ARQUEOLOGÍA-51-ciertos tipos de alfarería de San Pedro de Atacama (Román, et al. 1984); otro con fechados de Termoluminiscencia, C 14 e históricos para la región del Loa y del río Salado (Aldunate et al. 1986).Se ha vuelto a sistematizar la alfarería de San Pedro de Atacama mediante el uso de la computación (Thomas et al. 1984, 1985) y el conjunto de tabletas de madera del complejo de alucinógenos (“tabletas de rapé”) (Thomas et al. 1984; Torres 1985).Varios artículos han abordado también la problemática de Tiwanaku en San Pedro de Atacama, retomando así una antigua línea de investigación imaginada hace casi 80 años por Max Uhle y continuada por Latcham (1938), Le Paige (1963), Núñez (1964, 1978), Berenguer (1978), Serracino (1980), Berenguer, Castro y Silva (1980), Orellana (1963, 1964, 1982, 1985), Thomas y colaboradores (1984, 1985).Muy recientemente en Calama (Topater), George Serracino efectúa investigaciones sistemáticas que han dado como primeros resultados pruebas culturales que ejemplifican relaciones entre el altiplano boliviano y Calama en el período temprano agro-alfarero.Algunos problemas interpretativos que en la actualidad presenta la arqueología de San Pedro de Atacama y sus alrededoresHabiéndose mejor definido en los últimos años los lineamientos generales de la evolución cultural de San Pedro de Atacama con sus periodos y fechas situados entre el 300 d.C. y el 1540 d.C., los artículos de los diferentes especialistas se han centrado en la caracterizaci6n de sus estructuras sociales y políticas. Por ejemplo, se han hecho interpretaciones de los restos arqueológicos que han conducido a la postulaci6n de un Sistema de Mitades (o dual) de la sociedad agro-alfarera de San Pedro de Atacama. Otras interpretaciones apuntan a la existencia de un sistema de jefaturas independientes en las diferentes fases de la cultura San Pedro de Atacama. Incluso, a partir de una homogeneidad cultural e ideológica se ha postulado una homogeneidad política (estado de pre-civilización). Estas interpretaciones, que están en discusión, no deberían sin embargo ser consideradas obligatoriamente excluyentes (véanse Bittmann et al. 1978; Berenguer et al. 1980; Serracino 1980; Orellana 1985; Thomas et al. 1985).Otro problema, relacionado con lo anterior, pero con mayor énfasis descriptivo, se refiere a la necesidad de precisar la matriz socio-cultural de la primera fase de la cultura San Pedro de Atacama (Fase I o Temprana). Después de identificar esta matriz inicial se podrían conocer los elementos incorporados desde otras regiones aledañas (sur de Bolivia, norte de Argentina); cómo llegaron a la región atacameña y qué efectos produjo su inserción en el sistema total.Así resulta que a pesar de lo publicado (que es muy valioso), falta aún mucho por investigar acerca del periodo temprano de San Pedro de Atacama y de otras regiones de la provincia del Loa. Muy recientemente se han iniciado algunos provectos referidos a esta problemática (véase informe de Orellana sobre los “Contextos culturales tempranos de Toconao Oriente”, Informe de avance de Proyecto, S2452-86/2; DIB, U. de Chile, 1985).Unido a lo expuesto y como aporte al futuro próximo de los estudios regionales, precisaremos lo que nos interesa investigar particularmente: conocer y explicar el paso de algunas sociedades arcaicas (de cazadores y recolectores especializados) a una forma socio-política y económica de sociedad temprana agro-alfarera.
-52-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAEl estudio de algunos yacimientos arcaicos ha sido hecho por diferentes arqueólogos (Le Paige, Serracino, Núñez y nosotros). Sin embargo, es urgente el trabajo de campo de yacimientos arcaicos con estructuras habitacionales. Calar, situado al noreste de San Pedro de Atacama, en una terraza de 18 metros sobre el río Vilama y las lomas de Ghatchi, será excavado por nosotros en diciembre de 1986 y en el año 1987. Hipotéticamente se ha postulado que parte de las estructuras de Calar debe representar un hábitat de fines del periodo Arcaico, posiblemente de transición al Temprano agrícola. Se busca entonces caracterizar la sociedad particular de Calar y estudiar su desarrollo en el tiempo y, por lo tanto, sus procesos de cambio. Objetivamente el yacimiento de Calar y sus alrededores presenta evidencias arqueológicas de cazadores y recolectores arcaicos, hasta una ocupación agro-alfarera del periodo Medio (San Pedro de Atacama II). El problema teórico implica resolver si en este sitio ocupacional estamos frente a simples “reemplazos’’ o cambios “bruscos” sociales, o ante un prolongado proceso evolutivo de tipo “gradual”. Cualquiera que sea la respuesta deberá explicarse también por las situaciones vividas por el hombre en este medio ambiente y por los procesos “adaptativos”, más o menos importantes, experimentados por las sociedades identificadas.Íntimamente relacionado con el complejo problema anterior esta la identificación de un período temprano agro alfarero generalizado que Mario Rivera, en Arica, ha llamado “Fase Alto Ramírez”. A partir de esta definición aparece la sociedad temprana de San Pedro de Atacama como ejemplo de una fase areal, representada en el Norte por Arica hasta el río Loa y Toconao por el Sur, en donde algunos restos alfareros del cementerio de Toconao Oriente estarían caracterizándola (urnas modeladas antropomorfas).Evolución de las teorías arqueológicasEs interesante recordar que en la primera mitad del siglo XX las investigaciones arqueológicas se efectuaron principalmente en la costa norte chilena, con la excepción de los trabajos de campo de Ricardo Latcham y los estudios de algunas colecciones provenientes de Calama y San Pedro de Atacama hechos por Aureliano Oyarzún y Max Uhle.Todos estos trabajos esencialmente de carácter descriptivo, tenían sin embargo en Uhle y Latcham un rasgo social, casi étnico, en cuanto privilegiaban el concepto de etnia (en este caso “atacameña”) y otorgaban a lo atacameño una importancia cultural desmedida.Posteriormente, en la década de 1960, se hizo uso de una explicación de carácter histórico, en donde las preguntas ¿qué aconteció? y ¿cuándo? eran fundamentales.A partir de las evidencias arqueológicas, apoyadas mayoritariamente en las excavaciones de tumbas, se intentó escribir una historia de la cultura. Así surgió la formulación de la Cultura San Pedro dividida en tres fases y situada en un tiempo y en un espacio, este último más reducido que el postulado por los estudiosos Uhle y Latcham.En esta década fue privilegiada, especialmente por Le Paige, una teoría evolutiva unilineal, en donde las ocupaciones más antiguas de cazadores, en un proceso de cambios lentos y graduales, se transformarían en agricultores y alfareros. Así lo atacameño se iniciaba con los más antiguos ocupantes de la región (de 30.000 a 50.000 años, según Le Paige) y continuaba con los agroalfareros de los ayllus de San Pedro de Atacama, hasta alcanzar al actual poblador atacameño.Ya a fines de la década de 1960 ya comienzos de 1970, se comenzó a organizar un conjunto de hipótesis que aspiraban a responder el cómo y el por qué. Por ejemplo, los arqueólogos que
ARQUEOLOGÍA-53-investigaban en la actual provincia del Loa se preguntaban ¿Cómo es la organización social y económica de los cazadores y recolectores arcaicos? ¿Cómo se produjo la interacción del medio ambiente natural y de los grupos humanos en un período o en una fase determinada del desarrollo prehistórico?Para los estudiosos de estos años la “cultura” era mucho más que una suma de rasgos culturales y tecnológicos. Cuando en 1965 iniciábamos el proyecto Rio Salado y postulábamos una diferenciación entre el desarrollo cultural de Salado y de San Pedro de Atacama, este desarrollo era para nosotros la respuesta social de los diferentes grupos humanos, en tiempos distintos, al fenómeno o experiencia de adaptación a medios ambientes naturales. Así nos aproximábamos al concepto de ecología cultural, sin hacer nuestras sus expresiones extremas.Además, a comienzos de la década del 1970 se acentuó el interés por investigar los procesos económicos de las sociedades que ocupaban los espacios de los oasis del desierto de Atacama. La teoría que privilegió estos trabajos fue la materialista histórica.En la década de 1980 se ha continuado insistiendo en la arqueología explicativa y, por ende, en acentuar y enriquecer la construcción teórica de la disciplina. Por una parte, ha surgido un estudio sistemático de la arqueología de las creencias, es decir, se ha intentado con creciente éxito analizar y explicar el proceso ideológico de la cultura de San Pedro de Atacama (trabajos de Thomas y colaboradores ya citados).Por otra parte, recogiendo un legado de comienzos de la década de 1970, se ha hecho uso de las técnicas de computación para precisar las relaciones entre los diferentes componentes de las fases culturales analizadas. Así se ha logrado precisar mejor el estudio de los conjuntos-arqueológicos pertenecientes a fases diferentes, definiendo tipos y clases, e incluso se ha avanzado en el estudio de las relaciones entre elementos autóctonos y extranjeros, y en el por qué han ocurrido ellas.Igualmente, como ya lo hemos mencionado, se ha insistido en el estudio de la organización social y se ha intentado definir, dentro de una totalidad social mayor, puntos focales de desarrollo, en donde la explicación estructuralista ha sido usada.También en la presente década se ha avanzado en aspectos tradicionales de la investigación arqueológica: excavaciones de yacimientos, utilización de métodos cronológicos (termoluminiscencia) y publicación de listas de fechados, especialmente para la región del Loa.La tendencia que apunta al futuro, es la arqueología que se interesa por la explicación de la conducta social humana pretérita, dejando en un segundo lugar la práctica de la arqueología histórica.El conocimiento integral de la conducta social pasada se obtendrá a partir de la investigación de los hechos, de los datos a partir del trabajo de campo (especialmente de las ocupaciones humanas), del análisis científico de los materiales culturales, de los estudios comparativos, etc.A partir de estos estudios descriptivos y analíticos, se avanzará hacia una interpretación más compleja, haciendo uso de teorías y modelos más ambiciosos, relacionados con la arqueología de sistemas de asentamientos y con la etnoarqueología.En un futuro próximo los investigadores podrán responder por qué la cultura San Pedro de Atacama se desarrolló de cierta manera y por qué y cómo sus artefactos funcionaron en un ecosistema total.
-54-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOALas respuestas que comienzan a elaborarse deberán inscribirse muy pronto en el grupo de las teorías de alcance medio que den explicaciones de los sistemas de patrones de poblamiento, de los sistemas ideológicos, de las organizaciones sociales y políticas, etc.ReferenciasAldunate, C., J. Berenguer, V. Castro, L. Cornejo, J. L. Martínez y C. Sinclaire 1986. Cronología y Asentamiento en la Región del Loa Superior. Dirección de Investigación y Bibliotecas, Universidad de Chile, Santiago.Berenguer, J. 1978. La problemática Tiwanaku en Chile. Visión retrospectiva. Revista Chilena de Antropología 1: 7-40.Berenguer, J., V. Castro y O. Silva 1980. Reflexiones acerca de la presencia de Tiwanaku en el Norte de Chile. Estudios Arqueológicos 5: 81-93.Bittmann, B., G. Le Paige y L. Núñez 1978. Cultura atacameña. Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación. Santiago.Latcham, R. 1927. La alfarería negra de la región Atacameña. Revista Universitaria 12(8): 1060-1076.Latcham, R. 1928a. Prehistoria Chilena. Soc. Imp. y Lit. Universo, Santiago. Latcham, R. 1928b. La alfarería indígena chilena. Soc. Imp. y Lit. Universo, Santiago.Latcham, R. 1938. Arqueología de la región Atacameña. Prensas de la Universidad de Chile, Santiago.Le Paige, G. 1957/1958. Antiguas culturas atacameñas en la cordillera chilena. Anales de la Universidad Católica de Valparaíso 4/5: 15-148.Le Paige, G. 1958. Antiguas culturas Atacameñas en la cordillera chilena. Época paleolítica. Revista Universitaria43(22): 139-165.Le Paige, G. 1963. Continuidad o discontinuidad de la Cultura Atacameña. En Actas del Congreso Internacional de Arqueología de San Pedro de Atacama, pp. 5-25. Universidad Católica del Norte, Antofagasta.Le Paige, G. 1964. El precerámico en la cordillera Atacameña y los cementerios del período agro-alfarero de San Pedro de Atacama. Anales de la Universidad del Norte 3: 1-276.Le Paige, G. 1965. San Pedro de Atacama y su zona: 14 temas. Anales de la Universidad del Norte 4: 3-29.Le Paige, G. 1971. Industrias líticas de San Pedro de Atacama. Editorial Orne, Santiago.Mostny, G. 1948. Ciudades Atacameñas. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural 24: 125-211.Mostny, G. 1952. Una tumba de Chiu-Chiu. Boletín del Museo Nacional Historia Natural 26(1): 1-55.Núñez, L. 1964. Influencia de Tiahuanaco en la talla en madera del Norte de Chile. Boletín de la Universidad de Chile50: 51-56.Núñez, L. 1974. La agricultura prehistórica en los Andes meridionales. Editorial Orbe, Santiago.Núñez, L. 1976. Registro regional de fechas radiocarbónicas del Norte de Chile. Estudios Atacameños 4: 69-111. Orellana, M. 1963. La cultura de San Pedro de Atacama. Arqueología Chilena 3: 3-43. Orellana, M. 1964. Acerca de la cronología del complejo cultural San Pedro de Atacama. Antropología 3: 94-104.Orellana, M. 1965. Informe de la primera fase del proyecto arqueológico Río Salado. Antropología 2(3): 81-117. Orellana, M. 1969. Nuevas investigaciones en río Salado. En Actas del V Congreso Nacional de Arqueología, pp. 113-128. DIBAM, La Serena.
ARQUEOLOGÍA-55-Orellana, M. 1982. Investigaciones y teorías en la arqueología chilena. Ediciones del Centro de Estudios Humanísticos, Santiago.Orellana, M. 1985. Relaciones culturales entre Tiwanaku y San Pedro de Atacama. Diálogo Andino 4: 147-157Orellana, M., C. Urrejola, G. Serracino y C. Thomas 1971. Primera aplicación del sistema de computación en materiales arqueológicos del Norte de Chile. En Actas del VI Congreso Arqueología Chilena, pp. 195-228. Editorial Universitaria, Santiago. Oyarzún, A. 1981. Estudios antropológicos y arqueológicos. Editorial Universitaria, Santiago.Serracino, G. 1975. Los movimientos de los cazadores y recolectores en la Cordillera de Los Andes, entre la latitud 21°y 26° y longitud 67° 00’ y 70° 22’. Estudios Atacameños 3: 19-39.Serracino, G. 1980. Tiwanaku desde San Pedro de Atacama. Estudios Arqueológicos 5: 95-106Serracino, G. y C. Thomas 1971. Excavaciones en Confluencia 1. Boletín de Prehistoria de Chile 4: 49-69.Tarragó, M. 1976. Alfarería típica de San Pedro de Atacama (norte de Chile). Estudios Atacameños 4: 37-64.Thomas, C., A Benavente y M. Massone 1984. Sistematización de la alfarería del Área de San Pedro de Atacama. Revista Chilena de Antropología 4: 49-119.Thomas, C., A Benavente y M. Massone 1985. Algunos efectos de Tiwanaku en la cultura de San Pedro de Atacama. Dáalogo Andino 4: 259-275.Torres, C. 1985. Estilo e iconografía Tiwanaku en las tabletas para inhalar substancias psicoactivas. Diálogo Andino4: 223-246
ARQUEOLOGÍA-57-Retrospectiva de la arqueología en la provincia de El LoaGeorge Serracino Director Ejecutivo de la Corporación Cultural y Turismo de Calama, Calama, Chile.Reseña históricaNo quiero ahondar en la parte histórica de la Arqueología de la Provincia El Loa porque ya ha sido tratada por mis colegas. Sin embargo, hay algunos aspectos que aun en forma sumaria son de una trascendencia histórica. Además, este Simposio tiene el objeto de evaluar los trabajos arqueológicos en la zona desde varios puntos de vista.La ciudad de Calama ha sido el eje y el único punto que investigó en todo el territorio nacional, con miras netamente etnográficas y arqueológicas, la Misión Científica Francesa entre los años 1890 - 1901 bajo la dirección de Senegal. Los resultados de esta Misión han sido publicados por Éric Boman en el año 1908 en dos gruesos volúmenes ampliamente ilustrados.Por hoy día, el enfoque de la investigación de esta misión es más apreciado por el mundo arqueológico por su orientación. El valor predominante es el hecho de que ellos han considerado no simplemente la arqueología como tal, sino también la etnografía y la etnología como dos elementos de intercambio mutuo. En la arqueología nueva hay un ramo que se llama etnoarqueología. No podemos sacar una interpretación correcta del acontecer del pasado sin una visión bien completa de la etnología. De igual modo, la etnología no puede llegar a profundidad sin concebir el pasado de la etnia en estudio.En una rápida ojeada a las recientes corrientes de la teoría antropológica podemos ver bien claramente las dos corrientes en boga de los últimos 20 años, el estructuralismo y el funcionalismo, los cuales carecen de profundidad al estudiar el hombre integral porque para ellos es un hombre sin historia. De igual modo y con muchos más riesgos, la corriente de los últimos diez años, el enfoque materialista dialéctico de Marvin Harris y varios más. Binford y Clark son los padres de la nueva arqueología. Su arqueología parte de los métodos recientes aplicados a la arqueología como sea la computación estadística, métodos geográficos, teoría de comercio, etc. Pero más que métodos técnicos hay bajo una base interpretativa que es el uso de la teoría etnográfica. Por eso el trabajo de Boman, aunque escrito más de setenta y siete años atrás, sirvió como un tratado moderno de la arqueología nueva. La falta de apreciación del trabajo de Boman es debido a que nunca ha sido traducido al castellano y nunca ha sido reeditado, considerando que este libro ha sido publicado en escasos 300 ejemplares.El segundo valor del trabajo de la Misión Francesa ha sido el hecho de que ellos estudiaron un área más allá de los límites de las fronteras actuales. El estudio versa sobre las naciones de Bolivia, Noroeste Argentino y Norte de Chile. Un problema base de las investigaciones arqueológicas en la actualidad es; primero, el escaso intercambio de información, poco ágil y lenta entre las tres naciones que en el pasado han intercambiado sus productos y formas de vida de manera más expedita de lo que hacemos hoy con nuestros medios acelerados. Conviene que haya expediciones binacionales y trinacionales. En todo sentido, la ciudad de Calama es el eje de intercambio entre las tres naciones como punto focal geográficamente.El tercer valor del trabajo de Boman es el hecho de que está dentro de un marco teórico determinado que es la escuela Histórica Cultural. Su base metodológica es la analogía y su definición de áreas culturales es diferente entre sí. Según sus aspectos culturales y geográficos.
