ARQUEOLOGÍA-101-El período de presencia Inca deberá ser investigado con mucho detalle, ya que en la modalidad de su dominio puede estar la clave para muchos problemas, tal como el aparente despoblamiento de las quebradas altas a la llegada de los españoles.En otro nivel, y considerando problemas que prácticamente no han sido estudiados, el arte rupestre deberá ser abordado sistemáticamente, con marcos teóricos comprensivos a la compleja situación que involucra la representación simbólica y su cronologización. Por último, el pukara de Turi debería convertirse en objeto de una investigación interdisciplinaria de largo alcance, teniendo en cuenta que es el asentamiento más grande de la Subregión, el cual no ha recibido ninguna atención.ReferenciasAldunate, C. y V. Castro 1981. Las Chullpas de Toconce y su Relación con el Poblamiento Altiplánico en el Loa Superior. Período Tardío. Tesis de Licenciatura en Filosofía con mención en Prehistoria y Arqueología, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile, Santiago.Aldunate, C., J. Berenguer y V. Castro 1981. La función de las chullpas en Likán. En Actas del VIII Congreso Nacional de Arqueología Chilena, pp. 129-174. Ediciones Kultrún, Santiago.Aldunate, C., J. Berenguer, V. Castro, L. Cornejo, J. L. Martínez y C. Sinclaire 1986. Cronología y Asentamiento en la Región del Loa Superior DIBAM, Universidad de Chile, Santiago.Berberian, E. y J. Arellano 1980. Desarrollo cultural prehispánico en el altiplano Sur de Bolivia (Provincias de Nor y Sur Lípez, Depto. de Potosí). Primera Aproximación. Revista do Museu Paulista 27: 259-281Berenguer, J., C. Aldunate y V. Castro 1984. Orientación Orográfica de las chullpas en Likan: La importancia de los cerros en la fase Toconce. En Simposio Culturas Atacameñas del XLIV Congreso Internacional de Americanistas, editado por B. Bittmann, pp. 175-220. Universidad del Norte. Antofagasta.Castro, V., J. Berenguer y C. Aldunate 1979a. Antecedentes de una interacción Altiplano-Área Atacameña durante el período Tardío: Toconce. En Actas del VII Congreso de Arqueología de Chile, vol. 2, pp. 477-498. Editorial Kultrun, Santiago.Castro, V., C. Aldunate, J. Berenguer, A. Román, Á. Deza, O. Britto y G. Concha 1979b. Primeros fechados arqueológicos por termoluminiscencia en Chile: Toconce. Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural 270: 3-10.Castro, V., C. Aldunate y J. Berenguer 1984. Orígenes Altiplánicos de la Fase Toconce. Estudios Atacameños 7: 159-178. Castro, V., L. Cornejo, F. Gallardo y F. Amello 1985. Santuarios de altura en la Subregión del Río Salado: Contexto Arqueológico e Ideología. Fase I. Chungara, Revista de Arqueología Chilena 16/17: 347-352. Cornejo, L. 1984. Área de cobertura de recursos: Una nueva perspectiva para el estudio del asentamiento arqueológico. Tesis para optar al grado de Licenciado en Arqueología y Prehistoria, Universidad de Chile, Santiago.Sinclaire, C. 1985. Dos fechados radiocarbónicos del alero Chulqui, río Toconce: noticia y Comentario. Chungara, Revista de Arqueología Chilena 14:71-80.
ARQUEOLOGÍA-103-Los pukaras de El Loa: trascendencia y valor monumentalEduardo Muñoz Instituto de Investigaciones Antropológicas, Facultad de Educación y Ciencias Humanas, Universidad de Antofagasta, Antofagasta, Chile.IntroducciónLa región de El Loa, ubicada en el contexto geográfico que circunda los Altos Andes, desde tempranas épocas participó de las influencias ejercidas por los grandes centros culturales, sociales y políticos de las zonas aledañas andinas. Alrededor del año 1.000 d.C., el poder central que mantenían los señores Tiwanaku sobre numerosas etnias del altiplano se desintegró. Las etnias independientes iniciaron una severa presión, en demanda de tierras cultivables, sobre las poblaciones que habitaban los valles, serranías y oasis de los pisos más bajos. Las etnias establecidas defienden su territorio y patrimonio desencadenándose todo un período de hostilidades. Como consecuencia, en toda esta área Circumpuneña (Lumbreras 1981), los poblados existentes se fortificaron y surgieron las construcciones pukaras que son las máximas expresiones de la arquitectura local, concebidos bajo principios estratégicos bélicos para el resguardo de la población y sus bienes.Nuestro tema se centra en los más importantes exponentes de esta arquitectura prehistórica existente en El Loa. Estos son los pukaras de Lasana, Chiu-Chiu, Turi y Quitor.Pukara de LasanaEl pukara de Lasana está ubicado en la localidad homónima, en el margen occidental del río Loa en su curso medio, a una distancia de unos 30 km desde la ciudad de Calama, a una altura de 2.556 msnm. Los orígenes de esta fortaleza se presumen hacia el año 800 d.C. Su ocupación se habría mantenido hasta la llegada de los Incas, aproximadamente en el año 1500 d.C. (Montandon 1950).En la terraza alta del lecho del río Loa, se alza un promontorio donde están agrupadas las construcciones del pukara. La disposición es bastante estratégica teniendo en cuenta la inaccesibilidad del costado junto al río; el otro, hacia un plano, está virtualmente resguardado por un muro de buenas dimensiones. Ya en el anterior, se acentúa el carácter defensivo por las construcciones en desniveles abruptos y sinuosos. El sistema constructivo consiste en un aglutinamiento de estructuras con esquinas angulosas casi siempre tendientes al cuadrado o al rectángulo, apoyándose unas a las otras, con desniveles compensados en sistemas de terrazas. La trama da lugar a estrechos pasadizos que comunican los diferentes sectores. Se destaca en este pukara la existencia de un sistema hidráulico que abastecía al poblado mediante un canal de captación cuya bocatoma está a más de 4 km de distancia (Montandon 1950).La técnica constructiva es en base a encastillamientos de piedras seleccionadas del mismo lugar, unidas con argamasa de barro. Se advierte en la colocación, que se escogió la cara más plana
-104-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAhacia los exteriores, lo que da una apariencia bastante regular a los muros. No hay evidencias de trabajo de cantería, en algunos casos pudo partirse las piedras para lograr un mejor calce o trabamiento1. La cantidad y calidad del material les permitió una buena selección de la que les fue posible extraer trozos alargados usados como dintel monolítico en la solución de los vanos. La buena tecnología usada aquí permitió el logro de muros de considerable altura, consiguiendo un doble piso utilizando ingeniosamente el sistema escalonado que dan los fuertes desniveles.Una evaluación de la tecnología aplicada nos muestra que los elementos de que se dispuso fueron empleados en sus máximas posibilidades, solucionando con la mayor audacia conocida hasta entonces las construcciones en altura.IntervencionesEn el año 1949, el profesor Roberto Montandon proyectó y ejecutó obras de restauración en el pukara de Lasana, a través de la Dirección General de Arquitectura del MOP. Estas obras consistieron principalmente en la “anastylosis” moderada como medida de consolidación de los paramentos. En los re-encastillamientos se utilizaron los escombros yacentes al pie del muro. La moderación con que se aplicó esta técnica dejó una cantidad de material sobrante que fue cuidadosamente ordenado en el centro de algunos recintos.En el presente año (1986) se efectuaron intervenciones que consistieron en la reconstrucción de muros con material proveniente de los acopios ordenados en los interiores. Además, en una estructura se construyó una techumbre hipotética. Estos trabajos, sin planificación ni proyecto autorizado por el Consejo de Monumentos Nacionales, fueron ejecutados por trabajadores contratados por la I. Municipalidad de Calama en un plan denominado bajo sigla PAL.Situación actualGracias a la acertada intervención inicial, este pukara ha logrado conservarse en su estado de ruina congelada desde hace 37 años a la fecha. La intervención apuntó principalmente a la consolidación y al ordenamiento de la circulación de los visitantes; dos factores de importancia para la conservación.Sin embargo, en la actualidad se encuentra eventualmente amenazado por las siguientes causas:a) Ausencia de trabajos de mantenimiento periódicos.b) Falta de tutela y vigilancia, por lo que la creciente afluencia de visitantes es desordenada y sin control, produciendo daño en las construcciones y excavaciones furtivas en busca de objetos arqueológicos.c) Al no haber la tutela comprometida con el Monumento, se da la posibilidad, como ha sucedido, de que se efectúen intervenciones sin planificación, ni proyecto autorizado lo que lamentablemente solo contribuye a desnaturalizar y alterar el carácter original del sitio.1 Destacados arqueólogos coinciden en que tanto en los pukaras de Lasana como en Turi y Quitor habría trabajo de cantería en algunas piedras usadas en las construcciones. Nuestras observaciones nos indican que sólo en casos muy especiales se trozaron las piedras para su adecuación a una esquina de muro, dintel o jamba. Por lo general, se escogió la mejor de las piedras en estado natural. Entendemos el trabajo de cantería como una técnica sistemática que permite dar formas definidas al material pétreo de construcción, lo que se logra con herramientas especiales que por lo general son de metal.
ARQUEOLOGÍA-105-No tenemos información en la actualidad sobre proyectos que atiendan algunas de las deficiencias que hemos descrito del pukara de Lasana.Pukara de Chiu-ChiuEl pukara de Chiu-Chiu está ubicado a unos 700 m en dirección noreste del actual Pueblo de Chiu-Chiu. Su emplazamiento es un plano natural al borde de la terraza alta del río Loa.Se trata de un conjunto de estructuras de forma irregular, aglutinadas en varios sectores que podrían constituir barrios. Estos son circundados por espacios libres, a manera de calles. Sus medidas extremas son de 160 por 170 m, aproximadamente, lo que significa una superficie cercana a los 27.000 m2. El perímetro del pukara está defendido por una doble muralla, con alternancia de salientes y fosos, que cubren en forma semicircular el conjunto, desde la parte norte hasta la sureste. El resto del perímetro, a borde de barranco, cuenta con una pared sencilla. Estos muros de fortificación presentan una serie de ventanas alternadas en forma regular.La construcción es en base a piedras bien encajilladas unidas con argamasa y grava. Todos los materiales fueron extraídos del sitio mismo de la construcción.Por su importancia en el contexto atacameño, varios investigadores han hecho referencias de este sitio (Latcham 1938; Mostny 1948/1949; Thomas 1978; etc.). Se presume que la construcción de este poblado fortificado sería parte de un fenómeno de asentamiento que podría ubicarse entre los años 1000 y 1460 d.C. (Thomas 1978). Sin embargo, hay evidencias de una persistente reutilización en diferentes épocas, inclusive, se advierte la actual ocupación de viviendas en la zona de fortificación Este.El pukara de Chiu-Chiu es una de las más importantes expresiones de la arquitectura prehistórica local, que evidencia una concentración poblacional organizada, capaz de desarrollar elementos constructivos destinados a resguardar el conjunto, donde además se presume se cuidaban excedentes de producción.IntervencionesEntre los años 1973 y 1977, investigadores de la Universidad de Chile de Santiago efectuaron trabajos de investigación arqueológica en este sitio, lo que se evidencia por las trincheras que aún permanecen abiertas.Se advierte la intervención reciente de las ruinas (en el presente año). Esta consistió en trabajos de limpieza y despeje que fueron ejecutados por personal contratado en el pueblo de Chiu-Chiu, por un proyecto municipal denominado bajo sigla PAL. Los trabajos se centraron básicamente en el despeje de los escombros al pie de muros, producto del colapso de los mismos. Del material resultante se hicieron acopios en diferentes lugares del pukara. El área intervenida cubre aproximadamente hasta un 70% de las ruinas involucrando la zona no alterada. La parte sin limpiar la constituye el área de las construcciones reutilizadas. Una intervención más reciente consiste en la construcción de un muro al sector este del pukara entre los restos del doble muro de defensa. Este muro, que alcanza una longitud de 2.760 m, se abre al centro en un vano de portón enmarcado por pilares de 1 x 1 m a ambos lados a manera de jambas. Al igual que los trabajos anteriores, este fue ejecutado mediante proyecto PAL. Los materiales utilizados provinieron de los escombros de las ruinas del pukara, y como argamasa de pega se trajo arcilla desde una vega distante a 6 km del sitio.
-106-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOASituación actualEl sitio pukara de Chiu-Chiu se encuentra en avanzado estado de ruinas debido a causas naturales, otras, producto del saqueo y de la reutilización de sus materiales de construcción.Del examen general se deduce que hay un sector que ha sido repetidamente utilizado en diferentes épocas, lo que ha significado la alteración de las estructuras originales. El sector y la zona de fortificación, que no han sido reutilizados, permiten visualizar con poca nitidez disposición y complejidad del antiguo poblado. Este sector es el más deteriorado y las partes de los muros que se conservan son mínimas. Las partes reutilizadas conservan el mayor volumen de las construcciones en mejor estado de conservación.Se constataron los lugares en que se practicaron excavaciones arqueológicas. Las trincheras, aún abiertas, se encuentran con gran cantidad de basura actual. El material removido está acopiado en un sector próximo a las excavaciones en el interior del pukara.El estado de deterioro es bastante avanzado, sobre todo en la parte original. Podemos pronosticar su progresión ya que los muros con partes en estado de colapso arrastran inevitablemente a lo que aún se conserva en pie.A pesar de haber sido una iniciativa bien intencionada, la intervención con trabajos de limpieza y despeje del pukara resultan desafortunados si tenemos en cuenta que, con esta medida de trasladar los restos yacentes al pie de muro, se impide todo tipo de conjeturas conducentes a efectuar “anastilosis” o recomposición de las partes desmembradas. Al conservarse los restos en el mismo sitio del colapso, al menos se tiene la certeza de que corresponden a un determinado muro. Tampoco sería posible, después de los mencionados trabajos de limpieza, efectuar mediciones que permitieran calcular la altura original de los paramentos ya que las partes que faltan han sido removidas y mezcladas con otras, relegándolas en acopios comunes.Menos conveniente, para la conservación intacta de estas ruinas, resulta la construcción del muro pórtico, ubicado entre los muros de defensa. Además de alterarse el significado estratégico que motivó a los constructores prehistóricos, puede conducir a equívocos y errores de interpretación. Este tipo de intervención contraviene toda norma (nacional e internacional), sobre conservación de monumentos de la prehistoria, en las que se deja claramente explícita la prohibición de hacer construcciones ajenas a los elementos originales que se conservan.ProyeccionesLa Universidad de Antofagasta ha elaborado un proyecto con etapas y metas precisas que permitirán poner en valor el Sitio Monumental. Este proyecto será consecuente con la importancia histórico-cultural de este pukara, de modo que las intervenciones deberán ser muy justificadas y observarán criterios aceptados por la normativa vigente.Las intervenciones que se prevén se dedicarán principalmente a la consolidación de los paramentos para conseguir el congelamiento del actual estado de ruina. Otras estarán relacionadas con el ordenamiento de la circulación de los visitantes, incluyendo una correcta señalización e información sobre el sitio. Además, se podría considerar la posibilidad de reutilizar las dependencias que están modificadas y adaptadas en época histórica, con fines de instalar allí exposiciones, informaciones y guías.
