LAS RECETAS DEL COMPAÑERO DE
MIERDA ERASMUS
A continuación recogemos un breve catálogo de las obras
maestras culinarias del CDM Erasmus.
1. La pasta fantasía del Compañero de Mierda español
Según la receta de nuestro CDM, se debe poner una olla con agua en
el fuego. Cuando el agua hierve, añadir:
• 400 gramos de pasta (marca blanca).
• 2 latas de atún con su aceite correspondiente.
• 6 puñados de sal.
• 1 huevo.
• 1 bote de tomates pelados.
Después de esperar el doble de tiempo necesario para la cocción de la
pasta, dejar cocer otros cinco minutos más y mezclar bien todos los
ingredientes, como sea. Escurrir la pasta y recuperar los condimentos
con una paleta.
Servir, añadiendo un chorro de aceite crudo o salsa de soja a gus-
to del consumidor.
151
2. Pasta con huevos
3. Pasta a la francesa
Nuestros CDM franceses utilizan tres métodos diversos para prepa-
rar pasta:
• Método 1
Poner la pasta en agua fría y encender el fuego. Volver a los 40 minu-
tos, escurrir la pasta y colocarla bajo un chorro de agua fría.
• Método 2
Como el anterior, pero esperar a que el agua se evapore.
• Método 3
Introducir los espaguetis en un recipiente de plástico lleno de agua fría
y colocarlo en el microondas durante treinta y un minutos. Una vez
completada la cocción, escurrir y colocar bajo un chorro de agua fría.
Volver a introducir en el recipiente los espaguetis, añadir la famosísi-
ma salsa boloñesa Panzani y trozos de queso brie. Cerrar el recipiente,
agitar bien y volver a la habitación con el botín.
152
4. Receta ítalo-brasileña
Las CDM brasileñas me piden que les cocine algo típico italiano. De-
cido prepararles una señora pasta all’amatriciana, con su queso pe-
corino y todo, que busco concienzudamente por toda la ciudad (vivo
en Sevilla).
Preparo la pasta, sirvo los platos y las CDM deciden añadir, en el
siguiente orden: kétchup, lechuga y salchichas. Además, como la pasta
es del tipo bucatini, optan, y con razón, por cortarla con el cuchillo.
Llegado a ese punto se me cae el alma a los pies, bajo los brazos y los
ojos, me alejo en silencio y me pongo a meditar.
153
Espaguetis en llamas
En esta breve muestra se ilustran algunos de los fenómenos
que se producen cuando el CDM cocina espaguetis.
Mientras cocina, mi CDM no tiene ganas de remover la pasta. He
aquí el resultado.
154
Los espaguetis al dente
de nuestro CDM.
Mi CDM decide invitar a quince personas a su estudio y cocinar pasta
para todos. Así pues, planea introducir 3 kilos de espaguetis en una olla
en la que sencillamente no caben. En la secuencia se ilustran las diferen-
tes fases de cocción, hasta llegar a las inevitables consecuencias.
155
Plantas caseras
Las condiciones higiénicas precarias de las casas donde viven
los CDM propician la aparición de diferentes formas de vida ve-
getal, que por lo general se concentran en las inmediaciones de
las aguas estancadas, es decir, lavabo, terraza y bidé.
Una calurosa bienvenida para nuestra nueva compañera de piso (una
planta que brota por el lavabo) y un afectuoso saludo para la CDM
que regresa a su país, ya graduada en Ciencias Naturales.
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A mi regreso de las fiestas de Navidad, encuentro esta composición a
base de patatas que ha dejado el CDM como regalo.
Con la probable intención de ahorrar en comida, al CDM se le ocurre
cultivar setas en el baño.
157
Mi CDM ha dejado el fregadero sucio con restos de comida durante
tanto tiempo que últimamente han crecido pequeñas plantas de deli-
ciosos tomatitos cherry en la bayeta.
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El CDM dejó un mocho viejísimo en la terraza durante un tiempo. La
naturaleza lo recuperó.
159
EL PIPIOLO DE
MIERDA
¡Qué chula esa foto en
blanco y negro! ¿Quién es,
tu novio?
