes. Recuerda lo bien que se lo ha pasado en el autobús en las excursiones escolares, lo agradable que es viajar en el coche familiar con su hermano y su madre mientras juegan a adivinanzas y al veo-veo. Tras la tercera sesión de narrativa, Adrián hablaba de forma locuaz de los accidentes, interpretaba gestualmente como se habría sentido de bebé en la colisión. Viajar dejó de ser un problema, su estado de ánimo mejoró considerablemente y relataba sentirse lleno de energía. Nos despedimos de Adrián y de su familia y así, continuaron con sus vidas. Del seguimiento realizado, sabemos que actualmente le encanta viajar y que los dos accidentes son sucesos de su vida que no condicionan sus desplazamientos y de los cuales habla con soltura y sin experimentar malestar, estas dos experiencias han pasado a ser dos anécdotas más, que han contribuido a sumar recursos en su personalidad. El mayor recurso de Adrián es su aprendizaje emocional, que correlaciona con estados fisiológicos y endocrinos. Este aprendizaje es el resultado de un sistema familiar seguro que le ha facilitado la conexión con sus estados emocionales y no


74 74 temer la activación emocional perturbadora cuando llega. En su aprendizaje vital puede ir constatando que esta es pasajera, es temporal. El arcoíris siempre sale después de las tormentas. Sea cual sea el estado de Adrián, sus padres han estado a su lado, sosteniéndolo. Él sabe que están ahí. Contar con unos padres más fuertes, más cálidos y sensibles que el niño, proporciona una seguridad percibida y sentida que lleva a interiorizar que no es necesario hacerse cargo de situaciones o de estados de los padres y que el niño puede ser reconfortado pase lo que pase. Sea lo que sea que suceda tiene solución, vuelve a brillar el sol. Esto es posible porque los padres son capaces de regular sus propios estados y sintonizar y calmar los estados desregulados de sus hijos. Encuentran la forma de crear puentes afectivos que llevan a estados discretos de calma y seguridad, como dice Putman. Esta capacidad de contención es el resultado de sus propias experiencias de desarrollo, bien porque contaron con un sistema familiar lo suficientemente bueno y seguro, bien porque han sido capaces de resolver sus propias vivencias traumáticas relacionales.


75 75 Las llamadas patas de gallo son una de las características fundamentales de esta emoción. Podremos legar a movilizar los labios en el afán de gesticular una sonrisa sin embargo como constato en el siglo XIX el neurofisiólogo Guillaume Duchenne los músculos orbiculares de la zona palpebral inferior son muy difícil de movilizar de forma voluntaria. La movilización conjunta de los orbiculares con los músculos cigomáticos, debajo de las mejillas, provoca que estas suban y empujen también los párpados inferiores hacia arriba. Su movimiento no se puede simular. La sonrisa franca de la alegría facilita la conexión y la apertura, sobre todo acompañada del contacto ocular.


76 76


77 77 CAPÍTULO 4 NO ME PUEDO CALMAR “Cada sistema puede ser activado en un determinado momento en respuesta a ciertos estímulos internos o externos. Algunos sistemas pueden ser activados al mismo tiempo y de manera sinérgica... Los sistemas de apego y exploratorio en cambio, son mutuamente excluyentes.” J. Bowlby ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA


78 78 Itziar tiene 8 años y medio y ha sufrido un accidente de trafico junto a sus padres hace 8 meses. Desde entonces tiene un miedo persistente a viajar y desplazarse en coche, no quiere separarse de su madre, y experimenta un miedo flotante junto a la creencia de que les puede suceder algo malo a sus padres, en especial a su madre, si se montan en un vehículo. Cuando tenía 3 años presenció cómo un coche atropellaba a un peatón en un paso de cebra. Su padre estaba con ella, se sobresaltó muchísimo y desde entonces vigila con alarma todos los cruces. En ninguno de los accidentes hubo heridos graves. El cuidador habitual de Itziar es su padre, tiene unos horarios que permiten una buena conciliación familiar. La madre viaja con frecuencia e Itziar está acostumbrada a quedarse con su padre. La constante en la vida de Itziar es la convivencia con su padre. A la madre le resulta imposible compaginar su horario laboral con las sesiones, e Itziar acude a terapia acompañada de su padre en la mayoría de las ocasiones. En las interacciones familiares se aprecia la dinámica relacional de Itziar con su padre, viendo cómo construyen la relación entre ambos. En sus dinámicas relacionales se observa como el padre precisa la atención de Itziar, al mismo tiempo que le cuesta tolerar la autonomía y la diferenciación de su hija. Parece que necesita mantenerse vinculado y unido a ella para que no le asalte su propia sensación de abandono. En la entrevista de valoración el padre expresa cómo necesita tener a su hija cerca de él, siempre ha manejado mal las separaciones y su hija le ayuda a sobrellevar los viajes de su esposa. Es consciente de cómo, desde que ambos presenciaron


