factores que favorecen la emergencia de los adultos, el vuelo y la
oviposición. La asociación entre las primeras lluvias y la emergencia de los
adultos del gorgojo de los Andes es un caso bastante conocido.
Tendencia de las densidades de las infestaciones
La predicción de las densidades que pueden ir alcanzando las plagas
durante el transcurso de la campaña agrícola se basan normalmente en
evaluaciones periódicas de las poblaciones en el campo y en las condiciones
climáticas predominantes.
La predicción de las poblaciones larvales, a base de los registros de huevos
normalmente tiene gran aproximación. Las condiciones climáticas
inadecuadas para el desarrollo de los primeros estadios larvales y la
incidencia de los parásitos y predadores de huevos son factores
modificantes. Los registros de las evaluaciones periódicas que deben
llevarse en los campos ayudan mucho en esta tarea.
Las relaciones son más complejas en los climas subtropicales y tropicales
debido a la superposición de las generaciones, fenómeno que sucede en
menor proporción en las áreas de climas templados.
La predicción de la densidad de una generación de larvas en base a la
densidad de la generación anterior es menos consistente. Cuanto más
tiempo, o mayor número de estados de desarrollo separen la población
registrada y la población que se desea predecir, la imprecisión es mayor.
Esto se debe a que los factores modificantes tanto climáticos como
biológicos tienen más posibilidades de actuar.
Wille (1958), después de 20 años de observaciones sobre las relaciones
entre las infestaciones del arrebiatado del algodonero y las condiciones
climáticas llegó a la siguientes conclusiones: ..."si al comienzo de la
temporada el clima se manifiesta con poco sol y mucha neblina, se sabe que
las condiciones biológicas para el arrebiatado son óptimas; si las contadas en
los campos algodoneros en octubre y noviembre indican que realmente el
arrebiatado existe en gran número y se propaga en forma rápida, entonces
se puede dar el pronóstico que la temporada será plagada por el arrebiatado.
Wille observó, en la costa central que el arrebiatado que migra en la
primavera desde las lomas a los campos de algodón son muy susceptibles a
los rayos del sol y a la deshidratación por la insolación directa. En esta época
las plantas tiernas del algodonero ofrecen poca protección contra la
insolación para este insecto.
En el pronóstico de las infestaciones de la polilla de la manzana Cydia
(Laspeyresia) pomonella, se tienen en cuenta consideraciones climáticas,
capturas de adultos mediante trampas luminosas y de feromonas, contadas
de huevos y de perforaciones recientes en los frutos.
En el Perú, se han logrado resultados prometedores en el pronóstico de
algunas plagas del algodonero. Se han estimado niveles de infestación del
picudo Anthonomus vestitus, y del arrebiatado a base de registros de las
poblaciones remanentes de la campaña anterior; y niveles de Heliothis
virescens a base de remanentes de pupas en el suelo y huevos en los
brotes.
Poco podría hacerse en el campo del pronóstico de plagas si no se cuenta
con registros previos por varios años.
MUESTREO DE LAS POBLACIONES DE INSECTOS
Las poblaciones de insectos están sujetas a constantes cambios;
incrementan o disminuyen según las condiciones favorables o desfavorables
del medio. En algún momento pueden alcanzar niveles que amenacen los
rendimientos del cultivo, acercándose o sobrepasando los umbrales de daño
que se explicaron en el capítulo anterior. Para detectar estos momentos se
efectúan muestreos periódicos de las plagas, generalmente una vez por
semana. Si la población alcanza el umbral de acción que se ha establecido
para la plaga habrá necesidad de efectuar un tratamiento de control. De lo
contrario, las poblaciones pueden ser toleradas sin mayores consecuencias.
El seguimiento sistemático de los niveles poblacionales de las plagas se
denomina con cierta frecuencia "monitoreo de las plagas" (del término inglés
monitoring) y los sistemas de evaluación se llaman muestreos.
Según las clases de cultivos y plagas predominantes se diseñan cartillas o
formatos para registrar la abundancia de las plagas y otros datos
complementarios como magnitud de daños, presencia de enemigos naturales
y estado de desarrollo de la planta. También es útil incluir información sobre
las aplicaciones de pesticidas y la ejecución de prácticas culturales.
Es conveniente tener dos tipos de formatos para registrar los muestreos. Una
cartilla de campo (Figura 13:8) que el evaluador llena conforme va
efectuando el muestreo en las diversas parcelas o potreros y la cartilla de
campaña (Figura 13:8) que se mantiene en la oficina acumulando los datos
que se traen del campo. Se tiene una cartilla de campaña para cada potrero y
en ella se anota el resumen de cada muestreo semanal proveniente de la
cartilla de campo; viene a ser la historia del potrero contada de semana en
semana. La documentación que se va acumulando con el tiempo es muy útil
para perfeccionar el manejo y la protección del cultivo.
Es conveniente uniformizar los sistemas de muestreo para una localidad,
valle, región o país. De esta manera los técnicos pueden analizar mejor la
información registrada, intercambiar experiencias y orientar mejor las
campañas fitosanitarias.
Tipos de Muestreo
Los muestreos pueden ser Directos e Indirectos. En el muestreo directo se
mide una porción de la población en su microhabitat. La unidad de muestreo
puede ser una determinada área del suelo, cierta longitud de surco, una
planta entera, una parte de la planta o un órgano de la misma. Se
inspecciona y registra el número de insectos que se encuentran en la unidad
de muestreo. De alguna manera se pueden hacer inferencias sobre la
población absoluta del campo o parte de él; por ejemplo: tantos insectos por
metro cuadrado, por planta, por hoja, por 10 cm. de tallo, por tercio superior
de la planta, por brote terminal, etc.
En el muestreo indirecto la unidad de muestreo mide una parte imprecisa de
la población que no se puede asociar directamente con la población que
existe por área o por planta; es una estimación relativa de la población. Tal
es el caso de la captura de insectos con trampas de feromonas u otros
atrayentes, la captura de insectos con red entomológica o el registro del
número de insectos que se observan en un tiempo determinado.
El método de muestreo que se escoja debe ser lo más práctico posible; es
decir sencillo pero preciso y consistente. Entendiéndose que si se repitiera el
muestreo los resultados tenderían a ser similares.
Todo sistema de muestreo tiene cuatro componentes:
- tamaño de la unidad de muestreo
- número de unidades de muestreo por parcela o potrero (generalmente
de 20 a 25 unidades)
- distribución espacial de las unidades de muestreo en el área de la
parcela (patrón de muestreo)
- frecuencia del muestreo (generalmente una vez por semana)
Muestreos Específicos
El tipo de muestreo específico depende de la clase de plaga, estado de
desarrollo del insecto, órgano de la planta que daña, lugar en que se localiza,
grado de movilidad y otras consideraciones. Es común que conjuntamente
con la población del insecto se evalúe la magnitud del daño en el cultivo y la
ocurrencia de enemigos naturales. A continuación se presentan algunos
ejemplos que ilustran la diversidad de opciones.
La inspección directa es una forma muy común de muestreo. Se toma una
planta o parte de ella y se registra el número de insectos que se encuentran
en hojas, tallos, botones, frutos y yemas. Con frecuencia resulta mas
conveniente reducir la unidad de muestreo a un determinado número de
hojas, botones y frutos por planta e inspeccionar un mayor número de
unidades por potrero o parcela (Figura 3:5). En estos casos el grado de
infestación puede referirse al número de insectos en cien órganos.
Todos los insectos que son relativamente lentos, o que demoran en
escaparse pueden ser muestreados incluyendo larvas de lepidópteros, larvas
y adultos de escarabajos, áfidos, trípidos, chinches, ninfas de cigarritas y
otros insectos. Cuando se trata de insectos pequeños pueden utilizarse
escalas de infestación en lugar de números absolutos. En el caso de moscas
minadoras se registra el número de minas por hoja.
No hay que olvidar que la toma de muestras se hacen al azar y no debe
haber un prejuicio por escoger las plantas más dañadas o menos dañadas.
Cuando se trata de gramíneas es preferible que la unidad de muestreo sean
pequeños grupos de plantas sucesivas (de 4 a 10 plantas) para evitar
tendencias parcializadas en la selección de plantas individuales.
El método de la lona se usa comúnmente en plantas herbáceas. Se utiliza
una pieza de lona, generalmente de un metro de largo que se coloca en el
fondo del surco. Sobre ella se sacude vigorosamente las plantitas de ambos
lados. Larvas de lepidópteros, escarabajos, gorgojos y otros insectos caen
fácilmente sobre la lona. Los insectos pueden ser colectados o contados
inmediatamente.
La red entomológica se Utiliza para muestrear insectos adultos que
emprenden el vuelo fácilmente. Generalmente se utiliza 4 a 10 golpes de red
por unidad dé muestreo (siempre mantener el mismo número de golpes de
red) tocando ligeramente el follaje. Así se capturan cigarritas adultos,
escarabajos y otros insectos, entre ellos avispitas parasitoides. Con una red
mas gruesa se puede golpear la parte superior del follaje y entonces caen
larvas de lepidópteros, áfidos y otros insectos que normalmente permanecen
en el follaje.
Las trampas con atrayentes sexuales (feromonas), de alimentación, de luz, o
coloreadas, se utilizan para muestrear insectos adultos que vuelan. Las
trampas con feromonas sexuales se usan con muchas especies de
lepidópteros, incluyendo la polilla de la papa, la polilla de la manzana y el
gusano rosado de la India que daña la bellota del algodón. También hay
trampas de feromonas contra el picudo mejicano del algodonero y el gorgojo
asiático del camote. Trampas con atrayentes sexuales y de alimentación se
usan para las moscas de la fruta. Trampas de color amarillo con superficies
pegajosas se utilizan para adultos de mosca minadora y áfidos alados. Las
capturas de las trampas suelen ser registrados en números de insectos
capturados por día o por semana. El dibujo de gráficos a base de las
capturas da una idea de la ocurrencia estacional de la plaga.
Las trampas de caída se utilizan para los insectos que caminan por la
superficie del suelo. Estas trampas se construyen con tarros vacíos de leche
evaporada o vasos de plástico que se entierran hasta el borde superior. Los
insectos que viven debajo de la superficie solo pueden ser evaluados
tomando muestras de suelo (por volumen u área de superficie) para ser
inspeccionados.
La adopción de una determinada modalidad de muestreo debe merecer un
análisis con gran sentido práctico. Se puede sacrificar algo de precisión en
aras de la expeditividad. En este sentido no hay que confundir el muestreo
orientado al control de plagas en campos agrícolas con el muestreo que tiene
fines experimentales. En el caso de plagas es importante detectar "focos de
infestación" que puedan ser eliminados oportunamente. La persona
encargada del muestreo debe estar alerta para detectar estos casos y
comunicarlos en el informe respectivo.
Muestreo secuencial
Cuando el muestreo tiene por fin exclusivamente tomar una decisión (aplicar
o no aplicar un tratamiento) y no tanto seguir la dinámica de la población, el
número de muestras puede reducirse con el ahorro de tiempo
correspondiente. La experiencia demuestra que cuando la población de una
plaga es muy baja o, por el contrario, muy alta basta tomar unas pocas
unidades de muestreo para darse cuenta de esta situación; y
consecuentemente decidir no efectuar tratamiento alguno o, por el contrario,
aplicar un insecticida.
Cuando la población está en un rango intermedio que compromete el umbral
de acción, se requiere tomar un mayor número de muestras para asegurarse
que la decisión que se tome está bien respaldada.
Estas consideraciones han dado lugar al llamado muestreo secuencia!
(Figura 3:5) que se basa en cálculos matemáticos, incluyendo la distribución
de la plaga y sus daños, el umbral de daño, y el grado de seguridad (o riesgo)
para tomar la decisión. Todo esto se representa en un gráfico cuyas
coordenadas indican el número de muestras y el número acumulativo de
insectos. Una línea (en realidad un rango limitado por dos líneas) señala los
límites para la toma de decisión. Si el número acumulativo de insectos para
sucesivas muestras caen debajo del límite, no se requiere tratamiento; y si
supera el límite, se requiere tratamiento. Si el número acumulativo de
insectos cae dentro del área límite; se pospone la decisión para la siguiente
fecha de muestreo. Onsager, (1974) explica la racionalidad del uso del
muestreo secuencial y su aplicación en el manejo integrado de plagas.
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4
MÉTODOS Y ESTRATEGIAS EN EL CONTROL DE PLAGAS
DEFINICIONES
En general, se acepta que el control de una plaga consiste en mantener
la densidad de su población debajo del nivel en el cual comienza a causar
perjuicio económico. Por Método de Control de Plagas se entiende en esta
publicación, todo sistema natural o artificial que da como resultado la
prevención, represión, contención, destrucción o exclusión de una plaga.
Esta definición incluye tanto los conceptos de lucha como las medidas
profilácticas que protegen las cosechas contra las plagas. Estrategia tiene
una connotación más amplia que método de control y se refiere al enfoque
general para resolver un problema de plagas, pudiendo incluir varios métodos.
Estrategias generales de control
Clark y colaboradores (1967), han hecho un enfoque bastante original del
control de plagas en cuanto a la manera de categorizar los diversos métodos
y técnicas que se utilizan en el combate y en la prevención de los daños.
Estos autores llaman a estos enfoques "Estrategias Generales de Control de
Plagas" y, aún cuando los conceptos no llegan a ser elaborados
detalladamente, resultan interesantes porque enriquecen la imaginación
sobre las posibilidades que existe en el control de las plagas. Se consideran
cuatro estrategias fundamentales:
Evasión de las plagas o de sus efectos
Es conocido que ciertos lugares o determinadas épocas del año no
presentan condiciones favorables para el desarrollo y proliferación de algunas
plagas. Una manera de sacar ventaja de esta situación es, precisamente,
elegir esos lugares o esas épocas para llevar a cabo los cultivos, con la
seguridad que no se presentarán problemas entomológicos serios.
