En conjunto, este volumen reúne el trabajo de jóvenes
estudiosos de la cultura, quienes, preocupados por la
preservación de la memoria, con tenacidad y esfuer-
zo, lograron reunir esta serie de relatos.
En sí mismo el libro es una metáfora: las aguas del lago,
como espejo, servirán para mirarnos y reconocernos en sus
historias. Cada texto es parte de nuestra cotidianidad trans-
figurada en relatos históricos como “La fuga del presidio”,
“El vapor de Ocotlán”; así como cuentos y leyendas de seres
fantásticos, el “Chan del lago” y “La Machis”, por ejemplo;
apariciones diabólicas como “El vigilante” y “El hijo mal-
criado”; seres divinos como “El Señor del perdón” o “El
Cristo de Ocotlán”.
Este libro es, en suma, una antología de representacio-
nes literarias de los valores simbólicos que han formado la
identidad cultural regional de la Ciénega de Chapala.
ISBN: 978-607-9442-34-7
Los espacios de la memoria | Cuentos, leyendas y relatos históricos de La Ciénega de Chapala
deLloasmesepmacoiorsia
Cuentos, leyendas y relatos históricos
de La Ciénega de Chapala
Luz María Sandoval Chávez
Clemente Corona Bojorge
Karina Ávila Hernández
Ignacio Moreno Nava
deLloasmesepmacoiorsia
Cuentos, leyendas y relatos históricos
de La Ciénega de Chapala
Luz María Sandoval Chávez
Clemente Corona Bojorge
Karina Ávila Hernández
Ignacio Moreno Nava
Ilustrador
Michel Vargas Segura
Directorio institucional Directorio de Proyecto
Secretaría de Cultura Federal Investigadores
Rafael Tovar y de Teresa Luz María Sandoval Chávez
Clemente Corona Bojorge
Secretario de Cultura Federal Karina Ávila Hernández
Ignacio Moreno Nava
Alejandra Frausto Guerrero
Auxiliares de Investigación
Directora General de Culturas Populares
Ana Flor Toro Castillo
Esther Hernández Torres César Agustín Ríos González
Directora de Promoción e Investigación Ilustración
Gobierno del Estado de Michoacán Michel Vargas Segura
Silvano Aureoles Conejo Departamento de Gestión
Gobernador Constitucional Observatorio Cultural de la Ciénega
del Estado de Michoacán de Ocampo
Salvador Ginori Lozano
Secretario de Cultura
J. Guadalupe Escamilla Bedolla
Secretario Técnico
Alejandra Gabriela Ayala Quiyono
Delegada Administrativa
Mariana León Cornejo
Directora de Vinculación e Integración Cultural
Lucía González Ramírez
Jefa del Departamento Programas Mixtos
del Sistema Estatal de Creadores
ISBN: 978-607-9442-34-7
“Este proyecto fue apoyado por el programa México Cultura para la armonía, a través de la Secretaría
de Cultura Federal y el Sistema Estatal de Creadores de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado
de Michoacán”
“Este programa es de carácter público, no es patrocinado ni promovido por partido político alguno y
sus recursos provienen de los impuestos que pagan sus contribuyentes. Está prohibido el uso de este
programa para fines políticos, electorales, de lucro y otros distintos a los establecidos. Quien haga uso
indebido de los recursos de este programa deberá ser denunciado y sancionado de acuerdo a la ley
aplicable y ante la autoridad competente”
Índice
Agradecimientos 9
Prólogo 11
Introducción 19
Leyenda del origen del lago de Chapala
El origen del lago de Chapala 24
Cuentos de apariciones religiosas
El Cristo en el cielo de Ocotlán 28
La Virgen de la raíz 30
La lluvia de pescados 32
El Divino Rostro de La Palma 34
La otra versión del Divino Rostro 35
Los poderes del Divino Rostro de Petatán 36
El Señor del Perdón 37
El día que se quisieron robar al Divino Rostro 38
Cuentos de apariciones del diablo
El vigilante 42
El hijo malcriado 45
El Diablo 47
Narraciones de la Cristiada
La tiznada 50
El soldado y el Señor del Perdón 52
El cristero colgado 53
Las tres monjitas 55
La huerfanita 56
Narraciones de Martín Toscano
El atraco a la conducta de la hacienda de Jiquilpan 58
Martín Toscano 59
Relaciones y leyendas sobre los entierros
de Martín Toscano en los cerros de La Palma 60
El tesoro de la isla del Cerro Loco 63
La leyenda de la plata del rey en Pajacuarán 64
Toscano y el leñador 66
Deidades del agua
El Chan del agua 70
La muerte del Chan del agua 71
Las “cacas” del Chan del agua 72
El Chan contra la Virgen de Zapopan 74
El enojo de la vieja Machis 76
La búsqueda de la vieja Machis 77
Cuentos de vapores y canoas
El vapor Libertad 80
El vapor Tabasco 82
Cuentos de fantasmas y apariciones
El ahogado 84
El sacerdote fantasma 85
El Presidio 86
El fantasma del niño del vapor 89
El niño y el campanario 90
La calavera brincona 91
Cuentos de tesoros y encantamientos
El pueblo encantado 94
La puerta del infierno 95
La campana divina 98
El niño que encontró las monedas de oro 99
El tesoro de los Ocales 101
La cueva 102
Leyendas de las islas
La isla de Maltaraña 106
El escape de la isla del Presidio 108
La isla de los Alacranes 110
Leyendas de animales mágicos
El pelícano borregón 112
El robo del pelícano gris 113
El padre de los pescados 114
La carpa de oro 116
Charritas
La aventura de don José 118
Truenos y relámpagos en misa 119
Charrita a los de la rivera 120
Canciones a la palma
La Palma 122
La comarca 123
Cuentos de tragedias
El velorio del indio 126
Cuentos varios
El gonfoterio de Santa Cruz de la Soledad 130
A manera de conclusión
Bibliografía
En memoria de todas las personas que dejaron sus almas descansado
en las tranquilas aguas del lago de Chapala.
Agradecimientos
Este libro es el resultado del apoyo proporcionado tanto por
instituciones culturales como las comunidades ribereñas de
la Ciénega michoacana que conforman el lago de Chapala,
así como la participación de alumnos de la Universidad de
La Ciénega del Estado de Michoacán de Ocampo de la trayectoria de
Estudios Multiculturales. El equipo de trabajo expresa su total agrade-
cimiento para la realización de esta obra al programa México Cultura
para la armonía en su edición 2015, a través de la Secretaría de Cultura
Federal, a la Dirección General de Culturas Populares, al Gobierno del
Estado de Michoacán y del Sistema Estatal de Creadores de la Secretaría
de Cultura del Gobierno de Michoacán.
