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Poema dedicado a José Antonio Ramos Sucre.
Carlos Rocha
Caracas (Venezuela), diciembre, 2019
Monóvar (España), junio, 2020.

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Published by JAIME RENE FIGUEROA A., 2020-06-15 12:59:54

LAS RUTAS DEL INSOMNE

Poema dedicado a José Antonio Ramos Sucre.
Carlos Rocha
Caracas (Venezuela), diciembre, 2019
Monóvar (España), junio, 2020.

Keywords: literatura,historia,poesia,narrativa,Venezuela,Cumana,Caracas,Carlos Rocha,Ruta poetica Jose Antonio Ramos Sucre,Rosa Trujillo

1

Las rutas del insomne

In Memoriam de JARS: topo y lince de la poesía venezolana.

“Cuando la muerte acuda finalmente a mi ruego
y sus avisos me hayan habilitado para el viaje solitario,

yo invocaré un ser primaveral, con el fin de solicitar
la asistencia de la armonía de origen supremo,
y un solaz infinito reposará en mi semblante”.
José Antonio Ramos Sucre

***

Tu linaje materno se vincula al prócer libertario
Mariscal de Ayacucho cumanés coterráneo.
Más con mayor prestancia tu figura se inscribe
en la estirpe poética de una prosa irradiante.

La estela trágica de tu existencia infausta
nos marcó precozmente un luminoso rastro.
La erudición inscrita en tu obra formidable
es faro centinela del navegante insomne.

Tus palabras ascienden talladas como gemas
en la impasible cumbre del congelado enigma.
Vigilias perdurables de un monacal retiro
nos custodian el alma en la virtud perpetua.

Coronaste tu esfuerzo con laureles gloriosos
y los dulces jazmines de celestial fragancia
adornan la guirnalda de tu lírica ofrenda
recogida con celo en póstumos tributos.

No inscribiré tu nombre en los fúnebres ramos
ni olvidaré tu piadosa frente ya marchita.
Rescataré la estrella de tu cielo de esmalte
reflejada en las formas de otro fuego sagrado.

***

2

Hace ya mucho polvo lanzamos la proclama
en las postrimerías convulsas de los sesenta.
Mi pulso jovial latía entonces aceleradamente
cuando se celebró tu lirica en lúcida alborada.

Con un grupo granado de amigos ilustrados
rendimos histórico homenaje a tu poética.
En ese evento celebrado en tu cálido oriente
dejamos fiel constancia y admiración intacta.

De tu amada Jerusalén en riberas marinas
Quedan ruinas en arcanas memorias.
Más yo celebraré tus ciento treinta años
tras profética cuarentena en afligida patria.

Nos alentó el impulso de rescatar tu estampa
y entre trazas huidizas de otras voces infieles
proseguimos la ruta sembrada de espejismos
hasta llegar cantando a la magna asamblea.

Allí asistimos con el paisano Ramón
voz humilde y preclara del palomar andino
recordando los frailejones y las cabras
con Luis Alberto y su íntima aridez caroreña
sangrante y luminosa por la entreabierta herida.

Con fervor defendimos tu digna trayectoria
y en su lúcido examen Francisco no perdonó
los desafueros lanzando tu aclamada Antologia
con un justo preámbulo donde nos reconocimos
en tu egregio e incorrupto talante alucinado.

Modelo de posteriores evaluaciones
aquella exposición fue una brecha en el muro
y derribó con certeza las críticas banales
asentando tu obra en la herencia filial.

3

Allí también concurrió Luis Camilo
con sus ojos de puro asombro y celo
quizás soñando con su Orinoco mágico
fluyendo tras las huellas de Humboldt.

En aquel repleto auditórium universitario
en torno a una larga mesa en el estrado
también estaba el bello Arnaldo Acosta
con este servidor más joven y barbado.

Defendimos vigorosamente la joven poesía
encarnada en el signo de tu inaudita prosa.
Compartimos el giro irreverente del destino
alzando las voces preñadas de entusiasmo.

Más allá de la vida de inciertas correrías
y el desdén implacable de la grey iletrada
entronamos con brío los trazos visionarios
y los notables rasgos de tu pluma encantada.

La Luna reportera tenía nombre de reina
como la Elizabeth del dramático Shakespeare.
más en otra función cubriendo las intrigas
cumplió su rol sagaz con oportuno informe.

La publicación del celebrado programa
apareció con nuestras fotos y testimonios
en un conspicuo papel literario dominical
dedicado a las efemérides culturales del país.

Allí leímos el titular de la convocatoria
en la primigenia tierra cumanesa del bardo:
“Foro sobre la joven poesía venezolana”.
Eso fue antes de mi viaje a la city del Támesis.

