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Published by ivandmomo, 2021-08-14 19:26:07

Huánuco y Huamalíes entre los borbones y la naciente república del Perú

LIBRO 2021 Espinoza Claudio, César Huánuco y Huamalíes

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3. Territorio, sociedad y poder en los Andes de Huamalíes-Huánuco.
La transición política de villa a ciudad en Llata, siglos XIX-XX.109

César Espinoza Claudio
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

[email protected]
DOI: https://doi.org/10.15381/is.v10i16.7027

Resumen

El presente informe contiene una visión general de los procesos sociales y políticos que
atravesaron las comunidades, villas y ciudades asentadas en la zona altoandina de Huánuco.
Examinamos, en particular, la microrregión de Huamalíes atravesada por el río Marañón cuyos
núcleos poblacionales practican una agricultura parcelaria temporal asociada a complejos
sistemas dinámicos de migración hacia zonas mineras circunvecinas y la selva cocalera de
Monzón. A lo largo de los siglos XIX-XX emergen y se consolidan dos grupos sociales con
poderes hegemónicos urbanos: Llata y La Unión. Las opciones democráticas y autoritarias se
expresan y difunden al interior de estos núcleos urbanos que evolucionan de villas a ciudades en
su afán de conectarse con el poder oligárquico nacional y conquistar servicios básicos para
modernizar sus economías regionales.

PALABRAS CLAVE: Movimientos sociales, autoritarismo, Comunidades Indígenas, Huánuco,
región, Llata, Marañón.

Territory, society, and power in the Andes of Huamalíes-Huánuco. The political
transition from town to city in Llata, XIX-XX centuries.

Abstract

This report contains a general vision of the social and political processes experienced by the
communities, villages, and cities located in the high Andean area of Huánuco. We examine, in
particular, the microregion of Huamalíes near the Marañón river, whose communities practice
seasonal agriculture on small plots associated with complex dynamic systems of migration toward
surrounding mining areas and the coca rainforest of Monzón. During the nineteenth and twentieth
centuries, two social groups emerge and consolidate with hegemonic power: Llata and La Unión.
Democratic and authoritarian options are expressed and disseminated within these urban centers,
which evolve from villages to cities intending to connect with the national oligarchic power and
conquer essential services to modernize their regional economies.

KEYWORDS: Social movements, authoritarianism, Indigenous Communities, Huánuco, region,
Llata, Marañón.

109 Este trabajo ha sido financiado por el Consejo Superior de Investigaciones de la Universidad Nacional Mayor de
San Marcos. Forma parte de un Proyecto aprobado por el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Facultad de
Ciencias Sociales, UNMSM. Código: 041501191, «Región y movimientos sociales en el Perú: la experiencia del
autoritarismo en la región de Huánuco, siglos XIX-XX». Año 2004. Para su publicación ha sido nuevamente revisado
en marzo del 2005. Publicado en: Espinoza Claudio, C. (2006). Territorio, sociedad y poder en los Andes de Huamalíes
- Huánuco, la transición política de villa a ciudad en Llata, siglos XIX-XX. Investigaciones Sociales, 10(16), 271 - 302.
https://doi.org/10.15381/is.v10i16.7027

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Introducción

El presente informe contiene un primer avance parcial que abarca la historia y la realidad actual
del distrito y la ciudad de Llata, provincia de Huamalíes, departamento de Huánuco. Se trata de
un examen de conjunto y de larga duración de una microurbe andina de la sierra central organizada
por una elite criolla-mestiza y reforzada por la política republicana frente a la necesidad de
administrar un amplio espacio territorial con una diversidad de pueblos altoandinos y que combina
numerosos microclimas e interrelaciona las cuencas del alto Marañón y Huallaga.

Una primera etapa de nuestro proyecto intenta estudiar el proceso de construcción social de una
región, una asociación particular entre geografía y la emergencia de un espacio social que
implementa una diversidad de políticas para consolidarse como el principal espacio de
administración urbana en la región norte de la ciudad de Huánuco y su articulación al espacio
nacional. Examinamos el proceso histórico de conformación de una elite y la organización de los
pueblos campesinos indígenas, sus mecanismos de comunicación y dominación, el registro de sus
conflictos y movimientos sociales que asumen la forma de un motín urbano a guerras civiles. En
buena cuenta buscamos examinar las diferentes opciones políticas practicadas, democracia y
autoritarismo, por la elite dominante en el manejo de los recursos naturales y de la energía humana
para la construcción de sus bases materiales al interior de este espacio específico de los Andes
Centrales: Huamalíes, Llata.

Para lograr comprender la naturaleza de los cambios ocurridos en los tiempos actuales buscamos
abordar, reconstruir y comprender la naturaleza de la sociedad y sus patrones coloniales, sus
articulaciones a la economía regional y nacional, los mecanismos de alianza con los poderes
nacionales y un registro sistemático de sus conflictos intrarregionales.

Nos interesa en particular conocer la naturaleza de los cambios y las permanencias en un conjunto
de instituciones como el cabildo y sus patrones de sociabilidad tradicional y moderna. En otras
palabras, queremos introducirnos al examen histórico del arribo de la modernidad al interior de
una microrregión andina y el proceso de consolidación y hegemonía de una de sus urbes andinas:
la ciudad de Llata en la sierra norte andina de Huánuco, entre las punas del Alto Marañón y los
cocales de Monzón y el Alto Huallaga.

Antecedentes y recursos bibliográficos y documentales.

La región de Huamalíes no ha sido estudiada sistemáticamente por la comunidad de historiadores
y antropólogos en el siglo XX. Entre 1950 y 1970, José Varallanos y Wilelmo Robles escribieron
algunos ensayos cortos y globales intentando ubicar la historia social de estos micropueblos en la

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historia de los Andes centrales.110 Posteriormente, Bertrand Flornoy (1957), César Fonseca Martel
(1972) y Julio Laguna Céspedes (1968) han investigado, consultando nuevas fuentes
documentales y recogiendo testimonios orales, la economía y la organización social de estos
pueblos después de la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, no existe todavía una base
bibliográfica sistemática sobre la historia social, agraria y minera de estos valles altoandinos
desde el siglo XVI hasta nuestros días. La sierra norte de Huánuco ha sido considerada por los
funcionarios de Estado y la CV y R como el segundo microespacio regional mucho más violento
en el último tercio del siglo XX después de Ayacucho.111

La historia regional constituye una de las herramientas historiográficas adecuadas para reconstruir
comprensivamente los procesos de organización de un espacio, de una economía, de sus grupos
sociales, y de las luchas por el control del poder entre blancos e indios, de los movimientos
indígenas entre los siglos XIX y XX, de la articulación de estos pueblos a la economía minera, de
las formas de articulación de este microespacio a la economía nacional, y finalmente de la
integración de estos pueblos a la comunidad nacional (María Isabel Remy 1990: 77-118).

En esta última década nuevamente la minería de Huanzalá y de Antamina y la economía de la
coca del valle de Monzón han reconfigurado los patrones poblacionales en dirección hacia estas
economías asociados a un ciclo de violencia social en la que el senderismo es sólo un capítulo de
la historia social de esta región andina (Rodrigo Montoya 2000: 19-35. Morlon 1996; Núñez
1996).

3.1. Estructura territorial y población urbana: la experiencia de la ciudad de Llata.

Los resultados del Censo de 1961 registran una población total en la provincia de Huamalíes de
44,153 habitantes. Si revisamos el peso demográfico de esta provincia en el conjunto poblacional
departamental de Huánuco encontramos las siguientes novedades.112

Primero, finalizada la Segunda Guerra Mundial, el movimiento de crecimiento poblacional
departamental es positivo ya que se registra la apertura de una nueva frontera poblacional en el

110 Para este ensayo hemos consultado al historiador clásico de Huamalíes Robles 1970 y 1970a; y las investigaciones
del historiador de Huánuco, Varallanos, 1937; 1938; 1940 y 1959.
111 Sobre esta temática puede consultarse a Thomas Kruggeler y Ulrich Mucke (eds.) 2001; Murra 1975: 274-312;
Cabieses 2004. La violencia prosigue bajo una diversidad de formas tal como lo informa la sección «Región en Síntesis»
de El Comercio (04.09.2004): «Asesinan a campesinos: Seis desconocidos armados llegaron hasta el caserío Alto
Pacae, donde asesinaron a Tolentino Huamán (39) y a Felling Tolentino Flores (22). Los asesinos no dejaron ninguna
señal ni pinta por lo que se presume que se trate de un ajuste de cuentas o un lío por tierras. El caserío Alto Pacae está
ubicado en el distrito de Juan José Crespo y Castillo».
112 Todos los datos provienen del Censo Nacional de Población, Vivienda y Agropecuario, 1961. Departamento de
Huánuco, vol IX. Oficina Nacional de Estadísticas y Censos.

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espacio amazónico de Monzón y Tingo María. Sin embargo, a pesar de esta novedad, las cifras
sistematizadas presentan un factor de continuidad: es la predominancia de un bolsón poblacional
serrano, en este caso representado por una variedad de centros poblados rurales y urbanos
concentrados en el antiguo territorio espacial del Corregimiento de Huamalíes (el mismo que
empezó a ser subdividido entre los siglos XIX y XX en las provincias de Marañón, 2 de Mayo y
Huamalíes) y que ocupa las nacientes, las orillas, bordes, colinas y cordilleras de ambas márgenes
del río Marañón.113

En efecto, este microespacio regional (quechua-puna) concentra el 44.0% de la población
departamental (145,047 habitantes). Estamos frente a un territorio en la que la actividad minera y
ganadera ha posibilitado la recuperación y la hegemonía poblacional de los pueblos campesinos-
indígenas de Pachas-La Unión-Aguamiro asentados entre los 2 a 4 mil metros sobre el nivel del
mar (provincia 2 de Mayo). En efecto, a comienzos del siglo XX estas economías campesinas y
mestizas se han incrustado en los negocios con las haciendas de la costa (Huarmey, Huaura y
Chancay) y la cabecera amazónica del Alto Huallaga. Estamos frente a poblaciones agroganaderas
que viven un tiempo histórico en la que luego de asegurar la siembra de sus parcelas y el trabajo
comunal para el mantenimiento de caminos, puentes y servicios básicos, cumplen cíclicamente
movimientos de migración hacia las haciendas cañeras-algodoneras de la costa y los cocales de
Monzón. Su participación en la guerra contra Chile, en los procesos electorales y los conflictos
intracomunales les permitió reforzar sus espacios de autogobierno y reforzar sus sistemas de
autoridad tradicional en alianza con las fracciones de criollos blancos asentados en las capitales
provinciales. A finales del siglo XX, este antiguo espacio sur del Corregimiento de Huamalíes ha
sido nuevamente fragmentado (provincias de Lauricocha y Yarowilca) buscándose desde el
gobierno central nuevas alianzas políticas con los micropoderes regionales y otorgándoles
competencias político-administrativas y no soluciones a sus problemas estructurales como la
exclusión y marginación de los mercados limeños (Román Robles 2001 y Rodrigo Montoya
20019).

Estamos pues frente a poblaciones mestizo-indígenas que usando los mecanismos del clientelaje
y las alianzas políticas practicaron un tipo de relación con el Estado limeño para lograr privilegios
administrativos y finalmente, autonomizarse de la tutela política de Huamalíes-Llata, y de este
modo reforzar sus poderes de elite social campesina y consolidar sus vinculaciones con la elite
minera-comercial de Huallanca-Lauricocha.

113 Véase cuadro y Mapa Nº1. Más información puede consultarse en Pablo Macera 2000.

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CUADRO 1. DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN SEGÚN UBICACIÓN
GEOGRÁFICA EN EL DEPARTAMENTO DE HUÁNUCO, 1961

Distribución geográfica Población %

Sierra 145,047 44.09
Huamalíes* 126,282 38.40
Huánuco / Ambo

Sub Total 271,329

Selva 24,475 7.44
Leoncio Prado 33,115 10.00
Pachitea

Sub Total 57,590

Total 328,919 100.00

* Concentra las poblaciones de Huamalíes, 2 de Mayo y Marañón.

Segundo, todo lo contrario ocurrió con Huamalíes. En efecto, este espacio territorial ha sido
fragmentado por decisiones de política nacional al servicio de los clientelajes electorales. Entre
los años de 1570 y 1870, el espacio territorial de Huamalíes mantuvo su antigua unidad (11,997.55
km2) concentrando centros poblados desde Huacrachuco (norte) hasta Chavinillo (sur). Pugnas
caudillistas y políticas de pacificación practicados por los gobernantes nacionales empujaron a la
creación de la provincia de 2 de Mayo en 1870 y a la provincia de Marañón en 1912. Así, de la
administración de un total de 11,997.55 km2, la provincia de Huamalíes pasó a controlar 2,224.05
km2 a partir del primer tercio del siglo XX.

Huamalíes y su capital Llata se ubican en la margen derecha de las nacientes del Alto Marañón.
Comparativamente ocupa el segundo lugar en la distribución poblacional serrana frente a las
provincias de 2 de Mayo y Marañón. Su capital, Llata alcanzó a elevarse de la categoría de villa
a ciudad en 1891.

Este reforzamiento político-administrativo de Llata permitirá reconcentrar los negocios de una
elite de hacendados-ganaderos y comerciantes cuyos orígenes se encuentran en la migración de
familias blancas provenientes del norte de España (vascos y gallegos) quienes lograron hacer
fortuna durante el ciclo económico de auge de las lanas y de la minería de la plata (Huallanca-
Queropalca) y finalmente asentarse alrededor del morro de Paugarhuilca y conformar un nuevo
centro urbano criollo desde donde articularse al poder central limeño.