ARQUEOLOGÍA-107-En la actualidad, la Universidad de Antofagasta y la I. Municipalidad de Calama se encuentran suscribiendo un convenio bilateral que permitirá un plan de obras para poner en valor este Monumento.Pukara de TuriEl pukara de Turi está ubicado a la distancia de 70 km en dirección noreste de la ciudad de Calama, en la zona inmediata de la vertiente occidental de los altos Andes a la altura de 3.050 msnm.Su presencia en esta zona ha sido objeto de muchas observaciones, habiendo motivado a importantes investigadores que han excavado y planteado sus hipótesis sobre el sitio. Algunos de ellos son Ricardo Latcham (1938), Grete Mostny (1948/1949), Jean-Christian Spahni (1964). En la actualidad un grupo de investigadores presume su vinculación a un gran contexto cultural, originado allende los Andes, que han denominado como fase Toconce (Castro et al. 1984).El conjunto monumental está emplazado en una colina de poca altura, pero que contrasta con la horizontalidad del ambiente inmediato que lo conforman las vegas de Turi. La superficie del espacio construido alcanza aproximadamente a unos 32.000 m2. Dado que la posición topográfica en que se ubica el pukara es totalmente accesible, el conjunto está defendido por un muro perimetral de mayor dimensión que el resto de las construcciones.En el interior, las estructuras de formas irregulares y otras rectangulares o cuadradas, están aglutinadas en una trama bastante homogénea, aunque es posible percibir algunas diferencias entre las construcciones de los niveles inferiores que serían de época más temprana que el resto (Latcham 1938: 93). Hacia el interior se accede por un callejón que prácticamente secciona en dos el pukara. Otros callejones estrechos y sinuosos se confunden en la trama.Se destacan en el conjunto una serie de estructuras circulares unidas unas a otras, cuya terminación superior es una falsa bóveda denominadas como “torreones” (Mostny 1948/1949), también se les ha definido como “chullpas” (Castro et al. 1984).En el sector alto, aproximadamente al centro del pukara, hay un espacio “Kancha” de 40 x 46 m, llamada también “Plaza Inca” (Mostny 1948/1949). En el extremo poniente de este espacio hay una construcción tipo “kallanka” de 26 x 9 m. En ambos extremos el edificio tiene hastiales de tres ventanas que alcanzan una altura de 5 m. Esta construcción que ha sido llamada “Casa del Inca” e incluso “Iglesia” (Mostny 1948/1949) difiere absolutamente del resto de las construcciones, tanto por sus formas como por la técnica de edificación en la que se empleó adobe. Además de la kallanka, existen dos estructuras del mismo tipo de construcción, pero de menor tamaño, ubicadas fuera del muro perimetral junto al Camino del Inca que pasa por este sector.La generalidad de las construcciones de Turi está hecha con encasillamientos apiñados con piedras de gran tamaño, de origen volcánico, de color negro lo que les da un aspecto bastante tosco. Con la excepción de algunas construcciones usadas como silo, la mayoría de los muros no cuenta con argamasa de pega. Sin embargo, la técnica del apiñado se logró muy bien alternando piedras grandes y pequeñas. En las construcciones circulares, hay pequeñas ventanas cuyos vanos fueron solucionados con piedras cuidadosamente seleccionadas y colocadas con dinteles o jambas.
-108-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOALas construcciones Inca son de adobe confeccionados con arcilla bastante magra, a la que se agregó fibra vegetal. La argamasa de pega, en algunos muros, es de color gris lo que hace presumir algún tipo de ceniza volcánica con buen poder de cohesión.La sección del Camino del Inca que pasa por la parte posterior del pukara tiene un ancho de 3 m.Intervencionesa) Excavaciones arqueológicas en un sector de tumbas efectuadas por Ricardo Latcham en fecha anterior a 1938.b) Excavaciones en el cementerio por Jean-Christian Spahni con anterioridad al año 1964.c) Excavaciones en las construcciones Inca ubicadas extramuros, hechas por investigadores de la Universidad de Chile de Santiago en fecha desconocida.Situación actualSe advierte bastante confusión en las estructuras, debido a la gran cantidad de muros en estado de colapso. Esto incide, además, en la saturación de los espacios debido a los escombros. También, hay gran cantidad de arena de origen eólico depositada en las estructuras. El proceso de deterioro es producto fundamentalmente del abandono, de la acción de los elementos y de varios agentes derivados del saqueo.En mayor peligro de extinción se encuentra la construcción Inca Kallanka. El material de tierra de poca calidad se ha degradado a niveles extremos. Las bases se encuentran horadadas debido a la acción de aguas lluvia sin drenaje, al punto que podrían colapsar a la menor solicitación. Además, hay una serie de daños como asentamientos diferenciados en los cimientos de los muros, agujeros múltiples provocados por aves, insectos, roedores y en general el intemperismo.ProyeccionesEs fundamental, para la conservación de este monumento, efectuar trabajos de consolidación en los muros de piedra. El caso de la construcción Kallanka es más urgente. Para ello, se ha propuesto un plan de emergencia a la I. Municipalidad de Calama para intervenir las bases de los muros.Pukara de QuitorEl pukara de Quitor, ubicado a 3 km en dirección noroeste del actual pueblo de San Pedro de Atacama y a una altura de 2.500 msnm, es uno de los conjuntos monumentales de la prehistoria que ha despertado el mayor interés por sus características excepcionales con respecto a sus similares en el área.Las primeras referencias escritas son del cronista Gerónimo de Bibar (1966). Más tarde, ha sido objeto de observaciones, estudios, descripciones y excavaciones por destacados investigadores como Ricardo Latcham (1938), Grete Mostny (1948/1949), Gustavo Le Paige, Patricio Núñez (1982), etc.
ARQUEOLOGÍA-109-Los estudios sobre el pukara coinciden en que su origen está vinculado al período agroalfarero tardío, alrededor del año 1300 d.C.La fortaleza de Quitor está construida en una estratégica posición topográfica que la acondiciona para su principal propósito, que es el resguardo fortificado ante eventuales asedios bélicos. Aparte de la inaccesibilidad natural del sitio, hay un muro defensivo de gran dimensión, dispuesto en forma serpenteante en la zona más vulnerable. El espacio construido abarca una superficie aproximada de 24.000 m²; en el que se adaptan a las agudas pendientes la cantidad de 164 estructuras con terraplenes, pasadizos sinuosos, terrazas, etc. La generalidad de las estructuras son uniespaciales y en la mayoría de ellas hay sitios. La técnica constructiva constituye la mejor expresión de los atacameños lograda con piedras seleccionadas del mismo lugar, sin cantear, unidas con argamasa de barro. Se destacan notablemente los encastillamientos con un sistema de trabas, usando piedras alargadas colocadas en forma vertical, con el aprovechamiento de terrazas y compensaciones de desniveles.IntervencionesEn el año 1981 la Universidad de Antofagasta, con aportes de SERNATUR, inició obras de restauración en el Monumento. Estas consistieron en la congelación del estado de ruinas, mediante la consolidación de los muros por “anastylosis”. Esta técnica restituyó la unidad estructural afectada por los derrumbes. Además, se liberaron las formas que se presentaban ilegibles por estar sus nexos saturados por sus propios escombros. La valorización general, producto de la intervención, facilita la comprensión del conjunto. Esta primera etapa de trabajos de conservación concluyó con el tratamiento de 45 estructuras con sus terrazas, terraplenes y vías de circulación y 91 m lineales del muro de defensa.Situación actualEn el transcurso de 5 años, desde la primera intervención, no ha habido un seguimiento de obras de mantenimiento. La tutela quedó a cargo de la I. Municipalidad de San Pedro de Atacama, quien mantuvo los dos primeros años un cuidador contratado por Proyecto P.E.M. En 1982, esa Alcaldía resolvió retirar la infraestructura de apoyo utilizada en la intervención, dejada exprofeso para continuar una segunda etapa de consolidación de ruinas. Posteriormente, el monumento fue abandonado por dicha entidad. En la actualidad la concurrencia de visitantes no tiene control, por lo que ha aumentado la degradación, sobre todo en los sectores no intervenidos por la provocación de derrumbes, “huaquerismo”, acumulación de basuras, etc. Tampoco hay señalización ni letreros explicativos.ProyeccionesPara el año 1989 se encuentra aprobado un proyecto para la segunda etapa de obras en Quitor, presentado por la Universidad de Antofagasta a petición de SERNATUR para el plan de inversiones del Gobierno Regional.
-110-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAComentarios finalesDe los cuatro pukaras a que nos hemos referido, dos de ellos han sido intervenidos para su conservación, los dos restantes están en vías de serlo. Las experiencias de Lasana y Quitor, intervenidos en 1949 y 1981 respectivamente, nos han hecho reflexionar sobre las técnicas restaurativas desarrolladas y su metodología. Estas se originaron en la causa-efecto degradante del medio ambiente y las provocadas por agentes externos.De mayor consideración ha sido la revisión de los criterios aplicados, centrada principalmente en el manejo de la “anastylosis” como técnica de consolidación de los muros. Sus principios establecidos en la Norma Internacional, no se cumplirían exactamente por problemas derivados de las técnicas constructivas de estas regiones marginales, que son mucho más modestas que las de los grandes centros para los que se hicieron estas Normas. Sobreponiendo el interés por conservar estos Monumentos en ruina, se ha podido ejercer el principio de la “anastylosis” de la forma más consecuente, con la permanencia intacta de estos vestigios culturales.Sin embargo, estos esfuerzos resultan estériles ante la escasa conciencia proteccionista que se advierte, tanto en los medios institucionales, oficiales de todo nivel, como también en los educacionales.La preocupación y el apoyo de los organismos afines con la conservación de patrimonio, es irreemplazable para hacer realmente efectiva la conservación de estos bienes. Esto debería traducirse en acciones concretas tales como:a) Solicitar la asesoría experta para el tratamiento de un monumento de esta naturaleza y evitar toda intervención no autorizada, ya que solamente un proyecto responsable realizado por un equipo de profesionales afines, con la disposición de mano de obra calificada y con una estrecha supervisión en terreno, puede poner en valor un sitio sin desnaturalizarlo.b) Obtener la tutela de los monumentos después de su intervención y así continuar la labor conservacionista por medio de trabajos de mantenimiento y vigilancia, de todos los factores que pueden contribuir a su degradación acelerada. Además, es de gran importancia la integración a estas labores de la comunidad en que está inserto el monumento y así lograr su compromiso con él.c) Ejercer un control directo sobre los visitantes a fin de evitar los daños que estos pueden producir, como también para ser informados y educados en su actitud para con los monumentos.d) Controlar todo tipo de intervención, producto de investigaciones (arqueológicas u otras). Dada la importancia de estas construcciones se deberían anteponer los criterios de conservación ante cualquier eventual alteración.
ARQUEOLOGÍA-111-ReferenciasBibar, G. 1966. Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile por Gerónimo de Bibar, Natural de Burgos 1558. Fondo Histórico Bibliográfico José Toribio Medina, Santiago. Castro, V., C. Aldunate y J. Berenguer 1984. Orígenes Altiplánicos de la Fase Toconce. Estudios Atacameños 7: 159-178. Latcham, R. 1938. Arqueología de la región Atacameña. Prensas de la Universidad de Chile, Santiago.Lumbreras, L. 1981. Arqueología de la América Andina. Ed. Milla Batres, Lima.Montandón, R. 1950. Apuntes sobre el pukara de Lasana. Cuadernos del Consejo de Monumentos Nacionales, Imprenta Universitaria. Santiago. Mostny, G. 1948/1949. Ciudades Atacameñas. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural 24: 125-204.Muñoz, E. 1984. Restauración del Pucara de Quitor. Estudios Atacameños 7: 191-197. Muñoz, E. 1985. Reflexión en torno a la intervención de los Monumentos de la Prehistoria. Trabajo presentado en el X Congreso Nacional de Arqueología Chilena. Universidad de Tarapacá, Arica. Muñoz, E. s.f. El carácter de las intervenciones en diferentes tipos de Monumentos, Prehistóricos e Históricos. Trabajo presentado en las Primeras Jornadas Chilenas de Restauración Monumental. Universidad de Antofagasta, Antofagasta.Núñez, P. 1982. Significado del pukara de Quitor, Norte de Chile. En Resúmenes del 44° Congreso Internacional de Americanistas, pp. 157-158. School of Geography Manchester University, Manchester.Spahni, J.-C. 1964. Fouilles archéologiques dans deux cimetières indigènes de Turi, Désert d’Atacama (Chili). Bulletin de la Société Suisse des Américanistes 27: 2-20.Thomas, C. 1978. Estudio Arqueológico del Poblamiento Prehispánico Tardío de Chiu-Chiu. Revista Chilena de Antropología 1: 85-104.
ARQUEOLOGÍA-113-Un survey arqueológico, etnográfico y botánico en el Alto Loa: proyecto de investigaciónJosé Berenguer Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago, Chile.IntroducciónHasta 1938, la cuenca alta del río Loa era un área virtualmente desconocida para los antropólogos. Desde entonces hasta 1970, 12 especialistas incursionaron brevemente en ella, descubriendo alrededor de 30 sitios arqueológicos y publicando unos 15 trabajos (Latcham 1938; Ryden 1944; Le Paige 1958; Mostny y Künsemuller 1960a, 1960b; Mostny 1964, 1969; Spahni 1961; Tolosa s.f.; Núñez 1964; Niemeyer 1967a; Orellana 1968; Lindberg 1969; Pollard 1970). Con pocas excepciones, sin embargo, esos trabajos no son útiles sino de una manera muy general para los problemas de investigación que interesan hoy en día a los arqueólogos. En efecto, se trató a menudo de estudios orientados exclusivamente a sitios en particular, no siempre sistemáticos en la recolección de datos, con cortísimas campañas de terreno, mono-disciplinarios en su aproximación y motivados, generalmente, por circunstancias fortuitas más que por problemas de investigación (ver Apéndice). Por tratarse de simples y muy puntuales reconocimientos, distan mucho de ofrecer un cuadro siquiera aproximado de las características e historia de la ocupación humana en el área. A estas circunstancias, se agrega la escasa población que habita actualmente la cuenca, todo lo cual ha contribuido a que el Alto Loa sea considerado de mínimo potencial antropológico y hasta marginal a los desarrollos culturales que tuvieron lugar en el resto del desierto de Atacama.Sin embargo, sus ricas manifestaciones de arte rupestre, sus condiciones ecológicas favorables para la caza, la recolección, el pastoreo y la horticultura, así como también su localización en la cabecera del único río que atraviesa el más seco desierto del planeta, sugieren otra cosa. Y en efecto, estudios preliminares hechos por el autor en un pequeño sector del valle (ver Apéndice) muestran lo siguiente: primero, que la ocupación humana en la cuenca alta del río Loa fue intensa y constante al menos desde 3000 a.C.; segundo, que hay evidencias de contactos culturales con varias regiones de los Andes Centro-Sur, que incluyen el noroeste argentino, el altiplano boliviano y gran parte del norte de Chile; tercero, que las actividades rituales, especialmente aquellas relacionadas con el tráfico de caravanas, las fuentes de agua y provisión de pastos, la minería y el culto de los cerros, fueron de gran importancia (arte rupestre, sitios de “muros y cajas”, etc.); y cuarto, que su actual despoblamiento es solo un fenómeno de los últimos siglos.En otras palabras, nuestras investigaciones preliminares indican que hay buenas razones para pensar que la cuenca alta del río Loa fue en el pasado una importante área para las culturas del desierto, y que hoy en día la escasa población que aún queda, podría brindar la última oportunidad para recabar información acerca de ciertas interrogantes, por ejemplo, acerca de cuáles son las variables ambientales que inciden sobre el tipo de asentamiento o cuáles pudieron ser las causas del despoblamiento.Incidentalmente, ahora último han surgido interrogantes en las áreas vecinas que, directa o indirectamente, implican a nuestra área de estudio (Figura 1). Por ejemplo: ¿De qué modo los complejos culturales identificados en la cuenca del río Salado, Loa Medio, Bajo Loa y Salar de Atacama, integraron a la cuenca alta del río Loa en sus sistemas de asentamientos? ¿Qué papel le cupo a esta área en el tráfico interregional, factor que parece ser clave en el desarrollo cultural del
-114-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAdesierto? ¿Cuál es la identidad étnica y el manejo territorial de los grupos que ocupan la cuenca desde poco antes del arribo de los incas hasta nuestros días? (Núñez 1971; Núñez y Dillehay 1979; Castro et al. 1984; Berenguer et al. 1986; Martínez y Berenguer 1985; Thomas y Benavente, comunicación personal).El proyectoEl proyecto1 propone realizar un sistemático survey arqueológico, etnográfico y botánico de la cuenca alta del río Loa, desde los orígenes de este río y el San Pedro hasta su confluencia en el lugar conocido como Los Encuentros, incluida la localidad de Corichi Viejo. El área a cubrir afecta la forma de una “L” y se extiende a lo largo de 100 km en dirección nortesur y 65 km en dirección este-oeste (Figura 1).Su objetivo principal es obtener información básica que permita identificar problemas de investigación, formular hipótesis y trazar futuras líneas de trabajo, así como también establecer prioridades de salvataje de recursos culturales en peligro de destrucción. Más específicamente, interesa lo siguiente: primero, conocer la distribución espacial de los sitios arqueológicos y etnográficos; segundo, construir una cronología relativa de la ocupación humana, de carácter preliminar; tercero, obtener información etnográfica sobre ocupaciones pasadas y presentes; y cuarto, hacer una zonificación vegetacional de ambos valles (Loa y San Pedro), que permita visualizar posibles variables medioambientales capaces de influir en el tipo de asentamiento desplegado por las sociedades durante el periodo total de ocupación del área.Figura 1: mapa del área de estudio. 1 Participan en el proyecto: José Luis Martínez, del Instituto de Historia de la Universidad Católica, en Etnohistoria y Etnografía; Carolina Villagrán, del Departamento de Biología de la Universidad de Chile, en Botánica; Francisco Gallardo, del Instituto Chileno de Arqueología, en Metodología; y Carole Sinclaire, del Museo Chileno de Arte Precolombino, en Documentación.
