ANTOLOGÍA
POÉTICA
(volumen II)
Fundación Argentina Vinciguerra
para la Poesía Hechos de Cultura
1
Antología poética Art7tv : volumen II / Norberto Barleand ... [et al.]. - 1a ed . - Ciudad
Autónoma de Buenos Aires : Vinciguerra ; Ciudad Autónoma de Buenos Aires :
Fundación Argentina para la Poesía, 2020.
Libro digital, HTML
Archivo Digital: online
ISBN 978-987-750-255-8
1. Poesía Argentina. I. Barleand, Norberto
CDD A861
Autores
Norberto Barleand
Elisabeth Luna Dávila
María Judith Molinari
Antonio Requeni
Alejandro Guillermo Roemmers
Fernando Sánchez Zinny
Beatriz Schaefer Peña
Lidia Vinciguerra
Nació en el barrio del Abasto. Ciudad de Buenos Aires, Argentina.
Publicó ensayos, cuentos, crítica literaria.
Participó de encuentros literarios de carácter nacional e internacional.
Ha publicado en poesía: Presagio de Utopías, Cenizas de la Tarde, Rumor
de Marionetas, Finalmente el Hombre, Duelo en la Memoria, Candiles y Pe-
numbras, Al Filo del Canto, Garras del Viento, Orillas Perdidas. En Ensayo:
Tangos de Ayer, de hoy y la Poesía de siempre y Evaristo Carriego, Precur-
sor del Tango.
Integra las antologías: Poetas del Nuevo Milenio, La Luna que; Poetas, Na-
rradores, Ensayistas, Gente de Letras 25 aniversario; Poesía Argentina Con-
temporánea Tomo XIV, Fundación Argentina para la poesía (2004); Dársena
Sur, República del Paraguay, 2004; Las Voces que Somos, La Luna que; La
Tierra del Conjuro, Provincia de Córdoba; Seis son una Jauría (2006).
Secretario del Consejo Administración de la Fundación Argentina para la
Poesía, Presidente de la Asociación Americana de Poesía “Ester de Izagui-
rre”, Miembro del Grupo Literario “La Luna que” y “Tinta Bs. As.”.
Colaboró en el programa radial “Amasando Sueños” L.R.1 Radio el Mundo.
Co- Conducción: “Los trabajos y los días”, Radio Cultura, entre otros. Con-
ducción: “Las Cinco en Tango” y “Silbando Bajito”, FM Tango 92.7 La 2x4
y en Nacional Folklórica FM 98.7 “Tango que fuiste y serás”. Miembro de la
Asociación Civil Proyecto Tango, declarado de interés de la ciudad y miem-
bro del staff de redacción de su periódico “Pro-tango”.
Coordinador de Eventos –Literatura y Tango–, Director de “Marcha Poética”.
NORBERTO BARLEAND
El fuego de los días
Camino los brotes del sol, sus caricias.
La vida con su vértigo impone ausencias
no deseadas,
alternar el dolor,
me permiten volar con las águilas al cielo del futuro
en el azul de una tarde,
con una estrella en cada mano
con un manto de estrofas en la aurora.
Ahora transito con las esquirlas y las flores,
mis profundos hijos, una hermana.
Amigos sublimes
y esa mariposa amarilla cenicienta
que gira con ustedes, con todos
quienes sostienen con amor
el fuego de mis días.
5
De palomas y de cielos
Te quiero más allá de mí,
de todas las palomas y los cielos,
la tarde del otoño cuando juntamos horas y caminos,
aquel café con lluvia, la ventana de tu rostro,
en esos ojos renegridos, inquietos
que observaban la brisa en la distancia.
Recorrimos mareas y olas presuntuosas,
llegamos a todos los puertos
con el poema que alumbramos
en cada encuentro.
La amapola de tu voz
amoratada y dulce
propone nuevos rumbos.
Te quiero desde el ramaje
que cruza las fronteras
donde un abrigo de luz es necesario
imprescindible,
y esas ganas de amanecer la vida
como un vuelo de cóndor
libre en las alturas.
6
Eternidad
Te amo desde siempre.
Desde aquellas primeras sílabas
que enhebraron versos y sombras,
de una juventud plena
que el tiempo se encargó de evaporar
inexorablemente
en el curso de los días,
de cada día
de los meses y los años que palpitan.
Como si la eternidad se acercara presurosa
a golpear las puertas del destino,
nos reclama el fervor de las vivencias.
Las arrugas de un tiempo que fue,
el que vivimos
lejos del reposo
cerca de la furia
por donde vuelan y vibran
las ardientes estrías de los cuerpos.
