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Poker online - los secretos del - Raul Mestre;Luis Valera

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Published by dandres.898, 2019-07-23 12:01:53

Poker online - los secretos del - Raul Mestre;Luis Valera

Poker online - los secretos del - Raul Mestre;Luis Valera

no jugadores de torneos; y la segunda, que las cosas era
mejor construirlas desde abajo, con gente joven que
demostrara su habilidad, en lugar de con los típicos
jugadores estrella. Estaba harto de estrellas errantes y
estrellas fugaces. Yla verdad es que no me equivoqué».

El proyecto y la ocasión empezaban a encajar. Juan
necesitaba un equipo de jugadores capaz de generar en la
sala virtual de Unibet comisiones por valor de unos 25.000
euros mensuales. La idea no era ingresar ese dinero en la
caja de Unibet, sino invertirlo en patrocinar a ese equipo de
jugadores para que participaran en campeonatos y torneos
nacionales e internacionales. Tarde o temprano, si la elección
del equipo era la correcta, acabaría por sonar la flauta y ello
repercutiría en el prestigio de su marca. Pero ¿quién podría
ser capaz de seleccionar a esos jugadores y prepararlos de
forma adecuada? Juan había oído hablar de Raúl a dos
personas: Jorge Pla y Simón Muñoz. Al segundo ya lo
conocemos; respecto al primero, se trataba de un jugador
también valenciano, de Alzira, que había obtenido renombre
en el mundo de los torneos de poker en España, los CEP
(Campeonatos de España de Poker). Eran dos
recomendaciones que podrían considerarse como avales.
Entonces entró en el blog de Raúl, se informó sobre él,

comprobó su trayectoria, leyó sus artículos y le propuso la
idea. Aquel joven era la personificación de las cualidades
más contrarias a las de tipos como El Boa que nadie pudiera
imaginarse. Incluso era lo bastante distinto a los Pelayos
como para tomarlo en consideración muy en serio. Un joven
inteligente, trabajador incansable, sensato y tranquilo. Muy
alejado de la figura de divo, si se me permite la expresión.
Alguien que le inspiraba confianza.

Raúl, por su parte, escuchó con interés la propuesta de
Juan. Pilló la idea a la primera y la sopesó con su
acostumbrada y parsimoniosa agudeza. No tenía nada que
perder, y él ya estaba preparando gente para que jugara bien
al poker. Sólo tenía que forzar un poco la máquina y hacer
que se lo tomaran más en serio. Y nada mejor que la
oportunidad que les ofrecía Juan para hacerlo.

En efecto, aquella vez sí que dio en el blanco: «Unibet
estaba muy interesada en organizar un equipo de jugadores
profesionales -me relata Raúl-. No tenían mucha idea de
cómo organizarlo, así que yo les dije que lo mejor que podían
hacer era escoger a los jugadores que fuesen capaces de
jugar más tiempo en sus mesas. Esto se debía a tres razones:
la primera era que un jugador capaz de jugar durante muchos

cientos de miles de manos no podía ser un jugador perdedor,
ya que en caso contrario se arruinaría. La segunda, que un
jugador que fuera ganador en Internet siempre iba a ser muy
superior a los jugadores en vivo. Yla tercera, que un jugador
que juegue durante mucho tiempo en la sala que lo patrocine
dejará mucho margen en comisiones para dicha sala, con lo
que la esponsorización será más económica». Por si no
conocen la tesis de Raúl Mestre acerca de la calidad
comparada entre un jugador profesional online y un jugador
profesional en vivo, sobre las mesas de tapetes verdes, la
expondré con brevedad: según él, el primero es mejor
jugador que el segundo. ¿Pero no se trata de algo
discutible?, se me ocurrió oponerle. Son planteamientos muy
diferentes: en vivo la observación de las actitudes del
contrario -por mucho que se camufle con gorras y gafas de
sol para evitar los cantes- constituye el 50 por ciento del
éxito. En una partida virtual la única información que
disponemos de los rivales nos la proporciona su estilo de
apostar o resubir, que puede ser agresivo o prudente,
además del dinero que tiene registrado en la mesa y que
sabemos puede utilizar para restarse.

«Este punto, en general, crea mucha polémica con los
jugadores de poker en vivo -reconoce Raúl-. El poker en

vivo tiene cierto encanto social y es el escaparate que
buscan todas las salas online para venderse. Pero no es algo
a lo que un buen profesional pueda dedicarse, ya que la
cantidad de manos por hora que se juega es ridículamente
baja. Es cierto que el nivel de juego para los principiantes es
siempre más accesible online que en vivo, pero todos los
grandes jugadores de la actualidad vienen de salas online y
eso no es por casualidad, sino porque la experiencia de dos
años de juego en salas virtuales equivale a la de ciento
cincuenta años en vivo. A día de hoy, la inmensa mayoría de
los grandes eventos en vivo se los llevan jugadores
provenientes de Internet. Sin embargo, para la gente que
lleva años jugando en vivo, que salgamos unos niñatos que
jugamos desde casa y pretendamos ser los que sabemos de
lo que hablamos es un golpe demasiado duro para su ego».
El argumento, ciclópeo, inatacable, me resuena en los oídos:
«La experiencia de dos años de juego en salas virtuales
equivale a la de ciento cincuenta años en vivo».

Eso era algo que Juan Barrachina, a esas alturas, tampoco
le iba a discutir. Del ego de las estrellas ficticias y reales
estaba hasta la coronilla. Así que la idea estaba creada y la
tarea pendiente era buscar a los jugadores adecuados. Una
tarea que si había alguien capaz de llevar a buen puerto, no

podía tratarse más que de una persona con el perfil de Raúl
Mestre. No por casualidad, pues no sólo había demostrado
ya ser un jugador muy eficaz, sino que también había
conseguido un merecido prestigio como auténtico experto
del poker y atesoraba ya bastante experiencia en iniciar a
mucha gente en los arcanos del juego. Ahora le quedaba por
demostrar que tenía madera de líder y era capaz de elegir a
sus jugadores y motivarlos de manera adecuada. Y en ese
desafío Raúl no se hacía falsas ilusiones, porque en su
naturaleza está no presumir nada, sino trabajar duro para
conseguir sus objetivos. Y cuando el objetivo consiste en
seleccionar a cinco jóvenes con talento para el poker, acabar
de prepararlos y convencerles de jugar los miles de manos
necesarias para generar comisiones por valor de 5.000 euros
mensuales por cabeza con vistas a jugar y ganar torneos, la
cosa no es tan fácil como pudiera parecer a primera vista.

«Quiero aprovechar este libro para agradecerle a Juan la
confianza que tuvo conmigo -me suelta con toda la humildad
del mundo-, y haberme brindado esta magnífica oportunidad.
Cuando Juan empezó a patrocinarme yo no era un jugador
especialmente conocido en el mundo del poker a nivel
nacional. Tampoco es que fuera desconocido porque
publicaba muchos artículos, pero él depositó su confianza

en mí. Espero no haberle defraudado».

A mí me entra la tos cuando le oigo estos arranques. ¿Por
qué será que casi todas las personas valiosas que he
conocido son tan malditamente humildes? Bastaría con
pensar en El Boa y hacer una pequeña comparación para
responder a esta pregunta, pero si alguno tiene alguna duda
acerca de la respuesta, no tiene más que seguir leyendo.

En donde se relata el nacimiento del Equipo Unibet
y su consideración práctica, se habla de las ventajas
y desventajas del juego virtual y el juego en vivo, y
se responde a la pregunta: ¿a quién reclutar?

aúl se puso manos a la obra. Mucho antes de
haberse propuesto un objetivo semejante, ya había iniciado
su trabajo de profesor de poker online y lo había hecho en
su propia casa, transformando el comedor principal en una
especie de pandemónium informático en donde varios de
sus amigos se pasaban horas y horas jugando manos y
escuchando sus consejos. Al cabo de un año, por las fechas

en que recibió la propuesta de Juan Barrachina, llegó a tener
a diecisiete tutelados jugando en el comedor de su casa. A
fin de cuentas, se decía a sí mismo, algo debían haber
adelantado ya: «Con estos precedentes decidí convencer a
mis amigos para que empezasen con el poker en serio. Yo me
iba a encargar de enseñarles, de ponerles una banca y, si
trabajaban duro y ganaban su plaza en el Equipo Unibet, de
ayudarles también en los torneos».