ARQUEOLOGÍA-115-ProcedimientosEsta investigación difiere de los anteriores intentos en que es regional en su óptica, sistemática en la recolección de datos, multidisciplinaria en su aproximación, de largo plazo en sus perspectivas y resueltamente orientada a problemas. Su duración es de un año y está dividida en tres etapas: (1) preparatoria, (2) trabajo de campo y (3) procesamiento de datos. La primera etapa o preparatoria (4 meses) es de gabinete e incluye la evaluación de un survey piloto hecho por el autor (ver Apéndice), así como de la información bibliográfica, cartográfica y aerofotogramétrica disponible, con los siguientes objetivos: 1) enunciar una hipótesis sobre la probable naturaleza, distribución y densidad de los sitios arqueológicos y etnográficos en el área total; 2) identificar las variables locales que podrían afectar la probabilidad de descubrimiento de sitios (Redman y Watson 1970; Plog 1976; Schiffer et al. 1978); 3) seleccionar, sobre estas bases, cinco “Unidades Geográficas Operativas” (UGO) susceptibles de muestreo estadístico; y 4) elegir las técnicas de survey apropiadas a cada caso. La segunda etapa o de trabajo de campo (2 meses, con un intervalo de evaluación entre ellos) es la parte principal del proyecto e incluye: 1) un survey arqueológico del 10% de las “Unidades de Muestreo Operativas” (UMO) de cada UGO a través de muestreo sistemático estratificado de unidades no-alineadas, con una intensidad de 50 m (distancia entre los prospectores), registro de información en formularios ad-hoc y registro fotográfico (la recolección de materiales arqueológicos no está contemplada) (Niemeyer 1967b, 1979); 2) un survey etnográfico de toda la información disponible, con entrevistas grabadas, registro de datos en formularios ad-hoc y registro fotográfico, y sin ajustarse, necesariamente, a las UGO del survey arqueológico; y 3) un survey botánico con identificación de especies, clasificación de formaciones vegetales y zonificación vegetacional, hecho a través de cortes perpendiculares al eje de los valles, de preferencia en las UGO’s. La tercera etapa o de procesamiento de datos (6 meses) es de gabinete e incluye lo siguiente: 1) vaciado de la información resultante de los surveys en un catálogo único de sitios prehistóricos, históricos y actuales, ordenados por zonas vegetacionales y tomando en cuenta la información bibliográfica sobre hidrología; 2) elaboración de un cuadro cronológico-cultural preliminar de la ocupación humana en el área de estudio; 3) confección de mapas por periodo cultural y zona vegetacional, con la localización de los sitios; 4) identificación de problemas de investigación (incluyendo recomendaciones para salvataje de sitios), formulación de hipótesis y esbozo de futuras líneas de trabajo; y 5) redacción del informe final.Significado de la investigaciónEl proyecto proporcionará información básica sobre diferentes aspectos relacionados con la ocupación humana en la cuenca alta del río Loa, particularmente sobre sus características e historia, integrando bajo una sola aproximación datos arqueológicos, etnográficos y medioambientales. Proporcionará, además, un catastro de los recursos culturales en peligro de destrucción, rescatará parte de la historia local en una región que experimenta una pérdida de sus tradiciones y un agudo despoblamiento, y ofrecerá cierto nivel de respuesta a algunas de las interrogantes que han surgido últimamente sobre nuestra área en otras inmediatamente vecinas. Una vez finalizado el proyecto, la información procesada permitirá diseñar un futuro programa de investigación de largo plazo, con diferentes proyectos que estudiarán problemas más específicos y con mayor profundidad.
-116-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAApéndiceDiscusión bibliográfica Tal como dijimos en la Introducción, entre 1938 y 1970 doce especialistas incursionaron en la cuenca alta del río Loa, descubriendo una treintena de sitios arqueológicos, haciendo algunas observaciones etnográficas y dejando constancia de ello en 15 publicaciones. Latcham (1938) dio a conocer el hallazgo de un cementerio en Conchi Viejo, describiendo en términos someros materiales que hoy atribuiríamos al complejo San Pedro, unos entierros similares a los de Turi Norte y algunos artefactos del periodo incaico; no especifica la localización precisa de los hallazgos. Ryden (1944) describe tres grupos de arte rupestre y un sitio habitacional en Taira; es preciso en la localización de los sitios y en la descripción de los paneles, pero no profundiza el estudio por falta de tiempo. Le Paige (1958) menciona petroglifos en Santa Bárbara, arte rupestre y material lítico en la Cueva de la Damiana; no es preciso en la localización de los sitios y sus descripciones son demasiado generales. Mostny (1964, 1969; Mostny y Künsemuller 1960a, 1960b) realiza un reconocimiento arqueológico entre la quebrada de Quinchamale y Lequena, descubriendo más de una docena de sitios prehistóricos e históricos, ofreciendo además interpretaciones del arte rupestre, particularmente de los estilos que hoy en día conocemos como Taira y La Isla; la localización de los sitios es relativamente precisa. Spahni (1961) da a conocer varios recintos habitacionales, corrales y sitios de arte rupestre; no precisa localización y las descripciones son demasiado generales. Tolosa (s.f.) menciona varios sitios de arte rupestre; no precisa localización ni detalles. Núñez (1964) publica la fotografía de un petroglifo de Santa Bárbara que interpreta como un personaje “sacrificador” y que hoy sabemos pertenece al estilo Santa Bárbara; no precisa localización y tampoco ofrece mayores detalles. Niemeyer (1967a) descubre petroglifos y pictografías aguas abajo de Taira, algunas de las cuales atribuye al estilo de ese nombre; es preciso en la localización, describe los paneles en forma detallada, proporciona buenos dibujos de ellos y establece correlaciones con otras manifestaciones de arte rupestre. Orellana (1968) descubre un taller lítico en Galina (Los Encuentros) y describe preliminarmente el material recolectado allí; es preciso en la localización y establece correlaciones culturales con otras industrias líticas de la región. Lindberg (1969) describe una capilla y ocho casas en Conchi Viejo, hace algunas consideraciones etnográficas sobre esa aldea y descubre petroglifos, pictografías y piedras-tácita en la quebrada de Quinbhamale y en el lugar conocido como La Bajada; sus observaciones etnográficas son muy someras, no es precisa en la localización de los hallazgos arqueológicos y sus dibujos de arte rupestre son en extremo esquemáticos. Finalmente, Pollard (1970) menciona un par de sitios arqueológicos en Santa Bárbara, que atribuye al complejo Vega Alta; no es preciso en la localización y tampoco describe los materiales. El área de estudio ha sido visitada en diversas ocasiones por otros investigadores, pero estos se han limitado a reconocer el terreno sin publicar sus observaciones. Trabajo adelantado Nuestro principal adelanto, en términos de los objetivos de este proyecto, es la prospección de 1972-1973, la que explícitamente tuvo el carácter de “survey piloto” para futuras investigaciones (Berenguer et al. 1975: 62 y 75). Precisamente sobre esa base se ha estado estudiando el arte rupestre; el que ya cuenta con una secuencia construida a modo de hipótesis de trabajo y con un estudio específico de sitios con estilo Kalina y Taira, que ha incluido excavaciones, dataciones absolutas y, en el caso del sitio principal de Taira, una interpretación de su imaginería (Berenguer y Martínez 1986a, 1986b; Berenguer et al. 1986)
ARQUEOLOGÍA-117-Aunque de escasa cobertura (30 km entre Catuncalla y la línea del ferrocarril Antofagasta-Bolivia), asignamos a esa prospección un importante valor para el diseño de nuestra investigación, por cuanto los 140 sitios descubiertos en aquella ocasión permiten derivar una hipótesis sobre la densidad, distribución y tipo de sitios en el resto del área de estudio, la que es mucho más extensa. Más aún, la prospección de 1972-1973, si bien considerablemente más reducida en superficie, tiempo y recursos que la que planeamos hacer, nos entregó una experiencia concreta justamente en el género de trabajo que se llevará a efecto en este proyecto. Por otra parte, nuestras campañas de terreno de 1972, 1973, 1980, 1982, 1984 y 1985, ninguna de ellas inferior a una semana y en un caso hasta de un mes de duración, han sido vitales para planificar ciertos aspectos logísticos de la etapa de trabajo de campo. Las investigaciones hechas por el autor en esta y otras áreas vecinas después de aquel survey piloto, han sido importantes para generar criterios de adscripción cultural y/o cronológica. En este mismo sentido, los trabajos etnográficos y etnohistóricos de Martínez (1985a, 1985b, 1985c), las investigaciones etnobotánicas de Villagrán y colaboradores (1981; Aldunate et al. 1983) y las experiencias metodológicas en surveys arqueológicos de Gallardo y Cornejo (1986), constituyen también adelantos decisivos para este proyecto.ReferenciasAldunate, C., J. Armesto, C. Villagrán y V. Castro 1981. Estudio etnobotánico en una comunidad precordillerana de Antofagasta: Toconce. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural 38: 183-223. Aldunate, C., J. Berenguer y V. Castro 1983. Estilos de arte rupestre en el Alto Loa. Creces 4(3): 21-28. Berenguer, J. y J. L. Martínez 1986a. El río Loa, el arte rupestre de Taira y el mito de Yakana. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino 1: 79-99.Berenguer, J. y J. L. Martínez 1986b. Landscape, rock art and myth in the Atacama Desert: decoding Taira’, Learning from art about the cultural relationships between humans and animals. En The World Archaeological Congress, editado por M. Maltby y H. Morphy. Allen & Unwin, Londres.Berenguer, J., F. Plaza, L. Rodríguez y V. Castro 1975. Reconocimiento arqueológico del río Loa Superior, Sector Santa Bárbara. Boletín de Prehistoria de Chile 7/8: 59-98.Berenguer, J., A. Deza, A. Román y A. Llagostera 1986. La secuencia de Myriam Tarragó para San Pedro de Atacama: Un test por termoluminiscencia. Revista Chilena de Antropología 5: 17-54.Castro, V., C. Aldunate y J. Berenguer 1984. Orígenes altiplánicos de la Fase Toconce. Estudios Atacameños 7: 159-178. Gallardo, F. y L. Cornejo 1986. El diseño de la prospección arqueológica: un caso de estudio. Chungara, Revista de Antropología Chilena 16/17: 409-420.Latcham, R. 1938 Arqueología de la región Atacameña. Prensas de la Universidad de Chile, Santiago.Le Paige, G. 1958. Antiguas culturas Atacameñas en la cordillera Chilena. Época paleolítica. Revista Universitaria43(22):139-165.Linberg, I. 1969. Conchi Viejo: una capilla y ocho casas. En Actas del V Congreso Nacional de Arqueología, pp. 59-74. DIBAM, La Serena. Martínez, J. L. 1985a. Información sobre el comercio de pescado entre Cóbija y Potosí, hecha por el Corregidor de Atacama, don Juan Segura (19 de julio de 1591). Cuadernos de Historia 5: 161-171. Martínez, J. L. 1985b. Adaptación y cambio en los atacameños. Los inicios del periodo Colonial, siglos XVI y XVII. Revista Andes 3: 9-25. Martínez, J. L. 1985c. La formación del actual pueblo de Toconce (S. XIX), Chungara, Revista de Arqueología Chilena 15: 99-124.
-118-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAMartínez, J. L. y J. Berenguer 1985. Sobre la problemática étnica en la región Atacameña. Trabajo presentado al 1 9 Congreso de Antropólogos de Chile. Mostny, G. 1964. Los petroglifos de Angostura. Sonderdruck Zeitschrift für Ethnologie Band 89(1): 51-70. Mostny, G. 1969. Las ideas mágico-religiosas de los atacameños. Boletín del Museo Nacional de Historia Natural 30: 129-146. Mostny, G. y G. Kunsemüller 1960a. Informe preliminar de la expedición al río Loa Superior, 1a. Parte. Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural 44: 5-6. Mostny, G. y G. Kunsemüller 1960b. Informe preliminar de la expedición al río Loa Superior, 2da. Parte. Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural 45: 5-6. Niemeyer, H. 1967a. Un nuevo sitio de arte rupestre en Taira, río Loa Superior. Revista Universitaria 52: 159-164. Niemeyer, H. 1967b. Estudio de la contaminación del río Loa (entre Lequena y Calama). Ministerio de Obras Públicas y Transportes, Santiago. Niemeyer, H. 1979. Estudio de la racionalización del área de riego del río Loa, II Región. Ministerio de Obras Públicas, Santiago. Núñez, L. 1964. El sacrificador. Un elemento co-tradicional andino. Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural 96:1-7. Núñez, L.1971. Secuencia y cambio en los asentamientos humanos de la desembocadura del río Loa en el norte de Chile. Boletín de la Universidad de Chile 112: 4-25. Núñez, L. y T. Dillehay 1979. Movilidad giratoria, armonía social y desarrollo en los Andes Meridionales: patrones de tráfico e interpretación económica. Universidad del Norte, Antofagasta.Orellana, M. 1968. Un nuevo yacimiento lítico en el norte de Chile. Boletín de Prehistoria de Chile 1: 93-97. Plog, S. 1976. Relative efficiencies of sampling techniques for archaeological surveys En The Early Mesoamerican Village, editado por K. Flannery. pp. 136-158, Academic Press Inc., Nueva York.Pollard, G. 1970. The cultural ecology of ceramics stage settlement in the Atacama Desert. Unpublished PhD. Dissertation, Columbia.Redman, C. y P. Watson 1970. Systematic intensive surface collection. American Antiquity 35: 279-291. Schiffer, M., A. Sullivan y T. Klinger 1978. The design of archaeological surveys. World Archaeology 10(1): 1-28. Ryden, S. 1944. Contribution to the Archaeology of the Rio Loa Region. Elanders Boktryckeri Aktiebolag, Gotemburgo. Spahni, J. 1961. Los petroglifos del desierto de Atacama. Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural61: 6-7.Tolosa, B. s.f. Pictografías rupestres. Antofagasta. Manuscrito. Villagrán, C., M. Kalin y J. Armesto 1981. Vegetation in a high Andean transect between Turi and Cerro Leon in Northern Chile. Vegetatio 48: 3-16.