7
Ecos
Los años fugan como ráfagas de fuego,
ardores ocultos, sombras dispersas.
Transito laberintos con el vértigo ciego,
descubro la alegría,
broto con el llanto entre caminos y huellas.
Amo la frescura de los besos perdidos,
anhelos que estremecen
y regresan en las noches
con ecos de soledad:
Soledad solemne y difusa
que aturde la nostalgia.
8
Finitud
En la ceguera de la noche
me acorrala un tiempo de muertes,
se esconde tras las sombras
brutal, impiadosa.
Sucumben ante ella,
amigos profundos
de piel sensible y andar luminoso
por territorios de pausa y agonías.
Llega en silencio,
como apagando el viento,
los rodea, los lleva con sus garras ocultas,
y los convoca hacia la eternidad
en los oráculos del cielo y sus fantasmas.
Con ellos, la bruta, la impiadosa y certera muerte
se lleva un arpón de mi vida
convierte en luto los días plenos,
en llanto el dolor.
La muerte es impune,
no conoce la vida.
9
Fin de año
Me alejan de la infancia, el patio
la mesa, el mantel tendido, mis queridos padres
tíos, primos, vecinos, el barrio todo,
la guirnalda de luces en la vereda
el toque de sirena a las doce y el brindis
con el Polaco y Teddy y Cachito y el Zurdo y Coco
y Chiche y el flaco Trejo,
la pelota en el empedrado de una calle
donde solo transitaba la alegría.
El Telégrafo, La Rosalinda,
los cafés del viejo Abasto (transformado en Shopping).
No, no me abruma la nostalgia ni persigo los recuerdos.
El sepia de la vida se refleja en cada foto,
en el giro virtual que acompaña un nuevo amanecer
donde comparto la fugacidad
en un futuro de vértigo y de sombras.
Pero los ojos de ese tiempo
permanecen como un faro de estrellas
grabadas en la retina
de la memoria
y el corazón.
10
Tal vez
Con un ángel en cada mano,
una luz de escombro en la mirada
donde refugia los recuerdos.
El vértigo del tiempo acosa
regresa en un pasado
que intenta ser futuro.
11
ELISABETH
LUNA DÁVILA
Elisabeth Luna Dávila, es counselor, traductora de francés y com-
positora. Ha publicado en poesía Las Huellas de la sed, Oráculo de
amantes, Algo de mí. Integra varias antologías.
Pertenece a la Asociación Americana de Poesía, Gente de Letras y
a la Comisión Directiva de la Fundación Argentina para la Poesía.
Es preciso
Es preciso abrir sueños.
Ir hacia la ventana,
seguir el recorrido del pétalo
que se desprende
y despacio
despoja a la rosa de su nombre.
Sí, tan vertical
su caída arrastrará
a los pétalos restantes,
marcará el camino
de lo que ya no existe
ni volverá a ser.
Sólo quedará el tallo
desnudo, incierto
de aroma y de recuerdos
bajo la ausencia.
La buscaré al cerrar los ojos
debajo del cordón umbilical del rocío.
13
Ellos
Se amaban,
se amaban en francés y en jeringoso.
Se amaban sobre el piano
desparramaban corcheas
que descorchaban soles en las blancas,
se derramaban como espuma jugosa
en la orilla del porque sí,
jugaban como niños
en la arena del ¿por qué no?
Los vi correr hacia el futuro,
rasgaban versos
con florcitas de “no me olvides”.
Por el ojo de una cerradura
se deslizaron al otro lado del miedo.
Se dieron la espalda.
Caminan desnudos, a la intemperie
buscándose con el olfato
y la piel desgajada.
14
Cuando te bebo
Lentamente mi índice recorre
la boca de cristal que te contiene,
donde bailas sensual y me entretiene
el perfume que en ti rojo se esconde.
Eclipsada estoy por tus encantos,
me remonto a la uva, a los campos,
a las lluvias, los soles, a las lunas
y a los labriegos que ofrendaron
su ambrosía al dios Baco.
Me gusta verte así,
provocador, distante, casi ausente,
insinuante, voraz, indiferente
dispuesto a hacer de mí lo que tú quieras.
Pero estás en mi mano y yo decido
si al besarte tu néctar será olvido
o locura de amor que en mí provocas.
Te acerco hacia mis labios, muy despacio,
bebo un sorbo de ti, huelo tu aliento
y deslizo en mi lengua tu embeleso
para desearte aún más, sólo por eso.
Estás dentro de mí, ya somos uno,
recorres mi interior mientras mi boca
reclama de ti aún más, en otra copa.
15
Intento
Hazme el corazón.
