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Published by e.balenciaga, 2023-03-12 00:19:07

Esculpiendo palabras en la arena

Esculpiendo palabras en la arena

201 201 “Además de amor y simpatía, los animales exhiben otras cualidades relacionadas con los instintos sociales que en nosotros se llamaría moral” Charles Darwin. La mente infantil es mágica, concreta y egocéntrica. Estas características se ven reflejadas en las cualidades de las cogniciones infantiles igualmente concretas y egocéntricas. Con el desarrollo se irá adquiriendo la capacidad de generalizarlas y hacerlas auto referenciales. Esto implica que, dentro de la interacción terapéutica, lo mejor que podemos hacer es propiciar un lenguaje y una comunicación colaboradora donde el adulto se adapta al desarrollo del más joven y no a la inversa y por ende no solicitamos cogniciones generalizables y auto referenciales sino se está preparado para ello. Antes de llegar al estado madurativo que facilita este tipo de cogniciones, nos expresaran creencias básicas accesibles a su desarrollo, del tipo “el perro me va a comer”, que encierra la idea de estoy en peligro, o “me siento bien con mamá” que refleja soy querido. La mente infantil es una mente concreta que resuelve el mundo de forma concreta en pensamientos concretos y egocéntricos. En la medida que avanzamos en el desarrollo y nos acercamos a la preadolescencia y adolescencia, la idea que tenemos de nosotros mismos en relación con nuestro grupo de iguales pasar a ser esencial. Gran parte de la actividad mental del adolescente se ocupa, ya sea de forma inconsciente o consciente, en la rumiación, la elaboración o reelaboración de las creencias que surgen dentro de uno mismo. El malestar emocional va a estar mayormente asociado a cómo se mira a sí mismo y a cómo cree que es mirado por sus compañeros. Esta forma de mirarse y de interpretar el reflejo que cree ver en sus iguales puede estar sesgada por las experiencias vinculares anteriores, aprendidas en el entorno familiar o en el entorno


202 202 social de las primeras relaciones de amistad y camaradería de la infancia. Esas creencias que va desarrollando, a las que va dando forma y consistencia se van generalizando en la manera que tiene de percibirse y creer ser percibido por los demás. Las creencias se orientarán en torno a sus carencias básicas o necesidades esenciales no cubiertas de forma adecuada. Así creencias, o ideas como “No puedo hacer nada” resuenan con la impotencia, mientras que, por ejemplo “Todo lo hago mal” está más ligada a la ineficacia. Contra más fuerza tomen y a medida que vaya pasando el tiempo, las creencias se irán grabando en la posición corporal, en la expresión del cuerpo. El cuerpo quedará repujado por la orientación que han tomado las creencias. Se irá configurando la figura corporal. Esta será esculpida no solo por las experiencias y la genética sino sobre todo por la interpretación y por la integración de lo vivido. Conseguir que un niño nos proporcione la validez de la cognición positiva que solicitamos en la fase 3 y en la fase 5 del protocolo de EMDR es una tarea compleja. La forma más sencilla es que representen la magnitud de su validez agrandando la apertura de las manos. Para diferenciarla de las escalas SUD, podemos solicitarles que la representen con los brazos y las manos en vertical. En la fase 2 podemos jugar a recorrer la pendiente de esa escala desde el 1 hasta el 7, para que vayan tomando conciencia de cómo la creencia se va haciendo más accesible, en la medida que resulta más fácil expresarla y se experimentan las emociones y sensaciones que nos llevan a esa creencia en concreto. Este ejercicio se puede proponer después de la instalación de recursos y las sensaciones corporales agradables que la acompañan, puesto que facilitan llegar a una creencia positiva.


203 203 ESCALEMOS HACIA LAS CREENCIAS POSITIVAS, LLEGUEMOS A SU CIMA SINTIéNDOLAS EN EL CUERPO COMO CIERTAS. La siento totalmente cierta No la siento 7 1 Zuzene hará ilustración para esto


204 204 Este tipo de juegos o entrenamiento permite que a los niños les resulte más fácil decirnos cuánto sienten de cierta una creencia positiva como, “mi mamá o papá me quiere”, “soy muy grande y no tengo miedo a los perros”, creencias a las que los niños pequeños pueden acceder antes de llegar a las creencias que hemos mostrado con las tarjetas, ya que estas al ser más generales y autorreferenciales, requieren un mayor nivel madurativo. Son creencias similares a las creencias que puede manejar un adolescente y un adulto. Si el juego es presentado de forma distendida y agradable el niño se implicará en él, y de esta forma se va construyendo un lenguaje común que ayuda en el proceso de la intervención. En toda intervención, la fase de estabilización y creación del vínculo es la que marca el ritmo y el pronóstico de las demás fases del plan terapéutico. Estas fases se pueden enumerar y nombrar de diferentes formas dependiendo de los distintos enfoques. Aun así, consideramos que las tres fases clásicas de Janet nos pueden servir como representación de todas las demás. La fase de estabilización es donde se producen los hechos más significativos y determinantes del plan terapéutico. Aquí es donde se propicia y se favorece la vinculación del terapeuta tanto con el niño o niña como con su sistema familiar, al mismo tiempo que se propicia una vinculación más sensible y segura entre los menores y sus figuras de apego. En esta fase, el proceso de simbolizar lo interno es fundamental. Las ilustraciones presentadas favorecen los procesos posteriores que tendrán características propias en cada terapia. Dentro de la terapia de EMDR nos permiten agilizar la fase 3, aquella en la que se buscan las emociones, sensaciones y creencias ligadas a un recuerdo. El trabajo previo que se ha ido presentando permite mantener conectados a los menores, a los niños, sin sobrepasarlos con tareas que requieren habilidades cognitivas demasiado desbordantes. Os animamos a explorar y buscar vuestras propias formas de integrarlas en la labor terapéutica.


205 205 El cerebro humano en sí mismo es un órgano social y para comprender verdaderamente el ser humano, debemos comprendernos no solo como nosotros mismos, sino también como personas completas que existimos con los demás. Al igual que nuestros cerebros, ellos también, existen en relación con otros cerebros. Louis Cozolino Me han mirado con aprecio, me han alentado en mis conquistas y me han acompañado en mis fracasos sin desvalorizarme. Y así he aprendido a mirarme con afecto. Me aprecio. Miro mis actos ya sean éxitos o fracasos. No necesito inflarme , no necesito desvalorizar a nadie. Cuando las cosas me salen bien, sonrío al aire, y brillar en los ojos de los demás no me asusta.


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207 207 CAPÍTULO 11 PUENTES EMOCIONALES de la sensación a la palabra “El término «mente» incluye, como mínimo, la conciencia y la manera en que somos conscientes de nuestra experiencia sentida, de nuestra vida subjetiva.” Siegel ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA


208 208 En la medida que las sensaciones y las emociones se organizan y el desarrollo prosigue discurriendo, las palabras aderezan las imágenes y las completan. Imágenes y palabras se potencian y posibilitan, primero en el darse cuenta y posteriormente en la comprensión. Ya hemos visto como hay estudios que señalan que las ilustraciones que acompañan a narrativas y lecturas en la primera infancia facilitan su compresión. Así imágenes y relatos se ensamblan en el proceso terapéutico y facilitan la precepción y compresión de la experiencia adversa. Ser consciente de nuestra experiencia sentida implica permitirnos percibir la experiencia y esto, en ocasiones, puede resultar muy difícil, especialmente si el trauma ha sido preverbal, es decir, ha sucedido antes de desarrollar el lenguaje, donde la memoria que lo encierra es implícita, somática. El desconocimiento nos puede llevar a pensar que esas memorias tan tempranas de las que no hay un recuerdo verbal y que, por lo tanto, no se puede hablar de ellas no son relevantes. Con frecuencia cuando recogemos la historia de desarrollo de las niñas nos encontramos que los padres insisten que no encuentran el sentido al comportamiento, a las conductas de sus hijas. Una vez que comienzan a aportar información sobre la gestación, el parto, o sobre cómo transcurrió el primer año de vida, la narración que van realizando, en sí misma, les sorprende y toman conciencia de los inicios tan duros que han podido tener sus hijas. Comienzan así a ver un significado a esas conductas, explosiones, desconexiones que manifiestan sus hijas. En la medida que sus hijos han salido adelante, parecen olvidar las experiencias tan terribles que hay detrás de esas historias; gestaciones de riesgo, partos traumáticos, hospitalizaciones e intervenciones perinatales, duelos y depresiones de los adultos en la etapa perinatal, abandonos, adopciones, acogimientos. Han seguido adelante, sin mirar atrás. Sin embargo, aún sin saberlo el pasado mudo, sin palabras de sus hijos ha acabado colándose en el presente. Una de las primeras adaptaciones que se han realizado del


209 209 protocolo de EMDR a la población infarto juvenil ha sido la intervención mediante la narrativa. Joane Lovett propone, con gran acierto, narrar el suceso traumático cuando el menor ha sufrido un trauma preverbal o no tiene capacidad para hablar de sus experiencias, por su inmadurez. Esa narrativa de alguna manera es un cuento personalizado en el cual se le narra a esa niña su experiencia adversa, acompañada de estimulación bilateral, con la intención de que la pueda procesar. EL LENGUAJE DEL TRAUMA PREVERBAL. Contar una experiencia traumática puede ser relativamente fácil, aplicar estimulación bilateral mientras se hace, aun es más fácil. Sin embargo, ofrecer la versión mejor adaptada a esa niña y prever que está preparada para contactar con esa experiencia, puede ser mucho más complejo. Requiere de una compresión adecuada del desarrollo de la palabra y como le dotamos de significado. Implica entender el desarrollo de la mente infantil y su capacidad para procesar la información. Su aplicación requiere mucho más que narrar una historia, precisa entender el desarrollo de la mente y del lenguaje. Lo cierto es que resulta complejo explicar cómo se produce ese desarrollo y como se alcanza esa capacidad de procesar la información. James utilizó la expresión «cerebro corpóreo». Me encanta esa idea, “la corporeización de la mente”, no cabe duda de que esa corporeización se realiza dentro del contexto de una relación. Entonces el procesamiento estará determinado tanto por el componente neural (el órgano, el cerebro) como por el relacional de la mente (a través del cual le llegan las impresiones de los demás y sus reacciones). Desde distintos enfoques ya sea desde la antropología, la filosofía, o la psicología, la mente es considerada como un proceso construido socialmente. Se alimenta de la interacción con el otro y se adecua a sus respuestas, en el caso de los bebés buscan la relación, buscan


