Le pido al CDM que lave los platos que llevan días en el fregadero.
Antes de irse de fin de semana, los lava y deja un mensaje frente a la
puerta de mi habitación.
La CDM hace cuentas
51
Tras la llegada de la factura
anual del gas, el CDM decide
comunicar a los otros inquili-
nos los importes usando el ár-
bol de Navidad.
La CDM sigue dejando la
mesa llena de migajas. He de-
cidido probar con mensajes
subliminales.
52
Esta mañana me despierto y veo que el CDM me ha dejado la cafete-
ra en el fuego. La abro para echarme el café y encuentro este mensaje.
53
LA COMPAÑERA DE
MIERDA GUARRILLA
¡Qué asco! ¿Lo quieres?
(La Compañera de Mierda
Guarrilla mientras come algo).
Así llego mejor a ciertas zonas.
(La Compañera de Mierda Guarrilla mientras se depila en la
cocina, con un pie en el fregadero y otro en el suelo).
54
Estudios: Derecho. La CDM Guarrilla pasa sus días en la bi-
blioteca de la facultad, donde, entre café y cigarro, se deja cor-
tejar por los machos de su especie.
Modelo de referencia: cualquier concursante del programa de
televisión Mujeres y hombres y viceversa.
Look: La CDM Guarrilla opta por ropa de color llamativo, con
prendas que muestren todo lo posible sus formas.
• El pelo, tras años abusando de productos colorantes y deco-
lorantes, ha adquirido un color blanco marfil.
• Además, este tipo de CDM presta particular atención al cui-
dado de las uñas de las manos. Suele llevar pequeñas prótesis
de plástico que decora con espirales, florecitas e inscripciones.
• Los bolsos que usa son imitaciones fabricadas en China de
marcas de lujo como Yves Saint Laurent y Gucci.
• Durante todo el año y en cualquier condición atmosférica,
la CDM Guarrilla lleva enormes gafas de sol, que suelen cu-
brirle la mitad de la cara. Rara vez se las quita.
Cómo reconocerla: durante su visita para ver la habitación,
la CDM Guarrilla mira a su alrededor con cara de asco. Con
aire de suficiencia, pregunta si el colchón es nuevo, si la corti-
na de la ducha es nueva, si la lavadora es nueva. No toca nada
por miedo a ensuciarse. Luego, poco antes de marcharse, va al
baño, mea y no tira de la cadena.
Por qué elegirla: la CDM Guarrilla es la antagonista natural
del Casero de Mierda. Su actitud hipócrita y taimada hará me-
lla inmediatamente en el susodicho, que, embaucado ante la
posibilidad de obtener favores de tipo sexual, por fin cambia-
rá el frigorífico, sustituirá el tubo del gas y arreglará la fuga del
calentador.
55
Habitación de la Compañera de Mierda Guarrilla
Si la CDM Guarrilla pone una atención enfermiza en el cuida-
do de su persona, no ocurre lo mismo con su habitación, que es
una auténtica pocilga. Nótense: la montaña de ropa que cae en
avalancha del armario (prendas por estrenar en su mayoría); la
televisión permanentemente encendida, por lo general sintoni-
zando Telecinco; la cama de matrimonio, escenario de sus en-
cuentros con individuos seducidos por Tinder, Badoo y Meetic.
56
Además, la Compañera de Mierda Guarrilla:
• Deja el bolso encima de tu ordenador encendido.
• Limpia el suelo restregando el pie sobre la mancha.
• Puedes oírla discutir sobre sexo anal con su novio a las dos de
la madrugada. No necesariamente insiste él.
• Habla mal de ti sin saber que estás en casa.
• Le mira el culo a tu novio, luego te mira y sonríe.
• Cada vez que va a venir tu novio, ella corre al baño para ma-
quillarse.
• Invita a tu ex a cenar en tu casa.
Historias reales que nos cuentan de CDM Guarrillas
La CDM apaga el calentador porque tiene que plancharse el pelo, pero
no lo vuelve a encender. Serás tú el que lo haga, una vez descubierto el
pastel, cuando ya estás desnudo bajo la ducha.
*
Al llegar a casa, pillo a mi CDM desnuda con un chico aleatorio que
está saliendo del baño envuelto en mi suave y cálido albornoz.
