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Control de Plagas Agrícolas del Autor Fausto Cisneros

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Published by criswermon15, 2019-01-21 15:40:34

Control de Plagas Agrícolas

Control de Plagas Agrícolas del Autor Fausto Cisneros

Keywords: Plagas,Control de Plagas Agrícolas

La venta debe hacerse en envases aprobados oficialmente; en ningún caso
se permite envases de vidrio para productos tóxicos. Las etiquetas también
son aprobadas oficialmente, debiendo estar en castellano e indicar el nombre
comercial del producto, el tipo de formulación, composición química, la
riqueza en ingrediente activo, contenido neto en volumen o peso; instrucciones
para su empleo incluyendo dosis de aplicación, tiempo mínimo entre la
última aplicación y la cosecha, precauciones para evitar accidentes, antídotos
y medidas en caso de intoxicaciones; si el producto es explosivo o
inflamable, número de lote y fecha de expiración de la acción insecticida si
tal ocurriera, y el número de registro expedido por el Ministerio de Agricultura.

Está prohibida la venta de pesticidas de "composición secreta".

Los productos con ingredientes activos que poseen la dosis letal media
(DL50) oral para ratas menos de 500 mg/kg llevan el símbolo convencional de la
muerte (una calavera con dos tibias cruzadas) y las palabras "PELIGROSO-
VENENO". Si la dosis letal media es mayor de 500 mg/kg se colocará las
palabras CUIDADO-PELIGRO.

En otros países se hacen mayores distinciones en los niveles de toxicidad; por
ejemplo: "Extremadamente tóxicos" cuando la DL50 es menor de 100 mg/kg;
"Altamente Tóxicos" para LD50 de 101 a 250; "Moderadamente Tóxicos"
para DL50 de 251 a 1,400; y "Ligeramente Tóxicos", cuando la DL50 es
mayor de 1,400 mg/kg. Está prohibida la fabricación, almacenamiento y
venta de pesticidas agrícolas en los mismos ambientes en que se fabrican,
almacenan o venden alimentos, bebidas o medicinas. Iguales restricciones
existen para su transporte.

Utilización de pesticidas

Existen disposiciones que incluyen la reglamentación del uso de los
pesticidas (R.S. 427-MA-50 y RM 787-MA-53). Cuando se trata de
aplicaciones aéreas las especificaciones son más estrictas, sobre todo en el
caso de los herbicidas. Las restricciones en el uso de los insecticidas
orgánicos se dan en las reglamentaciones de los cultivos específicos que se
han mencionado anteriormente.

En otros países hay una tendencia a considerar disposiciones generales
más estrictas que las que existen en nuestro país; así, por ejemplo, al
adquisición de pesticidas extremadamente tóxicos solo pueden realizarse
con la autorización escrita de un Ingeniero Agrónomo o un técnico autorizado
por el Ministerio de Agricultura; y su aplicación sólo puede hacerse bajo
su dirección o con sus indicaciones por escrito. En todo caso los usuarios son
responsables de los daños causados por el uso indebido o la mala aplicación
de los productos pesticidas.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

FAO. 1986. Código internacional de conducta para la distribución y utilización
de plaguicidas. Rome. 26 pp.

LAMAS, JOSE M. 1959. El estado del problema del "gorgojo de la chupadera" en

el Valle de Huaura. Rev. Peruana de Entornol. AGric. 2 (1): 45-50.
MINISTERIO DE AGRICULTURA DE CHILE. 1966. Pesticidas. Ley N° 15.703

y Decreto N° 567. Boletín Técnico N° 21. Santiago-Chile. 53 p.
MINISTERIO DE AGRICULTURA DEL PERÚ. 1963. Regulaciones de sanidad

vegetal, departamento de Control Sanitario Vegetal. Dirección de Inspección
y Control Agrario. Lima, Perú. 112p. (Recopilado por Ing. Nemesio Vallejo)
MINISTERIO DE AGRICULTURA DEL PERÚ. 1972. Regulaciones de sanidad
segetal (Cuarentena Vegetal Externa). Dirección General de Promoción
Agropecuaria. Lima, Perú. 142 p. (Recopilación actualizada por Ing. Juan
F. Pacora)
MINISTERIO DE AGRICULTURA Y ALIMENTACIÓN. 1978. Reglamento de
cultivos alogodonero-tabaco. Dirección General de Apoyo a la Empresas
Campesinas. Lima-Perú.
MINISTERIO DE AGRICULTURA Y CRIA DE LA REPÚBLICA DE
VENEZUELA 1968. Reglamento General de Pesticidas. Dirección General.
Oficina de Sanidad Vegetal. Caracas, Venezuela, 15 p.
NATIONAL ACADEMY OF SCIENCES, 1969. Insect pest management and
control principles of plant and animal pest control. Vol.3. Washington D.C.
Estados Unidos. 508 p.
VALLEJOS, F.N. 1966. La cuarentena vegetal en el mundo y en el Perú. Tesis
del Grado sin publicar. Univ. Nacional Agraria, La Molina, Lima-Peru. 84
p.

13

EL MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS

El Concepto

El Manejo de Integrado de Plagas (MIP) es un sistema de protección de cultivos orientado a
mantener las plagas en niveles que no causen daño económico mediante el uso preferencial de factores
naturales, o sus derivaciones, que resulten adversos al desarrollo de las plagas. Entre estos factores están
las variedades resistentes, agentes de control biológico, prácticas agronómicas, medidas físicas y
mecánicas, y la utilización de estímulos que determinan el comportamiento de los insectos tales como
repelentes y atrayentes, y otras prácticas. Se buscan efectos duraderos en la reducción de las densidades
de las plagas. Sin embargo, cuando, por alguna razón, las plagas escapan a la acción de los factores
enunciados, y se pone en peligro la producción, es posible recurrir al uso de plaguicidas, como medida
temporal para tratar de restituir un mejor balance entre la plaga y los factores adversos. En estos casos, el
uso de plaguicidas debe ser selectivo; evitando las aplicaciones generalizadas de productos de amplio
espectro y prolongada residualidad. En esto difiere con la orientación del control químico tradicional que se
basa en el empleo sistemático y repetidos de insecticidas, como método preferencial para reducir las
poblaciones de plagas (Figura 13:1).

Figura 13:1 . Representación esquemática de los efectos del control químico convencional (A), el Manejo de
Integrado de Plagas (B) y la aparición de nueva plaga por mal manejo del cultivo (C).

1

El concepto de Manejo Integrado de Plagas se ha modificado algo desde la idea inicial que fue
integrar el control químico con el control biológico (Bartlett,1964), por entonces se le llamó Control Integrado
de Plagas. En la actualidad , en el MIP se incluyen todos aquellos factores, métodos o prácticas, que
puedan integrarse y que sean compatibles con el concepto general del MIP.

La aceptación de la idea de integración en el MIP, ha dado lugar a nuevos conceptos de integración
en otros aspectos de la sanidad y de la producción agrícola. Así, en la actualidad, hay una tendencia para
incluir el manejo integrado de plagas, el manejo de enfermedades y el manejo de malezas en un sistema
que podría llamarse “Protección Integrada de Cultivos”. También se ha hecho popular el concepto de
Manejo Integrado del Cultivo (MIC) que reúne los enfoques de manejo integrado de plagas, enfermedades y
malezas conjuntamente con el manejo del suelo, de la genética y fisiología de la planta, riego, fertilización y
otras prácticas del cultivo. El enfoque del manejo de plagas del algodonero, que se estableció en el Perú en
la década de 1950, es un sistema que responde bien a los conceptos de protección integrada de cultivos o
manejo del cultivos.

Aspectos Técnicos fundamentales del MIP

Desde el punto de vista técnico, hay que considerar cuatro aspectos fundamentales en el MIP. a)
que su orientación tiene bases ecológicas, b) que en su implementación se utilizan dos o más componentes
de manejo (se dice que es multilateral), c) que en la selección de los componentes, se priorizan los factores
de mortalidad natural sobre el uso de plaguicidas, y d) que son sistemas flexibles que cambian según las
circunstancias climáticas, biológicas o económicas del cultivo.

Orientación con bases ecológicas. Se dice que el MIP tiene bases ecológicas por que, para cada
caso, toma en cuenta: a) las relaciones que existen entre los diferentes componentes de un ecosistema
agrícola particular y b) los factores que determinan la existencia y dinámica poblacional de las plagas
específicas del lugar (Figura 13:2). Se da especial importancia a las relaciones de las plagas con la planta
cultivada (susceptibilidad, resistencia) y su fenología, con sus enemigos naturales (agentes de control
biológico), con las condiciones físicas, mecánicas, microclimáticas y agronómicas del medio (prácticas
culturales) y las condiciones climáticas que inciden en los ciclos de desarrollo, reproducción y sobrevivencia
de las plagas. También es importante determinar el comportamiento de las plagas frente a determinados
estímulos que producen repelencia o atracción, de manera que las plagas puedan ser mantenidas alejadas
de la planta hospedera o atraídas para ser capturadas (trampas) o envenenadas (cebos tóxicos). En cuanto
a la existencia de las plagas y su dinámica poblacional, es preciso identificar los factores que favorecen o
desfavorecen su reproducción, sobrevivencia, y dispersión; así como los factores que determinan las
fluctuaciones de las plagas en las condiciones locales.

En el caso de tener que recurrir a los insecticidas, se pone especial atención en lograr efectos
selectivos; que el producto mate a las plagas pero que sus efectos perjudiciales sobre la fauna benéfica
sean atenuados, por las características toxicológicas de los productos o por sus formas de aplicación. Entre
la fauna benéfica están los agentes de control biológico (parasitoides, predadores y patógenos) e insectos
polinizadores.

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Figura 13:2 Enfoque ecológico del MIP: Interacciones entre los principales componentes de un ecosistema
agrícola.

La implementación del MIP es multilateral (Figura 13:3.). Por lo menos se requiere de la
conjunción de dos componentes de manejo compatibles entre si. Es usual, sin embargo, que se utilice un
mayor número de componentes. Hay varias razones que sustentan este enfoque. Cuando se utiliza un solo
método de control (enfoque unilateral) existe la posibilidad de que las plagas desarrollen un mecanismo que
inutilice o mediatice los efectos de la medida de control (rompa la resistencia de plantas resistentes,
desarrolle poblaciones resistentes a productos químicos, o modifiquen su comportamiento frente a
determinadas prácticas culturales adversas). El enfoque multilateral contribuye a la estabilidad del sistema.
Por otro lado, es común que ocurra más de una plaga clave en el campo y difícilmente una sola medida es
capaz de manejar todas las plagas presentes en el cultivo. Hay casos, sin embargo, en que un enfoque
unilateral es exitoso (casos de control biológicos exitosos, o casos exitosos de plantas resistentes). Estos
casos no deben considerarse como ejemplos de manejo integrado de plagas.

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Figura 13:3 Enfoque multilateral del MIP: Utilización de dos o más factores adversos al desarrollo de las plagas

Por otro lado, tampoco se trata de utilizar todos los componentes disponibles. Lo más importante es
el criterio con que se seleccionan aquellos componentes que hacen que el sistema sea efectivo y
económico. Si se dan las condiciones apropiadas, la integración de dos componentes, como una variedad
resistente y agentes de control biológico, puede resultar satisfactoria (Figura 13:4)

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Afidos/planta

Susceptible
Sin parasitoide

Resistente
Sin parasitoide

Susceptible
Con parasitoide

Resistente
Con parasitoide

semanas

Figura 13:4 Poblaciones del áfido Schizaphis graminum en plantas de dos variedades de cebada
(susceptible y resistente) en presencia y ausencia del parasitoide Lysiphebus testaceipes.
Según Starks y col. 1972.

Priorización de factores de mortalidad natural. En la selección de componentes de manejo se
priorizan aquellos que constituyen factores de mortalidad natural (plantas resistentes, agentes de control
biológico, prácticas culturales, manejo del comportamiento de los insectos, etc.) (Figura 13:5). Todos estos
factores contribuyen a la estabilidad del sistema de producción. Excepcionalmente, puede darse el caso de
recurrir a factores, como el uso de insecticidas, pero debe considerárseles como medidas temporales y de
emergencia, no como medida prioritaria.

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Figura 13:5 Priorización de los factores de mortalidad natural en el Manejo Integrado de Plagas

Sistema flexible. Finalmente, el manejo integrado de plagas es flexible para responder a las
particularidades del lugar donde se le usa y a los cambios normales o inusitados que se dan dentro de la
campaña agrícola o entre un año y otro; sea en términos climáticos, económicos, o de otra índole. Por estas
consideraciones resulta imposible que el MIP se encasille en formalidades o protocolos. La variabilidad de
las condiciones agrícolas es particularmente notoria en países tropicales y subtropicales.

Hay una clara diferencia en la estrategia del control de plagas tradicional, ampliamente dominado
por el control químico, y el MIP. En el control químico, las acciones se toman en función directa de la plaga,
buscando su máxima mortalidad o erradicación temporal; son medidas curativas que producen una
disminución rápida de la plaga, la cual volverá a incrementarse cuando desaparezcan los residuos del
producto en las plantas. En el MIP la plaga es tratada como un constituyente del ecosistema agrícola
(agro-ecosistema) que mantiene interacciones positivas y negativas con los otros componentes del
ecosistema. De modo que, mediante el manejo de estos otros componentes, se puede dificultar el
desarrollo de las plagas o contribuir a su mortalidad natural. Se trata de medidas que, en muchos casos,
pueden calificarse de preventivas, pues se anticipan a la ocurrencia del problema, gracias al conocimiento
que se debe tener del cultivo, de las plagas y de las condiciones locales. El control químico es
esencialmente curativo. El esquema de la estructura del ecosistema agrícola y las interacciones entre sus
componentes se presentaron en el Figura 13:2.

Los “Programas MIP” y los “Componentes MIP”

Dada la inmensa variabilidad de cada uno de los aspectos que caracterizan al MIP, es conveniente
precisar que una cosa es tratar a) de los conceptos, principios y generalidades del MIP; y otra cosa, muy
diferente, es tratar b) de “Programas MIP” específicos destinados a enfocar problemas de plagas en
condiciones concretas, que respondan a una realidad determinada de un cultivo. En esa realidad están las
plagas específicas debidamente identificadas, la situación real de presencia o ausencia de enemigos
naturales, las condiciones geográficas y climáticas definidas, y el medio socio-económico determinado en
que se va a desarrollar el programa. Sobre los conceptos, principios y generalidades del MIP se ha escrito
mucho; pero sobre los programas MIP, los casos descritos son relativamente pocos. Talvez esta situación
condujo a Ehler y Bottrel, (2000), a sostener (refiriéndose a un programa gubernamental de los Estados
Unidos de 1972 para estimular el desarrollo del MIP) que “A pesar de haber transcurrido tres décadas de
investigación…. hay muy poca integración en el MIP …mucho de lo que se hace pasar como MIP moderno
no es más que el control supervisado de hace 50 años…no se ha hecho el esfuerzo necesario para integrar
las tácticas vertical y horizontalmente…en cierto modo los más beneficiados del movimiento MIP han sido
los investigadores científicos, los agentes de extensión y los burócratas, en lugar de los agricultores”

Un “Programa de MIP” se desarrolla para responder a las condiciones particulares de un lugar, un
área o una región con características propias similares. Se trata de agro-ecosistemas que comparten
aspectos comunes como cultivos y variedades de plantas; condiciones climáticas, principalmente
temperatura y ocurrencia (o ausencia) de lluvias; más otros aspectos como las prácticas agrícolas locales;
las especie de plagas y sus enemigos naturales presentes; y las condiciones socioeconómicas del
agricultor y del mercado. No existe un Programa MIP, diseñado para un cultivo y lugar, que pueda usarse

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en cualquier lugar sin ajustes importantes. Tampoco es realista pensar que cualquier programa MIP se
logra siguiendo un protocolo.

Las acciones, medidas y, prácticas concretas que se ejecutan en un determinado Programa-MIP
vienen a ser los “Componentes MIP” del Programa. Es común que varios de ellos hayan sido desarrollados
o adaptados ex profesamente para ser utilizados en un determinado programa de MIP. Con tal fin es
necesario conducir algunas pruebas experimentales en las condiciones locales antes de adoptarlos para su
aplicación.

Posteriormente se describirán cinco casos de programas-MIP con sus respectivos componentes-
MIP en los que el autor ha participado directamente. En cuatro de ellos, como Jefe del Programa de Manejo
Integrado del Centro Internacional de la Papa (MIP de papa en la costa del Perú, en los valles interandinos,
y el las zonas alto-andinas; y MIP de camote en Cuba); y un programa como asesor privado de la
Asociación de Agricultores Agroexportadores Propietarios de Terrenos de Chavimochic (APTCH) (MIP del
espárrago en la costa norte del Perú).

Por el momento, es preciso indicar que los programas MIP exitosos tienen de común: contar con el
interés y apoyo de los agricultores (pequeños o grandes productores); disponer de un programa técnico
bien estructurado como resultado del análisis de la situación local; contar con un equipo eficiente para la
implementación del programa (pequeños agricultores capacitados, técnicos de las grandes empresas, o un
equipo técnico especial); disponer de recursos operativos para la ejecución del programa; y lograr que los
agricultores obtengan beneficios económicos, o de otra índole, en un lapso prudencial.

Otros dos aspectos técnicos que están relacionados con la implementación de los programas MIP,
y que se tratarán posteriormente, son a) el establecimiento de un sistema de evaluación periódica
("monitoreo") de los niveles poblacionales de las plagas y sus enemigos naturales en el campo y b) el
concepto de umbrales o "límites de infestación" de cada plaga que pueden ser tolerados por el cultivo sin
que se afecte su rendimiento o beneficio económico.

Algunos Aspectos históricos del Desarrollo del MIP

El MIP se inició a fines de la década de 1950 como una reacción a las deficiencias y
complicaciones que se detectaron en el uso de plaguicidas en la protección de los cultivos. Las deficiencias
se hicieron evidentes: a) cuando las plagas mostraron capacidad para desarrollar resistencia a las
aplicaciones de insecticidas; b) cuando aparecieron nuevas plagas como consecuencia de la destrucción de
sus enemigos naturales por el uso extensivo de insecticidas; y c) cuando los costos de protección de los
cultivos llegaron a niveles insostenibles para los agricultores. Esto sucedió debido al incremento en el
número de aplicaciones requeridas (pérdida del efecto residual), la necesidad aumentar las dosis (pérdida
de susceptibilidad, por desarrollo de resistencia), y el aumento en el precio de los productos.

El cuestionamiento al uso de insecticidas se fue complicando con el tiempo, conforme se iban
descubriendo nuevos aspectos de sus características tóxicas. Primero, la atención se concentró en los
riesgos de los operadores de las plantas formuladoras de insecticidas y de los aplicadores en el campo; así
como en la posible presencia de residuos tóxicos en los productos cosechados. Fue necesario establecer
una serie de medidas de seguridad para los operadores y aplicadores, incluyendo vestidos y máscaras
protectoras. También se realizaron estudios toxicológicos que condujeron al establecimiento de los límites
máximos de residuos (LMRs) tolerados en los productos cosechados y a la prohibición de ciertos productos
en algunos cultivos tanto a nivel mundial (de acuerdo al Codex Alimentarius de la FAO/OMS), como
regional (por ejemplo, la Unión Europea) o nacional. En la actualidad, estos aspectos constituyen
consideraciones básicas en el comercio internacional de productos agrícolas. Por último, se han hecho

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evidentes problemas relacionados con la contaminación ambiental, precisamente cuando en el mundo se
ha tomado conciencia de la importancia de preservar la calidad del medioambiente. De allí que en años
recientes, el interés por el MIP ha rebasado el ámbito agrícola y se le considera como el sistema de
protección de plantas más razonable pues, al tiempo que protege los cultivos contra las plagas, minimiza la
contaminación del medioambiente.