Pero la idea, que suponía un compromiso de esfuerzo, no
tuvo una acogida tan entusiasta como pudiera pensarse: «Al
principio, se mostraron reticentes -reconoce Raúl-. Uno de
mis amigos, Luis Sevilla, dio el primer paso y estuvo
ganando dinero durante unos meses. Esto convenció a una
segunda persona a probar, Héctor, lo que rápidamente
convenció a un tercero, Diego; y esto trajo una cascada de
gente que empezó a mostrar interés: Víctor, José Luis Valero
"Poche", Campa, etc.».

Raúl siempre ha sido muy realista. Comprendía su
reticencia: se trataba de jugar manos y manos hasta generar
unas comisiones de 8.000 euros mensuales por cabeza. Se
trataba de ganar además el suficiente dinero para vivir, y a
partir de ahí te colocabas en situación de formar parte del, en

el lenguaje particular del grupo, Equipo A. En realidad, como
matiza Alvaro, cuando él llegó todos los que jugaban en el
piso de Raúl por entonces acabaron entrando en el Equipo
Unibet, y por tanto lo de Equipo A aún no tenía sentido.
Había un contrato y a ninguno de los nuevos se le ocurrió
cuestionarlo. Fue al año siguiente, al renovarse dicho
contrato, cuando -aunque algunos de los titulares habían
fallado en algunos de sus compromisos y surgían otros
nuevos, como torneos pequeños semanales en el Casino de
Montepicayo, o torneos menores como el primero de
Budapest- se empezó a plantear lo de los equipos A y B y
una mayor flexibilidad para decidir quién estaría en uno u
otro. Flexibilidad que dependería del esfuerzo de cada uno.

Nada de echarse a dormir. Raúl actuaba como un
entrenador-seleccionador flexible: la titularidad podía
ganarse o perderse según la cantidad de manos jugadas y
las comisiones generadas. Una fórmula muy similar a la de
Luis Aragonés para elegir a los componentes de la selección
absoluta: nada de titularidades fijas, sino abiertas y
condicionadas a la evolución y resultados de los jugadores.
Fórmula que llevó al fútbol español a lograr su primer
Campeonato de Europa y después a su primera Copa del
Mundo, con Vicente del Bosque. Por otro lado, Raúl era

consciente de que su gente no estaba integrada por
profesionales preparados, ni genios de las matemáticas ni
nada por el estilo: «Empleados, comerciales, soldados... En
general, trabajadores de todo tipo y estudiantes -me explica-.
Un grupo variopinto, como suelen ser los gru pos de amigos
de la infancia. El panorama laboral español no estaba (ni
está, me temo) para tirar cohetes precisamente. Los que
tenían trabajo no estaban demasiado contentos, y el resto ni
siquiera tenía trabajo. Supongo que esto facilitó mucho que
se decidiesen. Al fin y al cabo, tampoco tenían tanto que
perder».

Luis Sevilla, que fue el primero en decidirse, confirma las
palabras de Raúl: «No me gustaba lo que estudiaba y
tampoco tenía un trabajo que me entusiasmase. Raúl me
comentó que si era disciplinado, estudiaba libros de poker y
trabajaba mucho, podría ganar bastante dinero. Pensé que
no podía dejar pasar la oportunidad: si lo intentaba y me
esforzaba quizás podía llegar a ser bueno. El primer mes que
jugué al poker me pasaba los días trabajando sin parar.
Algunas mañanas en trabajos que me daba una ATT
(tiendas especializadas en asistencia informática),
estudiando en el instituto por las tardes y jugando al poker
por las noches. Como mis notas en el instituto eran malas, en

mi casa me castigaban quitándome Internet, así que, avalado
por mi tía, me compré un portátil a plazos, pagando unos 30
euros al mes durante tres años. Trabajaba sólo algunos días
a la semana, así que no me podía permitir mucho más. Como
en casa no tenía Internet, por las noches me iba al hotel
donde trabajaba de recepcionista un amigo mío, me prestaba
su bici para ir y volver a casa y usaba la conexión a Internet
de recepción y un monitor extra para jugar en ocho mesas.
Me pasaba todas las noches jugando unas ocho horas y
sólo descansaba las que él no trabajaba. Me resultaba
gratificante jugar al poker porque progresaba y veía
recompensado mi esfuerzo; estudiaba, jugaba muchas horas
y casi todos los días ganaba».

Sin embargo, como en el caso de Raúl, los horarios de
juego y los miles de manos no eran un camino de rosas
precisamente: «Lo más difícil fue encontrar dónde jugar y
conseguir el portátil, porque ni mi madre ni mi padre me
avalaban y mucho menos mis abuelos -continúa
explicándome Luis-. El horario que tenía para jugar al poker
también me resultaba duro. Llegaba a las ocho de la mañana
a casa y me partía el sueño tener que llevar a mi hermana al
colegio a las nueve. Los días que trabajaba, entraba sobre
las doce y salía a las tres de la tarde; al instituto iba de

cuatro a diez y media. Ese mes dormí muy poco y gané unos
1.000 dólares en las mesas. Si no recuerdo mal, fue en
septiembre de 2005. Luego, durante ese mismo septiembre,
me eché novia y me pasaba la gran mayoría de días con ella,
por eso prácticamente no volví a jugar al poker hasta
septiembre de 2006. En octubre de ese año es cuando me fui
a vivir con Raúl. A partir de ese momento lo más fácil fue
echarle horas, porque era lo único que dependía
exclusivamente de mí».

Unos meses más tarde, hacia abril de 2007, fue cuando
llegó la propuesta de Raúl para que formara parte del Equipo
Unibet. Le pregunto si fue en ese momento cuando tuvo su
primera sensación o experiencia de éxito: «Sí, recuerdo con
mucho cariño la primera vez que saqué pasta del poker, que
fue para comprarme un ordenador de cara a la promoción
para entrar en el Equipo Unibet. Pensé: "Este dinero lo he
ganado yo jugando contra otras personas. Es una muestra
de todo lo que me he esforzado durante los últimos meses".
Me sentí increíblemente bien. Me sentí muy orgulloso de mí
mis mo » .

Y Luis Sevilla, uno de los primeros llamados (y elegidos),
tenía ya cierto nivel de experiencia cuando Raúl se puso a

buscar candidatos para el Equipo A. Otros estaban muy,
muy verdes. Para hacerse una idea del nivel en que partían
sus candidatos para el Equipo A, Raúl me cuenta una
anécdota: «Al principio desarrollé una estrategia
extremadamente simple con la que podían jugar sin saber
siquiera las reglas. Recuerdo cuando José Miguel (Campa
para los amigos) estaba jugando a NL 1000 (mesas donde se
llegan a formar botes de miles de dólares) y preguntó en el
comedor, en medio de una mano, si un color era una jugada
más fuerte o más débil que un full... Completamente verídico.
Dos meses después estaba cobrando 40.000 dólares en un
gran torneo celebrado en Las Bahamas, en Paradise Island,
en donde consiguió el puesto 43». Campa, por si no lo
recuerdan, es el mismo que recibió la oferta de Raúl por
teléfono, mientras vendía una calefacción, y no dudó ni un
instante en lanzarse al río.

