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Published by snullbug20, 2020-07-14 15:51:44

Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter

y torpes interpretaciones de The Land of the


Leal, y lo que recordaba de la música


«swing» de 1944 —que les gustaba mucho—


, y poco a poco volvieron.


Los ciclos de cosecha no pueden predecirse


en esta época que carece de estaciones y no


tuve que esperar más que unos pocos meses



antes de que las primeras cañas y plantas


diesen frutos. Cuando se los mostré a los


Elois, mi placer sólo provocaba


incertidumbre en las pequeñas caras,


porque los frutos de mis primeros pobres


esfuerzos no podían competir en sabor y


riqueza con los que les proporcionaban los



Morlocks, pero yo podía ver la importancia


de aquellos alimentos más allá de su tamaño


y sabor: porque con esa primera cosecha


había comenzado a separar a los Elois de los


Morlocks.


He encontrado a suficientes Elois con las


aptitudes adecuadas para establecer cierto


número de granjas pequeñas, arriba y abajo


1051

por el valle del Támesis. Por lo tanto, ahora,


por primera vez en incontables milenios,


hay grupos de Elois que pueden subsistir


independientemente de los Morlocks.


En ocasiones me desespero y siento que no


estoy enseñando sino modificando el


instinto de animales inteligentes; pero al



menos es un comienzo. Y trabajo con los


Elois más receptivos para extender su


vocabulario, para enriquecer su curiosidad;


¡pretendo despertar las mentes!





Pero sé que provocar y excitar a los Elois de


esa forma no es suficiente; porque los Elois



no están solos en esta tierra tardía. Y si con‐


tinúan mis reformas entre los Elois, el


equilibrio, aunque malsano, entre Elois y


Morlocks se perderá. Y los Morlocks


reaccionarán inevitablemente.


Me parece que una nueva guerra entre esas


especies posthumanas sería desastrosa,


porque no puedo imaginar cómo podrían


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sobrevivir mis precarias iniciativas


agrícolas al asalto diligente de los Morlocks.


¡Y debo expulsar de mi mente cualquier


noción anticuada de lealtad a un bando o a


otro! Como hombre de mi tiempo, mis


simpatías se encuentran naturalmente con


los Elois, porque ellos parecen humanos, y



mi actividad con ellos ha sido placentera y


productiva. De hecho, tengo que esforzarme


para recordar que esas pequeñas gentes no


son humanos; ¡creo que si viese ahora a un


hombre de mi siglo, me sorprendería su


altura, masa y torpeza!.


Pero ni los Elois ni los Morlocks son



humanos —ambos son posthumanos—, a


pesar de mis viejos prejuicios. Debo


encontrar una forma de negociar con la raza


subterránea, para trabajar con ellos como lo


he hecho con los Elois. Sé que los Morlocks


tienen cierta inteligencia: he visto sus


grandes máquinas subterráneas, y recuerdo


que, cuando la habían capturado, limpiaron


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y engrasaron la Máquina del Tiempo.


Podría ser que, bajo su asquerosa superficie,


los Morlocks tengan un instinto que esté


más cerca de las actividades ingenieriles de


mi propia época que los pasivos y bovinos


Elois.


Sé bien —¡Nebogipfel me lo demostró!—



que gran parte de mi terror a los Morlocks


es instintivo y proviene de un complejo de


experiencias, pesadillas y temores en el


interior de mi propia alma, irrelevante en


este lugar. He tenido ese temor a la


oscuridad y a los lugares subterráneos


desde que era un niño; está ese temor del



cuerpo y su corrupción que Nebogipfel


diagnosticó —un temor que puede que


comparta, creo, con muchos en mi época—


y además soy lo bastante honesto para


reconocer que soy un hombre de mi clase


social, y que por tanto he tenido poca


relación con los trabajadores de mi época, y


que en mi ignorancia he desarrollado, me


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temo, cierta desatención y miedo. ¡Y todos


esos fragmentos de pesadilla se amplifican,


cientos de veces, en mis reacciones hacia los


Morlocks! Pero esa tosquedad del alma no


es digna de mí, de mi gente, o de la memoria


de Nebogipfel. Estoy decidido a dejar a un


lado esas tinieblas interiores, y pensar en



esos Morlocks no como monstruos, sino


como Nebogipfels en potencia.