La evasión de los efectos de la plaga incluye la adecuada utilización de la
cosecha de manera que se minimice el efecto económico del daño de la plaga.
Si la presencia de queresas o escoriaciones sobre la superficie de frutas
afectan su valor como fruta de mesa por razones estéticas, conviene destinar la
producción a la industria de jugos o conservas.
Con relación a la influencia del lugar sobre la incidencia de las plagas se
puede mencionar el caso de la broca del café, Hypothenemus
(Stephanoderes) hampei (Ferrari). Este insecto disminuye sustancialmente
su incidencia a altitudes mayores de 1,200 m.s.n.m. en el Valle de
Chanchamayo; en cambio constituye plaga seria en las áreas de selva baja y
media (De Ingunza, 1966). Otro ejemplo es el establecimiento de semilleros
de papa en la sierra y no en la costa a fin de reducir la incidencia de virosis.
En la sierra los insectos vectores son mucho más escasos que en la costa.
En cuanto a épocas de cultivo, se tiene el caso de las plagas de maíz en la
costa central; la incidencia del cogollero, del cañero y del perforador de
plantas tiernas es relativamente baja en los meses de invierno y alta en el
verano; por esta razón, es una recomendación general que los maíces más
susceptibles, como el maíz pardo para choclo, se cultiven
preferentemente en el invierno.
Eliminación de las características del cultivo que lo hacen susceptible
Esta estrategia esta orientada particularmente a explotar las variedades de
plantas tolerantes o resistentes a los ataques de las plagas, como el uso de
patrones de vid resistente a las infestaciones de la filoxera. También se incluye
el control de las características físicas y fisiológicas de las plantas mediante
el manejo de la fertilización y el riego. Las plantas de algodón con fertilización
de nitrógeno restringida y riego controlado presentan hojas coriáceas que son
menos favorables para las infestaciones del Heliothis y otras plagas.
Supresión de las características que hacen dañinas a las plagas
Es una estrategia que está todavía en desarrollo. Se incluyen las
manipulaciones genéticas de las poblaciones de insectos y técnicas de
insectos estériles que producen descendencia no fértil o inhiben el desarrollo
embrionario de los híbridos. Un ejemplo más ilustrativo es la eliminación de las
fuentes de virus y otros patógenos que pueden ser transmitidos por los
insectos vectores presentes. Si no hay fuentes de inocules los vectores
pierden su importancia en la diseminación de las enfermedades.
Reducción de las densidades de las poblaciones de insectos
Hacia estos objetivos se orienta la mayoría de los métodos tradicionales de
represión de plagas, particularmente el control químico y el control biológico,
que se estudian ampliamente en los capítulos que siguen.
CLASIFICACIÓN DE LOS MÉTODOS DE CONTROL
La implementación de las estrategias del control de plagas, sobre todo la
reducción de las densidades de las poblaciones de insectos, requiere de
la utilización de diversos métodos o técnicas de control. Estos métodos se
suelen clasificar según su naturaleza, de la siguiente manera:
Control Mecánico:
Ejemplo: Uso de barreras
Control Físico:
Ejemplo: Uso de altas o bajas temperaturas
Control Cultural:
Ejemplo: Utilización de prácticas agronómicas y plantas resistentes.
Control Biológico:
Ejemplo: Uso de predatores, parasitoides y patógenos
Control Químico:
Ejemplo: Uso de insecticidas
Control Etológico:
Ejemplo: Uso de trampas, feromonas
Control Genético:
Ejemplo: Hibridaciones estériles
Control Legal:
Ejemplo: Reglamentación de cultivos
Control Integrado o Manejo Integrado de Plagas
Ejemplo: Uso de diversos métodos compatibles entre sí
Cada uno de estos métodos de control de plagas se desarrollan en
capítulos independientes en el resto del texto.
En el estudio de las plagas, ocasionalmente se usa el concepto de
"control natural", el cual está ligado a otros términos como "resistencia
ambiental" y "balance de las poblaciones". Se entiende por control natural de
las plagas a la acción de todas las fuerzas, biológicas y físicas que en la
naturaleza se oponen al incremento indefinido de las poblaciones de las
plagas.
EL CONTROL DE PLAGAS EN EL CONTEXTO DE LA PRODUCCIÓN
AGRÍCOLA
La aplicabilidad del control de plagas está íntimamente relacionado al
proceso de la producción agrícola y a su expresión final que es él rendimiento
del cultivo.
El rendimiento de un cultivo es consecuencia de cuatro factores (Figura 4:1).
La potencialidad productiva del cultivo (calidad de la planta), las condiciones
físicas y químicas (clima, agua y suelo), las condiciones biológicas (entre ellas
las plagas, enfermedades y malezas) y las prácticas agrícolas. Estas últimas
responden a las características de los factores previamente mencionadas y a
las condiciones sociales y económicas del agricultor.
No se puede establecer medidas de control de plagas en forma divorciada de
los factores de producción agrícola sin correr el riesgo que tales medidas
resultan inaplicables.
Un cultivo extensivo de poco valor económico por hectárea no puede
soportar el costo de medidas de control caras. Sería contraproducente
controlar pulgones en campos de cebada o trigo mediante aplicaciones de
insecticidas cuando los rendimientos de estos cereales en nuestro medio
difícilmente podrían cubrir los gastos del control. En las condiciones de cultivos
de escaso valor económico sólo son viables medidas como la utilización de
variedades resistentes, la introducción de enemigos naturales o la aplicación
de ciertas prácticas culturales.
Cuando se trata de cultivos cuyos bajos rendimientos económicos se deben a
la inadecuada selección de cultivares, a la mala calidad de semilla, o a prácticas
culturales inadecuadas, es necesario tomar medidas que promuevan el
incremento de los rendimientos. De esta manera se dispone de un mayor
margen de opciones para la aplicación de medidas de control de plagas. En
cultivos con altos rendimientos económicos las prácticas de control de plagas
se vuelven económicamente más rentables.
5
CONTROL MECÁNICO
El control mecánico de las plagas comprende las técnicas más antiguas y
simples de la lucha contra los insectos. Estas técnicas consisten en la
remoción y destrucción de los insectos y órganos infestados de las
plantas. También se incluye la exclusión de los insectos y otros animales por
medio de las barreras y otros dispositivos. La aplicación de estas técnicas
demanda mucha mano de obra por lo que tienden a desaparecer de las
grandes y medianas áreas de cultivo. En ciertos casos, particularmente
cuando se trata de la pequeña agricultura, el control mecánico puede
aplicarse con relativa eficiencia. Entre las diversas técnicas de control mecánico
se pueden mencionar las siguientes:
RECOJO DE INSECTOS
La práctica más conocida de control mecánico, e indudablemente el método
más antiguo de control de plagas, es el recojo manual de insectos y
caracoles. Para que esta práctica sea factible los insectos, larvas o adultos, o
masas de huevos, deben ser de tamaño grande y fácilmente visibles.
Se recomienda el recojo de larvas de esfíngidos, como los gusanos cornudos
del tomate, tabaco, vid, y yuca; de escarabajos adultos de la familia
Scarabaeidae; de gorgojos grandes como Rhynchophorus del cocotero y de
los caracoles, en diversos cultivos. En el Perú, se ha practicado por mucho
tiempo la recolección manual de bajas poblaciones remanentes del arrebiatado
del algodonero.
Los insectos recolectados pueden eliminarse por diversos medios; una forma
muy común consiste en sumergirlos en recipientes con kerosene y agua. En el
recojo del arrebiatado, cada recolector va provisto de una botella con kerosene
y agua en la que va introduciendo a los insectos que captura.
En un esfuerzo por mecanizar estas técnicas y facilitar la recolección y
destrucción de los insectos, se han diseñado diversos artefactos, pero la
mayoría han sido abandonados por su limitada efectividad. En el Perú se trató
de facilitar el recojo del picudo del algodonero mediante el "embudo Lamas" y
la "red Bagley", pero no dieron los resultados esperados. Estos instrumentos,
sin embargo, pueden utilizarse como métodos de muestreo de poblaciones de
picudo y otros insectos.
TRITURACIÓN DE INSECTOS
En los países industrializados, particularmente en los Estados Unidos, se
han ensayado destrozadoras (desbrozadoras) mecánicas de residuos del
algodonero con el fin de eliminar el gusano rosado que se cobija en el rastrojo,
restos de bellotas y semillas, que quedan después de la cosecha; pero la
eficiencia de estas máquinas parece ser limitada. En la industria de la
molinería se ha desarrollado una máquina llamada "Entoleter" que destruye
a los insectos de los granos por impacto. En esta máquina el grano es lanzado
por fuerza centrífuga contra las paredes de un cilindro causando la muerte del
insecto y el quebrado de los granos infestados. Los insectos y los granos
quebrados son separados luego por medio de tamices.
En casos muy particulares, como cuando sé realizan podas de renovación
en duraznos y otros frutales dejando solo los troncos y las ramas maestras,
se pueden eliminar las infestaciones de queresas utilizando escobillas de
fibras duras, como aquellas que se utilizan para lavar ropa. Puede incluirse
también en esta forma de control a la acción mecánica de los chorros de agua
a alta presión que destruyen a los migrantes de queresas, cochinillas
harinosas, ácaros y otros insectos pequeños de arbustos, árboles y otras
plantas en jardines caseros.
RECOJO DE ÓRGANOS INFESTADOS
Cuando los botones y frutos que se encuentran infestados se distinguen
fácilmente, puede procederse a su recolección manual. Los órganos
recolectados se destruyen para eliminar a los insectos que se encuentran
en ellos; o se les aprovecha para recuperar los parásitos que pudieran
encontrarse atacando los insectos en los órganos infestados.
La destrucción de los frutos se logra quemándolos o enterrándolos en
fosas suficientemente profundas que no permitan la emergencia de los
insectos. Cuando se trata del recojo de frutos infestados por la mosca de la
fruta y otros insectos, y que normalmente se encuentran caídos en el suelo, el
recojo debe hacerse a intervalos frecuentes para evitar que las larvas
abandonen los frutos y penetren al suelo o busquen un lugar apropiado
para empupar.
Cuando se trata de recuperar los insectos benéficos, el material recogido
se coloca en bandejas apropiadas dentro de “cámaras de recuperación”.
Estas cámaras normalmente poseen ventanas con mallas apropiadas que
permiten la salida de los parásitos pero retienen a las plagas,
aprovechando las diferencias en el tamaño. En otros casos, los parásitos
pueden ser recolectados con aspiradoras pequeñas para ser liberados
posteriormente.
En el Perú, se ha practicado la recuperación de parásitos del picudo del
algodonero y de perforadores pequeños de la bellota a base de la recolección
de botones y bellotas infestadas (Hoyle y Lobatón 1958). Más recientemente se
ha hecho lo mismo con los parasitoides de la mosca minadora de la papa,
utilizando simples cajas de cartón. Las hojas con daños son colocadas en la
caja hasta la emergencia de las avispitas parasitoides. Mallas de tamaño
apropiado permiten la salida de los parasitoides pero no de las moscas.
EXCLUSIÓN DE LOS INSECTOS
La exclusión, o sea el uso de barreras artificiales que imposibiliten el
acceso de los insectos dañinos, es de aplicabilidad bastante limitada en
agricultura. La práctica más conocida es el "embolsado de los frutos" que
consiste en cubrir los frutos con bolsas de papel o plástico para protegerlos
contra las moscas de la fruta y otros insectos. La aplicación de esta práctica
se justifica en frutos valiosos, en huertos pequeños, y en racimos de frutos de
gran tamaño.
La exclusión de las hormigas de los árboles, donde resultan perjudiciales
por interferir con el control biológico de las queresas cóccidas, se logra
impregnando los troncos con substancias adhesivas especiales. También
puede utilizarse barreras con insecticidas a base de un producto formicida.
Cualquier insecto que no vuele es susceptible a barreras que se colocan en
los tallos de los árboles. Las barreras pueden construirse con bandas de
papel, cartón o plástico impregnadas con insecticida.
Hay referencias antiguas sobre el uso de barreras de insecticidas contra
las migraciones masivas de orugas de noctuideos conocidos como gusanos
soldados. La barrera consiste en zanjas espolvoreadas con insecticidas. Es
posible que esta técnica también funcione con insectos que no puedan volar,
como el gorgojo de los Andes en la sierra y el gorgojo del camote en la costa
(Figura 5:1).
Recientemente (Boiteau y col. 1993) han demostrado que zanjas cubiertas de
plástico son barreras efectivas contra el escarabajo colorado de la papa. Los
escarabajos migran caminando hacia los campos de papa desde sus áreas de
invernación. Al caer a las zanjas no pueden trepar por la superficie de plástico y
mueren por desecamiento.
L a e x c l u s i ó n s e u s a m á s frecuentemente contra plagas caseras y de
almacenes. En muchos lugares es común el uso de mallas metálicas o plásticas
en las ventanas y puertas para evitar el ingreso de moscas, zancudos, arañas y
otros animales al interior de las casas; o de polillas y roedores a los almacenes.
6
CONTROL FÍSICO
El Control Físico consiste en la utilización de algún agente físico como la
temperatura, humedad, insolación, fotoperiodismo y radiaciones
electromagnéticas, en intensidades que resulten letales para los insectos.
El fundamento del método es que las plagas sólo pueden desarrollarse y
sobrevivir dentro de ciertos límites de intensidad de los factores físicos
ambientales; más allá de los límites mínimos y máximos, las condiciones resultan
letales. Los límites varían según las especies de insectos; y para una misma
especie, según su estado de desarrollo. Además, los límites de cada factor
varían en interacción con las intensidades de los otros factores ambientales y
con el estado fisiológico del insecto. Los insectos en diapausa, por ejemplo,
son capaces de soportar temperaturas muy bajas que resultarían letales
para los individuos que no se encuentran en ese estado.