Diego Pérez (Piruloo), uno de los que citamos al hablar de
la reacción de su familia y amigos cuando tomó la decisión
de abandonar su carrera de informático y dedicarse al poker,
fue otro de los llamados (y elegidos) para formar parte del
Equipo A: «Por abril de 2007 Raúl me comentó la idea que
tenía Unibet de formar un equipo español de poker
profesional. Yo llevaba un tiempo jugando, pero no en plan

profesional, sino amateur. Se ofreció a enseñarme a jugar a
un nivel que me permitiera formar parte del equipo. Para eso
tenía que dejarlo todo y dedicarme en exclusiva al poker.
Pero no fue un trauma para mí, puesto que llevaba muchos
años en la universidad haciendo algo que no me gustaba.
No fue difícil tomar la decisión».

Le pregunto qué sabía entonces del poker: «Había
aprendido a jugar unos meses antes con la ayuda de Raúl,
pero en plan aficionado, ni le dedicaba tiempo ni sabía jugar
bien. Antes de eso sabía lo que la mayoría de las personas
sobre el poker cubierto, el típico de cinco cartas y un solo
descarte de las películas del oeste. Pero ni siquiera sabía con
seguridad el orden de las jugadas», me dice riéndose. «Me
dio una gran ilusión. Mi vida había sido bastante aburrida
hasta ese momento y esto me daba la oportunidad de viajar
con los amigos, y jugar grandes torneos internacionales.
Pasaba de tener una vida común a jugar en primera división
de algo. Era un cambio grande en mi vida y me ofrecía la
oportunidad que llevaba tiempo buscando. Además, sabía
que podían llegar a ganarse grandes cantidades como
jugador de poker online».

Pero para Diego tampoco fue un camino de rosas: «El

principal problema era concentrarse durante horas en una
actividad nueva. Hasta formar parte del equipo, sólo le había
dedicado el tiempo que yo quería. Al entrar en el equipo
tenía que dedicarle más horas y a veces costaba. Hay mucha
diferencia entre jugar como hobby y jugar en plan trabajo,
como en casi todo. El poker es muy cruel muchas veces y no
siempre recompensa el esfuerzo a corto plazo, cosa que
tampoco ayuda. Por suerte, siempre lo hace a medio o largo
plazo».

Los que conocemos la filosofía de la varianza y el efecto
pernicioso de las buenas y malas rachas no nos
sorprendemos por sus palabras. Tiene toda la razón, aunque
si compensa a medio o largo plazo no es precisamente por
suerte, sino porque es el tamaño del ring en que la necesidad
tiene alguna posibilidad contra el azar.

«Lo "fácil" -continua Diego- fue que Raúl sabía mucho de
poker y nos enseñaba muy bien. Además no se me daba mal
entender los conceptos, así que el aprendizaje no me resultó
demasiado complicado. Pero mis comienzos fueron muy
difíciles. Pasé meses sin obtener buenos resultados a pesar
de que jugaba de forma aceptable, e incluso se me daba algo
mejor que a alguno de mis compañeros de equipo. Pero

como he dicho, el poker puede ser muy cruel. No fue hasta
diciembre de 2007 cuando empezaron a llegar los primeros
resultados. Sin embargo, durante mis primeros seis meses
fue muy duro. Llegué a sufrir un estrés muy grande porque a
pesar del esfuerzo no conseguía los resultados esperados.
Raúl me ayudó mucho en el aspecto psicológico también. Él
confiaba en mí y me insistió en que lo que me estaba
pasando era algo que entraba dentro de lo normal en la
carrera de un jugador de poker, y que si seguía
esforzándome saldría del bache. No llegué a plantearme dejar
el poker, aunque mi novia me lo propuso alguna vez porque
me veía realmente mal. Por suerte, seguí adelante y aquí
estoy ahora. Fue una dura prueba psicológica, pero quedó
atrás y me alegro de no haberlo dejado».

De los otros pioneros, Héctor se fue al poco tiempo y ya
no tiene ningún contacto con Raúl y los demás. Víctor
Escudero, cuyo exótico nickname era «Canichewua», y de
quien ya hemos contado su experiencia de iniciación al
poker, se resistió un poco antes de comprometerse a trabajar
con la intensidad necesaria como para entrar en el Equipo
Unibet, pero una vez convencido llegó a jugar diez horas
diarias. «Hoy -me confiesa-, apenas tres años después de
empezar, jugar más de seis horas diarias es duro». Y, como

nos confesaba Álvaro, para él lo peor es sobrellevar la
varianza: «Lo más difícil es soportar las malas rachas. De
hecho, cuando eres nuevo, una mala racha de verdad puede
hacer que dejes el poker para siempre. Afectan muchísimo,
piensas que eres malo, que ya no sabes jugar, que los demás
son mejores que tú. Es duro de superar».

Ycomo para Luis Sevilla y el propio Raúl, para Diego otro
aspecto negativo de trabajar con intensidad para estar arriba
en el poker son los horarios, aun cuando en las salas online
ya no reinen los jugadores americanos: «El poker no
entiende de horarios normales. Eso quiere decir que por la
mañana es difícil encontrar mesas, lo que te obliga a trabajar
en un horario de tarde noche e incluso, a veces, de
madrugada. Yo tenía una pareja y ella se lamentaba mucho
de irse a dormir siempre sola. Creo que el poker fue un poco
el detonante para el final de nuestra relación. Es quizás uno
de los peores aspectos de nuestro trabajo, pero bueno, la
mayoría hacemos esfuerzos para tener los horarios más
normales posible».

José Luis Valero, Poche, militar profesional durante cinco
años, supo sufrir con la disciplina adquirida en el ejército
estos aspectos negativos del poker profesional: fortaleza

psicológica ante las malas rachas y horarios agotadores.
Para él lo más duro de sobrellevar han sido los torneos en
vivo: «En torneos nunca he conseguido buenos resultados
y por unas cosas o por otras, eso me hacía sentirme
frustrado. Además, a veces, participar en torneos también
tiene su lado agotador. El primer año que fuimos a Bahamas,
por ejemplo, estuvimos día y medio viajando, recorriendo
aeropuertos y durmiendo en ellos. Son momentos en los que
mandaría todo a la mierda y me iría a casa». Y es que el
mundo del poker profesional, cuando el nivel de esfuerzo
debe responder a las exigencias necesarias para formar parte
de un equipo como el que estaban formando, no es un
camino de rosas.

Sin embargo, como por su propia naturaleza el Equipo A
(el Equipo Unibet) nunca se concibió como un estatuto de
titularidad fija, pronto aparecieron en sus filas otros
interesantes jugadores como Álex o Álva ro. Desde casi el
principio Raúl tuvo la inspiración de determinar sus
componentes según los resultados de los jugadores que por
entonces entrenaba en su casa: las manos jugadas y el rake
generado eran los elementos que te llevaban al Equipo A o
te mantenían en el B. Eso sin contar con que, también desde
el principio, algunos de los fundadores, como Simón Muñoz

o el propio Raúl, y de los primeros miembros, como Luis
Sevilla, se autoasignaron papeles dedicados a la cohesión
del grupo de jugadores: entrenar y enseñar era la tarea del
líder, Raúl; Simón Muñoz se dedicó desde el principio a ser
el canal de comunicación de la campaña que se iba a llevar a
cabo con el equipo, escribiendo en www.poker-red.com y en
Unibet, y ocupándose de las crónicas de los torneos en que
irían participando; Luis Sevilla, desde muy pronto, empezó a
ejercer también funciones de profesor y buscador de nuevos
talentos. Ya hemos hablado de quién fue el que ganó los
primeros 6.000 euros para que se animara Álvaro Aspas,
Darkored, uno de los primeros componentes del Equipo B,
algo así como los jugadores en el banquillo de la plantilla del
Equipo Unibet.

«En el verano de 2007 -me cuenta Álvaro su historia- yo
quería ponerme a trabajar de cualquier cosa para sacarme un
dinero, y mi amigo Luis Sevilla, Deilor, me propuso
enseñarme a jugar. Mi idea fue intentarlo durante los tres
meses de verano y probar si valía para esto. Si no, lo peor
que podía pasar era haber perdido el verano como venía
haciendo todos los años anteriores. Por entonces, del poker
no sabía absolutamente nada. No conocía las reglas ni cómo
funcionaba el asunto, ni si una escalera era más que un full.