Toma este trozo de vida
que te nombra y
moldea mis latidos
–vórtice inacabado,
nota sostenida
en la bordona de mi voz–.
Hazme el corazón,
dibújalo con tu boca
llénalo de voces
que sostengan
mi para qué.
Si la vida es un intento hazlo,
pero entrégame las llaves.
16
Ahora
Ahora, sola,
se angosta la puerta,
claustro que urde sueños
en el telar de mi memoria.
Rueda una lágrima,
la última,
la guardé en el fondo
de mi ojo derecho
para que se hiciera olvido.
No resiste esta pena
que se ensancha,
se hace grito,
roe mis entrañas
–amanecer y crepúsculo–
arrasa mi pecho
desbordado de vida,
–también de muerte–.
Ahora que soy sola,
se angosta la puerta.
Para abrirle
derribo muros,
cavo túneles hacia mí,
cuelgo mapas en el viento
para no perder mi corazón
en la tormenta.
17
Desamada
Desamada busca el sol
entre fotos amarillas.
En su mirada de luna
navega la soledad.
Si desamada pudiera
abrir sus brazos al viento
reclamaría a la lluvia
los besos que no le dieron.
Desamada se abriría
como una rosa en enero.
Mientras escribo,
como una niña sin tiempo,
ella espera.
18
Gesto
El gesto del adiós
es un muro,
desvía el cauce
donde nacen la voz,
el beso, las palabras.
El gesto
enfría las sábanas,
deja marcas de labios en la taza
que destiñen el café.
Huele a olvido el aire.
Como gorriones
picoteamos migajas del derrumbe
para desterrar
el miedo al vacío.
19
María Judith Molinari nació en Corrientes. Reside en Buenos Aires. Docente, poe-
ta, escritora. Cursó Relaciones Humanas en la UCA y Normativa de la Lengua en
Fundación Instituto Superior de Estudios Lingüísticos, LITTERAE. Promueve el
arte del verso, en especial del soneto.
Obra publicada: Verde que se oye, con prólogo de Leonor A. de Borges, 1971;
Poetas bajo un solo techo, antología, 1976; Palabras cruzadas, 1977; Imagen,
1993; Alumbramiento de los días, 1993; El oro de las espigas, 2004; Del Quijote
al Gaucho, 2005; Leonor Acevedo y Borges, 2006; Salta verdadera, 2009; La
momentánea rosa, 2009; Me sobra corazón azul y blanco, 2010, Rebelde so-
siego, 2011; El color del silencio, 2013; Esta infinita lucha, 2016.
Premios en Poesía: Primer Premio Medalla de Plata Universidad de Belgrano,
1975; Accésit Primer Premio Certamen histórico-literario “Ciudad de Dolores”,
Bs. As., 1976; Primer Premio, Segundo Premio y Mención Especial “Concurso
de Poesía, Música y Canto” Federación Centros Correntinos en Bs. As., 1981;
Diploma de Honor II Certamen de Poesía “De la Patagonia al país”, 1992; Primer
Premio para El oro de las espigas, Certamen de Poesía inédita “Sor Juana Inés
de la Cruz”, ASESCA, 2003; Ícono de Corrientes “Las Taragüí”, máximo galardón
correntino por su trayectoria literaria y el aporte provincial y nacional, 2004; Faja
de Honor de la SADE por su libro Del Quijote al Gaucho, 2006; Gente de Letras
Segundo Premio Poesía, 2009.
Integra el Consejo Asesor Literario de la Fundación Argentina para la Poesía.
MARÍA JUDITH
MOLINARI
A Jorge Luis Borges
En letras de su nombre lo recuerdo;
con números las letras de su mundo.
Comprendo íntegramente. Es más profundo
el criollo atardecer. Ahora concuerdo.
Por las mismas razones no lo pierdo
ni malgasto este suelo. Lo circundo.
Tampoco es arbitrario este segundo
casi idéntico a mí en el acuerdo.
El placer estudioso de mis días
aquerencia el lugar de sus poesías
que se han vuelto inmortales en la tarde.
El símbolo de un tiempo está sellado
y aquí, en la biblioteca, consagrado.
Imposible olvidarlo. Soy cobarde.
21
Enero del 2000
a Rodolfo Modern
He llegado al lugar más prodigioso
por caminos que inventan las totoras.
No existe sino infancia en estas horas.
No existe sino todo milagroso.
Al servicio del alma, algún sollozo
que florece en palabras, sin demoras.
Agradecidas vuelven impulsoras
sobre el siglo acordado y generoso.