-58-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAAsí, Boman parte en analizar el significado de la Puna de Atacama y quiénes son los atacameños. Creo que hasta el presente no hay un tratado tan elaborado sobre la Puna Atacameña como aquel de Boman. Recientemente, en el 1980 en una reunión en Antofagasta se trató de definir áreas culturales y parece que el aspecto predominante que sobresalió fue el determinismo geográfico, bajo la forma de una palabra de moda que es la ecología.Obviamente es un sistema imprescindible en la arqueología. El hábitat condiciona muchos factores dentro de la vida del hombre. Los límites causados por el medio físico para su desarrollo y no necesariamente intelectual logran superar los límites a través de su organización social. Es preciso señalar en esta parte el modelo ecológico de John Murra, ampliamente utilizado en la actualidad por muchos arqueólogos en la Provincia El Loa; el modelo de Murra señala que en distintos pisos ecológicos de los Andes la misma etnia a través de la organización social los utiliza para su provecho. Comprobar la existencia del modelo en la Provincia de El Loa solamente carece de fundamento. Su comprobación en sentido integral necesita de trabajos arqueológicos en otras partes del altiplano. Otra figura importante en la arqueología de la Provincia El Loa ha sido Max Uhle. El valor del trabajo de este científico alemán, también mayormente hecho en Calama, es que usó las bases de una cronología. Para Calama han sido las excavaciones de la localidad de Chunchuri.Latcham y Oyarzún describen los objetos encontrados en la Provincia El Loa. Latcham más bien está en la escuela del darwinismo y aplica en su arqueología un empirismo netamente inglés. Su libro Arqueología Atacameña es de valor porque muestra la riqueza de este territorio.Mostny entra en la etapa científica de la arqueología que interpreta la sociedad por el objeto; esto lo demuestra en su libro La tumba de Chiu Chiu. Analiza por primera vez que el artefacto arqueológico tiene significado en su contexto. También incursiona nuevamente en el aspecto etnográfico con su libro “Peine, un pueblo Atacameño”.Los otros grupos de trabajo están presentes en esta mesa y por lo tanto presentarán ellos mismos sus respectivos proyectos. En retrospectiva, tengo que presentar mis trabajos durante 16 años en la zona, investigando.Proyecto Guatín (1970-1974)El problema base de la arqueología de la Provincia El Loa ha sido un énfasis en la excavación de cementerios y de recolecciones de material lítico de la superficie. Obviamente todos los arqueólogos estaban conscientes de esto y por lo tanto los proyectos del Río Salado y de la Universidad de Columbia fueron dirigidos a excavaciones sistemáticas.San Pedro de Atacama carecía de este tipo de excavaciones. Por lo tanto, escogimos dentro del complejo de San Pedro un sitio que por su ubicación podría arrojar una estratigrafía desde el precerámico hasta hoy día. En gran parte, este sitio conformaría la teoría de Le Paige que la sociedad atacameña tiene sus orígenes en el precerámico y siguió desarrollando sin interrupciones hasta la etnia de hoy día. La teoría en sí misma es bien interesante y en ninguna investigación a nivel mundial se ha logrado llegar con claridad a afirmar un desarrollo interrumpido de una etnia hasta el día actual. Además, es el único sitio habitacional excavado hasta hoy día en San Pedro de Atacama.
ARQUEOLOGÍA-59-El proyecto no ha arrojado esta continuidad. Estratigráficamente llegamos solamente hasta el [periodo] San Pedro temprano con la presencia de cerámica negro pulida. Al mismo tiempo, abre varios aspectos sobre la cultura atacameña en sí misma. Muestra el funcionamiento de varios artefactos rescatados de las tumbas que en su mayoría son ceremoniales y la cerámica en su totalidad es utilitaria. Obviamente, Guatín es un sitio al margen del centro cultural Atacameño. La mayoría de los artefactos son de gente especialista como hemos comprobado anteriormente en la distribución de los metales en San Pedro de Atacama (Serracino y Barón 1980).La excavación en sí misma arrojó varios puntos sobre la cerámica rojo pintada o engobada característica del periodo tardío. Este periodo ha sido en parte esclarecido por una excavación hecha en el alero de Ayquina por Mario Orellana y equipo. Guatín mostró que el movimiento hasta este sitio en la etapa tardía venía más del norte hacia San Pedro y es probable que los atacameños no aventuraron mucho hacia el norte.La falta de evidencia del precerámico en las mismas excavaciones comprueba que los cazadores y recolectores asentaban en las colinas y sus alrededores a lo largo de las quebradas. 6.000 años atrás, el lugar de Guatín yacía bajo el agua. En nuestra estadía de 1972 fue prácticamente imposible trabajar por el hecho de que todos los sitios fueron inundados y llovía sin cesar torrencialmente. En este periodo nos dedicamos a hacer un estudio etnográfico sobre el pastoreo y otro etnobotánico.En general, consideramos que el proyecto Guatín no ha sido superado hasta hoy porque nadie ha estudiado otro sitio habitacional en el área de San Pedro de Atacama. En relación con los sitios estudiados, después de nuestra publicación sobre este proyecto, podemos decir que la organización del sector norte de la Provincia El Loa fue más completa y mucho más elaborada que aquella de San Pedro de Atacama.Desde allí podemos comprobar lo ya dicho por Orellana que el sector norte de la Provincia de El Loa no pertenece a la cultura de San Pedro.Proyecto cerámica en San Pedro de Atacama (1973-1977)Este proyecto consistió en clasificar todos los yacimientos precerámicos descubiertos por el padre Gustavo Le Paige, según una amplia gama de criterios incluyendo factores ecológicos y geomorfológicos.La primera parte fue adaptar un máximo de criterios para la descripción morfológica del material lítico. La base teórica aplicada por Le Paige ha sido de presencia y ausencia de rasgos morfológicos en los artefactos líticos y según estos criterios determinar las distintas industrias líticas. Su forma de fechar se basaba sobre el criterio geomorfológico y morfológico para las distintas piezas. Por lo tanto, fue fundamental elaborar un plan semejante a aquel de Mario Orellana para un número limitado de material lítico a todo el universo lítico. La segunda etapa era poner los sitios clasificados según varios criterios y data. A partir de este trabajo, utilizando la técnica geográfica de localidad y su correspondiente forma geométrica, determinar una jerarquía de sitios y su posible organización social (Serracino 1975).En base a estudios, se elaboró un plan de excavaciones en la quebrada de Aguas Blancas, partiendo desde los sectores más altos y bajando hacia el salar donde desemboca la quebrada de Aguas Blancas. Aquí se efectuaron dos trabajos, uno de survey completo de sitios de un día de camino utilizando el sistema Higgs en el site catchment, y excavar dos sitios importantes.
-60-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOATumbre ha sido el sitio de altura excavado, lo cual ha comprobado que los sitios de altura se usaban netamente para caza y faenamiento de animales. También se determinó que los paraderos de viento realmente cumplían esta función. Por fin ubicamos un asentamiento precerámico en Calarcoco 3, cuyos resultados fueron más que suficientes porque sacamos dos fechas radiocarbónicas de un promedio de 3.100 años a.C., asociados con un entierro.Otra actividad que hicimos con grandes sacrificios fue la publicación de la revista del museo Estudios Atacameños, de los que han salido seis números y dos números de documentos de trabajo. A San Pedro volvimos en 1980 y esta vez nos dedicamos a los santuarios incas de altura.Proyecto Caspana (1977-1985)En Caspana, los proyectos fueron desarrollando al comienzo puntos específicos para complementar la información que faltaba en San Pedro de Atacama. El proyecto base está encuadrado dentro de la teoría de la localidad o arqueología espacial como forma de estudio del hombre integral en todos los diferentes aspectos de la vida.Al comienzo, estudiamos el cementerio Los Abuelos de Caspana ya conocido en la literatura. En este lugar hicimos primero un estudio sobre la ubicación de la tableta de rapé. Esto lo complementamos con un estudio completo de la población. Sus conclusiones sobre el promedio de vida y la longevidad son únicas en la Provincia de El Loa. De este trabajo, además de la arqueología espacial, podemos ver y sacar una nueva teoría sobre la funcionalidad y significado de la deformación craneana. En este aspecto, podemos concluir que la deformación craneana es un rasgo étnico para distinguir entre una etnia y otra.Considerando la falta de estudios sistemáticos y en proporción al tamaño del sitio mismo, comenzamos el trabajo en el sitio habitacional de Talikuna. En este sitio podemos distinguir la utilidad espacial del sitio dividido en tres sectores base: 1. Zona de casas, 2. Zona de bodegas y 3. Zona ceremonial. En este sitio observamos una desproporción enorme entre 5 casas de habitación y 25 bodegas y siete kilómetros de terreno de cultivo.En sí mismo no se explica, por tanto, comenzamos un survey de toda la quebrada que arrojó alrededor de 50 sitios más arqueológicos. Ninguno, sin embargo, ha proporcionado la explicación de este fenómeno. Por lo tanto, comenzamos a buscar la explicación en los sitios más cercanos en los pueblos actuales. Toconce presenta el mismo fenómeno en mayores proporciones considerando el mismo sitio Lican y Patillón. La solución del problema la encontramos en el sitio de Turi. Este sitio tiene más habitaciones en proporción con el área de cultivo. A primera vista, la solución sería por causa de la vega que mantiene miles de cabezas de ganado lo cual justifica la existencia de más casas habitaciones en proporción de áreas de cultivo. Como todos estos sitios son tardíos, significa una complementariedad económica.Sería muy largo ir describiendo sitio por sitio en esta zona. En general, hemos comprobado que la arqueología espacial es una herramienta fundamental en la interpretación de la organización socio-política en periodos agro-alfareros o prehistoria y es un enorme avance sobre el settlement pattern, lo cual es sencillamente el comienzo de la arqueología espacial.Junto con la teoría de arqueología espacial, comenzamos el estudio etnográfico del pueblo de Caspana y sus relaciones con los otros pueblos como una herramienta fundamental para la misma interpretación arqueológica, considerando que lamentablemente los estudios etnográficos en el norte de Chile son muy pocos y restringidos a puntos específicos en lo general descriptivos a través de informantes y no participativos.
ARQUEOLOGÍA-61-Por varios motivos, tuvimos que hacer varios trabajos de rescate en Calama que evolucionaron en trabajos largos como es el cementerio de Topater y la Villa Chuquicamata que arrojaron sitios muy novedosos en sus restos y, por consiguiente, muy importantes. Los trabajos de estos sitios todavía están en proceso de estudio.A consecuencia de estas excavaciones y por motivos espirituales trascendentales, surgieron los nuevos museos de Caspana, Ayquina y Calama con el criterio de implementar la identidad cultural de los mismos pueblos. El valor de un museo en un pueblo muestra que los pueblos andinos tienen historia y, segundo, dar una fuerza espiritual que sus antepasados han sido capaces de crear su organización social y su arte con medios mucho más primitivos de lo que ellos mismos poseen. Al mismo tiempo, valorizar lo que ellos hacen hoy en día tiene su valor, aunque estas tradiciones no se celebran en las ciudades modernas.En conclusión, he tratado de que el trabajo arqueológico no sea aislado de la realidad de los pueblos actuales y tratar de relacionar el pasado con la actualidad, sin dejar de utilizar métodos arqueológicos bien complejos y modernos en su interpretación. Dar la identidad cultural a los pueblos es fundamental para el desarrollo. Es bien claro que mientras que la gente se identifica con su pasado, esto nos está dando vida a la zona. En este aspecto, la arqueología está contribuyendo al desarrollo social del mundo andino. Es muy importante entregar un valor espiritual a la gente porque en esta forma uno les trata como personas de alma y cuerpo. Si lo tratamos esencialmente como hombres sociales, estamos cuidándolos nada más que sus cuerpos.El futuro de la arqueología en la comuna de Calama tiene validez y prosperidad solo y cuando se relaciona con el progreso social donde se ubica la gente actual. En otras palabras, hay la necesidad de una arqueología aplicada, sea a nivel popular, y más aún a nivel de la educación en el público en general.ReferenciasBarón. A. M. 1979. Excavación de un cementerio: sus potencialidades. Tesis para optar a la Licenciatura en Prehistoria y Arqueología, Departamento de Ciencias Antropológicas y Arqueología. Universidad de Chile, Santiago.Barón, A. M. y G. Serracino 1980. Rol social de los metales en San Pedro de Atacama. En Actas VI Congreso Nacional de Arqueología Argentina, pp. 1-12. Junta de Estudios Arqueológicos de Jujuy, San Salvador de Jujuy.Binford, S. y L. Binford 1968. New Perspectives in Archaeology. Aldine Publishing, Chicago.Boman, É. 1908. Antiquités de la Région Andine de la République Argentine et du Désert d’Atacama Vol. 2. Imprimerie Nationale, París.Clarke, D. 1968. Analytical Archaeology. Methuen. Londres. Harris, M. 1968. The Rise of Anthropological Theory: A History of Theories of Culture. Thomas Y. Cromwell Company, Nueva York.Harris, M. 1979. Cultural Materialism: The Struggle for a Science of Culture. AltaMira Press, Walnut Creek.Latcham, R. 1938. Arqueología de la región atacameña. Prensas de la Universidad de Chile, Santiago.Mostny, G., F. Jeides, R. González y F. Oberhauser 1954. Peine un pueblo atacameño. Instituto de Geografía, Facultad de Filosofía, Universidad de Chile, Santiago.Murra, J. 1975. Formaciones Económicas y Políticas del Mundo Andino. Instituto de Estudios Peruanos, Lima.Oyarzún, A. 1981. Estudios antropológicos y arqueológicos. Editorial Universitaria, Santiago.