210 210 obtener la atención. La atención llega impregnada de una experiencia satisfactoria o insatisfactoria del otro. En esa relación, esa experiencia del adulto, del cuidador, se comparte con la bebé y éste la vive con él, inundándose del estado emocional del adulto. Varios modelos terapéuticos, entre ellos EMDR, abogan por la existencia de un sistema de procesamiento de la información que asimila las experiencias nuevas dentro de las redes de memoria ya existentes. Cuando experimentamos un suceso traumático, vivimos una especie de tensión extrema, esa sobre tensión con frecuencia ha alterado la percepción de lo sucedido, la memoria es confusa, la conceptualización que se alcanza es igualmente confusa y la narrativa que se desarrolla nada clara tampoco. Esto afecta a cómo los sucesos traumáticos son codificados, recuperados y comunicados, de una forma totalmente diferente a como sucede con un suceso no traumático. En una experiencia traumática se experimentan emociones intensas de miedo, dolor, vergüenza, rabia, impotencia, culpa, etc., que si no se procesan y digieren adecuadamente se re experimentan una y otra vez. La narrativa postraumática que se va desarrollando es confusa y difícil de expresar. Podemos encontrarnos con una narrativa que se mueve a un nivel inconsistente o con relatos demasiados dramáticos o desapegados de toda emoción. Cuando las emociones son tan abrumadoras, el protagonista de la historia traumática carece de control sobre esas emociones, y las palabras no alcanzan a expresar la intensidad de la emoción. Es como si las palabras hubieran perdido el poder para transmitir, y los intentos comunicativos fracasan. Además, puede ser que el oyente tema verse inundado por la emoción desbordada y evita esa comunicación. También puede ocurrir que el relato carezca de emocionalidad y el estado emocional transmitido sea frio.


211 211 Entonces el relato no resulta verosímil porque no concuerda con la intensidad de las dificultades descritas. El que escucha percibe una incoherencia entre lo sucedido y el estado, difícilmente se mostrará empático ante ese dolor. Poner palabras a una situación traumática es realmente difícil y sin embargo necesitamos del poder de las palabras. Diferentes enfoques terapéuticos insisten en que encontrar palabras y dar sentido a lo que está más allá de las palabras es lo que ayuda a sanar. “El testimonio devuelve su voz a la víctima”, como dice Heman. Yo diría que la voz va más allá de las palabras en sí mismas. La voz está envuelta en la expresión corporal que espera ser descubierta y dotada de un significado que ellos los supervivientes no logran articular y organizar. La voz, la palabra ayuda a dar sentido a la expresión del cuerpo, a tomar conciencia de lo que se siente, lo que se percibe relacionado con la experiencia adversa. El oyente requiere, no solo escuchar las palabras sino atender el lenguaje del cuerpo, descodificarlo, darle sentido y reconducirlo a una experiencia corporal más segura, distendida. La mayoría de los adultos tienen ventajas respecto a los niños para afrontar las situaciones traumáticas. Cuentan con la comprensión del mundo ya adquirida anteriormente y con las habilidades lingüísticas que les puede ayudar a nombrar lo sucedido. Las experiencias relacionales previas de esos adultos les facilita comprender las respuestas de evitación o miedo que pueden encontrar en los otros. También pueden hacerse a la idea de que las situaciones adversas finalizan, terminan concluyendo. La recuperación traumática requiere dar un significado a lo vivido y esto solo se alcanza si logramos comunicarlo y expresarlo, o, como hacen los niños, dibujarlo o representarlo mediante el juego. Entonces tendremos que buscar el lenguaje, semántico o no, que nos permita llegar a articular las palabras y, de esta manera, narrar la experiencia de trauma para uno mismo y para


212 212 los otros. Ese poner palabras puede hacerse por vías diferentes al lenguaje ortodoxo. Adultos y adolescentes supervivientes de trauma buscan formas de expresar su experiencia, sus impresiones, sensaciones y creencias no elaboradas mediante canciones, ilustraciones, dibujos, poesía, música, arte. Sin embargo, los niños recurren a las pesadillas, terrores nocturnos o juego traumático. Aun así, adultos, jóvenes y niños recurren al lenguaje simbólico que habrá que ir descifrando a modo de jeroglífico. En la medida que podemos contar, representar la historia traumática le damos un significado y podemos albergar cierto control sobre ella a través de las palabras, de lo nombrado. A la vez que alimentamos también la esperanza, podemos proyectar y ponerle un fin a esa experiencia que pervive en el interior. La resignificación es más factible si podemos conectar con los vínculos anteriores, donde uno puede sentirse sentido, percibido, comprendido, facilitando el salir del aislamiento generado por la experiencia del trauma. Si verbalizar el trauma para un adulto puede ser realmente difícil, aún más costoso será para un niño que aún no ha desarrollado el lenguaje o este es insuficiente y carece de un concepto amplio del mundo y de las relaciones. La mente en su intento de buscar salidas da con una expresión simbólica, artística, de hecho, podemos considerarla arte. La expresión que brota a través de un pincel, un teclado se convierte en una vía de integración. Para integrar adecuadamente las experiencias, organizar las ideas y alcanzar un razonamiento lógico necesitamos tanto del conocimiento de la inteligencia emocional y sensorial, que se asocia más con hemisferio derecho, como del conocimiento de la inteligencia intelectual, verbal, más asociada con el hemisferio izquierdo.


213 213 Esas representaciones simbólicas son la forma de externalizar el contenido traumático, ya sea mediante imágenes, metáforas o alegorías, todas vías de expresión de lo innombrado hasta entonces. La externalización facilita que se puedan poner palabras cuando se intenta describir para uno mismo o para el otro lo representado. El pintor retrocede e intenta ver con perspectiva su cuadro, el poeta recita su poema, o relee su escrito y en ese acto de ver, de escuchar, está contactando desde fuera con lo que acaba de expresar, al externalizar el torrente caótico surgido de su interior. En ese intento de comprensión o de contacto con la obra que acaba de crear, están bailando las palabras. Curiosamente al poner palabras, al narrar, estamos ante la primera experiencia integrativa más básica. Las diferentes vías artísticas permiten que las imágenes y sensaciones relacionadas con la experiencia traumática se puedan expresar libremente sin las ataduras de las reglas del lenguaje. El artista se salta las normas, (todos somos los autores y narradores de nuestra propia historia). Uno incluso puede jugar a crear palabros que recojan mejor la experiencia que se intenta describir. Esas sensaciones e imágenes ancladas sin orden en el pasado y revividas persistentemente sin conciencia, a través del arte gráfico o poético, dibujos, canciones, melodías, metáforas y analogías pueden salir, emerger a borbotones, o gradualmente, en la seguridad del lienzo o del manuscrito, o en marcas y señales dejadas sobre la arena. Esa obra artística, poética permite que los recuerdos corporales y emocionales se plasmen fueran, y de esta forma se propicie el distanciamiento emocional en el taller seguro del espíritu creativo o entre los bastidores del escenario que recoge la teatralización de la historia que contamos. Mediante esa ventana creativa se abre un espacio que conecta con


214 214 la maraña de sensaciones, imágenes y emociones, lo cual facilita una integración en el aquí y ahora, donde los surcos neuronales con contenido emocional y conductual pueden experimentar nuevos modos y trazos, en la seguridad del espacio del atelier creativo. Esa exploración simbólica puede activar los niveles más básicos del andamiaje de los procesos perceptivos, como dice Lusebrik “los símbolos están sólidamente basados en la percepción en virtud de sus orígenes perceptuales y su naturaleza de recuperación perceptual”. Esta frase para mi es clave, nos habla del origen del símbolo y como se recupera. Muy importante, ya que parece que no lo hace desde el orden y la lógica sino desde el caos perceptivo sensorial que abruma y en el intento de liberarse de ese dolor surge la creación que en la medida que se plasma, se va organizando y adquiere un nivel de significado. El arte en sí mismo es expresión y por tanto terapia expresiva donde se produce la constante interconexión entre emoción y cognición, entre imagen y palabra, entre sensación, emoción e intelecto, implicando todo nuestro ser, nuestro cuerpo, nuestra psique, como un todo que necesita de su creación para conocerse. NARRATIVA Y CONEXIÓN. Cuando tenemos una experiencia traumática en la infancia su impacto es enorme, generando, sobre todo, dificultades en la conexión y comunicación con el otro, con el mundo. El aislamiento lo inunda todo. Los bebés, los niños, van desarrollando la conexión y la comunicación dentro de las relaciones de apego en función del dialogo reflexivo o irreflexivo, la narrativa coherente o incoherente de sus padres. Los adultos, progresiva y lentamente, como esa lluvia apenas apreciable, que llamamos calabobos, transmiten su forma de percibir el mundo a los niños.