Limitaciones del Control Unilateral – Control Químico

Seguramente no sería necesario tratar el tema del manejo integrado de plagas, si pudiera lograrse
el control duradero de las plagas presentes en un campo, de una manera más sencilla, aplicando un solo
método de control. Pero, con la excepción de algunos casos exitosos de control biológico o de uso de
variedades resistentes contra ciertas plagas, raramente la aplicación de un sólo método ha mostrado un
éxito duradero. Es más, en ambos casos, las medidas normalmente son válidas para una sola especie de
plaga.

Esto se debe principalmente a que las poblaciones de las plagas son entes dinámicos, complejos y
de gran plasticidad genética, que se adaptan a los cambios que se introducen en el ecosistema agrícola.
Como no todas las plagas ocupan el mismo nicho ecológico es normal que la adopción de una práctica
cultural que restringe el desarrollo de una plaga pueda favorecer el incremento de otras especies. La
introducción de plantas resistentes a una determinada plaga puede, con el tiempo, dar lugar al desarrollo de
nuevos biotipos de la misma especie capaces de romper la resistencia original. Por otro lado, la adopción
de plantas resistentes a una plaga, puede favorecer la aparición de otras plagas, para las cuales el
mecanismo de resistencia no funciona. En la práctica también se da el caso que la variedad resistente, que
podría ayudar al manejo de una plaga, no es la variedad comercial que prefiere el agricultor por razones de
mercado. Pero, sobre todo, es el control químico, usado como única o principal forma de represión de
plagas, el método que presenta las más serias limitaciones como enfoque unilateral de control.

El Control Químico. Es justo reconocer que los plaguicidas, desde mediados del siglo pasado,

en términos generales, han contribuido significativamente a la protección de los cultivos, controlando plagas
y enfermedades. De igual manera, los plaguicidas han contribuido a la salud del hombre y de los animales,
controlando ectoparásitos y vectores de enfermedades. Hoy día se dispone de numerosos productos entre
insecticidas, fungicidas, nematicidas, rodenticidas, herbicidas, etc. que se aplican intensamente en el
campo constituyendo la forma predominante de la protección moderna de los cultivos.

Es un hecho que se repite una y otra vez que, cuando se introduce un plaguicida, resulta ser muy
efectivo durante cierto tiempo y, muchas veces, es relativamente económico. Este fenómeno se ha repetido
una y otra vez desde que los plaguicidas orgánicos sintéticos modernos se introdujeron en la década de
1950. Su adopción fue muy rápida y se les considera un factor importante en el incremento de los
rendimientos agrícolas. Con este recurso, tan poderoso, se han cometido muchos abusos. Cuando la
economía lo ha permitido, se han hecho, y se hacen, aplicaciones innecesarias como si se tratara de un
“seguro” contra eventuales pérdidas de cosecha, con el criterio de que es mejor “aplicar por si acaso” que
no aplicar. También se suelen incrementar innecesariamente las dosis con el criterio popular de que “si
poco es bueno, mucho debe ser mejor”.

El abuso, y mal uso, de los plaguicidas pronto anulan los beneficios que podrían derivarse de su
buen uso. Pero, aún con su uso razonable, hay limitaciones que son intrínsecas a su naturaleza tóxica.
Todos los plaguicidas, al ser aplicados, van seleccionando a los insectos menos susceptibles, y terminan
formando una población resistente. Hay productos de amplio espectro de acción que afectan,
indistintamente, a los insectos dañinos como a lo benéficos. Finalmente, hay productos que son muy
estables y dejan residuos tóxicos por mucho tiempo en los productos agrícolas cosechados. Aun cuando
numerosos plaguicidas, que eran extremadamente tóxicos o que persistían en el medioambiente por

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tiempo muy prolongado, han sido retirados del mercado, muchos de los productos actuales todavía
representan riesgos para la salud y contribuyen a la contaminación ambiental.

A pesar de todas estas consideraciones adversas, bajo ciertos condicionamientos de selectividad y
apremio, algunos plaguicidas pueden constituir un recurso útil, en el sistema de manejo integrado de
plagas.

Pérdida de efectividad (Desarrollo de Resistencia). Casi la totalidad de los

insecticidas después de un tiempo de uso, progresivamente o súbitamente, pierden efectividad. En muchos
casos se llega a la situación que, aún en dosis masivas y aplicaciones frecuentes, resultan inefectivas. Este
es un fenómeno generalizado, del pasado y del presente, en todas partes del mundo; siendo más intenso
en los lugares donde se usan plaguicidas de manera más frecuente.

La pérdida de efectividad de un insecticida se debe a que las plagas tienen capacidad para
desarrollar resistencia a esos productos. Los insecticidas matan a los individuos susceptibles de una
población plaga y los sobrevivientes, al reproducirse, forman poblaciones menos susceptibles que,
finalmente, dan lugar a una población resistente. Como la ocurrencia de este fenómeno crece con una
tendencia exponencial, la resistencia se ha convertido en una de las limitaciones más serias en la
protección moderna de cultivos. En un esfuerzo por retardar la generación de resistencia, se recomienda
limitar el número de aplicaciones de un producto por campaña agrícola y, en todo caso, alternar productos
que tengan diferentes mecanismos de acción tóxica. De esta manera, se busca reducir la presión de
selección que estos productos ejercen sobre las poblaciones de insectos y que acaban desarrollando
plagas resistentes. El descubrimiento de nuevos insecticidas no contrarresta satisfactoriamente el ritmo de
aparición de nuevos casos de resistencia. Desde 1984 existe el IRAC (Insecticide Resistance Action
Commitee) que estudia la manera de manejar la resistencia y, sobre todo, de reducirla. En la actualidad,
entre los datos técnicos de un insecticida, figura el grupo de acción IRAC, identificado con un número. Los
productos del mismo número tienen la misma forma de acción y no deben aplicarse sucesivamente, para
evitar el rápido desarrollo de la resistencia.

Basta considerar un solo cultivo, como la papa, para encontrar numerosos ejemplos de plagas que
desarrollaron resistencia en los primeros 25 años de uso de insecticidas . El pulgón verde de la papa,
Myzus persicae (Sulz), que es un importante vector de virus en papa, desarrolló resistencia a la mayoría de
los insecticidas registrados para ser usados en este cultivo (Radcliffe et al., 1979). El escarabajo de
Colorado, Leptinotarsa decemlineata (Say), desarrolló resistencia a insecticidas clorados, fosforados y
carbamatos en muchas partes de los Estados Unidos (Harris & Svec, 1981). En la costa del Perú,
Scrobipalpula absoluta desarrolló resistencia progresivamente a DDT, paratión etílico, paratión metílico y
endrin (productos que ya no se venden el mercado) y otros insecticidas fosforados; y, posteriormente, al
grupo de insecticidas piretroides al poco tiempo de su introducción (Campos, 1978) (cuadro 13:1). La polilla
de la papa Phthorimaea operculella (Zeller) desarrolló resistencia a productos clorados, fosforados,
carbamatos y piretroides (Collantes, 1984). La mosca minadora, Liriomyza huidobrensis Blanch, desarrolló
resistencia a la mayoría de los productos clorados y fosforados en la costa del Perú.

La aparición de resistencia es un problema de actualidad en todas partes. Se pueden dar casos de
desarrollo de resistencia en ciertos fundos y, al poco el tiempo, las poblaciones resistentes se dispersen a
fundos aledaños. En la irrigación de Chavimochic, en el norte de la costa peruana, se cultiva intensamente
espárrago y paltos, desde fines de la década de 1990. En un tiempo relativamente corto, la mosquilla del
brote del espárrago, Prodiplosis longifila desarrolló resistencia a metamidofos en toda la irrigación. Por otro
lado, la arañita marrón del palto, Oligonychus punicae, desarrolló, en forma sucesiva, resistencia a
abamectina y fenpyroximato en dos y tres años, respectivamente.

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Tabla 13:1 Evolución del control químico de Scrobipalpula absoluta Meyrick en el valle de Cañete.

Lima-Perú. (Campos, 1976).

______________________________________________________________________________

i.a. kg/ha

1950 DDT 1,750

1952 Paration etílico 0,150

1955 Paration etílico 0,250

1963 Paration etílico 0,500

1965 Paration metílico 0,500

1968 Paration metílico 1,000

1971 Tamaron1 0,500

1974 Tamaron1, Azodrín2 (deficiente)

1975 Mezclas: Endrithion3 + Azodrin

Endrithion + Tamaron

1976: Decis4, Belmark5, Birlane6, Cidial7

________________________________________________________________________________

1Metamidofos, 2Monocrotofos, 3Mezcla de Endrin + Paration metílico, 4Deltametrina, 5Fenvalerato,

6Clorfenvinfos, 7Phentoato.

Aparición de nuevas plagas y "resurgencia". Los insecticidas matan fácilmente a los

insectos benéficos (parasitoides y predatores). Entre los parasitoides y predatores afectados pueden estar
aquellos que ejercen cierto grado de mortalidad natural en las plagas principales; pero también están los
que ejercen un efectivo control de otras especies de insectos fitófagos, que carecen de importancia
económica, precisamente porque están reprimidos por sus enemigos naturales.

La destrucción de los enemigos naturales de la plaga principal produce el fenómeno de
"resurgencia" de la misma plaga. La resurgencia consiste en la rápida recuperación de la plaga, una vez
que se disipan los residuos de un tratamiento de insecticidas, pudiendo alcanzar niveles mayores que los
previos a la aplicación. Shelton et al. (1981) reportaron la rápida resurgencia de la polilla de la papa
después de las aplicaciones de insecticidas y la destrucción de sus enemigos naturales.

Mucho más importante para el agricultor es el efecto de la destrucción de los enemigos naturales
de las plagas potenciales, es decir de aquellos insectos que se mantenían en poblaciones bajas sin causar
daño económico. Al desaparecer la represión biológica natural, esas poblaciones de insectos se
incrementan y algunas llegan a alcanzar niveles de plaga. Se trata de las llamadas "nuevas plagas" o
"plagas inducidas" o "plagas secundarias". Las plagas inducidas pueden resultar más difíciles de combatir
que las plagas primarias, pues suelen sobrevivir a los tratamientos que se efectúan contra éstas; es decir,
son tolerantes a los insecticidas normalmente utilizados en el cultivo.

En la costa central del Perú se considera que la emergencia de la "mosca minadora" Lyriomyza
huidobrensis como plaga principal de la papa (Fig. 13:6), fue el resultado de las intensas aplicaciones que
se utilizaron contra la polilla Scrobipalpula absoluta. Esta condición se mantuvo por algún tiempo por la
tendencia de hacer aplicaciones “calendarizadas” contra la mosca minadora. Por muchos años la mayor
cantidad de insecticidas que se usó en papa en la costa estuvo orientada a controlar esta plaga.

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Figura 13:6 Incremento de las poblaciones de mosca minadora , Liriomyza huidobrensis, en el valle de Cañete,
Perú, coincidente con la adopción del uso masivo de insecticidas contra la polilla del follaje de papa,
Tuta absoluta.

El fenómeno de la aparición de nuevas plagas en el caso del algodonero en el Perú fue tratado en
el Capítulo 9 y puede apreciarse en el cuadro 13:2. Este problema puso al borde de la ruina a los
agricultores algodoneros del valle de Cañete, Perú, en la segunda mitad de la década de 1950.

Plagas (1943-1949) Plagas (1949-1956)

Insecticidas minerales y botánicos Insecticidas orgánicos sintéticos

___________________________________________________________

Anthonomus vestitus A. vestitas

Anomis texana A. texana

Aphis gossypii A. gossypii

Heliothis virescens H. virescens

Mescinia peruella M. peruella

Memichionaspis minor H. minor

Dysdercus peruvianus D. peruvianus

Argyrotaenia sphaleropa

Platynota sp.

Pseudoplusia rogationis

Pococera atramentalis

Phenacoccus gossypii

Bucculatrix thurberiella

____________________________________________________________

Cuadro 13:2 . Relación de las plagas del algodonero en el valle de Cañete, Perú, cuando se usaban
solamente insecticidas minerales y botánicos, y la aparición de nuevas plagas cuando se
utilizaron masivamente los insecticidas orgánicos sintéticos modernos. Según Boza Barducci,

1965.

Es posible que las infestaciones crecientes de la mosquilla de los brotes Prodiplosis sp., del ácaro
blanco Poliphagotarsonemus latus y de la mosca blanca Bemisia spp., observadas en los últimos años en

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diversos cultivos de la costa del Perú, estén asociadas con las aplicaciones de insecticidas contra otras
plagas.

Hay ciertas plagas, como las cochinillas harinosas, moscas blancas, moscas minadoras y ácaro
hialino, entre otras, cuyo incremento con frecuencia está asociado con el uso excesivo de insecticidas
contra otras plagas.

Trofobiosis y Hormoligosis. Hay otros fenómenos relacionado con el uso de plaguicidas que
contribuyen al incremento de las poblaciones que no son susceptibles a los tratamientos. Se trata de los
fenómenos de hormoligosis y trofobiosis. No están bien definidos los mecanismos de acción, pero son
hechos comprobados que la aplicación de ciertos productos plaguicidas, favorecen la multiplicación de
ciertas plagas. Según Chaboussou (1966), la trofobiosis es el incremento de la vitalidad de un organismo
debido al efecto de los plaguicidas en la planta que favorece a la plaga que se alimenta de ella. (figura
13:7). Hormoligosis es el fenómeno de estimulación reproductiva de plagas (o insectos benéficos) por dosis
subletales de plaguicidas (Luckey, 1968). Así, por ejemplo, imidacloprid, un plaguicida sistémico, efectivo
contra pulgones, moscas blancas, cigarritas y otros insectos, favorece la reproducción de la arañita roja
Tetranychus urticae y también del ácaro predator Amblyseius victoriensis (James y Price, 2002). Es común
en el valle de Cañete que los campos de camote tratados con carbofuran y oxamyl, contra el gorgojo del
camote, presenten las más altas infecciones de la mosca blanca Bemisia.

Huevos/hoja

carbaryl

DDT

Testigo

Figura 13:7 Efecto del Carbaryl y el DDT aplicados en el follaje de vid en el incremento de la
fecundidad de la arañita roja Tetranychus telarius. Chaboussou, 1966.

Limitaciones Económicas. Los precios de los insecticidas se han incrementado en forma

significativa y constante, siguiendo un proceso que parece ser irreversible, pues los costos de investigación
y producción de nuevos productos son cada vez mayores. Como consecuencia, el uso intensivo tradicional
de insecticidas hace que los costos de la producción agrícola se eleven de tal manera que, muchas veces,
se convierten en limitantes de la rentabilidad del cultivo.

Esta situación la comparten tanto los agricultores grandes como los pequeños. Pero, es
particularmente dramática entre agricultores pequeños o medianos, que trabajan terrenos marginales, y
muchas veces en condiciones de precios inestables para sus cosechas. Estudios realizados en el valle de
Cañete en la costa central del Perú (Ewell et al., 1990) demuestran que la inversión en plaguicidas para

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controlar plagas de la papa supera el costo de otros insumos incluyendo a la semilla (Fig. 13:8). Cuando los
precios de la venta de la papa son bajos, rendimientos de 20 a 25 t/ha escasamente cubren los costos de
producción.

Figura 13:8 Comparación de los costos sanitarios del cultivo de papa en el valle de Cañete con respecto a los
otros costos de otos insumos para la producción de papa en el valle de Cañete, Perú. Según Ewell y
col. 1990.

En cierto modo, los precios elevados de los insecticidas tienden a favorecer su uso más razonable y hasta,
eventualmente, pueden inclinar a los agricultores a adoptar el MIP, como una manera de bajar sus costos
de producción. El fenómeno que se está produciendo ahora es que los nuevos productos insecticidas son
caros, pero los antiguos productos, cuyas patentes han vencido, son producidos por países asiáticos en
procesos de industrialización, a precios muy bajos. Este fenómeno puede volver a incentivar el mal uso y
uso excesivo de los plaguicidas.

Residuos tóxicos y contaminación ambiental. Los problemas de resistencia,

resurgencia y aparición de nuevas plagas obligan a que el agricultor incremente las dosis de aplicación,
reduzca los intervalos entre aplicaciones, y recurra a la mezcla de insecticidas. Las implicancias
económicas resultantes son serias. Pero, además, se crean dos problemas importantes: los mayores
residuos que quedan en las plantas y la contaminación ambiental. Por residuo se entiende la cantidad de
insecticida o sus metabolitos tóxicos que quedan en la superficie o dentro de la parte de la planta que se
cosecha (ver Capítulo 9 sobre Control Químico). Por contaminación del medio ambiente, a la forma en que
el pesticida permanece en el suelo, es acarreado por el aire a las áreas vecinas, y se llega a las aguas de
las acequias, ríos y lagunas o se percola a los niveles freáticos; amenazando así la salud del hombre, y la
de los animales domésticos y silvestres. También afectan a los insectos polinizadores y a otros seres
benéficos.

En el caso de la papa, los residuos tóxicos en los tubérculos están asociados principalmente con
tratamientos al suelo para combatir a los insectos de vida subterránea, entre ellos al gorgojo de los Andes,
Premnotrypes spp. y gusanos blancos (Scarabaeidae), Los insecticidas clorados como el BHC, Aldrin y
Heptacloro, que se usaron ampliamente contra esta plaga, han sido prohibidos debido a su persistente
efecto contaminante. Estos insecticidas han sido reemplazados por otros compuestos más tóxicos como
aldicarb, carbofuran y oxamyl que tienen efectos múltiples contra insectos subterráneos, nematodos, e

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insectos picadores chupadores del follaje. El riesgo de los residuos de estos productos en los tubérculos y
en las aguas subterráneas es motivo de muchas preocupaciones e investigaciones. En algunos estados de
los Estados Unidos el uso de estos productos ha sido prohibido o restringido en el cultivo de la papa.

Análisis Ecológico del Problema de Plagas

El campo agrícola es un ecosistema artificial caracterizado por la dominancia de una o unas pocas
especies de plantas (las plantas cultivadas) como resultado de la intervención del hombre. El hombre no
solamente las ha sembrado sino que las protege de otras plantas competidoras (malezas) y de sus
enemigos (plagas y enfermedades). De modo que desde el punto de vista ecológico, se deben considerar
plantas y plagas como partes fundamentales del ecosistema agrícola y participantes de su dinámica.

