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Published by Provincial Grand Chapter of Valencia, 2022-09-26 11:00:46

El Morador 7 ESP Septiembre 2022

El Morador 7 ESP Septiembre 2022

El Morador nº 7

Tishrei de 2552. Septiembre de 2022. Año V



Revista del Santo Arco Real
Supremo Gran Capítulo de España

1 El Morador nº 7

El Morador ÍNDICE

Revista digital del Editorial
Supremo Gran Capítulo de España Pág. 3
de los Masones del Santo Arco Real de Jerusalén Portada
Septiembre de 2022 Pág. 4
Edita El Santo Arco Real
Supremo Gran Capítulo de España Pág. 8
Consejo de Redacción
E.C. Isaac Gavizon, Gran Director de Comunicaciones
Traducción: E.C. Keith Sheriff, Gran Escriba E.
Director
E.C. José Manuel Merello

Dirección electrónica: [email protected]

www.arcoreal.es

2 El Morador nº 7

EDITORIAL

C omo director, quiero aprovechar la oportunidad que
me brinda nuestra revista El Morador para enviar a
todos los Compañeros un fraternal abrazo de
presentación ante su nueva andadura. Junto a mi presentación quiero,
además, expresaros a todos los que, de una forma u otra, os encontráis
unidos al espíritu del Santo Arco Real, el orgullo que siento de ser un
Compañero más, y con el privilegio y la enorme responsabilidad de
ponerme al frente de nuevo ante esta revista del Supremo Gran
Capítulo de España; una humilde aportación a la Orden, que espera
vuestra activa colaboración y apoyo como antes fue.
Como recordaréis, El Morador vio la luz en un ya lejano mes
de junio de 2015, con una sorprendente alta aceptación no esperada,
aunque sí, claro está, deseada. Y así, a lo largo de tres años parecía una
obra consolidada, pero en junio de 2018, por razón muy subjetiva de
parte de, ya no importa quién, fue censurada y mandada al índice
expurgatorio. O más bien mandó a este Compañero, y a la revista de
compañía.
Pero nada es eterno, y Dios aprieta pero no ahoga.
Este año de 2022 ha llegado nueva luz al Santo Arco Real en
España. Las ventanas y las puertas han sido abiertas, y el índice
liberado.
Retomemos, pues, Compañeros, esta ventana de transmisión
de conocimiento sobre nuestro amado Santo Arco Real; trabajemos
todos unidos aportando cada uno aquello que pueda y sepa, pues
todo suma, y nada resta.
Y terminar con la felicitación para todos por nuestro nuevo
Primer Gran Principal, M.E.C. Txema Oleaga, al igual que al Segundo y
Tercer Grandes Principales, M.EE.CC. Javier Escalada y Christopher
Langley, respectivamente.
Mi abrazo en el A.

3 El Morador nº 7

Portada

P ero dejad que os cuente una hermosa historia que en
verdad es un secreto que ha permanecido oculto
durante mucho tiempo. Dejad que os la cuente, pues es
voluntad del cielo que los misterios sean desvelados.
Hace ya mucho tiempo, un rey de estirpe divina y deseoso de
poder decidió viajar a otras tierras en busca de fortuna.
Durante tres días surcó mares y arribó en tierras
desconocidas. Llegó a la isla del Fuego habitada por gigantescos
titanes.
Dejó atrás la isla de las Fuentes, donde las Ondinas
danzaban alegres entre las ondas del agua. Y conoció la isla del Viento,
donde los espíritus encolerizados se mezclaban con la furia de los
huracanes y los ciclones.
Pero en ninguna de estas islas logró encontrar lo que buscaba
con tanto empeño. Sería al cuarto día cuando el vigía anunció la
presencia de una isla nueva. En ella se respiraba paz y armonía, y los
corazones se embriagaban de una especial alegría.
El rey se sintió atraído por aquella tierra a la que llamó la isla
de los Frutos. Decidió descansar unos días del fatigoso viaje y
recuperar nuevas fuerzas, pues no desfallecería hasta encontrar lo que
buscaba. A la mañana siguiente, y sintiendo un fuerte apetito, el rey
buscó algunos alimentos entre los frutos que crecían en aquellos
fértiles árboles.
Entonces fue cuando la providencia guió sus pasos hasta
llevarle ante el supremo árbol. No era como los demás, pues sus hojas
eran de oro y sus cuatro frutos, también dorados. Tuvo el rey que cubrir
sus ojos, pues los rayos del sol se reflejaban en aquellos extraños frutos
y amenazaban con cegarle si no dejaba de mirarlos.