*
La CDM entra en mi habitación y me dice: «Tengo que ir a una tuto-
ría con el profesor, ¿se me ven bastante las tetas?».
*
57
La CDM me recibe en la nueva casa con este lavabo.
La CDM sostiene que los panties son ropa interior, por lo que se siente
autorizada a ir por la casa con panties y nada debajo.
*
Mi CDM limpió el baño con suavizante, para luego afirmar que «te-
nemos que cambiar de friegasuelos, éste hace un montón de espuma».
*
58
Recién llegada a mi nueva casa conozco a mis dos compañeras. Son
muy agradables y simpáticas, pero cuando les pregunto cómo suelen
organizarse para la limpieza, me responden: «No te preocupes, el baño
no lo limpiamos nunca porque qué más da, ¡somos todas chicas!».
*
Un día entré en la cocina y encontré a la CDM hablando por el mó-
vil. El teléfono estaba cargándose y el cargador estaba enchufado en
la toma del frigorífico. Opté por no preguntarle cuánto tiempo lleva-
ba hablando.
*
La CDM se olvida la olla en el fuego y la quema; luego la llena de agua
y la deja en el fregadero dos días. Al tercer día la saca a la terraza. El
proceso se repite cada tres días. Y así, como por arte de magia, a las
dos semanas toda la batería de cocina está en la terraza.
*
Mi antigua CDM tenía un cepillo de dientes eléctrico. Hasta aquí
todo bien. Pero un día confesó cándidamente que lo usaba también a
modo de vibrador. Durante los siguientes dos años lavarse los dientes
ya no fue lo mismo.
*
Organizo una cena con mis compañeros de trabajo, que se quedan a
pasar la noche. A las cinco y media de la madrugada, la CDM decide
follarse a mi jefe. En mi habitación. Conmigo en la cama de al lado.
*
59
Tras una ausencia de casi un mes, vuelves a casa. Nada más abrir la
puerta se lanza contra ti una mujerona desconocida de metro ochenta
que grita e impreca en una mezcla incomprensible de italiano con al-
gún otro idioma remoto. Era la mujer de la limpieza, a la que la CDM
había dejado encerrada en casa unas horas antes, al marcharse tran-
quilamente a dar una vuelta.
*
Después de pedirme por favor que me quede
con ella y con su «amigo» para ver la tele-
visión juntos, la CDM aprovecha la manta
para hacerle una paja: con la luz encendida
y conmigo al lado.
*
Soy un chico y vivo con unas CDM que hablan continuamente de la
regla. Reproduzco una breve conversación que tuvieron mientras yo
cenaba:
CDM 1: Chicas, estoy sangrando como si fuera un coño regloso (se ha-
bía mordido un padrastro del dedo).
CDM 2: Oye, ¿sabes que cuando yo era pequeña y tenía la regla, si ha-
bía que cocinar salsa, me obligaban a ponerme guantes? Decían que,
si no, la salsa quedaba ácida.
CDM 3: Pues a mí de pequeña, cuando tenía la regla, no me dejaban
subirme a los árboles, decían que se secaban.
Buen provecho.
60
Extensiones
Al cambiar de look con tanta frecuencia, la CDM Guarrilla no
puede esperar a los habituales ritmos fisiológicos de crecimien-
to del pelo. Cuando resuelve que es hora de pasar de un corte
garçon a una melena larga y seductora, adora usar unas prácti-
cas extensiones de quita y pon. En las siguientes pruebas foto-
gráficas se pueden observar algunos de los casos en que, tras el
lavado, las extensiones se ponen a secar.
61
La CDM abandona definitivamente
la casa. En la nota de despedida es-
cribe: «Podéis comeros lo que he de-
jado en el frigo». Llevaba un mes ca-
ducado.
LA COMPAÑERA DE MIERDA
GUARRILLA ENNOVIADA
Las costumbres de este tipo de CDM Guarrilla no se distinguen
particularmente de las de la CDM Guarrilla clásica. La única di-
ferencia está en la mayor frecuencia de determinados fenóme-
nos, a saber:
• Llamadas nocturnas con gritos e insultos.
• Sesiones de sexo por Skype en la cocina.