4

En el caudaloso rio de la existencia
fluyen muchas certezas y recuerdos.
Yo guardé celosamente ese registro
entre mis archivos y papeles errantes.

Concluí mis esplendidos tránsitos
cruzé piadosos continentes
atravesé ignotos piélagos
y aún preservo aquel viejo reporte.

Marcamos una pauta generacional
y para emprender la ineludible ruta
se descifraron loas huellas de JARS
rescatando su obra del indigente olvido.

***
La enmascarada imagen del proscrito
era absolutamente enfática y fidedigna:
el topo y el lince oficiaron simbólicamente
como sus sigilosos ministros herméticos.

Esas elegidas insignias fueron plasmadas
en la sabiduría secreta del herbolario
cuando una fabulación recorría el planeta
y el fue víctima de la multitud salvaje.

Identificamos al enigmático personaje
en el desdoblamiento del poeta insomne
fusionando los sueños con ficciones insólitas
cyabdo surgió el hálito de una chispa inefable.

Se predijo con certeza el jubiloso porvenir
en los sortilegios de las llamas danzantes
y al derramarse el licor de oscurecida púrpura
rastreamos al ángel invisible de la muerte.

5

El extraño botánico pudo salvar ilesa
a la doncella de aspecto insospechado.
Se marchitó sumida en un llanto incesante
a causa de un fantasma que le sopló su rostro.

Ella no criticó el atuendo extravagante
irrisorio regalo del infalible mago Klingsor.
Por eso se le reestableció su buena salud
con el auxilio de unas extrañas flores.

***
Nuestra marcha ignoró estériles moradas.
Fuimos a la intemperie y en forzoso destierro
sufrimos el exilio perpetuo de todos los poetas
y fijamos residencia en la tierra del néctar.

No somos nada adictos al suplicio doliente
No toleramos la apática y cruel belleza
No provenimos de irritantes piedades
Y nuestra real divisa carece de abolengo.

No blasfemamos contra el poder supremo.
Somos hijos legítimos del néctar sublimado
Libamos nuestra fe en senderos gloriosos
Postrados a los pies de un bailarín dorado.

Es un asunto de conciencia José Antonio:
El alma enamorada no concibe distancias
Al arder las ausencias entre los corazones.
en racimos de versos sembramos esperanzas

La renuncia enfundada en mi báculo altivo
se ha sustentado en dogmas ancestrales.
Mis hábitos sencillos son de color naranja
y canto con fervor mis antiguos rosarios.

6

No frecuento frivolidades licenciosas
ni me he secado con el aire del crimen.
Tampoco me seducen los placeres terrestres
ni comulgo con la diplomática hipocresía.

No divago en tu desierto de pasiones
ni me acosan las chifladas congojas.
Yo le entregué mi alma a una divina Reina
y anhelo la asistencia de sus íntimas siervas.

No profesé jamás desventuradas nupcias
ni enrolé mis afectos entre espinas sangrantes
y en un jardín del cielo ya planté mis rosales
y me asiste el aroma de inaudita fragancia.

No yacerán inermes mis despojos videntes
en el seno telúrico de llameantes remolinos.
Mi destino está inscrito en un cofre enjoyado
con un broche labrado por espontáneo amor.

***
Leímos y releemos tus textos magistrales
entre hallazgos fascinantes y terribles augurios.
Debo cerrar ahora el anillo de oro alquímico
uniendo alfa y omega en tus textos proféticos.

De tu imborrable y agorero preludio
hasta el último residuo en tierra ajena
pusiste fin al tormentoso insomnio
con una sobredosis de infinito coraje.

La magia más perversa no podrá someternos
si nuestra potestad es ya una dicha incólume
y el fruto cultivado por ciencias milagrosas
es álgebra pensante de las místicos almas.

***

7

Emprendiste el gran viaje solitario
invocando a un ser primordial
anhelando la suprema armonía
reflejada serenamente en tu semblante.

Más yo elegí temprano otro rumbo distinto
y al descender inmune vacíe mis alforjas
y me quedé en silencio y sin orgullo vano
me cobijé en mi humilde visión de las alturas.

Ante la presentida cita con la muerte
debiste sellar tu infinita mirada celeste
reflejada en tus insomnes párpados
transmigrando tu visión a otro enigma.

***
Para todos tiene la muerte una mirada
La tuya se extendió en horizontes ciegos
Y no pudiendo tolerar aquel atroz desvelo
Cruzaste la frontera de mano con la muerte.

La oscura emperadora de las osamentas
acudió finalmente al ruego convocado.
Ella tiene razones inviolables para todos
al troncharnos el soplo con su guadaña negra.

Tras la bizarra huella de tu reposo eterno
comenzó a tejerse tu mito y tu leyenda.
Y la aureola fortuita de tu consagración
se confundió en tu obra al margen del camino.

