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Libro sobre los obreros en Lima de los años 1900 a 1930 por Steve Stein.

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Published by Anyfliper, 2024-05-19 16:06:16

Lima Obrera 1900 - 1930

Libro sobre los obreros en Lima de los años 1900 a 1930 por Steve Stein.

Keywords: Steve Stein

Steve Stein es di rector de estudios de post grado en Historia en la Universidad de Miami. Ph. D. de Stanford University, Stein viene estu diando la realidad perua na desde 1979. Autor de más de 10 artículos y dos libros sobre la historia del Perú, ha publicado lo que es considerado el estudio más completo so bre los orígenes de APRA y el Sanchescerrismo. Sus principales publicaciones incluyen: Guía bibliográ fica para el estudio de la historia social y política del Perú y Populism in Perú: the Emergencie of the Masses and the Politics of Social Control. Actualmente Stein está preparando un libro so bre el impacto de la ac tual crisis en los secto res populares y medios en que enfoca especial mente las variadas res puestas a ésta: La crisis y la polarización social en el Perú: análisis y tes timonio, que será publi cado próximamente por Ediciones El Virrey,com bina una investigación exhaustiva de la infor mación más reciente so bre el fenómeno con una extensa serie de testimo nios directos de los más afectados. También está Este libro LIMA OBRERA 1900-1930, T. I de Steve Stein se terminó de imprimir en Marzo de 1986 por Servicios Editoriales Adolfo Arteta — Cajamarca 239-C Barranco


en preparación otro tra bajo sobre la clase obrera y política en el Perú. En los últimos años Steve Stein se ha dedicado a la reconstrucción de la his toria social de Lima en el siglo XX. La presente serie de "Lima Obrera 1900-1930" que consta de tres tomos, está com puesta por sus primeras publicaciones en esta lí nea junto con los traba jos de los miembros del equipo que él formó en 1981 para estudiar los cambios sociales y polí ticos en la capital, a co mienzos del siglo. Este primer tomo contiene también un trabajo ela borado en conjunto con José Deústua y Susan Stokes. Diseño de la José Alcalde M. portada


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Colección : Historia Social y Cultura Popular en América Latina Serie Lima Obrera: 1900 - 1930 Director . : Steve Stein PRIMERA EDICIÓN FEBRERO, 1986 © Steve Stein © De esta edición Ediciones EL VIRREY Miguel Dasso 141 Lima 27 - Perú, Telf. 400607 Impresión : Servicios Editoriales Adolfo Arteta IMPRESO EN EL PERÚ


PREFACIO Esta obra está basada en una investigación que comencé en agosto de 1981 y cuya primera etapa terminó en julio de 1982. El contenido de estos tres tomos corresponde a esa primera etapa de un estudio que se seguirá haciendo a largo plazo. En términos de trabajo histórico y de relaciones humanas, mi año en Lima fue uno de los tiempos más ricos de mi vida. Fue la ayuda de muchas y va rias instituciones en Lima que hicieron que esta experiencia fuera tan grata y tan fructífera. Cuando pienso en estos tiempos, pienso primero en la Uni versidad de Lima. Son las personas las que hacen a la Universidad y son algunas de ellas en especial que han hecho que mi estadía fuera tan provechosa. El Dr. Jorge Dubrovsky, Director de la Di rección Universitaria de Investigaciones Científicas, prestó un apo ialmente importante para el éxito del equipo de investi Jorge Dubrovsky es un hombre de trabajo, de producción y de criterio. A la vez estimula y exige, y eso va llevando a resulta dos concretos. Es gracias a la ayuda infraestructural de la Direc ción Universitaria de Investigaciones Científicas que se ha podido elaborar los presentes tomos y ponerlos al alcance de los lectores peruanos. Merece una mención especial José Luis Huisa, quien ha venido cumpliendo un papel importantísimo desde la iniciación del proyecto. De su puesto en la Dirección, coordinaba el trabajo de más de veinte investigadores y facilitó enormemente el acceso a los varios mecanismos de apoyó dentro de la Universidad. Llevó a cabo él mismo una importante investigación sobre aspectos de mográficos de la Lima obrera que está publicada en el tomo tres de esta serie. José Luis personifica con entusiasmo sus conocimien tos tanto metodológicos como substantivos. También han cumplí-


do un papel fundamental en el proyecto Wilma Derpich y Cecilia Israel. Junto con José Luis Huisa han mantenido vivo el proyecto en los tres últimos años, prosiguiendo trabajos propios en la línea de Lima obrera. Además han constituido el punto de referencia y de aliento para las reuniones periódicas de investigadores que si guen expresando interés en estos temas. En el curso de la investigación, Cristina Cóndor, Jorge Ocampo, Carlos Balbuena y Víctor Purilla nos auxiliaron en una variedad de aspectos. También agradezco profundamente el constante aliento en la Universidad de dos de sus más destacados catedráticos, Dr. Desi derio Blanco y Dr. Fernando Silva Santisteban. Merece una mención especial la Rectora de la Universidad de Lima, Dra. Use WisotzkvSu interés, aliento y amistad hizo posi ble la conducción de la investigación a través de la Universidad. Ella más que nadie facilitó mi incorporación a la Universidad y después me brindó un apoyo moral y material imprescindible para el desarrollo de mi labor. Varios de los miembros del equipo de investigación tienen sus contribuciones publicadas en estos tomos. Además de ellos, personas que prestaron una colaboración muy valiosa fueron Alfre do Tejada, Teresa Quiroz, Emilia Miaño, Eduardo Vargas, Julio Hevia, Richard Zimmerman y Sara Siff. El Arquitecto Juan Gunther, como ya lo había hecho du rante mi primera experiencia de investigación en el Perú hacia diez años, volvió a compartir sus enormes conocimientos sobre la histo ria de Lima. También quiero agradecer la ayuda de los Dres. Carlos Franco y Lucho Soberón y al Padre Hugo Bellido por su ayuda. Gran parte del trabajo de biblioteca fue llevado a cabo en la Biblioteca de la Municipalidad de Lima. El personal de la Biblio teca, en especial la Sra. Luzmila Tello de Medina, la Directora de la División de Bibliotecas, nos recibió y auxilió con granamabilidad y eficiencia. También quiero expresar mi agradecimiento especial


a Pedro Rostaing y a Eduardo Rada quienes facilitaron enorme mente la investigación sobre el fútbol. Pude realizar mis investigaciones en Lima gracias a becas de la Comisión Fulbright y el Social Science Research Council, ade más de un año sabático de la State University of New York at Stony Brook. Agradezco al personal de la Comisión Fulbright de Lima, particularmente a su Directora, Dra. Marcia Paredes, por su apoyo moral tanto como material. Esta obra se publica bajo mi entera responsabilidad y no refleja las opiniones de ninguna de estas instituciones. Finalmente, quiero dar mis gracias muy especiales a mis suegros Alfonso Llosa y Aurelia León de Llosa por haberme dado grandes ánimos en ésta como en mi primera investigación en el Perú. El poder compartir mis experiencias diarias con ellos signi ficó un gran estímulo. Mi esposa Pilar me asistió en todas las eta pas de esta investigación, desde la primera propuesta hasta la ver sión final. Ella fue y sigue siendo la mayor inspiración para mis es tudios peruanos. Y a mis hijos Mario y Alex, quienes me han acompañado en cuerpo y espíritu, dedico esta obra. Steve Stein Coral Gables, Florida Junio de 1985


CAPITULO I LOS CONTORNOS DE LA LIMA OBRERA 11


La Lima de comienzos de siglo, aun hasta la época de la Primera Guerra Mundial, era todavía una serie de barrios algo inde pendientes, con sabor colonial.. Jal era la falta de integración de Lima como ciudad, que sus Habitantes se identificaban, más que como limeños, de acuerdo a su barrio o su calle; eran bajopontinos, o de Maravillas, o de la Calle de la Cruz. La desgregación de Lima se refleja en las experiencias cotidianas de las personas que vivían Abajo el Puente, por ejemplo, y que rara vez "subían" a Lima aunque hacerlo sólo significaba caminar una cuadra para cru zar el puente que conectaba el Rímac con el centro de la ciudad. La vida giraba alrededor de la calle, el mercadito, la iglesia más próximos. Desde 1900, sin embargo, Lima había comenzado su trans formación casi revolucionaria en una metrópolis moderna y ciu dad de masas. Había varias manifestaciones de este proceso. La multiplicación de calles nuevas y asfaltadas, los nuevos barrios co mo La Victoria, las nuevas casas para ricos y en menor escala para pobres, las nuevas plazas y edificios, todos combinaron para dar a la capital la imagen de una ciudad que cada día crecía en exten sión y en modernidad. Al mismo tiempo se notaba un importante crecimiento institucional. El gobierno, tanto a nivel nacional como municipal, se ampliaba en funciones y en personal. Con esa amplia ción vino una extensión de losservicios urbanos, luz eléctrica, agua y desagües a través del área metropolitana. Pequeñas industrias ¡ comenzaban a aparecer, sobre todo como respuesta a la demanda ; local por bienes de consumo cuando hubo una disminución impor-; tante de las importaciones europeas durante la Primera Guerra 1 Mundial. En términos humanos, el aspecto más importante de esta transformación fue el dramático crecimiento demográfico que ocu rrió entre 1900 y 1930. El número total de habitantes aumentó en más de 125 por ciento de unos 165,000 en 1900 a 376,000 en 13


1931. Con respecto a las masas populares, el crecimiento fue mu cho más espectacular, alcanzando una cifra aproximada de 200 por ciento. Este crecimiento demográfico en general y especialmente el de las masas populares fue producto, en su mayor parte, de la ola de migración provinciana sin precedente hacia la capital, sobre todo durante los años del oncenio de Leguía (1919-1930). Las no ticias de las novedades de una ciudad en proceso de modernización llegaban al interior por el creciente número de carreteras construi das por el gobierno. Al mismo tiempo, la mayorinserción del Perú en el mercado mundial en estos años llevó a la consolidación y ex pansión de las grandes haciendas a costa del campesinado. Inspira do por la visión de una vida mejor en Lima, hombres, mujeres y niños iniciaron ese movimiento masivo de población del campo ha cia la ciudad capital. Fue en esta época que Lima se gestó como ciudad de ma sas. Los sectores populares se hicieron más y más visibles en el panorama urbano: trabajaban en los numerosos proyectos de cons trucción que ejemplificaban el crecimiento de la ciudad; llegaban a ser vendedores de todo, desde frutas en los mercados hasta huachitos de lotería frente a las numerosas iglesias de la ciudad; labo raban en las fábricas textiles, de cerveza y de jabón que habían surgido como respuesta a la aumentada demanda del nuevo merca do de consumidores urbanos; vivían en crecientes números en los callejones, en las casas de vecindad y en los antiguos solares colo niales que se iban subdividiendo para acomodar a esta nueva pobla ción; comenzaban a participar en la política, primero en las mani festaciones callejeras que precedieron a las elecciones y después como integrantes de los primeros partidos organizados con base popular. El presente libro constituye una parte del extenso estudio sobre "Lima obrera, 1900-1930". El estudio intenta analizar a lar go plazo las diversas facetas del proceso de masificación que expe rimentó la ciudad en esos años. Se pone especial énfasis en la re construcción de la vida cotidiana de los sectores populares urba nos, concentrándose sobre todo en los aspectos menos formales, menos institucionalizados de esa vida. Ya tenemos algunos traba jos pioneros sobre el proceso de sindicalización y la politización de estos sectores populares(l). Pero poco sabemos de sus experien- (l) 14 Denis Sulmont, El movimiento obrero en el Perú: 1900-1956 (Lima, 1975); Sulmont, Historia del movimiento obrero peruano (1890-


