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Published by La Caracola Editores, 2024-02-09 14:33:20

Breves escenas de irrealismo suburbano

Libro de Juan Romero

Breves escenas de irrealismo suburbano


Breves escenas de irrealismo suburbano Juan Romero Vinueza


Breves escenas de irrealismo suburbano © 2023 Juan Romero Vinueza © 2023 Abril Altamirano, por el epílogo © 2023 La Caracola Editores Edición: Andrés Cadena Maqueta y diagramación: Yanko Molina Diseño de portada: Juan Fernando Villacís Fotografía de la portada: Kimrey Anna Batts La Caracola Editores Ignacio San María E3-30 y Juan González, Edifcio Metrópoli, ofcina 605, Quito, Ecuador Teléfono: 0984 25 77 81 Correo electrónico: [email protected] http://www.lacaracolaeditores.com ISBN 978-9942-44-241-3 Impreso en Ecuador Prohibida la reproducción de este libro, por cualquier medio, sin la previa autorización por escrito de los propietarios del copyright.


Go, go, go, said the bird: human kind Cannot bear very much reality. (T.S. Eliot, Four Quartets) La realidad es una broma que ya me está poniendo nervioso (Ricardo Castillo, El gran simpático) La realidad es una navaja de afeitar oxidada que corta mi cerebro: descarga eléctrica que me congela. (José Vicente Anaya, Peregrino)


De cómo las calles son en realidad un par de espejos rotos (pseudo epopeyas suburbanas)


Pero, entonces, ¿no habéis estado en mi país, en mis países, nunca supísteis lo que pasa en su paisaje de colores en cólera, por ejemplo una bota con espuela y un sombrero de cura encima de un cadáver, de un indio por más señas, como si no bastaran los piojos de su historia, cuentas de avemarías? (Jorge Enrique Adoum, Surrealismo al aire libre) y lágrimas digo: «tu cuerpo es bello, pero una lata vacía también lo es» (Luis Eduardo García, Canción del miserable)


13 Artifcios Hay que ser claros: este poema no existe, este mundo no existe. No hay un diente de león en la palabra diente de león. No hay un león en los dientes de un diente de león. No hay una acera de cemento en las palabras acera de cemento. No hay cemento en las aceras de cemento. Ahora, podemos comenzar: Un diente de león crece sobre la acera de cemento. Es un diente de león imaginario.


14 Es una acera de cemento imaginaria. Una acera de cemento que solo existe en el poema. Un poema que solo existe por la acera de cemento, por el diente de león que crece sobre ella. ¿Hay un poema en la palabra poema? ¿Hay un diente de león en este poema? ¿Hay un poema en este diente de león? El diente de león crece sano y fuerte, aunque apretado y rodeado de cemento. El diente de león sabe que ese no es su ambiente natural. Todo es un artifcio. El cemento, igualmente, no sabe por qué hay un diente de león en una de sus grietas. El cemento también sabe que ese no es su ambiente natural. Todo es un artifcio. La acera de cemento comprende al diente de león. La acera de cemento comprende al cemento. La acera de cemento comprende las dos verdades. Por eso reconoce que hay una probabilidad de que ambas sean mentira.


15 Sin cobertura de los medios Hice un barquito de papel para irte a ver. Se hundió por culpa del rocío. (Extremoduro, Cuarto Movimiento: La realidad) Quería ser un barquito de papel. No un barco, no un navío, no una carabela. Nada más un barquito. De papel. Un barquito de papel conducido por una calavera. Una calavera que se hundiera con un barquito de / papel. Un papel que fuese la calavera, que fuese el barquito. Los barquitos de papel son el único medio de transporte que me interesa usar. Los barquitos de papel son el único lugar en el que me gustaría hundirme de verdad.