• Llamadas al telefonillo en plena noche: es el novio, que llega
de repente para controlar a la CDM.
62
Te despiertas de madrugada: suena la llave en la cerradura. Al no oír
la puerta abrirse, te levantas para ver qué pasa. Te acercas lentamen-
te a la puerta y por la mirilla ves a tu CDM follando con su novio en
el rellano.
*
Después de pasar cuatro horas con el novio, mi CDM sale desnuda de
su habitación y se nos acerca a la otra inquilina y a mí, que en ese mo-
mento estamos limpiando la casa. Se queda mirándonos y, mientras de
sus partes íntimas gotea el líquido biológico de su queridísimo, nos
pregunta: «¿Queréis que os eche una mano? ¡Se me había pasado lo
de la limpieza!».
*
Nuestra CDM es una gran amante de los actos copulatorios durante
las horas diurnas. Ayer por la noche, a eso de las nueve, cosa rara, la
CDM empieza a follar de forma salvaje, mientras la otra inquilina,
su madre y yo estamos cenando. Su habitación está en el altillo, sobre
el comedor, de modo que, al cabo de una hora, la madre de mi compa-
ñera no puede seguir reprimiéndose y pregunta: «¿Es que hay alguien
arriba llorando?».
*
La CDM sale de la casa para comprar cigarrillos. Como de costumbre,
cierra la puerta de su habitación con llave y al salir se despide de mí.
Al rato paso por delante de su habitación y oigo a alguien toser. Me
asusto porque creía que estaba sola. Unos minutos después la CDM
vuelve y abre la puerta de su habitación con la llave, diciendo: «Cari-
ño, ya he vuelto». Esto demuestra hasta qué punto pueden llegar los
celos de una mujer.
63
Vuelvo del trabajo muerta de cansancio y de hambre. Esto
es lo que me encuentro en los fuegos de la cocina.
*
En una casa de ocho personas, la CDM anuncia:
—Mañana llega mi novio.
—Ah, ¿y cuánto se queda?
—No lo sé, sólo ha comprado el billete de ida.
64
EL NOVIO DE MIERDA
El Novio (o Novia) de Mierda es un tipo de CDM cuya presen-
cia, en principio, no es de carácter permanente. He aquí las for-
mas en las que un NDM puede convertirse en un CDM:
• NDM que vive en un pueblo perdido de provincias y deci-
de quedarse provisionalmente en la habitación de su pareja
para buscar trabajo en la ciudad o «entregar currículums por
ahí». No se marchará jamás.
• NDM que se ha peleado con sus padres y pide quedarse pro-
visionalmente en la habitación de su pareja. No se marcha-
rá jamás.
• NDM que, expulsado de su casa, se va a vivir provisional-
mente a la habitación de su pareja. No se marchará jamás.
Por supuesto, el NDM, como CDM no oficial que es, se consi-
dera exento del pago de todo tipo de facturas, así como de cual-
quier labor de limpieza.
Algunas historias reales de Novios de Mierda
El NDM de mi CDM, con voz persuasiva y sensual, le susurra:
«Cómo me pones…», mientras ella corta en filetes un trozo de pez
espada. Servidora está a tres pasos de ellos, lavando la lechuga para
la ensalada.
*
65
El NDM de mi CDM adora hablar de sus dotes de semental, afirman-
do que hace que su novia tenga hasta cuatro orgasmos seguidos. Ade-
más, el NDM quiere recalcar el concepto, y afirma que lo mismo le
pasaba con su exnovia. Y concluye: «Pobrecilla mi ex, se murió en un
accidente de tráfico, estaba embarazada. La encontré yo».
*
La CDM nos anuncia que volverá a Calabria para pasar allí un par
de días. Nada más salir de casa con su maleta, comienzan los gri-
tos de felicidad, y durante las siguientes doce horas lanzamos hacia la
puerta de su habitación todo tipo de improperios y palabrotas. Hasta
que, buscando una silla para un invitado, entramos en su cuarto y nos
El NDM en su hábitat típico: el sofá del salón. Nótense: los
calzoncillos que dejan pelo a la vista, las zapatillas de la novia,
la cerveza de los otros inquilinos.
