sujetada un cable y la lancha traía un malacate33 con cable, no te puedo
decir con cuántos metros solamente ellos que la traían, ellos que querían
sacar unas muestra del remolino, pero, no… nunca llegaron al centro.
Está muy profundo.
Se fueron a Chapala y regresaron con buzos los cuales se metieron,
como en unos cinco minutos, salieron rápido.
—¡Vámonos, vámonos! Le dicen los inspectores.
—¡Qué pasa!
—Ustedes trabajan aquí.
—Sí.
—Qué bárbaros.
—¡Qué pasa!
—No, no saben lo que hay haya abajo, hay unos animales que no se
los podemos describir pero, eso está profundo y esas son cavernas que
están ahí. Los buzos salieron y hasta ahora nunca han vuelto.
33 Un motor hidráulico para arrastre.
97
La campana divina
María Enciso Cárdenas (Tizapán el Alto, Jal.)
Había una vez un grupo de frailes que mandaron construir
un templo cerca del pueblo de Chapala; el templo servía
para que la gente que pasaba llegara a realizar oraciones
y pidiera alivio por la familia o amigos. Un día, los frailes
deciden colocar una bella campana en la torre del templo, esa campana
generaba un sonido tan hermoso que todos los pobladores cercanos que
la escuchaban les producía mucha paz. Cierto día, un grupo de hombres
avariciosos decidieron robarse la campana del templo y llevársela a su
pueblo San Luis Soyatlán para ponerla en su iglesia. Estas personas se
robaron la campana y la subieron a una canoa, cuando iban remando
con rumbo a su pueblo, el cielo comenzó a nublarse y una tormenta los
azotó, hundiendo la canoa con la campana y ahogándose los ladrones.
Se dice que muchos pescadores aún escuchan los hermosos sonidos de
la campana bajo el agua y muchos otros han querido recuperarla pero
sin ningún éxito.
98
El niño que encontró
las monedas de oro
Filiberto Chía Rodríguez y Alicia Valencia (La Palma, Mich.)
Dicen que un niño andaba en las tareas de garbanzo, en el
mes de mayo. Entonces el papá del niño lo mando a traer
leña. El iba pasando por una cueva, le dio curiosidad y se
arrimó, y que va viendo tres montones de dinero, unas de
oro, otras de plata y otras de cobre. Y que se mete pa’ dentro y vio un
señor en la entrada pero no le dijo nada, hasta que se agachó para ver
cual moneda le gustaba más. Vio que el montón amarrillo brillaba más,
que agarra el sombrero y que empieza a echarle. Entonces que le dicen
“todo o nada” “todo o nada”, y el niño no sabía que le estaban diciendo,
no entendía y el seguía echando monedas a su sombrero. Salió y ahí va
con el sombrero lleno de monedas. Y su papá reventaba de coraje porque
en lugar de leña llevaba el puro sombrero.
—¿Dónde está la leña, hijo de la…?
—No me diga nada apá, mire lo que me encontré.
—¿Dónde te hallaste eso?
—Allá hay una cueva y hay tres montonones de monedas, unas bri-
llosas, otras blancas y unas coloradas.
99
El papá agarró un costal y ahí va en chinga, en busca de las monedas,
pero no encontró nada. La cueva ya estaba cerrada. Toscano sabe a quién
le da el dinero, y no es para todos, eso cuentan.
100
El tesoro de los Ocales
Elvira Barajas Campos (La Palma, Mich.)
Cuando estábamos en la haciendita, por allá en los Ocales, un
ánima le hablaba a Chole. Ella se desmayaba y María le decía que
le respondiera para que le dijera dónde estaba el dinero.
Había dos corredores grandísimos en esa hacienda, y en una esquina
de ese corredor había una escalera de caracol donde estaba el mirador
para devisar y que allí estaba el dinero, no tenía de anchura más que un
pedazo. Entonces estaban sacando cacahuates abajo en el Plan, después
nos mandaron a lavar a los Ocales por andar de mitoteras y a mi comadre
Martina la pusieron a cuidar y a Chole en la cocina. Cuando llegaron
los burros a cargar los cacahuates, María se pone a escarbar y dio con el
dinero, metió la barra en el agujero y comenzó a sacar pedazos de cuero
de vaca pinta, y que no salía el dinero. María le dijo:
—¡Martina! Tráete una cuchara pal pozole.