215 215 La palabras utilizadas por los padres para nombrar referirse a algo, una situación o una emoción se convierten en la compresión que alcanza el niño sobre esa cosa o situación. Los niños y niñas que cuentan con padres sensibles, con la capacidad de sintonizar con sus emociones y son capaces de identificarlas, nombrarlas y regularlas desarrollan una comprensión adecuada y coherente de los sucesos que viven o presencian y también son capaces de elaborar narrativas tanto de los sucesos agradables como de los adversos. Esa capacidad es un recurso de resiliencia ante la experiencia traumática. Alcanzar una narrativa del trauma permite poner un fin al suceso y poder percibir el presente con seguridad. Conforme se elabora y se expresa el relato del trauma surge la posibilidad de vislumbrar algo que paso en el pasado, que pasó sí, pero ahora no está pasando. No podemos olvidar que los niños son mucho más vulnerables ante una situación traumática. Los recursos con los que cuentan para protegerse son limitados, rara vez se pueden escapar de una situación que les atemoriza. Les resulta muy difícil o no saben identificar bien las emociones que pueden percibir en el otro o las que ellos mismos están sintiendo. Les puede resultar muy difícil poner nombre al miedo, explicar lo que sienten, lo que perciben en el cuerpo. Si, además, por edad o inmadurez no han alcanzado un desarrollo del lenguaje adecuado o no disponen de las palabras necesarias, esto se convierte en algo muy complejo. Necesitan de la habilidad lingüística y de la metacognición de sus cuidadores para alcanzar una compresión de lo que sucede. No olvidemos que ante experiencias traumáticas se pueden bloquear las áreas del lenguaje y posteriormente puede que continúen sin estar accesibles. Si además de vivir una experiencia desbastadora, un menor se ha desarrollado en un contexto familiar de no seguridad, la dificultad para poner palabras aún será mayor, porque nadie habrá organizado adecuadamente sus estados.


216 216 La mayor parte de las experiencias que viven los menores que se desarrollan en contextos maltratantes y negligentes, quedan sin organizar. Nadie designa con palabras, ni explica u organiza lo que acaba de suceder, porque no hay una explicación coherente, comprensible articulada en el presente. Lo acontecido solo puede entenderse desde la perspectiva del desarrollo de esos padres y de sus traumas. Los estados emocionales se viven como estancos sin conexión y la comunicación puede resultar difícil y cargada de recuerdos de miedo y de vacío. NARRATIVA Y ABORDAJE DESDE LA PERSPECTIVA DEL DESARROLLO. El contacto sincronizado y afectivo, junto al movimiento, son las experiencias básicas para la creación de las conexiones neuronales. Es probable que sobre esta base se desarrolle el sistema de procesamiento de la información. En niños con trauma muy temprano, la madurez de su cerebro ha podido verse comprometida y es posible que no contemos con un sistema adaptativo capaz de procesar las experiencias traumáticas. Crear las condiciones para que se puedan propiciar esas conexiones será el mejor inicio de la intervención. El acceso a esas menorías tan tempranas requerirá de un acercamiento especial debido a las características madurativas del bebé o de la niña pequeña que se ha desarrollado en ausencia de un cuidador principal con recursos de sostén, en el momento que ocurre la experiencia traumática. En estas condiciones es imposible comenzar la intervención psicoterapéutica contando su historia de trauma, necesitamos crear un sistema digestivo previo. Vamos a requerir de una intervención anterior desde la perspectiva de la psicología del desarrollo. El trauma en la infancia debe abordarse sobre todo desde la


217 217 perspectiva del neurodesarrollo y del apego. Ya que el niño está en perpetuo desarrollo e integración y se va construyendo a partir de una perspectiva del mundo interior y exterior condicionada por las relaciones de apego. Me permito deslizarme por el desarrollo postnatal. Después del estrés del parto, si las cosas van bien, se produce una estimulación vagal ventral mediante el contacto piel con piel, el olfato, el oído, la succión temprana. Esto genera las primeras experiencias corporales y sensoriales de seguridad, en ese percibir una continuidad entre el mundo uterino y el exterior aéreo. Esa experiencia de continuidad y calma reduce las catecolaminas y noradrenalinas propias del trabajo del parto. El bebé se encuentra seguro en su hábitat natural, el cuerpo de su madre, que cubre todas sus necesidades: regula la temperatura, regula la tensión arterial, se provee de alimento. Según la teoría polivagal, los nervios que regulan el corazón y los pulmones están relacionados con los nervios que regulan la musculatura estriada de la cara y la cabeza, que propician la regulación cortical de las áreas del tronco encefálico. La musculatura de la cara facilita las conductas de apego (miradas, sostén con las manos, entonación del habla, escucha) que son reguladoras, así como la respiración diafragmática y la coherencia cardíaca ayudan a regular los estados fisiológicos internos. Recién concluido el nacimiento, la madre y el bebé tienen en su sangre las cifras más altas de oxitocina y endorfinas que jamás tendrán. La oxitocina y las endorfinas propician el apego y vínculo mutuo entre madre e hijo. Estos primeros contactos, especialmente los facio oculares, comienzan a activar un área del cerebro determinante, el prefrontal. Se están propiciando los primeros esbozos de los sistemas regulatorios. Imaginemos un bebé en los brazos de mamá, sostenido plácidamente, experimentando esa calidez afectiva, ese baile comunicativo donde mamá sigue el movimiento del bebé y los


218 218 cuerpos se acoplan y ambos se inundan de esa experiencia de inmovilización sin miedo, agradable, relajante. Una vivencia colmada de calma. Esa indiferenciación corporal otorga la sensación y la experiencia de pertenencia, ser uno con mamá. Tenemos una diada que se retroalimenta mutuamente; bailan y danzan entre ellas las piezas que marcan el cuerpo, la sensorialidad que se produce en miradas, susurros, roces, sonrisas, etc. El bebé por sí mismo aún no tiene existencia propia, se desarrolla en contacto con alguien, dentro de una relación. La relación es el contexto que dota significado a la experiencia. ¿Qué ocurre en un cerebro que acaba de nacer o está en desarrollo y es expuesto al trauma? Sabemos que el trauma altera el equilibrio, desactiva las áreas del lenguaje, como el área de Broca, el hemisferio izquierdo y las áreas del prefrontal, pero, si estas áreas no están aún desarrollas, ¿qué impacto tiene el trauma? Si tenemos un cuerpo-cerebro que acaba de nacer, implica que tiene un predominio de la percepción y procesamiento de la información de hemisferio derecho, el hemisferio izquierdo ira desarrollándose en la medida que se desarrolla el lenguaje. El impacto del trauma recaerá sobre todo en las áreas del hemisferio derecho que es con el cual se abre a su hábitat, al mundo y así mismo. El trauma temprano, de alguna manera impide o dificulta que se desarrolle, se exprese, el niño o niña que podría llegar a ser. Todo el desarrollo en una u otra medida queda condicionado por esa vivencia traumática. De algún modo la expectativa biológica de encontrar el equilibrio y que las dificultades se disuelvan en la calma de los brazos de sus padres, no llega a alcanzarse. Nos podemos preguntar ¿Cómo se expresa y cómo podemos llegar a las memorias de ese cerebro, de esa mente tan inmadura?, ¿Cómo se graban las experiencias sin la existencia de una mente que comprenda las palabras en su complejidad?, ¿Cómo puedo facilitar el desarrollo de narrativas que comuniquen y expresen la experiencia recogida en el hemisferio derecho? Me atrevo a


219 219 pensar que la forma será muy diferente a la que utilizaríamos desde la narrativa de recuerdos explícitos, más vinculados con el hemisferio izquierdo. Aun así, sorprende saber que en investigaciones en las que se ha estudiado la memoria de los bebés se han observado que son capaces de recordar cuentos contados muy tempranamente, antes del desarrollo del lenguaje, cuando se los volvían a contar posteriormente, los bebes, ya más mayores, eran capaces de reconocerlos y había un conocimiento de la historia. Los bebés no solo perciben y se quedan con la prosodia, sino que llegan a percibir y a entender el contenido. Si queremos acceder a las memorias de esa experiencia tan temprana, tendremos que acceder por las vías que conducen al hemisferio derecho y aportarles también significado. Esas vías son sobre todo sensoriales, solo puede ser así, para acceder a las impresiones visuales, a los susurros, a las percepciones. Entonces el trazo del dibujo, la representación simbólica, las analogías, los cuentos simbólicos mágicos, que dicen sin decir se convierten en el acceso, en la forma de acercarnos, sin que atemorice tanto contar eso terrible que sucedió. Nuestra mayor vulnerabilidad se da en la estrecha dependencia de los primeros años, con nuestros cuidadores, en especial en esa dependencia con la madre, durante la gestación, el parto, el desarrollo temprano. La integración de las experiencias vividas depende, en esa etapa y en la infancia, de los recursos de las figuras de apego. Si estas figuras no han facilitado la organización de los estados emocionales y no han puesto palabras, no solo, no hay narrativa, sino que, además, se crea un agujero negro, o gris, helado, donde se intenta que todo eso percibido y no sentido, porque no se ha propiciado la conexión, no salga a la superficie. Todo ese contenido, se evita magistralmente. El impacto de una historia de trauma, según como se cuente y más si no se tienen en cuenta los escasos recursos con los que cuenta cualquier niña, puede ser demoledora.