También quisiéramos expresar todas las facilidades que nos pro-
porcionó el laboratorio de medios de la Universidad de La Ciénega del
Estado de Michoacán de Ocampo para realizar el trabajo de investiga-
ción en los distintos pueblos, al igual que al Observatorio Cultural de la
Ciénega donde nace la idea, la gestión y el desarrollo de este proyecto,
destacando también a los profesores José David Calderón García e Ig-
nacio Moreno Nava quienes fueron parte importante en la realización
de este proyecto, siempre guiándonos y motivándonos con sus palabras,
facilitándonos sus conocimientos y asesorándonos en todo momento.
Damos las gracias por su confianza depositada en la investigación, ya
que sin sus consejos y críticas, esta publicación no hubiera sido posible.
Agradecemos de todo corazón a la Casa de atención al anciano
Sinaí A.C. ubicada en el municipio de Cojumatlán, por abrirnos sus
puertas para conocer más de cerca su laborar social que realizan y por
9
permitirnos ser parte del grupo, lo que nos ayudó a contactar a todas
estas personas mayores, que en sus años de juventud navegaban por las
tranquilas aguas del mar Chapálico.
Nuestra más sincera admiración y agradecimiento al grupo Edad
de Oro, donde además de recibirnos y apoyarnos con el proyecto,
nos atendieron como si fuéramos parte de su familia, nos abrieron las
puertas de sus hogares y nos mostraron su corazón para recordarnos lo
importante que es conservar los relatos históricos que se entretejieron
muchos años atrás, y que ahora siguen siendo parte importante de la
historia del pueblo de La Palma.
A todos nuestros amigos pescadores de La Palma, Puerto de León,
Cojumatlán, San Pedro Caro, Palo Alto, Petatán, El Callejón y Sahuayo,
muchas gracias por su apoyo y su amistad.
10
Prólogo
Tradición oral y representación:
narraciones fantásticas en torno a una fracción
de la región Ciénega del lago de Chapala
1
La recuperación de la memoria a partir de relatos orales, es una práctica
que revela alternativas para preservar visiones del mundo de sujetos
anónimos que han sido marginados de la historia. Como ejercicio
historiográfico permite la creación de fuentes alternativas y comple-
mentarias a las documentales, específicamente cuando se pretende
abordar el pasado desde la mirilla de la historia cultural, analizando las
producciones simbólicas de estos sujetos a partir del uso del lenguaje,
en tanto, representación narrativa de aspectos reales y ficticios de la
cotidianeidad, almacenados en los recuerdos de la memoria popular.
Estas representaciones narrativas configuran un discurso histórico,
que de acuerdo con Luis Vergara (2005) “puede considerarse que el
concepto de representación abarca al de narración y posee una amplitud
mayor que él, es decir que el narrar puede entenderse como una de varias
maneras de representar” p. 49, de tal forma que el discurso histórico sea
necesariamente narrativo (Vergara, 2005).
El libro que tiene en sus manos es una compilación de cuentos, le-
yendas y relatos históricos populares, recuperados a partir de entrevistas
individuales que remiten a la tradición oral, si la entendemos como “el
arte de composición de la lengua cuyo fin o función es la de transmitir co-
nocimientos históricos, culturales y valores ancestrales que se actualizan
desde una temporalidad cíclica que le otorga su sentido más profundo”
(Álvarez, 2011, p.25) ¿Un libro de historia? No en estricto sentido, sino
más bien un texto que es al mismo tiempo literario e histórico, producto
11
de un ejercicio, que permite el tránsito de la tradición oral, a la cultura
escrita, mediado por un instrumento técnico (una grabadora).
Un libro de narraciones orales, que nos son otra cosa que fuentes
alternativas para el estudio de la historia de la región Ciénega de Cha-
pala, ya que de acuerdo con Yolanda Suescún y Liliana Torres, (2008)
narraciones orales de estas características “nos transmite la conciencia,
no de los individuos, sino de una comunidad, no vivencias personales,
sino una herencia que se ha hecho colectiva con el tiempo” p.35.
Trascendiendo la metáfora de Eric Van Young (1992) quien señaló
que “las regiones son como el amor, son difíciles de describir pero las
conocemos cuando las vemos”, la región1 Ciénega de Chapala es un
entorno geográfico2, social, político y económico que históricamente
ha sido motor de las comunidades asentadas en los márgenes del lago
debido a la fertilidad de las tierras cultivables, realidad que las pobla-
ciones originarias aprovecharon, pues las bondades de estas tierras y
sus recursos fueron determinantes para su subsistencia. Sumando a
este argumento se puede afirmar que la Ciénega integra también lo que
se llamaría una región cultural3, provista de testimonios materiales y
simbólicos4. Representaciones productoras de sentido a través de los
1 Este concepto ha sido motivo de sendos e inagotables debates desde distinta trincheras
disciplinarias, ya sea la geografía, la historia, la sociología, la economía y la antropología. En
el campo de la historia se le ha llegado incluso, a considerar como una especie de disciplina
llamada “historia regional” (Miño, 2002) que tiene una utilidad teórica metodológica para
explicar y comprender las rupturas y transformaciones históricas del Estado colonial y
nacional respectivamente (Tarracena, 2008)
2 Para el caso de esta compilación se han considerado relatos producidos en municipios
colindantes con el lago de Chapala, como lo son Chapala, Ocotlán, Poncitlán, Jamay y
Tizapán el Alto por el estado de Jalisco; y Cojumatlán, Venustiano Carranza y varias
comunidades rurales por el estado de Michoacán.
3 La región es concebida desde el punto de vista antropológico, en el sentido que la define
Guillermo de la Peña (1998) al decir que “la región no es simplemente algo que está allí, sino
un espacio privilegiado de investigación que se constituye tanto por el observador como por
los sujetos que viven en ese espacio”. Ver Peña, Guillermo de la (1998) “La región, visiones
antropológicas” en Serrano Álvarez Pablo, Pasado, presente y futuro de la historiografía regional
de México, México: UNAM.
4 Brigitte Bohem (2001) “El lago de Chapala: su ribera norte, una lectura del paisaje cultural”,
en revista Relaciones, núm. 85, vol. XXII, México, El Colegio de Michoacán. En este texto la
autora describe y caracteriza a la Ciénega de Chapala como un espacio de múltiples rostros,
12
relatos de seres fantásticos que transitan de manera simbólica en las
geografías trazadas por la memoria, instalándose, reproduciéndose y
re-significándose. La memoria se apropia, re-actualiza y le da perma-
nencia a las representaciones en forma de relato que circulan por cada
rincón de este micro universo simbólico (la comunidad entendida como
memoria colectiva) a través del tiempo.
Esta región cultural no cuenta con límites espacio-temporales pre-
cisos, y de tajo rompe las líneas imaginarias marcadas por los mapas,
recreando nuevas fronteras simbólicas, donde el espacio-tiempo se
flexibiliza de tal forma que se estira, se contrae y se moldea de acuerdo
a las pautas marcadas por los vaivenes de los relatos orales.