La planta cultivada. Normalmente, las plantas cultivadas provienen de largos procesos de
selección y mejoramiento, habiendo adquirido cualidades distintas a las formas silvestres originales, que se
caracterizan por su rusticidad. Los cambios en la morfología, fenología, constitución química, y fisiología de
las plantas mejoradas están destinados a satisfacer las exigencias de productividad y calidad que busca el
hombre. Casi siempre, las plantas así mejoradas resultan también más apetecibles y nutritivas para muchas
plagas. Existen otros cambios que también favorecen la presencia y multiplicación de ciertas plagas, como
la reducción de la variabilidad genética de la planta cultivada, la uniformidad en los estados de desarrollo de
la planta en grandes extensiones (monocultivos) y la utilización de ciertas prácticas agronómicas como
riegos, fertilizaciones y destrucción de malezas. No se pueden establecer programas de MIP sin el
conocimiento de las características fundamentales del cultivo y sus prácticas agronómicas.

Las plagas. Aquellas especies de insectos que, en su variabilidad adaptativa, pueden armonizar su
desarrollo con las nuevas condiciones se vuelven abundantes y se convierten en plagas. Si entre las
nuevas condiciones está el frecuente uso de insecticidas, las poblaciones de insectos también pueden
adaptarse a ellos desarrollando resistencia.

Los agro-ecosistemas son menos complejos que los ecosistemas naturales y por consiguiente son
menos estables. Aún así, mantienen una serie de interacciones complejas entre sus componentes, de
modo que cualquier cambio biológico, físico o químico en un componente generalmente afecta a otros
componentes del ecosistema (Fig. 13:2).

Los otros Componentes del Agro-ecosistema. Además de las plantas y las plagas, entre los
principales componentes del agro-ecosistema están, los insectos benéficos, las condiciones climáticas, las
condiciones del suelo, y las prácticas culturales, incluyendo la aplicación de plaguicidas. Si bien, desde el
punto de vista técnico, comprender el agro-ecosistema es fundamental para enfocar programas de MIP, hay
otro aspecto igualmente importante a considerar. Se trata de tomar en cuenta a los agricultores y su
situación socioeconómica, pues los programas de manejo que se establezcan tienen que ser compatibles
con esa realidad que ellos representan.

El equilibrio de las plagas. Los insectos fitófagos constituyen un componente del agro-

ecosistema. Su interacción con otros componentes determinan los niveles de sus poblaciones y sus
variaciones con el tiempo o la fenología de la planta. Para tratar de precisar la abundancia o escasez de
una población en el contexto del agro-ecosistema se han creado algunos términos. El promedio de la
densidad de una población durante un tiempo relativamente largo se denomina "posición de equilibrio" o
"densidad promedio de equilibrio".

Para las condiciones particulares de un lugar, donde ocurren factores favorables y adversos, cada
especie suele presentar una posición de equilibrio propia. Así, algunas especies, generalmente muy pocas,
son permanentemente abundantes y provocan serios daños a los cultivos, por lo que se les llama "plagas
claves" (Fig. 13:9). Otras especies suelen incrementarse en ciertas épocas y disminuir en otras; son las

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"plagas ocasionales", que si se presentan regularmente asociadas a una época del año, vienen a ser las
“plagas estacionales”. Finalmente, un buen número de especies permanecen en bajos niveles, sin causar
reducción en las cosechas, por lo que se les considera sólo "plagas potenciales" o simplemente “fitófagos
sin importancia económica”. Este tema fue desarrollado en el Capítulo 3.

De todos los factores presentes en el ecosistema que interactúan con las plagas, algunos son
considerados "factores claves" porque son los que tienen efecto directo y notorio sobre las poblaciones de
insectos; entre ellos pueden estar las prácticas agronómicas, la presencia o ausencia de enemigos
naturales, los altos o bajos niveles de resistencia o tolerancia de las plantas, o las condiciones macro y
micro climáticas (Bagley, 1958). El valor relativo de los factores claves y su utilización práctica varía según
los casos. Cualquier cambio en los factores claves conlleva cambios en las densidades de las poblaciones
de insectos, aunque estas respuestas no sean inmediatas. Como resultado de estos cambios, si llegan a
ser permanentes, una plaga clave puede dejar de serlo y, al contrario, un insecto sin importancia económica
puede convertirse en plaga clave.

Figura 13:9. Representación esquemática teórica de las “plagas claves”, “plagas ocasionales” y poblaciones
de insectos sin importancia económica (“plagas potenciales”) relacionando sus densidades (nivel de
equilibrio y fluctuaciones poblacionales) con el umbral de daño (nivel en que la población afecta los
rendimientos).

Conceptos de Umbrales de Daño. En el Manejo Integrado de Plagas no se acepta la idea

de que cualquier insecto que está comiendo alguna parte de la planta necesariamente justifica una acción
de control; sobre todo si nos referimos a la necesidad de aplicar insecticidas. Es necesario conocer o
estimar el efecto real que esa población de insectos tiene, o puede tener, para reducir la cosecha.

En la literatura sobre experimentos con insecticidas se suele encontrar casos en que un producto
registra alta mortalidad de la plaga, pero los rendimientos de las parcelas tratadas no superan los
rendimientos de las parcelas testigo, sin tratamiento. En gran parte, esto se debe a que el nivel que
alcanzó la plaga fue soportada por el cultivo, sin que llegara a reducir su capacidad de producción. Es decir
la aplicación del insecticida no fue necesaria.

Umbral de daño económico. Sólo cuando la población sobrepasa ciertos niveles, dependiendo de
las variedades, estado de desarrollo de la planta y otros factores, la cosecha disminuye. Estas densidades
críticas de la plaga se denominan comúnmente "umbrales económicos", "niveles de daño económico" o
"umbrales de respuesta al daño" como se explicó en el Capítulo 2.

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Cualquier disminución en la cosecha constituye una pérdida verdadera. Pero cuando se define el
“nivel de daño económico” se incluye factores económicos adicionales; el costo de la medida de control de
la plaga y el beneficio económico que se obtiene con su aplicación. De modo que el "umbral" viene a ser
"aquella densidad poblacional de la plaga debajo de la cual el costo de la medida de control excede el valor
del daño causado por la plaga". Si la densidad de la plaga excede ese límite sin que se apliquen medidas
de control se produce una pérdida económica mayor que la necesaria y, si se aplica antes, se incurre en un
gasto innecesario. En realidad se trata de un concepto directamente ligado al uso de insecticidas. Un
criterio esencial para el “manejo de plaguicidas”. La decisión que se toma es “curativa”. En el MIP, en
cambio, se trata de tomar medidas “preventivas”, y evitar que las poblaciones de las plagas lleguen a los
niveles críticos.

El concepto de umbral de daño económico ha sido aceptado universalmente en un medio en el que
control de plagas es fundamentalmente químico. En su cálculo se requiere una idea clara de la correlación
entre los niveles de infestación y la magnitud de los daños (disminución de los rendimientos o del valor de
la cosecha). Como la magnitud de los daños es una expresión económica, hay que conocer la disminución
de la cosecha más el precio de venta de la cosecha. También se debe conocer el costo de la medida de
control (cuyo valor anticipado es incierto pues no se sabe cuantas aplicaciones de insecticidas serán
necesarias) para controlar el problema.

La inclusión del "costo de la medida de control" y "el precio de la cosecha" en la definición del
concepto de daño económico, a primera vista, es razonable, especialmente para las condiciones de la
agricultura en climas templados, donde se producen muy pocas generaciones o ciclos de las plagas en una
campaña agrícola y donde una aplicación de insecticidas puede tener un efecto determinante. En
condiciones tropicales y subtropicales donde las plagas están presentes todo el año, en generaciones
sucesivas, las predicciones de costos de protección son muy inciertas; si a eso le agregamos la
incertidumbre en los precios de venta de los productos cosechados, llegamos a la conclusión de que el
cálculo del nivel de daño económico es una complicación innecesaria. En el mejor de los casos, los cálculos
serían factibles para los daños producidos por una sola plaga, de preferencia univoltina (una sola
generación por campaña agrícola). Pero, en las condiciones tropicales y subtropicales, es común que se
presenten simultáneamente varias plagas y que la mayoría sean multivoltinas (varias generaciones por
campaña agrícola).

Umbral de respuesta al daño. Para fines prácticos, es preferible determinar un "umbral de
respuesta al daño" que debe corresponder a la densidad de la población con la que se inicia la disminución
en los rendimientos. Hecha esta determinación o, por lo menos, teniendo alguna idea sobre ella,
corresponde al técnico decidir las medidas para evitar que las poblaciones de las plagas alcancen esos
niveles. En estas decisiones, lógicamente, se toman en consideración los costos de las diversas
alternativas de manejo y de los beneficios esperados.

Umbral de acción. El margen de tolerancia desde que se inicia una infestación hasta que se llega
al umbral de daño varía con el tipo de daño que ocasiona la plaga (Figura 2:31), la edad de la planta (Figura
2:33), y la tolerancia propia del cultivar. Cuando se considera una medida de control químico (que es la
consideración fundamental en que han sido desarrollados estos conceptos) la aplicación debe llevarse a
cabo un poco antes de que la plaga llegue al umbral de daño económico (o de respuesta al daño). A ese
nivel poblacional de la plaga se le denomina "Umbral de acción". En la práctica del manejo integrado de
plagas, el umbral de acción se maneja con mucha flexibilidad, pues la idea es recurrir a medidas que eviten,
en los posible, acercarse al umbral de daño.

El tipo de daño de la plaga y los Umbrales de daño. El tipo de daño que causa una población de
insectos en la planta debe estar bien definido. En el caso de la papa, en que los tubérculos son el objeto del
cultivo, las plagas que dañan el follaje o la parte aérea en general podrían llamarse "indirectas" en tanto que
las plagas que dañan los tubérculos serán plagas "directas". Con las plagas indirectas hay un mayor
margen de tolerancia que con las plagas directas. Un caso especial son los vectores de virus en los que

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poblaciones muy bajas pueden causar epidemias severas. Aún más serios son sus efectos dañinos si se
trata de semilleros, pues en este caso la tolerancia es prácticamente cero.

En el algodonero las plagas directas dañan los órganos de fructificación (botones y bellotas). Pero
en este caso las plagas directas tienen un margen de tolerancia relativamente amplio porque la planta tiene
el potencial de producir órganos de fructificación en una cantidad que excede la capacidad de soporte de la
planta. De modo que cierta cantidad de botones dañados no afectan el rendimiento de la planta. La planta
compensa este daño disminuyendo los botones que normalmente deja caer en forma natural, por alguna
razón fisiológica.

El margen de tolerancia es aún mayor para las plagas indirectas que comen el follaje (Figura
13:10).

´

Figura 13:10. Correlación entre los porcentajes de defoliación y los porcentajes de pérdida de rendimiento de
papa de primera en un experimento de daños simulados en tres estados de desarrollo de la planta de
papa. Takatori y col. 1952

El concepto de umbral de daño económico está íntimamente relacionado con el uso de insecticidas.
Es importante aclarar, sin embargo, que en la decisión de aplicar insecticidas también se toman en cuenta
otras consideraciones muy importantes. Entre ellas la oportunidad o momento de la aplicación, para lo cual
hay que tener en cuenta que el estado de desarrollo del insecto sea particularmente susceptible a los
tratamientos, o que los insectos estén en su fase expuesta (no en su fase inaccesible como sucede con las
plagas que dañan órganos subterráneos), el número de generaciones del insecto por año o por campaña
agrícola, los recursos disponibles para controlar la plaga, y las condiciones ambientales favorables (o no)
para llevar a cabo los tratamientos.

Finalmente, hay que tener presente dos aspectos; que la presencia de insectos fitófagos en niveles
sub-económicos no solamente no afectan los rendimientos sino que pueden tener un efecto benéfico
permitiendo la presencia e incremento de parasitoides y predatores. Por otro lado hay productos,
generalmente poco perturbadores de los insectos benéficos, como el azufre, los aceites y los jabones, que
son efectivos, solamente cuando las poblaciones de plagas son moderadas, y no cuando las poblaciones
son altas.

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Demandas para adoptar el MIP

La demanda para adoptar el manejo integrado de plagas, históricamente, proviene de los mismos
agricultores, cuando se ven en una situación de crisis económica y fitosanitaria, como consecuencia del uso
intensivo de insecticidas. Esta situación ha cambiado, desde que diversas organizaciones, preocupadas por
los problemas de residuos y contaminación ambiental, han comprendido que para combatir estos
problemas hay que disminuir el uso masivo de insecticidas. La única alternativa disponible es la adopción
del manejo integrado de plagas. Entre estas organizaciones están los gobiernos nacionales, los países
importadores de productos agrícolas, ciertos estratos del público consumidor, algunas organizaciones o
países donantes de Centros Internacionales de Agricultura, y organizaciones internacionales como la FAO y
la OMS.

La demanda del MIP por los gobiernos nacionales debería representar un compromiso serio de
proveer recursos para el establecimiento del MIP. En cierto grado esto se da en los países industrializados
por la demanda de los consumidores, técnicos e investigadores; pero en los países no-industrializados, por
lo general, las acciones no van más allá de gestos de compromiso. Como dar una ley de promoción del
MIP, aprovechar temporalmente los recursos de algún programa de ayuda internacional, o formalidades
que conllevan algún interés político.

En los países industrializados, algunos estratos del público consumidor saben distinguir entre los
productos que se obtienen con la protección química convencional y aquellos producidos bajo el sistema
MIP y también productos de origen orgánicos, lo que se refleja en los precios de venta. Los países
importadores de productos agrícolas exigen la inocuidad de los productos importados, lo que significa tomar
en consideración los límites máximos de residuos (LMRs) establecidos en el Codex Alimentarius, tal como
lo determina la FAO/OMS. Algunos países, especialmente europeos, establecen exigencias adicionales
excesivas en cuanto a la tolerancia de residuos en los productos que importan que pueden interpretarse
como trabas al comercio internacional. Los países industrializados promueven la adopción de Buenas
Prácticas Agrícolas (GAP, GLOBALGAP) que incluye la práctica del MIP.

Los Centros Internacionales de Agricultura suelen tener algún programa en que se promueve el uso
del MIP y algunos donantes canalizan en forma específica recursos a través de estos centros con el fin de
ayudar a los pequeños agricultores. Los resultados han sido muy heterogéneos.

Los programas MIP demandados por los mismos agricultores han sido los más consistentes.
Desafortunadamente, esta demanda suele darse solo cuando los agricultores han llegado a situación de
crisis, por el fracaso de sus programas de control químico. Sería mucho más razonable que el enfoque MIP
se estableciera más oportunamente, con antelación a la crisis. Por desgracia, este fenómeno se viene
repitiendo desde la crisis de los productores de algodón en el Perú en la década de 1950 hasta nuestros
días. El Dr. Ray F. Smith (1969) captó este fenómeno y desarrolló un esquema que parece cumplirse
fielmente. Estableció cuatro fases de la producción-protección agrícola previas a la adopción del MIP: fase
de subsistencia, fase de explotación (protección a base de insecticidas), fase de crisis (plagas resistentes,
nueva plagas y altos costos de protección) y fase de desastre (pérdida de rentabilidad), a la que le sigue el
establecimiento del manejo integrado de plagas. Entre los casos relativamente recientes puede
mencionarse que en la década de 1990, los productores de camote en Cuba desarrollaron un exitoso
programa MIP después de experimentar una crisis por el gorgojo Cylas formicarius en 1991 (Cisneros V., F.
y J. Alcázar S., 2001). De la misma manera, los productores de espárrago de la irrigación Chavimochic en
la costa peruana adoptaron un programa MIP después de una crisis fitosanitaria y económica en el año
2000.

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Factores que dificultan la Adopción del MIP

El sistema MIP, tal cual se ha descrito, ha venido consolidándose y perfeccionando desde la
década de 1960, con la participación de organismos internacionales como La FAO, universidades de todo el
mundo, organismos agrícolas nacionales y organizaciones no gubernamentales (ONGs). Pero aún hoy,
cincuenta años después, y, a pesar de su amplio reconocimiento formal, es relativamente poco lo que se ha
logrado implementar en el campo. Son diversos los factores que han que han dificultado la adopción del
sistema MIP por los agricultores. Entre ellos,

a) Los criterios de "calidad" de los productos agrícolas en los mercados nacionales y, sobre todo,
en los mercados internacionales. Se trata de una calidad basada en consideraciones cosméticas o de
apariencia externa que no comprometen el valor nutritivo o sabor del producto. Los productos agrícolas
pierden valor rápidamente, o son descartados del mercado, por la ocurrencia de daños superficiales ligeros
o la presencia de algunas escamas o queresas que, en realidad, no afectan la calidad intrínseca del
producto. Estos condicionamientos constituyen una invitación al uso intensivo de plaguicidas.

b) Existe muy pocos casos de desarrollo de programas MIP prácticos, sencillos, adaptados a las
condiciones específicas (agrícolas y socio-económicas) de los agricultores que puedan ser considerados
alternativas viables por los mismos agricultores.

c) Las empresas agroquímicas tienen efectivos medios de venta de los productos pesticidas a nivel
del agricultor. En muchos casos son los únicos técnicos que están al alcance de los agricultores.

d) Los organismos nacionales oficiales, supuestamente promotores del sistema, generalmente
muestran carencias y limitaciones de diversa índole que afectan su rol frente a los problemas de los
agricultores.

Al analizar los casos exitosos de MIP y los fracasos, resulta evidente que los éxitos están
asociados al interés y la participación activa de los usuarios, es decir de los agricultores y de su entorno
económico. En otras palabras, no basta una buena conceptualización técnica de un programa MIP para que
sea exitoso, es necesario tener en cuenta las condiciones sociales y económicas en que va a darse su
implementación. Un programa MIP para pequeños agricultores, con escasos recursos económicos y
técnicos, tiene características diferentes al de un programa MIP para grandes agricultores, con mayor
capacidad económica y técnica. En ambos casos, sin embargo, el protagonista principal del programa es el
agricultor. El agricultor es el que acepta el cambio, pone en riesgos sus recursos, y hace su propia
evaluación de los beneficios que espera obtener, al adoptar la nueva tecnología.

Para concluir esta parte introductoria, es conveniente insistir que debido a la orientación que se ha seguido
en los diversos capítulos de este libro, los conocimientos básicos que se requieren para el manejo integrado
de plagas ya han sido tratados con cierta extensión en los capítulos previamente desarrollados. De modo
que el lector debe recurrir a ellos para una mejor comprensión. Este capítulo resume algunos de esos
temas y agrega otros con el fin de consolidar el enfoque integral del manejo de las plagas.

GENERALIDADES DEL MIP vs PROGRAMAS-MIP

Como se indicó antes, es necesario distinguir entre los “conceptos o principios del Manejo
Integrado de Plagas” y los “Programas de Manejo Integrado de Plagas”. Mucho se ha escrito sobre los

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conceptos del MIP; sus principios tienen valor universal. Pero son relativamente pocos los programas-MIP
que se han implementado en campos de agricultores para afrontar problemas de plagas específicos. Los
Programas-MIP se basan en la utilización de componentes MIP; es decir, en la utilización de medidas
específicas, para contrarrestar problemas concretos de un lugar, que puede ser una localidad o una región.