16 Hice un barquito de papel. Dibujé dentro de él una calavera. Los coloqué sobre una pileta sucia. Lo hice solo para preguntarme: ¿Cuánto tiempo se mantendrá a fote? Unas palomas que sobrevolaban la pileta se cagaron sobre ella. Algunos de sus misiles alcanzaron, sin querer, a mi barquito. Mi barquito no quería hundirse. Mi barquito se hundió como el Titanic. No hubo iceberg. No hubo muertos. Ni siquiera hubo noticias al respecto. El papel se deshizo en el agua, mezclado con la mierda de una de las palomas. El papel se deshizo en la mierda, mezclado con mi dibujo de la calavera. Envidio la desaparición de mi barquito. Envidio su hundimiento en mis narices. Nuestras creaciones siempre se encargarán de superarnos. La realidad siempre será más irreal que la fcción.


17 Yo fui un barquito de papel en la otra vida, aunque no me hundí en una pileta sucia. La vida es un barquito de papel, aunque las piletas ni siquiera existan.


19 Conciencia de ornamentación Todas las veredas tienen algún adorno que las hace menos horribles. Todos los adornos pueden hacer del planeta un sitio más horrible. Las fores son paraísos artifciales caídos, por error, sobre la tierra. La tierra es un inferno real incendiado por las fores artifciales. Las veredas son horribles. La gente en las veredas es horrible. Yo soy horrible, en la vereda, en la gente. La vereda está adornada por unos jacarandás que han caído, como de costumbre, sobre ella.


20 Los jacarandás adornan la vereda sin darse cuenta. La vereda deja de ser horrible por unos minutos. Yo quiero dejar de ser horrible por unos minutos. ¿Cómo podría lograrlo? ¿cuál es la fórmula / ganadora? ¿Qué mágico movimiento me hará conseguirlo / fácilmente? Retiro todos los jacarandás que puedo. Hago un espacio en el piso con los pies. Me recuesto y hago un ángel de nieve. El ángel de nieve es un ángel de jacarandás. Mi cuerpo adorna la vereda. Mi cuerpo estorba en la vereda. Mi cuerpo, ahora, es la vereda. Esperaré a que mi cuerpo se canse. Esperaré a que mi cuerpo se muera. Esperaré a que mi cuerpo sea jacarandá. Esperaré a que mi cuerpo sea menos horrible.


21 Parecidos razonables Tengo miedo de las muñecas porque son falsas esculturas de los bebés. Sobre todo de aquellas que pueden parpadear, reír, llorar o cagarse en los pañales. En realidad, no tengo miedo de las muñecas. Tengo miedo de no ser lo sufcientemente real. Tengo miedo de no poder ser algo que pueda parpadear, reír, llorar o cagarse en los pantalones, sin necesidad de tener una batería en la espalda. Hay millones de muñecas regadas por el mundo. De todos los tamaños, colores, texturas y precios. Hay millones de bebés regados por el mundo. De todos los tamaños, colores, texturas y precios. ¿Qué se puede hacer con ellas? ¿Qué se puede hacer con ellos?


22 Las unas jamás crecerán: su vida es ilimitada. Los otros, seguramente, crecerán: su vida es limitada. Las unas podrán sobrevivir a la intemperie sin la ayuda de abrigo, alimento o guarida. Los otros no podrán sobrevivir a la intemperie, sin alguien que atienda sus necesidades reales. ¿Qué hacer con los bebés, que más bien son una réplica de una muñeca hermosa? ¿Qué hacer con las muñecas hermosas, que más bien son réplicas de un bebé? Hay que practicar para ser unos buenos padres. Hay que aprender a cambiar los pañales de las / muñecas. Hay que aprender a alimentarlas, a darles un / baño, a mimarlas. Hay que aprender a no sacarles la cabeza con / toda la fuerza. Hay que aprender a no botarlas en un basurero / hediondo. Reconocer la muerte de la muñeca. También reconocer la vida del bebé. ¿Cuál de las dos parece más real? ¿Cuál de las dos me representa más?