2
El presente del Lago de Chapala está anclado en un pasado a merced de
la mano del hombre, positiva y negativamente. Recorrer sus márgenes
hoy en día nos invita a reflexionar críticamente sobre lo que como seres
humanos hemos hecho de él, pues a la vista, sólo hemos abonando a un
rompimiento del equilibrio ecológico con el que el lago contaba.
Los niveles de agua saludable ya no son como antaño, la extracción
indiscriminada para abastecer los entornos urbanos ponen en riesgo su
subsistencia, sumado a los niveles de contaminación que están afectando
la posibilidad de vida de todo organismo que depende de él. Que lejos
está aquél lago que hace quinientos años maravilló a los europeos que
llegaron a estas tierras, y que en el transcurrir de los siglos sobrevive ape-
nas por la mano de la “madre naturaleza”, resistiendo los embates de los
instintos modernizadores del ser humano. Aquí unas notas, que sirven
como un brevísimo recuento histórico de los últimos quinientos años.
Las historias y noticias sobre el lago datan según Carmen Castañeda
de 1571, a partir de la descripción contenida en la Geografía y descripción
Universal de las Indias, escrita por Juan López de Velasco, donde se señala
por ello propone un método para la lectura del paisaje cultural, al observar y analizar las
huellas materiales y simbólicas de los grupos humanos asentados históricamente, sugiriendo
que dichos vestigios están ahí, a disposición del investigador para construir un argumento
interpretativo sobre el paisaje cultural.
13
que el lago es “muy hondable y levanta [ba] grandes olas como si fuera
mar y su agua dulce y muy delicada y maravillosa de beber; críanse en
ella muchos y muy buenos bagres, muy sanos y sabrosos y otros pescados
buenos de comer” (Castañeda, 2005, p. 265).
Esta descripción nos pone a repensar las características de este eco-
sistema acuático como una fuente de vida que proveía agua saludable y
alimento. Situación que persiste durante siglo XVII según las crónicas
de la época, como la de Alonso de la Mota y Escobar, quien señala: “El
agua dulce y delicada sobre manera, que por tal se bebe en cuantos pue-
blos tiene en sus riberas, que son muchos; es muy hondable que en sus
riberas se pudiera en partes navegar seguramente con navíos de buen
porte, limpia sobre manera, que no cría en si yerba alguna en que se
parece a la mar […] cría entre otros peces unos que los indios llaman
en su lengua mexicana amilotes, y el español le llama pescado blanco”
(Castañeda, 2005, p.265-266).
Una descripción de mediados del siglo XVIII también recuperada
por Castañeda (2005) señala que el lago también fue un espacio de co-
municación entre los pobladores de los márgenes del lago, quienes se
proveían además de los productos pesqueros, de “abundantes frutas y
semillas” (p. 266).
Durante los últimos años del siglo XIX, el lago presentó quizás los
últimos alientos de vida a plenitud, previo a que el “orden y progreso” de
la administración porfirista lo alcanzara, a través de una política basada
en la innovación tecnológica asida de una intensa industrialización. En
este sentido, se alcanza a observar el lago que se añora en la descripción
realizada por Francisco González Rubalcaba, en un manuscrito que data
del 29 de mayo de 1880, y que fue reproducido en una edición facsimi-
lar por el Tecnológico de Monterrey, campus Guadalajara en el año de
2002, y que cuenta con una presentación a cargo de Ricardo Elizondo.
Dicho texto cuenta con ilustraciones trazadas por mano de González y
refleja las condiciones de este vaso lacustre, también denominado mar
Chapálico, por Fray Antonio Tello en el siglo XVII (Castañeda, 2005).
González nos describe el lago de la siguiente forma: “se hacen en él
pescas abundantes, presenta hermosísimas perspectivas, pues los rodean
14
grandes y fértiles cerros. Hay en él islas, bahías, canales, cabos, ríos que
lo aumentan […] en fin toda la perspectiva de una mar. Razón por la
que se le ha llamado mar Chapálico: se ha establecido ahí un barco de
vapor, cosa que más lo hermosea y sus travesías son deliciosas. Hay en
este lago toda clase de hermosas aves marinas […] la forma material del
lago es como un pez”5 (Ruvalcaba, 2002).
El detalle de las descripciones abarca las rutas de traslado desde la
ciudad de Guadalajara, enlistando cerros y montañas que el viajero
encontrará a su paso para llegar al lago. Asimismo se mencionan luga-
res y espacios territoriales que el autor considera importantes para la
comprensión de la geografía del lago y sus alrededores, como lo son,
pueblos, y haciendas en torno al lago; y al interior de este, islas y lo que
él denomina bahías, ensenadas, cabos y ríos, puertos y muelles.
La modernización porfirista fue llevada al extremo en los primeros
años del siglo XX, con el proyecto de desecación de una gran franja del
lago. Una experiencia justificada en políticas de tecnologización euro-
peizante, pero sobre todo de prebendas hacia la clase dirigente regional
como lo fue el caso de la concesión otorgada por Porfirio Díaz a Manuel
Cuesta Gallardo (Brugger, 2013; Dávila, 2013) Las consecuencias de ese
proyecto que modificó el paisaje de la región, se siguen padeciendo en
el presente.
3
Los relatos aquí recuperados son una ruta de investigación por explorar,
pues al lector le podrán resultar familiares algunas de las historias, ya sea
por su contenido moralizante, por la presunta existencia de fenómenos
paranormales, o por estar anclado en mitologías de seres sobrenaturales
de carácter sagrado. El mejor ejemplo, es el primer relato sobre el origen
del Lago, que sirve como antesala al resto de la obra.
El lago de Chapala se funda en un mito de origen bíblico, donde se
enlazan e imbrican dos relatos del Génesis: la familia de Noé huyendo
del diluvio universal y, Lot acompañado de su familia abandonando
5 Se realizaron adecuaciones ortográficas en relación al documento facsimilar.
15
Sodoma. La ira de dios se manifiesta como castigo divino ante la impo-
sibilidad de los hombres, de perpetuar un mundo terrenal desprovisto
de maldad entendida como pecado.
Esta es la historia de un hombre muy rico, “avaricioso” y “malo” que
junto con su esposa igual de “mala y avariciosa”, manifiestan su predis-
posición al pecado, quizás por su condición de ricos, “es más fácil pasar
un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los
cielos”, versa un pasaje del evangelio de Lucas.
En contraste, y desde una perspectiva maniquea, una mujer pobre
y su hijo, como reflejo de bondad, piedad y humildad. El bien y el mal
frente a frente, poniendo a prueba la autoridad divina. Dios transfigu-
rado como hombre, otorga una última oportunidad a los poseedores
de riquezas materiales, para que transiten por el buen camino. Pero al
parecer son tan testarudos, como ricos, pues en tres ocasiones desafían
la opción que Dios les ha concedido.