(El Pipiolo de Mierda,
al ver una foto de Kurt
Cobain).
¿Por qué hay que echar sal en el agua si luego se disuelve y desaparece?
(El Pipiolo de Mierda, cocinando un plato de pasta).
160
Estudios: Ciencias de la Comunicación. El PDM estudia uno o
dos días por semana. El resto del tiempo lo pasa en foros de es-
tudiantes matriculados en su carrera, en busca de:
• Los PDF ya subrayados de los libros que tiene que estudiar.
• Información sobre lo que pregunta cada profesor en el exa-
men de su asignatura, con la intención de estudiar sólo eso.
• Soluciones del examen tipo test de Español II, asignatura es-
cogida para poder irse de Erasmus al año siguiente.
Modelo de referencia: Jim Levenstein, personaje protagonista
de la película American Pie.
Look: Fresco, arreglado, limpio. Se nota claramente que su ma-
dre se encarga de lavarle y plancharle la ropa cada fin de semana.
El PDM viste con:
• Vaqueros o vaqueros.
• Zapatillas Nike grises.
• Camisas a cuadros verdes y azules o rojos y marrones.
Completa el atuendo:
• El collar de oro que le regalaron por su primera comunión.
Cómo reconocerlo: el PDM llega a todas las casas rebosando
alegría, ajeno a lo que le espera en los años venideros. Además,
casi con toda probabilidad el PDM pasará por la universidad an-
tes de ver la habitación. Lo sabremos porque llevará los bolsi-
llos llenos de octavillas. Más concretamente:
• Ofertas de la copistería que hay delante de la facultad.
• Flyers de la imprescindible fiesta de la cerveza, este jueves por
la noche.
• Los PDM más desprevenidos también llevan en el bolsillo
una copia de algún mensual leninista vendido por un ojo de
la cara frente a las facultades de letras.
161
Habitación del Pipiolo de Mierda
La habitación del PDM es el trastero. La cabecera de la cama
está pegada a la pared por la que pasa la cañería del desagüe de
los inodoros de todo el edificio. La ventana, en caso de haber-
la, da al patio de luces.
162
Por qué elegirlo: al no tener ninguna experiencia compartien-
do piso, el PDM:
• Percibe como normales unos turnos de limpieza que van, a
todas luces, en su detrimento.
• Adelanta el dinero de las facturas.
• Es particularmente proclive a alojarse en lugares estrechos y
angostos, ofreciendo a los otros inquilinos la posibilidad de
alquilarle el trastero.
Además, el Pipiolo de Mierda:
• Después de llamar a la puerta y entrar en la habitación, pre-
gunta: «¿Estáis desnudos?».
• Al enterarse de la muerte de Margaret Thatcher, pregunta:
«¿Y ahora quién protagonizará Se ha escrito un crimen?».
• Al oír hablar de ISIS, dice: «¿Quién es esa tal Isis?».
• Al saber de la muerte de Adolfo Suárez, observa: «Otro fut-
bolista muerto… Aunque bueno, la verdad es que debía de
tener más de ochenta años…».
• Mientras aderezas la ensalada con vinagre balsámico, dice:
«¡¿Qué coño es esa cosa negra que estás echando en la en-
salada?!».
Historias reales de Pipiolos de Mierda
El PDM, que decide sacudir el mantel por el balcón (cuarto piso), tira,
además de las migajas, el smartphone que me acababan de regalar.
*
Mientras estoy preparando a toda prisa la comida para luego volver
a clase, me llega el siguiente mensaje del PDM, que esa mañana se ha
163
quedado estudiando en la biblioteca: «No te lo vas a creer, pero tienes
que traerme cuanto antes pañuelos, bolsitas de plástico y unos pan-
talones».
*
Sorprendo a la PDM, primer curso de Biología, estudiando para el
examen de Anatomía viendo los dibujos animados de Érase una
vez… el cuerpo humano. Se justifica afirmando: «No, pero es que
luego lo complemento con los apuntes».
*
Mientras estoy comiendo, el graciosito de mi PDM se acerca sigilo-
samente y se baja los pantalones para tirarse un pedo en mi cara. La
jugada le sale rana y acaba con una salpicadura diarreica en mi pie
izquierdo.