79 79 el atropello de un peatón, teme que le pueda ocurrir cualquier tipo de accidente a su hija. El mundo es peligroso y él debe protegerla, ya que su madre ha depositado su confianza en él. Debe ser un padre extremadamente cuidadoso y atento a todo. Dentro de la relación con su padre, Itziar se mueve entre la demanda constante, el drama y el enfado aparentemente injustificado y desproporcionado. En otros contextos y con otras personas se muestra independiente y locuaz. Necesita dormir junto a su padre o con su madre, cuando esta se halla en casa. En los últimos meses ni siquiera esto es suficiente para conciliar el sueño, teme que a sus padres les pueda ocurrir algo horrible mientras duerme. Las respuestas psico emocionales y conductuales de Itziar nos indican que su sistema regulatorio primario de inhibición, los circuitos de regulación parasimpática necesarios para regular sus estados afectivos cuando surge una excitación excesiva desregulada, no son capaces para inhibir esa activación fisiológica de malestar y esto la empuja a buscar la regulación diádica, junto al otro. Precisa y busca una regulación contingente y en sintonía pero que el sistema familiar no es capaz de proporcionársela adecuadamente en esos momentos. Los procesos relacionales implícitos, (aquellos en los cuales no median las palabras, solo los estados entre ella y sus padres) no han propiciado que Itziar cuente con la activación modulada del sistema nervioso parasimpático, que es el que otorga la capacidad de regular y calmar los estados. Itziar es capaz de identificar sus emociones y sensaciones y puede hablar y hablar de sus miedos y de las cosas terribles que pueden llegar a sucederles, necesita que se la escuche y escuche. Lo que más le gusta y anhela es que su madre pueda estar en casa, ella es divertida y junto a ella no siente tanto miedo, cuando su madre está en casa ella se siente mucho más contenta, pero no puede evitar pensar y repensar que su madre en cualquier momento volverá a viajar.


80 80 La mayor dificultad de Itziar reside en su escasa capacidad para regular las emociones. Vive frecuentes estados de angustia ante potenciales peligros y una intensa ansiedad de separación que su padre no logra calmar. Cuando Itziar se acongoja por los miedos, su padre también se angustia, aunque no lo exprese verbalmente, y teme no ser un buen padre. Los estados del padre pivotan entre su dificultad para tolerar su propia soledad y la necesidad de ser un padre perfecto. Esto ha llevado a Itziar a sacrificar su exploración y el disfrute en el juego. Ha primado las necesidades afectivas del padre, ha priorizado mantener a su padre satisfecho, permaneciendo a su lado y evitando los peligros. Por otro lado, tener que estar al lado de papá provoca en Itziar enfado y estados enmarañados de dramatización, lo cual, a su vez, agota al padre, que termina haciendo a su hija responsable de su malestar y de su cansancio. Con frecuencia se cuestiona haber sacrificado su promoción profesional a cambio de tener un horario más disponible para dedicarse a la crianza de su hija. El padre de Itziar vislumbra ciertos aspectos de su funcionamiento interno, al mismo tiempo que considera que no puede dejar de funcionar como funciona. De alguna forma sí que intuye que en la interrelación transmite un estado de cansancio y agotamiento y desearía que su hija no le demande tanto y no espere que él encuentre soluciones a todos sus miedos. Pero al mismo tiempo le resulta difícil gestionar la separación y se siente en la obligación de demostrarse una y otra vez que protege a su hija eficientemente. El padre necesita tiempo para ir descubriendo cómo su funcionamiento en la relación marca la interacción y las respuestas de Itziar. En la intervención terapéutica se fueron practicando recursos de autorregulación con Itziar, diferentes ejercicios de relajación y de respiración junto con juegos e instrucciones de orientación