Los factores físicos del ambiente en el campo son esencialmente los
constituyentes del clima, factores que hasta el presente no pueden ser
manipulados significativamente por el hombre. En unos pocos casos es posible
lograr algunas variaciones microclimáticas que tienen efecto sobre las plagas; como
el manejo de la densidad del cultivo (distancia entre plantas y entre surcos), la
orientación del surco respecto al movimiento del sol; la utilización de sombra para
ciertos cultivos como el cafeto y el cacaotero. Algunos de estos manejos se tratan
dentro del Control Cultural puesto que son precisamente las prácticas culturales
las que permiten estas variaciones.
El manejo efectivo de los factores físicos del medio, como la temperatura,
humedad y radiaciones electromagnéticas, sólo es posible en ambientes
cerrados. En esas condiciones se les puede utilizar para combatir plagas de
frutas y hortalizas cosechadas, y plagas de productos almacenados.
MANEJO DE LA TEMPERATURA
Las temperaturas extremas, altas o bajas, pueden utilizarse para combatir
los insectos que dañan frutos, granos y otros productos cosechados.
Las temperaturas altas
Las temperaturas altas suelen ser más efectivas que las temperaturas
bajas en un rango más estrecho. La mayoría de las especies de insectos
mueren expuestos a temperaturas de 52°C a 55°C por el período de 3 a 4 horas.
Muchas otras especies mueren a temperaturas menores o en períodos más cortos.
Sin embargo, el uso de altas temperaturas tiene muchas limitaciones pues muy
pocos son los productos vegetales capaces de soportar calentamientos sin
dañarse. Además existen otros problemas como la lenta penetración del calor en la
masa del producto almacenado: requiriéndose exposiciones prolongadas.
Sistemas muy elaborados, como hacer pasar granos almacenados por tubos en
un sistema de calentamiento, resultan anti-económicos. Cuando se deja secar el
grano al sol sobre tendales en capas muy delgadas, es posible lograr
temperaturas letales para los insectos en los granos mas expuestos.
Hace muchos años en los Estados Unidos se desarrolló un método de
calentamiento por vapor para destruir los huevos y larvas de moscas de la
fruta en naranjas Valencia (Hawkins 1932) pero el método afecta el sabor de
la Naranja Washington Navel (Sinclair y Lindgren 1955). Posteriormente,
este método se ha utilizado con éxito para controlar la mosca de la fruta en
mangos. Frutos de la variedad Haden soportan inmersiones en agua
caliente a 46 ± 1°C por período de 80 a 90 minutos suficiente para controlar
larvas de las moscas de la fruta.
Las temperaturas altas se aplican para combatir insectos, nematodos y
hongos en los suelos de los invernaderos y viveros. Para tal fin se puede utilizar
vapor o un sistema eléctrico. Una forma simple de tratar pequeñas
cantidades de tierra es aplicando agua hirviente.
También existe la técnica de solarización que consiste en cubrir el suelo
húmedo de una cama de vivero con plástico transparente y dejarlo expuesto al
sol por varias semanas. La temperatura del suelo se eleva a niveles que son
letales para insectos, hongos y nemátodos (Alcázar y col. 1991) (Figura 6:1).
Las temperaturas altas pueden aplicarse también contra insectos que
dañan vestimentas, telas, muebles, fibras y cualquier otro producto que no
se deteriore con el calor.
El fuego directo tiene algunas aplicaciones limitadas en el campo. Por
ejemplo, la destrucción con lanzallamas de la vegetación invernal de las
acequias en los climas templados para destruir al pulgón Myzus persicae y
evitar que en primavera este insecto migre a los campos de remolacha
azucarera y propague virosis. En los Estados Unidos se ha encontrado
que la aplicación de fuego durante el invierno a los campos de alfalfa, después
del corte, controla al gorgojo Hypera postica (Gyllenhal). La práctica de la quema
de la caña de azúcar sin duda destruye a diversas plagas de este cultivo,
aunque también, desafortunadamente, a sus enemigos naturales.
Las temperaturas bajas
Las temperaturas bajas pueden llegar a producir la muerte de los insectos
pero normalmente sólo después de exposiciones muy prolongadas; de lo
contrario, el insecto se recupera del estado de sopor ocasionado por el frío. En
muchos casos, el uso de bajas temperaturas no tiene como intención principal
provocar la muerte del insecto sino retardar su desarrollo en los productos
vegetales almacenados. Los insectos en estados invernales suelen ser muy
resistentes a las bajas temperaturas; las larvas invernales de la polilla de la
manzana, por ejemplo, llegan a soportar temperaturas de -20°C sin
congelarse.
Los insectos de granos almacenados son bastante susceptibles a las bajas
temperaturas. En lugares con inviernos muy fríos se recomienda abrir los
almacenes o trasvasar el grano de un silo a otro con el fin de enfriarlo.
Temperaturas de almacenamiento de granos y semillas de 8° a 10°C inactivan
a los insectos; sin embargo debe tenerse cuidado que la humedad sea menor
de 12% para evitar el desarrollo de ácaros que sí pueden estar activos a esas
temperaturas.
El almacenamiento de frutos infestados con la mosca mediterránea,
Ceratitis capitata y otras especies, a temperaturas de 1°C por 12 días ó 2°C
por 20 días mata a todos los estados de desarrollo de esos insectos.
Estos tratamientos son apropiados para peras, manzanas, uvas, kiwi, kaki y
granada. Entre las frutas tropicales, algunas especies como mangos y papayas
son afectadas por estas condiciones. En cambio los cítricos y la carambola
soportan los tratamientos.
Las termitas que se encuentran atacando la madera, mueren cuando son
expuestos a temperaturas de -9°C por 4 días. La refrigeración de telas y pieles
protege a estos productos de los insectos que las dañan.
MANEJO DE LA HUMEDAD
La humedad tiene gran influencia sobre las poblaciones de los insectos pero
su manipulación como medida de control es muy limitada. En algunos casos es
posible reducir la humedad en el espacio cubierto por el follaje, mediante la
eliminación de las malezas y seleccionando plantas que tienen hábitos de
crecimiento foliar abierto o erecto. Estas posibilidades se discuten dentro del
capítulo de Control Cultural.
La alta humedad de los granos almacenados favorece el desarrollo de las
plagas y hongos; de allí que se recomiende el almacenamiento de los granos
cuando su humedad no sea mayor al 12 por ciento.
En el campo, los riegos pesados matan gusanos de tierra y otros insectos
por ahogamiento.
MANEJO DE LUZ
La iluminación es otro factor que tiene influencia en el desarrollo pero sobre
todo en el comportamiento de los insectos. Su utilización no ha sido
mayormente desarrollada para combatir plagas. Uno de los pocos casos es la
utilización de la luz como fuente de atracción de insectos, tema que se trata
más extensamente en el capítulo sobre Control Etológico.
Experimentalmente se ha demostrado que la iluminación artificial de un huerto
de manzanos disminuye las infestaciones de la polilla de la manzana (Herms
1932). Igualmente, se conoce que la luz tiene efectos inhibitorios de la
oviposición de varias especies de insectos; pero la iluminación total de los
campos con estos propósitos resultaría totalmente antieconómica. Un caso de
utilización práctica de la luz solar, aunque no en el campo agrícola, es la
exposición periódica de ropa almacenada a la insolación directa. La luz y el
calor hacen que los insectos abandonen los tejidos infestados.
En forma experimental se ha demostrado que luces intermitentes o
"flashes" nocturnos pueden provocar el bloqueo de la diapausa de la polilla
de la manzana y otros insectos; pero no se ha probado que esto pueda
lograrse en el campo (Harwood 1968).
MANEJO DE ATMOSFERAS CONTROLADAS
Las atmósferas controladas constituyen una alternativa moderna al uso
de fumigantes contra insectos de las frutas y otros productos en
almacenamiento. El propósito es matar a los insectos por asfixia, alterando las
concentraciones de oxígeno, dióxido de carbono y nitrógeno que son
componentes naturales de la atmósfera. Con tal fin, el oxígeno generalmente es
reducido a menos del 1 por ciento y el dióxido de carbono se eleva
notablemente sobre el 10 por ciento.
El efecto letal contra los insectos suele ocurrir entre unos pocos días a dos
semanas, según la especies de insecto, tipo de producto almacenado,
temperatura, humedad y calidad de la atmósfera controlada. El tratamiento no
debe afectar la calidad de productos almacenados.
La atmósfera normal del almacén debe ser desplazada por la atmósfera
controlada en uno o dos días. El oxígeno se suele disminuir por combustión
(generalmente con quemadores de gas natural o propano); el bióxido de
carbono se libera de galones de gas concentrado; y el nitrógeno a partir
de nitrógeno líquido o separado del aire comprimido.
Algunos insectos de granos almacenados son controlados exponiéndolos
por 2 0 3 días a 0.5 por ciento de oxígeno y 11.5 por ciento de dióxido de
carbono; o dióxido de carbono sobre 70 por ciento a 27°C y 60% de
humedad relativa. Temperaturas más bajas y humedades relativas más
altas requieren mayor tiempo de exposición (Mitchel y Kader, 1992).
El uso de atmósferas controladas para productos frescos está en
investigación. Se sabe que manzanas, peras, duraznos, nectarinas,
ciruelas, fresas y naranjas valencia tienen tolerancia razonable a
concentraciones muy bajas de oxígeno (0.25 -0.50 por ciento) por períodos de 8
a 40 días según el producto y la temperatura. Pero la tolerancia a mayores
concentraciones de CO2 parece limitada.
MANEJO DE LA RADIACIÓN
Desde la década de 1960 se ha tratado de utilizar comercialmente el
tratamiento de productos agrícolas secos y frescos con radiaciones (rayos
gamma y rayos X) usando fuentes de Cobalto y Cesio radiactivos, para
controlar plagas y enfermedades. Los insectos son más sensibles a la
radiación que los hongos, bacterias y virus, y mueren dentro del límite de
radiación máxima aprobada por razones de seguridad (100 kilorads).
Las radiaciones utilizadas no deben dañar la calidad del producto
(apariencia, sabor, color, valor nutritivo, etc). Las dosis efectivas están entre 45 y
60 kr. y pueden ser toleradas fácilmente por la fruta seca y las nueces. En
cambio, productos frescos suelen sufrir cambios fisiológicos indeseables por
acción de las radiaciones (Lindsey y col., 1989). En general es un
procedimiento costoso y complicado.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
CAPÍTULOS 4, 5, y 6
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7
CONTROL CULTURAL
El control cultural consiste en la utilización de las prácticas agrícolas
ordinarias, o algunas modificaciones de ellas, con el propósito de contribuir a
prevenir los ataques de los insectos, hacer el ambiente menos favorable para
su desarrollo, destruirlos, o disminuir sus daños. En general no se trata de
medidas tomadas de improviso, ante la presencia de la plaga, sino que, por el
contrario, normalmente responden a una planificación previa dentro del proceso
normal de la producción agrícola e incluye medidas como: labores de
preparación de tierras, métodos de siembra, selección de variedades,
ejecución de cultivos y aporques, manejo del agua, y de los fertilizantes,
oportunidades de cosecha, períodos de campo limpio, etc. La adecuada
aplicación de las prácticas agrícolas con estos fines, requiere de
conocimientos apropiados sobre la fisiología y fenología de las plantas
cultivadas y de sus características agronómicas; de las modalidades de
las prácticas agrícolas propiamente dichas; y naturalmente, un buen
conocimiento de la biología de las plagas locales, su comportamiento y su
ocurrencia estacional.
La aplicación de prácticas culturales inadecuadas, derivadas del
desconocimiento de los factores antes mencionados, puede conducir al
agravamiento de los problemas fitosanitarios. Así, por ejemplo, en la costa del
Perú se sabe que el algodonero sometido a riegos intensos y prolongados
desarrolla vegetativamente en forma exagerada, se dilata el ciclo de vida y
se vuelve más atractivo y susceptible a los ataques del perforador de la
bellota Heliothis virescens, del picudo peruano Anthonomus vestitus y del
pulgón Aphis gossypii. Por el contrario, campos demasiado agostados o faltos
de agua favorecen el desarrollo del perforador pequeño Mescinia peruella y
del esqueletizador de la hoja Bucculatrix thurberiella. La sabiduría
popular ha sintetizado la importancia de estas relaciones con la frase "el que
sabe regar sabe cultivar algodón".
La introducción de una nueva práctica cultural, o la modificación a una
práctica antigua, puede no tener un impacto inmediato en el complejo de
plagas sino después de períodos relativamente prolongados, tiempo en el
que se produce el ajuste de las poblaciones de los insectos y otros elementos
del medio agrícola a las nuevas condiciones (Smith y Reynolds 1968).
Cualquier cambio que se proponga debe hacerse con cautela y solamente
después de analizar las razones por las que los agricultores locales han
adoptado ciertas prácticas, ya que ellas normalmente se derivan de una
larga experiencia con éxitos y fracasos.
Las labores culturales pueden orientarse fundamentalmente a la destrucción
de las fuentes de infestación de las plagas; a la interrupción de sus ciclos de
desarrollo; a la vigorización de las plantas para conferirles mayor tolerancia a los
ataques; a formar condiciones microclimáticas desfavorables para el desarrollo
de las plagas; a eludir las estaciones del año que resultan favorables para los
insectos; y al empleo de plantas-trampa. También se suele considerar dentro
del control cultural, la utilización de plantas resistentes o tolerantes a las
plagas.
DESTRUCCIÓN DE LAS FUENTES DE INFESTACIÓN
Puede distinguirse dos tipos de fuentes de infestación o reservorios de
donde las plagas pasan a los cultivos: (a) aquellas que permiten la
sobrevivencia de las plagas de una campaña a otra y (b) aquellas que
favorecen el incremento de las poblaciones de insectos en el transcurso de la
campaña agrícola.