Y la metió al agujero.
—¡Martina! Los arrieros ¿no han venido?
—No, allá están cargando todavía.
—¡Ve! Y háblale a Chole y dile que venga.
—¿Qué quieres María? —preguntó Chole.
—Mira ya voy a empezar a sacar el dinero.
—¡Hay chiquita, yo no! Por que me va a abrazar el ánima.
Y pues cuando Chole se dio la vuelta, María metió la barra otra vez
y lo que había se convirtió en piedra.
—¡Ay Chole, qué ingrata! Yo tanto que trabajé y para no sacarlo.
Y se dice, yo no lo se, que el dinero allí está enterrado todavía.
101
La cueva
Rubén Toro Ávalos (Cojumatlán, Mich.)
Un buen día, hace como veinte o veinticinco años empezó el
temporal de pitayas en el cerro y le dije a Pelayo (en ese entonces
tenía como trece años).
—Vamos a ver si ya hay pitayas.
—Sí cuñado, vamos.
Fuimos al cerro de la Ortiga que es la división del Callejón hacia
el lado del Ejido Modelo, de Cojumatlán enfrente de la carretera. Era
tiempo de cuaresma, un miércoles de la semana Santa.
Empezamos a caminar y subimos al cerro, ya ahí cortamos una barita
e hicimos el pitayero y caminamos en los pitayos, miramos que había una
que otra que empezaban a madurar, pero, pues apenas empezaban. Ya
que vimos que no había decidimos regresarnos, ya que periódicamente
volvíamos. De repente:
—¡Ah caray! ¡Una cueva!
—Pero por aquí siempre hemos pasado y nunca hemos visto una
cueva.
—Pues vamos viendo de qué se trata.
Decido introducirme dentro de la cueva a ver qué había, con la
curiosidad de que había algo que no habíamos visto por ahí. Me metí
hasta que topé como cinco o seis metros adentro, pero, ahí no termi-
naba seguían hacia dos lados uno hacia el lado de Callejón y el otro lado
hacia Cojumatlán y empecé a sentir algo pues como… miedo y decido
regresarme, al salir le digo a mi compañero:
—Sabes qué, mañana venimos otra vez, pero, ya voy a traer algo, aun-
que sea la carabina. Para venir preparado. Por si hay algún animal ahí.
102
Al mirar las cosas como estaban, saco el cuchillo con el que hice el
pitayero y corté unas ramas de un huisache con espinas para tapar la
entrada de la cueva, con el fin de que no la vieran, le puse las ramas ahí
para taparla y decidimos regresamos a Petatán. Cuando regresamos a
otro día, llegamos directo a la cueva, teníamos mucha curiosidad por
saber qué había allí, pero cual fue la sorpresa que nos llevamos; que no
había ninguna cueva. Nada más estaban las ramas con la que la tapamos,
pero, no había ninguna cueva.
En ese tiempo una señora curandera que venía a curar al hermano
de Pelayo, al terminar de checarlo decidimos acompañarla a la carretera
para que tomara el autobús para Guadalajara, y cuando íbamos cami-
nando hacia la carretera se me viene la idea y le comento:
—Oiga doña Olivia fíjese que hace tiempo, por ahí, aquí adelante,
encontramos una cueva.
—¿Y…?
Ya le platique la historia, pero el detalle fue que se cerró.
—Mmm… qué te parece si en una noche de luna llena del mes próxi-
mo o en el siguiente, nos damos una vuelta tú y yo solos a esa cueva,
porque yo puedo hacer que eso suceda.
—¡Caray! Usted puede hacer que eso suceda (abrirse la cueva).