ARQUEOLOGÍA-119-Estructuras líticas y algunas evidencias relacionadasClaudio Castellón Jefe Unidad Museos del Salitre, Ilustre Municipalidad de María Elena, María Elena, Chile.El propósito de este trabajo es demostrar la funcionalidad de una serie de estructuras líticas, descubiertas en la comuna de María Elena (II Región) y describir algunos artefactos alfareros asociados a ella1. Los argumentos que aquí se desarrollan se han analizado con la profesora Bente Bittmann von Holleufer (1984). Además, se adjunta una importante información referente a los túmulos del sur peruano, recopilada por Alberto Rossel Castro. Desgraciadamente, y por problemas de espacio, no se puede incluir, pero los interesados pueden solicitar esta monografía a la Ilustre Municipalidad de María Elena.Las prospecciones del sector Pampa San Martín 2, situadas al suroeste de la oficina María Elena, entre la latitud 22°20’ sur, y longitud 69°35’ oeste, posibilitaron la detección de una serie de estructuras líticas. Estas se ubican en diversos tipos de terrenos, ya sean sectores de faenas extractivas mineras o cercanas a ellas, y en donde abundan las quebradas, las explanadas, lomas y cerrilladas, en todas estas formaciones se erigieron las estructuras, por estas razones se atribuyó inicialmente un origen minero reciente o actual. Revisiones posteriores a senderos y rutas de data prehispánica, de la misma área, posibilitaron asociar ambas evidencias, apoyados además por acciones sistemáticas que permiten a la fecha, a la luz de la información local disponible, descartar una relación minero-estructura y proponer una relación alternativa entre estructuras-tráfico de caravanas, la que constituye la hipótesis de este trabajo. Muchas de las estructuras se encontraron alteradas, pero conservando a pesar de ello, algunos elementos que indudablemente habían sido parte integrante de estas construcciones. El estudio de los vestigios superficiales de varias de ellas, invariablemente aportan: cuentas de collar de turquesa y liparita, restos de fauna ictiológica y malacológica, y una gran cantidad de fragmentos de alfarería. Si se asume la proposición que dichas estructuras habían servido como depositarias de una variedad de objetos al parecer equivalentes o comparables, cabe plantearse ¿Por qué se erigieron tales construcciones en este sector?La búsqueda de una hipótesis válida a esta interrogante, lleva a establecer una relación significativa entre estructuras, litología, tráfico y medio ambiente adverso, sostenida básicamente en la adaptación de un modelo desarrollado, utilizando información de William Bollaert quien, a partir de una serie de crónicas recopiladas en el siglo XIX, nos da una pauta útil para entender la relación que nos ocupa. Como asimismo los valiosos testimonios dejados por otros cronistas tales como: Joseph de Acosta, Cristóbal de Molina y Garcilaso de la Vega. 1 Se debe señalar que nada de lo que continúa, hubiera sido posible sin el sólido respaldo del Jefe Comunal, doctor Gonzalo Pinto Flores, quien a través del Departamento de Administración de Educación Municipal, patrocinó decididamente las investigaciones de todo carácter que conduzcan a un mayor conocimiento del pasado, presente y futuro de su jurisdicción, y que en este caso se ha personificado en el profesor Víctor Vega Zepeda, Coordinador Comunal Técnico Pedagógico, incansable buscador de respuestas, e invaluable compañero de largas prospecciones tras el origen y funcionalidad de las estructuras líticas, cuyo estudio hoy se aborda.
-120-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAEn este mismo orden de idea, si se establecen las analogías entre los componentes testimoniales de los cronistas y las circunstancias de tráfico por el desierto salitrero, se puede puntualizar que: a) El desierto regional, que constituye la llamada depresión intermedia, entre la precordillera andina y la costa, al este y oeste respectivamente, y considerado entre los más áridos del planeta, fue indudablemente un serio obstáculo para las diferentes etnias que traficaron intensamente por este sector. b) Las evidencias detectadas hasta hoy, nos indican un desplazamiento de caravanas que se desplazaban en forma paralela al río Loa, dado que su flora y fauna, ambas escasas, junto al agua eran obviamente el único medio de sustento in situ, para el hombre y sus animales de carga. c) Este recorrido no se realizaba necesariamente hasta alcanzar la desembocadura del Loa en el Pacífico. d) Los senderos que cruzan el actual sector salitrero, entre el Loa a la altura del área de Chacance, y el cerro de Colupo, cuya altura superior a los 2.300 msnm, aún constituye un adecuado punto de referencia para ubicar las quebradas de fácil acceso a la costa. Por lo demás, traficar por este sector, les acortaba enormemente su viaje, reduciendo a unos 102 km, un trayecto de aproximadamente 450 km, al atacarlo bordeando el Loa hasta su desembocadura y alcanzando igual punto de la costa.Interpretación de los ModelosFigura 1: modelo desarrollado utilizando información de Cristóbal de Molina, El Almagrista (1895: 453), y que se menciona en la publicación “Noticias Antropológicas de la Costa del Norte Grande del desierto de Atacama y de la Provincia de Tarapacá-Chile” por William Bollaert, cuya introducción, traducción y notas fue realizado por Bente Bittman, Julio Carmona y Raúl Mavrakis. En la página 27, nota 51, tercer párrafo dice: “muchos autores de la época colonial y después han tratado de las ‘Apachitas’ e ‘Apacheta’”. Una de las referencias más antiguas proviene del propio Cristóbal de Molina:Y cada vez que pasan por algún puerto de nieve o frío que encumbran, tiene allí por huaca y adoración y señal de que la hay, un montón de piedras, y en muchas partes puestas muchas saetas ensangrentadas y ofrecen allí algunos pedazos de plata, y otros tiran de las cejas y pestañas algunos cabellos y los ofrecen con gran reverencia; y tienen por costumbre de caminar por allí muy calladamente, no usan hablar porque dicen si hablan se enojarán los vientos y echarán mucha nieve y los matarán […].En esta nota podemos distinguir tres motivos específicos que dieron origen a las estructuras en la zona andina: (1) tráfico, evidenciado por “y cada vez que pasan por algún”, “y tienen por costumbre de caminar por allí”; (2) liturgia, “tienen allí por huaca y adoración y señal de que la hay; un montón de piedras [estructuras], “y ofrecen allí de lo que llevan”; (3) medio ambiente adverso, “y cada vez que pasan por algún puerto de nieve o frío que encumbran”, “si hablan se enojarán los vientos y echarán mucha nieve y los matarán”.
ARQUEOLOGÍA-121-Figura 1: modelo desarrollado utilizando información de Cristóbal Molina, El Almagrista (1895: 453).Es evidente que en esta breve crónica, se aprecia la protección que el hombre agradece mediante la entrega de ofrendas, lo cual en algunos casos dio origen a ‘estructuras depositarias’.El jesuita Joseph de Acosta (1940: 224) también registra estos montículos de piedras: Más en los indios especialmente de Perú, es cosa que saca de juicio la rotura y perdición que hubo en estos: Porque adoran los ríos, las fuentes, las quebradas, las peñas o piedras grandes, las cumbres de los montes que ellos llaman “Apachitas” y lo tienen por cosa de gran devoción; finalmente cualquier cosa de naturaleza que le parezca notable y diferente de las demás, la adoran como reconociendo allí alguna particular deidad... A este tono cualquier cosa que tenga extrañeza entre las de su género, les parecía que tenía divinidad, hasta hacer esto con pedrezuelas, metales, y raíces y frutos de la tierra, como en las raíces que ellos llaman papas, hay unas extrañas a quien ellos ponen nombre llallahuas. Usan cuando van caminando echar en los mismos caminos o encrucijadas, en los cerros, y principalmente en las cumbres que llaman “Apachitas”, calzados viejos y plumas, coca mascada, que es una yerba que mucho usan, y cuando no pueden, una piedra, y todo esto, como ofrenda para que les dejen pasar y les den fuerza, y dicen que las cobren con esto, como se refiere en un concilio del Piru. Y así se hallan en esos caminos muy grandes montones de estas piedras ofrecidas, y de otras inmundicias dichas... Otra ofrenda no menos curiosa usan, que es tirarse las pestañas o cejas, y ofrecerlas al sol, o a los cerros apachitas, a los vientos y a las cosas que temen [...].Nuevamente apreciamos una clara relación entre tráfico, liturgia y medio ambiente. Demostrando una vez más la funcionalidad de estas construcciones líticas.Por su parte, Garcilaso de la Vega (1960: 57) informa que los españoles daban el nombre de apachitas a las cumbres de las cuestas muy altas, y las consideraban dioses de los indígenas. Garcilaso explica el verdadero significado de estas costumbres, anotando que apachita es nombre corrupto y no debía decirse así, sino “Apachecta”, que quiere decir al que hace llevar, sin decir quién es ni declarar qué es lo que hace llevar:Quiere decir “demos gracias y ofrezcamos algo al que hace llevar estas cargas, dándonos fuerzas y vigor para subir por cuestas tan ásperas como esta”. Nunca lo decían sino cuando estaban ya en lo alto de las cuestas, y por esto dicen los historiadores españoles,
-122-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAque llamaban apachitas a las cumbres de las cuestas, entendiendo que hablaban con ellas, porque allí les oían decir esta palabra “Apachecta”, y no entienden lo que quiere decir, dándoselo por nombre a las cuestas. Entendían los indios, con lumbre natural, que se debían dar gracias y hacer alguna ofrenda al “Pachacamac”, dios no conocido que ellos adoraban mentalmente, por haberles ayudado en aquel trabajo. Y así, luego que habían subido la cuesta, se descargaban, y alzando los ojos al cielo y bajándolos al suelo y haciendo las mismas ostentaciones de adoración que atrás dijimos para nombrar a ‘Pachacamac”, repetían dos, tres veces el dativo “Apachecta”, y en ofrenda se tiraban de las cejas y, que arrancasen algún pelo o no, lo soplaban hacia el cielo y echaban la yerba llamada coca, que llevaban. Y a más no poder ni tener otra cosa mejor, ofrecían algún palillo o algunas pajas, si las hallaban por allí cerca, y no hallándolas, ofrecían un guijarro, y, donde no lo había, echaban un puñado de tierra. Y de estas ofrendas había grandes montones en las cumbres [...].La descripción que hace Garcilaso de la Vega es clara y precisa con respecto a este acto litúrgico, en el cual, al igual que en los otros fragmentos citados, la relación antes mencionada se mantiene íntegramente.Figura 2: este es una analogía del modelo anterior, desarrollado en base a información y evidencias recopiladas en las estructuras descubiertas en la comuna de María Elena.Apreciamos que la relación “tráfico-liturgia (estructuras) y medio ambiente”, se nos presenta con las mismas características que en la zona andina, existiendo variantes solamente en el aspecto tipológico de las estructuras y climático, pero las evidencias demuestran que cumplieron la misma funcionalidad y finalidad de ser depositarias de una ofrenda. Por lo cual se plantea la hipótesis de que las construcciones líticas, existentes en la comuna de María Elena, habrían cumplido una función similar a las apachectas, descritas por Bollaert.Figura 2: Analogía del modelo anterior, desarrollado en base a información recopilada por el autor, en las estructuras descubiertas en la comuna de María Elena. Pero se debe aclarar que el término “apachecta”, según los cronistas, encierra un significado de tipo litúrgico, pero en ningún caso para identificar o denominar una determinada forma física de las estructuras u ofrendas. Según Garcilaso de la Vega, dice que los historiadores españoles las llamaron “apachitas”, porque allí les oían decir esta palabra que quiere decir: “demos gracias y ofrezcamos algo’’. Esto evidenciaría que tanto las estructuras con forma “piramidal”, producto
ARQUEOLOGÍA-123-del acumulamiento de ofrendas realizados por traficantes andinos prehistóricos y más recientes, entre el altiplano y los oasis occidentales (Núñez 1976), y las estructuras con forma de “túmulos, circulares y de pequeños recintos (Silo)”, halladas en María Elena, habrían cumplido iguales roles litúrgicos (Figura 3).Comentario sobre evidencias alfarerasAunque la mayoría de los testimonios que aquí se mencionan son de procedencia etnohistórica, es probable que las estructuras líticas halladas en la comuna de María Elena sean de una clara tradición prehispánica. Esto lo evidenciarían algunos fragmentos alfareros y otros objetos hallados en las estructuras o asociados a ellas. Pero para entender esta relación entre estructuraalfarería, hemos aplicado el principio de asociación que manifiesta: que es la pauta sobre la cual se sustenta el quehacer arqueológico. Su expresión física es el contexto, es decir, el conjunto de ‘elementos y rasgos’ que aparecen juntos, entendiendo como elemento a los restos materiales (un ceramio, un cadáver, una cista, una construcción, etc.) y como rasgos a los aspectos formales que particularizan su comportamiento. Consecuentemente, la identificación de la relación entre elementos y rasgos, su medición y registro, definen un contexto (Lumbreras 1982).En base a este principio hemos estimado una cronología tentativa para varias de las estructuras con evidencias alfareras o asociadas a ellas “Recorriendo una buena extensión de esta ruta, no logramos ubicar absolutamente ninguna estructura lítica. Lo que probablemente nos evidenciaría que estas manifestaciones religiosas, ya prácticamente habrían desaparecido en los últimos traficantes, probablemente por la intromisión del cristianismo, que produjo modificaciones en los ritos y seguramente por lo expedito que se tornaron los viajes por esta zona desértica.Figura 3: Tipos de estructuras líticas a partir de la evidencia de Maria Elena. Diseño del autor.