Llata es un microespacio urbano en la que se asentaron fundamentalmente familias criollas y
mestizas hasta finales del siglo XIX. Durante este tiempo histórico su periferia rural estaba
completamente dedicado a la explotación de los pastizales de puna, el comercio interregional y la

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convivencia con las poblaciones campesinas de Puños en las zonas frígidas y los centros poblados
de clima quechua de Cochapata y la hacienda de Morca. La colonización agrícola y la apertura de
una nueva frontera agraria de tubérculos y granos se producirá después de la Segunda Guerra
Mundial, en el tiempo de la apertura de carreteras de penetración hacia Tingo María y el auge de
las haciendas cañeras-algodoneras, quienes demandaban bienes agrícolas y fuerza de trabajo
indígenas (Epifenio Baca 1998: 55-83). En suma, hasta los 60, Llata vivía de una economía de
autoconsumo, de la reciprocidad, del trabajo comunal campesino, de la explotación de los
recursos procedentes de los diferentes microclimas (coca, papas, maíz, ganado de carne, leche,
lanas y cueros), articulado débilmente a los mercados de la costa y de la selva del Alto Huallaga
(Pilar García y Nuria Sala 1998).

CUADRO 2. SUPERFICIE TERRITORIAL Y POBLACIÓN EN TRES PROVINCIAS
DEL DEPARTAMENTO DE HUÁNUCO, 1961

Provincias Superficie territorial km2 Población total

Marañón 4784.79 82,290
Huamalíes 2224.05 44,381
2 de Mayo 4988.71 26,041

En esta coyuntura el microespacio territorial de Huamalíes concentra un total de 42,153
habitantes. Se trata de una población en su mayoría de campesinos agroganaderos, ubicados en la
zona quechua y con intensa actividad migratoria temporal hacia los cocales de Monzón-
Cachicoto. El distrito de Llata es un territorio densamente indígena con algunos centros poblados
habitados por núcleos familiares de blancos-mestizos y en la que todavía persiste el viejo
ordenamiento colonial de un espacio social dominado por una pequeña elite de los descendientes
de las familias españolas asociados a migrantes europeos (italianos, franceses, yugoslavos, etc.)
quienes se establecieron en la parte central y calles de las microciudades andinas, impulsando la
construcción y ampliación de la ciudad con servicios de agua potable, mayor acceso al telégrafo,
la construcción de escuelas, la refacción de capillas e iglesias, y la difusión de una cultura criolla-
festiva en la que predomina un calendario festivo-religioso para conservar un orden social que se
fragmenta con las elecciones de autoridades de cabildo, congresistas y recepciones a los
funcionarios del gobierno central.

Estamos pues frente a una microurbe andina envuelta por habitantes que se comunican con la
lengua quechua y cuyas relaciones de parentesco se mantienen separadas entre blancos e indios,
entre pobladores de la urbe y de los caseríos y poblados rurales. La actividad ganadera y los

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negocios mercantiles de la producción campesina les permitirá la comunicación temporal entre
los diversos núcleos familiares. Sin embargo, la mayoría de las familias campesinas indígenas-
mestizas persisten en ocupar las colinas y las quebradas que van desde Puños a Singa, y de Colla
Grande a Palanca. La penetración de algunas innovaciones en el manejo de los recursos forestales
como la siembra del eucalipto provocará actitudes y comportamientos desiguales. En efecto, por
estos años esta especie vegetal será introducida (1890) pero la presencia paralela de algunas
epidemias provocará su eliminación en 1910.

La construcción de una carretera que articulará a Llata con Huánuco y Lima provocará sucesivos
cambios en el comportamiento de la elite llatina y también del campesinado local. En el primer
sector, se nota la migración de las principales familias blancas hacia la ciudad de Lima. La reforma
agraria de Velasco había tocado sus intereses, la Iglesia ya no administraba los pastizales de las
punas cordilleranas fracturándose los vínculos de negocios con los terratenientes costeños
también afectados por la revolución agraria militar. El segundo sector, compuesto por campesinos
indígenas-mestizos, accederá a la tierra en pequeños grupos, los mismos que después optarán por
migrar hacia la selva del Alto Huallaga (aquí se organiza un complejo cooperativo que busca
recolonizar y ampliar la frontera agraria con apoyo financiero del Estado) ya sea como
trabajadores asalariados o campesinos parcelarios productores de coca y frutales. Otro sector
poblacional optará por migrar y asentarse en la periferia urbana de Lima (cono norte) participando
en las invasiones de tierras y en la compra de lotes y parcelas en cooperativas y asociaciones de
vivienda.

La crisis agraria de los 80 y el accionar militarista de SL radicalizará estas olas migratorias hacia
la periferia urbana y el retorno temporal para los procesos electorales, los calendarios festivos y
la reocupación de los campos de cultivo de coca de Monzón, Tingo María y Aucayacu. Los lazos
de parentesco y las vinculaciones familiares persistirán hasta finales del siglo XX cuando emerge
otro grupo generacional con nuevas expectativas de vida y de futuro.114

Ahora bien, hasta comienzos de los 60, la población urbana en los distritos de la provincia de
Huamalíes es muy pequeña: Llata (2255), Miraflores (1091), Punchao (1246), Puños (1178) y
Singa (1282). La mayor parte de los centros poblados se encuentran ubicados en la zona climática
quechua. Iguales resultados, de escasas unidades familiares urbanas, se constatan para Jacas
Grande (645), Jircán (166), Tantamayo (400) y Arancay (480). Incluso, Monzón, en su perímetro
urbano apenas concentra 364 habitantes.

114 Véase Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2004 y Montoya 2004: 67-92.

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Esta débil estructura demográfica será conmocionada con el inicio del ciclo de la coca a finales
de los 70 a lo largo del valle del Alto Huallaga, pues entre este valle y las poblaciones campesinas
y centros poblados de las zonas altoandinas del Alto Marañón se producirá una mayor articulación
mercantil conforme avanza la construcción de carreteras de penetración hacia Tantamayo (margen
derecha del Marañón) y Llata-Puños (margen izquierda del Marañón). Esta estrecha vinculación
entre los ciclos de auge de la coca, las migraciones campesinas, el accionar de SL, la construcción
de carreteras, puentes y caminos, provocará un cambio radical al interior de las organizaciones
sociales que habitan en este espacio micro rural campesino así como en sus estructuras
económicas y demográficas, los perímetros y volúmenes poblacionales urbanos, la ampliación de
infraestructura urbana, educativa y comunicacional y la formación de una nueva identidad
cultural. 115

Tercero, la población de la provincia de Huamalíes se encuentra distribuida en dos zonas
climáticas: la quechua-puna y la selva. La zona serrana concentra un territorio atravesado por
varios afluentes que finalmente desembocarán en las nacientes del río Marañón. Centros
poblados, familias campesinas y no campesinas, parcelas, caminos y puentes están dispersas en
ambas márgenes, izquierda y derecha. El proceso de colonización y urbanización de las
poblaciones asentadas en esta zona serrana tiene sus orígenes en tiempos preincas.

3.2. Ciclos demográficos y sociedad en los andes: la región de Huamalíes, siglos
XIX-XX.

La presencia de los Incas en este microespacio territorial fue muy conflictiva. Las crónicas del
siglo XVI registran permanentes pugnas de los quechuas del sur con una diversidad de grupos
étnicos multilingües por el control de las manadas de camélidos ubicados en las punas y las rutas
de los cocales de Monzón reduciéndose y dispersándose la población. Con la llegada de los
españoles prosigue esta tendencia de contracción demográfica que llega incluso al extremo de
quedar deshabitada el principal núcleo urbano Inca en esta microregión andina: Huanucopampa.
En consecuencia, para los siglos XVI y XVII, lo que registramos es un tiempo de derrumbe
demográfico indígena. Un ciclo histórico que iniciará una débil inversión con la organización de
la economía textil (ganado lanar y obrajes) y la economía minera de la plata acompañado de la
explotación de los cocales en Monzón en el último tercio del siglo XVIII.

115 La provincia del Marañón y su capital Huacrachuco continuarán ejercitando una agricultura de tubérculos de
régimen temporal cambiándolo con la ganadería y la explotación de plantas tropicales en el valle del Monzón. Se trata
de una producción, en su parte, para el autoconsumo. La falta de una carretera les impedirá a comienzos de los 60
articularse a la lógica mercantil capitalista que avanza con fuerza impetuosa sobre las poblaciones cordilleranas
asentadas en el Alto Marañón. Véase Rita Haring: 67-84 y Francisco Ballón 1991.

106

Casi todos los historiadores modernos coinciden en plantear que la estructura colonial impuesta
en los Andes fue el producto de la guerra y de la conquista. Con las reformas políticas impuestas
por Francisco Toledo en el último tercio del siglo XVI se estableció un modelo social colonial:
en un solo territorio convivían conquistadores y conquistados, colonizadores y colonizados,
indios y blancos. Desde su nacimiento la sociedad colonial combinó una estructuración de clase
con una estructuración étnica, siendo las relaciones derivadas de las últimas las predominantes.
Estas relaciones étnicas camuflaron las relaciones de clase. Uno de los principios básicos del
funcionamiento de esta sociedad fue la separación estricta de indios y españoles. Las repúblicas
de indios y de españoles tuvieron autoridades propias, leyes y reglamentos específicos. Fue una
separación profunda que incluso perdura hasta hoy en día.

Esta segmentación colonial no sólo opuso al estamento indio contra el estamento blanco. Los
criollos y españoles, a su vez, estuvieron agrupados en corporaciones más o menos cerradas.
Ciudades y villas urbanas, comunidades indígenas y pueblos de indios se institucionalizaron en
ambos flancos de los Andes centrales. Es decir, eran miembros de la sociedad en tanto miembros
de una corporación.

A la «patrimonialización» del poder político, correspondía así una «corporativización» del
conjunto del sistema colonial. En uno como en otro caso, el resultado fue la fragmentación de los
intereses sociales, impidiéndose de esa manera la percepción de los intereses comunes. Cada
segmento tenía sentido sólo en tanto «parte» de un todo, y cada uno ocupaba un puesto específico,
adquirido por adscripción y sancionado (incluso sacralizado) por la ley. De acuerdo con el
organicismo que sustentaba esta doctrina, cada parte desempeñaba roles funcionales, es decir,
necesarios para el mantenimiento del sistema (Sánchez-Concha Barrios, 1999).116

Al norte de la ciudad de Huánuco se organiza una microrregión que abarca varios pisos ecológicos
a partir de varios afluentes fluviales que desembocarán finalmente en el río Marañón.
Administrativamente se llama Corregimiento y Partido de Huamalíes con espacios
microclimáticos que bajan desde las punas de Yaguarcocha-Ishanca hasta la zona yunga de
Monzón. Al interior de este espacio territorial se organiza una sociedad indígena
institucionalizada bajo la modalidad de comunidades indígenas bajo el control político de una
ciudad andina (Llata) asentada entre dos ríos (Tambos y Aco) y sede del poder terrateniente
ganadero consolidado a partir del siglo XVIII.
A partir de este momento histórico hasta el último tercio del siglo XX, registramos un proceso
lento, de larga duración, de reocupación de las tierras quechuas y de puna de la provincia de

116 Este conjunto de ideas sobre la sociedad colonial ha sido extraído de los textos publicados en Heraclio Bonilla:
2001: 23-54; Heraclio Bonilla y Karen Spalding 1972 y Heraclio. Bonilla 1981.

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Huamalíes. Se trata de un largo y complejo proceso histórico no libre de conflictos intracomunales
y de elites blancas con los pueblos andinos indígenas.

Nos estamos refiriendo a un conjunto de actos de violencia social producidos en 1777, 1812, 1894
y en la década del 80 del siglo XX. Motines, revueltas, asonadas, asesinatos masivos, pleitos
familiares, conflictos electorales, etc. envolvieron a casi todos los pueblos ubicados en ambas
márgenes del Marañón.

3.3. El nacimiento del sistema político de la república en los andes del alto
Marañón en el siglo XIX.

En el transcurso del siglo XIX se presentaron dos grandes conflictos que en especial enfrentaron
a los pueblos campesinos y criollos de Pachas y Llata. En efecto, a comienzos del siglo XIX se
produjeron sucesivas movilizaciones indígenas que respondían a las consignas del liberalismo
español los mismos que terminaron en sangrientos choques armados y a la consolidación de un
nuevo grupo social criollo-mestizo que en adelante centralizará los recursos y las demandas de
las poblaciones indígenas entre Pachas y Arancay. En 1812 se cuestiona la centralidad política y
económica alcanzada por la elite criolla asentada en la microurbe andina de Llata (Molinari, y
Ríos 1990)

La violencia alcanzada al interior de este espacio social estará marcada por la pugna interminable
por el control de una diversidad de recursos productivos (los minerales plata y mercurio en el
sector de Huallanca-Aguamiro, pastizales y tierras de labor en Puños, Pachas, Singa, Miraflores,
Arancay, y los cocales en la ceja de selva de Huacrachuco y Monzón) entre comunidades
indígenas y grupos de criollos ganaderos-comerciantes, entre indios y blancos, entre hombres de
ciudad y pobladores de puna, quechua y selva. A pesar de todo, se conserva la herencia
administrativa colonial y Llata mantiene su posición estratégica y hegemónica de núcleo político
en las nacientes del Alto Marañón hasta 1870, un momento histórico en la que empieza su
fragmentación territorial y un nuevo ciclo de conflictos políticos-ideológicos entre Pachas y Llata.

La segunda mitad del siglo XIX es una coyuntura política que plantea una paradoja histórica: la
fundación y consolidación de la República. Los peruanos de las regiones serranas optarán por este
sistema político que provocará la emergencia de un abundante aparato de leyes y discursos
políticos liberales, pero con una práctica política que no coincide con tal ideario discursivo. Por
ejemplo, Constituciones y Reglamentos buscarán normar las prácticas electorales, pero las
elecciones y las instituciones formalizadas representan en sustancia sólo una ficción democrática.
Si en 1812, las movilizaciones indígenas se apoyaron en este discurso político poco fueron lo que

108

lograron las masas campesinas indígenas para alcanzar la categoría de ciudadanos, ya que fueron
excluidas de la participación y la vida política republicana. En el fondo, la movilización de estas
fuerzas sociales solo sirvieron para sancionar una nueva correlación de fuerzas políticas que se
disputaban el manejo y control de los recursos productivos de la región. Similar hecho, esta vez
enfrentándose pierolistas y caceristas se produjo en 1894. Esta vez, los últimos movilizaron a casi
todas las comunidades y pueblos indígenas del antiguo Allauca Huánuco (margen derecha de las
nacientes del Marañón) para tomar por asalto la ciudad de Llata, incendiarla y liquidarla física y
políticamente, así como las bases materiales de un sector de su elite dominante (Allauca
Guanuco), envolviéndose posteriormente en una guerra civil que ha marcado la memoria e
identidad de cada uno de estos pueblos.117

Llata, en el último tercio del siglo XIX, es un centro poblado que evoluciona de villa a ciudad
andina, para desde este punto controlar una parte importante del movimiento de los cocales del
Alto Huallaga. Este centro urbano se ubica en un espacio microclimático quechua, consentía una
elite liberal de hacendados-comerciantes criollos interesados en preservar una sociedad
tradicional (servidumbre indígena) y regidos por códigos de conducta estamental.