66
encontramos al NDM, en silencio y escondido, sumergido entre bolsas
de basura del McDonald’s.
*
En mitad de la noche me despierta un batacazo fortísimo. Abro los
ojos y veo a un individuo entrar por la ventana. ¿Quién era? El NDM
de la CDM, que quería darle una «sorpresa» por San Valentín.
*
De buena mañana, el CDM pasa por delante de mi habitación y, ras-
cándose concienzudamente los huevos, me da los buenos días y me
dice: «Perdona, ayer por la noche la Cami (su novia) y yo nos acaba-
mos tu mantequilla». Voy a la cocina, enternecida por la imagen de
los dos tortolitos que preparan una tarta con forma de corazón y, efec-
tivamente, constato que en el frigorífico no queda ni una de mis mini
porciones de mantequilla. Sin embargo, su paquete de medio kilo si-
gue ahí, intacto.
Un poco irritada, me acerco a él y le pregunto: «Oye, ¿qué necesi-
dad había de gastar toda mi mantequilla si tú también tenías?». A lo
que me responde: «Lo sé, pero para encular a la Cami las mini porcio-
nes son más cómodas. La mantequilla normal tienes que ponerte ahí
a cortarla en el momento, y es un follón».
67
Daños
El clásico hábitat del CDM es un piso ruinoso en alquiler. El
dueño de la casa, también conocido como Casero de Mierda,
suele ser un individuo miserable que lo alquila a un precio exor-
bitante y sin contrato. El mobiliario es una extraña mezcla de
armarios de madera color nogal de los años sesenta, electrodo-
mésticos de los años noventa y camas baratas del Ikea. En este
escenario, el CDM adora prodigarse en acciones que nacen de
la desidia, la creatividad o el puro espíritu vandálico. En otras
palabras: daños. He aquí un breve muestrario.
Para calentar su comida, el CDM la mete en el horno en un plato de
plástico, haciendo que se derrita e impregnando la casa de un espan-
toso olor a goma quemada.
68
La CDM hace estallar una botella de vino mientras se la lleva a
la boca. Aún no entendemos cómo.
A la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, el congelador ya vete-
rano, que el CDM dejó entornado, tenía este aspecto.
69
70
El CDM 1 hace explotar una cafetera a las siete de la mañana, sem-
brando el pánico en todo el edificio. Obviamente, se va al trabajo sin
limpiar nada. En compensación, llega el CDM 2 que, en lugar de lim-
piar, decide dar rienda suelta a su presunto talento artístico colocan-
do la cafetera como si estuviese en fase de explosión, colgando del te-
cho las diferentes partes con sedal.
71
A su regreso el sábado noche, el CDM se da cuenta de que ha perdido
las llaves e intenta echar la puerta abajo. Por desgracia, la puerta está
blindada y se carga media pared. ¿El resultado? Desde hace una sema-
na vivimos en una casa donde no se puede cerrar la puerta principal.
72
Ya por la mañana, el CDM vuelve a casa borracho y decide apoyarse
en el lavabo. Éste es el resultado.
73
El CDM le pega una patada al horno, convirtiéndolo en un radiador.
El pecado del aparato fue ser demasiado lento a la hora de hacer su
pizza congelada.
74
El CDM invade tu habitación con un clavo de veinte centímetros.
75
Ella tenía que hacerle la cera a su ex (él), pero se metieron en la habi-
tación a discutir, y ya nadie prestó atención a los fuegos de la cocina.
76
El CDM se olvida de cerrar la ventana del baño antes de marcharse
por Navidad. Durante las vacaciones, varias palomas invaden el aseo,
poniéndolo todo perdido de cagadas. Una de ellas, probablemente en
un intento de beber agua en el retrete, muere ahogada.
77
EL COMPAÑERO DE MIERDA
NIÑO DE MAMÁ
Exijo respeto, voy a
llamar a mis padres.
(El Compañero de
Mierda Niño de
Mamá, durante
una discusión entre
inquilinos).
¿Pero le dais de comer? Se está quedando en los huesos.
(La madre del Compañero de Mierda Niño de Mamá,
dirigiéndose a sus compañeros de piso).