-124-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAConclusionesAunque esta ponencia solo tuvo la finalidad de poner en conocimiento de los investigadores y entendidos, una serie de informaciones relacionadas con el estudio de unas estructuras líticas descubiertas entre el río Loa medio y la costa, no es menos importante concluir lo siguiente:a) Que la relación tráfico-estructura y medio ambiente adverso, se mantiene tanto en el área andina como en la depresión intermedia.b) Que las estructuras halladas en la comuna de María Elena, no se erigieron en la cima de los cerros, pero sí en áreas donde el tráfico se hace sumamente sacrificado.c) Que las estructuras líticas cumplieron de una u otra forma la finalidad de ser depositarias de una serie y variados elementos ofrendas.d) Que el medio ambiente adverso embargó en una gran preocupación a estos traficantes, quienes lógicamente tienen que haber implorado algún tipo de protección divina a las diferentes deidades que idolatraban, a quienes les retribuían mediante la entrega de ofrendas que se materializaron levantando estas construcciones líticas, para posteriormente depositar en su interior los objetos “de gracias que ellos llevaban consigo”, por haber logrado vencer este medio ambiente tan adverso como lo es el desierto regional, y específicamente el sector comprendido entre el Loa y la costa.e) Las evidencias asociadas nos permiten al menos sostener una cronología tentativa, para varias de las estructuras, que abarcaría desde el siglo II d.C. al VIII d.C.f) Durante el último cuarto del siglo XIX d.C. estas manifestaciones litúrgicas prácticamente desaparecieron, dentro de las costumbres de los arrieros andinos, aunque en los mismos lugares que ocupaban las estructuras, hoy se erigen las cruces del cristianismo.g) En conversaciones sostenidas con investigadores de San Pedro de Atacama, se nos ha informado, que alfarería con estas características de color, no han sido halladas en esa zona, por lo que probablemente podría tratarse de alguna manifestación alfarera local.ReferenciasAcosta, J. de 1940. Historia natural y moral de las Indias. Fondo de Cultura Económica, México DF. Bittmann, B. 1984. Simposio culturas atacameñas. Universidad del Norte, Antofagasta.De la Vega, G. 1960. Obras Completas del Inca Garcilaso de la Vega. Biblioteca de Autores Españoles CXXXII, Madrid. Lumbreras, L. 1982. La arqueología científica social. Gaceta Arqueológica Andina 4/5: 3-10.Molina, C. 1895. Conquista y población del Perú. Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, Santiago.Núñez, L. 1976. Geoglifos y tráfico de caravanas en el desierto chileno. En Homenaje al Dr. R.P. Gustavo Le Paige, editado por H. Niemeyer, pp. 147-201. Universidad del Norte, Antofagasta.
los comuneros-habitantes acordaron y nombraron a los sargentos, quienes realizarían un papel muy importante como guías o maestros, quienes llevarían un lazo o varillas de ramas vegetales con el que castigarían a los bailarines que se porten mal o no respeten las reglas del juego.Los sargentos, con el mando absoluto en hacer cumplir todo el desarrollo tradicional de las danzas rituales y sus coreografías, los guías para imponer orden y respeto en las filas y rondas de todos los participantes, cada uno de ellos portadores de lazos y ramas ya cada momento llaman la atención y castigan a las personas que no hagan uso debido de las reglamentaciones, como, por ejemplo, portándose mal o simplemente por imprudentes.También se nombrará a una persona que estará a cargo de tocar las campanas, en los momentos más importantes del desarrollo de cada ceremonial, durante los días de fiesta. También hay otras comisiones que estarán al servicio y distribución de las bebidas: Aloja, chicha de algarrobo, chicha de maíz, vino y gaseosas, todos estos detalles y otros estarán considerados, porque el desarrollo del proceso es bastante extenso y agotador y de inmediato se anuncia la primera señal con el toque de una campanada. Y a la tercera llamada de repiques de campanas se dará comienzo a la festividad de la danza ritual de los cuartos.Los conjuntos de sikuris y programaciones musicalesContinuamente se siente el sonar del bombo, con un eco en toda la quebrada del pueblo, y continuaba sonando, sin duda era el director o jefe de los músicos que estaba llamando a todos sus músicos a reunirse en la casa del alférez, ya se estaba dando la segunda ceña, muchos de los músicos fueron a almorzar a sus casas y refrescarse un poco, pronto se van reuniendo, ya los directores están casi listos para partir con rumbo a la plaza, conforme van llegando los integrantes, se les va informando y recordando sobre la programación a realizarse en la plaza, se ordena formar fila y al compás de una vieja marcha, caminan en torno, por las calles del este, derecha del pueblo con rumbo a la plaza.Al ritmo de los Sikuris y al compás del bombo, y al son de campanas, hacen su entrada a la plaza, del pueblo faltando minutos para que se dé comienzo a los ritos ceremoniales de los cuartos en el calvario de la plaza del pueblo.Ritos ceremoniales en el calvario de la plazaYa las personas encargadas y asesoradas por los pobladores y esclavos, han sacado y ordenado toda la cantidad de reses cuartos y con mucho cuidado fueron puestos en el “calvario central” de la plaza, formando una mesa-altar al pie de la cruz. Las autoridades del pueblo ya se encuentran ubicadas en los asientos frente a la mesa-altar.Justo en ese momento, se da el toque a la última campanada, y con esta señal se da comienzo al gran rito ceremonial de los “Cuartos”, momentos previos al desarrollo de la danza tradicional en el día de la virgen Santa Ana. Pero vamos por partes, mientras los músicos siguen de lleno en la programación con ritmos alegres de trotes y dianas y los presentes acompañan en la gran “sukuriadas”, paralelamente a esta se realiza la Conclusiones mesa redonda Arqueología de El Loa
CONCLUSIONES MESA REDONDA ARQUEOLOGÍA DE EL LOA-127-Esta mesa, dedicada a la arqueología de El Loa, conoció doce ponencias que analizaron principalmente:a) Estudios de las investigaciones efectuadas en la región.b) Estudios de las colecciones de museos y de los centros de investigaciones de la región y aspectos sobre la restauración de monumentos arqueológicos de esta.Estos trabajos expresaron no solo el estado actual de las investigaciones, sino que dieron a conocer los antecedentes históricos de ellas, como también las líneas de desarrollo futuro. En especial, se puso énfasis en los aspectos técnicos de las investigaciones arqueológicas prehispánicas, en las diferentes interpretaciones que usan los arqueólogos para comprender mejor los restos culturales del pasado.Luego de intensos debates referidos a problemas específicos de la disciplina arqueológica y a sus relaciones con la comunidad presente, los participantes a la Mesa Redonda hacen las siguientes recomendaciones al Plenario del I Simposio Patrimonio Cultural de El Loa:a) Se estima fundamental que la comunidad regional en general, y en especial los jóvenes que se están formando, reciban conocimientos sobre el pasado social y cultural prehispánico, en cuanto este es muy importante para una mejor comprensión del presente. Esta educación debe efectuarse en las diferentes instituciones educacionales que existen en la provincia de El Loa; lo que implica que los organismos regionales especializados pidan reformas en los programas de estudio (o pidan autorización para agregar nuevas materias) en las disciplinas sociales (Historia, Geografía, Economía, etc.), lo que permitirá el estudio de las culturas prehispánicas del norte de Chile. Además, esta enseñanza tiene que hacerse acompañada de actividades de apoyo, fuera del aula, visitando la región, los monumentos y ruinas arqueológicas más importantes, como así mismo los museos existentes, etc.b) Se enfatiza el valor de los museos regionales, los museos de sitio y de los grupos de investigadores relacionados con ellos.c) Se recomienda a diferentes grupos de la comunidad cultural y social, especialmente profesionales, que apoyen los trabajos arqueológicos y antropológicos en general.d) Se insiste en el valor de los trabajos de restauración, en la formación universitaria de los restauradores y en la relación de estos con los antropólogos, arqueólogos e historiadores.e) Se recomienda la formación de grupos interdisciplinarios para investigar la región.f) Se recomienda que diferentes regiones, y de forma muy específica a las municipalidades y otras instituciones propias de ellas, perfeccionen los esfuerzos porque exista respeto por el pasado social y cultural y por las investigaciones de este.g) Se recomienda que algunas tendencias muy recientes de la arqueología se apliquen en la provincia de El Loa; así por ejemplo, hacer uso de las técnicas arqueológicas para estudiar ruinas históricas del siglo XIX y XX (pueblos y campamentos mineros abandonados, etc.). Estos estudios y restauraciones de los sitios permitirán, además, hacer el estudio de la historia de las tecnologías usadas en la región a partir del auge de la minería. Igualmente,
-128-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAla arqueología aplicada al servicio del desarrollo social del presente, debiendo ser estimulada por los organismos universitarios y de gobierno de la región.h) Se recomienda, debido al éxito que han tenido estas jornadas en Calama, que otras regiones y municipalidades, programen reuniones del mismo tema. También se recomienda la publicación de los estudios presentados a este primer simposio, puesto que el conocimiento de ellos, y de las recomendaciones que se han aprobado, deben ser socializados entre los organismos de gobierno regional y nacional. Solo así las municipalidades progresistas, como la que patrocinó este evento, pueden contribuir con la ayuda necesaria para enriquecer las políticas de su patrimonio cultural. Se sugiere que debido al éxito de este primer simposio y por todas las valiosas contribuciones, que en el próximo año se efectúe un nuevo Simposio del Patrimonio Cultural de El Loa, para evaluar lo efectuado y continuar programando políticas y acciones para el futuro próximo.i) Finalmente, por acuerdo unánime de los miembros de esta mesa redonda, felicitan a los organizadores de este evento, no olvidando a nadie que haya trabajado en su organización y puesta en marcha.
-129-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAHISTORIARelator: Juan Panadés
HISTORIA-131-Perfil histórico de Calama: 1924-1934María Teresa Ahumada Facultad de Ciencias Humanas, Universidad del Norte, Antofagasta, Chile.El presente trabajo “Perfil histórico de Calama: 1924-1934”, se enmarca en el propósito de romper el carácter nuclear en torno al Chile Central que tiene la Historia de Chile y darle una mayor gravitación a la presencia regional, a fin de que la Historia tenga una connotación nacional.En este sentido, el norte en general y la II Región en particular tienen mucho que aportar, es por ello que nuestro quehacer orientado por la línea que nos señalaron nuestros maestros: don José María Casassas, don Adolfo Contador y doña Bente Bittmann, entre otros, está encaminado a propender el conocimiento, defensa y conservación de lo que constituye el pasado cultural de la región.En este intento de aproximación al pasado local, dos aspectos nos han llamado la atención poderosamente, por la fuerza con que han marcado su impronta:a) La figura del hombre del norte, imagen de vigor, tenacidad, individualismo y voluntad férrea. b) La figura del Cabildo, expresión de la tradición comunitaria de viejo cuño hispano colonial cristiano, capaz de impedir que el vigor individualista y creador del primero, se transforme en egoísmo estéril.El municipio ha sido en los inicios de las ciudades de la II Región, la institución organizadora de todos los servicios públicos, ningún aspecto le fue ajeno: salud, higiene, educación, urbanización, abastecimiento, industria, etc.De tal suerte que se puede sostener que estas ciudades se han desarrollado en torno a: 1) esta institución, la que ha sido tradicionalmente expresión de la voluntad comunitaria y 2) a la iniciativa y empuje de algunos particulares que, venidos del Norte Chico, de otras zonas del país y del extranjero, fundieron su sangre y su espíritu en estas tierras.La tarea de intentar aproximarnos al pasado regional exige la puesta en práctica de una rígida metodología y largo proceso de sistematización de la información; así mismo, implica un trabajo serio en los archivos regionales, a fin de conocer el material que contienen: iconográfico, documental, cartográfico, colecciones de prensa, impresos, etc., de esta manera facilitar la elaboración de trabajos monográficos que nos permitan desarrollar la gran empresa de escribir la Historia de estas ciudades y su contexto regional.Otra institución que sin lugar a dudas ha jugado un papel trascendental en el norte ha sido la Iglesia, institución que por la continuidad de su quehacer permite, a través de sus archivos, obtener información con una frecuencia informática estable.Volviendo al trabajo que hemos presentado en este simposio, el solo pretende constituir un modesto aporte al conocimiento del pasado de Calama, destacando como en la década de 1924 a 1934 la ciudad se equipa y crece en su desarrollo urbano, gracias a la iniciativa del municipio y de algunos particulares y juntos lograron consolidar su crecimiento.
-132-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAPerfil histórico de Calama: 1924-1934El propósito de recrear parte del pasado del norte constituye un desafío que asumimos con el objeto de aproximarnos a ese pasado para, aún a riesgo de no poder recrearlo en su integridad, perfilar al menos la figura del hombre del norte, prototipo de vigor, tenacidad, individualismo y férrea voluntad, así como la imagen del municipio, institución que es la expresión de la tradición comunitaria, herencia hispano-colonial, capaz de controlar el individualismo y de dar cauce al empeño creador del pionero nortino.Este propósito tiene plena validez histórica, tal vez que solo nos motiva el ideal de darle a nuestra historia un carácter propiamente nacional, capaz de superar el marco nuclear en torno al Chile Central, y otorgarle a la historia regional su real dimensión. La tarea exige gran rigurosidad metodológica, un serio y largo proceso de sistematización de la información rastreada e incontables cotejos de datos, fechas y antecedentes, pues trabajar en el contexto regional conlleva no solo desafiar la falta de hábitos históricos, sino la carencia de fuentes de fácil acceso.Calama ha sido, desde tiempos prehispánicos, un centro vinculado a la minería y muy particularmente al yacimiento cuprífero de Chuquicamata, a raíz del desarrollo del cual Calama experimentó a su vez, la consolidación como núcleo urbano.Hacia 1924, la mayor parte de su población estaba compuesta por bolivianos; el comercio operaba preferentemente en manos de yugoslavos, españoles, sirios, chinos y en muy escaso número de chilenos.Los servicios públicos, específicamente los relacionados con la higiene de la población, eran deficientes, puesto que se carecía de alcantarillado y otros servicios inherentes. Las calles no estaban pavimentadas, pero el servicio de luz eléctrica era bueno.Frente a tal realidad, el Municipio siempre manifestó su preocupación. Incluso, en 1924, realizó gestiones ante el Senado, con el objeto de que los fondos asignados por ley para el arreglo de los caminos de la provincia, fueran entregados a la Municipalidad de Calama, para invertirlos en el arreglo de caminos y en la pavimentación de las calles principales de la ciudad. No obstante, tal gestión no prosperó. Asimismo, el Municipio de Calama ofició ante la Caja de Ahorros un petitorio, solicitando el establecimiento de una sucursal de esa entidad, pues los comerciantes e industriales de la región debían hacer viajes especiales a Antofagasta, para efectuar sus depósitos y demás operaciones bancarias (Álbum de Tarapacá y Antofagasta 1924).La ciudad se equipa gracias a la iniciativa de los particulares y del Municipio. Entre los primeros debemos señalar a quienes, dedicados a los negocios, también supieron abocarse al interés comunitario.La familia Abaroa residía en Calama desde antes de 1879 y permanecieron en ella luego de que la provincia de Antofagasta quedara bajo la administración chilena. En 1924, entre los hombres más destacados de la provincia, por su talento, empeño y esfuerzo, se contaba a don Andrónico Abaroa, “nacido en San Pedro de Atacama, hizo sus estudios en Santiago en el colegio de San Salvador de los Reverendos Padres Dominicos” (Álbum de informaciones salitreras, agrícolas y comerciales Zona Norte de Chile 1926).Hacia 1908 se radicó en Calama para dedicarse a negocios ganaderos e industriales de vastas proyecciones. Entre otros, dio vida a una Empresa de Luz Eléctrica (Álbum de informaciones salitreras, agrícolas y comerciales Zona Norte de Chile 1926), que proporcionaba alumbrado a
HISTORIA-133-bajo costo a toda la ciudad de Calama y a delimitados sectores del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, a una Fábrica de Pólvora, que además de ocupar a unos 100 operarios, surtía de explosivos a las faenas salitreras e industriales de la provincia, y a una finca que contaba con la instalación completa para cortar y enfardar pasto, con el que abastecía gran parte de la demanda de forraje en la provincia. Durante el año 1924, “el señor Abaroa fue el único proveedor ganadero de todo el mineral de Chuquicamata” (Álbum de Tarapacá y Antofagasta 1924), cuya población alcanzaba a 15.000 almas. Además abastecía de ganado a gran parte de las oficinas salitreras ubicadas en ambos cantones. Por tratarse de un hombre educado, que habiendo viajado por Europa deseó plasmar su afecto por esta tierra construyendo su hermosa residencia en Calama en la vía principal y un magnífico “chalet” en la Avenida Brasil de Antofagasta, ligando así su nombre con el desarrollo urbano-arquitectónico de ambas ciudades.Otros fueron los hermanos Cotorás, quienes en el año 1891 fundaron en Calama la firma “Cotorás Hermanos y Compañía”, con un modesto capital y gracias a su perseverancia y seriedad, giraban, en 1924, con la respetable suma de $600.000. Su actividad principal era el ramo de abarrotes y extendieron sus operaciones no solo a Calama, sino a los pueblos de Ollagüe, San Pedro y Chiu-Chiu, entre otros. La firma y cada socio poseían propiedades urbanas y rurales. Entre las urbanas destacaba la moderna casa-habitación que don Roque Cotorás había edificado para su familia y “que es la mejor del pueblo” (Álbum de Tarapacá y Antofagasta 1924). En 1899 se radica en Calama don Juan Sigli, quien había llegado a Chile en 1891. Trabajó en Antofagasta como segundo jefe de la pulpería del establecimiento de Playa Blanca, independizándose luego y dedicándose al comercio en Calama. Su personalidad y condiciones le transforman en un vecino respetado, modelo de vida para muchos. Ocupaba en 1924 los cargos de: vicepresidente de la Sociedad de Instrucción Primaria, presidente de la Colonia Yugoslava, y Senador vitalicio de Yugoslavia, título otorgado por el comité de la Defensa Nacional de Yugoslavia en Calama. Fue, además, uno de los más ardorosos partidarios de la construcción del Ferrocarril de Antofagasta a Salta. Así, él y su familia se identificaron plenamente con las aspiraciones regionales.Otros miembros de la colectividad yugoslava, dedicados al comercio y comprometidos con el destino de Calama fueron los señores: Nicolás, Juan y Pedro Yutronic, Antonio Ivanovic, Francisco Cvitanic y Santiago Braycic, entre muchos otros. Dedicados también al comercio y actividades afines había un cierto número de españoles, entre quienes se puede mencionar a los señores Saturnino Muñoz, Nicolás Cenzano, Federico Llorens, Andrés Aldama, Antonio Romani y Elías Orge. Este último estableció en 1920 el “Hotel Español”, establecimiento dotado de comodidades y confort vino a satisfacer una urgente necesidad para quienes solos o en compañía de sus familiares llegaban a establecerse o de paso por Calama.También había “hijos del celeste imperio” (chinos) dedicados al comercio establecido en Calama. Los señores Emiliano y Santiago Hip fundaron el almacén “La Luna”, en 1917, y pronto, gracias a su capacidad de trabajo y perseverancia, llegaron a estar entre los más surtidos y acreditados de la plaza, atendiendo pedidos por menor y mayor no solo de Calama sino de las oficinas salitreras, Chuquicamata, Punta de Rieles, Sierra Gorda y San Pedro de Atacama, entre otros.Calama, en 1924, contaba además con una farmacia “La Central”, cuyo dueño, don Zorobabel Núñez Z., tras un largo peregrinar -puesto que inició sus andanzas por el norte en 1880 estableciéndose en Taltal, luego en Mejillones, Chuquicamata y Antofagasta- quitándole horas a su descanso estudió hasta que pudo rendir satisfactoriamente los exámenes para obtener el título de “Regente autorizado de Farmacia” (Álbum Zona Norte de Chile 1927). Pudo así establecerse en una farmacia en junio de 1923 en Calama. Siendo el único establecimiento del ramo de la ciudad, vino a satisfacer una necesidad de primer orden entre los residentes calameños y alrededores.
