LOS HIJOS DE LA VIUDA
Herbert Oré Belsuzarri 33°
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LOS HIJOS DE LA VIUDA.
Herbert Oré Belsuzarri 33°
El origen del término “Hijo de la viuda”, es bastante antiguo
y tiene un significado profundo en el conocimiento masónico.
En la tradición simbólica, a los masones se les denomina hijos
de la viuda en alusión, a Hiram Abif, arquitecto del templo del
rey Salomón, que la Biblia indica era: “hijo de una viuda de la
tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro; e
Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra
de bronce. Este, pues, vino al rey Salomón, e hizo toda su obra” (1
Reyes 7:14). Los masones son también hijos de viuda por alusión
bíblica a la mujer en estado de viudez del libro bíblico (1 Reyes
17: 9-24), cuyo hijo por suplica del profeta Elías a Jehová, vuelve
a la vida, en un paralelismo a la ceremonia iniciática masónica,
cuando el iniciado deja la vieja vida para renacer como masón
e iniciar una nueva vida desde cero en el camino del crecimien-
to espiritual. Lo mencionado hasta aquí está en el Antiguo Tes-
tamento. Pero no son solo tradiciones bíblicas las que refieren
las tangencias simbólicas de la masonería, así en la mitología
egipcia, encontramos a Isis, viuda de Osiris y representativa de
la luz, la búsqueda de cuyos restos esparcidos por todo el mun-
do representa la búsqueda de unidad del masón, mientras que
Horus, hijo de Osiris, hijo de la Luz, es el hijo de la viuda.
En el Nuevo Testamento de la Biblia, Jesús resucita a un mucha-
cho en Naín. Poco después de curar al siervo del oficial del ejér-
cito, Jesús sale de Capernaúm y se dirige a Naín, que está a más
de 30 kilómetros (20 millas) al suroeste. Pero no está solo, con él
van sus discípulos y muchas otras personas. Cuando están muy
cerca de Naín, se encuentran a bastantes judíos en un cortejo
fúnebre. Van cargando el cadáver de un joven para enterrarlo
fuera de la ciudad. La madre del muchacho está totalmente des-
consolada. Es viuda y acaba de perder a su único hijo. Cuando
murió su esposo, al menos le quedó el consuelo de tener a su
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amado hijo con ella, así que debía de estar muy unida a él. Pero
ahora que ha muerto, han desaparecido todas sus ilusiones y la
garantía de tener a alguien que la cuide en el futuro. ¿Quién le
hará compañía y le ofrecerá su apoyo?
Cuando Jesús ve el dolor de la mujer y lo triste que es su si-
tuación, se conmueve profundamente. Con ternura y con una se-
guridad que transmite confianza, le dice: “No llores más”. Pero
no se limita a decirle eso. Se acerca a la camilla funeraria y la
toca. La manera en que se dirige a la mujer y sus acciones im-
presionan tanto a los que lloran la muerte del joven que se de-
tienen. Muchos seguramente se preguntan por qué le ha dicho
eso Jesús y qué va a hacer.
¿Y qué pensarán los que viajan con Jesús? Ellos lo han visto
curar a muchos enfermos. Sin embargo, parece que nunca lo han
visto resucitar a nadie. Saben que siglos atrás algunos volvieron
a la vida, pero ¿podrá Jesús resucitar a alguien que ha muerto?
Jesús ordena: “Joven, a ti te digo: ¡levántate!”. Entonces, el mu-
chacho se incorpora y empieza a hablar. A continuación, Jesús
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se lo entrega a su madre, que no sale de su asombro. La mujer
siente una inmensa alegría.Ya no estará sola (Lucas 7: 11 al 15).
Al igual que con muchos otros aspectos de la masonería, la
simbología del misterio del “Hijo de la viuda” es parte de un
tapiz viviente de múltiples capas del mito que es investigado,
descubierto, transmitido y reconstruido con el tiempo por cada
masón individualmente y todos los masones colectivamente.