-62-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOASerracino, G. 1975. Los movimientos de los cazadores y recolectores en la cordillera de los Andes, entre la latitud 21° y 26° y longitud 67° 00” y 70° 22”. Estudios Atacameños 3: 17-43. Serracino, G. 1985. Calarcoco 3: un yacimiento precerámico. Chungara, Revista de Antropología Chilena 15: 31–44. Serracino, G. y R. Stehberg 1974. Investigaciones arqueológicas en Guatín, San Pedro de Atacama. Estudios Atacameños 2: 7-10.Serracino, G., R. Stehberg y G. Liberman 1973. Informes de trabajo: Proyecto Guatín. Estudios Atacameños 1: 39-42.Uhle, M. 1917. Los aborígenes de Arica. Publicación del Museo de Etnografía y Antropología de Chile 1(4-5): 151-176.Uhle, M.1918. Los aborígenes de Arica. Revista Histórica 6(1): 5-26.Uhle, M. 1919a. Fundamentos étnicos de la Región de Arica y Tacna. Boletín de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos 2(4): 1-37.Uhle, M. 1919b. La arqueología de Arica y Tacna. Boletín de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos3(7-8): 1-49Uhle, M. 1922. Fundamentos étnicos y arqueología de Arica y Tacna. Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos, Quito.
ARQUEOLOGÍA-63-Patrimonio, arqueología y arqueólogos en San Pedro de AtacamaAgustín Llagostera Instituto de Investigaciones Arqueológicas R. P. Gustavo Le Paige S. J., Universidad del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. Las piedras, los cacharros o los huesos se convierten en patrimonio, es decir, en herencia y pertenencia nuestra, en la medida que se logre entender que ellos son los restos de las raíces que han generado e impulsado la savia vital de nuestra cultura. Un instrumento lítico será solo una piedra, y de nadie, mientras no conozcamos su historia y nos identifiquemos con aquel hombre que la confeccionó, que consiguió alimentarse gracias a ella, y que procreó generaciones que entroncaron con las de nuestros abuelos. Es la arqueología, la llamada a descubrir el velo del pasado y enseñarnos el significado de los objetos que encontramos en el suelo. Pero, la arqueología, al igual que cualquier ciencia, no se hace sola, es hecha por personas que vibran y se apasionan por los problemas científicos. Son los arqueólogos, en nuestro caso, quienes han dedicado sus vidas a la labor detectivesca de armar el rompecabezas de una fracción de nuestra nacionalidad, enclavada en la región del Salar de Atacama. Cada arqueólogo, a su tiempo, ha aportado con una o más piezas en esta compleja reconstrucción. El aporte de todos ha ido delineando una historia milenaria con hombres, obras y acontecimientos, que nos permiten entender que tenemos un patrimonio que valorar y respetar. No podemos comenzar nuestra reseña1 sin referirnos a Max Uhle. Este arqueólogo alemán no estuvo en San Pedro de Atacama, pero la periodificación de las culturas prehispánicas que elaboró para el norte de Chile, marcó la arqueología de todos los rincones de este territorio desde la década del 20 hasta la del 50. Aunque las denominaciones que dio a los periodos tempranos no presentan asociación con grupos étnicos, es interesante observar, que los episodios tardíos los asimiló a las únicas etnias protohistóricas conocidas por ese entonces para este ámbito: la Chincha para el Perú y la Atacameña para el norte de Chile. Es así que, para el territorio comprendido entre Arica y Taltal, Uhle hablaba de un “Período atacameño-indígena” y de un “Período chincha-atacameño” (Uhle 1922).Fue con Ricardo Latcham, inglés nacionalizado chileno, que se inició el interés científico por el patrimonio arqueológico de San Pedro de Atacama. Este estudio se llegó a lomo de mula a San Pedro y Toconao, para realizar excavaciones y observaciones que aportaron las primeras referencias directas y documentadas sobre el corazón de la región atacameña (Latcham 1938).Latcham adoptó como marco teórico general las etapas propuestas por Uhle; pero, en su publicación de 1928, hace su primer aporte local al marco-esquema del investigador alemán, diciendo que en esta zona las influencias chichas no son muy aparentes y predomina el estilo netamente atacameño. En 1938, trató de delimitar con mayor exactitud el territorio abarcado por la Cultura Atacameña; según este autor, se habría extendido desde la II Región por el lado chileno, hasta la Provincia de Jujuy por el lado argentino. También especuló sobre una migración 1 En una reseña tan sucinta como esta, es imposible nombrar a todos los que de una u otra manera han contribuido al conocimiento de la arqueología de San Pedro de Atacama; como tampoco es posible inventariar todas las obras de los nombrados, así es que el lector, hojeando las publicaciones que se señalan en la Bibliografía, podrá descubrir otros personajes y nuevas obras.
-64-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAde este pueblo por factores climáticos; en algún momento, los atacameños habrían abandonado la región del salar y la Puna de Atacama, concentrándose en el valle del Loa y sus afluentes, extendiéndose por los valles de Tarapacá hasta Arica y Tacna.Aparte de las suposiciones interpretativas que posteriormente han sido modificadas, Latcham tuvo el mérito de dar publicidad a ejemplares arqueológicos del patrimonio atacameño (tanto artefactos como monumentos), lo que fue un primer paso para inferir una manifestación cultural local, única y diferente de otras, a pesar de las propias generalizaciones de Latcham.Once años después, un segundo aporte, con datos de primera mano, se produce con la publicación de Grete Mostny (1949), “Ciudades Atacameñas”. Esta estudiosa austriaca, nacionalizada chilena, describe y documenta con fotos y planos las construcciones de Quitor, Zapar, Catarpe y Peine, y determina que estos complejos arquitectónicos estaban ocupados todavía en la época incaica y, probablemente, también en la subsiguiente de la conquista española (Mostny 1949).Es con la llegada a la zona en 1954 del sacerdote jesuita belga, Gustavo Le Paige, cuando se inician los estudios permanentes de la cultura prehistórica del Salar de Atacama. El mismo Le Paige, en el primer número de la Revista Estudios Atacameños, se autodenominó “el creador de los estudios Atacameños”. La persistencia en sus trabajos, la creación del Museo Arqueológico, sus publicaciones, el acopio del patrimonio que logró reunir (aproximadamente 375.000 objetos durante los 25 años de actividad), lo hacen acreedor al mérito que él mismo se reconoció. A los cuatro años de haber llegado a estas tierras, publicó dos artículos con el título de “Antiguas Culturas Atacameñas en la Cordillera Chilena” (Le Paige 1957/1958, 1958). La gran cantidad de sitios descubiertos por él hasta esa fecha, le permitieron afirmar la existencia de un período precerámico en la zona, llamado por él Paleolítico (siguiendo las denominaciones europeas) y cuya antigüedad se remontaría a más de 12.000 años. Postula que los atacameños fueron los primitivos habitantes de toda la región del sur del Perú, sudoeste de Bolivia, noroeste de Argentina y centro de Chile, transmitiendo su cultura a las poblaciones que llegaron después, para retirarse luego a la zona donde permanecieron y donde se encuentran aún hoy. Este reducto final sería mucho más restringido que lo supuesto por los investigadores anteriores; esto habría obligado a los atacameños a convertirse en valientes guerreros para defender su territorio, explicándose así la presencia de los pukaras o fortalezas. Le Paige plantea que durante esa larga prehistoria los atacameños pasaron por todos los procesos evolutivos de una cultura, incluyendo la domesticación de plantas y animales, con logros como los de la cerámica y sus elementos asociados, los que serían anteriores a Tiwanaku, cultura que hasta entonces se tenía como generatriz de la civilización avanzada.Como se ve, Le Paige originalmente siguió a Latcham, pero la vivencia en la zona y el cúmulo de conocimientos adquiridos en ella, le permitieron efectuar modificaciones sustanciales al esquema primario y desarrollar un ordenamiento secuencial propio. En los años siguientes, continuó publicando artículos en los que daba a conocer sus nuevos hallazgos y documentando diversos aspectos del patrimonio atacameño. Destaca en este rubro, su trabajo presentado en el Congreso Internacional de Arqueología de San Pedro de Atacama sobre la continuidad o discontinuidad de la Cultura Atacameña (Le Paige 1963a); en él sintetiza el esquema de periodificación arqueológica que había logrado estructurar después de 10 años de trabajo en la región. En ese momento, el sacerdote presenta públicamente los resultados de sus estudios basados en 91 sitios paleolíticos de Chile y 25 de Bolivia, y en 8 del mesolítico; en el descubrimiento de 35 pueblos en ruinas (más 10 que ya se conocían de antes); en el estudio de más de 3.000 sepulturas en 41 cementerios de San Pedro de Atacama y 16 fuera de allí. En esa misma oportunidad, Le Paige insiste ante los arqueólogos presentes en el Congreso, en que no se debe aceptar la idea de que la Cultura Atacameña se formó por una superposición de varias culturas, que se habrían reunido solo por
ARQUEOLOGÍA-65-azar en San Pedro de Atacama; ni tampoco presentarla como una extensión epigonal de aquellas culturas. La Cultura Atacameña habría tenido un desarrollo autónomo y unilineal. Este Congreso fue la oportunidad para proceder a inaugurar la primera etapa del Museo Arqueológico local, construido por el propio Le Paige y sus jóvenes ayudantes sanpedrinos, destinado a albergar y poner en pública exposición las colecciones acumuladas por este investigador.Las colecciones de Le Paige habían atraído el interés de otros arqueólogos desde los tiempos en que se acumulaban en la casa parroquial; entre ellos destacan Mario Orellana, Carlos Munizaga, Jorge Kaltwasser; todos pertenecientes al Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile. Orellana tuvo un fructífero y persistente aporte con análisis estadísticos de las colecciones líticas precerámicas y con estudios de contextos en las colecciones cerámicas. Vino por primera vez en 1959 y volvió en 1961, como miembro de una expedición organizada por el Instituto de Arqueología de la Universidad Católica de Valparaíso. Es necesario destacar esta expedición ya que fueron sus componentes quienes realizaron la primera excavación de un sitio habitacional en San Pedro de Atacama (Solor-4). Orellana, usando la información obtenida de las colecciones del Museo, de los manuscritos de Le Paige y de las excavaciones de la expedición antes mencionada, propuso el primer cuadro cronológico de tres fases para el periodo agro-alfarero de San Pedro de Atacama, de acuerdo a la presencia de cerámica roja pulida, negra pulida y vítrea (Orellana 1962). Los trabajos posteriores del arqueólogo santiaguino, sin diferir sustancialmente de los planteamientos de Le Paige, tienen el mérito de haber dado una visión sintética y orgánica de la “Cultura de San Pedro”, como él la denominó, apoyándose en el criterio sitio-tipo (Orellana 1963).El Congreso de 1963 fue el segundo congreso de arqueología que se realizaba en Chile, y el haberse efectuado en San Pedro de Atacama es prueba de la importancia que esta zona había adquirido en el campo de esa disciplina. Los arqueólogos nacionales, junto a algunos extranjeros, se reunían para discutir sobre el tema; sin duda, los documentos que sirvieron de base a la discusión fueron los trabajos de Le Paige (1963a) y Orellana. Hubo también aportes más puntuales, como la definición de la alfarería negra pulida hecha por Julio Montané, la tipología cerámica que presentó Carlos Munizaga, la descripción de artefactos líticos de Tambillo por Jorge Kaltwasser y el trabajo sobre tabletas para alucinógenos de Lautaro Núñez. El aporte representado por la participación del boliviano Dick Ibarra Grasso, y por la de los argentinos Alberto Rex González y Osvaldo Menghin refleja el ya creciente interés internacional por la arqueología de San Pedro de Atacama y la integración de la problemática a un ámbito mayor. El cierre del Congreso ayudó a ordenar el panorama de la arqueología local, dio orientaciones para los futuros trabajos e interpretaciones del patrimonio atacameño y elaboró un gran cuadro cronológico que en tiempo abarcó el precerámico y el cerámico, y en espacio, la zona de San Pedro y las áreas vecinas.En los años siguientes, merece destacarse la contribución de la arqueóloga argentina Myriam Tarragó. Su trabajo que se inició en 1964, apareció a la luz varios años después (Tarragó 1968, 1976). Se trata de un exhaustivo análisis de las formas de la alfarería y de los contextos asociados, que le permitió postular ocho fases para el período cerámico. Por el resto de la década del 60 y principios de la del 70, el recelo de Le Paige frenó el entusiasmo de los arqueólogos foráneos. Para ese lapso, solo se registra la visita del antropólogo físico, Juan Munizaga, quien, a través del estudio de la deformación cefálica intencional de 264 cráneos, reforzó el esquema de cuatro fases postulado por el sacerdote belga (Munizaga 1969). En el intertanto, la producción de Le Paige se acrecentó notoriamente sustentada por nuevos hallazgos, publicando prácticamente un trabajo por año. Paralelo a esto, construyó la segunda rotonda del Museo, para cobijar las miles de piezas que por ese entonces había recolectado de más de 300 yacimientos precerámicos.
