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Giuseppe Angelo Fiori, Dario Campagna - El Compañero De Piso De Mierda (Manual De Supervivencia Para Compartir Casa)

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Published by @editorialsonar, 2021-03-15 12:46:48

Giuseppe Angelo Fiori, Dario Campagna - El Compañero De Piso De Mierda (Manual De Supervivencia Para Compartir Casa)

Giuseppe Angelo Fiori, Dario Campagna - El Compañero De Piso De Mierda (Manual De Supervivencia Para Compartir Casa)

Abandonada en el frigo desde hace tiempo, la berenjena del CDM co-
bra vida y empieza a comerse las otras verduras. En la foto, la beren-
jena se alimenta de una zanahoria.

101

EL COMPAÑERO DE
MIERDA DESEQUILIBRADO

Quiero la habitación voy a
verla hoy a las tres dame la
dirección.
(El Compañero de
Mierda Desequilibrado,
respondiendo al anuncio
de una habitación en
alquiler).

A ver, si yo quisiera matarte dejaría el gas abierto
mientras duermes, ¿no te parece?
(El Compañero de Mierda Desequilibrado en una
conversación durante la comida).
102

El Desequilibrado es un tipo de CDM diferente al resto. Éste no
pertenece a una categoría convencional, sino que es más bien
un tipo de CDM líquido, voluble. De hecho, su principal carac-
terística es esconderse tras otros tipos de CDM, y sólo se delata
en los momentos en que se ve sometido a gran estrés. Duran-
te mucho tiempo, las manifestaciones fugaces del CDM Dese-
quilibrado se han confundido con manías de la CDM Tiquis-
miquis, delirios del CDM Niño de Mamá Católico Ferviente o
desahogos del Pipiolo de Mierda. A medida que los testimonios
se multiplicaban, surgió la hipótesis de que pudiese existir una
nueva categoría de CDM. Hipótesis que se confirmó cuando,
en algunas casas, el Desequilibrado se mostró en la plenitud
de su pureza y fue posible delinear algunas de sus característi-
cas. Sin embargo, la información sobre este tipo de CDM sigue
siendo incompleta y contradictoria.

Estudios: Desconocidos. Nadie sabe qué hace, si estudia o tra-
baja. Nadie sabe cómo paga el alquiler o consigue comida.

Modelo de referencia: Pocholo Martínez-Bordiu tras unos días
de juerga y falta de aseo.

Look: Cuando llega a la etapa final de su transformación, el
CDM Desequilibrado opta por los colores claros:
• Camiseta interior blanca.
• Calzoncillos celestes.
• Su piel, a causa de la falta de luz solar, puede tornarse de co-

lor amarillento. Y el pelo, largo y cada vez más escaso, suele
ser graso y pringoso.
Nótense:
• Los tatuajes en el brazo, que dan fe de su tambaleante pasa-
do: ora Friki, ora Yoncarra, ora Católico Ferviente.

103

Habitación del Compañero de Mierda Desequilibrado
Nadie ha entrado aún en la habitación de un CDM Desequili-
brado. Se ignora completamente su disposición.

104

Cómo reconocerlo: excepción hecha del CDM Desequilibra-
do Nudista (ver más adelante), este tipo de CDM es difícil de
reconocer a simple vista. Y es que, durante la cita para ver la ha-
bitación, el CDM Desequilibrado es capaz de camuflarse per-
fectamente tras la imagen del estudiante inocuo o el diligente
trabajador en busca de una habitación individual.

Por qué elegirlo: el CDM Desequilibrado es una especie de ci-
borg humanoide. Alguien podría querer tenerlo en casa porque
no habla y no saluda nunca, tampoco va al baño, normalmente
ni siquiera come.

Además, acepta cualquier tipo de habitación, cualquier con-
dición en el contrato, y nunca hará ningún comentario ni le
pondrá pegas a nada.

Además, el Compañero de Mierda Desequilibrado:
• Te mira fijamente mientras comes.
• Nunca sabes si está en casa.
• Espía a tu novia mientras está en el baño.
• Bebe tisanas de cubitos de caldo Knorr.
• Ladra cuando tiene hambre.

Historias reales de CDM Desequilibrados

El aspirante a CDM, al saber que vives en un cuarto piso sin ascensor,
se empeña en averiguar el número exacto de peldaños que hay hasta
la planta baja.

*

105

Mi CDM, tras dos noches en vela, logró construir un dardo inyec-
ta-veneno con jeringuillas de dudosa procedencia. A mi pregunta so-
bre la utilidad del invento, respondió con aire amenazador: «Pronto
lo descubrirás…».

*
El CDM, al que echamos de la casa tras amenazar a los inquilinos y
al casero, se muda al edificio de enfrente. Solemos verlo, sobre todo por
las noches y con una lucecita a sus espaldas, asomado por la ventana
y mirando hacia nuestro piso de manera harto inquietante.

*

Al no haber lavado los
platos del día anterior,
el CDM decide preparar-
se una deliciosa cena a
base de lentejas, cocidas
directamente en la lata.

106

Después de que mi amiga Lorena y yo pasáramos horas charlando en
su habitación compartida, su CDM sale de repente del armario, don-
de se había metido a reflexionar.