—Posiblemente sí, pero tú me vas a acompañar —me dice— Pero
mira; podemos encontrar maldades y si logramos eliminarlas, vamos
hacer que descanse mucha gente porque ahí se pude estar haciendo cosas
malas o puede haber por ahí algo; algún tesoro que este encantado y si
hay algo bueno nos repartimos… en caso de que sea algo malo pues le
vamos a echar trancazos entre los dos.
Y le dije:
—Mire, sabe qué señora, vaya búsquela usted sola a mí no se me ha
perdido nada.
103
104
Leyendas de las islas
AHBCITESM. Colección Pedro Robredo.
La isla de Maltaraña
Tarsicio Sánchez Domínguez (San Pedro Caro, Mich.)
Don Porfirio Díaz, cada semana Santa tenía la costumbre de
venir de paseo a pasar algunos días en Chapala, frecuentaba
mucho a su amigo Cuesta Gallardo que tenía una hacienda
conocida como La Florida. Su amistad era tan próspera y
cercana que Don Porfirio bautizó a una de las hijas de Cuesta Gallardo
a la cual llamaron Cristina, y posteriormente se le conoció como la be-
lla Cristina, quien se convertiría en la amante de Porfirio Díaz. Un día
cuando Don Porfirio se encontraba de visita con los Cuesta Gallardo,
subieron a un cerro muy alto conocido como el cerro del Fuerte, donde
Don Porfirio le dijo a su compadre:
—Compra todas estas tierras que le pertenecen a los Castellanos
Tapia, porque a partir de ahora vamos a desecar la Ciénega de Chapala
para utilizar esas tierras para la siembra y todas estas tierras pasarán a
ser tuyas.
Por el poder que tenía la familia Cuesta Gallardo y el respaldo del
Presidente Don Porfirio Díaz, los Castellanos no dudaron en vender las
tierras a un precio bajo, quizá por temor que si se rehusaban, podrían
peligrar sus vidas.
Las tierras que se compraron fueron las de la Magdalena, Cumuato,
San Andrés y La Palmita. La desecación comenzó con la construcción
de un bordo desde la Palmita hasta llegar a terrenos michoacanos.
La isla de Maltaraña dejó de ser isla y se convirtió en parte del terri-
torio firme, donde posteriormente Don Porfirio Díaz mandó construir
una lujosa casa de campo de estilo francés como a él le gustaban. Al
terminar la edificación, Don Porfirio se la regaló a su ahijada la Bella
106
Cristina; desde entonces la casa se conoce como la Bella Cristina entre
los habitantes de la zona.
La bella Cristina frecuentaba mucho la casa, era uno de sus lugares
favoritos para ir a descansar, sin embargo al estallar la revolución mexi-
cana, su familia es desterrada del territorio. La casa fue saqueada por que
se rumoró que debajo de los cimientos había un gran tesoro que hasta
la fecha se sigue buscando.
Cuentan los habitantes del lugar que fue tanta la tristeza de la Bella
Cristina al no poder volver a su antigua casa, que al morir su espíritu
decidió quedarse a resguardar la antigua casa. Muchas personas que
pasan por el lugar a altas horas de la noche han visto la presencia de
una mujer de vestido blanco que se pasea por los pasillos y se posa en las
ventanas, la ven en la parte de abajo y en un instante se ve en la parte
superior de la casa, sus lamentos todavía son escuchados por todo aquel
que viene a buscar el tesoro que nunca se ha encontrado.
107
El escape de la isla del Presidio
Exiquio Santiago Cruz (Mezcala, Jal.)
Cuentan los mercantes de Mezcala que cuando la isla del presi-
dio funcionaba como tal, no había nadie que pudiera escapar.
Dentro de la isla todavía existen dos galpones34 de piedra con
bóvedas de ladrillo, dentro de cada uno se encontraban cien
reos, los cuales eran muchos peligrosos criminales, asesinos, ladrones,
violadores, hasta políticos y alguno que otro inocente. Cada cierto día
en esta prisión se les permitía a los amigos o familiares venir de visita
para ver a sus presos. Entre los presos había uno que era de descendencia
árabe, el cual había sido un hombre muy importante, siempre lo visita-
ba una india de Mezcala, que siempre le llevaba sus tacos y sus frijoles.
