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Published by vigcypug, 2018-10-26 13:26:28

EN TENIDA BLANCA

En Tenida Blanca

Samuel Sánchez Gálvez

Cienfuegos estuvo entre las ciudades donde ello se patentizó
de forma más visible, al punto que en esos años se convirtió
la ciudad en uno de los polos fundamentales de la masonería
cubana. En este período hubo tenidas en las cuales las soli-
citudes de iniciación fueron numerosas. En las tres sesiones
realizadas entre el 5 y el 19 de julio de 1899, ante Fernandi-
na de Jagua se presentaron una solicitud de regularización y
diecinueve de iniciación.177

A tenor de ello, Fernandina y Asilo se convirtieron en dos
de los espacios desde los cuales se perfiló en la localidad la
nueva Cuba. Baste apuntar para corroborarlo que para abril
de 1902, Fernandina era la logia que más gastos de beneficen-
cia e instrucción reportaba en el país, con 738.92 y 135.00 pesos
plata respectivamente.178Mientras, entre 1901 y 1902, Asilo de la
Virtud fue la logia que más miembros tuvo en Cuba, seguida
por Fernandina de Jagua. 179

Para alcanzar tan alto número de miembros entre 1899 y
1902, los talleres también se apoyaron en la política trazada
por la Gran Logia con respecto a las afiliaciones y la obten-
ción de grados masónicos. El 2 de abril de 1899 ante la difícil

177 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, pp. 136-146.

178 La Gran Logia, Tercera Época IV, 12, La Habana, Abril 15 de 1902, p. 8.

179 La revista La Gran Logia informaba el 1º de julio de 1899 que en la Secretaría
de la Gran Logia de Cuba constaba que laboraban en la Isla catorce talleres
masónicos, con cuatrocientos veinticuatro miembros. Dos de esos talleres eran
los cienfuegueros Fernandina de Jagua y Asilo de la Virtud; el primero con
cincuenta y ocho miembros y el segundo con sesenta y nueve. Entre ambos
acogían en la fecha al treinta por ciento de la membrecía masónica del país.
La Gran Logia, Tercera Época I, 3, La Habana, Julio 1ero de 1899, p. 9. En abril
de 1901 la misma revista daba a conocer que en la Isla laboraban veinte ocho
logias con mil trescientos ocho miembros. En la ciudad de Cienfuegos se
mantenían los talleres antes mencionados pero entonces con ciento setenta y
siete y doscientos tres miembros respectivamente, algo más del veintinueve por
ciento del total de los masones cubanos. La Gran Logia, Tercera Época III, 12, La
Habana, Abril 15 de 1901, p. 8.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

situación económica de la Isla, la dirección de la masonería
cubana emitió sus Circulares 1 y 2, suprimiendo los pagos
por los derechos de ascenso al grado de compañero y de
exaltación al de Maestro, así como los de regularización, du-
rante seis meses.180

Entre quienes aprovecharon esta oportunidad que la Gran
Logia les brindaba, se destacan numerosos ciudadanos ex-
tranjeros, entre ellos estadounidenses miembros del ejército
de ocupación.181 En tales casos, por lo común, las ceremonias
se realizaban en inglés, bajo el Rito de York y por lo general,
en Fernandina, eran conducidas por Fernando Figueredo
Socarrás.182 Se evidencia que las logias en esos años combi-
naron el ideario institucional con el pragmatismo en la selec-
ción de sus miembros.

Con relación a los actos de iniciación resalta que, entre 1899-
1902, varios de ellos se realizaran en Fernandina, por una-
nimidad de la logia, según el ritual litúrgico de Viriato Al-

180 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 112.

181 Son ejemplos de estas iniciaciones y afiliaciones los casos de: W. Y. Stamper,
Administrador de la Aduana y Capitán del puerto, (Logia Fernandina de Jagua:
Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 268); Preston Bronw de Kentucky, Oficial
del ejército, (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12,
p. 155); Luis Frank Nijoki, alemán, Práctico del puerto, John Weskey Stone,
de Tennesse, Administrador de Correos y Thomas D. Peterson de Nebraska,
Sargento del ejército, (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones,
Nº 12. p. 245); James Ranben Davis, Telegrafista del ejército, (Logia Fernandina
de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº p. 255); Henry Christian Mayer, de
Nuevaw York, Clérigo en la ciudad, (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas
de las Sesiones, Nº 12. p. 237); Lester E. Getchel, de Nebraska, capataz de carros,
(Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14. p. 29); William
Hackett Kildow, de Maryland, comisionista, (Logia Fernandina de Jagua:
Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14. p. 9); James Thomas Banning, de Londres,
cablegrafista, (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14.
p. 5); Frank Nelly y Frederick J. Shackell de Wisconsin, telegrafistas, (Logia
Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, pp. 14-15).

182 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12. p. 136, Logia
Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p. 282.

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Samuel Sánchez Gálvez

fonso de Covadonga, nombre simbólico de Vicente Antonio
de Castro y Bermúdez, muestra de que el ideario del GOCA
ocupaba un lugar entre los masones de ese taller.183

Los hombres del Cuadro

Se integra al análisis de los criterios de selección empleados
por las logias Fernandina de Jagua y Asilo de la Virtud para
el ingreso de nuevos miembros, el examen de la composición
de sus membrecías entre 1878 y 1902. (Anexo II) Resultó im-
posible efectuar igual estudio, por irrealizable, en las logias
Hesperia, Obreros del Progreso y Convención. En esos tres
casos, las fuentes de las cuales se tomaron los datos de su
membrecía tienen carácter secundario casi en su totalidad y
en ellas no se especifican, de manera regular, los elementos
imprescindibles para ello. Idéntica carencia hallamos cuan-
do las fuentes fueron primarias; a saber las actas de Fernan-
dina y Asilo que reflejan la visita de miembros de esas logias,
la afiliación de alguno de ellos a estas últimas, entre otras.
Comoquiera, se juzgó básico ofrecer las membrecías de esos
talleres, dado que, más allá de los números, ofrecen a los his-
toriadores, investigadores y lectores en general, información
acerca de la población masónica cienfueguera del siglo XIX
e inicios del XX.

En el caso de Asilo, como se apuntó antes, la vía por la cual
se reconstruyó su membrecía fue la de los libros económicos
de los siglos XIX y XX, archivados en la Gran Logia de Cuba.
Dicho camino, amén de tortuoso y pleno de frecuentes inad-
vertencias en los datos personales de los masones de la logia,
obligó a la constante confrontación de cada uno de ellos, y
a desechar cuanto en ellos resultara, siquiera de forma par-
cial ilegible o dudoso. Es esa la razón por la cual, en algu-

183 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12. p. 296 y Logia
Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p.147.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

nos aspectos particulares del análisis realizado a partir de
las estadísticas compiladas, no se ofrece su comportamiento
particular en ambas logias. No obstante lo anterior, el histo-
riador consideró que, en modo alguno, tales circunstancias y
lagunas atentan para que el resultado ofrecido impida deter-
minar un grupo de regularidades presentes en el proceso de
conformación de dichas membrecías.

Durante el período, Fernandina de Jagua tuvo un total de
405 miembros. De ellos, 287 (70.8 %) eran cubanos; 86 (21.2
%) provenían de España, y 32 (8 %), de otros diez países: 12
estadounidenses y 13 de naciones europeas, como Italia con
5, y Francia, Rusia e Inglaterra, con 2 cada uno. De América
Latina militaron en la logia 5 hombres. (Anexo III)

Asilo de la Virtud tuvo 510 miembros, 105 más que Fernan-
dina. Del total de ellos fue imposible determinar la naciona-
lidad de 98, un 19 %. De quienes se determinó la nacionali-
dad, fueron cubanos 247 (60 %) y de procedencia española
147 (36 %). Otros 19 (4.6 %), tenían nacionalidades como la
estadounidense, 10; y la italiana, francesa, portuguesa, in-
glesa y francesa, uno per cápita. Engrosó sus filas esa logia
con 4 miembros de origen latinoamericano. (Anexo III)

En una primera instancia, destaca en el total de los datos que
mientras en Fernandina de Jagua militó un total de 86 es-
pañoles, en Asilo de la Virtud lo hicieron 147, elemento en
correspondencia, en un inicio, con las distintas obediencias
bajo las que nacieron ambas logias y, más tarde, con el nú-
mero de miembros que cada una alcanzó a disponer en el
período. Fernandina, entre 1878 y 1895, tuvo en sus butacas
a 74 españoles un 29.3 % del total de miembros en esos años.
De estos 74 españoles, el 70 % entró a la logia en sus pri-
meros diez años de existencia. Mientras, entre 1899 y 1902,
contó con 12, sólo un 7.8 % de quienes se iniciaron o afiliaron
en ellos.

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Samuel Sánchez Gálvez

Por su parte, Asilo, entre 1878 y 1895, tuvo en sus butacas a
95 españoles -el 34.3 % del total de miembros de que dispuso
hasta esa fecha-, y entre 1899 y 1902, asimiló a otros 52, el 23
% del total de sus iniciados o afilados en esos cuatro años.

Se observa que -más allá de lógicas las disminuciones en el
número de españoles que recibió luego del cese de la sobe-
ranía española sobre Cuba, así como del hecho de que de los
194 iniciados y afiliados por Asilo de la Virtud, entre 1899 y
1902, 44 no especificaron nacionalidad-, esa logia mantuvo,
en los cuatro años de referencia, una tendencia a recibir en
su cuadro a nacionales de ese país. Por el contrario, en Fer-
nandina de Jagua constituyó una regularidad la propensión
a la disminución del número de los españoles, a favor del
crecimiento de la cantidad de cubanos.

Previo a examinar las regiones, ciudades y pueblos de los
cuales procedían los masones de ambas logias, es preciso
acotar que en el caso de Asilo no se especificó el dato en 58
casos. De los miembros cubanos de Fernandina y Asilo, el
56.4 % y el 39 % respectivamente, procedían de la región
cienfueguera; de ellos, en igual orden, el 46.7 % y el 31 %
provenían de la ciudad. De Trinidad, localidad con vínculos
muy estrechos con Cienfuegos, eran el 13.2 % y el 7.2 %, de
los miembros de esas logias. De La Habana y Matanzas pro-
venían 40 masones de Fernandina -13.9 %-, y 23 de Asilo, el
9.2 %. De las antiguas provincias de Camagüey y Oriente,
procedían 24 masones -8.36 %-, de Fernandina y 25 de Asilo
-4.8 %.

El origen de la membrecía de ambas logias en lo fundamen-
tal era urbano, proviniendo un grupo nutrido de ellos de las
más importantes ciudades del país y otro, diverso como con-
junto pero menor en cuanto a las cantidades per cápita, de
las pequeñas y medianas poblaciones, así como de las zonas
rurales de la región cienfueguera. El 78 % de los cubanos

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

de Fernandina era originario de la región central del país,
entonces provincia de Santa Clara. No ocurría así en el caso
de Asilo, datos mutilados aparte, donde sólo el 57.3 % de sus
masones provenían de esa región. (Anexo IV)

Según las leyes masónicas, para iniciarse en la masonería
la edad requerida es de 21 años, excepcionalmente algunos
cuerpos admitían desde los 18. En Fernandina de Jagua, el
47.7 % de sus iniciados o afiliados en el período ingresaron
antes de los 30 años (Anexo V). Entre los 31 años y los 40 se
iniciaron o afiliaron a ese taller el 34.8 % de sus miembros. En
estos dos segmentos de edad se localizó el 82.5 de los inicia-
dos y afiliados a esa logia, entre 1878 y 1902.

En el caso de Asilo, las cifras obtenidas parten del número
de masones de los que se logró determinar dicho dato, que
fue de 370. En ese caso, el 36.7 % de sus iniciados o afiliados
ingresaron antes de los 30 años (Anexo V) y entre los 31 y los
40 años, se inició o afilió al taller el 36.3 % de sus miembros.
A tenor de esas cifras, en esa logia, un por ciento más eleva-
do de hombres, el 27 %, ingresó después de los 40 años.