*
Cuando algo lo perturba, nuestro CDM no se comunica con palabras:
se limita a dejar en la mesa de la cocina el paquete de galletas atrave-
sado por todos los cuchillos de la casa. Después de ver esa imagen es-
peluznante, te giras hacia la puerta de la cocina y lo encuentras mi-
rándote fijamente.

*

Evolución del Compañero de Mierda Desequilibrado
De CDM Niño de Mamá Friki a CDM Desequilibrado

107

Caes en la cuenta de que vas a tener que compartir tu nueva casa con
una CDM cuando la susodicha empieza a ilustrarte cada detalle del
piso, haciendo hincapié repetidamente en lo bonito que es el sofá que
ella trajo. Cuando lo señala y te pregunta si te gusta, no tienes ni idea
de qué responder, porque ahí no hay ningún sofá.

*

Una noche me despierto para ir al baño y encuentro al CDM en el pa-
sillo, absorto en el recuento de las baldosas, haciendo cálculos abstru-
sos que sólo él comprende. Me saluda con la mano y me sonríe.

*

Medianoche. Mi CDM pone la cafetera en el fuego. Mientras veo la tele-
visión, pienso distraídamente que se está preparando el café para el día
siguiente. Cuando el café está listo, me pregunta si quiero un poco. Yo
me río y le respondo que no, pensando que está de broma. Por toda res-
puesta se lo bebe de un trago, me da las buenas noches y se va a dormir.

*

Después de haberle dicho que te apetece estar solo un rato, el CDM en-
tra en tu habitación: se tira dos horas hablando de su vida, te expone

Al usar el ordenador de mi CDM, me sorprende descubrir esta ex-
traña búsqueda.

108

proyectos incoherentes y delirios absurdos, te propone que llevéis
juntos un bar. Luego se va. A los veinte minutos vuelve para mos-
trarte, triunfante, un diente que se acaba de arrancar con la mano.

*

El CDM se niega a limpiar esta puta pocilga que tenemos por piso
porque, en su opinión: «Los espacios sucios son asépticos. Ha habido
casos de heridos en cuevas a los que, después de semanas, no se les in-
fectan las heridas, a pesar de que el lugar está sucísimo». Siguiendo
ese razonamiento afirma no haber tenido fiebre desde los quince años.

*

El sábado por la noche pillo a la CDM masturbándose en el sofá. Al
verme, exclama: «Tranquila, ven a sentarte si quieres. Justo ahora es-
taba pensando en ti».

*

El CDM está desesperado. Te pide que vayas a imprimirle unos archi-
vos porque los necesita urgentemente. Vas a la copistería y te das cuen-
ta de que los archivos en cuestión son fotos de Bruce Lee, Nelly Furta-
do, el papa Juan Pablo II y otros personajes varios, con sus respectivos
aforismos tal que: «No te rindas nunca», o «Créetelo, eres más fuerte
que los demás». Sintiendo un poco de lástima, se los imprimes.

Luego vuelves a casa y le preguntas por qué le corría tanta prisa,
si a fin de cuentas eran gilipolleces y podía ir él otro día. Te respon-
de, muy serio, que esa noche tiene intención de preparar una cena
elegante para una compañera de trabajo que acaba de conocer. Una
cena en su habitación. Por eso quería tapizar las paredes con imáge-
nes y citas de sus ídolos, porque estaba convencido de que la chica,
al verlas, se quedaría prendada por su personalidad y sus intereses.

109

Ni siquiera se le pasó por la cabeza la posibilidad de que la pobre chi-
ca saliese espantada, que fue justo lo que pasó.

*

En plena madrugada duermes profundamente, al día siguiente tienes
que ir a trabajar. A las tres oyes unos golpes tremendos en el pasillo. Te
levantas aterrorizado, abres la puerta y ves al CDM con un arco pro-
fesional en la mano, lanzando flechas contra la pared.

A la pregunta: «¿Qué coño estás haciendo?», él te responde con voz
angelical y mirada inocente: «Juego a las Olimpiadas».

*

Una noche mi CDM, doctorando en Química, estaba en su habita-
ción con esa cantamañanas sudorosa de su novia. Los dos estaban
realizando auténticas acrobacias circenses entre las sábanas, con el
consiguiente ruido de la cama contra las paredes y los gritos salvajes
de ella.

A las dos de la madrugada me despierto cabreado, porque a las sie-
te tengo que marcharme de casa. Me dispongo a cantarles las cuaren-
ta y salgo de mi habitación. En el pasillo, pegado a su puerta, pillo al
otro CDM con la mano en los pantalones, que me mira muerto de ver-
güenza.

Lentamente y sin pronunciar palabra, vuelvo a mi habitación.