Puede que haya sido su sirvienta o la sirvienta de un amigo, pero al
pasar el tiempo este árabe comenzó a enamorarse de ella, y siempre con
entusiasmo la esperaba el día de las visitas. En una de esas visitas el reo
le dijo en voz baja que para el próximo día que viniera, pusiera dentro
34 Construcción grande, departamento destinado a esclavos y delincuentes.
108
de la canasta donde traía la comida, una blusa, una falda, un reboso y
una navaja. La mujer no entendió la solicitud que le estaba haciendo el
reo, esta sólo aceptó con un gesto asintiendo con la cabeza y regresó en
la canoa camino a Mezcala.
Así pasaron los días, y se llegó el día de la visita, la mujer preparó
todo el encargo que le habían echo la ocasión pasada, escondió muy bien
la ropa y la navaja con la comida que ella siempre llevaba.
Al momento de llegar, los guardias no revisaron su canasta, puesto
que ella siempre que realizaba las visitas no despertaba ninguna sospecha
de que ella hiciera algo. Cuando la mujer entra a la prisión comienza a
buscar al reo y este hace lo mismo. Ambos se retiran cerca de un rin-
cón del recinto y el reo le pide el encargo, ella hace a un lado la comida
de la canasta y se lo entrega. El reo toma las cosas y se va a otra parte
donde comienza a rasurarse con la navaja y a vestirse con la ropa que le
encargó a la indígena. Cuando se reencuentra con ella le explica el plan
para escapar de la prisión.
Él, vestido de mujer con la cara tapada con el reboso comienzan a
dirigirse a la salida, los guardias al percatarse que van de salida, no les
toman la menor importancia y salen sin menor problema, toman una
canoa y se van rumbo a Mezcala. Se dice que es el único escape registrado
que sucedió en la isla del Presidio, el árabe y la indígena de Mezcala ter-
minaron casados y vivieron tranquilamente en la región, donde todavía
vive parte de su linaje.
109
La isla de los Alacranes
Exiquio Santiago Cruz (Mezcala, Jal.)
Se cuenta que la isla llamada de los Alacranes es el corazón de
Rapabiyeme35 (la abuela de las aguas), para los Huicholes este es
uno de los cuatro centros ceremoniales de mayor importancia
para la celebración de sus rituales.
Se dice que dentro de sus ceremonias realizadas en esta isla, se reali-
zan diferentes ofrendas como son la música, danzas y oraciones acom-
pañadas con velas adornadas que sirven para conmemorar a todos los
espíritus del lago, donde se le pide a Rapabiyeme para que el lago no deje
de existir, ya que de él dependen muchas vidas y muchas comunidades.
Si esta laguna desaparece, también desaparece el pueblo huichol.
35 Deidad de la tradición wixárika que significa la abuela de las aguas.
110
Leyendas de animales mágicos
El pelícano borregón
Jesús Ayar Mendoza (Petatán, Mich.)
Muchos piensan que el pelícano borregón ha estado fre-
cuentando Chapala desde mucho tiempo atrás, pero en
realidad esta ave a duras penas tiene migrando a Michoa-
cán no más de cincuenta años. Cuenta la historia que la
primera vez que llegaron estas aves a Petatán en el mes de noviembre,
pintaron el cielo de blanco y amarillo. Eran tantas que era imposible
distinguir la cantidad, pero lo más curioso fue que todas estas aves
eran guiadas por un pelícano de color gris, diferente a todos los demás.
Cuando estas aves se encuentran sobre el lago, toda la parvada de aves
comienzan a dar vueltas en círculos siguiendo al líder. Entonces el bo-
rregón de color gris entra primero al lago y caza el primer pez, dando
la señal para que los demás puedan comenzar a cazar sus peces.
112
El robo del pelícano gris
Jesús Ayar Mendoza (Petatán, Mich.)
