ARMANDO JOSÉ
¿Qué animales ha tenido en la casa
y qué recuerda de ellos?
He tenido muchos. Báquiro, tuve bastante perro,
gallina, cochino también. La cochinita que matamos
allá en la casa del monte, ¿cómo era que se llamaba? En
Campo Alegre tenía pavos, guineos, bastante. Recuer-
do que Gladis Elena tenía una perrita y ella le puso
Bisivay, bien bonita, se la trajo Celestino como que fue
de Altagracia… Vivíamos en Campo Alegre. Y la perra
parió… Y Celestino le había matado a Eustaquia un
perro mocho y esa Eustaquia insultando: «Ese maldito
“Burro Malo” que me mató el perro. Que yo no sé qué,
que patatín, que patatán». Y me dice María Magallanes
un día que fui para Guanape: «Ay, hija, te voy a pedir
un favor. Dile a Celestino que le consiga un perro a
Eustaquia, pero que lo quiere chucuto. No me gusta,
lo insulta muy feo». Entonces yo le dije a Celestino y
la perra da la casualidad que parió un perro chucuto.
En lo que esa perra soltó ese perro se lo llevó a Eus-
taquia. «Aquí está el perro», le dijo. Tuvo dos partos
nada más esa perrita. Era amarillita, bien bonita era.
Se la trajo él de Altagracia chiquitica y ella le puso
Bisivay. No sé dónde halló Gladis ese nombre. Después
tuvimos a Kinko, a Amigo, Tarzán, Otelo, Beethoven,
el otro Amigo, el Amigo blanco que me llevé de Pun-
ta de Mata. Ese perro cómo volaba el paredón, vale.
Se comía las mantequillas de Margot: «Tu perro me
comió la mantequilla, Gustavito», y Gustavo tenía que
pagársela. Después tuve a Beethoven; tuve dos Beetho-
ven. Tuve dos Kinko. Era Kinko porque doña María le
puso al perro Kinko, porque ella tenía un Kinko ante-
riormente, entonces cuando estaba en la casa trajeron
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un perro y ella le puso el nombre. «Ese va a ser como
mi perro». Y Leopoldo le puso al de él Kinko también,
pero se le murió. Después tuve a los dos Amigo, los
dos Beethoven y este al que le pusimos Bruno; bue-
no, los muchachos le pusieron Bruno. También tuve
dos báquiros, un araguato llamado Leonel, el monito
que se murió electrocutado y el zamuro. No recuer-
do cómo se llamaba el zamuro. Lo di porque picó a
Gladis, lo regalé. Gatos he tenido unos cuantos, como
diez gatos he tenido ya. Cuando niña tenía un perico
y mi tío Manuel me lo mató. Se puso bravo porque el
perico se metió en el morral del macho. Yo tenía como
ocho años, recién llegada a Guanape. Me mató el peri-
quito. Después tenía un lorito y también se metió en
el morral del macho de él y lo mató. Más nunca tuve.
«Pa’ qué se cría eso», fue lo que dijo. «Eso es un estor-
bo». Pero a la comadre Aurora le fascinaban los loros,
los pericos… Y cuando estaba muchacha tenía pericos
en la casa, mi tía Chucha los recogía y me los daba.
Eran periquitos carasucia. Tuve también un cachi-
camo, chiquitico me lo llevó Celestino, chiquitico el
cachicamo. Después se murió. Son hediondísimos los
cachicamos. En Campo Alegre tenía bastante gallina
porque las gallinas se enculecaban, las echaba a toditas
juntas y sacaban todo ese pollero. Mamaíta siempre
se acordaba: «¡Ay, cuando iba para allá y ese montón
de pollos que tú tenías!». Eso era antes cuando se
hallaba maíz, ahora no se halla maíz, y ese alimento
carísimo. Y antes no había tanta peste. Y todavía en la
casa donde estamos tenía gallinas, pero la peste me las
mató todas. Dos carretillas de animales mandé a botar.