4 El Morador nº 7

“Éste debe ser el poder que estaba buscando. Jamás había
conocido nada tan hermoso –se dijo el rey muy entusiasmado”.

Pero cuando se dispuso a dar un sólo paso una voz le ordenó:
“¡Detente!, ¿Cómo te atreves a alterar mi paz?”.
El rey quedó inmóvil. Miró a ambos lados y no logró ver a
alguien, y ello le animó a intentarlo de nuevo. Aquel árbol tenía tan
sólo cuatro frutos, y tres de ellos estaban muy elevados, con lo que tan
sólo pudo tomar uno de ellos.
Y oyó: “¡Has usurpado el poder de los dioses; el fruto que
tienes en tus manos aún no estaba maduro, por ello serás maldito
durante nueve años. Si al final de los cuales no encuentras la Esencia
Sagrada Vitriol, perecerás en manos de tu propia ambición!”.

5 El Morador nº 7

Pero aquellas palabras no convencieron al rey. Ahora él tenía
el poder. Acababa de arrebatárselo a los dioses en sus propias narices,
y aquello le convertía en más que un dios.

Tras aquella conquista, el soberano se sintió satisfecho y volvió
de nuevo a su país. En él fue recibido como un héroe. Sin embargo, a
partir de aquel día, todo comenzó a ir mal en el reino.

Durante tres lunas sufrieron el ataque de pueblos extranjeros
que codiciaban el poder que habían adquirido. La paz que un día
conocieron se fue fundiendo en el olvido, pues a las guerras
sucedieron epidemias, plagas y otros males del destino.

Recordó el rey que aquella voz le
anunció nueve años de calamidades y su
propio final si no conseguía antes la Esencia
Sagrada Vitriol. Consultó con los hombres más
sabios, y fue el mago que habitaba en la
montaña del águila quien le desveló el lugar
donde podía encontrarlo.

Tras cinco años de búsqueda, el rey
volvió a su reino al que encontró maldito; pero
él ya no era el mismo. Había pagado sus
deudas con el destino vagando por los
polvorientos desiertos; había pasado hambre y sed, pero ningún
manjar podía saciar su apetito, al no ser aquel que le permitiera
recuperar su dignidad perdida.

Cuenta la leyenda que el rey sanó y logró restituir a la tierra su
inocencia primitiva. Devolvió aquel poderoso fruto a su lugar de origen
y la paz retornó de nuevo a su reino, que desde aquel día se convertiría
en un paraíso.

Se escribe y se habla de compromiso, valentía y coherencia. Y
es en lo que, con gran esfuerzo y lágrimas, se fracasa y a veces se
consigue superar en el caminar masónico, que es en definitiva el
caminar diario de hombre que visita su interior llevando en su alforja el
compromiso jurado, la valentía y la coherencia. Por ello, antes de bajar
el primer peldaño se debe reconocer y admitir las miserias, pero no

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abandonarlas ahí. Se llevan consigo a la siempre presente Cámara de
Reflexiones, que es donde se deben lavar y dejarlas olvidadas al fin.

Hablamos mucho de la Piedra Bruta y de la ideal Piedra
Cúbica. Desde el mandil, siempre humilde y blanco, se deben trabajar
las incontables aristas: la vanidad, el egoísmo, la ambición profana y
material, el egocentrismo de lo humano, la estatua ecuestre en
equilibrio, la punta de una aguja y tantas otras miserias. Y también, por
qué no, la generosidad bien entendida, la que no ofende; la
honestidad; la dignidad, siempre tan cara; la lealtad, sin confundirla
con la fidelidad; el Amor, en su sentido ecuménico y fraternal.