cias diarias, sus valores, su cultura, su nivel de vida, sus relaciones sociales. Este libro y los dos tomos que le siguen constituyen sólo un primer paso para conocer esa realidad compleja. Mi preocupación por conocer lo popular de la ciudad na ció en mi primera investigación en el Perú (1969-71) sobre la in corporación política de las masas populares limeñas a los movi mientos "populistas", el Aprismo y el Sanchecerrismo(2). Al estu diar estos movimientos —su trayectoria, ideología, estilo de liderazgo, reclutamiento popular, etc.—, muy pronto me di cuenta que era necesario saber quiénes eran estos trabajadores que participa ban en las enormes manifestaciones por un Haya de la Torre o un Sánchez Cerro; cómo vivían, y por qué apoyaban a un determi nado tipo de movimiento. Para esta última pregunta, tenía que saber algo de su "cultura política", o sea, su orientación objetiva y sobre todo subjetiva ai proceso político. A la vez, no se podía separar la cultura política de la cultura popular en general, es de cir, los valores y normas que regían a la vida popular. Y aún cono ciendo esta cultura popular, quedaba la cuestión de cómo se for maron estos valores, estas normas y no otros. Inicialmente no tuve el tiempo suficiente para desarrollar estos aspectos de mi trabajo. Llegué a Lima en agosto de 1981, a exactamente diez años del tér mino de mi primera investigación con el deseo explícito de seguir trabajando en esta línea. ¿Cómo abarcar un tema tan vasto como la reconstrucción de toda una sociedad? Antes de comenzar a trabajar, había deli neado las siguientes áreas de investigación: (2) 1977); Peter Blanchard, The Origins of the Peruvian Labor Movement, 1883-1919 (Pittsburgh, 1982); James L. Payne, Labor and Politics in Perú (New Haven, 1965); Piedad Pareja Pflucker, Anarquis mo y sindicalismo en el Perú (Lima, 1978); Pareja Pflucker, Aprismo y sindicalismo en el Perú: 1943-1948 (Lima, 1980); César Lévano, La verdadera historia de la jornada de las ocho horas en el Perú (Li ma, 1967); Wilfredo Kapsoli Escudero, Luchas obreras en el Perú por la Jornada de las 8 horas (Lima, 1969) y David Chaplin, The Peruvian Industrial Labor Forcé (Princeton, 1967). A estas fuentes secundarias, habría que añadir lo que es prácticamente una fuente primaria por los numerosos documentos, folletos y cartas que repro duce, Ricardo Martínez de la Torre, Apuntes para una interpreta ción marxista de historia social del Perú, 4 tomos (Lima, 1947). El libro que generó esta investigación es Populism in Perú: The Emergence of the Masses and the Politics of Social Control (Madison, 1980). 15


La composición étnica y social de los sectores populares. Aquí se intenta examinar en términos cuantitativos y cualitativos los diferentes grupos étnicos que componían las masas urbanas y los cambios en ellos a través de los treinta años del estudio. Como parte de eso, hay que determinar los efectos demográficos y cul turales de la migración rural-urbana. En el caso específico de los migrantes, se trata de descubrir la variedad de motivos por ir a la ciudad y los problemas de adaptación que habrían tenido a su lle gada. Un área que este estudio enfoca y que ha suscitado poco in terés en trabajos anteriores es el impacto de la identidad étnica so bre las relaciones sociales. En otras palabras, se quiere determinar el grado de conciencia étnica y de racismo existente en la Lima de la época y trazar su influencia, por un lado, sobre las relaciones en tre las masas populares y otros estratos sociales, y por otro, entre los grupos étnicos distintos que componían esas mismas masas. I La vida en el trabajo de los sectores populares. El panora ma de empleos sufrió varias alteraciones durante el período, y hay que conocer estos cambios en relación a los tipos de oficios dispo nibles para los hombres, mujeres y niños de las masas urbanas. Existían además, diferencias entre las varias clases de trabajo popu lar con respecto a nivel de remuneraciones, estabilidad laboral, y status relativo. Dado estas distinciones, ¿cuándo, cómo y por qué se obtenía ciertos tipos de trabajo, con qué frecuencia se cambiaba de empleo, y por qué se cambiaba? Los integrantes de los sectores populares pasaban en muchos casos la mayor parte de su vida en el sitio de empleo, de ocho hasta dieciocho horas para algunos, y es importante estudiar las condiciones de trabajo, incluso el ambiente del lugar donde se laboraba, los contactos con los jefes, gerentes o patrones, las relaciones con los otros trabajadores, y la participa ción en organizaciones sindicales o mutualistas. Las condiciones de vida de los sectores populares: la vivien da y la cultura material. Las masas urbanas ocupaban varios tipos de vivienda durante el período que incluían callejones, casas de vecindad y casas subdivididas. Cada tipo presentaba diferentes características físicas y dentro de eso se nota variaciones substan ciales en la calidad de la vivienda manifiestas en términos de mate riales de construcción, espacio, densidad de población, luz, aire, y salubridad. ¿Por qué se vivía en uno versus otro tipo de casa? ¿Con qué frecuencia se cambiaba de domicilio y por qué? Bajo cultura material se considera todo lo que es el interior del domici16


lio y las pertenencias del individuo y de la familia como muebles, ropa, etc. La estructura de la familia popular. El estudio de la fami lia incluye una variedad de elementos que son básicos para cono cer la vida de las masas urbanas. En primer lugar, ¿cómo estaba constituida esa familia? ¿Era más común vivir en una familia nu clear o extendida? Para evaluar la importancia y la estabilidad de la familia popular hay que comparar la frecuencia de familias basadas en la institución del matrimonio con las que existían en torno al arreglo menos formal de la convivencia, y al mismo tiempo el por qué del predominio de una forma versus la otra. También, hay que tomar en cuenta que la familia obrera era víctima de fuertes pre siones como consecuencia de su pobreza. Quizás la expresión más dolorosa de esas presiones fue el grado extremadamente elevado de mortalidad infantil, algo que significó un golpe especialmente duro para la mujer obrera. Para todos los casos, el proceso de socializa ción comenzó en la familia popular. Allí se aprendía cómo com portarse tanto con sus "iguales" como con sus mayores y con per sonas consideradas "superiores". Las lecciones aprendidas en los primeros años dentro de la familia formaban la base de todo un sis tema de valores; serían ingredientes fundamentales de una cultura popular emergente en la Lima obrera de 1900-1930. La escolaridad popular. Es común creer que los niños de las masas populares urbanas, especialmente en los primeros años delsiglo, no asistían al colegio y por consiguiente eran analfabetos. Sin embargo, información extraída de los tres censos municipales y de otras fuentes revela una proporción de asistencia escolar sor prendentemente alta para este grupo (aproximadamente 70 por ciento). Aunque la escolaridad popular sufrió un descenso dramá tico en el segundo grado cuando los niños alcanzaban la edad de trabajar, para la juventud papular el aula de la escuela primaria constituyó el primer contacto formal con la sociedad urbana. Las lecciones allí aprendidas, o a través de los estudios formales o co mo respuesta al ambiente y estructura de la clase llevaron a la mo dificación y/o refuerzo de las lecciones aprendidas en la familia. La religión popular. Se puede estudiar las prácticas religio sas de las masas populares desde varios puntos de vista. Dado que la población urbana era casi en su totalidad por lo menos formal17


mente católica, la ideología y los rituales oficiales de la Iglesia tu vieron urí impacto significativo sobre la vida popular. La asistencia regular a la misa, la figura del cura, la lectura repetida de las nove nas, todas contribuyeron a la formación de creencias culturalreligiosas que afectaron al proceso de socialización. Tanto o más importante que el catolicismo formal para conocer la religión po pular de la época, son los numerosos cultos y hermandades dedi cados a la veneración de un santo o virgen en particular. Las for mas de comportamiento estimuladas por éstos influyeron de ma nera importante sobre las normas de la vida cotidiana a la vez que constituyeron importantes expresiones del sentir popular. Tam bién la religiosidad actuó como un importante mecanismo de esca pe en un mundo donde la nota más saltante era la penuria apa,-" itemente irremediable. La participación política de las masas urbanas. Los sectores populares de Lima llegaron a tener una participación formal en la política sólo al final del período 1900-1930 a través de su movili zación por el Aprismo y el Sanchezcerrismó y"dé "su"voto "secreto en la elección de 1931. Pero esta participación no ocurrió en un vacío histórico. Desde el siglo XIX los sectores populares urbanos habían tenido un rol político a través de los clubes electorales, las manifestaciones callejeras y la venta de sus votos. Todas esas for mas de participación contribuyeron a la creación de una memoria política que en alguna medida condicionaría la participación ma siva formal en 1931. Al respecto es particularmente importante estudiar el fenómeno del capitulerismo; era el capitulero quien fojaba los primeros contactos entre la política electoral y los sec tores populares. Además de las manifestaciones visibles de la parti cipación popular, lo que se intenta conocer es la orientación subje tiva de las masas hacia el sistema político. ¿Cuáles eran las creen cias y los sentimientos internos de la población popular sobre el funcionamiento del sistema político sobre los beneficios que ese sistema podría ofrecer y cómo conseguir en mejor forma estos beneficios? La vida social y la cultura popular de las masas urbanas. En cierto sentido el estudio de la vida social y la cultura popular es el estudio de la misma textura de la Lima obrera, y necesariamente tiene que proceder de todos los aspectos ya mencionados, por ejemplo, la estructura familiar, la religión popular, las condiciones de vida, etc. Dentro de ésto se enfoca a la red compleja de relacio18


nes sociales verticales y horizontales de los miembros de los secto res populares, y las múltiples expresiones de cultura popular urba na tales como la música, las fiestas y los deportes. El compadrazgo fue una institución predominante de la Lima obrera, y es impor tante analizar los varios tipos de relaciones patrimoniales propicia das por él: en la fábrica entre el obrero y el maestro o el gerente; en la política entre el votante popular y el capitulero o el candida to; en la hermandad religiosa entre el suplicante y el mayordomo o.el santo. Los lazos verticales encerrados en estas relaciones se contaban entre los pocos recursos que tenían los humildes para conseguir beneficios, aunque fueran marginales, a través de la "ma nipulación" de aquéllos que estaban por encima de ellos en la pirá mide social. También eran importantes los tratos más formales de los sectores populares en el contexto del sindicato, del club de pro vincianos o del equipo de fútbol. Y por debajo de todo ésto, hay que enterarse de la interacción cotidiana de las masas urbanas, en sus hogares, en el barrio y en sus lugares de trabajo. Es en el estu dio de la cultura popular donde se revela esta variedad de relacio nes sociales con particular claridad. Las expresiones populares en la jarana, en la letra de los valses que se cantaban allí, en la celebra ción de los carnavales o de un gol por la hinchada del barrio, todas éstas y más son las expresiones directas que han perdurado de las normas y valores de una sociedad en proceso de masificación. Nos permiten un acercamiento a la Lima obrera desde adentro, una vi sión de la vida cotidiana íntima, privada cuyo estudio es el propó sito central de esta obra. El estudio de la Lima obrera ha sido guiado por una serie de propósitos universales que trascienden al análisis de cualquier lugar o tiempo específico. Quiero hacerlos explícitos antes de en trar a la consideración de la mecánica de este proyecto de investi gación conjunta, las principales metodologías empleadas, y las fuentes más pertinentes. Una preocupación de extrema importan cia en el estudio ha sido llegar a un conocimiento de cómo vivían los sectores populares a nivel individual, familiar y de clase social. O quizás deba decir, ¿cómo sobrevivían, no sólo en términos físi cos sino también psicológicos? Si el crecimiento de estos sectores, y por ello de la ciudad, fue la dinámica principal de la época, es igualmente importante observar a la vida popular desde la perspec tiva de otra dinámica: la miseria. La miseria de distintas maneras en diferentes momentos actuaba como una especie de colador a través del cual pasaban todas las instituciones y los valores popu19