Yo resguardo tus textos y tus trofeos ocultos
en recintos privados de mi morada hermética.
Alejado del prosaico festín y del cínico aplauso
siempre alzaré en tu honor la crátera meliflua.

8

Si tú mismo lo hiciste tú con tenaz evidencia
convencido de la inmortalidad de tu escritura.
Ya fuimos hermanados en un pacto furtivo
y refrendamos las visiones del vínculo pactado.

Yo celebro tu prosa preñada de esplendores
y al ritmo de quejumbrosas o dulces melodías
me pliego a la alabanza de tus claves solares
y al perfecto concierto de una alegre balada.

***

He aquí los fieles testimonios que entrelazo
conjugando cuartetos con atípicas rimas.
Son facturas inéditas en mutuo regocijo
para seguir libando el néctar convocado.

Yo recobré mi catalana alcurnia de trovador
y al recoger mis viejos pensamientos en París
te recordé una tarde por la ribera del Sena
buscando tus reflejos en los poetas malditos.

Sólo encontré rancios muestras de esplendor
flotando en la memoria del siglo sin tus luces
y constaté que la visión alucinante de Reverón
fue caudal irradiante en tus fluidas ficciones.

Yo quemé mis pestañas con la lupa magnánima
y hurgué en los manantiales de excéntrica hermosura.
No desdije de aquellos pergaminos tan preciosos
ni me desfallecí de amor ante pasiones laboriosas.

Descubrí inéditos tesoros con desmedido afán
y al traspasar el atrio de los carmelitas descalzos
me devolví silente a la Plaza de la Concordia
dirigiendo mis pasos hacia la Biblioteca Nacional.

9

Caminé por la antigua vereda de la soberbia Catedral
de Nuestra Señora hasta las célebres vecindades
por las manzanas de la Ópera y la Gran Comedia francesa
hasta alcanzar la rue Vivienne para entrar en la Bibliothéque.

Fueron intensos aquellos días dichosos
ilustrando nuestras pupilas primaverales
y en invierno tuvimos que ocuparnos
en el trabajo negro bajo el gélido puente.

***
Debí explorar las miniadas biografías medievales
en los exiguos manuscritos incunables del X al XIII
rigurosamente clasificados en aquel generoso salón
bajo el tragaluz oval evocado por Reverdy el solemne.

Siguiendo las consejas del miglior fabbro
transcribí fieles anotaciones de mis hallazgos
en mi cuaderno “Centauro” con tapas azules
poblado con hojas de buen papel cuadriculado.

Atesoré mis prolijos apuntes otoñales
página tras página y un folio tras otro
en voluminosos formatos apergaminados
meticulosamente escrutados bajo la lámpara.

Recolecté los indispensables registros
y cuando regresé a la segunda patria
los volqué en mi largo poema clandestino

Los Consistorios del Gay Saber.

Recogí mis legajos en la espiral del tiempo
y las escrupulosas citas provenzales
vertidas de las fuentes sin tensiones
en el arco templado del infalible arquero.

10

El pandava Arjuna peleó en Kuruksetra
y en los dieciocho capítulos del Gita
la canción del bienaventurado Señor
da certeza de aquel liberador flechazo.

Solía recitar algunos de los setecientos versos
alternando entre el sánscrito y la lengua de Oc
con las pesquisas minuciosamente recopiladas
en arcaicos volúmenes con afiligranadas capitales.

Verifiqué las referencias y cotas esenciales
y las ubicaciones ocultas de los chansonnier
salieron a la luz entre otras piezas raras
examinadas cautelosamente con sapiencia,

Leyendo ante un fino atril de caoba rubia
con serena emoción y prestigioso esmero
pasé revista de aquellos ilustrado pliegos
y la lupa casi llegó a quemar mis párpados.

Con la mirada absorta entre los razos
descubrí preciosas trazas de letras olvidadas
entre remotas leyendas de trovadores
cuando los juglares cantaban solo por amor.

***
Descargué el inédito caudal en mi poema
intercalando ciertos rasgos biográficos
con las composiciones del Gay Saber
ligadas a la trama central de la narración.

Elegí un eminente epígrafe de Catulo
extraído de las bodas de Tetis y Peleo
trayendo a colación un sorbo de café
y el legendario estribillo de las Parcas:

11

“Girad, husos, torciendo la hebra, girad.”

Ellas trenzaban los destinos heroicos
hilando y enhebrando finos hilos de oro
con las madejas negras de inexorable sino
hasta que Atropos blandía sus temible tijeras.

En nuestros sigilosos y vigilantes tránsitos
nos embarcamos en distintos senderos.
Tú enterraste los ramos del olivo perenne
y yo fui lazarillo brillante de filiación oscura.