81 81 al presente. Se le propuso que los practicara también con su mamá cuando estuviera en casa. La madre de Itziar pudo participar en dos sesiones junto a su hija, en las cuales jugamos a respirar al igual que lo haría una camada de leones, convirtiéndose en su juego favorito. El juego consistía en apoyar la cabeza sobre al abdomen de mamá y sentir la respiración materna. Jugaban a dejarse mecer por el aire que entraba y salía por las fosas nasales y llegaba hasta el abdomen, hasta que, sin quererlo, terminaban acompasando sus respiraciones, entraban en una respiración simbiótica propia de la diada mamá bebé. En la medida en que Itziar fue capaz de ir relajándose y de observar que esas situaciones terribles ocurrían solo en su imaginación, mediante la instalación de recursos se iba instalando las sensaciones de calma alcanzadas con juegos y recursos regulatorios. En ese estado de intimidad, impregnado por la calma, la niña se permitía expresar a mamá que no quería que viajara tanto. Mamá era capaz de empatizar y comprender la emoción de su hija al mismo tiempo que le explicaba que la llevaba siempre en su corazón. Entre las dos crearon una canción secreta que se cantaban la una a la otra, en la cual expresaban que la lejanía no podía distanciarlas. Se instalaron estos momentos entonados de intimidad y simpatía mutua, invitándoles a observar las sensaciones corporales de calma, placer y satisfacción. Se les pedía que las localizasen en el cuerpo y que ellas mismas pusieran nombre a esas emociones. La sonrisa de placer compartido se vislumbraba en las dos, y a modo de baile, se practicaban tapping la una a la otra sobre las manos o piernas, mientras mantenían contacto ocular. Hasta que Itziar rompía la dinámica. De esta manera se permitía que fuera Itziar la que marcara el ritmo, la intensidad y el tiempo del juego regulatorio. Cuando tenía suficiente, se soltaba de mamá y proponía un nuevo juego o interacción. A la mamá se le habían dado instrucciones para que se adaptará al ritmo de su


82 82 hija y así esta se pudiera reconfortar y saciar en la interrelación. Esta experiencia de refugio seguro favorece la organización de los estados. Se esperaba que Itziar pudiera sentir a mamá y se fuera consolidando la representación de mamá a su lado, incluso cuando esta no estaba con ella. Mediante el refuerzo e instalación de esas experiencias acompañadas de palabras, se buscaba mejorar el sistema responsable de la capacidad de nombrar lo sentido para que la mentalización que estaba siendo practicada facilitará el acceso a esas representaciones de calma ya experimentadas, cuando no estuviera mamá y propiciarán su regulación. Estas dinámicas se trasladaban también a casa, es necesario repetir y repetir para que se generen nuevos aprendizajes, aunque sean relacionales. Es decir, se buscaba que, además de experimentar esa cercanía afectiva de seguridad, se crearan las representaciones de confort, calidez y seguridad en el regazo materno, para poder acceder a ellas cuando mamá viajara y facilitaran su calma. En la interacción danzaban juntas, se acoplaban, se mentalizaban, se fortalecía el circuito regulatorio de la mentalización. En la medida que llegaban a poner palabras a esa experiencia, se descubrían la una a la otra, también desde la expresión verbal, la interrelación mejoraba, ya que la entonación emocional se vería correlacionada con la expresión verbal y el descubrimiento de entenderse más allá del cuerpo, es decir, comprenderse también en la expresión, mediante la palabra. En el momento en que Itziar expresa: “Cuando pienso en todo lo que me quiere mamá”, la creencia “Puedo soportar la tensión en el pecho” adquiere más fuerza e intensidad, descubriendo acto seguido que: “Si me relajo, se calma y se pasa”. Así, la noción: “Estas sensaciones se pasan” comienza a ser parte de sus repertorios de cogniciones positivas. El material gráfico ayudó a externalizar las sensaciones y a vislumbrar la idea de que estaba a salvo, que sus temores ocurrían en su espacio mental, “en su cabeza” como ella decía. De esta forma podía mantenerse en el


83 83 presente sin miedo. Se Buscaron referentes de seguridad como el contacto ocular, o ser acompañada por un peluche que le había regalado su mamá y que estaba impregnado de su perfume. Se tomó la decisión terapéutica de trabajar a nivel individual con Itziar, sin contar con la presencia del padre en el mismo espacio terapéutico, para que no tuviera que centrarse en hacerse cargo de los estados emocionales paternos. Con Itziar se procesaron con EMDR el accidente de tráfico, el atropello y otras situaciones en las que sentía miedo, así como la dificultad para separarse de sus padres. La instalación de los estados emocionales surgidos en las dinámicas de apego con su madre, como un recurso, aumentaron su capacidad regulatoria y su tolerancia a la separación, lo cual unido al procesamiento de las situaciones adversas mejoró su estado de animo y disminuyó su ansiedad. Itziar fue accediendo a creencias positivas; la principal “Estoy a salvo”, además de, “Me siento contenta de sentirme a salvo”, “Me puedo relajar”, “Mi mamá me quiere y está conmigo” y otras del estilo. Tanto la instalación de recursos como el procesamiento y desensibilización de esas memorias permitieron que aumentara su capacidad de afrontamiento y que no demandara tanto la presencia de su padre. Consiguió dormir en su habitación y calmarse con auto instrucciones practicadas en las sesiones, mientras evocaba la experiencia de la respiración de la camada de cachorros de león, que la llevaba a la representación, a su vez, de la experiencia compartida de respiración sintónica dentro de la diada mamá hija. El objetivo era lograr que tuviera más recursos autor regulatorios para que no recurriera a tanta regulación relacional o diádica