Éste es un mundo rico y no hay necesidad


de que los restos de la humanidad se


alimenten los unos de los otros de esa forma


tan terrible que han desarrollado. La luz de


la inteligencia se ha reducido, en esta



historia, pero no se ha extinguido. Los Elois


conservan fragmentos del lenguaje


humano, y los Morlocks sus evidentes


conocimientos mecánicos.


Sueño con que, antes de morir, encenderé


un nuevo fuego de la razón sobre esas


brasas.






1055

¡Sí! Es un sueño noble y un adecuado legado


para mí.


Encontré estos trozos de papel explorando


una cripta bajo el Palacio de Porcelana


Verde. Estas páginas han sido preservadas


al haber sido almacenadas en un


empaquetamiento cerrado sin aire. No me



ha sido difícil improvisar un plumín con


trozos de metal, y tinta a partir de tintes


vegetales; y para escribir, he vuelto a mi


asiento favorito de metal amarillo situado


en la cumbre de Richmond Hill, a menos de


media milla de mi antiguo hogar. Mientras


escribo, tengo el valle del Támesis para



hacerme compañía: esa tierra hermosa cuya


evolución he contemplado a lo largo de las


edades geológicas.


El viaje en el tiempo ha terminado para mí..


Hace tiempo que lo he aceptado. Como ya


he dicho, he desmantelado la máquina, y las


piezas me han servido como arados y otros


dispositivos, más útiles que una Máquina


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del Tiempo (he conservado las dos palancas


blancas, están a mi lado, sobre el asiento,


mientras escribo). Sin embargo, aunque he


quedado satisfecho con mis proyectos, mi


falta de oportunidades para transmitir a mis


contemporáneos mis descubrimientos y


observaciones y cualquier relato de mis



aventuras, me ha irritado. ¡Quizá se trate


sólo de vanidad! Pero ahora estas páginas


me han dado una oportunidad de


arreglarlo.


Para preservar estas frágiles páginas de la


destrucción, las sellaré de nuevo en su


empaquetamiento original, y luego las



colocaré en un contenedor que he


construido con el cuarzo dopado de


plattnerita de la Máquina del Tiempo.


Luego enterraré el contenedor lo más pro‐


fundo que pueda.


No tengo forma segura de transmitir mi


relato al pasado o al futuro —y menos aún a


otra historia— y puede que estas palabras se


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pudran bajo tierra. Pero me parece que el


recubrimiento de plattnerita le dará al


paquete la mejor oportunidad de ser


detectado por cualquier viajero de la


multiplicidad; y puede que por alguna


azarosa corriente del río del tiempo, mis


palabras puedan encontrar el camino de



vuelta a mi propio siglo.


De cualquier forma, ¡es lo mejor que puedo


hacer!, y ahora que me he decidido por ese


curso de acción experimento cierta satis‐


facción.


Completaré y sellaré mi relato antes de


partir para el mundo inferior, porque



reconozco que mi expedición al mundo de


los Morlocks no carece de peligros, un viaje


del que puede que no regrese. Pero es una


tarea que no puedo retrasar más; ya he


pasado de los cincuenta años, ¡y pronto


puede que ni siquiera pueda descender por


los pozos!






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Me comprometo aquí a añadir, a mi regreso,


un apéndice a esta monografía: un resumen


de mis aventuras subterráneas.





Es tarde. Estoy listo para el descenso.


¿Cómo dice el poeta? «Si las puertas de la


percepción estuviesen limpias, todo



aparecería al hombre como es, infinito», o


algo parecido. Me perdonarán si cito mal


porque aquí no tengo libros de consulta...