Pero el ejercicio VITRIOL no sólo debe tener a uno como único
beneficiario. ¿De qué serviría? Si una Piedra, simbólicamente pulida,
araña con una arista a mi Compañero, es muestra de una maestría
conseguida sólo en el mandil, pero también es un fracaso masónico.
Las aristas son mías, sólo mías, y nunca deben causar daño a quien me
roza, a quien se acerca a mí. Ese debe ser mi primer ejemplo masónico.
Y es la única forma de cosechar y de que florezca la semilla: de
conseguir acercarse lo más posible a la Gran Obra.

El VITRIOL hay que beberlo. Pero no de golpe como si fuera
un acto suicida. De nada serviría. Su método se basa en ese acto de
valentía, y por ello nos alimentamos sorbo a sorbo, para que la parca te
reciba de forma consciente; cincel a cincel, degustando el dolor, la
desnudez y el dulce sabor final de lo resucitado: del Ave Fénix en el
que te debes convertir.

Porque aquello que antes estaba encerrado en muchas
formas, lo ves ahora incluido en una sola. El comienzo es nuestra
valentía y voluntad iniciáticas, y ellas tienen la llave; el
azufre con sal y mercurio dan riqueza: si nada ves
aquí, no hay razón para que sigas buscando, pues
serás ciego, aún en medio de la Luz.

Y tan sólo desear envejecer y morir
reconciliado con una vida que has sabido aproximar
todo lo posible al ideal.

7 El Morador nº 7

El Santo Arco Real

E l Santo Arco Real de Jerusalén es la expresión más alta
del misticismo masónico, y en él se representan los
acontecimientos que constituyen el final de la vía
iniciática y el retorno del ser humano al
paraíso en el que inicialmente se
encontraba, pero que perdió tras ceder
ante el pecado, en lo que la tradición
cristiana denomina la Caída del Hombre.
Si la misión del hombre en este destierro
terrenal consiste en esforzarse por
retornar a la dicha primigenia, la Iniciación
tiene como finalidad esencial acelerar ese
proceso, pudiéndose alcanzar la visión
beatífica mientras todavía nos
encontramos en este mundo. La
masonería existe porque existe el Arco
Real, que es la cúspide y propósito de la
misma, y los demás grados no son sino
escalones y medios que nos ayudan a
ascender para aproximarnos a este
momento.
La ceremonia del Arco Real
comienza cuando el Guarda Templo
anuncia la llegada de los tres obreros que
acuden desde Babilonia para ofrecer su
ayuda en la construcción del Segundo
Templo. En el simbolismo hebreo, la
expresión “junto a los ríos de Babilonia”
del Salmo 137 siempre ha representado el

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estado de exilio en que se encuentra el alma en este mundo, pues es
en el momento en que el alma lamenta su estado caído cuando
comienza la experiencia de la iniciación, siendo este el punto en que
comienza la peripecia del Arco Real.

A diferencia de los grados simbólicos de la masonería, que
están protagonizados por un único candidato, en el Arco Real los
protagonistas son tres, aunque por lo general esta terna la compongan
el candidato y dos oficiales (dos de los Moradores-Sobrestantes). Estos
tres personajes no son realmente tres, sino una multiplicidad: la
multiplicidad de cuerpos que revisten el alma y acuden para ser
sublimados. Conviene también percatarnos de que estos obreros que
regresan de Babilonia no son obreros normales, sino capataces,
artesanos experimentados y con
conocimiento del Arte. Al ser
recibidos, los recién llegados
narran su historia: lloraban junto a
los ríos de Babilonia (lamentaban
su estado caído y su destierro en el
mundo terrenal) y soñaban con
Sión (anhelaban con regresar al
paraíso). El rey Ciro (Kiros, el Señor)
les concede permiso para que
regresen a su tierra original a
construir el Segundo Templo a la gloria del Señor, y han acudido sin
demorarse al Sanedrín (el capítulo de Arco Real se reúne bajo forma de
un sanedrín) para solicitar ser empleados en la construcción de dicho
templo. El Maestro (los Principales), a la vista del deplorable estado
que ofrece el alma caída, duda del recién llegado, pero el alma es
consciente de su origen celestial, de modo que el candidato y los otros
dos Moradores esgrimen su regia estirpe, aduciendo su pertenencia al
linaje de David y a la tribu principesca de Judá para reclamar su
derecho a participar en la construcción del Templo. El término inglés
que se emplea para los tres Compañeros venidos de Babilonia y que
desean participar en la construcción del templo es Sojourner. Las