-66-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAEn 1972, George Serracino se incorpora a los trabajos del Museo; junto a un equipo de colaboradores tuvo el mérito de haber efectuado la segunda investigación sistemática de un sitio habitacional (Guatín) y la primera publicación de un trabajo de este tipo (Serracino et al. 1973).Los datos obtenidos permitieron a Serracino aportar conocimientos para el período tardío de San Pedro de Atacama y proponer dos subfases para la III fase de Orellana o IV de Le Paige (una, preincaica y otra anterior a ella, con cerámica negra engobada). Tulor-4, un sitio del cerámico temprano y Calarco-3, del arcaico, se suman entre otros, a las excavaciones de asentamientos efectuadas por este investigador. Pero, tal vez, el principal mérito de Serracino es que no solo se interesó por objetos y cronologías, sino que intentó ver al hombre prehistórico de esta zona en movimiento. Elaboró y trabajó sobre un modelo de relaciones entre yacimientos precerámicos para detectar los movimientos trashumantes de los cazadores y recolectores (Serracino 1975).Otro investigador interesado por la dinámica de las sociedades pretéritas fue Lautaro Núñez. Este arqueólogo vuelve a San Pedro de Atacama como miembro del Programa Paleoindio en Chile patrocinado por la Smithsonian Institution, buscando los más antiguos vestigios del hombre en la zona. No encontró lo que buscaba, pero su anterior experiencia en Tarapacá lo hicieron ver un promisorio ambiente para aplicar el modelo de circuito trashumántico que había estado siguiendo entre la costa de Pisagua y el borde occidental de la Pampa de Tamarugal. Adecuó el modelo en torno a las excavaciones estratigráficas de Tulán-52, Tambillo y Puripica-1, estableciendo que entre 9.000 y 3.000 años (a.C.) la gente se movía dentro de un circuito que comprometía la alta puna y los bordes del Salar, instalándose en campamentos-base a alturas medias. Núñez, también incorporó a la problemática de San Pedro de Atacama la preocupación, ya en boga entre los estudiosos de la región andina, por el proceso de domesticación. Puripica-1 le permitió postular que existirían focos andinos periféricos de domesticación de camélidos que habrían iniciado hacia los 2.000 años (a.C.) una sustancial modificación de los patrones de caza y recolección, echando las bases del proceso agropecuario (Núñez 1981).Thomas F. Lynch, precursor de los estudios de trashumancia en los Andes, vino en 1976 a San Pedro, pero, curiosamente, no a trabajar sobre su tema favorito sino a excavar el tambillo incaico de Catarpe. Mediante un convenio consiguió traer estudiantes de la Universidad del Norte y de la Universidad de Cornell (EEUU) para trabajar en su proyecto. Esto le permitió un primer contacto con la zona y aportar nuevos conocimientos para la fase tardía, especialmente relacionados con la presencia Inca en San Pedro de Atacama (Lynch 1977).Al fallecimiento de Le Paige (1980), como homenaje póstumo al “Iniciador de los estudios atacameños”, la Universidad del Norte con aportes de la Intendencia Regional, concretó la remodelación de la primera rotonda del Museo que ahora pasó a llamarse “Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige S. J.”. Con este, el patrimonio se dignificó en cuanto a su exhibición, gracias a un moderno montaje museográfico. También en ese tiempo, la Universidad de Chile sede Antofagasta (actual Universidad de Antofagasta), a través del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Restauración Monumental llevó adelante la restauración parcial del pukará de Quitor, primera restauración de un monumento arqueológico en la Comuna de San Pedro de Atacama. Los trabajos estuvieron a cargo de Eduardo Muñoz y se hicieron efectivos por un aporte de la Dirección de Turismo. En 1981 asume Agustín Llagostera como segundo director titular del Museo Arqueológico, después de Le Paige. Bajo esta nueva dirección se reinician las actividades de investigación, basadas en un proyecto amplio en que se combina el estudio de las colecciones del Museo y los trabajos en yacimientos arqueológicos. Este proyecto se inició con excavaciones en Tulor-1 con el afán de abordar la problemática del periodo agroalfarero temprano, del que poco se conocía hasta el momento. Este proyecto a cargo de Llagostera y financiado por la Dirección
ARQUEOLOGÍA-67-de Investigación y Extensión de la Universidad del Norte, incorporó, en una primera etapa, a los arqueólogos Ana María Baron y Leandro Bravo (Llagostera et al. 1984). Posteriormente, se fue ampliando hacia otras fases del periodo agroalfarero incorporando trabajos en varios sitios habitacionales y cementerios (Quitor-6, Solcor-3, Coyo, Zapar, etc.). El objetivo general de este programa de investigación es conseguir una secuencia exhaustiva para el periodo agroalfarero, estructurada bajo parámetros de contextos funerarios y habitacionales, articulando, a su vez, con patrones de asentamiento.Se da apertura nuevamente a investigadores ajenos al ámbito de la Universidad del Norte, quienes vienen a retomar sus líneas de investigación o a abrir nuevas líneas en el trabajo de colecciones. Orellana vuelve, esta vez, interesado por el agroalfarero temprano y el problema Tiwanaku (Orellana 1984). Carlos Thomas y Antonia Benavente, también vienen tras Tiwanaku (Thomas et al. 1988), y las tabletas para alucinógenos, sometiéndolas a análisis de correspondencia entre su forma y los elementos cerámicos asociados (Thomas y Benavente 1984). Manuel Torres, estudioso de las tabletas para alucinógenos, llega atraído por la famosa colección de estos implementos que se conservan en el Museo (Torres 1984). José Berenguer arriba a San Pedro con la idea de someter a prueba la secuencia de Tarragó, aplicando la técnica de termoluminiscencia para tener fechaciones (Berenguer et al. 1986). Se acogen también estudiantes de grado y posgrado para que realicen sus prácticas y tesis. Paralelo a este acontecer, se continúa con los trabajos de terreno dentro de los programas del Museo Arqueológico. Con la incorporación a la planta del Museo, en 1982, de María Antonieta Costa se iniciaron los trabajos de Antropología Física ósea de carácter integral; recordemos que hasta ese momento solo se había trabajado con cráneos. Las nuevas excavaciones efectuadas en este tiempo, permitieron disponer de un importante material de esqueletos completos, lo que dio base para elaborar el proyecto “Estudio de las características antropofísicas de las poblaciones prehistóricas de San Pedro de Atacama”, a cargo de la mencionada investigadora. En este campo de la Antropología Física, José Cocilovo, Silvia Quevedo y Francisco Rothhammer, volvieron para continuar los trabajos que habían iniciado en 1970. Estos investigadores, aplicando la técnica de distancia genética en los cráneos, llegaron a afirmar que la población prehistórica de San Pedro de Atacama, considerada globalmente, parece haber participado de un fondo biológico común con otros grupos de establecimiento y desarrollo contemporáneo del noroeste argentino y del sur de Chile (Cocilovo et al. 1984).Esta bullente actividad científica pre-Le Paige es sorprendida por los veinte años de la creación del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, conmemoración que no podía pasar desapercibida. Es así como, en enero de 1983, San Pedro de Atacama recibe a más de un centenar de arqueólogos, antropólogos físicos, etnohistoriadores, antropólogos sociales y expertos en patrimonio, para participar en el Primer Simposio de Arqueología Atacameña. La presencia de investigadores de Argentina, Bolivia, Ecuador, Francia, Perú, Estados Unidos y Alemania, junto a los nacionales, permitió evaluar materias concernientes al pasado y presente de los pueblos centro-sur andinos; reafirmar una vez más la importancia de San Pedro de Atacama en dicho contexto y preparar el interés mundial por este patrimonio y por los estudios e investigaciones que aquí se efectúan.Al año siguiente, la Universidad del Norte decidió crear el Instituto de Investigaciones Arqueológicas, fusionando el Departamento de Arqueología que esa casa de Estudios Superiores mantenía en Antofagasta con el Museo de San Pedro de Atacama, estableciendo la sede de esta nueva institución en esta última localidad, y Llagostera quedó a cargo de la Dirección. Indudablemente, esto fue la concretización del anhelo de la comunidad científica, que hubiera una institución académica en esta área. Con ello se incrementó el plantel de investigadores
-68-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAresidentes y comenzó a implementarse la infraestructura de investigación, así como la biblioteca especializada. Se elaboraron programas de trabajo a largo plazo en arqueología, antropología física, conservación, museografía y, también, antropología social. Esto, como es natural, deberá incidir en la productividad científica del futuro a niveles cualitativos, nos atreveríamos a decir, marcando el comienzo de una nueva era en la arqueología de San Pedro de Atacama. Es un gran desafío y una gran tarea por delante. Ante la complejidad de los problemas que nos esperan, se hacen necesarios los trabajos de equipos y la investigación multidisciplinaria; solo entonces estaremos en el umbral de esa nueva era.Pero, digamos que ya, a casi un siglo de arqueología y arqueólogos, tenemos una historia que contar; sin embargo, ¿qué pasa con el hombre de la calle? ¿conoce esa historia? ¿qué sabe de los atacameños? ¿qué son para él las puntas de flecha?... Entonces, ¿tiene o no tiene patrimonio?ReferenciasBerenguer, J., A. Deza, A. Roman y A. Llagostera 1986. La secuencia de Myriam Tarragó para San Pedro de Atacama: un test por termoluminiscencia. Revista Chilena de Antropología 5: 17-54.Cocilovo, J., S. Quevedo y F. Rothhamer 1984. Relaciones y afinidades biológicas de la población prehistórica de San Pedro de Atacama. Estudios Atacameños 7: 306-312Henckel, C. 1966. Cráneos de San Pedro de Atacama. En Actas y Memorias del 36° Congreso Internacional de Americanistas, vol. 2, pp. 339-350. Editorial Católica Española, Sevilla.Larrain del Campo, R. 1961. Protocolos cráneo métricos contexto y estudio anatómico de 27 cráneos de la colección del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama. Anales de la Universidad del Norte 1(1): 37-96.Latcham, R. 1928. Alfarería indígena chilena. Soc. Imp. y Lit. Universo, SantiagoLatcham, R. 1938. Arqueología de la Región Atacameña. Prensas de la Universidad de Chile, Santiago.Le Paige, G. 1957/1958. Antiguas culturas atacameñas en la cordillera chilena. Anales de la Universidad Católica de Valparaíso 4/5: 15-148.Le Paige, G. 1958. Antiguas culturas atacameñas en la cordillera chilena, Época paleolítica. Revista Universitaria43(22): 139-165Le Paige, G. 1963a. Continuidad o discontinuidad de la Cultura Atacameña. En Actas del Congreso Internacional de Arqueología de San Pedro de Atacama, pp. 5-25. Universidad del Norte, AntofagastaLe Paige, G. 1963b. Gatchi y su zona. Revista Universitaria 48: 177-193.Le Paige, G. 1965. San Pedro de Atacama y su zona: 14 temas. Anales de la Universidad del Norte 4: 3-29.Llagostera, A., A. M. Barón, y L. Bravo 1984. Investigaciones arqueológicas en Tulor-1. Estudios Atacameños 7: 133-151.Lynch, T. 1977. Informes de Trabajo: tambo incaico Catarpe-Este (Informe de Avance). Estudios Atacameños 5: 142-147. Mostny, G. 1949. Ciudades Atacameñas. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural 24: 125-211. Munizaga, J. 1969. Deformación craneana intencional en San Pedro de Atacama. En Actas del V Congreso Nacional de Arqueología, pp. 129-134. DIBAM, La Serena.
ARQUEOLOGÍA-69-Núñez, L. 1981. Asentamiento de cazadores recolectores tardíos de la Puna de Atacama: Hacia el sedentarismo. Chungará, Revista de Antropología Chilena 8:137-168.Orellana, M. 1962. Recientes investigaciones arqueológicas en San Pedro de Atacama. Mensaje 11(108): 155-160. Orellana, M. 1963. Problemas de la arqueología de San Pedro de Atacama y sus alrededores.” En Congreso Internacional de Arqueología de San Pedro de Atacama, pp. 29-39. Universidad Católica del Norte, Antofagasta.Orellana, M. 1984. Influencias altiplánicas en San Pedro de Atacama. Estudios Atacameños 7: 149-157.Serracino, G. 1975. Los movimientos de los cazadores y recolectores en la Cordillera de Los Andes, entre la latitud 21° y 26° y longitud 67° 00’ y 70° 22’. Estudios Atacameños 3: 19-39. Serracino, G., R. Stehberg y G. Liberman 1973. Informes de trabajo: Proyecto Guatín. Estudios Atacameños 1: 39-42.Serracino, G. y R. Stehberg. 1974. Investigaciones arqueológicas en Guatín, San Pedro de Atacama. Estudios Atacameños 2: 7-10. Tarragó, M. 1968. Secuencias culturales de la etapa agroalfarera de San Pedro de Atacama. En Actas y Memorias del 37° Congreso Internacional de Americanistas, pp. 119-144. Librart, Buenos Aires.Tarragó, M. 1976. Alfarería típica de San Pedro de Atacama (norte de Chile). Estudios Atacameños 4: 37-64. Thomas, C. y M. Benavente 1984. Reflexiones metodológicas acerca de las creencias en la Cultura San Pedro a través del análisis de correspondencia de las tabletas de rapé. En Simposio Culturas Atacameñas del 44° Congreso Internacional de Americanistas, editado por B. Bittmann, 157-174. Universidad del Norte, Antofagasta.Thomas, C. M. A. Benavente, y C. Massone 1988. Algunos efectos de Tiwanaku en la Cultura de San Pedro de Atacama. En Actas del 45° Congreso Internacional de Americanistas, pp., 259-276. Ediciones Uniandes, Bogotá.Torres, M. 1984. Iconografía de las tabletas para inhalar sustancias psicoactivas de la zona de San Pedro de Atacama, Norte de Chile. Estudios Atacameños 7: 178-196.Uhle, M. 1922. Fundamentos étnicos y arqueología de Arica y Tacna. Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos, Quito.
ARQUEOLOGÍA-71-Patrimonio cultural: las colecciones del Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige de San Pedro de AtacamaAlejandro Bustos Instituto de Investigaciones Arqueológicas R. P. Gustavo Le Paige S. J., Universidad del Norte, San Pedro de Atacama, Chile.IntroducciónEl territorio que comprende la Provincia de El Loa ha sido habitado por diversas poblaciones desde hace unos 11.000 años. Evidencias de la presencia humana se encuentran dispersas por toda la zona, pero particularmente en los museos y sitios arqueológicos donde se conservan innumerables evidencias del pasado prehispánico e histórico.Sin embargo, no sólo este Patrimonio Cultural está presente, pues además se deben incluir la especial flora y fauna, la riqueza de los recursos no renovables y sobre todo la presencia de un Patrimonio Cultural vivo que es la población de los pueblos del interior.Los museos cumplen una especial labor ya que gran parte de estos testimonios culturales se conservan en sus salas de exhibición y depósitos. La acción de los museos sobre la comunidad y la irradiación de los valores culturales propios de la zona a nivel regional y nacional son algunos de los principales objetivos de estas instituciones, particularmente en este territorio.En este trabajo se analiza en forma global la importancia de las colecciones arqueológicas depositadas en el Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige, tanto desde el punto de vista de sus dimensiones cuantitativas y cualitativas. Además, se pone en conocimiento la forma como el Instituto de Investigaciones ha evaluado dicha situación para establecer una política tendiente a una mejor utilización y conservación de este patrimonio.Las colecciones arqueológicas y su importancia patrimonialEl Patrimonio Cultural identificado en las colecciones de los museos del país alcanza a 1.838.253 piezas, de las cuales un 20% se encuentran en la Segunda Región (Gráfico 1). La mayor parte de los museos de la Segunda Región pueden ser clasificados según sus colecciones como de tipo arqueológico. Este es el caso del Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige que concentra el 95% del total de piezas museables de la región (Gráfico 2). Se debe destacar que del total de colecciones depositadas en los museos del país un 26% corresponde a colecciones arqueológicas (Gráfico 3).El Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama ha declarado poseer 350.000 piezas, ello significa que concentra casi el 71% de los objetos arqueológicos del país (Gráfico 4). Los datos estadísticos indican que el más alto porcentaje de piezas arqueológicas están depositadas en este museo y como bien sabemos provienen en su mayoría de la Comuna de San Pedro de Atacama. Si sumamos a esto las colecciones de los museos de la Comuna de Calama, observamos que la Provincia de El Loa concentra el más alto índice de Patrimonio Cultural arqueológico del país.
-72-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAEn consecuencia, no hay dudas sobre la extraordinaria importancia no sólo cuantitativa, sino que cualitativa de estos bienes museables que constituyen la base del Patrimonio Cultural local, regional y nacional.Gráfico 1: porcentaje de patrimonio cultural en museos. Fuente: Museos de Chile (diagnóstico), DIBAM, Santiago, 1984.Gráfico 2: porcentaje de participación del Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige en relación al patrimonio cultural de la Segunda Región. Fuente: Museos de Chile (diagnóstico), DIBAM, Santiago, 1984.
ARQUEOLOGÍA-73-Desde el punto de vista cualitativo las piezas arqueológicas adquieren especial relevancia por su conservación, especialmente aquellas de origen orgánico, al margen de su significado estético y cultural de reconocida relevancia nacional e internacional.Gráfico 3: porcentaje de patrimonio cultural arqueológico en museos del país. Fuente: Museos de Chile (diagnóstico), DIBAM, Santiago, 1984.Gráfico 4: porcentaje de participación del Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige en relación al patrimonio cultural arqueológico de los museos del país. Fuente: Museos de Chile (diagnóstico), DIBAM, Santiago, 1984.El museo arqueológico y las coleccionesEn este panorama no es extraño que el territorio Atacameño haya sido abordado desde hace casi 25 años como un Foco de interés científico por la Universidad del Norte. A partir de la llegada a San Pedro de Atacama en 1955, del R. P. Gustavo Le Paige, comienza a gestarse el Museo Arqueológico producto de una intensa recolección de objetos procedentes de diferentes yacimientos arqueológicos. En 1958 la Universidad del Norte empieza a participar activamente en esta zona apoyando la labor del padre Le Paige, quien en 1963 funda la primera exposición
-74-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAestructurada de las colecciones recolectadas. Durante la década del 70 se expande la infraestructura del Museo para albergar el cada vez más creciente patrimonio. Así en 1981 conforme a un plan museográfico moderno se reestructuran nuevas salas de exhibición siendo este inicio de una nueva concepción museológica que implicará la necesidad de planificar e innovar el futuro desarrollo del museo. En octubre de 1984 la Universidad del Norte crea el Instituto de Investigaciones Arqueológicas que se define como una unidad académica que centraliza, programa y coordina las labores arqueológicas de la Universidad. El Instituto estructura su acción a través de programas de mediano y largo plazo tendientes a identificar, analizar, sistematizar y divulgar materias inherentes al patrimonio cultural arqueológico, antropológico, y ecológico de las poblaciones prehistóricas, su supervivencia actual en la Segunda Región y sus vínculos con el área centro-sur andina.El hecho que básicamente haya existido una concentración sistemática en el museo del patrimonio arqueológico, producto de intensas investigaciones y recolecciones de los últimos 30 años, ha originado que la actividad del Instituto se centre en torno a la investigación y conservación de esas colecciones.En este sentido son objetivos prioritarios la puesta en valor de las colecciones a través de un adecuado proceso de ordenamiento, clasificación, conservación y exhibición.Ya hemos señalado la envergadura cuantitativa de las colecciones, por ello no dejará de ser importante para el Instituto la elaboración de políticas de rescate de estos bienes, especialmente de aquellos que han ido degradándose físicamente y que requieren su urgente recuperación y conservación.Esta acción no solo es propia de los museos, sino que es un compromiso ineludible frente al Patrimonio Cultural, más aún cuando se concentra en ellos la mayor parte de los bienes conocidos hasta ahora que identifican cultural e históricamente a una nación.Consideraciones en torno al crecimiento de los museosEl crecimiento de los museos de la Provincia de El Loa responde a una serie de factores, como son entre otros, la alta concentración del Patrimonio Cultural prehispánico e histórico, las especiales condiciones ambientales que han favorecido la conservación de los objetos y el siempre creciente interés por investigar arqueológica e históricamente el proceso de desarrollo cultural en un territorio definido.Si estos tres factores se mantuvieran constantes, es indudable que los museos y las instituciones que los respaldan debieran estar preparadas para soportar su propio crecimiento, expansión y desarrollo. En síntesis, soportar el peso del Patrimonio Cultural no solamente del pasado, sino que del presente. La definición de un compromiso claro del futuro desarrollo del Instituto de Investigaciones a través de su museo respecto a este tipo de Patrimonio Cultural, implica las siguientes consideraciones inmediatas: a) Equilibrar el crecimiento de sus colecciones evitando el aumento desmesurado del mismo, procurando así un mejor manejo y utilización de su patrimonio.