lares. Por ejemplo, si casi todos los ingresos de una familia obrera se dedicaban a la compra de alimentos, esta realidad de escasez tenía varias consecuencias claras. Con respecto a la escolaridad, por ejemplo, significó que más del noventa por ciento de los niños de la Lima obrera recibían menos de dos años de educación for mal simplemente porque se vieron forzados a ayudar con el soste nimiento de sus familias tan pronto estaban en'edad de trabajar. Estas condiciones de miseria tenían un impacto igualmente pro fundo sobre la mujer obrera. El sueño de dedicarse al hogar, al ma rido y a los hijos —un sueño propiciado por la iglesia y el Estado en sus enseñanzas formales sobre el rol de la mujer— estaba desti nado a ser hecho pedazos porla dura realidad de días largos de los trabajos más bajos dentro y fuera de la casa y por el aún más dolo roso espectro de la alta incidencia de mortalidad infantil como re sultado de la falta crónica de recursos para la alimentación básica o la atención médica. Estas ideas no son nuevas, pero frecuente mente parecen perderse de vista en muchos de aquellos estudios que examinan a las masas desde arriba hacia abajo. A la luz de esta miseria cotidiana, otra cuestión que me ha interesado es la definición de los elementos que daban cohesión a una sociedad fundamentalmente opresiva. Algunos de estos eran mecanismos de control social creados por las clases dominantes mientras otros se generaban dentro de' las mismas masas populares. Los elementos externos son más fáciles de distinguir, desde los ac tos de represión física hasta la difusión de ideologías que enseña ban valores conservadores tales como el fatalismo y la resignación frente al sufrimiento. Los elementos internos comprendían pautas más sutiles que incluían actitudes racistas entre los mismos com ponentes de los sectores populares, conflictos entre trabajadores sobre empleos específicos, o sobre eventos deportivos o sobre mu jeres. Todos estos conflictos separaban a las masas populares ha ciendo más difícil su cohesión como clase pero a la vez más fácil su explotación, y por consiguiente más fácil la cohesión de la so ciedad limeña como conjunto. Otro factor que dividía a los sectores populares y cuyo análisis ha sido central en este estudio fue la heterogeneidad pro funda que caracterizaba a esos sectores. En términos concretos, es to significa identificar las formas más comunes de diferenciación dentro de las clases populares en torno a niveles económicos, expe riencias de movilidad e identidad étnica. También implica conocer las numerosas contradiccionesque se generaban en la vidacotidiana 20


de la Lima obrera. No es mi intento tratar de resolver las con^- dicciones de un individuo quien, por ejemplo, fue partícipe aettvo en las más importantes conquistas sindicales de la época, sufrió cárcel en numerosas ocasiones por sus actividades sindicales, y políticas, mientras que al mismo tiempo sentía una admiración profunda por los gerentes gringos de la fábrica textil en donde trabajaba, sobre todo por el trato riguroso que daban a los obreros y atribuía a su devoción por el Señor de los Milagros todos los lo gros de su vida. Más bien, quiero llegar a reconocer estas contra dicciones y comprender sus efectos sobre el comportamiento de los sectores populares limeños. El estudio de la vida cotidiana de las masas urbanas que pone énfasis en los valores, estilos de vida y formas de interacción social que perduraron a través de los años, tiende a subrayar lo estático versus lo cambiante en la vida de la Lima obrera. Sin embargo, la premisa inicial de todo el proyecto es que los sectores populares y su ciudad estaban experimentando transformaciones profundas, si no revolucionarias, en la época del estudio. No sólo se trata de no ignorar el impacto de estos cambios en la vida de las masas urbanas, sino también se busca esclarecer la influencia de estas mismas masas en el amplio proceso de modernización que ocurría en el Perú. Es importante examinar las muchas manifesta ciones de la dinámica entre masificación y modernización como algunos ejemplos de los años veinte. En estos tiempos se hizo común ver a 10 o 15,000 espectadores, sobre todo de los sectores populares, asistiendo a un partido de fútbol. Una respuesta a esa situación fue la creación de la Federación Peruana de Fútbol para regular estos eventos. En las fechas de la Procesión del Señor de los Milagros, las calles comenzaban a rebosar de suplicantes humildes, y respondiendo a los "peligros" que estas "turbas" representaban, miembros de la clase alta actuaron rápidamente para controlar a la Hermandad, tomando los puestos de mayordomos. Y cuando la política de los años 1930-31 fue monopolizada por los nuevos par tidos con bases populares, las élites tradicionales se vieron obliga das a tratar de ganarse al candidato populista menos peligroso en vez de lanzar candidatos propios. Ya se debe haber hecho evidente que un proyecto de esta amplitud sobrepasa los alcances de un solo investigador con tiem po limitado. ¿Cómo abordar un tema que parece tan vasto como interesante? Yo llegué a Lima en agosto de 1981 con un año para dedicar al proyecto. Antes había estado en contacto con la Univer sidad de Lima que me había invitado a ser profesor investigador 21


durante mi estancia en el Perú. Aproveché de la cooperación de la Universidad para montar un equipo de investigación. Mi idea no era sólo de reclutar a varios auxiliares de investigación que se limi taran a recoger datos para mí. Más bien, pensé que el tema era tan extenso que cada investigador podría escoger su propio tópico dentro del proyecto. Propuse hacer un simposio público y editar los trabajos más valiosos si nuestros logros fueran significativos. El simposio se realizó en julio de 1982 y los tres tomos de La Lima obrera, 1900-1930 son los productos de nuestra investigación con junta. El término de "investigación conjunta" es particularmente apropiado para describir la evolución del proyecto. Desde agosto hasta julio el cuerpo de investigadores, que oscilaba entre quince y veinticinco personas, se reunía a veces semanalmente, a veces cada dos semanas, para discutir metodologías, comparar hallazgos y a compartir ideas. Muy rápidamente los trabajos de cada uno se hi cieron los trabajos de todos ya que, en un ambiente de coopera ción plena, todos se ayudaban mutuamente, ya sea con el desarro llo de una técnica para hacer entrevistas, o con estrategias para el uso de varios tipos de fuentes estadísticas o simplemente para sugerir nuevas hipótesis a un colega. En parte, la interacción tan fructífera entre todos nosotros fue resultado de que los miembros del grupo venían de una diversidad de campos. Hubo representan tes de Historia, Antropología, Demografía, Sociología, Ciencias Políticas, Economía, Arquitectura, Ciencias de la Comunicación, Educación y Psicología. Y el grupo era heterogéneo en otros senti dos también. Alisté a estudiosos no sólo de la Universidad de Lima sino también de la Universidad Católica, de la Universidad Nacio nal Mayor de San Marcos, de la Universidad de Ingeniería y de va rias universidades norteamericanas. En el equipo había desde estu diantes universitarios hasta catedráticos. Recurrimos a una gran variedad de fuentes para tratar la gama de tópicos dentro del proyecto Lima obrera. Por supuesto utilizamos las fuentes tradicionales como los libros, los periódicos y las revistas. También hicimos mucho uso de las fuentes demográ ficas como los censos, registros civiles, anuarios estadísticos, catas tros, etc. La historia oral aportó material a casitodos los trabajos. El equipo de investigación realizó másde 120 horas de grabaciones de entrevistas históricas de inestimable valor. Además, empleamos fuentes aún menos tradicionales para esclarecer áreas específicas de la Luna obrera. Entre ellas están los análisis de contenido de fotografías, de las letras de valses criollos, y de novenas y sermoT">


narios de la época. Este primer tomo de trabajos míos está compuesto en su mayor parte de ensayos metodológicos. Pongo énfasis en lo meto dológico antes de entrar en el estudio substantivo de la Lima obre ra porque me parece importante discutir los planteamientos, las fuentes, y las formas de presentación de información que son factibles en los estudios de la historia social. Este último punto, el de la presentación de los datos, está enfocado en el siguiente capítulo de este tomo. En "La vida de Lucho Saldaña, o la recons trucción de una realidad histórica a través de su ficcionalización", presento una variedad de aspectos dé la vida popular limeña en la forma de una biografía compuesta, semi-ficticia. Este capítulo crea una visión panorámica de la Lima obrera al mismo tiempo que intenta'meter al lector dentro de ese mundo por medio de personajes de carne y hueso y situaciones reales. Al final del ensayo incluyo comentarios detallados sobre los tipos de materiales consultados en esta reconstrucción semi-ficticia. Estos sirven como una nota introductoria a las fuentes empleadas en todo el proyecto de Lima obrera. El Capítulo 3, "Cultura popular y política popular en los comienzos del siglo XX en Lima", especula sobre, la interacción entre las normas culturales y la conducta política de las masas populares. Trata de descubrir las fuerzas más significativas en la formación de la cultura popular —las relaciones familiares, la vida escolar, las prácticas religiosas, la interacción con el sistema polí tico y la frecuencia de relaciones sociales patrimoniales— para después examinar la influencia de estas fuerzas en la formación de una orientación subjetiva hacia la política y los políticos en las masas limeñas. Algunas de las fuentes más útiles para este ensayo son los relatos de José Antonio Encinas, el primer "psicólogo so cial del Perú", sobre la estructura familiar y el medio ambiente es colar y el análisis de contenido de textos de colegio primario para llegar a conocer a la ideología oficial sobre las características del buen ciudadano. El Capítulo 4, "El vals criollo y los valores de la clase tra bajadora en la Lima de comienzos del siglo XX", sigue con el tema de la cultura popular. En vez de reconstruir el proceso de enculturación como el capítulo anterior, sugiere el uso de las letras de los más populares valses de la época para identificar los valores y nor mas más consecuentes de esta cultura. Una especie de folklore ur bano escrito casi exclusivamente por y para los habitantes de los barrios pobres de la ciudad, la letra de los valses es quizás la única 23


fuente disponible de expresión directa de las masas urbanas en las tres primeras décadas de este siglo. "Don Pedro Frías y la creación de los documentos histó ricos: un ejemplo de la historia oral", el Capítulo 5, surge de la necesidad de examinar en algún detalle una fuente de primordial importancia para todo el proyecto de Lima obrera, la historia oral. En el contexto del proyecto, comento sobre losusos más producti vos de las entrevistas, sus limitaciones y el método para efectuar las. Estas observaciones están seguidas por una parte de una entre vista con Don Pedro Frías, un obrero textil de la época, la que sirve como una muestra concreta de este tipo de material. El último capítulo de este primer tomo, "Entre el Offside y el Chimpún: Las clases populares limeñas y el fútbol, 1900- 1930", fue escrito conjuntamente con el Historiador José Deustua del Instituto de Estudios Peruanos y la Politicóloga Susan Stokes de Stanford University. En el trabajo tratamos de descubrir el papel que tenía ese deporte en la vida cotidiana de las masas urba nas. Encontramos dos dinámicas contrarias en el fútbol de estos grupos: el fútbol como genuina manifestación popular, con la capacidad de forjar lazos solidarios entre sus participantes y así contribuir a incrementar la conciencia de clase; y el fútbol como instrumento de control social que facilitaba la captación de secto res obreros por el régimen jerárquico de la sociedad y, porsu espí ritu de competencia, creaba divisiones entre los mismos obreros —jugadores e hinchas— haciendo más improbable actitudes y accio nes solidarias. Además de entrevistar extensamente a jugadores e hinchas de la época, encontramos publicaciones deportivas de enorme valor para el estudio del fútbol histórico. El segundo tomo comienza con el trabajo de Laura Miller, Historiadora de Wesleyan University, sobre "La mujer obrera,' 1900-1930". El capítulo de Miller es el primer estudio sociohistórico que tenemos de la mujer peruana. Basado en un número considerable de entrevistas con mujeres humildes de la época ade más del análisis de datos estadísticos y de publicaciones femeninas, Miller ilumina múltiples aspectos de la vida de la mujer obrera. Ha ce contribuciones especialmente valiosas sobre el proceso de socia lización en la niñez, las condiciones de trabajo enlos empleos más frecuentes, el contenido de las relaciones de convivencia y matri monio, y el impacto del terrible espectro de la mortalidad infantil. El Capítulo 2 por Katherine Roberts, Historiadora de Duke University, sigue el estilo de mi biografía compuesta en el primer tomo. "El caso de Rosario" trata sobre una mujer humilde 24