Incluso los que no son masones, saben que la masonería toma
como su marco mitológico primario varios aspectos de la his-
toria bíblica, particularmente los 5 primeros libros del Antiguo
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Testamento que los judíos llaman “La Tora” o “La Ley”, y natu-
ralmente, la figura central del arquitecto que eligió Hiram I de
Tiro a solicitud de Salomón, para construir el Templo de Dios
durante su reinado. Pero Hiram Abif no solo fue escogido por
sus habilidades, sino que fundamentalmente, como indica la
tradición bíblica, se basa en un linaje genealógico que incluye
a Adán, Enoc, Saúl, David, Salomón y Jesús. En esto basan los
masones teóricos de la “línea de sangre del Grial masónico” sus
especulaciones, al cual se unieron los templarios la Rosa Cruz y
Gnósticos, especialmente en los denominados “Grados Filosófi-
cos” de la masonería.
Este linaje de los “hijos de la Viuda” recuerda como uno de
los primeros antepasados maternos a “Rut”. Ella era moabita,
un pueblo descendiente de Lot y sus hijas, después de la destruc-
ción de Sodoma y Gomorra. Moab era sobrino de Abraham el
Primer Patriarca. Ruth era particularmente justa por su lealtad
a su esposo, incluso después de su muerte. Por esto, fue ben-
decida al convertirse en esposa de Boaz (En Fortaleza), de esta
manera Rut, 30 generaciones antes, fue abuela de Jesús.
Esto convertiría a los “Hijos de laViuda” en aquellos que tienen
una conexión con un origen divino, aunque solo sea “simbóli-
co”, aspecto que no solo es insinuado en la tradición bíblica,
sino que también existe similar situación en otras tradiciones y
mitos, algunos de los cuales son incluso de mayor antigüedad
como el ya mencionado de origen egipcio: el mítico Rey-Dios
fallecido Osiris, su viuda Isis y su hijo Horus. Y en esta ocasión
también trataremos más adelante, de otros hijos de la viuda, de la muy
poco conocida tradición inca del Perú.
La Biblia no solo narra tradiciones hebreas y judías, porque
evidentemente tomaron tradiciones sumerias y egipcias en el
Antiguo Testamento y tradiciones del zoroastrismo, de Mitra y
otros, en el Nuevo Testamento, que con amplitud tratamos en
nuestro Libro “Religión y Masonería” publicada en dos tomos,
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donde además relatamos como los antiguos dioses sumerios,
egipcios y hebreos, son los mismos con distinta denominación,
conforme a la necesidades religiosas locales, que fueron sincre-
tizándose con otros de los griegos y romanos, para construir la
tradición religiosa cristiana apostólica y romana.
Soy uno de los millones de convencidos, que el libro del Gé-
nesis es una copia de las tablillas sumerias. Los sumerios fueron
una civilización muy antigua que habitó el sur de Mesopotamia
en ciudades como Uruk y otras ciudades cercanas como Ur, de
donde salió Abraham. Las tablillas sumerias refieren la creación
del hombre en E.din, muestran la mezcla de dioses con mujeres
humanas, el diluvio universal, como los humanos sobreviven la
catástrofe, y como los dioses los ayudan a repoblar la tierra, etc.
Los sumerios inventaron la escritura cuneiforme, que se cree
que fue la primera escritura, ellos hablaban de un dios creador
llamado Anu, que significa dios del cielo, dios de las constela-
ciones, dios de los dioses, Anu tenía una esposa que era la diosa
Ki, y las estrellas constituían el ejercito de Anu, etc. Abraham
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vivió en Babilonia en la ciudad sumeria de Ur de los caldeos,
Abraham conocía la historia y la creencia de ese pueblo, por
esto los estudiosos piensan que Abraham cuando salió de Ur
y tuvo su descendencia, contó la historia de boca a oído, que
fue pasando de generación en generación hasta que Moisés es-
cribió el Génesis, y entonces se cree que todo fue una copia
de la creencia babilónica, porque las ciudades sumerias habían
sido borradas de la faz de la tierra enterradas en las arenas del
desierto y sus tradiciones se apropiaron otras civilizaciones e
imperios como la babilónica por ejemplo.
La tradición egipcia también está reflejada en la Biblia, así la
tradición egipcia del pesado de corazón de los muertos, pre-
sidida por Osiris y acompañado por Toth en el más allá, don-
de el corazón humano era pesado en la balanza de la justicia,
cuyo contrapeso era una pluma de Maat (la diosa de la justicia,
equivalente a la Temis griega), generando el rechazado por sus
acciones injustas en algunos casos, para ser devorado por un
monstruo infernal, mientras que el aprobado entra al paraíso.