Con frecuencia, una plaga pasa de una campaña a otra entre los residuos
de la cosecha anterior o en el suelo; sea en formas invernantes especiales o
simplemente en forma pupales no invernales. En otros casos las plagas
permanecen en plantas hospederas intermedias o alternantes incluyendo
plantas voluntarias o "huachas".
Dentro de la misma campaña, el incremento de los insectos dañinos puede
favorecerse con la presencia de malezas hospederas y la persistencia de
frutos y otros órganos infestados que caen al suelo. En el caso de plagas
migrantes, como las langostas, en las áreas de reservorio se producen
las multiplicaciones intensas antes de que ocurran las migraciones masivas a
los campos cultivados.
Para eliminar las fuentes de infestación se recomiendan las siguientes
medidas; destrucción de los residuos de cosecha, eliminación de malezas y
limpieza de los bordes del campo, podas y quema de órganos infestados, y
destrucción de pupas en el suelo mediante araduras.
DESTRUCCIÓN DE RESIDUOS DE COSECHA
La destrucción de los residuos de cosecha, recogiéndolos y quemándolos,
o incorporándolos dentro del suelo por medio de araduras, acaba con las
poblaciones de insectos que se albergan en el rastrojo. De esta manera se
reducen las poblaciones iniciales de ciertas plagas para la siguiente campaña
agrícola. En la aplicación de estas medidas debe tenerse en cuenta los riesgos
de erosión que puedan presentarse bajo ciertas circunstancias. En la costa del
Perú, donde no existen vientos fuertes, pendientes pronunciadas, ni lluvias
intensas no hay mayores riegos de erosión; en cambio en la sierra y en la ceja
de la selva deben tenerse en cuenta estas consideraciones.
La destrucción de los residuos del cultivo de algodonero incluye la extracción,
amontonamiento, y quema de los tocones de las plantas que quedan en el
suelo ("destaconado" o "despalote") Esta práctica reduce sustancialmente
plagas importantes como el gorgojo de la chupadera (Eutinobothrus
gossypii Pierce); pulgones harinosos (Phenacoccus gossypii T. & C.,
Pseudococcus neomaritimus Bearley, Ferrisiana virgata Cockrell); piojo
blanco (Pinnaspis strachani Cooley) y disminuye el inoculo de serias
enfermedades como la "marchitez" (Fusarium oxysporum y F. vasinfectum
en el norte y Verticillium. alboatrum en la costa central) y la pobredumbre
radicular (Thielaviopsis basteóla) (Herrera 1978). Cuando se trata del
algodonero de rebrote o "soca" en el que los tocones quedan para rebrotar en
la siguiente campaña, se procede a limpiar de tierra y rastrojos la base de
los tallos ("descaíate"), con lo que se destruyen todos aquellos insectos que se
protegen en estos lugares especialmente en forma de pupas. Para evitar altas
poblaciones del piojo blanco la poda para el rebrote o "chapodo de la soca"
debe hacerse lo más bajo posible.
El pastoreo de los animales sobre los restos del cultivo pueden ayudar a
eliminar un gran número de insectos, siempre y cuando no existan residuos
de insecticidas. En el Perú el pastoreo con cabras o "chivateo" se utiliza en
el algodonero tanto con los residuos de la cosecha como sobre los brotes
precoces del algodón de rebrote o "soca". La destrucción de los brotes
precoces reduce las infestaciones tempranas del picudo peruano Anthonomus
vestitus, del barrenador de brotes y botones Crocidosema plebeina
Zeller, del perforador pequeño de las bellotas Mescinia peruella
Schaus, y aún de Heliothisvirescens, con lo que el brotamiento general del
campo resulta más sano. En cambio, en Texas (Estados Unidos) el
pastoreo intensivo de los campos de algodón por cabras o ganado vacuno
no reduce sustancialmente las infestaciones del gusano rosado de la India
Pectinophora gossypiella (National Academy of Science 1969).
En el caso del maíz, el corte y ensilaje de las plantas puede reducir
notablemente las poblaciones del barreno del tallo Diatraea saccharalis, pero
la labor debe completarse con una pronta extracción y quema de los tocones,
pues en ellos se suelen encontrar numerosas pupas de este insecto.
En el cultivo de la papa, la destrucción del rastrojo y de los tubérculos
infestados es una buena práctica contra las poblaciones de la polilla
Phthorimaea operculella (Zeller), el gorgojo de los Andes (Premnotrypes spp.)
y otros insectos. Estas labores deben complementarse con el "repaso" para
recoger todos los tubérculos que no llegaron a ser cosechados y que pueden
transformarse en centros de multiplicación de las plagas mencionadas y de
otras especies.
Muchas hortalizas dejadas en el campo o en las inmediaciones de los
centros de empaque albergan diversas plagas por lo que es recomendable su
destrucción o utilización en la alimentación del ganado lo más pronto posible.
DESTRUCCIÓN DE MALEZA Y LIMPIEZA DE BORDES DEL CAMPO
Las malezas de los canales de irrigación, acequias y bordes de campo
suelen constituir refugios intermedios de diversas plagas entre una campaña
agrícola y la siguiente. También constituyen reservorios de diversas
enfermedades. Desde este punto de vista su destrucción es aconsejable;
pero esta medida debe sopesarse con la posibilidad de que la misma
vegetación albergue y asegure la permanencia de la fauna benéfica,
parásitos y predadores de las plagas, que se encuentran transitoriamente
viviendo sobre insectos hospederos alternantes. Este aspecto se
considera en el capituló sobre Control Biológico.
En el cultivo del algodonero del país, la limpieza de los bordes de los campos
favorece el control del arrebiatado Dysdercus peruvianus y del "picudo"
Anthonomus vestitus que se hospedan en malváceas silvestres tales como
Sida panniculata y Malachra spp. De la misma manera la eliminación de la
"grama china", Sorghum halepense (L), priva de un hospedero intermediario
a la Contarinia sorghicola (Coquillet) que infesta las panojas del sorgo. Las
malezas de los bordes y acequias suelen ser fuentes de virus que al mismo
tiempo hospedan a sus vectores, particularmente al pulgón Myzus pérsicas.
Dentro del campo, las malezas no solamente son competidoras de
nutrientes, luz y agua de los cultivos, sino que pueden favorecer el desarrollo
de varias especies de plagas y enfermedades por lo que es aconsejable su
destrucción. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, en algunos casos, la
destrucción de malezas infestadas de plagas puede provocar su
concentración en el cultivo; esto es particularmente evidente en infestaciones
de nocluidos y arañitas rojas. Dadas las particularidades de las especies
vegetales, las plagas y la fauna benéfica presentes en los campos, las
generalizaciones no siempre son válidas. En Hawaii, por ejemplo, se ha
demostrado (Tophan y Beardsley, 1975) que el control químico de las malezas
en los campos de caña de azúcar, al eliminar fuentes de néctar, principalmente
Euphorbia spp., reduce las poblaciones de la mosca Lixophaga sphenophori
(Villeneuve), parásita del gorgojo de la caña. Rhaddoseelus obscurus.Como
consecuencia se reduce la eficiencia parasitaria de la mosca.
PODAS Y DESTRUCCIÓN DE ÓRGANOS INFESTADOS
La recolección de frutos infestados retenidos por las plantas o caídos en el
suelo y su destrucción ha sido tratado en el Capítulo de Control Mecánico.
La práctica es factible sobre todo en propiedades pequeñas y medianas y,
para que su efecto sea más beneficioso, es aconsejable coordinar estas
labores con los agricultores vecinos.
Las podas de los árboles frutales suelen ser prácticas comunes en la
conducción de los huertos. Desde el punto de vista fitosanitario deben
considerarse las podas de las ramas infestadas fuertemente por queresas y
otras plagas como los insectos barrenadores. En ambos casos se produce
debilitamiento de las ramas infestadas que puede extenderse hasta producir
la muerte de las plantas o, por lo menos, reducir la capacidad de
recuperación de la planta si las ramas no son podadas oportunamente. Las
ramas cortadas deben ser retiradas del campo y quemadas para evitar el
traslado de migrantes de queresas o de insectos adultos barrenadores a las
plantas sanas. En programas de rehabilitación de huertos fuertemente
infestados por queresas, como sucede con durazneros atacados por la
escama blanca Pseudaulacaspis pentágona y, más raramente, con los cítricos
jóvenes atacados por el piojo blanco Pinnaspis spp., las podas drásticas
pueden provocar una reacción favorable de los árboles formando nuevas
copas con ramaje sano.
DESTRUCCIÓN DE PUPAS EN EL SUELO
Muchos insectos empupan en el suelo para completar su ciclo biológico o
para pasar el período invernal en estado de diapausa. En tales casos la
roturación del suelo con el arado provoca la destrucción de las cámaras
pupales, o la profundización de las pupas imposibilitando la emergencia normal
de los adultos o, por el contrario, las extrae exponiéndolas al frío, a la
desecación por el calor, o a la acción predatora de los enemigos naturales.
Entre éstos últimos son comunes los escarabajos predatores del suelo carábidos
y cicindélidos. También las aves ejercen su acción predatora sobre pupas y
larvas expuestas con las araduras. En ciertas épocas del año es común ver en
la costa del Perú bandadas de gaviotas o "pericas" que se posan en el suelo
siguiendo el paso del arado y devorando gran cantidad de insectos.
Las araduras des pués de las cosechas incorporan el suelo los restos
de tocones, malezas y plantas aisladas conjuntamente con los insectos que
albergan y que quedan así enterrados. Las araduras afectan también a las
larvas de vida subterránea como los gusanos de tierra, los gusanos alambre y
los gusanos blancos, que quedan expuestos a los predatores y privados de
alimentos por la destrucción de las plantas hospederas.
VIGORIZACION DE LAS PLANTAS Y USO DE FERTILIZANTES
En general se considera que las plantas más vigorosas; es decir aquéllas
que crecen en suelos naturalmente fértiles o que se encuentran bien
fertilizados, son capaces de tolerar mejor los ataques de las plagas. Así
ocurre con el Bucculatrix que se desarrolla bien en algodones cultivados en
suelos pobres o mal fertilizados. Por otro lado, las plantas de vid infestadas
por filoxera pueden soportar mejor los ataques de esta plaga cuando se
mantienen bien abonados. Estas generalizaciones sin embargo, no
siempre tienen validez. En' muchos casos ocurre lo contrario; las plagas
prefieren y se desarrollan mejor en plantas lozanas, bien fertilizadas y sobre
todo cuando existe algún exceso de nitrógeno. Es bien conocido que el
Heliothis prefiere plantas de algodonero en buen desarrollo vegetativo y en
ellas crece y se multiplica rápidamente.
El tipo de fertilizante influye en la multiplicación de ácaros e insectos así
como en el favorecimiento del desarrollo de ciertas enfermedades, estando
sus efectos influenciados por el tipo de suelo, la clase de planta y,
naturalmente, la especie de insecto o acaro. En general los fertilizantes que
favorecen el incremento de las sustancias nitrogenadas solubles
(aminoácidos) en la hoja o en el floema favorecen e desarrollo y la
multiplicación de arañitas rojas, áfidos, cigarritas verdes y otros insectos. En
ciertos casos también es importante la proporción de azúcares reductores
presentes.
Las fertilizaciones nitrogenadas en exceso aceleran el desarrollo e
incrementan la capacidad de reproducción de la arañita roja de los cítricos y otras
especies de ácaros (Jeppson 1965); del pulgón Myzus persicae y otras especies
de áfidos, de cigarritas verdes, cochinillas harinosas y otros insectos picadores-
chupadores. En este efecto tiene importancia el tipo de fertilizante; así
aquéllos que contienen amonio suelen tener mayor efecto en el incremento de
los aminoácidos de la planta (Van Endem, 1966). Además de la influencia del
nitrógeno en el valor nutritivo de la planta, se nota también un efecto en la
estructura; las plantas suelen tener hojas más grandes y abundantes que
afectan substancialmente el microclima favoreciendo la proliferación de diversas
plagas.
El potasio suele tener un efecto inverso al nitrógeno. Las deficiencias de este
elemento tienden a incrementar las poblaciones de aquellos insectos que son
favorecidos por el exceso de nitrógeno, y un exceso de potasio tiende a
disminuir esas poblaciones. Por esta razón la fertilización potásica debe
balancear la fertilización nitrogenada (Chaboussou 1971).
El exceso de calcio en las hojas de cítricos favorece el desarrollo de las escamas
Aonidiella atiranta, Lepidosaphes beckii y de la lapilla Saissetia oleae, sobre
todo en los suelos arenosos (Chaboussou 1971).
Los fosfatos favorecen el desarrollo temprano de las raíces del trigo por lo que
las plantas quedan en condiciones de soportar mejor los ataques de insectos
subterráneos como los gusanos alambre.
EVITACION DE ESTACIONES FAVORABLES A LAS PLAGAS
EL cultivo de las plantas anuales en la época del año en que las plagas se
encuentran ausentes o con baja incidencia natural, es una práctica agrícola que
permite escapar a las fuertes infestaciones de ciertas plagas. Según las
características de las plantas, de las plagas y de las condiciones ecológicas, la
práctica puede consistir en siembras adelantadas o, por el contrario y más
raramente, en siembras tardías.
En las zonas de climas templados se trata de explotar el reducido período de
oviposición de las hembras de insectos que emergen en la primavera; o el tiempo
en que se producen los movimientos migratorios de las plagas. Así, en los
Estados Unidos pueden evitarse infestaciones serias de Heliothis zea y
Spodoptera frugiperda en los estados del norte mediante siembras
adelantadas de maíz, pues estas plagas invernan solamente en el sur y de allí,
cada año migran gradualmente hacia el norte. En Japón se recomienda la siembra
adelantada de la soya (Kobayashi et al 1972). Por el contrario, en la parte
central de Texas (Estados Unidos) se busca la siembra tardía del algodonero
que retrasa la época de fructificación. De esta manera, cuando se produce la
emergencia de los adultos del gusano rosado de la India, todavía no existen frutos
que puedan ser infestados.