que entra a trabajar en un prostíbulo. Introducido por un breve examen de la institución de la prostitución en Lima a comienzos de siglo, Roberts relata en su cuento las presiones en la vida de su personaje semi-ficticio que la llevaron a convertirse en prostituta y el efecto de esa decisión sobre su vida. Tanto en las entrevistas de las mujeres obreras como en las fuentes impresas, Roberts fue im presionada por la tensión en la vida de la mujer obrera que a la vez fue exhortada a ser una esposa y madre modelo mientras que se veía forzada a trabajar largas horas para sostener a su familia. Esta contradicción creaba serios estados de depresión emocional y en algunos casos, como el de Rosario, fue un motivo determinante para que adoptara la vida de prostituta. "Raza y clase social: los negros en Lima, 1900-1930" por Susan Stokes es otra contribución notable, esta vez sobre un grupo étnico que ha sido generalmente ignorado en estudios de la Lima histórica o actual. El trabajo está basado en el uso intensivo de una variedad de datos demográficos provenientes de los censos, los re gistros civiles y otras fuentes estadísticas, además de un buen nú mero de entrevistas de historia oral y de fuentes periódicas y se cundarias. Establece las dimensiones y las tendencias de cambio numérico de la población negra, examina la posición de este grupo relativa a los otros componentes de los sectores populares urbanos, y descubre algunas de las matrices étnicas de la dominación histó rica en el Perú. Stokes describe la situación de los negros limeños en torno a dos tipos de racismo, el estructural y el ideológico, que se daban simultáneamente en la Lima obrera. Encuentra que por estos racismos el grupo negroide se mantenía "cuantitativamente" en la parte más baja de la pirámide social limeña mientras que "cualitativamente" sufría desmesuradamente de las actitudes de prejuicio y desprecio ocasionadas por su origen étnico. Para trazar la evolución de estos racismos en la época de 1900-1930, Stokes termina con dos estudios de caso sobre dos instituciones que tradicionalmente han sido identificadas con la población negra de la capital, la Hermandad y la Procesión del Señor de los Milagros y el equipo de fútbol Alianza Lima. El Capítulo 4, "De la Guardia Vieja a la generación de Pinglo: Música criolla y cambio social en Lima, 1900-1940" presenta una interpretación algo distinta a la mía (Capítulo 4 del primer tomo) sobre el impacto de este "folklore urbano" sobre la Lima obrera. Su autor José Antonio Llorens, además de ser antropólogo del Instituto de Estudios Peruanos, es un guitarrista consumado, así que trae a este estudio una sensibilidad doble de científico so25


cial y de músico. Llorens identifica tres etapas en el desarrollo de la música criolla antes de 1940: La Guardia Vieja desde 1900 hasta 1920, época caracterizada por una música "artesanal o preindustrial" que no salía de su propio barrio y que se mantuvo ajeno a cualquier medio de comunicación formal; El Período Crítico entre 1920 y 1930 cuando comenzó a haber una difusión intensa de for mas musicales extranjeras sobre todo de la Argentina y de Nor teamérica las cuales tuvieron un impacto notable sobre las formas musicales criollas; y La Generación de Pinglo de 1930 a 1940 cu yos integrantes logran asimilar ritmos y géneros extranjeros sin perder la esencia popular de la música criolla. Llorens también ana liza a la música criolla como expresión de los cambios socioculturales que experimentaba Lima en aquellos años. El último tomo de Lima obrera comienza con el trabajo del Demógrafo de la Universidad de Lima, José Luis Huisa, "Lima 1900-1930: Aspectos demográficos". El autor presenta una visión de conjunto de una Lima que se transformaba demográficamente. Se ve los contornos de esta transformación en cuanto a la expan sión geográfica de la ciudad, y los cambios en la población en términos numéricos, étnicos, educacionales, de las proporciones de los sexos y de las edades, y ocupacionales. Huisa no se limita a describir estos cambios sino que también analiza el impacto sobre ellos del crecimiento demográfico vegetativo, la incidencia de enfermedades contagiosas y la ola de migración provinciana. Ade más, el autor hace un análisis sofisticado de la variedad de materia les estadísticos empleados por él y por el resto del equipo de inves tigación en que explica su valor como fuentes históricas a la vez que señala sus limitaciones. El Capítulo 2, "Las condiciones de vida de los sectores po pulares de Lima: 1900-1930" es de dos Economistas de la Univer sidad de Lima, Augusto Cavassa e Isabel Hurtado. El enfoque cen tral de su estudio es el grado dé satisfacción de las necesidades físi cas de las masas urbanas. Para poder hacer conjeturas sobre eso, Cavassa y Hurtado examinan a través de la época las variables de niveles y clases de empleo, ingresos y costo de vida. En cada una de ellas los autores nos demuestran con datos concretos los alcan ces de la miseria de la Lima obrera que se traducía en términos de altas incidencias de enfermedades, la carencia casi total de asisten cia médica, la inestabilidad laboral crónica, y el trabajo casi obli gatorio de las mujeres y los niños. Es más, ellos encuentran que existía un grave deterioro en las condiciones de vida de los sectores populares que, para el caso de muchos de ellos, ya estaba por de26


bajo de lo que se podría considerar un nivel de subsistencia. El Capítulo 3, "Los cambios en la población obrera de Lima entre 1900 y 1930: Su relación con decisiones gubernamen tales", de Alejandro Caballero, experto en Educación de la Uni versidad de Lima, hace una correlación entre la masificación de Lima, las presiones generadas por las nuevas masas urbanas, y las decisiones gubernamentales a los niveles del Estadoy de la Munici palidad de Lima. Caballero ha realizado la dura tarea de recolectar todas las leyes nacionales y municipales que se relacionaban de al guna forma con los sectores populares. Al mismo tiempo ha traza do un esquema de las acciones más significativas de las masas po pulares en los campos sociales, políticos, económicos y culturales. Encuentra una relación estrecha entre decisiones y acciones que se demuestra con particular fuerza en sus fascinantes gráficas. El último capítulo, "Los obreros textiles: condiciones y contradicciones de un 'nuevo proletariado' ", es un estudio a fon do de uno de los sectores más destacados de la Lima obrera. Escri to por la politicóloga Cynthia Sanborn de Harvard University, su pera a los análisis anteriores de este grupo los cuales se limitaban mayormente a recontar la historia política y sindical. Sanborn no ignora estas áreas; más bien, las analiza desde la perspectiva mucho más amplia de la vida cotidiana de los obreros textiles. Reconstru ye esta vida en sus múltiples aspectos: el proceso de contratación de los trabajadores, la estabilidad y movilidad laboral del sector; la estructura de la producción en las fábricas; las condiciones de trabajo; el trabajo de mujeres y niños; lasrelaciones "humanas" dentro de las fábricas tanto entre obreros como entre obreros, maestros y gerentes; la evolución de las organizaciones obreras; la tensión entre "el arribismo" individual que producían los logros materiales que alcanzaban los textiles por encima de todos los de más sectores obreros y la identificación con el proletariado explo tado; y la diversidad de expresiones culturales de los trabajadores desde el teatro obrero hasta el fútbol. Sanborn pone especial énfa sis en el pueblo textil de Vitarte donde se observaba más claramen te los varios aspectos de la vida de los obreros textiles. Basándose en una gran variedad de fuentes que incluye la prensa obrera, in formes policiales y ministeriales, libros de actas de los sindicatos y numerosas entrevistas a obreros textiles de la época, entre ellos algunos líderessindicales, Sanborn presenta una abundancia de de talles sobre la vida de los textiles. Todo el capítulo está infundido por el intento de mirar desde abajo, desde la fábrica, desde el hogar textil. 27


Con tres tomos publicados sobre una diversidad de temas dentro de un concepto llamado "Lima obrera" quizás parezca algo absurdo decir que esto sólo representa el comienzo y ciertamente no el final del proyecto. En el curso de la investigación se creó el Instituto de Investigaciones en Historia Económica-Social dentro del CIESUL de la Universidad de Lima como instrumento para ampliar este proyecto y para apoyar a otros proyectos similares. Ha seguido trabajando un equipo de investigación en varios aspec tos adicionales de la Lima obrera con el mismo espíritu de apertu ra, colaboración y compartimiento de información que ha carac terizado a todo el proyecto. El trabajo de Sanborn sobre los tex tiles, por ejemplo, servirá como modelo para trabajos sobre otros sectores laborales como la construcción, el servicio doméstico, la prostitución y el transporte. Siguen adelante estudios sobre la pre sencia andina en Lima, la participación política de las masas urba nas entre la época de Piérola hasta 1930, la evolución de la vivien da popular, la religiosidad y la escolaridad en la Lima obrera. Espe ramos que estos tres tomos marquen sólo el inicio de una serie de publicaciones sobre el tema de la Lima obrera y otras áreas simi lares.