Para los egipcios el espíritu del hombre está en su corazón. Y
también para los judíos del Antiguo Testamento. Este pesado de
corazón también es referido en la Biblia.
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Proverbios 24
24:11 Libra a los que son llevados a la muerte; Salva a los que es-
tán en peligro de muerte.
24:12 Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo
entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá,
Y dará al hombre según sus obras.
En este libro del Antiguo Testamento se menciona al Dios de
Israel como el que pesa los corazones (Prov. 24,12). Y otorga el
premio o el castigo que corresponde a las obras de cada uno.
Y en Proverbios 16:2 se lee “Todos los caminos del hombre son
limpios en su propia opinión; Pero Jehová pesa los espíritus”. Esto
nos muestra sin duda que la idea del Tribunal de Osiris y el pe-
saje de los corazones fue tomada de las narraciones del “Libro
de los Muertos” egipcio.
Las tradiciones son incorporadas al Antiguo Testamento de
manera directa por Moisés, así en Hechos 7: 22, dice textual-
mente: “Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egip-
cios; y era poderoso en sus palabras y obras”. Muchos consideran
a Moisés como el principal autor humano de los primeros cinco
libros de la Biblia, conocida como la Torá. Independientemente
del papel que otros puedan haber desempeñado en la compi-
lación de la Torá, se cree que Moisés aseguró que los relatos,
las genealogías y los códigos legales fueran recolectados y re-
citados fielmente en estos cinco libros (conocidos por muchos
judíos como los “Cinco libros de Moisés”).
También recordemos que el Nuevo Testamento afirma que Je-
sús es el Juez de los vivos y de los muertos, una función propia
de Osiris en la religión egipcia. Hechos 10: 42:“Y nos mandó que
predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha
puesto por Juez de vivos y muertos”.
Del Evangelio de san Juan en el Nuevo Testamento, el capí-
tulo 3, nos dice que es necesario al hombre nacer por segunda
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vez, para poder entrar al reino de Dios. Pues bien, en “El des-
censo de Inanna al inframundo” de los sumerios y el Libro de
los Muertos de los egipcios también afirma que para entrar al
Mundo de la Luz del Día y entrar en comunión con los Dioses,
el hombre debe nacer por segunda vez, como lo hace Inanna y
Osiris respectivamente.
Juan
3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un
principal entre los judíos.
3:2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has
venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas
señales que tú haces, si no está Dios con él.
3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el
que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
3:4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo vie-
jo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su ma-
dre, y nacer?
3:5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no na-
ciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
3:6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del
Espíritu, espíritu es.
3:7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nue-
vo.
Este segundo nacimiento se opera durante la vida de una per-
sona por medio de un sagrado rito de iniciación, que en el caso
de los cristianos se denomina Bautismo.Y para quienes no reci-
bieron en vida esa iniciación, podría otorgárseles después de
la muerte, y siempre que hubieren pasado con éxito la prueba
del juicio de Osiris. De estos ritos iniciáticos antiguos y de otros
análogos, nacieron las iniciaciones masónicas, rosacruces, tem-
plarias y cabalísticas que existen en las hermandades esotéri-
cas del mundo contemporáneo.
Las doctrinas sumerias y egipcias fueron filtradas o depuradas
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de cualquier huella de politeísmo y de idolatría de su cultura de
origen para insertarlo en la Biblia, pero su esencia fue asimilada
y considerada como buena para transmitir verdades morales y
espirituales al mundo futuro en los documentos Judíos y Cristia-
nos. Similar cosa sucede con el “Verbo Creador de Dios”, des-
crita en los primeros versículos del Evangelio de san Juan, en un
texto muy conocido por los Hermanos Masones.
Las doctrinas religiosas sumerias y egipcias describen el pro-
ceso de creación del universo, por el poder de “La Palabra” de
Anu en un caso y en otro por Atum, o de Ptáh (los sumerios lo
llamaban Enki), el gran arquitecto del cosmos, que creó todo, y
que esta palabra o verbo creador fue personificada en Sumeria
por Enki y en Egipto por Toth. Por lo tanto, el Logos de Juan es el
Cristo Dios, es Toth, es Enki.
Los sumerios, egipcios, los cristianos, y los judíos, crearon todo
un culto a las palabras de Enki, Toth, de Yahvé, o las de Jesucris-
to, para apoderarse de sus promesas, o para redactar bendicio-
nes, hacer exorcismos y otras maniobras religiosas que resumi-
mos como magia, por seis mil años, con tanta eficacia, aunque lo
nieguen los cristianos.