No hace muchos años se rumoró que las gentes de Chapala
querían llevarse a los pelicanos borregones de aquí de Peta-
tán, para llevarse al turismo para allá. Se dice que compraron
toneladas de pescado para darles de comer y convencer a las
aves de que ese era un sitio mejor para ellas, muchos nos preocupamos
por que el pelícano borregón es de nosotros aquí llegó y aquí es su casa,
en Petatán. Comenzamos a pensar que habían capturado al pelícano gris,
por que por las mañanas casi no había pelícanos. Después nos enteramos
que los de Chapala compraron mucho pescado para atraerlos y retener-
los, pero los borregones solo iban a Chapala a desayudar, se llenaban
el buche y se devolvían para Petatán, así fue como entendimos que el
pelícano gris seguía libre y seguía aconsejando a los demás de quedarse
en la isla de Petatán.
113
El padre de los pescados
Jesús Ayar Mendoza (Petatán, Mich.)
En el puerto de León existían unas cuevas, íbamos agarrar bagres
con las manos. Cada bagre de diecisiete kilos; cada cueva daba
dos bagres diarios. La pesca de bagres la hacíamos de marzo
para delante hasta junio y de allí en delante ya los bagres no
entraban. Una vez estaba con un hermano de mi apá, yo estaba chico
como de unos catorce años, llegué a una cueva, pisé y tenté un pescado,
tenía la cola de fuera, le dije a mi tío:
—¡Aaah! Aquí está un bagre, que tiene la cola de fuera, como estará
de grande.
Pero yo creo que sería el diablo, cuando metí la mano para clavarle
el anzuelo, se sacudió y me lo quebró, saque puros pedazos del anzuelo.
Entonces mi tío, me pasó un anzuelo más grande, cuando lo metí de
nuevo le clavé el anzuelo, pero el bagre comenzó a hacerle como puerco,
una cosa horrible. Mi tío, se metió para abrazarlo y sacarlo, pero al ver
el animalote yo me asusté, y a mi tío lo tumbó, el bagre escapó con todo
y anzuelo; era un bagre grande de algunos sesenta kilos. Nos asustamos
114
y nos fuimos de allí. Pero más delante muchos pescadores que iban a
pescar bagres en esas cuevas lo habían visto, y siempre lo querían agarrar
pero nunca podían, siempre se escapaba. Fueron muchas gentes que
lo vieron, hasta que un viejo de aquí de Puerto de León nos contó que
ese bagre jamás lo íbamos a pescar, por que él era el padre de todos los
bagres, y si lo agarrábamos, se acababan los bagres. De allí para delante
jamás intentaron capturarlo los del Puerto de León.
115
La carpa de oro
Ricardo Hernández García (Palo Alto, Mich.)†
Por allí me contó una vez mi abuelo que en el mero centro de la
laguna existe un pescado mágico, que es capaz de darte todo lo
que quieras, ya sean riquezas, salud o prosperidad, ese animal
te puede dar de todo.
Se dice que es una carpa, una carpa de oro, los que la han llegado a
ver, dicen que sus escamas brillan mucho y son capaces de encandilarte.
Mencionan algunos que es un animal muy grande casi como de medio
cuerpo de un hombre.
Según dice la historia que para poder capturar a la carpa de oro tienes
que esperar cuando hay luna llena y estar a media noche en media laguna,
una vez que los rayos de la luna iluminan toda la superficie del agua,
podrás ver los destellos dorados de la carpa. Para que esta se arrime a
donde estás, tienes que cantarle una canción bonita que hable del agua
y enseguida debes lanzarle una moneda a cambio de que ella te cumpla
lo que tanto quieres.
Muchas gentes mencionan que la han visto, otros dicen que ya la han
capturado y muchos otros que no existe, a mí no me consta eso, pero lo
que si me consta es que ese animal es el patrón del lago y por eso nunca
se han acabado los peces.
116
Charritas
AHBCITESM. Colección Pedro Robredo.
La aventura de don José
Rubén Toro Ávalos (Cojumatlán, Mich.)