110

EL COMPAÑERO DE MIERDA
DESEQUILIBRADO NUDISTA

Ya sea en presencia de los otros inquilinos, ya sea delante de in-
vitados, el CDM Desequilibrado Nudista va por la casa en pe-
lota picada. Leamos algunas historias:

Mientras buscaba un compañero de piso, me llegó este correo:

Hola, Carla:
Antes de preguntarte si puedo ver la habitación, tengo que comen-
tarte otra cuestión, y tienes que ser sincera. Soy naturista y, como tal,
siempre y cuando el clima lo permite, sobre todo en casa, voy desnu-
do. Al ser consciente, eso sí, de que los italianos tenemos montones de
tabúes, y que la desnudez es uno de ellos —aunque ir desnudo no es
sinónimo de ser sucio, al contrario—, me parece correcto aclarar des-
de el principio este estilo de vida. Comprendo que esta forma de habi-
tar la casa pueda parecer, a ojos de la mayoría, cuando menos extra-
ña, pero si sabes algo de naturismo quizá te sea más fácil entenderme.
Que quede claro que, en presencia de otras personas que no sean mis
compañeros, no voy desnudo, como hago en la casa que actual-
mente comparto con una persona, y como siempre he
hecho hasta la fecha. Por último, no fumo.
Dicho esto, te pido, amablemente, que me digas si
podríais aceptarme o no.
¿De acuerdo?
Solare dì Martin

*

El CDM, a medianoche en punto del 14 de febrero, te
espera en tu habitación desnudo y, nada más entrar,
te dice sonriendo: «Feliz San Valentín, guapa».

111

*
Primer día con el nuevo compañero (soy una chica). Hablamos, nos
echamos unas risas, parece un tipo enrollado. Hasta la noche, cuando,
mientras friego los platos, se me acerca completamente desnudo y me
pregunta dónde está el mando a distancia de la televisión del salón.
Al percatarse de mi mirada irritada, exclama con toda la naturalidad
del mundo: «¡Tranquila, no me molesta! ¡Así me siento más libre!».
Luego se da la vuelta, coge el mando, sale de la cocina, va al salón y
se despatarra en el sofá.

Yo, que soy un poco maniática de la higiene, le pido por favor que
se ponga unos calzoncillos o que, al menos, ponga una manta sobre el
sofá. Él, con voz seria, afirma: «A ver, ¿es que tú cuando te sientas en
el váter cagas con bragas o qué?».

112

LAS METAMORFOSIS DEL COMPAÑERO
DE MIERDA DESEQUILIBRADO

Algunos CDM son más propensos al desequilibrio que otros.
En este apartado se indicarán cuáles son y según qué estímulos
puede producirse la transformación.

El Pipiolo de Mierda: el PDM llega repleto de entusiasmo
por el futuro fantástico que cree que le espera en la universi-
dad. En realidad tendrá que enfrentarse a un día a día hecho de
exámenes de mierda, profesores de mierda, caseros de mier-
da, marcas blancas de mierda, habitaciones de mierda y noches
en bares y discotecas de mierda. A todo esto hay que añadir el
descubrimiento traumático de una serie de objetos que había
ignorado hasta la fecha: la lavadora, el estropajo, las facturas y
el interruptor para apagar las luces de las habitaciones. Someti-
dos a tamaña presión, los PDM más débiles se transforman en
CDM Desequilibrados.

El Compañero de Mierda Niño de Mamá Friki:
coincidiendo con la salida de determinados video-
juegos —el nuevo GTA, el nuevo Assassin’s Creed,
el nuevo Metal Gear Solid—, el CDM Niño de
Mamá Friki puede pasar semanas enteras en su
habitación. Ése es el ambiente ideal para que el
Friki comience su metamorfosis. Si además esos
lanzamientos coinciden con las fechas de exáme-
nes importantes, la transformación está práctica-
mente asegurada.

113

La Compañera de Mierda Tiquismiquis: como se ha ilustrado
más arriba, si se ve sometida a acontecimientos estresantes, la
CDM Tiquismiquis puede asumir las características de la Dese-
quilibrada. En este sentido, resulta interesante observar que al-
gunos CDM Desequilibrados, a su vez, pueden transformarse
en CDM Tiquismiquis, convirtiéndose en unos fanáticos del
orden y el control.

114

UNA METAMORFOSIS PARTICULAR:
EL COMPAÑERO DE MIERDA
DESEQUILIBRADO VELETA
Existe un tipo de CDM Desequilibrado que adopta los rasgos
y el comportamiento de los otros inquilinos. Por lo general, el
Desequilibrado elige a un miembro concreto de la casa, cuyo
look, estilo y gustos musicales admira, y empieza a imitarlo a
ultranza.

Transformaciones del Compañero de Mierda
Desequilibrado Veleta
En la reconstrucción gráfica, el CDM Desequilibrado Veleta
adopta el look y el porte de sus compañeros de piso.

115

Higiene casera

Por su naturaleza, el CDM no limpia. Cuando lo hace, la casa
se impregna, inexplicablemente, de un olor aún peor.

A continuación, una serie de situaciones que pueden pro-
ducirse cuando la higiene casera es escasa o cuando el CDM se
decide a limpiar.

El CDM pone nombre a las pelusas que circulan por la casa en
lugar de barrer el suelo.

116

Observando el desagüe del fregadero se puede conocer la dieta de
mi CDM.

Domingo por la mañana, me despierto y voy a la cocina para ha-
cerme un café. Ésta es la situación que se me presenta.

117

Cuando le comentas que sus platos sucios atraen a las moscas, el CDM
coloca tiras de papel matamoscas sobre el fregadero.

118

Este documento fotográfico atestigua la única vez en que el CDM in-
tentó limpiar. Creía que el mocho se escurría así, metiéndolo en el vá-
ter. Desde ese día le dijimos que dejara de preocuparse por la limpieza.