84 84 con su padre, que no era capaz de proporcionársela y terminaba convirtiéndose en fuente de ansiedad y ambivalencia. Su desarrollo y evolución están condicionados por las interacciones familiares. La relación diádica con su padre tiene un gran peso y va a ser determinante cómo el padre maneje los disparadores que le llevan a conectar con su propio abandono y soledad y el miedo a no ser un buen padre. Su preocupación está más relacionada con el intento de proteger su débil identidad que con la vigilancia adecuada sobre su hija. Comprender los sustratos biológicos que subyacen a la regulación emocional son una gran ayuda para organizar la intervención. Siguiendo la teoría de la regulación del afecto, de Allan Shore, el sistema límbico, formado por la corteza orbitofrontal, las áreas subcorticales de la amígdala, el córtex cingulado anterior, la ínsula y el hipocampo, procesa las sensaciones internas y las sensaciones implícitas relacionales que nos llegan de los demás. No procesa palabras, sino imágenes de la cara, la sonoridad de la voz, las expresiones faciales, todo aquello que se transmite con el estado emocional del cuidador. Las estructuras límbicas superiores inhiben a las inferiores, la corteza orbitofrontal inhibe las subcorticales. Tal y como indica Shore, la corteza orbitofrontal tiene un periodo crítico de maduración de los 10 a los 12 y de los 16 a los 18 meses. En estos periodos la bebé está totalmente condicionada por el entorno de sus cuidadores, en especial hasta los 16 meses, donde aún no ha alcanzado la marcha. Se considera que las estructuras subcorticales se van conectando secuencialmente durante el desarrollo y que quedan fijadas al finalizar los periodos críticos, sin embargo, las áreas corticales mantienen su plasticidad a lo largo de todo el ciclo vital.


85 85 El sistema límbico ejerce sus acciones mediante la regulación del sistema nervioso autónomo, a través de las vías simpáticas y las parasimpáticas del nervio vago. La vía del nervio vago ventral media las conductas de apego que son fundamentales durante el desarrollo. También participa en el sistema endocrino del eje hipotalámico-hipofisiario-adrernal (HHA), que regula las glándulas hormonales (hipotálamo, hipófisis y suprarrenales), conocidas como el sistema hormonal del estrés que actúa mediante la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol, hormonas que aceleran y desaceleran los sistemas cardiovascular y respiratorio. De acuerdo con la teoría de la regulación del afecto entorno a los 10-12 meses, si el sistema de apego familiar ha sido lo suficientemente vitalizado, cargado de afecto positivo y con la capacidad de regular la excitación simpática, el circuito límbico tegmental ventral conecta con el sistema simpático por medio del eje HHA, siendo capaz de regular la activación excitatoria Posteriormente, entre los 14-18 meses, si en las interrelaciones de apego con los cuidadores estos han sido capaces de calmar, de regular los estados de malestar. El circuito límbico tegmental lateral conecta, a través del eje HHA, con el sistema nervioso parasimpático generando la capacidad de inhibir el sistema nervioso ante el malestar. Es decir, cuando la bebé conquista la marcha, aumentan considerablemente su autonomía y su capacidad de explorar y lograr estimulación. Este es el momento de introducir los límites para acotar la estimulación y demarcar los riesgos. La forma en que se introducen dichos límites y la noción imperativa del “no”, es muy determinante en el desarrollo, si esto no se realiza de manera adecuada, la niña no logrará gestionar la decepción. Por ejemplo, cuando la niña llega llena de gozo golpeando el tambor y su cara se ilumina de energía y satisfacción, un padre suficientemente fuerte y cálido podrá decir; “ahora no, no


86 86 puedes coger el tambor, es de noche y no se hace ruido”. En ese momento la energía vital de la niña se trunca y se rompe la conexión con el cuidador. Un cuidador suficientemente sensible sabe sacar a esa niña de unos 16 meses de ese estado y ofrecerle una alternativa del tipo; “puedes coger la pelota de goma y jugamos los dos o contamos un cuento”. De esta manera, vincula y no la confina a un estado inhibitorio y desconectado. Así, la niña se libera de los estados de vergüenza inhibitoria y vive ambas, inhibición y vergüenza, como algo pasajero, temporal, un estado del que se puede salir sin ruptura del vínculo, sin la sensación de haber hecho algo erróneo o reprobable. En esta interrelación, el circuito límbico tegmental lateral conecta, a través del eje HHA, con el sistema nervioso parasimpático generando la capacidad de inhibir el sistema nervioso ante el malestar inhibitorio cuando uno no logra lo que desea. Una vez completado este periodo crítico, se cuenta con la madurez del sistema primario de regulación del afecto, descrito en la teoría de la regulación del afecto de Allan Shore. El sistema primario de regulación propicia el equilibrio entre la excitación y la inhibición que redunda en la flexibilidad y modulación emocional necesario para la regulación de los estados emocionales. En Itziar se sospechaba inmadurez en ambos circuitos, en especial en el segundo, de ahí sus dificultades para calmarse. Sin querer, se le ha transmitido que desear que mamá este en casa no es adecuado, es algo que no puede expresar, es egoísta por su parte, y además molesta especialmente a papá. Cuando esto ocurre el padre no resulta accesible. Por ello, Itziar tiende