220 220 Tenemos que acercarnos proveyendo, sobre todo, de lo que quizás no tuvo y entendiendo, a la vez, el lenguaje y su desarrollo. Pally nos describe muy bien ese inicio comunicativo “El feto lleva a cabo los movimientos coordinados específicos que empleará con la finalidad de implicarse con los cuidadores al nacer, tales como las expresiones faciales”. El lenguaje del movimiento parece ser el primer lenguaje a través del cual la bebé construye el contacto con su figura de apego y con el entorno, tal y como nos indican varios autores como Trautmann. Estamos hablando de un dialogo inter somático, almacenado en la memoria implícita, cargada de procedimientos Observemos ese lenguaje sensoriomotor, descodifiquemos al niño para poder ofrecerle lo que necesita, respetemos su estado de desarrollo. Las primeras narrativas están encarnadas en el cuerpo a través de las secuencias de movimiento. El procesamiento implícito y no-verbal es predominante en los primeros años de vida, articulado a través del hemisferio derecho, cómo llegamos a él es todo un arte de la comunicación. Como recoge Lyons-Ruth “En los primeros años de vida, la exactitud del reconocimiento que el cuidador logra en términos implícitos de las intenciones y estados emocionales que el infante implícitamente expresa como propios promueve el desarrollo de una autopercepción más aguda y exacta en el niño.” Estos procesos relacionales son al mismo tiempo el entorno y el contenedor dentro del cual se lleva a cabo el desarrollo y se promueve la conexión emocional, la regulación afectiva y los recursos de comunicación e interacción; donde se transmite lo que le ocurre y se provee lo que necesita. Inicialmente esta comunicación se realiza mediante el cuerpo, luego llegaran las palabras. Todo ello queda codificado en la memoria implícita y procedimental de la relación, en la cual se construyen las primeras narrativas sobre sí mismo, que son expresadas por el cuerpo, la


221 221 tonicidad muscular. Sorprenden saber que los componentes necesarios para la comunicación no-verbal se desarrollan en el útero, a partir del segundo trimestre. El feto durante el desarrollo uterino realiza movimientos coordinados específicos que empleará posteriormente al nacimiento con la finalidad de interactuar con los cuidadores. Al nacer utilizara el movimiento, su cuerpo y las expresiones faciales, además del llanto. Es decir, nos encontramos con patrones de interacción incluso antes del nacimiento, y por supuesto desde el nacimiento entre la madre y la bebé. Ambas, madre e hija, se implican en patrones de interacción no-verbal, que involucran los sentidos del olfato, el gusto, el tacto, la audición, la visión y la sensación perceptiva del movimiento. En esa interacción no-verbal temprana se irán creando los recursos y también las estrategias y las defensas no-verbales relacionales implícitas que se adquieren como procedimientos que posteriormente se pondrán en marcha. Ese aprendizaje funciona como una serie, una cadena de procedimientos, que constituyen la memoria implícita, no verbal. Desde el movimiento corporal llevarán a una serie de conductas que posteriormente irán concretándose en creencias nucleares y podrán llegar a ser expresadas. Por lo tanto, ya tenemos una idea a partir del momento en el que se comienzan a registran las primeras experiencias implícitas sensoriales y motoras y las primeras memorias. La investigación ha demostrado que los recién nacidos son capaces de recordar melodías escuchadas en el útero de forma habitual. En el llanto del recién nacido se observan semejanzas a la prosodia del lenguaje materno. El bebé reconoce, tanto por el sonido como por la vibración, el latido del corazón materno. El feto oye a partir del tercer mes y a partir del último trimestre es capaz de detectar y diferenciar sonidos familiares, y muestra preferencia por la voz materna.


222 222 Los fetos y bebes también muestran preferencias por alimentos ingeridos durante la gestación, del gusto de la madre. El bulbo olfatorio se activa al pasar por el canal del parto y el recién nacido reconoce la aureola del pezón mamario que huele como el líquido amniótico de la placenta. Los recién nacidos vienen preparados para reconocer a su madre. Registran las sensaciones a través de los sentidos que les permiten sentir una continuidad, a través del estrecho contacto con su madre, entre el útero y el mundo externo. Podemos decir que el cerebro del bebé al nacer busca satisfacer sus necesidades básicas y las alcanza a través de dos vías sensoriales que le llevan a calmar el hambre y lograr el sosiego. Estas vías sensoriales son el olfato y el tacto, ambas conectan con la amígdala y por medio de ese contacto privilegiado con su madre, la amígdala se calma. Las neurocepción de seguridad es una experiencia somática a la que posteriormente le seguirán representaciones mentales (los miedos infantiles recogen esas representaciones fantásticas y mágicas) y finalmente palabras. Un sistema familiar sano propicias interacciones corporales, sonrisas, modulación de la voz, movimientos entonados, una comunicación sensoriomotora acompañada de palabras. Se produce una comunicación tanto implícita como explicita. Y de esta forma los niños desarrollan narrativas de las vivencias que permiten engarzar los recuerdos en el collar temporal del ciclo vital. Los niños que se desarrollan con un apego seguro piden que se les cuenten los capítulos de sus vidas tanto los adversos como los satisfactorios. Repiten “cuéntame otra vez…, el día que nací, o cuando me caí de la mesa…En ese contar y recontar se modulan las emociones y las sensaciones, se regula la excitación positiva y también la negativa cuando va precedida de la sintonía adecuada con las emociones ahí presentes. El andamiaje de los circuitos regulatorios se va creando adecuadamente.


223 223 El trauma infantil se produce ya sea porque las necesidades de apego no se cubren o porque no se experimenta una afectividad reguladora ante el malestar y/o por la exposición a situaciones externas altamente adversas. Genera, digamos, un estrés o una tensión que va alterando el desarrollo del sistema nervioso y de las conexiones neurales. Esas experiencias carentes de regulación afectan tanto a la estructura del cerebro como a su funcionamiento. Diferentes áreas del cerebro se ven afectadas, como el hipocampo que disminuye sus conexiones, o la amígdala que se sobre-activa, el funcionamiento del córtex pre-frontal, también se ve afectado, entre otros. La intensidad y las áreas del cerebro afectadas va a depender de la magnitud del trauma y del momento en el que se produce en el desarrollo. Al mismo tiempo se van generando efectos crónicos sobre los sistemas simpático, para-simpático y neuro-endocrino. Vemos como el trauma temprano altera no sólo al estado psicológico, sino también al estado físico. Estas afectaciones concuerdan con las dificultades que luego presentan estos menores para comunicar, mantenerse conectados en la comunicación y narrar sus experiencias, u organizar una narrativa de los diferentes capítulos de su vida. Antes de entrar en la elaboración de la narrativa deberíamos cubrir las lagunas madurativas que no se han alcanzado adecuadamente. Se precisa de una intervención psicoterapéutica desde la psicología del desarrollo y del apego que tenga en cuenta el desarrollo sensoriomotor que propicie el contacto, el afecto y el movimiento. Así facilitamos la comunicación, la integración entre las áreas del cerebro a nivel vertical, de abajo a arriba. Mediante el lenguaje afectivo, la danza afectiva y el poner palabras, mediamos en la comunicación horizontal, entre los hemisferios cerebrales. Un esquema de la intervención será el que tiene en cuenta y facilita lo siguiente:


224 224 • Apego- regulación. • Contacto con el cuerpo. • Organización neurofuncional. • Integración de la historia. No todas las experiencias traumáticas son iguales, ni se han producido en las mismas etapas madurativas, ni se ha contado con los mismos recursos regulatorios posteriores. Eso significa que el impacto de la experiencia traumática y el acceso a esa experiencia es diferente en cada caso. Y que deberemos acercarnos, en todos los casos, con precaución, pero cuando la experiencia ha sido terrible, prolongada y los recursos con los que se ha contado posteriormente han sido pobres nuestra precaución a la hora de ir elaborando el relato y acceder al trauma mediante la narrativa, ya sea en el marco de EMDR u otro marco tendrá que ser mucho mayor. EL ARTE DE INFERIR ESTADOS DE LAS FIGURAS SEGURAS DE APEGO. No podemos esperar que las niñas sean capaces por sí mismas de conectar y evocar las memorias tempranas almacenas en las memorias primitivas sensoriomotoras y poner nombre a las sensaciones y emociones que subyacen en el cuerpo. Ese registro, al que no alcanzan y por lo tanto no nos los pueden comunicar por medio de palabras, permanece, sin embargo, en sus expresiones y en conductas. Estas pueden ser observadas, surgen de repente, sin estar relacionadas con el presente inmediato. En realidad, responden a peligros, miedos percibidos anteriormente y que son precipitados y evocados por algún estimulo o estado del presente. Descifrar su cuerpo y dotarle de significado implica construir el relato de su historia no verbalizada. Paulatinamente podemos intuir a través de esos estados y conductas lo que pudieron sentir y lo que pudo suceder, como haría una figura de apego segura que intenta inferir lo que le


225 225 ocurre a su bebé. Si tenemos algún atisbo de su historia podemos comenzar por ir desarrollando un guion simple y sencillo de esa historia, adaptando el contenido y la forma de expresarlo a la etapa madurativa y teniendo en cuenta la capacidad para manejar esa información tanto por parte de la menor como de la familia. En ocasiones solo contaremos con la guía de nuestra sensibilidad y olfato clínico, que recoge y almacena todo el conocimiento previo adquirido y está a disposición de la intuición. Desconocer, o no saber identificar te llevan más alla de la confusión. Te encierran en un agujero sin salida, ni limites que lo inhunda todo. Superficie y fondo.


226 226


227 227 CAPÍTULO 12 CONSTRUYENDO HISTORIAS DE VIDA desde las huellas emocionales “La escritura y la palabra pueden transformar el sufrimiento” Boris Cyrulnik. ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA


228 228 La narrativa dentro procesamiento de EMDR la utilizamos cuando el trauma ha sido experimentado en la etapa preverbal y está almacenado en la memoria implícita somatosensorial, o cuando el niño no tiene la capacidad del lenguaje suficientemente madura y no puede elaborar la narrativa del suceso traumático verbalmente. Resulta muy útil cuando se ha vivido trauma perinatal, separaciones tempranas de las figuras de cuidados neonatales por intervenciones, o enfermedades postparto. O tal vez se haya experimentado una falta de cuidado seguro y los padres intentan olvidar lo ocurrido y continuar con su vida como si nada hubiera sucedido. O cuando la madre ha vivido una depresión postparto que ha dificultado su disponibilidad y el espejamiento emocional. En los casos en los que no ha habido continuidad en las figuras de apego porque estamos ante varias separaciones, orfanatos, familias de acogida. Allá donde además del abandono, la historia previa ha sido de negligencia y malos tratos o abusos. Son muchos los padres adoptivos o acogedores que no entienden por qué sus hijos no responden al afecto y parece que nada les afecta. En todos estos casos la elaboración de un relato es beneficiosa tanto para la familia, padres como para la niña o el niño que es el motivo de la consulta. LAS NARRATIVAS ANCESTRALES. Parémonos un momento a mentalizar como hemos ido contando las narrativas de traumas y miedos a lo largo de nuestra historia como humanidad. Las pinturas rupestres nos muestran simbología concreta cargada de poderes protectores, esa simbología reflejada en tótems, amuletos que recogen y simbolizan fuerzas naturales de protección la volvemos a encontrar de nuevo en las primeras historias narradas provenientes de la transmisión oral, narradas