CAPITULO II LA VIDA DE LUCHO SALDAÑA, 0 LA RECONSTRUCCIÓN DE UNA REALIDAD HISTÓRICA A TRAVÉS DE SU FICCIONALIZACION


Este capítulo representa un intento de utilizar la forma del cuento para presentar limeños entre 1900 y 1930. Basándome casi totalmente en fuentes primarias particularmente las estadísticas contenidas en los censos y catastros de la época, he creado a un personaje, una familia y una serie de circunstancias que reflejan las estructuras y modalidades de la existencia de las masas urbanas de estos años. La historia de Lucho Saldaña es una biografía com puesta, semi-ficticia, que representa lo que se podría llamar un personaje "típico", como si realmente hubiera tal. De todos mo dos, la descripción de una yida que puede haber sido relativamente representativa revela algo de los orígenes sociales y étnicos de las clases populares, la estructura de la familia obrera, los trabajos disponibles, la vivienda popular y aspectos de las relaciones socia les de este grupo. La imagen creada está lejos de ser completa. Más bien, se enfocan las áreas tratadas con mayor detalle en las fuentes" consultadas. Al final del capítulo he escrito un extenso ensayo en que examino estas fuentes y explico en qué han sido basados los personajes y situaciones del cuento. Pero antes de comenzar, ¿por qué recurrir a la ficcionalización para presentar lo que es esencialmente un estudio de historia social? Hubiera sido probablemente más fácil y más lógico simple mente indicar los porcentajes de los diferentes grupos étnicos, de los tipos de vivienda, de las formas de empleo, etc. que regían para los sectores populares. Tengo varios motivos para sugerir esta forma alternativa de exponer la historia social. En primer lugar, como gran proporción del material del historiador social consiste en datos estadísticos, la exposición tradicional de éstos tiende a girar alrededor de núme ros, porcentajes, tablas y su explicación. Los trabajos resultantes son muchas veces difíciles de leer, y en parte por eso parecen ser tan esotéricos que sólo son consultados por otros profesionales de la historia y de las ciencias sociales. Francamente me siento pertur31


bado por esta especie de incesto intelectual. Nos esforzamos mu cho en nuestras investigaciones y en presentar nuestros resultados, y no debemos sentirnos conformes con la idea de que nuestros; trabajos queden en los estantes de las bibliotecas para estar rara vez abiertos. La historia es en su esencia comunicación; la historia que no comunica bien pierde gran parte de su valor. Si pensamos que lo que escribimos es importante —y si no, por qué estamos escri biéndolo— entonces debemos desear que ún gran número de perso nas lo lean. El uso del cuento constituye una manera de hacer lle gar la historia social a un público más amplio. Es interesante que en años recientes en Latinoamérica los escritores de novelas y cuentos no han titubeado en utilizar a la historia como base sus tantiva de sus obras. Los casos de Mario Vargas Llosa, Carlos Fuen tes, Gabriel García Márquez, Miguel Ángel Asturias, Ernesto Sábato, y Jorge Amado son algunos de los ejemplos más obvios. Y ellos siguen una larga tradición que tiene sus comienzos en los albores de la literatura occidental. Uno solo tiene que pensar en Homero, Virgilio, Cervantes o Shakespeare. Y en tiempos más recientes te nemos a Dickens, Tolstoy y Zolá. Teniendo como base el relato histórico, todos ellos han captado y mantenido el interés de innu merables lectores. Sin embargo, pocos historiadores han hecho este mismo salto entre la historia y la literatura. Yo propongo la ficcionalización como una modalidad, por supuesto no la única, para llegar a un público más grande. En otras palabras, sugiero la forma del cuento o de la novela para populari zar la historia en el mejor sentido de esa palabra. Para los literatos, la distancia entre el contenido de la literatura y la historia está conscientemente minimizada. El historiador profesional serio pue de hacer lo mismo. Los historiadores con estas metas pueden y deben hacer uso de las metodologías más sofisticadas de investi gación. Pero no es sólo aceptable sino deseable separar la investi gación del acto de comunicación. Demasiados científicos sociales, los historiadores entre ellos, se han olvidado de esta distinción entre establecer los resultados de un estudio y comunicarlos. En términos de la comunicación, la ficcionalización tiene otra ventaja igualmente impqrtante: nos permite presentar las es feras más subjetivas de la hisf oria, de la existencia humana. Cual quier historia con pertinencjyá cultural tiene que necesariamente tratar con las intenciones subjetivas de la gente. En efecto, es ine vitable tocar lo subjetivo cuahdo buscamos las causas y efectos de 32


eventos y procesos históricos. Al hacer eso tenemos que dar nues tros propios saltos especulativos que no siempre están completa mente respaldados por los datos. Quiero decir que la subjetividad es ineludible tanto en la esencia de la historia como en su interpre tación. Por eso, criticar el recurso a la ficción como demasiado subjetivo es algo ingenuo. Más bien lo que logra la ficcionalización, y lo que la hace particularmente valiosa, es que permite tanto al escritor como al lector penetrar la realidad histórica, la concien cia de las personas tratadas. Así el escritor y el lector pueden expe rimentar esa realidad al nivel emocional de los mismos seres histó ricos. A través del cuento o de la novela, podemos reconstruir lo que alguien en el pasado puede haber dicho, pensado o sentido. Lo que da valor histórico a esta creación es la veracidad y la efectivi dad de la imagen presentada. Su mérito depende de su capacidad para reproducir la gama de sensaciones y pensamientos del pasado y su ingenio para hacer que el lector participe en ellos. En este sen tido, la distinción entre la historia y la literatura desaparece. La historia es literatura. No debe extrañar que termino esta breve introducción con la referencia de un literato. Mario Vargas Llosa comienza su obra de teatro La Señorita de Tacna con un ensayo titulado, por coinci dencia, "Las mentiras verdaderas". Su definición de la forma del cuento no está muy lejos de la forma aquí propuesta de hacer his toria social: En este sentido, ese arte de mentir que es el cuento es, también, asombrosamente, el de comunicar una recón dita verdad humana. En su indiscernible mezcla de cosas ciertas y fraguadas, de experiencias vividas e imaginarias, el cuento es una de las escasas formas —quizá la única— capaz de expresar esa unidad que es el hombre que vive y el que sueña, el de la realidad y el de los deseos. 33


Lucho Saldaña nació en Lima en 1897. Fue el segundo de dos hijos. Su madre había dado a luz cuatro veces, pero uno de los hermanos murió al nacer, y una hermana vivió sólo hasta los nueve meses, víctima de una enfermedad intestinal. Como su hermano, Lucho fue hijo ilegítimo. Su padre y madre convivieron hasta que él tuvo ocho años, y nunca se casaron. Después de que su padre los abandonó para ir a vivir con "su otra familia", Lucho apenas lo veía. Con una mezcla de sangre española e india corriendo por sus venas, Lucho era como la mayoría de sus amigos y vecinos que residían en el barrio del Rímac. En sus andanzas diarias por las calles del Rímac, Lucho observaba la gran variedad racial que era una característica distintiva de la Lima obrera. Estaba el frutero mestizo, el verdulero chino con su puesto en la esquina, el barbero japonés, la negra tamalera, la india que vendía pollos vivos, y los mendigos mestizos que tocaban la guitarra y cantaban con la espe ranza de recibir alguna moneda. Ahora, con cuarenta años cum plidos, Lucho recordaba que en su niñez veía mayor cantidad de negros y chinos que en los años posteriores. También notaba que con el paso del tiempo había menos y menos blancos y más y más mestizos. En su juventud Lucho y su hermano Miguel tuvieron dos años de escuela primaria. Aprendieron a leer y escribir pero no pudieron continuar sus estudios porque tenían que buscar trabajo para ayudar con las necesidades económicas de su casa. Antes de cumplir los trece años Lucho había tenido una diversidad de tra bajos eventuales. Lustraba zapatos a lo largo de la Plaza de Toros de Ácho, hacía diligencias para el farmacéutico del barrio, y ayu daba a una amiga de su madre que iba de casa en casa comprando botellas y periódicos usados. Con la esperanza de aprender un ofi cio, Lucho se hizo aprendiz de un carpintero, y comenzó a traba jar en uno de los muchos pequeños talleres artesanales que emplea ban a una gran proporción de las clases populares de Lima. Al igual que la mayoría de sus compañeros de trabajo, Lucho se mudaba de un taller a otro durante los próximos tres años sin conseguir un puesto fijo. Su máslarga permanencia fue de 18 meses cuando tra bajó en un taller de carpintería. Al comienzo, sus obligaciones para el maestro carpintero diferían poco de sus experiencias de trabajo previas. No recibía nada de instrucción en carpintería; más bien se le exigía efectuar labores domésticas en la casa de su patrón. En verdad, el ambiente patriarcal del taller le hacía recordar la vida anterior de su casa. 34


Después de un año de tareas domésticas, Lucho finalmente se gra duó al taller. Comenzaba a trabajar a las siete de la mañana y mu chas veces no terminaba hasta las diez u once de la noche. Lucho sobrellevaba silenciosamente los rigores de esta existencia con la esperanza de algún día convertirse en maestro carpintero. Admira ba la situación de su patrón a quien consideraba poseer una vida envidiable. El maestro carpintero había trabajado duramente para poder ahorrar el dinero suficiente para comprarse sus propias he rramientas, y había' finalmente podido establecer su propio taller, A los ojos de Lucho, parecía tener pocas preocupaciones económi cas. Aunque claramente era un miembro de las clases trabajadoras, el maestro carpintero tenía ingresos suficientes para alquilar cuatro cuartos en una quinta y tener a una empleada doméstica para ayu dar en el lavado, la cocina y la limpieza general. Justo cuando Lucho comenzaba a pensar que sería posible convertirse en el pa trón de un taller de carpintería, vio todos sus sueños para el futuro deshechos. Una súbita baja en la economía y en la demanda de trabajo de carpintería hizo que el maestro carpintero redujera su 'personal. Lucho fue el primero en ser despedido. ' Después de dejar el servicio de carpintero, fue aprendiz por corto tiempo de un pintor, un zapatero, y un sastre, pero no pudo permanecer en ninguno de los trabajos por más de ocho me ses. Finalmente decidió dejar el sector artesanal y buscar otra for ma de empleo. Durante los próximos años trabajaba en diferentes oficios como mozo, cargador de maletas, ayudante de plomero, conductor de tranvía y finalmente obrero de construcción en va rios proyectos por todo Lima durante la década de los veinte. A través de la mayor parte de su vida en el trabajo hasta la Depresión de 1930, había una constante demanda de trabajadores en Lima. Lucho tenía poca dificultad en cambiarse de empleo, encontrando siempre algo nuevo. Aunque nunca llegó a realizar su meta original de convertirse en maestro carpintero, Lucho no se lamentaba. Sen tía cierto orgullo por haber logrado una posición económica mejor que la mayoría de sus vecinos a quienes les había sido imposible conseguir cualquier forma de trabajo regular, siendo relegados a la condición de barrenderos de calles, sirvientes domésticos, ambu lantes o vendedores de "huachitos" de lotería. Un trabajo que Lucho nunca había tenido era el de obrero industrial. Cuando comenzó en el taller de carpintería en 1910, sólo una pequeña porción de los sectores populares urbanos traba jaba en el sector industrial; una excepción importante consistía en aquellos empleados en las industrias de artes y oficios representa35


dos por los talleres de artesanía. Con la llegada de la Primera Gue rra Mundial y sus efectos en la economía peruana, las industrias manufactureras, particularmente la industria textil, crecieron y pu dieron emplear a un número cada vez mayor de trabajadores. El crecimiento industrial vino acompañado de una expansión en el tamaño y el poder de las organizaciones sindicales que llevó a un desnivel cada vez más pronunciado entre los trabajadores organi zados y los no-organizados. Lucho se quejaba frecuentemente del hecho de que nunca hubiera podido conseguir un empleo que le hubiera dado la oportunidad de ser miembro de un sindicato. Veía que a través de la actividad sindical los obreros organizados habían podido obtener logros concretos no compartidos por los no-organi zados. Los sindicatos habían ganado para sus miembros la jornada de ocho horas, mejores condiciones de trabajo en las fábricas y protección de los excesos de los gerentes. Donde más se veía las diferencias era en los sueldos. Los sindicatos habían sido relativa mente exitosos en lograr convenios favorables para sus miembros al punto que los trabajadores organizados ganaban casi el doble que los no-organizados. A pesar de todos sus logros, aún los obrerossindicalizados vivían en la pobreza, siendo la situación peor para la mayoría de los trabajadores no-sindicalizados que formaban las masas popula res de Lima. Lucho siempre comentaba a Margarita, la mujer con la que convivía desde los veinte años, que nunca podía ganar sufi ciente dinero para sentir alguna medida de seguridad económica, aun después de obtener un trabajo de construcción regular y bien remunerado. El aumento constante en el costo de vida, especial mente después de 1920, hizo que su sueldo fuera escasamente ade cuado para cubrir sus necesidades mínimas diarias. En 1928, por ejemplo, Lucho ganaba 3 soles diarios, lo que significaba 75 soles mensuales. Gastaba el 60% de su sueldo en comida y el 25% en vi vienda. El resto era apenas suficiente para pagar ropa y otras nece sidades de su familia de cinco. Siempre se encontraba endeudado con el bodeguero, el sastre, el farmacéutico y el zapatero. Temía muchísimo que llegara el día que por accidente, enfermedad o cri sis económica perdiera su trabajo. Le repetía siempre a Margarita aue estarían perdidos si esto les llegara a suceder. Los límites sobre la vida de Lucho y su familia se refleja ban mejor en el tipo de vivienda que podían ocupar. Soñaba con el día en el cual pudiera comprar un pequeño lote de tierra para construir su propia casa, pero los 16 a 18 soles que él dedicaba 36