*
Balcón completamente cubierto de cagadas de paloma. Por iniciativa
propia y espontánea, el PDM coge el toro por los cuernos y decide lim-
piarlo. Así pues, empieza a echar cubos de agua caliente con friega-
suelos, frotando con una escoba de cerdas duras. Todo bien, menos
para los vecinos de abajo, que ven cómo el abominable cóctel de agua
asquerosa y mierda de paloma empapa generosamente su inmaculada
colada tendida al aire libre.
164
El CDM roba un carro de la compra y lo usa como tendedero.
165
*
La PDM viajó, durante tres horas y media de autobús, con un reci-
piente cubierto por un trozo de mosquitera a modo de tapadera. En el
recipiente había caracoles vivos. Al llegar a casa, los metió en una en-
saladera y los alimentó durante días con trocitos de espaguetis, hasta
que hicieron «pupú» (como a ella le encantaba decir). Un día encon-
tró a los caracoles por toda la cocina y, sin alterarse, los recogió y los
metió en una olla con agua hirviendo, para empezar a lloriquear al
instante: «¡Dios, Dios, pobrecitos! ¡Pero mira cómo sufren! ¡Dios, no
puedo soportarlo!».
La escena concluyó con ella chupando los caracoles cocidos, emi-
tiendo unos ruidos repugnantes.
166
EL PIPIOLO DE MIERDA
Y LOS ELECTRODOMÉSTICOS
Al no haber usado ningún electrodoméstico en su vida, el PDM
tendrá su primera experiencia con lavadoras, lavavajillas y to-
dos los demás aparatos que hay en una casa normal. He aquí
algunas de las situaciones que pueden producirse.
El PDM cree hacerme un favor al poner la lavadora por mí. Antes de
elegir el programa potente a 60º, mete en la lavadora: ropa de algodón
de color blanco, azul oscuro y negro, las alfombrillas del baño y todos
mis jerséis de lana.
*
Primera noche de convivencia. El PDM, alardeando de unas excelen-
tes dotes culinarias, pone en el fuego una sartén con aceite. Al rato, le
indico que el aceite está demasiado caliente, pues empieza a echar un
humo denso y oscuro. «No pasa nada, lo enfrío un poco», dice él. Y con
un gesto rápido vierte en la sartén un vaso lleno de agua.
*
167
El otro día por la mañana pillé a la PDM planchándose el cuello de la
blusa con mi plancha para el pelo.
*
Dos PDM de una amiga mía, estudiantes de Ingeniería, estaban con-
vencidos de que, en el fondo, si quitas la opción de centrifugado, la
lavadora es como un lavavajillas. Así que metieron platos, ollas y va-
sos. Resultado: vajilla destrozada y lavadora a la chatarrería. Luego
cambiaron de carrera.
Tras una noche alcohóli-
ca, el PDM vuelve a casa y
vomita el hígado en el vá-
ter. Luego, acaso presa del
remordimiento por haber
bebido de más, intenta bo-
rrar las huellas vertiendo
en la taza una cantidad de
detergentes líquidos difícil
de determinar. La foto ad-
junta ofrece un testimonio
gráfico de la escena que me
encontré a la mañana si-
guiente cuando, huelga de-
cirlo, mi mojón matutino
asomaba ya incontenible.
*
Llego a casa y me encuentro al PDM limpiando las paredes de la coci-
na con la fregona Vileda.
168
*
Conversación por WhatsApp con el PDM:
—Si tienes un abrelatas de sobra tráetelo, por favor. El que tene-
mos de Ikea es un trasto inútil.
—Claro, es un cortapizzas.
El CDM está convencido de que la cubierta que tapa los fuegos
es en realidad una plancha. En su opinión sólo hay que encender
el fuego y bajar la cubierta para disponer de una superficie lisa
que se calienta de manera uniforme. Todos nos oponemos firme-
mente, pero él, impertérrito, propone pagar los hipotéticos daños
que, en su opinión, es imposible que se produzcan, dado que esa
cubierta está diseñada para esa función. Presa de ese espíritu
coge una torta de trigo, le echa un huevo encima y enciende el
fuego. A los cuatro minutos éste es el resultado.