229 229 a la luz de la lumbre o en torno al puchero común. Mediante símbolos y metáforas nos cuentan cómo superar situaciones arquetípicas tanto a nivel individual como grupal. Estos relatos, que posteriormente se recogerán por escrito, permiten identificarnos con los personajes, con sus superpoderes y vislumbrar que tenemos sus habilidades para superar nuestros propios miedos. Esa simbología primitiva, representa las fuerzas de las emocionales y de los recursos psicológicos y los externalizan para poder tener un cierto control y manejo sobre ellos. Se revisten de pensamiento mágico simbólico como se hace en la infancia. En la Ilíada o los cuentos infantiles, encontramos ejemplos maravillosos de como narrar historias adversas. Nos narran hazañas imbuidas en el pensamiento mágico simbólico, donde los protagonistas de esas historias fantásticas superan pruebas ingentes, se enfrentan al fracaso, se recuperan de él y finalmente alcanzan el reino o la joya prometida que los lleva a un estado de felicidad y sobre todo les transmite la esperanza de que su estado de infelicidad o de insatisfacción acabará. Entonces, ¿cómo contamos una historia de trauma?, ¿somos literales a la hora de narrar?, ¿contamos toda la historia cargada de detalles sensoriales desde el inicio? Yo diría que no. ¿O comenzamos diciendo sin decir todo, permitiendo que las imágenes y representaciones se vayan organizando y progresivamente el relato vaya cobrando orden, coherencia y fidelidad? Yo me inclino más por esta opción. Propongo dentro del espacio terapéutico comenzar por ayudar a organizar la experiencia propiciando historias asumibles, digeribles teniendo en cuenta la etapa madurativa, no solo del presente sino sobre todo la del pasado ligado al trauma. Teniendo en cuenta los recursos y capacidad de tolerancia con los que se contaba en el momento del trauma, ya que esos estados y recursos son los que se van a evocar durante el reprocesamiento de los sucesos del


230 230 relato traumático. Boris Cyrulnik, en su libro “Escribí Soles de Noche”, transmite, reiteradamente, como en el hecho de narrar y escribir, la palabra se convierte en el medio que puede transformar el sufrimiento. Aun así, insiste en que no debemos contarlo todo. Contar historias terribles de trauma puede ser totalmente contraproducente. Según como se cuenten, los relatos pueden resultar traumatizantes. Escuchar cierta información, incluso en un contexto terapéutico, si no se toman las precauciones necesarias puede ser retraumatizante. Nos podemos encontrar con que los niños responden con estados regresivos, incrementando su evitación hacia el trauma y no queriendo volver a escuchar esa historia. Todas esas respuestas nos están indicando que el relato ha sobrepasado la tolerancia de la niña, aunque haya ido acompañado de estimulación bilateral como ocurre dentro de la terapia de EMDR. No quiero decir que haya que callar, el silencio sigue transmitiendo la angustia del trauma que no está integrado y forma parte del estado compartido familiarmente. Lo ideal es que la familia pueda procesar las experiencias traumáticas en las que se ha visto envuelto el niño ya sean individuales o dentro de todo el sistema familiar. Esa integración familiar transforma la percepción de lo vivido y el relato que se elabora de esa experiencia también será distinto y resultará más accesible para el menor. Podemos decir que hay que contar de una manera especial y no todo. Tan importante es el contenido como la forma, el entorno, el acompañamiento. En EMDR nos acercamos al trauma preverbal mediante la narrativa. Si siempre es crucial cuidar la forma y asegurarnos de que el relato narrado sea adaptado a la edad del menor, no solo a la edad que presenta en el momento actual sino también


231 231 a la edad que tenía cuando sucedió el evento o la cadena de situaciones traumáticas, con el trauma preverbal esto aún es más importante. No olvidemos que estamos evocando las memorias sensoriomotoras de un bebé. Y deberíamos preguntarnos qué es lo que ayuda a integrar y procesar la información en esas etapas tan tempranas, qué tipo de historias se les cuentan a esas edades a los niños, dónde recaen los detalles de la información. Todos intuimos la respuesta y también sabemos cómo deben ser contadas, a modo de cuentos. Si no tenemos esa habilidad, o no la hemos aprendido, no tenemos más que leer cuentos infantiles. Todo cuento que se precie comienza con el “erase que se era, en un tiempo y lugar muy lejano, tan lejano que es difícil acordarse”. Me maravilla la sabiduría que encierra, comienzan diciéndonos que ya no pasa, que pasó, que terminó y como bien sabemos, después de las terribles pruebas del destino o impuestas por el señor del reino se alcanza la gema de la felicidad. Además de como contamos esa historia que encierra dramas terribles de pobreza, soledad, abandono, maltrato, es fundamental quién cuanta el cuento, quién se traslada a ese espacio mágico donde se logra superar la adversidad y se obtiene el premio de volver con mamá, recuperar el nombre perdido, el aprecio de los vecinos. Por qué el protagonista cambia y ya no vuelve a ser el mismo. Mientras transcurre el cuento, el héroe se encuentra así mismo, descubre su potencial y el villano encuentra su merecido, es decir el peligro cesa. El narrador nos lanza la alfombra mágica para subirnos a ella, y si ese narrador es mamá, papá, los abuelos o las abuelas o esa maestra especial, su compromiso con el cuento y la asimilación del relato permiten que esa niña que escucha con la boca abierta o con los ojos mirando su propio espacio interior se identifique con el personaje. Y de esa manera pueda sortear la evitación del dolor propio y lleve la conclusión feliz a su propia experiencia y así pueda vislumbrar sus propias salidas. Sobre todo, tenemos que contar y extendernos en los sucesos


232 232 agradables, en la canción que aporta coraje, o risas y placer. En la canción facilona que nos hace reír “tener cuidado con lo que hacéis a garbancito no piséis”. O la canción propuesta a una niña de 2 años que no podía comer alimentos, “muevo los dientitos, muevo la lengüita y tara, rara, trago la comidita”. Hay que buscar vías poéticas y artísticas, ritmos repetitivos, cuentos y personajes con los que se identifiquen, canciones infantiles de hazañas, dibujos, películas cargadas de fantasía y magia que narren historias similares, que permitan abordar las emociones del protagonista y posteriormente las suyas propias. En ocasiones habrá que dar muchos rodeos, mediante juegos, representaciones simbólicas, dibujos, para ir elaborando y organizando una historia tolerable. Es dentro de la relación con las figuras de apego donde el bebé va adquiriendo la capacidad de dar sentido a su experiencia, esto requiere un intento continuado de captar la realidad subjetiva del bebé, un intento de comprensión de lo que le ocurre y un intento de dar una respuesta que recoja la necesidad y el estado que ese bebé tiene. Una madre o padre sensibles no solo infieren el estado, la necesidad, también nombran, ponen voz a la mentalización que están realizando y así van elaborando los estados para sí mismos y para el bebé. Se va produciendo ese diálogo en estrecha colaboración entre padres-hijos. Si algunas emociones o experiencias no son toleradas por los padres pueden quedar fuera de ese intercambio comunicativo afectivo, pueden no ser atendidas porque son los padres los que tienen dificultad en su identificación o en su capacidad de sostén e irán quedando fuera de la comunicación y por tanto del proceso de regulación y sintonía. En este caso hemos de lograr que los padres puedan conectar con lo que ha quedado fuera de su propia experiencia. En el proceso terapéutico del trauma preverbal además de narrar


233 233 lo que sucedió vamos a buscar que los padres puedan acompañar y propicien un intercambio implícito y explicito donde lleguen a albergar ese suceso con sintonía, conexión y regulación y de este modo se pueda reparar la experiencia que faltó, afectiva, relacional, reguladora. Pretendemos y buscamos algo que va más allá de contar una historia. Buscamos vías de integración de la experiencia del trauma que requiere habilidades de sensibilidad y reflexión por parte de los padres y del terapeuta. No todos los padres pueden llegar hasta aquí, ni todos los terapeutas pueden realizar el abordaje de la narrativa dentro de la terapia de EMDR desde está visión. Esa comunicación temprana tiene sobre todo una dimensión somática relacional. Si ese intercambio comunicativo, que es dirigido e interpretado por el cuidador, no es óptimo, ira generando defensas relacionales somáticas motoras emocionales. Los movimientos corporales quedan conectados con los estados afectivos que surgen en la relación. El movimiento, la tensión y la distensión que acompaña a los estados se convierten en el primer lenguaje. En los primeros años, las huellas emocionales de lo vivido, así como de los aciertos y desaciertos en la relación de apego, quedan grabadas en el sistema motor. Implícito es más que subconsciente y su elaboración va más allá de la traducción al lenguaje. Los símbolos son importantes, las representaciones simbólicas y la interacción que moviliza la memoria procedimental relacional también. Se precisa no solo evocar, sino también acompañar de una forma diferente a la que ha tuvo durante la experiencia traumática; sintiendo, organizando, regulando, corrigiendo los desajustes hasta que todo vaya cobrando un sentido, que poco a poco se va embriagando de calma, una calma que es nueva. La visión del terapeuta que guía, siendo testigo y ayudando a los padres a ser testigos mientras contienen, otorga un nuevo


