101 101 Quiero desaparecer, quiero que el mundo no repare en mi. Solo siento mis sensaciones, que quiero a toda cosa ocultar.
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103 103 CAPÍTULO 6 FLOTO EN EL MIEDO y en la tristeza sin saberlo Los mecanismos adaptativos más flexibles de compartir estados mentales con otros reformulan nuestra herencia evolutiva. Esta reformulación requiere un cambio radical en nuestras teorías del funcionamiento humano para dar lugar a una visión más intensa de cómo el compartir estados mentales a partir del momento del nacimiento cataliza los procesos de aprendizajes socialmente distribuidos de modo que cada generación se apoya en los hombros de la generación anterior. Karlen Lyons-Ruth ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA
104 104 Nos adentraremos, en esta ocasión, en el mundo de David, un niño de 7 años que ha vivido en 3 residencias diferentes antes de llegar al último acogimiento familiar. Hace 4 meses, la familia de acogida y David sufrieron un accidente de automóvil, a la salida de una rotonda. No hubo heridos, aunque si desperfectos serios en los vehículos. Anteriormente David había vivenciado otro accidente a la edad de tres, años cuando su padre conducía ebrio. Este accidente precipitó el desamparo y la intervención del sistema de protección. David se encuentra ausente desde el accidente de tráfico, el escaso interés que había alcanzado en la comunicación con la familia acogedora se ha desvanecido y parece sumido en un mundo lejano al que no llegan los acogedores. Conectar con el mundo interno de David es todo un reto. Sentimos un respeto enorme por el estado de desconexión que le permite seguir sobreviviendo, aunque no le resulte adaptivo en este momento vital. Su cuerpo nos dice todo aquello que no puede expresar con palabras. Nuestra hipótesis es que el accidente ha sido un disparador de las memorias de su familia de origen y de la separación de su núcleo familiar, el único conocido hasta los tres años. La familia acogedora no dispone de mucha información de la historia de David, parece ser que la madre llevaba sumida en una depresión durante años y que el padre alcohólico asumía los cuidados. David ha sobrevivido a una negligencia severa que fue in crescendo con el tiempo. Así fue como llego al sistema de protección. A los 6 meses del accidente fue acogido por una
105 105 familia con la que convivió 9 meses sin llegar a adaptarse. A los 5 años y medio volvió a ser acogido por la familia actual, con la que lleva conviviendo menos de dos años. La cita de Lyons-Ruth recoge la visión de Mary Ainsworth cuando describe el desarrollo desorganizado: “El infante internaliza las distorsiones y omisiones con carga afectiva según se producen en el diálogo entre dos personas y convierte en propias dichas distorsiones y omisiones. Según esta perspectiva, el niño desarrollará representaciones mentales desintegradas y, en último lugar, disociadas o “escindidas” en la medida en que el cuidador no se implique en un diálogo afectivo, simbólico e interactivo “suficientemente integrado” con el niño. Esto ocurre si los padres no pueden reconocer y responder a afectos de apego básicos o si se muestran temerosos u hostiles”. La ausencia de sintonía y reconocimiento de los estados y necesidades de David parece haber sido una constante en su desarrollo. Los traumas sin resolver de sus padres, las pérdidas a las cuales han estado expuestos ambos progenitores, no les han permitido tener la entereza suficiente para hacerse cargo ni física ni emocionalmente de David. La falta de sensibilidad y conexión emocional con las necesidades de David, acompañada por una falta de mentalización tanto implícita como explícita de las necesidades de cada uno de los miembros de la familia por parte del otro, han cubierto y envuelto el desarrollo de David en un silencio abrumador, tanto físico como verbal, que ha impedido su desarrollo y su lenguaje emocional. Karlen Lyons-Ruth nos recuerda que “El cerebro humano no puede desarrollarse y sostenerse sin relacionalidad, la cual es una condición continuamente activa de la vida mental. La formación cultural, que es intersubjetiva en su origen, nos puede llevar con el tiempo a dejar de focalizar conscientemente nuestra atención en los estados mentales de los otros, pero el flujo intersubjetivo básico de leer los estados de los otros y compartir aspectos de nuestras vidas mentales mediante el
106 106 intercambio de señales afectivas e intencionales es una condición de nuestra existencia y no puede ser encendida ni apagada”. Por su puesto que David es capaz de hablar, su prosodia es monótona y carente de entonación y después del accidente, con frecuencia, se desliza en el silencio por espacios de tiempo cada vez más prolongados. El inicio de la intervención pasa por dar un significado sentido a su expresión corporal y facial. Ayudamos a la familia de acogida a poner palabras a la percepción que genera en ellos el lenguaje corporal de David. Se les anima y ayuda a que comiencen a describir la impresión y la sensación emocional que genera en ellos la expresión de David. Tanto el padre como la madre acogedora coinciden en describir la sensación de presenciar a alguien que se encuentra internamente perdido, abatido y tremendamente asustado. Es como si hubiera abdicado y no sintiera ningún interés por nada. Tomar conciencia de los estados emocionales que hay detrás de esa expresión corporal les ayuda a situarse de otra forma ante David. Ahora pueden interpretar su falta de respuesta afectiva de una manera distinta, sin sentirse responsables ni responsabilizar a David de ello. Las representaciones procedimentales no conscientes, no nombradas, implícitas, de la interacción relacional vivida en la infancia constituyen las estrategias de apego, las defensas, en este caso, del apego desorganizado de David. Bollas se refiere a ellas como lo “Sabido No Pensado”.
107 107 En las sesiones, los padres acogedores pueden transmitir a David lo que sus cuerpos sienten al percibir su soledad y miedo. Golpea en ellos esa misma soledad y miedo. En sus ojos perciben las cuencas secas, tristes y cansadas, y unas ganas enormes de cerrar los ojos y dormir y dormir. Cuando Alicia, la acogedora, expresa lo que percibe al mirar a David, este levanta la vista y cruza con ella una mirada fugaz. Es como si fuera la primera vez que sus ojos se han cruzado con alguien y han sintonizado. Su madre toca ligera y suavemente su mano y David lo permite. La energía vital de David parece haber aumentado, ese contacto ha sido revitalizador, como si hubiera abierto una puerta cerrada hasta entonces. Las figuras de apego, mediante su capacidad de sintonía, su mentalización, su sensibilidad y su reflexión, habilidades todas ellas del sistema secundario de la regulación del afecto, van coconstruyendo el sistema regulatorio primario del niño. Volvemos al desarrollo neurofisiológico propuesto por la Teoría de la Regulación del Afecto para describir el procesamiento neurológico de la información emocional. Tanto la información corporal que proviene del tronco encefálico, cómo la información relacional que proviene del exterior se procesa inicialmente de forma implícita en el sistema límbico del hemisferio derecho, primero subcorticalmente de manera inconsciente y después a nivel cortical y preconsciente. Posteriormente la información pasa a través del cuerpo calloso al hemisferio izquierdo para ser procesada de forma consciente. Una vez hecha consciente la información regresa de nuevo a la corteza orbitofrontal derecha donde se integra de forma implícita en la memoria autobiográfica. Este proceso constituye el sistema secundario de regulación. Si las figuras de apego no cuentan con un sistema de regulación secundario, no se desarrollará adecuadamente el sistema de regulación primario en el niño o la niña y por lo tanto faltará la
108 108 flexibilidad requerida para desarrollar un sistema de regulación secundario. Desde esta perspectiva, entre los primeros objetivos se encontrará ayudar a los acogedores en su capacidad de reflexión y mentalización para facilitar el desarrollo de ese sistema primario de regulación en David, para que la corteza orbitofrontal derecha pueda inhibir el impulso subcortical. Y para ello vamos a apelar a su plasticidad. La plasticidad es la base que sustenta toda psicoterapia, capacita y facilita el desarrollo de nuevas conexiones que llevan a nuevos estados, conductas y representaciones. David se hallaba lejos de poder poner palabras a lo sentido, carecía de la regulación suficiente para activar sus estados sin desbordarse. De hecho, la desconexión era fundamental entre sus defensas, hasta entonces la conexión y el conocimiento emocional no habían supuesto ninguna ventaja. Es preciso un nivel mínimo de regulación emocional para asimilar la información implícita somática y que esta llegue al hemisferio izquierdo. Si la información no llega al hemisferio izquierdo, no se le puede otorgar un significado. Se comienza utilizando las ilustraciones en dinámicas conjuntas con ambos acogedores. Tanto ellos como la terapeuta infieren y dan un sentido emocional a las ilustraciones, primero a las sensaciones, luego a las emociones y finalmente a las creencias. Todos sirven de modelo para David. En la intervención se tenía presente una de las ideas desarrolladas por Hobson: “Somos atraídos intrínsecamente a comprometernos en la relación con los otros y a comprender que los otros tienen una mente como la nuestra. No vería estas capacidades como creciendo y menguando en intensidad o como una jerarquía de necesidades de supervivencia básica. En cambio, consideraría la capacidad de cuidar y de participar en las vidas emocionales de los otros como una “característica de diseño del ser humano” .