Más nunca crié, para qué, ¡no, hombre! Yo les tenía
cariño a los perros, pero también a los otros animales…
las gallinas. Los perros son nobles. Fíjate que Amigo
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era tan noble que cuando se mudó Jorge para Inavi ese
iba todos los días a visitar a Milagros. Todos los días,
me decía ella. Antes se podía tener a los perros suel-
tos; ahora no, ahora los matan. Y el perro se iba para
Inavi y Jorge me decía: «Mira, tú no vas a la casa, pero
Amigo va todos los días a visitarme». Todos los días lo
iba a visitar. Porque como estaba pegado con Sabuja…
Sabuja jugaba con él… la nobleza… él se iba para allá.
Cuando se murió el Amigo negro me dio una lástima
y se murió porque un carro me lo aporreó. Ese era el
Amigo que iba a casa de Jorge. Cuando se murió Bee-
thoven yo no estaba en la casa, estaba en Guanaguana.
El de Gladis se llamaba Beethoven también.
Gladis Elena
y su perrita Bisivay.
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parecen unos ¿a quién habrá salido?
caribes viudos
¿qué le pasa a los Chópites?
que con su pan se lo coma
2no dan ni pa’ remedio del
timbo
al
tambo
¿qué haces en la puerta?
¿pajareando?
¡me choca!
se la pasan con todo bicho
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¡a mí no! yo soy bien mal pobre
mijita, si no es así no te veo
tumuzúa no se gana
la espuma
de los frijoles
pelota ’e flojera
les encanta tejer chismes
si hay frijol hay comida
les encanta el pegoste
DE COLOR SOLFERINO
estás como
Carmen Characo
tranquilízate, José Gregorio
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2
Siéntese abuela,
Y OIGA ESTE CUENTO...
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JOSÉ GREGORIO
Por tierras guayanesas…
Mi abuela Amada es terrible para mandar, alegre, y
sus consejos nos ayudaron a salir adelante. Siempre
ha sido una persona muy especial en mi vida, amada
y querida por todos. Recuerdo que cuando las
conquistas me llamaban por teléfono me ayudaba
de esta manera, les decía: «Hija, ¿qué aspiras tú
con José Gregorio, si ese muchacho no trabaja,
se levanta a las diez de la mañana, no estudia, es
flojo?». Y yo le decía: «Abuela, ¿por qué dice eso?
En vez de ayudarme…». Y ella me decía: «¿Qué
quieres que le diga? Si es la verdad». Y siempre me
decía: «Trabaja, trabaja, trabaja, para que eches
pa’lante». Y ahora no he parado de trabajar y me
dice: «¿Hasta cuándo trabajas que no me visitas?».
Me traumatizó tanto que ahora no paro de trabajar.
Otra cosa: cuando le ofreces algo y no le cumples
te lo recuerda delante de la gente.
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CAROLINA
Con Fabián Eduardo
en Guanaguana.
Recuerdo que en mi niñez un angelito encontré,
fue gracias a su enseñanza que el Padre Nuestro recé,
sentada en el corredor su agujita le enhebré,
mientras ella pedaleaba su máquina de coser.
Pensarán que mi angelito muchas cosas no sabía,
pero de ella aprendí lo que yo soy hoy en día,
su temple y su valentía ella me lo heredaría.
De ella aprendí geografía cuando su patio barría,
de lenguaje y castellano, a no decir groserías,
me enseñó ciencias sociales cuando visita tenía,
porque había que ser atentos, ella siempre me decía,
los principios matemáticos aprendí en su mercería
contándole los botones y todo lo que vendía.
De modales y valores de ella mucho aprendería,
¡cierra las piernas, Carola!, al sentarme me decía,
detesto una «camorrera», palabra que no entendía,
mencionaba a aquellos Chópites
cuando ella me corregía.