234 234 sentido al impacto de lo sucedido y a lo que faltó. La presencia mentalizadora del terapeuta, a modo de gran parasol que contiene no solo al niño sino también a los padres o nuevos cuidadores, funciona a modo de amortiguador de todos los presentes, calmando ese impacto y facilitando ese baile entre el pasado traumático y el presente más seguro. En la medida que como psicoterapeutas vamos recogiendo la historia del niño, de la joven, del sistema familiar, debemos ir haciéndonos una idea de la calidad regulatoria que sustenta las relaciones de esa familia. Comprobar si esa menor ha podido crear y fomentar los circuitos regulatorios neurofisiológicos en cantidad y calidad adecuados y si ha llegado a contar con la percepción básica de seguridad. La manera como se hayan ido producido esas conquistas determinan como organizamos el proceso terapéutico, lo cual incluye, el tiempo previo que deberemos dedicar antes de entrar en el procesamiento del trauma. Antxón es un niño de 7 años que llega a consulta, inquieto, con una gran movilidad y terrores nocturnos respecto a su casa. En el último trimestre de su gestación, la vivienda familiar se incendió. La madre de Antxón se encontraba sola y logró salir de la casa. A las horas se percató de que no sentía al bebé, que estaba en su tripa, y se alarmó al pensar que Antxón pudiera haber muerto a causa de los gases. La exploración hospitalaria de urgencia desveló que Antxón tan solo estaba dormido. Los padres de Antxón son cálidos y sensibles y tienen la capacidad de acompañar y calmar a su hijo ante los miedos que despierta la casa. Aun así, buscan ayuda ya que consideran que esos miedos deberían haberse superado con la edad. Los miedos de Antxón son inespecíficos, no sabe lo que puede suceder sólo sabe que no logar sentirse tranquilo en casa y está en alerta. Relacionamos el estado emocional de Antxón dentro de su casa y los terrores nocturnos con la experiencia de trauma que supuso el incendio de la vivienda en el embarazo. La madre


235 235 reconoce que, aunque han pasado 7 años, sigue sintiendo cierta intranquilidad en la casa. Esta familia no precisa mucho tiempo antes de poder procesar la experiencia del incendio. Realizamos psicoeducación sobre cómo afecta la gestación, el parto y la disponibilidad familiar en el primer año de vida. Ensayamos algunos recursos regulatorios, propiciamos juego y dinámicas de apego entre los tres. Propusimos una sesión de procesamiento grupal para ambos padres para reprocesar el incendio ocurrido hace 7 años. Nuestra experiencia es que, en los procesamientos familiares grupales, el grupo se beneficia de la capacidad del que tiene mayor regulación y recursos. El padre llego a una resolución positiva, en esa sesión, y la madre, aunque fue bajando el malestar no logro alcanzar una cognición positiva. Dedicamos dos sesiones individuales a procesar ese suceso con la madre. Y procesamos varios recuerdos del primer año de crianza que transcurrió envuelto en las dificultades de la reconstrucción de la casa. A lo largo de la intervención ambos padres se fueron sintiendo más cómodos en su hogar. Cuando la madre comenzó a percibir satisfacción por vivir donde vivía y empezó a descubrir su casa con nuevos ojos, consideramos que era el momento apropiado para que Antxón pudiera reprocesar, mediante la narrativa dentro del enfoque de EMDR, ese suceso gestacional traumático. Ahora, la madre ya se encontraba en situación de poder abordar y contener emociones que, de una manera u otra, habían sido excluidas de la relación y la comunicación, es decir, su propio miedo e inseguridad. Entre los padres y la terapeuta elaboramos la siguiente historia. Había una vez una familia de osos que habían construido una bella casa, en una cueva bien protegida y esperaban a su hijito con todo su amor. A mamá le gustaba poner la manita sobre la tripa y sentir las patadas, a papá le gustaba masajear la barriguita de mamá e


236 236 imaginarse a su hijo feliz. Habían construido su bello hogar en una montaña, donde vivían más osos. Era un pueblo precioso junto a robles y hayas. Solo quedaba esperar a que el bebé quisiera salir para conocerlos. Una noche, sucedió algo que nadie podía esperar, se produjo un incendio en la hojarasca que había en la cueva. La hermosa cueva que albergaba su hogar fue destruida por las llamas, papá pudo ver el fuego cuando regresaba a su casa, en dos zancadas estaba junto mamá osa, a la que ayudó a salir de la cueva. Los dos osos se encontraban a salvo y miraban incrédulos como las llamas devoraban su casa. Acudieron los vecinos y los bomberos y en pocos minutos el incendio estaba sofocado, pero su linda casa estaba destruida. Mamá estaba muy muy asustada y el bebé daba muchas patadas, hasta que llegó un momento en el que se paró. Mamá se asustó mucho más al no percibir al cachorrito. Quizás el bebé no se encontraba bien o no podía respirar. Fueron al hospital de Osos y la Osa más sabia, miro más allá de los ojos de mamá, y colocando su pata peluda en la tripa de mamá oso, pudo observar al bebé osito, que estaba quietecito, como dormido y pudieron escuchar su corazón. Mamá y papá se alegraron mucho. A las dos semanas nacía un osezno precioso al que llamaron Jon. Jon, tenía unos ojos grandes y un pelo muy negro, estaba muy inquieto. Conforme pasaron los días y estaba junto a su mamá, escuchando la voz de papá, se fue tranquilizando. Todos estaban juntitos en la cueva de los abuelos. Papá comenzó a reconstruir la cueva. Papá estaba tan cansado de tanto trabajar que muchas veces no tenía fuerzas para jugar


237 237 con Jon. Al principio mamá estaba muy triste y Jon podía ver los ojos llenos de lágrimas de mamá, entonces él también se sentía triste y lloraba junto a mamá. Conforme la cueva se iba reconstruyendo, mamá estaba cada vez más contenta y Jon mostraba la misma alegría que mamá. Toda la familia ayudó a volver a construir la cueva. Al año los tres estaban felices en su bonita casa, limpiaban bien las hojarascas y cuidaban muy bien de su casa, pero una intranquilidad flotaba en ese hogar. Mamá no se decidía a colgar cuadros y fotografías. Llego un día que mamá y papá se sintieron realmente tranquilos en esa casa, algo había cambiado que les hacía sentir que su casa era segura y hermosa. Una casa llena de amor, de calor de chimenea, que se fue decorando con las fotos de toda la familia osezna y también con los dibujos de Jon. Jon ha aprendido, igual que mamá y papá a sentirse cada vez mejor en esa casa llena de calor amoroso, a bajar corriendo las escaleras, a esconderse en los rincones. Ahora duerme tranquilo y calentito en su cama, desde su ventana puede ver un haya preciosa. Juega con su papá en el jardín, están construyendo una cabaña en un gran roble, tan fuerte y seguro como su casa. Si analizamos la historia podemos observar que comienza con elementos de seguridad, alegría y con recuerdos positivos de las memorias que los padres guardan sobre la gestación. Luego se describe el incidente traumático, los miedos y emociones que lo acompañan, adecuando la intensidad a la edad (no es necesario contar en la primera versión o quizás en ninguna con 7 años) y evocando el trauma de la etapa fetal que la madre creía que el bebé había muerto. Concluimos con un cierre dichoso y seguro y con las conquistas logradas durante la intervención psicoterapéutica.


238 238 SECUENCIA DENTRO DE LAS SESIONES DE NARRATIVA. Una vez que la familia y la niña están preparados para procesar el trauma mediante la narrativa, la secuencia suele ser la siguiente: Los padres elaboran un relato a modo de cuento personalizado del suceso traumático. El hecho de ir elaborando un relato, personalizado para su hijo, entre los dos padres favorece el entrenamiento en la visión mental, ven perspectivas distintas del mismo suceso y pueden tener en cuenta también la perspectiva de su hija. Los cuentos inventados y personalizados permiten establecer un fuerte vínculo con la niña. Quien los cuenta debe poner en ello toda su capacidad y atención. Los niños suelen estar acostumbrados a ser el centro de atención de los actos, pero no de pensamientos, emociones y sensaciones. Al personalizarlos los padres se obligan a escuchar, a atender y a sentir a sus hijos, y los niños se sienten verdaderamente especiales. Esa carga emotiva es un importante factor que facilita la asimilación de lo enseñado en las historias. En la infancia los cuentos son auténticos aliados para enfrentar los conflictos internos y acceder a la solución que va más allá de la racionalidad. Una vez que los padres remiten la narrativa al terapeuta, se concierta una sesión con ellos, donde se aborda lo que ha supuesto redactar la historia, como se sienten o si hay algún pasaje que les genera malestar. Se introducen modificaciones, si fuera necesario, para adecuar el cuento al objetivo terapéutico. Si fuera preciso, introducimos también psicoeducación o si se requiere realizamos alguna sesión con los padres de


239 239 procesamiento estándar. Buscamos que los padres puedan mantenerse en sintonía con los estados que surjan en la niña durante la sesión de narrativa y que puedan acompañar en la regulación de esos estados. Con frecuencia, en la primera versión de la narrativa, los protagonistas son animales con nombres diferentes a los de la niña. En ese primer contacto con el cuento personalizado la terapeuta cuenta e interpreta el relato con muñecos. Esto facilita que el contenido de la historia sea más manejable tanto para la niña como para los padres. La representación externaliza el conflicto y la elección de los personajes facilita el distanciamiento, en la medida que se alejan de los protagonistas reales. Los protagonistas habituales suelen ser familias de osos, osos de peluche que me llevan acompañando más de veinte años. El número de sesiones que se requiere con representación varía según los casos. Que sea el terapeuta el que narra y representa la historia, propicia un contexto contenedor donde la atención, además de al relato, es llevada a la representación y a las manos en movimiento del terapeuta que sostiene los muñecos. Las marionetas o peluches de animales propician ese distanciamiento emocional. El movimiento de las manos del terapeuta con los títeres, durante la representación, se convierte también en foco de atención. Las manos son siempre un punto importante de atención en la comunicación y en los cuidados. Todas estas medidas escénicas permiten que sea más fácil mantenerse conectado con el relato, ya que resulta más manejable el contenido traumático al estar externalizado y haber propiciado su distanciamiento. Posteriormente la narrativa puede ser contada por la psicoterapeuta o los padres sin muñecos. “Hace mucho tiempo, había una vez un niño, una niña…” En la medida que la niña se va apropiando de la historia podemos