Más allá de las diferencias en los por cientos entre ambas,
amén de los datos sesgados de Asilo, tal predominio de eda-
des en la membrecía de ambos talleres, revela que fue a ese
segmento masculino, mayoritario en el caso de los cienfue-
gueros, al que le resultó de mayor interés la militancia en la
masonería. Estos hombres entre los 21 y los 40 años, combi-
nando juventud y primera madurez, vitalizaron las labores
de las logias. Por último, el número de iniciados en edades
tempranas en esas logias, junto a los elevados porcientos de
solteros y de quienes comenzaban a abrirse paso en el ejer-
cicio de sus profesiones, oficios o campos de trabajo184 -cues-

184 En tal sentido, al examinar el oficio o profesión que declararon ejercer un
grupo de ellos al momento de iniciarse y contrastarlos con lo que las historias

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Samuel Sánchez Gálvez

tión esta última en la que nos detendremos más adelante-,
pudiera advertirnos que la entrada en la institución, para al-
gunos de estos hombres, constituía una forma de imbricarse
en los espacios sociales de la ciudad.

En lo referente al estado civil de los iniciados, de los 345 re-
gistrados en la logia Fernandina de Jagua, 171 eran solteros,
el 49.6 %. Mientras, de los 426 de Asilo, sólo se obtuvo el
dato referido al estado civil de 197 masones. De ellos 90 eran
solteros, el 45.6 %.

De los 122 miembros que en Fernandina declararon su filia-
ción religiosa, dato obtenido sólo entre los años 1878 y 1882,
la mayoría, el 75.4 %, se declaró católica. Le siguen los que
señalaron su profesión de fe como cristiana, el 22.13 %. En-
tre los fundadores, sólo uno era católico y el resto, se defi-
nió como cristiano. Sólo una minoría se declaró protestante,
el 2.45 %. En el caso de Asilo sólo de trece localizamos su
declaración de credo religioso, número irrelevante. De ellos
diez eran católicos y tres cristianos. Los treinta masones de
ambas logias que se declararon cristianos se identificaron de
manera más radical, en el aspecto religioso, con la tendencia
librepensadora de la masonería. (Anexo VI)

Las ocupaciones, oficios y profesiones de los miembros de
Fernandina y Asilo abarcan un espectro amplio, representa-
tivo de muchas de las profesiones y oficios existentes en la
localidad. La, para los masones, condición obligada de tra-
bajar y la aceptación en las filas de los talleres de una muy
disímil gradación de ocupaciones, constituía un reconoci-
miento al valor del trabajo, con independencia de su carácter
profesional, de negocios, intelectual o manual. Evidencia la

regionales y los textos posteriores al período objeto de nuestro estudio reflejan
sobre los mismos, se observan su ascenso y prominencia en los terrenos
económico, artístico, social y político de la ciudad y región.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

pluralidad de labores ejercidas por los masones de estas
logias, el hecho de que a Fernandina y a Asilo concurrie-
ran respectivamente, hombres de 76 y 79 diferentes pro-
fesiones y oficios. (Anexo VII) Tal diversidad establecía a
ambas como espacios de sociabilidad, donde coincidían,
relativamente armonizaban intereses y laboraban de con-
junto con objetivos comunes, individuos con escasas posi-
bilidades de asociarse de manera similar en otros ámbitos
de la ciudad.

La membrecía de Fernandina, en primer lugar la integraron
hombres vinculados al pequeño y mediano comercio de la
ciudad 151 (37.3 %) -dueños de establecimientos, depen-
dientes, empleados, agentes de negocios, y otros de diversos
puestos, rango y estatus en distintas dependencias. Milita-
ron en esa logia 7 hacendados, (1.7 %) y 25 propietarios, (6.2
%). Varios de esos comerciantes, hacendados y propietarios
representaban en diversos grados a algunas de las grandes
fortunas de la región. Entre ellos ubicamos a Julio Leblanc y
Hernández, descendiente de una de las familias fundadoras
de la Colonia,185 Agustín Goitizolo Digat,186 Miguel Entenza
y Jorge R. Fowler Jímenez.

Luego de 1899, concurrieron en ese taller 3 administrativos y
funcionarios de empresas e instituciones fundamentales de
la ciudad como la del gas, correos y el banco; así como fun-
cionarios de las más importantes instituciones del gobierno
de la ciudad, como la Aduana, 10 (2.5 %).

De los miembros de Asilo no se llegó a conocer las ocupa-
ciones de 91. Laboraban en la esfera del comercio, en idénticas
ocupaciones que los antes referidos en Fernandina, 174 de sus
masones, (34 %). Tuvo esa logia también 7 hacendados (1.4 %),

185 Luis J. Bustamante, op.cit., p. 134.

186 Ibídem, p. 104

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Samuel Sánchez Gálvez

7 industriales (1.4 %) y una cifra menor de propietarios que Fer-
nandina, 13, (2.5 %).

En ese taller fue también pródiga la presencia de adminis-
trativos, funcionarios y empleados del gobierno, 21 (4.2 %)
-correos, acueducto, marina, cajero y secretario del ayun-
tamiento, ferrocarriles, obras públicas, recaudador, entre
otros-, y empleados de la aduana 4 (1 %). Destaca en el caso
de esta logia la presencia de 12 militares del ejército español y,
luego de 1899, la del jefe de la policía, un capitán de la guardia
rural y un general de la Guerra del 95.

En Asilo de la Virtud también militaron varios hombres in-
tegrados a la elite económica de la región. Tal es el caso de
Evaristo y Hermenegildo Montalvo Rodríguez, Fermín Sola,
Martín Rodríguez del Rey y Rodríguez del Rey, Agustín Se-
rice Medina, Francisco Acea de los Ríos, y Wenceslao Cépero
González.

Matiza la composición de ambas logias la presencia en ellas de
un grupo numeroso de profesionales. Vinculados al Derecho,
tuvo Fernandina 26 miembros, (6.41 %), relacionados con la
medicina, tuvo 24 médicos (4.7 %), 11 farmacéuticos, (2.7 %),
2 dentistas, y, vinculados con las profesiones tecnológicas, 5
ingenieros y 3 agrimensores (2 %). Además, formaron parte
de esa logia, 8 maestros, 3 periodistas y 2 ministros protestan-
tes. Entre los representantes de los obreros de alta calificación,
ligados a la industria azucarera, ferrocarriles y otros, estuvie-
ron 11 maquinistas, (2.7 %), 24 mecánicos, (6 %), 2 maestros de
azúcar y 2 paileros.

Por su parte Asilo contó con 9 masones (1.8 %), relacionados
con las labores de Derecho, 10 médicos, (2 %) 7 farmacéuticos,
(1.4 %), 2 dentistas, (0.4 %), así como 1 agrimensor, 1 agróno-
mo y 2 ingenieros. Tuvo ese taller 9 maestros y 5 periodistas, y
vinculados a la industria del azúcar, los ferrocarriles y demás

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

pequeñas industrias contó con 1 maquinista, 26 mecánicos
(5%), 2 maestros de azúcar y 3 paileros.

El análisis de los datos estadísticos permite determinar que
fue en la logia Fernandina de Jagua donde existió una mayor
concentración de de intelectuales y profesionales. Asimismo,
la investigación acerca de la historia individual de esos hom-
bres de Fernandina, objeto de atención en capítulo posterior,
permite aseverar que su cuantía iba acompañada de eleva-
dos dominio, resultados y notoriedad profesionales.

La diversidad de posiciones económicas, profesiones,
ocupaciones y oficios de los hombres que conformaron la
membrecía de Fernandina de Jagua y Asilo de la Virtud -in-
sertados en muchas de las estructuras sociales del período
y, aunque en diferente medida, en los medios políticos, eco-
nómicos, culturales, intelectuales y obreros de la ciudad-,
favoreció la divulgación de los postulados institucionales a
variados niveles familiares, de grupos, pequeñas colectivi-
dades, vecinos, clientes y conocidos de los propios masones
y en cuanta actividad social le fue proporcionado. Ello les
permitió a esos talleres establecer redes de relaciones me-
diante las cuales interactuaron de forma habitual con la co-
munidad, con el resto de las instituciones y organizaciones
masónicas y no masónicas cienfuegueras e incluso con los
órganos del estado.

Las presidencias de los talleres

Las logias masónicas cada año eligen a sus funcionarios por
sufragio directo y secreto. Los puestos fundamentales en ellas,
por orden jerárquico, son los de Venerable Maestro, Primer
Vigilante y Segundo Vigilante.187 Como parte del presente

187 Los puestos oficiales a ocupar en un taller masónico cubano hoy día son los
siguientes: Venerable Maestro o Presidente, Primero y Segundo Vigilantes,

110

Samuel Sánchez Gálvez

trabajo fue reconstruido el total de las directivas anuales de
Fernandina de Jagua en el período 1878-1902, no así, por las
razones harto aludidas, las de Asilo de la Virtud. (Anexo VIII)
Identificar a quiénes ejercieron la presidencia de Fernandi-
na y Asilo en el período, permitió reconocer algunos de los
paradigmas masónicos y ciudadanos de sus membrecías. En
especial nos interesaban los Venerables Maestros, porque con
ellos, máximos responsables de la marcha de los trabajos de la
logia, se identificaba públicamente a la institución.

Fernandina, entre 1878 y 1902, tuvo seis Venerables Maes-
tros. El primero, fue Leopoldo Díaz de Villegas,188 elegido
en 1878 y ratificado cada año hasta 1886 cuando, otro de los
fundadores, José Gregorio Verdaguer y Kiernan,189 luego de
la fusión de Fernandina y Convención, fue investido como
tal en elecciones extraordinarias y ratificado en 1887. En los
años 1888 y 1889, asumió la dirección de Fernandina, otra
vez, Leopoldo Díaz de Villegas.

Entre 1890 y 1895, de nuevo ejerció la dirección de la logia
José Gregorio Verdaguer y Kiernan, con un breve interme-
dio de Ramón G. Castillo, quien, elegido en 1895, renunció
al puesto en febrero de ese año. En 1899, asumió el cargo
de manera pro tempore (de forma temporal) Enrique Edo y
Llop.190 En las elecciones de enero de ese año pasó a ocupar
la dirección de la logia José Fernández Pellón191 hasta abril

Secretario, Tesorero, Orador, Limosnero, Hospitalario, Maestro de Ceremonias,
Primero y Segundo Diáconos, Primero y Segundo Expertos, Guarda Templo
Exterior y Representante ante la Gran Logia. El Venerable Maestro, junto al
Secretario y el Tesorero, son responsables de las gestiones de los bienes de la
logia ante los organismos competentes del estado.

188 Luis J. Bustamante: op. cit, p. 66.

189 Ibídem, pp., 257-258

190 Ibídem, pp., 71-72.

191 Ibídem, p. 83.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

de 1901, en que fue votado como Gran Maestro de la Gran
Logia de Cuba. Le reemplazaría Luis Perna de Salomó.192

Todos ellos fueron intelectuales destacados en la ciudad y,
dos de ellos, en el país. El médico Leopoldo Díaz de Ville-
gas gozaba de prestigio en la ciudad por su labor como tal
y por sus actividades revolucionarias. En 1869 estuvo pre-
so acusado de infidente. En 1879 resultó elegido Presidente
del entonces recién constituido Liceo de Cienfuegos, y en
ese mismo año, y en 1883, 1888 y 1889, Diputado Provincial.
Desempeñó otros cargos sociales en la ciudad y estuvo pro-
puesto para primer alcalde de Cienfuegos en 1899, candida-
tura con la cual no estuvieron de acuerdo las fuerzas inter-
ventoras estadounidenses.

Por su parte José Gregorio Verdaguer y Kiernan se graduó
como abogado en la Universidad de La Habana. Era recono-
cido por sus ideas independentistas. Fue Anotador de Hi-
potecas y luego Registrador de la Propiedad del Distrito de
Cienfuegos. Publicó el periódico mensual Revista de la Propie-
dad, así como varios libros. También presidió el Liceo.

El abogado y notario holguinero José Fernández Pellón
Castellanos era, entre todos, el de mayor realce político na-
cional. Fue Tesorero de la Junta de Gobierno del Colegio de
Abogados en la Habana y miembro de la Junta Central del
Partido Autonomista. En 1898, al implantarse el régimen
autonómico, actuó como Sub-Secretario de la Presidencia.
En diciembre del mismo año fue nombrado Notario de Ci-
enfuegos. Luego de 1902 fue Vocal del Consejo Escolar del
Distrito Urbano y Presidente del Partido Conservador en
la ciudad.