Llamo en nombre de todo lo vivido
a las puertas lentísimas de olvido
mientras pasan las aguas cadenciosas
y el rumor de la hierba enrojecido
en voz alta responde. Es el sonido
del tiempo que pasó por esas cosas.
22
Viaje que asombra
Yo no toqué la tierra del olvido
ni la puerta final de cada esencia.
Fui sólo la distancia. Fui la ausencia
y, acaso, algún dominio sumergido.
Extraño ya es el tiempo cometido
donde, a veces, estuvo mi presencia.
La magia del poema lo evidencia.
Y es cabal el momento que he elegido.
Voy cuidando los círculos del alma;
me nutro, más que nada, en la constancia.
Obstinada germina en el paisaje.
Regreso hasta la cumbre de la calma,
con los abiertos ojos de la infancia
que con asombro miran este viaje.
23
“Que el azar la sorprenda”
Que el azar la sorprenda. El argumento
la buscará con todas las verdades
del placer y la pena. Esas bondades
la encontrarán, seguro, en un momento.
De Borges, el azul presentimiento
que hoy mantiene, de cerca, sus verdades.
Espejo individual y realidades
otorgan el sencillo testamento.
Los claros días que el silencio labra
me dejan recoger esta palabra
con una inseparable consistencia.
Felizmente aquel tiempo me confía
esta recordación. La firmaría.
El olvido no borra su presencia.
24
El color del silencio
Bástenos recordar que acecha quieto.
Concede firmamento y aconseja
la primera verdad que nos refleja
la luz de la razón. Como un decreto
nos va entregando, pródigo y concreto,
la abstracción insonora que empareja;
memora la perenne moraleja
y, en modesto propósito secreto
se hospeda como un sueño el pensamiento.
Entre el Ser y no Ser, discernimiento
que aproxima al misterio. Lo sabremos
en la actitud interna que es el alma,
en el orden secreto de la calma
y en el color silencio que seremos.
25
El sonido del tiempo
La altura del sonido cotidiano
desde un lugar extraño me vigila.
En fugitivas tardes se perfila
como una malquerencia de antemano.
Quizás por rechazarlo en mi desgano,
con esmero inventé una retahíla
de momentos supremos. Como en fila
se me fueron los días de la mano.
Pero el tañido es largo y enlutado.
Converge anunciador. Ha postulado
otra resonación que reverbera.
Insiste con el eco de esta aurora.
Me dispongo a escucharlo, como ahora.
Es del tiempo que pasa. Y desespera.
26
La gracia del momento
Sobre el poema “Frutas sobre la mesa”
de Héctor Miguel Ángeli
“...sus jugosos consejos
me dicen que retire la mano
y espere, todavía...”.
Se prodigan en nombre de la aurora.
Son amigas cordiales de la luna.
Continúan llevando la fortuna
en su lenta semilla fundadora.
Una avidez sensual y rondadora
viene en busca del goce que reúna
el instante vital con la oportuna
mano sobre la fruta seductora.
“Espere todavía” —dice el juego
de la tierra, del agua, el aire, el fuego
en la espléndida gracia del momento.
Y se vuelve infinita la sentencia
porque viene, de lejos, su existencia
y viene de algo eterno el pensamiento.
27
Antonio Requeni nació en Buenos Aires Ejerció el periodismo durante más de 40 años en
el antiguo diario “La Prensa” y “La Nación”. Entre 1984 y 1994 se desempeñó como en-
cargado de Prensa de la Feria internacional de Buenos Aires El Libro del Autor al Lector.
Publicó una docena de libros de poesía y, en prosa, cuentos para niños y volúmenes de
crónicas. Por este último recibió el Primer Premio Municipal de Ensayo y, posteriormente,
el Primer Premio Municipal de Poesía por “Línea de sombra”. Distinguido dos veces por
el Fondo Nacional de las Artes, recibió también en dos oportunidades el Premio Konex
por Literatura Testimonial y por Periodismo Cultural, respectivamente. En 1989 el Rotary
Club de Buenos Aires lo distinguió con su premio anual, el Laurel de Plata, junto con el
pintor Raúl Alonso y el músico Ariel Ramírez. En 1984 la Fundación Argentina para la
Poesia, de la que es actualmente vocal, le otorgó el Gran Premio de Honor. Gente de
Letras le concedió el premio Esteban Echeverria y recibió en el 2008 el Premio Trayec-
toria de Artistas Premiados Argentinos. La Sociedad Argentina de Escritores (SADE)
que le otorgó en 1953, cuando tenía 23 años la Faja de Honor, le entregó en el 2010 su
Gran Premio de Honor. Desde 1998 es miembro de número de la Academia Argentina
de Letras y correspondiente de la Real Academia Española. En el 2004 fue designado,
además, miembro de número de la Academia Nacional de Periodismo.