23 Tengo miedo de las cabezas de las muñecas porque se parecen demasiado a las de los bebés. Tengo miedo de las cabezas de las muñecas porque pueden moverse, parpadear, reír o llorar. Tengo miedo de las cabezas de las muñecas porque se parecen demasiado a las de los bebés. Tengo miedo de las cabezas de las muñecas porque también lloran en el fondo de los basureros.


25 Retrato de mecánica con perro para Abril Altamirano Hay varias formas de la espera. De todas ellas, siempre he admirado cómo la libran los perros de las mecánicas. Acostados, sin esperanza, bajo cualquier cosa que produzca algo de sombra para no morir de insolación. Acostados, de patas cruzadas o panza arriba, eso es lo de menos. Acostados y casi siempre con los ojos apuntando hacia la nada, protegiendo a su amo de la muerte. Los perros de las mecánicas son guardianes descuidados, facos y miserables.


26 Los perros de las mecánicas son franelas llenas de sudor, aceite y grasa. Los perros de las mecánicas son repuestos inútiles, aulladores y hermosos. Hay demasiados perros en el mundo para que resguarden todas las mecánicas existentes. Hay demasiada sombra en el mundo para que los perros sean felices debajo de ella. Hay demasiados amos en el mundo para que los perros le sean feles al de la mecánica. Hay demasiados ladrones en el mundo para que se peleen con los perros de las mecánicas. Hay dos clases de perros que cuidan una mecánica: los jóvenes y los cansados. No viejos. Sí cansados. Perritos jóvenes: altivos, fuertes, espadas vivas, pero irascibles y despistados. Perritos cansados: viejos, débiles, pistolas sin balas, pero contundentes y verdaderos. Ellos son los únicos que en verdad cuidan la mecánica. Ellos son los únicos que en verdad son guardianes. Ellos son los únicos que


27 no le temen a la muerte, porque ya han hablado con ella, y saben que no es tan mala como la pintan.


29 Boceto adánico suburbano Para Ileana Espinel Cedeño Esta ciudad inconclusa tiene una estatuilla diminuta a la cual nadie presta atención. Está perdida entre los postes de luz, los basureros, los topes del parking, los arbustos y la mierda de los perros. Es, por instinto, un error de la belleza. Por naturaleza, un acierto de la pequeñez. Es una versión en ruinas de un boceto adánico suburbano. La estatuilla es pequeña, fea y sin gracia. Tiene la cabeza agachada y está fundida en un metal de mala calidad, que fue el resultado de varias amalgamas.


30 No sabemos dónde está porque no vemos por dónde pisamos. Pero sí reconocemos el fofo arco del triunfo en la entrada del parque, en frente de la estatuilla. Una falsa puerta. Un monumento a la inutilidad más honesta, porque no somos franceses y jamás hemos ganado una guerra. Este boceto de poema quería ser un arco del triunfo. O, más bien, uno de los graftis inscritos en una de sus columnas agrietadas. Este boceto de poema es la estatuilla, cabizbaja, meditabunda y derrotada, en un mundo repleto de postes de luz que solo saben dar sombra.


31 Construcción de las ciudades Las piedras siempre han sido útiles en la historia de la humanidad. Con ellas construimos lo que llamamos patrimonio cultural de la humanidad, aunque el patrimonio quizá no lo merezca, aunque la cultura tal vez no lo merezca, aunque la humanidad sí que no lo merezca. Las piedras ahora son adoquines. Los adoquines también son parte del patrimonio cultural de la humanidad. Su genealogía nos conduce hacia la primera piedra arrojada contra un mesías de mercado. Los adoquines y piedras que adornan las ciudades coloniales no son más que pedazos de historias perdidas y readecuadas.