ARQUEOLOGÍA-75-b) Programar y coordinar la investigación enfatizando la catalogación de las colecciones para favorecer el conocimiento de un patrimonio cultural aún desconocido. c) Incrementar estudios y acciones de conservación y de seguridad que impida la destrucción de los bienes depositados o por incorporarse al museo. d) Aumentar las actividades de extensión cultural a través de exposiciones permanentes y temporales enfatizando en torno al resguardo del Patrimonio Cultural local, regional y nacional.
ARQUEOLOGÍA-77-Investigación arqueológica en la región de El Loa MedioCarlos Thomas, Antonia Benavente y Claudio Massone Departamento de Antropología, Universidad de Chile, Santiago, Chile.IntroducciónLa segunda región y en especial el área del Loa Medio es la más rica en testimonios arqueológicos y, en consecuencia, ha sido desde los inicios de este siglo hasta ahora, objeto favorito de estudio de connotados investigadores. Sus estudios indiscutiblemente han servido para ampliar los conocimientos de nuestra prehistoria, pero también han abierto nuevas interrogantes. Son precisamente estas últimas las que nos motivan a intentar hacer un balance de nuestros propios trabajos en la zona de Chiu Chiu - Lasana, los que se iniciaron hace ya más de una década.La revisión que nos proponemos realizar se hace necesaria por la razón de que en el período de estudio indicado hemos trabajado en esta zona una serie de proyectos variados, pero que reconocen como estrategia base al patrón de asentamiento de las poblaciones prehispánicas instaladas en el área antiguamente; concepto que nos ha parecido útil para la interpretación de información arqueológica ya que trata por definición con la modalidad en que el hombre ordena apropiadamente el ambiente en el que vive.Este enfoque fue escogido por nosotros como estrategia de estudio principalmente por las siguientes razones:a) La utilidad que había prestado a Gordon Willey (1953, 1968), quien lo había escogido como un nuevo punto de partida en la “comprensión de la estructura y función de antiguas sociedades” (1968: 208) en sus investigaciones en el valle del Viru, y los brillantes resultados obtenidos en esta investigación.b) Tal como esta estrategia nosotros la percibimos, siendo utilizada por otros investigadores posteriores como Chang (1968) o Sears (1968), la señalaban como un modelo extremadamente versátil, de modo que se podía operar con este análisis no solo con el fin de comprender la cultura en un plano tecno-ecológico o económico, sino también para reconstruir los aspectos sociales o de religión de las antiguas culturas a partir de evidencias espacialmente distribuidas.c) Por último, en el influyente artículo Trigger (1968: 53-78) nos estimuló a seguir esta estrategia al recordar que en cualquier enfoque que relacione patrón de asentamiento y otros aspectos de la cultura, para ser utilizado provechosamente el conocimiento de tales relaciones por el especialista, necesita de una investigación previa comparativa de:1. el rango de factores que se correlacionan significativamente con los patrones de asentamiento y;2. la manera en que estos factores se articulan unos a otros para producir los patrones de asentamiento de una sociedad individual.
-78-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAPor otro lado, el autor nos proporcionaba un conjunto de los varios factores que los especialistas consideraban que jugaban una parte importante en determinar tres niveles de análisis que reconocía como (1) estructuras individuales, (2) el asentamiento y la distribución total de los rasgos y estructuras (3).Reseña de las investigaciones y metodologíaProspección Generalizada de Sitios. Antecedentes anteriores y una prospección general del área proporcionó la identificación de dos importantes utilidades de asentamiento: la Aldea Fortificada (Pukara de Chiu-Chiu) (Latcham, Mostny, Le Paige) y el emplazamiento denominado por nosotros sitio 100. Con respecto a la aldea fortificada, desde un punto de vista cronológico por los antecedentes que teníamos se conocía su data tardía pero su ubicación temporal era poco precisa.Se hizo por tanto necesario enmarcar el análisis de estas unidades en un momento temporal y para ello se diseñó la siguiente estrategia de investigación:a) Efectuar la ubicación cronológica de la cerámica de la aldea fortificada.b) Obtener evidencias cerámicas y contextos asociados del sitio 200, para ser contrastados con los resultados del primer paso.c) De acuerdo a los resultados obtenidos proceder al análisis conjunto o por separado de ambos sitios en lo referente a Patrones de Asentamiento.Los siguientes fueron los resultados obtenidos en la ubicación cronológica: Tanto el examen de la cerámica de superficie, como la procedente de las unidades excavadas, de la aldea fortificada, correspondían en sus tipos tanto al período hispánico como al prehispánico, pero aquellos que provenían de debajo de la techumbre derrumbada de los recintos que fueron excavados, mayoritariamente correspondían a los descritos por Núñez (1962) (Dupont), Pollard (1971) (Lasana) y Orellana (1968) (Ayquina y variedades). De particular importancia es el tipo Dupont, el cual ha sido fechado radiométricamente por su descriptor en 1390 d.C. y otros han señalado también para este tipo una fecha radiométrica (T.L. de 1130 ± 110 a.C.) (Berenguer et al. 1986). En relación a la evidencia cerámica del sitio 200, los tipos obtenidos en su gran mayoría eran inéditos (con excepción del tipo Poconche, no fechado pero atribuido temprano por Le Paige) por lo que se hizo necesario recurrir a datación radiométrica T.L. cuyos resultados fueron 890 ±300 a.C., 970 ± 300 a.C., 870 ± 260 a.C. y 970 ± 310 a.C., con un valor promedio de 910 ± 290 a.C. (Benavente 1978, 1981, 1984). En referencia al análisis de patrones de asentamiento, relativos al Pukara o aldea fortificada, este puso un énfasis mayor en los dos primeros niveles propuestos por el autor, que definían un microasentamiento, o pequeño locus residencial que el propio autor consideraba desde un punto de vista social como un grupo máximo de asociación cara a cara - asimilándola al concepto de comunidad. Con todo, pensamos que los resultados del análisis nos condujeron más allá de lo esperado. En el nivel de estructura, nos permitió individualizar un patrón modular residencial, que ocupaba el área central de la aldea. Las estructuras modulares se diferenciaban entre ellas no solo por el tamaño y ubicación más cercana al punto central, sino también por el tamaño de los silos y tumbas de cámara y pozo. Esto es mientras más central era la estructura, mayor superficie construida tenían sus recintos y mayor también era el tamaño de sus silos y las tumbas adicionales. Todo este ordenamiento fue interpretado por nosotros, como que nos hallábamos frente a una sociedad jerarquizada.
ARQUEOLOGÍA-79-En este mismo nivel pudimos diferenciar estructuras con troneras, vinculadas principalmente con la defensa, así como áreas de circulación vinculadas a ellas, ocupando una ubicación periférica y ocupando todo el perímetro de la aldea. Al extender el análisis extramuros de la aldea, los rasgos pertenecientes a entierros tumbas cárcavas, como el cementerio tradicional (simple inhumación) cerámica mente vinculado a ella, mantenían el sentido jerárquico de su organización social. Pero más aún cuando analizamos el patrón relativo al sistema de irrigación quedó incorporada también la población perteneciente a la localidad de Lasana, la cual también presenta una aldea fortificada. De este modo el hecho que la toma de agua desde el río Loa, para el riego de la región quede naturalmente en un punto más alto, unos pocos kilómetros más al norte que la aldea fortificada de Lasana, nos proporcionó la base suficiente para inferir que la comunidad no solo se organizaba jerárquicamente, sino que su estructura era dual. Con relación al sitio 200, este yacimiento documentó una población asentada correspondiente al período temprano, fuertemente vinculada con poblaciones de estirpe selvática oriental. Esta relación fue posible establecerla no solo por medio de un análisis comparativo de sus artefactos con materiales argentinos de las selvas de Jujuy estudiadas mayormente por Dougherty (1974), sino también por la modalidad del asentamiento propiamente tal. Con todo, dada la riqueza y complejidad de las evidencias colectadas, el modelo original de Chang y Trigger, fue complementado con el enfoque propuesto por Binford y Binford (1975) tornándose de este modo el análisis inter-sitios, en el análisis de un sistema tipificado de asentamientos determinados por áreas de actividad relacionadas con la extracción de materias primas, de mantención, elaboración y aplicación funcional.Habiendo identificado los dos extremos hipotéticos de un continuo evolutivo agro-alfarero para el Loa Medio, específicamente el área Chiu-Chiu y Lasana, se planteó la necesidad de una investigación sistemática de los patrones de asentamiento para esa área, con miras a obtener evidencias correspondientes a los segmentos intermedios de dicho continuo y también para reafirmar lo ya observado.Dado los problemas de cobertura de un área tan extensa a estudiar, a nivel de técnica de recolección de información, se utilizó una estrategia de muestreo sistemático proporcional para determinar las áreas y sub-áreas de recogida de datos.ResultadosLos resultados del estudio, proyectan el continuo temporal de la evolución del asentamiento humano hacia el Pre-cerámico. El resto de las evidencias reafirma los momentos agroalfareros temprano y tardío, aun cuando se observa una unidad no asociable en aquel momento a un período particular (petroglifos - pinturas rupestres).Con respecto al Pre-cerámico, aun cuando como un importante resultado del estudio, es la ubicación de canteras y talleres utilizadas por asentamientos anteriormente ubicados por Orellana y Lanning correspondientes al 1200 a.C., siguen manifestándose como característicos de la zona los asentamientos pertenecientes al complejo precerámico microlítico (Serracino y Thomas 1971; Druss 1976; Mena 1981). Como resultado importante de este estudio surge también, como nueva característica arqueológica de la localidad los sitios ceremoniales de muros y cajas, que si bien Pollard (1971) los describía para esta localidad, el número en que ellos se presentan en la región le otorgan una importancia no considerada hasta ahora (Thomas et al. 1986b ms).
-80-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOACon respecto a estos últimos rasgos, estos se manifiestan fuertemente asociados a cerámica descrita en numerosos trabajos e identificada como tipo Medienda, en la localidad de Toconce. En cuanto a su distribución y modalidad se diferencia según las características topográficas donde estén emplazadas, pero, asimismo, manifiestan una asociación con elementos culturales asociados a la funeraria y status. Esta última asociación incorpora un nuevo elemento que por lo general no está considerado en los patrones de asentamiento; el significado. Precisamente es la denotación ritual del elemento “muros y cajas”, lo que da origen a la necesidad de intentar correlacionar este elemento con petroglifos y pinturas rupestres. Por otra parte, se tiene conocimiento de otro elemento ritual profusamente descrito para el área, como son las tabletas de rapé (Núñez 1962), las cuales podrían correlacionarse con el elemento cajas.Estas correlaciones planteadas a nivel de hipótesis dan origen a un nuevo estudio que va más allá del simple análisis espacial de los datos para incursionar también en un ámbito inespacial, desestimado generalmente en el enfoque de Patrón de Asentamiento, cual es el de sistemas de creencias.En este sentido se inició un nuevo estudio que preferentemente ha estado centrado en la localidad de San Pedro, por ser esta última la que presentaba una mayor información registrada, especialmente en lo referente al denominado complejo de rapé. Aun cuando también se han contemplado en el estudio otras colecciones (Uhle, de Bruyne).Para poder cumplir con los objetivos planteados y los resultados esperados para este estudio se exploró en un primer momento enfoques basados en la semiótica y la teoría de la religión (Tudela). Finalmente se optó por considerarlo necesario recurrir primeramente a un modelo teórico más general que sirviera por una parte para aproximarnos al objeto de estudio y por otra dirigir los pasos sucesivos del desarrollo de la investigación. De este modo se optó por la elección de un modelo basado en los principios de la teoría general de sistemas.En consecuencia, a lo anterior se entendió cualquier contexto socio-cultural dado como un sistema de al menos las siguientes tres entradas: Cultura, Organización y Medio Ambiente. Dada las características diferenciales de estos 3 componentes interactuantes fue necesario recurrir a diferentes aproximaciones metodológicas específicas para cada una de ellas. El denominador común de estas fue el énfasis exploratorio. Este énfasis no es compatible con la asunción de un modelo teórico explicativo apriorístico e inductivo, más bien concuerda con las técnicas de deducción estadística que configuraron el conjunto de técnicas aplicadas tanto para la clasificación, sistematización y explicación referidas al material arqueológico disponible. Los resultados obtenidos hasta ahora, están en extenso desarrollo en trabajos publicados por los coinvestigadores (Benavente et al. 1985; Thomas 1978, 1982; Thomas y Benavenete 1974/1975, 1984; Thomas et al. 1984, 1985, 1986a) por lo tanto nos limitaremos a sintetizar solo algunos de los aspectos considerados en ellos.Como resultados principales se discriminan temporalmente tres manifestaciones religiosas:a) El complejo funerario ha sido identificado en poblaciones precerámicas en el área transandina en el yacimiento de Huachichocana en fechas tempranas (Fernández 1980) asociados a grupos de cazadores-recolectores. En el territorio nacional y en especial para el área considerada (sitio 200 de Chiu-Chiu) la presencia de pipas está fechada en 900 a.C.Desde el punto de vista del presente estudio podemos decir que a lo menos alrededor de esta fecha, grupos inscritos en esta tradición caracterizados por gran movilidad se instalan en la zona y practicaban algunos de sus rituales, apelando a técnicas de consumo
ARQUEOLOGÍA-81-de substancias para obtener el trance y poder por ende comunicarse con los seres sobrenaturales.b) El complejo inhalatorio que caracteriza a la primera etapa de desarrollo que hemos denominado Transandino Prototípico, San Pedro Temprano (200-600 d.C.) que aparece alrededor del 200 d.C. y su número de ocurrencia es escaso en un comienzo de la fase con formas y decoraciones sencillas a nivel sociocultural, son referentes a nuestro juicio de la formación de organizaciones sociopolíticas de linajes y manejo socioterritorial, en esta etapa no existen antecedentes claros para delinearla, pero posiblemente a fines de esta, elementos del complejo alcanzan también a la región del Loa Medio (Benavente et al. 1984).En la fase denominada por nosotros San Pedro Modal (600-900 d.C.) se encuentra perfectamente tipificada en Chiu Chiu-Lasana, tanto en tipos de tabletas (sanificador) como también en tipos cerámicos estos tipos cerámicos están fuertemente cargados con rasgos Tiwanaku por lo menos a nivel formal (vasos tronco-cónicos); por otro lado, la influencia altiplánica procedente de esta alta cultura, está presente en el área especialmente en los petroglifos y pinturas rupestres.c) Por último, el complejo de ofrendas es el referente de un nuevo aporte altiplánico, que se asocia seguramente con la aparición de los reinos altiplánicos y sin duda a través del examen contextual corresponde a la manifestación local de las estructuras denominadas chullpas que caracterizan no solo el altiplano boliviano, sino que también en el curso superior del río Salado.El desarrollo de una sistematización a nivel espacial de estas conclusiones arroja luz para identificar patrones de asentamiento correspondientes a un período medio en relación al área de estudio. El fenómeno tableta manifiesta fuertes correlaciones con tipos cerámicos cuya presencia no es solo una característica de San Pedro, sino que también se visualiza en Chiu Chiu (sitio 100) con los tipos grises-pulidos y otros.ConclusionesSi bien existe un continuo regional de pautas de asentamiento humano, tal continuidad solo puede considerarse a nivel espacial. No debe suponerse un continuo evolutivo cultural. El cambio cultural es producto, en el caso de la región en estudio, por elementos estructurales inespaciales tanto en aspectos físicos (aportes de migraciones foráneas) como en aspectos culturales ideales (fenómeno religioso). A la luz de estas conclusiones, el análisis de patrones de asentamiento no puede ser relegado a los solos componentes espaciales, debe contemplar la interacción continua con aspectos inespaciales (Hodder 1985). La interacción continua no puede limitarse solo a una perspectiva morfológica; tiene que abarcar también un punto de vista dinámico o de proceso.Por consiguiente, un análisis de patrones de asentamiento para un área en general, y para esta en particular, debe considerarse como una parte del desarrollo de un modelo ecológico cultural como el presentado en Talca (1979).