87 87 a complacer los deseos no expresados de papá al mismo tiempo que tiende a activar el sistema de apego demandando atención, o sea, la cercanía de papá para calmarse. La incertidumbre de no ser recogida por su padre la lleva a mantenerse en estados de alta excitación cargados de malestar. Estos estados se vivían como un inconveniente, como algo molesto por parte de los padres y, por ende, sus cuidadores no eran capaces de calmarlos. Durante la intervención con Itziar, se intentó que la relación terapéutica fuera una base segura para el padre y que el terapeuta fuera un modelo de regulación seguro, más que centrarnos en las dificultades concretas que tenía con su hija y que no estaba en condiciones, en aquel momento de afrontar. En él mismo se podía observar un sistema inhibitorio deficiente. Por aquel entonces, el padre no demandaba recursos que fueran más allá de su propio repertorio habitual. Ayudamos a Itziar a sentirse fuerte. Cuando las figuras de apego no son lo suficientemente fuertes, esa fortaleza la tiene que conquistar la niña por sí misma, para poder calmarse sola, ya que los padres no llegan a ser una base suficientemente segura y esto no deja de ser una sobrecarga para cualquier niña. Las sesiones en las que participó la madre resultaron claves, pues posibilitaron que Itziar pudiera acceder a una experiencia de refugio y base segura. A lo largo de la terapia, la madre fue mostrando una mayor sensibilidad hacía su hija y fue descubriendo el peso que habían supuesto los viajes desde los 8 meses de edad. Pudo darse cuenta de que el accidente de trafico había desenmascarado una ansiedad a la separación que subyacía en Itziar. Fue capaz de aceptar, desde la comprensión, que para una bebé la separación


88 88 temprana prolongada de sus figuras de apego principales genera ansiedad. La forma en la que le fue transmitida la información haciendo visible sus puntos fuertes y valorando activamente su buen hacer, facilitó que pudiera descubrir por si misma lo que necesitaba su hija, con la ayuda del modelado adecuado ofrecido por la terapeuta durante aquellas dos sesiones de terapia en las que participó.


89 89 Enfurecida o no, una vez desatada es difícil de contener. Su mayor peligro es la pérdida de control que puede dañar al otro o a uno mismo. Teme el ceño fruncido que prepara para el ataque. Sopesa bien su intensidad. Su máxima expresión nos la muestran los dientes .Si además de mostrar los de abajo se exhiben también los de arriba la ferocidad está garantizada.


90 90


91 91 CAPÍTULO 5 DESCONOZCO MIS EMOCIONES “Durante la infancia, la respuesta sensible de los padres incluye notar las señales del bebé, interpretarlas adecuadamente y responder apropiada y rápidamente. La falta de sensibilidad, por el contrario, puede o no estar acompañada de una conducta hostil o desagradable por parte del cuidador. Existe cuando el cuidador fracasa en leer los estados mentales del bebé o sus deseos o cuando fracasa en apoyar al bebé en el logro de sus estados positivos o deseos” Mary Ainsworth ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA


92 92 En esta ocasión conoceremos a Anne, de 9 años. Su familia sufrió un accidente de tráfico cuando ella tenía 5 años, y en la excursión escolar del curso pasado el autobús derrapó y se salió de la carretera. Las profesoras explicaron a las familias lo ocurrido y en casa de Anne no se ha vuelto a hablar de ello. Anne no recuerda el accidente vivido cuando tenía 5 años y tampoco parece recordar el derrape del autobús. Los padres de Anne no son capaces de proporcionar mucha información del accidente ocurrido a los 5 años. Describen la colisión tal cual y añaden que ninguno de los ocupantes de los vehículos sufrió daño alguno. Ante la pregunta de qué sienten al recordar y hablar de ese accidente, no saben responder y les sorprende en cierto modo la pregunta. La familia ha seguido viajando y se aseguran de comprobar que Anne lleve siempre el cinturón en el vehículo. Quizás Anne no hable mucho durante los viajes desde el año pasado. En realidad, no creen que su hija tenga ningún problema. Están en la consulta porque en la escuela observan a Anne sin ilusión ni motivación por la excursión que se avecina y la tutora, que viajaba en el autobús escolar el año anterior, les ha recomendado que la viera un psicoterapeuta. Anne es una estudiante y deportista de éxito que parece no tener dificultades en su desarrollo y en sus relaciones, aunque últimamente no le apetece quedarse en el parque con sus amigas y las explosiones de mal humor y enfados han aumentado. En la valoración de la interacción familiar se observa cómo los padres se manejan bien y tienen buenas habilidades en torno a la exploración y el juego. De hecho, propician muchas actividades y ocio conjunto, centrándose sobre todo en la actividad y la ejecución y mostrando más dificultades a la