Por último, el médico y orador Luis Perna de Salomó estuvo

192 Ibídem, pp. 180-181.

112

Samuel Sánchez Gálvez

en prisión acusado de infidente por el poder colonial espa-
ñol a inicios de la Guerra de los Diez Años. Muy temprano se
afilió al Partido Liberal, fue una figura cercana a José Miguel
Gómez y estuvo presente en los sucesos del Hotel La Suiza.193
Fue director del Sanatorio de la Colonia Española y del Hospi-
tal Civil, miembro de la Sociedad Médica de Estudios Clínicos
de La Habana y Vocal del Consejo Escolar de Cienfuegos. Era
muy reconocido como autor de textos de su especialidad.

En el caso de la logia Asilo de la Virtud, aunque no se lo-
gró reconstruir la totalidad de sus presidencias, sí fue posi-
ble identificar a sus Venerables Maestros y algunos de sus
Primero y Segundo Vigilantes del período. En el caso de los
venerables el primero entre todos fue el ya mencionado José
Fernández la Masa, le siguió, en 1879, Federico G. Aceve-
do, en 1884, Francisco Otero Cossío, en 1889, Luis Armada
Vázquez, en 1891, Félix Valdés Morillo, y otra vez Francisco
Otero Cossío, de 1893 hasta 1895 y de 1899 a 1902.

De Fernández la Masa ya antes se refirió que fue un oficial
español de la Armada de la Península. Federico G. Acevedo
también era español, de él no se obtuvieron otros datos. Por
su parte, Félix Valdés Morillo, de nacionalidad cubana, fue
dueño de uno de los más importantes colegios de la ciudad
y la macro región central de la Isla.

193 En medio del intento reeleccionista del primer presidente cubano Tomás
Estrada Palma y los álgidos conflictos que este trajo consigo, en Cienfuegos
-uno de los centros de esa contienda política en el país-, tuvieron lugar varios
enfrentamientos, armados y no, entre los partidos políticos y los seguidores
y contrarios a dicha reelección. Algunos terminaron en tragedias como la de
La Suiza. En ese hotel, en septiembre de 1905, en medio de una discusión
que se convirtió en enfrentamiento armado, murieron Enrique Villuendas y
Ángel Illance, ambos compañeros de armas del Ejército Libertador -coronel
uno, comandante el otro-, y masones. El primero, que no vivía en la ciudad,
y era un hombre muy cercano a José Miguel Gómez, fue una visita frecuente
en Fernandina de Jagua en esos años, el segundo era miembro de Asilo de la
Virtud.

113

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

Luis Armada Vázquez, español, y Francisco Otero Cossío
-este último el único cubano y quien durante más años ocu-
pó la presidencia del taller en el período-, eran dos exitosos
comerciantes locales. Otero Cossío, en 1899, fue elegido Con-
cejal Síndico Segundo del ayuntamiento cienfueguero.194

La presidencia de ambas logias en el período estuvo en
manos de figuras con destacadas relaciones profesionales,
económicas, sociales y políticas. Las reiteradas ratificacio-
nes de algunos de ellos en el puesto de la presidencia y
sus logros al frente de los talleres, indican el compromiso
con que asumieron sus puestos y revelan sus habilidades
en la conducción de ambas, en aras de cumplir los objetivos
masónicos y sociales de cada logia. El hecho de que Fer-
nandina de Jagua y Asilo de la Virtud se hallaran entre las
primeras del país por su número de miembros, que varios
de ellos ocuparan altos cargos de la masonería cubana, así
como que garantizaran, a partir de sus posibilidades eco-
nómicas, determinadas obras de importancia social en la
ciudad, contribuye a explicar el grado de influencia que al-
canzó la masonería en Cienfuegos.

No obstante, al contrastar las presidencias de ambas logias,
se hacen visibles radicales diferencias entre ambas. Entre
1878 y 1902, la dirección de Fernandina de Jagua se man-
tuvo en manos de cubanos que ejercían profesiones de ca-
rácter intelectual -típicas de la clase media-, médicos, abo-
gados, escritores, periodistas, historiadores, simpatizantes
con la causa independentista o colaboradores con ella. Por
otra parte, destaca que en los años que median entre 1878
y 1895, esa logia fue dirigida, de manera intermitente, por
dos de sus fundadores, con una breve discontinuidad de
apenas un mes y días en 1895. Mientras, Asilo, tras ser fun-
dada por un miembro del ejército español, fue dirigida por

194 Luis J. Bustamante: op. cit, p. 166.

114

Samuel Sánchez Gálvez

varios comerciantes cubanos y españoles asentados en la
ciudad.195

Por último, de la logia Obreros del Progreso sólo se pudo lo-
calizar la primera y última de sus presidencias.196 De Hespe-
ria sólo se halló los nombres de sus iníciales Venerable, Mi-
guel Hernández Zuñiga, y Primer Vigilante, Manuel Muñiz
García.197 Tras desaparecer estas logias -en lenguaje masó-
nico, tras abatir columnas-, como generalidad se encuentra
a sus miembros afiliados a Asilo de la Virtud y Fernandina
de Jagua. Mientras, del taller Convención fue su Venerable
Maestro Luis Perna de Salomó, su Primer Vigilante José
L. Prieto y su Segundo Vigilante Isidoro O´Bourke, todos
miembros de Fernandina de Jagua, antes de su escisión de la
misma y después de su fusión con ella en 1886. Excepto en
los casos antes aludidos no se encontró datos del resto de los
oficiales de esos talleres.

Los visitantes

Es un derecho de todo masón en activo asistir a las sesiones de
cualquier logia, con independencia del lugar de ubicación y de
la tendencia masónica bajo la que labore. Ello siempre que la
logia visitada sea regular, o sea, esté reconocida como tal por
el universo masónico, y el masón visitante provenga de una lo-
gia de igual condición. Con ello se cumple lo establecido en los

195 Llama la atención que Bustamante en su, aunque elitista, amplio por el número
de entradas Diccionario Biográfico Cienfueguero, apenas haga referencia a ellos.

196 Vicente Rumbaut y Yanes: op. cit., pp. 241-244. En 1881, ocupó el cargo de
Venerable Maestro Luis Armada Vázquez, quien, como ya se señaló antes
también lo fuera de Asilo. Fueron entonces sus Primer y Segundo Vigilantes
Antonio Franca y Juan Fernández Pérez. En lo que sería el último año de vida de
esa logia, 1886, fue su Venerable Maestro Antonio Guimerá y Salot y ocuparían
los cargos de Primer y Segundo Vigilantes Víctor Salcines León y José González
Fuentes.

197 Ibídem, p. 251.

115

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

Antiguos Límites. Las visitas forman parte del sistema de rela-
ciones que entablan las logias. La frecuencia y número de las
visitas a un taller dicen de la calidad de su labor, del liderazgo y
reconocimiento de que disfruta ante las otras y de los vínculos
de que dispone en su interactuar masónico y extra masónico.
Durante las visitas los masones estrechan relaciones, inter-
cambian entre sí y conocen del funcionamiento de la institu-
ción en otros sitios. Los visitados advierten los intereses con
que acuden a las logias los visitantes. No es posible definir
la importancia de las visitas sólo por lo que acerca de ellas
aparece en las actas de las sesiones. El intercambio de ideas y
opiniones que resultan de las mismas se realiza, en lo funda-
mental, previo o con posterioridad a la propia sesión y luego
en las relaciones personales que como resultado de ellas se
entablan.

Las logias realizan, además, actividades sociales o culturales,
llamadas Tenidas Blancas.198 A estas asisten personas sin fi-
liación masónica ni distinción de edad o género y, como las
visitas masónicas, también potencian el conocimiento mutuo
y facilitan la actuación y aceptación social del taller en cues-
tión. En el caso de Fernandina y Asilo, no se logró determinar
cuántas actividades de este tipo realizaron ni quiénes asistie-
ron a ellas, pues esa información no se reflejó en los libros de
las sesiones.

Por otra parte, aunque en las actas de las sesiones de Asilo de
la Virtud pudimos constatar cómo en ese taller abundaron las
visitas de masones, procedentes de otras logias, tanto de la
localidad como del país y el extranjero,199 la imposibilidad de

198 Tenida Blanca: pueden ser de dos tipos: abiertas o cerradas. Las primeras son
reuniones de trabajo en las cuales se admiten profanos como oyentes. En las
segundas, un conferenciante profano habla exclusivamente a masones.

199 Vicente Rumbaut y Yanes: op. cit, p. 18. De las dos primeras visitas que recibió
Asilo, el 26 de agosto de 1878 -Ferrati y Fernández-, no se señaló en el acta de
la tenida su procedencia, lo cual pudiera explicarse por la situación irregular

116

Samuel Sánchez Gálvez

realizar sucesivas consultas a las ya hechas impidió un análisis
similar al realizado con las actas de Fernandina de Jagua. Fue
irrealizable un análisis en este sentido de las logias Convención,
Obreros del Progreso y Hesperia.

Examinar la lista de los visitantes a Fernandina de Jagua permi-
tió, en determinadas ocasiones, adentrarse en las interioridades
de su labor e ideas, conocer de sus relaciones con el resto de
las logias de la localidad, de la Isla y del mundo, distinguir las
motivaciones de sus visitantes y el mensaje de que eran porta-
dores, así como la recepción que del mismo hizo la membrecía
de la logia.

Durante los años objeto de estudio, Fernandina intercambió
visitas, en lo fundamental, con el resto de las logias de la ciu-
dad. Abundaron los visitantes de La Habana y Santa Clara y
en mucha menor medida de Colón, Sagua, Trinidad, Manza-
nillo, Matanzas y Santiago de Cuba. No obstante, es palpable
un intercambio activo de la logia con otras emplazadas en las
principales localidades del país.

En sus inicios, Fernandina de Jagua fue visitada, en lo esencial,
por masones de logias bajo la obediencia del Gran Oriente de
Colón o de la Gran Logia de la Isla de Cuba, acudiendo también
a ella masones de logias acogidas a obediencias españolas. En
la medida en que se adentró la década de los ochentas, tal fenó-
meno fue desapareciendo pues el taller fue visitado por maso-
nes de la más variada procedencia. El aumento paulatino de las
visitas a Fernandina de masones provenientes de logias de su
misma obediencia, se correspondía con los progresivos pasos
de unificación de la masonería cubana.

en que se hallaba la logia en esos momentos. Poco después, en fecha cuya
exactitud no pudimos determinar, acudió a Asilo un miembro del taller Iris de
Paz, de quien esta vez no se indicó a qué cuerpo masónico pertenecía.

117

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

Prueba de las ya mencionadas irregulares relaciones entre
las logias de la ciudad al inicio del período investigado, es
el antes aludido registro en el acta de la logia Asilo de la
Virtud, el 23 de septiembre de 1878. En esa fecha se dio a
conocer la invitación de Fernandina de Jagua para que un
miembro de la logia participara en una sesión que efectuaría
con motivo de la visita a la ciudad del Gran Maestro de la
masonería cubana, Antonio Govín.200 Asilo tomó la decisión
de no asistir a Fernandina. Estas tensiones se mantuvieron
durante un tiempo. No obstante, para abril de 1881 fueron
resueltas. A partir de esa fecha se constata que comenzaron
a visitarse mutuamente, hasta ser habituales las sesiones con
la presencia de miembros de una logia en la otra.

El examen de cómo actuaron algunos visitantes a Fernandina y
Asilo o cómo se reflejó su comparecencia en las actas de esas lo-
gias, permite aproximarse a los diferentes patrones ideológicos
y sociales que ambas mantuvieron, siquiera en sus primeros
años de existencia. Los visitantes, o sabían identificar esas dis-
paridades o los secretarios de los talleres omitían o asentaban,
según el interés del taller, sus palabras.