-82-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAReferenciasBenavente, M. 1978. Chiu-Chiu 200: Poblado Agro-alfarero Temprano. Revista Chilena de Antropología 1: 5-15. Benavente, M. 1981. Chiu-Chiu 200: Un campamento de pastores. Memoria para optar al título de arqueóloga, Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago.Benavente, M. 1984. Chiu-Chiu 200: Una comunidad pastora temprana en la Provincia del Loa (II Región). En Actas del XI Congreso Nacional de Arqueología, pp. 75-94. Museo Arqueológico de La Serena, La Serena.Benavente, M., C. Massone y C. Thomas 1984. El Complejo de rapé: Un diseño de investigación. Revista Chilena de Humanidades 6: 39-51. Benavente, M., C. Massone y C. Thomas 1985. Larrache, evidencias atípicas, ¿Tiahuanaco en San Pedro de Atacama? Chungara, Revista de Antropología Chilena 16/17: 67-73.Berenguer, J., A. Deza, A. Román y A. Llagostera 1986. La secuencia de Myriam Tarragó para San Pedro de Atacama: Un test por termoluminiscencia. Revista Chilena de Antropología 5: 17-54Binford, L. y S. Binford 1975. Utensilios de piedra y conducta humana. En Biología y Cultura, pp. 104-184. Hermann Blume, Madrid.Chang, K. 1968. Settlement Archaeology. National Press Books, Palo Alto.Dougherty, B. 1974. Informe preliminar sobre un nuevo yacimiento arqueológico en Palpalá, Provincia de Jujuy - su ubicación dentro del Complejo San Francisco. Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología 8: 135-152.Druss, M. 1976. Medio ambiente, economía de subsistencia y patrones de asentamiento del complejo Chiu-Chiu (ca. 3000 a 2000 a.C. Norte de Chile). Estudios Atacameños 4: 17-23.Fernández, A. 1980. Hallazgo de pipas en complejos precerámicos del borde de la Puna Jujeña (República Argentina) y el empleo de alucinógenos por parte de las mismas culturas. Estudios Arqueológicos 5 :55-80. Hodder, I. 1985. Post-processual archaeology. Advances in Archaeological Method and Theory 8: 1-26.Mena, F. 1981. Consideraciones en torno a la movilidad de grupos en el Arcaico tardío: II Región. Memoria para optar al título de arqueólogo, Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago.Núñez, L. 1962. Tallas prehispánicas en madera. Memoria para optar al título de profesor de estado en las asignaturas de historia, geografía y educación cívica, Departamento de Ciencias Históricas, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, Santiago.Núñez, L. 1965. Desarrollo cultural prehispánico en el norte de Chile. Estudios Arqueológicos 1: 37-115 Orellana, M. 1968. Tipos alfareros en la zona del río Salado. Boletín de Prehistoria de Chile 1: 3-31. Pollard, G. 1971. Cultural change and adaptation in the central Atacama Desert of northern Chile. Ñawpa Pacha9: 41-64.Sears, W. 1968. The state and settlement patterns in the New World. En Settlement Archaeology, editado por K. Chang, pp. 134-153. National Press Books, Palo Alto.Serracino, G. y C. Thomas 1971. Excavación del yacimiento Confluencia 1. Boletín de Prehistoria de Chile 4: 49-68. Thomas, C. 1978. Estudio Arqueológico del Poblamiento prehispánico tardío de Chiu-Chiu. Revista Chilena de Antropología 1: 85-104.Thomas, C. 1982. Consideraciones culturales sobre el arte en torno al complejo de rapé. Revista de la Facultad de Artes Universidad de Chile 2.Thomas, C. y M. Benavente 1974/1975. Proposición de un modelo para el análisis de fragmentación cerámica poco diagnóstica. Boletín de Prehistoria de Chile 7/8: 39-58.
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ARQUEOLOGÍA-85-Algunas consideraciones sobre el cementerio prehispánico Los Abuelos de Caspana y un intento de cronologíaLeandro Bravo Instituto de Investigaciones Arqueológicas, R. P. Gustavo Le Paige, Universidad del Norte, San Pedro de Atacama, Chile.IntroducciónEste informe presenta el trabajo efectuado en el pueblo de Caspana, II Región, Chile. Bajo la dirección del Profesor George Serracino en los años 1977 y 1978. En el que hago una descripción de los restos encontrados y sus posibles interpretaciones cronológicas y culturales. Sucesivamente a mi trabajo se avanzó en las excavaciones por Ana María Barón (1979, 1982) y George Serracino con Bernardita Varas y Angélica Cruz.En 1978, bajo la dirección de George Serracino, iniciamos una labor de sondeo en diversos bloques caídos, en búsqueda de entierros no alterados. En esta larga y ardua labor de campo, logramos detectar y excavar algunos bloques fúnebres de carácter colectivo, los que proporcionaron algunos indicadores que pueden ordenar una secuencia de eventos vinculados con el proceso de poblamiento humano de características tardías para el valle.Generalidades del cementerioEl cementerio “Los Abuelos” se ubica en la ladera N.E. de la quebrada epónima1 , en las adyacencias de la Iglesia y antiguo cementerio cristiano. En este flanco y sobre el talud de relleno, se han ido depositando grandes bloques provenientes de desprendimientos de la pared del acantilado que aflora en su parte superior y encajona el valle de Caspana, limitándolo físicamente a un estrecho tramo de tierras agrícolas dispuestas en terrazas a ambos lados del valle.Tal situación hizo que el espacio físico destinado a entierros tuviera una especial adecuación a la cobertura que formaban algunos bloques para el entierro de una población agro-pastoril prehispánica, dispuesta en un patrón colectivo de hasta 20 cuerpos, aparentemente producto de un estrecho vínculo de afinidad que se puede percibir por el bajo índice de alteración de los cuerpos primarios, su ordenada distribución y delimitación en los bloques muestreados. Los trabajos de prospección y excavación han permitido detectar por lo menos siete bloques fúnebres que involucran 9 tumbas, de las cuales 6 enseñan evidencias sin perturbaciones y tres corresponden a bloques violentados por coleccionistas en los cuales se realizó una prolija recolección de materiales2. De ambas evidencias, disturbados y sin alteración, se comprobó la existencia de un pircado dispuesto en la entrada de los bloques fúnebres. La excavación controló un total aproximado de 40 cuerpos o esqueletos cuya disposición general corresponde a un patrón de cubito lateral (izquierdo o derecho) con extremidades inferiores y superiores flexionadas, también existen algunos casos aislados (bloque 5, tumba 7) que enseñan una posición sentada con ambas extremidades flexionadas, dispuesta en una estructura rectangular de piedras arraigada a la fosa de sístole.1 El valle de Caspana se ubica a 3.260 msnm, y en los 22°20’ latitud sur y los 68°13’ longitud oeste.2 Según Le Paige “el 26 de febrero de 1958 fuimos de nuevo a Caspana con intención de fotografiar los petroglifos de la Quebrada, pero la sorpresa fue encontrar 2 gringos de Chuquicamata revolviendo tumbas durante dos semanas” (Archivo de Inv. Arqueológicas de San Pedro de Atacama).
-86-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAFigura 1: a) disposición sentada con extremidades flexionadas (bloque 5, tumba7); b) estructura de piedra con vano rectangular; c) tubo de insuflar con figura de enmascarado con hacha y cabeza trofeo. Dibujos de Raúl Mavrakis.Con respecto al cementerio en general, notamos dos sectores diferentes de tumbas. El primero, donde realizamos el sondeo, corresponde a bloques caídos y semi enterrados; el segundo, muy concentrado, ubicado bajo el camino que lleva al Calvario, son estructuras semi abovedadas producto de un pircado dispuesto como techo, entre dos bloques laterales. Estos presentan una entrada a manera de vano rectangular a flor de tierra (Figura 1b). Cabe señalar que este último grupo no fue trabajado en aquella oportunidad.Caracterización de los bloques fúnebresBloque 1Compuesto por las tumbas 1 y 2 en el mismo bloque. Tumba 1 Corresponde a una bóveda de 2.8 x 2 metros altamente disturbada, cuyos contextos abiertos registran los siguientes materiales: un tubo de insuflar narcótico con figura de enmascarado con hacha y cabeza trofeo (Figura 1c), cajita de arcilla de doble compartimento, calabaza
ARQUEOLOGÍA-87-pirograbada (Figura 2a), hoja lítica de pala, gancho de atalaje, trozos de madera, cuerda; además de un conjunto aproximado de nueve cuerpos disturbados por la acción de saqueo a que estuvo expuesto el bloque fúnebre.Tumba 2Cuerpo 1: corresponde a un entierro de infante posiblemente envuelto en textiles. Como ofrendas se ubicaron 3/4 partes de una escudilla de superficie externa café con manchas grises, de tratamiento alisado e interna café manchada (gris) con tratamiento pulido, además de un esqueleto de roedor y semillas de algarrobo dispuestas alrededor y sobre el cuerpo.Bloque 2Corresponde a un bloque semi enterrado del cual solo se aprovechó un pequeño espacio lateral, que fue ampliado hacia el exterior mediante la proyección de un bloque rodado que delimitó el área de entierro.Tumba 3Cuerpos 1 y 2: son dos párvulos que enseñan una pequeña escudilla dispuesta verticalmente a la altura del cráneo. Esta enseña superficies café manchadas (gris), siendo la externa alisada e interna pulida. Cuerpo 3: individuo adulto flexionado de cubito lateral derecho que presentaba como ofrenda un gancho de atalaje sobre la clavícula derecha, palillos de madera, una bolsita de cuero, semillas de algarrobo y maíz.Bloque 3Este se encuentra junto al bloque 2 y ambos constituyen una unidad de entierros que aprovecha al máximo los espacios disponibles. El presente bloque involucra dos fosas colectivas.Tumba 4La fosa abre su entrada hacia el este de la quebrada, enseñando en su entrada una estructura de piedras en forma de pircado que se introduce por el costado Norte, creando así una pared interna, destinada a contener el relleno aluvional originado por la fuerte pendiente de la Quebrada. Cuerpo 1: adulto flexionado de cubito lateral derecho. El ajuar funerario está compuesto por seis cestos de técnica coiled, en uno de los cuales se había depositado una tableta para insuflar narcóticos con dos figuras duales de enmascarados y una espátula de hueso; en un segundo cesto se registró una calabaza pirograbada (Figura 2c) invertida que cubre una mandíbula de chululo, semillas de algarrobo y marcas de maíz. Otros rasgos controlados fueron un arco, un gancho de atalaje, astas de flechas, dos calabazas pirograbadas (Figura 2d y f) y una bolsa de cuero.Cuerpo 2: corresponde a un individuo sentado con piernas y brazos flexionados. El ajuar funerario se compone por un tajne puesto verticalmente, una hoja lítica para pala, una tableta rectangular de madera con evidencia de envoltura de cuero e hilera de pequeños orificios en un costado, una espátula de hueso, una cucharilla de madera y una pala compuesta por una hoja lítica y mango de madera corto, una caja de hueso, una tortera rectangular y diez palillos.
-88-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOACuerpo 3: se trata de un cuerpo dispuesto en patrón flexionado de cubito lateral derecho. Su ajuar funerario lo compone un cesto coiled, un collar de cuentas de malaquita y turquesa, una espátula de hueso quebrada y tres palillos.Figura 2: diseño de iconografía pirograbada. Dibujos de Raúl Mavrakis.Cuerpo 4: infante dispuesto en un patrón sentado con ambas extremidades flexionadas. Este se ubica bajo el cuerpo 1, en un nivel similar al cuerpo 3. Su ajuar funerario se compone por un collar, una calabaza pirograbada y 15 palillos.Tumba 5Corresponde a la parte superior del bloque 3 y está formada en un pequeño alero que se amplió al exterior mediante un emplantillado de rodados que sirvió tanto en la delimitación de la fosa como en la retención del relleno de la pendiente. La tumba es colectiva y cobija un total de 10 cuerpos superpuestos por un orden de ingreso a la misma.Cuerpo 1: cuerpo alterado intencionalmente, dispuesto en posible patrón flexionado de cubito lateral derecho. El esqueleto muestra la columna, al nivel de las cervicales, fuertemente doblada hacia atrás y el cráneo fuera de lugar dispuesto junto a los pies. No registraba ajuar funerario.Cuerpo 2: presenta un patrón flexionado de cubito lateral izquierdo. Su cráneo se dispone sobre las extremidades inferiores del cuerpo 6. Enseña un ajuar funerario compuesto por tres cestos
ARQUEOLOGÍA-89-coiled, una tableta para insuflar narcóticos deteriorada (compuesta por tres figuras, una de las cuales muestra un enmascarado con colmillos entrecruzados), un tubo para insuflar que presenta figura central de sacrificador enmascarado con hacha y cabeza trofeo (Figura 1d), una espátula de hueso, un tajne, una pala con hoja lítica y mango corto, un mango de pala, una calabaza pirograbada (Figura 2g), una calabaza sin decoración, once palillos, un instrumento de madera, una concha de ostión y restos de vegetales (hojas de color oscuro).Cuerpo 3: individuo en posición flexionada de cubito lateral derecho cuyo cráneo está depositado sobre la flexión tibia-fémur del cuerpo 4, en un nivel levemente más alto. Su ajuar funerario lo componen dos cestos coiled, un tajne, una pala con hoja lítica y mango de madera corto y semillas de algarrobo.Cuerpo 4: esqueleto con patrón sentado con ambas extremidades flexionadas. No registró ajuar funerario.Cuerpo 5: presenta un patrón flexionado de cubito lateral izquierdo, en un nivel más alto que el cuerpo 4. Su ajuar funerario se compone de un ceramio zoomorfo (camélido) pequeño con decoración borrosa negra sobre un fondo crema, de tratamiento pulido, una tableta para insuflar narcótico con un pequeño mango de figura zoomorfa; un tubo de hueso para insuflar decorado con temas de círculos y puntos en su interior, grabado; tres espátulas de hueso; un cesto coiled; dos tajnes; una pala con hoja lítica y mango de madera corto, una tortera circular, una calabaza sin decoración, cuentas de collar y pendiente ornitomorfo, instrumentos de madera y calabaza pirograbada.Cuerpo 6: esqueleto en patrón flexionado de cubito lateral izquierdo, con leve desplazamiento del cráneo hacia el hombro derecho y desplazamiento de mandíbula. Presenta como ajuar funerario tres palillos.Cuerpo 7: corresponde a un párvulo dispuesto bajo una cesta del cuerpo 5, sin mayores ofrendas funerarias.”Cuerpo 8: el esqueleto se encuentra sentado, con el tronco inclinado hacia atrás, extremidades inferiores abiertas o separadas. Su ubicación con respecto a los demás cuerpos es bajo el número 6. El material cultural asociado está compuesto por una pala con hoja lítica y mango de madera corto, una tortera circular, una calabaza pirograbada, cuatro palillos y dos instrumentos de madera.Cuerpo 9: es un párvulo dispuesto junto e inmediatamente sobre el cuerpo 8. El patrón de entierro es flexionado de cubito lateral derecho. El ajuar funerario corresponde a un cesto coiled, dos tajines, y dos palas, ambas con mango de madera corto y hoja lítica.Cuerpo 10: se trata de un individuo ubicado en un patrón sentado fuertemente flexionado. Su ajuar está compuesto por un arco, un gancho de atalaje y una tortera de madera circular.Bloque 4Este conjunto está representado por una sola tumba de carácter simbólico, dispuesta en un pequeño alero con un pircado de piedra a su entrada. Como ajuar funerario se controló un cencerro, una barra de colorante ocre, un palillo con tintura roja y semillas sin identificación. El ajuar simbólico fue denominado como tumba 6.