En las condiciones de la Costa del Perú se tienen algunos cultivos que son
propios de cierta estación del año y otros cultivos que se siembran
indistintamente en cualquier época. Se recomienda que los cultivos estacionales
como el algodonero y la papa se siembren en sus respectivas estaciones
(primavera e invierno en la costa central) lo más temprano posible y en el
período más corto; pues los cultivos tardíos suelen sufrir las infestaciones más
severas. Con las siembras tempranas del algodonero se reducen las infestaciones
del picudo y de muchas otras plagas.
El cultivo del maíz se realiza durante todo el año, pero las infestaciones de
Elasmopalpus, del cogollero y del barreno son más severas durante los meses
calurosos. En el caso de variedades particularmente susceptibles como el maíz
pardo para "choclo", su cultivo es recomendable solamente en los meses fríos;
de lo contrario, los múltiples problemas fitosanitarios que se presentan lo
transforman en un cultivo antieconómico.
En los Estados Unidos el control del gusano rosado del algodonero a base de
insecticidas demostró ser difícil y costoso. La respuesta práctica se logf ó en
Texas Con la adopción de una práctica cultural: el cultivo de variedades
precoces sembrados adelantadamente o, al contrario, tardíamente escapando así
a la época de mayor incidencia de la plaga. Este método se ha extendido a otros
estados.
INTERRUPCIÓN DE LA SUCESIÓN DE GENERACIONES DE LOS
INSECTOS
Es un hecho ampliamente conocido que la sucesión, campaña tras campaña,
de un mismo cultivo sin mayores intervalos tiende a agravar los problemas de
plagas y enfermedades. Esta situación se da tanto en un solo campo como en
áreas más extensas; y cuando más amplias son las zonas sujetas a la sucesión
del mismo cultivo, más graves son los problemas que se crean. Smith y Reynolds
(1968) mencionan que en el Distrito de Neiva, Estado de Huila, en Colombia,
se cultivaba algodón durante el primer semestre de cada año sin mayores
problemas hasta que en 1961 se decidió hacer dos campañas al año. Al poco
tiempo se acentuaron los problemas sanitarios a tal grado que se produjo la ruina
económica de los agricultores. Un efecto parecido ocurre cuando las campañas
sucesivas se realizan con cultivos susceptibles a las mismas plagas, o cuando
las campañas agrícolas de un cultivo se extienden excesivamente debido a
períodos se siembra demasiado dilatados. En todos estos casos los insectos
encuentran hospederos favorables para su desarrollo durante todo el año o gran
parte de él. Para interrumpir la sucesión de los ciclos de vida de los insectos se
emplean dos prácticas básicas: los "períodos de campo limpio" y la "rotación de
cultivos".
Período de campo limpio
El período de campo limpio consiste en mantener el área agrícola y sus
alrededores libres del cultivo y de otras plantas hospederas de las plagas
principales por un período relativamente prolongado, generalmente no menor de
dos o tres meses. En ese lapso, los insectos adultos que emergen de la
campaña anterior no encuentran plantas para ovipositar y los estados larvales
que no completaron su ciclo en el cultivo previo mueren por falta de alimento.
Para obtener resultados satisfactorios la medida debe aplicarse sobre un área
extensa. La amplitud en tiempo del período de campo limpio se logra
estableciendo fechas determinadas para la siembra, para la cosecha y para
la destrucción de los residuos del cultivo. Esto solamente puede coordinarse
mediante disposiciones reglamentarias obligatorias.
Como consecuencia adicional de las medidas anunciadas, se tienen cultivos
con estados de desarrollo más uniformes, que permanecen expuestos a las
plagas por menos tiempo, que suelen tener infestaciones iniciales más bajas y en
los que es posible coordinar mejor la aplicación eficiente de otras medidas de
control.
El período de campo limpio en el cultivo del algodonero, en los valles de Perú
incluyen la eliminación del algodón de rebrote o "soca". Precisamente a esta
medida se debe que el gorgojo de la chupadera, Eutinobothrus gossypii, haya
dejado de ser problema de primara magnitud en los valles del norte. En los valles
de la costa central donde por consideraciones especiales se permite el cultivo
de la "soca", era obligatoria la práctica del "descalate", antes mencionada,
para destruir los insectos que se cobijan en el suelo alrededor de las plantas. El
campo limpio incluye la eliminación de malváceas silvestres que hospedan al
chinche manchador o arrebiatado y al picudo del algodonero.
En los valles de la costa norte del Perú se ha dispuesto el período de campo
limpio en el cultivo del arroz, como práctica destinada a disminuir la incidencia de
la cigarrita marrón del arroz (Sogatodes oryzicola Miur), vector de la
enfermedad virósica de la "hoja blanca" en este cultivo.
En el caso de frutales frente al problema de las moscas de la fruta, el
criterio de período de campo limpio se cumple estableciendo una época
carente de frutos. Esto puede lograrse mediate la eliminación de las
especies de árboles que fructifican en períodos intermedios entre las épocas
de producción principal de frutas; o por la eliminación de los frutos fuera de la
estación principal de producción. En la costa norte se recomienda la
eliminación de la "ciruela criolla", Spondia spp. y otros frutos silvestres que
cierran el ciclo de hospederos de las moscas que atacan a los mangos
(Herrera y Viñas 1977); y en la costa central se recomienda la eliminación
de la guayaba. Para reducir las infestaciones de la mosca mediterránea en
huertos de naranjos, Beingolea y colaboradores (1969) reportan como medida
exitosa el recojo y eliminación de los frutos adelantados con respecto a la
maduración general.
Rotación de Cultivos
La rotación de cultivos, desde el punto de vista fitosanitario, consiste en
alternar, en campañas agrícolas sucesivas, cultivos diferentes que no sean
atacados por las mismas plagas. Esta medida es particularmente eficiente
contra insectos que tienen rangos restringidos de plantas hospederas y
escasa capacidad de migración. Al establecer las rotaciones deben tenerse en
cuenta también los aspectos agronómicos y económicos de los cultivos.
En la costa central del Perú se suele rotar papa con maíz o algodón con frijol.
De esta manera se interrumpen las generaciones de perforadores de tallos del
maíz y de los tubérculos, de las moscas minadoras y de los áfidos de la
papa; del barreno de la caña y, hasta cierto punto, del cogollero del maíz; de
los diversos gusanos de la hoja y de las vainas del frijol. En la selva la
rotación de leguminosas reduce las infestaciones del gusano blanco en los
campos de gramíneas.
Si un cultivo susceptible a una plaga es seguido por otro igualmente
susceptible se favorece el desarrollo de la plaga y sus daños se acentúan. Tal
es el caso del cultivo del garbanzo siguiendo al algodonero en algunas
áreas del Departamento de Lambayeque en el norte del Perú. Ambos
cultivos son atacados por el Heliothis virescens conocido como
perforador grande de la bellota del algodonero y gusano silvador del
garbanzo.
FORMACIÓN DE CONDICIONES DESFAVORABLES PARA LAS PLAGAS
Diversas prácticas agrícolas pueden resultar desfavorables para el
desarrollo de las plagas al modificar las condiciones microclimáticas del
cultivo, la morfología y fisiología de la planta, o al interferir directamente en la
sobrevivencia de la plaga. Entre estas prácticas se encuentra la densidad de
siembra, la regulación de los riegos y las fertilizaciones, el control del
desarrollo vegetativo de la planta, y las podas de los árboles frutales.
Algunos aspectos de estas prácticas han sido tratadas en capítulos anteriores.
Control de la densidad
En general se considera que una densidad alta, como consecuencia de la
poca distancia entre plantas y/o entre surcos, tiende a producir un
ambiente de alta humedad y reduce la insolación debajo del follaje. Estas
condiciones favorecen a numerosas especies de insectos y
enfermedades de las plantas. Entre los insectos se puede mencionar a los
áfidos y al Heliothis del algodonero; y entre las enfermedades a la oidiosis
de diversas plantas. Una buena insolación, lograda por el distanciamiento
adecuado y por la orientación de los surcos de este a oeste reduce la
incidencia del picudo peruano del algodonero (Beingolea 1957). Por otro lado,
una mayor y rápida cobertura del suelo por el desarrollo del cultivo reduce la
incidencia de malezas.
Existen algunas especulaciones sobre el rol que puede tener la
densidad y la alternancia de áreas cubiertas y libres de plantas, en la
atractividad visual de los insectos que pasan volando sobre el campo del
cultivo. Se dice que la alternativa resulta más atractiva para ciertos insectos.
Control de los riegos y la fertilización
En áreas en que la agricultura se hace fundamentalmente a base de riegos,
como es la costa del Perú, el control de la intensidad y frecuencia de los riegos
tiene particular importancia. Si bien los factores determinantes del riego son el
tipo del suelo y los requerimientos hídricos del cultivo, el manejo del riego,
dentro de ciertos límites, influye en la tasa de crecimiento vegetativo de la
planta, su arquitectura, desarrollo y consistencia de las hojas, la formación de
los frutos y su maduración. Estos factores a su vez tienen influencia sobre el
desarrollo de las plagas.
Uno de los cultivos sobre los cuales existe gran experiencia en el manejo de
riegos en el país es el algodonero. Los riegos ligeros a intervalos cortos,
complementados con fertilizaciones fraccionadas son más recomendables
que los riegos pesados y distanciados; de esa manera se logran plantas con
desarrollo vegetativo restringido y buena retención de frutos, con madurez
rápida y uniforme. En caso contrario el desarrollo vegetativo es exagerado, con
entrenudos largos y ramas laterales cortas, hojas anchas y suculentas, escasa
fructificación y se retrasa la cosecha. El período de fructificación se extiende y
la planta queda expuesta al ataque de las plagas por un tiempo más prolongado.
En forma específica, los riegos restringidos limitan el desarrollo del Heliothis
del algodonero ya que este insecto prefiere para ovipositar las plantas con
terminales suculentos. Por otro lado el riego deficiente favorece el desarrollo
de Mescinia y Bucculatrix.
En el cultivo del maíz, un riego pesado o de inundación puede destruir una
gran proporción de gusanos de tierra, elatéridos o gusanos alambre y
Elasmopalpus o perforador de las plantas tiernas del maíz. Este último
insecto también ataca el frijol y otras leguminosas, pero con estos cultivos no
se puede utilizar la práctica del riego pesado pues el exceso de agua favorece el
desarrollo de hongos del suelo ("chupadera fungosa") a los que muy
susceptibles el frijol y otras leguminosas.
El riego oportuno para evitar el resquebrajamiento de la superficie del suelo
proteje a los tubérculos de papa contra la polilla.
Práctica del "despunte"
Un control adicional del desarrollo vegetativo de las plantas como el
algodonero se logra mediante la práctica del "despunte", "desmoche" o
"topping". Esta práctica consiste en el corte del brote terminal de la planta con
el fin de detener el desarrollo de altura en beneficio de las ramas ya formadas. El
despunte ayuda a retener los órganos de fructificación y favorece una
maduración más temprana y uniforme. En la práctica del despunte se eliminan
también los brotes, como huevos y pequeñas larvas de Heliothis. Las hojas se
vuelven menos suculentas, casi coriáceas, que desfavorecen el desarrollo del
Heliothis y los gusanos de la hoja (Piedra 1958).
Práctica del aporque
En los cultivos de tubérculos como la papa, sobre todo cuando la tuberización
ocurre muy superficialmente, se recomienda efectuar buenos aporques para
que los tubérculos queden bien protegidos. Se considera que esta práctica
reduce las infestaciones de campo de la polilla de la papa Phthorimaea
operculella en los tubérculos; y si posiblemente también tenga algún efecto contra
el gorgojo de los Andes. Aunque esto no ha sido verificado.
Plantas trampa
Se consideran plantas trampa a aquéllas que son preferidas por la plaga y
que normalmente son infestadas antes de que se produzcan las infestaciones en
el cultivo principal. El valor de las plantas trampa como medio de control de
plagas no está muy bien establecido y con frecuencia hay discrepancias
entre los especialistas; hasta se dan reportes contradictorios. Es posible que
la falta de consistencia en los resultados de los pocos experimentos que se han
llevado al respecto se deba a los múltiples factores que intervienen en cada
caso, incluyendo la relativa atractividad de la planta trampa, su estado de
desarrollo respecto al cultivo, la proporción de área que cubre, y su
localización respecto al cultivo principal y a las fuentes de infestación.
En general, aunque no siempre, se recomienda que las plantas trampa
se siembren antes que el cultivo principal. Estas plantas pueden ser
destruidas conjuntamente con las plagas antes que éstas lleguen a completar
su primer ciclo o, alternativamente, en ellas se pueden concentrar las
aplicaciones de insecticidas para destruir a los insectos que albergan antes de
que éstos puedan pasar al cultivo principal.
Para el control del escarabajo crisomélido de la hoja de la soya, Cerotoma
trifurcata, en Louisiana, (Estados Unidos) se ha tenido éxito utilizando como
plantas trampa unos pocos surcos con una variedad de maduración precoz,
sembrada adelantada en diez a quince días. Estas plantas concentran a los
escarabajos adultos que invaden el campo y allí se les controla mediante
aplicaciones restringidas de insecticidas (Newson, 1976).
En la costa del Perú se utiliza maíz intercalado en los campos del
algodonero y se acepta que esta práctica es positiva. Por un tiempo se
consideró que las plantas del maíz tendrían un doble papel; por un lado
actuarían como plantas trampa para la oviposición del Heliothis en los
pistilos frescos del maíz y por otro lado favorecería el desarrollo de la fauna
benéfica. En realidad la mayoría de los huevos depositados en los pistilos
pertenecen a H. zea y muy pocos al H. virescens, la plaga del algodonero.