El resultado, un diluvio que cubre e inunda las tierras de los ricos,
dando pie al nacimiento del lago. El castigo divino alcanzó a la sirvienta
y su hijo, no obstante que Dios les dio la posibilidad de huir del diluvio.
Sucumbieron como lo hizo la esposa de Lot en el relato del génesis,
cuando desobedeció la instrucción de no voltear hacia atrás, y terminó
convertida en sal. En este caso la mujer se convierte en una isla, y su
hijo también, pero una de menores proporciones.
En el relato no hay posibilidad de cabos sueltos para explicar el
origen del lago, al menos no, en la representación evocada desde la lo-
calidad de Mezcala de la Asunción, comunidad indígena que pertenece
al municipio de Poncitlán. Las carpas, las tilapias, los pescados blancos,
las conchas y los bagres se originan divina y mágicamente a partir del
oro, la plata, las perlas, las vajillas y los puercos respectivamente. La
propiedad excesiva y suntuosa de bienes materiales es el aliciente que
fomenta costumbres y actitudes malsanas, como la codicia y la avaricia.
En suma, la moralidad y las pasiones humanas en entredicho y san-
cionadas por un ente divino. La narración del Cristo de Ocotlán marca
el mismo rumbo, la divinidad manifestando su ira ante la persistente
malicia de los pobladores de estas tierras. En el imaginario popular, los
16
seres humanos a fuerza de castigos aprenden, y reeducan sus prácticas
más cotidianas en un entorno conductista de estímulo-respuesta.
Pero las divinidades no solo tienen un origen religioso, las hay tam-
bién con trasfondo pagano, ultraterreno pero con un carácter fantástico
como el Chan del lago y la vieja Machis. El primero, la versión mascu-
linizada de un guardián encargado de preservar la vida en el lago, con
capacidades de transmutar en cualquier ser que él decida, y competir con
las divinidades de carácter religioso. Como cuando los pobladores no
supieron quién fue el responsable de la restauración de un temporal de
lluvia en beneficio del lago, El Chan del lago, o la advocación mariana
representada por la Virgen de Zapopan.
También existe la versión femenina de la divinidad fantástica, la
Machis, quien también vela por el equilibrio ecológico del lago, mani-
festándose en favor de él ante las eventuales crisis de agua. Las narra-
ciones de la Machis transitan entre la fábula y la leyenda, al mezclarse
con un relato tradicional que circula en toda la geografía del territorio
mexicano, la leyenda de la Llorona. La Machis es al mismo tiempo una
diosa, y la mujer que llora desconsolada el drama de la pérdida de sus
hijos recorriendo los confines del lago para encontrarlos.
4
En su conjunto, este libro es el esfuerzo de jóvenes estudiosos de la
cultura, quienes preocupados por la preservación de la memoria, con
tenacidad y esfuerzo lograron reunir esta serie de relatos donde el lector
podrá observar algunos rasgos culturales de quienes han habitado en
la región Ciénega de Chapala. En sí mismo el libro es una metáfora,
pues en él encontrarán las aguas del lago, que como espejo servirá para
mirarnos y reconocernos como parte de estas historias. El libro cuenta
también con una serie de representaciones gráficas producto del inge-
nio interpretativo de Michel Vargas, quien trabajó en la ilustración de
algunas de estas narraciones para brindarle al lector elementos gráficos
de gran manufactura, que más que un adorno, son un apoyo de contex-
tualización y producción de sentido.
17
Cada texto es parte de nuestra cotidianeidad transfigurada en relatos
con carácter de cuentos y leyendas de seres fantásticos, como el “Chan
del lago” y “La Machis”, apariciones diabólicas como “El Vigilante” y “El
hijo Malcriado”, pero también divinas, como “El señor del perdón” o
“El cristo de Ocotlán”. Se recogieron de igual manera relatos históricos
como “La fuga del presidio”, “El vapor de Ocotlán”, la Cristiada, etc. En
suma representaciones donde están de por medio valores simbólicos que
han generado históricamente rasgos identitarios a una región cultural
como lo ha sido y es, la Ciénega de Chapala.
José David Calderón García
La Ciénega de Chapala, 10 de mayo de 2016
18
Introducción
Las narraciones que conforman este libro forman parte del pa-
trimonio cultural de la región Ciénega de Chapala, un espacio
geográfico que sirve como escenario para múltiples narrativas,
sucesos y creencias expresados por medio de la oralidad.
De manera general el patrimonio cultural es la expresión creativa
de la existencia de un pueblo en el pasado remoto, en el pasado cercano
y en el presente. Nos habla acerca de las tradiciones, las creencias y los
logros de un país y su gente. El término patrimonio cultural comprende
una gran cantidad de aspectos dentro de su concepto, el cual tiene a su
vez dos grandes clasificaciones, material e inmaterial.
El patrimonio material (aquel que se puede palpar de manera física)
incluye a los inmuebles, objetos muebles, bienes arqueológicos, artísti-
cos, utilitarios, monumentos y obras de arte en el espacio público, tales
como esculturas, edificios, pinturas, objetos, documentos, etc.
Durante mucho tiempo el patrimonio material fue el centro de aten-
ción en las políticas de protección, políticas culturales y acciones por
parte de las instituciones a nivel nacional e internacional. En los últimos
años esta tendencia ha ido evolucionando para tomar en consideración
y centrar acciones en el llamado patrimonio inmaterial.
El concepto de patrimonio cultural inmaterial (por sus siglas, PCI)
ha recorrido un largo camino en su proceso de conformación y consoli-
dación, haciéndose un espacio en algunas políticas culturales nacionales
y convenciones internacionales; es complejo y polisémico, conteniendo
una gran cantidad de dimensiones y matices, relacionándose en muchos
casos con el término cultura tradicional y popular.
19
La Recomendación sobre la Salvaguardia de la Cultura Tradicional y
Popular, documento de carácter internacional generado en la 25ª Con-
ferencia General de la UNESCO en 1989, definió la cultura tradicional
y popular como:
El conjunto de creaciones que emanan de una comunidad cultural,
fundadas en sus tradiciones, expresadas por un grupo o por individuos
y que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad
en cuanto expresión de su identidad cultural y social: las normas y los
valores se transmiten oralmente, por imitación o de otras maneras. Sus
formas comprenden, entre otras, la lengua, la literatura, la música, la
danza, los juegos, la mitología, los ritos, las costumbres, la artesanía, la
arquitectura y otras artes.