109 109 Los acogedores, en la interrelación con David, despliegan ampliamente esta capacidad de cuidar y participar en la vida emocional de David. La investigación sobre apego considera que la sensibilidad parental es la habilidad que más se asocia al apego seguro. Lyons-Ruth y su equipo van más allá al considerar que lo que se requiere por parte de los padres para hacerse acreedores de esta característica es su interés constante por aprehender la realidad subjetiva infantil de cada momento (estado afectivo, deseos y capacidad de comprensión) y su esfuerzo por generar respuestas que reconozcan y comenten o elaboren dicha realidad infantil. Consideran el diálogo colaborativo como la capacidad de conocer la mente del otro y de tenerla en cuenta al generar y regular las interacciones. Si no se es capaz de reconocer las iniciativas o comunicaciones del otro, no es posible la regulación diádica. El mayor recurso para captar las necesidades, las preferencias, las habilidades del niño es la capacidad de ajuste en la interacción. Es imposible llegar a conocer totalmente la mente de otro con precisión. Esta dificultad se solventa detectando los errores y malentendidos y corrigiéndolos. Las madres sensibles suelen aportar una serie de opciones con la esperanza de que alguna refleje el estado del niño, como por ejemplo “pareces cansado o te duele la cabeza”. Podemos considerar esta capacidad la base de la empatía; ser capaces de indagar sobre los estados del niño y terminar dando en la diana. Así, las ilustraciones representan caras que comienzan a decirle algo. Al hacer explícitos sus afectos durante las dinámicas, estas dejan de ser representaciones, algunas de ellas puramente procedimentales, carentes de sentido para expresar afectos. Los acogedores utilizan un lenguaje rico cargado de señales no verbales, amplificadas, a las que le otorgan significado.
110 110 Un día cualquiera David se unió vacilando al ejercicio de inferir el significado, dejó de ser espectador y su compromiso innato de comprensión de otras mentes entró en juego. A partir de ahí, se va paulatinamente sofisticando el juego. El siguiente paso consiste en encontrar ilustraciones que se correspondan con el estado emocional de los participantes en la dinámica. El elegido da un feedback si se identifica o no con lo dicho. Se intenta que los padres acogedores sintonicen y hagan explícito, primero con las tarjetas y luego verbalmente, los estados de David, de forma y manera que él pudiera percibirse como visto y sentido. Del “No siento nada en ninguna parte del cuerpo”, pasa a la ilustración de “Dolor en el corazón”. Del “No sé por qué”, pasamos a “Por la tristeza de mamá, a mi mamá le duele el corazón”. “Presión en la cabeza”, se une a “Miedo, mucho miedo, el miedo de mamá cuando mamá tiene miedo”. En un siguiente nivel de complejidad, David es capaz de elegir tarjetas ilustradas y dotarles de sentido desde su propia experiencia. Respecto a las sensaciones, la primera carta elegida es la de “Presión en la Cabeza,” acompañada de la emoción de “Soy feo”, “Me siento feo”, y unido a la creencia negativa de “No merezco que me quieran”. Con respecto a las creencias positivas, David podía atribuirlas a otros. Sin embargo, se requirió de mucho tiempo antes de que David pudiera hacerlas propias. la primera elegida fue
111 111 la ilustración que representa “Soy querido”, “Merezco ser querido”. Cuando no se tiene un sistema regulatorio primario ni un sistema regulatorio secundario suficientemente maduros, no podemos calmar la emoción ni la podemos nombrar ni mentalizar en uno mismo ni en los otros, lo cual lleva a tener que combinar procesamientos tanto descendentes, desde una información más cognitiva, psico educacional, como ascendentes, desde una información corporal, somática, para de esta manera ir logrando una mayor madurez en el sistema regulatorio primario, que nos permita amortiguar el impacto de la conexión con el mundo emocional. Se puede facilitar la apertura del sistema regulatorio secundario mediante la psicoeducación del mundo emocional, despertando la curiosidad por las emociones y sus funciones, presentándolas, conociendo sus características. Con ello se facilitan esquemas mentales de uno mismo y de los otros para llegar a mentalizar estados propios y de los otros. Esto proporciona cierta sensación de control, de dominio; “lo que nombro, lo domo”. De este modo, lo sentido y no sabido deja de ser desconocido y nos podemos acercar a lo implícito procedimental para ir regulándolo. Para ello se pueden utilizar bien recursos fisiológicos que regulan el nivel de activación véase la respiración diafragmática y la coherencia cardiaca e incluir también terapias centradas en el trauma del tipo EMDR que permiten desensibilizar memorias procedimentales dependientes de estados. Las memorias siempre son impulsadas por los estados emocionales ya sea de forma consciente o inconsciente. En el plan de intervención terapéutico de David, a medida en que ha ido disponiendo de un lenguaje emocional suficiente, se ha ido organizando un esqueleto narrativo que facilita procesar su historia de negligencia y abandono en sesiones de terapia de narrativa de EMDR. Los padres acogedores han sido capaces
112 112 de ofrecerle una narrativa sentida y coherente, conteniendo y calmando su dolor. Se han dedicado sesiones a desensibilizar el estrés crónico y continúo experimentado por el miedo a ser abandonado y se han procesado memorias de sus experiencias traumáticas. Antes de procesar el accidente más reciente que le ha traído a terapia, ha sido procesado el accidente que sufrió con su padre a los tres años, y que precipitó su salida del núcleo familiar. Accidente y abandono habían quedado intensamente ligados. Cuando se procesa ese accidente acompañado por la familia de acogida, David es capaz de acceder a la emoción de miedo, a la creencia negativa “Voy a ser abandonado”, “No merezco ser querido” y se abre a la posibilidad de lo que le gustaría llegar a corporizar como creencia positiva: “Merezco que me quieran”, todo ello acompañado de la sensación de “Cabeza embotada”. Podemos ver como el trabajo previo facilita enormemente esta fase y permite que David, acogedores, y terapeuta se mantengan en sintonía y conectados sin recurrir a objetos e instrumentos que pueden propiciar la dispersión mental y dificultar los estados de conexión. No siempre los padres o cuidadores disponen de tiempo y de una disposición emocional motivadora y constante para seguir fortaleciendo sus recursos como figuras de apego. Llegar a las representaciones procedimentales implícitas es dar con la semilla de los modelos de trabajo interno. Para Alan Shore las experiencias sensorio-somáticas quedan grabadas a nivel de memoria procedimental. Esta memoria tiene su asiento en el hemisferio derecho y se relaciona de manera directa con los componentes no verbales de los modelos operativos internos. El concepto de Modelos Operativos Internos (MOI), desarrollado por Bowlby, se enriquece con la aportación