Del libro de Hermes Trismegisto, extraemos el discurso de
Poimandres, el Pastor del Hombre, que confirman esta doctrina
del Verbo de Dios: “Esta Luz soy Yo, la Inteligencia, tu Dios, que
precede a la naturaleza húmeda surgida de las tinieblas. La Pala-
bra Luminosa (El Verbo) que emana de la inteligencia, es el Hijo
de Dios. Entérate, lo que en ti ve y oye es el Verbo, la Palabra del
Señor; la Inteligencia es el Dios Padre. No están separados el uno
del otro, pues su unión es su vida”. Si comparamos lo dicho por
Hermes con el primer capítulo del Evangelio de San Juan. (Juan
1: 1 al 4):
1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo
era Dios.
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1:2 Este era en el principio con Dios.
1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha
sido hecho, fue hecho.
1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevale-
cieron contra ella.
En las tradiciones de diferentes países, los huerfanos, hijos de
la viuda, tienen una connotación especial y ocupan importantes
relatos en estas tradiciones, asi en la tradición legendaria breto-
na, refiere que un hijo de viuda fue el mago y profeta Merlín, un
maestro importante del rey Arturo. Merlín fue hijo de un incubo
–es decir, engendrado por un demonio– y una princesa bretona,
que durante las luchas entre pictos y escotos, el tirano bretón
Vortige intentó construir una torre de defensa, que siempre se
le derrumbaba. Por ello, pidió orientación a sus magos, ellos
le indicaron que un muchacho sin padre podía ayudar: Merlín.
Éste dijo que dos dragones luchaban bajo la tierra en el lugar
donde intentaba construir la torre de defensa.
En la tradición bíblica del Nuevo Testamento es interesante
observar que Jesús de Nazaret, fue un “hijo de viuda”. José su pa-
dre, un hombre mayor, desaparece en las narraciones de la vida
adulta de Jesús, Mateo y Lucas. Solamente mencionan a José en
el nacimiento y niñez de Jesús. Juan escasamente lo nombra y
Marcos no hace alusión a él. Por ello, asumen que José habría
muerto antes que Jesús iniciara su vida pública.
¿Qué tiene el huérfano que resuena fuertemente en la mente
colectiva y en las tradiciones?
Su fortaleza para enfrentar las vicisitudes y los problemas, de
los que sale airoso, transformándose en un elemento ejemplar
digno de los más altos merecimientos y simbólicamente en un
icono de gran poder.
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Tal vez por ello, la tradición masonica hizo suya la practica
de cuidar a las viudas y los huérfanos, y por tomar a los hijos
de las viudas literales bajo su ala protectora en la masonería
tradicional masculina. Ciertamente, las viudas y sus hijos son
algunos de los más necesitados, pero quizás también se sabe
que poseen un potencial único, debido a las consecuencias
psicológicas de su situación.
La pérdida temprana de uno o más padres revela que el huér-
fano enfrenta más peligros reales y potenciales. Sin embargo,
sus terribles situaciones en la vida los hacen más reflexivos,
serios y poseen una capacidad para transformar el problema
en una oportunidad; sin embargo, a menudo también carecen
de ciertas habilidades clave como la confianza para la toma de
decisiones, la disciplina y el liderazgo, cosas que idealmente se
aprende de un padre, por ello su viaje de héroe, generalmente
consiste en aprender estos aspectos enfrentando sus miedos y
la oscuridad de la vida, para probablemente desarrollar cosas
como la sabiduría y el intelecto desde el principio. El desafío al
que nos enfrentamos todos es aprender, y los masones con las
herramientas internas necesarias, pueden manifestar su poten-
cial interno, y eso es exactamente para lo que está diseñada la
masonería.
El resultado final cuando se usa adecuadamente las herra-
mientas masónicas, es que el masón logra ser un líder en la so-
ciedad; líderes reflexivos y sabios, que de otra manera nunca
estarían a la altura de la ocasión, si no hubieran experimentado
el aprendizaje, la curación y el fortalecimiento necesarios para
desempeñar el papel.
El papel de “La Viuda” que le asigna la Biblia a María la madre
de Jesús, y como ella acoge a otros como hijo propio se ve, en el
capítulo 19 del Evangelio de San Juan:
19:25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de
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su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena.