Un caso sirve de ejemplo, el del Dr. José Lassala y Mercader,
masón con grado 32º, proveniente de la logia Amistad del
Gran Oriente de San Pablo en Brasil, quien o realizó discursos
de contenido diferente según la logia en que se encontrara o
Asilo no asentó en acta la totalidad de su alocución. En Fer-
nandina, en una de sus asistencias a dicha logia, el 4 de oc-

200 Logia Asilo de la Virtud: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 1, p. 36. En esa
oportunidad el Orador de Asilo, Benigno Eiriz, expuso que: “habiendo en este
Valle otra logia de nombre simbólico Jagua del Oriente de Colón y con motivo
de venir su Gran Maestre, de nombre simbólico Krausse habían invitado á
un hermano de nuestro cuadro para que este lo hiciera a nuestro venerable y
demás hermanos á fin de una entrevista, lo que el hermano Orador consideró
irregular, afirmando que ningún hermano debía asistir á dicha invitación; el
hermano Rafael expuso que si bien los trabajos de este Respetable Taller son
irregulares no era un modo de caer en irregularidad asistiendo á la invitación”.

118

Samuel Sánchez Gálvez

tubre de 1878, se refirió a la visión de la masonería contra al-
gunas posiciones de la Iglesia Católica y contra la esclavitud.
Dijo allí “de las persecuciones sufridas por la masonería en el
imperio del Brazil,(sic) a consecuencia del fanatismo religioso
excitado por el jesuitismo”. Recalcó que aún así, esta había lo-
grado llevar a cabo “obras grandiosas y colosales, entre ellas
la emancipación gradual de la esclavitud de una manera dig-
na y conciliadora para el dueño y el siervo”.201 Mientras, de
sus varias visitas a Asilo de la Virtud, en las actas no aparece
que abordara esos temas, limitándose a saludar a la logia.

En muchas ocasiones las visitas de los masones tenían como
fin explorar a cuál logia de la ciudad afiliarse. Otros lo ha-
cían para divulgar actividades artísticas, dar a conocer de su
asentamiento en la localidad o promover los servicios de sus
establecimientos y comercios.202

Luego del cese de la soberanía española en Cuba, en 1899, se
produjo un aumento considerable de las visitas a Fernandi-
na de Jagua. Acudieron a ella masones cubanos que habían
fundado logias en los Estados Unidos. Por ejemplo, el 22 de
febrero de 1899 coincidieron en ese taller Fernando Figuere-
do Socarrás, Manuel Katz y Francisco Velazco, procedentes
de la logia independentista Francisco Vicente Aguilera, ra-
dicada en Tampa, Florida.203 La visitaron también, Francisco
de Paula Rodríguez, Martín Morúa Delgado y José Antonio
Frías,204 y los coroneles del ejército independentista, Cosme
de la Torriente y Enrique Villuendas.

201 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 1, pp. 27-28.

202 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, p. 147, Logia
Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 6, p. 35, Logia Fernandina
de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p. 202, Logia Fernandina de Jagua:
Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, p. 171.

203 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 95.

204 Luis J. Bustamante: op. cit., pp. 91-95.

119

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

No era fortuita la asistencia de los masones envueltos en los
trajines políticos de esos años. Muchos de ellos asistían a las
logias masónicas buscando conocer de primera mano las in-
quietudes y el pensamiento de los masones cienfuegueros,
intercambiar ideas, alternar, ampliar sus nexos sociales y for-
jar clientela política.

Un aspecto merece ser atendido. Entre 1878 y 1902, visitaron
Fernandina, esporádicamente, masones de Brasil, Argenti-
na, México, España, Colombia, Guatemala, Panamá, Cana-
dá, Venezuela, Puerto Rico, Estados Unidos, Jamaica e In-
glaterra. Sin embargo, entre los años 1899-1902, el número
y asiduidad de los visitantes extranjeros resultó excepcional
por su cantidad y procedencia.

Nos referimos a las visitas de masones procedentes de los
Estados Unidos. En diecisiete años, entre 1878-1895, fueron
sólo cinco los visitantes de ese país.205 Sin embargo, estas, du-
rante el período de ocupación norteamericano, adquirieron
un carácter reiterado. Entre marzo de 1899 y mayo de 1902,
visitaron Fernandina de Jagua 46 estadounidenses de, al me-
nos, dieciséis estados de ese país. De ellos, cinco procedían
de Ohio, dos de Delaware, uno de Virginia, tres de Alaba-
ma, cuatro de Illinois, uno de Baltimore, uno de Wyoming,
uno de Tennessee, uno de Nebraska, uno de Minnesota, uno
de Nueva Jersey, uno de Michigan, dos de Colorado, dos de

205 En fecha tan temprana como el 6 de enero de 1879, en la sesión en que se
entregó la Carta constitutiva a Fernandina de Jagua, se encontraban visitándola
Lafayette Z. Zenil de la logia Chicoppe de Massachusetts y Rafael Salavarría
de la logia Stephen Girard de Pensilvania. (Logia Fernandina de Jagua: Libro
de Actas de las Sesiones, Nº 1, p. 60) El 20 de abril de 1880, hubo una visita de
una logia de Nueva Orleáns, (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las
Sesiones, Nº 3, p. 56) el 18 de enero de 1886, hubo otra de Carlos Soto de la logia
Templo de Delaware, (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones,
Nº 8, p. 280) y por último el 20 de febrero de 1895, estuvo en la logia, John
G. Ellis de la logia Hiram de Sportland, Nueva Escocia. (Logia Fernandina de
Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 66).

120

Samuel Sánchez Gálvez

Nueva York, uno de Kansas y tres de Massachusetts. Fue im-
posible determinar el lugar de procedencia de los dieciséis
restantes.206

La labor social, arista masónica más visible

Preciso es detenerse en las actividades fraternales, benéficas y
sociales emprendidas por las logias cienfuegueras. Ello obe-
dece a que, como se comprobó, a tenor de sus objetivos de
existencia, las jerarquizaron en gran medida. Una interven-
ción en Fernandina de Jagua, el 16 de julio de 1883, permite
observar cómo ese taller también concibió a la beneficencia
como una vía para alcanzar mayor aceptación social. Tuvo
lugar en medio de una discusión acerca de lo oportuno o no
de socorrer a los diferentes necesitados que acudían al taller
buscando ayuda. A juicio de algunos masones de su cuadro,
a la logia la acechaba, en esa fecha, el peligro de arruinarse.
Un miembro recalcó entonces la necesidad de mantener las
ayudas, “por los beneficios que propagandísticamente brinda
la ejecución del socorro”. Las ayudas se mantuvieron.207

Por labor benéfica y fraternal la masonería entiende aquella

206 Para ilustrarlas baste esta muestra. El 29 de marzo de 1899 estaban en
Fernandina C. G. Hampton de la logia Palestina Nº 357 de Detroit y Edward.
F. Cobb (dueño de un restaurant en la ciudad), de la logia Unión Nº 1 de
Guatemala, (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12,
p. 107) los cuales repiten su visita el 5 de abril junto a otros tres masones
estadounidenses, Harry C. Herat, E. E. Danforth y E. F. Laible, de quienes no se
específica logia de procedencia. (Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las
Sesiones, Nº 12, pp. 109-111). Hampton regaló una espada a nombre de su logia,
Fernandina a su vez luego le regaló otra para la suya. El 12 de abril la visitaron
C. G. Hampton, Robert A. Groch de la logia Perseverance de Ohio y James D.
Lea de Science Nº 50, también de Ohio. El día 19, también de abril, visitó la
logia Christian F. Kopp de Laffayet, en Boston, H. H. Freeman de Sedell Nº 798
de Illinois, G. E. Suck de Fairfax Nº 96 de Virginia, estos ofrecieron ayudar a la
logia con dinero para que comprara un ventilador. (Logia Fernandina de Jagua:
Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, pp. 112-115).

207 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 7, p. 1.

121

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

actividad emprendida por sus talleres en aras de auxiliar,
ante problemas concretos, a los miembros de la institución,
a individuos no masones, a instituciones o a la sociedad en
general. La importancia concedida por las logias cienfuegue-
ras a esa labor benéfica y fraternal, se revela en la voluntad,
recursos y acciones que dispusieron para su realización. Los
talleres daban cauce a estas ayudas mediante aportes ma-
teriales o financieros, realizando distintas gestiones con in-
dividuos y/o colectividades o participando en actividades
encaminadas a ese fin.

Se comprobó que en las logias la selectividad de a quiénes
socorrer sólo estuvo condicionada por la necesidad, el gra-
do de penuria y el comportamiento moral del individuo. No
se halló referencia a exclusiones por credos religiosos o po-
líticos.

Determinar la condición racial de a quiénes las logias presta-
ron auxilio resultó imposible. Nunca se especificó en las actas.
Fernandina de Jagua, por ejemplo, siempre procuró dirigir
sus auxilios a “los pobres que se considerasen más dignos y
acreedores”.208

En cuanto a la ayuda prestada a las instituciones, se observó
que los talleres priorizaron a aquellas de mayor relevancia y
alcance social. Del ejercicio de las ayudas fraternales y bené-
ficas se hallaron decenas de casos durante los años investi-
gados.

Auxilios fraternales y beneficencia

Los montos de las ayudas de carácter individual prestadas
por Fernandina de Jagua, evidencian que auxilió a individuos
pertenecientes a los estratos más frágiles de la sociedad; en la

208 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 1, p. 48.

122

Samuel Sánchez Gálvez

mayoría de las ocasiones en situación desvalida o condición
económica comprometida, en lo fundamental enfermos, niños,
ancianos y viudas. Para dar curso a la labor de beneficencia y
ayudas fraternales, la logia creó comisiones internas de trabajo.
La base de su sistema de auxilios se estableció el 1 de febrero de
1879, cuando se organizó una comisión, a fin de “atender a la
indigencia y desgracia de los hermanos”.209

Las ayudas se acrecentaron en determinados años -por ejem-
plo entre 1885-1895-, pero nunca hubo un período en el que
las mismas aumentaran o disminuyeran en grado tal, que
permitan considerar que el taller varió algún criterio con res-
pecto a su empleo.

Fernandina aprobaba un presupuesto anual destinado a los
auxilios a masones y no masones, constituido a partir de los
aportes de sus miembros en cada sesión. Sin embargo, cuan-
do se agotaban esos fondos, en reiteradas ocasiones, el di-
nero se extraía de cuentas ajenas a ese acápite. También, en
oportunidades, los auxilios se prestaban mediante donacio-
nes realizadas en la propia sesión o con el trabajo particular
de la membrecía del taller.

Algunos de los donativos entregados a la logia por sus
miembros, destinados a la beneficencia, se destacan por su
cuantía. Por ejemplo, en la sesión del 18 de enero de 1886,
un masón del taller entregó, guardando el anonimato, qui-
nientos pesos para “distribuir entre los necesitados”. Perso-
nas ajenas a la institución también realizaron donativos en
dinero con ese cometido; una de ellas fue Telesfora Digat,
quien testó a favor de Fernandina de Jagua, doscientos pe-
sos oro.210

209 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 2, p. 11.
210 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p. 282.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

La labor benéfica y fraternal consistía en la entrega de dine-
ro, compra de medicinas, pago de viáticos o pasajes, pagos
parciales o totales de entierros, adopción de niños por el ta-
ller, abono de alquileres y becas, compra de uniformes o ma-
terial escolar y donativos ante desastres naturales, a regiones
y familias de diversas partes de la Isla y el mundo. En las
postrimerías del siglo XIX, la logia asoció la entrega de algu-
nas ayudas a la celebración de festividades religiosas. Así,
por ejemplo, en 1900 pidió a sus miembros “que practicando
la Caridad visiten el Asilo de niños huérfanos llevándoles
el calor y el recuerdo de la familia con pequeños obsequios
propios de la época de Pascuas”.211

Cuando la ayuda se brindaba a los masones los montos so-
lían ser superiores, concibiendo el préstamo de dinero de
los fondos de las logias. Las consultas médicas, la adquisi-
ción de fármacos y los entierros de miembros de cada taller,
de otras logias o de sus familiares, de ser necesario, eran
favorecidos con precios ínfimos o los ofrecían de manera
gratuita los titulares de esas profesiones y los dueños de
farmacias y funerarias con filiación masónica.212

Para recaudar fondos destinados a la beneficencia se reali-
zaban veladas. Cuando fue pertinente, Fernandina hizo uso

211 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p. 96.