Con el paso del tiempo el enfoque de las políticas de preservación que
existían y estaban centradas en los monumentos, edificaciones, piezas
arqueológicas y obras de arte (patrimonio material) se modificaron y
tendieron a ampliarse para incluir los conocimientos tradicionales, las
expresiones artísticas, los saberes y haceres; fueron adoptando progre-
sivamente un enfoque más antropológico en relación al patrimonio
cultural, tomando en consideración los sistemas de significados y valores
involucrados en la identidad cultural de los grupos sociales.
La Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial,
presentada en la 32ª Conferencia General de la UNESCO, entiende por
patrimonio cultural inmaterial:
Los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas
—junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales
que les son inherentes— que las comunidades, los grupos y en algunos
casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio
cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de gene-
ración en generación, es recreado constantemente por las comunidades
y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su
historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad.
20
Bajo esta definición, el patrimonio inmaterial encuentra manifesta-
ción particularmente en los siguientes campos:
a. Tradiciones y expresiones orales, donde también está incluido
el idioma.
b. Artes del espectáculo, en su diversidad de formas y representa-
ciones.
c. Usos sociales, rituales y actos festivos.
d. Conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el uni-
verso.
e. Técnicas artesanales tradicionales.
Dentro de las tradiciones y expresiones orales en las que se centra
este trabajo es importante mencionar que todas las historias que aquí
se mencionan fueron narradas por los mismos habitantes de la región
y transcritas con el mismo lenguaje que utilizaron los portadores de
este patrimonio.
Las narrativas evolucionan con el tiempo nutriéndose de adiciones de
los mismos narradores, en otros casos siendo mutiladas y en ocasiones
siendo transfiguradas de manera que cambian ampliamente su forma
original. El lago de Chapala como el mayor cuerpo de agua de la Repú-
blica Mexicana está lleno de leyendas ligadas a sus orillas, a sus aguas,
a los paisajes alrededor, a las sociedades y los hombres que a través del
tiempo han visto los sucesos acontecidos en sus cercanías y han otorgado
un sentido de pertenencia y significancia a estos relatos.
El trabajo de recopilación que se realizó para generar esta obra parte
de una concepción del rescate de la memoria fugaz y efímera que cons-
tituye un repositorio de interpretaciones culturales, de concepciones
del mundo, de creencias y valioso patrimonio inmaterial que de no ser
transmitido por sus portadores corre el peligro de perderse. Resulta
pues esta obra en un esfuerzo por generar un registro de estas historias
y recuerdos, de estos mitos y leyendas que acompañan los paisajes de
esta particular región limítrofe entre Jalisco y Michoacán.
21
Cabe resaltar que muchos de los datos obtenidos mediante la re-
copilación de estas historias servirán como base para futuros trabajos
de carácter interdisciplinario y transdisciplinario. Partiendo de un
enfoque desde el Pensamiento Complejo de Edgar Morín es posible
generar interconexiones de abordaje teórico que generarán productos
de investigación académica que contribuirán a una profundización del
conocimiento integral de esta región.
22
Leyenda del origen
del lago de Chapala
El origen del lago de Chapala
Exiquio Santiago Cruz (Mezcala, Jal.)
Cuentan los más viejos que más antes cuando la laguna no era
laguna y todo era parejo y la tierra sólo servía para sembrar y
para la cría de animales, vivía un hombre muy rico que era el
dueño de toda la tierra de lo que hoy es la laguna, el señor era
un hombre malo y avaricioso, tenía una esposa muy bonita pero ella era
igual que él. En la misma casa habitaba una criada con su hijo, los cuales
les hacían todo el quehacer, ella y su hijo eran unas buenas personas.
Un día, Dios estuvo observando el comportamiento del hombre rico
y decidió ir a visitarlo. Dios se vistió de un pordiosero y fue a la casa del
hombre, tocó la puerta, el hombre salió y el pordiosero le dijo:
—No tiene un taquito que me dé.
El hombre rico solamente puso su cara de enojado y le cerró la puerta.
Al siguiente día, Dios volvió a ir a la casa de aquel hombre y volvió
a tocar.
—No tiene un taquito que me dé.
El hombre rico sacó un palo, y comenzó a pegarle muy duro y feo.
—Aquí no andes viniendo viejo pobre, vete a pedir limosna y comida
a otro lado.
La sirvienta al ver esto, tomó unos taquitos de la cocina y los puso en
una canastita y esperó hasta que el señor rico dejó de pegarle. La criada
salió por otra puerta y esperó al pordiosero para darle los taquitos.
—Mire, el señor es muy malo, ya no venga, tome y llévese estos
taquitos y cómaselos.
Dios le dijo:
—Gracias hijita.
24
Ella sin saber de quien se trataba.
Dios quiso darle otra oportunidad al hombre rico y por tercera vez
tocó la puerta de la casa.
—No tiene un taquito que me dé.
El hombre rico le cerró la puerta en la cara y le dijo a la criada:
—Dile a ese pordiosero que ya no venga a mendigar aquí por que lo
voy a matar a la próxima.
La criada salió por la otra puerta y le dijo lo que le mandó decir el
patrón. La criada llevaba otro par de taquitos escondidos en una canastita
para dárselos a aquel pobre hombre.
—Tenga unos taquitos para que coma algo.
—Muchas gracias hijita, porque tú has sido buena conmigo te voy
a dar un consejo, toma a tu hijo y vete de esta casa por que el día de
hoy lloverá tanto que todo quedará inundado por el agua y todo esto
desaparecerá, lo único que debes hacer es caminar rápido y pase lo que
pase y escuches lo que escuches no voltees para atrás.
La criada rápidamente supo de quien se trataba aquel pordiosero,
tomó a su hijo y salió corriendo rápidamente como él le había indicado.
Se empezó a nublar todo el cielo y la lluvia comenzó a caer y poco
a poco las tierras se anegaron y aquel hombre muy asustado de perder
todo, se quedó en su casa resguardando todos sus tesoros junto con su
esposa.
La criada y su hijo, comenzaron a escuchar los gritos de aquel hombre
y de su mujer, los animales también comenzaron a quejarse y el sonido
del agua comenzó a escucharse más fuertemente.
La mujer y su pequeño al escuchar tantos ruidos horribles voltearon
hacia atrás para ver que estaba pasando e inmediatamente la mujer se
convirtió en una isla de piedras y su hijo en otra más chiquita.
Las monedas de oro del hombre rico quedaron encantadas y se con-
virtieron en carpas, las monedas de plata en las tilapias, las perlas de la
mujer en pescados blancos, la vajilla de porcelana en las conchas y los
puercos en bagres.