Todavía no existen estudios o monografías específicas sobre el siglo XIX para la región de
Huamalíes. Sin embargo, podemos postular algunas ideas y preguntas a modo de hipótesis de
trabajo. ¿Existió una sociedad civil regional capaz de afirmar su existencia autónoma frente al
Estado colonial? ¿Qué tipo de medios de comunicación existieron en pueblos y villas urbanas
dispersos a lo largo de la cuenca del Marañón para posibilitar la existencia de una opinión pública
y la consulta popular mediante un cabildo abierto? ¿Cuáles fueron los mecanismos de difusión
del liberalismo ideológico y político en una región periférica a Lima que permitiera el surgimiento
de nuevas sociabilidades modernas (formación de juntas de gobierno en 1812, movilizaciones y
tomas de tierras, pleitos judiciales por pastizales y noblezas indígenas, movilizaciones armadas
lideradas por alcaldes y diputados en 1894, etc.) para el proceso consolidación de una sociedad
republicana?

¿Cómo se desarrolla el proceso histórico de formación de un espacio público en la que los
hombres de este tiempo pudieran actuar políticamente? ¿Se trataba acaso de espacios creados
mediante vínculos de parentesco, amistad, estamento étnico, vecindad urbana y rural,
participación en los órganos de gobierno local y administrativo colonial, tertulias y fiestas
religiosas, juicios y marchas a la capital? ¿Desde cuándo se introdujo el material informativo
impreso sobre el liberalismo español en villas y comunidades indígenas? ¿Fue el recurso del

117 El estudio de los movimientos sociales del siglo XIX ha sido retomado por Nils Jacobsen y Alejandro Diez Hurtado
2003: 137-180.

109

lenguaje oral o escrito el que permitió difundir y sustentar los mensajes libertarios en los
imaginarios de los diversos sectores sociales andinos huamalianos?

¿Fue posible que la modernidad política, las elites ilustradas y liberales introdujeran nuevos
contenidos y sentidos a un conjunto de conceptos y palabras como Estado, pueblo, representación,
gobierno, patria, política, soberanía, etc. al interior de una sociedad andina organizada entre las
fronteras de la sierra y la selva amazónica de Huamalíes?

A mediados del siglo XIX se recompone la elite criolla ganadera-comerciante de Llata y
nuevamente ingresan al círculo de la política nacional para elegir a sus representantes ante el
gobierno local y a los diputados nacionales. Municipio, Subprefectura, Gobernación, Iglesia y
Juntas de Buenas Memorias administran los recursos de Huamalíes. Durante el último tercio de
este siglo gobiernan los hermanos Vivar y sobresalen Nicolás Felipe Mendoza, Domingo Gaona,
Manuel R. Tello, Lorenzo Paredes y Pablo Merino.

En la región de Huamalíes-Llata se ha organizado, por los españoles, abarcando un amplio espacio
territorial andino-selvático, un sistema de poder estamental y étnico legalizado por el Derecho
Indiano. En la ciudad-capital Llata la población blanca se ha concentrado alrededor de la plaza
central y los indígenas se asientan paralelamente a las calles circunvecinas, organizados a su vez
en cuatro barrios. No se trata de una ciudad exclusivamente para la población blanca sino que su
espacio ha sido dividido para la cohabitación con otros grupos étnicos aliados. Una singular
distribución espacial que permitirá disponer de servidumbre doméstica a las familias blancas
como también provocar motines urbanos como la ocurrida contra Antonio Raimondi en diciembre
de 1860. En efecto, este investigador italiano ingresa a un recinto religioso para los pueblos
indígenas de Llata, se trata del sitio de Llacuy. Un cementerio indígena en la que realizaban
peregrinaciones y actos simbólicos como la de colocar hojas de coca a sus muertos. Raimondi
tuvo que salir del pueblo al conocer la movilización masiva hacia Llata de los campesinos
indígenas buscando castigar a quien había ingresado a su cementerio antiguo.

En 19 de diciembre de 1862 el Congreso le otorgará la categoría de villa a la ciudad de Llata y le
confirmará la categoría de capital de la provincia de Huamalíes. Este mismo año el gobierno local
estaba representado por don Mariano del Carmen Salas (alcalde), Francisco Solano Salas
(regidor), José María López, Nicolás Felipe Mendoza, Manuel Lemus y Casiano Vergara. Los
conflictos entre las autoridades de gobierno y los miembros de la elite de Llata son crecientes y
terminan en asonadas y motines locales.118 En 1869 crecen las disputas internas al interior de las

118 En un memorial los vecinos principales de Llata piden el cambio del subprefecto Sevilla, firman: Saturnino Meza,
Juan Cervantes, Ilario Gaona, Pablo Merino, Ignacio Campoó, Francisco Céspedes, Eusebio Durán, Nacimiento Reyes,

110

familias llatinas pues se encuentran divididas para elegir entre Pedro Crisolo Mariño y Francisco
Ríos, como su representante ante el Parlamento Nacional. Elegido el diputado nacional las
disputas callejeras y los volantes y boletines dejan de circular para ingresar a un ciclo social de
calma y rutina aparente, pues el traslado de la capital político-administrativa hacia el pueblo de
Aguamiro agitará nuevamente la vida social de estos pueblos rurales del Alto Marañón.

CUADRO 3 GANADERÍA QUE ADMINISTRA LA JUNTA DE BUENAS MEMORIAS
EN LLATA.

Años Tipo de ganadería
Ovinos
Vacunos

1845 400 ——
1850 —— 100

1879 7,000 250

1884 3,400 58

1894 3,000 28

Los datos de los años 1845 y 1850 corresponden a donaciones de particulares civiles y
religiosos.

CUADRO 4. POBLACIÓN URBANA Y RURAL EN EL DISTRITO DE LLATA, 1876

Población urbana Población rural Total
Hombres Mujeres
Distritos Hombres Mujeres Total Total 2388
9808
Llata 1093 1212 2388 1299
Miraflores 434 474 908 4595
Puños 628 671 1299
Subtotal 2155 2440 4595 94
Mitobamba 90
Morca 2155 2440 4595 47 47 94 184
Subtotal 44 46 90 4779
Total 91 93 184
91 93 184

En la segunda mitad del siglo XIX avanza la instalación de nuevas familias de manera dispersa
en el perímetro urbano de Llata y alrededor de la capilla virgen del Carmen y la Iglesia Matriz.
Esta vez los solares urbanos se multiplican y se han convertido en pequeños espacios sociales
usados temporalmente por las elites indígenas provenientes de las comunidades y anexos

Juan de Dios Barba, Mariano Lizano, José Fretel, Marcelino Ortega, José Reyes, Eduardo Berrospi, Martín Herrera,
Eduardo Reyes, Melchor Hidalgo, Narciso Espinoza, Miguel Céspedes, Gaspar Medrano, Jerónimo Suarez, Mariano
Silva, Casimiro Campoó, Francisco Pardavé, José Rosales, Pedro Arquiñigo, Eulalio Inga, Eulalio Meza, Juan Picón,
Andrés Salazar, Manuel Caballero, Casimiro Inga, Bernardo Robles, Pedro Martel,....(19/04/1868). El problema de
fondo era que Llata había perdido la categoría de capital provincial y ésta le había sido asignada al pueblo de Aguamiro.
Véase mayores detalles en: Pablo Macera, 2000, ob. cit. Tomo VII, pp. 38, 67 y 69.

111

dispersos en laderas, quebradas y colinas cordilleranas. Un factor que nos permitirá conocer estos
ciclos de crisis y recuperación de la ganadería en Llata nos la brinda el número de cabezas de
ganado ovino y vacuno que administra la Junta de Buenas Memorias en la segunda mitad del siglo
XIX. Esta Junta está presidida por el cura vicario titular y seis grandes propietarios ganaderos.

En 1877, la Junta está presidida por don Domingo Vivar y los arriendos de cada manada se
realizan por un plazo de 5 años. Los ingresos se invierten en misas, salarios de los curas y
mantenimientos de los establecimientos religiosos. En 1895 esta institución asumirá un nuevo
nombre, Junta de Fábrica Parroquial. Entre 1907 y 1911 prosigue un largo y tedioso juicio con
la Beneficencia Pública de Llata. Finalmente, se impondrá la Iglesia quien ordena que asuma la
dirección el párroco de Llata.

En 1876 la población censada en la provincia de Huamalíes es muy escasa. El total de sus
habitantes en la margen izquierda apenas llega a los 4779 habitantes. De este total, la novedad del
censo es que el 96.4% está concentrada al interior de la ciudad de Llata y el resto en una periferia
rural ubicada casi a orillas del río Marañón. Un examen más detallado nos muestra por ejemplo
que la mayoría de la población no sabe leer ni escribir, y que, a pesar de la subsistencia de unas
cien familias de casta blanca, la mayoría son mestizos, solteros y sin profesión. Solo una reducida
porción poblacional (aproximadamente el 10%) sabe leer y escribir.

La vida política municipal impulsará la organización de un espacio territorial que asienta a la
población de origen europeo alrededor de la plaza central y a las de origen andino en barrios
periféricos. Durante los ciclos festivos religiosos o estatales las representaciones de danzantes y
músicos provenientes de la margen derecha ascienden a Llata por una quebrada que une dos
afluentes del río Marañón, el Aco y el Tambos. Y de igual forma, los pueblos de la puna
descienden hacia Llata desde los lagos y pastizales de Ishanca y Colla Grande. Esta separación
espacial marcará la historia de esta microrregión andina. Los ciclos festivos expresan y
representan la aceptación de la dominación de los blancos reproduciendo antiguos lazos de
subordinación social ligados a la herencia colonial.119

Entonces se vive un tiempo en la que encontramos a numerosas comunidades y pueblos
practicando una agricultura de baja intensidad y productividad con una alta inversión de mano de
obra en la producción de alimentos (papa-maíz-trigo-carnes) y otros insumos de origen agrícola-
ganadero, dependiendo fundamentalmente de los ciclos climáticos alternos (Murra 1975 y

119 Véase recursos bibliográficos sobre Huamalíes al final del texto.

112

Varallanos 1959). Ahora bien, esta forma de organización social se expresará en sus ciclos
festivos anuales.

Durante el último tercio del siglo XIX se estructura una microrregión agroganadera que subsidiará
la economía de la plata en los páramos de Lauricocha. La consecuencia de este modelo o patrón
poblacional fue que la elite blanca asentada en las ciudades dependió fundamentalmente de las
provisiones de energía humana y animal producida y administrada por las comunidades indígenas.
Obrajes, minas, cultivos de coca, estancias ganaderas, cofradías, etc. todos estarán atados a la
disponibilidad de recursos provenientes de la economía campesina indígena.

Si los Incas intentaron articular a los Huamalíes a su imperio mediante la construcción de caminos
y tambos, puentes y centros de almacenamiento, durante la dominación española este espacio se
inclinará hacia una economía de autosubsistencia y explotará al máximo los caminos de herradura,
mulas y llamas para el intercambio mercantil y la práctica de la reciprocidad entre los pueblos de
climas calientes y fríos. En consecuencia, la presencia española significará la fragmentación
microregional durante el período colonial y la imposición de un nuevo patrón poblacional
organizado en doctrinas, encomiendas, ayllus y pachacas, corregimiento y partidos. Este es uno
de los legados más determinantes todavía vigentes hasta nuestro siglo (Bonilla 1991).

Esta precisión de los cambios es importante remarcarlo ya que no existe una solo historia sino
una diversidad de historias: la historia de los obrajes, de los centros mineros, de la coca, de los
curacazgos, de la lengua y de los mitos, de los grupos étnicos, de las movilizaciones indígenas
contra el rey de España, de los blancos que se estacionaron temporalmente en los Andes de
Yaguarcocha, de las colonizaciones temporales de los pueblos indígenas en la selva de Monzón,
de la ciudad de Llata y de los poblados urbanos andinos, etc. que todavía falta escribirse (Inge
Buisson, Gunter Kahle, Hans-Joachim Koning y Horst Pierschmann 1984).

Wilelmo Robles Gonzáles (1970: 1-113) ha escrito un importante libro en la que esboza algunas
interpretaciones sobre la evolución urbana de Llata. Revisando las cifras demográficas existentes
entre 1862 y 1961 constata por ejemplo que entre ambos momentos históricos la población ha
registrado un movimiento negativo pues si en 1862 existían 2,400 habitantes, esta cifra para el
año de 1961 se había contraído a 2,272. Robles ensaya una explicación para este último
acontecimiento: la migración de los habitantes de la ciudad de Llata hacia las quebradas, pampas
y colinas andinas con la finalidad de colonizar y articularse a la economía mercantil de la
producción de tubérculos y granos cuya demanda se elevará con la apertura de la carretera hacia
Huánuco en 1962. Esta movilización poblacional en la conquista de una nueva frontera agraria

113

provocará la organización de nuevos caseríos rurales que posteriormente derivarán en centros
poblados menores a finales del siglo XX.