Juan y sus elementos alabaron tu influjo
y cargamos llorosos su féretro en los hombros
hasta su destino final bajo la tierra yerma
allí donde plantamos perezosas violetas.

***
Han pasado las décadas y seguimos en pie
descifrando las claves para cruzar el puente
profanado entre la poesía y la prosa cristalina
sea blanca o negra huidiza y permanente.

En su fulgor insólito y en la emoción despierta
seremos partícipes de aquella eterna herida
y expondremos al cielo las joyas enlutadas
entre lágrimas fúnebres convertidas en perlas.

Con el paso del tiempo todo será olvidado
y al rasgarse el laúd melancólico de Nerval
vibrará otra canción en su eco constelado
y podremos mantener el pacto conquistado.

Nos priva el orgullo de los desesperados
y el tormentoso grito del dolor soterrado
se ahoga ante el gozo sereno y sumergido
en la piel descubierta por la dantesca trama.

***

12

Así concebí tu reflejo en Leopardi
al rememorar sus dulces recuerdos
en mis apuntes con fina tinta china
sobre el arte de la lengua Chio Chiu.

Lo escribí al final del cuaderno Centauro
con pulcros caracteres ideogramáticos
a mano alzada y con tintura negra china
como preludio de una bella composición.

La canción del ilustre Ramón de Mirabal
cuya partitura transcribí con firme pulso
en la página 92 del cuadernillo mitológico
con las correspondientes notas musicales.

En cinco renglones melódicos:
Be m’agrada’l bels temps destiu
“Me gusta mucho
el buen tiempo del verano”

Etcétera…

Descifré los apóstrofes provenzales de la pieza
un raro fragmento tomado de Friedich Gennrich
—Der musikalische die Nachlass der Trobadours,
Kritische Ausgabe der Melodien I, Darmsadt, 1918—

(La recopilación del Presbítero H. Anglés
es mucho más nueva y todas las canciones
se incluyen en el volumen de J.B. Beck de 1939:
Le melodie dei Trovadori, Editori Ulrico Hoepli)

***
Excusa mi puntual digresión José Antonio:
aquí todo tiene que ver con todo.
Hablo de nuestras rutas verídicas
atravesando las fronteras del orbe.

13

Más allá del bien y del mal
y de la mentira de la verdad
es preciso dejar claros indicios
de las pesquisas recolectadas.

Ya referí nuestros rasgos de identidad
entre legibles pistas y encrucijadas fértiles
cultivamos el jardín de nuestras delicias
y de atajo en atajo plantamos los rosales.

En esa época había pasado felizmente
un cuarto de siglo y teníamos 27 años
y Pound ya era un mefistofélico anciano
radicado en Venecia con abrigo y bastón.

Preservamos los aires juveniles
y sonriendo en la estancia fecunda
vimos lúgubre al Támesis y romántico al Sena
sin pasear en góndola ni temer al león pétreo.

Atravesé el jadeante canal de la Mancha
cruzando puentes y puertos venturosos
en una travesía que condujo a la India
y allí fijé el espíritu después de algunos años.

Eso ocurrió ciertamente más tarde
y en el fructífero otoño del 91
regresé a la parisina ciudad luz
y me encontré con otro paisaje.

Tuve que concluir citas impostergables
para ocuparme de La Guerra Santa.
Así suelen desfilar impredeciblemente
los Hechos memorables para sobrevivir.

***

14

En cualquier circunstancia inquebrantable
recordaremos sin trastorno tu ruta solitaria
de Cumaná a Carúpano y de Caracas a Ginebra
se nos brindar{a feliz hospedaje en tu nombre.

Hicimos otras travesías José Antonio
habiamo fatto il giro

un giro ineludible y jubiloso
cotejando en sigilo tu senda sinuosa.

Asumiendo simplemente el hado
al fin llegué a la vieja Venecia
tal como estaba reservado
por la insoslayable providencia.

Fue un periplo afortunado e imprevisto
con un mar de ilusiones a cuestas
y la amante de turno en compañía
sin súbitos dolores ni pesadas nostalgias.

—Male di testa caro
e prego a una Farmacia—
“Dolor de cabeza querido
y por favor ve a una farmacia

Yo andaba presuroso en esa época
con la distinguida amante de turno
enmarcada por la cruz roja de neón
signo ingrato de la moderna comedia:

—“Nel mezzo del caminn di nostra vita
mi ritrovai errante per una selva oscura.”—

Entre el ficticio Paraíso y el ilusorio infierno
no purgamos las culpas de la lengua materna
no topamos teológica beldad ni favorable estrella
que guiara nuestros pasos bajo la Luna plena.

15

No encontramos marmórea Beatriz
para reposar bajo su blanco hechizo
y jamás lamentamos la ofendida belleza
ni los gestos dolientes de un nefasto amorío.