78
Estudios: Economía y Comercio. El CDM Niño de Mamá hace
la carrera que sus padres han elegido por él. Por eso, algunos
de estos ejemplares suelen fingir que se presentan a los exáme-
nes. Son capaces de vivir en esa farsa durante años, y no revelar
nada a familiares y amigos hasta las vísperas de la inexistente
defensa del trabajo de fin de grado.
Modelo de referencia: Joffrey Baratheon, el rey-niño de Juego
de Tronos.
Look: el CDM Niño de Mamá adora la ropa de tipo clási-
co-anónimo:
• Polo liso de algodón, preferiblemente en tono verde, amari-
llo, rojo o azul.
• Combinado con pantalones cortos y zapatos de primera co-
munión.
Una característica típica del CDM Niño de Mamá es la de vestir
siempre con la misma marca, como Slam o Lacoste. Se conoce
que este tipo de CDM compra la ropa exclusivamente acompa-
ñado de su madre, que, por comodidad, prefiere adquirir todas
las prendas en la misma tienda.
Cómo reconocerlo: el CDM Niño de Mamá se presenta a la
cita para ver la habitación en compañía de sus padres. Algu-
nos, más emancipados, se presentan solos, pero obligan a los
presentes a mantener largas conversaciones telefónicas con su
madre, a la que habrá que ilustrar cada detalle de la habitación.
Por qué elegirlo: los padres del CDM Niño de Mamá viven con
la obsesión de que su hijo no come lo suficiente. Por eso acuden
a su casa mensualmente —a veces incluso cada dos semanas—
79
para abastecer la despensa del hijo con todo tipo de manjares, de
los que también podrán disfrutar los otros inquilinos. Por otro
lado, con ocasión de dichas visitas, los padres se encargarán de la
limpieza de la habitación del CDM y de todas las zonas comunes.
Además, el CDM Niño de Mamá:
• Hace que sus padres se peguen la noche viajando de Cádiz a
Barcelona en coche porque tiene 37,5º de fiebre.
• Golpea el suelo con la escoba cuando oye los quejidos del ve-
cino de abajo, un nonagenario enfermo terminal.
80
Historias reales que nos cuentan de CDM Niños de Mamá
Le pregunto al CDM: «¿Puedes intentar no ir goteando por toda la
casa después de fregar o lavarte las manos?». A lo que él me responde,
sin ironía alguna: «Eso es algo que aún no me han enseñado».
*
El CDM no ve la diferencia entre las siguientes frases: «Esta noche
salgo con unos amigos» y «Esta noche salgo con unos amigos, ¿quie-
res venir?».
*
Al acabar mi turno de limpieza, me tumbo en la cama, confiando en
poder descansar un poco. El CDM llega con su madre y, tumbándose
con ella en la cama de al lado, pronuncia frases del tipo: «¿De quién
son estas tetitas?».
*
El CDM se despierta en plena noche mientras todo el mundo duerme
(menos yo) y me dice: «Voy a salir». A los pocos segundos vuelve y em-
pieza a llamar a la puerta. Abro y me doy cuenta de que había salido
en pijama y descalzo. El CDM se dirige como si nada a la habitación,
estrellándose contra todo lo que encuentra a su paso, y luego exclama:
«Mamá, ya le he llevado a la abuela las cosas que me has dado».
Así es como descubrimos que es sonámbulo.
*
81
Mi antigua CDM no se ha hecho la cera en su vida. De hecho, un día,
cuando puse la mía (color verde y azul) a calentar en una cacerola, me
dijo: «Mmm, ¿qué es eso que cenas hoy?».
*
La CDM entra en mi habitación mientras estoy estudiando y me dice:
«Perdona si te molesto, pero ¿sabrías decirme qué es el clítoris?». Des-
pués de explicárselo, me pide que le enseñe un condón. Abro uno y le
muestro la elasticidad del objeto, metiendo dentro todo el brazo. Ella,
muerta de miedo, se pone a llorar.
*
Mi CDM se deja el móvil apagado cinco días. Una tarde suena el tim-
bre: son dos policías municipales, que suben y preguntan si el CDM en
Para no usar un plato, y tener que lavarlo, el CDM come directa-
mente en el papel de aluminio.