CUADRO 5. EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN EN LA CIUDAD DE LLATA

Años Población Total

1862 2,400
1876 2,388
1896 2,800
1940 2,000
1961 2,272

En esta reorientación del espacio agroganadero participarán ganaderos y agricultores quienes
permanecerán cerca de sus unidades productivas como Ahuag (Pampas del Carmen), Cachca
(Libertad), Collacharco (Porvenir), Irma Grande, Cochapata, Canchapampa, Querosh (Progreso),
Hualgoy (Florida), Chuyas e Ishanca. A todo esto, se sumará otra parte de la población urbana de
Llata que migrará hacia las ciudades de Lima, Huánuco, Cerro de Pasco y el Alto Huallaga
(Robles 1970:35).

En el lapso de casi medio siglo (1912 y 1952) se fragmentará nuevamente el territorio de
Huamalíes. En la primera fecha se crea la provincia de Marañón y en la segunda la de Tingo
María, posteriormente llamada Leoncio Prado.

Los gobiernos de A.B. Leguía y Manuel A. Odría son importantes para el pueblo de Llata ya que
desde el Estado se impulsarán numerosas obras que permitirán consolidar la frontera urbana. En
efecto, en la parte norte se inicia la construcción en 1891 de la acequia de Huancachaca que
alcanzará una extensión de seis kilómetros. Posteriormente entre 1916 y 1918 se concluirá esta
obra que permitirá regar las tierras ubicadas en la margen derecha del río Tambos y extenderse
hasta el sitio de Shauri, un espacio productor de maíz. Ya en 1929, juntamente con otras obras, se
utilizará sus aguas para que impulsar el funcionamiento una pequeña planta eléctrica. De igual
forma, los manantiales de Ogoscocha (ubicados a 1 km de Llata) serán explotadas para abastecer
de agua potable a la ciudad. En 1926 se iniciará la instalación de las tuberías que culminarán
recién en 1954.
Durante este primer tercio del siglo XX se realizan numerosas obras de infraestructura luego de
que Llata alcanzara la categoría de ciudad en 1891. Así se remodelaron algunas calles centrales
(en particular el Jirón Lima), se apertura la acequia de Palgaragra, se instalan pilones de agua

114

potable, se inicia el ensanche del cementerio general, y se construye un camino hacia Jirpún y se
refuerza una banda musical para las actividades oficiales liderado por el maestro Manuel Valverde
(Robles 1970:102).

En el campo educativo tenemos que hasta 1946 funcionan en Llata sólo colegios de educación
primaria. A partir de esta fecha, gobierno de M. Bustamante y Rivero, empieza a funcionar el CN
mixto de Secundaria Víctor A. Vivar, el mismo que será clausurado en 1949 y reabierto en 1957.
Paralelamente, en 1955 se apertura el Instituto Nacional de Educación Industrial Nº 27.

Para el año de 1961 se calcula que Huamalíes mantiene una población de 44,381 habitantes. Esta
vez estamos frente a una mayoría compuesta por campesinos indígenas y mestizos. Esta población
usará su vestimenta típica (poncho y manta) hasta los años 30 aproximadamente. En general, son
personas de talla y contextura mediana, de piel cobriza / trigueña. Su actividad principal es la
agricultura parcelaria, son de carácter guerrero y alegre. Practican el trabajo comunal por
excelencia y están presentes en cuanta obra pública se realice. Son llamados por el común como
los «marca sarag», o sostén del pueblo. En una prueba de su fuerza colectiva lograron transportar
desde la ciudad de Huánuco el primer camión hasta Llata en 1924. Igualmente trasladaron en
hombros un grupo electrógeno para el Instituto Industrial Nº 27.

En los esquemas de ordenamiento gubernamental nacional, la ciudad de Llata es la urbe político-
administrativa clave para la dominación y el control de los pueblos asentados en ambas márgenes
del río Marañón. Para este efecto los principales funcionarios del gobierno central se concentran
en esta microurbe andina: Subprefectura, Gobernaciones, Juzgados de Primera Instancia,
Juzgados de Paz, Jefatura Militar, Vicaría, Administración de Correo, Banco de la Nación,
Beneficencia Pública, Unidad Médica, Notaría Pública, Consejo Provincial, Puesto Policial,
SIPA, Supervisión provincial de Educación, etc. Al interior de la ciudad se editarán y difundirán
los principales periódicos como «El Eco Huamaliano», «La Reacción», «El Auxiliar», «La Voz
Andina», etc.

CUADRO 6. RELACIÓN DE CASERÍOS EN LA PERIFERIA DE LLATA, 1965.

Caseríos Nº de habitantes

115

Huayo Grande 374

Pampas del Carmen* 1068

Cochapata 384

Irma Grande 374

Morca 123

Libertad (Estancia Cachca)** 1068

Porvenir*** 1475

Canchapampa 557

Shauri (Canchas) 294

San Cristóbal 923

Progreso (Querosh)**** 741

Florida (Hualgoy)***** 385

Chuyas 608

* Se cambio de nombre en 1898. ** Cambia de nombre en 1924, antes fue una estancia. *** Se organiza como
caserío en 1924, después de Cachca. **** Antes llamado Querosh, cambió de nombre en 1908. ***** Caserío en
1913, sostiene una escuela mixta. Fuente: W.Robles, 1970, p. 29.

3.4. Llata: una microurbe andina que evoluciona de sociedad indígena a sociedad
mestiza-criolla.

La población andina asentada en los Andes de Huamalíes ha vivido en sociedades, comunidades
y pueblos indígenas organizadas alrededor de la producción agrícola y ganadera. Estas
poblaciones ubicadas en las zonas quechuas han explotado paralelamente territorios de puna y de
yunga para conseguir el ideal de la complementariedad económica. Papas-maíz-carne de
camélidos y coca simbolizan las principales plantas que han permitido la organización de un
sistema de tenencia y manejo de la tierra sobre la base de microclimas diversos. Ahora bien, sobre
esta base se ha organizado un conjunto de ciudades, villas y pueblos extrayendo y apropiándose
un plusproducto generado por el trabajo campesino.

Si en 1532 la principal unidad urbana de centralización política se concentraba en los actuales
territorios de «Huánuco Viejo», posteriormente asumirá este papel la ciudad de Llata hasta el
último tercio del siglo XIX. En la actualidad, el territorio espacial centro-sur de Huamalíes ha
sido subdividido en cuatro grandes unidades territoriales, sobresaliendo dos centros políticos, La
Unión y Llata.120 Durante la última década del siglo XX se ha modificado el mapa político con la
creación de nuevas provincias y distritos, sin embargo, todavía no se han constituido en unidades
centralizadoras, sino que son parte del juego de alianzas políticas y centros de intercomunicación

120 Posteriormente se han creado en el último tercio del siglo XX las provincias de Lauricocha, Yarowilka y
Huacaybamba. Véase Macera 2000

116

del Estado con las poblaciones locales para combatir la subversión senderista y el tráfico de la
cocaína.121

Estas nuevas unidades o núcleos urbanos se han convertido en centros de administración de poder
político y religioso, en complejos nudos de intercambio sierra-selva, en centros de residencia
temporal de trabajadores mineros y artesanos textiles, en residencia temporal de terratenientes
ganaderos, de profesores y una minoría de funcionarios y burócratas estatales, etc. Durante los
siglos XVIXVIII se establecieron formas específicas de relación entre campo y ciudad. Llata se
había transformado en la capital política del Corregimiento de Huamalíes; aquí residían un
pequeño núcleo de familias españolas y criollas dedicadas a la producción textil en obrajes y
chorrillos, centros mineros y al comercio con bienes europeos con las comunidades indígenas del
alto Marañón y de Conchucos. Desde finales del siglo XIX se consolida la propiedad privada y
se legitima la propiedad comunal de comunidades indígenas organizándose una específica
transferencia de bienes y servicios, usando caminos y puentes, en ambos márgenes del río y
afluentes del Marañón. En el siglo XVIII se consolida un sistema de propiedad de la tierra y de
solares y propiedades urbanas que darán forma a las relaciones sociales entre los habitantes del
campo. En la ciudad no solo viven los españoles y los criollos sino también los indígenas-mestizos
organizados en cuatro barrios vinculados a los sistemas religiosos de las cofradías (Alfredo
Lozano 1996; Carlos Barrenechea 1996: 11-60).

Los Andes de Huamalíes van a integrarse a la economía-mundo europea. Los sectores sociales
criollos tienen el poder político e impondrán en el espacio andino una organización económica y
política y una sociedad jerarquizada étnicamente. Hacendados y curas actúan amparados en la ley
y la fuerza como los únicos mediadores con el mundo exterior, el Estado, la Corte Superior de
Justicia y la Iglesia. A su vez, son los únicos representantes legales de estas instituciones de
dominación para cumplir con la orden de administrar la economía y la política del espacio interior,
es decir, garantizar el orden social interno en los pueblos, las comunidades indígenas, haciendas,
estancias, obrajes y centros mineros (Pulgar Vidal 1967; 1933: 441-445; 1939; 1942: 121-134).

Para este efecto sirvieron los Informes de los Prefectos y Subprefectos y las Visitas
Administrativas del siglo XIX con la finalidad de imponer un nuevo principio de organización
social. Frente a la subsistencia de una lógica indígena de la dispersión social se impuso por medio
de la fuerza la centralización de las poblaciones mediante la creación de un nuevo mapa territorial
fijando posiciones dominantes y subordinadas de ciudades y villas. Al interior de estas unidades
se construye centros de producción y de intermediación multiétnicos y multiculturales.

121 Miguel Aréstegui 2001:106. Este autor presenta un cuadro de los diez departamentos más violentos.

117

La creciente demanda de ganado de carne y lana por parte de comerciantes residentes en la ciudad
de Huánuco especializó a la región de Huamalíes en la producción de ganado ovino y bovino. Se
reorganizó de este modo un mercado de bienes y servicios articulando este espacio andino al
mercado limeño e internacional. Estamos pues frente a un modelo económico asociado a una
forma de poder político, de poder étnico que imponen los hacendados y comerciantes criollos y
que perduraría hasta la segunda mitad del siglo XX (Revista Huamalíes 1951 y 1959-1960).
Constituidos como grupo dominante tiempo atrás, este grupo de descendientes de españoles y
criollos asentados en Llata destacan por ubicarse en la categoría de grupo bilingüe. Maneja el
quechua local desde comienzos del siglo XVII, una condición necesaria y básica si querían hacer
fortuna. Curiosamente persiste una relación inversa entre Llata y Huánuco en esta parte de los
Andes centrales. Mientras Huánuco ingresa a un ciclo de crisis económica en Llata por el
contrario se consolida la economía de lanas y pequeñas explotaciones mineras de oro, plata y
mercurio durante el siglo XIX. Una compleja asociación de lo económico, de nuevas fuentes de
oferta de lanas y ganado y de carácter político-religioso (desde el siglo XVII se buscaba detener
la penetración de familias e individuos portugueses por la ruta del Alto Huallaga-Monzón-
Tantamayo) posibilitará la consolidación hegemónica de Llata como nueva capital política para
conservar el orden social regional (Robles 1959 y 1970; Alfredo Lafosse 1907).

Llata es una ciudad colonial-republicana que vive del trabajo campesino indígena; en su interior
los funcionarios estatales y los propietarios privados despliegan una serie de mecanismos de
extracción de rentas y tributos en trabajos, especies y dinero de los pueblos circunvecinos. Para
hacer eficientes sus empresas impondrán sistemas autoritarios en las unidades productivas y
radicalizarán el uso de sistemas compulsivos como el trabajo de mitayos y el colonato por deudas.

Curas, hacendados, comerciantes y mineros fomentan y practican conocimientos administrativos
y burocráticos, establecen relaciones de parentesco y de uniones matrimoniales con la finalidad
de acrecentar sus negocios privados y sostener sus posiciones estamentales de privilegio y
jerarquías. Este grupo de hombres blancos manejan los recursos menudos de la administración
eclesiástica, jurisprudencia y el derecho indiano y republicano, la teología y los reglamentos de
las cofradías, la contabilidad para las estancias ganaderas y las letras básicas en colegios privados.
La mayoría de las autoridades campesino-indígenas y funcionarios de las parcialidades y ayllus
andinos se mantienen al margen de las letras y de la lectura. Los principios de organización social
y espacial como Ichoc y Allauca quedaron determinados por la imposición de santos y de un
calendario festivo en estos pueblos agroganaderos. Izquierda y Derecha, Virgen del Carmen y
San Lorenzo, hombre y mujer, Llata y Pachas, Blancos e Indios, son los modelos binarios vigentes
impuestos asociando la economía de las cofradías y la estructura de poder regional.

118

Desde finales del siglo XVIII se impone una cultura de subordinación y de clientelaje. Llata es la
capital política y a este se encuentra subordinada Pachas y sus pachacas indígenas. Las redes de
clientelaje se tejen desde las ciudades “cabecera” hacia otros pueblos menores rodeados por
haciendas y estancias ganaderas. Estamos frente a una ciudad andina en la que en su interior
cohabitan grupos y estamentos subalternos y étnicamente diferentes (Degregori 2003: 212-228 y
Golte 2001). En la segunda mitad del siglo XIX estos pueblos del Alto Marañón buscarán
autonomizarse y reconcentrarse, un ejemplo es la creación y organización de la provincia de Dos
de Mayo y su capital La Unión.

Al interior de esta sociedad regional las comunidades y pueblos indígenas se encuentran
estructuralmente supeditados y subordinados a la república de criollos. Pero esta es solo una parte
de la historia y de la realidad social republicana. Una gran parte de estas poblaciones indígenas
manejaban la organización de la producción agraria y la circulación de sus bienes cosechados,
con un alto grado de autodeterminación política. Convivían de esta forma comuneros adscritos al
interior de una hacienda bajo relaciones de servidumbre y también encontramos campesinos
comuneros y parcelarios libres de los mecanismos de sujeción como el colonato, el peonaje
asalariado obligatorio, etc.