Nuestros romances fueron deslumbrantes
y se enlazan a palabras fugaces y venturosas
Trenzamos estos vínculos entre luces y sombras
y nos arroban las ternuras de brazos virginales.

Y en tu alta fantasía que todo lo circunda
algún verso imponente se inscribirá en el Sol
y el amor intangible que mueve las estrellas
se revelará en los milagrosos rayos del poema.

Nuestro tibio hospedaje fue cierto y riguroso
en aquel amoroso hostal del Lido veneciano.
Allí nos visitó la musa y recordamos a Mahler
y tu tácita musa sonaba en la décima estrofa.

Y la novena inspiración fue una sorda sorpresa
tras la visita nocturna al regio Palacio Ducale.
Nos deslumbró la gala expuesta del Tiziano
y el rojísimo manto que le pintó a la Virgen.

Frente al cuadro en Santa Maria dil Mare
oramos bajo la cúpula de la nave central
recordando todos los siglos de los siglos
en la cantata emitida como dulce plegaria.

Una isla fantástica donde nunca estuviste
en tu breve estadía en el viejo continente.
Solo fuiste efímero Cónsul de la Cancillería
y frecuente paciente en sanatorios ingratos.

***

16

Tu desgracia arraiga en una infancia atroz
Confinada por una educación severa y cruel
Tu candidez fue vejada por feroces exigencias
Y la tutela insolente del tío arruinó tus nervios.

La pedagogía anglosajona te sesgó la inocencia
Cuando querías jugar en la Plaza Santa Rosa
Sufriste el tormento de un afligido encierro
De allí surgen tus quejas y congojas perpetuas

Intentando aliviar el persistente desvelo
expiraste en medio del camino de la vida
quizás pensando en Dante o en tu Beatriz
añorando la estela de tu admirado Goethe.

Sesgaste tu débil existencia en Ginebra
con un dulce sopor y exprofeso designio
te despediste de este mundo ingrato
tras pocos días de cumplir los cuarenta.

Tuviste vida breve y forjaste los símbolos
De una poética que resistirá los cataclismos
como la de mi consagrado René Daumal
cuyo aire se detuvo cuando apenas tenía 36

Postrado al final tuvo el rostro sereno
Su sorprendente mirada era profunda
Ajena a las oscuras penurias mundanas
Y alejada de los presuntuosos misterios.

Entonces advertí el despojo visionario
que debía convocar en futuros discursos.
Un ineludible florilegio de gotas de luz
acopladas al cauce de la fuente sagrada.

***

17

Algún día concluirá este fértil recuento
y uniremos nuestros sueños despiertos.
Un trance de fervor ligará nuestros versos
y en lúcida oratoria honraré tu portento.

Hasta aquí sigues acompañándonos
en tu diáfano e insomne derrotero
y en tu torre de timón aún navegas
hacia otras doradas riberas de eternidad.

¿En qué puertos atracarán nuestros navíos
y dónde pescaremos las milagrosas gemas?
Ahora distinguimos tu identidad vulnerable
en palabras centellantes y ficciones inéditas.

Un elegante cisne blanco de sedoso plumaje
se desliza en el estanque negro de la rima fatal
y en el filo ascético de tu pluma sonámbula
bogan confusas las absurdas conjeturas líricas.

Por fatuas coyunturas de la atroz presunción
ignoraste una modernidad fatídica y transida
para configurar a pulso una obra incomparable
en trizas de papel cifrado en las lenguas del fuego.

En tu época no entendieron cabalmente
el estilo innovador y riguroso del lenguaje
labrado con destreza en tu imagen fantástica
un fruto suntuoso de orfebrería prosista.

En la vigilia pertinaz de tus textos
fundiste delirantes mitologías
con ramajes de ficciones ocultas
reveladas en tus libros ilustres.

***

18

Ya no hay lobos que aúllen despavoridos
en la espesura de los bosques sombríos
no hay desiertos nevados que fatiguen la sed
por la ancestral nostalgia y el temblor infinito.

Esta sed de absoluto que aún nos quema los labios
no cesará jamás de darnos reposo ni consuelo.
Es una arcana sequedad por el sabor melifluo
latiendo en el fondo de los corazones solitarios.

No abriremos nuestras venas para desangrarnos.
Desterramos la poesía falaz y los paraísos artificiales
No vamos a sacrificar el sabor del primordial encanto
por brumosos efluvios de mentalidades borrascosas.

Nos restan las ínfimas memorias del futuro
cuando no existen los refugios nocturnos
que alberguen pueriles y fugaces amoríos
ausentes de la esencia que AL SER nutre.

La savia se nos congela en gotas de rocío
entre los pétalos de una flor innombrable.
Si toda vida que no se consagra a la alabanza
es tan vana y efímera como un súbito estornudo.