212 Un ejemplo de cómo se utilizaban estos fondos y cómo actuaban los miembros
del taller, lo da una carta a Fernandina de Luis Perna Salomó. Está fechada el 20
de noviembre de 1882, siendo aún Aprendiz Masón, y dice: A La Respetable Logia
Fernandina de Jagua/Salud/Venerable Maestro y Queridos Hermanos:/Oportunamente
recibí vuestra comunicación, en la que me decíais que prestara mis servicios Médicos al
hermano Martínez Arazola, y que cuando lo tuviera por conveniente, pasara a vuestra
Secretaría la cuenta importe de mi trabajo./Auxilié al hermano Martínez Arazola, que
ha sido víctima de una de esas enfermedades que no suelen perdonar./En cuanto al cobro
de mis honorarios os diré, que la satisfacción de auxiliar a un hermano y el honor de que
la Logia me encargue su tratamiento, me pagan con largura la pequeña incomodidad
que me produjo tratar al hermano Arazola, si produce incomodidad el cumplir con una
satisfacción y con un sagrado deber de hermano./Os saluda Fraternalmente. Vuestro
Hermano./Ezequiel. Papelería de la logia Fernandina de Jagua.

124

Samuel Sánchez Gálvez

de sus relaciones con el resto de las logias locales o con otras
instituciones y personalidades para potenciar tales actos.213
Los miembros de esa logia también participaron en rifas a fin
de prestar algunas ayudas.214

No fueron escasas las ocasiones en que se auxilió a familias
de masones fallecidos o en dificultades económicas. Varios
hijos de miembros difuntos recibieron enseñanza gratuita en
escuelas propiedad de masones. Un caso representativo en
este sentido lo fue el de la viuda e hijos de Joaquín Toledo a
quien Fernandina socorrió con veinticinco pesos oro, pagó la
matricula de sus niños en una escuela, de la que era propie-
tario un masón, y uno de sus médicos, Ramón Mazarredo, se
comprometió a atenderles de maneras perpetua y gratuita.215

Con frecuencia, otras logias, o la Gran Logia, solicitaron au-
xilio económico para masones de otras regiones. Uno de los
ejemplos más notables, fue el repetido socorro financiero
brindado por Fernandina a la familia de Aurelio Almeida
-una de las figuras cimeras en el desarrollo de la masonería
cubana-, antes y durante varios años después de su falleci-

213 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, p. 266. Por
ejemplo, el 2 de junio de 1888 la sociedad El Artesano, cedió gratuitamente sus
salones para que Fernandina de Jagua realizara una velada en aras de colectar
fondos de ayuda para “los variolosos pobres”.

214 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 6, p. 9.

215 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p. 214. Otros
ejemplos lo ilustran. Los masones de la logia condujeron a las hijas de Ricardo
E. García al Asilo de Niños local tiempo después de morir este; la viuda de Pablo
Lomonte acudió al taller “sin recursos y teniendo que atender a las necesidades
de cuatro hijos, nos ruega que tratemos de buscarle trabajo procurando
conseguirle una colocación de conserje en cualesquiera de las escuelas de esta
ciudad o Caunao”; a la viuda del médico Ramón Mazarredo se le socorrió en
mayo de 1886, después de morir este; el taller gastó 42.25 pesos “en el entierro
de la madre de un hermano”. Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las
Sesiones, Nº 12, p. 118, Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones,
Nº 14, p. 139, Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p.
236 y Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, p. 285.

125

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

miento. Incluso cooperó en la compra de un terreno en el
cementerio de Colón para la fabricación de su bóveda.216

La Labor Benéfica y Fraternal se realizaba, por lo general,
ante la solicitud del individuo necesitado, la petición de al-
guno de los miembros del taller, de una institución o per-
sona conocedora del caso. Como regla, de manera previa
a su ejercicio, se investigaba la veracidad de la situación
expuesta. Dos ejemplos ilustran cómo la logia procedía en
tales casos.

El acta de la sesión, del 19 de marzo de 1902, refleja que el
Venerable Maestro pidió al Limosnero “pasase al Hotel Cua-
tro Naciones y visitase á un Sr. Colombiano, médico de pro-
fesión, quien á consecuencia de la guerra que azota á su país,
parece estar atravesando una situación difícil.”217 Al mismo
se le ayudó a viajar a La Habana. Otro caso, Juan Bautista
Pietri, solicitó, a través de un miembro de la logia, socorro
porque “le habían robado sus bienes en el hotel América”. El
taller le ayudó, aunque antes, en franco uso de viabilidades
extra masónicas, le encargó a uno de sus miembros, un po-
licía, que “como funcionario público y en conocimiento de
este suceso nos diese todos los detalles”.218

Fernandina nunca facilitó ayuda con usura. Con frecuencia rea-
lizó préstamos a los propios miembros de la logia. En diciem-
bre de 1884, le proporcionó mil pesos oro al masón José Loredo,
quien planteó su disposición a pagarlos con intereses, algo que
el taller no aceptó.219

La ayuda a los masones también se suministraba en el cam-

216 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p. 213.
217 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p. 228.
218 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 2, p. 59.
219 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p. 48.

126

Samuel Sánchez Gálvez

po laboral y profesional. Masones y no masones acudían a
la logia pidiendo empleos. Un ejemplo ilustra cómo, en esos
casos, se daba preferencia a los masones. En septiembre de
1879, Fernandina acordó, por unanimidad, que los miembros
con disponibilidades vacantes de labor ubicarían en ellos a
masones, “prefiriéndoles a los que no lo sean”.220

Las actas de ese taller muestran preocupación ante los proble-
mas legales que enfrentaban sus miembros. En noviembre de
1882, el taller comunicó a Antonio Govín, el fallo favorable del
juzgado local en la causa seguida al notario miembro de Fer-
nandina, José Rafael Villafuerte a quien había defendido. Al
propio tiempo, le hacía saber de la apelación ya establecida ante
la audiencia del territorio.221 En mayo de 1883, hizo constar su
atención, seguimiento e inquietud ante la causa que le seguía
la justicia, desde 1881, a uno de sus miembros, el notario José
Rafael Villafuerte Castellanos, motivada no sólo por cuidar su
prestigio “sino el de la logia y el de la masonería misma”.222

Un caso revela hasta dónde se sirvió Fernandina del sistema
institucional de la masonería, y de las redes de relaciones
con que esta contaba, para ayudar a sus miembros. Tuvo lu-
gar el 15 de diciembre de 1886, cuando el taller comunicó a
todas las logias de la Isla el secuestro del hijo del masón del
cuadro Juan Roig, por el bandido Candido Matagás, pidién-
doles trasmitieran cualquier noticia al respecto e “hiciesen
cuanto de ellos dependiese” para su rescate. La logia, el 5 de
enero de 1887, informó de su liberación a los talleres a los
cuales antes había solicitado ayuda.223

220 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 2, p. 126.

221 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 5, p. 120.

222 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 6, pp. 115-130.

223 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, pp. 97-101. El
suceso aparece recogido en: Fernández Fernández, José: Matagás, el bandido y la
gesta. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, p. 102.

127

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

Se auxiliaba a los artistas masones o a sus familiares. A Al-
berto Frenchel le adquirieron setenta asientos en 1880224 y a
la viuda de un masón, la italiana Virginia Fiorellini, le com-
praron veinticinco papeletas para sus conciertos en abril de
1888.225

Los socorros prestados por Fernandina de Jagua eran bien
acogidos por la población cienfueguera. 226 En las actas, con
frecuencia, aparecen distinguidas figuras de la localidad,
como Ana Fernández Velazco,227 solicitando colaboración
para diversas causas o personas. Muchas de estas acciones
eran agradecidas por los individuos o instituciones favore-
cidas.

En una sola ocasión en los años investigados se detectó el re-
chazo de una ayuda. Se trató del “doblón mensual mientras se
encontrase en cama”, otorgado en enero de 1880 a Rafaela Gon-
zález, una maestra de instrucción pública. La señora lo devol-
vió, por proceder de una sociedad, a su criterio, “tenebrosa”.228

Cuando fue preciso, las logias de la ciudad aunaron fuerzas
para ayudar a masones sumidos en dificultades financieras o

224 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 3, p. 73.

225 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, p. 259.

226 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 228.

227 Ana Josefa Antonia Fernández Velazco, XX y poetisa. En 1871, fundó el Colegio
de niñas Santa Teresa de Jesús. Al comenzar la Guerra de 1895, formó parte
de los clubes Revolucionarios Panchitos Gómez Toro y Esperanza del Valle.
Durante la Reconcentración, se destacó por su auxilio a quienes precisaban
socorro y necesidades. Luego de 1902, fue nombrada Maestra de Corte y
Costura del Distrito Escolar de Cienfuegos. Por iniciativa de sus exdiscípulas,
a lo que contribuyó toda la sociedad cienfueguera, y como un homenaje a la
patriota y educadora, se le regaló una casa, situada en la calle de Argüelles,
entre Tacón y Cuartel (hoy 52 entre 41 y 43). Se consagró al cuidado de los
pobres. Obras suyas fueron: A la Juventud Cubana, Flores de Amor, A la Muerte de
la Maestra Incolaza.

228 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 3, p. 28.

128

Samuel Sánchez Gálvez

de otro tipo. En abril de 1885 auxiliaron a Francisco Aguado
Fronchoni, masón de Asilo de la Virtud y pagador del Tercio
Táctico de la Guardia Civil, a quien le habían sido sustraídos
1750 pesos de la caja. Varios masones de Fernandina mani-
festaron su disposición de vender o hipotecar casas o bienes
para aunar los fondos necesarios, lo cual no fue preciso rea-
lizar.229

La educación constituyó una preocupación fundamental de
Fernandina de Jagua. El taller, de manera reiterada, costeó
con su peculio matrículas y becas. En 1880 uno de sus miem-
bros sufragó “cuatro plazas en un colegio de la localidad
para cuatro hijos de hermanos del taller”.230

En los presupuestos anuales de la logia se destinaba un acá-
pite para gastos en la enseñanza de los hijos de sus miembros
más necesitados. Sin embargo, en la discusión del presu-
puesto del año 1889, se evidencia cómo los masones dueños
de escuelas en la ciudad asumían sus matrículas. Entonces
se propuso suprimir la concepción de tales gastos, “porque
varios colegios la ofrecen gratis a los hijos de masones de
esta logia”.231 En varias oportunidades maestros miembros
del taller solicitaron ayuda para las escuelas laicas de su pro-
piedad. La prioridad dada por Fernandina para responder
ante esos casos, prueba su interés por el desarrollo de ese
tipo de educación.232

Se hizo también práctica habitual donar ropa y calzado escolar.
Una de esas ocasiones ocurrió el 11 de diciembre de 1901, cuan-
do, constatando que muchos niños pobres no concurrían a las
escuelas por falta de ellos, se acordó repartir “mudas de ropas

229 Vicente Rumbaut y Yanes: op. cit., pp. 58-59.
230 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 3, p. 83.
231 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, p. 207.
232 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p. 191.

129

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

y zapatos á los niños que se encontraran en esa situación”.233

Por su parte, Asilo de la Virtud, dio apoyo financiero a va-
rios estudiantes pobres de la ciudad. Tal fue el caso de Félix
Ramírez González, a quien le pagó los estudios durante va-
rios años, a partir de 1881.234

Más allá de las diferencias en la cuantía, modo y frecuen-
cia con que cada una de las cinco logias de la ciudad prestó
ayuda benéfica y fraternal, entre ellas en especial Fernandi-
na de Jagua y Asilo de la Virtud, con sus actos de auxilio
cumplieron uno de los principales objetivos de la masonería:
ayudar a individuos o instituciones necesitadas y educar a
su membrecía en los principios masónicos. Su efectividad en
estos campos le creó a la institución en la ciudad la imagen
de benefactora de las más nobles empresas sociales, algo que
también procuraron. Ello contribuyó a que los mitos contra-
rios a la existencia y labor de la masonería se redujeran en la
localidad a determinadas instituciones e individuos, logran-
do calar en los más diversos estratos de la sociedad cienfue-
guera, ejerciendo en ellos influencia y adquiriendo prestigio.
El capital social que a partir de ello acumularon les permitió
incidir con aún mayor pujanza en el mundo cultural y social
cienfueguero.