En efecto, el antiguo Corregimiento de Huamalíes está compuesto por un conjunto de
microespacios cordilleranos en la que es muy difícil encontrar espacios planos o colinas
horizontales. Esta realidad geográfica impidió entonces que se organizaran modelos de
conducción de parcelas, chacras, huertos, haciendas y tierras comunales de naturaleza
centralizada y conducida por un solo administrador. Por el contrario, siglos atrás, se establecieron
empresas textiles cuyas unidades de producción de lanas estaban ubicadas en las punas de
Ishanca, Colla Grande, y, las complejas empresas textiles (obrajes y chorrillos) en las orillas de
los ríos y afluentes del Marañón (Quivilla, por ejemplo). Finalmente, los centros administrativos
en la propia ciudad de Llata. Es decir, se había constituido un sistema complejo de organización
empresarial agro-ganadero que movilizaba grandes contingentes de mano de obra y explotaba la
disponibilidad de agua, madera, sal y toda clase de insumos para la producción de los textiles
(Ruperto Delfín 1874 y Domínguez Condeso 1975: 53-60).

Estamos pues frente a una empresa que succiona los conocimientos y las formas de producción
que manejan los indígenas. El conocimiento de los microclimas, el sistema de los caminos, los
métodos de almacenamiento de los insumos, la movilización del transporte animal, el manejo de
la alimentación de los peones asalariados, etc. todo este conjunto de conocimientos y prácticas
culturales forman parte de sus tradiciones culturales que reproducían a su vez en sus propias

119

unidades productivas. El mercado impone un sistema productivo que utiliza abundante mano de
obra y herramientas tradicionales marcando una baja productividad del trabajo y en la que los
trabajadores rurales se alimentan con una canasta de alimentos básicos sustentados en papa-maíz-
coca.

Frente a una agricultura de altura monopolizada por las comunidades indígenas encontramos un
sistema de haciendas que en su interior organiza pequeñas empresas textiles sostenidos con el
trabajo de campesinos indígenas, comuneros colonos y peones asalariados. Los pueblos indios-
mestizos han consolidado un tipo de organización social de la producción agroganadera cuyas
prácticas culturales le permiten articularse con otros grupos productivos y reforzar las posiciones
particularmente jerárquicas de los herederos de los clanes curacales y las elites dirigenciales de
ayllus y parcialidades étnicas. En este complicado juego de fuerzas entre sociedad y mercado, la
comunidad indígena de Llata mantiene una estructura social basada en un sistema de parentesco
que vincula a sus miembros jerárquicamente con otros al interior de ayllus y parcialidades
menores. Se trata de relaciones que forman parte de un sistema mayor que se vinculan a otros
principios como la de cooperación grupal y de organización del trabajo familiar y comunal que
permitirán administrar una compleja agricultura multicíclica por ejemplo.

Al interior de este pueblo se organiza una estructura de cooperación que va desde la unidad
familiar o unidad doméstica, para luego asumir la forma de un clan/grupo parental para elevarse
hasta el sistema de los barrios. En otros pueblos se mantiene todavía la división antigua de
ichoc/allauca, y en otros el de hanan y hurin, aunque la documentación consultada la registra cada
vez menos. Se ha construido una jerarquía de unidades parentales que sube y baja en cada uno de
los ayllus y parcialidades. En tres siglos de dominación española, la posición jerárquica y
diferenciada de la ciudad de Llata no ha sido cuestionada y por el contrario su centralidad es
creciente y hacia este punto convergen las autoridades y funcionarios de pueblos y comunidades
andinas y amazónicas. Durante el siglo XIX, la villa de Llata se convirtió en una ciudad-cabecera,
es el símbolo social de la alianza criolla-indígena campesina. En este punto de la cordillera de los
Andes centrales se registra una convivencia compleja de una economía de mercado asociado a
otra economía que reproduce los principios de la reciprocidad y de la redistribución que unen a
los pueblos de zonas de puna, quechua y yunga amazónica.122 Sin embargo, la antigua comunidad
indígena de Llata se extingue lentamente para constituirse en una pequeña y débil asociación de
propietarios rurales y de regantes a finales del siglo XX.

122 Sobre estos modelos de organización social puede consultarse: Pierre Morlon (comp.) 1996: 119-194 y Jürgen Golte
1982.

120

3.5. Conclusiones Preliminares.

Durante el siglo XIX y el primer tercio del siglo XX encontramos que la población de la provincia
de Huamalíes se concentra en un 90% en una diversidad de centros poblados, haciendas
estancieras y comunidades indígenas de la margen izquierda del río Marañón. El resto, un 5% se
asientan la margen derecha (Tantamayo-Chavín de Pariarca) y el resto en la selva de Monzón.
Después de la segunda mitad del siglo XX observamos que el movimiento poblacional se
consolida en la margen izquierda (Llata-Singa) y se expande lentamente hacia la margen derecha
(Tantamayo) y la selva de Monzón.

Comparativamente existe una diferencia sustantiva entre estas dos márgenes serranas. En la
izquierda, se encuentra la principal ciudad andina (Llata, a 3300 msnm), símbolo del poder
colonial español y republicano, capital política y administrativa provincial de una macrorregión
en proceso de fragmentación. Desde este punto territorial se controla a los centros poblados de la
margen derecha (Tantamayo) y la población amazónica de Monzón. Antes de los 70 estaban
unidos por caminos de herradura para luego a partir de esta última década comunicarse mediante
estrechas carreteras sin afirmar a las ciudades de Huánuco y La Unión. Por el lado del Alto
Huallaga, se consolida Monzón, un pequeño poblado cocalero que no dispone de carretera directa
con Llata. Para llegar a este espacio selvático antiguamente se caminaba durante tres días desde
Llata, existen otras entradas desde Jacas Grande, Marías, Tantamayo y Huacrachuco.

Ahora bien, los cuadros demográficos 1 y 2 muestran un conjunto de cifras sobre la distribución
proporcional de la población entre la sierra y la selva, y a la vez, cifras comparativas al interior
de las dos márgenes serranas. Una primera lectura registra el predominio de la margen izquierda
(52.8%) en cuanto a concentración poblacional (22,252 habitantes); luego se ubica la margen
derecha (14,287 habitantes), y en el último lugar, la población de Monzón (13.3%) con un total
de 5,614 habitantes.

Comparativamente y en un ciclo temporal de larga duración que se extiende desde finales del
siglo XVIII, percibimos que se desarrolla un lento proceso de ocupación territorial, organizándose
un complejo tejido social de nuevas unidades poblacionales a lo largo de territorios colonizados
que van desde la cordillera central hacia la oriental, con entradas temporales hacia el valle
amazónico de Monzón. El viejo patrón de control de múltiples pisos microclimáticos por parte de
las comunidades campesinas todavía se mantiene vigente para esta fecha, un tiempo en la que este
conjunto de microterritorios estaba todavía unidos por caminos de herraduras y recuas de mulas,
transitando las punas, los valles quechuas y las quebradas de Tantamayo-Monzón (Espinoza
Claudio 2004: 23-64).

121

A comienzos de los 70 se vive un ciclo de auge comercial en Llata y centros poblados
circunvecinos. Esta vez se ha producido la migración y el retorno de grupos de trabajadores
rurales asalariados y de comerciantes hacia los caseríos periféricos de la ciudad de Llata, en
dirección norte (Querosh, Progreso, Hualgoy) y sur (Porvenir, Libertad, Pampas del Carmen).
Una red de nuevas carreterasarticulan el circuito de tubérculos-granos de Llata con las
poblaciones asentadas a lo largo de las carreteras de Huánuco-Tingo María-Culquish y Tingo-
PachasLlata.123

De otro lado, se registra un incremento de la burocracia estatal (salud, educación, infraestructura,
etc.) en la ciudad de Llata. Se expande la frontera territorial de la villa de Llata y ahora emerge
un nuevo barrio (Independencia). La periferia urbana se expande hacia Pampas Colón,
Huashangayá y Huarayragra. La calle central sufre una radical transformación al incrustarse
nuevos vecinos comerciantes en su mayoría proveniente de Puños y pueblos circunvecinos. El
movimiento comercial gira esta vez alrededor de la capilla Virgen del Carmen y queda desplazada
la plaza central y alrededores. Encima de un antiguo adoratorio andino (Paguarwilka) se encuentra
instalado una base militar simbolizando la seguridad local y en la parte alta sobresalen varias
antenas marcando el paso de la llegada de las nuevas tecnologías de información y el enganche al
mundo moderno de la globalización.

3.6. Referencias bibliográficas

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123 La historia de la carretera y de las obras viales todavía está por escribirse. Esta empieza su primer tramo de 20 km.
(trabajados bajo el régimen de la Ley Vial Nº 4113) durante el gobierno de Leguía en 1923. Los trabajos se paralizaron
en el sitio de Sausag. Posteriormente se rediseña una nueva ruta por las punas cordilleranas en 1937 e ingresa a
funcionar en 6 de junio de 1962. Las gestiones del senador don Víctor A. Vivar fueron claves para culminar esta primera
etapa. Posteriormente la ruta Llata-Puños (10 km) ingresará a funcionar en 1965.

122

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4. Región, Estado y nación en la sierra de Huánuco, siglo XIX. Los
conflictos entre Llata y La Unión por la hegemonía política en los
Andes del Marañón.

César Espinoza Claudio
Universidad Nacional Mayor de San Marcos

[email protected]
DOI: https://doi.org/10.15381/is.v11i18.7145

Resumen

Este informe sistematiza las acciones desplegadas por el Estado nacional republicano durante el
s. XIX, el cual centraliza y articula políticas generales e institucionales frente a la emergencia de
nuevas élites asentadas en un espacio regional de dos microvalles andinos: Llata y Aguamiro,
ubicados en los afluentes del río Marañón. A partir de 1845 se intensifica la centralización del
aparato burocrático estatal y la presencia del poder del Estado en las fronteras territoriales de
Huamalíes. La hegemonía política de Llata será desafiada por otros pueblos, liderados por
Aguamiro y Huallanca, fraccionando la unidad de Huamalíes e impulsando la creación de la
provincia de Dos de Mayo. En suma, examinamos un conjunto de variables, donde destacan la
geografía, la administración de justicia, la política y la identidad regional, con el propósito de
reconstruir y reflexionar la articulación entre Estado y nación para este tiempo histórico.

PALABRAS CLAVE: Sociedad andina, Estado, Huamalíes, Huánuco, identidad, región, hegemonía
política.

Region, State, and Nation in Huanuco highlands, XIX century. The conflicts
between Llata and La Unión for political hegemony in the Andean Marañón.

Abstract

This report systematizes the actions deployed by the republican national state during the s. XIX,
which centralizes and articulates general and institutional policies in the face of the emergence of
new elites settled in a regional space of two Andean micro-valleys: Llata and Aguamiro, both
located on the Marañón river tributaries. As of 1845, the centralization of the state bureaucratic
apparatus and state power presence in the territorial borders of Huamalíes intensified. The
political hegemony of Llata will be challenged by other towns, led by Aguamiro and Huallanca,
splitting the Huamalíes unit and promoting the creation of the Dos de Mayo province. In sum, we
examine a set of variables, where geography, the administration of justice, politics, and regional
identity stand out, to reconstruct and reflect on the articulation between state and nation for this
historical time.

KEYWORDS: Andean society, State, Huamalies, Huanuco, Identity, Region, Political hegemony.

131

4.1. Sociedad y poder en los Andes del Marañón. Huamalíes-Llata en el siglo XIX.*

Estudiar la emergencia y consolidación de Llata, una ciudad en los Andes, nos permitirá conocer
comparativamente los procesos de mercantilización y colonización tanto en la selva de Monzón
como en los pueblos rurales andinos asentados en ambos flancos del río Marañón, de igual forma,
la organización y articulación de un nuevo grupo social hegemónico en esta microrregión andina
con el Estado-nación entre los s. XIX y XX. En efecto, antes de 1970, esta ciudad andina
concentraba un núcleo poderoso de familias (ganaderas-comerciantes) que articulaban su poder
con la elite dominante asentada en la ciudad de Huánuco. La reforma agraria, la construcción de
carreteras, el nuevo estatus educativo, la expansión de la lengua castellana, etc., permitirán el
fortalecimiento de las economías campesinas andinas, la reorientación de su producción y el
movimiento migratorio poblacional hacia los proyectos de colonización del Alto Huallaga. En
suma, se agudiza el proceso de degradación del viejo poder ganadero reorganizado a mediados
del s. XIX, y se reorganiza el escenario político regional con nuevos grupos sociales
hegemonizando tanto los gobiernos locales como los liderazgos de pueblos y comunidades
campesinas indígenas. La guerra iniciada por Sendero Luminoso durante la década de 1980
aceleró este desplazamiento y la liquidación del poder terrateniente y el triunfo temporal de los
emergentes grupos campesinos.

Entre las décadas de los 80 y 90 el norte de Huánuco es un espacio sangriento, de enfrentamiento
cotidiano entre campesinos cocaleros y no cocaleros, las Fuerzas Armadas y Sendero Luminoso.
Las estadísticas indican que la región de Huánuco ocupa el segundo lugar (después de Ayacucho)
en el número de fallecidos durante este periodo. Con la suspensión temporal de las acciones
bélicas encontramos la reafirmación del liderazgo en la ciudad de Llata (ubicada en una zona
quechua, afluente del río Marañón) gracias al apoyo del Estado central. Desde este núcleo urbano
andino el Estado desplegará un modelo de desarrollo microrregional basado en la construcción de
caminos, el financiamiento limitado de parcelas agropecuarias campesinas, la titulación de tierras,
la recuperación de tradiciones culturales andinas (música, danzas, procesiones, etc.),
reimponiendo un nuevo orden social en los pueblos circunvecinos conectados a la zona cocalera
de Monzón y a los centros mineros de Cerro de Pasco y Antamina.