***

Mi Dios tiene la azulada tez del oscuro zafiro
y ha salvado mi vida de múltiples naufragios.
Su matiz es como la nube lluviosa del monzón
anunciando la danza nupcial de los pavos reales.

Quedamos extasiados por el dulce sonido
de Su flauta enjoyada que vibra encantadora
con el contacto mágico de Sus divinos labios
síntesis primordial del conocimiento revelado.

19

En ese siglo XXI vamos muy de prisa poeta
y todo se estremece cuando gira la Tierra.
Los profetas del desastre ignoran a Tiresias
y mi oráculo rúnico advierte terribles pandemias.

En esta férrea era tan cruel y oscurantista
han desaparecido las obras virtuosas.
Apenas nos sostienen la oración y la fe
restos de un fervor de inviolable templanza.

Nos afirmamos en la impecable devoción
por la santa palabra y el canto matinal
del ruiseñor y de la alondra y del turpial
vibrando al unísono en la floresta cercana.

Cumpliendo cada jornada con mis votos
me asiste puntualmente la certidumbre:
podemos transformarnos plenamente
y hasta lo imposible resulta accesible.

Si nos convocan en cualquier circunstancia
para hablar sobre tu nombre y tu palabra
Elevare la voz y el pensamiento
afirmando el valor universal de tu obra.

La rueda seguirá dando vueltas
y habrá revueltas en toda patria impía
mientras nos reconocemos tan extraños
en la triste cabalgata del populismo indigno.

***
Asomado a un mundo sin sonrisas
por las invisibles rendijas del espíritu
el ser se hospeda en diferentes cuerpos
y sufre inútilmente por diversas quimeras.

20

El poeta se exime de la inhóspita grey
Se aleja de las falibles conjeturas
para no lastimar vilmente sus sentidos
por fortuitos anhelos de imposibles idilios.

Ahora suenan otras campanas
con enigmático repique funeral
mientras perviven tus palabras dichosas
y un ciego serafín aun vela por tu ensueño.

Asistiendo puntualmente a tu rígido exilio
tu pluma ilustre ya no corrió en la tinta
y en la costa oriental de tu país nativo
tu memoria aún permanece intacta.

La estética desfigurada por un puñal amargo
clavado en el cénit de una atardecida melancolía
te identificó con el calvario del gran Leopardi
inmortalizando a Nerina en sus recuerdos.

Ella no era tal ni tampoco lo fue Silvya
sino la pobre y hacendosa muchacha
María Bernardinelli soslayada en sus versos
que suelo recordar a mi manera:

—“Para ti ya no hay júbilos ni fiestas
ya nunca vienes al baile de las máscaras.”—

De otra forma rezan en su canto XXII
compuesto en la Primavera de 1829
cuando el poeta conde de cuna y políglota
por sapiencia se decía susurrando:

—“¡Oh, mi Nerina, para ti no hay fiestas;
ya no te adornas ya; ya nunca vienes!”—

21

Y cuando llegaba mayo y los amantes
llevaban ramos y canciones a las mozas
el vate italiano también solía susurrarse
estas otras palabras para sí mismo:

—“¡Nerina, para ti no llega jamás
la Primavera, y amor no vuelve!”—

***
¿Quién recordará nuestros sollozos
y secará las perladas lágrimas
rescatando nuestra razón de oro
tras el siniestro abismo del olvido?

¿Y qué suspiros fugitivos aliviarán el salto
de nuestro corazón amante de las sombras
cuando se cubra el Sol por tanta pena herida
entre las nubes negras del desamor transido?

En nuestro aventurado imaginar
ya no cabe proferir la alabanza
si todo se extingue en languidez
de tu erudita y cristalina pluma.

Te sesgaron la alegría en tu niñez
y al filo de una mortecina lámpara
pasabas las noches sin risueña vigilia
ni dando serenatas bajo el fulgor lunar.

No pudiste cultivar el ficticio romance
con la amada nacida del ensueño.
Ni tuviste el placer del tacto enardecido
en los brazos de la anhelada doncella.

Te ofrendamos un racimo de estrellas
a los pies de tu descuidada sepultura
en el camposanto cumanés de Santa Fe
donde reposan las mortajas familiares.

22

Abogamos por conducir tu trajeada osamenta
al honorable recinto del Panteón Nacional
meritorio reposo de ilustres personajes
entre los cuales deben morar tus huesos.

En soledad labraste fantásticos tesoros
y el reclamo afligido te separó del tiempo
de funestos avatares y olímpicos lamentos
para orientar tu marcha al edén imaginario.

Comprendiste a Walt Witman y el latín
forjó tu precocidad por muchas lenguas
y nos diste a conocer el sereno Luis Uhland
traduciéndolo admirablemente del alemán.