113 113 de la memoria procedimental desarrollado por Tulving en 1985. Bowlby usó el término “vías evolutivas”. Desde esta perspectiva, la personalidad se desarrolla transitando a lo largo de una u otra vía. Todas las vías son potencialmente posibles. Según Mary Ainsworth, lo que más determina una vía de desarrollo es la respuesta sensible o no sensible del cuidador. A partir de aquí los MOI recogen las representaciones de los diferentes cuidadores y en las distintas etapas madurativas. Por lo tanto, se pueden formar múltiples MOI que pivotan respecto a dos ideas claves; si es seguro recurrir a los otros y si uno es visto como alguien valido. Bowlby propone que los MOI pueden ser cambiados a lo largo del ciclo vital, basándose en los principios de acomodación y asimilación de Piaget. Cuando las percepciones actuales no encajan con los MOI iniciales, se tiende a acomodar a la nueva información, lo cual redunda en la modificación del MOI. Sin embargo, si las nuevas experiencias relacionales se desatienden y se asimilan a la percepción inicial de los MOI antiguos, las nuevas experiencias son vividas como las antiguas, fomentando los viejos MOI. Para permitir la acomodación es necesario un sistema flexible que, ayudado por la reflexión, facilite esa integración de las nuevas experiencias. Podemos decir que las experiencias por si mismas no son suficientes, se precisa de la reflexión sobre esas experiencias. Sin embargo, esto requiere de un proceso muy lento y tampoco parece ser suficiente. La vivencia relacional queda codificada fundamentalmente en las representaciones procedimentales implícitas que podemos considerar como no conscientes. Tanto la investigación como la observación clínica están mostrando, tal como recoge Lyons-
114 114 Ruth, que el desarrollo no se produce única o primariamente por un movimiento que va desde la codificación procedimental hasta la codificación simbólica o desde las formas de pensamiento preverbales a las verbales. Las formas procedimentales de representación no se dan únicamente en la etapa infantil, sino que son intrínsecas a la cognición humana en todas las edades, y subyacen a muchas formas de acción, incluyendo la interacción social en la intimidad. Aunque la elaboración de formas simbólicas de pensamiento, que incluyen tanto imágenes como palabras, es capaz de reorganizar y dotar de significado a la percepción y al saber implícito relacional, como lo denomina Stern, esta re-transcripción del saber relacional, implícito al conocimiento simbólico es laboriosa y no es propia de la interacción relacional que se basa en el afecto. Realmente, no llega alcanzarse plenamente y no es suficiente para que se produzcan cambios en los MOI del saber relacional implícito. Las últimas investigaciones sobre el desarrollo y funcionamiento de la memoria tienden a considerar que los sistemas procedimentales del saber relacional se desarrollan en paralelo a los sistemas simbólicos, es decir, son sistemas separados que se influyen mutuamente mediante múltiples conexiones. Diferentes corrientes terapéuticas parecen coincidir en el hecho de que la vinculación y las interacciones relaciones entre el paciente y el terapeuta, en un contexto seguro, son decisivas en el proceso de cambio del conocimiento implícito, ya que propician la vivencia de una interrelación sintónica, donde uno se siente visto, percibido, sentido, respetado y validado de forma implícita. De tal modo que “lo explicito se pueda hacer implícito”, recordando la preciosa aportación de Allan Score. No es suficiente con saber que eres querido y cuidado, hay que llegar a sentir esa experiencia de comunicación resonante en la díada relacional, donde la figura más adulta se adapta a las necesidades madurativas y emocionales de la más joven. En
115 115 el caso de los niños y adolescentes lo ideal es que esto ocurra más allá del espacio terapéutico con las figuras de apego o cuidadores. Desde una perspectiva clínica se puede intuir que el procesamiento de memorias traumáticas mediante emdr y la instalación de nuevas experiencias satisfactorias parece facilitar la flexibilidad y favorece la acomodación. Los padres acogedores de David han emprendido un trabajo terapéutico personal e individual con el anhelo de favorecer el cambio en sus propios MOI, que recogen el saber procedimental relacional implícito de su infancia, para así poder brindar a su hijo acogido una interrelación abierta y disponible que le permita conectar con su mundo emocional mientras experimenta “estando con” que sus estados son calmados, regulados. De este modo se llega a instalar en David, mediante la Estimulación Bilateral (EB) táctil de EMDR implementada por los padres, experiencias de sintonía emocional y co-regulación, al mismo tiempo que progresivamente se va acercando a experiencias antiguas de abandono y negligencia afectiva, las cuales podrán ser desensibilizadas y reprocesadas al conectar con las nuevas experiencias de apego, seguras, cálidas y sensibles, aportadas por la familia acogedora y la terapeuta. Estas nuevas experiencias están facilitando ese tránsito de lo que ya sabe a un nivel cognitivo, pero que cuesta tanto sentir y percibir, a nivel físico somático sensorial. Este tránsito de lo explícito a lo implícito es lo que le permite lograr decir: “Merezco ser querido”, “Siento que soy querido, en el corazón”. Todo ello acompañado de una adecuada interacción con los acogedores: miradas que regulan yendo y viniendo, alejándose y permitiendo que sea David quien marque el ritmo. Y los
116 116 acogedores, sin prisa, sin frustrase ante el paso tambaleante del niño, van acoplándose cada vez mejor entre ellos, y así, el paso fluye. En esta danza afectiva, la terapeuta es también parte del baile donde los bailarines van ganando sincronía y aprenden a volver a ella cuando se pierde el ritmo. Las ilustraciones han sido de gran ayuda para facilitar la retranscripción de las representaciones implícitas al mundo simbólico, para que posteriormente fluyeran las palabras, dejando de ser algo sólo simbólico y transformándose en vivencia sentida, conocida y expresada. Las tarjetas, de nuevo, han contribuido en ese proceso de enlazar, de unir, de salvar la distancia a lo no accesible y permitir que emerjan palabras. Lo implícito y lo explicito, lo ascendente y lo descendente, se combinan y se van configurando. Todo ello constituye nuestro funcionamiento humano, donde lo relacional nos caracteriza como seres sociales que aprendemos y nos formamos en contacto con otros.
117 117 No solo desahogo mi pesadumbre ante una perdida ya sea un objeto preciado o una personan querida, también busco tu mirada y empatía, ayúdame a manejar mi malestar y mi dolor. Cuida mi aflicción, el tono de mi voz se llena de congoja, mi cuerpo decae. Si, lo sé, arrastro y contagio mi pesar para movilizar solidaridad. Si no me acompañan en mi dolor este se prolongara y me arrastrara a la melancolía y la depresión, se evapora la energía y por eso resulta tan difícil manejar la melancolía, no me abandones en mi tristeza.