119

Después de acusarte de no saber limpiar, el CDM decide lavar la es-
cobilla del váter en el fregadero de la cocina, para luego dejarla escu-
rriéndose tranquilamente junto a tazas, platos y cubiertos.

El desagüe del lavabo tragaba un poco lento. Esto es lo que encontré
dentro.
120

He aquí el cenicero que mi CDM, fumadora comedida, tiene en la ven-
tana de la cocina.

Mi CDM lleva casi dos años tirando las colillas al balcón de la cocina.
121

Así están los fuegos de nuestro piso. No se limpian desde hace meses.

Al CDM se le olvida lavar el mantel y, en ausencia del susodicho, de-
cide organizar una cena sobre hojas de periódico.
122

La CDM ha encontrado la forma de no hacerse daño al golpearse la
cabeza con el pico del mueble mientras cocina.

123

EL COMPAÑERO DE
MIERDA VIEJOVEN

Como recién llegada es lo
mínimo que puedes hacer
por mí.
(El Compañero de
Mierda Viejoven,
borracho como una
cuba, deslizándose en
la cama de su nueva
compañera de piso).
Si no cierras la puerta con llave es normal que te desaparezca el dinero.
(El Compañero de Mierda Viejoven, cuando se le comunica un
robo que se ha producido en la casa).
124

Estudios: Máster en Gestión de Recursos Humanos. El CDM
Viejoven cursa los estudios que lo convertirán en ese indivi-
duo inquietante que escoge al personal durante las entrevis-
tas de trabajo. Felizmente, el porcentaje de Viejóvenes que lo-
gra concluir los estudios es bajo. La mayoría de ellos acaba los
exámenes y empieza el trabajo de fin de máster, pero nunca
lo terminará. Además, bastantes CDM Viejóvenes trabajan en
las fuerzas del orden, como agentes inmobiliarios o en grandes
aeropuertos.

Modelo de referencia: Joaquín Reyes, tras pasar un lustro opo-
sitando infructuosamente para el Cuerpo de Policía Municipal.

Look: El CDM Viejoven es un personaje alto y de movimientos
torpes, con calvicie incipiente y el entrecejo depilado.

Adora vestirse en los outlets con descuentos del setenta por
ciento, de ahí que use ropa de marcas prestigiosas pero con es-
tampados y combinaciones desafortunadas:
• Pantalones cortos de tejido príncipe de Gales.
• Polos o camisas de manga corta, muchas veces de estilo

vela, en tonos rojos o fucsias, con el cuello perennemente
levantado.
• Zapatos grandes y bastos, pero de marca y de color marrón.
• Bolso Armani Jeans en bandolera, donde guarda su enorme
cartera, las llaves del coche y el móvil, normalmente un No-
kia del año de la pera con los botones y la pantalla verde.

Aunque se le observe atentamente, no hay forma de determi-
nar su edad.

Cómo reconocerlo: el CDM Viejoven nunca es la persona que
llama preguntando por una habitación: es él quien alquila la ha-
bitación. Al presentarla, la describe como la mejor de la casa, la

125

Habitación del Compañero de Mierda Viejoven
La habitación del CDM Viejoven se ha quedado prácticamente
igual que cuando vivía en ella la viejecita que le ha alquilado el
piso. Permanecen: la tapicería, una foto de la madre de la vieje-
cita y ornamentos de tipo religioso. El CDM Viejoven ha aña-
dido una televisión de pantalla plana, una radio-despertador
y varios pósteres pasados de moda.

126

que estaba a punto de coger él pero que luego dejó libre por un
misterioso sentido del altruismo.

Por qué elegirlo: el CDM Viejoven no se elige. Él es quien es-
coge a sus compañeros de piso, habida cuenta de que en nu-
merosas ocasiones es el dueño, y en el resto de casos el primer
ocupante de la casa.

Este tipo de CDM es capaz de localizar a viejecitas de buen
corazón a las que logra arrancar contratos de alquiler con condi-
ciones harto favorables y con un pago mensual que permanece
invariable durante décadas. Una vez hecho esto, el CDM suba-
rrienda las otras habitaciones a estudiantes pardillos que las pa-
gan, como mínimo, a precio de mercado.

Además, el Compañero de Mierda Viejoven:

• Te recuerda que le debes veinte céntimos.
• No puede evitar usar de manera ambigua palabras como

«Córrete» o frases como «¿Te gusta así?» en presencia de tus
amigas.
• Guarda en la agenda del teléfono los números de sus fami-
liares con nombres femeninos para fingir que las chicas lo
llaman.
• Suele ser presa de arrebatos paternalistas hacia sus compa-
ñeros de piso:
- Si sabe que tienes que hacer un examen, te invita a estudiar
y a «gastar formalidad».
- Cuando sales de casa, te pregunta con tono indagador:
«¿Adónde vas?».
- Cada día y a cualquier hora que se cruza contigo por la
casa te pregunta: «¿Pero es que te has despertado ahora?».

127

Historias reales de CDM Viejóvenes
Mi CDM manda mensajes sólo a las chicas, por principio. Le envié un
mensaje, me ignoró y le respondió a mi novia.