Un día el viejito José se puso bien borracho y que se sale al
pueblo, allí por la presidencia anduvo gritando chingadera
y media, que los policías a tostón, que el comandante a peso
y el inspector dénmelo de pilón al hijo de sus tantas madres,
que lo agarran los policías y que lo meten a la cárcel al viejito y allí dur-
mió. Al otro día llega doña María su esposa y le dice:
—¡Ay José, pos qué hiciste!
—¡No! Que yo me acuerde nada mujer, ya sabes que yo no hago nada.
Ya que le habla al comandante doña María.
—Comandante que hizo José, por qué lo tienen encerrado.
—Ayyyyyyyy señora, siquiera viera nomas que hocico traía ayer.
—¿Por qué?
—Pos que los policías a tostón, que el comandante a peso y que le
dieran al inspector de pilón.
—Hay pero comandante, se pone a hacerle caso, si cada que se pone
borracho le da por comprar chingaderas.
118
Truenos y relámpagos en misa
Elvira Barajas Campos (La Palma, Mich.)
Que estaba un Padre en la iglesia explicando la misa y estaba una
mujer a medio templo soltándose trueno y trueno, pero de los
apestosos. Y que la peste le llegaba al padre hasta el púlpito36
y que el Padre seguía explicando y oliendo, el Padre pensó:
—No, ya no aguanto, deja me paro para ver quien es.
El padre se levantó y se subió al pulpito y dijo:
—¿Quién se peleó que huele a santo?
Y que se para la señora, pensado… pos es de santo.
—Pues santa indigna y pecadora, Loreto Álvarez su servidora —le
dijo ella.
Y el padre le dice:
—Pues, peque aquí y a cagar a su chingada madre, por que aquí ya
no aguanto.
36 Plataforma pequeña con antepecho que hay en algunas iglesias, desde donde se predica y se
dirigen los rezos o cánticos religiosos.
119
Charrita a los de la ribera
Elvira Barajas Campos (La Palma, Mich.)
Jiquilpan cielo escondido
Sahuayo segundo cielo
La palma el purgatorio
Y Cojumatlán el infierno
120
Canciones a La Palma
AHBCITESM. Colección Pedro Robredo.
La Palma
Interpreta Rosa Sánchez González (La Palma, Mich.)
Compositor: José Sánchez† (La Palma, Mich.)
Pueblito chiquito y bonito
con toda el alma te canto a tí,
eres tan bello eres tan hermoso
que por ninguno te cambiaré.
Aquí sí hay hombres que aman de veras
a las mujeres con gran fervor,
es el pueblito frente a Chapala,
del gran estado de Michoacán.
Hay pescadores y campesinos
y sus mujeres lindas están,
porque ya saben que aquí en la Palma,
siempre se quiere de corazón.
En los domingos su serenata
frente a la plaza su catedral,
es el pueblito frente a Chapala
del gran Estado de Michoacán.
Aquí tuvimos anunciadores
si hasta campeones tuvimos ya,
es el pueblito frente a Chapala
del gran estado de Michoacán.
122
La comarca
Interpreta Rosa Sánchez González (La Palma, Mich.)
Compositor: José Sánchez† (La Palma, Mich.)
Esto faltaba señores
esto que voy a contar,
que la famosa comarca
ya no la querían quitar.
Guiles, Turriaga y Terrones
muy buenos pa’ repartir,
de Castro ya ni se diga
todo se le iba en reír.
El señor Gobernador
como es justo y sin resaque,
mandó una comisión
con el ingeniero Márquez.
Al presentar la demanda,
de antemano les digo
que ya todo estaba arreglado.
El señor David del Toro
que no paraba un momento,
los pobres en recompensa
le haremos un monumento.
123
El señor José Mendoza
abrazado de un bejuco37
si a mí me quitan las tierras
con que le pago a Canuto.
Decía Unillo Zepeda
con la mano en el bolsillo,
a mí lo que más me puede
con que le pago a Luisillo.
Luisillo le contestó
con una risa muy franca,
el haba y más heladas
de todos modos me pagas.
37 Enredadera o planta trepadora.
124
Narraciones trágicas
El velorio del indio
Elvira Barajas Campos (La Palma, Mich.)