32 Los adoquines y piedras que construyeron las ciudades coloniales no son más que nombres que no existen en los registros, manos agrietadas que le dieron forma al patrimonio cultural de la humanidad al que le vale harta varenga la humanidad. Esas manitos inexistentes siempre han roto más piedras y más adoquines, pero, sobre todo, vidrios, puertas, señales de tránsito, cabezas cuadradas, y mentes a las que la historia les parece innecesaria. La historia siempre miente, faltaba más, pero a veces no importa si es una mentira o no. La vida es mierda, con o sin una mentira. La mierda es vida, con o sin historias. La única variable infaltable, en la construcción de las ciudades coloniales, son manos, piedras y gente sin nombre. Así que mejor elija una buena piedra, una que sirva, una que se pueda romper, y piense bien contra quién la arrojará.


33 Lo que es la caída Aburrida sería nuestra vida sin la caída. Por eso no hay que barrer las hojas que han caído cuando el otoño llega. ¿Qué sería de nosotros sin la caída de las hojas? ¿Qué sería de las hojas sin nosotros barriéndolas? Tal vez, y solo tal vez, pensaríamos en la vida como callejón sin salida, en la vida como instante de revelación, en la vida como patada en los huevos. Aburrida sería nuestra vida sin la caída. Por eso hay que ver la verdad de las arrugas y creer en la mentira de todos los colores. ¿Qué sería más digno que caer y dejarse llevar por el viento hasta la puerta de tu vecino?


34 ¿Qué sería más digno que caer y ensuciar todos los rincones de los parques y cementerios? Ser una hoja y caer al suelo para ensuciar el mundo. Ser el suelo, recibir las hojas caídas y ser otro mundo. Por eso no debemos barrer las hojas que han caído. Por eso no debemos caer después de barrer las hojas. Una hoja caída es un pergamino de poemas que adoramos pero que no podemos entender. Un poema que adoramos es una hoja de un pergamino caído que jamás lograremos entender. Nosotros somos lo que cae. Nosotros ensuciamos el mundo. Alguien debería barrernos.


De cómo nuestra casa es en realidad un sótano en llamas (pseudo épicas sin héroes)


Mi casa se estaba quemando y solo podía salvar una cosa, decidí que había que salvar el fuego. (Jean Cocteau, Salvar el fuego) Soy la okupa de mi propia casa desde que la propiedad se fue de mí ya no tengo escritura y como en los sueños la puerta de entrada me espera afuera para que todo empiece de nuevo (Tamara Kamenszain, Solos y solas)


39 Estudio de bacteriología Mi padre me regaló un microscopio para que comprendiera mejor la vida, para que la analizara como se debe. Creo que estoy empezando a entender lo que quería decir. He visto cosas impensables. He visto pequeñas bacterias que podrían fundar su propia civilización mientras hacen añicos a la nuestra. He visto a las mentes más brillantes de mi generación extraviadas en unas cuantas muestras de saliva o semen. Con el microscopio he comprendido muchas cosas: que las bacterias están vivas aunque parezca que no, que las muestras están vivas aunque parezca que no, que estamos sobrepoblados aunque parezca que no.


40 Con el microscopio ahora sé muchas cosas. Nuestro cuerpo es una casa, aunque digamos que no. Estamos podridos con el mundo, aunque digamos / que no. No estamos muertos por dentro, aunque digamos / que sí. Nunca hemos estados solos, aunque digamos / que sí. ¿Habrá otro niño que nos observe desde su mega microscopio y se pregunte acerca de nosotros? ¿Habrá otro mega microscopio que le dé cuentas a algún niño acerca de nuestra insignifcancia? ¿Habrá otros padres que les compren microscopios a sus hijos para ensañarles algo sobre la vida? Mucho tiempo pensé en la vida que se hallaba en las muestras que tomé para analizarlas en el microscopio que me compró mi padre. Mucho tiempo escribí acerca de la vida que no encontré en las muestras que tomé para analizarlas sin pensar en mi padre. Yo no sé nada de la vida ni de microscopios. Yo no soy ni la vida, ni los microscopios. Yo, únicamente, he sido una simple excusa, un error de argumento, una trampa del lenguaje. Mis investigaciones, por tanto, solo podrían ser erróneas, falibles, innecesarias.