169
*
La PDM intenta imitar en el horno las castañas asadas que su madre
le preparaba en la chimenea durante las fiestas. Coge las castañas, las
mete en el horno sin cortarlas, lo enciende y se marcha de la cocina.
A los pocos minutos se oyen unos estallidos: las castañas están explo-
tando. Una de ellas golpea y rompe la lámpara del horno, provocando
un apagón en toda la casa.
*
El PDM se queja por la factura de internet y teléfono, demasiado alta, ase-
gurando que el motivo es que siempre dejamos el calentador encendido.
*
El PDM me pregunta por una solución contra los mosquitos. Le pro-
pongo que use una tableta antimosquitos. Al día siguiente, se queja
del poco éxito de la tableta y me confiesa que incluso vio a un mosqui-
to posarse en ella. Más tarde descubrí que había colocado la tableta en
la mesilla (sin enchufarla, claro está).
*
Nuestro congelador ya no funcionaba porque el hielo se había exten-
dido tanto que era imposible cerrarlo. Así pues, armada de martillo
y cincel, resolví la situación. Al ver delante del frigo un cubo lleno de
trozos de hielo enormes, el CDM pregunta: «¿Y esto?». «Tíralos», res-
pondí yo, y acto seguido vació el cubo en la basura.
170
Después de dejar que su comida se pudra en el frigo, el PDM en-
cuentra un método infalible, y sin duda más cómodo que la lim-
pieza, para eliminar el olor a muerto que mana de allí.
171
Apéndice 1.
Bromas del Compañero de Mierda
El emotivo compañerismo que se desarrolla en algunos pisos
empuja al CDM a realizar diversas iniciativas de orden lúdico.
Ayer, al volver a casa a las tres de la madrugada, me encuentro con
este extraño ser en la cocina.
172
Domingo por la mañana. Esto es lo que me encuentro en mi armario,
cortesía del CDM.
173
Vuelvo a casa tras un día fuera y, gracias al CDM, así es como me en-
cuentro el ordenador.
Tras sentarme en el váter para orinar, tuve una extraña sensación de
humedad. Luego comprendí el porqué.
174
En lugar de descongelar el frigorífico, ya repleto de hielo, el CDM deci-
de hacer un muñeco de nieve con restos de verduras.
A mi CDM peluquera se le ocurre dejarme este experimento en el bidé
del baño en plena noche.
175
Tras una noche de barra libre, todos los inquilinos del mismo piso vol-
vemos a casa perjudicados y borrachos. A la mañana siguiente sue-
na el telefonillo y me levanto para ir a responder. Son dos testigos de
Jehová. Los invito a pasar, hablo con ellos y les explico los casos de mis
compañeros de piso: se habían extraviado del buen camino; el alcohol,
los vicios y la vida lasciva los habían convertido en ovejas descarria-
das. Les digo a los testigos de Jehová que mis compañeros de piso ne-
cesitan la luz de Dios.
Llegados a ese punto, dejo a mis invitados en la cocina y les pido
que esperen un momento, ofreciéndoles agua fresca. Voy al pasillo y
llamo a las puertas de mis compañeros. Entro a tientas en la oscuri-
dad en la que está sumida cada habitación; el olor a humanidad es
fortísimo. A cada uno de ellos le digo que en la cocina hay cruasanes
recién hechos para todos. Los obligo a levantarse, subiendo violenta-
mente las persianas.
Me aseguro de que entran en la cocina. Todos tienen la boca pas-
tosa, deshidratada por el alcohol de la noche anterior. Entonces cierro
la puerta de casa a mis espaldas, y pienso: «Vale, ahora puedo empe-
zar mi día».
176
Apéndice 2.
Animales del Compañero de Mierda
En su peregrinación entre piso y piso, numerosos CDM adoran
ir acompañados de animales domésticos. Por lo general, estos
animales son igual de maleducados que sus dueños.
La CDM se despierta a las seis de la madrugada para ir a clase a las
diez. Durante la espera, entabla fructíferas conversaciones con el gato
de la casa frente a la puerta de mi habitación.