-90-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOABloque 5Se trata de un antiguo bloque saqueado denominado como tumba 7, algo alejado del grupo anterior en dirección S.E. Una prolija limpieza de la fosa entregó tanto material disturbado, como el rescate de por lo menos 5 cuerpos in situ.Para los primeros existe la siguiente relación: una escudilla con asa ornitomorfa (cabeza) dispuesta sobre el labio con dos apéndices en el extremo opuesto, superficie externa e interna roja englobada y pulida con decoración lineal gruesa de color negro en el borde interno, dos escudillas hemisféricas con superficie externa café manchada gris semipulida e interna rojo englobado y pulido, con huellas de decoración negra en la superficie interna; dos ánforas rojovioláceo englobadas y pulidas; una vasija con decoración negra (círculos, ganchos, eles, etc.) sobre fondo rojo claro, bruñido, su apariencia se acerca al ánfora pero difiere en la mitad inferior cuyo contorno muestra un punto angular originando una forma tronco cónica de base plana; una vasija inflexionada con superficie externa roja con manchas grises, semi pulida; una vasija de cuerpo subglobular, gollete cilíndrico y asa que une el cuerpo y labio, presenta superficie roja semi pulida con huellas de tizne; dos torteras circulares; trozos de textiles; trozos de calabazas sin decoración; un peine; una aguja de madera; un alfiler de cobre; un topu; 42 palillos; trozos de instrumentos de madera; un fragmento de vaso de madera; trozos de cordelería; semillas (sin identificar); mazorcas de maíz; un anillo de cobre, un alfiler de cactus y una vicuña.Cuerpo 1: es un individuo adulto con patrón flexionado de cubito lateral izquierdo; cuyo material asociado es: una olla inflexionada de superficie externa gris semi pulida, con un asa que une el labio con el cuerpo esferoide, un pequeño tiesto con gollete y asa quebrada (esta última presenta una forma en puente dispuesta en el cuerpo) de superficie externa roja pulida con manchas grises, una vasija inflexionada cercana a la forma de un ánfora con base recta, superficie externa rojo claro con decoración negra (círculos, espirales, óvalos, líneas quebradas, etc.); dos cestos coiled; un arco; dos astas de flechas; dos tajines; un alfiler de cactus; chanar; mazorcas de maíz; un mortero rectangular de piedra y dos anillos de metal.Cuerpo 2: presenta un patrón flexionado de cubito lateral derecho. El material cultural asociado comprende dos calabazas pirograbadas (Figura 2b), un arco, una asta de flecha, 15 palillos, dos artefactos de madera, un peine, una bolsa con mazorcas de maíz y un alfiler de cobre. El cuerpo fue dispuesto en una estructura de piedras dispuestas horizontalmente.Cuerpo 3: esqueleto en posición sentada dispuesto en el interior de una cista conformada por piedras planas colocadas verticalmente (Figura 1a). El material asociado corresponde a fragmentos de calabazas sin decoración, un peine, dos agujas de madera, un trozo de trenza, trozos de textiles, trozos de cordelería, bolsa de maíz y cuentas de collar. Cuerpo 4: se trata de un párvulo dispuesto en la estructura del cuerpo 2 a la altura de los pies. El patrón de entierro es sentado con ambas extremidades flexionadas, enseñando como ajuar una calabaza pirograbada (Figura 2e), un arco y trozo de madera.Cuerpo 5: dispuesto de cubito lateral izquierdo, con ambas extremidades flexionadas. Su ajuar funerario corresponde a un cerámico inflexionado y un cesto coiled.
ARQUEOLOGÍA-91-Bloque 6Tumba 8Se dispone en un bloque semienterrado que presenta una pequeña cobertura lateral en el cual se depositó un cuerpo de párvulo en posición flectada de cubito lateral derecho sin ajuar funerario.Bloque 7Corresponde a un bloque que testimonia un antiguo saqueo. Este se ubica bajo el camino al calvario. Los materiales controlados son un tubo para insuflar narcóticos que muestra un hombre adosado a la boquilla en posición sentada tocando una corneta con la mano izquierda y en la derecha sostiene un hacha (Figura 1c); trozos de calabazas pirograbadas; trozos de cestería coiled y fragmentación de palillos.Conjuntos y periodificaciónEs evidente que la mayoría de los rasgos culturales, comunes al cementerio, lo definen en una clara posición tardía (sobre los 1.000 d.C.) pero existen algunos indicadores más con el Intermedio Tardío (800 al 1.000 d.C.), no registrándose al momento evidencias más tempranas, que impliquen una profundidad cronológica para los asentamientos humanos del valle de Caspana.Si fuera correcto que la ocupación del valle tuviera su inicio hacia fines del Intermedio Tardío, deberíamos asumir (dada la modalidad de las tumbas colectivas en soportar sucesivos entierros hasta tapar su capacidad) que la continuidad funcional de algunos bloques-fúnebres incluirían contextos culturales poco diferenciados, pertenecientes a una misma población en tránsito que aparentemente entró a diferenciarse hacia el período Tardío Preincaico.Período Intermedio TardíoParticularmente este período lo vemos representado en algunos materiales de los bloques 1, 2 y 3 del cementerio, pero en general las evidencias manejadas son más bien escasas y no constituyen un buen soporte para tratar el período postulado. En función de analogías con áreas limítrofes como San Pedro de Atacama, la idea del sacrificador en el complejo para insuflar narcóticos se ubica profusamente en el período Intermedio Tardío y, hacia el período Tardío, es posible percibir su clara ausencia en los tallados de madera. Por tal situación temporal, suponemos que los contextos para insuflar controlados en los aleros mencionados, que muestran hacha y cabeza trofeo, pueden ser correctamente ubicados hacia el período propuesto.Estilísticamente el tallado de los personajes, tanto en tabletas y tubos muestran una configuración diferente a las encontradas en San Pedro, como así mismo la disposición de la máscara, las cuales, en los dos tubos registrados la disponen mirando hacia abajo, aspecto de una baja ocurrencia en los tallados. Ahora bien, la idea del sacrificador aparece vinculada a la penetración de Tiahuanaco en la zona Norte por lo cual creemos que los registros de Caspana bien pudieran obedecer a una concepción local sin parentesco estilístico con los encontrados en San Pedro de Atacama.
-92-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAOtro componente diagnóstico corresponde a dos escudillas que la hemos asimilado culturalmente a la variedad alfarera Ayquina Café Pulido (Orellana 1968) inserta en una cronología coherente al Intermedio Tardío y, aparentemente corresponde a elementos de escasa popularidad en el Valle. Respecto a la alfarería Le Paige señala que la escasez de cántaros no nos permite reconocer la antigüedad del lugar (Le Paige 1957/1958, 1965).Dentro de los contextos, cabe mencionar un pequeño cerámico modelado zoomorfo con decoración desleída negro sobre un fondo crema de características pulidas que podría asimilarse a la variedad alfarera Hedionda (negro sobre ante). La filiación cultural es hipotética y por el momento no tenemos nada concluyente respecto a su procedencia cultural.Período TardíoPara nuestros propósitos, los contextos depositados en el bloque 3, representan claros exponentes de materiales tardíos, siendo sintomática la alta concentración de indicadores intrusivos en un solo bloque-fúnebre, lo que le configura una particularidad dentro de las tumbas muestreadas. Entre los componentes cerámicos tardíos registrados, encontramos tiestos negro sobre rojo, tradición que involucra la presencia de una escudilla incásica con asa-pato, otros elementos alfareros son una pequeña vasija con una asa puente, áribalos, una vasija con contornos complejos que ha sido identificada como perteneciente a la cultura Yura (Cornejo y Aldunate comunicación personal 1986) y vasija inflexionada utilitaria con superficie semi pulida y aditamento de baño rojo.Indicadores no cerámicos están representados por un tupu de plata; algunos motivos de calabazas como la cruz y un diseño ornitomorfo que se dispone bajo los paneles pirograbados (ambos elementos aparecen en las calabazas pirograbadas de Catarpe, lo cual permite mensurar su tiempo de aparición); torteras circulares (comparativamente existe un predominio de esta forma en el período Tardío de San Pedro, mientras que las rectangulares son características del Intermedio); un entierro en cista; una caja de arcilla de doble compartimiento de los contextos abiertos del bloque 1; un tubo para insuflar colectado en el bloque 7, en donde el hacha que enseña el tallado, morfológicamente parece corresponder a un tumi ceremonial enmangado; y para finalizar incluimos la tableta con figuras duales de enmascarados del bloque 3, tumba 4, que si bien es cierto el motivo de los enmascarados (no presentan hachas como tampoco cabezas trofeos) es similar al de los tubos, su asociación a calabaza pirograbada que enseñan un claro diseño ornitomorfo, le confiere una posición sensiblemente tardía, posiblemente a comienzos del primer milenio cristiano.Interpretación socio-económica y secuencia regionalLa configuración socio-económica básica que entregan tanto contextos abiertos como cerrados, establece una clara homogeneidad en el grueso de los ajuares controlados en los diferentes bloques fúnebres. Tal similitud puede resumirse en los siguientes ítems: palas, tajines, calabazas pirograbadas, cestería, torteras, ganchos de atalaje, maíz y algarrobo que, indudablemente se vinculan a una población agraria que habría ocupado el valle, tentativamente, hacia el período Intermedio Tardío (800 al 1.000 d.C.), desarrollando una infraestructura especializada en cultivos sobre niveles aterrazados apoyados por una compleja red de canales y depósitos de almacenamiento ubicados en la “línea de ruptura entre el talud y la quebrada” (Castro et al. 1984). Tales depósitos corresponden a pequeños aleros cubiertos con un muro pircado que deja una abertura rectangular con dintel “virtualmente idéntica al vano de las Chullpas” (Castro et al. 1984).
ARQUEOLOGÍA-93-La escasa diferenciación de los contextos, sean abiertos o cerrados, denota una población que generó una actividad agraria estable, con productos condicionados a un piso quebradeño sobre los 3.000 m de altura que, aparentemente, no se habría proyectado a pisos más bajos sino a través de “facetas de interacción socio-política”. Al respecto, un control cuantitativamente importante de ganchos de atalaje (tanto en nuestras excavaciones como en las colecciones de Le Paige) establecen una alta movilidad de la población vinculada con el transporte de productos en llamas, lo que debió originar un soporte estabilizador social, político y económico entre ecologías distantes y el Valle de Caspana, hacia el conflictivo período Tardío preincaico.Ocupacionalmente, el valle refleja una alta complejidad desde el punto de vista interpretativo. El bloque 5, tumba 7, es parte del complejo proceso de poblamiento del valle y sus indicadores como escudillas negro sobre rojo, un tiesto sur boliviano, etc., configuran una situación cultural diferente y bastante particular con respecto a los demás bloques. La sutil focalización de estos componentes es evidente. Si manejamos el supuesto de que cada bloque fúnebre era privativo a un grupo de individuos ligados bajo lazos afines, vemos que la tumba 7 correspondería a un grupo particular, culturalmente diferente, que estaría interactuando socio-políticamente en una etapa preincaica con la población quebradeña bajo el carácter de colonias altiplánicas, dispuestas en Valles altos que colindan con el altiplano Sur boliviano.Por otro lado, carecemos de antecedentes que nos permitan ubicar tanto cronológica como culturalmente el sector de funebria altamente disturbado, que enseña estructuras diferentes de techo semi abovedado producto de un apilamiento de piedras sobre bloques laterales que funcionaron a manera de paredes. Su conformación y focalización apartada de los bloques estudiados, como así mismo, su estrecha entrada por un vano a flor de tierra, semejante al de las chullpas, apuntan a vestigios de una población intrusiva, cuyo vínculo con la población prehispánica del valle puede suponerse bajo el mismo proceso de coloniaje que al momento lo inferimos como altiplánico. Sospechamos que, dentro de los eventos culturales tardíos, estrechamente relacionados a los pormenores del asentamiento prehispánico de Caspana, debe encontrarse el yacimiento de Talikuna3 dispuesto en un pronunciado escarpe del talud de la estrecha quebrada epónima que muestra campos de cultivos, estructuras habitacionales y chullpas. En una de estas últimas se excavó un entierro dispuesto en patrón sentado con extremidades flectadas. Los indicadores culturales para el cuerpo son: una vasija rojo violáceo con pie de copa y un tiesto con asa puente. Ambos componentes los vinculamos con la presencia incaica en el área y es evidente, por la extrema cercanía de las quebradas, que tales rasgos son parte del mismo proceso expansionista del imperio, que habría conformado una sola unidad cultural con una estrecha relación entre ambos yacimientos.Creemos importante señalar que el cuerpo dentro de la chullpa está delimitado por una estructura de piedra, similar a la registrada en el bloque 5, tumba 7, cuerpo 2 del cementerio Los Abuelos. La base de la estructura está conformada por un emplantillado de piedra (piso) sobre el cual se dispuso el cuerpo. El emplantillado se encuentra a 15 cm de la base de la chullpa y presenta en la matriz de relleno inter-piso una camada de maíces y trozos de cerámica que deben vincularse a la chullpa con funciones de depósito y/o almacenamiento de granos. Esta situación es altamente importante porque implicaría que el nivel chullpario pre-funebrio debió estar consolidado hacia tiempos preincaicos como lo atestiguan la fase Toconce (Aldunate y Castro 1981; Aldunate 3 El yacimiento de Talikuna comenzó a ser trabajado en 1979 por Jorge Serracino y el suscrito. Los pormenores entregados corresponden a las primeras jornadas de campo. Cabe señalar que las posteriores excavaciones del sitio han sido llevadas a efecto por Jorge Serracino.
-94-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAet al. 1986; Castro et al. 1977, 1979, 1984), producto de una oleada altiplánica que se dispuso en pisos altos colindantes con el altiplano sur boliviano. Aparentemente hacia la llegada del Incanato algunos de estos depósitos no habrían continuado su función de almacenamiento, reformulándose en estructuras fúnebres, lo cual se puede apreciar en la especial preparación (subestructura y piso emplantillado) al interior de la chullpa.Los estrechos vínculos (superposición) entre lo altiplánico e incaico que hemos percibido tanto en el cementerio Los Abuelos como en las chullpas de Talikuna, nos llevan al supuesto de que la llegada de colonias altiplánicas en cierta medida facilitó el expansionismo incaico posterior y, posiblemente el mecanismo viable que utilizó el Inca para su llegada a las quebradas altas tributarias al Salado, fue mediante el control de las cabeceras socio-políticas de las cuales dependían las colonias altiplánicas dispuestas en valles altos como Caspana, Talikuna, Toconce, etc. (entre las situaciones más concretas), de ahí que las evidencias altiplánicas controladas siempre están asociadas a contextos incaicos.ReferenciasAldunate, C. y V. Castro 1981. La Chullpa de Toconce y su relación con el Poblamiento Altiplánico en el Loa Superior, período Tardío. Tesis para optar al grado de licenciado en filosofía con mención en prehistoria y arqueología, Departamento de Ciencias Sociológicas y Antropológicas, Universidad de Chile, Santiago. Aldunate, C., J. Berenguer, V. Castro, L. Cornejo, J. L. Martínez y C. Sinclaire 1986. Cronología y Asentamiento en la Región del Loa Superior. DIBAM, Universidad de Chile, Santiago.Barón, A. M. 1979. Un Cementerio de Contacto Español-Indígena. En Actas del VIII Congreso de Arqueología Chilena, pp. 105-116. Ediciones Kultrun, Santiago.Barón, A. M. 1982. Estudio de una población. Chungara, Revista de Arqueología Chilena 9: 174-190. Castro, V., Berenguer, J. y C. Aldunate 1977. Antecedentes de una interacción Altiplano-área Atacameña durante el Período Tardío: Toconce. En Actas del VII Congreso Nacional de Arqueología, vol. 2., pp. 477-498. Ediciones Kultrun, Santiago. Castro, V., C. Aldunate, J. Berenguer, A. Román, Á. Deza, O. Britto y G. Concha 1979. Primeros fechados arqueológicos por termoluminiscencia en Chile: Toconce. Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural270: 3-10.Castro, V., C. Aldunate y J. Berenguer 1984. Orígenes Altiplánicos de la Fase Toconce. Estudios Atacameños 7: 159-178. Le Paige, G. 1957/1958. Antiguas culturas atacameñas en la cordillera chilena. Anales de la Universidad Católica de Valparaíso 4/5: 15-148. Le Paige, G. 1965. San Pedro de Atacama y su zona: 14 temas. Anales de la Universidad del Norte 4: 3-29.Orellana, M. 1968. Tipos Alfareros en la Zona del Río Salado. Boletín de Prehistoria de Chile 1: 3-31.