19:26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él ama-
ba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
19:27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre.Y desde aquella
hora el discípulo la recibió en su casa.
Así san Juan, el discípulo amado, se convirtió en el “Nuevo
Hijo de la Viuda”, y naturalmente, todos los discípulos que Juan
fue haciendo en su camino de predicador, fueron adoptados por
María como sus hijos, como Hijos de la Viuda. En todos estos
siglos, todos aquellos que son como Juan, nacidos por segunda
vez, los iniciados, los renacidos a la luz, se han convertido tam-
bién en Hijos de la Viuda. Si vos lee “El descenso de Inanna al
inframundo” de la tradición sumeria, el mito de Osiris de los
Egipcios y los textos bíblicos, hallara la respuesta a lo que afir-
mamos en esta.
Los francmasones, en sus tradiciones, habiendo puesto sus
mentes en la construcción del templo de Dios, por mandato del
Rey Salomón, descubren que el maestro arquitecto que le en-
vió el Rey Hiram de Tiro a Salomón para ejecutar los trabajos,
era hijo de una mujer viuda, de la tribu de Dan. Ese maestro
arquitecto y fundidor de metales llamado Hiram Abi es la figura
central de la leyenda masónica, por el cual los maestros maso-
nes, como hijos espirituales de Hiram Abi, el arquitecto, hijo de
la viuda, son vinculados a la Luz, que en tradiciones antiguas ya
lo habían realizado los egipcios y sumerios, y que ha llegado
hasta nuestros días a través del Antiguo y Nuevo Testamento bí-
blico en la tradición de los llamados:“Hijos de la Viuda”.
La vinculación con la luz, ocurre en la masonería, en la exalta-
ción al grado de Maestro Masón, cuando escenifica el rito ini-
ciático de muerte y resurrección, que los une con todas estas
tradiciones milenarias y la de Jesucristo, y los hace emerger de
la tumba como hombres nuevos, otros dioses, otro Cristo (ungi-
do), y por tanto heredero del Espíritu del Maestro.
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En un pleno rigor conceptual, se afirmaría que las cofradías sa-
cerdotales sumerias, egipcias, los mitraicos, la iglesia cristiana
primitiva y sus derivaciones en santidad y justicia, así como las
logias masónicas, son instituciones iniciáticas, al servicio de la
luz infinita, del logos, de la palabra, destinadas por el plan del
supremo arquitecto a conducir a los hombres y a las mujeres de
todas los tiempos hacia el segundo nacimiento espiritual, y a
nutrir a los neófitos durante su desarrollo.
Esa es la luminosa y noble tarea de los “Hijos de la Viuda”.
Por eso Jesús dijo: “yo soy la luz del cosmos, el que me sigue no
andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Evangelio
de Juan 8:12).
“Tú eres Dios, y el hombre que te pertenece grita estas cosas a
través del fuego, el aire, la tierra, el agua, el espíritu, a través de tus
creaciones.Yo he encontrado la bendición en tu eternidad. Lo que
busco, lo he obtenido de tu sabiduría, y sé que por tu voluntad he
pronunciado esta bendición”. (Libro de Hermes, cap. XIII).
Como ya se mencionó antes, y con el propósito de enriquecer
la tradición de “los hijos de la viuda”, ahora trascribimos una
leyenda de la tradición inca de “los hijos de la viuda”.
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En la tradición andina, Pachacamac y Wa-Kon se enfrentaron
en una dura batalla por la supremacía. Pachacamac representa-
ba la Luz mientras que Wa-Kon la Oscuridad, en esta lucha salió
victorioso Pachacamac, pero solo para tener una paz relativa,
que vivió en compañía de su esposa Pachamama.
“LA LEYENDA DE“WA-KON”
El Dios del Cielo “Pacha-Kamac”, esposo de la diosa de la Tie-
rra,“Pacha Mama”, engendró dos hijos gemelos, varón y mujer,
llamados “Willkas”. El dios “Pacha-Kamac” murió ahogado en
el mar de Lurín y se encantó en una isla; por este hecho quedó
viuda la diosa “Pacha-Mama” y sufrió con sus dos hijitos muchas
penalidades. Era una noche interminable cuando la viuda salió
de Kappur por las fragosidades de “Gasgachin” de la quebrada
de “Arma” y descansó al pie de la roca de “Pumaquihuay”.