Con el sello de la Academia de Letras se publicó en el 2014 su libro “Poesia reunida” y
tres años después apareció en España su antología “La palabra en el tiempo”. En el 2008
había recibido en Madrid el Premio Alianza por su trayectoria literaria.
Antonio Requeni fue condecorado por el gobierno de Italia con la Orden de Cavaliere
Ufficiale.
Poemas suyos han sido traducidos al Inglés por William Shand, al francés por Gloria Al-
corta, al italiano por Emilio Cocco y al hebreo por Oded Sverdlik.
Viajó en reiteradas oportunidades en misión periodística o invitado como escritor a paí-
ses de América, Europa, África y Asia.
Como integrante de la Comisión Directiva de la Fundación Argentina para la Poesía,
dirige para la Institución las publicaciones de la Colección Los Maestros acerca de los
poetas notables de la primera mitad del Siglo XX.
Recientemente, ha sido nombrado Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires.
ANTONIO REQUENI
Piedra libre
El padre juega con sus criaturas.
La cara vuelta contra la pared
y el brazo levantado hasta los ojos
está contando como si llorara.
Y mientras cuenta sus criaturas crecen,
van por el mundo, suben escaleras,
se enamoran o estudian geografía.
Cuando termina de contar, el padre
entra en los cuartos y revisa muebles.
Apenas ve. ¿Quién apagó las luces?
Su voz, que ha enronquecido, los invita
a dejar de una vez sus escondites.
Y los hijos regresan, jubilosos.
¡Cómo han crecido! Son casi tan altos
como los sueños que en su juventud
solían desvelarlo dulcemente.
¡A contar! ¡A contar! –exclama el padre.
(Los grandes siempre vuelven a ser niños).
Y los hijos se apoyan contra el muro,
hunden la frente entre los brazos. Cuentan.
Y mientras cuentan –once, doce, trece...–
el padre se va haciendo pequeñito.
Cuando terminan de contar lo buscan.
Lo buscan pero el padre no aparece.
Se ha escondido debajo de la tierra.
29
El vaso de agua
Cuando me acuesto, desde que era niño,
pongo a mi lado un vaso de agua.
Al apagar la luz, si lo contemplo
brillar en la penumbra, me imagino
que el agua es otro nombre de mi madre
y estoy seguro de que, ya dormido,
alumbrará el acuario de mis sueños.
Sombra, misterio, música nocturna
que bebo a lentos sorbos o me bebe.
¿Eres tú quien me sueña en ese extraño
país donde algún día nos veremos?
¿Dormir es un ensayo de la muerte?
Por las mañanas, cuando me recuerdo,
muchas veces el vaso está vacío.
Y vuelvo, desganado, a la rutina
de calles y de rostros, mientras llega
la oscuridad, el rito silencioso
de llenar nuevamente el vaso de agua
para ponerlo al lado de mis sueños
y saber que allí estás, que me proteges,
que hay algo puro en medio de la noche.
30
Un pájaro
“Podemos llamar Dios al sentido
de la vida, al sentido del mundo”.
Wittgenstein
Desde su frágil pecho un manantial
se abre en cauces de luz por su garganta.
Es el canto de un pájaro que canta
en un parque vacío y otoñal.
No se conmueve nadie. Siempre igual
el sueño de la piedra y de la planta.
Ninguno oye el milagro que levanta
su melodía inútil e inmortal.
En Buenos Aires, la ciudad querida,
flota, y es una gracia inadvertida
la parábola ardiente de esa voz.
¿Es el canto de un pájaro? Quien sabe...
Acaso no es un canto ni hay tal ave.
Quizá nos habla en este instante Dios.
31
Geriátrico
Todo está en orden:
las paredes asépticas,
el puntual almanaque,
los exactos latidos del reloj.
Una mujer de blanco les sonríe
mientras ellos deambulan
entre escarchadas toses y jadeos
o miran desfilar mundos extraños
en la pantalla del televisor.
Uno hace un solitario con los naipes.
Otro, con un pañuelo, frota el vidrio
de sus anteojos, lento, ensimismado.
Alguno se dirige
hacia la habitación en donde, a oscuras,
da de comer a sus recuerdos.
Toman el té a las cuatro.
La cena es a las siete.
A las ocho se acuestan.
Ella siempre está allí, los acompaña.
A veces les da un beso,
una caricia helada, maternal,
y ellos se quedan quietos,
dormidos como niños.
32
Yo fui poeta
“I was poet, I was young”.
James Elroy Flecker
Yo fui poeta, yo fui joven.