Los programas-MIP tienen que ser diseñados para las condiciones especiales de una localidad
pues deben responder a muchas variables específicas como cultivares utilizados, el sistema de cultivo, el
complejo de plagas, la presencia de determinados enemigos naturales, las condiciones climáticas, los
valores económicos del cultivo, el nivel de tecnología, la disponibilidad de personal y otros factores propios
de la condición socioeconómica del agricultor. Cualquier “programa” que se diseñe necesariamente tiene
que ser flexible para adecuarse a la dinámica del cultivo, de las plagas y del clima. Casi siempre es
necesario contar con la supervisión de personas enteradas o, mejor aún, especializadas en el manejo de
plagas. Solo así se puede asegurar la correcta aplicación de los componentes MIP del Programa y efectuar
los ajustes que fueran necesarios.

Siempre hay que tener en mente que el objetivo del agricultor es lograr un beneficio óptimo desde
el punto de vista económico o utilitario. En este proceso, el rendimiento del cultivo es un importante
componente y toda medida para incrementar el beneficio de la gestión agrícola contribuye a afianzar el
programa de MIP. Los rendimientos están determinados por la potencialidad o calidad del cultivo, las
condiciones químicas y físicas del suelo, las condiciones climáticas, las prácticas agrícolas y las
condiciones biológicas entre las cuales están las plagas, enfermedades y malezas (Figura 4:1).

Dada las condiciones específicas de cada localidad, el o los cultivares seleccionados, deben
responder favorablemente a los factores menos manejables como son el clima y el suelo. Sería muy difícil
proteger un cultivo de plantas débiles o mal adaptadas a las condiciones locales y poder justificar los gastos
de su protección. En todo caso, el costo de protección no puede ser ajeno a los beneficios esperados de la
comercialización o utilización de la cosecha.

Lineamientos generales. Diversas organizaciones han tratado de establecer los lineamientos
básicos para implementar el manejo integrado. La FAO ha publicado textos sobre la implementación del
MIP en algodón (Falcon y Smith, 1973), arroz (FAO, 1979) y maíz (Bottrell, 1979; van Huis, 1981). La
Universidad de California ha publicado manuales para el Manejo Integrado de Plagas de arroz (Flint, M. L. y
B. L. P. Ohlendorf, 1993), tomate (Rude, P. A. y L. L. Strand, 1998), cebolla (Hoffmann, M. P. y col.,1996),
alfalfa (Flint, M. L., 1985), algodón (Ohlendorf, B. P., 1984), coles (Flint , M. L., 1991), nueces (Flint, M. L. y
B. Kobbe, 1987), almendras (Ohlendorf, B. L. P., 1985), cítricos (Kobbe, B. y S. H. Dreistadt, 1991), papa
(Strand, L. L., 1986), fresa (Strand, L. L., 1994) vid (Flaherty L. P y col. 1992), manzano y peras( Ohlendorf,
B. L. P.,1999), y frutales de hueso (Strand, L. L. y M. L. Flint, 1999). Lineamientos generales para la
implementación del sistema MIP han sido presentados por Huffaker & Smith (1979) para insectos; Apple et
al., (1977) para enfermedades; y Buchanan (1976) y Shettey et al., (1977) para malezas. Bottrell (1979)
presenta una revisión muy didáctica del Control Integrado de Plagas y sugiere algunas ideas fundamentales
sobre la implementación de tales programas. Flint, M. L. y P. Gouveia, 2001, de la Universidad de
California, han escrito un texto sobre la práctica del MIP. Todas estas informaciones son muy valiosas, pero
el programa-MIP que se establezca en un lugar determinado tiene que ser el resultado del análisis de las
condiciones locales.

Los primeros programas-MIP del Perú. El Perú ha sido un iniciador de la práctica del control
integrado de plagas gracias a los conceptos ecológicos enfatizados por el entomólogo germano-peruano
Juan E. Wille (1952). La experiencia del control integrado de las plagas del algodonero en el Valle de
Cañete fue documentada por Boza-Barducci (1965) y presentado como un ejemplo extraordinario por Smith
y Van den Bosch (1967). Herrera, J., recientemente, ha descrito en detalle la experiencia del MIP del
algodonero en el valle de Cañete. Experiencias peruanas en el control integrado de plagas del olivo han
sido descritas por Beingolea y Salazar (1970) y Beingolea (1993); y para cítricos, por Beingolea, Salazar y
Murat (1969).

20

ASPECTOS BÁSICOS DE LOS PROGRAMAS-MIP

Para desarrollar e implementar programas MIP hay que considerar tres aspectos

a. Aspectos Técnicos (básicamente el diagnóstico del caso y desarrollo de componentes MIP)
b. Aspectos Territoriales (Extensión de los ecosistemas y sus relaciones)
c. Aspectos Socio-económicos (tipos de agricultores y recursos disponibles)

De estos tres aspectos, se trata a continuación, en forma breve, los aspectos territoriales y los
aspectos socioeconómicos para desarrollar luego, en forma más extensa, los aspectos técnicos.

Aspectos territoriales.

El área que cubra un programa MIP debe ser relativamente grande para asegurar el auto-
sostenimiento de los componentes del agro-ecosistema, en particular de las plagas y sus enemigos
naturales. Si la adopción del MIP se da en territorios relativamente extensos (cientos o miles de hectáreas)
mejoran las probabilidades de reducir ciertas plagas. Consecuentemente, su agresividad (presión
poblacional) disminuye y se pueden adoptar componentes de manejo más benignos. Si el área es muy
pequeña las probabilidades de éxito del MIP son escasas o nulas por la colindancia con áreas sin manejo.
Si en un valle se distinguen diferentes ecosistemas, considerando los cultivos que existen, la interacción
entre ellos, especialmente presencia de plagas comunes, contribuirán a priorizar ciertos componentes en
lugar de otros.

Aspectos socio-económicos: el rol de los Agricultores.

En la implementación de los programas MIP con frecuencia se obvia el grado de compromiso de los
agricultores. En realidad no puede establecerse un programa MIP sin la participación activa de los
agricultores y, por supuesto, la disponibilidad de recursos. El agricultor tiene que entender el programa y
confiar en sus beneficios, de lo contrario, no estará en condiciones de “aceptar el riesgo” de una nueva
tecnología ni aportar recursos, o su tiempo, en la ejecución del programa. Por otro lado, el tipo de agricultor
influye en las prioridades y selección de los componentes de un programa MIP. Los componentes que
adopten los pequeños agricultores seguramente serán diferentes de las prioridades y componentes de un
programa MIP que adopten los grandes agricultores.

En el caso de pequeños agricultores, éstos deben estar dispuestos a asociarse y compartir
responsabilidades para el beneficio común. Es imposible establecer programas MIP para áreas muy
pequeñas. Sin embargo, pretender iniciar un programa con la participación de todos los miembros de una
comunidad o la mayoría no siempre es factible, a menos que cuenten con una fuerte organización. Es
importante comenzar con un grupo de agricultores que voluntariamente deseen ser parte de la experiencia.
Mejor aún, si entre ellos están los agricultores más progresistas de una comunidad. En todo caso es
conveniente darles la seguridad que su campaña agrícola no va a estar en riesgo y hasta se puede estimar
una compensación de algún modo. Los funcionarios del Ministerio de Agricultura o de alguna otra
organización (Universidades o ONGs) interesada, previamente capacitados en el programa-MIP, deben
jugar un rol inicial de apoyo y capacitación práctica de los agricultores. El pequeño agricultor no solamente
debe aceptar el programa sino que, desde el inicio, se convierte en ejecutor del mismo. La metodología de
trabajo con ellos debe incluir la seguridad lograr beneficios y descartar riesgos innecesarios.

21

En el caso de los grandes agricultores, el enfoque del trabajo es diferente. Una sola empresa puede
sustentar un programa MIP; aunque los beneficios son mayores si hay algún tipo de asociación entre
empresas. En estas empresas, normalmente, la decisión de adoptar el enfoque MIP y aportar los recursos
para elaborar un programa MIP se da a nivel de Gerencia. La estructuración en sí del programa puede
contar con asesoramiento externo, pero su ejecución y ajustes a la dinámica de las plagas y del cultivo,
están a cargo del personal de Sanidad Vegetal de la propia empresa. Si hay algún tipo de asociación entre
empresas debe existir un compromiso de compartir experiencias e información relacionada con la ejecución
del programa. La dinámica del cultivo y de las plagas requiere cierta actividad experimental para generar,
reajustar, o verificar la efectividad de componentes MIP.

ASPECTOS TÉCNICOS: DESARROLLO DE PROGRAMAS-MIP

Desde el punto de vista técnico, todo programa-MIP comienza con el diagnóstico del caso; la
ocurrencia de plagas claves y estacionales y los recursos que se disponen para enfrentarlas. En función de
ellos, se determinan los componentes MIP posibles y la necesidad de desarrollar nuevos componentes.

Pero, como se ha indicado previamente, el enfoque de cada programa MIP es específico y está
sujeto a una serie de consideraciones particulares. La primera, no es precisamente técnica. Se debe
determinar si el programa está dirigido a pequeños o a grandes agricultores.

a) Para los pequeños agricultores, el desarrollo de programas MIP prácticamente comienzan con
auspicio externo (generalmente una agencia donante) y, en su implementación, se han establecido cinco
fases que tienen objetivos didácticos y prácticos: a) evaluación del caso o problema, b) desarrollo de los
componentes MIP para las plagas claves c) integración de los componentes claves, d) implementación del
programa MIP en áreas piloto (para pequeños agricultores) y e) implementación del programa a gran
escala. En las tres primeras fases hay actividades que podrían calificarse de análisis e investigación de la
situación fitosanitaria, estudio de las prácticas locales, ensayos de verificación de efectividad de los
componentes, y condiciones socio-económicas de los agricultores. Este trabajo puede ser realizado por un
grupo de técnicos relativamente pequeño, conjuntamente con algunos agricultores. Las otras dos fases
incluyen trabajos directos con agricultores y se requieren labores de capacitación técnica y organización
social (Figura 13:11).

Figura 13:11. Esquema de la estrategia de cinco fases para desarrollar programas de MIP para pequeños
agricultores

22

b) Para empresas medianas o grandes, el interés para desarrollar programas MIP es interno,
generado por las mismas empresas. En este caso, el énfasis está en el análisis del caso o problema, el
desarrollo de componentes MIP y en las técnicas de implementación. El desarrollo del programa
generalmente está bajo la presión de ganar tiempo y obtener resultados al más breve plazo. Para ello se
dispone de mayores recursos económicos y técnicos..

Fase I. Evaluación del Caso o Problema

Reconocido el o los problemas de plagas, se procede a su identificación y a la caracterización de
los daños; y a la revisión de todos los aspectos biológicos de cada plaga incluyendo su ciclo biológico, el
comportamiento respecto al cultivo y la ocurrencia estacional. También es necesario conocer otros
aspectos como los sistemas de cultivos y las prácticas locales que realizan los agricultores para controlar
las plagas. Finalmente, ubicar el problema en el contexto económico-social del medio.

Al analizar la condición real de los insectos considerados plagas, se establece cuáles especies
corresponden a las categorías de plagas claves, plagas ocasionales, e insectos fitófagos sin importancia
económica. Las plagas claves constituyen el punto focal del análisis y de los componentes de manejo; si no
se toman medidas contra ellas habrá pérdidas económicas; pues, por definición, estas plagas son
persistentes y reducen los rendimientos todos los años.

Es importante que toda esta información sea verificada localmente. Pues las condiciones de las
plagas de un cultivo pueden diferenciarse notoriamente según los lugares, las estaciones del año, o las
variaciones particulares de un año a otro (temperatura, intensidad de lluvia, etc.)

El cultivo de la papa, por ejemplo, normalmente hospeda muchos insectos. Algunos pocos, como
los áfidos y las polillas de la papa, suelen ser plagas claves en muchas partes del mundo. Otros, como el
escarabajo de Colorado de la papa es plaga clave en muchos lugares de Norteamérica y Europa; el gorgojo
de los Andes es plaga clave a altitudes mayores de los 2,800 m en la Zona Andina. Las polillas de la papa
son plagas claves en los valles interandinos abrigados; la pulguilla de la papa (Epitrix spp.), en algunas
zonas andinas escasas en lluvia; la mosca minadora, en la costa del Perú y algunos otros lugares del
mundo (Figura 13:12); la mosquilla del brote, en condiciones del fenómeno del Niño en la costa del Perú. La
época del año es igualmente importante. La polilla de la papa no es problema en la costa del Perú durante
el invierno, pero en el verano puede causar serios daños. En otros lugares esta plaga es ligera en la época
lluviosa pero muy dañina en el período seco.

También deben identificarse las especies consideradas “plagas ocasionales” y determinar su
tendencia estacional y relación con la fenología del cultivo. Así mismo, debe tenerse el registro de las
plagas potenciales. Estas especies generalmente están bajo la presión de un adecuado control natural. Si
crecen en importancia, progresivamente o súbitamente, es porque algunas de las medidas adoptadas están
afectando el control natural, posiblemente a los predatores y parasitoides..

En la fase de evaluación de un problema de plagas para pequeños agricultores, no basta la
percepción del técnico, sino también la de los mismos agricultores. Si se plantea solucionar un problema,
real desde el punto de vista técnico, pero que el agricultor no reconoce como tal, es casi seguro que no se
va a lograr su colaboración. Y sin la participación del agricultor es imposible implementar el MIP. En el
análisis hay que tomar en cuenta las políticas gubernamentales de protección de cultivos. Si los plaguicidas
son subvencionados, o si el crédito a los agricultores incluye la adquisición obligatoria de plaguicidas, las
posibilidades de restringir su uso para implementar programas MIP son muy reducidas. En esta fase, se
hace una evaluación socio-económica de la comunidad y de los cultivos involucrados, para determinar la
naturaleza económica del problema, así como de los probables recursos económicos y humanos que se
disponen para la ejecución del programa MIP. También es conveniente evaluar el conocimiento que tienen

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los agricultores sobre las plagas, incluyendo ciclos biológicos, fuentes de infestación, y la percepción de los
daños que ocasionan.

Figura 13:12. Plagas comunes de la papa en el Perú, donde se le cultiva desde el nivel del mar hasta
los 4,000 m de altitud. En la costa la plaga clave es la mosca minadora Liriomyza
huidobrensis; en los valles interandinos, las polillas de la papa Phthorimaea operculella y
Symmetrischema tangolias; y en las alturas, el gorgojo de los andes, Premnotrypes spp.

En el caso de empresas medianas y grandes, gran parte de esta información es conocida por el
cuerpo técnico de sanidad de las empresas. Ocasionalmente, podría requerirse complementar ese
conocimiento con algunas pruebas o ensayos bien definidos.

Fase II. Desarrollo de Componentes-MIP

Los componentes-MIP son todas aquellas prácticas que sirven para implementar un programa-MIP.
Estos componentes se utilizan para prevenir, reducir, o evitar los daños de las plagas. Es probable que en
la misma localidad, donde se va establecer un programa-MIP, se identifiquen posibles componentes, entre
las prácticas que realizan los agricultores para combatir las plagas. Muchos otros componentes tendrán que
ser introducidos basados en experiencias en otros lugares, por referencias de casos similares, o por
referencias en la literatura especializada. En cualquier caso, es necesario verificar, mediante ensayos, los
efectos de cada componente en las nuevas condiciones, antes de proceder a su adopción en campos de
agricultores. Nada es más desastroso, para la implementación de un programa MIP, que la recomendación
de un componente que no funciona.

El objetivo de la estrategia general del MIP es bajar la posición de equilibrio de las plagas y
mantenerlas por debajo del umbral de daño económico por tiempo prolongado (Fig 13:3B). Para lograr este
objetivo se priorizan tres tipos de medidas: a) el uso de cultivos y variedades resistentes o tolerantes a las
plagas, b) la protección de enemigos naturales presentes y la introducción de nuevos enemigos naturales, y

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c) la introducción de cambios en el medio para hacerlo desfavorable a las plagas (ejemplo, cambios de
prácticas culturales). Se debe tener cierta cautela en la aplicación de estas medidas pues las variedades
nuevas que se introduzcan pueden resultar más susceptibles para ciertas plagas y la modificación del
medio, por la introducción de nuevas prácticas culturales, puede favorecer el desarrollo de otras plagas (Fig
13:3C).

Los componente MIP que se desarrollen deben ser compatibles entre si y concordantes con los
principios del MIP; priorizando los factores de mortalidad natural y recurriendo al uso selectivo de
insecticidas, como una medida temporal, para restaurar el balance entre la población plaga y los factores de
mortalidad natural.

Variedades resistentes y tolerantes. Cuando las variedades que se cultivan son

susceptibles, las plagas encuentran un medio muy favorable para desarrollarse y causar daño. Por eso, es
deseable contar con variedades resistentes o tolerantes para establecer un programa MIP en condiciones
auspiciosas, pues las variedades susceptibles son muy difíciles de proteger. Desgraciadamente, no todos
los cultivos cuentan con variedades resistentes a las diversas plagas. Más aún, un cultivar puede ser
resistente para una plaga y no para otras. Por último, la existencia de una variedad resistente no garantiza
que el agricultor la prefiera, en consideración a su poca demanda en el mercado, bajo precio de venta,
bajos rendimientos, o alguna otra razón. De todos modos, es deseable que, entre las variedades
disponibles, se eviten las más susceptibles y se seleccionen aquellas que exhiban algún grado de
resistencia o tolerancia, porque esta es la mejor manera de iniciar un programa MIP.

Según el nivel de resistencia de la variedad, se pueden distinguir dos modalidades de uso:

a) Como método principal de control, utilizando variedades con muy alto nivel de resistencia.
Estos casos son mas frecuentes con plantas resistentes a enfermedades que plantas
resistentes a plagas. Tratándose de cultivos con poco valor económico por hectárea, que no
soportarían incrementos en sus costos de producción, como el control de plagas, el uso de
variedades resistentes podría ser la única alternativa.

b) Como un componente básico del MIP, utilizando variedades medianamente resistentes o
tolerantes. Las plantas tienen diversos mecanismos de resistencia; desde la falta de atracción a
la plaga hasta efectos tóxicos por presencia de ciertos compuestos en sus tejidos. Estos
mecanismos son compatibles con cualquier otra forma de control, sea biológico, cultural,
etológico o químico.

Moderados niveles de resistencia son favorables y pueden complementarse con la acción de los
enemigos naturales. En el caso de la utilización de insecticidas pueden ampliarse los intervalos entre
aplicaciones y es posible que las dosis de aplicación requeridas sean menores. Con la reducción en la
frecuencia de aplicaciones y menores concentraciones de aplicación de insecticidas, se retarda el
desarrollo de resistencia y se reduce el efecto desfavorable para los agentes de control biológico.

Protección e Introducción de Predatores y Parasitoides. La ocurrencia natural de

predatores y parasitoides suele estar relacionada con el origen de la plaga, si es nativa o introducida. Las
plagas nativas suelen ser atacadas por un gran número de enemigos naturales, que son igualmente nativos
de la región. En cambio, las plagas introducidas o exóticas, en general, no tienen enemigos locales
importantes. Sus enemigos naturales se encuentran en sus respectivas áreas de origen. En el primer caso,
es necesario proteger la fauna benéfica existente; en el segundo, hay que introducir enemigos naturales
eficientes. En algunos casos es aconsejable criar enemigos naturales masivamente (o comprarlos en
empresas especializadas) y liberarlos periódicamente en el campo (ver el capítulo 8 sobre este tema). Los
agentes de control biológico son compatibles con casi todos los otros componentes MIP; con excepción de
las aplicaciones de insecticidas y quizá con algunos repelentes. También pueden ser afectados por algunas
prácticas culturales, como la eliminación de malezas que provean néctar y polen a los parasitoides adultos.