Sobre las altas cumbres asechaban monstruos horrendos; los
felinos hambrientos rugían en el fondo de la Quebrada. Llenos
de terror los Willcas lloraban inconsolablemente. La luz corus-
cante de una llama muy leve sobre un lejano picacho llenó de
esperanza a la atribulada madre de los mellizos. Después de
beber en la laguna de “Rihuacocha”, la viuda y sus hijitos, con-
tinuaron su viaje hacia el sitio donde brillaba la luz.
Los “Willcas” no sabían que su padre “Pacha-Kamac” ha-
bía muerto, y dijeron a su madre: “¡Vamos pronto al sitio donde
arde la leña y allí encontraremos a nuestro padre!” La caverna de
“Wakonpahuain” del cerro “Reponge” era el sitio donde ardía
una hoguera: allí vivía un hombre semidesnudo, llamado, “WA-
KON”. Los niños estaban incómodos sobre el asiento. El “Wa-
Kón” sancochaba patatas en una olla de piedra; y dirigiéndose
a los “mellizos” les dice: “Id al puquio y traedme agua en ese
cántaro”. Los niños obedecieron; pero la vasija que llevaron a
la fuente estaba rajada, y por esta causa los “mellizos” tardaron
mucho en regresar a la caverna. Mientras los “Willcas” se de-
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moraban en la fuente, el antropófago Wa-Kón quiso seducir a la
madre de los “mellizos”; más, no pudiendo efectuar su intento,
devoró a la diosa “Pacha-Mama”, quien pagó con la muerte su
gran fidelidad al dios de los cielos, “Pacha-Kamac”. El maligno
“Wa-Kón” se nutrió de la carne y de la sangre codiciada de la
madre de los “mellizos” y guardó una parte de su cuerpo sacri-
ficado en una olla muy grande.
Wa-Kón
Cuando los “mellizos” llegaron del manantial, se dirigieron a
“Wa-Kón” y preguntaron por su madre. “Wa-Kón” les contestó:
“Muy lejos de este sitio ha ido vuestra madre; pero, llegará muy
pronto, ella.” Más, los días pasaban interminables, y la madre de
los “WilIcas” no llegaba. Los niños lloraban amargamente la au-
sencia de su madre. El “Huay-chau”, el ave que anuncia la salida
del sol, que canta armoniosamente durante la aurora matutina,
o tiene un graznido agorero, como las “lechuzas”, y anuncia la
muerte de alguna persona; compadecida de la desgracia de los
“Willcas” les comunicó detalladamente la muerte de su madre
y les anunció el peligro que ellos corrían en la compañía del
sanguinario “Wa-Kón”. Luego de referir a los niños el episodio
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de la muerte de la diosa “Pacha-Mama” el pajarillo “Huay-chau”
les dio un consejo:“Id les dice fuera de la Caverna de “Yagama-
chay” y debajo de una “Huanca” (que era una piedra muy lar-
ga), se halla el “Wa-Kón” durmiendo. Atadlo con su abundante
cabellera hacia la piedra mientras está dormido, y luego huid
de este sitio, porque si el “Wa-Kón” se da cuenta de lo que vo-
sotros le habéis hecho, os matará”.‘Los niños obedecieron este
mandato, y mientras el “Wa-Kón” dormía atado a la piedra con
sus propios cabellos, echáronse a correr vertiginosamente.
En esta desesperada peregrinación encontráronse los “Will-
cas” con el Añas la madre de los “zorrillos”, la cual les dijo:“¿Por
qué emprendéis la carrera quién os persigue…?” Los “Willcas”
contaron a la madre de los zorrillos la tragedia de la Viuda.
El “Añas”, al igual que su compañero de la mañana, el “Huay-
chau”, se compadeció de los Infortunados huerfanitos y los
adopto como a nietos, escondiéndolos en su madriguera. Por
fin, se despertó el “Wa-Kón” de su profundo letargo y, después
de libertarse con dificultad de su prisión, buscó a los “Willcas”
por todas partes.
En su viaje de investigación, el genio maligno encontró a va-
rios animales del campo y conversó con las aves del cielo: pre-
guntó al “Puma”, al “Cóndor” y al “Amaru” si habían visto a los
“Willcas”. Pero estos animales no le dieron respuesta satisfac-
toria. Por último, encontró a la astuta madre de los “Añacos” y
le preguntó si había visto a los “Willcas”. El “Añas” contestóle:
“Si, los he visto que han seguido por ese camino; si tú quieres
encontrarlos con mayor rapidez, sube sobre esa cumbre y en-
tona una canción, fingiendo la voz de la madre de los “Willcas”.