*

El CDM pone la lavadora pero no la vacía. Me dispongo a quitar
su ropa para meter la mía. Esto es lo que encuentro.

Cuando invitas a alguien a casa, mi CDM confunde el «hola» de las
invitadas femeninas con un intento de seducción, y se autoinvita a se-
guirnos luego por toda la ciudad, convencido de que ha ligado.

*
Nuestro CDM usa cinta adhesiva de embalaje marrón como instru-
mento universal para cualquier actividad de reparación y bricolaje:
128

• Pegada en las grietas de los rodapiés y los bordes de los muebles de
la cocina, contra las hormigas.

• Pegada en los agujeros de la mosquitera, contra la intrusión de
moscas y mosquitos.

• Para colgar banderas y/o carteles en la pared.
• Para arreglar el cable de la antena de la televisión.
• Para adherir a la puerta de tu cuarto objetos de múltiples tamaños

que le has prestado previamente.

*

Para saber si estoy en casa, el CDM se acerca a mi habitación y espía
a través de la cerradura, ignorando que la puerta tiene cristales opa-
cos que me permiten intuir su sombra.

*

Londres. Me pongo a buscar una habitación y quedo con el que se
convertirá en mi CDM. Me invita a acomodarme en un sofá que en
origen era azul y ahora marrón, en una sala de estar con el suelo cu-
bierto por una serie de alfombras pegadas las unas sobre las otras y
platos con restos de comida. La televisión está llena de cagadas de pá-
jaro (probablemente dejaba la ventana abierta por las noches). A la
pregunta: «¿Puedo ver mi habitación?», me responde: «No, no, si tú
duermes aquí».

*

El CDM llama a mi puerta y hace pasar, no a una, sino a dos prosti-
tutas, diciendo que tienen que quedarse en mi habitación durante al
menos diez minutos porque resulta que está llegando su novia. Mien-
tras escribo esto siguen en mi habitación. Una dice que le gustaría es-
tudiar Medicina.

129

Los pelos del Compañero de Mierda Viejoven
Al ser particularmente peludo, el CDM Viejoven se ve obligado
a afeitarse con mucha frecuencia. Por ese motivo, el lavabo sue-
le quedarse sucio. En ocasiones el CDM reorganiza sus pelos,
creando seres tiernos, rostros misteriosos y siluetas de famosos
personajes cinematográficos.

O bien, puede ocurrir esto otro que nos cuentan:
Mi CDM me pide prestada la afeitadora eléctrica para «afeitarse la
barba». Se cierra con pestillo en el baño y se oye el ruido de la máqui-
na. A la media ahora sale del baño satisfecho. La barba seguía en su
sitio. Pero la máquina estaba llena de pelos negros, espesos y largos.
130

EL COMPAÑERO DE MIERDA
VIEJOVEN CUADRADO
El CDM Viejoven Cuadrado es un fanático de la forma física.
Por «forma física» se entiende la «presencia de masa muscular
hinchada y depilada, concentrada en la zona pectoral, abdomi-
nal, los brazos y los glúteos». Para lograr ese resultado, el CDM
Viejoven Cuadrado combina el levantamiento de pesas con de-
portes de lucha como el boxeo, el kickboxing y el muay thai.
Tampoco hace ascos a los partidos de fútbol sala.

El Compañero de Mierda Viejoven Cuadrado viendo una pelea
de artes marciales mixtas en su portátil.

131

Historias reales que nos cuentan de CDM Viejóvenes cua-
drados

Después de cada ducha, mi CDM se seca todo el cuerpo con papel hi-
giénico.

*

Ya sea para ir a la universidad o para salir de fiesta, mi CDM se rocía
la ropa con ambientador Brise en lugar de desodorante. Aunque el piso
tenga dos plantas y sea bastante grande, te comes a bocanadas el pes-
tazo desde que se lo echa hasta pasados varios minutos.

*

Mi CDM usa sistemáticamente el bidé como apoyo para atarse sus
mugrientas zapatillas de fútbol sala.

*

En el corazón de la noche te despierta el ruido de los postigos batiendo.
Crees que son ladrones, te levantas y encuentras al CDM en calzon-
cillos y camiseta de tirantes, con tu comida congelada sobre la ingle
para aliviar un traumatismo futbolístico.

*

El primer CDM que tuve era un hombretón de Teramo, ya calvo a los
diecinueve años y con gafas de culo de vaso, que afirmaba querer trans-
formarse físicamente en su ídolo, Jean-Claude Van Damme. Se abría
de piernas en la cama, desnudo, excepción hecha de una diminuta
toalla que le cubría las partes íntimas, gimiendo de dolor mientras
estudiaba sus libros de Biología. Un día me acusó de haberme meado

132

en su almohada, pero la mancha amarillenta y hedionda estaba
provocada por su propio sudor, tal como le demostré. Además, iba al
gimnasio todos los días y le gustaba usar una silla a modo de mesa
para cenar, devorando enormes cuencos de una papilla a base de ga-
lletas, leche y creatina, haciendo siempre mucho ruido.