Desde que Luis se puso a jugar con Raúl, siempre había
estado animándome a que lo intentara yo también. Yo
siempre le decía medio en broma, porque era muy escéptico
con ese tema, ya te lo he contado, que cuando ganara un
millón de pesetas me pondría a jugar. Un día quedamos a
cenar y me dijo: "Ya tengo 6.000 euros, ¿cuándo empiezas?",
y me quedé boquiabierto. Así que llegó el verano, como he
dicho, y decidí comprobarlo por mí mismo con la inestimable
ayuda de Luis».

Su decisión se me antoja un poco tomada a la ligera y se
lo digo: «Supongo que fue una combinación de factores -
reflexiona-. Era una época de mi vida en la que estaba muy
ocioso. Por un lado quería que Luis dejara de darme el
coñazo (es broma) -me aclara con un gesto-, y por otro tenía
un pensamiento en la cabeza: ¿y si sale bien? Además, sabía
que detrás de todo estaba Raúl Mestre, al que conocía de
otro juego de cartas [el Magic] y sabía que era un tío
increíblemente inteligente. Además, no tenía nada que
perder, ya que Luis quiso que aprendiera a jugar con su
dinero. En realidad, no pude negarme».

Le pregunto también qué sabía del poker en Internet antes
de empezar: «Del poker en general, muy poco. De hecho,

creía que se jugaba con cinco cartas como veía en las
películas. Pensaba que era completamente un juego de azar
hasta que me explicaron el cálculo de probabilidades. Y del
poker en Internet, que sería cualquier tipo de estafa, hasta
que comprendí el modelo de negocio y entendí que las salas
no tienen la necesidad de hacerte perder para ganar dinero.
Lo más fácil fue entender la teoría matemática que había
detrás de las cartas. Todo el tema numérico y de
probabilística. Al fin y al cabo me gustan las matemáticas y
todos los cálculos eran muy sencillos. Cuando empecé en
las mesas y me di cuenta de qué forma la gente "regalaba"
su dinero, supongo que tuve la sensación del cuento de la
lechera y mi mente ya se creía que esto era jauja y que
ganaría el dinero a espuertas. Luego me di cuenta de lo que
era la varianza y las horas que había que echarle a esto».

Ninguno de nuestros muchachos dejó de ver el lado
oscuro de la aventura que habían decidido emprender:
«Aunque resulte curioso -me confiesa como sorprendido
Álvaro-, lo más difícil para mí no estuvo en el juego, sino
fuera de él. Acabar una sesión en positivo habiendo ganado
10 dólares para mí era una alegría inmensa. Cuando empecé
jugaba con céntimos. Alegría que no podía compartir con
nadie que no fuera jugador de poker, porque la gente no lo

entendía. Del mismo modo, cuando perdía en una sesión, no
encontraba tampoco consuelo en nadie que no fuera otro
jugador, porque era el único que podía entender cómo me
sentía. Son sensaciones un tanto particulares. Y ahí me
empecé a dar cuenta de lo que esto suponía para tu vida
social». El poker, como toda disciplina, es exigente: te abre
unas puertas y te cierra otras. Es el precio del éxito en
cualquier actividad que esté relacionada con el talento y el
esfuerzo: sólo unos pocos te entienden de verdad.

Me interesa saber cuándo tuvo su primera sensación de
éxito: «Serían las Navidades de 2007. Llevaba unos seis
meses jugando y había conseguido llegar a unos límites
medios que me permitieron ganar unos 1.600 euros al mes
jugando a tiempo parcial mientras seguía estudiando. Fue
entonces cuando empecé a tener más contacto con Raúl y se
me permitió usar el, hasta entonces restringido, sistema que
había desarrollado. Un sistema muy sencillo con el que se
podía jugar límites medio-altos sin muchos problemas.
Además de todo esto, por enero de 2008 Raúl me ofrecería
irme a vivir con ellos a su piso. Lo cual fue toda una hazaña
para mí, ya que era como irme a vivir con los mejores y una
gran muestra de confianza. Toda una experiencia que no
podía dejar escapar».

Por último, no puedo evitar preguntarle qué opina acerca
de esa especie de división entre equipo A y B planteada por
Raúl desde el principio. División que Raúl niega
taxativamente, insistiendo en que nunca habían hablado de
Equipo A y Equipo B, y que simplemente estabas en el
Equipo Unibet o no estabas. Alvaro admite que aunque no
se hablara en términos de A y B, la diferencia existía de
hecho. «Primero tengo que aclarar que yo siempre he estado
a caballo entre el Equipo A y el Equipo B. En el piso de Raúl
todo funcionaba por antigüedad, y eso me jodía bastante al
principio, porque yo siempre me he considerado mejor
jugador y más trabajador que todos excepto los propios Luis
y Raúl. Cuando entré en ese piso me propuse aprovecharlo
al máximo y eso hice. Me sentía infravalorado por el capricho
del destino de haber entrado unos meses más tarde que
otros. Así que, técnicamente, yo era del Equipo B, pero
como me veían muy capaz, de vez en cuando me metían para
cosas del Equipo A. Así que siempre me quedaban las salas
que nadie del Equipo A quería, las ofertas que ellos
rechazaban, etc. Yyo tenía que tragar porque no había nada
que hacer. Raúl siempre se ha lavado las manos en este
asunto: estar en uno u otro equipo era una cosa objetiva,
casi automática. Todo esto me resultaba exasperante y

bastante decepcionante, pero bueno, la ironía del destino
quiso que fuera a un torneo (el Unibet Poker Open de
Budapest en marzo de 2009) al que ningún pro del Equipo A
quiso ir y lo gané».

Si se han dado cuenta, de las experiencias de estos
primeros componentes del Equipo A (y del B), ha surgido
una pauta, un modus operandi de cooptación muy
interesante. Primero permita el lector que explique qué es eso
de la cooptación: es cuando se utiliza el método de elegir a
los componentes de una organización por una rigurosa
selección de las cualidades de los aspirantes por parte de los
miembros de la misma o de los jefes de ésta. Así eran
elegidos los miembros del Senado de Roma, al menos hasta
la corrupción imperial, o los miembros de la Gerusia
espartana; pero si ambas instituciones les resultan remotas,
así siguen siendo elegidos los miembros de la Curia
Cardenalicia Vaticana, y también se cubren las vacantes de
los consejos de administración de las empresas más
imp o rtan tes .

Nada deliberado por su parte, no me malinterpreten. Raúl,
y después Simón o Luis Sevilla, no pueden actuar como los
grandes entrenadores (o directores deportivos) de fútbol de

primera división. Disponer de una red de observadores o
seleccionadores viajando en primera clase para echar un
vistazo a los posibles candidatos está fuera de sus
posibilidades. Su ámbito de actuación, hoy ya no tanto, era
pequeño: su ciudad, su barrio, sus amigos y conocidos.
Todos ellos muy jóvenes, de la misma generación poco más
o menos, con aficiones semejantes (por ejemplo el Magic),
parecida formación (bachilleres y universitarios), paralelos
problemas de desmotivación o insatisfacción con sus
trabajos o estudios, además de una inteligencia y unas
ambiciones similares (gusto por probar caminos diferentes,
tendencia a asumir riesgos). Saben, o intuyen, que lo que ha
funcionado con ellos podría funcionar con sus amigos y sus
conocidos. Podría ser una oportunidad que mereciera la
pena y digna del esfuerzo que habría que realizar. Así que
hacen la propuesta, explican las cosas, regalan o dejan unos
libros. ¿Cuántas veces lo habrán hecho sin que se siga nada
de todo ello?, me pregunto y le pregunto a Raúl: «Menos de
lo que imaginas. Algunas veces, desde luego, pero hay más
gente que me ha hecho propuestas a las que yo me he
negado que al revés».

