y torpes interpretaciones de The Land of the
Leal, y lo que recordaba de la música
«swing» de 1944 —que les gustaba mucho—
, y poco a poco volvieron.
Los ciclos de cosecha no pueden predecirse
en esta época que carece de estaciones y no
tuve que esperar más que unos pocos meses
antes de que las primeras cañas y plantas
diesen frutos. Cuando se los mostré a los
Elois, mi placer sólo provocaba
incertidumbre en las pequeñas caras,
porque los frutos de mis primeros pobres
esfuerzos no podían competir en sabor y
riqueza con los que les proporcionaban los
Morlocks, pero yo podía ver la importancia
de aquellos alimentos más allá de su tamaño
y sabor: porque con esa primera cosecha
había comenzado a separar a los Elois de los
Morlocks.
He encontrado a suficientes Elois con las
aptitudes adecuadas para establecer cierto
número de granjas pequeñas, arriba y abajo
1051
por el valle del Támesis. Por lo tanto, ahora,
por primera vez en incontables milenios,
hay grupos de Elois que pueden subsistir
independientemente de los Morlocks.
En ocasiones me desespero y siento que no
estoy enseñando sino modificando el
instinto de animales inteligentes; pero al
menos es un comienzo. Y trabajo con los
Elois más receptivos para extender su
vocabulario, para enriquecer su curiosidad;
¡pretendo despertar las mentes!
Pero sé que provocar y excitar a los Elois de
esa forma no es suficiente; porque los Elois
no están solos en esta tierra tardía. Y si con‐
tinúan mis reformas entre los Elois, el
equilibrio, aunque malsano, entre Elois y
Morlocks se perderá. Y los Morlocks
reaccionarán inevitablemente.
Me parece que una nueva guerra entre esas
especies posthumanas sería desastrosa,
porque no puedo imaginar cómo podrían
1052
sobrevivir mis precarias iniciativas
agrícolas al asalto diligente de los Morlocks.
¡Y debo expulsar de mi mente cualquier
noción anticuada de lealtad a un bando o a
otro! Como hombre de mi tiempo, mis
simpatías se encuentran naturalmente con
los Elois, porque ellos parecen humanos, y
mi actividad con ellos ha sido placentera y
productiva. De hecho, tengo que esforzarme
para recordar que esas pequeñas gentes no
son humanos; ¡creo que si viese ahora a un
hombre de mi siglo, me sorprendería su
altura, masa y torpeza!.
Pero ni los Elois ni los Morlocks son
humanos —ambos son posthumanos—, a
pesar de mis viejos prejuicios. Debo
encontrar una forma de negociar con la raza
subterránea, para trabajar con ellos como lo
he hecho con los Elois. Sé que los Morlocks
tienen cierta inteligencia: he visto sus
grandes máquinas subterráneas, y recuerdo
que, cuando la habían capturado, limpiaron
1053
y engrasaron la Máquina del Tiempo.
Podría ser que, bajo su asquerosa superficie,
los Morlocks tengan un instinto que esté
más cerca de las actividades ingenieriles de
mi propia época que los pasivos y bovinos
Elois.
Sé bien —¡Nebogipfel me lo demostró!—
que gran parte de mi terror a los Morlocks
es instintivo y proviene de un complejo de
experiencias, pesadillas y temores en el
interior de mi propia alma, irrelevante en
este lugar. He tenido ese temor a la
oscuridad y a los lugares subterráneos
desde que era un niño; está ese temor del
cuerpo y su corrupción que Nebogipfel
diagnosticó —un temor que puede que
comparta, creo, con muchos en mi época—
y además soy lo bastante honesto para
reconocer que soy un hombre de mi clase
social, y que por tanto he tenido poca
relación con los trabajadores de mi época, y
que en mi ignorancia he desarrollado, me
1054
temo, cierta desatención y miedo. ¡Y todos
esos fragmentos de pesadilla se amplifican,
cientos de veces, en mis reacciones hacia los
Morlocks! Pero esa tosquedad del alma no
es digna de mí, de mi gente, o de la memoria
de Nebogipfel. Estoy decidido a dejar a un
lado esas tinieblas interiores, y pensar en
esos Morlocks no como monstruos, sino
como Nebogipfels en potencia.