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La papa y el algodón, entre otras especies, son cultivos importantes en el Perú desde épocas pre-
hispánicas. La papa es nativa del área andina y todas las plagas registradas para este cultivo en el país son
igualmente nativas, de allí que los enemigos naturales de estas plagas sean abundantes. La única
excepción parece ser el gorgojo de los Andes el cual, aunque nativo de las alturas andinas, carece de
enemigos naturales importantes. Pero, en general, en el cultivo de la papa, se da un caso típico de co-
evolución de planta-plagas-enemigos naturales. Lo mismo sucede con las plagas del algodonero. Todas las
plagas son nativas con excepción del gusano rosado de la India que ingresó al país en la década de 1980.
Los enemigos naturales de las plagas del algodonero son muy abundantes. En la práctica del MIP, se trata
de proteger a los enemigos naturales presentes, evitando aquellas medidas que puedan afectar sus
poblaciones y sobrevivencia. En la costa del Perú, donde las lluvias son extremadamente escasas, se
recomienda el lavado de los árboles frutales para eliminar el polvo del follaje, que dificulta la acción de los
parasitoides pequeños. Otra práctica recomendada es la siembra de maíz, intercalado o en los bordes del
campo, para favorecer el establecimiento y multiplicación de enemigos naturales, especialmente chinches
predatores y especies de Chrysoperla.

Muchos frutales son especies introducidas; entre ellas, manzanos, peras, duraznos, cítricos y otros.
La mayoría de las plagas de estos cultivos son igualmente introducidas, especialmente las escamas o
queresas, y algunas otras plagas como el minador de los cítricos Phyllocnistis citrella Station detectado en
1995 (Herrera, 1996). En estos casos se requiere la introducción de sus enemigos naturales.

Finalmente, hay especies de parasitoides que se multiplican masivamente para ser liberados en los
campos periódicamente. El caso más notorio son las liberaciones de especies de Trichogramma, avispitas
parásitas de huevos de lepidópteros. En estas liberaciones hay que verificar el buen estado de las avispitas;
bien conformadas y vigorosas, antes de su liberación.

Utilización de Entomopatógenos. Ciertos microorganismos como hongos, bacterias y

virus, que causan enfermedades en las plagas (entomopatógenos), pueden jugar roles importantes como
componentes MIP. Varias especies de hongos se han usado exitosamente en los programas-MIP que se
describen posteriormente. Beauveria brongniartii se ha utilizado en el manejo del gorgojo de los Andes para
combatir larvas, pupas y adultos invernantes en el suelo. Beauveria bassiana se usa para controlar adultos
del gorgojo del camote, Cylas formicarius, en el programa MIP de camote en Cuba. Paecilomyces fumoso-
roseus fue un factor esencial en la reducción de las poblaciones de mosca blanca Bemisia argentifolii en
espárrago de la irrigación Chavimochic en los años 1999 y 2000 cuando la plaga se consideraba
inmanejable usando insecticidas. Estos hongos son multiplicados en laboratorios y su dosificación se
expresa en número de conidias por volumen o por área de aplicación; por ejemplo en Cuba se aplica entre
1011 y 1012 conidias de B. bassiana/ha. Las conidias germinan y el hongo penetra al cuerpo del insecto por
la cutícula. Una vez que el cuerpo está llenos de micelio, la superficie del insecto de cubre de hifas
algodonosas, que producen nuevas conidias que van a infestar otros insectos. También existen
formulaciones comerciales con extractos tóxicos de los hongos. En estos casos no hay presencia de
conidias.

Los virus entomopatógenos tienden a ser más específicos y deben ser ingeridos por el insecto para
causar la enfermedad. En el programa MIP del espárrago, en Chavimochic, Perú, se utilizó un virus de
poliedrosis nuclear contra el gusano del follaje, Spodoptera ochrea. en el año 2002 con resultados
espectaculares. El virus había sido aislado de larvas enfermas en el valle de Cañete dos años antes y se
había conservado en larvas enfermas congeladas. La primera aplicación fue sobre un área restringida y
causó una mortalidad total. Las larvas enfermas, que quedaban colgando por las patas posteriores, eran
recolectadas por los agricultores, para usarlas en nuevas aplicaciones. Un año después de la primera
aplicación, S. ochrea se había convertido en una especie muy difícil de encontrar. En el programa MIP de
papa en valles interandinos se utiliza un virus de granulosis contra la polilla de la papa. Es muy importante
estar alerta de la ocurrencia de larvas enfermas por virus en forma natural. Unos pocos individuos pueden
servir para su multiplicación masiva y posterior aplicación en el campo.

Muy pocas son las bacterias entomopatógenas de importancia práctica. Pero una de ellas, Bacillus
thuringiensis o “Bt” se utiliza ampliamente. Existe una serie de subespecies que han sido seleccionadas

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para ser usadas contra determinadas plagas. El efecto de esta bacteria, está en función del contenido de
cristales, endotoxinas, que producen en el proceso de esporulación. No es una verdadera acción
patogénica con capacidad de multiplicarse en el campo.

En el proceso de aplicación de patógenos hay que tener en cuenta la calidad del agua, evitar las
aguas duras y alcalinas. Las aplicaciones deben hacerse de preferencia al atardecer para evitar los efectos
de los rayos ultravioletas, que son perjudiciales para los patógenos. En todos los casos, la muerte del
insecto se produce varios días después de la aplicación del patógeno.

Técnicas Etológicas (uso de atrayentes y repelentes). Las técnicas etológicas,

aquellas que sacan provecho de la reacción de los insectos a determinados estímulos, tienen amplio uso en
programas MIP, por que son compatibles con casi todos los otros componentes. Las trampas luminosas, o
las cebadas con substancias alimenticias o feromonas, se han usado extensamente como métodos
indirectos de evaluar (“monitorear”) poblaciones de insectos. Las experiencias en programas-MIP en el
Perú y Cuba han demostrado que las trampas, adecuadamente diseñadas y cebadas, pueden servir
eficientemente como componentes MIP.

En la costa norte del Perú, en el cultivo de espárrago, se diseñó una trampa luminosa para capturar
adultos de la mosquilla de los brotes, Prodiplosis longifila. La trampa consiste en una fuente de luz, que
atrae a la mosquilla, y paneles de plástico untadas de aceite que forman una superficie pegajosa. Las
primeras evaluaciones mostraron capturas de más de un millón de mosquillas por trampa por noche.
Aprovechando la fuente de luz, que también atrae noctuidos y escarabajos, se colocó un dispositivo para
capturarlos, consistente en recipientes con agua y detergente. En la experiencia cubana, se utilizaron con
fines de control, trampas con feromonas sexuales de Cylas formicarius, la principal plaga del camote. Los
gorgojos atraídos por la trampa eran asperjados con el hongo Beauveria bassiana o con un insecticida. Otro
caso de utilización de trampas con feromonas para reducir las poblaciones de la plaga son las trampas
contra la mosca mediterránea de la fruta Ceratitis capitata y las trampas cebadas con proteína hidrolizada
contra moscas de la fruta de los géneros Ceratitis y Anastrepha.

Los atrayentes, mezclados con insecticidas, sirven para formular cebos tóxicos. Los cebos se
aplican con gotas gruesas en forma discontinua, cubriendo parte del follaje, cada cierto número de plantas,
o cada cierto número de surcos. Es decir, la aplicación del cebo solo cubre una porción del área (1/5 a 1/10)
con lo que se logra un efecto selectivo, con reducido efecto a la fauna benéfica. Son comunes los cebos
contra las moscas de la fruta consistentes en la mezcla de proteína hidrolizada con un insecticida.

Los repelentes tienen todavía un uso muy limitado. En determinadas circunstancias, como durante
la cosecha de los turiones de espárrago, puede requerirse una protección final contra infestaciones o para
evitar la postura de huevos de noctuidos. Las aplicaciones de concentrados de ajo mantienen a los
insectos, temporalmente alejados de los turiones. La capsicina, derivada de ajíes, también tiene efecto
repelente.

Cambios en el medio ambiente del Cultivo. Prácticas Culturales. Es ideal, aunque

no siempre factible, modificar el medio-ambiente del cultivo y el cultivo mismo para hacerlo desfavorable
para la plaga; es decir, que las condiciones para que las plagas se alimenten, multipliquen o protejan sean
adversas. También es deseable mejorar las condiciones para que los agentes de control biológico de las
plagas sobrevivan y se multipliquen.

Estos propósitos están relacionados con determinadas prácticas agronómicas, roturación del suelo,
fechas de siembra, uso de semilla sana, fertilización y riego, aporques, control de malezas, fecha de
cosecha, destrucción de residuos de cosecha, podas, sistemas de cultivo, rotación de cultivos, períodos de
campo limpio, y otras prácticas. Según los casos particulares, algunas de estas prácticas se consideran
importantes componentes-MIP. Algunos ejemplos se mencionan a continuación.

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a) Uso de semilla sana. La selección de la calidad de la semilla, incluyendo su buen estado sanitario,
es la manera correcta de iniciar el cultivo. Cuando se trata se semilla vegetativa como es el caso de
los tubérculos, esquejes, estacas y yemas para injertos, la selección debe ser muy rigurosa.
Muchas plagas y enfermedades son fácilmente llevadas con estos materiales.

b) Sistemas de cultivos mixtos. En condiciones de pequeños agricultores, se considera que la
diversidad en los sistemas de cultivo contribuyen a la estabilidad biológica, incluyendo la regulación
de las poblaciones de plagas. Con frecuencia se menciona que ocurren menos daños de plagas en
cultivos mixtos que en monocultivos, sobre todo cuando la mezcla de especies o variedades ha
tenido un desarrollo histórico en el lugar. Algunos campesinos siembran maíz con frijol. En la sierra
peruana los campesinos suelen mezclar diversas variedades de papa, papa con otras especies de
tuberosas, o con otros cultivos como el tarhui, Lupinus mutabilis.

Las motivaciones que tienen los campesinos para conducir cultivos mixtos generalmente son
diferentes al propósito de manejar plagas. Si el área de aplicación del MIP incluye estos casos,
sería conveniente evaluar y documentar el efecto real que tienen estas prácticas sobre las plagas y
enfermedades.

Una experiencia exitosa en el Perú, es la siembra de maíz, intercalado o en los bordes del campo,
en algodonero y otros cultivos, para favorecer la presencia y multiplicación de enemigos naturales

c) Prácticas Culturales. Diversas prácticas agrícolas ofrecen una serie de posibilidades para reducir
la incidencia de plagas o sus daños. Las rotaciones prolongadas del cultivo de papa, una práctica
ancestral de las comunidades andinas, controla eficientemente al gorgojo de los Andes, nematodo
del quiste, y diversos hongos del suelo. Desafortunadamente, está práctica se ha abandonado en
áreas cercanas a las ciudades, donde hay mayor presión para producir alimentos. En estos lugares
también ocurre la subdivisión de parcelas, dando lugar a pequeñas propiedades; condición en que,
la práctica de rotación de cultivos, resulta inefectiva. Para que la rotación de papa y otros cultivos
sea eficaz, se debe eliminar las llamadas plantas voluntarias o “huacchas” de los campos en
rotación.

El aporque es una práctica que permite proteger los órganos subterráneos de la infestación de
insectos diversos que atacan estos órganos. Buenos aporques protegen la papa de las polillas y el
camote de los gorgojos. En condiciones de sequía, la tierra que cubre los tubérculos o raíces suele
resquebrajarse facilitando el ingreso de insectos. Esta situación se subsana con cultivos o aporques
más frecuentes, o con riegos ligeros pero frecuentes.

El desarrollo de plantas vigorosas permite que las plantas toleren niveles de infestaciones, que no
podrían ser toleradas por plantas débiles. En el cultivo de la papa en la costa del Perú, las plantas
vigorosas presentan una mayor extrusión de huevos de mosca minadora, en comparación con las
plantas débiles, retardando el desarrollo de la plaga.

La incorporación de materia orgánica, particularmente estiércol de pollo, reduce el daño que
producen los nematodos y activan el desarrollo de microorganismos, incluyendo antagonistas que
protegen el sistema radicular contra ciertos hongos.

La influencia del riego y la fertilización también puede darse a través de la planta. En la mayoría de
los cultivos, un exceso de riego o fertilización nitrogenada, produce plantas con excesivo follaje
suculento, que favorece el desarrollo de numerosas plagas, particularmente gusanos del follaje. El
riego y la fertilización deben ser balanceadas para tener una planta vigorosa pero suculenta.

En la costa del Perú no llueve, toda la agricultura se hace bajo riego. La ausencia de lluvia favorece
el depósito de polvo sobre el follaje de árboles frutales. Ese factor favorece el desarrollo de
poblaciones de arañitas rojas y queresas. Para reducir estas condiciones favorables se recomienda
efectuar aspersiones de lavado, con o sin jabones. Esta práctica también tiene un efecto mecánico
contra estas plagas.

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La introducción de nuevas prácticas culturales debe hacerse con mucha precaución, pues, si el
cambio es inadecuado, los efectos pueden ser contraproducentes y hasta desastrosos. Thurston
(1981) refiere un caso muy ilustrativo. En la década de 1950 se trató de introducir en Colombia, la
siembra de tubérculos de papa cortados en pedazos, que es práctica común en los Estados
Unidos. El primer año, toda la semilla se pudrió por acción de hongos del suelo. Este problema se
resolvió al año siguiente con la aplicación de fungicidas junto con la semilla; pero esta vez fue la
marchitez bacteriana que afectó severamente el cultivo. El problema se resolvió volviendo a
sembrar los tubérculos enteros como se hacía tradicionalmente.

Los Insecticidas como componente-MIP. Cuando, a pesar de los esfuerzos realizados

para manejar una plaga sin la opción química, dicha plaga, clave u ocasional, se incrementa
desmedidamente y amenaza la producción, no queda más alternativa que recurrir a una medida de efecto
rápido, que restituya un balance entre la población y los componentes de manejo. La aplicación de
insecticidas suele ser el único recurso. El uso de insecticidas como componente MIP, sin embargo, es
diferente al uso de insecticidas como método convencional

La inmensa diversidad de opciones toxicológicas (mecanismo de toxicidad, radio de acción, grado
de persistencia, de efecto sistémico, de penetración y superficiales, grado de toxicidad a los humanos, etc)
formulaciones, dosificaciones, volúmenes de aplicación, grado de cobertura por planta o por área,
oportunidad y formas de aplicación de los insecticidas, dan lugar a diversas opciones de uso, buscando de
preferencia efectos selectivos. La única manera de hacer uso juicioso de los insecticidas es conociéndolos
bien, de lo contrario todo el sistema MIP se pone en peligro. En años recientes han aparecido en el
mercado insecticidas muy variados, con características diferentes a los insecticidas tradicionales. Algunos
de estos productos son derivados de hongos y de otros microorganismos y se les considera
“bioracionales”. Es necesario estudiarlos y experimentarlos para determinar su posible rol en el MIP.

Los insecticidas de amplio espectro y largo poder residual son los menos apropiados para ser
incluidos en el MIP. Estos productos invariablemente destruyen a los insectos benéficos, incluyendo
parasitoides, predatores e insectos polinizadores. En el MIP se busca un efecto selectivo de los insecticidas
el cual puede lograrse de diversas maneras. Existen insecticidas cuya acción tóxica está bien definida. La
mayoría de las formulaciones de Bacillus thuringiensis (Bt) están indicadas para controlar larvas de
lepidópteros. En el grupo de productos reguladores de crecimiento e inhibidores de quitina de los insectos,
hay productos particularmente efectivos contra ciertos grupos de insectos, como lepidópteros, queresas y
moscas blancas. Los productos sistémicos, que son absorbidos rápidamente sin dejar residuos
superficiales, son apropiados para el control de insectos picadores chupadores y resultan menos
perjudiciales para la fauna benéfica, que los productos de contacto. Los productos sistémicos pueden
usarse más selectivamente aún, reduciendo el área en que se aplica, por ejemplo en las aplicaciones de los
tallos, o en aplicaciones en “drench” al suelo para su absorción radicular. También pueden aplicarse por el
sistema de riego presurizado, aunque habría que verificar el efecto sobre la fauna benéfica del suelo.

Cuando el poder residual es corto, la oportunidad de aplicación es crítica, tanto para lograr una
buena efectividad contra la plaga, como para afectar lo menos posible a la fauna benéfica. En algunos
casos las aplicaciones pueden ser parciales, en lugar de aplicaciones totales, que son más dañinas para los
agentes de control biológico. Si se trata de combatir gusanos del follaje tierno en árboles frutales, la
aplicación debe estar dirigida a la periferie de la copa, donde están los brotes. Si se toma en consideración
la extensión de un cultivo, en muchos casos, es más conveniente hacer aplicaciones zonificadas que
totales. Si las evaluaciones indican la presencia localizada de plagas, es preferible controlar focos que
hacer aplicaciones generales.

Algunas formulaciones ayudan a hacer los tratamientos selectivos. En determinadas condiciones,
como cuando las plantas tiernas de maíz tienen las hojas terminales formando un cartucho, los insecticidas
granulados, pueden depositarse al interior del cartucho para controlar el gusano cogollero, sin dejar
depósitos sobre el resto de follaje, como sucedería con las pulverizaciones. De esta manera, se reduce la
exposición de los insectos benéficos a los depósitos de insecticidas.

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Finalmente, ciertos productos, como el azufre, los aceites emulsionables, jabones, detergentes,
derivados de plantas (capsicina, rotenona, neem, y otras), extractos de hongos y otros productos, son
compuestos que, teniendo efectos insecticidas y/o acaricidas, no se consideran muy dañinos para la fauna
benéfica. Estos compuestos no tienen la contundencia de otros plaguicidas, ni son apropiados para bajar
poblaciones de plagas que sean muy altas. Sin embargo, tienen la capacidad de mantener controladas
poblaciones bajas, con la ventaja de permitir que sobreviva gran parte de los agentes de control biológico.
Estos productos se pueden considerar importantes componentes-MIP de mantenimiento, que se deben
aplicar antes de que las plagas lleguen a situaciones de emergencia.

Fase III. Integración de los Componentes MIP

Cuantos más componentes MIP se conozcan o se hayan desarrollado, se está en mejores
condiciones para escoger aquellos que pueden ser considerados claves en el manejo de las plagas
presentes. La efectividad de los componentes MIP, nuevos o antiguos, se evalúan individualmente en una
fase de investigación, previa a la implementación y/o durante el proceso de implementación. Una vez
incorporado el componente al programa MIP, hay que continuar evaluándolo; pero esta vez, ya no solo
individualmente, sino en el contexto de la implementación. Es decir, que los componentes que se aplican
simultáneamente o sucesivamente resulten compatible entre si. La compatibilidad también debe ser en
relación a las condiciones del cultivo; y al contexto económico, técnico, cultural y social de los agricultores.
Estos son los aspectos que complementan la investigación de los componentes individuales. En resumen,
Los componentes deben mostrar “compatibilidad ecológica” (ser compatibles con los factores de mortalidad
de las otras plagas presentes); “compatibilidad agronómica” (con las prácticas agrícolas de los agricultores);
y “compatibilidad socio-económica” (con los intereses económicos y sociales de los agricultores).