Labor social

La labor social fue otra de las actividades fundamentales de
las logias cienfuegueras en el período. Ésta comprendió un
grupo de acciones mediante las cuales los talleres apoyaron
a varias instituciones o patrocinaron diferentes proyectos de
profundo contenido social. Los mismos se encaminaban a la
solución de múltiples problemas que presentaban la ciudad

233 Ibídem, p. 201.
234 Vicente Rumbaut y Yanes: op. cit., p. 56.

130

Samuel Sánchez Gálvez

y sus habitantes, en los campos de la educación, la cultura y
la salud. En consecuencia, en la medida en que transcurrie-
ron los años, la actividad de las logias masónicas locales se
abrió de manera creciente hacía la comunidad, consiguiendo
distinguirse, por la naturaleza de sus propuestas, dentro del
conjunto de instituciones actuantes en la sociedad cienfue-
guera.

Fernandina de Jagua por ejemplo, priorizó la ayuda a las
instituciones de la ciudad que no contaban con el apoyo ne-
cesario o suficiente por parte del Estado y cuyos servicios
humanitarios tenían una incidencia alta en la sociedad. Ilus-
tran esa ayuda su reiterado socorro monetario al Asilo de
Cienfuegos,235 el obsequio de una máquina de coser al Asilo
de Huérfanas, “para uso de las jóvenes allí asiladas” o la do-
nación de otros veinte pesos a ese mismo asilo.236 También,
entre el 2 y el 16 de octubre de 1901, el taller entregó 48 saba-
nas al hospital de mujeres de la ciudad.237

Destaca entre las ayudas prestadas por esa logia, la entrega-
da a propuesta del médico Felipe Aruz, el 10 de diciembre
de 1883, al Centro Médico Farmacéutico de la ciudad, a tenor
de “que ese centro da mucho lustre a la población” y que
atendía a muchos “individuos pobres”. La ayuda consistió
en 200 pesos oro, instrumental quirúrgico y obras científicas.
Ese propio día se destinaron otros 200 pesos oro para los po-
bres del Hospital de la Caridad cienfueguero.238

Abundaron los socorros a familias e instituciones asoladas
por eventos naturales fuera de la región, e incluso más allá
de Cuba. En septiembre de 1879, Fernandina prestó ayuda a

235 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 126.

236 Ibídem, pp. 153 y 228.

237 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, pp. 186-188.

238 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 7, p. 183.

131

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

un grupo de familias necesitadas en México.239 En junio de
1880, entregó quince pesos a los damnificados por un terre-
moto en Pinar del Río y otros quince pesos más a los vario-
losos de San Felipe.240 En mayo de 1881, ese taller destinó
veinte pesos oro para “los desgraciados de la inundación de
Sevilla”241 y en junio de 1882 le hizo llegar a la logia Luz de
Ariguanabo veinticinco pesos “en billetes de banco español”
para los variolosos de San Antonio de los Baños.242 En no-
viembre de 1882 se enviaron diez pesos a “los desgraciados
de Vuelta Abajo a consecuencia del terrible ciclón que visitó
aquella extensa y rica comarca del 7 al 8 de octubre próximo
pasados”,243 y en enero de 1885 se destinaron “veinticinco
cincuenta pesos oro para socorrer a los damnificados de An-
dalucía, por los terremotos allí ocurridos”.244

De la labor en este campo de Asilo de la Virtud, Rumbaut
cita varios casos. Uno de los más señalados fue el que otorgó
esa logia, el 28 de mayo de 1890, a los damnificados tras el
incendio de la Ferretería Isasi, hecho ocurrido en La Habana
el día 17 de ese propio mes.245

El gobierno de la ciudad solicitó el concurso de Fernandi-
na en diversas oportunidades. Un ejemplo de ello fue la pe-
tición de su alcalde, el 14 de octubre de 1891, a fin de que
cooperase con “los damnificados por las inundaciones en la
península”. La logia donó 58 pesos oro.246

239 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 2, p. 125.
240 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 3, p. 103.
241 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 4, p. 91.
242 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 5, p. 74.
243 Ibídem, p. 119.
244 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p. 72.
245 Vicente Rumbaut y Yanes: op. cit., p. 67.
246 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, p. 72.

132

Samuel Sánchez Gálvez

Como se ha señalado, uno de los objetivos fundamentales de
las logias masónicas en el período era promover la enseñan-
za laica o, en su defecto, aquella que se contrapusiera a la re-
ligión católica oficial. De ello hay múltiples ejemplos. En ju-
nio de 1880, Fernandina de Jagua donó veinticinco pesos oro
a una escuela pública en Pinar del Río247 y apoyó con un peso
plata mensual a la escuela que la logia Amor y Verdad de
Santi Spíritus fundó y sostenía.248 De igual manera, en 1889,
colaboró con la Sociedad Misionera de Señoras Bautistas de
Cienfuegos, cuando esta solicitó su concurso para establecer y
costear un colegio de niñas pobres.249

La política de esa logia en materia educacional se refleja
también en otros hechos. A fines de la década de los ochen-
tas, Félix V. Morillo, masón de Asilo y director del cole-
gio de Primera y Segunda Enseñanza San Carlos, ofrecía
al taller, “cuyos fines progresistas y benéficos conocía”, su
disposición para “dar enseñanza gratuita a los niños que
esta le enviase”.250 Los miembros de Fernandina, una y otra
vez, brindaron sus servicios en ese campo al taller. En acta
se lee: “El hermano Carbonell ofrece sus servicios gratui-
tos para brindar instrucción pública a quien determine la
logia”.251

En diversas oportunidades, fue debatida en Fernandina la
posibilidad de impartir clases en sus locales. Así, en noviem-
bre de 1881, discutió un proyecto, a la larga no concretado,
para abrir una academia nocturna en ellos.252 Mientras, Asilo
de la Virtud, en mayo de 1885, de conjunto con la logia Obreros

247 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 3, p. 103.
248 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 5, p. 59.
249 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 10, p. 69.
250 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, p. 196.
251 Ibídem, p. 231.
252 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 4, p. 168.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

del Progreso se propuso crear una escuela en la ciudad, idea
que no fructificó.253

En 1899, Asilo de la Virtud se propuso fundar una escuela
nocturna para los obreros de la ciudad, la llamaron Acade-
mia Elemental para Adultos. Martín Morúa Delgado, uno
de sus miembros, de visita en Fernandina el 12 de julio de
ese año, invitó a sus miembros a coauspiciar el proyecto.254
Algunos, como Pedro Modesto Hernández,255 se dieron a la
tarea de hacer funcionar la escuela, la cual, fue fundada el
9 de febrero de 1900, e inaugurada dos meses después, en
abril. Del examen del Reglamento de dicha escuela, que con-
taba con 23 artículos, se desprende que estaba dedicada a
dar formación primaria elemental, en el horario de siete a
nueve de la noche.256

El taller se pronunció el 27 de febrero de 1901, por fundar
una escuela en la cárcel “donde tan necesario es llevar los
beneficios de la instrucción y de la moral”.257 En consecuen-
cia, elevó una propuesta al Consejo Escolar.258 No consta que
haya recibido respuesta alguna. En un período en el cual el
preso era calificado como una lacra, incapaz de superar su
exclusión social luego de cumplida la sentencia, resulta sin-
gular el enfoque de ese taller sobre sus posibilidades reedu-
cativas a través de la actividad intelectual. La moción conlle-
vaba a su vez el reconocimiento del derecho de los presos a
la educación.

253 Ibídem, p. 59.
254 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, pp. 145 y 282.
255 Ibídem, p. 298.
256 Ibídem, p. 80.
257 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p. 12.
258 Ibídem.

134

Samuel Sánchez Gálvez

En varias oportunidades Fernandina de Jagua se quejó ante las
autoridades locales y emitió criterios o recomendaciones sobre
diversos asuntos públicos. Un ejemplo de ello fue su protesta,
en noviembre de 1900, por “el repugnante espectáculo que se
viene observando en las calles de esta ciudad con la presencia
en ella de los ciudadanos condenados por el Juzgado Correc-
cional a trabajos forzados”.259

La logia estuvo al tanto y aplaudió toda acción emprendida
por otros que contuviese o compartiese sus ideales sociales,
aún fuera de Cienfuegos. El taller felicitó en 1885 a “Martha
Abreu de Estévez en Santa Clara por el teatro La Caridad, la
ilustración y el progreso que traerá consigo y por las obras
de beneficencia que ella y sus hermanas Doña Rosa y Rosalía
llevan a cabo”.260

El taller promovió certámenes y concursos. En el año 1888
creó “el premio Fernandina de Jagua para ofrecerlo en la
próxima Feria Exposición de Santa Clara”.261 Luego, en abril
de 1891, convocó a un concurso para todos los habitantes
del país. Sus bases exigían se escribiese un ensayo sobre el
tema “Organización y relaciones de Centrales y Colonias,
que garanticen y aseguren sus respectivos derechos y de-
beres, como uno de los medios de desarrollar las industrias
agrícola y fabril de las cañas de azúcar en la Isla de Cuba”. El
premio consistía en “ciento dos pesos oro”.262

En junio de 1891, la logia convocó un “Certamen de Instruc-
ción”, a tenor de que “la Masonería debe propender á la cul-
tura y progreso, en todas sus formas, de la sociedad en que

259 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p. 78.

260 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 8, p. 225.

261 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9-A, sin numeración
en las páginas.

262 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, pp. 40-41.

135

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

se halla establecida”. Al ganador se le pagarían los derechos
oficiales de matrícula y los exámenes correspondientes a la
Segunda Enseñanza.263

La trascendencia de tal concurso, premio aparte, estriba en
sus fines: contribuir al perfeccionamiento de la educación en
la localidad y el país. En general, los certámenes y concursos
convocados por Fernandina respondían y atendieron a nece-
sidades prácticas de la sociedad.

Al igual que la educación, otro de los campos de especial
atención de las logias, fue el de la salud. Las epidemias des-
encadenadas por la viruela, enfermedad mortal en más de
un treinta por ciento de los casos en el período, constituían
un azote cíclico. Fueron frecuentes las ayudas y donativos
entregados por los talleres a quienes la padecieron. Así, en
1888, Fernandina distribuyó casa por casa los fondos que co-
lectó para ese fin, y estableció y costeó en 1891 un centro de
vacunación en sus locales para combatir ese virus. El cen-
tro era atendido por sus médicos; “los doctores Fernández,
Lay y Perna de Salomó”, quienes, “gratuitamente se habían
ofrecido para inocular el virus y vacunar en esta logia”. Por
su parte, otros miembros de ese taller se dieron a la tarea
de abastecer al centro de las pústulas necesarias, base de las
vacunas en esos años, así como a promover su donación por
otras personas de la localidad.264

Fue imposible determinar qué estrategia de vacunación em-
pleó la logia, si lo hizo de manera selectiva, a individuos de
su interés con probabilidad de padecerla o a quienes solici-
taran el servicio. Dada la limitación de sus recursos no pudo
realizarla de manera extensiva. Que se conozca, el centro de

263 Ibídem, pp. 44-47.

264 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 9, pp. 245 y 248 y
Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, pp. 45,48 y 51.

136

Samuel Sánchez Gálvez

vacunación establecido por ese taller, fue el único patroci-
nado por una institución local no perteneciente al gobierno
durante todo el siglo XIX.

Libros para edificar al Hombre

En consonancia con su ideario institucional de combatir la
ignorancia por cuanta vía fuera posible, constituyó un an-
helo constante de las logias cienfuegueras la creación de bi-
bliotecas, ya fueran estas de carácter interno o público. La
lectura y análisis de las fuentes primarias y secundarias refe-
rentes a la vida de los talleres de la localidad así lo atestigua.