En mi pecho, hoy vacío, resonaron
los latidos del cosmos, la alegría
de vivir o morir por las palabras.
Recuerdo que una noche, de rodillas,
vi brotar de la tierra un manantial
y oí, extasiado, su secreta música.
–El agua es forma de la eternidad
y levantarla es detener el tiempo–.
Otra vez ante mí se abrió la ofrenda
de un cuerpo tembloroso. Susurraba
dulcemente mi nombre. Era verano.
Y amé con el amor de los amantes.
Aromas de azahar. Lentos ocasos.
Certeza de vivir en el prodigio.
Las palabras crecían, asombradas,
en un jardín borrado por las lluvias.
En mi pecho, hoy vacío, se alojaron
vida, milagro, amor, eternidad.
Yo era poeta, yo era joven.
33
Islas Eolias
Vengo del mar color de vino.
En Taormina vi el mágico espectáculo
del sol entre las rocas y a Afrodita
jugando con la espuma iridiscente.
Los dioses me ayudaron a escapar
ileso de las fauces
de Caribdis y Scila.
Ahora voy por la maraña
de las calles de Lípari
–Giove, Giunone, vícolo di Venere–
Eolo es ese marinero
que me mira, impasible, tras el humo
de su pipa que borra el horizonte.
Los viejos pescadores no conocen
mi historia de viajero apasionado
por la belleza y la nostalgia, ignoran
mis azarosas aventuras
de hoteles y taxímetros
en el país de los feacios.
El tiempo y la memoria me persiguen
y siento una lejana voz recóndita,
una luz que me atrae hacia su origen.
Pero debo volver a mi ciudad.
Mi nombre aquí siempre sería Nadie.
34
Mi esposa está esperándome y en tanto
corrige, infatigable, las carpetas
de sus alumnos. Allá están mis hijos
con sus cassettes y su computadora.
Debo volver a lo que es mío
antes que el don del sueño se aproxime
con afelpado paso o me seduzcan
con su engañoso canto las Sirenas.
Mi nave me conduce por el mapa
de un intrincado laberinto
donde al final recobraré mi rostro.
Buenos Aires no es Itaca.
Pero yo soy Ulises.
35
Alejandro Guillermo Roemmers. Nació en Buenos Aires el 11 de febrero de
1958. Comenzó a escribir poesía a los ocho años. Su obra poética ha sido
objeto de numerosas distinciones y publicaciones. En noviembre de 2008
presentó su libro de carácter espiritual El Regreso del Joven Príncipe, tradu-
cido a más de treinta idiomas –presentado en París en abril de 2019– y del
que se han vendido más de tres millones de ejemplares. En marzo de 2010
la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo nombró Personali-
dad Destacada de la Cultura y declaró de interés cultural para la Ciudad de
Buenos Aires su obra El Regreso del Joven Príncipe. Desde 2013 preside la
Fundación Argentina para la Poesía. En 2016 obtuvo el Gran Premio Anual
del Instituto Literario de Cultura Hispánico. Ha sido autor y alma mater de
la obra musical “Franciscus”, basada en la vida de San Francisco de Asís,
galardonada con el Premio ACE (Asociación Cronistas del Espectáculo) en
2016 y con el premio Santa Clara de Asís en 2017. Ha sido designado hués-
ped de honor de la Universidad de Salamanca. Asimismo, la SADE lo ha
nombrado Embajador de las Letras Argentinas. En octubre y noviembre de
2018 su obra “Sinfonía Argentina”, de la cual es coautor con Daniel Doura,
fue presentada en Téplice y Praga (República Checa) y Munich (Alemania),
con gran éxito de público. El 3 de diciembre de 2018 fue distinguido con la
mención Sarmiento, que el Senado de la Nación Argentina otorga a las per-
sonalidades más destacadas de la cultura argentina. El 16 de mayo de 2019
presentó su libro Sonetos del Amor Entero en el Teatro Real de Madrid.
ALEJANDRO GUILLERMO
ROEMMERS
Amor entero
Amor oscuro, claro, amor entero,
que a todo da valor y da sentido.
Un fuego que jamás será extinguido
nos enseñó a servir por ser primero.
A veces ciego y sordo y aún certero.
Se oculta cuanto más es perseguido.
Es libre en la amistad como en un nido,
este amor fugitivo, aventurero.
Guerrero más humilde que arrogante,
va desnudo, sonriente y elegante,
este amor infinito y pasajero.
Capaz de sorprenderte y de turbarte,
misterio de la música y el arte,
no es perfecto, mas siempre verdadero.
19 de octubre de 2018
37
Minúsculo dispendio
Pasa este día y aún no me perdonas.