82
cuestión vive ahí, afirmando que sus padres están preocupadísimos y
lo han estado llamando sin descanso. Todo esto mientras yo me esta-
ba fumando un porro.
*
Pleno agosto. Mientras estaba fuera de la ciudad, mi CDM se quedó
sin luz durante una semana. A la vuelta, el frigo está lleno de moho y
hongos y él acaba de decidir que se va porque «ha vivido como un ani-
mal injustamente».
En realidad no sabía cómo volver a encender el contador eléctrico
del pasillo después de que saltasen los plomos.
83
EL COMPAÑERO DE MIERDA
NIÑO DE MAMÁ
CATÓLICO FERVIENTE
El CDM Niño de Mamá que ha
nacido y crecido en una familia
particularmente religiosa recibe el
nombre de CDM Niño de Mamá
Católico Ferviente. Este ejemplar,
además de venerar cuadros y pós-
teres que reproducen imágenes de
la Virgen, Jesús o el papa Juan Pa-
blo II, siente un apego fetichista
por los rosarios, las Biblias y las fi-
guritas del Padre Pío.
La jornada del CDM Católico Fer-
viente está marcada por:
• Las oraciones.
• La condena de cualquier com-
portamiento que no se adapte a
los preceptos de su religión.
• La invitación constante al arre-
pentimiento que hace al resto
de inquilinos.
Algunos CDM de este tipo idolatran las imágenes de sus fami-
liares muertos en circunstancias misteriosas.
84
Así es como nuestro
CDM ha decidido
adornar el salón:
Además, el CDM Niño de Mamá Católico Ferviente:
• Invita a curas a tu casa para que la bendigan sin que te enteres.
• Cuelga sus rosarios en el pasillo, que no en su habitación.
• Mientras te estás tomando la píldora, exclama: «¡Yo estoy en
contra!».
• Va de habitación en habitación diciendo que Dios se le ha
aparecido en sueños y le ha comunicado los proyectos que
tiene para cada uno de los demás inquilinos.
El CDM entra en mi habitación, se pone cómodo, abre mi libro de Bio-
química, me mira con una expresión perpleja e inquiere: «¿Pero tú de
verdad crees en todas estas historias?».
85
Habitación del CDM Niño de Mamá Católico Ferviente
Nótense: la estatua de 90 centímetros del Padre Pío; la foto de
la primera comunión del CDM; la alfombra llegada desde la ha-
bitación de su infancia.
86
Transformación del Compañero de Mierda Niño de Mamá
Los padres dejan al CDM Niño de Mamá limpio, arreglado y
con el congelador lleno de víveres. Ésta es la transformación a
lo largo de los veinte primeros días días que se queda solo.
Territorio del Compañero de Mierda Niño de Mamá
Nótese que no se mueve de su habitación. A veces va al baño
y a la cocina.
87
EL COMPAÑERO DE MIERDA
NIÑO DE MAMÁ FRIKI
Existen numerosas pruebas do-
cumentales que demuestran que
el tipo de CDM Friki pertenece a
la categoría de Niño de Mamá. El
CDM Friki es un CDM Niño de
Mamá que pasa buena parte de su
día en la habitación, donde invier-
te su tiempo en:
• Intervenciones vehementes en
los foros.
• Videojuegos dificilísimos de
nombres desconocidos y gráfi-
cos infames.
• Cómics de superhéroes ame-
ricanos o mangas japoneses
para adolescentes.
• Sagas literarias de ciencia fic-
ción.
• Intensas sesiones masturbato-
rias frente a vídeos de mujeres
con grandes pechos.
Este tipo de CDM se alimenta principalmente de dulces que
guarda en el armario, y realiza nocturnas incursiones relámpa-
go a la cocina para retirar los platos preparados que sus padres
han colocado en el congelador, ya divididos en bolsitas mono-
porción. Además de la comida, otro elemento fundamental
88
para la supervivencia del CDM Friki es el cable LAN (sistema
de conexión a internet más rápido y seguro que la conexión
wifi). En muchas casas dicho cable suele atravesar salones y pa-
sillos, provocando tropezones y lesiones en otros inquilinos.
Además, el Compañero de Mierda Niño de Mamá Friki:
• Pasa la noche viendo recopilaciones de epic fails a un volu-
men apocalíptico.