He visto el infinito y lo eterno. Nunca he


perdido la visión de aquellos universos


vecinos yaciendo unos junto a otros en ese


paisaje iluminado por el sol, más juntos que



las hojas de un libro; y tampoco he olvidado


el brillo estelar de la Historia óptima, que


creo que habitará siempre en mi alma.


Pero ninguna de esas grandes visiones


representa para mí ni la mitad de aquellos


momentos fugaces de ternura que han


iluminado la oscuridad de mi vida solitaria.


He disfrutado de la lealtad y paciencia de


1059

Nebogipfel, la amistad de Moses y el calor


humano de Hilary Bond; y ninguno de mis


logros o aventuras —ni la visión del tiempo,


ni el paisaje estelar infinito— perdurará en


mi corazón tanto tiempo como el momento,


en aquella primera brillante mañana


después de mi regreso aquí, cuando me



senté al lado del río y lavé el rostro de


diamante de Weena, y su pecho se elevó al


fin y tosió, y sus hermosos ojos se abrieron


por primera vez y vi que estaba viva; y al


reconocerme sus labios se separaron en una


sonrisa de alegría.





















NOTA DEL EDITOR









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Aquí termina el relato; no se ha encontrado


ningún apéndice posterior.




















































































1061

Stephen Baxter nació en Inglaterra en 1957.


Educado en Liverpool, se licenció en


matemáticas por la Universidad de Cambridge y


obtuvo el doctorado en Southampton. Hoy


trabaja en las tecnologías de la información y,


desde su.primera publicación en Interzone en


1986, se ha convertido en la nueva y brillante



gran estrella de la ciencia ficción hard británica,


y es considerado el indiscutible sucesor de


Arthur C. Clarke. Baxter está casado y vive en


Buckinghamshire.


Tras una serie de relatos publicados en


Interzone, su primera novela, RAFT (1991), se


inscribe en una compleja historia del futuro que



abarca desde el inicio del universo hasta su final,


a través del conflicto entre los poderosos


alienígenas xeelee y los pájaros fotino. Otros


aspectos de esa historia del futuro se encuentran


en novelas como: TIMELIKE ETERNITY


(1992), FLUX (1993) y RING (1994) y en obras


más cortas como «City of Go1d» y diversos






1062

relatos sobre los xeelee que muy pronto se


recogerán en una antología prevista para 1997.


En 1993 Baxter publicó su primera


aproximación y homenaje a los clásicos de la


ciencia ficción con la novela ANTI‐ICE (1993).


Se trata de una epopeya «steam‐punk» (algo así


como «cyber‐punk», pero con la tecnología



correspondiente a la máquina de vapor), situada


en una Tierra alternativa. Homenaje explícito a


julio Verne, incluye aventuras, romance y


mucha diversión con descripciones de naves


espaciales propulsadas por vapor que recuerdan


directamente el Nautilus de 20.000 LEGUAS


DE VIAJE SUBMARINO.



En 1995, en el escenario de la aparición de LA


MÁQUINA DEL TIEMPO de Herbert G.


Wells, Baxter publicó el relato de las nuevas


aventuras del Viajero del tiempo de Wells a la luz


de la ciencia y la ciencia ficción defines del siglo


XX. Se trata de LAS NAVES DEL TIEMPO


(1995 ‐ NOVA éxito, número II), una obra


excepcional que es a un tiempo homenaje y


1063

continuación de la clásica novela de. Wells con la


que se iniciaba un género. LAS NAVES DEL


TIEMPO ya ha obtenido diversos premios, entre


los que destacan el John W. Campbell Memorial


de 1996 y el premio Kurd Lasswitz a la mejor


novela de ciencia ficción publicada en Alemania.


También ha sido finalista del premio Hugo 1996



y del premio Arthur C. Clarke 1996.


Su última novela, titulada provisionalmente


como ARES, aparecerá finalmente como


VOYAGE, en inglés, en noviembre de 1996. En


ella, Baxter narra una historia alternativa de la


NASA con un proyecto de viaje a Marte cuyo


primer despegue se realizó en mayo de 1986.



































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