En primer lugar hay que conocer la compatibilidad de los componentes en el aspecto ecológico. La
aplicación generalizada de un insecticida de amplio espectro es incompatible con la liberación de
parasitoides o predatores. De igual manera una aplicación de fungicidas es incompatible con el uso de
hongos entomopatógenos.

Muchos casos ilustran la compatibilidad agronómica. Se conoce, por ejemplo, que el riego por
aspersión tiene un efecto adverso para la polilla de la papa pero en condiciones de humedad atmosférica
alta, el riego por aspersión puede favorecer la severidad de enfermedades fungosas como la rancha o tizón
tardío. El riego por gravedad pesado es efectivo reduciendo los daños del barrenador de plantas tiernas,
Elasmopalpus lignosellus, en plántulas de maíz; pero si se hace lo mismo para controlar esta plaga en
plántulas de frijol, el exceso de humedad producirá pudriciones radiculares. La aplicación de estiércol de
vacuno contribuye a disminuir los daños de nematodos y a mejorar las condiciones del suelo, pero si se
aplica estiércol fresco procedente de establos rodeados de gramíneas, se corre el riesgo de introducir
huevos y larvas de escarábidos (gusanos blancos, aradores o gallina ciega).

En cuanto a la compatibilidad con los intereses económicos y sociales de los agricultores hay que
se ser muy cuidadoso. En la elección de cultivos de rotación, como práctica para bajar las presiones de los
insectos, no basta el criterio técnico sino la factibilidad desde el punto de vista del agricultor: si conoce el
cultivo propuesto, si se adapta a su sistema de producción, y si se justifica económicamente. La
recomendación de utilizar grandes cantidades de estiércol para combatir nemátodos, puede no ser
aplicable, si no existen fuentes de estiércol (granjas o establos) a distancias prudenciales. La
reglamentación de cultivos, estableciendo fechas de siembra y cosecha, es efectiva para evitar la severidad
y persistencia de las plagas; pero si las cosechas son perecibles, y no se dispone de sistemas de
almacenamiento refrigerado, los resultados pueden ser contraproducentes. Una cosecha abundante en un
período corto puede dar como resultado una marcada disminución en el precio del producto en el mercado,
con el consiguiente perjuicio para el agricultor. Las recomendaciones como variedades precoces, cosechas
oportunas, variedades resistentes, evitación de colindancia, y otras; tienen importancia sanitaria, pero, en
su aplicación, también debe considerarse el aspecto económico desde la perspectiva del agricultor.

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Con el conocimiento de estos aspectos, el agricultor, o los técnicos del MIP, están en mejores
condiciones para seleccionar con propiedad los componentes del programa MIP. Se debe identificar a los
componentes, que por no ser totalmente compatibles entre si, pueden mediatizar sus efectgos cuando van
juntos. Se descartan los componentes potenciales que resulten económicamente contraproducentes, o
inapropiados para los intereses del agricultor. Finalmente, considerar que la integración de un mayor
número de componentes contribuye a dar al programa mejores resultados en términos de efectividad y
estabilidad, siempre que se justifiquen económicamente.

Fase IV. Implementación en Áreas Piloto

Cuando se trata de implementar un programa MIP para pequeños agricultores (bajo el auspicio del
Estado o de alguna otra organización con fondos de donantes), es conveniente demostrar que el sistema
funciona, y que es una alternativa ventajosa respecto a las prácticas del agricultor, antes de proceder a
implementar el sistema a gran escala. La estrategia que se preconiza en este texto es el de las “áreas
piloto”. En cuatro casos de programas-MIP para agricultores pequeños, comunidades y cooperativas, que
se describen posteriormente, se utilizó con éxito la estrategia de las áreas piloto. Estas experiencias tratan
del manejo de plagas de papa en la costa del Perú, en los valles interandinos, y en las áreas altoandinas. El
otro ejemplo es el manejo de plagas del camote en Cuba. En el caso de empresas grandes o medianas,
que han tomado la decisión de adoptar el MIP en sus predios, como el programa-MIP espárrago-
Chavimochic, que se describe posteriormente, no hay necesidad de pasar por la fase de área piloto.

Luego del análisis del problema que enfrentan los agricultores de una zona; y del desarrollo y
verificación de la efectividad de los componentes MIP, se establece el diseño básico del programa MIP.
Este programa debe implementarse para las condiciones locales del cultivo y siguiendo los intereses de los
agricultores. Es necesario hacer una encuesta para saber el nivel de conocimientos que tienen los
agricultores sobre sus propios problemas. Para establecer el área piloto es necesario identificar a los
agricultores que están dispuestos a tomar parte activa de la experiencia. Estos agricultores deben entender
la racionalidad del programa, el ciclo biológico de las plagas involucradas y la efectividad de cada uno de
sus componentes-MIP. Con tal fin se les debe capacitar adecuadamente, enfatizando las observaciones en
el campo. Los agricultores del área piloto deben sentir la seguridad que los resultados que se obtengan les
serán beneficiosos; que durante la experiencia tendrán la libertad de expresar sus ideas y plantear
preguntas. Durante la ejecución del programa en el área piloto hay que estar atento a las reacciones de los
agricultores, especialmente a la aceptación de ciertas prácticas y los técnicos deben estar dispuestos a
corregir, modificar o reemplazar ciertos componentes, si fuera necesario. El éxito del área piloto constituye
la mejor demostración de las bondades del programa MIP y facilita la participación del resto de la
comunidad. Durante la ejecución del programa en el área piloto, se aprovecha el tiempo para proseguir con
el programa de capacitación para otros miembros de la comunidad.

Durante la ejecución de la campaña agrícola en el área piloto se hace el el seguimiento de la
dinámica de las plagas en el campo. Se establece un sistema de evaluación periódica o seguimiento de las
poblaciones de plagas (“conteo” de plagas o “monitoreo”) y se ensayan “umbrales de acción” que,
eventualmente, sirvan para orientar las medidas a tomar. En esta etapa también se llevan a cabo estudios
socio-económicos que ayuden a consolidar la tecnología MIP con las condiciones sociales y económicas de
los agricultores.

Técnicas de evaluación periódica de plagas o "monitoreo". Las evaluaciones

periódicas, generalmente semanales, de las poblaciones de insectos en los campos son esenciales en la
implementación de todo programa de MIP. Las poblaciones de insectos son dinámicas debido a su propia
biología y reproducción, como a los constantes cambios que se producen en el ambiente (clima,

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crecimiento del cultivo, acción de enemigos naturales, etc.) que determinan su incremento o decrecimiento.
No podrían tomarse decisiones razonables si no se sabe que es lo que está ocurriendo en el campo, en
cuanto a la presencia y abundancia de insectos dañinos y benéficos, y la magnitud de los daños que se van
produciendo.

Los métodos de evaluación deben ser prácticos; es decir sencillos, rápidos y precisos. Hay muchos
tipos de muestreos de plagas e insectos benéficos, desde la inspección directa por planta o por metro de
surco, hasta el uso de métodos indirectos como trampas con atrayentes. En todo caso es necesario
estandarizar el sistema para que los registros que se hagan de las observaciones periódicas, sean
comparables entre campos, entre campañas agrícolas y entre años. Es necesario diseñar formularios
adecuados para el registro de las infestaciones (ver capítulo 3) (figuras 13:13 y 13:14, Herrera, 1989).
Normalmente se requiere de "cartillas de campo" (llamadas también "hojas de campo") que se llenan al
momento de hacer las observaciones en el campo; y "cartillas de campaña agrícola o de período anual";
correspondientes a cada uno de los campos, que contiene toda la información de los que ha ocurrido en
ese campo, parcela o lote. Con la información de las cartillas de campaña se determina las tendencias de
las poblaciones plaga (a incrementarse o disminuir con el tiempo). Este formulario representa la historia de
lo que ha ocurrido en un campo y en él se anotan semanalmente los promedios de las infestaciones y las
medidas que se han tomado, incluso los tratamientos realizados. La información obtenida debe servir para
adoptar decisiones fundamentadas. Una vez establecido cierto balance entre las plagas y sus enemigos
naturales, las decisiones pueden oscilar entre no tomar ninguna acción a tomar acciones de mantenimiento,
control de focos, emplear trampas o cebos envenenados, alterar alguna práctica cultural, entre otras.

En ciertas ocasiones, puede establecerse la necesidad u oportunidad de aplicar insecticidas, si no
hay otras alternativas. Puesto que los tratamientos se basan en una necesidad real, con el sistema de
evaluaciones normalmente se reduce el número de aplicaciones, se disminuyen los costos, y se reduce el
efecto contra los enemigos naturales. La aplicación de un producto, según el nivel de la población de la
plaga, habría que contrastarlo con el "sistema calendario" de tratamientos de insecticidas a intervalos fijos,
digamos cada 5, 7 ó 10 días. En este caso el agricultor aplica un producto aun sin saber si la plaga
está presente en el campo; es decir, sin justificar la medida. Esta práctica no solamente es más costosa,
sino que el uso excesivo de insecticidas, conduce al desarrollo de todos los problemas mencionados
anteriormente. En todo caso, este sistema no es compatible con el manejo integrado de plagas.

En el Perú, la evaluación periódica de las plagas del algodonero se practicó desde la década de
1950. En la costa, la evaluación de la mosca minadora en papa suele hacerse por observación directa y,
ocasionalmente, por medio de trampas pegajosas (Yábar, 1985). Para la polilla de la papa se usa tanto
observación directa, como las trampas con feromonas sexuales. En la primera década del 2000, con el
incremento de la agricultura para exportación, la evaluación de plagas se ha activado en todas las
empresas agrícolas, tanto en cultivos de surco como en frutales.

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Figura 13:13. Cartilla de evaluación de campo para el cultivo de algodonero. Esta cartilla es llenada

por el evaluador durante las observaciones de campo.

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Figura 13:14. Cartilla de una campaña agrícola del cultivo del algodonero. Ese tipo de cartilla se
utiliza para cada uno de los campos de cultivo y resume las evaluaciones semanales
que se han hecho durante todo el período de cultivo.

Los "umbrales de acción" en el MIP. Se ha mencionado anteriormente, que la

determinación de los "umbrales de daño económico", o simplemente "umbrales de respuesta al daño", es
una tarea muy difícil y compleja. En forma ideal, habría que determinar previamente la interacción: nivel de
infestación/reducción de cosecha, y luego conocer anticipadamente los costos de control durante la
campaña, y conocer el precio de la cosecha. Los numerosos factores que afectan la relación
infestación/daño y las múltiples dificultades experimentales para el estudio, hacen que las determinaciones
precisas, aun disponiendo de los recursos necesarios, requieran de experimentos tediosos y de largo plazo.
Además de estas dificultades, habría que tener en cuenta otras consideraciones; como la presencia
simultánea de otras plagas con daños aditivos o sinérgicos; el estado general de la planta, la eficiencia de
los enemigos naturales, la tendencia de sus poblaciones; y las condiciones climáticas. Por otro lado, los
conceptos de estos umbrales están orientados a determinar la pertinencia o no de las aplicaciones de
insecticidas; es decir, de “prácticas curativas”, que son esenciales para el sistema de “manejo de
plaguicidas”; mas no así para el MIP.

Desde el punto de vista del MIP, el concepto de umbral de daño económico tiene un significado
referencial (el MIP trata de mantener las poblaciones plagas sin que causen daño económico) pero no es
un concepto operativo. La mayoría de los componentes MIP son medidas preventivas que se derivan de
una serie de consideraciones respecto a la plaga, los enemigos naturales, el cultivo, y otras. Mas
importante para MIP es el criterio para interpretar las tendencias de las poblaciones de las plagas y de sus
enemigos naturales en base a las evaluaciones (monitoreos) semanales. En función de esas tendencias se
toman medidas concretas, como puede ser el uso de trampas o cebos envenados, mucho antes de las
poblaciones alcancen los umbrales. De lo contrario, la única medida que podría tomarse sería la aplicación
de insecticidas; con lo que se perdería la esencia del MIP.

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Con Desde el punto de vista operativo, lo que interesa es establecer "umbrales de acción" como se
y explicó en el Capitulo 2 y en la primera parte de este capítulo. En la práctica, los "umbrales de acción" se
suelen fijar en forma tentativa o provisional, en base a la experiencia de personas conocedoras del
problema. Estos umbrales iniciales (que se expresan en número de insectos por hoja, planta, metro de
surco, o trampa), deben ser revisados y reajustados según las nuevas observaciones y las medidas de
manejo que se aplican. Cuando sea posible, verificar su validez experimentalmente. En muchos casos es
necesario establecer diferentes umbrales de acción según el estado de desarrollo de la planta o de la
medida que se va a aplicar. Si se trata de ácaros en frutales, por ejemplo, se decidirá aplicar azufre con
poblaciones bajas, con la intención de mantenerlas bajas. En otra situación, con altas poblaciones, lo
indicado serían aplicaciones de acaricidas específicos.

En el programa-MIP del algodonero en el Perú, los umbrales de daño se manejaron con gran
flexibilidad pero con extraordinaria eficiencia. Como resultado el promedio de aplicaciones de insecticidas
orgánicos por campaña fue de alrededor de 2 tratamientos; en tanto que en otras áreas algodoneras del
mundo, por esa misma época, se efectuaban 20 a 30 aplicaciones. Algunos umbrales usados eran: 80
larvas chicas de Anomis por 100 terminales, ó 10 larvas por planta (Herrera, 1989), en ausencia de
enemigos naturales.

Hasta fines de la década de 1990 muy poco se había hecho respecto al cálculo de umbrales de
daño económico para las plagas de la mayoría de cultivos. En el caso de la papa, la escasa información
disponible se refiere a condiciones de los Estados Unidos, incluyendo plagas como áfidos y cigarritas
verdes (Radcliffe et al., 1979) y el escarabajo de Colorado (Logan, 1981; Dripps & Smilowitz, 1989). Algo
se ha hecho en relación a la mosca minadora en el Perú y la polilla de la papa en Costa Rica (Rodríguez y
Lepiz, 1989). En el caso de ciertas plagas, como el gorgojo de los Andes o gusanera de la papa,
simplemente no hay lugar para considerar umbrales de daño o umbrales de acción, como se explicó en la
última parte del Capítulo 2.

Fase V. Aplicación del MIP en gran escala

Verificada la eficiencia del programa MIP en campos de pequeños agricultores que, en forma
voluntaria, constituyeron el área piloto, se procede a fase de su implementación a gran escala, para cubrir
el área de la comunidad. Durante la fase previa, de implementación del área piloto, se realiza una serie de
actividades en preparación para la última fase. Un aspecto importante es lograr algún tipo de organización
entre los campesinos, como una asociación de campesinos, que permita la coordinación de los trabajos. Se
inicia un programa de capacitación de los campesinos de la comunidad, con cursillos que incluyen visitas a
los campos del área piloto (donde los campesinos colaboradores deben estar dispuestos a contestar las
preguntas de sus colegas), se prepara material de difusión gráfico, a base de esquemas y dibujos; y se
compromete la colaboración de todas aquellas instituciones, que, de alguna manera, estén vinculadas al
quehacer agrícola de la localidad. Se incluye a los agentes de extensión del Ministerio de Agricultura,
universidades, escuelas y colegios, grupos religiosos, ONGs, y estaciones radiales. A estas organizaciones
se les provee del material de extensión que requieran. La junta directiva de la organización campesina debe
recibir una capacitación especial para que asuma la responsabilidad del programa. En experiencias previas,
ha ocurrido que la junta directiva de campesinos, nombra entre sus miembros, un comité encargado del
programa MIP.

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EJEMPLOS DE PROGRAMAS-MIP

Para ilustrar, con casos reales, la estrategia de implementación de Programas
–MIP específicos, se presentan cinco casos dentro la experiencia del autor. Los cuatro
primeros están relacionados con los trabajos que realizó el autor como Jefe del
Programa MIP del Centro Internacional de la Papa, conjuntamente con personal
especializado. Se trata de los Programas-MIP de papa en la zona alto-andina, con la
participación de Jesús Alcázar; de papa en los valles-interandinos, con la participación
de María Palacios; de papa en la costa del Perú, con participación de Norma Mujica; y
del Programa-MIP de Camote en Cuba, con la participación de Jesús Alcázar y la
contraparte Cubana bajo la dirección de Alfredo Morales del Instituto Nacional de
Investigación en Viandas Tropicales, INIVIT. El quinto caso es el Programa-MIP del
espárrago en la irrigación Chavimochic, La Libertad, Perú, con el asesoramiento del
autor y la participación de Teresa Rosales, especialista de la Asociación de
Propietarios de Chavimochic. Por supuesto que, en cada uno de los casos, se contó
con la participación de muchas otras personas e instituciones.

Tres casos de Programas-MIP de Papa en el Perú

En el Perú, el Programa de Manejo Integrado del Centro Internacional de la Papa,
desarrolló tres programas-MIP para papa, correspondientes a cada una de las regiones, bien
definidas, donde se produce la papa; las tierras alto-andinas, sobre los 3,800 m sobre el nivel
del mar, los valles interandinos de la sierra, y la costa. Antes de describir cada programa, se
presenta, a continuación, la información común sobre el cultivo y sus plagas, y las repuestas de
la planta de papa al daño de las plagas

Características regionales del Cultivo de la papa en el Perú

En el Perú, la papa se cultiva en la sierra y en la costa, bajo condiciones muy
diferentes. En la costa, toda la producción es comercial; el cultivo se lleva a cabo en invierno,
bajo condiciones de riego debido a la falta de lluvia; se emplea moderna tecnología,
caracterizada por el alto uso de insumos, pues los agricultores suelen disponer de los recursos
necesarios. La plaga dominante es la mosca minadora.

En la sierra, la papa se cultiva en el verano, durante la época de lluvia, período que,
impropiamente, los campesinos denominan "invierno". También hay áreas de cultivo bajo
riego, que generalmente corresponden a siembras adelantadas. Las condiciones socio-
económicas son muy variables. Los campesinos, o pequeños agricultores, producen en gran
parte para autoconsumo. También hay producción comercial de papa para el mercado local y
para las ciudades de la costa. En la sierra se produce la semilla que se siembra localmente y
en la costa. En las partes más altas, denominadas alto-andinas, la plaga dominante es el
gorgojo de los Andes, Premnotrypes spp. En las zonas intermedias, que corresponden a los
valles inter-andinos, predominan las polillas de la papa, Symmestrychema plaesiosema y
Phthorimaea operculella. El nivel tecnológico es en gran parte tradicional, siendo común el
cultivo de numerosas variedades nativas locales; pero también hay agricultores con tecnología
avanzada.