Una noche, tras su típica cena, el tipo dijo que tenía una cita. Esa
noche yo también salí. De madrugada, cuando regresé y abrí la puer-
ta de casa, me embistió una tufarada distinta a la habitual: no era
sudor, sino auténtica peste a mierda, tan fuerte que no se podía respi-
rar. Inmediatamente pensé que tenía que haber pasado algo grave. A
lo largo del pasillo que llevaba al baño encontré primero los zapatos,
luego los pantalones, por último los calzoncillos: todas y cada una de
sus prendas estaban manchadas por la diarrea. Una vez en el baño,
mis sospechas, infelizmente, se confirmaron: ante mis ojos, manchas
oscuras en las paredes, a la altura de la cara. No tengo la más mínima
idea de lo que pasó exactamente, sólo sé que, para su vergüenza, aque-
lla noche Jean-Claude Van Damme se cagó encima.

Antes de marcharse al gim-
nasio, el CDM enciende la
estufa eléctrica para des-
congelar el pollo.

133

Historias de papel higiénico

Es bien sabido que en torno al consumo y la gestión del papel
higiénico surge gran parte de los conflictos entre compañeros
de piso. Veamos algunos ejemplos.

Para impedir que use-
mos su papel higiéni-
co, la CDM lo marca
con un rotulador.

Tras salir a comprar papel higiénico, el CDM vuelve con un rollo de
papel de cocina y decide cortarlo por la mitad.
134

El papel higiénico se ha acabado. Como sustituto, nuestro CDM uti-
liza:
• Páginas de la revista Yo Dona.
• Toallitas absorbecolor para la lavadora.
• Bayetas para la mopa.
• Compresas de la compañera de piso.
• Va directamente al bidé, dejando numerosas señales a su paso.

Una vez acabado el papel higiénico y tras repetidas peticiones al CDM,
que se obstina en no reponerlo, decidimos no colocar más papel higiéni-
co en el baño y esperar al «punto de inflexión» (es decir, a que el CDM
se decida de una vez por todas a comprarlo). Esto es lo que he encontra-
do hoy por la noche, nada más volver a casa: el papel del horno.

135

Papel higiénico perfumado
Foxy como papel de cocina.
¡¿Por qué no?!

Para no tener que limpiar los fuegos, el CDM cubre de papel higiénico
toda la cocina y los azulejos de alrededor.
136

Nada más entrar en casa voy corriendo al baño para una evacuación
inminente. Concluida la faena, me encuentro esta simpática broma
del CDM.

137

EL COMPAÑERO
DE MIERDA ERASMUS

What the fuck is this?
(El Compañero de
Mierda holandés,
admirando el bidé).
Si con esto lavas los platos en los que comes,
puedes lavar también la comida.
(El Compañero de Mierda americano,
mientras lava la lechuga con el Fairy).
138

Estudios: Academia de Bellas Artes más otras asignaturas de
libre configuración. En su patria natal, el CDM Erasmus hace
varias carreras al mismo tiempo, todas con exámenes exclusi-
vamente de tipo test. El hecho de que en otros países se utili-
cen libros, y no sólo apuntes, es para el CDM Erasmus fuente
de desorientación y estrés.

Modelo de referencia: Ulises (tras una farra de proporciones
homéricas).

Look: para esbozar el aspecto del CDM Erasmus, tomaremos
como referencia al ejemplar más extendido en Italia: el CDM
Erasmus español. Este tipo de CDM adora vestirse con ropa
ancha y cómoda:
• Amplias camisas de lino de color verde o naranja.
• Pantalones a rayas.
Nótense:
• La típica botella de dos litros de calimocho.
• La riñonera de piel repleta de objetos para el consumo de

drogas blandas.
Además, el CDM Erasmus español va perennemente descalzo.

Cómo reconocerlo: el CDM Erasmus no conoce el idioma del
país al que viaja. Su lengua es una cantinela mascullada que
mezcla palabras extranjeras con las de su propio idioma. Por
ejemplo, si está en Italia, el CDM Erasmus adora repetir locu-
ciones como «Mammamia», «Che cazzo vuoi?» y «Mafia», ade-
rezadas con gestos típicos que, en su opinión, los italianos rea-
lizan durante cualquier conversación.

Por qué elegirlo: el CDM Erasmus es una solución ideal para
quienes quieran que su piso se convierta en un albergue juvenil.

139

Habitación del Compañero de Mierda Erasmus
A primera vista, la habitación del CDM Erasmus puede parecer
deshabitada. Los detalles que delatan que está ocupada por un
CDM Erasmus son la bandera de dos metros cuadrados de su
país y la bufanda con los colores y el emblema del desconocido
equipo de fútbol de su ciudad.

140

Además, el Compañero de Mierda Erasmus:
• Te pregunta qué idioma se habla en Bélgica.
• Limpia el váter con el estropajo para los platos.
• «Cuando funciona el lavabo, el bidé no sirve para nada».

Historias de CDM Erasmus

Además de las peripecias del CDM Erasmus, a continuación
incluimos todo tipo de experiencias que se derivan del acerca-
miento a CDM que pertenecen a nacionalidades diversas, ade-
más de todas aquellas situaciones que tienen su origen en el en-
cuentro de diferentes culturas bajo un mismo techo.

El CDM brasileño te pregunta cómo te llamas después de casi tres me-
ses de convivencia.