25
Desde entonces la isla de Mezcala o del Presidio es la criada y el otro
chipotito que está a un lado es su hijo, por no atender las órdenes de
Dios les pasó eso y es así como el lago de Chapala se formó
26
Cuentos de apariciones
religiosas
El Cristo en el cielo de Ocotlán
Juan Sandoval Gutiérrez (Palo Alto, Mich.)†
Recuerdo hace muchos años, cuando nos llevaba mi finado pa-
dre a visitar el pueblo de Ocotlán, nos contó que una tragedia
muy grande había sucedido en ese pueblo. Yo me acuerdo que
esa historia nos la platicó cuando aún existían los vapores,
aquellas cosas enormes donde cabía mucha gente y mucha carga; trai-
ban frutas, calzado y un montón de cosas para la casa. En uno de esos
tantos viajes que hicimos, nos relató que por allá mucho denantes que
empezara la segunda revolución, las gentis de Ocotlán se portaban rete
mal, que unos por borrachos, otros por mujeriegos, otros por no ir a la
misa y ansina. Toncis un día muy tempranito ya casi amanecido y con
poca genti despierta en las calles, pos que el señor Dios todo poderoso ya
estaba bien enfadado de ver tanta maldad de la genti de este pueblo y que
quiso asustarlos moviéndoles el suelo para que ya se aplacaran de hacer
tanta cosa mala, pero que se los hizo suavecito, para que le tantearan a
lo que él podía hacerles si le seguían. Y pos ándale que la genti se asustó
poquito y pues ni caso le hicieron y comenzaron a hacer las cosas malas
otra vez, Dios se enojó tanto, que sacudió la tierra un buen rato, las
casas comenzaron a caerse, se oyian gritos de todo el pueblo, un chingo
de genti desesperada corriendo por todos lados y muchos rezándole a
Dios para que ya no los castigara, pues Dios al escuchar que hora si ya
le estaban haciendo caso, dejó de sacudir la tierra. Hubo mucha sangre,
mucha gente murió aplastada en sus casas, no se cuanta pero dijeron
que mucha, el pueblo se quedó muy triste y pensativo.
—“Porqué Dios nos mandastis este tormento, perdónanos Dios,
perdonanos por el mal que hicimos” —decían las gentis.
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Pues dicen que Dios todo poderoso se compadeció de todas esas
pobres gentis y pues al otro día tempranito se les apareció en el cielo su
hijo en la cruz, que se veía clarito como estaba el Cristo aparecido, y no
se apareció y despareció rápido, que no, que el Cristo duró un montón
de rato dibujado en el cielo, entonces entendieron que Dios los había
perdonado de sus pecados y que nunca jamás volvería a hacerles algo.
29
La Virgen de la raíz
Juan Sánchez Sánchez (Petatán, Mich.)
Yo fui muy amigo de un señor cura, no recuerdo su nombre,
fue hace muchos años cuando él llegó por aquí, pero él una
vez me contó de una aparición en la laguna. Me dijo que una
vez había dos compadres, uno era de Pajacuarán y el otro que
de Jacona, entonces el compadre que era de aquí de Pajacuarán lo invitó a
venir a pescar, pues el compadre de Jacona aceptó venir. No les fue bien
a los compadres en la pesca, habían aventado varias tiradas con las redes,
pero no sacaban nada. Ya con el sol abajo y casi oscureciendo dijeron:
—Compadre amos aventando el último lance para ver que cae.
—Pues sí compadre, vamos aventándolo.
Entonces los dos compadres lanzaron sus redes y pues para su sor-
presa, las redes comenzaron a jalonearse y al quererlas subir, empezaron
a sentir que se ponían bien pesadas, y ellos dijeron:
—Ora sí compadre, ya agarramos algo bueno para llevar a la casa.
—Que bueno compadre.
Y pues que al momento de sacar la red, vieron enredada una raíz
grande y junto con ella varios pescados.
Los compadres subieron la raíz a la canoa junto con los pescados y
pues se la llevaron para usarla para la leña. Ya cuando llegaron a Paja-
cuarán y se sentaron en el fogón para preparar los pescados, uno de los
compadres arrimó la raíz a la lumbre y pues el otro nomás la miraba
pensativo, hasta que miró muy bien que la raíz tenía la figura de una
virgen, entonces el compadre que la miró detalladamente le dijo al otro:
—Compadre présteme la raíz para llevársela al cura de Jacona para
que la mire.
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—Sí llévesela, luego me cuenta que le dice el cura.
El compadre se llevó la raíz a Jacona y se la mostró a un cura, que
bien rápido se dio cuenta que la raíz era la mismísima Virgen Santísima
y que ahora se le conoce como Nuestra Señora de la Esperanza, donde
es adorada en Jacona y Zamora.
31
La lluvia de pescados
Jesús Allar Mendoza (Petatán, Mich.)
Un señor un día en la mañana que se encontraba pescando
cerca de las islas de los Alacranes y de Mezcala, empezó a
sentir como el cielo comenzaba a quejarse. Él pensó que ve-
nía una gran tormenta, pero que se le hizo muy raro que el
cielo no estuviera pintado de gris, sino que veía todo muy despejado; se
empezó a preocupar mucho porque esas tormentas secas son muy malas.
El señor era muy precavido y pos comenzó a regresarse para el
muelle. Ya a medio camino, el cielo se empezó a poner pálido, pálido y
echaba unos gruñidos barbaros, él pensó que Dios estaba bien enojado.
Cuando el cielo se puso todo gris y las gotas de lluvia se soltaron,
comenzó a mirar sentado desde su canoa que el cielo empezaba a dar
vueltas, y que poco a poco las nubes comenzaron a formar un dedo6 que
empezó a bajar poco a poco como queriendo tentar el agua, el señor se
6 Esta metáfora hace alusión al fenómeno natural conocido como tromba o culebra de agua,
fenómeno muy característico en el Lago de Chapala.
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asustó mucho y pensó que Dios tenia mucha sed; muy asustado el señor
no apartó la vista del dedo gigante que estaba queriendo tentar el agua.
El señor se empezó a preocupar por que el aire que hacia podía voltear
su canoa, cuando el dedo se cansó de estar tanto tiempo pegado al agua,
comenzó a subir al cielo otra vez. El señor muy impresionado se alegró
de que no le haya pasado nada, pero de un de repente se comenzaron a
escuchar fuertes ruidos golpeando el agua, el señor comenzó a voltear
por todos lados para ver que era, cuando de un de repente sobre su canoa
comenzaron a caer pescados blancos muertos. Llovió bastante pescado,
el señor tomó su red y procedió a recogerlo, desde ese día el señor fue
bendecido por Dios y nunca le volvió a faltar nada.
33
El Divino Rostro de La Palma
Francisco Cárdenas Sánchez (Cojumatlán, Mich.)
En un lugar conocido como los Tomines, había una casita de
piedra muy pobrecita donde vivía sola una señora de nombre
Isabel Ayala. Todas las noches ya muy tarde se escuchaban que
tiraban la cerca de piedras de la casa y la señora decía:
—Ya se cayó la cerca.
Y que ella la volvía acomodar. Y que otra vez se la volvían a tumbar.