Al eco de esa voz acudirán presurosos los “mellizos”... El “Wa-
Kón” subió al cerro sin comprender que allí, la “Zorrillo”, había
puesto una trampa: comenzó a entonar la canción convenida
con débil y angustiosa voz, llamando a los “Willcas” como ma-
dre cariñosa; y, al fin, puso el pie sobre la piedra fatal de la tram-
pa y rodó al abismo. Su muerte fue seguida de un espantoso
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terremoto. Libres los niños de su cruel perseguidor y asesino de
su madre, vivían muy felices en compañía de su abuela adop-
tiva, la “añas”, que les alimentaba con su propia sangre. Pero
los “Willcas” hastiados de la sangre que era su único alimento,
suplicaron a su abuelita que les dejara ir al campo a “Shanar”,
o sea, a sacar las papas que habían quedado ocultas en la tierra
al hacer la cosecha. La abuelita “Añas” les concedió permiso
para ello; y cuando se entretenían en su labor, encontraron una
“oca” muy dulce que por su forma de muñeca les llamó la aten-
ción. Los “Willcas” se pusieron a jugar con la “oca”, la que se
rompió en varios pedazos y, no teniendo un juguete semejante,
prorrumpieron en llanto. Cansados de llorar se quedaron dor-
midos; cuando despertó la niña contó a su hermanito lo siguien-
te:“Estábamos jugando, dijo, y yo arrojaba un sombrero al cielo
donde se quedaba; aventaba mis vestidos y allí se quedaban.
¿Qué significará todo esto?”... Los “Willcas” estaban pensativos,
cuando, de improviso, descendió del Cielo una soga, “huásca”,
y el “Añas” les aconsejó que por allí se treparan... Subieron to-
dos juntos al Empíreo, donde el gran dios Pachakamac les es-
peraba.
El “Willca” varón se transformó en el Sol, y el “Willca” mujer,
en la Luna. Pero, la vida de peregrinación que llevaron en la
Tierra nunca terminó. El Sol seguirá su viaje astral, enviando su
luz en el día; y la Luna, durante la noche, caminará iluminando
el sendero que les tocó seguir acompañados de su infortunada
madre viuda... La diosa “Pacha-Mama” se quedó encantada en
aquel cerro cubierto de nieves perpetuas, como un blanco su-
dario, que hasta ahora recibe el nombre de:“La Viuda”.
La divinidad suprema “Pachacamac”, queriendo premiar la
fidelidad de esta diosa que con sus hijitos sufrieron tanto, co-
municó a la diosa “Pacha-Mama” la facultad generadora… Des-
de la cumbre del picacho de “La Viuda” la diosa “Pacha-Mama”
envía sus favores a todos los habitantes de esta región: por ella,
el dios del cielo envía las lluvias, fertilizando la tierra hace que
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Nevado Rajuntay de la Cordillera La Viuda en la Región Lima-Perú
broten las plantas y hayan muchas mieses: por ella, los anima-
les nacen y crecen para servir de sustento al hombre: ella es la
madre de los mellizos en las especies del hombre y de los otros
animales. La divinidad suprema “Pacha-Kamac”, también, pre-
mió al “Añas”, haciendo que este animalito pudiera esconder a
sus hijitos en su madriguera, de la misma manera como había
protegido a los “Willcas” durante su estadía sobre la Tierra. Pre-
mió al “Puma”, haciéndole el rey de las quebradas y de los bos-
ques; al “Cóndor”, como señor de las alturas; a la “Víbora”, ha-
ciendo que esta serpiente pudiera defenderse de sus enemigos
por medio de su ponzoña y fuera el símbolo de la fecundidad
y de la riqueza. Con el reinado de los “Willcas”, transformados
en los semidioses el Sol y la Luna triunfó la Luz y fue vencido
para siempre el dios de la noche, el “Wa-Kón”, vengándose de
esta manera la muerte de la diosa “Pacha-Mama”, llamada, por
antonomasia, “La Viuda” (Revista del Museo Nacional, 1933. ·Li-
ma-Perú Tomo II No. 1).
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