*

Cuando les dices a los CDM indios que deberían poner algo para los
gastos comunes, al menos para el papel higiénico, su respuesta es: «Ac-
tually, we don’t use it».

*

Mi experiencia con un CDM se remonta a 1994, año en el que fui a vi-
vir a Londres. Compartía la casa con tres hombres, pero el CDM más
CDM de los tres era un ingeniero alemán. Cada uno de nosotros tenía
una repisa en la despensa con comida y provisiones; él tenía un plato

141

Cuando vivía en Londres noté que, después de enjabonar los pla-
tos, el CDM los ponía en el escurridor sin enjuagarlos. Empecé
a preguntar por ahí y constaté que en Inglaterra es una práctica
habitual, pues, y cito textualmente: «La espuma se escurre por sí
sola y arrastra la suciedad, ¿a santo de qué enjuagarla con agua
limpia?».

partido por la mitad. Cocinaba, unía las dos partes del plato para
comer, no lo lavaba, lo volvía a separar y lo colocaba en la despensa.

*
Primer día en la nueva casa. Me despierto para ir a trabajar, me
arrastro con los ojos cerrados hasta el baño. Al salir, me digo: «Pre-
para el café».

Así que, aún un poco atontado, voy a la cocina. Levanto la mirada
y ante mis ojos aparece una visión inesperada. Mi compañera pola-
142

ca, que conozco desde hace veinticuatro horas, está apoyada en el fre-
gadero. Tiene las piernas abiertas, con una mano levanta el camisón,
mientras que con la otra se está poniendo un tampón. Yo la miro, ella
me mira y pega un grito. Luego se repone y, tendiéndome la mano in-
fame con la que acaba de realizar la fechoría, afirma: «Perdona, pro-
blemas de mujeres. El baño estaba ocupado».

*

Londres. Me encuentro por primera vez con mi nuevo CDM por las es-
caleras. Se presenta, me pregunta qué hago en Londres y luego —mien-
tras hablo— me interrumpe diciendo: «No, espera, la verdad es que no
me importa por qué estás aquí. ¿Te apetece que nos emborrachemos
juntos?».

*

La otra mañana estaba en mi habitación con una chica con la que
llevo un tiempo quedando. Ella había dormido en mi casa y yo llega-
ba tarde a las prácticas. Mientras tanto, la CDM inglesa que hace las
prácticas conmigo se dispone a salir y ve que mi bici aún está en el só-
tano. Entonces vuelve a subir, llama a mi puerta y dice: «¿Sabes que
llegas tarde?». Yo estaba en ropa interior y mi chica también, y no sa-
bía qué decir. La CDM no se da por vencida y me espera en la puerta,
con gesto serio. En mi pésimo inglés, intento decirle que si llego tarde
es cosa mía, y después de cerrar la puerta invoco al Altísimo. Mien-
tras baja por las escaleras, la oigo gritar que todos los italianos somos
iguales, que nunca cambiaremos y que somos la ruina de Europa.

*

Nueva CDM francesa un poco tontita: llega a última hora de la tarde
y se mete en la primera habitación que hay al entrar. Hacia las cua-

143

tro de la mañana llega el CDM indio borracho perdido y, al no darse
cuenta de que la cadena está echada, desfonda de un empujón la puer-
ta, rompiendo la cadena y la jamba lateral. Entonces la CDM france-
sa, sobresaltada por el ruido, va a ver. Los dos, que aún no saben de la
existencia del otro, empiezan a amenazarse mutuamente con llamar
a la policía por allanamiento de morada.

*

Mi CDM es un indio inglesizado cuya presencia puedo percibir nada
más doblar la esquina de nuestra calle. Lo veo regularmente asoma-
do a la ventana, en calzoncillos, hinchándose a porros. Este CDM
hace las cosas típicas de los CDM: tira las latas en el contenedor de
basura orgánica; escucha una deplorable música árabe/electro/pop,
siempre con un toque neomelódico; usa los bienes de los otros desa-
fortunados inquilinos; grita por teléfono en lenguas incomprensibles
a las cuatro de la madrugada; pide comida india para llevar y luego
nunca está en casa para la entrega; se tira a una tía cada noche con
gran escándalo.

A menudo se le puede ver dando vueltas con aire de papá satisfecho
y una niña en brazos, hija, para más señas, de la novia de ese mes.
También recauda el dinero del alquiler de los demás inquilinos y dice
que se lo dará al casero, que, mira tú por dónde, es su hermano. A me-
nudo se le «olvida» que ese dinero lo tiene él. Pero el CDM en cuestión
supera los límites de lo esperable cuando los vecinos avisan a la policía
(que tira la puerta trasera abajo) a causa de una llamada telefónica
suya con más gritos de la cuenta. Entonces afirma:

—No os preocupéis, chicos, han venido a buscar a una persona que
no soy yo.

—¿A quién?
—Ah, no lo sé, no la conozco.

*

144

Emocionadísima por mi primera experiencia de couchsurfing, me di-
rijo al piso del que será mi CDM esa noche. Es la hora de cenar, pero
en su mesa sólo hay botellas de alcohol. Después de una velada a base
de limoncello, sambuca y otros licores embriagadores, él me avisa de
que tenemos que compartir la cama. Luego se desnuda y me dice: «It’s
not how it looks like».