Entre los que responden, viene el experimento. Raúl les
deja jugar en su casa, les paga la conexión a Internet e

incluso, en ocasiones, les presta el ordenador y el dinero.
Luis hace lo mismo. Entonces hay que empezar a aprender a
jugar con estrategias racionales basadas en el cálculo de
probabilidades. Nada complicado al principio, algo básico
que puedan entender y aplicar. Raúl y Luis comprueban los
resultados, su sistema funciona con sus nuevos alumnos
como ha funcionado con ellos mismos. Unos son más
brillantes que otros, como Diego o Álex, otros son más
disciplinados y trabajadores, como José Luis Valero, Poche
(militar a fin y a la postre) o Campa. En realidad no importa
cuáles sean sus cualidades personales o su perfil mientras
tengan las dos virtudes esenciales para el poker: método y
paciencia. Quienes demuestran estas cualidades acaban
entrando en el Equipo B y, si porfían -nada de «si la suerte
les acompaña», ya conocen a Raúl- en el Equipo A. Así
funciona su sistema de cooptación.

Aunque el asunto de la estrategia es tema de la segunda
parte de este libro, no deja de intrigarme en qué consiste ese
paquete sencillo de reglas para jugar bien al poker que tan
buenos resultados ha tenido con chavales que sabían del
juego lo que habían visto en las películas: «El desarrollo de
estas estrategias básicas fue decisivo y también me hizo
crecer mucho como jugador -me explica Raúl-. Tenía que

simplificar las cosas hasta el punto de que cualquiera
pudiera entenderlas, con la suficiente precisión para que
pudiesen seguir ganando dinero pero con la necesaria
sencillez como para que alguien que no tuviese
conocimientos de poker pudiera sentarse en las mesas en
poco tiempo. Me llevó trabajo, pero lo conseguí. He
desarrollado varias estrategias con el paso del tiempo, para
adaptarme a situaciones nuevas, pero al final la idea siempre
es la misma: jugar con los números de las probabilidades a
favor».

Recuerdo las palabras de Víctor acerca de la sencillez, por
no decir casi automatismo, de las estrategias iniciales para
jugar en las salas online: «Al empezar a jugar entrábamos a
la mesa con el 10 por ciento (shit stack) del dinero máximo
permitido para inscribirse en ella, y nuestro juego era
básicamente all in (restarnos) o fold (retirarnos). Éramos tan
mecánicos que en los foros nos acusaron de ser bots
(programas robot), y de que no éramos personas físicas. Nos
llegaron a bloquear la cuenta hasta cinco veces. Al final nos
la desbloqueaban gracias a que Juan Barrachina, encargado
de Unibet en España, abogaba por nosotros diciéndoles que
nos conocía en persona y que éramos jugadores reales, de
carne y hueso. Fue bastante cómico, aunque nos jodían

durante unos días sin dejarnos jugar».

Lo de shit stack, con permiso del lector, merece la pena
aclararlo un poco mejor, cosa que Víctor hace gustosamente
delante de Raúl: «El shit stack es un nombre inventado por
nosotros -me explica sonriendo-, ya que el stack (el dinero
en fichas) mínimo para entrar en una mesa de poker era un 10
por ciento del nivel de la mesa, y nosotros siempre
entrábamos con esa cantidad. Si una mesa es de nivel NL
200, el mínimo para jugar es registrase con el 10 por ciento,
es decir, 20 dólares. El resto del mundo del poker odia a los
jugadores que entran con el mínimo de dinero, pues piensan
que eso no es poker. Básicamente viene de la idea de
"mierda (shit) de stack", que era el pensamiento general.
Entonces fue bautizado por nosotros en plan de broma como
sistema shit stack».

Raúl confirma sonriendo las palabras de Víctor: «Además,
ése no fue el único problema que tuvimos con el sistema de
Raúl. Los jugadores de los casinos, al ver varios jugadores
de Valencia conectados y ju gando de la misma forma y, lo
que es más grave, ganando, pensaban que hacíamos
trampas. Entonces se quejaban al casino y éste, al recibir
muchas quejas, nos bloqueaba por un tiempo hasta que

comprobaba que no había trampas, ya que siempre hemos
jugado igual contra nosotros que contra el resto del mundo.
Nunca se nos ha ocurrido jugar en colusión, ya que
teníamos un sistema de devolvernos el dinero al cabo de
unos meses para quedarnos a cero entre nosotros. De esta
forma podíamos jugar al cien por cien en las mesas sin
preocuparnos de quién estaba o no estaba en ellas». El
lector ya habrá captado que jugar en colusión significa jugar
en equipo dos o más jugadores en perjuicio del resto, y que
eso es algo que está prohibido en el poker.

«Raúl Mestre no ha sido al único que han pedido que
deje de jugar en su casino -me aclara Víctor-. Eso nos lo
hicieron a varios, pero en su caso argumentaron que había
ganado demasiado dinero en poco tiempo. Aunque jugando
NL 5000 y teniendo una buena racha fueran lógicas sus
ganancias, el casino no lo veía así, claro. El nombre del
casino no lo recuerdo». Miro a Raúl para que me detalle ese
extremo, pero declina: «No importa, ya ha pasado tiempo y
no quiero hacer publicidad negativa de ningún casino».

Volviendo a la naturaleza de esas estrategias básicas con
las que inicia a los jugadores a quienes enseña con tanta
eficacia, insisto a Raúl para que me dé algún detalle acerca

de ellas. «No tienen ningún misterio. Todo está basado en la
pura matemática y es muy sencillo: minimizar los riesgos con
una pila de fichas cortas jugando en mesas de nivel bajo y
apostar cuando la probabilidad es aceptable».

Me quedo un poco insatisfecho con su respuesta. ¿Me
está ocultando algo? «Como ya he dicho -empieza a
explicarme con una sonrisa, como adivinando mis reservas-,
no jugamos de forma emocional. Buscamos jugar en las
mesas en las que podamos ganar más dinero y podamos
hacer gran cantidad de manos para llegar a nuestra media.
No nos encontrarás jugando botes de millones de dólares
cada mano, en mesas contra los "mejores del mundo". En
esas mesas hay grandes batallas entre egos inflamados y
gente con mucho dinero dispuesta a arriesgarlo todo sólo
por demostrar al mundo que se es el mejor. Por entonces, mi
etapa de demostrar cosas al mundo afortunadamente ya
había pasado, y mi enfoque de todo este tema era mucho
más pragmático. Prefiero ganar dinero en mesas más bajas,
sin riesgo a largo plazo, haciendo las cosas lo mejor que
puedo, y dejar mi ego para mis discusiones de pareja».

Me sigo quedando igual. Su respuesta no me sirve. Si esa
estrategia básica es tan segura que lleva a unos inexpertos

aplicados al éxito, ¿por qué matarlos haciéndoles jugar miles
de manos en lugar de unas pocas en niveles más altos y con
botes más sustanciosos? Se lo suelto como me viene a la
cabeza: «Mucha gente me ha preguntado lo mismo, que por
qué no juego ni recomiendo que se juegue en mesas donde
se podría ganar muchos millones en unas pocas horas.
Como he dicho, mi razón para jugar al poker tiene poco de
emocional -me parece estar oyendo al Doctor Spock en Star
Trek y me irrito por su frialdad, como el capitán Kirk del
Enterprise, pero sigo escuchándole-. En estas mesas hace
falta una banca descomunal y estar dispuesto a aceptar
oscilaciones gigantescas. Además, son mesas que sólo
existen unas cuantas horas a la semana, y rara vez más de
una mesa por sala. Para llegar a mi media tendría que jugar
durante muchos años, y esto implica estar dispuesto a
aceptar malas rachas millonarias que podrían durar varios
años. Vamos, que me parece un sinsentido». Se me pasa el
ataque estilo Kirk oyendo las racionalistas y frías palabras
del vulcaniano. Raúl lleva razón en lo que dice, igual que el
Doctor Spock.