* Este trabajo es una versión revisada del proyecto de investigación “Región y movimientos sociales en el Perú. De las
montoneras a las marchas cívicas por la regionalización en Huánuco, siglos XIX-XX”, del año 2005, con código Nº
51-501181, financiado por el Consejo Superior de Investigación UNMSM. Para más información acerca de la
importancia actual del estudio de Huamalíes, puede consultar las ponencias publicadas en Universidad Nacional
Federico Villarreal (2006). Publicado en: Espinoza Claudio, C. (2007). Región, Estado y nación en la sierra de
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132

César Fonseca Martel y John Murra inician el estudio de esta microrregión en los años 60. Un
equipo multidisciplinario examina el funcionamiento de la economía «vertical» y la economía del
mercado en un microespacio dominado por pueblos y comunidades andinas registrando la
coexistencia del trueque de productos entre comunidades de diversas ecologías y la economía
mercantil capitalista. Nuestro proyecto estudia esta microrregión desde las estructuras y
dinámicas políticas de los actores de una ciudad andina. Llata es un núcleo urbano fundado en el
s. XVI, está rodeado por numerosos pueblos rurales y comunidades de agropastores que practican
el ideal de la complementariedad ecológica asociada a una fuerte economía mercantil. La
economía dolarizada de la coca ha inundado esta microrregión de toda clase de mercancías
nacionales y extranjeras, reordenando la geografía poblacional e impulsando una fuerte
fragmentación de su espacio territorial. El antiguo corregimiento de Huamalíes está ahora
fraccionado en nuevas provincias: Marañón, Huacaybamba, Huamalíes, Dos de Mayo, Yarovilca.

El desarrollo regional y la violencia social son elementos que representan los tiempos de
transición a una nueva etapa histórica. Los científicos sociales no han estudiado esta región a
profundidad, tampoco prestaron atención a la naturaleza específica de la violencia política que se
extendió sobre la sierra y la ceja de selva de Huánuco. Existen vacíos de información acerca de
las organizaciones en las comunidades huamalianas y su articulación con las instituciones
gremiales o estatales. Desconocemos sus modelos de desarrollo microrregional, las inversiones
estatales realizadas, y los resultados alcanzados. Si los estudios impulsados por Fonseca y Murra
nos acercan al conocimiento de la dimensión rural (la complementariedad ecológica de los
pueblos andinos, los impactos de la economía de mercado), en el mismo sentido, mi proyecto
estudia los procesos de formación y consolidación política de una ciudad andina, Llata, durante
el auge y la crisis de la economía cocalera circunvecina, así como los ciclos de violencia social
en coyunturas de retraimiento y afirmación del Estado nacional. La lógica socioeconómica de los
pueblos altoandinos del Marañón no puede considerarse ajena a la economía de la coca en
Monzón y el Alto Huallaga, a la minería en Antamina y Cerro de Pasco.

La transición desde la economía autosuficiente hacia la economía de mercado se consolidó entre
los años 1960 y 2000, por acción directa de la economía campesina, la coca, y el Estado. Este
proceso de transición ha provocado el surgimiento y la consolidación de un nuevo grupo social
hegemónico, además de la fragmentación territorial de Huamalíes en múltiples unidades político-
administrativas funcionales a la gestión de la estabilidad social desde el Estado nacional.

Entre los años 1950 y 2000 la periferia urbana de la ciudad andina de Llata se ha expandido en
sus cuatro direcciones. Numerosos grupos campesinos ganaderos provenientes de las zonas altas
(Puños, Singa, Miraflores y Pampas) se han establecido definitivamente en su interior,

133

conformando una periferia urbana cuya expansión demanda mayores servicios, infraestructura,
educación, salud, trabajo y presencia del Estado para el desarrollo microrregional.

Llata es la capital política de la provincia de Huamalíes. Administra múltiples territorios de clima
quechua, puna y yunga. Concentra una población estable e itinerante, que se moviliza
temporalmente hacia zonas mineras, cocaleras, y entre los mercados de Huacho y de Lima. En el
transcurso del siglo XX, grandes contingentes humanos migraron, desbordando su
enclaustramiento. Los migrantes rurales y campesinos ofertan su mano de obra temporal en los
camales de Barranca-Huacho, en las parcelas de Chancay, Supe y Barranca, así como en los
cocales de Monzón-Tantamayo, en los centros mineros de Chiquián y Cerro de Pasco.

Durante el siglo XIX se registran dos grandes convulsiones sociopolíticas. La primera ocurre en
1812, con un poderoso movimiento social policlasista, liderado por los cabildos constitucionales,
y articulado al movimiento de Crespo y Castillo en Huánuco. Tanto los líderes campesinos como
los urbanos criollos levantan la bandera reivindicativa para lograr mayores cambios sociales y
políticos, rechazando la dominación colonial para luego concluir en una batalla entre indios y
blancos. La segunda se produce durante y después de la guerra contra Chile. Los pueblos rurales
ubicados en ambos flancos del río Marañón se dividirán a favor de Cáceres y Piérola. Las
comunidades indígenas lideradas por los indios de Pachas-Aguamiro apostarían a favor de
Cáceres para enfrentarse a sangre y fuego contra un núcleo de ganaderos-comerciantes asentados
en la ciudad de Llata. En ambos casos, el uso de las armas y de la violencia física es mayor, los
conflictos de clases mantienen una estructuración étnica. Estamos frente a una sociedad regional
donde las relaciones étnicas camuflaron las relaciones de clase, siendo uno de los principios
básicos para su funcionamiento la separación estricta de indios y españoles.

La región contiene una sociedad altamente segmentada en la que persisten múltiples oposiciones
y rivalidades entre indios y blancos, entre blancos de pueblos de capital de provincia y blancos
de poblaciones urbanas secundarias, entre poblaciones de zonas quechuas y poblaciones de zonas
de puna, y también entre campesinos indígenas de clima quechua y poblaciones asentadas en la
zona yunga, etc. Producida la decadencia de la zona minera de Huallanca estas poblaciones
migrarían temporalmente hacia la zona minera de Cerro de Pasco. Durante el siglo XIX, las
poblaciones de indios y blancos estuvieron agrupadas en corporaciones más o menos cerradas, es
decir, eran miembros de la sociedad en tanto miembros de una corporación. A la
«patrimonialización» del poder político, correspondía una «corporativización» del conjunto social
regional. En uno y otro caso el resultado fue la fragmentación de los intereses sociales,
impidiéndose de esa manera la percepción de los intereses comunes. Esta herencia colonial

134
empezará a resquebrajarse a partir de mediados del s. XX por acción de los propios campesinos
apoyados por el accionar del Estado y sus políticas reformistas.124

124 Existen diversas entradas metodológicas y debates teóricos, los cuales pueden ser consultados en: Carrera Damas
et al. (2006).

135

4.2. Gamonalismo y élites regionales en Huamalíes, siglo XIX.

Desde mediados del s. XIX en la sierra central se desplegó una modalidad de poder local
especifica: el gamonalismo, asentado luego de las guerras de la Independencia en la ciudad de
Llata, sede urbana y capital política de la provincia de Huamalíes. En efecto, al interior de este
microespacio urbano rodeado de cordilleras y punas, un núcleo de ganaderos-comerciantes
criollos y mestizos, apoyados por el naciente Estado republicano, construirán una vasta red de
clientelas con las élites rurales y comunidades indígenas asentadas en ambas márgenes del
naciente río Marañón. Esta forma de construcción del poder en un microespacio andino y el
despliegue de diversos tipos de dominación y explotación de las comunidades indígenas se
caracterizarán además por ser practicadas por líderes y grupos de descendientes de familias
españolas y mestizos andinos.

En la actualidad, para la región de Huánuco existen escasos estudios históricos que esclarezcan
las formas que adopta el ejercicio del poder en las localidades rurales y capitales provinciales. El
s. XIX es un tiempo donde la política rápidamente asume la forma de guerra, reanudando los
antiguos enfrentamientos sangrientos de vastas masas y pueblos rurales y comunidades
campesinas distribuidos en las sayas andinas del Ichoc, Allauca y Huamali Huánuco, heredados
desde mucho antes de la presencia Inca en estos territorios altoandinos. José Varallanos (1959),
Enrique López Albújar (1920) y Esteban Pavletich125 conforman un grupo reducido de autores
que pudieron describir y exponer en sus escritos numerosos casos de las actitudes y
comportamientos de actores sociales, como representantes y líderes del poder local rural, antes y
después de la guerra contra Chile.

En el s. XIX la gran propiedad rural se expande hacia otros espacios circundantes a Huamalíes y
convive temporalmente con los sistemas agrarios campesinos indígenas dinamizados por la lógica
de la economía agroganadera, la explotación temporal de la coca y el aguardiente de Monzón y
Tingo María. La articulación con otras economías urbanas provinciales posibilitará la formación
de pequeños grupos de comerciantes y el despliegue de variados mecanismos coactivos de
acumulación y de relaciones mercantiles con las comunidades indígenas de Puños, Singa y
Punchao (banda izquierda) y Tantamayo, Chavín de Pariarca y Monzón (banda derecha) en las
nacientes del río Marañón.

Concluido el segundo gobierno de Castilla, el poder provincial se expande hacia el norte en
dirección a Huacrachuco-Huacaybamba, y por el sur hacia Baños-Lauricocha, en su afán de
asegurar la rearticulación con las zonas mineras de Cerro de Pasco, Canta y Huarochirí. Sobre
este vasto territorio que concentra los afluentes de las nacientes del río Marañón en los Andes, se

125 Varallanos, A. (1968: 199-225).

136

consolida un nuevo patrón de poder descentralizado y articulado a diversos poblados rurales
mayoritariamente indígenas-mestizos. Al respecto, el gamonalismo, como institución
sociopolítica, fue articulando una variedad de micropoderes diseminados entre ambos flancos
cordilleranos del Marañón. Desde Llata, como centro político-administrativo, empieza a
desplegarse una serie de eslabonamientos y articulaciones entre los grupos de poder, expresados
en la reproducción de viejas tradiciones culturales como fiestas religiosas, fechas civiles
celebradas a nivel local y nacional, propias de la heterogeneidad de pueblos, así como aquellas
institucionalizadas por el naciente Estado republicano.126

Terminada la guerra de la Independencia, Huamalíes como espacio y sistema económico
provincial quedará casi quebrado, pues las numerosas batallas contra los ejércitos españoles y las
guerras locales disminuirán profundamente los capitales monetarios y materiales acumulados por
las comunidades indígenas, las cofradías religiosas, los centros mineros de plata como Huallanca
y azogue como Queropalca, además de las haciendas ganaderas. Desde Lima se coordinará con
las antiguas élites de Huánuco sobre la necesidad de organizar intermediarios políticos para que
pueda consolidarse el nuevo Estado nacional. Esta vez, el centro urbano político-administrativo
clave para ejecutar esta tarea política es la ciudad de Llata. Será a partir de esta villa urbana que
se impondrán los mecanismos clientelares o despóticos para dar forma al nuevo patrón de
dominación política sobre una heterogénea sociedad organizada en pueblos rurales y urbanos que
asumirán después la forma de caseríos y anexos poblacionales. Desde Llata se organizan los
micropoderes rurales locales (Puños, Singa, Punchao, Jesús, Baños, Quivilla, Chupán,
Huacrachuco, Jacas Grande, Tantamayo, Chavín de Pariarca) con la consigna de lograr el control
del orden político local usando no solo la implementación de los servicios públicos educativos y
judiciales, sino también ofreciendo presupuestos para la construcción y mantenimiento de
caminos, puentes, escuelas, cárceles y plazas públicas, cuya ejecución dependía de la designación
de nuevos funcionarios estatales y empresas privadas, utilizando los mecanismos de instituciones
sociales como el parentesco y el compadrazgo.

Huamalíes es un espacio de alta conflictividad social, fronterizo con las montañas amazónicas del
Alto Huallaga, donde las movilizaciones de las fuerzas indígenas armadas no solo sirvieron para
destruir su población dentro de un mismo territorio, sino también para destruir temporalmente a
la elite colonial asentada en la ciudad de Llata, y para movilizar a millares de campesinos
indígenas hacia la ciudad de León de Huánuco, en apoyo a las ideas liberales e ilustradas de la
justicia, la igualdad, la libertad, además de difundir el mito y la utopía del «Inca Castelli» en
1812.127

126 Sobre el gamonalismo andino puede consultarse: Manrique (1991), Ibarra (2002), Remy (1985), Flores Galindo
(1990) y Salinas (2005).
127 Dunbar Temple (1971) y Hünefeldt (1982).

137

En efecto, durante momentos históricos con presencia débil del Estado en las primeras décadas
del s. XIX, lo más probable es que estas minorías representativas del nuevo poder republicano
hayan asumido formas despóticas de organización del poder provincial y estatal en Llata. En la
primera mitad del s. XIX, el naciente Estado republicano es uno de los mayores interesados en
organizar una elite social intermediaria, en alianza con la vieja élite de Huánuco, para controlar
una vasta población rural indígena-mestiza cuya fuerza de movilización, sea bajo las ideas
republicanas, liberales o monárquicas, había sido capaz de quebrar el dominio político
anteriormente establecido por España desde 1532 en los Andes centrales.

Esta tremenda necesidad de intermediarios políticos posibilitará la emergencia del gamonalismo
en los Andes de Huánuco. La dominación política estará dirigida por terratenientes, comerciantes,
prefectos y subprefectos, curas, caciques locales y gobernadores, jueces y abogados. Se trata de
un conglomerado heterogéneo de actores sociales denominados como los «notables», o la
«crema», y que conformarán el centro o núcleo del poder provincial en Huamalíes.128

En este tiempo histórico, Huamalíes es una sociedad tradicional, compuesta y organizada por
hacendados y masas de campesinos indígenas que en su mayoría desconocen el funcionamiento
de un Estado republicano, el cual había sido impuesto en un país casi sin ciudadanos como
expresión de una predominancia social rural tradicional. Estamos frente a una sociedad desigual,
estamental y de castas que practica formas de ejercicio del poder local bajo los principios
patrimoniales.