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Tienes que ser hacendosa, me aconsejó noche y día,
¡no seas como las Mojosas!, ella dice todavía.
Recuerdo que mi angelito manjar de mayas me hacía,
ella también me enseñó a ser muy agradecida,
siempre la vi compartiendo lo que en su mesa tenía,
a mi angelito le gusta consentir con su comida,
su sazón y sus manjares nadie iguala todavía.
Mi angelito es tan hermosa que al mirarla te cautiva,
con sus ojos como el cielo que me cubre cada día,
su sonrisa encantadora siempre demuestra alegría,
su espíritu y fortaleza cualquiera los desearía,
toda llena de bondad, eres bella AMADA mía,
eres una obra perfecta que solo Dios crearía.
Gracias, mi angelito bello, por existir en mi vida,
gracias por cada consejo y por servirme de guía,
no me alcanzan las palabras para honrarte,
abuela mía,
yo solo a mi Dios le pido que te cuide cada día.
La amo, abuela.
En Guanape,
arropada por la prole
Martínez Espinoza,
con yerno y todo.
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JUNIOR
En su casa,
entre sus matas,
con Fabiana Amada.
Abuela, Amada por su nombre y amada por toda su
familia, una mujer digna de admiración y con una
fortaleza muy grande. Usted es una gran mujer, le dio
los mejores años de su vida a un hombre a quien, con
sus virtudes y defectos, quiso y amó mucho, y de esa
unión tuvieron unos hijos muy hermosos, a quienes
con sacrificio educaron y les dieron una buena
formación, y hoy por hoy son mujeres y hombres
de bien. Me siento muy orgulloso de tener unos
tíos con una gran calidad humana, y eso se debe a
ustedes como padres ejemplares. También tengo un
gran compromiso por ser el nieto mayor de usted.
La amo, la adoro, usted es mi otra mamá. Siempre
tengo presente esa mirada y esas sonrisas que se
convierten en carcajadas que hacen alegrar a la
familia. Usted es una mujer bella, mi abuela amada.
La amo.
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AITOR
El niño que está en sus
piernas diseñó este libro
un tiempito después.
Amada amada: Flor de flores. Amor de amores.
Cuidadora esmerada de su gran jardín,
sembrado de hijos, nietos y bisnietos.
En su plato de chícharos, nuestra salud.
En su risa, nuestra alegría.
En su temprano despertar, nuestra laboriosidad.
En su café inigualable, nuestro gusto y disfrute.
En sus historias, nuestro asombro.
En su memoria, nuestra historia.
Mujer, amiga, abuela. Cariñosa, atenta y detallista.
Divertida y traviesa.
Su risa es única, incomparable.
Su humor es lindo, envidiable.
Y su corazón fresco da para todos y a todos nos
consiente con el privilegio de la música que solo ella
sabe orquestar.
Nuestra madre y abuela a la vez.
Ella es Amada. Y amada es.
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JUAN ROBERTO
Con Amalia Carolina
en Guanaguana.
Mi abuela bella, quiero expresarle lo orgulloso que
estoy de que forme parte de nuestras vidas; gracias
por sus sonrisas y por los bellos momentos que nos
brinda al estar a su lado. Sus enseñanzas, consejos
y, sobre todo, su ejemplo de vida nos han servido
para ser buenas personas, con valores y principios;
nos han enseñado a ser multiplicadores de ese amor
que usted y solo usted transmite. Cada día le doy
gracias a Dios por habernos regalado su presencia en
nuestras historias de vida; por haber sembrado en su
vientre a esos seres llamados tíos, que han puesto en
nuestra generación ese complemento de enseñanzas
y amor sincero que usted supo sembrar, sin dejar
de mencionar que gracias a usted tengo la madre
más maravillosa que puede existir en el Universo.
Simplemente gracias por ser como es y que nuestro
Dios la llene de salud por muchos años más.
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CAMILO
Camilo consintiendo
a la abuela.