«Concluyendo -le digo, queriendo rascar un poco más-,
esas estrategias básicas ¿podían ser algo así como un
vademécum detallado de con qué cartas y proyectos de

jugadas se puede ir o no según qué circunstancias?». Raúl
sonríe y asiente sin acabar de despejar el misterio. Víctor
pone cara de poker, nunca mejor dicho. Quien quiera
resolverlo ya sabe lo que tiene que hacer, leer la segunda
parte de este libro. Maldito sea el Doctor Spock y todos los
vulcanianos, con lo perezoso que soy para leer libros de
es trateg ia.

En donde se hace relación de los éxitos y triunfos
del Equipo Unibet y de cómo nace y se pone en
práctica la idea de crear una escuela de poker

uando los primeros cinco jugadores
estuvieron listos para participar en el primer torneo de poker,
que fue el European Poker Tour (EPT) de Barcelona, aquel
mismo año, las cosas se habían encarrilado del todo con
Unibet. No importaba si el equipo estaba integrado por cinco
jugadores concretos o no, ni siquiera si eran sólo cinco o
más. Como ya hemos explicado, la titularidad de los
componentes del Equipo Unibet iba a depender de las horas
que dedicaran a jugar en las mesas y de las comisiones

generadas. Raúl formaría parte como entrenador y como
jugador «líbero», y Simón, que también podría plantearse
participar en algún torneo, se centraría en los asuntos de
comunicación y sería el cronista oficial. Los nombres de los
primeros jugadores estaban, en principio, claros: Luis
Sevilla, Héctor, Diego, Víctor y José Luis. En reserva estaban
o acabarían estando otros de los que ya hemos hablado:
Alvaro, Álex, José Miguel Espinar, etc. El acuerdo final de
patrocinio entre Juan Barrachina y Raúl Mestre quedó fijado
en unos 8.000 euros de comisiones generadas en la sala
online por persona, hasta un total de 40.000, aunque Raúl
negoció que se tomara la cantidad global para el conjunto
del equipo, sin que ello supusiera una obligación personal
de cada jugador, previendo ausencias o eventuales
irregularidades. Unibet se comprometía por su parte a correr
con los gastos de inscripción y participación en todos los
torneos a los que el equipo acudiera a jugar bajo su
patrocinio.' El experimento de Raúl estaba en marcha, en su
segunda fase. La primera ya había terminado con éxito y
había consistido en hacer con sus amigos algo que Raúl ya
había hecho consigo mismo: transformarse y adaptarse a la
disciplina del juego. Hacer que transitaran de la emotividad
intuitiva, tan frecuente en el poker, a la fría y objetiva

disciplina científica de una actividad concebida como
trabajo.

Raúl Mestre había entendido por entonces dos cosas con
claridad: que la fase preparatoria tendría que continuar de
forma ininterrumpida, ya que lo esencial de la misma
consistiría en el aprendizaje constante de las estrategias
mediante el juego online de su grupo de iniciados; y que los
resultados de su trabajo podían tardar en verse en los
torneos, porque el juego en vivo tenía elementos añadidos a
la mera aplicación de estrategias basadas en principios
matemáticos. Calculaba que la experiencia
(«hiperexperiencia», si tenemos en cuenta el ingente número
de manos jugadas) adquirida en las mesas online acabaría
imponiéndose en las mesas físicas de alegres tapetes azules
o verdes de los casinos donde se celebraban los torneos,
pero también que ello conllevaría una necesaria adaptación.
Yno se equivocaba.

El primer torneo en que apareció el Equipo Unibet fue,
como dije, el EPT de Barcelona, que comenzó el 30 agosto de
2007. Quinientos jugadores inscritos a 8.000 euros por barba:
«Hace unas horas que he vuelto de Barcelona -comentaba
Héctor, «Hell_Raiser», uno de los jugadores del Equipo A, al

día siguiente-, y aunque no he pasado del primer día, la
experiencia sin duda ha valido la pena. Es impresionante ver
cómo más de quinientos jugadores se reúnen a jugar un
torneo de 8.000 euros de inscripción y que muchos de ellos
habrán pagado de su bolsillo. Esta gran inversión trae como
consecuencia que muchos jueguen demasiado cerrado
(tight), cosa que no ocurre en Internet en torneos de entrada
más modesta y sin tener que verse las caras. Pero
obviamente, junto a los participantes que jugaban
demasiado conservador, también se encontraba la élite del
poker. Muchas de las estrellas mundiales cruzaron el charco
para asistir al torneo».

El Equipo Unibet no logró colocar a ninguno de sus
jugadores en premios en su primera aparición. Los de la
competencia, los de Everest Poker, se burlaron de Juan
Barrachina cuando le vieron aparecer con cinco jugadores
desconocidos bajo su patrocinio, vestidos con las elegantes
camisetas negras que llevaban el logo de la marca: «Esto va
a durar muy poco», dijeron. Pero Juan se tomó el asunto con
estoicismo: las cosas no consisten en llegar y besar el santo,
hay que tener paciencia. Él había tenido dos años de
paciencia para llegar a ese momento y algo le decía que no
se había equivocado.

Raúl, por su parte, analizaba aquella primera experiencia
de Barcelona en la página oficial de Unibet Poker: «Al
margen del torneo, del que me voy contento [...], he
aprendido algo viendo jugar a varios pros [figuras del
poker]. Yo pensaba que valía la pena jugar conservador por
razones de imagen al principio del torneo. Viéndolos a ellos,
ya sé que no es así. Sólo hay una forma de jugar un EPT, y
es siendo el más agresivo desde la primera mano. Cuando en
tu mesa te enfrentes a gente como tú, las cosas cambiarán.
Pero esto no será algo tan habitual, y puedes explotar
salvajemente a algunos jugadores. De verdad que yo aluciné
con el estilo de juego de David Williams, Patrick Antonius o
Daniel Negranu. No por ellos, sino porque sus rivales
siguieran foldeando [tirando sus cartas o retirándose] flop
tras flop [con el reparto de las tres primeras cartas
d es cu b iertas ]» .

El hecho del juego agresivo de las grandes figuras en los
torneos es algo que no suele verse en televisión cuando se
retransmiten las partidas de las grandes mesas finales de los
torneos. Pero ello no debe llamarnos a engaño: allí los
grandes se enfrentan entre sí y van con pies de plomo. Los
abusos los cometen en las fases eliminatorias previas, en
donde los jugadores inexpertos suelen quedar inmovilizados

ante los gestos agresivos de estas cobras. De hecho, a
veces su comportamiento sugiere la idea de que tienen prisa
por eliminar la paja e ir al grano para enfrentarse entre ellos.
Y no hay que extrañarse: las fases eliminatorias son
maratonianas jornadas de hasta doce horas seguidas.

Luis Sevilla también analizaba su participación: «Mi error
más grave fue no aplicar la teoría. Raúl me había dicho que a
partir de que las ciegas empezasen a ser importantes (100-
200 puntos aproximadamente) había que cambiar el chip de
bastante tight [un juego conservador] a un juego más loose
[ligero, arriesgado], donde había que robar muchas ciegas y
ser semi-loose-aggressive. Mi plan básico era identificar a
los jugadores que raiseaban [subían] varias veces por vuelta
para así, de vez en cuando, reraisearles [resubirles] con
basura y llevarme un bote decentillo».

Por cierto, el lector habrá podido observar la inquietante
jerga «spanglish-pokerística» que se utiliza en el mundillo
español del poker (y eso que Raúl y sus muchachos se
moderan mucho en su uso y abuso). Tendrán ustedes
ocasión de comprobarlo más adelante, pese a mis estériles
esfuerzos por maquillar tan vil asesinato de la lengua
castellana. Pero hablamos de poker, y el poker todavía se

piensa en inglés.