cada mes para alquiler eran apenas suficientes para proporcionarle uno o dos cuartos en un callejón. Los callejones de la época de Lucho eran de diferentes formas. El más común se conformaba de un largo pasadizo saliendo de la calle, con edificios estrechos de una planta a los dos lados, divididos en apartamentos de uno o dos dormitorios. Estas filas apretadas de cuartos por lo general abarcaban el largo de toda una manzana con entradas de dos calles, o sólo abarcaban media cuadra, terminando abruptamente en una pared de adobe. Existían también callejones en que las filas de cuartos se desviaban de un lado a otro dentro de la manzana. Dos otros tipos comunes de vivienda de los sectores popu lares eran las casas subdivididas y casas de vecindad. Una casa subdividida era un solar colonial o de comienzos de la República que había sido abandonado por sus propietarios de la clase alta y subdividido en una serie de pequeños cuartos para convertirse en vi vienda de familias pobres. Por lo general tenían dos plantas y dos o tres patios interiores. La elegancia exterior de estas residen cias escondía un caos interno de cuartuchos minúsculos con menos espacio aun que los apartamentos de los callejones. Las casas de vecindad ofrecían condiciones algo mejores. Habiendo sido origi nalmente construidas como edificios de alquiler para las clases pobres, sus dos plantas tenían departamentos de dos o tres dormi torios que se extendían alrededor de un patio central. El resultado de la concentración del mayor número de ha bitantes en el menor espacio posible fue un terrible problema de sobrepoblación en la Lima obrera. Una familia típica de clase po pular —formada de una madre, a veces de un padre, abuela y/o abuelo, y de niños grandes y pequeños— casi siempre vivía en una sola habitación estrecha. Los que vivían en callejones y casa de vecindad generalmente tenían más espacio que los que vivían en casas subdivididas. En cuanto la familia crecía, el espacio físico de cada miembro de la familia disminuía. En todos estos tipos de vi vienda había poca relación entre el tamaño de la casa y el tamaño de la familia. Lucho se acordaba, por ejemplo, que en uno de los callejones en el que él había vivido, había un grupo de 14 personas apiñadas en dos cuartos pequeños. En sus moradas de uno o dos dormitorios, algunas veces divididas por cartones y hasta sábanas, familias grandes y pequeñas veían nacer a sus hijos y velaban a sus muertos. Aunque muchos se mudaban por lo menos tres o cua tro veces durante sus vidas, consideraban a sus cuartos de callejón, de casa subdividida, o de casa de vecindad como sus viviendas per37


manentes. Durante su vida Lucho Saldaña residió en cuatro diferentes callejones y en una casa subdividida. Cuando niño vivió con su ma dre y hermano en un callejón llamado San José. Al lado del río Rí mac, se hallaba en suelo extremadamente húmedo; el aire del calle jón estaba cargado de humedad del río y del fuerte olor de dos excusados abiertos. El corredor central de la vivienda bordeado de 25 pequeñas habitaciones a cada lado, había sido originalmente pavimentado con ladrillos y piedras pequeñas, pero el continuo uso y la falta de mantenimiento durante años había llevado al de terioro de mucho del pavimento. En los días lluviosos, o cuando las mujeres colgaban sus ropas mojadas para secarse al sol, charcos de barro aparecían en el piso desigual del corredor. El callejón te nía dos grandes botaderos con dos caños de agua que suministra ban las necesidades de los 127 habitantes. Cada apartamento de paredes de adobe tenía pequeñas puertas y ventanas que permi tían solamente una mínima ventilación y luz. Cuando a la edad de veinte Lucho comenzó a vivir con Margarita, pasaron su primer año juntos con su madre. Después de eso, se mudaron a un callejón llamado La Alegría. Un pequeño complejo con sólo 7 cuartos y 24 habitantes, sus habitaciones te nían aun menos espacio que aquellas del Callejón San José y reci bían luz sólo a través del tragaluz que había por encima de cada puerta. Para obtener algún alivio de las condiciones estrechas, los residentes vivían la mayor parte de sus vidas en el pasillo de dos metros de ancho que se extendía a lo largo del callejón, llenándolo de sillas, lavaderos, ollas de cocina, y animales domésticos. Miran do desde la calle, La Alegría parecía un laberinto de animales, gen te y muebles viejos. Y lo que era peor, estaba situado delante de un establo; el olor del excremento de los caballos y muías que cu bría la calle inundaba la atmósfera de La Alegría. Después de vivir cuatro años allí, Lucho comenzó a buscar una casa mejor. Había conseguido un trabajo fijo y Margarita ha bía tenido dos hijos. Los dos sentían que podían pagar algo mejor y que necesitaban más que el pequeño cuarto de La Alegría. Des pués que Lucho buscó por varias semanas, la familia se mudó al Callejón Roberto. Sus 18 cuartos proporcionaban vivienda a 44 personas. El Callejón Roberto tenía cuartos ligeramente más gran des que los de La Alegría, pero sus residentes también vivían bajo condiciones de estrechez y confusión. La luz del sol nunca entraba por su estrecho corredor central que estaba cruzado por sogas llenas de ropa secándose. En el cuarto de Lucho, por ejemplo, aun 38


al medio día, no había suficiente luz natural para distinguir las imágenes de Jesús y de Santa Rosa que Margarita había colgado en la pared con tanto cuidado. Al fondo del callejón había un sólo caño con botadero que proveía un chorrito escaso de agua a las mujeres que diariamente hacían cola con bandeja en la mano. Lucho y su familia vivieron en el Callejón Roberto durante siete años. Una enfermedad prolongada que había mantenido a Lucho sin trabajo durante varios meses finalmente los obligó a bus car vivienda más barata. Se mudaron a una gran casa colonial sub dividida conocida como la Casa del Pescante cuyos 172 cuartos al bergaban a 353 personas. Era evidente por los restos de los delica dos balcones de madera y grandes portales adornados que en su día La Casa del Pescante había sido una mansión suntuosa. Pero para Lucho y su familia cuando llegaron les pareció un infierno de pequeños corredores cubiertos, escaleras irregulares en varios esta dos de deterioro, más corredores oscuros, y cuartos diminutos es parcidos por todas partes. Alojándose en uno de estos cuartosen el segundo piso, la familia tenía aún menos espacio que en su primera casa de La Alegría. Al comienzo, Margarita se asustaba por las no ches del sonido de las pisadas de los que subían las escaleras cru jientes. Y Lucho maldecía cada vez que se tropezaba en algún hue co del piso de madera agujereada afuera de su cuarto. Cuando Mar garita o sus hijos se quejaban, Lucho trataba de apaciguarlos insis tiendo en la conveniencia de tener una bodega, una sastrería y un zapatero en el primer piso de la casa. Pero Margarita no se ablanda ba y seguía quejándose de los animales pestíferos, de la suciedad de las cocinas de carbón, de las sillas destartaladas, de los niños hambrientos y llorosos y de las mujeres escandalosas que llenaban los corredores ruidosos. Tan pronto como Lucho pudo encontrar de nuevo un tra bajo relativamente seguro y bien pagado en la construcción, él, Margarita y sus dos hijos se mudaron de la Casa del Pescante a un callejón llamado Montañón. Esta residencia fue la mejor que Lu cho había jamás tenido. Con 36 cuartos y 135 habitantes era ex tremadamente sobrepoblada como sus viviendas anteriores, pero tenía la ventaja de poseer un gran patio bien ventilado en la parte delantera, un corredor central de 4 metros de ancho y cuartos más amplios con corrales pequeños atrás para el cultivo de legumbres o el mantenimiento de animales domésticos. El estado general del Montañón era muy superior a las otras casas de Lucho. El corredor central y los pisos de cada apartamento estaban pavimentados con grandes piedras redondas y todas las paredes habían sido reciente39


mente pintadas con cal. Este callejón contaba con bastante luz en el corredor y en los patios, pero como sólo tenía ventanas peque ñas, cada cuarto quedaba oscuro. A pesar de tener un sólo caño para 135 personas, Margarita quiso aprovechar del mayor espacio en el Montañón para tomar lavado de la calle y así incrementar los ingresos de la familia. Lucho agradecía sus esfuerzos y sabía ciertamente que el dinero extra del lavado sería una ayuda para afrontar el constante aumento en el costo de la vida, pero malde cía cada vez que se tropezaba con la bandeja grande de madera de Margarita y con la ropa mojada que ella había colgado en su cuarto para secarse en los días lluviosos de invierno. Además de tener que soportar vivir siempre en espacios muy limitados, Lucho y su familia también padecían con la alta incidencia de enfermedades reinante en las viviendas de las clases populares. La mayoría de lo» que construían callejones o que di vidían sus viejas casonas daban mayor consideración a la ganancia que a la higiene. En muchas de estas viviendas existía un sólo caño con botadero para el uso en algunos casos de 500 habitantes. Este era utilizado día y noche, obligando a muchos a salir al exterior a un espacio abierto para hacer sus necesidades. El excremento hu mano que se acumulaba era la causa mayor de las enfermedades intestinales que abundaban en estas viviendas. Los desagües que atravesaban por el medio de muchos de los callejones intensifica ban el problema de las enfermedades. Al mismo tiempo que se utilizaban para arrojar basura y como reservados, sus aguas tam bién eran empleadas para lavar ropa, para cocinar y a veces para beber. Además, las apretadas habitaciones y la limitada ventila ción de la mayoría de las viviendas de las clases populares aumen taban el índice de tuberculosis y de otras afecciones respiratorias. La falta general de salubridad junto cqn la construcción defectuo sa de las casas —se utilizaba adobes confeccionados con excremen to de animales— estimulaban la proliferación de ratas e insectos, portadores de toda clase de enfermedades. En suma, el exceso de población y la falta casi absoluta de facilidades sanitarias llevaron a un alto porcentaje de mortalidad entre las masas urbanas afec tando particularmente a la niñee. Casi no pasaba un año sin que la familia de Lucho no fuera atacada por alguna enfermedad seria, y dos de sus hijos fallecieron con djsentería y tifoidea. Lucho encontraba pocaComodidad física o espiritual en el cuarto obscuro y húmedo que ¡compartía con su mujer, sus dos hi jos, su suegra y su abuelo. Muebles de todas las edades y estilos que él y Margarita habían cuidadosamente juntado a través de los 40