En mi primer viaje a Miami casualmente coincidimos
mi querida abuela y yo como invitados en casa de mi
tío Armando. Para la fecha era verano y cayó Semana
Santa. Uno de los diez días que duró mi viaje tuve el
placer de recibir la invitación de mi prima Yamila y
de mi abuela para que las acompañara a recorrer las
siete iglesias, como lo manda la tradición cristiana.
Cabe destacar que la tarea no era fácil, ya que el
catolicismo no es tan común en esas tierras. Salimos
bien temprano a comenzar el recorrido y durante
este visitamos una iglesia muy bonita, que era cálida
y ovalada, muy cerca del mar. Luego fuimos a una
iglesia ortodoxa, donde los textos de la Biblia estaban
en latín y el olor a mirra daba la sensación de estar en
un lugar sagrado. Lo más impresionante de todo era
el entusiasmo y la energía que tenía mi abuela para
seguir a la siguiente iglesia apenas salíamos por la
puerta de una. Su devoción religiosa, sus ganas de
cumplir con la visita a los siete templos y su falta de
cansancio eran admirables. Ya en el séptimo templo a
visitar Yamila y yo estábamos cansados y mi abuela,
con su espectacular sonrisa que no se le borraba de
la cara, te transmitía su alegría por haberlo logrado.
Ese día también comimos frijoles donde los cubanos
y terminamos disfrutando un postre a la orilla del
mar. La verdad es que fue un día especial.
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JESÚS ERNESTO
Dos reinas de Guanape,
con casi veinte años
de diferencia.
Mi abuela Amada: Usted es para mí una mujer
ejemplar, como pocas; con muchísimas virtudes;
un ser extraordinario, de temple y carácter; buena
madre y gran abuela. Recuerdo que de pequeño
fue mi defensora. Guardo recuerdos bonitos de
mi infancia, sobre todo en tiempos de vacaciones,
en su casa, con los primos reunidos, cuando nos
despertaba a las cinco y media de la mañana para
regar las matas y barrer el patio. De esta forma
nos enseñó el valor de la familia, la humildad, la
honestidad, el compromiso, la responsabilidad,
aparte de que hay que fregar los platos sucios en las
casas ajenas para ganarse las voluntades, ¡cónfiro!,
no andar estorbando, jejeje. Abuela, sus enseñanzas
me han servido de mucho; soy una persona de
aportar, sumar, y eso lo aprendí de usted. Y había una
personita que me hacía cariño con su barba y jamás
olvidaré esa forma de demostrarme su cariño.
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AIMÉE
En México
lindo y querido.
He leído que Amada es del latín amatus, que significa
«que ha recibido la acción de amor». Pero usted,
querida abuela, más que recibir ha sabido dar. Gracias
a usted aprendí el mejor lenguaje de todos, la mejor
tradición de todas, el mejor legado que pueda existir:
el amor. Llevo gran parte de usted en mí y por eso
siempre estará presente en mi vida. Mi corazón está
lleno de su cariño, su bondad, su honestidad, su
humildad, que espero compartir con los que me rodean,
al igual que usted. Gracias por ser la raíz de mi vida,
estoy segura de que seguirá creciendo para dar frutos
de amor al mundo.
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ÁNGELA
A ella siempre le han
gustado las rancheras.
Amada abuela: Hoy le doy gracias primeramente
a Dios por haberme dado la dicha de formar parte
de usted. Cuando pienso en usted me lleno de
orgullo. Usted es muy importante para mí. Siempre
me ha hecho feliz que sea mi abuela. Gracias a sus
enseñanzas, a su valentía y coraje nos empeñamos
en ser mejores personas todos los días. Usted es
ejemplo de trabajo, de bondad, de amor, por eso lleva
ese nombre. Gracias por regalarme un pedazo de
usted para siempre: mi papá. Sabe, me sentí muy
feliz cuando sacó sus cositas de ese baúl cargado
de recuerdos y me d¡jo: «Quiero que las use tu hijo».
