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Carla Barbero - Publicaciones Unidad Básica

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Published by Juan Pablo Bellini, 2023-10-25 09:34:38

SENSATEZ y SENTIMIENTOS

Carla Barbero - Publicaciones Unidad Básica

SENSATEZ y SENTIMIENTOS


unidadbasicamuseo.org La circulación del material, en todas sus formas, es una alegría. Diseño de tapa e interior: Juan Pablo Bellini Todas las fotografías incluidas en este libro fueron realizadas por Pablo Martínez. Sensatez y sentimientos: sobre colección y archivo LSQH de Valeria López / Carla Barbero; editado por Emilia Casiva. 1a ed ilustrada. Córdoba: 2023. 88 p. ; 21 x 17 cm. ISBN 978-631-00-1107-3 1. Arte Contemporáneo. I. Casiva, Emilia, ed. II. Barbero, Carla, ed. III. Título. CDD 700.905 Esta publicación fue posible gracias al apoyo de Alejandro Londero, Pablo Martinazzo, Marcos Comamala y Atilio Bugliotti.


Sobre Colección y Archivo LSQH de Valeria López Carla Barbero SENSATEZ y SENTIMIENTOS


7 Emilia Casiva UNA INTRODUCCIÓN 1 Muestra de ello son la charla “Construcción de un fantasma”, dada por Carla Barbero en el marco del ciclo “Colecciones en forma” curado por Lara Marmor en el CCEBA durante 2021 y el ensayo “Copia y conserva ¿El efecto Duchamp es un conservadurismo?” escrito por Emilia Casiva, y publicado en el número seis de la Revista Segunda Época, en noviembre de ese mismo año. Desde hace algunos años, la obra de Valeria López participa de nuestro pensamiento, aparece una y otra vez en conversaciones con amigxs y colegas, contagia nuestro lenguaje¹. El anzuelo de esta atracción está en el modo en que sus dibujos y pinturas abren, desde la propia médula, la tradición autorreflexiva del arte de Córdoba para resituarlo en coordenadas más actuales. Lo primero que hay que decir es que López contribuye a la escena desde el compromiso y la sensibilidad (siempre y cuando entendamos a esta última en un sentido tanto estético como afectivo), revelando a través de sus obras una poiesis particular: la de esa misma escena. Sucede que en ellas, la artista no sólo retrata el mundo en el que vive y trabaja, sino que en el mismo movimiento lo crea y este se asoma –así– a nuevas vidas posibles. Por otro lado, si toda poiesis es un proceso creativo en el que se combinan una forma de producción del conocimiento y una forma de juego, la obra de López delata la capacidad de hacer pie en ambas. Virtuosa con los materiales (casi podríamos decir brillante, si no lo hacemos, es para no provocar su pudor), es una artista archi consciente de la historia y las problemáticas de la pintura y experta en las metodologías de la copia y la apropiación, a través de las cuales filtra –perspicazmente– operaciones de la crítica institucional. De tal forma que su obra pone en marcha un programa, pero un programa totalmente abierto a los avatares de una época y de una comunidad determinadas. Un programa


8 coyuntural, entonces. Algunos de los proyectos en que se despliegan estos rasgos han sido (Otro) Paisaje de Córdoba (2016-2017), Apropiaciones de la frontera (2019), Nombrar para disolver fronteras (2019) y el que este libro recapitula: Colección y Archivo LSQH (2018-2021). En algún momento la artista confesó: “… si sostenía la convicción de seguir pintando en Córdoba, esta pintura no podía ser ni creyente ni expresionista y sí conceptual. He pasado varios años afiliada a (…) un decálogo de exigencias alegóricas, autocríticas, racionales, objetivas, no simbólicas ni metafóricas. Insistir en la pintura y también en la representación conllevaba la pregunta sobre cómo sobrevivir en las filas de esa milicia”. López no reniega de esta condición tan local (tampoco lo hacemos nosotras, aquí) pero parte de su núcleo para hacer con ella otras cosas. Cosas nuevas, impensadas. Por eso, su obra nos da más de lo que creíamos saber sobre el arte contemporáneo de esta ciudad. Porque si la inclinación analítica de sesgo “conceptual” se ha vuelto en esta región una condición de ciertas poéticas, no deberíamos olvidar que, como canta Rosario Bléfari, “toda condición es imprecisa”. La obra de López, además, hecha luz frente a la pregunta sobre qué es el arte hoy. Penetra en ese problema sin achicarse, pero sin necesidad de desplegar una tesis al respecto. Por eso la sentimos, también, tan cercana. Por eso y porque Unidad Básica, como colectivo de investigación artística, curatorial y editorial, es la palestra desde donde nos preguntamos cómo construir relatos e instituciones en el arte, mientras lo vamos haciendo. En esa tarea, las historias del arte próximo narradas en los dibujos y pinturas de esta artista, nos envían una clave. “Narrar” es uno de los verbos que más recelo le provocan a la tradición neovanguardista más autocrítica, por la inclinación que este recurso tiene hacia lo personal, lo cercano, los afectos o –de mínima– la representación. Entonces, ¿cómo se