Y como que a las tres veces que se la tumbaron, ella cuando estaba
otra vez acomodando las piedritas, vio de repente una piedrita que le
llamó la atención y dijo:
—Ah canijo, parece que tiene una cara, parece que se le ven unos ojos.
La agarró y se fue con el Padre del pueblo. El Padre al ver la piedrita,
le dijo:
—Mira, guárdala, ponle unas flores y pos rézale, a ver qué pasa.
Y poco a poco se le fue destapando la cara y los ojitos, por que él es una
piedra (Jesús), una piedra negra. Hay un tiempo en que sacan la piedrita
en la fiesta, y la piedrita suelta un aceitito que huele a los santos óleos.
34
La otra versión del Divino Rostro
Alicia Arteaga Valdovinos (La Palma, Mich.)
Mi comadre Isabel que vivía en los Tomines, estaba sacando
agua de un pozo, cuando de repente al sacar el bote, salió una
piedrita, la sacó y dijo:
—Que bonita piedrita y se la echó a la bolsa del mandil.
Después la echó a una petaquilla y allí la aguardó.
Pasaron algunos meses, ella estaba por ahi buscando algo y vio la
petaca, la abrió y la piedra se le había dibujado la cara del Divino Rostro,
pero la piedrita había crecido.
Cuando la sacó de la petaca, le hizo un altar en su casa, porque no
había iglesia, se juntaba mucha gente en su casa y le hacían su fiesta a
la piedrita con el rostro, a Petatán se lo llevaban en una canoa y él allá
dormía una sola noche.
Cuando doña Isabel llegaba de la fiesta, traía montones de huevos,
gallinas y dinero, todo le daban y le decían:
—Para la madre de Dios, para la madre de Dios.
Todos los indios de Petatán le daban dinero, todo ese dinero ella lo
juntó, y cuando iban a hacer la iglesia que está ahora, le entregó todo el
dinero al Padre para que la hicieran. Todos decían que el Divino Rostro
olía bonito, pero el Padre José Luis de Sahuayo nos dijo:
—No se engañen solos, a la piedra el anterior Padre le echaba aceitito
de los santos óleos.
Pero ese Padre no creía, pero que una vez que iba para Sahuayo, le
hizo la parada un señor, el cura se paró y lo subió y nunca supo dónde se
le bajó y al ver por todos lados en su carro, tenía pegada una estampita
del Divino Rostro y desde allí comenzó a creer.
35
Los poderes
del Divino Rostro de Petatán
Francisco Ayar Mendoza (Petatán, Mich.)
Cuando se realizaba el festejo del Divino Rostro en La Palma,
uno de los días era para festejarlo en Petatán, ya se tenían
como cuarenta y cinco o cincuenta años realizando el festejo
en el penúltimo día establecido. Pero las personas encargadas
de La Palma decidieron mover el día diciendo:
—Se los prestamos, pero el día que nosotros queramos.
A lo que los representantes de Petatán respondieron:
—No, pos ustedes préstenoslo el día que nos toca.
—No, pos no.
Entonces, nosotros teníamos un cura que dijo:
—Vamos a mandar a hacer uno, para ya no estarles pidiendo.
Entonces se mandó hacer un Divino Rostro por allí. Las milpas del
pueblo estaban ya secándose y el día que lo trajeron para el pueblo,
fuimos a recibirlo a la carretera, cuando llegamos a la carretera, ¡Ahhh!
Que se empieza a nublar, a venirse un vientasaso y un tormentón, ha-
bía alrededor unas trescientas personas acompañando al nuevo Divino
Rostro, y ni uno corrió, todos bien bañados, y comenzaron a decir:
—Para que vean que este también puede no nomás el de La Palma.
De allí pa’ acá, empezó a llover bien bonito, y horita ellos nos traen un
día y una noche el Divino Rostro original, y ya no ocupamos pedírselo
a los de la Palma, ellos solitos no lo prestan.
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El Señor del Perdón
Graciela Toro Valencia (Cojumatlán, Mich.)
Se cuenta que el santo patrono de la comunidad de Cojumatlán
de Régules fue descubierto en un barrio llamado “El Ánima”
donde se encontraba un camichín7. Un fraile franciscano que iba
pasando por el sitio observó detenidamente el tronco del árbol y
apreció perfectamente la figura de Cristo crucificado, tomó el tronco y
se lo llevó a un escultor para que se encargara de pulirlo y sacar la figura
completa. De este mismo árbol se sacaron tres Cristos pequeños que
están distribuidos en familias del mismo pueblo allegadas a la Iglesia.
Se cuenta que esta figura tiene más de cuatrocientos años y ha sido
fiel testigo de muchas cosas que han sucedido en esta comunidad. Se
dice que en una ocasión el Señor del Perdón fue robado por personas
del pueblo de Jamay, lo subieron a una canoa pero esta se hundió. Los
ladrones lo subieron a otra y también se les hundió, fue que compren-
dieron que el Señor del Perdón no quería irse de este pueblo, así que
decidieron devolverlo y retirarse sin el santo.
Por este y muchos otros milagros el Señor del Perdón es constan-
temente visitado por los otros pueblos ribereños, más antes llegaban
decenas de canoas al muelle repletas de fieles para realizarle súplicas y
milagros.
7 Árbol de gran porte, que se da de forma silvestre, con jugo lechoso, con pequeño fruto
globoso tipo higo, a veces moteado de rojo o de morado y que es comestible.
37
El día que se quisieron
robar al Divino Rostro
Carmelita Buenrostro Frutos (La Palma, Mich.)
Se dice que un día, las personas de Mezcala vinieron a decirle al
cura, que les prestara al Divino Rostro para darle una vuelta por
allá, para hacerle una misa, ya que les estaba yendo muy mal con
las cosechas. Dicen que se los prestó, y se lo llevaron. Y que la
noche que pasó allá, les cayó un granizal que acabó con toda la cosecha,
les dejó las puras puntitas de las plantas.
Al otro día, vienen a La Palma a pedir a la Virgen y el cura les dijo:
—Y ahora ¿para qué carajo quieren a la Virgen?
—Pa’ que vaya a ver todas las chingaderas que hizo su hijo ayer, nos
acabó con toda la siembra.
—Él sabe porqué lo hace, váyanse, váyanse, ándenles con confianza
váyanse, él sabe porqué hizo eso, ándenles váyanse.
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—Pero… señor cura…
—La Virgen no se la van a llevar de aquí, no van a llevarse nada.
—Pero es que la queremos para que vaya a ver…
—No váyanse, váyanse.