Esta breve descripción, de las diversas condiciones del cultivo, nos indica que los
programas-MIP de papa en el Perú, necesariamente tienen que ser diferentes en la costa, en
los valles interandinos y el las áreas alto-andinda, según las plagas claves, las condiciones del
cultivo y la clase de agricultores. A continuación se describe brevemente la planta de papa en
relación con los daños que causan las plagas claves. Luego se presenta, en forma resumida,
los programas MIP desarrollados para la sierra alta, los valles interandinos y la costa,
respectivamente.

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La planta de papa y los daños de las plagas

Una necesidad común para cualquier programa-MIP de papa es tener un conocimiento
apropiado de las características del cultivo, de las prácticas culturales, y de las relaciones del
cultivo con las plagas. Como el desarrollo completo de estos temas está fuera del alcance de
esta obra, solo se mencionarán los aspectos considerados esenciales para la comprensión de
los programas-MIP específicos, que se describen posteriormente.

El desarrollo de la planta de papa. Se puede distinguir cuatro fases en el
desarrollo de la planta de papa (Fig. 13:4), que tienen relaciones especiales con la presencia
de las plagas y los daños que ellas producen.

Fase de Emergencia: Periodo entre la siembra y la aparición de los brotes en el surco.
Fase Vegetativa: Periodo entre la emergencia y la iniciación de la tuberización.
Fase de Tuberización: Periodo entre la iniciación de la tuberización y el máximo
desarrollo del follaje. Se considera que, para muchas variedades, este periodo coincide con el
inicio y la finalización de la floración. Esta relación no está bien establecida para los cultivares
andinos.
Fase de Madurez: Período entre el máximo desarrollo del follaje y la senescencia total
de la planta.

Capacidad de la planta para recuperarse del daño. Además de los
mecanismos específicos, químicos y mecánicos de protección (resistencia) contra las plagas,
las plantas de papa tienen cierta capacidad para soportar o recuperarse del daño causado por
los insectos en el follaje. Esta capacidad depende del tipo de daño, de la fase de desarrollo de
la planta en que se produce el daño, y de las características del cultivar.

Para ilustrar algunas consideraciones sobre la capacidad de recuperación de la planta
de papa, se describen tres casos típicos: daños a plantas recién brotadas, daños al follaje y
daños a los tubérculos.

Daños a plantas recién brotadas. De cada tubérculo-semilla brota de uno a tres, o
más, tallos de la nueva planta. Durante las dos o tres primeras semanas, los requerimientos
nutricionales de las nuevas plantitas, en gran parte, son satisfechos por las reservas que
contiene el tubérculo-semilla. Una semilla sana, en condiciones apropiadas, produce brotes
sanos y vigorosos. Las plantas vigorosas suelen tolerar bien el ataque de patógenos del suelo
y de algunos insectos cuyos daños se ven superados por el rápido crecimiento de la planta.

El corte total de un tallo, por gusanos de tierra (noctuidos) u otros insectos, estimula del
desarrollo de nuevos brotes del mismo tubérculo, que compensan el daño causado por la
plaga. Considerando el cultivo como un todo, hasta la destrucción total de los brotes de un
tubérculo, es decir, de toda la planta de papa, puede ser compensada por el mayor desarrollo
de las plantas vecinas no dañadas. Sólo cuando los daños se concentran en una determinada
área, comprometiendo varias plantas contiguas, se pierde esta capacidad de compensación.

Daños al follaje. El efecto del daño del follaje sobre el rendimiento de la planta de
papa depende de la magnitud del daño, de la capacidad genética de la planta para tolerarlo o
recuperarse, y de la fase fenológica, o periodo de desarrollo en que se produce (Fig. 13:5).
Aún así, experimentalmente se ha determinado, que la planta de papa puede tolerar la
destrucción semanal de cerca del 30% de sus hojas, durante todo su periodo de desarrollo, sin
que sus rendimientos sean afectados significativamente (Wellik et al., 1981). La destrucción de
parte del follaje externo, disminuye el sombreado de las hojas interiores que, al mejorar su
exposición a la luz, aumentan su eficiencia fotosintética.

Durante la fase vegetativa, es decir antes que comience el desarrollo de los tubérculos,
las plantas de papa tienen la mayor capacidad para soportar y recuperarse de los daños

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foliares (Dripps y Smilowitz, 1989). Daños severos, de 50 a 100% del follaje, en las dos
primeras semanas, hacen que la planta tome algún tiempo para recuperar el follaje perdido. En
este caso, el efecto consiste en un retraso en el inicio de la tuberización y, consecuentemente,
en un retraso de la cosecha; pero no necesariamente en menores rendimientos (Wellik et al.,
1981). Como quiera que la tolerancia de la planta está relacionada con su recuperación
vegetativa, parece ser que las variedades tardías (que tienen un crecimiento más prolongado)
resultan más tolerantes al daño foliar que las variedades precoces, caracterizadas por un
crecimiento foliar más restringido.

El periodo más sensible al daño foliar es la fase de tuberización, que en algunas
variedades suele coincidir con el periodo de floración (Har‚ 1980; Wellik et al., 1981; Dripps y
Smilowitz, 1989). Parece que en esta fase, la planta pierde la capacidad para recuperar el
follaje destruido. Su actividad fisiológica se caracteriza por el movimiento creciente de los
carbohidratos de las hojas hacia los tubérculos en formación y crecimiento.

Durante la fase de madurez, la importancia del follaje en el rendimiento va declinando
hasta que se produce la senescencia total y la planta se torna amarilla. La actividad
fotosintética declina y los carbohidratos del follaje se translocan a los tubérculos. La pérdida
del follaje tiene poco o ningún efecto sobre los rendimientos.

Daños a los tubérculos. Los daños a los tubérculos afectan directamente los
rendimientos. No existe el margen de tolerancia a los daños que se describió para los daños
indirectos. No se conocen trabajos experimentales que hayan estudiado las respuestas de la
planta a los daños en los tubérculos y su posible compensación (con la formación de nuevos
tubérculos). La ubicación subterránea de los tubérculos dificulta sus observaciones periódicas
(“monitoreo”) de las poblaciones de insectos que están infestando los tubérculos. Tampoco se
pueden tomar medidas curativas pues el tubérculo dañado no se recupera.

Las Plagas Claves.

En la figura 13:6 se presenta la relación de algunas plagas comunes en el país. Las
plagas claves determinan, en gran parte, la orientación del programa MIP. Las plagas claves de
la papa en el Perú están asociadas con la región agrícola donde se produce la papa..

a) En las partes altas de los Andes (sobre los 2,800 m); plaga clave es el “gorgojo de
los Andes” o “”papa-kuro”, Premnotrypes spp.

b) En los Valles interandinos; la plaga clave son las “polillas de la papa”, Phthorimaea
operculella y Symmestrychema plaesiosema o S. tangolias.

c) En los Valles de las Costa; la plaga clave es la “mosca minadora”, Liriomyza
huidobrensis

Por supuesto hay una serie de casos intermedios; la presencia simultánea del gorgojo
de los Andes y la polilla de la papa; o la presencia de polillas en los meses más abrigados de la
costa, o la ocurrencia de la “pulguilla”, Epitrix spp., en ciertas áreas de la sierra en condiciones
de sequía.

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Caso 1. Programa-MIP de Papa en Áreas Alto-andinas

Identificación y Caracterización del problema.

En las áreas alto-andinas, sobre los 2,800 m, la producción de papa es, en gran
proporción, de autoconsumo y a cargo de comunidades campesinas. Durante siglos, las
comunidades desarrollaron su propia tecnología de producción, incluyendo la protección contra
plagas y enfermedades. Esa tecnología consistió en rotaciones muy amplias en términos de
espacio (algunos kilómetros) y tiempo (dos o tres años). De esta manera lograron minimizar el
daño por el gorgojo de los Andes, Premnotrypes spp. y el nematodo del quiste, Globodera
pallida y G. rostochiensis, que son plagas nativas. Desafortunadamente, en la actualidad, solo
las comunidades muy alejadas pueden mantener esta tecnología. Las comunidades más
cercanas a los centros poblados, han entrado en procesos de producción más intensos,
limitando sus rotaciones a papa-cereales-papa y en campos colindantes. Como consecuencia,
los daños del gorgojo de los Andes se han intensificado. Comunidades de la sierra central,
estimaron que en la campaña 1994-1995, entre 40 y 53% de los tubérculos cosechados
estaban dañados por el gorgojo. En inspecciones realizadas por el Programa MIP del Centro
Internacional de la Papa, se encontraron campos de papa abandonados por estar totalmente
dañados por la plaga. Los campesinos han comenzado a usar insecticidas con el propósito de
llevar a los mercados tubérculos sin daño. Pero por desconocimiento del ciclo de la plaga y de
las propiedades de los insecticidas, esta práctica no siempre es exitosa. En los trabajos
preliminares para desarrollar el programa-MIP, se determinó que en la Comunidad de
Chuamba, en el Departamento de Junín, todos los agricultores encuestados utilizaban
insecticidas (aldicarb, furadan, metamidofos, paratión, tefluthrin); de 3 a 4 aplicaciones
generales, incluyendo granulados a la siembra. Aún así, en la campaña 1994-1995, el daño
promedio del gorgojo fue de 19%. A la campaña siguiente, 1995-1996, debido a las
condiciones de seguía que favoreció el incremento del gorgojo, el daño subió a 41.3%. Cierta
parte de la papa dañada por el gorgojo de los Andes, puede ser procesada para la elaboración
del chuño negro. Se trata de un proceso ancestral del tubérculo en que se alterna la
congelación y deshidratado a grandes alturas. Todas las comunidades encuestadas
manifestaron que, el problema más importante que tenían en la producción de papa, era el
ataque del gorgojo de los Andes. En el año 1995 se inició el desarrollo del Programa-MIP papa-
alto-andina, con el gorgojo de los Andes como plaga clave.

La plaga clave. La plaga clave es el gorgojo de los Andes, papa-kuro o gusano
blanco. Existen tres especies principales de gorgojos de los Andes en el Perú. En la Sierra
Norte, con proyecciones a Ecuador y Colombia, se presenta la especie Premnotrypes vorax; en
la sierra central P. suturicallus (foto 13-1: 1), y en la sierra sur con proyecciones a Bolivia, P.
latithorax. En la fig. 13:7 se presenta el esquema del ciclo biológico anual de P. latithorax para
la zona de Chinchero, Cusco. Ocurre solo una generación al año.

Biología y Comportamiento de Premnotrypes spp. (foto 13-1: 2). La
emergencia de adultos comienza con el inicio de las lluvias, generalmente a partir del mes de
Octubre. Desde este mes hasta marzo, se puede observar adultos en el campo, comiendo el
follaje durante la noche. Los adultos no pueden volar. Las hembras ponen sus huevos dentro
de pequeños pedazos de rastrojo, especialmente tallitos de cereales, próximos a las plantas de
papa. Las larvitas nacen a partir de Febrero y penetran al suelo hasta llegar a los tubérculos,
en cuyo interior hacen túneles hasta que completan su desarrollo larval. A partir de mayo, las
larvas, conforme completan su desarrollo, abandonan los tubérculos y penetran al suelo donde
forman una cámara pupal. La larva se transforma en prepupa y luego en pupa. Las pupas dan
lugar al adulto invernante (foto 13-1: 6), que permanecerá en la cámara pupal (foto 13-1: 3, 4, y
5), hasta que emerge, con la llegada de las primeras lluvias. La emergencia de los adultos
coincide con el desarrollo de la nueva campaña de papa. También hay emergencia de adultos
en los almacenes rústicos, donde los tubérculos están protegidos de la lluvia, indicando que
debe haber otro mecanismo de sincronización de la biología, además de la lluvia.

Muchas larvas abandonan los tubérculos en el campo, antes de la cosecha; algunas, al
momento del amontonamiento de los tubérculos durante la cosecha; otras, en el período en

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que el agricultor hace la selección de tubérculos, previo al almacenamiento; y otras, finalmente,
durante el almacenamiento. Las papas seleccionadas, son dejadas en el suelo, cubiertos con
paja, en las cercanías de la casa del campesino, en lo que se suele llamar “almacén rústico”.
Allí, los tubérculos permanecen por varios meses, mientras se les consume progresivamente; o
hasta que se utilizan como semilla en la próxima campaña agrícola. Algunos agricultores tienen
almacenes cerrados (con paredes), con piso de tierra, donde se guardan los tubérculos.
Finalmente, algunos agricultores, que producen especialmente papa-semilla, tienen almacenes
de “luz difusa”, para conservar la semilla en buenas condiciones. En los almacenes de luz
difusa, los tubérculos son colocados en tarimas de caña o madera a cierta altura del suelo y
quedan expuestos a luz indirecta. En un período de ocho semanas desde la cosecha,
prácticamente todas las larvas han abandonado los tubérculos y penetrado al suelo

Durante los meses de junio, julio y agosto, el gorgojo se encuentra en forma de larvas,
pre-pupas, y pupas invernantes, en el suelo, dentro de la cámara pupal (la ocurrencia de pupas
puede extenderse hasta octubre). A partir de julio, las primeras pupas comienzan a
transformarse en adultos, que permanecen en el suelo, hasta que salen a la superficie cuando
comienzan las lluvias, en el mes de octubre. Desde los lugares de emergencia, los gorgojos
adultos invaden caminando los nuevos cultivos de papa. Los adultos son activos durante la
noche, tiempo en que se desplazan, se alimentan del follaje de la papa, copulan y ovipositan.
Durante el día los gorgojos se mantienen ocultos, debajo de los terrones o de cualquier otro
objeto que los proteja del sol.

Elementos de la Estrategia del Programa-MIP Alto-andino

Caracterización económico-social de los productores y la producción. Los
campesinos que producen papa en la zona alto-andina, mantienen una tecnología tradicional y
su producción es mayormente de autoconsumo. Sometidos a las presiones de producir más,
los campesinos tienen muchas carencias de conocimientos y medios económicos para afrontar
nuevos problemas o situaciones cambiantes. En el caso del gorgojo de los Andes, que todos
reconocen como la plaga más dañina, por ejemplo, todos los campesinos conocían a la larva,
gusano o kuro, que es el estado de la plaga que causa el daño; pero prácticamente nadie
conocía el adulto, ni su ciclo biológico, ni la manera como se iniciaban las infestaciones. Los
campesinos que podían comprar insecticidas, carecían de los conocimientos para hacer un uso
razonable de estos productos. Esta situación planteaba que, paralelamente al desarrollo de la
parte técnica del programa-MIP, se diseñara un sistema de capacitación práctica sobre el
gorgojo, su ciclo de vida, comportamiento, y control. Al mismo tiempo había necesidad de
propiciar alguna forma de asociación de los agricultores (con el interés común de combatir al
gorgojo de los Andes), que facilitara la aplicación del programa. Para demostrar los beneficios
del programa-MIP a los campesinos era imprescindible establecer áreas piloto en sus propios
campos. El primer paso fue identificar, en cada localidad, un grupo de agricultores deseosos de
participar en la experiencia. Ellos constituirían el núcleo de atracción de los otros campesinos,
a partir de los resultados iniciales del programa. También se identificaron organizaciones
locales que pudieran participar interesadamente en el desarrollo del programa MIP, incluyendo
municipalidades, escuelas, ONGs, grupos religiosos y otros; además de las agencias del
Ministerio de Agricultura. Estas organizaciones tendrían que ser capacitadas previamente en su
rol de promotores y se les proveería de materiales de difusión y programas prácticos de
capacitación en el campo, para que los utilicen en sus respectivas áreas de influencia.

Elementos técnicos o conocimientos disponibles.

De la biología de la plaga clave y otras observaciones complementarias se pueden identificar
algunos posibles componentes de manejo:

- Los adultos (gorgojos) invaden los campos caminando porque no pueden volar. Este
hecho facilita la utilización de barreras para interceptar su desplazamiento.

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- Los adultos son activos durante la noche, tiempo en que suben a la planta para
alimentarse del follaje. Cuando se sienten perturbados se dejan caer y permanecen por algún
tiempo sin moverse. Este fenómeno podría facilitar su recolección.

-Durante el día, los adultos permanecen ocultos protegiéndose de la insolación directa.
Este comportamiento de los adultos podría utilizarse de dos maneras. Utilizar trampas (áreas
de protección contra la insolación), donde los gorgojos se agrupen buscando sombra y puedan
ser recolectados durante el día. Al contrario, podría buscarse la manera de que los gorgojos
queden expuestos al sol, y mueran por sofocación o deshidratación

- Existe una sola generación al año, pasando el invierno como larvas o pupas
protegidas en cámaras pupales subterráneas. Cualquier daño a estas cámaras provoca la
muerte del insecto. Si se rotura el suelo antes de que se transformen en adultos, las cámaras
pupales se romperán y el insecto quedará expuesto a daños mecánicos y deshidratación.

- La papa semilla no es un medio de diseminación de la plaga puesto que
prácticamente todas las larvas abandonan los tubérculos antes de los dos meses de
cosechado. Una excepción es el caso de los gorgojos del género Rhigopsidius que constituyen
una plaga importante en Bolivia (Andrew y col. 1993), mas no en los otros países andinos..

- Existen ciertos cultivares de papa que son menos susceptibles al gorgojo y que
podrían contribuir a reducir los daños de la plaga. Desafortunadamente, entre las comunidades
campesinas, existe una arraigada preferencia por ciertas variedades que constituyen una
barrera para la adopción de nuevos cultivares.

- No se han encontrado parasitoides. Es posible que algunos predatores, que viven en
el suelo, ejerzan algún control de huevos y larvitas recién nacidas. Se identificado Harpalus
turmalinus y Hylitus sp. (Carabidae) y Metius sp. (Tenebrionidae), pero no se ha determinado
su importancia. Algunas aves silvestres escarban el suelo buscando larvas de diversos
insectos, incluyendo larvas invernantes del gorgojo de los Andes.

- En forma focalizada en el suelo (en el campo y en almacenes rústicos) se ha
encontrado larvas, pupas y adultos parasitados por el hongo Beauveria brongniartii.

- Cuanto más se demora la cosecha, mayor es el número de larvas que pasan al suelo,
y permanecen en el campo como población invernante. Los adultos que emergen del suelo
infestan las plantas voluntarias o “huachas” o se desplazan para infestar nuevos campos en la
siguiente campaña.

Las fuentes de infestación. Las fuentes de infestación son los lugares donde emergen los
gorgojos para invadir los nuevos campos de papa; vienen a ser los lugares donde el insecto
penetró al suelo en su últimos estado larval y empupó, pasando así todos el invierno hasta que
se produce la emergencia de los gorgojos adultos en primavera, coincidente con las primeras
lluvias. Las principales fuentes de infestación son: el campo de papa que se cosechó el año
anterior, los campos de papa abandonados (precisamente por estar muy infestados) y los
campos de rotación (con cereales, habas y otros tubérculos) cuando han quedado plantas de
papa “huachas” o voluntarias del previo cultivo de papa. Las otras fuentes de infestación son
áreas relativamente pequeñas pero de de gran concentración del gorgojo. Son los lugares
específicos donde se amontonó la papa durante la cosecha, donde se hizo la selección de
tubérculos previamente al almacenamiento, y los mismos almacenes rústicos donde los
tubérculos están en contacto con el suelo. Hay que marcar los lugares de amontonamiento de
tubérculos, para poder identificarlos posteriormente.