240 240 plantearnos contarla siendo ella la protagonista. Llegados aquí, es fundamental que el relato pueda ser narrado por los padres, y uno de ellos o el terapeuta aplique la estimulación bilateral. Las figuras de apego seguro son capaces de recoger y relatar los diferentes sucesos que viven sus hijos, propiciando una comunicación sensible y coherente. Entre nuestros objetivos está bien contemplar este, que los padres se acerquen cada vez más a un apego seguro y propicien una comunicación desde la sintonía y resonancia emocional. Este proceso es variable en cada caso, y en ocasiones nunca llegaremos a contarla la historia con el nombre del niño, porque la crudeza de la vivencia (no del relato) o su madurez no le permite acercase al relato como protagonista. Aun así, se produce un nivel de procesamiento e integración que es el que se puede alcanzar en ese momento. El ritmo, la secuencia lo marca el menor y todos los demás actores familia y terapeuta seguimos su ritmo. También se pueden encontrar casos en los que los padres no llegan a estar suficientemente preparados ni para contar ni para acompañar en el relato. En estas situaciones la terapeuta, narra, relata y sostiene e infiere los estados y proporciona la estimulación bilateral, con o sin la presencia de los padres. A lo largo de toda la narrativa se aplica la estimulación bilateral, lo ideal es que la aplique uno de los padres. Si se observa que algún episodio genera más angustia, podemos interrumpir la narración, se invita a que todos los presentes tomen una respiración profunda y se puede entretejer algo similar a esto: “Parece que lo que acabas de escuchar te ha resultado doloroso, ¿puedes darte cuenta de donde sientes ese dolor?, o ¿qué nombre le pondrías a ese dolor?” Se le dedican varios Sets de estimulación bilateral y en la medida que se disuelve se continua con la historia. Antxón rápidamente se vio como el protagonista del cuento de los osos, entre sesiones les pedía una y otra vez a sus padres que


241 241 narraran el cuento de los osos que vivían en una cueva. A los quince días tuvimos otra sesión, con papa y mamá. Entre los dos fueron contando la historia, cuyos protagonistas eran ellos y Antxón les acompañaba desde la tripita de mamá. Los padres enriquecieron y dieron más cuerpo al esqueleto del relato inicial. Narraron como uno hizo los muebles, otra como fue decorando la habitación de Antxón, y como fueron cuidando cada rincón. Describieron como, después del susto inicial, se recobraron, y aunque las cosas no fueron fáciles, tienen una casa incluso más bonita que la primera porque al rehacerla pudieron construirla a su gusto y manera. Los padres pudieron abordar los estados que antes se habían quedado al margen de la comunicación, en la medida que explicaron cómo sentían no haber podido estar lo alegres y disponibles que les hubiera gustado con su hijo. “Ahora, mamá se siente feliz en la casa nueva, disfruta con su hijo enormemente y quiere jugar todo lo que no han jugado. Igual que papá, que dispone de más tiempo para ir al monte, andar en bici y disfrutar”. La exclusión de las emociones negativas que generaba la casa dentro de la interacción excluía la posibilidad de que Antxón elaborase esas emociones y estados durante su desarrollo. Durante el proceso terapéutico se trabajó sobre las dificultades de control del movimiento de Antxón, ensayando nuevas formas de manejo de la tensión que se veían reforzadas con la nueva comunicación con sus padres. Sí volvía a preguntar y le surgían nuevas inquietudes, volvíamos a la historia de nuevo. Fue ganando en seguridad, no solo en la casa sino también a nivel social. Cuando se despidió de la terapia, llevó una foto de su familia situada en la entrada de la casa, todos sonreían, lleno de alegría dijo: “siento que es mi casa, y me siento tranquilo en mi casa”.


242 242 Es fundamental que como psicoterapeutas nos hagamos una idea del impacto de los hechos que se van a narrar y de todas las áreas que se han visto afectadas en la relación. Esta familia fue tomando conciencia no solo de la inquietud de mamá en la casa sino también del escaso tiempo que le dedicaron a su hijo en ese primer año. Nos encontramos con un papá muy ocupado y una mamá triste. Estos fueron los primeros compañeros de Antxón. Esos afectos habían quedado fuera de toda comunicación y sin embargo eran los estados presentes y compartidos durante ese primer año. No es suficiente contar el suceso del incendio, es imprescindible que los padres tomen conciencia y cubran ese déficit de juego y alegría y que todos se recoloquen de otra forma dentro de la relación, además de dentro de la casa. En ocasiones hay que ayudar a que se pueda crear esta nueva relación, y el espacio para ello es la fase 2 de preparación de EMDR. En ella, mediante dinámicas de juego e instalaciones de recursos se propician experiencias de satisfacción entre los padres e hijos. Se les ayuda a que identifiquen las emociones que residen en las sensaciones corporales y se propicia esa instalación satisfactoria relacional, donde la estimulación bilateral se aplica como un juego en todas las diferentes versiones que se nos ocurra. Lo fundamental es la resolución positiva de la historia acompañada de un estado emocional congruente, donde los padres ensayan sus nuevas habilidades de reflexión y sensibilidad para seguir ejecutándolas en la relación familiar. En todo este proceso el psicoterapeuta infantil se convierte en el modelo a partir del cual los padres aprenden nuevas interrelaciones. LA MEJOR NARRATIVA ES LA ACOMPAÑADA DE LA RELACIÓN. No olvidemos la relación a la hora de organizar la intervención y las sesiones de narrativa. Por muy maravillosa que sea la narrativa, si no tenemos presente el aspecto relacional y los nuevos modos que incluyen los estados no tenidos en cuenta o que no se han sabido manejar, parte del material implícito del


243 243 trauma preverbal permanecerá desconocido y sin un manejo adecuado. Paula es un aniña de 8 años, adoptada a los 5, junto a su hermano de 8, que presenta un aparente desinterés por el entorno, tiene un pánico terrible a los gatos y sufre de pesadillas recurrentes con felinos. Antes de la adopción ha sufrido abuso y maltrato. Deambula en un estado prácticamente continuado de desconexión. A sus padres adoptivos les cuesta entender el estado de Paula, su escasa respuesta afectiva, su poca implicación en el juego. Paula lo primero que precisa es que sus podres puedan comprender como su estado y sus reacciones son el resultado de la adaptación a los episodios de su vida anterior a la adopción. Para ello, los padres requieren de psicoeducación sobre el trauma y el desarrollo, necesitan entender cómo se llega a estados de desconexión emocional, como se llega a ese estado, resultado último de excesiva activación o lo contrario de hipo activación, o colapso, como respuesta a las experiencias abrumadoras. En estos estados uno se siente alejado de la experiencia. Se evitan las emociones y las sensaciones, y estas se van volviendo grandes desconocidas. Uno se va acostumbrado a vivir así, distanciado del entorno y de las personas, la falta de emocionalidad es lo normal, es lo que han conocido a lo largo de su desarrollo. Además de ayudarles a comprender y entender la falta de vinculo y el trauma vivido por su hija, necesitan ayuda para descubrir las necesidades de desarrollo y de apego que ésta que no ha alcanzado, ni experimentado cuando debía. Se les ayuda a los padres de Paula a liberarse del estrés de la crianza desde la llegada de su hija a sus vidas, mediante el protocolo AAF, “(Abrazando la Adversidad en Familia). Se buscaba que los padres pudieran descubrir y redirigir la atención a los aspectos positivos y a esa primera ilusión con la que iniciaron la adopción. Esta primera intervención facilitó el proceso terapéutico posterior


244 244 donde se les fue proporcionando recursos de conexión y de regulación adecuados a sus necesidades. Se les ayudo a descubrir y tratar, en terapia individual, sus heridas relacionadas con el trauma de su hija y con sus propias heridas relacionales. Se buscaba que pudieran descubrir, inferir las necesidades de su hija y calmarlas, primero en ellos y después en su hija. Que funcionarán, en cierto modo, como el córtex auxiliar de su hija, esa área del cerebro que calma, sosiega e integra y que en la infancia aún no está desarrollada. Todos los padres deberían funcionar a modo del córtex frontal sin desarrollar de sus hijos, de esta forma cubren las funciones que por desarrollo una bebé, una niña aún no ha alcanzado y participan activamente en la capacidad de regulación que después irán desarrollando sus hijos. En historias de vida como la de Paula, contar con las habilidades y los recursos regulatorios paternos para ayudar a sosegar los estados de su hija y darles sentido a sus experiencias es crucial. Acercarnos a la historia del trauma sin conexión y sin vínculo es contar una historia de no seguridad. Por ello los padres ya sean adoptivos, acogedores o tutores tienen que ser capaces de ver la experiencia de sus hijos en la expresión o inexpresión de sus cuerpos y comenzar por aceptarlo y no culparse o culparlos por esa expresión corporal que es el reflejo del trauma tallado en el cuerpo. En la mayoría de los casos, como en el de Paula, la terapia va a consistir, en la primera etapa, sobre todo, en ayudar a los padres a ver, interpretar y modular el dolor de sus hijos, a ser consciente de que su historia no comienza el día que fueron adoptados o acogidos. Algunas familias pueden requerir procesar el impacto del relato de las historias previas de sus hijos acogidos o adoptados. Otras pueden precisar procesar sus propias historias de trauma para que el trauma del menor no sea un precipitador o un disparador de sus propias memorias y en ocasiones nos encontraremos con familias que están muy lejos de entender lo


245 245 que viven los menores que tienen a su cargo y no son capaces de acompañar en el proceso terapéutico. Por ello es recomendable poder desensibilizar el estrés continuo al que han podido estar sometidos los padres o tutores de menores con experiencias traumáticas de apego, desde que están a su cargo. Bajar el estrés va a facilitar la mentalización y conexión de los padres hacia sus hijos. Facilitar la conexión es el gran reto, en el caso de Paula el juego fue nuestro aliado. El juego es un buen inicio de relación. A partir del juego se produce un acercamiento progresivo, dentro de la comunicación, el juego permite que se genere un interés, una estimulación positiva y agradable. En concreto el juego sensoriomotor, propio de las primeras etapas de desarrollo permite estimular y conectar con el placer del juego en movimiento, sintiendo, percibiendo, facilitando contactos óculo faciales. A través del juego sensoriomotor el niño aprende a regular el contacto corporal y facial y a interpretar el lenguaje no verbal. Mediane el Juego sensoriomotor se experimenta placer y se aprender a regular, a manejar la excitación del movimiento, del éxito, de la frustración. Pueden ayudar en el juego hermanos, animales de compañía, peluches, marionetas. El juego propicia la conexión, la desconexión y la reanudación de la conexión. Los adultos, terapeuta, padres siguen al niño. Se practica en el entorno seguro del espacio terapéutico y se instalan las sensaciones positivas una vez reconocidas con el abrazo de la mariposa u otra estimulación bilateral. A lo largo del proceso terapéutico podemos utilizar además materiales visuales como tarjetas o diferentes ilustraciones, tal y como se ha propuesto en capítulos anteriores, para ir dando sentido al mundo interno.