El gamonalismo se organizará como fenómeno social, resultante de la convergencia entre los
intereses privados de los agroganaderos con las formas nacientes del Estado republicano. Serán
pequeños núcleos de familias los que finalmente se apoderarán de las instituciones públicas para
proteger y acumular sus fortunas privadas. Es a partir de esta práctica política que se impondrán
las relaciones centro-periferia y patrón-clientela entre los habitantes que apostaron por
establecerse y reproducirse en los territorios de los afluentes andinos del río Marañón.129

En suma, tenemos un panorama social con un Estado débil y una economía en quiebra, en un
momento histórico donde la elite dominante busca consolidar sus intereses privados, por lo cual,
para posibilitar la presencia del Estado, impone un tipo particular de asociación y/o alianza
política mediante el establecimiento de una división étnica del trabajo. Por una parte, los blancos-
mestizos asumirían el poder público-estatal transformándose en intermediarios que garantizarían
el control social de la provincia de Huamalíes, asegurando la recaudación fiscal y la provisión de
mano de obra para servicios y obras de infraestructura que demandara el Estado y los poderes
locales. Por otra parte, los pueblos rurales y las comunidades indígenas aceptarían la posición

128 Fonseca (1984) y Lafosse (1907).
129 Fonseca (1972).

138

subordinada a cambio de mantener sus jefaturas étnicas y reproducir sus principios colectivos de
organización socioétnica.130

De esta forma, mediante el poder provincial y el poder nacional se organizará una vasta red de
clientelaje, la cual todavía está poco estudiada, y que en esta primera mitad del s. XIX buscará
reproducir los viejos patrones coloniales del s. XVIII. Lo novedoso en las primeras décadas del
s. XIX es que ocurre un proceso de afirmación de los intereses privados por parte de los gamonales
de Llata y la presencia del Estado nacional, mientras que los grupos rurales y campesinos ubicados
al sur de Llata empiezan paralelamente a formular y ejecutar un proyecto de construcción de un
nuevo centro político-administrativo que responda a sus intereses privados y que también
garantice el acceso permanente de sus poblaciones a las montañas cocaleras de Monzón y Tingo
María. Postulamos este contexto político estructural como una hipótesis para comprender el
proceso histórico de creación de la provincia de Dos de Mayo, un centro urbano andino formado
en medio de sangrientas batallas y guerras civiles que la historiografía olvidó temporalmente.131

El gamonalismo, como forma de ejercicio del poder local en Huánuco, expresa un heterogéneo
accionar político, tanto en grupos como en líderes afirmados al interior de localidades rurales,
capitales de provincia, y departamentos; se trata de pequeños núcleos de hombres ricos que no
solo poseen cantidades de tierras y pastizales, también controlan y manejan las leyes judiciales,
tributarias, educativas, parlamentarias, además de las costumbres y las fiestas locales.
Generalmente son descendientes de grupos familiares españoles (vascos o gallegos) o extranjeros
(italianos, hebreos, alemanes, franceses) emparentados con mujeres de la elite provincial,
considerados expertos al utilizar métodos paternalistas y violentos para garantizar la acumulación
de medianas fortunas, conservar y elevar sus lazos de prestigio social y cultural. Estas pequeñas
élites de hombres y mujeres son intermediarios políticos del Estado, sea por la vía electoral o por
designación desde Lima o Huánuco.

Esta asociación entre sectores terratenientes y funcionarios estatales luego asumirá nuevas formas
conforme se desarrolle la dinámica del ciclo mercantil, la consolidación del Estado republicano y
la emergencia de nuevos poderes locales. Este último proceso estará marcado por la reanudación
de la explotación minera de plata en Huallanca y Cerro de Pasco, produciéndose entonces la
emergencia de nuevos estratos sociales acomodados que luego impulsarán en alianza con la elite
terrateniente de Huánuco la creación de una nueva demarcación territorial provincial (Dos de
Mayo) asociada a pueblos circunvecinos (Ripán y Aguamiro), y disputando la hegemonía política
territorial de la ciudad de Llata en Huamalíes.

130 Degregori (1998) y Montoya (1980).
131 Vara Cadillo (1920).

139

En Llata, un hacendado prolonga su poder político desde su casa-hacienda o propiedad rural hacia
otros pueblos y comunidades indígenas. De igual forma, un comerciante logra el mismo objetivo
mediante los préstamos de corto y largo plazo. En ambos casos estos personajes tuvieron acceso
a un mayor nivel educativo, a la información oficial del Estado, al ejercicio de cargos municipales,
judiciales, festivos y/o políticos (p. ej. subprefecto, gobernador, diputado, senador, alcalde y/o
regidor municipal).

Llata está ubicada en la confluencia de dos ríos pequeños, forma parte del territorio de cabecera
de cuenca, elemento importante para el control de los pueblos campesinos indígenas que disponen
de capital por la producción lanera, la mano de obra minera, y el cultivo de coca en Monzón. A
partir de 1845 se intensifica el programa de centralización del aparato burocrático estatal y la
presencia del poder del Estado en las fronteras territoriales de Huamalíes. En Llata, la capital
política, se asienta una burocracia civil y militar para el control local y se impone un nuevo
esquema político-administrativo de Subprefecturas y Gobernaciones para el control social. Estas
acciones eran urgentes en un espacio social rural que había vivido tiempos de movilizaciones
armadas y de guerras campesinas a comienzos del siglo XIX.

Durante los gobiernos de Ramón Castilla el Estado logró asociarse con los pueblos y las
comunidades indígenas, estableciendo nuevas formas y prácticas de convivencia social. Las
autoridades étnicas, apoyadas en esta base de alianzas, asumirán nuevas funciones, atribuciones,
derechos y responsabilidades frente al Estado. En concreto, aparecerá el funcionario local o
marqasaraq, los alcaldes de campo, de anexos, y de caseríos, legitimados frente al Estado y sus
poblaciones locales.132

Si en agosto de 1821 don José de San Martín abolió el tributo indígena, en 1826 esta carga sobre
los indígenas volvió a reimplantarse bajo el nombre de contribución de indígenas y castas,
eliminándose de otro lado la cobranza de la alcabala. Entre 1812 y 1854 la población indígena
creció y de igual forma la recaudación fiscal tributaria. Simón Bolívar decretó la desaparición de
las comunidades indígenas y la privatización de sus tierras, medidas políticas que luego tuvieron
que ser suspendidas. Los pueblos de Huánuco y Huamalíes estuvieron atentos a este conjunto de
reformas fiscales y otras medidas impuestas por el Estado republicano para afirmar un aparato
burocrático-administrativo que posibilitase la administración de este microespacio regional. En
el fondo, se trata de un conjunto de disposiciones políticas estatales que todavía no pueden
modificar las estructuras estamentales coloniales y transformar la república de indios en república
de ciudadanos, tampoco impulsar nuevas institucionalidades que permitan la consolidación
política de Llata como ciudad andina. La revisión de expedientes documentales del Congreso y
del Archivo de la Nación ofrecen información dispersa y poco detallada, lo cual dificulta postular

132 Pinilla (1981) y Robles G. (1970).

140

como ideas la instalación gradual del aparato del Estado, la organización de un nuevo sistema de
autoridades indígenas (ya no funcionan los Cabildos de Indios), y la implementación de un
conjunto de normas y reglas de gobierno interno para las comunidades indígenas y pueblos
andinos.133

La ley y las instituciones republicanas, como la escuela, los juzgados de paz, las parroquias, las
cárceles y las oficinas fiscales, están obligadas a adentrarse en las agrupaciones y sociedades
rurales tradicionales para ir imponiendo las formas de sociabilidad del ciudadano por encima de
la sociabilidad indígena, apoyándose en la igualdad jurídica, la justicia y la libertad. El resultado
de esta práctica social política es la organización de varios grupos sociales diferenciados en sus
cuatro barrios, y, a partir de esta nueva forma de sociabilidad, pugnar y competir por el control
de los mecanismos e instituciones del poder local, provincial y nacional.

La documentación revisada nos muestra la iniciativa hegemónica del sector de criollos-mestizos,
quienes amplían sus esferas de participación política controlando el gobierno municipal local. Lo
curioso de esta singular experiencia histórica consiste en que el gamonalismo apelará al discurso
liberal para asentar su patrón de poder, y excluir a la sociedad y líderes indígenas de la esfera
política para la participación en los procesos electorales, la captación del empleo, y el servicio
burocrático. El gamonal no solo concentra recursos territoriales y capital mercantil, también
dispone de capital social, variadas relaciones materiales, simbólicas e institucionales, que sirven
para manejar tanto a la élite como a la sociedad indígena, a través de los calendarios festivos,
laborales y cotidianos, impuestos por la Iglesia y el Estado.

En Huamalíes no se encuentran núcleos familiares descendientes de la nobleza española, con la
excepción de la familia De la Puente, dueños de los territorios donde se descubrieron numerosas
vetas y minas de plata como Huallanca. Verificamos que la élite colonial en este territorio se
entroncó matrimonialmente con una de las familias criollas más poderosas e influyentes de Lima
(Torre Tagle). En efecto, los Ulloa-Echevarría enlazaron no solo a una de sus hijas, sino que
también trasladaron su patrimonio y relaciones parentales al marqués, intendente y luego asesor
e ideólogo de don José de San Martín: se trata de don José B. Torre Tagle.134

Durante la primera mitad del s. XIX en Huamalíes se impuso una elite terrateniente que combatió
a los representantes políticos y económicos del marqués Torre Tagle desde finales del s. XVIII.
Después de 1850 se producirá un cuestionamiento al patrón de poder republicano y al ejercicio
de poder regional implantado por Ramón Castilla. Esta vez las nuevas fuerzas sociales emergentes
lanzaron el desafío para lograr primero cambiar y trasladar la capital política de Llata hacia
Aguamiro, y después imponer desde Lima una nueva fragmentación territorial y la creación de

133 Montoya (1989) y Escobedo (1997).
134 Rizo Patrón (2000).

141

un nuevo poder local asociándose los intereses privados de los mineros de Huallanca y el dueño
del latifundio de Huánuco «El Viejo», la familia De la Puente-Berrios.

La prueba evidente de este nuevo giro en la política regional será la creación desde Lima de la
provincia de Dos de Mayo. José Varallanos, Enrique López Albújar, Esteban Pavletich135
escribieron varios textos describiendo el gamonalismo, cuyos representantes en las élites
regionales serranas actuaban preocupados por conservar el viejo orden social comunal y las
diversas formas de resistencia de curacas, comunidades indígenas, personeros legales y pueblos
andinos de la sierra de Huánuco. En este panorama social una de las comunidades indígenas que
se enfrentó al poder gamonal llatino es Santa Rosa de Puños. Las autoridades étnicas y las
parcialidades de este pueblo andino se enfrentaron al gamonalismo de Llata que expandía,
controlaba y disputaba los extensos campos de pastoreo y las fuentes de agua, la distribución de
la mano de obra y los sistemas de recaudación fiscal. La voz y el accionar de este pueblo se asoció
al movimiento indigenista de Lima tratando de modificar las relaciones políticas establecidas por
el Estado y denunciando el accionar despótico de la burocracia estatal y de una minoría social
asentada en la ciudad de Llata.136

Este capítulo intenta resumir las acciones desplegadas por el Estado nacional republicano para
centralizar sus políticas generales e institucionales, la emergencia de una nueva élite regional que
despliega una variedad de mecanismos paternalistas y/o despóticos para asociar sus intereses
privados al interés público y estatal; manipulando de esta forma una serie de leyes de instituciones
para imponer un nuevo patrón de poder étnico donde la sociedad indígena se ubica subordinada
a la lógica de los terratenientes y gamonales andinos, un pequeño núcleo familiar asentado en la
ciudad de Llata y desde donde desplegará y enganchará a esta nueva lógica de la política
republicana a los pueblos andinos de las nacientes del río Marañón.137

4.3. Indios y Criollos ante la justicia republicana. Las permanencias y los cambios.

Entre los siglos XVI y XIX los pleitos judiciales contra los poderes regionales fueron crecientes.
En este sentido, tenemos una visión acerca de los indios y a los criollos frente a la justicia del
Estado colonial español y la justicia del Estado republicano del Perú en el s. XIX. Sin embargo,
todavía se trata de miradas parciales y no conjuntas, pues todavía requerimos sumar esfuerzos y
evidencias para conocer lo que ocurrió durante el s. XIX republicano, en el cual iniciar un juicio
y mantenerlo era muy costoso, trasladar los informes y las copias era muy lento, y a todo esto se

135 López Albújar (1920, 1970), Pavletich (1967), y Varallanos (1937, 1947, 2002).
136 Kapsoli (1980).
137 Espinoza Claudio (2004).

142

sumaría el hecho de que conseguida la sentencia, era poco probable su aplicación inmediata si
es que tocaba intereses particulares de funcionarios (laicos, religiosos o indígenas) adictos al
régimen español.

Los juicios que iniciaron los indios o curacas articulaban no solo a miembros principales de las
comunidades indígenas sino también a criollos y españoles que formaban parte del tejido social
local y regional. Muchos de ellos paseaban por las oficinas o locales judiciales en calidad de
testigos, inclinando así la balanza testimonial de una y otra parte interesada. La investigación
historiográfica ha desmitificado la idea del analfabetismo en las élites indígenas, presentándola
como un prejuicio de las escuelas europeas para diferenciar a las poblaciones dentro o fuera de la
civilización. Ahora casi nadie duda de que las Leyes de Indias fueron conocidas y manejadas
tempranamente por pequeños círculos y/o representantes para buscar soluciones (generalmente
temporales) a problemas de tenencia de la tierra, mayores cuotas de agua, posesión de cacicazgos,
adulterios, abusos de autoridad, atención a pueblos azotados por las alteraciones climáticas o
cobranzas fiscales indebidas, etc.138

En la estructura social de los Andes, los indios fueron vistos como seres humanos inferiores a los
españoles (menores de edad) en todas las dimensiones socioculturales. Estaban impedidos de
dirigirse directamente a las autoridades virreinales, por lo que se vieron obligados a acudir a un
conjunto de intermediarios legitimados como los protectores y defensores de los indios
(naturales), incluyendo intérpretes y buscando tarifas bajas. Estas acciones legales emprendidas
posibilitarían dos procesos importantes: la conformación de identidades familiares y de grupo
social, así como la conservación de un tipo de memoria histórica propia frente a España y a sus
funcionarios judiciales y políticos.