El mundo, indiferente, sigue y gira.
El ojo de la hiena cruel conspira
cuando acechan su presa las leonas.
Pasa otro día, cambian las personas,
mas tú, inmutable, insistes en tu ira,
como estruja al caimán que no respira
la serpiente mortal del Amazonas.
Con el tiempo la ofensa se engrandece
y tornase la chispa en un incendio
en cuyo ardor nuestro querer fallece.
No seré tuyo y tú no serás mío,
y con este minúsculo dispendio
el mundo sigue y gira todavía.
26 de agosto de 2018
38
Recuerdo de La Alhambra
Era noche en La Alhambra y tú me amabas;
noche en Granada, luna de jazmines;
un murmullo secreto en los jardines
cuando en las fuentes blancas tú brillabas.
Luego, en un patio umbroso me abrazabas;
girando como locos bailarines
fantaseaba odaliscas y festines
con aroma de azahar en las aldabas.
Esa noche en La Alhambra, tú me amabas,
y yo también te amé: ¡Fueron testigos
los doce leones cuando me besabas!
Fue luna de jazmines en Granada
y era el tiempo dorado de los trigos…
De aquellos besos, ya no queda nada.
10 de enero de 2019
39
Diez mil millas de mar...
Diez mil millas de mar son muchas olas
que rompen su esperanza cada día.
Muchas bordas de oscura travesía
cuando no se divisan las farolas.
¡Diez mil millas de un mar sin caracolas!
¡Diez mil de sal, ninguna de alegría!
Diez mil acantilados sin bahía.
Diez mil millas de mar y estar a solas.
Las sumé una por una desde el puerto.
Te juro, por que acá me caiga muerto,
que no agregué ni un metro de rencor.
Diez mil millas de mar nos alejaron,
diez mil trombas de sal se precisaron
para apagar el fuego de este amor.
31 de octubre de 2018
40
El Toro
Evítame, Señor, los picadores,
el acecho voraz del mercenario,
la multitud, las burlas, el calvario,
los escualos, las hienas, los roedores.
No te pido indulgencias ni favores:
que se presente listo el emisario
a cumplir con rigor Tu calendario
sin duda o compasión por mis errores.
No reclamo batirme con grandeza:
que transcurra cobarde en un segundo
la súbita y certera puñalada.
Al corazón abierto con franqueza,
atraviésalo rápido y profundo
cuando me llegue el tiempo de la espada.
41
Vivir es mi aventura
Podrá un día quedar abandonado
en la orilla el amor que me ha movido,
barco cerril, por el desdén mordido,
que sólo a viento y mar será amarrado.
Podrá el infierno ser de mi pecado,
perder la primavera sin un nido
y en las ramas del árbol malquerido
quedar el fruto nunca arrebatado.
Pero no hay sino, hado, ni ventura,
que dé mayor grandeza al sentimiento,
que este simple querer que no procura.
Y ahora que vencido el pensamiento,
vivir es mi pasión y mi aventura,
de nada cuanto hice me arrepiento.
42
Unas palabras desdichadas
Tan sólo tres o cuatro versos pobres
escritos al azar como quien habla
que no llevan rima ni querencia
ni aspiran a la fama o la memoria.
Tan sólo unas palabras desdichadas
que fluyen al papel como un torrente
de lágrimas por siglos contenidas
que arrastran el dolor de mis entrañas.
Tan sólo este lamento mal nacido,
un hijo natural de la barbarie
que presencian mis ojos cada día,
para decir lo que mi torpe lengua
apenas balbucea en soledad:
¡que te quiero y te quiero como a nadie!
43
FERNANDO
SÁNCHEZ ZINNY
Lo principal de su vida figura ya en el poema “Currículum”. Otros
datos, quizá baladíes, son la edad alarmante: nació a fines de 1938
y se acercó a la poesía algo tardíamente, ya sobre el filo de la vein-
tena. Publicó sus primeros versos en 1965 y siguió haciéndolo por
muchos años, medio a escondidas; su obra correspondiente al si-
glo pasado se halla en dos volúmenes, Segunda poesía y Primera
poesía que, paradójicamente, salieron en orden inverso. En esta
centuria publicó algunos libros que aprecia: Éxodo, Sombra
adentro, Carmen del otoño, El azar cotidiano, Elegías y llanuras,
Libro de epitafios, los que pese a haberse hecho con menos pre-
tensiones y despliegue que los anteriores le han valido algunos
reconocimientos y distinciones que mucho agradece.