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dificultades de traducción que ofrece este término (y seguramente la
incomprensión de su contenido simbólico) provocó que en el ritual de
España se tradujera como Sobrestante, debido a que el Rito de York
especificaba que los tres obreros de Babilonia eran de la clase de los
Supervisores, que es como se les denomina en el ritual de la Marca. Sin

embargo, una traducción más correcta es la ofrecida en el ritual del
Arco Real de Argentina, quienes los denominan Moradores. El término
Sojouner nos describe a alguien que se encuentra temporalmente
fuera de su entorno habitual, pero que tarde o temprano regresará a él.
Por ello la traducción de ese término como Moradores es la que mejor
se ciñe al original.

Las distintas doctrinas iniciáticas han intentado plasmar de
forma simbólica los acontecimientos que tenían lugar a partir de este
momento. En el contexto occidental, lo habitual es que se hiciera en
torno al cristianismo (Orden de San Andrés de Escocia, Orden
Rosacruz, Orden Martinista, tradición griálica, etc.). Sin embargo,

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constituye un rasgo peculiar de la masonería el hecho de haber
configurado la estructura simbólica de su grado supremo en torno a
una tradición enteramente precristiana. Sin duda la forma externa es
hebrea, con algunas incorporaciones cristianas. Pero su estructura
fundamentalmente no lo es.

El grado del Arco Real es de una dificultad de comprensión
notablemente superior a los grados simbólicos por los elevados
conceptos que maneja y por lo variado de su simbolismo. En el
occidente de un capítulo del Arco Real se sitúan los Moradores y el
candidato, mientras que en el oriente se sitúan sus contrapartidas
regeneradas, encarnadas por los tres Principales, y que pese a ser
igualmente una multiplicidad, deben ser consideradas como un único
Maestro. El ritual gira en torno al proceso que transcurre entre un
estado y otro.

Plasmar de manera ritual el final del recorrido iniciático,
incluido el retorno al paraíso, planteaba ciertas dificultades que los
masones antiguos hubieron de solventar. El primero era qué leyenda
bíblica serviría para estructurar el relato. Puesto que se trataba de
reconstruir algo (nuestra propia alma) que había sido reducido a un
estado lamentable y que estaba sufriendo un exilio en este mundo
terrenal, se optó por recurrir al Libro de Esdras, que narraba el retorno
de los hebreos de su exilio babilónico, así como sus esfuerzos para
construir el Segundo Templo en el mismo solar donde anteriormente
se encontró el Templo del Rey Salomón. Naturalmente, las fuerzas del
mal, representadas por hebreos politeístas, intentando detener la
construcción del templo, hecho que constituye el núcleo del antiguo
grado denominado Pase del Jordán, actualmente plasmado en el
grado 16 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Sobre el armazón de
esta historia se añadirían, además, otros elementos.

Otros dos problemas prácticos que se plantearon en el seno
de la masonería del Arco Real eran, en primer lugar, cómo representar
el hecho de que la Iniciación no es un hecho instantáneo sino un
proceso progresivo; y, en segundo lugar, cómo ritualizar el momento
en que se alcanza la visión beatífica. Ambas cuestiones fueron

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solucionadas al incorporar la leyenda de Enoc, quien habría construido
un templo bajo el monte Moriá, compuesto por nueve bóvedas
situadas perpendicularmente una sobre la otra, las cuales se
comunicaban por una abertura dejada en el techo de cada una de
ellas. Enoc hizo entonces fabricar una plancha de oro triangular, de un
codo de largo cada lado, que embelleció con piedras preciosas, y
sobre la que grabó el Nombre de Dios, colocándola sobre la piedra
cúbica situada en el última bóveda. Nadie, salvo Enoc, podía penetrar
en ese Templo, y tan sólo una vez al año. Debido a la destrucción
generalizada ocasionada por el Diluvio, todo conocimiento de este
templo y la plancha de oro se perdió para el mundo.