Los expedientes civiles y criminales, coloniales y republicanos, son usados por los historiadores
y antropólogos para reconstruir la organización social, a través de su estructura, jerarquías,
funcionamiento y tipologías, tanto a nivel macro y microrregional en los Andes.139 En general,
los profesionales de estas ciencias sociales han privilegiado el examen de los conflictos sociales
a niveles individuales, grupales, y también para sociedades étnicas regionales. El análisis de los
expedientes nos permitiría conocer las redes y lazos sociales de individuos y grupos, así también
los discursos y el funcionamiento de una sociedad en la que existen dominantes y subordinados.
Examinar un expediente judicial implica conocer el aparato burocrático judicial, las leyes que
custodian el orden social, los discursos en pugna, el manejo de los argumentos por los indios y no
indios para pujar por una sentencia favorable a sus intereses. Alrededor de lo jurídico se levanta
un orden institucional, con sus funcionarios, quienes manejan tanto el Derecho Indiano como el

138 Poloni-Simard (2005) y Espinoza Claudio (2003).
139 Demélas y Vivier (2003), Bonilla (1996), de Solano (1984) y Hunefeldt (1982).

143

Código Civil.140 Los conflictos por las tierras, el manejo del ganado, las cuotas de agua y los
campos de pastores, tierras de comunidad o ejidos, son numerosos y parecen interminables, pues
abarcan desde el s. XVI hasta el s. XXI. Previo al estallido de un conjunto de rebeliones, motines
y revueltas, siempre se encuentran largos y prolongados litigios judiciales.141

La conquista y colonización de los Andes del Marañón provocó prácticamente la paralización del
ciclo demográfico andino y la casi despoblación indígena en ambas márgenes cordilleranas. Los
trabajos de Waldemar Espinoza y de Craig Morris evidencian estos hechos desde la
etnohistoria.142 Comparativamente, el asentamiento minero de Pasco-Yauricocha tendrá mucha
importancia para el reordenamiento del espacio andino de Huánuco y el establecimiento de
grandes latifundios estancieros, ciudades, villas, y numerosos poblados emergentes asentados al
interior de las tierras de las comunidades indígenas.143 En Huamalíes desde el s. XVII
encontramos un hecho singular: la presencia del cabildo de indios y de los curacazgos como los
actores centrales presentes en las salas de la Real Audiencia de Lima. Alcaldes y curacas acudirán
a los protectores e intérpretes para proseguir pleitos buscando conservar sus privilegios políticos.
Conforme la minería marca un ciclo de auge, paralelamente, se agudizarán las tensiones sociales
hasta explotar bajo la modalidad de motines, rebeliones y movilizaciones armadas, buscando
defender el patrimonio de la tierra, la dignidad curacal, las ideas de mercado y la autoridad
virreinal.144

En Huamalíes este asunto se transforma en un tema clave ya que se organizan dos micropoderes
que posibilitarían posteriormente la consolidación de dos grupos sociales urbanos: Llata y
Huallanca. El primero concentra a una elite de criollos obrajeros-mineros aliados a la comunidad
indígena del Espíritu Santo de Llata y anexos. El segundo agrupa a otro segmento social de
mineros criollos asociados a una diversidad de pueblos indios que viven articulados a la lógica
mercantil de la plata, la coca y las lanas.

El problema por resolver es ¿quién controla y monopoliza las ganancias al interior de este
microespacio mercantil andino? ¿los criollos-españoles, o las comunidades indígenas y pueblos
del alto Marañón? La lógica del mercado ha movilizado no solo una variedad de recursos
productivos sino también la conciencia y las ideas que sostienen a los pueblos andinos. ¿Se trata
de un proceso de fragmentación de los pueblos, curacazgos y comunidades indígenas? o, por el
contrario, ¿el mercado posibilitará el reforzamiento de las identidades y liderazgos locales y
regionales? ¿fue posible la apertura de nuevas alianzas o controles sociales?

140 Paniagua (2003).
141 Cóndor (2006).
142 Espinoza Claudio (1995) y Espinoza Soriano (2005).
143 Chocano (2000).
144 Pease (1992).

144

Las quejas y juicios de los indios no solo daban interminables vueltas en la Real Audiencia de
Lima, también muchos de ellos llegaban a las manos de los asesores y al propio virrey, en otros
casos estos textos viajaban por mares y desiertos hasta llegar a las oficinas del Consejo de Indias
y al propio rey de España. También es probable que para esta última instancia los escritos viajaran
en barcos y mulas. La documentación a la que hacemos referencia aglomera miles de oficios,
recursos legales, copias incluidas, así como las apelaciones y sentencias de primer nivel a lo largo
de los años, decenios, incluso siglos. Un juicio no solo implica el manejo de papeles sellados y
argumentos jurídicos sino también la gestión presupuestal de costos para la movilización y
transporte de participantes y autoridades comprometidas hacia la ciudad de Lima. Una vez
asentados, la primera gestión consiste en la contratación de un abogado de prestigio para realizar
las consultas respectivas a fiscales y jueces sobre el proceso a seguir. Los costos son muy altos,
tanto para mantener a los abogados como a toda la delegación de autoridades que prometían traer
resultados favorables. ¿Quién y cómo se financiaba estos largos procesos judiciales? Si hasta
finales del s. XVIII las comunidades indígenas buscaban lograr victorias judiciales para asegurar
la propiedad de sus tierras y la legitimidad de las jefaturas étnicas, a partir de 1830 las nuevas
autoridades republicanas, esta vez lideradas por criollos y mestizos, reorientarían estas pugnas
contra el Estado para afirmarse como poder político regional en el Alto Marañón. Este nuevo
tema requiere un trabajo exhaustivo de búsqueda y compilación de fuentes documentales que
recién empiezan a estudiarse. Al respecto, Pablo Macera junto a un equipo de historiadores
jóvenes han ingresado a revisar fuentes documentales conservadas en el Archivo del Congreso de
la República del Perú. Con este desafío en curso, hasta la fecha, el Fondo Editorial del Congreso
del Perú ha publicado una colección de libros (ocho volúmenes) titulados Parlamento y sociedad.
Bases documentales. Siglo XIX.145

Si la justicia colonial virreinal posibilitó la consolidación de la sociedad colonial y del poblado
del Espíritu Santo de Llata, entonces, las leyes, la justicia, el Congreso, y la presidencia
republicana contribuyeron a reconfigurar un nuevo mapa social. A partir de mediados del s. XIX
se reafirman y asientan definitivamente dos nuevas ciudades andinas, Llata y La Unión, como los
principales núcleos políticos hegemónicos en las nacientes cordilleranas del Alto Marañón.

En relación con la colección anteriormente mencionada, Macera ha seleccionado y publicado la
documentación manuscrita e impresa, generada y concentrada en la Cámara de Diputados y el
Senado, la cual para su exposición ha sido dividida en tres secciones: a) Libro de Actas (1829-
1900) en 17 tomos; b) Diario de Debates, incompleto; y c) 46,680 expedientes aproximadamente,
sumando 389 legajos. En la Cámara de Senadores se concentran 187 legajos y 14,586 expedientes.

145 Macera (2000).

145

Por otro lado, nada se dice acerca de la documentación sobre las llamadas «Sesiones reservadas»,
por ejemplo.

Uno de los temas centrales que empieza a debatirse en el Congreso es la nueva estructura
administrativa del Estado republicano y la demarcación territorial nacional, para encontrar
respuestas a las demandas, litigios y juicios por límites y jurisdicciones entre distritos, provincias
y departamentos. Con la búsqueda de alternativas, se organizan sucesivas comisiones de trabajo
parlamentario que revisan y establecen nuevas propuestas y diseños de espacios territoriales
correspondientes a provincias, departamentos, distritos y capitales sin mayores estudios técnicos.
La realidad mostraba que estas demarcaciones muchas veces eran solo fronteras formales pues el
verdadero poder y control estaba bajo el mando del látigo y el fusil que portaban los dueños y los
cuerpos de seguridad de los grandes latifundios agroganaderos en la costa y sierra peruana.146

En la sierra central se busca conservar las antiguas fronteras que abarcaban amplios espacios
amazónicos, demarcados por autoridades virreinales. Si en el s. XVIII se habían organizado los
Corregimientos de Huánuco, Huamalíes, Conchucos y Huaylas, etc., para finales de este siglo
habían entrado en funcionamiento otras unidades político-administrativas como las
Subdelegaciones y las Intendencias. En efecto, a comienzos de la República se mantiene este
modelo de Intendencia que nucleaba a Huánuco, Huamalíes, Cajatambo, Conchucos y Huaylas.
En 1833 las nuevas autoridades se plantean unificar a Huaylas-Tarma bajo el nombre de Huánuco.

En efecto, la guerra del Perú contra España posibilitó que el 12 de febrero de 1821 se creara el
distrito de Llata. Posteriormente, el 29 de diciembre de 1862, vía ley, este distrito será elevado a
la categoría de villa y se le asigna la función de capital centralizador de la provincia de Huamalíes.
Esta decisión política movilizará a los pueblos de la otra naciente del río Marañón, nucleados
alrededor del pueblo minero de Huallanca; mediante un decreto, el 10 de abril de 1866, el gobierno
trasladó la capital provincial de Huamalíes al pueblo de Aguamiro, próximo a Huallanca. Durante
el s. XIX se reviven los conflictos entre estos pueblos, existentes incluso antes de la llegada de
Pizarro en 1532. Revisando otros expedientes, encontramos que la fragmentación del amplio
espacio territorial de Huamalíes había empezado tiempo atrás, p. ej. tenemos el caso de la creación
por ley del distrito de Monzón el 2 de enero de 1857. Los primeros interesados en este juego de
poderes políticos son los grandes hacendados, asentados en la ciudad de Huánuco y vinculados
con la naciente oligarquía guanera limeña.

Todavía no conocemos los pormenores del impacto de las leyes decretadas durante el gobierno
de Santa Cruz y la Confederación Perú-boliviana. José Varallanos apunta que en la ciudad de

146 Macera (1988).

146

Huánuco este gobernante tuvo el apoyo de la clase media y de sectores sociales indígenas
liderados por el coronel Eduardo Lúcar. La oposición política concentraba casi todos los sectores
de la clase alta urbana liderada por José Figueroa, Mariano Prado, Gregorio Cartagena (cura) y
José Fuentes Ijurra; todos los mencionados actuaban en este tiempo como diputados de Huánuco
y Huamalíes ante el Congreso de Huancayo de 1839. Con Agustín Gamarra en el poder, se
organiza en la ciudad de Huánuco la «Sociedad Unión Confederada», una institución liderada por
el presbítero Dr. Manuel del Piélago.147

4.4. El discurso de la Geografía Política y la construcción del nuevo poder político
hegemónico en las nacientes del Alto Marañón.

Calmada la tempestad política interna que atravesaba el país y la región de Huánuco, se revisan
otra vez las nuevas demarcaciones territoriales. En efecto, el coronel Federico Ríos, diputado
por Huamalíes presentaría un proyecto el 3 de noviembre de 1868 solicitando la creación de la
provincia de Dos de Mayo. La Comisión de Demarcación Territorial de Diputados la aprueba,
pero será luego sustituido por otro proyecto del Senado, que finalmente lo aprobó en sesión de
13 de septiembre de 1870. Posteriormente, la Cámara de Diputados la sancionó el 28 de octubre
de 1870. El presidente José Balta promulgará una ley el 5 de noviembre de 1870, ordenando la
división de la provincia de Huamalíes, la creación de Dos de Mayo, con su capital Aguamiro y
los siguientes distritos: Jesús, Baños, Pachas, Chupán, Huallanca, Obas y Chavín. Esta será una
decisión política que agudizará en verdad el enfrentamiento de estos pueblos hasta después de la
guerra contra Chile en 1884.148

Los actos festivos para celebrar esta victoria política contra Llata se realizarían en Aguamiro y
en la pampa de la hacienda de Huánuco El Viejo. Este singular acto festivo será presidido por el
prefecto de Huánuco, el coronel don Pedro C. Vizcarra, y, en calidad de subprefecto, el minero
argentino don José Manuel Helguero, propietario de Queropalca. Finalmente, el 24 de enero de
1869 se creará el Departamento Fluvial de Huánuco con las provincias de Huánuco y
Huamalíes.

A mediados del siglo XIX el antiguo espacio de Huamalíes estará integrado por tres grandes
grupos sociodemográficos:

147 Vallaranos (1959: 557).
148 Tarazona (1946).

147

CUADRO 1. DISTRIBUCIÓN ESPACIAL DE PUEBLOS EN HUAMALÍES, S. XIX.

Centro Sur Norte

Llata Jesús Arancay
Chavín de Pariarca Pachas Huacrachuco
Aguamiro Huacaybamba
Monzón Baños
Singa Chupán Pinra
Huallanca
Obas

Una de las decisiones político-militares que asumió el general don José de San Martín fue la
creación del departamento de Huaylas el 12 de febrero de 1821. Esta unidad departamental tiene
como capital política a la ciudad de Huaraz y las provincias que la componen son: Huaylas,
Cajatambo, Conchucos, Huamalíes y Huánuco.

En medio de la guerra contra España, el 4 de noviembre de 1823 el Congreso Constituyente tomó
la decisión de anexar Huaylas y Tarma bajo el nombre de departamento de Huánuco, acordando
a su vez que la capital política sea la ciudad con el mismo nombre. El 13 de septiembre de 1825
este departamento asumirá un nuevo nombre, Junín.

Una ley dictada el 10 de octubre de 1836 subdividirá a Junín en dos departamentos: el primero,
Huaylas, con su capital Huaraz (el mismo que en 1839 se denominará Ancash), y el segundo,
Junín, con su capital Huánuco.

Esta vez el departamento de Junín (con capital Huánuco) administrará un total de cinco
provincias: Huánuco, Pasco, Jauja, Huamalíes y Cajatambo. Finalmente, la ley promulgada el 10
de junio de 1851 trasladará la capital departamental hacia la villa de Cerro de Pasco. El comienzo
del auge guanero en el Perú provocará un carnaval de subdivisiones territoriales, exploradas
recientemente desde la historiografía política en el s. XX para la comprensión de sus lógicas y
significados en el proceso de construcción del Estado nacional republicano.

Al final, después de este proceso de fragmentación territorial, la provincia de Huamalíes
administrará nueve distritos:


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