*
La CDM decide traer a casa un perro que, además de parecer poseí-
do, en cuestión de dos semanas cubre completamente de mierda cada
centímetro cuadrado de nuestro jardín. A la pregunta: «¿Y si empeza-
mos a recoger las mierdas del perro?», ella te responde: «¿Para qué las
necesitas?».
*
Mientras seco los platos recién lavados, veo unos pelos raros por do-
quier. En tono de broma, digo: «¡¿Pero es que habéis secado al gato con
este trapo?!». A lo que la CDM se gira, me mira avergonzada y dice,
sonriendo: «Ups, la verdad es que sí, con la lluvia estaba empapado
el pobre…».
*
Mientras hace footing, el CDM encuentra un perro callejero de talla
media-grande y, aprovechando la ausencia momentánea de los demás
177
inquilinos, decide adoptarlo. Cuando vuelvo a casa me topo con el
animal, descubriendo que el sofá común se ha convertido en su cama.
Al llegar a mi habitación me percato de que el perro ha marcado va-
rias veces su territorio (ensañándose particularmente con mi cama)
y ha destrozado el edredón. La otra inquilina, que vuelve a casa un
par de horas después, descubre que en su habitación ha desaparecido
la jaula del hámster, pero el CDM niega toda responsabilidad. A la
semana siguiente, atraídos por el olor, encontramos una parte de los
restos del hámster oculta entre los cojines del sofá.
*
Sin pedir permiso, el CDM trae a casa la rata doméstica de «una ami-
ga», una alimaña de treinta centímetros. «Me han pedido que la cuide
un par de días, pero no te preocupes, que la metemos en una caja gran-
de y se va a portar requetebien». Como era de esperar, la rata se escapa
de la caja, roe un cable y muere electrocutada. El CDM me culpa de
la muerte del animal y me regaña porque «es peligroso dejar siempre
enchufadas esas diabluras electrónicas». Era un reproductor de dvd.
*
Cansados de la forma de comportarse de nuestro CDM, decidimos
adiestrar a un cachorro de pitbull, que un compañero de piso trajo a
casa, para que le atacase a nuestra orden. Sin embargo, no parecía ta-
rea fácil, pues el perro es muy bueno y se porta de maravilla con todo
el mundo. Salvo con el CDM: de hecho, no hicieron falta ni dos días
para que comenzase a gruñirle naturalmente cada vez que lo veía.
178
Animales salvajes del Compañero de Mierda
Aves, reptiles e insectos: he aquí un breve catálogo de los seres
que encuentran su hábitat en el ambiente de degradación y su-
ciedad que el CDM es capaz de crear.
El CDM deja constantemente las ventanas abiertas, porque hay que
«orear el ambiente». Luego vuelves y encuentras un gorrión cagándo-
se en tu ducha.
El CDM decide volver a casa con un pez rojo llamado Yiqi, y alimen-
tarlo para que crezca fuerte y sano en nuestro pie de ducha durante
casi un mes.
179
Éste es el animal que encontré en el trastero. Mi CDM me pidió por
favor que no lo matara, que lo dejase ahí tranquilo, porque no le hace
daño a nadie si no le molestan.
Londres. El Casero de Mierda no enciende la calefacción, a pesar de
que ya ha llegado el invierno. La humedad y las bajas temperaturas
consiguientes propician el nacimiento espontáneo de misteriosas cria-
turas invertebradas en los recovecos del baño.
180
El CDM compra una pitón y la mete en un terrario no todo lo segu-
ro que sería deseable. Pasadas unas dos semanas, la pitón desapare-
ce. Después de buscarla por toda la casa durante días, llegamos a la
conclusión de que se habrá escapado por la ventana. A los dos meses
encontramos al animal en el baño, colgado del toallero. La foto fue to-
mada mientras el susodicho CDM estaba borracho y jiñando.
181
Apéndice 3.
Vecinos de Mierda
Por lo general, los Vecinos de Mierda se manifiestan como una
horda de ancianos siempre listos para llamar al timbre. Si se les
molesta, son particularmente propensos a dirigirse al presiden-
te de la comunidad o a las fuerzas del orden.