El primer intento de crear una biblioteca partió de Asilo de
la Virtud. En la sesión del 9 de mayo de 1880, acordó fundar
una, dadas las inmensas ventajas que “por reducida que fue-
se nos traería a todos, porque ¿quién de vosotros no conoce
que nuestras inteligencias han de menester de una fuente
común donde beber los varios conocimientos que abraza la
Masonería?”.265 Los masones de Asilo sabían de la imposi-
bilidad de muchos de adquirir libros, una frase de Antonio
Franco Rey, el postulante de la idea, lo refleja: “¿quién olvida
que entre nosotros hay algunos hh.(hermanos) que siendo
aplicados en el estudio carecen de los medios para propor-
cionarse libros en que instruirse?”266

La propuesta concebía, en primer lugar, la donación de li-
bros por quienes estuviesen en más holgada posición econó-
mica o los poseyesen en casa, “porque desposeerse de uno
o varios libros que uno tenga para adquirir el usufructo de
muchos es un negocio tan lucrativo que ya de por si esta

265 Vicente Rumbaut y Yanes: op. cit., pp. 52-54.
266 Ibídem.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

convidando a intereses en él”,267 y en segundo, por compras
con los fondos del taller.

El reglamento aprobado para su funcionamiento preveía su
apertura los días festivos desde las doce del día a las cuatro
de la tarde y en las horas de las sesiones. Tendrían derecho
a usar los fondos todos sus miembros y los visitadores, estos
últimos de manera interna, o sea dentro de su local.

Se creó una comisión de tres miembros, designada cada se-
mestre por la logia, para atender las labores de la biblioteca.
Los estatutos consideraban cómo adquirir las obras, de dón-
de conseguir los medios para ello, cómo proceder y sancionar
ante pérdidas y deterioros, así como el ordenamiento interno
de la colección, a partir de una clasificación por secciones.

La clasificación, un muestrario de los intereses que la mem-
brecía de Asilo de la Virtud favorecía divulgar, abarcaba las
temáticas siguientes: Masonería en general y grados respecti-
vos, Historia masónica y profana, Ciencia exactas, Literatura
y Bellas Artes y Filosofía moral e intelectual. La Biblioteca, la
primera propiedad de una institución masónica en Cienfue-
gos, fue organizada y puesta en funcionamiento con éxito.

Dispuestos a alentar a quienes compartiesen su idea, los
miembros de Asilo de la Virtud sustentaron a los masones
de Obreros del Progreso en la forja de un proyecto análogo
para crear una biblioteca en esa logia. Sin embargo, por mo-
tivos que no logramos determinar, su concepción no prospe-
ró en la práctica.268

La biblioteca de Asilo de la Virtud brindó la posibilidad a
toda su membrecía, pero en especial a aquellos de menores

267 Ibídem.
268 Ibídem, p. 59.

138

Samuel Sánchez Gálvez

posibilidades económicas, de adquirir conocimientos masó-
nicos y de cultura general. A otros contribuyó a elevarles sus
niveles profesionales y culturales. Y aunque se limitó a aten-
der a las necesidades de los hombres pertenecientes a la ins-
titución, constituyó un primer paso para futuras empresas a
promover por otras logias.

En la actualidad, en Asilo de la Virtud, en aceptable estado
de conservación, aún se conserva un grupo de los libros que
formaron parte de aquella primera colección, junto a otros
adquiridos con posterioridad.269 Hoy día, la biblioteca toda-
vía presta servicios de carácter interno a sus miembros.

La Biblioteca Pública de Fernandina de Jagua

Como consecuencia del desarrollo de Cienfuegos en la déca-
da de los ochentas, reflejado, por ejemplo, en la presencia de
once escuelas gratuitas y dieciséis particulares -en una po-
blación de 21 589 habitantes-, así como con numerosos profe-
sionales, técnicos y artesanos de cierta calificación, resultaba
una necesidad social que la ciudad poseyera una biblioteca.
Sería el espacio donde los interesados pudiesen acceder a la
bibliografía científico-técnica, a la literatura y a una prensa
periódica en la cual se reflejaban las noticias, no sólo políti-
cas sino también científicas y culturales.270

Por las razones antes expuestas, Fernandina de Jagua se pro-
puso fundar una biblioteca para sus miembros. La primera
idea al respecto se originó el 20 de noviembre de 1882.271 El
plan no prosperó entonces por motivos económicos, aunque
el proyecto se mantuvo. Comenzaron a la sazón a recolectar

269 Ibídem.
270 Enrique Edo y Llop: Memoria histórica de Cienfuegos y su jurisdicción, Imprenta

Nueva de J. Andreuy Gp., Cienfuegos, 1888, p. 661.
271 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 5, p.136.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

fondos y donaciones para su fundación. En las actas apare-
cen las vías que emplearon para ello y las diversas contribu-
ciones realizadas.272

Para 1889, la idea volvió a prender en el ánimo de Fernandina,
pero entonces con una concepción más ambiciosa: fundar una
biblioteca pública y gratuita para la ciudad. Sin embargo, el
dinero que se precisaba seguía excediendo las posibilidades
económicas de la logia. Ante tal situación, se autorizó al Vene-
rable Maestro a fin de que, “invitase á particulares y corpora-
ciones á que le presten su cooperación al objeto indicado”.273

El 3 de septiembre de 1890 se aprobó el proyecto final para la
fundación de la biblioteca.274 (Anexo IX) En él, se reafirmaba
su concepción de pública y gratuita, “del pueblo en general”,
se constataba su aceptación en la ciudad y la recepción de
algunas donaciones de particulares para la misma. La logia
cedió el frente de su local para su ubicación y creó un puesto
de bibliotecario cuyo salario pagaría. Más tarde, en la prensa
se convocó para ocupar la plaza y en Fernandina se discutió,
en varias sesiones, sobre a quién colocar en ella.275

El taller perseveró acudiendo a diversas logias e institucio-
nes, en demanda de ejemplares para los fondos de la futura
biblioteca. El 12 de noviembre de 1890, la Junta de Agricul-
tura, Industria y Comercio de La Habana, le respondió que,
careciendo de obras, “había circulado la petición entre sus
vocales, á fin de que contribuyan á la realización de nuestro
propósito”, pero la logia jamás recibió de esa institución li-
bro alguno.276

272 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 7, p. 272.

273 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 10, p. 52.

274 Ibídem, pp. 210- 212.

275 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, pp. 18-25.

276 Ibídem, pp. 1-2.

140

Samuel Sánchez Gálvez

Se visitó a Emilio Terry,277 quien no era miembro de Fernan-
dina pero sí masón, para pedirle su apoyo. Este “ofreció do-
nar 500 volúmenes”; algo que nunca hizo, pese a sus reite-
radas promesas y la mucha insistencia de la logia entre los
años 1893 y 1902.278 Igual se le pidieron donaciones, entre
otros, a José Pertierra, al Márquez de Apezteguía y a la Real
Sociedad Económica de Amigos del País. Al Ayuntamiento
cienfueguero se le demandó pagase el sueldo del bibliote-
cario.279 Nadie ayudó. La logia careció del apoyo oficial del
gobierno, del resto de las instituciones no masónicas y de los
ciudadanos más ricos de la ciudad.

El respaldo determinante para crear la biblioteca le llegó a
Fernandina de su propia membrecía. La biblioteca se inau-
guró el 1 de febrero de 1891. Era la primera biblioteca públi-
ca de Cienfuegos y la única con tales características que tuvo
la ciudad hasta adentrada la segunda década del siglo XX.

Una intervención del Venerable Maestro de Fernandina, el 4
de marzo de 1891, permite percibir el patriotismo, cubanía y
universalidad que guió a los miembros del taller en el pro-
yecto. Éste notificaba la donación de “algunas sumas para la
compra de los bustos en yeso de Cervantes, Las Casas, Saco,
Luz, Colón, Pozos Dulces, Varela y Heredia, con destino a la
Biblioteca Pública”.280

Artistas locales realizaron funciones a beneficio de la biblioteca.
Una de las más grandes artistas cienfuegueras y del país, Lui-

277 Luis J. Bustamante: op. cit., pp. 236-238.
278 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, pp. 27 y 166;

Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 103; Logia
Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, pp. 37-38, 125 y 235-
236.
279 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, p. 32.
280 Ibídem, p. 32.

141

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

sa Martínez Casado, se ofreció a dar una función gratuita para
el “progreso de la Biblioteca Pública y el Hospital Municipal”.
Aunque la función dio pérdidas a la logia, a Martínez Casado
se le reconoció con una medalla encargada a tales efectos.281

La logia, sin éxito, realizó gestiones para ubicar la biblioteca
en un lugar más céntrico de la ciudad. Se solicitó al Ayun-
tamiento el traslado de la misma a su local, o a un local del
Teatro Terry, cuestión con la cual, afirmaba Enrique Edo,
“los hermanos Terry estaban de acuerdo”.282 Fue inútil. La
biblioteca siempre funcionó en el espacio del taller.

Se divulgó la labor de la biblioteca en la prensa. Al respec-
to el propio Enrique Edo pidió en 1893 publicar un anuncio
“constante”, dando a conocer que la biblioteca “estaba abier-
ta durante las horas y días que preceptúa su reglamento, y
que a ella concurrir podían cuantas personas lo desearan”. A
finales de ese propio año él mismo demandó “sacar dos co-
pias del movimiento mensual con objeto de darle publicidad
en los periódicos”. Tal proyección divulgativa se mantuvo
hasta el año 1902.283

El hecho de que el proceso de adquisición de nuevos títulos
siempre estuviera condicionado por las donaciones, lastró la
posibilidad de establecer una política coherente de selección
de sus fondos. La adquisición de novedades bibliográficas
fue escasa. Se constata al observar que los fondos de la biblio-
teca sólo se incrementaron con ochenta títulos entre febrero
de 1891 y mayo de 1899. Esto constituyó un inconveniente
para una mayor captación de usuarios y una más elevada la
calidad de sus servicios.

281 Ibídem, pp. 93-94, 99 y 166-167.
282 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, pp. 79-80.
283 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, pp. 170 y 259.

142

Samuel Sánchez Gálvez

Una clasificación general de algunos de los títulos pertene-
cientes a la biblioteca, permite trazar los límites del cono-
cimiento que se podía adquirir en ella. Sobresalen, los de-
dicados a las ciencias sociales, a los temas históricos y a las
ciencias naturales. Por ejemplo, se hallaban títulos como:
El individuo y la Reforma Social de Eduardo Sanz y Escantin,
Problema colonial contemporáneo, La mujer en la Humanidad de
Julián F. Arcaraz, Historia del descubrimiento de América de
Emilio Castelar, Los Anarquistas de César Lombroso, Vida y
retrato de los Presidentes de Estados Unidos, Historia de los Vo-
luntarios Cubanos, Cuestiones políticas y sociales y el Curso de
Filosofía Elemental de Javier Balmes.

Entre los consagrados a los problemas de las ciencias se ha-
llan: Física moderna de Armando Baesa Salvador, Pluralidad
de mundos habitados y Lo desconocido y el mundo de los sueños
de C. Flagmarion, Después de la muerte de Luis Figuler, La plu-
ralidad de las existencias del alma de Andrés Pezzoné, Manual
de Frenología de Sabino de Losada, Tratado de Física de Gandt,
Pequeña Enciclopedia Electromecánica de Henry de Graffigny.

Dentro del tema de la educación se destacan: Conferencias sobre
enseñanza de Fitch, Educación del Hombre de Frochel, Psicología
Pedagógica de Sully, Memorias sobre las escuelas públicas de esta Isla
de 1900 a 1901, Los males y remedios para las naciones civilizadas
o sea Educación Política para establecer la libertad de los pueblos de
Aquiles Rouchy.

En una proporción menor encontramos títulos de literatura
general: Obras de Cervantes, Novelistas anteriores a Cervantes,
Friquitaques de Fray Candil, y estudios literarios novedosos
en esos años como Ojeada histórica-crítica sobre la Poesía Ecua-
torial.284

284 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, pp. 210, 217, 228,
234, 246 y 258.

143

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

Algunos miembros del taller donaron libros de su propia
autoría. Destaca entre ellos Luis Perna de Salomó con, entre
otros, su obra Transposición Visceral y otros trabajos presen-
tados en varios congresos médicos.