Eran las cositas de Hernán José. Qué gran honor.
Le haré saber a mi hijo siempre que usted es una
gran mujer, para que al igual que yo se sienta muy
orgulloso de usted. Quisiera que usted fuera eterna.
La amo infinito y bonito, abuela Amada.
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ARMANDO JOSÉ
Su risa, un sello de identidad.
Abuela querida: La quiero felicitar en su día de
cumpleaños. Estoy muy alegre de poder estar con
usted estos días. Abuela, siempre que pienso en
usted pienso en una persona ejemplar, que se levanta
temprano todos los días, que siempre está activa y
trabajando. Una persona con la que también se puede
echar broma y hacerle cariño. Gracias, abuela, por ser
una bendición al estar con nosotros. Me encantan sus
abrazos, sus besos y sus caraotas. Jaja. Me gusta verla
cuando sonríe porque sus ojos brillan como luceros
junto a su sonrisa. La quiero mucho, abuelita.
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LEOPOLDO ARMANDO
Ella no soporta a un flojo…
y nosotros tampoco.
Abuela Amada: Hoy quiero decirle muchas cosas
bonitas, como su sonrisa. Quiero darle las gracias
por estar siempre allí, atenta a todo; por estar
cuando más la necesitamos. Admiro esa memoria
que se gasta, tiene un almanaque en la mente
(todas las fechas se las sabe). Pienso en usted y
me vienen a la mente: ¡Cónfiro! ¡Dichosos los ojos
que te ven! Jajaja. Quiero pedirle a Dios que le dé
mucha salud para que esté con nosotros muchos
años más. Recuerdo cuando era un niño y usted me
decía: «Leopoldo Armando, si te portas mal te doy
tres correazos», y al final cada uno de esos correazos
era un beso que me daba. Por cierto, ya que no
me dejará su diente de oro, ¿puede darme las recetas
de su sopa y de sus frijoles mágicos, por favor?
Gracias totales, abuela siempre amada. La amo.
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RAFAEL ÁNGEL
En Miami, con Rafael Ángel,
Karelys y Armando
en la Navidad de 2019.
Cuando era pequeño siempre pensaba que mi abuela
era parte de la realeza. Especialmente por como mis
padres, mis tías y tíos se dirigían a ella, pero también
por su porte y por cómo trataba a la gente a su
alrededor. No como esclavos, como las malas reinas
de Disney y de la historia, sino con cortesía e igualdad,
como uno imagina a la realeza bondadosa. Siempre
pendiente de las personas alrededor de ella antes
que de sí misma. Siempre pensando antes de hablar,
y hablando con gracia y humor. Ahora que he crecido
no ha cambiado esa parte de mis pensamientos y ella
todavía camina con el mismo porte, aunque ahora
tenga un cetro y su mirada solo se pone más profunda.
Observarla me llena de orgullo, y su amor es un
motivo para seguir y prosperar.
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AMANDA
Con Amanda Violeta en brazos,
en Guanape y en Guanaguana.
Cuando me pidieron que escribiera un texto de
quince líneas sobre mi abuela pensé: «¿Cómo voy
a poder escribir quince líneas si tengo tanto que
decir?». Es imposible resumir tantas cosas en un
espacio tan corto. Me costó poner en orden mis
ideas, ya que de repente todas saltaron al mismo
tiempo, y me tocó regañarme para poner «juicio»
en mi cabeza.
Comenzaré diciendo que mi nombre es Amanda.
¡Vaya! Es que ya el nombre me une a ella. Cuando
me preguntan por él, orgullosamente digo que es en
honor a mi abuela, Amada. Y bien que le queda el
nombre, porque es amada. ¿Cómo no serlo? Si desde
que la conoces ya la amas. Gracias a Dios es mi
abuelita y la conozco de toda la vida.
