Las Rudas Girl Guides
Autor: Carlos Gabriel Vargas Zepeda
Las Girl Scouts, o Girl Guides existen desde hace más de 100
años. Probablemente se piensa que son campistas sonrientes,
vendiendo galletas y ganando insignias, pero voy a contar una
historia diferente. Hablemos de las Guías de la
Segunda Guerra Mundial. Desde 1910, las Guías ofrecen a las
jóvenes una forma de hacer del mundo un lugar mejor a través de la
acción comunitaria, la educación y la defensa. Comenzaron como una
protesta cuando en 1909 un grupo de niñas llegó a un Rally de Boy
Scouts en el Reino Unido y se declararon Girl Scouts. El fundador de
los Boy Scouts estuvo de acuerdo y, un año después, se formaron las
Guías. Comenzaron en el Reino Unido, pero se extendieron
rápidamente a Australia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Nueva Zelanda, y
Sudáfrica. Para 1912 se marcaba el comienzo de las Girl
Scouts en los Estados Unidos. Hoy en día, hay Guías Scouts
en más de cien países. El futuro parecía prometedor, aunque
no todo estaba bien en el contexto mundial. Dos años
después de la fundación de las Guías, el mundo se sumió en
el caos. Un asesinato terminó con la paz de los imperios europeos, millones de
hombres fueron reclutados y surgieron las más brutales máquinas de guerra jamás
conocidas. Armas capaces de destrucción a una escala nunca
antes vista, guerra de trincheras y
combates, hechos que se
definieron como la Primera Guerra
Mundial. Las Guías tuvieron en el conflicto un papel
menor de lo que tendrían décadas después. En el Reino
Unido, el Servicio de Seguridad Británico MI5 utilizó a Boy Scouts como mensajeros
transmitiendo información altamente clasificada tanto por escrito como de memoria,
pero en 1915 fueron reemplazados por alrededor de 90 Guías quienes trabajaron
en la sede del MI5 como mensajeras, ¡aparentemente porque las niñas eran más
confiables! Después de cuatro largos y sangrientos años, la guerra había
terminado. El mundo entero se reorganizó y se
formaron organizaciones internacionales con la
esperanza que nada a esta escala volvería a
suceder. En 1939, después de una serie de
apropiaciones de territorios, los británicos
finalmente decidieron declarar la guerra a
Alemania en respuesta a la invasión
de Polonia. La Segunda Guerra
Mundial acabaría costando decenas
de millones de vidas y volcaría
completamente el orden mundial de nuevo. Como el conflicto
anterior, esta sería una guerra total, no se ganaría con tácticas sofisticadas en los
campos de batalla, sino a una escala mucho mayor. Las potencias y sus aliados
apostaron todos sus recursos a la guerra. Los hombres
jóvenes se alistaron, las fábricas dejaron la producción de
objetos domésticos y optaron por armas para la guerra. Los
británicos se enfrentaron a Japón, ya que ese imperio
invadió China y un gran número de países del Pacífico y del este de Asia. Los
japoneses conquistaron grandes extensiones de territorio chino, incluidos lugares
donde los británicos y los estadounidenses vivieron. Esta lucha parecía un lugar
muy extraño para las Guías, sin embargo, cuando Janie Hampton investigaba para
su libro “Cómo las Guías ganaron la guerra” encontró una extraña entrada en un
diario: "Cantamos nuestra canción ayer. Y decía: -Es
posible que nos hayan enviado a Timboctú. Es posible
que nos hayan enviado a Kalamazoo. No es
repatriación, ni tampoco hambre. Es simplemente
concentración en Chefoo-".