Sin embargo, la ocupación principal de los VDM sigue sien-
do dejar testimonio por escrito de los mejores numeritos del
CDM. Veamos algunos ejemplos.
Después de una noche de borrachera entre CDM, decidimos volver a
casa y hacernos unos espaguetis. A causa del desenfreno nocturno, al
día siguiente, pegado a la puerta de la casa, encontramos un mensaje
amenazante de la vecina…
182
Un mensaje que aparece en el tablón de anuncios comunitario.
183
Nuestro CDM cuarentón se emborracha con absenta en una fiesta de
cumpleaños. De vuelta a casa, incapaz de abrir la puerta blindada,
decide primero tocar a todos los timbres pidiendo ayuda, y luego se
duerme sobre el felpudo.
El presidente de la comunidad metió este mensaje en todos los bu-
zones al día siguiente (el «extraño» llevaba ya cuatro años viviendo
en el edificio).
184
Un mensaje aparecido el diciembre pasado en el tablón de mi comu-
nidad.
Al tener la persiana del baño rota y bloqueada en el mismo punto des-
de hace aproximadamente un año (a la altura de la censura), los VDM
creen que no pueden ser vistos cuando van al váter. Todos mis compa-
ñeros y yo, desde nuestra cocina, lo presenciamos involuntariamente
todo, y repito todo, incluidas las pajas que se hacen con el Mac, sen-
tados en bolas en el váter.
185
Agradecimientos
El autor querría expresar su agradecimiento a Martina, una de
las grandes, la primera en aportar historias a la página de Face-
book; a Dario, el dibujante, amén de colega de muchas penas
y alguna alegría; a Vincino, por haber alojado el proyecto en
las páginas de Male y por haberlo apoyado siempre; y a Maria
Francesca y Narcisa, queridas amigas, por la paciencia que han
mostrado a la hora de leer los borradores y ayudarme en la re-
dacción de este volumen.
También a las miles de personas que han lidiado con sus
Compañeros de Mierda y han enviado su testimonio.
A todos los fans de la página de Facebook Il Coinquilino di
Merda.
Y, por supuesto, a todos los CDM B
186
Créditos
El Compañero de Mierda Yoncarra
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Sil Via,
Vincenzo Curiale, Ricardo Santamaria Mennella, Gianluca Longo, Aicha As-
tou, Elena Mattioli, Ciccio Gin Lemon, Marianna E. Bastianelli, Maria Gio-
vanna Corrado, Raffaele Corona, Carlo Fistetto, Dj Fuco, Vincenzo Lom-
bardo, Laura Crash, Samuele Antonazzi, Roberto Perissinotto, Emanuele Di
Monte, Alessandro Greco, Cosimo Mazzotta, Fabrizio Faggioli, Jaime Lai,
Wonka Ontas, Carlo Ronsini, biondasenzavernearia, Chiara, Francesco Ca-
puzzo, Melania Debole, Thomas Ranaudo, Davide Filosa, Salvatore Gargiu-
lo, Camillo Bucciarelli, Arianna Salan, Ruggero Ventimiglia, Vincenzo Mais-
to, Federica Cei, Luana Rossetti, Michael Di Tria, Je Segesta, Dario Privitera,
Simone Vignola, Eugenio Moratti, Flavio della Pelle y Domenico Battista.
Cosas que llevan a casa los borrachuzos
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: Giorgio X Crescen-
zi, Nontelodico Neanche, Nicola Bordin, Antonio Riccardi, Andrea G. y Jan
Tozzi.
La Compañera de Mierda Tiquismiquis
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Fran-
cesca Sias, Nicole Effe, Giovanni Housemichael, Davide Lovato, Arianna Ca-
ruso, Jacopo Santoro, Gianky Spanu, Alessandra Pic, Marla Singer, Serena
Savoldi, Deb Aru, Elisa Biral, Sheryl Granocchia, Piera Nichetti, Luca Pon-
tarolo, Manuela Carletta, Alice Martelloni y Giuliana Gliottone.