Estrategia Técnica. No se ha encontrado parasitoides ni existen predatores eficientes. Solo
se ha encontrado ocasionalmente larvas, pupas y adultos en el suelo afectados por el hongo
Beauveria brongniartii. Port otro lado, los escasos cultivares identificados como menos
susceptibles a los ataques del gorgojo, no han tenido acogida entre los agricultores. Por estas
consideraciones el programa debe concentrarse en la reducción de la población migrante de

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las fuentes de infestación y en la intercepción de sus movimientos migratorios hacia los nuevos
campos.

Cuando los campos son extensos, como en el caso de las comunidades nativas, una
buena programación de rotación de cultivos, con eliminación de plantas voluntarias ("huachas",
"turas" o "kipas") en los campos de rotación, debería ser suficiente para mantener la plaga en
niveles relativamente bajos. Pero esta ya no es la situación más común, debido a que las áreas
de mayor producción se dan cerca de las ciudades, donde existe una gran presión para
mantener alta rentabilidad de la tierra. Con pequeñas propiedades individuales, los beneficios
de las rotaciones y de otras prácticas culturales, quedan minimizadas y con escaso valor
práctico.

Componentes del Programa-MIP de Papa Alto-andina

El esquema del programa de manejo del gorgojo de los Andes se presenta en la figura
13:7. En el esquema, las medidas de control se representan en los discos punteados. Los
componentes de manejo de la población del gorgojo constituyen una sucesión de prácticas que
se realizan en diversas épocas del año; durante el cultivo, al momento de la cosecha, en el
período de selección de tubérculos previa al almacenamiento, durante el almacenamiento, en
los campos de rotación, y durante el período invernal, en los campos que fueron cosechados.
El programa puede iniciarse en cualquier momento de esta secuencia. Sin embargo, es más
conveniente iniciarlo en el período de la cosecha, pues la mayor parte de los componentes que
se adoptan, están orientados a reducir las infestaciones de la próxima siembra.

1. Cosecha oportuna. La madurez de los tubérculos coincide con la madurez de las larvas del
gorgojo, que comienzan a abandonar los tubérculos para penetrar al suelo. Los agricultores
suelen condicionar la fecha de la cosecha a los precios del mercado, pero toda demora
significa que más larvas van a quedar en el suelo y, por consiguiente, habrá una mayor
población de gorgojos en la siguiente campaña agrícola; La cosecha oportuna ayuda a reducir
esta población.

2. Uso de mantas en los lugares de amontonamiento de la cosecha. Para evitar que las
larvas penetren al suelo, durante el amontonamiento de los tubérculos de la cosecha o durante
la selección de los tubérculos que se van a almacenar, se recomienda el uso de mantas (foto
13-1: 7). Las larvas que abandonan los tubérculos quedan retenidas por las mantas. Es
conveniente cubrir la manta con una delgada capa de tierra para que los gusanos se oculten
temporalmente y no regresen a los tubérculos. Las mantas pueden ser de plástico, harpilleras,
costales de yute o de cualquier otro material ordinario. Los gusanos retenidos en las mantas
deben ser destruidos mecánicamente, o dejarlos expuestos para que los pollos los devoren.

3. Roturación invernal del suelo en lugares de amontonamiento de tubérculos. Cuando no
se dispone de mantas, hay que dejar señalados los lugares donde se amontonaron los
tubérculos a la cosecha o donde se seleccionaron para su almacenamiento (se puede utilizar
estacas de madera o caña para este propósito). Durante el invierno, cuando las larvas y pupas
se encuentran protegidas en las cámaras pupales, se rotura el suelo con pico o chaquitaclla
(lampa autóctona) (foto 13-1: 8). Así se destruyen las cámaras pupales ocasionando la muerte
de los gusanos y pupas que allí se encuentran. Los pollos pueden ayudar en la destrucción de
la plaga una vez que el suelo ha sido removido.

4. Roturación invernal del suelo del campo cosechado. Cuando se realiza la cosecha, cierto
número de larvas ya han abandonado los tubérculos para empupar en el suelo. Si la cosecha
se demora, el número de larvas penetran al suelo, antes de la cosecha, es mucho mayor.
Durante el invierno las larvas, pre-pupas y pupas, sobreviven en el suelo para dar lugar a los
nuevos gorgojos que saldrán a infestar los campos en primavera. Esta población invernante
puede ser destruida roturando el suelo con un arado durante el invierno (foto 13-1: 9). Al
destruir las cámaras pupales, las larvas y pupas quedan expuestas a la deshidratación.
Gallinas, pollos y otras aves domésticas pueden ayudar a destruir los insectos que quedan
expuestos.

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5. Incorporación de Beauveria brogniartii al suelo de almacenes rústicos. Para destruir
larvas, pupas y gorgojos adultos en el suelo de los almacenes rústicos se recomienda la
incorporación al suelo del hongo Beauveria brongniartii, previamente al almacenamiento (fotos
13-1: 10 y 11). El hongo se mezcla con el suelo que debe estar ligeramente húmedo. Cuando
no se dispone del hongo puede procederse a la roturación invernal del suelo como se explicó
en la roturación invernal del suelo de los lugares de amontonamiento de papa. En este caso de
los almacenes rústicos, primero se trasladan los tubérculos almacenados a un área contigua y
luego se rotura el suelo del almacén. (Unos pocos agricultores incorporan al suelo insecticidas
granulados como diazinon o carbofuran, una práctica que no es recomendable).

6. Uso de gallinas en almacenes de luz difusa. Cuando se dispone de “almacenes de luz
difusa”, diseñados para guardar papa-semilla, los tubérculos se colocan en tarimas de caña u
otros materiales a cierta distancia del suelo. Durante los dos primeros meses, los gusanos caen
de las tarimas al suelo. El suelo del almacén debe estar apisonado para que dificulte la
penetración de los gusanos. En estos almacenes se utilizan pollos y gallinas para que se
coman a los gusanos que caen al suelo (foto 13-1: 12).

7. No dejar campos de papa abandonados. Algunos agricultores no cosechan sus campos
fuertemente atacados por el gorgojo. Estos campos abandonados se convierten en la peor
fuente de gorgojos para la siguiente campaña (foto 13-1: 13). Debe hacerse todo lo posible
para evitarlo. Por lo general se necesita una acción comunitaria para evitar este problema.
Pero, si se diera el caso, el campo abandonado debe ararse en invierno, preferiblemente
haciendo dos pasadas, para destruir larvas y pupas invernantes. Puede utilizarse pollos para
completar la destrucción de las larvas y pupas que quedan expuestas.

8. Eliminar plantas “huachas” (voluntarias). En los campos de rotación (cereales, habas y
otros tubérculos), deben eliminarse las plantas de papa voluntarias (huachas, tunas o kipas)
tan temprano como sea posible, antes de que se produzca la tuberización (foto 13-1: 14). Con
esta práctica se tendrá un campo libre de la plaga para la próxima siembra de papa.
Desafortunadamente, los campesinos tienden a resistirse a esta práctica por que las plantas
huachas suelen producir los primeros tubérculos de la temporada. Es necesario concientizar a
los agricultores sobre la trascendencia de esta práctica. Por lo general se necesita la acción
comunitaria para supervisar y cumplir con esta labor.

9. Emplear rotaciones a grandes distancias y con intervalos prolongados. Esta es una
práctica ancestral de las comunidades andinas. Aquellas comunidades que mantienen la
práctica (períodos de rotación de dos o tres años, a varios kilómetros de distancia) no sufren
los efectos dañinos del gorgojo de los Andes. Las rotaciones en pequeñas parcelas y a
distancias muy cortas no son efectivas.

Hasta aquí todas las medidas están orientadas a destruir la población de gusanos y
pupas en las fuentes de infestación. Con estas medidas se busca iniciar una nueva campaña
agrícola en condiciones más favorables, con poblaciones del gorgojo muy reducidas. Pero
también se han desarrollado componentes para interceptar la migración de los adultos de las
fuentes de infestación hacia los campos. La emergencia y migración de gorgojos se produce
durante los meses de octubre-noviembre, coincidente con la ocurrencia de lluvias y la siembra
de papa. El gorgojo de los Andes carece de alas membranosas y no puede volar, de modo que
invade los campos caminando desde las fuentes de infestación, o áreas de emergencia de
adultos.

10. Siembras tempranas. Las infestaciones masivas de los gorgojos a los nuevos campos
ocurren durante el inicio de las lluvias. Se ha observado que los campos sembrados
adelantados, especialmente si se dispone de riego, tienen menos daños que los campos
sembrados tardiamente.

11. Siembra de tubérculos sanos. A pesar de que la siembra de tubérculos dañados no
constituye una forma de propagación del gorgojo, la siembra de semilla sana asegura el
crecimiento vigoroso de la planta de papa. La semilla dañada por el gorgojo tiende a podrirse
por acción de hongos del suelo. Las plantas que se logran son débiles y menos rendidoras.

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12. Aporques Altos. Una manera de dificultar que las larvitas recién nacidas lleguen a los
tubérculos en formación es mediante los aporques altos. Las hembras ponen sus huevos en
restos vegetales en la superficie del suelo. Las larvitas que nacen de los huevos deben
penetrar al suelo hasta llegar a los tubérculos. Si los tubérculos no están bien cubiertos se
facilita la llegada de las larvitas.

13. Barreras para aislar almacenes. Cuando los almacenes rústicos no fueron tratados con el
hongo Beauveria brogniartii o no se roturó el suelo para controlar larvas o pupas en el suelo,
no queda mas recurso que tratar de evitar que los adultos, que emergen del almacén, migren a
los campos. Con tal fin, se construye alrededor del almacén una zanja, que puede cubrirse con
plástico para mejorar su efectividad (foto 13-1: 15). Los gorgojos que salen del almacén, caen a
la zanja y no pueden subir por las paredes lisas. Con el tiempo, los gorgojos mueren por
deshidratación. Si se quiere acelerar la muerte de los gorgojos se puede echar un insecticida
en la zanja.

14. Barreras perimétricas de protección de los campos. En los campos nuevos de papa se
observa que, inicialmente, las infestaciones son más intensas en los bordes. Por allí se inicia el
ingreso de los gorgojos hacia el campo. Para reducir la inmigración de gorgojos, los nuevos
campos de papa pueden protegerse con barreras perimetrales (fotos 13-1: 16,17 y 18). Hay
dos tipos de barreras se han probado con éxito. Zanjas que rodean todo el campo, en cuyo
fondo puede aplicarse un insecticida. Los gorgojos que caen a la zanja tendrán dificultad para
subir, si la pared que da al cultivo se mantiene lisa. Otra barrera consiste en sembrar alrededor
del campo un cultivo que no es hospedero del gorgojo, como el tarwi (Lupinus mutabilis).

15. Recolección nocturna de gorgojos. Los gorgojos se vuelven activos durante la noche;
suben a las plantas para comer las hojas y aparearse. Durante este tiempo los gorgojos
pueden ser recolectados sacudiendo el follaje sobre un recipiente (foto 13-1: 19). Los gorgojos
se desprenden fácilmente y por un lapso se quedan quietos fingiendo estar muertos. Los
gorgojos recolectados se introducen a botellas u otros recipientes con querosene.

16. Trampas-Refugio para recolección diurna de gorgojos. Los gorgojos son atraídos por
las plantas de papa; pero durante el día, permanecen ocultos debajo terrones, donde
encuentran refugio, en condiciones de oscuridad y humedad, que los protege del sol y la
deshidratación. En base a este comportamiento se han diseñado trampas-refugio sencillas que
sirven para dar las condiciones preferidas por los gorgojos, se agrupen durante el día, y
puedan ser eliminados (foto 13-1: 20). Las trampas consisten en pedazos de costal, cartones,
plásticos, o cualquier otro material que provea sombra, debajo de la cual se coloca algunas
hojas de papa impregnadas con insecticida. Los gorgojos que se refugian mueren por el efecto
del insecticida. También se les puede capturar manualmente. Las trampas se colocan en
campos nuevos, desde un mes antes de la siembra hasta que las plantitas comienzan a
emerger. Las hojas impregnadas con insecticidas se renuevan una vez a la semana.

17. Aplicación localizada de insecticidas en los bordes del campo. Con el mismo objetivo
de eliminar a los gorgojos que ingresan a los nuevos campos de cultivo mediante barreras
perimétricas (componente 14), se pueden hacer barreras químicas. Con tal fin se hacen
aplicaciones localizadas en una franja de 2 a 3 metros de ancho en los bordes del campo,
durante el período de migración del gorgojo.

Proceso de Implementación del programa-MIP de Papa Alto-andina

La región alto-andina se caracteriza por la presencia de pequeños agricultores
individuales o asociados en comunidades de organización variable. Estos agricultores carecen
de una orientación técnica profesional directa. En estas condiciones son los mismos
agricultores los que tienen la responsabilidad directa de ejecutar el programa-MIP. El proceso
de implementación comprendió tres aspectos; el desarrollo técnico del programa MIP, el diseño
de un sistema de capacitación práctica de los agricultores, y la convocatoria a la colaboración

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de las organizaciones locales (municipalidades, escuelas, ONGs, estaciones de radio locales,
grupos religiosos, etc.) que de alguna manera estuvieran vinculados con el quehacer
campesino. El desarrollo técnico ha quedado resumido en el establecimiento de los
componentes de MIP, antes descritos, y que son el resultado de una serie de investigaciones y
verificaciones de su factibilidad y aceptación por los campesinos. La implementación se hizo de
a cuerdo con el modelo de las áreas piloto que se establecieron en la sierra sur (Chinchero,
Cusco), en la sierra central (comunidades de Carhuapaccha y Chuamba, Junín), y en la sierra
norte (Casabamba, Cajamarca). En cada uno de estos lugares, el área piloto estuvo integrada
por campesinos que mostraron interés en participar en la experiencia. Es importante anotar
que, una vez verificado el beneficio del programa, nuevos campesinos se adhirieron al grupo
del área piloto; y muchos otros copiaron algunas de las medidas adoptadas (en los estudios de
evaluación de resultados se consideró este sector de campesinos como “zona de influencia”
del programa) . Así, por ejemplo, en la sierra central, en las unidades piloto participaron 221
agricultores; pero había una “zona de influencia” en la que 359 agricultores habían adoptados
la mayor parte de los componentes MIP.

El programa de capacitación fue muy intenso. Se comenzó con un diagnóstico de los
conocimientos que tenían los agricultores sobre el gorgojo de los Andes, en base a una
encuesta. Todos los agricultores conocían la larva del gorgojo de los Andes, por que era estado
de desarrollo del insecto que causa la gusanera de la papa. El 68% de agricultores de
Casabamba y el 24 de Chuamba dijeron haber visto a los gorgojos adultos. Pero ninguno había
asociado que el gorgojo y el gusano eran la misma plaga. Desconocían el estado de huevo,
pupa y adulto invernante; y otros aspectos de la biología y comportamiento del insecto. El
programa de capacitación resolvió estas carencias de conocimiento mediante cursillos que se
daban de preferencia en el campo (fotos 13-1: 21, 22 y 23). Se prepararon toda clase de
materiales de capacitación, todos ellos ilustrados; en ocasiones con la participación de
dibujantes y pintores locales (foto 13-1: 24). Se produjeron rotafolios plastificados a colores que
podían llevarse al campo, afiches para los locales comunales y escuelas, boletines, series de
diapositivas y videos para los participantes, incluyendo los colaboradores.

Muchas instituciones colaboraron en la difusión del programa. Su labor fue facilitada
con el material de difusión, que se puso a su disposición, y el reconocimiento por parte del
personal técnico del programa de la labor que realizaban los colaboradores. Entre las
organizaciones que participaron está la ONG Grupo TALPUY en la sierra central, que incorporó
el programa MIP-gorgojo en su sistema de “metodología de enseñanza-aprendizaje para
campesinos”, la ONG CARE-PERU a través de su proyecto ALTURA, Instituto REDES, Instituto
para el Desarrollo de Proyectos Andinos (IDEPAS), y ADRA-OFASA. El alcalde de Chinchero,
Cusco, mandó construir un laboratorio para la producción del hongo Beauveria brogniartii. Las
escuelas rurales adoptaron los afiches sobre la biología y daños del gorgojo. El Ministerio de
Agricultura (INIA-Huancayo), contribuyó a ampliar el área de influencia del programa MIP en la
sierra central.

Evaluación de los Resultados

Todas las comunidades, involucradas en la implementación del programa-MIP papa
alto-andina, para el manejo del gorgojo de los Andes, reconocen los beneficios derivados de su
adopción. En primer lugar, se redujeron los daños causados por el gorgojo de los Andes; pero
también hubo un efecto inesperado, que los campesinos aprecian: la mejora de sus
conocimientos y de su actitud participativa. La necesidad de supervisar ciertos aspectos de la
ejecución del programa-MIP, fortaleció la organización de las comunidades.

En un período de tres años, el programa-MIP en Chinchero Cusco, redujo la infestación
de tubérculos de 44 por ciento a 11 por ciento. En la Comunidad de Chuamba, Junín, en la
campaña 1994-95 bajo control químico intensivo, el daño promedio fue de 19%; y en la
campaña 1995-96, por condiciones de sequía que favorecieron al gorgojo, el daño fue de 41%.
En esta misma campaña con menor uso de insecticidas (menor costo), la infestación promedio
de los que participaron en el programa fue de 38.6%. En las siguientes campañas los daños
bajaron drásticamente, a 9.3% (1996-97) y 4.1% (1997-98). El uso de insecticidas se redujo en
área tratada y en número de tratamientos. En lugar de aplicar todo el cultivo por 3 o 4 veces, se

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hicieron dos aplicaciones limitadas a los bordes del campo. Algunos agricultores no aplicaron
insecticidas en la última campaña.
Preferencias locales de componentes MIP. No todas las comunidades adoptaron los mismos
componentes. Así, la Comunidad de Casabamba, Cajamarca, adoptó ocho componentes:
recojo manual de adultos, uso de mantas a la cosecha, aporque alto, cosecha oportuna, uso de
pollos, reducción de las fuentes de infestación, almacén de luz difusa y control químico de los
bordes del campo. La comunidad de Chuamba, Junín, adoptó 10 componentes: eliminación de
plantas voluntarias, aporques altos, rotación de cultivos, cosecha oportuna, recojo manual de
adultos, uso de mantas, uso de pollos, almacén de luz difusa, control químico dirigido a bordes.
La ejecución de estos componentes ha demostrado ser suficiente para mantener poblaciones
muy bajas del gorgojo, pudiendo estabilizarse sus daños en no más del seis por ciento.

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Foto 13-1: 2. Ciclo
biológico del gorgojo de los
Andes, Premnotrrypes spp.

Esquema del Programa MIP del
CIP, Lima, Perú

Foto 13-1: 1. Premnotrypes suturicallus, una de las especies de gorgojos de los Andes

Foto 13-1: 3. Daños del gorgojo de los Andes con presencia de larvas Foto 13-1: 4. Larvas del gorgojo de los Andes que abandonaron los tubérculos y
penetraron al suelo para empupar

Foto 13-1: 6.
Adulto de
gorgojo de los
Andes en su
cámara pupal
al finalizar el
invierno

Foto 13-1: 5. Cámara pupales en el suelo con pupas del gorgojo de los Andes,
durante el invierno

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