41 Mis descubrimientos, por tanto, solo podrían ser refutables, insulsos, torpes. Mi padre me regaló un microscopio para que comprendiera mejor la vida, para que la analizara como se debe. Creo que ahora sí estoy empezando a entender lo que eso quería decir.


43 Ceci n’est pas une feur Las señoras comenzaron a decirme los nombres de las fores que no veía, dándose el cruel deleite de interrogarme después sobre sus recientes enseñanzas. (Alfonso Reyes, LA CENA) Saber los nombres de todas las fores del mundo era una de las virtudes de mi abuela. Yo nunca me aprendí sus nombres. Hasta la fecha me confundo al pensar torpemente en ellas. Para mí un geranio es un papiro sin color, una begonia es un cuarto vacío, un arupo es una canción inconclusa, y una acacia una máquina de coser.


44 Mi abuela está decepcionada de mí aunque no quepa de felicidad al pensar que ya no juego fútbol sobre sus fores. Ahora me quedo en casa escribiendo sobre las fores que ya no piso y que confundo con poemas que aún no pienso. Mi abuela está feliz de que sus fores existan en mis pensamientos, malamente, porque la casa donde habitaban todas ya no es una casa, es un cementerio de rocas volcánicas, de ofcinas para tomar café y esperar a la muerte. No hay más bailejos para hacer huecos en la tierra, y sacar los gusanos y chanchitos, y las raíces que no han muerto todavía. No hay más manos que construyan una casa para todas las fores que mi abuela tenía en sus dedos. Para mí un girasol es un paracaídas sin arnés, una margarita es una motocicleta averiada, una buganvilla es un televisor sin volumen, y un gladiolo es un arma blanca.


45 Mi abuela está tranquila porque las fores que plantó están muertas, y la casa donde habitó ya no existe. Yo puedo estar tranquilo porque mi for favorita está muerta, reposando en una maceta que no era maceta. Mi for favorita era un árbol que no era árbol. Mi for favorita era una for que no era for. Mi for favorita era un cactus, y los cactus se mueren si uno los riega demasiado.


47 Ceremonia funeraria Este poema no es un poema. De hecho, tampoco podría decirse que es una ceremonia funeraria. Este poema no es un poema. Más bien, es un jardín lleno de mangos y aguacates. Los mangos del jardín son agrios y los aguacates son pequeños. Nadie quiere consumirlos porque solamente sirven para adornar el paisaje. No son unas buenas frutas, ni siquiera podrían resultar buenos ingredientes secundarios. Solo son una bonita postal. Una bella foto para los extranjeros que provienen de países donde no crecen ni los mangos, ni los aguacates.


48 Debajo de los árboles de mango, y también de aguacate, suele haber cuerpos enterrados. Digo, siempre hay cuerpos enterrados en todas partes, pero más aún debajo de estos árboles. Es por eso que su sabor es agrio. Es por eso que su fruto es pequeño. ¿Quizás los cuerpos enterrados fueron agrios o, en su defecto, fueron muy pequeños? No lo sabremos nunca porque desenterrar los cuerpos que están debajo de los árboles no está permitido en ese jardín para extranjeros. No lo sabremos nunca porque ser un cuerpo extranjero tampoco está permitido en ese jardín lleno de árboles de mango y aguacate. Lo que sí sabemos es que a los extranjeros les gusta sentarse en una mesita debajo de los árboles para jugar ajedrez o tomar café mientras leen las noticias de la mañana (o de ayer, si fuese el caso). Lo que los extranjeros no saben es que, cada vez que un mango o un aguacate les cae en / la cabeza, es una clara señal de que alguno de los cuerpos los está saludando o les está pidiendo que se marchen.


49 Ellos no entienden y por eso no se van. Ellos no entienden porque no hablan español. No comprenden lo que les dicen los muertos. Tampoco hablan el idioma de los jardines, ni el de los mangos, peor aún el de los aguacates.


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