Las Guías cantaron esto para
un espectáculo de Navidad en 1942 en Weixian, que fue
uno de los muchos campos de
concentración construidos para
capturados estadounidenses,
británicos y civiles europeos que vivían en China, entre ellos
cerca de 150 niños con sus maestros, pero sin padres. No
dejes que la alegría de la canción te engañe. Los rumores
sobre atrocidades como la violación de Nanking eran conocidos por los prisioneros,
y muchos oraron por, nada más que una muerte rápida. Los monjes introducían
huevos a escondidas a los campos porque la gente, ahí, moría de hambre. Las
Guías aplastaban las cáscaras hasta hacerlas polvo para que lo comieran las niñas
y así obtuvieran calcio. También, convirtieron en actividades lúdicas la ingesta de
asquerosa comida y la recolección de carbón para mantenerse calientes, incluso
impusieron modales en la mesa, cantaron canciones e
insistieron en una buena higiene. Según los registros
del campo de concentración, las Guías brindaron
estabilidad y moral a
muchos de los
recluidos. Parte del voto
de las Guías es “servir a su país”, y ellas tomaron
este voto de corazón. El lema “Bien Preparada”
también se llevó al extremo y en 1942, iniciaron el Comité
de Emergencia de Guías. Por un lado, se prepararon para
las secuelas de la guerra, trabajando con grupos como el
Ejército de Salvación, los cuáqueros y la Cruz Roja, y por
otro, se unieron a un grupo llamado Servicio Internacional
de Guías, que implicó un intenso entrenamiento físico. Recaudaron dinero y 100
guías entrenadas siguieron al ejército británico para establecer hospitales y
comedores. Los aspectos más destacados de su contribución incluyen el cuidado
de 1,700 personas hambrientas en Rotterdam y apoyo
durante un brote de tifoidea en la guerra devastada
por Alemania. Estuvieron entre los primeros civiles en
llegar al campo de
concentración de Bergen-
Belsen y se les encomendó la tarea de despiojar a los
internos. Algunas tenían asignado un campo de
refugiados en Grecia. Una mujer griega vio el uniforme
de una Guía llamada Alison Duke y la abrazó gritando:
“¡Las Guías de Inglaterra! ¡Usted ha venido! ¡Usted ha venido!". Las Guías incluso
realizaron actos de heroísmo en el rincón más oscuro de la guerra,
los guetos y campamentos del Reich alemán. Las más valientes de
todas fueron quienes se unieron a la resistencia polaca bajo la
ocupación nazi, quien, por cierto, negó su existencia convirtiéndolas
en una organización clandestina. Estas jóvenes rescataron a niños
de los guetos de Varsovia, Vilnius y Bialystok, llevaban comida a
escondidas a los prisioneros en Auschwitz, iban a los tejados de las
casas para palear las bombas incendiarias mientras otras esperaban
en la calle con arena para enterrarlas. Algunas de ellas trabajaron en hogares
infantiles como enfermeras o convertirían la ropa de cama vieja en vendas. Una
Compañía de Guías organizó más de 15 hospitales auxiliares y centros de
refugiados en lugares como escuelas, cines y centros para niños perdidos. Con su
labor, se abrieron cocinas que alimentaban hasta 600 niños al día, a veces incluso
cruzando líneas enemigas para alimentar a los soldados, aunque eso significara ser
capturadas y ejecutadas. Ejemplos, el de Olga Prokopowa, decapitada en Berlín
y Maria Jasinska, ahorcada en Lodz, ambas capturadas en la frontera de
Yugoslavia por ayudar a escapar de un campo de
prisioneros a un soldado británico o el de dos chicas
capturadas y muertas en Auschwitz por distribuir
literatura ilegal, otras de Silesia arrestadas por la
Gestapo porque monitoreaban la radio y produjeron un
periódico clandestino, tres de ellas fueron capturadas y
también murieron en Auschwitz. Las Guías de hoy no cargan el esfuerzo que
demanda una guerra, pero aún su labor es impresionante. En 2009 recaudaron un
millón de libras esterlinas para Changing the World con el fin de ayudar a las
comunidades en lugares como Bangladesh, Chile y Sudáfrica. También, cruzaron a
nado el Canal de la Mancha, navegaron por el Reino Unido e incluso llegaron al
campamento base del monte Everest fomentando la “grandeza femenina”. Ayudan
a millones de niñas a desarrollar la confianza y habilidades necesarias para
convertirse en futuras líderes. Siento que las Guías son pasadas por alto o vistas
como un personaje anticuado y poco convincente. Creo que su historia en la
Segunda Guerra Mundial muestra cuánto heroísmo proviene de ellas.