Pues con los días, en Mezcala se empezaron a retoñar aquellas frijo-
ladas en una cosa… una cosa hermosa, una cosecha que ya nunca se ha
visto, pues qué fue lo que hicieron, que se lo quisieron robar y a media
noche vinieron y se lo llevaron. A media travesía se les voltearon todas
las canoas, todas se les voltearon y él quedó arriba de una canoa, todas
volteadas y él a salvo arriba, el Divino Rostro. Y lo siguen sacando pero
lo regresan.
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40
Cuentos de apariciones
del diablo
El vigilante
José de Jesús Sánchez Hernández (La Palma, Mich.)
Había una vez un muchacho muy guapo de aquí de La Palma
que tenía un caballo y una novia en el Puerto de León. El
muchacho iba todos los miércoles y viernes a verla, pero
esa semana no pudo ir el día viernes porque tenía mucho
trabajo. Así que decidió irla a visitar hasta el sábado, cuando llegó a la
casa de la muchacha encontró que la familia tenía una fiesta con mucha
comida y bebida. Los dos jóvenes comenzaron a bailar y a disfrutar, no
pararon de mirarse y de reír. La fiesta terminó muy noche, la novia del
joven de La Palma se le acercó y le dijo:
—Deberías quedarte aquí a pasar la noche, mi papá dice que te puedes
quedar en la casa del tío.
—No te preocupes, no pasa nada si me voy ahorita o en la mañana,
hay luna llena y el camino está muy iluminado.
—Como tú quieras, pero vete con cuidado.
—Vengo el miércoles a verte como siempre.
—Sí, aquí te espero.
El muchacho ensilló su caballo y comenzó andar su camino. Por un
lado miraba lo oscuro de los cerros y por el otro, la luz de la luna que
iluminaba toda la laguna.
El muchacho a lo lejos divisó a un hombre en caballo, llevaba un
trote muy ligero, como si quisiera que lo alcanzaran. El muchacho no
le dio importancia, y dijo acá entre si mismo:
—Para mí que este amigo viene con sus alcoholes puestos de allá de
la fiesta, pero quién sabe quién será.
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La luz de la luna comenzó a desaparecer poco a poco por una nube
que repentinamente apareció, y la luz que había desapareció, al poco
ratito, el muchacho de La Palma le dio alcance al otro jinete y este le
saluda muy amable.
—Buenas noches amigo.
El joven apenas notó con la poca luz que el otro señor del caballo
venía vestido con un traje muy elegante, de esos que se hacían por allá
más antes, pero no pudo verle la cara.
—Buenas noches joven, no se le hace muy tarde estas horas para
andar por estos lares8 y todavía más, en sábado que tiene uno que estar
en casa descansado.
—Vengo de una fiesta que hicieron en casa de mi novia de acá de
Puerto de León, nada mas que se terminó algo tarde, y ya ve usted que
con trabajos a uno le dan permiso de ver a las muchachas por aquí.
—Sí, muy complicado eso de los amores.
Los dos se vinieron platicando muy amigablemente todo el camino,
cuando de un de repente al llegar a la antigua hacienda de La Palma, el
hombre de negro le dice:
—Yo hasta aquí llego amigo, antes de irme le quiero dar un consejo.
—¡Usted dirá amigo!
Cuando el joven le dijo estas palabras, las nubes que tapaban la luna
comenzaron a moverse y los rayos comenzaron a iluminar todo nue-
vamente.
—Ya no debe viajar solo y en sábado nunca más, porque mi deber es
cuidar estos caminos, por hoy se lo perdono y lo dejo seguir.
Cuando el joven escuchaba estas palabras, los rayos de la luna ilu-
minaron el rostro de aquella persona, el joven se dio cuenta que sus
ojos eran de color rojo y su rostro era el de un animal. El joven al verlo
se asustó y se desmayó. Al otro día unos arrieros que iban pasando se
percatan del joven y se acercan a ayudarlo, les cuenta lo que pasó, pero
como todavía tenía el olor a alcohol de la fiesta de ayer, no le creyeron
por borracho.
8 Se refiere a lugares, caminos o parajes
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El hijo malcriado
Silvia González Gonzáles (Sahuayo de Morelos, Mich.)
Mi hijo era un borracho que se la pasaba todo el día ahogado
en alcohol, y llegaba a la casa maldiciendo y golpeando
todo lo que se atravesara. Un día que me enfadó de tanto
que llegó borracho le dije:
—Hijo, un día de estos se te va aparecer el Diablo por borracho.
Y mi hijo de mala manera me respondió:
—El Diablo me la pela, cuando lo vea, lo pongo a cortar nopales.
Y así pasó esa noche, al día siguiente se despertó mi hijo todo sonso9,
como si no hubiera recordado nada y me dijo:
—Mamá al rato vuelvo, iré a la huerta.
Entonces se fue, y ya estando en la huerta, se puso a cortar nopales,
cuando de repente vio un hombre con ojos rojos cortando nopales, mi
hijo le dijo:
—Oye tú ¿quién eres?
En cuanto escuchó esto, aquel hombre de ojos rojos se le dejó ir y
lo tomó por los pies, dándole una arrastrada por toda la huerta, hasta
que empezó a rezar.
9 Tonto, mentecato.
44
—Diosito perdóname por todo lo malo que he hecho.
Y se liberó y corrió hasta la casa pidiéndome disculpas, cuando le
pregunté qué fue lo que le pasó, me dijo:
—El Diablo se me apareció, estaba cortando nopales y me dio una
arrastrada, perdóname madre nunca volveré a tomar.
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El Diablo
María Luisa Cárdenas Flores (La Palma, Mich.)
Antes aquí en la Palma, la gente trabajaba mucho, las mujeres
iban al molino todas las mañanas, María siempre pasaba por
mi madre; María era muy firme para irse a la hora.
—Ya levántate que ya es la hora —le dice a mi madre.
—María es media noche.
Y pos más antes cual reloj, cual nada, nada había.
—Es media noche María, todavía no es hora para ir al molino.
—Pos si no va llegar usted, yo ya me voy por que me va a regañar
don José.
Don José era el dueño del molino, mi madre se levantó y se fue con
María. Las dos iban bajando por la calle que desembocaba al muelle.
Cuando iban bajando, que dice mi madre:
—¡Ay María! No hay nadie, es ya media noche, sabe Dios qué horas
serán y tú que decías que ya era hora, el molino horita está cerrado.
Cuando ellas iban platicando, llegaron a la plaza, y en una de sus
esquinas, salió un hombre y se paró allí en la esquina y empezó a gritar
y a mover las manos al cielo, se empezó a ver bañado en lumbre, y co-
menzó a echar puras maldiciones feas.
—¡Hijos de la chingada todos los de este pueblo, pinches malditos
desgraciados hijos de la chingada!
—¡Ay María! Te decía que no viniéramos, ira es el Diablo, mira.
Entonces que las dos vieron un corralito con una puertita, salieron
corriendo y se metieron y el espanto prendido en lumbre seguía echando
maldiciones.
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