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119 119 CAPÍTULO 7 ME DESARRAIGO para proteger a mi familia, soy su esperanza. ¿Por qué saltaría a la balsa? Nadie en mi familia se lo esperaba, no saben dónde estoy. (Palabras de un menor migrante no acompañado) ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA
120 120 ¿Por qué saltaste? Levantó la vista y no fueron necesarias las palabras. En su mirada se expresaban desde el estupor por la pregunta, hasta la angustia de hacerse responsable de su familia, pasando por el miedo y la incertidumbre. Lo peor es que ahora no se podía plantear volver, como ninguno de sus compañeros. Volver a casa es más que un fracaso, es una traición, es tragarse las esperanzas de los que han quedado allí, su familia y su pueblo. Y quedarse aquí es enfrentarse al rechazo, a la supervivencia en una tierra que nadie considera que sea suya, con normas y valores ajenos que le escupen desde el sistema de protección o desde la calle. Todo es contradicción y desafío. ¿Cómo integrar todo esto sin dejar de ser quién es?, ¿sin perder su humanidad intrínseca y no acabar en la defensa y el desprecio del mundo que le rodea? Reconocer al niño que salió de casa resulta difícil. Esta es la exposición de una intervención grupal con menores migrantes no acompañados que moviliza muchas emociones, algunas de ellas contradictorias entre si. Durante la intervención y ahora mismo al volver a mirar y reflexionar sobre todo lo vivido en ese entorno terapéutico me cuestiono muchas cosas. Las palabras de Kurt W. Fisher flotan en el ambiente terapéutico “las personas carecemos de una mente integrada y básicamente lógica. Por el contrario, disponemos de múltiples sistemas de control que operan espontáneamente por separado, aunque potencialmente podamos conseguir que en un momento dado muchos de ellos se coordinen y se integren”. Al pensar en estos jóvenes no acompañados, en su presente, esas palabras cobran más fuerza y significado. ¿Funcionar con una
121 121 mente integrada y lógica está a su alcance, en ese momento? A mi misma me resulta difícil mostrarme lógica. La mayoría de edad administrativa no nos confiere la cualidad de ser adultos. Los aportes científicos sobre el desarrollo neurológico nos dicen que el cerebro sigue madurando hasta bien entrada la treintena. Casi todos los miembros del grupo de la intervención rondan los 17 años, llegar a los 18 años es un presagio negro. A algunos de ellos les faltan escasos meses para alcanzarlos. Mirar ese futuro inminente es como si se abriera un agujero negro que tan solo pensarlo los devora y los sume en estados insostenibles de manejar por sí solos. Muchos de ellos se debaten entre escaparse antes de que llegue ese momento o esperar a que pasen los días sin que los consuma la desesperación. Las expectativas no son buenas en ninguno de los casos. Cumplir 18 años supone para casi todos salir a la calle sin permiso de trabajo, se termina la protección social y se encuentran en una exclusión social con muchas posibilidades de ser fagocitados por ella si no cuentan con apoyos hasta alcanzar una autonomía. Algunos de ellos, los que aún tienen capacidad de soñar y proyectar un futuro mejor, no se resignan a que este sea su último destino migratorio, e intentan construirse la esperanza de llegar a Alemania o a Italia. Volver a desplegar las alas migratorias es su única esperanza. Mientras te cuentan sus futuros viajes, intentan hacer verosímil sus ilusiones, sus rostros reflejan a la vez la incredulidad de los sueños rotos y la esperanza forzosa de lograrlos. Son jóvenes, así que al momento siguiente conectan con otros estados, con sus ganas de salir, de distraerse. Ante todo, quieren salir, que llegue el momento del tiempo libre y poder ir más allá del edificio de protección. Es difícil no sentirse preso en esos edificios. La mayoría procede de entornos rurales de
122 122 Marruecos, su hogar es tanto su casa como el espacio abierto que la circunda, y aquí están aprendiendo a manejarse en un mundo nuevo con límites muy estructurados, con un exterior que en ocasiones puede mostrarse agresivo y nada acogedor. Se ven obligados a adoptar este nuevo espacio desconocido como su nuevo hogar. Algunos cuando salen, nada más poner un pie en el exterior se dan de narices con las pintadas que exigen ser desalojados del municipio. “Iros, no os queremos aquí”. Sus familias los empujan a buscar la seguridad y a garantizarse una mejor supervivencia, tanto para ellos como para los suyos, y a la vez aquí se sienten no queridos. Es un hecho que, aunque no se les llegue a transmitir verbalmente, implícitamente se les está sugiriendo que estarían mejor en sus casas. En sus expresiones podemos adivinar “y vosotros ¿qué podéis saber?”. Sus casas forman parte de un sueño perdido en las pesadillas del viaje hasta llegar aquí. Muchos de ellos han viajado durante varios meses, algunos más de un año, no lo saben precisar bien, el tiempo se tambalea y confunde. Si, realmente siento que mis experiencias son tan diferentes que sé muy poco de su mundo y de lo que han podido vivir. Todos ellos han vivido situaciones complejas y traumáticas Todos comparten la salida de casa ilusionados y abrumados, la incertidumbre del viaje impregnada con la aureola de triunfo, su travesía por tierra, mar, camiones y sus bajos. Las familias se agarran a ellos como un salvavidas. Muchas de ellas han depositado en ellos, tanto sus ahorros, como sus esperanzas, llegando a endeudarse para que pudieran realizar esa travesía. Bajos sus hombros pesa la ayuda que esperan recibir sus familias y sus aldeas. En algunos casos proceden de zonas en guerra, han migrado y viajado por un tiempo que les resulta difícil precisar, meses, incluso más allá de un año. Las experiencias han sido terribles, han perdido vínculos, amigos, familiares y la infancia a lo largo del viaje.
123 123 Se intervino con estos chicos en un espacio temporal muy concreto, a los pocos días o meses de su llegada al país, cuando todo estar por definirse, decidirse, delimitarse. Ante el desconcierto, la presión por adatarse nada más llegados, todo el placer con el que cuentan se traduce en agarrarse a los escasos momentos agradables que les puede otorgar su condición, las excursiones programadas desde el centro, las salidas, el contacto con sus familiares. Muchos de ellos están aún adaptándose a la residencia a la que acaban de llegar, edificios que se han adecuado para alojarlos. Aunque la prioridad de la administración, dado el nivel de desbordamiento ante las oleadas de migrantes, es la de cubrir sus necesidades básicas, en este caso, nos encontramos con una administración y una dirección con una sensibilidad y motivación muy alta como para promover y organizar una intervención terapéutica que les ayude a superar el shock inicial y facilitar a los terapeutas, instalaciones, traductores, mediadores culturales y el apoyo de educadores especializados para llevar a cabo la intervención terapéutica grupal prevista. Esta intervención busca ayudarles a desensibilizar el estrés continúo vivido desde que salieron del hogar familiar y que puedan manejar mejor sus estados de ansiedad. Se les explica que la intervención puede ayudarles a que disminuyan las pesadillas y la alerta constante que acompaña a casi todos, salvo a aquellos que están demasiado colapsados, superados por las experiencias y que presentan un estado abotargado y ensimismado, en cuyo caso la misma intervención puede ayudarles a sentirse más corpóreos y presentes, con más energía. Como hemos dicho, se agarran a los escasos momentos agradables que les puede dispensar su situación, el tiempo libre, las salidas son muy apreciados. Sacrificar esos escasos momentos de distensión por una intervención psicológica que les promete un no sé qué, cuando ya han visto tantas promesas y esperanzas
124 124 rotas, es enormemente sorprendente. Algo interno, vital, muy fuerte les empuja a perder varias salidas y su poco tiempo libre para estar con un grupo de psicólogas, ajenas su mundo que sin embargo llegan a su sufrimiento. Los mediadores interculturales son una pieza clave, son el nexo que puede transcribir los mundos simbólicos de los jóvenes a nuestros propios símbolos. Afortunadamente, uno de los mediadores culturales tenía un vínculo increíble con ese grupo de adolescentes. Es una figura con ascendencia sobre ellos, su opinión es valorada, comparte su origen, sus valores religiosos, sus arquetipos culturales y su historia de trauma. Él también se vio obligado a salir de su casa natal, de su país de nacimiento para abrirse a nuevas oportunidades. Su historia les reconforta, les otorga una esperanza que quieren albergar, quizás ellos… algún día… también. Además, el mediador valora positivamente el trabajo terapéutico que se lleva a cabo, es consciente de que toda ayuda que disminuya el malestar, la angustia con la que conviven en su día a día, es buena para ellos. Todo un reto, un grupo de 25 adolescentes. El grupo se mueve, como no cabría esperar de otra forma, de manera grupal. Solo se tienen los unos a los otros y son demasiado jóvenes para contenerse y regularse adecuadamente entre ellos. Formar parte del grupo y ser el grupo, aunque acabes de llegar, es imprescindible. Ser visto por los lideres del grupo y que estos te consideren uno de ellos es vital. Si estás solo, dolorido, asustado, terriblemente asustado, alejado de tus padres y dentro de ti late una pequeñez e indefensión extrema que no puede permitirse ser vista ni nombrada, ser acogido por el grupo es más que vital. El grupo cuenta con dos buenos jefes que presienten alguna ven - taja en la intervención que se les propone y se adhieren a ella.