Cuando yo era más pequeña me hice un novio de por allá de
Mezcala. Era aguerrido el indio y le dije a la compañera que a
veces le tenía miedo de que me fuera a hechizar, una vez corrí
con mi cántaro de agua y me caí de panza y lo quebré todo.
Los indios de Mezcala venían a vender frutas, como el durazno,
mango y chayotes. Cuando divisamos que venían las canoas corríamos
al muelle a llevarles tortillas para cambiar, venían unas cuatro o cinco
canoas. Un día se ahogó uno con su canoa y lo velaron en el zalate de
La Palma en lo parejito. La gente del pueblo lo vistió, le pusieron ropita
seca y nueva porque estaba todo mojado, y lo tendieron en unas tablas,
al otro día llega su mujer y la comadre del difuntito y comienza a gritar:
—¡Ayyyyyyyyyyyyyyyyyy! Pero qué te apura, ¡ayyyyyyyyyyyyyyyyyy!
Tu buena camisota, ¡ayyyy! Tu buen pantalonsote y tus cuatro buenas
velotas, ¡ay! Que bueno que te tocó aquí.
—Comadre, comadre, vamos rezándole un rosario.
—Sí, vamos.
Y que comienzan a rezar. No sabía qué decían pero lo que me acuerdo
era la que estaba guiando:
—Rosita de Jericó.38
Respondía la otra y todos los demás que estábamos allí:
—Bonita tu flor.
—Rosita de cempasúchil.
38 Es en realidad una especie de helecho puede estar en dos estados, como una simple bola o un
manojo
126
—Bonita tu flor.
—Rosita de olivo.
—Bonita tu Flor.
Ya que terminó el velorio del indio, lo enterraron en el panteón de
La Palma y nunca volvieron a ver a las comadres por acá.
127
128
Cuentos varios
AHBCITESM. Colección Pedro Robredo.
El gonfoterio
de Santa Cruz de la Soledad
Gustavo Cárdenas Cortez (Palo Alto, Mich.)†
Por allá ya hace un buen tiempo se escuchó un rumor que por
un poblado pegadito a Chapala, un señor conocido como don
Santos estaba con su familia trabajando y se puso a hacer la
lumbre para calentar las tortillas. Comenzó a juntar piedritas
por ahi de las regadas, pero estas piedritas las empezó a sentir muy li-
vianitas, agarró una y le vio forma de colmillo, él muy asustado o muy
entusiasmado le gritó a su mujer que fuera rápido a ver y le dijo:
—Te apuesto lo que quieras a que ésto es de un animal grande pa-
recido a los elefantes…… ha de ser de algún mamut. Mira vieja, hay les
encargo que nadie se arrime, voy por los policías para que vean esto.
A las pocas horas comenzaron a llegar las autoridades y varios meti-
ches, don Santos y su familia cuidaron muy bien el hallazgo.
Cuando llegaron los paleontólogos de la ciudad de Guadalajara y
comenzaron a trabajar en el sitio, se dieron cuenta de que el animal que
se encontraba enterrado no era un mamut, sino un gonfoterio39.
39 Es un ancestro de los elefantes, como el mamut o el mastodonte, pero poco más grande que
un bisonte moderno.
130
A manera de conclusión
Através de los cuentos, leyendas y los relatos históricos que se
han entretejido a lo largo de la historia del lago de Chapala,
podemos observar los distintos contextos culturales por los
cuales las comunidades rivereñas se han desarrollado.
Estas historias nos describen la plenitud del mar Chapálico, donde
sus aguas cristalinas, la abundancia de las distintas especies de peces y la
valoración de su importancia para la vida de las distintas regiones, eran
sinónimos de prosperidad social. Sin embargo, esas décadas pasadas se
añoran en la actualidad, los graves problemas de contaminación, la ex-
plotación del agua, las sequías que han azotado a lo largo de los años, la
pesca indiscriminada en época de veda, la urbanización, la introducción
de especies ajenas al ecosistema y la falta de sensibilización de la sociedad
por cuidar y preservar este embalse natural, han traido consigo que el
lago se encuentre en una estado ambiental crucial.