En el maíz abundan las chinches predadoras, crisopas y otros insectos
benéficos que fácilmente pasan al algodonero. Para obtener una mayor
eficiencia se debe disponer de pistilos frescos ("barbas de choclo") por un
período prolongado. Esto puede lograrse con la siembra escalonada de una
variedad de maíz o con la siembra simultánea de maíces precoces y tardíos.
El maíz debe cosecharse antes de la maduración de la mazorca para evitar el
posible incremento en las infestaciones de Pococera atramentalis que daña al
maíz y también perfora a las bellotas del algodonero.
Existen muchas otras plantas que tienen un efecto estraordinariamente
atrayente y que podrían ser usadas como plantas trampa. Lamas (1966)
sugirió el uso de una malvácea silvestre del género Urocarpidium como
planta trampa para el arrebiatado (Dysdercus peruvianus) del algodonero.
Ensayos posteriores por el mismo autor han dado resultados muy
promisorios. En este caso las parcelas de Urocarpidium pueden ser tratadas
con un potente insecticida sistémico, como el aldicarb, de manera que los
insectos que succionan su savia queden envenenados.
Cultivos asociados
Los pequeños agricultores suelen asociar dos o más cultivos con el objeto
de asegurarse diversidad en la cosecha, reducir el riesgo frente a condiciones
desfavorables y optimizar el uso del terreno.
Se considera que, adicionalmente, la asociación de cultivos contribuye a
reducir las incidencias de plagas y enfermedades en comparación a los
monocultivos. No hay una evidencia clara de este efecto; aunque hay reportes
que indican que la asociación de maíz y frijol contribuye a reducir las plagas
del maíz (Flor y Francis, 1976) y del frijol (Soto, 1987).
RESISTENCIA DE LAS PLANTAS A LOS INSECTOS
Las variedades de plantas que se cultivan, en la mayoría de los casos, son
el resultado de selecciones y mejoramientos genéticos en los que se ha
buscado fundamentalmente mejorar la calidad de los frutos y/o aumentar los
rendimientos. El aspecto sanitario, sobre todo en lo que a resistencia o
tolerancia a plagas se refiere, no ha constituido un criterio básico de
selección; con algunas excepciones, como la selección de cereales resistentes a
las royas. Por el contrario, con frecuencia se ha sacrificado la capacidad de las
plantas para defenderse de las plagas y enfermedades en aras de la mejor calidad
y rendimientos de las cosechas. Este criterio está cambiando en forma
substancial debido a los casos, cada vez más comunes, de cultivos "mejorados"
que resultan particularmente susceptibles y que requieren condiciones de
protección que muchas veces no están al alcance de los agricultores.
En la naturaleza, afortunadamente, se presentan plantas que exhiben
ciertos grados de resistencia; es decir que resultan menos dañadas que otras
plantas en condiciones similares de infestación. El reconocimiento de este
fenómeno es bastante antiguo. Desde principios del siglo pasado se sabe que el
manzano Maluspumita Miller es resistente al pulgón lanígero Eriosoma
lanigerum (Haúsm.), grave plaga de las raíces y de las ramas del manzano
cultivado. A mediados del mismo siglo se descubrió que las vides norteamericanas
eran altamente resistentes a los ataques de la filoxera a las raíces, aunque no
al follaje. Este descubrimiento fue de gran importancia para la época, pues
entonces la vid europea Vitis vinifera L. era diezmada por los ataques de
filoxera a las raíces. Desde entonces el control más apropiado para esta plaga
ha sido el uso de patrones resistentes derivados de las especies de vides
norteamericanas.
Si bien las características de altos niveles de resistencia se descubren sobre
todo en especies de plantas primitivas, es común comprobar que entre las
variedades normalmente cultivadas se presentan distintos grados de
susceptibilidad o resistencia; los maíces pardos para choclos son más
susceptibles a los ataques de lo gusano de la mazorca y del cañero que los
maíces duros amarillos; las variedad de manzano San Antonio es más
susceptible a los ataques del pulgón lanígero de las ramas, que las variedades
selectas como Red Delicious; los tabacos rubios y semirubios (Burley) son
mas susceptibles al Phthorimaea que los tabacos negros. Muchos otros
ejemplos pueden citarse entre las diversas variedades de los cultivos en
relación con determinadas plagas.
La resistencia de las plantas tiende a ser una forma de control permanente de la
plaga sobre todo cuando esta condición se debe a la concurrencia de múltiples
factores genéticos (genes); pero cuando la resistencia se debe a un solo factor o a
muy pocos, no puede descartarse la posibilidad de que los insectos desarrollen
biotipos o razas fisiológicas que venzan la resistencia de la planta. En algunos
casos se presentan biotipos que divergen grandemente de las formas originales.
Por ejemplo la filoxera de la vid normalmente ataca a las raíces de las vides
europeas pero no al follaje; en cambio en nuestro país el biotipo presente ataca
tanto a las raíces como al follaje de estas vides.
Mecanismos de Resistencia
Los factores o componentes de la resistencia de las plantas a las plagas, según
Painter (1951), corresponden a las categorías de no preferencia o antixenosis,
antibiosis, y tolerancia, a lo que podría agregarse la resistencia mecánica. En
cada una de las categorías se pueden presentar diferentes niveles de
resistencia los que a su vez, corresponden a diferentes factores genéticos. Una
misma planta puede exhibir una condición de resistencia por causa de
diferentes factores, incluyendo aquellos de diferentes categorías.
L a n o - p r e f e r e n c i a e s l a característica de una planta de no ser escogida
por el insecto como substrato de oviposición, de alimento o de refugio. La no-
preferencia puede ser relativa, es decir que se expresa cuando otra planta, que
es susceptible o preferida, está presente; o puede ser absoluta, si el efecto
de no-preferencia se mantiene aún cuando no se presentan otras plantas
susceptibles. Las plantas de algodón de hojas ultralisas son menos preferidas
por el Heliothis para la oviposición que las hojas normales que presentan alguna
pubescencia sobre todo en las hojas terminales. Las variedades de arroz Minabir,
Mochica y Radin China son menos preferidas por la cigarrita Sogata oryzicola
Muir que la variedad IR-8 (Casanova 1970).
Los mecanismos de la no-preferencia pueden ser químicas (ausencia de
sustancias atrayentes o presencia de sustancias repelentes) o mecánicos
(superficies pubescentes o lisas).
La antibiosis es el efecto adverso que tiene una planta al desarrollo normal
del insecto, sea causándole mortalidad en sus primeros estadios, retardando
su desarrollo, disminuyendo su tamaño o reduciendo la capacidad de
reproducción de los adultos. Se considera que la antibiosis se debe a la
presencia de substancias químicas que son de alguna forma perjudiciales para
el insecto, a la ausencia de algunos nutrimientos esenciales, o al
desbalance entre las substancias nutritivas.
La presencia de gosipol en el algodonero, particularmente en las glándulas
pigmentadas de los botones, retarda el desarrollo del Heliothis.
Desarfortunadamente el alto contenido de gosipol parece estar relacionado
con la producción de bellotas más pequeñas, y con la substancia en sí
constituye una impureza tóxica en el aceite de semilla de algodón. El algodón
Tangüis que se cultiva en la costa central tiene un contenido de gosipol
relativamente alto, en comparación con los algodones Pima de la costa norte.
A partir de la década de 1980 se han ensayado métodos biotecnológicos
para introducir en las plantas genes de microorganismos capaces de
sintetizar substancias tóxicas contra los insectos. De esta manera, las
plantas producirían sus propios insecticidas. En tabaco se ha logrado la
producción de la toxina de Bacillus thuringiensis y se esta trabajando para
hacer lo mismo con la papa. Sin embargo, habiéndose registrado algunos
casos de desarrollo resistencia de insectos a esta toxina es posible que la
"resistencia" adquirida por las plantas debido a la presencia de estas
substancias sea vencida eventualmente (Tabashnik, B.E., N.L.Gushing,
N. Finson and M.W. Johnson, 1990).
Las plantas de algodón carentes de nectarios limitan la capacidad de
reproducción del Heliothis y otros lepidópteros adultos al privarlos de una
fuente de alimento.
La Tolerancia es la capacidad de una planta de producir cosecha a pesar
de la presencia de la plaga en cantidad que reduciría la producción de la
planta no tolerante. Normalmente se debe a la cualidad de recuperación o
reacción de la planta para compensar los órganos perdidos, o la formación
de estos órganos en exceso, más allá de los requerimientos de la planta.
La resistencia mecánica consiste en la exclusión del insecto de llegar a los
órganos o tejidos susceptibles, por mecanismos de protección o por la
formación de tejidos duros que interfieren con el desarrollo del insecto. Las
mazorcas de maíz con brácteas bien desarrolladas protegen a los granos
lechosos de los ataques de las moscas Euxesta y, cuando secos, de las
infestaciones de campo de Sitophilus oryzae. Ambos insectos atacan
fácilmente a las mazorcas no bien cubiertas por las brácteas. En el
almacenamiento de arroz en cascara, las variedades que presentan fisuras
en la cascara se infestan más fácilmente que aquellas variedades con el
grano totalmente cubierto (Link y Róselo 1972).
Existen otros mecanismos de resistencia que difícilmente encajan en las
categorías previamente mencionadas. Por ejemplo, los pelos (o tricomas)
grandulares que producen sustancias pegajosas que se endurecen
rápidamente inmobilizando a los insectos, o las reacciones de hipersensibilidad
de las plantas que interfieren con la reproducción o la alimentación de los
insectos. Entre estas reacciones está la muerte rápida del tejido que rodea
a los huevos incrustados en la planta, a la extrusión de estos huevos por un
crecimiento rápido de las células que lo rodean, o el aislamiento de las
larvas minadoras o barrenedoras por la muerte del tejido que las rodea
(Fernández, 1990).
La condición de inmunidad se da cuando el grado de resistencia de una
planta es tan alto que no permite su ataque por la plaga. El membrillero, que
se utiliza en nuestro país como patrón del manzano no es atacado por el
pulgón lanígero; en otros países donde no se usa este patrón, se han
desarrollado con este fin variedades de manzano que son inmunes a este
insecto. La variedad de durazno Okinawa es inmune al nemátodo del nudo,
plaga severa en nuestra costa; de la misma manera el café Robusta, Coffea
canephora, es inmune al ataque del nematode del nudo (Liceras 1968).
Aspectos genéticos de la resistencia de las plantas
Las características de resistencia o susceptibilidad de las plantas a las
plagas o enfermedades responden a los mecanismos genéticos y a sus leyes
de herencia.
Los procesos de incorporación de las características de resistencia a las
variedades cultivadas presentan grados de simplicidad o complejidad muy
diversos. Todo esto, según se trate de características gobernadas por un solo
gen, por unos pocos o por muchos genes; que dichos factores sean
dominantes o recesivos; que existan otros efectos genéticos indeseables
asociados con los factores de resistencia; o que la expresión fenotípica de la
resistencia sea afectada por factores ambientales.
La resistencia monogénica y dominante puede ser incorporada a
variedades de plantas cultivadas por procedimientos relativamente
simples, resultando por lo general en resistencia estable y de alto nivel
para diversas condiciones ambientales, desafortunadamente esta resistencia
es muy vulnerable a la aparición de nuevos biotipos. De allí que en la
actualidad existe la tendencia de poner mayor énfasis en el desarrollo de
variedades con resistencia poligénica. Hasta la fecha no se ha determinado
ninguna raza fisiológica o biotipo de un insecto patógeno que sea capaz de
vulnerar la resistencia poligénica de un cultivo (Apple, 1978).
No se puede dejar de mencionar que la incorporación, en una sola variedad
o híbrido, de características bien definidas de calidad, rendimiento, resistencia
a plagas y a enfermedades, características fenológicas uniformes, etc.,
reduce la variabilidad genética de las plantas de un cultivo a un grado muy
estrecho. Así a la planta no le queda mayor capacidad para reaccionar a
cualquier cambio en el medio físico o en el medio biológico, particularmente
a la aparición de nuevos biotipos o razas de plagas y patógenos.
El valor práctico de la resistencia o tolerancia de las plantas no se limita a los
niveles más altos. Cierto grado de resistencia que permita tolerar
infestaciones moderadas sin causar daño económico permite que los
enemigos naturales de las plagas tengan tiempo para multiplicarse y ejercer su
acción benéfica con eficiencia. De igual manera se dispone de mejores
condiciones para utilizar otros métodos de control, sin el apremio que se
presenta en el caso de cultivos marcadamente susceptibles.
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8
CONTROL BIOLÓGICO
Control Biológico es la represión de las plagas mediante sus enemigos naturales;
es decir mediante la acción de predatores, parásitos y patógenos. Los parásitos
de las plagas, llamados también parasitoides, son insectos que viven a expensas
de otro insecto (hospedero) al que devoran progresivamente hasta causarle la
muerte. Durante ese tiempo completan su propio desarrollo larval. Los predatores
son insectos u otros .animales que causan la muerte de las plagas (víctimas o
presas) en forma más o menos rápida succionándoles la sangre o devorándolos.
Los patógenos son microorganismos: virus, rikettsias, bacterias, protozoarios,
hongos y nemátodos, que causan enfermedades o epizootias entre las plagas.
De los tres grupos de enemigos naturales (o contraladores biológicos), los
patógenos tienen características muy particulares por lo que serán tratados en
forma separada al final de este capítulo. Todas las otras consideraciones
generales que se dan para el control biológico son aplicables principalmente a
parasitoides y predatores.
El control biológico se considera natural, cuando se refiere a la acción de los
enemigos biológicos sin la intervención del hombre; y se le denomina artificial o
aplicado cuando, de alguna manera, es afectado o manipulado por el hombre.
CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL CONTROL BIOLÓGICO
El control biológico tiene características propias que lo distinguen de otras
formas de control de plagas, particularmente del control químico:
- El control biológico tiende a ser permanente, aunque con
fluctuaciones propias de las interacciones entre parasitoides y hospederos, y
los efectos de las variaciones físicas del medioambiente.