De ella tengo infinitos recuerdos. Recuerdos que
me llenan el alma cuando pienso en ellos. Como la
vez que me enseñó a bailar boleros. Fue hace tanto
tiempo que no recuerdo mi edad, pero sí recuerdo que
me dijo que ella los bailaba con mi abuelo Celestino.
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También recuerdo que me dijo que no contara esto,
pero lo siento, es tan bonito que sería egoísta no
compartirlo. Además, ya han pasado muchos años.
Mi abuela tiene un montón de características que la
definen, como por ejemplo su amor a las «matas», su
café mañanero, su orden, su coquetería, sus palabras
y frases peculiares, y sus granos, arte que heredé y
del cual presumo orgullosamente.
Además de ser la más consentida, también es la
más consentidora. No creo ser la única nieta a la
que complació con su plato favorito (podría repetir
ese asopado de arroz con pollo hasta cinco veces).
Porque así hayamos crecido, así seamos adultos
responsables y formados, siempre seremos sus
niños consentidos, sin importar la edad ni el tamaño,
y asimismo nos sentimos.
Mi abuela es una mujer admirable, con un temple de
acero, pero un corazón tan bondadoso y noble que es
capaz de darle amor a cada persona que llegue a su
vida y hacer que se quede. Tiene la mejor memoria
del mundo, puede acordarse de cada cumpleaños
y cada vivencia de su niñez, y de reconocer todos
los rostros en las fotos que guarda en su baúl. Mi
abuela es un ser único y especial, una flor que no se
marchita, que está siempre en primavera. Un árbol de
raíces largas y tronco fuerte, que sostiene sus ramas,
que son sus hijos, y sus hojas, que son sus nietos.
No puedo describir cuán agradecida estoy con la
vida por darme a mi abuela, y con ella por darme
a mi familia.
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CAMILA
Con Camila.
Lo que se hereda
no se hurta.
Abuelita, es difícil para mí escribir algo sobre usted
sin preocuparme de dejar por fuera algún aspecto
importante, pero trataré de ser lo más cuidadosa
posible para poder hacer de este un texto que
exprese lo que su vida significa para la mía.
Nací en enero de 1999, lo que se traduce en 21 años
y unos cuantos meses. Ese es el tiempo que llevo
conociéndola y aunque solo recuerde 16 de esos 21, sé
que desde que llegué a este mundo, disfrazada de una
indigestión por caraotas blancas, usted estuvo ahí.
Tuve la dicha, al igual que mis hermanos, de crecer
con su compañía y su bendición. De aprender de
usted a hacer galletas, tortas y todas las recetas
que hallaba en cualquiera de los libros de cocina que
tanto le gustan. Podría fácilmente rellenar varias
páginas si le cuento todo lo que me ha enseñado
con su guía, desde hacer una pulserita de canutillos
hasta abonar las matas, zurcir cualquier prenda o
lavar bien un fundillo, pero debo dejar espacio para
el resto de sus nietos que, al igual que yo, tendrán
mucho que decir.
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Con su ejemplo usted me ha mostrado cómo ser
mejor persona en todos los sentidos. Su bondad
y su carisma son, sin duda, elementos dignos de
admiración. En su gigante corazón hay espacio para
todos, pues cada uno de nosotros goza de su notable
atención. La he visto ser buena madre, cuñada,
tía, amiga, vecina, y a mí me ha tocado el honor de
llamarla abuela. Le doy gracias a Dios por bendecir
mi vida con una abuela como usted y por darme la
oportunidad de disfrutarla.
Sepa que la tengo presente todos los días. Que
recuerdo su sazón cada vez que preparo panquecas
con zanahoria, cuando aliño los frijoles o cuando
cocino carne mechada. Sepa, además, que sus
consejos, que antes no entendía, hoy en día me han
servido de guía.
Agradezco muchísimo sus enseñanzas y espero
algún día ser, al menos, la mitad de lo buena que
usted es.