En el siguiente torneo, el EPT de Londres de 2007, que se
celebró apenas un mes después, el 26 septiembre, Daniel
Mangas, un chico de Valladolid que no estaba en el grupo de
Raúl, pero que jugaba mucho en Unibet y que contó con su
patrocinio, consiguió entrar en premios y cobrar una
pequeña cantidad. Los torneos seguían resistiéndose a los
chicos del Equipo Unibet, que continuaban aprendiendo las
reglas del poker en vivo, bajo los colores chillones de los
casinos, escrutando los rostros semiocultos de los
jugadores de torneos tras sus absurdas gafas de sol y sus
gorras de béisbol, en un inconsciente (e impropio) homena je
a las raíces estadounidenses del poker, porque la estética
dominante actual en la indumentaria de los jugadores más
jóvenes tiene más que ver con el hip-hop que con los
sombreros tejanos y las botas de cuero clásicos de los
inventores del Texas Hold'em.

En el EPT de Dublín de 2007, celebrado el 2 de noviembre,
llegó la primera luz desde el otro lado del túnel. Fue Simón
Muñoz quien se colocó en lista de premios, acabando
decimonoveno y cobrando por primera vez como miembro
del Equipo Unibet. En la página www. poker-red.com del

mismo día, Gustavo («Gust77») daba noticia del resultado:
«Tras haber comenzado el día tres del PokerStars.com-EPT
Dublín 2007 en una mesa complicada -con el profesional de
Full Tilt Poker y chipleader del evento Andy Black, con
Johnny Loden, de Betsson Poker, y con Luca Pagano, del
equipo PokerStars- Simón Muñoz iba en busca de seguir
avanzando en su mejor torneo major, pero un encontronazo
con Annette Obrestad lo dejó muy tocado en fichas [...].
Más tarde el juego entró en un breve receso al comienzo del
nivel 17, donde las ciegas subieron a 2.5K/5K [2.500/5.000
puntos], y los antes6 a 500; y Simón anunció al resto del
Equipo Unibet que metería la caja [se restaría] ante cualquier
raise [subida]. Por ello, en cuanto Andy Black subió a 14K
[14.000] desde el cutoff [posición anterior al dealer o mano] y
el resto de la mesa foldeó [se retiró], Simón fue all in [se
restó] con A^- 3*. Instacall [igualación] del irlandés, que
enseñó A+ 10.. El flop fue: J+ Q. 104, dando algunos outs
[posibilidades] al español para repartir el bote, pero las
últimas dos cartas fueron 9♦ 4^-, y el valenciano finalizó su
participación en este EPT Dublín en el decimonoveno
puesto. Simón logró una recompensa de 10.210 euros por su
esfuerzo, consiguiendo nuevamente la presencia del Equipo
Unibet dentro de los premios de este prestigioso tour.

¡Enhorabuena!».

He citado la pequeña noticia de www.poker-red.com casi
completa por dos buenas razones. La primera porque
PokerStars, organizadora del torneo, sigue siendo la primera
sala online de poker, seguida de cerca por Full Tilt Poker, y el
hecho de que en un torneo patrocinado por PokerStars un
periodista en nómina de la gran sala online se haga eco de la
participación y del pequeño éxito de Simón Muñoz, como
patrocinado de Unibet, no deja de tener su importancia. La
segunda, para que comprueben la extensión del spanglish
como jerga dominante en una red teóricamente en español, y
teniendo en cuenta el dato de que el redactor de la nota,
Gustavo, es argentino.

El siguiente torneo en que participaron fue el EPT de
Praga de 2007, celebrado el 12 de diciembre. Luis Sevilla
consiguió quedar clasificado el número 31 y cobrar 14.140
dólares (10.100 euros). Y otro jugador de Unibet no
perteneciente entonces al Equipo A, pero más tarde (es
decir, en la actualidad) también profesor de poker en el
proyecto de la escuela valenciana de poker (EducaPoker),
José Luis Navarro, conocido como «Jotaele», quedó el
decimoséptimo, con un premio de 12.650 euros.

Terminado el EPT de Praga se generó una polémica sobre
la estrategia seguida por Luis Sevilla en el torneo, y vino
alimentada por un jugador español, Francisco López,
«Pakito», experto del poker en vivo, que después de que
Luis Sevilla lo eliminara del torneo con un farol criticó
severamente su juego y esa eliminación del torneo en su
blog de Everest Poker. En esencia, y por no alargar las
explicaciones técnicas, Luis Sevilla consiguió ganar una
mano muy peligrosa el primer día viendo (igualando) el resto
de un jugador en el flop (las tres primeras cartas
descubiertas) que debía llevar alguna pareja alta, y ganando
en el turn (la cuarta descubierta) a sus dos damas (QQ)
gracias a un rey (K) venido del cielo para ligar con sus rey-
dama iniciales (KQ). Desenlace de fortuna. Eso constituía el
nudo criticable de su actuación. El segundo día un jugador
sueco agresivo, Mikael Norinder, con un juego basado en
sensaciones, una persona a quien en teoría Luis Sevilla
podría batir, lo echó de la mesa en la cuarta mano después de
que éste se restara en el turn enseñando un AK que batía el
A9 del contrincante.

Lo interesante de la polémica desatada es menos la
casuística concreta de las manos discutidas -Pakito no era,
desde luego, nadie para criticar el juego de Luis dada su

pobre actuación tanto en ese mismo torneo como en el
conjunto de su carrera-, que el hecho mismo del análisis a
que eran sometidas todas y cada una de las actuaciones de
los miembros del equipo, teniendo en cuenta el difícil
equilibrio que debían mantener entre la racionalidad básica
de su estrategia y la exigencia de un juego agresivo que
evitara los robos de botes de los tiburones habituales de los
torneos. Ello significaba que los jugadores del Equipo
Unibet debían alternar su estrategia entre un juego agresivo
preflop (basado siempre en cartas iniciales decentes, no en
faroles), y un juego conservador postflop, pero firme ante
los intentos de farol y de robo de botes de los oponentes.
Encaje de bolillos y eterna lucha entre las dos filosofías
clásicas del poker: la nueva, basada en el juego online, y la
vieja, fundamentada en las partidas en vivo.

Con el PCA (Pokerstars Caribbean Adventure) de Las
Bahamas de 2008, celebrado a partir del 5 de enero, la luz al
final del túnel se volvió por fin aire libre y luminoso. «El
torneo se juega en el Atlantis Resort -contaba Simón Muñoz
con entusiasmo la noticia en www.poker-red. con-, uno de
los hoteles más lujosos del mundo, y en el que el Equipo
Unibet ha conseguido alojar a todo el equipo (yumi!). Somos
siete españoles los que vamos por parte de Unibet: Raúl

Mestre (el numeritos), Luis Sevilla (a lo loco se vive mejor),
Víctor Escudero, Diego Pérez, José Luis Valero, José Miguel
Espinar, y el que os escribe estas líneas, Simón Muñoz». Las
previstas veintiuna horas de vuelo -sin contar los
agradables transbordos de la ruta Valencia, Madrid, Newark,
Fort Lauderdale, Nassau- cedían ante la perspectiva de
tomarse después del torneo tres días de vacaciones en
Cuba. Las Bahamas, además, tenían el suficiente atractivo
por sí mismas para entusiasmar a los chicos del Equipo
Unibet en su primera salida al otro lado del charco. No era
para menos: la sexta edición del Pokerstars Caribbean
Adventure, un torneo incluido en el EPT, desde el
espectacular Atlantis Resort and Casino de Las Bahamas, se
trataba sin duda alguna del mayor torneo de los disputados
hasta entonces, con entradas para el concurso principal de
10.000 dólares por cada jugador y un total de 1.117 jugadores
registrados. Muchos de ellos clasificados previamente en las
mesas online de PokerStars y patrocinados por el primer
portal de poker virtual del mundo. El francés Bertrand
«Eloy» Grospellier, una de las estrellas de PokerStars, se
alzaría con la victoria y se llevaría un premio de 2.000.000 de
dólares de los 8.594.976 acumulados para premios. Una
experiencia única para los muchachos del Equipo A,

amenizada además por la entrada en premios de uno ellos:
José Miguel Espinar, único español clasificado entre los 120
jugadores premiados, que ocupó el puesto 44 y cobró 24.000
d ó lares .