- Los efectos represivos del control biológico son relativamente lentos
en contraste con la acción inmediata de los insecticidas.
- La acción del control biológico se ejerce sobre grandes áreas, de
acuerdo a las condiciones climáticas y biológicas predominantes.
A estas tres características esenciales se agregan otras que pueden separarse
en favorables y desfavorables.
Entre las características favorables se encuentran las siguientes:
- Los parásitos y predadores buscan a sus hospederos y presas en los
lugares donde éstos se encuentran, incluyendo sus refugios.
- Los enemigos biológicos, a diferencia de los pesticidas, no dejan residuos
tóxicos sobre las plantas ni contaminan el medioambiente.
- La acción de los enemigos biológicos tiende a intensificarse cuando las
gradaciones de las plagas son más altas.
- Los enemigos biológicos no producen desequilibrios en el ecosistema
agrícola.
- Las plagas no desarrollan resistencia a sus enemigos biológicos. Existe el
fenómeno de "encapsulamiento" que consiste en la formación de un tejido
especial o substancia que rodea al huevo del parásito, o a su larvita recién emergida,
causándole la muerte; pero no se conocen casos en que este fenómeno se haya
incrementado como una manera de adquirir resistencia.
Entre las características desfavorables del control biológico, además de su efecto
represivo lento, se señalan las siguientes:
- Los enemigos biológicos son influenciados por las condiciones climáticas
y biológicas del lugar, las que en gran proporción escapan al control del
hombre.
No todas las plagas poseen enemigos biológicos eficientes desde el punto de vista
económico. La mosca sudamericana de la fruta, Anastrephafraterculus, por
ejemplo, es parasitada en forma natural por la avispa Opius trinidadensis, pero
el grado de parasitismo es marcadamente insuficiente. La introducción de otras
especies parásitas como Diachasmoides tucumana Blanchard D. anastrephae
Brethes y Eucoila pelleranoi Brethes no ha modificado la situación de deficiente
control biológico de la plaga (Beingolea 1967). El arrebiatado del algodonero,
Dysdercus peruvianus Guer. es parasitado por las moscas Acaulona peruviana
y Paraphorantha peruviana sin mayor disminución de sus poblaciones (Wille 1959).
Igualmente deficiente es el control biológico de la polilla de la manzana y de otras
plagas.
CONTROL BIOLÓGICO NATURAL
En todos los campos agrícolas existe cierto grado de control biológico natural. En
los algodonales del país, por ejemplo, se ha encontrado no menos de 148
especies benéficas (Beingolea 1959; Herrera 1961, 1989), incluyendo 52
especies de arañas predatoras (Aguilar 1968, 1977) que ejercen su acción contra
las plagas de este cultivo.
En campos de papa en la costa central, Sánchez y Redolfi (1989) registraron
varias especies de parasitoides atacando a la mosca minadora Liriomyza
huidobrensis, especie que es considerada la plaga más importante. Entre ellos
Ganaspidium sp, fue abundante al comienzo de la campaña, y Halticoptera arduine
predominante durante el resto de la estación. Entre las otras especies figuraron
Chrysocharis phytomyzae, Chrysocharis sp., Diglyphus websteri, D. begini,
Diglyphus sp., Closterocerus sp. Zagrammosoma sp., Opius sp. y dos eulófídos
no determinados.
Ciertas especies de insectos, como las cochinillas harinosas en los campos de
algodón de la costa se mantienen a niveles insignificantes por la acción de no menos
11 especies parasitoides y 9 especies predatoras; lo mismo puede decirse con
respecto a los enrolladores de hojas que sufren la acción de 6 parasitoides y 14
predatores. En niveles poblacionales que normalmente se hacen notar sin que
necesariamente causen daño económico, se encuentra el gusano bellotero que es
atacado por 13 parasitoides y 37 predatores; el gusano de hoja, por 16
parasitoides y 40 predatores; el perforador de hojas por 12 parasitoides y 20
predatores y así, de manera similar, muchas otras especies plagas (Aguilar y Lamas
1980).
Con frecuencia el agricultor o el técnico no está consciente de la gran
importancia de los enemigos biológicos en la represión de las plagas. Los
parasitoides fácilmente pueden pasar desapercibidos porque la mayoría son
pequeñas avispitas y moscas que en estado adulto no llaman la atención en el
campo o no se les relaciona como enemigos de las plagas; y cuando están actuando
como parasitoide, es decir en su forma larval, se encuentran dentro del cuerpo del
insecto plaga sin ser visibles externamente. Además, si los parasitoides son
eficientes, tanto los fitófagos como los parasitoides se encuentran en bajas
densidades.
Los predatores suelen ser más grandes y, cuando son diurnos, muchas veces
presentan coloraciones o mayor actividad que los hacen más visibles que los
parasitoides. Aun así, su rol benéfico no siempre es reconocido. Se han dado
casos en que los coccinélidos (vaquitas de San José o mariquitas) que
destruyen a los pulgones y otras plagas han sido confundidos con insectos
dañinos y hasta se les ha aplicado insecticidas. Herrera (1987) resalta el hecho
de que muchos técnicos latinoamericanos y estadounidenses desconocen el
eficiente rol de ciertos géneros de chinches miridos que son predatores de
huevos y larvas pequeñas, llegando inclusive a considerarlos plagas en
publicaciones especializadas.
No siempre los enemigos biológicos son tan abundantes en número de
especies o en individuos, ni tan eficientes en forma natural. Al contrario, a
veces los enemigos naturales son escasos o ineficientes; entendiéndose por
ineficiencia su incapacidad para mantener a una población de insectos en
niveles bajos, sub-económicos. En algunas ocasiones, la ocurrencia y hasta
la abundancia de enemigos biológicos no siempre asegura un control
eficiente de las plagas. Se dan casos de una coexistencia prolongada de
abundantes enemigos naturales con altos niveles de las plagas. El mejor
criterio de evaluación de la eficiencia de los enemigos naturales es el nivel a
que se mantiene la plaga.
Cuando el control biológico natural no es suficiente, se hace necesaria la
intervención del hombre para protegerlo de factores adversos, incrementar su
cantidad, mejorar su eficiencia, o introducir nuevos enemigos naturales.
MODALIDADES DEL CONTROL BIOLÓGICO APLICADO
El manejo del control biológico moderno se hizo notorio desde comienzos del
presente siglo con la introducción de enemigos biológicos de la queresa
algodonosa de los cítricos de Australia a California. Hay algunos pocos
ejemplos más antiguos del manejo de enemigos biológicos entre ellos el uso
tradicional de hormigas del género Eciton para controlar gusanos de la papa
(gorgojo de los Andes y polilla), en almacenes rústicos de algunas
comunidades del Cusco (Garmendia, 1961). La papa se almacena en rumas
sobre pedazos de carne o grasa que atrae a las hormigas. Luego las hormigas
se dispersan entre las papas atacando a las larvas que se encuentran
dentro de las galerías de los tubérculos.
Un análisis general sobre la falta de eficiencia en el control biológico natural
de una plaga nos lleva a considerar tres posibles causas:
- Que existiendo enemigos naturales intrínsecamente eficientes, su
acción se ve limitada por presentarse factores locales naturales o artificiales
que resultan adversos.
- Que los enemigos naturales presentes tienen limitaciones intrínsecas
que no permiten bajar las densidades de las plagas a niveles sin importancia
económica. Puede tratarse de una demora entre el incremento de la plaga y la
respuesta numérica del enemigo biológico, o que la condición de equilibrio entre
el enemigo natural y la plaga se alcanza cuando la plaga tiene un nivel que
todavía resulta perjudicial económicamente.
- Que en la localidad no existen enemigos naturales para la plaga.
- Las medidas que tienden a corregir las situaciones planteadas
corresponden a las tres modalidades u orientaciones fundamentales del
control biológico aplicado:
- La conservación y protección de los enemigos naturales presentes
- El incremento artificial de los enemigos naturales, y
- La introducción de nuevos enemigos naturales o Control Biológico
Clásico.
Protección a los enemigos naturales
En los campos agrícolas los enemigos biológicos pueden encontrar ciertas
dificultades para su desarrollo normal. Se tienen las grandes perturbaciones
del ambiente debido a la discontinuidad de los
cultivos anuales y por efecto de las aplicaciones de insecticidas; por otro
lado están las posibles limitaciones en la disponibilidad de refugios y
alimentos para los estados adultos, y la presencia de algunos otros factores
detrimentales como el exceso de polvo sobre el follaje y la acción de las
hormigas.
Efecto de las perturbaciones del ecosistema agrícola
En relación a las perturbaciones del ecosistema agrícola, es interesante
anotar que los éxitos de control biológico más frecuentes se dan en cultivos
donde esas perturbaciones son mínimas, es decir en cultivos perennes, como
frutales y forestales, y en menor proporción en cultivos anuales o de ciclos
cortos. Puede conjeturarse que la interrupción de los cultivos anuales deja
inconcluso el desarrollo de los agentes biológicos o afecta la sucesión de
sus generaciones. De la misma manera la interrupción de los cultivos,
ampliado con prácticas de campo limpio y rotación de cultivos, también
desfavorece el desarrollo de las plagas. Por eso, en última instancia, sólo la
experiencia local puede determinar el verdadero significado que tienen las
interrupciones de los cultivos sobre la intensidad de la plaga que es lo que
interesa desde el punto de vista práctico.
Según algunos especialistas, los parasitoides son normalmente más
perjudicados debido a sus requerimientos específicos de hospederos, y por
que en muchos casos requieren de un determinado estado de desarrollo de la
plaga para que pueda llevarse a efecto el acto parasitario. En cuanto a la
experiencia lograda en el país, la continuidad de cultivos anuales sin
interrupciones normalmente conduce a problemas de plagas más serios que
cuando se aplican las medidas de campo limpio entre campañas, o se
implementa la rotación de cultivos.
Efecto de las aplicaciones de insecticidas
Las aplicaciones de insecticidas normalmente resultan catastróficas para los
parasitoides ya que éstos por lo general son mas susceptibles que las propias
plagas. De allí que la decisión de aplicar insecticidas en un campo de cultivo
debe tener en cuenta también la presencia del control biológico. Ya se ha
mencionado que en los campos de algodón en la costa se han registrado no
menos de 148 especies benéficas incluyendo 52 especies de arañas
predatoras.
Habiéndose decidido realizar la aplicación, ésta debe hacerse de manera que
resulte lo menos perjudicial para la fauna benéfica. Para ello hay que escoger
un insecticida efectivo cuya dosis, formulación y forma de aplicación tienda a
minimizar sus efectos sobre los enemigos naturales. A esto se denomina hacer
uso selectivo de los insecticidas. Si es posible, la aplicación de be realizarse
cuando los enemigos biológicos están menos expuestos a los efectos de la
aplicación. La preservación de los enemigos biológicos que controlan las
plagas del algodonero en el Perú es un ejemplo extraordinario del valor de
esta medida (Beingolea 1959). Estos temas se discuten con cierto detalle en
el capítulo sobre Control Integrado.
Se han registrado por lo menos dos casos prácticos del uso de enemigos
naturales que han desarrollado resistencia a los pesticidas; la utilización del
acaro Typhlodromus occidentalis predator de arañita roja en huertos de
manzano; y del parasitoide Trioxys pallidus Haliday parasitoide del pulgón
del nogal, Chromaphis juglandicola Kaltenbach; ambos resistentes a
azinfos metílico en California. En el caso del T. pallidus la selección de la
resistencia se hizo en el laboratorio y se encontró resistencia cruzada a
clorpirifos, endosulfan y metidation.
Alimentos y refugios para enemigos naturales adultos
La mayoría de las moscas y avispas parásitas adultas se alimentan del néctar
de diversas flores y se cobijan en vegetación silvestre. De allí que los
requerimientos de alimentación y protección de estos insectos se satisfacen en
gran medida con la disponibilidad de vegetación en los bordes de los campos y
de las acequias, cercos vivos, árboles y hasta malezas. Estas plantas suelen
albergar también insectos que constituyen hospederos y presas intermedias
para parasitoides y predatores cuando las plagas están ausentes en el
cultivo. Los árboles y los arbustos son lugares de anidamiento para muchas
especies de aves que se alimentan de insectos. Debe recordarse que las
malezas y otra vegetación silvestre pueden resultar también perjudiciales si
constituyen reservónos de plagas, por lo que su valor real debe
determinarse en cada caso específico.
En el Perú se siembra maíz intercalado en los campos de algodón
desde hace muchos años como una práctica que favorece el desarrollo de
enemigos naturales, particularmente chinches predadoras de huevos de
Heliothis y otras plagas. También se consideran favorecidas las avispitas
Trichogramma y Apúnteles.
Efecto perjudicial del polvo, melaza y otras substancias
Los enemigos naturales de queresas y otras plagas de frutales en la costa
del país, donde la ausencia de lluvias es notable, son severamente afectados
por la acumulación de polvo sobre las hojas. Para contrarrestar este efecto,
así como la acumulación de melaza y cera que segregan algunos insectos, y
que igualmente interfieren con la eficiencia de los enemigos biológicos, se
recomienda lavados a alta presión, utilizando grandes volúmenes de agua,
unos 120 litros por árbol. Para mejorar la eficiencia del lavado se suele
agregar pequeñas cantidades de detergente, 200 gramos por 1,000 litros de
agua hasta 1 Kg por 1,000 litros si se le agrega 2 kg de cal.
Efecto perjudicial de las hormigas
Las hormigas Pheidole spp Solenopsis spp y especies de otros géneros,
suelen interferir seriamente con la acción de los parasitoides de queresas,
moscas blancas, cochinillas harinosas, áfidos y otros insectos que excretan
melaza. El control de las hormigas mejora la acción de las avispitas
parasitoides y de los predatores de estas plagas. Según Beingolea (1962) el
control de hormigas bastó para lograr el control biológico total de la queresa
Coccus hesperidum en el Valle Chillón.