años llenaban el departamento. Un sofá, testigo de mejores tiem pos, con su tapiz de seda desteñido y sus resortes crujientes, rete nía lo suficiente de su elegancia anterior para parecer fuera de sitio entre sillas burdas de madera —algunas con patas rotas— una vieja mesa, dos camas de segunda mano con colchones de paja y un ar mario sin puerta lleno de ropa raída. Al regresar a casa después de un día de mucho trabajo, Lucho trataba sin éxito de cerrar sus oídos a las interminables quejas de su mujer y de su suegra sobre toda clase de asuntos desde las enfermedades de sus hijos hasta la constante escasez de agua del único caño del callejón. En voz baja Lucho agradecía a Dios que por lo menos su abuelo era un hombre callado que daba pocos problemas. Lo que más le disgustaba a Lucho sobre la vida de callejón eran las constantes discusiones y peleas que se entablaban entre los residentes que vivían en condiciones tan estrechas. Parecía que ningún día pasaba sin que hubiera alguna pelea entre las mujeres, y los niños nunca se cansaban de pegarse el uno al otro. El caño que era el centro de la vida social del callejón era también por lo gene ral el centro de los conflictos. Las mujeres se empujaban para ser las primeras en la cola, y frecuentes luchas verbales y físicas hubie ron. Lucho se acordaba mucho del día en que una Margarita lloro sa le salió al encuentro para contarle que cuando había salido a enjuagar su ropa, la mujer del No. 12 le había colocado una bacenica sucia encima de su ropa limpia. Cuando Margarita comenzó a insultarla, la mujer cogió una piedra pesada y se la tiró golpeándole en la espalda. Mientras Margarita buscaba como defenderse, las otras mujeres presentes pararon la pelea. A la mañana siguiente Lucho, con toda la cólera encima, se despertó a las 5:00 a.m., vació un gran barril que usaba para guardar artículos de la casa y lo llevó al caño. Pacientemente esperaba mientras que el agua goteaba llenando el barril lentamente. Durante las dos horas que duró este procedimiento, Lucho no permitió a nadie llenar ni siquiera la olla más pequeña. Finalmente regresó soberbiamente a su casa, sin importarle los insultos murmurados de las mujeres que esperaban. Aun de noche cuando las peleas y las discusiones habían cesado afuera, los chismes más severos fueron el tema de la con versación detrás de la puerta cerrada de cada habitación. Margarita siempre comentaba a Lucho que sus vecinos no eran "gente de buenas costumbres". Se quejaba que el hijo de la mujer del No. 10 siempre estaba pegando a los niños menores: "El debería estar trabajando, ayudando a su familia y no juntándose con todos esos palomillas." Un tema favorito de los chismes de todo el callejón 41


I era la mujer que vivía en el No. 16 que siempre estaba peleándose con su marido. Todos podían oír sus gritos cuando él le pegaba al regresar a casa y encontrar hombres extraños en su habitación to mando cerveza. Muchas veces ella se escapaba al corredor central del callejón y allí, delante de todos, recibía los golpes de su marido enfurecido. Después de estos incidentes, ella comentaba con las mujeres que le escuchaban ávidamente que tenía que ver a otros hombres, porque la cantidad miserable de dinero que aportaba su marido como vendedor ambulante no era suficiente ni para pagar la comida de sus tres hijos. Aun así usualmente sólo comían dos veces al día: una taza de café con un pedazo de pan por la mañana, y arroz con frijoles o papas y más café a las 2 p.m. Cuando tenía un poquito de dinero adicional, salía por las tardes para comprar algunos bizcochitos para sus hijos. A pesar de que los residentes del callejón siempre se referían el uno al otro en sus chismes dia rios, y las mujeres conversaban horas de horas delante del caño de agua, pocas familias hacían amistades duraderas. La desconfianza mutua reinaba entre las familias del callejón. Las experiencias de Lucho Saldaña, su trabajo y sus con diciones de vida, eran las mismas de la mayoría de la población de la Lima obrera. Su historia es la historia de un hombre —o de un grupo de hombres— quienes percibieron relativamente pocos cam bios en sus vidas durante las primeras décadas de este siglo. Ellos afrontaban diariamente los mismos problemas, las mismas penu rias, las mismas inseguridades. Sin embargo, mientras Lucho y sus compañeros tal vez no se hubieran dado cuenta, el período de 1915 a 1930 marcó una era de cambio casi revolucionario en la ciudad capital. Lima se extendió geográficamente y demográfica mente a un paso acelerado. Y más importante, las masas urbanas crecieron durante estos años a números sin precedente. Transfor mados en tamaño, composición e importancia, como grupo ellos comenzaron a asumir un nuevo rol en la vida política, social y eco nómica de la nación. FUENTES Y METODOLOGÍA Existe una gran diversidad de fuentes valiosas para el estu dioso de la historia urbana-social de América Latina. En el caso particular de Lima de comienzos del siglo veinte, los materiales dis42


ponibles que incluyen los censos de 1908, 1920, y 1931 muestran que el tamaño promedio de la familia limeña era relativamente pe queño. El promedio del tamaño familiar aumentó sólo ligeramente de 4.1 en 1920 a 4.57 en 1931 mientras que en ese último año la familia de las áreas más pobres de la ciudad contaba, en términos promedios, con 4.29 miembros. Véase: Perú, Ministerio de Hacienda, Resumen del censo de las Provincias de Lima y Callao levantado el 17 de di ciembre de 1920 (Lima, 1927), pp. 183-185; y Perú, Censo de las Provincias de Lima y Callao levantado el 13 de noviembre de 1931 (Lima, 1932), p. 40. También es notable el número de familias de clase popular afectadas por la mortalidad infantil y por enfermedades en general. En 1908, por ejemplo, de 2,839 madres que declararon haber dado a luz a 3 niños, sólo 905, o aproximadamente un tercio, tenían tres hijos sobrevivientes. Las proporciones de niños sobrevivientes disminuían aún más en cuanto el tamaño de la familia aumentaba. Véase: Perú, Dirección de Salubridad Pública, Censo de la Provincia de Lima (26 de junio de 1908), (Lima, 1915), Vol. II, pp. 990-91. Los censos de Lima de 1908 y 1930 indican que aproxima damente 2/3 de los niños de los sectores populares eran ilegítimos, uno entre muchos indicadores de la gran frecuencia de relaciones informales entre hombre y mujer y el poco recurso al matrimonio formal. Véase: Perú, Censo de Lima 1908, Vol. I, p. .232; Perú, Cen so de Lima 1931, pp. 130-131; y Boletín municipal de Lima, 1900-1930, que contiene registros muy de tallados sobre matrimonios. Las estadísticas sobre los cambios en la composición étnica de Lima en la época deben ser tratadas con cuidado, ya que el mar gen de error es muy alto. En el censo de 1931, por ejemplo, los cuestionarios fueron llenados por los encuestados y no por los que tomaban el censo. Con gran frecuencia los mestizos y los indios se autodenominaban blancos. Es dudoso que los resultados fueran mucho más acertados si los cuestionarios hubieran sido llenados por los que tomaban el censo, quienes encontraban extremada mente difícil juzgar características raciales. Los materiales que fue ron consultados para la composición racial de los sectores popula43


res de Lima fueron: Perú, Censo de Lima 1908, Vol. I, pp. 90-97; Perú, Censo de Lima 1920, pp. 118-25; y Perú, Censo de Lima 1931, pp. 92-94. Véase también: Enrique León García, Las razas en Lima (Lima, 1909), especialmen te pp. 14-15, 40 y 69; Pedro M. Benvenutto Murrieta, Quince plazuelas, una alameda y un callejón (Lima, 1932), p. 137; José G. Clavero, Demografía de Lima en 1884 (Lima, 1885), p. 29; José Luis Caamaño, Apuntes limeños, (Lima, 1935); y Eleuterio Vigil Peláez, El Callao de ayer y de hoy (Callao, 1946). En,términos de empleo, la población mestiza se agrupaba en ocupaciones manuales como artesanía, trabajo industrial y transporte. Muy pocos mestizos, negros o indios eran propietarios en Lima, y las ramas de comercio, abogacía, medicina y educación fueron dominadas por los blancos: "Esas profesiones que ganan el más alto ingreso o producen el más alto prestigio social son preferencialmente-ejercidas por blancos." León García, Las razas, p. 20. Entre 1900 y 1930 el alfabetismo era notablemente alto en las áreas urbanas de Lima. En 1908 la proporción de alfabetismo de la población masculina y femenina de la ciudad mayor de 6 años fue de 76% con un total de analfabetismo calculado en 18.3% (el otro 5.7% era constituido por las categorías de semialfabetizados y sin datos). Hacia 1920 el analfabetismo había disminuido a 9.6%. En 1931 se elevó ligeramente a 11%, llegando a 13.6% en el barrio popular del Rímac. Este aumento parece haber sido el resul tado de la migración a la ciudad de una población rural menos edu cada. Si la edad mínima es aumentada de 6 a 10 años, el analfabe tismo declina a 9.6% en 1931. Una de las razones del alfabetismo significativo fué la alta proporción de asistencia escolar. En 1931, por ejemplo, 72% de los niños limeños en edad escolar había reci bido algo de educación formal. Véase: Perú, Censo de Lima 1908, Vol. I, pp. 370-76 y Vol. II, pp. 894-900; Perú, Censo de Lima 1920, pp. 139- 46; y Perú, Censo de Lima 1931, pp. 150-66. Un excelente examen de las condiciones de trabajo de las masas urbanas a comienzos de siglo se encuentra en Joaquín Cape lo, Sociología de Lima (Lima, 1895), Vol. II, pp. 39 y 43-45. Las descripciones de Capelo paralelan estrechamente otras posteriores de 1920.y 1930 de: 44


Ricardo Martínez de la Torre, Apuntes para una inter pretación marxista de historia social del Perú, (Lima, 1947), pp. 74-75; José Carlos Mariátegui, Temas de educación (Lima', 1930) pp. 138-39; y Magali Sarfatti Larson y Arlene Eisen Bergman, Social Stratification in Perú (Berkeley, Calif., 1969), p. 105. Datos sobre la estructura general de empleos de Lima pue den ser encontrados en: Perú, Censo de Lima 1908, Vol. II, pp. 906-43; Perú, Censo de Lima 1920, pp. 163-82; Perú, Censo de Li ma 1931, pp. 192-207; David Chaplin, The Peruvian Industrial Labor Forcé (Princeton, N.J., 1968), p. 279; y Federico Debuyst, La población en América Latina (Madrid, 1961), pp. 125 y 128. Material sobre las categorías económicas de empleos para clases populares es derivado de: Santiago Basurco y Leónidas Avendaño, "Informe emitido por la comisión encargada de estudiar las con diciones sanitarias de las casas de vecindad en Lima, primera parte", Ministerio de Fomento, Dirección de Salud Pública, Boletín, III: 4, (30 de abril, 1907), 33- 35; Pedro Reyes, A la Capital (Lima, 19 ?), p. 46; El Perú, enero 20, 1931, p. 1; Hugo Marquina Ríos, "Cincuenta casas de vecindad en la Avenida Francisco Pizarra", en Carlos Enrique Paz Soldán, Lima y sus suburbios (Lima, 1957), p. 78; y Benvenutto Murrie ta, Quince plazuelas, p. 318. Los cambios frecuentes de empleo eran muy comunes y parece que no era muy difícil encontrar trabajo durante la mayor parte del período entre 1900 y 1930. Como Arturo Sabroso señaló en una entrevista con el autor: "Para cambiar de trabajo lo único que teníamos que hacer era revisar los anuncios", (26 de febrero 1971). Véase también El Comercio, 10 de diciembre, 1931, p. 2. Aparentemente el mercado laboral comenzó a saturarse a media dos de los años veinte debido al flujo a la ciudad de grandes núme ros de migrantes rurales, y por consiguiente, la demanda de trabajo en sectores como la industria de la construcción bajó estrepitosa mente. Véase: Alberto Alexander, Las causas de la desvalorización de la propiedad urbana en Lima (Lima, 1932), pp. 12- 13. 45