93 93 hora de mantenerse vinculados a las emociones. Cuando surge cualquier malestar tienden a manejarlo desviando la atención hacía alguna actividad. Se observa igualmente dificultades para mostrarse interesados y vibrantes ante los deseos de su hija si estos no coinciden con los propios. En las interacciones familiares la madre descubre cómo tiende a evitar el malestar y a desdeñar los deseos de su hija y cómo desplaza la atención a cualquier labor, ocupándose ella y proponiéndole a Anne algún tipo de ocupación. Podemos intuir que el primer circuito, el excitatorio, del sistema primario regulatorio no ha sido suficientemente estimulado, ya que han faltado experiencias de resonancia afectiva vibrante positiva. La madre de Anne apenas tiene recuerdos de su infancia, únicamente la imagen de su madre trabajando todo el día, cocinando, embotando productos de la huerta, organizando la despensa y cómo ella solía estar jugando sola o ayudándola. Este recuerdo es nítido y está cargado de afecto positivo porque a su madre le gustaba contar con su ayuda y le transmitía tanto a ella como a su entorno lo orgullosa que se sentía por su colaboración. Esos momentos de tarea y colaboración y el orgullo maternos son los recuerdos a los que puede acceder. Es un bonito ejemplo de cómo las emociones son el pegamento que fija los recuerdos. Ahora está descubriendo que tiende a repetir el mismo modelo con Anne. Que se enorgullece de sus éxitos académicos y deportivos y cómo le cuesta, sin embargo, atender sus demandas e intereses o mantenerse vinculada con ella cuando su hija se entristece o tiene que lidiar con la frustración porque algo ha salido mal. Su respuesta suele reducirse a un “no es importante”, “no pasa nada” o “esfuérzate más y así conseguirá lo que quieres” y rápidamente le propone algún entretenimiento del tipo; estudiar, ordenar su habitación, etc. Cuántos momentos duros o tristes sin ser atendidos adecuadamente, cuánta vergüenza inducida sin haberse dado cuenta ni haberla reparado adecuadamente. Ahora es capaz de ver que tanto ella como su hija han vivido situaciones similares.


94 94 En este contexto emocional no era de extrañar que Anne hubiera aprendido, al igual que hiciera antes su madre, a inhibir la expresión directa y abierta de sus emociones. El sistema regulatorio primario asociado con los circuitos límbicos que regulan la excitación simpática no había tenido oportunidad de desarrollarse adecuadamente, habían faltado suficientes interacciones cara a cara, tanto en cantidad como en calidad. En estas interacciones se producen los estados emocionales compartidos, que revitalizan al bebé mediante el contacto visual. La alegría compartida y su regulación ayudan a regular la excitación simpática. Cuando faltan experiencias diádicas de goce y disfrute y abunda el desinterés, el niño aprende a no recurrir a sus cuidadores, a no mostrar su malestar. De ahí que Anne tuviera predisposición a inhibir sus necesidades y deseos y que tendiera a mostrar aparentemente poca angustia ante los viajes y traslados y hubiera buscado una forma autónoma, sin pedir ayudar, de manejar ese malestar. Para ello recurría a una sobrerregulación mediante la distracción de contar los coches que se cruzaban en el trayecto. Aun así, el malestar se escapaba al autocontrol en las pesadillas y de nuevo volvía a recurrir a la evitación y represión de ese malestar que, finalmente, se estaba viendo reflejado en el estado de ánimo detectado por una profesora sensible. Anne, al igual que sus padres, presentaba dificultades para identificar emociones y sensaciones, en especial las negativas. Sin embargo, sí era capaz de reconocer y nombrar un rango mínimo de emociones positivas relacionadas con ejecuciones exitosas y de esfuerzo, asociadas a creencias como “soy capaz y puedo hacerlo”. A medida que avanza la intervención terapéutica, se van proponiendo ejercicios de conexión corporal, al tiempo que el entorno familiar va comprendiendo la importancia de mantenerse conectado, tanto ante el júbilo como ante situaciones desagradables y no desplazar la atención a ninguna