Éste es un mundo rico y no hay necesidad
de que los restos de la humanidad se
alimenten los unos de los otros de esa forma
tan terrible que han desarrollado. La luz de
la inteligencia se ha reducido, en esta
historia, pero no se ha extinguido. Los Elois
conservan fragmentos del lenguaje
humano, y los Morlocks sus evidentes
conocimientos mecánicos.
Sueño con que, antes de morir, encenderé
un nuevo fuego de la razón sobre esas
brasas.
1055
¡Sí! Es un sueño noble y un adecuado legado
para mí.
Encontré estos trozos de papel explorando
una cripta bajo el Palacio de Porcelana
Verde. Estas páginas han sido preservadas
al haber sido almacenadas en un
empaquetamiento cerrado sin aire. No me
ha sido difícil improvisar un plumín con
trozos de metal, y tinta a partir de tintes
vegetales; y para escribir, he vuelto a mi
asiento favorito de metal amarillo situado
en la cumbre de Richmond Hill, a menos de
media milla de mi antiguo hogar. Mientras
escribo, tengo el valle del Támesis para
hacerme compañía: esa tierra hermosa cuya
evolución he contemplado a lo largo de las
edades geológicas.
El viaje en el tiempo ha terminado para mí..
Hace tiempo que lo he aceptado. Como ya
he dicho, he desmantelado la máquina, y las
piezas me han servido como arados y otros
dispositivos, más útiles que una Máquina
1056
del Tiempo (he conservado las dos palancas
blancas, están a mi lado, sobre el asiento,
mientras escribo). Sin embargo, aunque he
quedado satisfecho con mis proyectos, mi
falta de oportunidades para transmitir a mis
contemporáneos mis descubrimientos y
observaciones y cualquier relato de mis
aventuras, me ha irritado. ¡Quizá se trate
sólo de vanidad! Pero ahora estas páginas
me han dado una oportunidad de
arreglarlo.
Para preservar estas frágiles páginas de la
destrucción, las sellaré de nuevo en su
empaquetamiento original, y luego las
colocaré en un contenedor que he
construido con el cuarzo dopado de
plattnerita de la Máquina del Tiempo.
Luego enterraré el contenedor lo más pro‐
fundo que pueda.
No tengo forma segura de transmitir mi
relato al pasado o al futuro —y menos aún a
otra historia— y puede que estas palabras se
1057
pudran bajo tierra. Pero me parece que el
recubrimiento de plattnerita le dará al
paquete la mejor oportunidad de ser
detectado por cualquier viajero de la
multiplicidad; y puede que por alguna
azarosa corriente del río del tiempo, mis
palabras puedan encontrar el camino de
vuelta a mi propio siglo.
De cualquier forma, ¡es lo mejor que puedo
hacer!, y ahora que me he decidido por ese
curso de acción experimento cierta satis‐
facción.
Completaré y sellaré mi relato antes de
partir para el mundo inferior, porque
reconozco que mi expedición al mundo de
los Morlocks no carece de peligros, un viaje
del que puede que no regrese. Pero es una
tarea que no puedo retrasar más; ya he
pasado de los cincuenta años, ¡y pronto
puede que ni siquiera pueda descender por
los pozos!
1058
Me comprometo aquí a añadir, a mi regreso,
un apéndice a esta monografía: un resumen
de mis aventuras subterráneas.
Es tarde. Estoy listo para el descenso.
¿Cómo dice el poeta? «Si las puertas de la
percepción estuviesen limpias, todo
aparecería al hombre como es, infinito», o
algo parecido. Me perdonarán si cito mal
porque aquí no tengo libros de consulta...