Para 1902, con el inicio de la república neocolonial, la logia
comenzó a recibir títulos enviados por sus autores desde
otras regiones del país. Dentro de ellos sobresale el caso de
Vidal Morales, con “un ejemplar de la obra titulada Inicia-
dores y Primeros Mártires de la Revolución Cubana”.285 De
igual manera la biblioteca inició, en una fase de mayor espe-
cialización bibliológica, el canje de ejemplares con varias de
sus similares del país y el extranjero, algo por lo cual, a partir
de 1902, mostraron atención los gobiernos estadounidense y
cubano. En tal sentido, el taller recibió una carta del alcalde
municipal dándole a conocer el interés del “Ministro Ame-
ricano en Cuba” para que su biblioteca comenzara a canjear
documentos y publicaciones “con Bibliotecas e Institutos de
los Estados Unidos”.286

Por último, los escasos documentos atesorados en la logia
relacionados con la labor de su biblioteca, permitieron de-
terminar que los libros se procesaban según su orden de
adquisición, mientras que la recuperación de la información
se realizaba a partir de fichas de título, autor y secciones de
materia.

El servicio de la biblioteca se prestaba bajo la concepción de
sala de lectura, o sea mediante el préstamo interno. De la
prioridad del taller para prestar servicios con calidad, tes-
timonia su convocatoria pública para ocupar la plaza de bi-
bliotecario, y que, al quedar insatisfecho con los presentados,
lo seleccionara entre sus miembros mejores y más cultos. Co-

285 Ibídem, p. 210.

286 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 14, p. 276.

144

Samuel Sánchez Gálvez

rroboran, además, su interés por los servicios, el sacrificio de
parte de su local para su ubicación y el tiempo dedicado en
las sesiones a debatir cómo hacerla trabajar mejor.

La preocupación por los horarios, que variaron en diferentes
etapas, y los criterios manejados a tenor del tema, evidencian
el afán de la logia por hacerla asequible a la población cien-
fueguera. Entre los años 1891 y 1895, la biblioteca prestaba
servicios a diario durante dos horas. En marzo de 1899, el
taller acordó abrirla tres horas por jornada, “de 7 á 10 todas
las noches”, concibiendo su ampliación a “los días festivos y
los domingos en que solo se abrirá durante el día”.287

En octubre de 1901, Enrique Edo y Llop, entonces presidente
de la Comisión de Instrucción y Biblioteca de la logia y tal
vez quien más hizo por ella a nivel individual, propuso una
evidente mayor ampliación de sus horarios “como objeto de
que puedan concurrir a la Biblioteca muchas personas que
por sus ocupaciones laborales no pueden hacerlo por las no-
ches se abrieran también los días festivos de 12 á 4 de la tar-
de”. Su idea se aprobó, por “la importancia que tiene para la
instrucción del pueblo una biblioteca pública”. 288

La biblioteca laboró hasta la clausura de la logia por el go-
bierno en abril de 1895. En marzo de 1899, dos meses des-
pués que el taller reiniciara sus labores, reabrió sus servicios,
siendo, como afirmó la revista La Gran Logia, “la única en la
isla establecida y sostenida por la masonería”.289

En el local de la biblioteca se admitía a lectores sin distingo
de raza, sexo, edad, nivel escolar alcanzado, clase o razón
social. El hecho de admitir a negros tuvo casi de inmediato

287 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 12, p. 103.
288 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 13, pp. 42-43.
289 La Gran Logia. Tercera Época I, La Habana, Marzo 15 de 1899, p. 2.

145

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

detractores dentro de la sociedad cienfueguera. El 1 de julio
de 1891 Fidel Miró, “manifestó a la Cámara rumores que ha-
bían llegado á sus oídos, según los cuales varias personas de
raza caucásica se eximían de concurrir á la biblioteca, porque
á ella asistían individuos de la raza africana”. El Venerable
Maestro deploró “las preocupaciones de los que en tales ni-
miedades se fijan para no almacenar en su cabeza los tesoros
de saber que gratuitamente le brinda esta logia con la crea-
ción de la Biblioteca, título de orgullo para los masones de
Fernandina”.290 El taller demostró mantenerse firme en sus
principios de igualdad racial y social, defendiendo el dere-
cho de todos los cienfuegueros de asistir a la biblioteca.

La biblioteca recibía, sin costo alguno, la prensa de la locali-
dad. Ricardo E. García, masón de la logia y director del pe-
riódico local El Siglo, hacía llegar al taller a diario de veinte a
treinta ejemplares del mismo para la biblioteca.291 De manera
regular, el taller recibió una media que oscilaba, entre veinti-
siete y treinta y dos publicaciones seriadas de Cuba, España
y Estados Unidos.

Cada mes el bibliotecario rendía cuentas al taller de los tra-
bajos y servicios prestados por la biblioteca. De manera ge-
neral, lo hacía en la forma que a continuación reproducimos,
informe dado a conocer el 4 de marzo de 1891, y que consti-
tuye el primer reporte no sólo de esta biblioteca, sino de una
biblioteca pública en la ciudad y región de Cienfuegos: “in-
tervino Lomonte, como bibliotecario, acompañando el estado
que previene el artículo 11 del reglamento de la biblioteca, se-
gún el cual han sido consultadas durante el mes de febrero 49
obras de diversas clases han concurrido 192 lectores y existen
razonadas 428 obras con 788 volúmenes. En el mismo estado

290 Logia Fernandina de Jagua: Libro de Actas de las Sesiones, Nº 11, p. 55.

291 Ibídem, p. 178.

146

Samuel Sánchez Gálvez

se consignan diez periódicos, gratuitamente recibidos”.292

Esta forma variaría con el tiempo, alternándose la cantidad
y calidad de los datos comunicados al taller. En ocasiones,
los secretarios de la logia no asentaron en las actas las es-
tadísticas de los préstamos y servicios de la biblioteca o no
lo hicieron con el rigor requerido, limitándose a referir que
el bibliotecario rendía cuentas. Ello imposibilitó la recupe-
ración total de la información e impidió acometer un análi-
sis más profundo del movimiento de fondos y usuarios. No
obstante, se consiguió compilar suficiente información para
realizar algunas observaciones.

Tampoco las cifras en los reportes mensuales expresan la
realidad de los servicios. Se evidencia al constatar que no
aparecen reflejados todos los préstamos a individuos de raza
negra o mestiza. Contrasta que el primer servicio prestado a
un no blanco aparezca reportado en marzo de 1892, cuando
ya el 1 de julio del año anterior se debatían en la logia los cri-
terios negativos de algunos ciudadanos de la localidad por la
presencia de negros y mulatos en la biblioteca.

Fue entre abril de 1892 y ese propio mes de 1895, que la
afluencia de individuos de raza negra se hizo constante, aun-
que mínima en comparación con el total de los usuarios. Así,
el mayor reporte de su concurrencia tuvo lugar en octubre
de 1894 con dieciocho asistentes. Lo importante del hecho es
que un grupo de negros y mulatos de la ciudad aprovechó la
oportunidad brindada por la logia para acceder al libro y con
él a la superación intelectual.

La media de los reportes de préstamos mensuales de la biblio-
teca advierte su tendencia creciente. En los datos estadísticos
reconstruidos se observa que en 1891 la media mensual de ser-

292 Ibídem, p. 31.

147

En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

vicios fue de 33 libros; en 1892 de veintitrés; en 1893 de veintio-
cho; en 1894 de 125; en los tres meses laborados de 1895 de 98
y en 1899 de 121. Fueron las obras relacionadas con las ciencias
médicas y naturales -Física, Química y Biología-, las de mayor
consulta y préstamo. A ellas les seguían, en un orden que se
alternaba por etapas, las ciencias sociales y la literatura.
El servicio de lectura de la prensa permitía a sus lectores cono-
cer de las noticias y eventos sucedidos en diferentes lugares,
con disímiles ópticas. La posibilidad que brindaba la variedad
de periódicos recibidos en la logia, favorecía la confrontación
y comparación de perspectivas e ideas dadas por autores y
medios, lo cual era una opción poco probable de hallar en otra
institución de la ciudad.

El aumento de los servicios y con ello de las cifras de lectores
de obras y periódicos, dice del espacio que la biblioteca fue
ganando en la ciudad, lo cual le permitió convertirse en uno
de sus centros de la actividad cultural, educacional y de pro-
moción y socialización del conocimiento en ella.

Lo que representó la biblioteca pública de Fernandina de
Jagua, como la primera de su tipo en la ciudad y región ci-
enfueguera, es la razón por la cual nos hemos extendido
en su estudio. No hubo otra en Cienfuegos durante más de
treinta años y fue única por las características de sus fondos,
los servicios informativos y culturales que brindó y, porque
sintetizó en sí el proyecto de labor y servicio social que los
miembros de Fernandina se propusieron realizar en su co-
munidad. Un triangulo de importancia se cerró entre la labor
educativa del taller, sus acciones en beneficio de la salud pú-
blica y la educación y su biblioteca, la cual sirvió para desa-
rrollar los dos primeros objetivos.

148

Samuel Sánchez Gálvez

Capítulo III

Puliendo la piedra bruta. Ciencia y cultura en
Fernandina y Asilo

En los estudios sobre la masonería un aspecto apenas
reseñado es la relación que la institución establece con
la ciencia y la cultura. Jorge Núñez Jover en su libro La
ciencia y la tecnología como procesos sociales afirma: “la ciencia
es, ante todo, producción, difusión y aplicación de conoci-
mientos” y, más adelante, asevera en la misma obra que la
ciencia “no se da al margen de las relaciones sociales, sino
penetrada de determinaciones práctico-materiales e ideoló-
gico valorativas, tipos de actividad en los cuales ella también
influye considerablemente”.293

Las logias cienfuegueras Fernandina de Jagua y Asilo de la
Virtud no tuvieron entre los objetivos de su actividad ni la
investigación ni la producción científica o cultural. No es
ese un propósito de la masonería. Sin embargo, entre 1878
y 1902, militó en ellas un número considerable de hombres
para quienes la ciencia y la cultura constituían sus espacios
habituales de actuación. Ambos talleres, en especial Fernan-
dina, no sólo les aglutinaron y relacionaron alrededor del
pensamiento institucional, sino que aprovecharon sus acer-

293 Jorge Núñez Jover: La ciencia y la tecnología como procesos sociales. Lo que la
educación científica no debería olvidar, Editorial Félix Varela, La Habana, 1999. p.
27.

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En Tenida Blanca. Historia de la masonería en una ciudad cubana. Cienfuegos (1819-1902)

vos intelectuales, estimulándoles a realizar variadas activi-
dades de promoción y difusión cultural y científica dentro
de la institución y fuera de ella, a fin de educar, perfeccionar
y formar criterios culturales y científicos en sus miembros y
en la sociedad. Ello repercutió en el accionar interno y ex-
terno de las logias, en la vida profesional y no profesional de
su membrecía y en los servicios culturales y científicos que
ambas prestaron a la comunidad cienfueguera en esos años.

Las acciones emprendidas por la masonería local con tales
fines, promovieron el interés de sus miembros por las más
diversas expresiones de las ciencias y las letras y resultaron
entre las más trascendentales expresiones materiales de su
pensamiento de progreso. La naturaleza de algunos de los
temas discutidos en Fernandina y Asilo, durante el perío-
do, permite aseverar que, con diferentes horizontes y grados
de amplitud, ambas logias se convirtieron en unidades de
identificación, promoción y protección sociocultural dentro
de la comunidad y en entes socializadores de los resultados
y adelantos culturales y científicos del período. La presen-
tación y discusión de temas culturales y científicos en ellas
estuvieron preceptuadas por el ejercicio interno del debate
y la confrontación de ideas, el reconocimiento de criterios
divergentes, la primacía del pensamiento racional y el trata-
miento de la humanidad como totalidad, con el objetivo de
superar a sus miembros. 294

El análisis de la relación establecida por Fernandina de Jagua
y Asilo de la Virtud con la ciencia y la cultura, entre los años

294 En la masonería se considera que el hombre, cual piedra bruta, debe bruñirse
con conocimientos, en aras de llegar a ser “piedra pulida”. Una escultura del
masón Augusto Rodín, de título El Aprendiz, representa a un hombre con
mazo y cincel, esculpiéndose a sí mismo. El mazo y el cincel, son instrumentos
simbólicos para la masonería con los cuales se pule el intelecto. Por antonomasia,
con ambas herramientas se combate la ignorancia.

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