95 95 otra acción. En este contexto, Anne comienza a expresar y relatar en las sesiones y en casa, a sus padres, que lleva meses soñando con accidentes de coche, que cuando se despierta hace todo lo posible para olvidarlos y que desde el año pasado, cuando viajan, se dedica a contar los vehículos que se cruzan con ellos y los clasifica por colores, toma registro y lo anota en un cuaderno. Así logra mantenerse distraída y evita pensar en la posibilidad de que puedan tener un accidente. Cuando se baja del coche, se olvida y no se acuerda de ello hasta que vuelven de nuevo a subirse al mismo. En el mismo instante que se sienta en el vehículo le duele el estómago y se le va pasando conforme comienza a contar los vehículos. Podemos observar cómo la forma de afrontar y manejar las emociones ha llevado a Anne a evitar el contenido emocional buscando distractores, sin pensar en ello y evitando hablar de lo que le ocurre y siente. Hace un uso excesivo de la autorregulación. Su sistema tiende a estados inhibitorios y a desactivarse emocionalmente. En la fase de estabilización, contar con piezas que ayuden a construir puentes que enlacen emociones y sensaciones con las palabras que las identifican puede ser una gran ayuda. En este caso, el material gráfico ayuda a ir poniendo nombre, primero a las sensaciones y luego a las emociones y así Anne comienza a identificar y a nombrar su experiencia emocional. La imagen “Nudo en el estómago”, fue la primera escogida por Anne. Así empezó a describir la sensación del estómago al montarse en el coche y al despertarse por las mañanas. Después fue accediendo a la sensación de inquietud en el cuerpo, una sensación como de hormigueo que sentía al acostarse y al pensar en las pesadillas.


96 96 Se ayudo a la madre de Anne a que viera la importancia de atender ese dolor de estómago, intentar calmarlo, cuidarlo y a buscar entre las dos, ella y su hija, qué emoción o emociones acompañaban a esa sensación. Les llevó tiempo llegar hasta la emoción del miedo y la preocupación. Anne comenzó a relatar sus pesadillas a sus padres. Su madre la escuchaba atentamente e intentaba percibir y hacerse cargo del miedo que su hija experimentaba ante la posibilidad de que ocurriera otro accidente de tráfico. Practicaba el mantenerse junto a su hija sin impacientarse, simplemente estar desde la calma. A medida que los padres iban incluyendo las emociones y las sensaciones corporales en su lenguaje cotidiano, cómo se les había instruido, a Anne le fue resultando más fácil hablar de ellas y así pudo ir manejando la primera emoción que presentó en terapia: ” La vergüenza”. Vergüenza por sentir miedo. La vergüenza camuflaba su mundo emocional y lo reprimía. Sus padres, al no ver y no mostrar sintonía con sus necesidades, habían inducido en ella altos niveles de vergüenza para desinhibir sus intereses, deseos o apetencias, que los padres no reconocían, ni atendían y sus respuestas era desdén, critica, minimización o desinterés crítico. Estos niveles de vergüenza eran ignorados y no se reparaban adecuadamente, lo cual había llevado a Anne a permanecer en esos estados inhibitorios de malestar por espacios prolongados de tiempo, más allá de lo recomendable, conectando con ellos en muchas y diferentes situaciones en su día a día.


97 97 A la madre de Anne le llamó la atención cómo las creencias de su hija estaban más relacionadas con su capacidad de hacer las cosas bien que con la idea de sentirse en peligro. Anne sentía vergüenza por no ser lo suficientemente valiente y esto la llevaba a creer: “No sirvo para nada, no valgo”. Las creencias de Anne se arremolinaban en torno a la estima, eran un reflejo del temor a ser vista como decepcionante, no válida y, por el contrario, de la necesidad de ser percibida como válida, especial y eficiente. Su madre había crecido en un entorno familiar en el que la valía dependía de los logros, y eso mismo proyectaba en Anne. La autoestima dependía más de sus logros que de la aceptación incondicional de sus estados emocionales. En las figuras de apego no encontraba un refugio lo suficientemente seguro y sensible para sentirse aceptada por lo que ella era en sí misma y por lo que sentía, sin poner el acento a lo que lograba y los éxitos que conseguía. Es comprensible que a Anne le costara percibir seguridad ante las dificultades con las que se pudiera encontrar, ya fuera en el campo académico, el deportivo o el social, dado que había interiorizado que debía superar los obstáculos por sí misma, sin recurrir a ayuda o consuelo. Así sus preocupaciones y miedos básicos se aglutinaban en torno a las creencias nucleares de ser válida o no, alcanzar exitosamente sus objetivos o fracasar. Una vez obtenidos los primeros objetivos durante la fase de estabilización y creación de vínculos terapéuticos, entre ellos la consolidación de las relaciones en el sistema familiar y la sensibilización de los padres hacía la atención de las emociones de Anne, se plantea procesar en primer lugar las pesadillas nocturnas relacionadas con posibles e hipotéticos accidentes futuros de tráfico, el accidente del autobús y el accidente familiar.