Las diferencias entre los trabajadores sindicalizados y los no-sindicalizados se describen en: El obrero textil, V: 62, (Junio, 1924), 2. Arturo Sa broso, Réplicas proletarias (Lima, 1934), pp. 38-39; Leoncio M. Palacios, Encuesta sobre presupuestos fa miliares obreros realizada en la ciudad de Lima en 1940 (Lima, 1944) pp. 112-14; Martínez de la Torre, Apuntes para una interpretación, Vol. II, p. 353; y Enrique Echecopar, Aptocracia, (Lima, 1930), p. 79. Información sobre los ingresos de la clase trabajadora y los gastos puede ser encontrada en: Martínez de la Torre, Apuntes para una interpreta ción, Vol. I, pp. 22 y 108-109; Federico Ortiz Rodrí guez, "Páginas del pueblo", Mundial, VI: 251, (3 de abril, 1925), 32; Basurco y Avendaño, "Casas de ve cindad", 35; Ernesto Galarza, "Deudas Dictadura y Revolución en Bolivia y el Perú", Foreign Policy Reports, (13 de mayo de 1931), 116; y Lawrence Dennis, "What Overthrew Leguia: The Responsibility of American Bankers for Peruvian Evils", The New Republic, LXIV: 824, (17 de septiembre 1930), 117- 118. Que la mayoría de las clases populares de Lima vivía en ca llejones, casas de vecindad o casas subdivididas en las primeras dé cadas del siglo XX está demostrado en: Basurco y Avendaño, "Casas de vecindad", passim; Jorge Basadre, Historia de la República del Perú, 6ta. edic, (Lima, 1968-69), Vol. XII, p. 249; Benven-'to Murietta, Quince plazuelas, p. 209; Alberto Ale>?.nder al Director de Salubridad en Boletín de la Dic ción de Salubridad Pública, Segundo Semestre, (1926), 185; J.P. Colé, Estudio geográfico de la gran Lima (Lima, 1957), pp. VII-18; y José Muñoz y Die go Robles, Estudio de tugurios en los distritos de Je sús María y La Victoria (Lima, 1968), p. 68. La descripción de los rasgos arquitectónicos de los callejo nes está derivada de: El Tunante (Pseud.) Abelardo Gamarra, Lima: unos cuantos barrios y unos cuantos tipos (Lima, 1907), pp. 22-23; Benvenutto Murrieta, Quince plazuelas, 46


p. 270; Basurco y Avendaño, "Informe emitido por la comisión encargada de estudiar las condiciones sanita rias de las casas de vecindad en Lima, segunda parte", Ministerio de Fomento, Dirección de Salubridad Pú blica, Boletín, III: 5 (31 de mayo, 1907), 55-57; Marquina Ríos, "Cincuenta casas de vecindad", p. 79; y Óscar Romero Fernández, "Un espacio urbano libre: La Alameda de los Descalzos", en Paz Soldán, Lima, p. 100. También una serie de conversaciones con el conocido ar quitecto e historiador de Lima Juan Gunther en Mayo de 1971, y observaciones personales de las viviendas actuales de las clases po pulares en Lima —muchas de ellas son las mismas que aquellas des critas en las fuentes del período 1900-1930— fueron inmensamen te útiles para el entendimiento de la estructura de estas casas. Mu ñoz y Robles, Tugurios, es un estudio excelente en dos zonas, La Victoria y Jesús María, de la Lima más reciente. Es interesante no tar los paralelos sobresalientes entre los callejones del tiempo en que esto fue escrito y aquéllos que existieron 70 años atrás. Su comparación demuestra la mínima evolución sufrida por este tipo de vivienda en el transcurso del tiempo. Véase especialmente pp. 50-51. Para los planos de ios varios tipos de callejones véase: Alberto Alexander, Los problemas urbanos de Lima y su futuro (Lima, 1927), Tabla VII; y Pedro E. Paulet, Directorio anual del Perú, Vol. I, Provincias de Li ma y El Callao (Lima, 1910-11), p. 190. La proliferación de callejones, casas subdivididas y casas de vecindad no fue un fenómeno nuevo en la Lima de principios del siglo XX. Los primeros callejones de la ciudad crecieron a lo largo de las grandes mansiones de las familias adineradas durante el siglo XVIII. Estimulados por un aumento general de la población urba na y una escasez de vivienda en el área metropolitana, muchos pro pietarios de grandes casas coloniales construyeron una serie de cuartos pequeños en terrenos desocupados al lado de y atrás de sus viviendas en tierras que anteriormente habían sido utilizadas para el cultivo de legumbres. Después, la forma de callejón fue adopta da a través de todo Lima como la manera más económica de amon tonar a cuantiosos números de personas en las grandes cuadras que dividían el área central de la ciudad. La diseminación de las casas subdivididas y de las casas de vecindad fue particularmente visible en la última parte del siglo diecinueve cuando se hizo cada vez más 47


aparente a las clases propietarias que la construcción de vivienda de alquiler barato prometía ser una inversión lucrativa. Un produc to del renovado interés en este tipo de construcción fueron las ca sas de vecindad de las cuales el "entrepreneur" norteamericano Henry Meiggs fue uno de los primeros promotores. Una forma más común de vivienda que estos primitivos edificios de apartamentos para los sectores populares fueron las casas subdivididas que cre cieron en número especialmente después de 1900 cuando las clases altas de Lima comenzaron a mudarse de la parte central de la ciu dad a los suburbios cercanos. Ellos subdividieron sus viejas casas en viviendas minúsculas para las familias de las clases pobres. El alqui ler obtenido de un callejón, de una casa subdividida, o de una casa de vecindad proporcionaba un ingreso constante y seguro para su propietario. Información sobre la historia de la vivienda de los sectores populares de Lima fue obtenida de: José Gálvez, Estampas limeñas, 2da. ed. (Lima, 1966), pp. 109-110; Juan Günther, entrevista, mayo 18, 1971; Tunante, Lima barrios, pp. 21-22; Marquina Ríos, "Cincuenta casas de vecindad", p. 79; y El Perú, 12 de enero, 1931, p. 1. Basurco y Avendaño en su estudio admirable sobre las vi viendas de la clase baja de Lima en 1907 estimaban que en toda la ciudad un 66.7 por ciento de la población vivían en viviendas sobrepobladas e insuficientes. Ellos también afirmaban que su inves tigación demostraba que, "la sobrepoblación y la vida de callejón coexisten". Véase: Basurco y Avendaño, "Casas de vecindad, pri mera parte", 24-27. Datos má6 recientes sobre densidad de pobla ción reafirman sus conclusiones. Véase: Colé, Estudio geográfico, pp. V-16-17; Romero Fer nández, "Espado.urbano libre", p. 100; y Muñoz y Robles, Tugurios, pp. 52-53. De acuerdo a Muñoz y Robles, p. 53, aquéllos que en los años sesenta vivían en casas subdivididas tenían aun menos espacio que los habitantes de callejones. Para más información sobre las condiciones de hacinamiento características de las viviendas popu lares limeñas, véase: Rómulo Eyzaguirre, "Influencia de las habitaciones de Lima sobre las causas de su mortalidad", Boletín del Ministerio de Fomento, Dirección de Salubridad Pública, II: 1, (31 de enero, 1906), 23-52; Tunante, 48 wmSmm IWIV1RSIDAD N. M. Dg SAN MARCOS EHfiEC DE BIBLIOTECA Y PUBLICACIONES


Lima barrios, p. 23; Richard W. Patch, "Life in a Callejón", American Universities Field Staff Reports (West Coast South America Series), VIII: 6, (junio, 1961), 1; Martínez de la Torre, Apuntes para unain terpretación, Vol. I, pp. 77-78; y Basurco y Avenda ño, "Casas de vecindad, primera parte", 113-120. Las descripciones de las diversas residencias de Lucho Saldaña fueron destiladas de la encuesta detallada hecha casa por casa de las viviendas populares de Lima por Basurco y Avendaño, "Ca sas de vecindad, primera parte", 38-107. Sobre las condiciones ge nerales de vivienda de las masas urbanas véase también: Gálvez, Estampas limeñas, p. 109; Muñoz y Robles, Tugurios, p. 7; y El obrero textil, III: 36, (julio del 1-15, 1922), 3-4. Muñoz y Robles, Tugurios, pp. 54-64 y 69, que contiene datos específicos sobre los materiales empleados en la construc ción de tugurios, afirman que con el transcurso de los años el único cambio ha sido el reemplazo de pisos de piedra y de tierra por pisos de concreto. Las paredes de los callejones, las casas subdivididas y las casas de vecindad continúan siendo de adobe, y la madera sigue predominando en la construcción de los techos. También demuestran que ha habido poco progreso en el área de la instalación de cañerías, con los residentes en siete de cada diez callejones aún teniendo que compartir el agua, el desagüe y los re servados. Véase pág. 56. Información general sobre las condiciones de salud entre los pobres de Lima se encuentra en: Basurco y Avendaño, "Casas de vecindad, primera parte", 6-7, 58-59 y 108-111; La Tribuna, 5 de julio de 1931, p. 4; Patria, 2 de julio, 1931, p. 2; Tunante, Lima barrios, pp. 20 y 22; y Romero Flores, "Espacio urbano libre", p. 99. Un estudio detallado sobre la correlación entre la vivienda de los sectores populares, las enfermedades y la alta mortalidad es el de Eyzaguirre, "Influencia de la habitación", véase especialmen te 44-48. Información sobre los rasgos internos de la vivienda pro viene de: Basurco y Avendaño, "Casas de vecindad, primera parte", 109-10; Marquina Ríos, "Cincuenta casas de vecindad", pp. 79-80; Enrique León García, "Aloja49 8735W


mientos para la clase obrera en el Perú", Boletín del Ministerio de Fomento, Dirección de Salubridad Pú blica, II: 1 (31 de enero, 1906), 57-58; y Emilia de la Barrera, Estampas del ambiente (Lima, 1937), p. 35. Varios observadores han recalcado el más alto grado de desorganización social y desconfianza entre los residentes de los tugurios de Lima. Véase: Gálvez, Estampas limeñas, pp. 110-12; Tunante, Lima barrios, p. 23; y Basurco y Avendaño, "Casas de ve cindad, primera parte", p. 68. Las descripciones en estos primeros trabajos son sorpren dentemente similares a las observaciones de autores posteriores in cluyendo a: Patch, "Life in Callejón", especialmente 4-5, 7, 12, 15-16 y 19; y Humberto Rotondo, "Psychological and Mental Health Problems of Urbanization Based on Case Studies in Perú", in Phillip M. Hauser, ed., Urbanization in Latin America (New York, 1961), pp. 250-51 y 255. También una entrevista con Alcides Carreño el 4 de mayo de 1971, fue muy reveladora acerca de los muchos aspectos de la vida diaria de los pobres de Lima durante este período. Parece que las circunstancias de las masas urbanas comen zaron a deteriorarse a partir de 1920, un proceso que se extendió hasta la Depresión. Un aumento significativo en el tamaño de 1;< población de Lima, producto en parte de la extensa migración rural-urbana, llevó a una aglomeración aún mayor en los domicilios de clase popular durante este período. Un desmejoramiento de las viviendas populares acompañó a la creciente sobrepoblación de las mismas durante los años vein te. Bajo las circunstancias de una aumentada demanda para nuevas urbanizaciones para las clases medias y altas y con el subido costo de los materiales de construcción, poco capital fue destinado al mejoramiento o aun al mantenimiento de los callejones, casas sub divididas y casas de vecindad existentes. Estos tipos de vivienda decayeron gradualmente en esta década al punto de que, según un registro de propiedad urbana compilada entre 1927 y 1929, apro ximadamente el 53 por ciento de todos los domicilios de Lima eran considerados inaceptables para la habitación y 40 por ciento de éstos estaban totalmente irreparables. 50


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