Ánfora de amor y pena
Para Juan José Folguerá
Pues dormía en el cuenco un triste vino
del color de las rosas de Epicuro;
y creí de oro el naranjal maduro
y ansié un ambiguo mar, azul y endrino.
Ojos recién abiertos al destino
hallan la libertad y el alto muro
y el contenedor, el fúlgido y oscuro
con sus armas espera en el camino.
Tengo un cabo, una amarra ya en la tierra,
un espejo de sueño o de pupilas,
un laurel que me roza y me destierra...
¿Y por qué, ahora, corazón vacilas?
–el rostro amado en el mismo se encierra,
la pena en el contorno que aniquilas.
45
Glosa Para Flor Schapira Fridman
(Al ver entonces lo que yo soñaba
dirás de mi errabunda poesía
era triste, vulgar, lo que cantaba,
¡mas qué canción tan bella la que oía!)
Manuel Gutiérrez Nájera
¿Quise el engaño o en verdad estaba
tu rostro en el silencio que acudía,
ya calle del beleño en ese día,
al ver entonces lo que yo soñaba?
Y mudo el eco que antes repetía,
siendo hoy que es fácil todo y todo acaba,
¿qué, entre el rumbo que olvida y olvidaba,
dirás de mi errabunda poesía...?
Lo mismo que en la lápida se graba
el tiempo y se reduce a una estría,
era triste, vulgar, lo que cantaba.
Y entrelazado a la crueldad venía
lo prometido y lento ya afrentaba,
¡mas qué canción tan bella la que oía!
46
Pourboire
Catón de Útica
(Los dioses estuvieron por el vencedor,
pero Catón por el vencido).
Lucano
Pienso en los que vendrán mañana
para alimento de la desdicha y de los cuervos,
después de haber fatigado la gloria
y repetido mil veces sus nombres
a las caracolas donde habita el eco.
Me conforta saber que no he de estar,
así no vuelvo a ofender la armonía, las leyes,
propicias siempre a los que vencen
y contrarias, como una risotada plebeya,
siempre contrarias a la ambición del hombre verdadero.
47
Inmaculado reino del destino
Bajo otro cielo quiere la decepción pausada
dibujar un espacio que llenan azucenas,
y laureles y sauces de paciente dulzura,
tras adioses felices con deuda de nostalgias.
Esto es lo que construí, tan ajeno y lejano, donde
te pensé ensimismada ante la lentitud de un río
y era yo quien miraba el cauce soñoliento,
malezas de la vida y la esperanza,
inmortales aromas que devanan
el acaso fugaz de la amargura.
No soy, no he sido, pero aguardo y busco
tu mano para sostenerla
en esta tenuidad
desde aquí extendida hasta el horizonte
del reino inmaculado del destino.
48
Regreso a San Vicente
He temido mirar por la mugrienta ventanilla
el retorno de tanta juventud terminal que
late todavía entre andurriales sucios
y casas que se alejan cuando quiero acercarme.
La pampa se acurruca en silencios baldíos
y esfuma sombríos, nublados eucaliptus:
yo no soy sino algunos fragmentos malheridos,
versos antiguos que caen como garúa.
Mis palabras no son, es la tierra que se avecina
y me contempla desde el oro de las hojas muertas,
junto al camino que concluye
donde se abre la zona del invierno.
¡Buena suerte vivida y desmentida!
Afueras, despoblados, banquinas y almacenes
amontonados en un mediodía inmarcesible
que morirán sin llanto al llegar la oración:
aquí está el hijo pródigo y viene a hincarse de rodillas,
viene a pedir perdón por el daño y la pena.
Pero todo se ha ido: no hay padre, ni hay hogar ni amigos;
no hay más que frío gris en la plaza vacía
y la ignorada calle que lleva a la laguna.
El viaje entonces continúa bajo muda intemperie
y tenues voces que persisten.
Debo hablar por aquellos que no saben,
hasta que todo sea un sueño.
49
(Tras dispersa belleza)
Partir ahora
hacia la luz que encima transparencias a las arboledas,
al pie de las anteúltimas bandadas… Soy el que soy
y a veces no lo soy:
me hallé en el mundo pero no se acercó la sed al ansia
ni ungió la libertad el desnivel del llanto,
ni he visto el rostro.
Tras dispersa belleza en leguas de planicie
y a orillas de un río seco,
la tarde infunde su oración ambigua
y tras su paso enciende el canto de los grillos
en el oído del ciego.
Desidias del candor, rachas del extravío
y hosca sabiduría del perdón retaceado,
ahora que nos vamos, ahora que la vorágine es ya tan sólo
/una palabra
y todo se resguarda tras rumores afables,
bajo el azul ahondado por labios temblorosos.
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