125 125 Las psicólogas somos presentadas como voluntarias no se buscan nada estando allí junto a ellos. Tan solo se cultiva la esperanza de poder ayudarles porque todos han vivido experiencias terribles para llegar aquí, entre ellas el hecho de haberse alejado de sus familias. Para un joven de 15 o 16 años, la edad que muchos de ellos tenían cuando salieron de casa, marcarse la meta de sobrevivir para ayudar a sus familias es un peso ingente. Quizás porque no estaban acostumbrados a que se les hablara así, se contó con su atención. Se les fue describiendo el plan de trabajo. El reto estaba ahí, llegar, además de al grupo, a cada individuo, a cada uno de ellos de forma individual. En primer lugar, manejar el mismo lenguaje, aunque los idiomas fueran distintos y los constructos también. El tiempo limitado con el que se contaba jugaba en contra. ¿Cómo hacerse con la historia individual de cada menor y llegar no solo al grupo, sino también a los estados indefensos y colapsados de cada uno de ellos, que presidian el aula de manera abrumadora? Se introdujo a las ilustraciones. El mediador, con sintonía y pericia, pone ejemplos personales de situaciones en las que ha sentido esas emociones y sensaciones o ha llegado a esos pensamientos positivos y negativos. Entre todos los participantes se elabora una historia completada con los retazos que cada uno trae de su propia vivencia. Las ilustraciones ayudan a conectar con la experiencia interna, cada uno va eligiendo una ilustración de las emociones que han podido vivir conforme construyen la narrativa compartida.
126 126 “Había un chico que abandonó su pueblo, sentía cosquilleo por todo el cuerpo, la excitación era tan grande que reía y sentía miedo al mismo tiempo. Después de andar y andar, por fin se subió a una balsa”. “La cabeza me daba vueltas, soy una mala persona si no consigo ayudar a mis padres”. “Llego a tierra, me agarro a la parte baja de un camión. No sé si tengo miedo, solo sé que no puedo confiar en nadie, puedo soportarlo solo, estoy solo”. Las creencias positivas no están presentes en ninguno de ellos. No acceden a ninguna creencia positiva. Sin proyección de futuro, simplemente no encuentran futuro. Más duro que mirar hacia atrás es mirar hacia delante, hacia un futuro cercano más inseguro y cargado de malos presagios que el presente inmediato. Hacerse con las tarjetas, mirarlas, desecharlas, elegirlas, reírse de ellas… va creando entre todos, allí presentes, unas sensaciones intensas de camaradería. Todos han vivido lo mismo, todos están solos, experimentan emociones similares y se sienten atrapados por las mismas obligaciones. las terapeutas son. integradas en ese grupo compacto que hace de contenedor y propicia que se desnuden, que se abran y muestren tanto sus heridas emocionales como físicas, las cicatrices testigos mudas de su éxodo. Conforme avanzan los días, comienzan a vislumbrase los niños que han sido, cada uno tiene su historia. Se intuye que dentro de ellos laten niños queridos, cuidados, inocentes, espontáneos, ingenuos, llenos de vida, con brillo en los ojos, amantes de sus padres, de su clan, criados para ser entregados, honorables a su familia y a su pueblo. ¿Y ahora? Ahora están tan desorientados, tan perdidos y asustados, forzados a forjarse una armadura dura, insensible.
127 127 Vuelven las palabras de Hobson: “Consideraría la capacidad de cuidar y de participar en las vidas emocionales de los otros como una característica de diseño del ser humano”. Espero que llegue el momento en el que los seres humanos mostremos plenamente esa característica propia y potencial de cuidarnos y que esa característica de nuestra humanidad se vea reflejada en las políticas y medidas sociales, tanto a pequeña escala como a escala internacional. Que lleguemos a vernos como lo que realmente somos, miembros de la misma humanidad. Que la interrelación nos permita la colaboración no solo a nivel institucional, sino también entre los pequeños grupos de trabajo donde podamos compartir y aprender de las experiencias de humanidad que cada uno despliega, donde los individuos no se pierdan entre programas y protocolos. Las ilustraciones permiten aunar el lenguaje, entenderse y al mismo tiempo facilita la conexión con la experiencia del trauma, trauma que no ha terminado, que sigue manifestándose en el presente. También facilitan adentrarnos en el objetivo terapéutico, e intervenir con el protocolo grupal diseñado para al estrés continuo de EMDR de Ignacio Jarero y Lucina Artigas. Buscamos desensibilizar el estrés experimentado desde que salieron de sus casas hasta el momento actual. A lo largo de todos estos meses han estado expuestos a una situación extrema de estrés y alerta que continua en el presente. Se les pide que visualicen y dejen correr una película desde que salieron de su hogar hasta la fecha actual y que se queden con el peor momento y realicen una representación de ese momento en un dibujo. A partir de ahí, realizan series de 4 dibujos y terminan con un dibujo sobre lo primero que les llega al pensar en su futuro. Se les solicita que intenten resumirlo en una palabra o frase. Los dibujos aportan información sobre cómo se van moviendo los recuerdos con la carga emocional que conllevan y,
128 128 antes de pasar al siguiente dibujo, realizan estimulación bilateral utilizando el abrazo de la mariposa. A partir de ahí, tres días intensos, muy intensos, en los cuales me llegue a sentir como una invidente en un mundo emocional tan distinto no solo al mío, sino también al mundo con el que trabajo en consulta, aunque la intervención sea con trauma complejo. Nuestra única guía, la percepción emocional, el intento de inferir el choque emocional de todas las expresiones, de todo aquello que se mueve en ellos, de los movimientos tumultuosos, con crestas puntiagudas y oleadas más suaves, que resuenan en todo el equipo, las sensaciones que resuenan en el cuerpo. No resulta fácil, sus experiencias están tan alejadas de la comodidad de nuestros despachos, que solo la resonancia emocional y una suficiente sensibilidad y reflexión nos permiten hacernos una idea de sus vivencias y empatizar con ellos en su desesperación. Ningún miembro del equipo terapéutico es ajeno al movimiento incesante, al oleaje emocional en el que se está inmerso. Regular en nosotros ese tumulto emocional, con nuestros propios recursos autor regulatorios y con la ayuda mutua que nos proporcionamos no solo nos calma a nosotras mismas, sino que esa calma se extiende por toda la sala y ayuda a que los jóvenes puedan confiar en que toda ola, por intensa que sea, termina en la orilla, que toda emoción tiene su pico máximo y desciende hasta desaparecer. La sintonía emocional, junto con el despliegue de toda nuestra capacidad de simbolizar, más la ayuda inestimable del traductor mediador intercultural, nos permite dar un sentido, inferir sus vivencias, y ayuda a los chicos a poner primero imágenes, en los dibujos, y luego palabras, en las creencias positivas de futuro, que tanto tardan en llegar, que asoman vacilantemente. Se puede observar cómo esa corriente tímida de esperanza también se transmite a aquellos que no pueden acceder espontáneamente a sus propias creencias positivas. Las neuronas
129 129 espejo representan, captan lo que asoma en el compañero y la mano lo imita, asimila, copia y dibuja resoluciones de los compañeros. Y ¿por qué no? Es una forma de permitirse rozar esa idea positiva de que algo bueno está por venir, quizás algo bueno está ya pasando ahora mismo. Aquí, ahora, están viviendo un nivel de seguridad y de interrelación impensable en los últimos meses. Cuando se indagó a través de sus educadores sobre cómo se habían encontrado y sentido posteriormente a la intervención, se encontraron mejorías concretas en el estado de ánimo, desaparición de pesadillas, mejoraron en las relaciones, más asertividad entre ellos, etc. Finalmente, los datos de control mostraron que en aquellos chicos que manifestaban sintomatología relacionada con la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático, se observaron mejorías estadísticas significativas en las pruebas de control suministradas, consolidando la efectividad terapéutica de la intervención realizada en el estrés migratorio con menores no acompañados. “Si la miseria de los pobres no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, grande es nuestro pecado.” Charles Darwing
130 130 Curiosa emoción que busca dejar clara la superioridad sentida ante los demás. Sé testigo de mi poder, mi fuerza, mi riqueza o mi alta moralidad. Aún así no necesito alejarme de ti, solamente ostentar mi desdén. Estoy en la escala más alta de mi pirámide social. Un buen como compañero de viaje el asco puede ser. Entonces mi desagrado es tal que me alejo de ti, no tolero tu presencia.