-134-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOADe cuánta importancia resulta la iniciativa privada en el proceso de consolidación de la ciudad, es la comunidad la que marca el rumbo del progreso, del crecimiento y del equipamiento de Calama. No obstante, este empuje, en la década de 1930, persisten algunos problemas que se han mantenido por años, entre ellos, la carencia de pavimentación en las calles. Para paliar en parte el problema de la polvareda que levantaban el viento y el tránsito de vehículos, el municipio de Calama adquirió un “carro regador de calles”, el cual era insuficiente puesto que su capacidad no lograba evitar que la población viviera sumida en una densa nube de polvo, por ello “el Alcalde”, señor Siglic, ha decidido adquirir otro carro, a fin de que las calles estén siempre regadas” (El Mercurio de Antofagasta, 13 de enero de 1930).Finalmente, a mediados de 1932, el Gobierno aprobó las bases para llamar a propuestas públicas a fin de iniciar la pavimentación de la ciudad. A esta iniciativa gubernamental adhirió la Junta de Vecinos de Calama poniendo a disposición de los trabajos de pavimentación, la suma de 440 mil pesos, con el objeto de iniciar los trabajos a la brevedad (El Mercurio de Antofagasta, 22 de mayo de 1932).Un aspecto que continuó sin resolverse fue el alcantarillado, pues la reducida población de Calama, no superior a 4.000 habitantes, no podía solventar el elevado gasto que demandaba una obra de tal envergadura, ya que el aporte comunitario exigía un recargo “en más de un 50% el valor de las actuales contribuciones de bienes raíces” (El Mercurio de Antofagasta, 12 de julio de 1930), por lo cual, a juicio del nuevo Alcalde señor Ricardo Vargas Lagos, deberá continuarse con el sistema de pozos con una estricta reglamentación. Por otra parte, la iluminación de la ciudad mejoró considerablemente a fines de 1930, pues don Andrónico Abaroa, quien desde hacía tiempo abastecía de luz al pueblo con una planta sujeta a las crecidas del río, instaló una nueva planta con maquinaria moderna que proveía de luz en forma estable a la ciudad.En relación con el agua potable, en 1931 se inició la construcción de la gran obra proyectada por el Gobierno, para proporcionar agua potable a todas las poblaciones entre Calama y Tocopilla; los trabajos se vieron dificultados por algunos desacuerdos entre el gobierno y el Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia.Durante el año 1931, la Municipalidad de Calama contrató, con respaldo fiscal, un empréstito en el extranjero con el propósito de terminar algunas obras e iniciar otras, como la pavimentación, la instalación de cañerías de agua salada, construcción de la casa consistorial, mercado y baños colectivos, entre otros.A pesar de las dificultades que la vida en la zona norte de Chile experimentaba, como consecuencia de las crisis mundiales y sus repercusiones en la actividad minera de la región, la década de 1930 significó para Calama un período de equipamiento urbano definitivo, con edificios de cemento armado que vinieron a reemplazar antiguas edificaciones, tanto particulares como fiscales. Fue el caso de las oficinas del Consulado de Bolivia en Calama, un mercado, un matadero, una gran Escuela Fiscal y la Casa Consistorial.Otra obra de gran envergadura fue la construcción de “un nuevo templo” (El Mercurio de Antofagasta, 28 de diciembre de 1930), pues el antiguo se quemó el 17 de diciembre de 1922, iniciándose la construcción del nuevo templo en enero de 1925, en los terrenos ubicados a un costado de la plaza principal. Los trabajos los había iniciado el padre Fanta con dos maestros y diez obreros, pero a medida que escasearon los fondos el propio cura hizo de maestro.Consultor técnico de la obra fue el arquitecto don Jaime Pedreny y los planos fueron elaborados por el arquitecto chileno Manuel Álvarez. Consta de tres naves “estilo ojival”. Los fondos
HISTORIA-135-para la construcción fueron aportados por la comunidad, por el señor Abaroa, por el obispo de Antofagasta monseñor Luis Silva Lezaeta y por la empresa del ferrocarril. Así, gracias a la iniciativa municipal y al apoyo comunitario, Calama llegó en 1934 a contar con un hospital, un cementerio, un estadio y piscina y un cuartel de carabineros, además de las edificaciones que con anterioridad mencionamos.Las ciudades del norte de Chile se conforman en medio de una condición geográfica de extrema aridez, la que pareciera estimular el empeño de quienes, venidos desde otras regiones del país, de países vecinos o de lejanas tierras, adquieren un compromiso individual y social con esta zona. Así el hombre funde su vida con el destino de este norte que guarda tan celosamente sus riquezas.
HISTORIA-137-La Provincia de Atacama según don Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y AbetHoracio Larrain Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad de Antofagasta, Antofagasta, Chile.Aunque breve y sucinta, esta relación tardía de Atacama, de los inicios del siglo XIX, contiene información valiosa que el eco-antropólogo, interesado en la relación íntima entre cultura humana y medio ambiente, puede extraer y utilizar con mucho provecho. Es lo que hemos intentado hacer en estas notas aclaratorias al texto original.Breve y pobrísima referencia a la escasez de población en la región atacameña. En el año 1791, apenas 10 años antes, don Pedro Vicente Cañete y Domínguez, Gobernador Interino de la Villa de Potosí, había publicado un extensa y riquísima descripción de la Provincia de Atacama en su obra: Guía Histórica, Física, Política, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de Potosí. Allí señala, para la zona de San Pedro de Atacama (“Atacama la Alta”) una población de 2.936 personas (“de la casta de indios de todo sexo y edades”).En nuestra presentación del texto completo dedicado a la descripción del Partido de Atacama, del citado autor don Pedro Vicente Cañete y Domínguez (1974), hemos agregado (en nota número 10), una indicación nuestra en la que estimamos, para esas fechas, una población total de 3.657 habitantes indígenas, incluyendo la población del Curato de Atacama la Baja (Chiu Chiu y pueblos situados al norte del río Loa).El autor señala la existencia de dos Curatos de Indios: el de Atacama [hoy San Pedro de Atacama] y Chiu Chiu, y numerosos pueblecitos en los que hay capillas (que denomina “Anexos)”, con “tales cuales anexos o poblacioncitas”. No señala sus nombres, los que conocemos bien por documentos anteriores. La población vive en su mayor parte dispersa en los ayllus agrícolas, diseminados por la campiña, al pie de los arroyos.Materia obligada en la gran mayoría de las descripciones coloniales es la presencia de metales y/o piedras preciosas o diamantes. También Cañete y Domínguez (1791) se refiere a este rubro de la economía regional, a la que se atribuía enorme importancia en la época. Se alude aquí a la existencia de ricos veneros de jaspe [¿mármoles?] hermosamente coloreados, de los que se fabricaron piedras de arar para los altares de iglesias. Cañete alude, igualmente, a estas aras presentes por entonces en altares de iglesias coloniales.Ambos, Ortiz de Escobar y Abet y Vicente Cañete y Domínguez, se refieren a la presencia de diamantes en la zona, repitiendo el aserto del gran experto metalúrgico colonial, Alonso Barba, la máxima autoridad de la época en la materia. Esta repetición de venerables opiniones ajenas, es muy propia de la época del “magister dixit”, dictamen indiscutido basado no en la experiencia directa o experimentación, sino en la autoridad de un personaje. Álvaro Alonso Barba (1817) era en la época colonial en metalurgia y materias afines, lo que Aristóteles o Platón eran para Filosofía. Fue autor de la célebre obra Arte de los metales en que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata por azogue.... Ahora bien, jamás se ha constatado la presencia de diamantes en Chile.Alcaparrosa. También llamado “caparrosa”, según el Diccionario de la Real Academia Española, designa a las diversas formas en que se presentan los sulfatos de cobre, hierro o zinc, y muestra hermosas coloraciones desde amarillo a verdoso. Este elemento fue muy utilizado durante la Colonia en tintorería, para teñir telas de colores diversos. El término viene del francés (caperouse), pero se desconoce su procedencia anterior.