Sin embargo, el PCA de Las Bahamas no fue más que
turismo, maravilloso turismo, comparado con el siguiente
torneo, donde el Equipo Unibet supo lo que era morder
premios en serio: el EPT German-Open de 2008, celebrado en
Dortmund, que comenzó apenas un mes después del de Las
Bahamas y transcurrió del 29 de enero al 1 de febrero. En
este torneo Diego Pérez quedó el cuarto clasificado de los 40
que entraron en premios, de un total de 411 jugadores, y
consiguió un total de 346.616 dólares (o 234.200 euros, silo
prefieren). Un resultado del que nadie podría decir que no
auguraba buenos tiempos para el Equipo Unibet. Este
torneo, por cierto, fue ganado por casi un adolescente: el
canadiense de 18 años Mike McDonald, conocido como
«Timex» en el poker online, que se convirtió en el campeón
más joven de la historia del EPT. Un jovencito que se dedicó
al poker siguiendo los consejos de su profesor de ajedrez,
que le aseguró que podía ganar mucho dinero si lo
intentaba. No le mintió: ese torneo le valió la bonita cantidad
de 933.600 euros.

En estricto sentido, si el EPT de Dortmund de 2008 fue la
primera vez que la escuela de jugadores valenciana rozaba el
cielo, el Latin Ame rican Poker Tour de Punta del Este
(LAPT) de 2008, que se celebró a partir del 10 agosto de 2008
en el Hotel Mantra Resort, lujosísimo casino y spa (Salutem
per aguan) de la hermosa ciudad uruguaya, significó el
ingreso en el pequeño Olimpo del poker. En palabras de
Caries Rodríguez, en la página web de la omnipotente
empresa virtual, PokerStars, la noticia aparecía de esta guisa:
«España conquista las Américas. Así es, amigos: cinco
siglos después España vuelve a conquistar las Américas en
el buen sentido de la palabra. Con la victoria en el cara a cara
de José Miguel Espinar terminamos con lo que ha sido el
último evento de la primera temporada del Latin American
Poker Tour. Como español que soy me siento emocionado y
excitado por esta victoria de un amigo y compañero de
batallas. España tiene un nuevo campeón con nombre y
apellidos, José Miguel Espinar Cuenca. De la escuela de
jugadores valencianos. Felicidades, campeón».

El premio, de unos 250.000 dólares, no estaba nada mal
para Campa, desde luego, pero el reconocimiento del primer
éxito atribuible a la escuela de jugadores valencianos
visibilizada en el mundo del poker bajo el nombre de Equipo

Unibet era no sólo un premio añadido, sino también una
recompensa pública por años de esfuerzo, una certificación
de que la filosofía adoptada era la correcta. El LAPT de
Punta de Este de 2008 acreditaba que el experimento de Raúl
no sólo podía tener éxito consigo mismo (y por tanto
invalidarse, ya que sus resultados podrían ser atribuibles
sólo a sus condiciones personales), sino con cualquiera
capaz de seguir sus estrategias y pautas de trabajo. Y José
Miguel Espinar, Campa para los amigos, un chico de 27 años
que había terminado COU y se había dedicado a vender
calefacciones hasta que le habían ofrecido la oportunidad de
dedicarse profesionalmente al poker, lo acababa de
d emo s trar.

Por cierto, sobre este torneo hay una anécdota muy
reveladora -no sé si divertida- acerca de la verdadera
importancia publicitaria que los grandes casinos virtuales
conceden a estos eventos. Cuando José Miguel consiguió
eliminar al último jugador de la mesa final del torneo, todos
los españoles presentes en la sala, fueran o no de Unibet -
Larles Rodríguez, el redactor de la nota citada, trabajaba por
entonces como periodista para PokerStars- prorrumpieron en
aplausos y expresiones de alegría, mostrando sus camisetas
negras con el logo verdiblanco (el signo ya universal de

play) del portal competidor de PokerStars. Adivinen la
reacción de los cámaras y realizadores del torneo: dijeron
que aquello no podía ser y que había que repetir la toma, que
no podían mostrarse en las cámaras tantas camisetas con el
logo de Unibet. Y así se hizo: ya era suficiente éxito
promocional para Unibet que uno de los suyos hubiera
ganado el torneo, como para lucir en primer plano un
entusiasmo tan excesivo.

Para Raúl, en particular, significaba mucho por otras
razones: «Hablando de torneos -me comenta cuando le
hablo de este torneo-, lo bueno no fue que José Miguel se
llevara un premio de unos 250.000 dólares al proclamarse
ganador del LAPT Punta del Este en 2008, sino que fue uno
de los mayores éxitos del poker español en su breve historia.
Otro de mis amigos, Diego Pérez, había llegado a la mesa
final y acabado en el cuarto puesto en el EPT de Dortmund
unos cinco meses antes, llevándose más de 230.000 euros...
Pero aunque las cifras fueron muy parecidas, una mesa final
no luce lo mismo que proclamarse ganador de un torneo. Lo
increíble fue que este primer grupo de amigos fuese el que
formara el núcleo del Equipo Unibet y que fueran ellos con
quienes tuve la suerte de poder viajar por torneos a lo largo
y ancho del mundo -me dice moviendo la cabeza y

sonriendo, como si pretendiese despertar de un sueño que
aún no acaba de creerse-. Piensa por un momento en lo que
representaba realmente esto para nosotros. Viajar con tu
grupo de amigos, patrocinados por una gran empresa, a
torneos por todo el mundo, con inscripciones
prohibitivamente caras y con poco más de 20 años. Era como
una película de Hollywood, sólo que era mi vida».

Ese mismo año, el 13 diciembre del 2008, el propio Raúl
Mestre consiguió quedar en octava posición en el EPT de
Praga. Hacer mesa final en un gran evento de este tipo es
algo emocionante, y no es una experiencia fácil de repetir.
Merece la pena reseñar la pequeña efemérides con las bien
elegidas palabras de Iván Martí, que recogía así la hazaña de
Raúl (y del patrocinado por PokerStars, Juan Maceiras, que
quedó en duodécima posición) en su blog:

Tras dos eventos del European Poker Tour con escasa
afluencia de jugadores españoles, primero Budapest, en el
que participaron sólo cinco jugadores de nuestro país, y
luego Varsovia, en el que fueron seis, parece que nuestros
compatriotas se pusieron de acuerdo para asaltar la
caravana del poker europeo y acudieron en masa al EPT
de Praga para dar un golpe maestro, ¡un verdadero golpe

de Mestre!

Finalmente fueron veinticinco los aguerridos españoles
que viajaron a la capital de la República Checa para
disputar el quinto evento de esta quinta temporada del
European Poker Tour. Entre ellos los siempre presentes
Raúl Páez, Juan Manuel Pastor y Juan Maceiras,
patrocinados por PokerStars, y cómo no mencionarlo: el
gran hombre de la noche, el maestro, el excelentísimo Raúl
Mes tre.

Muchos fueron cayendo en el duro camino que separa
el día primero de la última jornada del evento (incluido
Juan Manuel Pastor, que fue eliminado en 37° lugar y se
embolsó 9.700 euros), pero nuestros superhombres, Juan
Maceiras, que rozó la eliminación el día 2 al quedarse con
2.000 puntos, y Raúl Mestre, lograron avanzar con paso
firme hasta aquellas posiciones en las que muchos sólo
han podido soñar.

Mestre sí pudo llegar a la mesa final, su primera en un
EPT, aunque «desafortunadamente» fue eliminado en
octava posición. A continuación os contamos la mano
que puso fin a su trayectoria en el torneo: con las ciegas


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