Notitas
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: G. F., Danilo Carlani,
Michela Bertolini, Will Will, Matteo D. V. y R. B.
La Compañera de Mierda Guarrilla
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Fran-
cesco Zanchetta, Marco Borin, Alessia Unfer, Laura Fruelli, Mariangela Nol-
fi, Francesca Pavese, Nadia Dell’Oca, Sabrina Bruno, Silvia Ciuffreda, Maria
Ravidà, Alessandra Borgonovo, Lucia Brachi, Daniela Gentile, Erika Panfili,
187
S. A., Vladimiro Modolo, Francesca Priore, Matteo Catena, V. A., Tiberio Ber-
nardini, Gabriella Indecisión Masciá, Vittoria Falco, Rita Nasti, Giada Collalto,
Lucrezia Donatelli, Luisa D’Anci y Francesca Masullo.
Por el Novio de Mierda: Edoardo Santi Laurini, Jessica Pentangelo, Martina To-
masi, Valentina Gariglio, Federica Macrì, Elsa Benassi y Sheryl Granocchia.
Daños
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: Laura Sini, Codeina
Tritabile, Nico Mo, M.V., Fabio C., D. P., Andrea Baleani, Lorenzo Biagini,
Krizia LovesVet y Yuri Giuliani.
El Compañero de Mierda Niño de Mamá
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Giam-
piero L., Valentina Pangallo, Elio Palumbieri, Ilaria Grappasonno, Maria Ro-
berta Murgiano, Claudia Marino, Piero Benvenuti, Giuseppe Giammetta,
Elena Costa, Carmen Lopez, Luca Abbruzzese, Stefano Semenzin, Ferdi-
nando Battaglia, Tonia Silvestro, Drugo, Stone Leaf, Eliana Tripodi, Luca
Maffei, Stefano Bozzi, Nicola Ippolito, Fabio Cammarota, dj Fuco, Simone
Manz Masaro y Davide D’Avenia.
Por los Padres del Compañero de Mierda: Ambra Messina, Laura Cardilicchia,
Giulia Mascia, Bass Boss, Federica Cefalà, Giada Lottini, Pasquale Sallesio,
Andrea Passerini, Roberto Lucifora y Francesco Jacobitti,
Comida podrida
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: Drenica Berisha, Sto-
ne Dario, Christian Lepori, Andrea Mancini, Emilio Amaddeo, Alessia Fres-
cura y Alessandro L.
El Compañero de Mierda Desequilibrado
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Fran-
cesca Tosolini, Viviana Caliandro, Angelo De Nigris, Juliette Lilly, Carlotta
Russo, Claudia Mangione, Sisto Francesco Schiariti, Monica Sirigu, Alessan-
dro Ponte, Cristina Leonardi, Nicola Piras, G. O., Jhon Dusky, Vincenzo Del
Conte, S. B., Antonello Colella Lepore, Carla De Felice, G. I., Eleonora Gri-
lli y Davide La Cara.
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Higiene casera
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: Peppe Vinci, myroom-
mateisadick, Myriam Gabrielli, David Re-Invention Casagrande, Paola Mar-
tino, M. N., V. G., Truce Squeenz Gionno, A. C., Laura-x Carta, Paola Anita
Lanfranchini y Oriana Siracusa.
El Compañero de Mierda Viejoven
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Paola
Fedelli, Nick Asaro, Nicola D’Errico, Giam Piero, Alessia Marcolin, Alessan-
dro Susin, Katia Lotito, Elena De Candia, Gi Ti, Rodolfo E., Giuseppe Piz-
zi Russo, Manuela Calierno, Davide Koyaanisqatsi, Ilaria Carbone, Giorgio
Gentile, Michele, Marco Salerno y Gaetano Gennuso.
Historias de papel higiénico
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: R. L., Samantha Tuc-
citto, P. M., Simone Longo, P. D. y Giuseppe Mallia.