-138-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAReflexión muy interesante sobre el idioma de los pobladores de Atacama. Es descrito como “muy distinto de los demás del Perú”. Bien conocidos eran en el Perú el quechua y el aymara, lenguas dominantes entonces en el mundo indígena. Como es sabido, esta lengua propia de Atacama se encuentra hoy extinguida por completo, conservándose solo algunas escasas voces o expresiones. en el habla actual de la zona. Afortunadamente, nos alcanzó a dejar valiosas noticias de ella el cura párroco francés de San Pedro de Atacama don Emilio Vaïsse (1895), en su notable obra Glosario de la Lengua Atacameña, publicada por primera vez en los Anales de la Universidad de Chile. Hay un par de ediciones posteriores. Esta lengua, según los lingüistas actuales, no tendría parentesco alguno con sus vecinas geográficas (el quechua, aymara, chipaya o uru), y ha sido adscrita a una familia lingüística totalmente diferente, de raíces, al parecer, muy primitivas. También la antropóloga austríaca Grete Mostny, en su valioso estudio sobre los atacameños titulado Peine un pueblo atacameño, trae un valioso acápite sobre la lengua kunsa, lengua extraña que escucha hablar en el poblado atacameño de Peine en su visita del año 1948 y que reconoce como diferente del quechua y del aymara (Mostny et al. 1954). Numerosos aportes sobre la lengua kunsa de los atacameños se deben a la pluma del profesor Roberto Lehnert Santander, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta, recientemente fallecido (13-03-2018).La latitud exacta del puerto de Cobija es 22º 28´ 00´´ S y 70º 16´ 00´´ W. Desde antiguo, Cobija era un surgidero de naves en esta la franja marítima desértica de la república del Perú, y como lo señala el mismo texto, era un posible, aunque difícil lugar de ingreso al Perú. No se habla aquí todavía de Bolivia (que a la fecha no existía), sino del Perú. Posteriormente, por deseo expreso del mariscal Bolívar y su lugarteniente el mariscal Sucre, el marino Francis O´Connor, sugirió crear aquí el único puerto para la naciente república de Bolivia en el Pacífico. Este puerto, con el nombre de Lamar, estuvo en la práctica en poder de Bolivia hasta la Guerra del Pacífico (1879) cuando las tropas chilenas lo tomaron, junto con la naciente ciudad de Antofagasta, en febrero de ese mismo año. Por el tenor de esta cita y muchas otras de viajeros tempranos, sabemos que el lugar era ya muy frecuentado desde antiguo por los barcos veleros pues desde allí partía, siguiendo el sinuoso trazado del río Loa, un accidentado camino de carretas hacia Calama y el altiplano de Bolivia (Lipes). Por aquí, pues, se desembarcaba hacia e interior toda clase de mercaderías y provisiones en un durísimo viaje por tierra de varios días de duración.Describe la población de Cobija en dicha época como compuesta “de tales quales ranchos de indios”, es decir unos pocos ranchos de indígenas changos, junto a la playa. Sabemos bien cómo eran dichos ranchos: construidos sobre costillas de lobos marinos y cubiertos por pieles de estos mismos mamíferos. También sabemos, por el testimonio explícito de don Vicente Cañete y Domínguez (1791) que esta población era muy variable. esto es, crecía o disminuía según se diera la presencia de los pescadores, los que con frecuencia desaparecían con sus familias por días o semanas para dedicarse a la pesca en la costa aledaña. Cañete y Domínguez describe así, en nota a su texto, este curioso tipo de transhumancia costera o movilidad local: Fresier (folio 130) testifica de cincuenta casas, pero estas son unas veces más y otras menos, porque como todos son pescadores se llevan en las canoas los cueros de que forman sus cabañas sobre costillas de ballena, y entonces se minora el número, y crece cundo se juntan en el puerto. No hay más casas formales que las del Corregidor, Cura, Gobernador indio, dos bodegas y dos casas de españoles (Cañete y Domínguez 1974: 87). Al llevarse consigo en sus balsas la techumbre de sus ranchos (los cueros de lobos marinos), solo quedaría a la vista la base de piedras en círculo y la armazón de costillas de ballena, sobre
HISTORIA-139-las que se asentaba el techo de sus rústicas y precarias habitaciones. Al regresar con su pesca, reimplantaban los cueros en sus bases primitivas. Seguramente, se respetaba por los demás pescadores el sitio de la vivienda de cada familia, durante su ausencia.La distancia medida en leguas españolas, es muy imprecisa. Por motivos prácticos, hemos optado por asignar la medida de 6 km por legua. Pero las leguas medían más o menos, según fuera la estructura (escarpada, llana, empedrada o sinuosa) del camino recorrido. El autor señala para la zona altiplánica (la cordillera frígida), la presencia de algunas estancias de pastoreo de auquénidos domésticos, conocidos entonces como “carneros de la tierra”. No se distingue en esta denominación, las llamas de las alpacas, especies diferentes, aunque emparentadas genéticamente.El dato aquí aportado es interesante, pues señala la extensión geográfica de la zona de pesca por parte de los pescadores conocidos como “changos”. No se les nombra aquí, sin embargo, por este nombre. Según el autor, se realizaba esta faena de pesca y secado de pescado entre Cobija (este puerto) y las inmediaciones de Copiapó [Caldera], incluyendo la hacienda del Paposo. Se indica que esta última zona es la más despoblada de la costa. En efecto, esta extensa zona costera entre Paposo y Copiapó [Caldera], esto es, aproximadamente unos 200 km de costa, carecía prácticamente de población autóctona estable en ese tiempo. No se nombra en este texto las especies marinas cazadas para fabricar el “charquecillo”, o charqui seco de pescado, pero sabemos por numerosas fuentes que se trataba prioritariamente del congrio (género Genypterusspp.), pez del que existían (y existen aún) tres especies. Sabemos por otras fuentes que había dos tipos de charquecillo; el seco y el ahumado. Tenía la particularidad este charqui seco, rico en proteínas y vitaminas, que podía mantenerse por meses sin descomponerse ni alterarse. Por lo cual constituía un alimento (“mantenimiento”) duradero, particularmente solicitado sobre todo en las regiones altiplánicas.El charquecillo (descrito aquí como mejor alimento y más sabroso que el bacalao europeo) era llevado en mulas o carretas a muchas ciudades del interior de Bolivia. Se nombra aquí específicamente los centros poblados de Potosí (gran centro minero de producción de plata), ciudad de La Plata [Chuquisaca] y Cochabamba.Se indica con precisión el número de “jornadas” (días de caminata) entre San Pedro de Atacama, nombrado “Atacama”, y Copiapó. Y de esta ciudad se dice que ya pertenece al Reino de Chile. Son 18 jornadas de camino, es decir 18 días de penoso viaje por tierra, en cabalgadura, sin detenerse. La distancia entre dos paradas en el camino era en extremo variable, y dependía absolutamente de la existencia de postas o tambos (entre 4 y 20 leguas) y, en lo posible, de lugares provistos de agua. La ruta seguida desde San Pedro de Atacama al sur -aunque aquí no se diga- era con certeza el antiguo Camino del Inca cuyos tambos, por esas fechas, probablemente aún eran atendidos y cuidados por los pueblos cercanos, conforme al mandato antiguo del Inca y las ordenanzas recientes de los gobernadores españoles. Los tambos y postas presentes en este camino incaico fueron reportados, estudiados y dibujados con precisión por la expedición del arqueólogo e ingeniero Hans Niemeyer Fernández y sus compañeros de ruta, hecha en la década del 80 del pasado siglo (Niemeyer y Rivera 1983). El trayecto por el despoblado hacia el sur, desde el pueblo de Atacama, se señala como aquí particularmente duro, “por la falta de agua”. Efectivamente, salvo en contados lugares donde los viajeros hallan minúsculos riachuelos o pozos (puquios), este trayecto entre Atacama y Copiapó coincide con la “zona de desierto absoluto”, la comarca más árida del desierto de Atacama (y la más árida del mundo según el geógrafo alemán Wolfgang Weischet). El viaje se realiza muy cerca de las estribaciones occidentales más bajas de la cordillera de los Andes, al pie de grandes
-140-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAvolcanes (Llullaillaco), desde donde escurren hacia el weste algunos escasos cursos de agua, a altitudes por sobre los 2.500 m de altura. Una de las mejores y más completas y detalladas descripciones de este terrible trayecto, es la que nos ofrece el cronista español Gerónimo de Bibar (1979[1558]), en su Crónica y relación copiosa de los Reinos de Chile, publicada en Sevilla en el año 1558, en los capítulos 10 a 12 de su obra. Se indica que todo este trayecto, con excepción de algunos escasos ranchos de indios, es despoblado. Los escasos ranchos que topan, se hallan, precisamente, “en algunas aguadas”. Se aclara lo dicho insistiendo en que algunas aguadas ni siquiera presentan presencia humana (“no en todas las aguadas...”).Termina la descripción con el aserto general que “en la cordillera hay muchas vicuñas y guanacos”. Sabemos por otras fuentes, como el sacerdote Reginaldo de Lizárraga, que los indígenas, al transitar por este arduo camino entre Atacama y Copiapó, solían traer consigo perros adiestrados para dar caza a los guanacos que topaban eventualmente en su trayecto Estos perros calzaban botines especiales, hechos de cuero, para proteger sus extremidades de las piedras del camino. Guanacos pueden ser avistados hasta hoy en la comarca aledaña al camino del Inca. No así vicuñas, cuyo hábitat normal se encuentra por sobre los 3.000-3.500 msnm.Figura 1: publicación de 1801 en el Telégrafo Extraordinario. Buenos Aires. Descripción de la Provincia de Atacama por D. Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y Abet.
HISTORIA-141-ReferenciasAlonso Barba, A. 1817. Arte de los metales: en que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata por azogue... Real Tribunal de Minería, Lima. Bibar, G. 1979[1558]. Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reinos de Chile (1558). Biblioteca Ibero-Americana, Edición de Leopoldo Sáez-Godoy, Colloquium Verlag, Berlín.Cañete y Domínguez, V. 1791. Guía Histórica, Física, Política, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de Potosí. Talleres de la Editorial Potosí, Potosí. Cañete y Domínguez, V. 1974. Del partido de Atacama. Norte Grande 1(2): 243-251. Mostny, G., F. Jeldes, R. González y P. Oberhauser 1954. Peine, un pueblo atacameño. Publicación N°4 del instituto de Geografía de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile, Santiago. Niemeyer, H. y M. Rivera 1983. El camino del Inca en el Despoblado de Atacama. Boletín de Prehistoria de Chile 9: 91-193.Vaïsse, E. 1895. Glosario de la Lengua Atacameña. Anales de la Universidad de Chile 91: 527-556.
HISTORIA-143-Notas sobre el estado actual de las investigaciones etnohistóricas en la Provincia de El Loa, II región, ChileBente BittmannDurante el último decenio, la investigación etnohistórica en el Norte Grande Chileno ha tenido un avance, testimoniado por la publicación de algunos estudios que muestran una diversificación de objetivos y métodos. Asimismo, una reevaluación de algunas interpretaciones establecidas desde hace mucho tiempo1.Este trabajo tiene dos propósitos principales: en primer lugar, presentar una reseña selectiva de aspectos teóricos, objetivos, metodología y materias que, a nivel general, han caracterizado a la investigación etnohistórica, específicamente en el hemisferio norte, en tiempos recientes. En segundo lugar, queremos -sin pretender de ningún modo dar cuenta exhaustiva- destacar algunos aspectos del desarrollo de la investigación etnohistórica realizada en la provincia de El Loa (II región, Chile) durante la década pasada2.Para los propósitos del presente estudio, utilizaremos la actual definición político-administrativa de El Loa, que aproximadamente corresponde a la parte oriental del antiguo corregimiento de Atacama, el cual en la Colonia constituía el área de principal poblamiento indígena (Hidalgo 1984b: 442). Puna, quebradas, desierto y oasis caracterizan al paisaje, determinando la altura una zonificación climática y vegetal que se vincula estrechamente con el desarrollo histórico de las etnias de este territorio en términos de acceso al conjunto o parte de dichas zonas. Relacionado con lo anterior, se desarrollaron diversos sistemas de interacción entre las poblaciones instaladas en ambos lados de la Cordillera de los Andes. Esta situación se ha manifestado y se manifiesta, de acuerdo con un antiguo ideal andino, en una máxima utilización de los recursos que ofrecen los distintos nichos altitudinales y que se traduce, a través de los tiempos, tanto en diversas formas de patrones de poblamiento (“transhumancia”, “verticalidad”, “residencia múltiple”) como patrones específicos de trueque, comercio y tráfico en general.A continuación, expondremos nuestra materia bajo los siguientes rubros: 1) Algunas notas acerca de la etnohistoria; 2) La investigación etnohistórica en la provincia de El Loa y 3) Comentarios finales.Algunas notas acerca de la etnohistoriaEn América del Norte, especialmente desde los primeros tiempos de la realización de estudios etnohistóricos a nivel académico, se ha discutido una serie de problemas relativos a la definición, la base teórica y los métodos y objetivos de esta actividad. Tratándose de debates de índole teórica y práctica, que en Chile aparentemente no han sido tomados en consideración, pero que, desde nuestro punto de vista, merecen alguna reflexión. Sin embargo, el espacio sólo nos permite referirnos a algunos de los puntos de tan interesante tópico (Fenton 1966; Murra 1975; Zapater 1976; Trigger 1981, 1982)3.1 Estos temas han sido tratados en otros trabajos personales que complementan el presente estudio.2 Para una bibliografía más amplia que la que hemos presentado aquí, se recomienda consultar Casassas, Catálogo de fuentes bibliográficas (1984) y, también, las referencias bibliográficas que se encuentran en los trabajos citados en el presente estudio.3 En estudios europeos. la “etnohistoria” es prácticamente desconocida como una actividad académica específica, aunque se ha utilizado su metodología durante mucho tiempo. Quizás, por su énfasis en lo “indígena” y no-europea, que la distingue de la “historia”, la etnohistoria se ha desarrollado particularmente en América, África y Oceanía. En Europa lo equivalente a etnohistoria serían los estudios sobre el folklore.
-144-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAEntre otros asuntos, se ha debatido las relaciones entre la etnohistoria y la historia y la etnohistoria y la antropología (arqueología, etnología, lingüística, etc.) y si la etnohistoria debería formar parte de una u otra de dichas disciplinas, o acaso, sería una disciplina independiente. Además, hay quienes piensan que no se justifica la existencia de una etnohistoria, sino, simplemente “historia”. Otros sostienen que se trata de una metodología de las ciencias sociales para estudiar el pasado humano (Zapater 1976; Trigger 1982). Tales discusiones recuerdan las que se han tenido sobre la arqueología. Para comprender mejor los fundamentos de las discusiones mencionadas, veremos a continuación algunos aspectos del campo de acción de la etnohistoria.Casi todos los estudios concuerdan en que la etnohistoria trata el comportamiento y el desarrollo del hombre en el pasado. De esta manera, comparte objetivos con la arqueología, con la que, sin embargo, difiere metodológicamente, por cuanto la etnohistoria utiliza “básicamente las fuentes escritas y/o la tradición oral. Tradicionalmente, estudia los grupos étnicos no-europeos.Es así que, en Chile, por ejemplo, los límites temporales inferiores del campo del etnohistoriador serían el contacto europeo (o, a veces el período precolombino tardío y, particularmente, el momento en que aparece la primera documentación acerca de la población indígena). En este aspecto también se distingue de la arqueología, cuyas técnicas y métodos permiten la investigación no solo de los períodos que no poseían documentos escritos (la “prehistoria”), sino también de los tiempos históricos y aún recientes.En lo que a objetivos específicos se refiere, la etnohistoria incluye el estudio, análisis y explicación de eventos históricos, con un especial énfasis en el cambio cultural o la aculturación. Por otra parte, algunos estudiosos piensan que un objetivo principal sería la formulación de generalizaciones, objetivo que comparten con muchos arqueólogos (Trigger 1982).La materia que se estudia comprende la historia específica o (“narrativa”) de culturas o instituciones particulares y la “etnografía histórica” o reconstrucción de culturas en forma sincrónica (Trigger 1982). Con respecto a esto, para Jiménez Núñez, una de las contribuciones principales de la etnohistoria sería el establecimiento de la “línea base”; vale decir, la situación cultural (o “presente etnográfica”) de las sociedades indígenas en el momento de contacto con los europeos (Trigger 1981), y sobre la cual se desarrollaron los procesos de cambio4. Se ha afirmado que una de las raíces de la etnohistoria es el “método histórico directo” (Steward 1942; Fenton 1966). Este se refiere a un enfoque multidisciplinario a través del cual se intenta vincular conocimientos obtenidos de la etnología (y/o la tradición oral) y la historia con manifestaciones arqueológicas. Dicho método, que solo puede aplicarse a casos donde existe una continuidad cultural, ha sido utilizado, por ejemplo, para hacer etnografías históricas y para explicar datos arqueológicos.Durante varios años se ha querido utilizar a la etnohistoria como una metodología o táctica integradora para sintetizar y coordinar datos obtenidos sobre la base de la documentación escrita con los conocimientos de disciplinas sociales (Murra 1975; Trigger 1982). Es, por tanto, interesante anotar que en América del Norte, ha surgido un área de estudio llamada “Historia Nativa” (Trigger 1982). Se refiere, también, a estudios de la historia indígena con un enfoque ecléctico. Trigger (1982) cree que el etnohistoriador podría jugar un papel importante en este campo de estudios, debido a su capacidad de sintetizar las diversas disciplinas. Aparentemente, la importancia de dicho campo se relaciona, al menos en parte, con la creciente conciencia política 4 La etnohistoria también estudia los conocimientos acumulados por sociedades indígenas acerca de su propia historia y que reflejarían sus propias concepciones al respecto, a menudo muy diferentes de las de la ciencia de origen occidental. Una definición de la etnohistoria en este sentido coincidiría con la etimología de este término por analogía con palabras tales como “etnomedicina” y “etnobotánica”.