ARQUEOLOGÍA-95-Arqueología de la subregión del río Salado: 14 años de investigaciónLuis Cornejo Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago, Chile. PresentaciónDurante 14 años, el grupo compuesto por los arqueólogos Victoria Castro, Carlos Aldunate y José Berenguer, a los que con el tiempo se les han sumado otros, como el autor de este escrito, ha desarrollado investigaciones en la subregión del río Salado y zonas vecinas (Figura 1). Para estos fines se ha contado con el auspicio de la Universidad de Chile (D.I.B. S2325-8614), CONICYT y el Museo Chileno de Arte Precolombino1.En este lapso de tiempo, se ha podido adelantar significativamente en el entendimiento de las sociedades indígenas que habitaron el área antes de la llegada de los españoles. Se ha delimitado una detallada zonificación ecológica, dentro de la cual se ha definido un esqueleto básico de la historia cultural de la subregión, cubriendo casi 10.000 años de ocupación humana (Aldunate et al. 1986). Sin embargo, la llamada fase Toconce es la que ha recibido más atención concreta. En torno a esta se ha realizado una amplia discusión sobre sus orígenes, patrones de asentamiento y características socio-culturales (Castro et al. 1979a, 1979b, 1986; Aldunate y Castro 1981; Cornejo 1984).El objetivo de este escrito, más que entrar en el análisis detallado de aspectos puntuales de estas investigaciones, quiere ser una visión sinóptica del conocimiento sobre la prehistoria de la Subregión del río Salado, producto de más de una década de investigación. Esta, si bien ha tenido una “columna vertebral” arqueológica, ha operado desde una perspectiva antropológica general. A partir de esto, la interdisciplina entre ciencias como la antropología física, la etnología, la botánica y la historia, ha sido fundamental para generar un marco teórico que ha sido un impulso decisivo a la investigación regional. Se han estudiado 14 sitios, de los cuales se han obtenido 27 fechas arqueométricas, tanto de radiocarbono 14 como de termoluminiscencia2. Entre estos sitios destacan la aldea de Likan, sitio tipo de la fase Toconce; el alero Chulqui, con una de las fechadas más antiguas de la región y el alero Toconce o Confluencia, en cuyos depósitos arqueológicos se encuentra la secuencia estudiada más completa para la prehistoria de la región.Pero no solo la historia cultural ha recibido atención, también el entendimiento de formas concretas de expresión social e ideológica han sido estudiadas. Aquí destaca el análisis realizado sobre las chullpas de Likan y Quebrada Seca (Aldunate et al. 1981; Berenguer et al. 1984; Castro et al. 1985), el que ha permitido identificar arqueológicamente ciertos aspectos de la religión durante la fase Toconce.1 El grupo Toconce, además de los ya mencionados, está compuesto por el etnohistoriador José Luis Martínez, la arqueóloga Pilar Allende, la egresada de arqueología Varinia Varela y el arquitecto y fotógrafo Fernando Maldonado. Junto a estos han participado en diferentes etapas de trabajo, Carole Sinclaire (arqueóloga), Silvia Quevedo (antropóloga física), Carolina Villagrán (botánica), Juan Armesto (ecólogo), Rodolfo Gajardo (ecólogo), Jürgen Rothmann (zoólogo), Maximiliano Montecinos (geógrafo), Carlos Gómez (antropólogo social) y muchas otras personas imposibles de enumerar aquí.2 El radiocarbono 14 y la termoluminiscencia son técnicas que permiten determinar la edad del carbón y la cerámica respectivamente.
-96-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAFigura 1: mapa de la zona de estudio.Ecología y zonificaciónLa subregión del río Salado, foco de estas investigaciones, comprende la cuenca de drenaje de dicho río, en su curso superior y medio, ya que su curso inferior pertenece a la región del Loa Medio e involucra una superficie de aproximadamente 1.223 km2. Ecológicamente, la Subregión presenta tres grandes zonas biogeográficas: la alta puna, las quebradas y el desierto pie montano. Es conveniente aclarar que, debido a importantes diferencias climáticas, se ha dividido la ecozona de quebradas de acuerdo a su altura. La alta puna corresponde a la sección occidental del altiplano, que adquiere aquí la forma de una planicie inter montana (4.300-3.800 msnm). Las quebradas altas se extienden desde las nacientes de los ríos (4.000 msnm) hasta la cota de los 3.300 msnm Las quebradas Intermedias forman una suave planicie inclinada hasta los 3.000 msnm e incluyen la importante vega de Turi. El desierto pie montano se extiende bajo los 3.000 msnm y se caracteriza por su extrema aridez.A lo anterior se agrega la presencia de un macizo montañoso, con cumbres sobre los 6.000 m de altitud, que rodea la subregión, tanto por el norte como por el este.
ARQUEOLOGÍA-97-Panorama histórico culturalLa primera ocupación humana data del periodo Arcaico temprano, encontrándose en el alero Chulqui, la fecha más antigua hasta ahora (9.590 años a.p.), representado a un grupo de cazadores recolectores que utilizaron este alero, probablemente como paradero estacional, dentro de un circuito de transhumancia (Sinclaire 1985).Además de Chulqui, solo se ha realizado excavaciones sistemáticas en otro alero, conocido como Toconce o Confluencia, el que ha brindado ricos contextos que permiten tener una primera visión del modo de vida del periodo Arcaico, pero que sin duda, necesitan más referentes regionales para formar un panorama completo. Este alero, además de tener por lo menos dos asentamientos de cazadores recolectores arcaicos, presenta una rica secuencia que llega hasta el periodo Republicano.Debido al desarrollo que han tenido las investigaciones en estos 14 años en el río Salado, solo muy recientemente se ha prestado mayor atención a sitios que pudieran contener ocupaciones arcaicas, por lo que, sin duda, todavía dista mucho el tener un panorama completo de este periodo.Una situación similar ocurre para los periodos Agroalfareros Temprano y Medio, los que en su conjunto están representados solo por cuatro sitios estudiados.Hacia el año 500 a.C., en el alero Toconce se encuentra la primera alfarería, tal vez como producto de la ocupación de este alero por parte de pastores que explotaban las Quebradas Altas, desde campamentos base ubicados probablemente en el Loa Medio.También dentro de un régimen de explotación pastoril, se produce el primer asentamiento de tipo aldeano documentado para la subregión. Se trata de la aldea Chulqui (Sinclaire 1985), que fue utilizada alrededor del año 90 d.C. Por razones que ignoramos, este sitio tuvo una ocupación de corta duración, dejando una cantidad muy pequeña de restos arqueológicos, entre los que destacan un muro perimetral, cimientos de casas circulares dispersas y algunos fragmentos de alfarería decorada que se asemejan a tiestos de similar cronología, encontrados en el Noroeste Argentino.Solo 150 años más tarde, encontramos un asentamiento aparentemente bien vinculado a actividades ganaderas, que logró prosperar en la Subregión. Se trata del sitio Turi-2, localizado al borde de la inmensa vega del mismo nombre. En él se ha detectado un campamento de grandes proporciones que refleja una compleja situación de interacción con puntos tan distantes como la cuenca del lago Titicaca o el Noroeste Argentino. Es probable que hacia este sitio convergieran redes de intercambio económico, probablemente a lomo de llamas, lo que habría producido un contexto arqueológico caracterizado por la presencia de fragmentos de tiestos alfareros provenientes de zonas muy distantes.Desgraciadamente, este campo ha sido muchas veces saqueado por turistas y personas que, con el afán de conocer, han hecho excavaciones, sin alcanzar a entender la magnitud del daño que producen. Esto ha limitado severamente el conocimiento que se puede obtener de este sitio, que parece ser clave en un periodo de la prehistoria de la zona.Entre Turi-2 y el siguiente sitio investigado, hay un lapso de aproximadamente 500 años, que por ahora no ha sido estudiado. Sin duda, es en un periodo posterior -Intermedio Tardío- donde la investigación arqueológica se ha concentrado, por lo que el cúmulo de conocimientos que se tiene sobre esta parte de la prehistoria, es cualitativa y cuantitativamente superior.
-98-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAFigura 2: mapa con la ubicación de los sitios estudiados.A partir del año 850 d.C., se comienza a desarrollar el fenómeno socio-cultural mejor estudiado en la subregión. Alrededor de esta fecha hace su aparición la llamada fase Toconce, consistente en una sociedad de agricultores y pastores provenientes del altiplano, y que porta una serie de rasgos culturales nuevos en la región.Fue utilizada alrededor del año 90 d.C. por razones que ignoramos, este sitio tuvo una ocupación de corta duración, dejando una cantidad muy pequeña de restos arqueológicos, entre los que destacan un muro perimetral, cimientos de casas circulares dispersas y algunos fragmentos de alfarería decorada que se asemejan a tiestos de similar cronología, encontrados en el Noroeste Argentino.La fase Toconce ocupa principalmente la ecozona de quebradas, especialmente sobre los 3.000 msnm. Construye una serie de aldeas en puntos como Paniri, Quebrada Seca y Likan, siendo esta última la más importante. También desarrolla un importante complejo de andenes y canales para la agricultura, el que se extiende por cientos de hectáreas en las diversas quebradas de la subregión. Además, ocupa una diversidad de pequeños sitios, especialmente aleros, como paraderos asociados al pastoreo.Likan, la aldea de mayor tamaño, es el modelo de estos asentamientos. Está compuesto por un sector de recintos habitacionales rectangulares, densamente aglutinados; un conjunto de tumbas en pequeños aleros en las paredes rocosas de las quebradas; un conglomerado de chullpas, especie de torreones utilizados en prácticas rituales, localizado en la parte más alta de la colina donde se ubica la aldea; más una gran diversidad de otras construcciones, tales como silos, vías empedradas, corrales, etc.
ARQUEOLOGÍA-99-En términos sociopolíticos, la fase Toconce pudo tener el carácter de una comunidad, es decir, un conjunto de familias unidas por fuertes lazos sanguíneos y sociales, en la que la propiedad de los recursos principales, es decir, la tierra y los pastos, era colectiva. Sin duda debió existir una autoridad, la que organizaba los necesarios esfuerzos comunitarios, tales como la construcción de los complejos andenes de cultivo. Sin embargo, el poder de esta debió estar limitado solo a ciertas esferas de la vida social, siendo básicamente los jefes de familia los encargados de dirigir la vida cotidiana.Económicamente, la fase Toconce debe ser caracterizada como una comunidad agro-ganadera, ya que ambas actividades parecen haber tenido mucha importancia. Sin embargo, llama la atención la cantidad de tierras destinadas a la agricultura, la que aparentemente estaría muy sobre las necesidades locales, sugiriendo la existencia de algún mecanismo destinado a intercambiar dicha sobreproducción con otras comunidades.Esta producción de excedentes también puede ser resultado de una situación política, ampliamente difundida en los Andes, definida como eco-complementariedad. Bajo este régimen, la fase Toconce sería un enclave, relacionado con una sociedad mayor, localizada probablemente en el altiplano, dedicada a la explotación de recursos complementarios a la economía global, que en este caso podría tratarse del cultivo del maíz. En todo caso, aún queda por explorar las relaciones de la fase Toconce con manifestaciones muy similares, encontradas en el vecino altiplano de Lípez, y que han recibido el nombre de Señorío Mallku (Berberián y Arellano 1980).La sorprendente similitud de rasgos culturales y la proximidad entre ambas zonas, han permitido suponer la existencia de un complejo cultural Toconce-Mallku, sin que hasta ahora se aclare su estatus sociocultural. Una mención especial merece el sistema de creencias que se ha podido inferir a partir del estudio de algunos restos arqueológicos. Los miembros de la fase Toconce fueron profusos constructores de Chullpas -solo en la aldea de Likan se encuentran cerca de 80- las que aparecen vinculadas ciertamente a algún tipo de ideología con los cerros. Por un lado, las “ventanas” de las chullpas están orientadas frecuentemente hacia algunos de los cerros prominentes de la región, y por otro, en los restos encontrados tanto dentro como fuera de estos monumentos, han sido identificadas actividades de posible contenido ritual, tales como la confección de pequeñas fogatas, depósitos de restos de animales calcinados y rotura intencional de tiestos de cerámica. Los hechos descritos arriba se configuran de tal forma, que es posible sostener que durante la fase Toconce existió algún tipo de ‘culto a los cerros’, en cuyo ritual estaban involucradas las chullpas, y probablemente, restos encontrados en las cumbres de algunos de los cerros hacia los que las chullpas se orientan (Castro et al. 1985). Cabe agregar que el culto a los cerros es una expresión de religiosidad muy común en el Área Andina, e inclusive aún subsiste entre los habitantes indígenas de la subregión del río Salado.La fecha más reciente que tenemos para la fase Toconce es de 1.200 años d.C., aunque es probable que esta fecha no sea la más tardía, el hecho es que, a la llegada de los españoles, y de acuerdo a sus primeros escritos, las quebradas altas se encontraban prácticamente despobladas (Cornejo 1984), no quedando restos de la numerosa población que habitó en las aldeas de Likan, Paniri, Quebrada Seca, etc.
-100-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAEs probable que existiera alguna vinculación entre el término de la fase Toconce y el advenimiento a la región del control incaico hacia el año 1470 d.C., debido a que una de las características del dominio inca fue realizar importantes movimientos de población en los territorios anexados. Sin embargo, la presencia inca en la subregión parece haber sido de escasa magnitud, al menos en términos de evidencias materiales. Solo se encuentran tres sitios en las que es evidente la presencia imperial: la construcción central del Pukara de Turi, el santuario del volcán Paniri y el sitio Cerro Verde. Además, en ninguno de los sitios Toconce puros hay presencia Inca, siendo que estos se ofrecían como un polo de atracción económica de acuerdo a su potencial agrícola3.Los datos con que se cuenta hasta ahora, hacen pensar que el interés central del imperio al ocupar los territorios del río Salado, podría estar vinculado a las actividades mineras, así como al tráfico hacia el importante Salar de Atacama. Lo que explicaría la falta de asentamientos incas en lugares como los ocupados por la fase Toconce.Este largo proceso histórico se ve interrumpido por la llegada en la segunda mitad del siglo XVI de los invasores europeos, quienes, portadores de una tecnología, organización socio-política e ideológica completamente diferentes, fueron incapaces de dominar a los pueblos indígenas sin atentar contra los pilares de su cultura y sociedad.Perspectivas de investigaciónEs evidente al revisar el resumen de la prehistoria del río Salado, que hay enormes vacíos que falta llenar para poder tener un conocimiento adecuado del proceso histórico indígena.El período Arcaico es sin dudas el más desconocido por lo que será necesario realizar muchas más excavaciones en varios aleros de las quebradas, donde sabemos hay asentamientos de este período. También se deben realizar prospecciones en busca de este tipo de sitios en otras ecozonas, tal como la Alta Puna, donde debería haber importantes evidencias que ayuden a entender a los cazadores recolectores que desde hace casi 10.000 años habitaron en la subregión.En combinación con lo anterior se deberán reforzar los estudios del período agro alfarero temprano, ya que durante el, se produce uno de los cambios más trascendentes de la prehistoria, el advenimiento de la agricultura y la vida sedentaria. Se deberá poner atención a problemas como el tránsito desde una economía depredadora a una productiva, los cambios sociales derivados de la sedentarización, el origen de las nuevas técnicas, etc.Para períodos más tardíos será importante comprender los mecanismos de interacción e intercambio extra regional, así como la articulación de diferentes tradiciones culturales que parecen coexistir en un mismo momento y lugar. Será necesario adentrarse más profundamente en la fase Toconce, atendiendo a problemas como su interacción con el altiplano cercano, considerando los modelos de complementariedad ecológica ya discutidos. También será fundamental, en este caso, comenzar a descifrar la red de relaciones sociales que debieron articular la existencia de la fase Toconce, así como sus relaciones con sus vecinos no-altiplánicos y el mecanismo que llevó a su desarticulación.3 Debemos aclarar aquí que, en el pukara de Turi, cerca de la construcción adscrita a la ocupación incaica, se encuentra un grupo de chullpas, uno de los elementos más clásicos de la fase Toconce. Sin embargo, hasta ahora no se ha estudiado sistemáticamente este sitio, por lo que es difícil precisar a qué se debe esta situación.