Con todo el amor que merece, de parte de su nieta
más pequeña. ¡Feliz cumpleaños, abuela!
No hay mejor nombre
para usted
porque Amada
infinitamente es.
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SALVADOR
Salvador, Rafael Ángel,
Amanda y Camila
de paseo con la abuela
por el estado Bolívar.
Mi abuela Amada es tan especial en nuestra familia;
es ese ser humano que nos mantiene en una sola
pieza. Su amor es la piedra angular que nos fija
a la tierra; tiene una hermosa sonrisa que siempre
nos hace saber que todo va a mejorar; su hermosa
voz es la música que llena nuestros corazones;
su gran sabiduría nos impide desviarnos hacia
donde no debemos ir.
Tenerla en nuestras vidas, abuela, es el mejor de
todos los dones. Sin su presencia nuestras vidas
estarían tan incompletas, pues el significado del
amor y la devoción nos los muestra usted, abuela.
Gracias por existir. Cómo no estar agradecido con
la vida por tenerla a usted como pilar principal de
nuestra hermosa familia. Gracias por darme el regalo
más hermoso, que es mi madre. La amo, abuela.
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GUSTAVO CELESTINO
Abuela Amada: La verdad no soy muy bueno
expresando mis sentimientos. Me cuesta un poco
escribir sobre ellos. Quizás no tenga tanta habilidad
con los escritos como la tengo cuando hablo, pero
aun así, con pocas palabras, quiero decirle lo mucho
que la aprecio. Valoro mucho todo lo que ha hecho
por mi hermano y por mí, y aunque a veces confunda
nuestros nombres, yo sé que nos quiere. Gracias por
atendernos y consentirnos desde que éramos unos
bebés y también por llevarnos de vacaciones a muchos
sitios. Usted ha sido, por mucho, una de las personas
más importantes en nuestras vidas. La quiero.
ROBERTO AQUILES
Querida abuela: Gracias por cuidarnos de manera
incondicional. Por darnos de comer cuando mi mamá
no estaba en casa y estar siempre al pendiente de
nuestras medicinas. Gracias por darnos tantos
momentos felices y llevarnos a vacacionar a lugares
diferentes. Gracias por ser tan especial con nosotros.
La quiero, abuela.
Junto a Cariño
y los morochos de su corazón.
PÁG 73
si no le gusta flojaza
que se compre
un mondongo
ta’ borracho
3no le perdió pinta
como la máquina de Rosa Amaral,
¡aguántate,
PÁG e74l pobre… o la pobre…
HOY SÁBADO
¡detesto
un flojo!
es como carrubio
comen como los pericos
como que tienen hormiguillo
¿Qué le pasa a Ricardo Tarache?
es muy familiar
pa’lante y pa’tras
guatacaro!
es que son porfiaos
PÁG 75
3
Mire bisabuela,
¡LE HICE UN DIBUJO!
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Cosas que me hacen recordar
a mi abuela Amada
CARLOS ARMANDO
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La Rosa Mística
JOSÉ ARMANDO
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Rosas para mi abuela
FABIANA
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Eres mi sol
ÁNGEL GUSTAVO
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La virgen protectora
de mi abuela Amada
SUJELIS
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AMALIA
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Mi abuela jovencita
FABIÁN
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Abuela Amada mi amada
en Guanaguana
SAMIRA
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Mi abuela es mi amor
ANDREA
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Mis abuelos
VICTORIA
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Mi abuela Amada con su bastón
en la casa de Guanape
SANTIAGO
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Guanape feliz
AVRIL
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Un barco
y un mar de colores
para que la abuela
pueda venir
Flores para la abuela
AXEL GUSTAVO
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Regalo para la abuela
EVANNA SABRINA
PÁG 90
gánense
las voluntades
PÁG 9y1tengan juicio...
¡Ah, pues!
julio 2020