HISTORIA-145-de los indígenas norteamericanos y el deseo de que la historia de ellos tenga una categoría académica similar a la que poseen la “Historia Americana”, la “Historia Europea”, etc. Para Trigger (1982: 11) sería “etnocéntrico” designar a la “Etnohistoria” como una disciplina, por cuanto pudiese considerarse, de esta manera, a la historia de los indígenas americanos como cualitativamente diferentes de la de los euroamericanos.Respecto de la historia indígena, en general, Trigger (1982) además, ha señalado la importancia de no olvidarse de que el cambio cultural entre las poblaciones indígenas no comenzó con la llegada de los europeos, sino que el cambio es un fenómeno que ha caracterizado a estas sociedades desde muchos años antes de este evento. Al respecto, Trigger (1982; la traducción es nuestra) afirma: “la llegada de los europeos podría haber apresurado el proceso de cambio y radicalmente alterado su dirección, pero no lo inició”. En relación con esto y desde el punto de vista de la historia indígena, podría por lo tanto ser irrelevante la distinción que se suele hacer entre tiempos prehistóricos. Dicho de otro modo, esta división (o “línea base”) principalmente se justifica con referencia a los métodos y técnicas que se utilizan en el estudio de los respectivos períodos o en lo que concierne a los procesos de aculturación resultantes del contacto indígena-europeo.Por último y en conexión con algunos de los puntos aludidos, en Chile tanto antropólogos como historiadores se dedican a los estudios etnohistóricos sin que, hasta donde sepamos, haya habido debates a nivel teórico o metodológico al respecto. Además, es interesante notar que en este país, aparentemente, se considera a la etnohistoria como una disciplina (un conjunto de conocimientos), por cuanto se ha establecido un programa de estudios universitario conducente al grado de “Magíster en Etnohistoria”.La investigación en etnohistoria en la provincia de El LoaA continuación, veremos algunas de las contribuciones de antropólogos a los estudios en etnohistoria durante el último decenio.Para los propósitos del presente trabajo, distinguiremos dos grupos de investigaciones considerando los tópicos estudiados como criterios.Historia específicaEsta designación se refiere a sociedades específicas en términos del desarrollo de eventos de su pasado, referente al conjunto cultural o parte de él.En cuanto a la historia específica, registramos aquí un trabajo de Zapater (1976), que en forma muy resumida y sobre la base de cinco relatos traza el desarrollo cultural de San Pedro de Atacama entre los siglos XVI y XIX inclusive. Se definen algunas áreas de cambio y de estabilidad y se concluye, que los cambios que se registran en esta sociedad, a través de los siglos son lentos...Dentro de esta clase de estudios, Jorge Hidalgo ha contribuido en forma importante a nuestra comprensión de diversos aspectos del desarrollo de la cultura indígena durante la Colonia y, también, a la divulgación de documentos inéditos del período colonial.
-146-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOALa hipótesis de la complementariedad ecológica (o “verticalidad”) de John Murra (1975) desde que se publicó ha tenido una fuerte influencia tanto sobre arqueólogos como etnohistoriadores y etnólogos. Entre otros estudiosos, Hidalgo (1978, 1984a, 1984b) ha analizado el desarrollo de este patrón de organización territorial desde la perspectiva etnohistórica, complementando los datos de fuentes escritas con información obtenida de otras áreas. Para estos estudios, se tomó como punto de partida visitas hechas entre los siglos XVII y XIX y que, aparte de los datos netamente demográficos, proponen información que permite hacer preguntas referentes tanto a la organización indígena (social, económica) como a las organizaciones de los españoles. Las visitas mencionadas incluyen, por ejemplo, material sobre un número relativamente grande de personas naturales de Atacama, instaladas en el noroeste de Argentina, Lipez, Chichas y otros lugares. Para Hidalgo, dicha situación podría ser interpretada, al menos en parte, como una expresión colonial de la complementariedad ecológica referida. Por otro lado, la dispersión y movilidad características de la población, en general, se explicaría por diferentes factores de carácter tanto precolombino como colonial. Otros temas abordados por el mismo autor en los trabajos citados, comprenden las causas que explicarían la presencia en el área de muchos “forasteros” (Casassas 1974: 45-48) y la mercantilización del tributo. Además, Hidalgo (1984a, 1984b) ha analizado la situación lingüística de Atacama, especialmente del cunza, y ha relacionado esto con la aculturación sistemática impulsada a fines del siglo XVIII por uno de los corregidores con el fin de eliminar el uso de la lengua cunza.Finalmente, nos referiremos a un novedoso estudio de este mismo investigador (Hidalgo 1982), presentado en forma preliminar. Se trata de los diferentes factores político-administrativos, económicos e ideológicos, que condujeron a la rebelión de la población indígena del corregimiento de Atacama. Este trabajo también se basa en fuentes escritas inéditas. Entre sus objetivos se encuentra el deseo de cambiar la idea de una sociedad estática durante la época colonial, tal como lo había postulado Zapater (1976), entre otros autores. Hidalgo demuestra que la intrusión europea había provocado más bien un estado de conflicto y crisis.En relación con nuestros intereses específicos en este trabajo, incluiremos aquí también el siguiente conjunto de investigaciones.Desde 1972, el equipo Aldunate, Berenguer, Castro y otros (Castro et. al. 1984; Aldunate y Castro 1981; Aldunate et al. 1981, 1986; Martínez 1985) ha realizado estudios multidisciplinarios en la región del río Loa Superior (“proyecto Toconce”). Aunque se hace énfasis en la investigación arqueológica, este proyecto es multidisciplinario en el sentido de que participan en él especialistas de diversas áreas disciplinarias quienes han logrado integrar de forma muy acertada, los resultados obtenidos en sus respectivas investigaciones. En lo que se refiere a los datos arqueológicos, nos interesa aquí las manifestaciones de la “fase Toconce”, localizadas en la subregión del río Salado y marcadas entre otros aspectos, por la presencia de chulpas. Estas estructuras, aparentemente, representan la penetración, en una u otra forma, de pueblos altiplánicos durante el Intermedio Tardío dada la continuidad cultural que supuestamente existe entre la población actual de Toconce y la de la “fase Toconce”. Una de las líneas de aproximación utilizadas es el método histórico directo -estudio de analogías existentes entre datos etnográficos y arqueológicos- con el propósito de definir la funcionalidad de las chulpas. Otros temas de interés etnohistórico incluyen la discusión acerca de la composición multiétnica de la población de la actual provincia de El Loa, tanto en tiempos prehispánicos, durante la Colonia y en la actualidad. Con esta situación se relacionan, naturalmente, el problema relativo a la naturaleza de los vínculos que han existido (y existen) entre los habitantes de Atacama y pueblos altiplánicos. Este tema ha sido estudiado por Hidalgo con respecto a los grupos que habitaban el hoyo del Salar de Atacama.
HISTORIA-147-En conexión tanto con la postulada continuidad histórica entre la población de la “fase Toconce” y la de tiempos coloniales y la actual población de Toconce, entre otros tópicos es de interés destacar la reciente contribución de Martínez (1985), la cual se basa por una parte en el uso de la tradición oral y, por otra, en documentos escritos. Pareciera que, por el momento, no es tan seguro que haya existido tal continuidad. Sin embargo, en nuestra opinión, lo importante es que la aproximación multidisciplinaria conduzca a la definición de problemas específicos y a la búsqueda a través de especialistas en diversas áreas - de una mayor información para resolverlos. El equipo Aldunate, Berenguer, Castro y colaboradores ya tiene una larga tradición de estudios en El Loa. Creemos que el tipo de proyecto que este grupo maneja, dará ejemplo para investigaciones antropológicas, en el sentido de combinar diferentes líneas de información y de indicar una estrategia de investigación, tanto para la provincia de El Loa como para otras áreas5.Etnografía HistóricaUtilizaremos este término para referirnos a la reconstrucción de culturas en un momento determinado del pasado, sobre la base de documentos escritos. Puede tratarse de conjuntos culturales o de alguna parte de ellos.En el campo que hemos designado etnografía histórica, José María Casassas (1976) y Domingo Gómez Parra (1976, 1979, 1980, 1981/1982, 1982) han emprendido estudios sobre etnias de los territorios sur-peruano, Bolivia y noroeste argentino. Solo Gómez hace referencia al área atacameña. En dichas obras se intenta describir a culturas y sociedades en el momento antes de que el contacto con los europeos les hubiese cambiado, o en “tiempos prehispánicos” según Casassas. Estos trabajos son similares en cuanto a sus fuentes y a la metodología que se aplica, procurando coordinar materias históricas (crónicas, viajes, etc.) con otras de índole arqueológica, etnográfica y lingüística. Ambos autores agrupan su material siguiendo un modelo etnográfico tradicional, presentando la mayor parte de los datos en forma de citas, las cuales prácticamente no se analizan. No se hace referencia a interacciones entre las poblaciones vecinas. Es siempre difícil para un especialista en una disciplina usar e integrar la información proveniente de otras áreas disciplinarias, y resulta, a menudo, una ausencia de conexiones entre los distintos tipos de datos utilizados.En este mismo campo, Hidalgo (1981) ha presentado un trabajo de reconstrucción sincrónica referente a diversos grupos étnicos del sur andino en tiempos “protohistóricos”, incluyendo el área que aquí nos interesa. Trátase de un estudio de coordinación interdisciplinaria en el que se discute, entre otros temas, los diferentes tipos de interacción establecidos entre la población del corregimiento de Atacama y las que habitaban el altiplano.Arqueología HistóricaPor último, en esta sección, queremos referirnos brevemente a la arqueología histórica y la importancia que tiene para el etnohistoriador poder relacionar información basada en registros escritos con datos arqueológicos pertenecientes a la misma época. Casassas (1976), en su artículo 5 Los resultados de este Proyecto podrían incluirse en el campo de los estudios anteriormente mencionado, es decir, la “Historia Nativa”.
-148-ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOGRAFÍA DE EL LOAsobre la arqueología histórica del Norte Grande, anota la escasez de trabajos de esta índole. En la provincia de El Loa, hasta donde sabemos, no se ha publicado trabajo arqueológico alguno que tenga relación con los períodos colonial y republicano6.Comentarios finalesLa historia de los pueblos indígenas de la provincia de El Loa comenzó hace más de 10.000 años atrás. Por un lado, con respecto al estudio de la mayor parte de este tiempo, la prehistoria, se puede afirmar que existe un acuerdo general en cuanto a la naturaleza de los sucesos, aunque se desconocen o debaten, a menudo, aspectos concernientes a procesos específicos y desarrollo cultural.Por otro lado, en cuanto al período histórico, hasta el momento es relativamente escasa la información que se posee acerca de los patrones de vida de los indígenas y de los resultados que la presencia de los europeos pudo tener sobre ellos. Dicho de otro modo, existen muchas lagunas y problemas en nuestros conocimientos antropológicos e históricos para el período que se extiende desde el siglo XVI hasta el presente.Naturalmente, no se puede estudiar en aislamiento los pueblos indígenas de la actual provincia de El Loa, ni en el pasado ni en el presente. Integraron e integran un conjunto de redes sociales más amplias, eslabonadas con los ecosistemas naturales. Como lo demuestran los trabajos de Hidalgo y del grupo Aldunate, Berenguer, Castro et al., hay interés por estudiar la manera en que las culturas vecinas se hayan influido mutuamente, en parte porque estas interacciones jugaron un rol importante en la formación y desarrollo interno de ellas. Posiblemente, también, influyeron dichas relaciones en los modos de reaccionar de las poblaciones frente a la presencia de los europeos (Trigger 1981, 1982).Otro tema abordado por los investigadores arriba mencionados es el panorama multiétnico. Esta situación se manifiesta claramente en material arqueológico de origen prehispánico perteneciente a diferentes períodos. En lo que respecta a la época histórica, tanto la información que aporta la documentación escrita (visitas, libros parroquiales, etc.) como la etnografía y la tradición oral señalan que tal situación ha continuado en la Colonia y posteriormente. La naturaleza exacta de los vínculos establecidos con pueblos de otras partes, queda por ser investigado. La explicación de la red de relaciones con poblaciones altiplánicas es de particular interés. Es muy probable que la arqueología histórica, la tradición oral, la etnografía y la lingüística, conjuntamente con estudios de documentos escritos (y cualquier otra fuente de conocimientos necesaria) podrían contribuir a nuestra mayor comprensión de este interesante fenómeno. Vinculados con lo anterior, se encuentran además los problemas relativos al patrón de control vertical y los procesos de cambio al respecto que ocurrieron durante la Colonia.Mientras que los estudiosos de reconstrucción sincrónica de conjuntos culturales en el pasado son relativamente abundantes, se puede notar que algunos enfoques tradicionales de la etnohistoria no han despertado mucho interés entre los estudiosos. Faltan, por ejemplo, obras que aborden relación con sistemas de parentesco, las que podrían arrojar datos útiles acerca de otros aspectos culturales. Pareciera que existe información escrita, oral y lingüística que podría servir como base para este tipo de investigación. Tampoco hemos encontrado estudios sobre la religión y creencias y, aparentemente, no existe mucha documentación sobre estos aspectos de la vida indígena. A propósito, Reinhard (1983) ha realizado una investigación que él llama 6 No incluimos en este rubro la arqueología de sitios incaicos ni la reconstrucción o consolidación de monumentos.
HISTORIA-149-“etnoarqueología”, sobre el “culto a las montañas” y que incluye información arqueológica, etnográfica y documental. Pareciera, además, que el equipo del “Proyecto Toconce” está siguiendo una línea de aproximación similar.En cuanto a la lingüística, arqueólogos y etnohistoriadores han intentado sintetizar la escasa información disponible, y ya sabemos que en la región de Atacama se ha hablado más de un solo idioma indígena. También se ha estudiado el proceso de aculturación lingüística que ha ocurrido con respecto a la lengua cunza. Sin embargo, creemos que hacen falta estudios por especialistas en lingüística.Varios años atrás, John Murra (1975: 112) dijo lo siguiente en conexión con el “ataque interdisciplinario” y la falta de instituciones y revistas que lo coordinaran: En tal situación, la etnohistoria podría ofrecer un marco, no para eliminar las dificultades, sino plantear las prioridades. Equidistante entre la arqueología y la etnología, reconocida como indispensable aliada de ambas disciplinas, la fuente escrita que trata del mundo andino nos abre perspectivas de colaboración que ningún procedimiento ni método por sí solo ofrece esperanzas de alcanzar.Como lo hemos señalado anteriormente, no es este el momento de intentar una evaluación total de los estudios en etnohistoria en la provincia de El Loa. Sin embargo, en cuanto al desarrollo de la investigación durante los últimos diez años, es posible afirmar que este ha sido positivo. El número de estudios es reducido, pero a pesar de ello pareciera que se está a punto de lograr adelantos decisivos. Esto se manifiesta a través de nuevas orientaciones, nuevos datos y nuevos problemas e hipótesis que están surgiendo. Creemos que esto, a su vez, refleja el interés de los investigadores por buscar modos de acercamiento multi- e interdisciplinarios a los problemas que se les están presentando.ReferenciasAldunate, C. y V. Castro 1981. Las Chullpas de Toconce y su Relación con el Poblamiento Altiplánico en el Loa Superior. Período Tardío. Tesis de Licenciatura en Filosofía con mención en Prehistoria y Arqueología, Facultad de Filosofía, Humanidades y Educación, Universidad de Chile, Santiago.Aldunate, C., J. Berenguer y V. Castro 1981. La función de las chullpas en Likán. En Actas del VIII Congreso Nacional de Arqueología Chilena, pp 129-174. Ediciones Kultrún, Santiago.Aldunate, C., J. Berenguer y V. Castro 1985. Estudios en arte rupestre: Primeras Jornadas de Arte y Arqueología. Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago. Aldunate, C., J. Berenguer, V. Castro, L. Cornejo, J.L. Martínez y C. Sinclaire 1986. Cronología y Asentamiento en la Región del Loa Superior. DIBAM, Universidad de Chile, Santiago.Cassasas, J. 1974. La Región Atacameña en el Siglo XVII: Datos Históricos Socioeconómicos sobre una Comarca de América Meridional. Universidad del Norte, Antofagasta.Cassasas, J. 1976. La arqueología histórica en el Norte Grande Chileno. En Homenaje al R.P. Gustavo Le Paige, S.J., editado por H. Niemeyer, pp. 219–244. Universidad del Norte, Antofagasta.Castro, V., C. Aldunate y J. Berenguer 1984. Orígenes altiplánicos de la fase Toconce. Estudios Atacameños 7: 209–235. Fenton, W. 1966. Field Work, Museum Studies, and Ethnohistorical Research. Ethnohistory 13 (1/2): 71–85.Gómez, D. 1976. Narraciones tradicionales de Socaire. Cuadernos de Filología 5: 47-68.
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