Quema de la caña de azúcar
La quema de los campos es una práctica común en el cultivo de caña de
azúcar. Las implicaciones de la quema ha sido motivo de diversas
interpretaciones. En cuanto al control biológico, la quema destruye a todos
los enemigos naturales presentes en el campo, particularmente
Trichogramma y Paratheresia que son efectivos parasitoides del cañero.
Pero, por otro lado, también destruye larvas del cañero en Jos tallos. Es mas,
se ha observado que el hiperparasitismo de Paratheresia va
incrementándose con el tiempo hasta üegar a máximos de 80% al final de la
campaña (Cueva, 1980). En estos casos, la quema rompe con esta
tendencia.
Incremento artificial de los enemigos naturales
Muchas veces, por razones diversas, la proporción adecuada entre la
densidad de los enemigos naturales y la densidad de la plaga no se logra
oportunamente. Una razón común es la demora natural de la respuesta
numérica de los parasitoides y predatores al incremento de la plaga.
Entonces es necesario aumentar la población de los enemigos biológicos
mediante liberaciones masivas de individuos que, generalmente, han sido
criados en insectarios.
Algunos autores suelen distinguir los incrementos inundativos (gran número
de enemigos naturales que tienen un efecto rápido como en el caso de
(Trichogramma) y los incrementos inoculativos (un menor número de enemigos
naturales con un efecto mas lento pero más prolongado como en el caso de
(Paratheresia).
Las especies más usadas en liberaciones masivas a nivel mundial son
indudablemente las avispitas del género Trichogramma, parásitas de
huevos de diversas especies de lepidópteros. En el Perú se han hecho
liberaciones de Trichogramma contra algunas plagas del algodonero,
principalmente Heliothis virescens y Mescinia peruella; en cítricos contra
Argyrotaenia sphaleropa; y en caña de azúcar contra el barreno Diatraea
saccharalis. Con las liberaciones masivas del Trichogramma se busca la
supresión de la plaga en forma más o menos rápida. Las liberaciones hechas
en el país pueden clasificarse en general como exitosas; pero tanto las
referencias nacionales como las extranjeras señalan resultados un poco
inconsistentes. Entre los varios factores que pueden influir en tales
resultados se encuentran la inexacta identificación de las especies usadas y
la inadecuada cantidad de individuos liberados.
Las especies de Trichogramma son bastante difíciles de separar
morfológicamente. Se presentan con frecuencia especies "sibling", es
decir morfológicamente iguales, y razas biológicas que se diferencian por su
comportamiento parasitario. Las especies que parasitan plagas del
algodonero en el Perú son Trichogramma brasiliensis y T. perkinsi Gir.
mientras que la especie que se presenta en los campos de caña de azúcar es
T. fasciatum Perk. (Herrera 1972). Estas especies son referidas por Wille
(1952) como T. minutum. Esta última especie ha sido registrada en los
Estados Unidos asociada con árboles frutales y forestales (Flanders 1968)
pero no en algodonero ni en caña de azúcar. M. Whu (1985) ha revisado las
especies de este género que existen o se han introducido al país.
Una de las razones por las cuales Trichogramma es usado ampliamente es
la facilidad de su crianza masal. Las avispitas son criadas en huevos de la
polilla de los granos, Sitotroga cerealella Oliv. La polilla se cría en gabinetes
que contienen trigo. Conforme emergen las polillas adultas son recolectadas
y colocadas en frascos de oviposición. Los huevos de las polillas son
recogidos, limpiados y pegados en cartulina para ser expuestos a la acción
parasitaria de las avispitas. Cercana a la emergencia de las avispitas, se
hace la liberación en el campo de 5 O a 100 mil avispitas por hectárea. Los
detalles de la crianza son 'presentados por Herrera (1959) y Bartra (1980).
En el país se han realizado diversos trabajos sobre la acción parasitaria de
estas avispitas tanto en caña de azúcar contra el barreno de la caña (Wille
1952, Risco 1961, Pollack 1975, Cueva 1978, 1980), como en algodonero
contra Heliothis y otros lepidóperos (Wille 1952, Lobatón 1958).
En el caso de la caña de azúcar en la costa, Cueva (1980) recomienda
liberaciones tempranas, de lo contrario el máximo parasitismo (99% o más)
sólo se alcanza al final de la campaña.
Otros ejemplos de crianza y liberaciones masivas de insectos con
resultados positivos en el país son las liberaciones de la mosca tachinidae
Paratheresia claripalpis Wulp, parásita del barreno de la caña de azúcar (Risco
1960, 1963; Ayquipa y Sirlopú 1978) y de la avispa Braconidae Rogas
gossypü Muesebeck parásito del gusano de la hoja del algodonero (Aguilar
1964, Merino y Aguilar 1973). Herrera (1960) describe un método de crianza
masal del coccinélido Coleomegilla macúlala (De Geer), Martos-Nieyemer
(1989), de Eriopis connexa y Simón (1960) del chinche predator Orius
insidiosos que pueden servir para liberaciones masivas.
Beingolea (1990) menciona 23 insectarios en la costa y dos en la selva del
país, incluyendo entre las especies benéficas en multiplicación especies
nativas como Trichogramma spp., Paratheresia claripalpis, Podisus
connexivus, Podisus sp., Alcorhynchus granáis, Chrysoperla externa y
especies exóticas adaptadas como Tolenomus remus, Aphytis roseni,
Metaphycus helvolusy Coccophagus rustí; y la reproducción del Baculovirus
de Euprosterna elaeasa. Los cultivos más beneciados son caña de azúcar,
olivo y cítricos.
En los ejemplos dados, los insectos que se liberan provienen de crianzas
másales de laboratorio; pero también pueden liberarse parasitoides adultos
obtenidos en cámaras de recuperación. En estas cámaras se coloca material
infestado recogido en el campo y cuando emergen los parasitoides se les
recolecta y libera. La "cámara" puede ser simplemente una caja u otro
compartimiento apropiado con malla en una de sus paredes que permita salir a
los parasitoides y retener a los adultos de la plaga. Esta labor es un
complemento a la destrucción de los órganos infestados de las plantas, que se
trató en el capítulo sobre Control Mecánico.
Introducción de nuevos enemigos biológicos
Los casos más notorios de la eficiencia del control biológico se han
logrado con la introducción de parasitoides y predadores desde otros países o
territorios. A este procedimiento se le suele llamar Control Biológico Clásico.
La mayoría de las plagas combatidas por este medio, han sido especies de
insectos introducidos desde lejanas áreas y que se encontraban
desprovistas del complejo parasitario que las limitaban en su lugar de origen.
Beingolea (1967) presenta una relación de las especies benéficas
introducidas al Perú para el control de las plagas de cítricos. En este caso
el cultivo, las plagas y sus enemigos naturales son todos especies
introducidas. El mismo autor (Beingolea, 1990) presenta una sinopsis de las
introducciones realizadas en el país entre 1909 y 1990 y para enfatizar los
beneficios económicos que se derivan de esta modalidad de control biológico
menciona la introducción de Aphytis roseni contra la escama circular de los
cítricos, Selenaspidus articulatus. La introducción del parasitoide tuvo el costo
más alto de las introducciones en el país, alrededor de US$ 3,000; pero su
beneficio por año es alrededor de medio millón de dólares (equivalente a
85,000 galones de aceite emulsionable al año).
Introducciones exitosas
El primer gran éxito de introducción de enemigos naturales a nivel mundial,
se logró a fines del siglo pasado con el coccinélido Novius (Rodoliá)
cardinalis Muís llevado desde Australia a California, para combatir la queresa
algodonosa de los cítricos Icerya purchasi. El extraordinario éxito de la
introducción de esta especie se ha repetido en otros lugares. En el Perú se
introdujo por primera vez para combatir una fuerte infestación de la queresa
algodonosa en Huánuco, en 1932; desde entonces se ha propagado a otros
valles con igual éxito.
Pacora (1979) describe las introducciones exitosas de Aphytis roseni De
Bach Gord contra la queresa circular de los cítricos, Selenespidus articulatus
desde Uganda, de Aphidius smithi Sher & Rao contra el pulgón verde de la
alfalfa Acyrtosiphon pisum desde Chile; de Cales noacki How. contra la mosca
blanca de los cítricos, Aleurothrixus floccosus; de coccophagus rustí cop. y
Metaphycus helvolus Comp. ambas contra Saissetia coffeae, la queresa
hemisférica; y de Aphytis holoxanthus DeBach contra la queresa redonda
marrón, Chrysomphalus aonidum (L.), todos desde California. Anagyrus
saccharicola Timb. contra la cochinilla harinosa de la caña,
Saccharicoccus sacchari desde Hawaii y el predator de queresas
diaspididas o escamas Rhizobius pulchellus Montrozier desde las islas Nuevas
Hébricas del Archipiélago de Melanesia.
Entre otros insectos benéficos que se han introducido con éxito en el país se
encuentran la avispita Aphelinus malí (Hald) parásito del pulgón lanígero del
manzano Eriosoma lanigerum; el coccinélido Hippodamia convergens Guer.
predador de áfidos; la avispita Aphycus lounsburyi How, parásito de la lapilla
negra del olivo Saissetia oleae; la avispita Aphytis lepidosaphes Compere,
parásita de la queresa coma de los cítricos Lepidosaphes beckii (Salazar
1964; Beingolea y Salazar 1970, Herrera 1964).
Uno de los casos recientes más notorios a nivel mundial es el control de la
cochinilla harinosa de la yuca (Phenacoccus manihoti) por la avispita
parasitoide Epidinocarsis lopezi. La plaga constituía una seria amenaza para
unos diez millones de hectáreas de yuca en Africa a donde fue llevado el cultivo
desde Sudamérica hace unos 30 años. La cochinilla, también originaria de
Sudamérica fue detectada en el Congo y Zaire en 1973 y se extendió
rápidamente. En 1983 se introdujo exitosamente la avispita E. lopezi junto
con otras especies desde Sudamérica, su centro de origen.
Introducciones sin éxito
En muchos casos la especie introducida logra establecerse pero sin
provocar una disminución apreciable de la intensidad de la plaga; en otros
casos no se logra ni su establecimiento. Entre los fracasos registrados en
el país están las introducciones de la avispita Eretmocerus haldemani How. y
Catania sp. contra la mosca lanuda de los cítricos; y Aphytis lingnanensis
Compere contra la escama circular Selenaspidus articulatus. Todas estas
introducciones han estado orientadas para controlar plagas de cítricos
(Beingolea 1967). De igual manera han fracasado las introducciones de las
moscas Lixophaga diatraea T. y Metagonystilum mínense parásitas del
barreno de la caña de azúcar, Diatraea sacharalis, y de la avispita de
Uganda Prorops nasuta Waterston contra la broca del café (De Ingunza
1964).
Traslado de enemigos naturales entre valles
Las introducciones o traslados de insectos benéficos de un valle a otro y, a
veces, de un lugar a otro dentro de un mismo valle, pueden dar buenos
resultados. La avispa Rogos gossypü parásita del gusano de hoja del
algodonero, Anomis texana ha sido introducida con éxito del valle de Huacho a
los valles de Carabayllo, Rímac, Lurín, Chilca, Mala, Asia y Cañete (Aguilar
1960, 1964). La mosca Paratheresia claripalpis Wulp, parásito del barreno de
la caña de azúcar, que ocurre en los valles de Chicama y Lambayeque ha sido
introducida con éxito en los valles de Huaura y Pativilca (Risco 1962) y más
recientemente al valle de Tambo. La avispita Amitus spinifera Brethes,
parásita de la mosca blanca lanuda de los cítricos, observada originalmente en
el Callao, ha sido llevada con éxito a los valles de Cañete, Palpa, Ayacucho y
otros (Beingolea 1959 d).
Risco (1962) registró que una fuerte infestación del pulgón amarillo de la caña,
Sipha flava Forbes, en el valle de Chicama fue controlada trasladando
colonias del coccinélido Hippodamia convergens, la avispita Aphidius
phorodontis y el predador Chrysopa sp. que se encontraban abundantemente
sobre la vegetación silvestre en la parte baja del valle.
Consideraciones para la introducción de insectos benéficos
Los factores que determinan el éxito de la introducción de enemigos biológicos
no son siempre bien comprendidos. Ni el establecimiento de una especie
necesariamente asegura la disminución de la densidad de la plaga. De allí
que casi toda la técnica de introducción de enemigos naturales permanece
hasta la fecha en el campo empírico; se trata de recolectar e introducir tantos
enemigos naturales como sea posible, con la esperanza de que algunos de ellos
resulten eficientes.
Hay quienes preconizan un estudio minucioso de las características
biológicas y ecológicas de las especies benéficas antes de su introducción a
un nuevo territorio, considerando que ésta es la única manera de establecer
bases científicas para esta técnica. Pero las limitaciones prácticas de este
sistema, por la inversión de tiempo y dinero que se requiere, resultan muy
grandes. Naturalmente que existen consideraciones mínimas que deben
observarse para tener mayores posibilidades de éxito en las introducciones,
como la correcta identificación de la especie; que las condiciones
climáticas de los lugares de recolección sean similares a las de los lugares de
liberación y que el estado de los insectos hospederos sea adecuado para
el establecimiento del parasitoíde.
Identificación taxonómica del parásito o predator
Un aspecto fundamental en la introducción de enemigos biológicos es la
exacta identificación tanto de la especie parásita como de sus hospederos.
Se han dado casos de importaciones de parásitos que ya se encontraban
presentes en el área de introducción; así como importaciones de parasitoides
cuyos hospederos resultaron ser especies diferentes al hospedero deseado.
Estos casos provocan pérdidas de tiempo y dinero.