Las historias aquí descritas nos transportan a un pasado donde la vida
en la ribera chapálica gozaba de cierta quietud y prosperidad, no obs-
tante los levantamientos armados como la guerra cristera, las disputas
de tierras, las tragedias de hundimientos de vapores y los bandidos de
la región, teñían la otra cara de los pueblos.
A lo largo de la investigación se percató de que subsisten pocos
pescadores que pudieran aportar relatos al trabajo de investigación; la
migración, la poca pesca que se produce y el valor monetario que se
obtiene por esta actividad han provocado que la profesión se deje de
lado, y no habiendo quien continúe con esta tradición, todos los cono-
131
cimientos de generaciones pasadas se quedan en el olvido, al igual que
las historias que se contaron.
Además es preciso añadir, que el contexto cultural y tecnológico que
vivimos actualmente ha conformado distintas formas de interacción
social que distan mucho de aquellas de hace cuarenta años, donde al
término de la cena o la comida, la familia pasaba al patio trasero de la casa
y sentados en el piso le hacían una rueda al abuelo, todos entusiasmados
por escuchar aquellas aventuras e historias de la comunidad. Ese tipo de
hábitos que se tenían en familia, ayudaban a preservar la memoria oral.
No obstante en la actualidad, la estructura cultural y social pocas veces
permite tener tiempo para escuchar al adulto mayor, a veces ni siquiera a
los padres; las nuevas tecnologías han apartado a los jóvenes del contacto
con el semejante, distanciándolo de las relaciones familiares y sociales.
Los portadores de estas historias orales, en su mayoría adultos
mayores, pocas veces son tomados en cuenta en proyectos culturales
de integración social, este proyecto contribuyó a planificar un espacio
para que estas personas fueran incluidas en una actividad donde lo más
importante era su historia de vida, sus conocimientos y su visión del
pasado cultural e histórico de la comunidad donde se desarrolló.
Este trabajo trae consigo un aporte para la preservación del acervo
oral de la región Ciénega de Chapala. Dista un camino mayor por re-
correr en futuras investigaciones, el reto de ahora, se basa en buscar
nuevas ideas y modelos para la difusión, conservación y sensibilización
de la memoria oral, para que todos estos conocimientos tradicionales
lleguen a las nuevas generaciones, donde a partir de estas narraciones
puedan conocer su pasado y entender el presente en que viven.
132
Bibliografía
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su descontextualización y re-significación, tesis de maestría en escritura
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de Estudios Superiores de Monterrey. Geografía del territorio del
Lago de Chapala [Manuscrito] / por Francisco Gonzélez Rubalcaba
y Cano. Guadalajara, 29 de mayo 1882. 15 páginas, 6 láminas (acua-
relas), 1 mapa plegado (21 x 24 cm);11cm. Colección Pedro Robredo.
Mapa topográfico. [Laguna de Chapala y sus alrededores. Sin lugar. Sin
fecha. Sin autor. Escala de 20 leguas mexicanas a 5,000 varas legua. Ubi-
cación: MMOB, CA. Jalisco. V 01. No. de control 380. Fotógrafo: AC.
Uso de imágenes del directorio del ilustrador.
Michel Vargas Segura.
Jiquilpan, Michoacán de Ocampo, 1995.
Realiza estudios en la Licenciatura de Estudios Multiculturales dentro de la
Universidad de la Ciénega del Estado de Michoacán de Ocampo. Especialis-
ta en los medios digitales para la ilustración de libros y revistas, realizados
a través de Adobe Photoshop, Paint Tool SAI y Medibang Paint Pro.
Email: [email protected]
Web: http://falseperfectionn.deviantart.com/
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Los espacios de la memoria.
Cuentos, leyendas y relatos históricos de La Ciénega de Chapala.
se terminó de imprimir en julio de 2016 en
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Se imprimieron 300 ejemplares.
Coordinación editorial: Felipe Ponce
Diseño editorial y de cubierta: David Pérez
Ilustración de cubierta: Michel Vargas Segura