El hecho de que la Iniciación fuera un proceso progresivo era
tan importante que los masones lo plasmaron de manera redundante
en el ritual: no sólo aparece en la sucesión de bóvedas de la leyenda
de Enoc, sino que además vuelve a representarse ritualmente en una
ceremonia específica
del Arco Real antiguo,
pero que en Inglaterra
ya no se realiza (con
excepción de algunos
capítulos en el norte),
que se denomina
Ceremonia de los
Velos. En ella el
candidato atraviesa
tres velos por medio
de palabras de paso,
con lo que se
representa la sucesión
de estadios iniciáticos
del proceso.

Actualmente, la forma de alcanzar la visión extática sigue
representada por el hallazgo de la plancha de oro triangular con el
Nombre de Dios grabado sobre ella. Sin embargo, hay algunos

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elementos simbólicos llamativos que no aparecen en la leyenda de
Enoc, pero que fueron añadidos para construir el Arco Real actual.

Un elemento que suele pasar desapercibido pero que no deja
de ser muy interesante es el hecho de que la representación del Gran
Arquitecto del Universo ha pasado del techo del templo al suelo del
mismo. Hasta ahora la Estrella Flamígera se hallaba suspendida, pero
en el Arco Real ya no lo encontramos en lo alto, sino que la
representación de la deidad se halla a nuestro nivel. Dicho de otro
modo: la deidad ha abandonado las alturas para aparecer en nuestro
plano. A este hecho se le denomina en la tradición cristiana
Encarnación, y no deja de ser llamativo que en un ritual supuestamente
hebreo pero que en realidad es pagano, aparezca incrustado un
elemento tan nítidamente cristiano.

Otro detalle tan lógico como llamativo es el hecho de que
sólo en el momento del Mediodía puede el candidato descubrir tanto
las inscripciones realizadas sobre el pedestal como el Nombre que
figura sobre la plancha de oro. El candidato realiza un primer descenso
a la bóveda y apenas puede ver el fragmento de la Ley Sagrada y los
demás objetos que hay en su interior.

Sin embargo, al llegar el Mediodía, y tal como reza el ritual, el
sol ya puede iluminar la bóveda, permitiendo al candidato contemplar
los objetos presentes en la cámara.

Tras la contemplación del Nombre de Dios, el candidato pasa
a formar parte de la Comunión de los Santos representada por el
sanedrín, momento en que se le pone en la mano derecha el asta con
el estandarte de la tribu de Judá, pues, como habíamos visto en el
ritual, la pertenencia al linaje de David y a la tribu principesca de Judá
simbolizan el origen divino del alma humana, y de este modo se
culmina el retorno al paraíso primigenio.

Esta culminación del proceso de regeneración es la que
justifica la diferencia que encontramos en el ritual respecto a la forma
de abrir y cerrar el capítulo.

En el momento en que los tres Principales abren el capítulo
según la peculiar ceremonia del Arco Real, estos dicen:

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Nosotros tres - nos reunimos y acordamos
en amor y unidad - guardar la Palabra Sagrada -

y nunca divulgarla - salvo cuando tres - como
nosotros - estén reunidos y de acuerdo.

Sin embargo, en el momento del cierre, dicen:
TODOS nosotros - nos reunimos y acordamos
en amor y unidad - guardar la Palabra Sagrada -
y nunca divulgarla - salvo cuando tres - como
nosotros - estén reunidos y de acuerdo.

La palabra TODOS figura en mayúsculas, tanto en el original
inglés (“ALL”) como en la traducción española. Con ello se nos indica
que la naturaleza imperfecta y caída de los tres Moradores han sido,
por fin, sublimadas. Estos han alcanzado la visión beatífica, y en su
nueva condición regenerada ya pueden participar, junto con el resto
del santo Sanedrín, en el cierre de los trabajos.

14 El Morador nº 7

Observad la colocación correcta de los estandartes y los
Principales en forma de arco, como el Sanedrín.

15 El Morador nº 7

16 El Morador nº 7


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