• Tiene un ordenador de escritorio y un portátil descargando
películas y series veinticuatro horas al día, lo que inutiliza la
conexión de todos los demás.
• Aunque viva en la habitación de al lado, se comunica contigo
exclusivamente a través de las redes sociales.
• Le grita al ordenador frases completamente incomprensibles:
«Ádame que estartamos. Sí, pero no lo modees todo, venga,
pogüerízame. Te he dicho que me adas antes de estartar, no
puedes estartar sin haberme adado antes. Maldito ag, coño,
tenía que esponar al Tenk. Si está el bumer no le shutes».
«Noooo, ¿te han kilado? ¡¡Ahora ya no podemos yoinir-
nos!! Nub y una mierda, ése es un Pro. Vamos a restartar.
¿Activamos la Wich?».
Algunas historias reales de CDM Niños de Mamá Frikis
Al abrir la puerta principal, me doy cuenta de que la casa está inun-
dada por las aguas del desagüe del edificio. Me dirijo a toda prisa a la
habitación del CDM y lo encuentro a oscuras (son las dos del medio-
día), con la cara a tres centímetros del monitor de su ordenador, la ha-
bitación inundada y sin tener ni pajolera idea de lo que está pasando.
89
El CDM usa el retrete a modo de sala de lectura. Esta prueba
muestra cómo en una sola cagada/sesión avanzó 149 páginas.
*
Diálogo hace unas horas con mi CDM:
Yo: Hoy te toca limpiar la cocina.
CDM: Lo sé, pero llevo de puto culo un examen.
Yo: Ya, pero tenías una semana de tiempo. ¿Cómo es posible que no ha-
yas tenido ni una horita libre?
CDM: Ya te digo que no he tenido nada de tiempo.
Dicho esto, se mete en su habitación y se oye el sonido de la Playstation
2 al encenderse. El CDM jugará desde las dos y media hasta las cinco
de la tarde.
*
El CDM, que se entretiene en plena noche con el videojuego de peleas
Tekken, grita continuamente frases como «¡Te mato, cabrón!», y simi-
lares, haciendo que nuestros tímidos vecinos jubilados decidan llamar
a las fuerzas del orden, que no se creen las explicaciones del CDM.
90
Como no tiene televisor, el CDM decide jugar al famoso vi-
deojuego Tekken 3 proyectándolo en la pared del edificio de
enfrente.
91
Padres de Mierda
Detrás de todo CDM hay un Padre de Mierda. Los compañeros
de piso que tienen relación con estos individuos suelen encon-
trar en ellos el mismo comportamiento propio del CDM.
En la reconstrucción gráfica, un CDM Niño de Mamá se presenta a la
cita para ver la habitación acompañado de sus padres.
92
Historias de padres
La madre de mierda de mi CDM friega exclusivamente los platos de su
hija, dejando mi plato solitario y sucio en el fregadero. Ahora entien-
do de quién lo ha aprendido.
*
La CDM quiere una hamaca en su habitación. El padre se encarga de
complacer la petición y colgar un lado de la hamaca en la parte supe-
rior de la ventana y el otro en el pomo del radiador.
Ante las observaciones perplejas de mi amiga y mías sobre la pre-
cariedad de la instalación, el padre responde: «Aguanta, claro que
aguanta». Para demostrarlo se tumba, arrancando el radiador y par-
te de la tubería.
Corría finales de noviembre y estuvimos sin calefacción durante
casi dos meses.
*
Al taladrar la pared para pasar
el cable de la antena de televi-
sión, el padre de la CDM pilla
de lleno la cañería del desagüe
del edificio. Tras tomar nota de
los daños, la CDM y su padre
se van de la casa.
93
Mis compañeras de Apulia deciden hospedar a sus familiares unos
días. A las pocas horas, la situación en mi casa es la siguiente: padres
cincuentones acampados en mi salón en pijama; madres a los fogones,
como buenas meridionales, friendo y amasando una cantidad absur-
da de comida; novios en calzoncillos riéndose y charlando con sus res-
pectivos suegros.