Gracias a tu versión de sus textos en prosa
conocimos cuatro de sus bellos poemas
de suave tonalidad y exquisita cadencia
incluidos en los póstumos aires del presagio.

Dejaste en duermevela impecables señales
para reconocer tu ruta insomne y fulgurante
recobrada tres veces en el tiempo intangible
hasta el presente instante de plenitud postrera.

Han pasado 90 años de tu voluntaria desaparición.
y una silueta fantasmal se pasea en onírico trance
por virginales memorias empeñadas en mantener
un peligroso idilio perdurable con tu figura etérea.

Responden a tus ruegos en pertinaz vigilia.
pero a mí me basta comulgar en silencio
con tus obsesiones y testimonios íntimos
releyendo tus textos con pulcra exactitud.

23

Acercamos tu obra viva al público infantil
en un conversatorio abierto y campechano.
para celebrar tu memorable estampa
en un asoleado patio con leones pétreos.

Después dimos otra alocución similar
en la escuela caraqueña “19 de abril”
donde antaño leíste tu plática profana
que incluyeron en tus obras completas.

Fue un evento feriado y propicio
para difundir tu vida y tus poemas
y exponer tu humanista perfil
a las generaciones infantiles.

Esponjas de ilustración atenta
niños y niñas recortaron tu figura
y en las paredes colgaron sus dibujos
y apreciaron tus escritos y tu ejemplo.

También te recordamos en otro acto
celebrado en el Palacio de las Academias
Poco antes de mi viaje a la patria natal
gracias a Diosa salvo en cuarentena.

***

Tejiste laberintos de urdimbre mitológica
y recreaste muchas ficciones clásicas
anidadas al relato de una trama lingüística
desenvuelta en tu prosa magistral e impecable.

Cultivaste temprano el genio tutelar
que ensombreció tu fatigada infancia
absorto diariamente en lecturas profusas
y privado de juegos y aventuras infantiles.

24

La frenética absorción contemplativa
consumió tu candor y castró tu inocencia
sumergida en el estudio de las lenguas
bajo la severidad sacerdotal de tu mentor.

En la mansión natal cercana al mar
todo te fue rigurosamente prohibido
y aquella hostilidad afectó tu carácter
volviéndote ermitaño y reservado.

Bajo las sombras del tejado colonial
creció tu retraída imagen provinciana
aunque luego fuiste amable y gentil
paseando por las calles de Caracas .

De la plaza del Panteón al Paraíso
emprendías caminatas nocturnas
con algún camarada peculiar
compartiendo conversaciones.

Así comenzó tu ruta desvelada
que duró algo más de ocho años
hasta tu crispación extranjera
expresada en tus últimas cartas.

Signada por confesiones explícitas
esa íntima correspondencia nos revela
los pensamientos de tu fase final
ante la inminencia del desenlace trágico.

***
Aún no te han erigido una talla de bronce
ni te han levantado una estatua de mármol,
Más se debe esculpir tu honorable figura
en digno pedestal a la vista del pueblo.

25

En las futuras generaciones pervivirá
tu influjo literario y valor humanista
Y llegará el momento donde se reconozca
la estoica plenitud de tu honor mancillado.

Yo distingo tu mirada hierática
clavada en promisorios horizontes.
Y percibo tu inquebrantable gloria
más allá de los cielos de esmalte.

Hagamos pues un impecable pacto
en defensa absoluta de la poesía.
Y de aquí en adelante dispondrá Dios
cómo debe transcurrir nuestro camino.

Cada persona debe seguir su itinerario
y nunca habrá derrota al fijar el sentido
si estamos espiritualmente conscientes
de la ineludible problemática del destino.

En los misteriosos tránsitos del alma
cada artista desempeña una misión
y la verdadera naturaleza de la poesía
ajusta resonancias y estilos elegíacos.

***
Nos vamos acercando al final del camino
y hace tiempo que escogí mi destino.
En algún momento debemos separarnos
y aceptar los dictados del infalible karma.

Yo voy seguro por el sendero blanco
vigilante del alba hasta el crepúsculo
y sospecho que podríamos reconocernos
en el ámbito de otra dimensión desconocida.

26

En las rutas del espíritu insomne
todos los poetas frecuentamos
una misma y dichosa aventura
y un remediable desconsuelo.

Ya nos asignaron nuestros pálpitos
y hasta el gesto del último suspiro
celaremos el sentimiento recóndito
en virtud de nuestro voto hermético.

Servimos al poder revelador de las palabras
y desciframos sin cesar su enigmático encanto.
Nada ya es nuestro y se nos impone la renuncia
ante la inmortalidad de los frutos sembrados.

***
En tus últimos días expusiste tus súplicas
en un manojo de cartas escritas desde Europa
huésped de sanatorios de reposo solitario
tristemente lúcido ante el desenlace final.