*
Entro en el baño y encuentro la taza del váter manchada de orina. Le
pido explicaciones al CDM, que con extrema tranquilidad me pregun-
ta: «¿Cuál es el problema? ¿Esa cosa no sirve para proteger la cerámica
de las salpicaduras y poder sentarse sobre limpio a cagar?».

*

Al volver a casa tras un
paseo bajo la lluvia, el
CDM alemán enciende
el horno y mete las za-
patillas para secarlas.

145

El CDM usa el mango de una olla que acaba de romper
como soporte para el cepillo de dientes.

El CDM francés deja en el congelador una bolsa blanca con unos va-
queros dentro. Al pedirle explicaciones, nos dice, con toda la natura-
lidad del mundo, que «los vaqueros no se meten en la lavadora bajo
ningún concepto, porque se destiñen. Sólo hay que meterlos en el con-
gelador, así todos los gérmenes mueren».

*
Mi CDM americano lava concienzudamen-
te un pepino con el estropajo y el Fairy.
Cuando le pregunto por ese método, me
responde: «La gente hace de todo con estas
cosas».

*
La CDM es la hija de diecisiete años de la familia americana que me
hospeda en Los Ángeles. Cuando llego se ofrece amablemente para en-
señarme la casa, me muestra el baño que compartiremos y me invita
146

a poner mis cosas donde quiera. Dejo en la ducha el champú, el sua-
vizante para el pelo y el jabón íntimo, un frasco de color verde. Al
día siguiente me pregunta para qué sirve ese jabón verde que hay en
la ducha. Le explico su uso, pero veo que no tiene ni idea de qué ha-
blo. Lo vuelvo a intentar y se le dibuja una expresión de horror en la
cara. Luego se va. La sigo y la pillo diciéndole a su madre que no quie-
re compartir el baño conmigo porque tengo una enfermedad venérea.

*

El territorio del Compañero de Mierda Erasmus
Los movimientos del CDM Erasmus son rápidos y continuos.
Podría llegar a pasar días enteros fuera de casa.

147

Una noche, mis antiguas CDM de Azerbaiyán me echaron de casa
porque «en nuestro país es la fiesta del hombre y hemos invitado a
nuestros novios». En la calle diluviaba. En cualquier caso, me convi-
no salir: estaban cocinando espaguetis, y tras media hora de cocción
me llamaron para preguntarme cuánto les faltaría más o menos para
estar hechos.

*

En mi primera experiencia en el extranjero, en España, el CDM de
nacionalidad incierta decide por fin dirigirme la palabra, tras sema-
nas de convivencia. Me dice que pronto se marchará de la ciudad, que
ha decidido mudarse a China por presuntos motivos laborales. Sor-
prendida por la confesión, que me hizo sólo a mí, pensé que me daba
un poco de pena no haber aprovechado para conocerlo mejor. Tras su
marcha, y durante los próximos cuatro días, la policía de Barcelona
nos interrogó por turnos a mí y a los otros inquilinos, toda vez que ese
señor amable y misterioso era un fugitivo. A día de hoy sigue en para-
dero desconocido.

*

Cinco de la mañana. Me despierta el sonido de algo que cae al agua
del váter. Me levanto y pillo con las manos en la masa al CDM chi-
no, que está vaciando a toda prisa un plato lleno de restos de comida,
haciendo salpicar el agua y poniéndolo todo perdido. Cuando le pre-
gunto qué diablos está haciendo, él me responde, tranquilo: «Mmm…
Nothing».

*

Mi CDM china, de nombre Isabelle, tiene tos. Mientras estoy comien-
do en la cocina, escucho un tosido más fuerte de la cuenta, seguido del

148

Londres. La CDM inglesa y sobrina del casero, tras un fin de se-
mana en el campo en casa de sus padres, trae a casa dos faisanes
muertos (macho y hembra) y los deja cuatro días colgados de la
puerta de la cocina, antes de desplumarlos y cocinarlos. Entre-
tanto, las aves pierden líquidos que gotean al suelo.

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típico ruido del vómito que cae al suelo. Al instante veo a Isabelle atra-
vesando el pasillo: va al trastero, coge la fregona (completamente seca,
con todas las cerdas tiesas) y se dirige al lugar del delito. A los dos se-
gundos de reloj, sin ningún sonido de agua, cubo o similar, vuelve al
trastero, arrastrando el mocho con el brazo extendido frente a ella.

Mientras me percato al contraluz de la estela brillante que ha de-
jado el mocho, la veo salir de casa con el bolso y la cazadora: «Hasta
luego, voy a hacer kickboxing».

*
El CDM chino ingresa en el hospital para ser operado de apendicitis.
Aprovechando la ausencia momentánea del médico, vuelve a vestirse
y sale del hospital porque de repente no siente ningún tipo de dolor.
Regresa a casa en mitad de la noche y se mete en la cama. A las cua-
tro y media de la madrugada suena el timbre. Es la policía, que llega
en busca del CDM, pidiendo explicaciones sobre su fuga. Así que allí
estás tú, traduciendo el inglés asiático del CDM a los policías, que in-
crédulos se ríen de lo sucedido y, al final, vuelven a llevárselo al hos-
pital contra su voluntad.

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