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133 133 CAPÍTULO 8 Y LAS ESTRELLAS se apagaron Pero ese instante sudoroso de nada acurrucado en la cueva del destino sin manos para decir nunca sin manos para regalar mariposas a los niños muertos Alejandra Pizarnik ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA
134 134 Inés era una niña de 7 años, sensible, infantil, con miedo a la obscuridad y los monstruos, que desconocía que los monstruos se engalanan y engominan y sonríen con ojos de un depredador. Lo que no sospechaba es que el papá de su papá que hacía menos de un año que había retomado el contacto familiar, después del divorcio 20 años atrás, fuera alguien peligroso que fuera a trastocar su infancia y su vida de esa forma. Su abuelo la recogió después del colegio y la llevó a su casa a merendar. Lo que ocurrió después está confuso y teñido de niebla y olores, algo que despierta en Inés una sensación de asco y confusión. El abuelo con su sonrisa habitual que ahora le resulta escalofriante y fría, la acompañó a la puerta, la subió al automóvil y la llevó hasta la acera de enfrente de su casa. Inés se bajó del automóvil en una especie de bruma, sus piernas se movían y la trasladaban de forma autómata. Su abuelo la dejó en la acera, e Inés no sabe si cruzó o no, recuerda un frenazo, el olor de frenos, un grito, que aún la aturdió más y a su madre gritando. Llegó hasta su casa, se sentó en un sillón, o eso cree, no recuerda nada más, llorar, quizás llorar. Todos dieron por sentado que su estado de shock se debía al susto recién recibido por ser casi atropellada. A los días fue capaz de contarle a su madre, no sabe muy bien cómo, algo que había pasado, porque aún no puede comprender bien que es lo que sucedió. Recuerda la cara de su madre, sus lágrimas en silencio, como su mamá la cogió en brazos mientras lloraba y enjugaba su llanto. Después su mamá se encerró en una habitación con su padre y vuelven a ella los gritos de su padre y como repetía una y otra vez, no es posible, no me lo puedo creer. Su padre salió de la habitación, gritando a Inés: “no puede ser, dime que no, que eso no ha ocurrido”. Ella no sabía muy bien qué había ocurrido y qué no había ocurrido, pero si veía que su padre no la creía o no quería creerla.
135 135 A las dos semanas se declaró la pandemia y su vida cambio aún más; no había clases, ni escuela, ni amigas, nada de nada, solo ese dolor de estómago. Dejó de comer, dejó de levantarse de la cama, comenzó a vomitar y a no dormir. El mundo no era seguro, le atemorizaba el virus, su padre, sus hermanos, todo. Todos, salvo su madre eran un peligro potencial. Menos mal que estaba Diana su gata, ella si podía acercarse, acariciarla, el juego con Diana se convirtió en un ritual relajante. Todos esos meses son una continuidad sin límites claros. La vieron médicos, hablaban de somatización, poco a poco se comenzó a interesar por las clases, retomó las clases online. Sus días eran monótonos, en realidad como los de todos, la diferencia está en que ella no quería que nada cambiara. Era una fortuna no tener que acudir a clase. Asistir online al Colegio era una ventaja, en su país no se habían retomado las clases presenciales y ella daba por hecho que nunca ocurriría. Se había acomodado a una vida rutinaria sin sobresalto donde todo estaba controlado. Se relacionaba con su familia prácticamente en exclusividad. Sus padres y hermanos estaban muy preocupados, no veían como romper esa monotonía en la que se movía en busca de una seguridad que no llegaba a ser alcanzada. El miedo se había instalado en ella, el sobresalto era una constante y el mundo exterior había perdido todo interés. Su mundo lo llenaba Diana, la gata, sus dibujos infantiles tremendamente infantiles y los cuentos y libros y, por supuesto, su madre la única persona que podía acercarse a ella sin sentir miedo.
136 136 La distancia, la diferencia de uso horario y las diferencias culturales eran obstáculos para salvar dentro del proceso terapéutico. Con la pandemia de la COVID19 las relaciones se han visto afectadas y entre ellas también la relación terapéutica. Los terapeutas nos hemos tenido que adaptar, reactualizar nuestra forma de intervenir y afrontar la terapia online. Prescindir del vínculo físico siempre es difícil, sobre todo en la intervención con niños y adolescentes. Cada psicoterapeuta se ha visto empujado a bucear y sumergirse en la creatividad para salvar la distancia física, y no nos cabe duda de que desde esa resiliencia universal cada persona encuentra formas de aprovechar los recursos que tiene o genera nuevos. En mi caso las ilustraciones del libro se han convertido en un recurso compartido online entre terapeuta y los niños, niñas y jóvenes con los cuales he intervenido. Las ilustraciones nos han acercado en la distancia, nos han permitido tocar la misma emoción. Han servido de puente de unión entre pantallas. Surgían como esculturas tridimensionales más allá del espacio físico. La intervención con Ines es realizada en sesiones on online, sin posibilidad de poder tener un encuentro físico en ningún momento. Se mantuvieron dos encuentros con toda la familia, los hermanos, los padres e Inés. Se buscaba cohesionarlos, que Inés se pudiera abrir a ellos, se permitiera la relación con sus hermanos y con su padre. El protocolo empleado fue una adaptación del protocolo grupal para el estrés continuo, el protocolo abrazando la adversidad
137 137 en familia, desarrollado para la intervención familiar durante la pandemia. El primer objetivo planteado era poder ayudar a desensibilizar el estrés vivido en todo el sistema familiar, desde que se produce el abuso, la pandemia, y el cuadro de estrés postraumático de Inés. Se les informó del estrés al que estaban y habían estado todos sometidos desde que sucedió el abuso y como les estaba afectando esa experiencia además de la situación excepcional de pandemia. Era fundamental que Inés percibiera que todos estaban con ella viviendo esta terrible experiencia. La ventaja de esta intervención grupal es que comparten el sufrimiento y los recursos para ayudarse mutuamente. Comenzamos con un ejercicio de imaginación guiada donde introducimos elementos, aportados por la familia, y que sabíamos aportarían seguridad y calma para Inés. Imaginamos estar bajo su árbol frutal favorito, y sentir que las raíces, el tronco y las hojas del árbol le hacían sentir calma y seguridad a todos y cada uno, mientras acompasábamos la respiración, y se cogían las manos entre ellos. Después pasamos a recorrer la película de estos últimos meses. Inés necesitó más tiempo que el resto de la familia para poder pasar esa película desde el abuso hasta el momento actual y elegir el peor momento de esa secuencia temporal. No pudo identificar emociones ni sensaciones. Aun así, acompañada por todos y viendo como todos se implicaban, continuamos y fuimos alternando los sets de estimulación bilateral mediante el abrazo de la mariposa con los dibujos que les iban surgiendo a cada uno.