Una mañana, voy a la cocina para preparar el café. Después de
franquear el campamento del salón y tropezar dos o tres veces con las
zapatillas de uno de los mil miembros de la familia, el padre de mi
compañera, en bata, me llama por sorpresa y me dice: «Oye, tú, que
sepas que ya he acabado con la tele, si la quieres ver te la dejo».
*
Mientras estás en clase, el CDM te coge también el polo Lacoste blan-
co. Te lo devuelve con sobaco estilo Camacho, así que te cabreas de ver-
dad. Entonces el CDM le pide a su madre que te lo lave. Ésta, temien-
do que el cocodrilo verde destiña el polo, lo quita con las tijeras. Luego
lo vuelve a coser, torcido, sobre el agujero.
*
La aspirante a CDM responde a tu anuncio de alquiler haciéndote ha-
blar con su madre. No contenta con eso, se presenta a ver la habitación
escoltada por sus padres (obviamente, después de haber bombardeado
de llamadas a la única Compañera No de Mierda ausente por motivos
laborales). Lo primero que ves cuando llega la CDM es a la mole de
su madre, que cubre por completo el vano de la puerta; lo segundo son
las mejillas rojas de borracho del padre calzonazos. A ella no la oyes
siquiera: sólo te percatas de que, en dimensiones, se parece a la madre.
La Madre de la CDM observa asqueada la cama de la habitación en
alquiler, preguntándose si no hay una más grande porque su hija, po-
brecilla, no cabe. De nuevo la madre, cuando llega el momento de las
94
explicaciones sobre gastos, facturas y contrato, te pregunta si puede
usar el baño y desaparece durante una media hora, entre las miradas
consternadas de la hija y el marido que «no se explican qué puede ha-
ber pasado».
Un segundo antes de que tú y tus Compañeras No de Mierda de-
cidáis llamar al 112, la madre de la CDM sale del baño, subrayando
que se ha permitido usar una toalla de cara blanca, y enfilando casi
instantáneamente las escaleras con el resto de su familia. Tus compa-
ñeras y tú os quedáis mirándoos perplejos hasta que una tufarada he-
dionda y demoniaca invade toda la casa. Vas corriendo al baño y ves:
• Un restregón en la taza del váter.
• Gotas de agua en el borde del bidé y pelos púbicos grises en su in-
terior.
• La toalla de cara blanca con la que se ha secado el culo: la tuya.
*
Londres. El CDM y su madre vuelven en mitad de la noche, completa-
mente borrachos. Mientras duermo, ajeno a todo, dejan trozos de ke-
bab sobre mi cama. No contento con eso, el CDM le abre la puerta al
perro, que estaba en el jardín, y lo deja pasar a mi habitación, donde,
atraído por los trozos de kebab, sube a la cama y me despierta. Enton-
ces me doy cuenta de que el edredón está lleno de comida, salsas varias
y huellas de barro. Cabreado como un mono, cojo al perro y lo echo
de mi habitación. Luego voy a la cocina, preparado para una carnice-
ría, y me encuentro a la madre del CDM vomitando en el fregadero. Al
verme entrar, la mujer se abalanza sobre mí y me dice que soy el chi-
co más guapo que ha visto en su vida. Luego intenta besarme, con la
boca sucia y apestando.
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Historias de comida podrida
Al CDM le resulta difícil guardar o tirar a la basura los restos de
las comidas que prepara para su subsistencia. Por ese motivo,
en las casas donde viven CDM es frecuente encontrar restos de
comida ya podrida.
Como se puede comprobar en la foto, el CDM genera complejos ecosis-
temas en cualquier tipo de recipiente.
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Después de dejar durante semanas este trozo de carne curándose en
el frigo, el CDM se percata del hedor y decide, con la sabiduría que le
caracteriza, dejarlo reposar unos días más en el balcón. He aquí el re-
sultado.
La polenta que la señora del séptimo nos preparó con todo el cariño del
mundo se quedó criando moho, sin dignidad alguna.
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La CDM cocina pasta al horno y luego se marcha para el puente del
1 de mayo.
98
El CDM biólogo se dedica a cultivar moho en el frigorífico.
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Nueva York. El CDM ecológico, amante de las energías alternativas
y la naturaleza, conserva en el congelador la basura orgánica con el
objetivo de hacer algún día compost para los jardines y parques de la
ciudad.
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