9 conjugan la crítica institucional y el registro sensible? El encuentro y el trabajo colectivo desde los trans-feminismos nos envían la segunda clave. Una clave propia del presente, pero en la que late una genealogía de larga data, ya que en la historia del arte, han sido los feminismos y las disidencias quienes han asumido la tarea de traer a la mesa las propias experiencias vitales y personales como herramienta heurística. Así, tanto jugar como producir conocimiento tienen que ver con atravesar transformaciones subjetivas particulares y comunes. Colección LSQH atiende a estas cuestiones, en una invención que es tan personal como (proto)institucional. En fin, este libro es parte de una serie de ensayos sobre artistas contemporánexs que abren incógnitas y experimentan respuestas en el pantanal de la imaginación histórica. Imaginación que no es para nosotras mera ficción, sino una escritura que se hace junto a nuestros fantasmas, delirios y deseos.


¡porque la grandeza del método se revela en su soberanía sobre lo nimio! Juan Filloy Op Oloop


13 1 El Espacio Cultural Museo de las Mujeres dependiente de la Agencia Córdoba Cultura fue inaugurado en el año 2011. Durante la gestión 2012-2016 a cargo de Sol Mosquera fue conocido como MUMU. Valeria presenta unas pinturas en blanco y negro sobre un improvisado tablón con caballetes, trata de decir algo mientras sus ojos no se despegan de las imágenes y sus manos acusan otro ritmo, más inquieto. Recuerdo esos retratos, parecían esas fotografías en papel que, cuando por accidente se vuelan, la imagen que contienen se deforma al flotar en caída libre. Allí están, sin intención de ser bellas, ni de cumplir alguna función histórica, mucho menos de congraciarse con quienes las observan. En las sucesivas horas, ella sale al balcón que da sobre la peatonal y fuma con la misma presencia que sus pinturas. Desde allí observa, como quien mira por primera vez un circuito eléctrico, se sabe que detrás de todo lo funcional hay fuerzas que esperan su momento protagónico. Conocí a Valeria López en el año 2015 en el contexto de una clínica para artistas en el Museo de las Mujeres¹, espacio en el que por entonces me desempeñaba como curadora. Ella era una estudiante universitaria de artes que encontraba su desafío en la tradición de la pintura conceptual por vía autoreflexiva. Hasta aquí podría ser el caso de muchxs artistas universitarixs de Córdoba. De aquellas pinturas hasta las más recientes, la obra de Valeria no ha hecho otra cosa que profundizar en el desarrollo de esa relación entre pintura y pensamiento mediada por un silencioso estudio de su entorno, ya sea la ciudad en la que vive, sus colegas, los ámbitos donde se despliega eventualmente. Siempre indagando en la Carla Barbero SENSATEZ y SENTIMIENTOS


14 2 David Joselit, “Reassembling Painting” en Painting 2.0: Expression in the Information Age, Museo Brandhorst, Munich. tradición como materia, como práctica y como enigma, la pintura se ha convertido para López en una especie de oráculo, una tecnología que le aporta imágenes para comprender y construir un arte del presente. Ella traza en su mente los circuitos posibles, elabora proyectos como idiomas que requieren de estudio, de ejercicio y de necesidad. Precisamente por esto es que podrían pasar por obras antipáticas, porque la manera en que ha decidido compartir sus ideas es formalista, exigente y, en apariencia, poco sentimental. Sin embargo esta forma es, en definitiva, su más delicada y generosa gracia. Como artista, López abraza la especulación como ese otro modo de conocimiento sin pretensiones de verdad o de falsedad, tal como decía Josefina Ludmer, ese que crece precisamente en su condición de pura posibilidad. Nada más vivificante que el arte que parece una cosa pero es otra, que desafía las categorías de la realidad no distinguiéndola de la ficción y usa su mismo traje. La obra de López se fuga camuflada e interviene en el régimen temporal para fabular sobre su contexto sin romanticismo, para provocar alteraciones en el ritmo de los sucesos sin espectáculo y crear así, un presente a su medida. Valeria hizo de su pintura una máquina perfecta para una actualidad abúlica y un porvenir incierto, modulando sin ingenuidad la opacidad entre documentación y ficción, porque en el mundo de sus imágenes sería imperdonable. Y cuando digo esto, no me refiero a perder la curiosidad o la inocencia para poder acceder a su trabajo, sino más bien a la responsabilidad de la que somos parte si entramos en contacto con él. En este sentido, la subjetividad expresiva de la pintura (de la pintura moderna, claro, pero aquí esa condición está muy presente) es al mismo tiempo una acción en común, es “un pasaje de fuerza a través de la materia” como dice Joselit², y es ese gesto lo que “redefine el trabajo artístico como una forma de acción más que