138 138 Hasta llegar al final, donde cada uno buscaba un recurso que le estaba ayudando a manejar esta situación. Conectaban con las sensaciones agradables que generaba imaginar esos recursos y entonces se instalaban mediante el abrazo de la mariposa. Luego compartían los recursos y veían si algún recurso de los utilizados por los otros les servía a ellos mismos también para manejar la situación. Entre los recursos apareció Diana y la sonrisa de Inés cuando disfrutaba con Diana. E Inés eligió la sonrisa de sus hermanos. Después se le dedicó a cada uno un espacio individual de intercambio para poder situar la intervención y recoger la experiencia emocional resultante. Los hermanos, ambos adolescentes, se llevaban un año entre ellos, prácticamente habían entrado en sus adolescencias cuando sucedió el abuso. Esa experiencia les había afectado de tal manera que esa etapa pueril y el interés normal adolescente por la sexualidad habían quedado suspendidos esperando que llegaran tiempos mejores para poder continuar con su desarrollo. Tras la segunda intervención grupal, todos se encontraban mejor. El hermano mayor se había liberado de la culpa de no haber estado ese día en casa. Inés estaba durmiendo mejor y había participado en juegos de mesa con su familia. Se dio paso a la intervención individual con Inés. En las primeras sesiones la acompañó su madre. Utilizamos el protocolo de estrés continuo mediante dibujos. Una vez pasada la película desde el incidente, cuando tenía que elegir el peor momento, siempre elegía la tarde con el abuelo. En la tercera sesión, el
139 139 dibujo inicial presentado estaba más organizado y concreto, y comenzó a mostrarse más comunicativa. Diana la acompañaba en las sesiones; se instaló el juego y la distensión con la gatita. Paulatinamente fue contando detalles de la vida de Diana y comenzó a hablar de su mejor amiga. En la siguiente sesión se utilizó el mimo protocolo y se fueron dejando a un lado los dibujos. A pesar de la dificultad para hablar de lo ocurrido, se pudo utilizar una versión del mismo protocolo adaptado al desarrollo. Cuando Inés conecta con el peor momento de estos meses, el encuentro con el abuelo puede expresar que lo que siente es confusión, “está confundida, no entiende”. Antes de comenzar se le había mostrado las ilustraciones en la pantalla compartida. Elige la “cabeza embotada”, podría ser también dice “me da vueltas la cabeza”, y añade, “pero sobre todo estoy confundida, no entiendo nada”. Ahí queda al descubierto que falta esa representación y durante la sesión, sobre la marcha, se busca una imagen en internet. La confusión la siente por todo el cuerpo. La mamá es invitada para que hable también de su confusión. La mamá interviene de forma muy adecuada, hablando de su confusión respecto al abuelo, de lo confundido y desorientado que ha estado también papá, de cómo todos sienten esa confusión y desorientación con lo sucedido. “Me siento confundida, muy confundida y asustada, porque no sé lo que la gente puede hacerme, tengo miedo de todos los hombres y me enfado, me enfado con ellos, con mi papá por no creerme”. Volvemos al abrazo de la mariposa, y a continuación elige la imagen del enfado, “estoy enfadada, enfadada con mi papá”. El enfado va cobrando con cada set una intensidad mayor, incluido el malestar físico, así que pasamos a realizar un ejercicio de
140 140 orientación al presente, a conectar con la seguridad del presente. Se le solicita que piense en un momento que le resulte tranquilo, seguro y elige una escena en la que está jugando con Diana. Se le invita a que realice un dibujo de ese recuerdo, realiza un bonito dibujo en el cual está divirtiéndose con Diana. Una vez finalizado, se le pide que conecte con las sensaciones y emociones agradables que le evoca ese dibujo. Diana se cuela por la puerta, como si hubiera sido llamada, se sube sobre sus piernas y se le anima a que se centre en esa sonrisa que ha surgido en su rostro, en las sensaciones agradables que siente mientras acaricia a Diana. Comienza a realizar estimulación bilateral del abrazo de la mariposa. Se va calmando y entonces se le pide que mire durante menos de un segundo el dibujo de esa tarde traumática y volvemos de nuevo a la seguridad del presente, en el cual Diana está en sus brazos. La mamá le realiza los sets de estimulación bilateral y la calma llega. La sonrisa, experiencia de su presente, vuelve de nuevo a Inés. Inés se vuelve a relajar y a sentir segura en ese entorno cotidiano y se le solicita de nuevo que vuelva a mirar el dibujo de esa tarde permitiendo sentir las emociones que le lleguen respecto a aquel día. Levanta la vista y pregunta si puede estar en la pantalla la ilustración que hemos creado de la confusión mientras mira el dibujo. Se le responde que por supuesto, que si le ayuda a identificar la emoción y le resulta más fácil manejarla puede hacerlo, que es estupendo que se dé cuenta de las herramientas que le ayudan en la intervención. Realizamos ese ejercicio de balanceo emocional desde la experiencia del presente, cargada de emoción positiva y seguridad hacia el incidente traumático. Se permite y facilita que sienta, perciba ese presente seguro y se suma la estimulación bilateral; después pasamos a la experiencia del abuso, en la cual dirige la atención al dibujo elaborado al inicio y a la ilustración que representa la confusión. Contactar con este material le lleva inmediatamente a la activación emocional. A medida se va
141 141 realizando el balanceo, la seguridad del presente va cobrando más y más fuerza, en ese mismo instante esa seguridad está corporalizada, en las sensaciones que experimenta con la compañía y el sostén de su madre y el calor de Diana. Esta experiencia facilita, que al dirigir la atención y focalizarse en el recuerdo del abuso, Inés lo pueda tolerar cada vez mejor, hasta que llega un momento en el que expresa que puede mirar el dibujo sin sentir confusión porque sabe que ahora no está ocurriendo. El ejercicio que hemos descrito es una adaptación del método de instalación constante de orientación al presente y seguridad (cipos) elaborado por Jim knipe. Tanto los ejercicios de orientación al presente como el acercamiento emocional progresivo a lo sucedido el día del abuso han facilitado que Inés vaya saliendo de la experiencia de neblina emocional en la que se encontraba y se vaya conectando a la seguridad del presente. En sesiones sucesivas se continuó trabajando tanto a nivel familiar como individual con Inés. No solo recayó la atención sobre la experiencia traumática del abuso y del accidente del que apenas tenía recuerdo, sino que volvía una y otra vez a la pandemia, al miedo al contagio. Después de esto, pudimos realizar sesiones de procesamiento sobre le recuerdo del abuso. Además de las sesiones de procesamiento con Inés, las sesiones de psico educación y de instalación de recursos con toda la familia, en especial con los padres, han sido y siguen siendo muy importantes ya que su vivencia y manejo del covid19 repercute directamente en Inés y en sus hermanos. La motivación y disposición de los padres ha sido una gran ayuda. El papá ha participado, entre otras, en una sesión donde pudo reparar su
142 142 incredulidad inicial. En esta sesión las ilustraciones abrieron la ruta que permitió ir organizando el impacto de la noticia y la experiencia vivenciada por su hija en manos de su propio padre. Las ilustraciones han estrechado la distancia, han permitido construir un entorno psíquico común y de alguna forma han facilitado la conexión entre terapeuta y paciente, a través de las frías pantallas.