El Compañero de Mierda Erasmus
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Fabri-
zio Tarantino, Silvia Ciuffetelli, Angela Marchione, Emanuela Ekanem, Mi-
chael Furey, Niky Luminauer Granger, Lu Zza, Giulia Giambertone, Diego
Devich, Giulia Sissi, M. A., Martina Lazzarini, Annalisa Cervellati, Francesca
Patelli, Chiara Allera, Marina Chilesotti, Alberto Dottor, Elisa De Tomasi,
Silvia Borghello, Giuliavenere Varone, Federico Montesardo, Giorgia Gri-
sendi, Elena Eugeni, Ilaria Fabbri, Stefano Onaf, Eufemia Fémi Mangano,
Luca Petruccioli, myroommateisadick, Andrea Portentoso, Nicolò Codelu-
ppi, Doktor Falco, Lavinia Martini, A. F., Martina Carione, Gianmarco Agos-
ta, Federica Fortunato y Massimo Qu.
Plantas caseras
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: Claudio Dem, Veroni-
ca Ventriglia, Trilly, Phil Ferraris y S. B.
El Pipiolo de Mierda
Por las historias y las fotografías de este capítulo, se dan las gracias a: Dimitra
Mylona, Margherita Martorana, Giovanni Carlo Maria Idotta, Ginevra San-
topietro, Marialessia De Bonis, Marco Fantauzzi, Gabriele Tronci, Roberta
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Sammartino, Federico Musaccia, Francesco Ergabbio Rotella, Daniela Tata-
no, Carlo, Evaluna Massa, Gianpaolo Caputo, Kosmos Zoid, Alice Luisants,
Roberta Pari, Luca D. Guarino, Paolo Lentini, Dora Vergombello, Gaetano
Pezzicoli, Fabrizio Faggioli, Giuliavenere Varone, Giulio Kowalski, Galla Galli,
Riccardo Romanzi, Luciano Baragiola y Valerio De Vitis.
Apéndice 1. Bromas del Compañero de Mierda
Por las fotografías de esta galería, se dan las gracias a: Alessandra Rallo, Ca-
terina Marcellini, Elia Nino Vignola, Lucia Monaco, Nicola Mondello y Fla-
via K Bottiglia.
Apéndice 2. Animales de mierda
Por las historias y las fotografías del apéndice, se dan las gracias a: Sara Sela-
vy, Mafra Tomyris Capvia, Marco Lestuzzi, dj Fuco, Walter De Lotto, Gino
Zambelli, Augusto Niño Cadini, F. B., E. E. C., Matteo Moratti, Andrea Gi-
glio, Laura Olivier y Sara Scantamburlo.
Apéndice 3. Vecinos de Mierda
Por las historias y las fotografías del apéndice, se dan las gracias a: Os Car,
Andrea Lione, C. P., Maurizio Zhou y E. C.
Nota del autor del volumen
Todas las fotos presentes en este libro fueron enviadas a la página de Facebook
Il Coinquilino di Merda. Para publicar todas estas imágenes, hemos solicitado la
autorización a sus respectivos autores. Por desgracia, no todas las fotos para
las que pedimos dicha autorización han entrado en el volumen: nos disculpa-
mos con las personas a las que escribimos y que no han encontrado su foto en
el libro. Por otro lado, para algunas fotos no hemos logrado dar con los auto-
res. Si el hecho de ver su foto publicada supusiera un problema para ellos, les
rogamos que nos escriban a: [email protected].
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El Com-
pañero de Piso de Mierda
es un libro editado fuera de colec-
ción. Compuesto en tipos Dante, se ter-
minó de imprimir en los talleres de kadmos por
cuenta de errata naturae editores en marzo de
2016, apenas dos años después de que su Alteza Real la
princesa Beatriz de Orleans, que durante treinta años fue
consejera delegada y cara visible de la maison Dior en España,
empezara a compartir piso a causa de sus crecientes problemas
crematísticos, teniendo como compañeros a Daniel Sanmar-
tín (ex trabajador del departamento de relaciones públicas del
Hotel Ritz y profesor de Religión por devoción) y a un mis-
terioso organista de nombre desconocido e intenciones in-
cognoscibles, en una casa de quinientos metros cua-
drados sita en el Barrio de Salamanca de Madrid,
con amplias habitaciones y una capilla en
la que todos los fines de semana se
ofrece una misa en latín.