He visto el infinito y lo eterno. Nunca he
perdido la visión de aquellos universos
vecinos yaciendo unos junto a otros en ese
paisaje iluminado por el sol, más juntos que
las hojas de un libro; y tampoco he olvidado
el brillo estelar de la Historia óptima, que
creo que habitará siempre en mi alma.
Pero ninguna de esas grandes visiones
representa para mí ni la mitad de aquellos
momentos fugaces de ternura que han
iluminado la oscuridad de mi vida solitaria.
He disfrutado de la lealtad y paciencia de
1059
Nebogipfel, la amistad de Moses y el calor
humano de Hilary Bond; y ninguno de mis
logros o aventuras —ni la visión del tiempo,
ni el paisaje estelar infinito— perdurará en
mi corazón tanto tiempo como el momento,
en aquella primera brillante mañana
después de mi regreso aquí, cuando me
senté al lado del río y lavé el rostro de
diamante de Weena, y su pecho se elevó al
fin y tosió, y sus hermosos ojos se abrieron
por primera vez y vi que estaba viva; y al
reconocerme sus labios se separaron en una
sonrisa de alegría.
NOTA DEL EDITOR
1060
Aquí termina el relato; no se ha encontrado
ningún apéndice posterior.
1061
Stephen Baxter nació en Inglaterra en 1957.
Educado en Liverpool, se licenció en
matemáticas por la Universidad de Cambridge y
obtuvo el doctorado en Southampton. Hoy
trabaja en las tecnologías de la información y,
desde su.primera publicación en Interzone en
1986, se ha convertido en la nueva y brillante
gran estrella de la ciencia ficción hard británica,
y es considerado el indiscutible sucesor de
Arthur C. Clarke. Baxter está casado y vive en
Buckinghamshire.
Tras una serie de relatos publicados en
Interzone, su primera novela, RAFT (1991), se
inscribe en una compleja historia del futuro que
abarca desde el inicio del universo hasta su final,
a través del conflicto entre los poderosos
alienígenas xeelee y los pájaros fotino. Otros
aspectos de esa historia del futuro se encuentran
en novelas como: TIMELIKE ETERNITY
(1992), FLUX (1993) y RING (1994) y en obras
más cortas como «City of Go1d» y diversos
1062
relatos sobre los xeelee que muy pronto se
recogerán en una antología prevista para 1997.
En 1993 Baxter publicó su primera
aproximación y homenaje a los clásicos de la
ciencia ficción con la novela ANTI‐ICE (1993).
Se trata de una epopeya «steam‐punk» (algo así
como «cyber‐punk», pero con la tecnología
correspondiente a la máquina de vapor), situada
en una Tierra alternativa. Homenaje explícito a
julio Verne, incluye aventuras, romance y
mucha diversión con descripciones de naves
espaciales propulsadas por vapor que recuerdan
directamente el Nautilus de 20.000 LEGUAS
DE VIAJE SUBMARINO.
En 1995, en el escenario de la aparición de LA
MÁQUINA DEL TIEMPO de Herbert G.
Wells, Baxter publicó el relato de las nuevas
aventuras del Viajero del tiempo de Wells a la luz
de la ciencia y la ciencia ficción defines del siglo
XX. Se trata de LAS NAVES DEL TIEMPO
(1995 ‐ NOVA éxito, número II), una obra
excepcional que es a un tiempo homenaje y
1063
continuación de la clásica novela de. Wells con la
que se iniciaba un género. LAS NAVES DEL
TIEMPO ya ha obtenido diversos premios, entre
los que destacan el John W. Campbell Memorial
de 1996 y el premio Kurd Lasswitz a la mejor
novela de ciencia ficción publicada en Alemania.
También ha sido finalista del premio Hugo 1996
y del premio Arthur C. Clarke 1996.
Su última novela, titulada provisionalmente
como ARES, aparecerá finalmente como
VOYAGE, en inglés, en noviembre de 1996. En
ella, Baxter narra una historia alternativa de la
NASA con un proyecto de viaje a Marte cuyo
primer despegue se realizó en mayo de 1986.
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