98 98 A estas alturas, Anne estaba en situación de evocar los accidentes e identificar los elementos constitutivos de esas memorias, emociones, sensaciones y creencias negativas que se fijaron en el momento de la experiencia traumática. La madre la acompañaba durante las sesiones dedicadas al procesamiento y así, progresivamente, fue capaz de mantenerse vinculada a ella cuando percibía el malestar con el que conectaba su hija a lo largo de las sesiones. Para Anne, sentir a su madre ahí compartiendo su susto, su miedo y ayudándola con entretejidos cognitivos y corporales, con paciencia, cuando se producían bloqueos, era muy reparador. De esta forma su vínculo se fue fortaleciendo a lo largo del proceso y ambos padres tuvieron oportunidad de practicar en las sesiones la manera de atender sus emociones o deseos y ayudarle a manejarlos o satisfacerlos. Esta interrelación sentida vitalizaba y enriquecía su vínculo. Anne fue recuperando un sueño tranquilo y, aunque fue capaz de participar en la excursión escolar programada a las dos semanas de comenzar la intervención, no disfrutó de sus preparativos ni de la excursión en sí misma. Sin embargo, si participó y gozó tanto en la programación de excursiones posteriores como en las actividades que se realizaron en ellas. En las sesiones consiguió mirar los recuerdos sin que le generaran malestar y pudo instalar las creencias positivas del tipo; “Soy valida”, “Puedo sentir miedo y expresarlo”. Esto último, ahora sí, era tolerado y validado por su madre, tanto con el lenguaje verbal como con el no verbal. En realidad, la intervención terapéutica fue más allá de procesar los accidentes de tráfico. Una vez conseguida la conexión emocional con su madre y una vez lograda por parte de ésta, una mayor sensibilidad y fortaleza, para manejar y contener el malestar de su hija, ambas fueron generando nuevas formas


99 99 de relación más sintónicas y reparadoras donde se fueron generando nuevas representaciones mentales como díada. La madre se fue convirtiendo en un refugio más sensible, reflexivo y seguro donde Anne encontraba calma y deleite reciproco. Estas nuevas experiencias de consuelo y regulación emocional se entrenaron en las sesiones y se practicaron entre sesiones, a la vez que se instalaban mediante estimulación bilateral las sensaciones positivas y las emociones agradables que se generaban en la interacción entre ellas, entre los tres. A medida que fortalecían su apego y codependencia, Anne ya no se veía obligada a ser autónoma para complacer y evitar el malestar emocional de su madre. Conforme la madre era capaz de mentalizar y expresar las emociones de su hija, esta podía permitirse hacer lo mismo, y su capacidad de mentalización aumentaba. Cuando se logra este nivel de implicación y compresión en las figuras de apego, estamos yendo más allá del problema y de la sintomatología que los ha traído a terapia, lográndose significativas mejoras en el apego familiar. Avanzar hacia un sistema de apego más seguro implica que las figuras de apego son y serán capaces de regular y manejar la adversidad futura. Cuando se procesan recuerdos de un niño de memorias adversas, al acudir a esas memorias, se conecta, no solo con la regulación del pasado, sino también con la regulación que los padres siguen ofreciendo en el presente. Si esta no es la adecuada, será algo a atender antes de ir a las fases de procesamiento. Los padres, motivados por el amor a sus hijos y el deseo de ayudarles, se implican en procesos personales que les permiten reflexionar y mentalizar sus propios estados y experiencias vinculares. De esta manera, comienzan a ver y aceptar sus


100 100 propias defensas en la relación diádica con sus hijos y se atreven a experimentar nuevas formas de relación que los lleva a ser percibidos como bases y refugios más seguros. En esos brazos sensibles y seguros sus hijos se sienten bien acogidos independientemente de la emoción con la que lleguen, ya sea esta tristeza o alegría. Los estados infantiles pueden ser expresados en el dialogo familiar y así se reorganizan y son llevados a nuevos estados de calma que construyen, y propician los padres. Los brazos y el pecho materno y paterno son lugares a los que se puede ir donde refugiarse hasta que los niños se recuperan y pueden retomar nuevas actividades o espacios con o sin autonomía, dependiendo de cada momento. Lograr esa nueva relación más sensible y segura es el mejor pronostico que ante situaciones adversas futuras los padres funcionen como el córtex con capacidad regulatoria que sus hijos aún no han alcanzado, y ayuden a regular sus estados.


Click to View FlipBook Version