143 143 El miedo es como un fuerte viento que nos frena y paraliza, arrastrando consigo todo color, todo matiz, toda creatividad”
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145 145 CAPÍTULO 9 FOMENTANDO la resiliencia familiar “En lugar de factores de riesgo y resultados problemáticos, el trabajo con resiliencia se preocupa por las fortalezas familiares, la adaptación positiva y lo que lleva a mejores resultados para la familia en su conjunto” Fitzgerald, 2010 ESCULPIENDO PALABRAS EN LA ARENA. DE LA IMAGEN A LA PALABRA
146 146 La pandemia nos ha expuso a toda la humanidad a un estrés continuo, que se ha mantenido encadenándose con otros sucesos de influencia global como la guerra y la crisis energética. Los seres humanos nos desarrollamos dentro de sistema ambientales que se entrelazan e influyen entre sí. El circulo más estrecho es el familiar y el más abierto es la globalización, todos se entretejen afectando a las circunstancias de nuestras experiencias e influyendo en nuestros recursos. Entre los círculos de mayor interconexión se encuentra la familia. La familia desde una perspectiva más sistémica es vista como un sistema en el que sus miembros se relacionan y ejercen interacciones recíprocas, las conductas de uno influyen y son influidas a su vez por los demás. El estrés y la adversidad son vividos dentro de la interconexión familiar, los significados atribuidos familiarmente afectan sobre la respuesta global familiar e individual. RESILIENCIA FAMILIAR. Desde la mirada de la resiliencia familiar, cuando las familias son expuestas a situaciones estresantes, es decir cuando las demandas superan los recursos familiares, la familia entra en un estado de desorganización que podemos considerar crisis. A partir de aquí emergen diferentes respuestas que mejoran las habilidades para lidiar con ella o se promueven cambios en los significados y prioridades para adaptarse adecuadamente. El estrés y las dificultades son vistas como oportunidades para fomentar el crecimiento. La familia es percibida como una unidad donde emergen y se generan procesos resilientes. Los procesos e interacciones familiares permiten a la familia salir de esa situación con mayores y mejores recursos para afrontar otras circunstancias adversas. Las investigaciones sobre resiliencia familiar han encontrado procesos familiares que posibilitan la resiliencia; entre ellos están
147 147 el apego, la cohesión y flexibilidad familiar, la comunicación y significados familiares, el tiempo y recreo en familia, rutinas y rituales, redes de apoyo, así como la administración financiera familiar. Quiero destacar dos especialmente, como so; la comunicación y recreación de historias de afrontamiento y esperanza, y el juego y recreo compartido en las familias con niños pequeños. Jugar en familia despierta y genera resiliencia, permite pese a las dificultades, compartir satisfacción y alegría y poderla trasladar a otros contextos. La pandemia provocó un contexto sin igual, donde la resiliencia familiar se puso a prueba en muchos hogares. La regulación del estrés pandémico se produjo en cada unidad familiar con los recursos propios de esa unidad. EL PROTOCOLO “ABRAZANDO LA ADVERSIDAD EN FAMILIA” Muchas asociaciones y colectivos llevaron a cabo intervenciones terapeutas para paliar el estrés continuo al que todos estábamos expuestos. La Asociación EMDR España implantó una red de intervención grupal online. Dentro de esa red, las consultoras de EMDR España de niños y adolescentes trabajamos conjuntamente buscando formas de intervención grupal online. Las necesidades tan particulares nos llevaron a todos los psicoterapeutas a buscar y tratar de idear las mejores intervenciones familiares posibles en línea. El formato grupal con protocolos de EMDR, mediante el movimiento ocular, se ajusta a las necesidades propias de un contexto de estrés continuo, que en el momento de la intervención familiar se sigue experimentando se idearon adaptaciones a la intervención entre pantallas. En las situaciones, en las cuales el malestar se sigue experimentado la red de memoria no se llega a consolidar, la repetición y el mantenimiento de la situación impide que se consolide la memoria, por lo tanto, no podemos hablar de reprocesamiento, sino de desensibilización con el objetivo de
148 148 bajar la carga de malestar y fomentar la funcionalidad y la salud. Dentro de este marco se desarrolla el protocolo AAF (Abrazando la adversidad en familia) para la intervención en estrés continuo en grupos familiares. El protocolo ha sido desarrollado por el grupo de consultoras infantiles de la Asociación EMDR. Este protocolo es una adaptación del protocolo grupal e integrativo de terapia EMDR adaptado para estrés traumático continuado, de Ignacio Jarero y Lucina Artigas. Posteriormente a la pandemia, el protocolo ha ido tomando más cuerpo y ha pasado a formar parte de la intervención familiar. Se ha instalado y ha hallado un lugar destacado cuando se interviene con familias que llevan tiempo expuestas a un estrés crónico o continuo, o cuando llegan familias que acaban de sufrir un hecho traumático reciente y aún están expuestas al estrés desencadenado por el afrontamiento de dicho suceso y el malestar en el día a día del presente. Está siendo también utilizado en unidades familiares donde alguno de sus miembros sufre una enfermedad o accidente con consecuencias irreversibles, lo cual genera un estrés continuo, en familias que han sufrido pérdidas en el contexto del covid, así como en familias acogedoras o adoptivas expuestas a las dificultades del cuidado y la crianza, familias que han acogido refugiados, familias de refugiados, familias en las que alguno de sus hijos ha sido víctima de abusos o violencia externa al hogar, etc. Es decir, en situaciones iniciales o cotidianas post trauma que se repiten sin una seguridad estable, con el objetivo de que la memoria se consolide, dado que, en estos casos, la red de memoria permanece en un estado de excitación constante como memoria a corto plazo. En estas situaciones la Red de Memoria Acumulativa de Exposición al Trauma es tratada como Estrés Traumático Continuado. La intervención con el protocolo grupal nos permite que todos
149 149 los miembros de la familia se vean recogidos en su malestar y sientan que son vistos en sus necesidades, y que esta visión no recaiga solo en el miembro que más ha sufrido. Y, además, permite que todos sus miembros se sientan parte activa de los recursos que ayudan a manejar esa circunstancia. Al no obviar, en la familia, las cualidades de sistema y de grupo cohesionado en el que se inter influyen mutuamente todos sus miembros, los protocolos grupales de EMDR, dejan de ser una intervención individual en un contexto grupal para pasar a ser una intervención familiar. En este contexto grupal, la regulación de los afectos de cada uno se produce dentro del sistema. Supone una oportunidad para que los cerebros adultos de los padres afiancen su capacidad familiar como figuras contenedoras y regulatorias. En la medida que los padres se implican en el proceso y siguen el ritmo que marca el terapeuta, los hijos no solo los acompañan, sino que les van pisando los talones y logran las metas alcanzadas por sus padres, lo cual les sirve de impulso para conseguir las metas propias. La familia se beneficia de la cohesión del grupo ante los estresores comunes y entre ellos se promueve el cuidado y el sostén, sin olvidar quienes son los padres y quienes los hijos. Descripción del protocolo AAF. El protocolo de AAF es un protocolo desarrollado a partir de los protocolos de evento reciente y estrés continuo, considerados intervenciones de baja intensidad, que nos brindan la posibilidad de un abordaje directo y no intrusivo sobre los recuerdos perturbadores vividos, en este caso familiarmente, así como sobre las impresiones sensoriales intrusivas y almacenadas junto a los componentes originales de las memorias traumáticas que generan la hiperactivación simpática. Es decir, en aquellos casos en los que se produce una alta reactividad fisiológica que impide
150 150 un funcionamiento idóneo y una adecuada relación entre los miembros del sistema familiar. El descenso de la activación fisiológica propicia una mejoría en la relación y en el apego familiar. El protocolo AAF pueden ser utilizados dentro de la fase 2, como preparación para posteriores procesamientos, donde se pueden utilizar protocolos grupales o individuales. Se inicia la intervención explicando en que va a consistir la actividad y cómo buscamos a ayudarles a digerir las situaciones complejas que están viviendo como familia. Se les proporciona cinco folios por persona o se les pide que los tengan preparados para realizar la intervención y pinturas de colores. Se les solicita que escriban su nombre, edad y fecha. Y se les enseña la aplicación de la estimulación bilateral que se va a emplear. La estimulación bilateral que se utiliza dentro del protocolo de AAF es autoadministrada, mediante El Abrazo de la Mariposa, creado por Lucina Artigas, en 1998. Desde entonces, este protocolo se ha utilizado para el reprocesamiento de recuerdos traumáticos. Se cruzan los dedos pulgares entre sí, a la altura de la clavícula y se mueven alternativamente las manos, propiciando golpecitos a la altura de la clavícula. También pueden ser utilizada la estimulación bilateral en forma de tapping donde se van dando golpecitos alternos sobre las piernas o en cojín o entre los miembros de la familia. Se instruye a los participantes, en la Escala de Unidades Subjetivas de Perturbación, SUDS por sus siglas en inglés, mediante la cual cuantificamos el malestar que sienten ya sea a nivel emocional o a nivel corporal debido a las sensaciones perturbadoras. Les pedimos que nos digan el nivel de malestar antes de comenzar la intervención. Para ello usamos el lenguaje de los submarinistas o buceadores, indicando con el pulgar si se sienten bien, regular o mal, según el pulgar sea colocado hacia arriba, en horizontal o hacia abajo.