246 246 Una vez que hay un cierto nivel de seguridad y menor incertidumbre, diferenciando el pasado del presente, y contamos con la vinculación necesaria, se puede comenzar a trabajar la historia del trauma. Se puede elaborar la narrativa e ir ampliándola progresivamente, en la medida en que se observa que la información aportada es comprendida, digerida y es aceptada corporalmente. Esto se produce cuando percibimos que nos dicen sin decir: “si, las palabras tienen sentido para mí, hablan de mi” LA NARRATIVA Y EL PROTOCOLO EMDR. Antes de comenzar la intervención con narrativa tenemos que asegurarnos de que los padres van a transmitir una narrativa adaptada a la niña y en un buen estado emocional que propicie el acompañamiento y no el desbordamiento. También debemos asegurarnos de que comprendan que esas primeras versiones son contadas a modo de cuentos, un cuento esquemático, ya que en la infancia los cuentos son los aliados para enfrentar los conflictos internos y acceder a la solución que va más allá de la racionalidad y que supone mucho más que escuchar cualquier otro relato. El lenguaje tanto verbal como no verbal de los padres, en caso de participar en la sesión, debe ser congruente, lo dicho debe ser sentido para que la información que llegue no sea contradictoria y no genere más incoherencia interna. Esa historia, inicialmente, será un esqueleto al que muy lentamente le iremos dando cuerpo, contando sin llegar a contar todo. Si este proceso es progresivo y respetuoso, los menores nos pueden sorprender siendo ellos mismos los que infieran el relato completo, porque tienen capacidad para manejarlo. Como hizo Antxón, que le dijo a su mamá después de una sesión, “claro mamá, yo solo estaba dormidito en la tripa, no muerto”. La integración de Antxón le llevo a poner palabras a la emoción de mamá. Esta capacidad de mentalizar sus estados y los estados de los otros se logra cuando las emociones no quedan fuera de la comunicación.


247 247 El protocolo de EMDR cuenta con varias fases, en las fases que van de la 3 a la 8, procesamos memorias de eventos traumáticos o adversos. En el protocolo estándar las asociaciones que se van produciendo entre experiencias, recuerdos e información emocional que surgen entre los sets de estimulación bilateral son facilitadas por la mente, la memoria y la capacidad digestiva de cada persona. Cuando intervenimos con la narrativa en EMDR, la información no emerge de la niña, sino que es presentada por el terapeuta o por los cuidadores del menor, requiere que se adapte adecuadamente y se valore el momento adecuado para comunicar el relato. Al conectar con el trauma, conectamos con los estados madurativos en los que ocurrió el hecho traumático. Si hablamos de trauma preverbal, conectamos con los estados y el nivel de desarrollo de una bebé o de una niña muy pequeña. Al trabajar con la narrativa, nos acercamos al trauma, la experiencia más traumática ha sido la expectativa rota de seguridad y confort por parte de las figuras de apego, la separación, el dolor, el vacío del abandono, el miedo de las respuestas aterrorizantes. Por lo tanto, lo más importante es que el relato no vuelva a traumatizar y que al tocar con las palabras que designan esa experiencia, algo haya cambiado, se conecte desde la seguridad y si es posible se pueda cubrir lo que no se puedo tener entonces; que alguien acompaña, que mira y que siente el dolor de la menor y no lo rechaza, sino todo lo contrario, lo acoge, lo regula, lo calma. No excluye ningún afecto de la experiencia por dolorosa que pueda llegar a ser. Al tocar el trauma es fundamental que los padres resuenen manteniéndose presentes, conectados y regulados junto a la niña y puedan sentir el sufrimiento de la niña y recogerlo. La intervención mediante la narrativa engloba desde la fase 2 hasta


248 248 la fase 7. En su inicio y en su cierre nos trasladamos y viajamos por memorias positivas. Comenzamos el relato presentando un inicio dichoso, si lo hubiera, antes de la experiencia del trauma, como, por ejemplo, la alegría de la gestación por Antxón, o recopilando momentos felices del presente como hicimos con Paula. Vamos a ir desglosando las fases del protocolo desde la perspectiva de la narrativa: El cuento como todo cuento debe ser corto, relatado en un lenguaje comprensible y atractivo. Ha de tener ritmo y las primeras versiones serán sencillas y breves y se irán ampliando con información adicional en la medida que se observe la identificación con la historia, que se asuma como cercana primero y luego como propia y, sobre todo, que la menor de muestras de tolerar e ir digiriendo la narrativa. La estimulación bilateral en forma de tapping o golpecitos nos acompaña desde el inicio de la narrativa. Es ideal que lo proporcionen los padres y que se ensaye anteriormente, de manera que la niña se sienta cómoda con el ritmo y la modalidad de tapping empleado. A la niña se le da a elegir la persona que desea que le realice el tapping. Puede elegir a la terapeuta también, siempre que no sea ella quien cuenta y representa la historia. Si no se tolera el contacto, podamos hacer uso de las almendritas que producen una estimulación alterna en las muñecas o tobillos, sujetadas con cintas o muñequeras, o puede autoadministrase el tapping sobre un cojín o con el abrazo de la mariposa. La presentación y contacto con las memorias positivas evocan y propician un estado positivo de seguridad a modo del lugar seguro de la fase 2. Después se relata de menor a mayor precisión y detalle el suceso


249 249 traumático (primero menos y poco a poco más, si procede), en función de los recursos y de la edad, infiriendo, además, los estados que pudo presentar la bebé, o la niña pequeña ante esa situación. Estamos cubriendo la fase 3 presentando y conectando con los elementos de la memoria traumática. Todos los elementos que constituyen la experiencia van a ser movilizados con el relato (sentimiento, emoción, sensación y movimiento, creencias) para poder así integrar los fragmentos de la historia traumática. En la medida que se va proporcionando información de lo sucedido, se va recorriendo la fase 4, desensibilizando y reprocesando el malestar. Si se observa que algún segmento del cuento personalizado genera perturbación, o aparece alguna emoción intensa, se puede parar el relato, pedir que todos tomen una respiración profunda, realizando alguna intervención del tipo: “parece que lo que acabas de escuchar ha sido doloroso, puedes decirme que sientes”. Si no son capaces de expresar u organizar lo que sienten, se les puede solicitar a los padres que sean ellos los que digan que puede estar sintiendo su hija, o el terapeuta simplemente infiere el estado que está ahí presente. Una vez que se ha identificado la emoción se puede preguntar donde la localiza o la siente en el cuerpo. Según la edad o madurez puede que sólo sean capaces de decirnos la sensación como dolor en el tripa, presión o tensión en los brazos. O no alcancen a decirnos nada, entonces se les redirige la atención a lo que estamos observando en su cuerpo con entretejidos somáticos como: “parece que aprietas las manitas, o las piernas se mueven”. Se le solicita que lleve la atención a esa sensación, a ese estado y realizan varios sets de estimulación bilateral hasta que se vaya diluyendo, y a partir de ahí, continua la narrativa. En niños pequeños es recomendable que tengan algún juguete


250 250 o pelota relajante en las manos, mientras escuchan la narrativa, esto puede resultar de gran ayuda en la regulación durante todo el proceso. En importante observar el cuerpo y los cambios que se producen en él. El procesamiento es sobre todo no verbal, y pueden surgir reflejos primitivos de la etapa del desarrollo en la que se produjo el evento traumático, como el de succión o de Babkin, que de la misma forma que aparecen, desaparecen en el transcurso de la sesión de narrativa. Surgen como una memoria sensoriomotora más del suceso o estado que se ha evocado, propia del estado de desarrollo del tiempo de esa memoria. Durante el proceso emergen muchas emociones intensas de afectos del pasado y del nuevo presente, de rupturas en la relación y también incertidumbres sobre las nuevas relaciones. Todo ello debe ser modulado y tolerado por los padres y la terapeuta para preservar y mejorar la nueva relación que se está forjando El cierre de la historia o del cuento, equivale a la fase 5, la instalación de la cognición positiva, evocando experiencias agradables del presente. Se finaliza con una resolución positiva. Viajamos al presente evocando la seguridad, la felicidad del presente, o las conquistas madurativas alcanzadas, así como los aprendizajes logrados por todo el sistema familiar y las nuevas representaciones mentales que se están creando y ensayando dentro del proceso terapéutico. Podemos considera el final de la historia como la traducción terapéutica del vivió feliz y comió perdiz personalizado en cada caso, como en el ejemplo de Antxón. Además de introducir las experiencias y los aprendizajes gratos podemos concluir con cierres como “y descubrió que podía contar todo lo que le ocurriera siempre a papá y mamá”, “el saber que mamá o papá disfrutaban jugando con él, le hacía sentir una gran calma “, “puede sentir que el amor de papá y mamá siempre va a estar ahí”. “Tiene una familia para siempre”


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