Esos conmovedores testimonios a tu prima
exponen al desnudo tus últimos temores.
Ella comprendió tu dolor y tu letra fatigada
al confesarle que tu cadena siempre fue muy corta.

Tan pesada que apenas podía consolarte
en tu fría y distante residencia hospitalaria
urdías planes rotando en gélidos hospicios
empeñado en recordar las travesías de Goethe.

Emitiste gallardas y crudas diligencias
para comprar algún regalo en Paris
una digna obra de arte para enviar
en fecha puntual a Dolores E. Madriz.

27

Así consta en tu correspondencia desde Hamburgo
en Merano y Ginebra de enero a junio de 1930.
Son pistas ineludibles para trazar el mapa adolorido
Postreras confesiones en pos de algún consuelo.

Afligido por la desesperación y muy abatido
por la persistencia atroz de los insomnios
que anulaban tus facultades mentales
decidiste concluir tu agudo desasosiego.

***
De ese grupo de epístolas puede desentrañarse
la topografía letal de tus meses finales
agobiado por la inquietud y el desconcierto
ante los incesantes desórdenes mentales.

Se destaca la carta que fue escrita
en el sanatorio Sthephanie de Suiza.
Los clínicos trataron allí tu enfermedad
sin verificar su parasitario origen tropical.

Desde ese lugar escribiste con finura
una carta al Cónsul General de Venezuela
recordándole la estancia de Goethe en Trento
donde descubrió un solo edificio distinguido:

—“Un palacio atribuido al diablo
fabricado por él en un sola noche.”—

Circunstancias de compleja raigambre
precipitaron tu ruina irremediable
víctima fatal del insomnio perpetuo
que ya era demasiado insostenible.

***
En un 13 de marzo en Ginebra
besaste mil veces una carta
oprimiéndola amorosamente
contra tu pecho acongojado.

28

Motivado por el sereno afecto
y una tenue amabilidad distante
reconociste en la hermosa mujer
los signos de una criatura celeste.

Querías curarte y levantarte ileso
de tu fosa de Job y resististe
—con admirable paciencia—
hablando bien el alemán en una Europa
“discorde, empobrecida y relajada”.

Ese espectáculo te apesadumbraba
deseando el bienestar de todo el mundo.
Un día anunciaste tu salida para el Tirol
otro lugar penitente desde Hamburgo.

Querías someterte a un nuevo tratamiento
con la esperanza de curar tu crónica fatiga.
Más ya era tarde para confiar en la esperanza
y dejar los hipnóticos sufridos con prudencia.

Solo el miedo al suicidio
te permitía tal sufrimiento.
Y en medio de esa mortificación
dijiste no temerle a la muerte.

***
Seguiste enviando cartas
diplomáticas y afectuosas
sin resignarte a pasar tu vida
en la decadencia mental.

Temiendo el desplome orgánico
y la falta de voluntad para el trabajo
descubriste con gran serenidad
un cambio radical en tu carácter.

29

Dos días antes de cumplir los cuarenta
escribiste unas líneas patéticas
desde Ginebra el 7 de junio de 1930
dirigidas a tu querida prima caraqueña:

—“Apenas puedo consolarme
buscando la vida de enfermos ilustres
a quienes la fatalidad apagó en plena juventud.

Te ruego que no permitas la leyenda
de que soy antropófago
y salvaje y enemigo de la mujer.

Tu sabes que, al contrario,
soy muy accesible, muy indulgente
y jamás he lastimado a una mujer.”—

Tantos pesares acumulados
derribaron finalmente tu carácter.

***
Esas confidencias tan crudamente expuestas
permiten delinear los momentos finales
del gran poeta venezolano J.A. Ramos Sucre.

Su vida y su depurada obra
merecen inalterable aprecio.

Tras varios fallidos intentos de suicidio
él poeta falleció irremediablemente
en Ginebra el 13 de junio de 1930
habiendo nacido el 9 de junio de 1890.

Herido por un profundo y lúcido dolor
ya nada puede consolar su tormento.
Fue sepultado con su negra y dorada aureola

30

por la silenciosa hechicera de los cementerios.

En sus admiradores pervive su presencia
al margen de oscuras remembranzas.
Sin trasnochos ni fortuitos festines
dejó huella imborrable en nuestro pulso.

Aunque todos respeten a la muerte
pocos se atreven a recibirla serenamente.
Cuando pretenda sellar los tibios labios
el latido del alma seguirá persistiendo.

Las palabras gloriosas no morirán de pena
porque la poesía es la muerte de la muerte
y en los versos la vida se renueva y pervive
más allá de las rutas de todos los insomnes.

***

Carlos Rocha
Caracas (Venezuela), diciembre, 2019
Monóvar (España), junio 2020.


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