15 ³ Iniciativa de Natalia Albanese, quien fuera Directora General de Desarrollo y Cooperación Cultural de la Secretaría de Cultura, cartera que llevaba adelante Francisco Marchiaro. 4 Hubo una anterior iniciativa realizada por el gobierno provincial del Gobernador José Manuel De la Sota que incluyó la construcción de unos departamentos dentro de la Ciudad de las Artes pero a poco de su inauguración en el año 2005, el uso fue desvirtuado con fines de representación”. Llegamos así a una de las claves para pensar el trabajo de esta artista, en especial de la serie que nos convoca en este libro: Colección y Archivo LSQH (2018). Es una de esas obras que, como un agujero negro, atrae las fuerzas gravitatorias del arte contemporáneo de Córdoba. Es decir, reúne a la inevitable tradición de la pintura y sus desafíos actuales; a la crítica institucional tan visitada por el arte local; a las discusiones en torno a los patrimonios artísticos públicos (y privados) y, por último, a las nuevas formas de colectividad en el arte y su representación. Acción por sobre la representación de un estado del arte en Córdoba. colección y archivo LSQH La Sala Que Habito (LSQH) fue una residencia de artistas que funcionó desde el año 2013 al 2019 dentro del Cabildo de Córdoba, un edificio del siglo 17 ubicado en el centro de la ciudad. Símbolo de las trifulcas civiles, ha sido sede de la casa de gobierno, una cárcel y museo, y allí también funcionan, desde 2011, las dependencias del área de cultura municipal. Entre sus últimos usos, albergó en su planta baja una residencia de artistas por iniciativa de las autoridades del momento³. Esta residencia era la única de administración pública que estaba funcionando en Córdoba⁴, su ubicación en el centro comercial de la ciudad facilitaba el alto tránsito en un edificio a puertas abiertas, es decir, era muy accesible al público espontáneo. Se podía entrar a descansar en las galerías que dan a los patios, utilizar los sanitarios, como también circulaban quienes iban por reuniones a las oficinas y de paso, también se podía ver qué estaban haciendo lxs artistas, día tras día. A diferencia de la modalidad habitual de las residencias, en LSQH no se podía dormir, la propuesta


16 administrativos. Vale decir que en esos años fue muy significativo el cambio en materia de infraestructura edilicia para espacios artísticos de la provincia, como la ampliación del Museo Caraffa, la creación de los museos Palacio Ferreyra, Dionisi, la construcción de la Ciudad de las Artes, etcétera, aunque todo quedó en la dimensión edilicia sin impactar en las dinámicas de gestión y programación de los espacios. se parecía más a un taller abierto, casi un hogar de día para artistas. Se accedía por invitación, por una cadena de sugerencias entre artistas, como también mediante convocatorias abiertas. En esos años, la residencia generó una programación dinámica y era clara la intención oficial de posicionar el proyecto como uno de los modos que encontraron de promocionar la producción de obra visual contemporánea. LSQH contribuyó a visibilizar a la generación de jóvenes artistas de los años 2010 con mínimo presupuesto y logró ser parte de un imaginario del arte contemporáneo de Córdoba. En febrero de 2018 ingresó a la residencia López, quien además de artista ya se desempeñaba como investigadora en la Universidad Nacional de Córdoba y se propuso trabajar en torno a la propia residencia, para lo que fueron muy importantes los cinco meses que duró su estadía. Su residencia transcurrió durante el último año de una gestión municipal, ya que se avecinaban las elecciones y los posibles cambios políticos y su impacto en dicha residencia funcionaron como una motivación clave. Comenzó con entrevistas a las personas involucradas, artistas y trabajadorxs municipales. Entre los datos que se desprenden de esos intercambios llama su atención uno en particular: cada artista, excepto por muy pocos casos, al finalizar su residencia donaba una pieza, obra u objeto. López, siguiendo su método, comprueba que esas “entidades” existían, estaban reunidas y expuestas en un estante de la oficina de la Directora General de Desarrollo y Cooperación Cultural de la Secretaría de Cultura. Esa imagen, la de los objetos dispuestos con orgullo como una pequeña colección sobre un frágil display, predecía el destino. Lo que era un movimiento espontáneo de nobles propósitos competía con el paso del tiempo. A cada uno de esos objetos López los observó con la exhaustividad y el rigor de la investigación científica,


17 5 En este libro podrán observar que en el recorrido de las imágenes hay también “páginas en blanco”. En realidad se trata de pinturas en blanco realizadas en la misma técnica y formato que el resto de la serie, a través de las cuales López señala la ausencia de la pieza en el caso de artistas que decidieron no hacer una donación. 6 Violeta Kesselman en la presentación del libro Teoría del demonio solo seguido de Ensalada rusa en la SIDE de Santiago O. Rey, Ed. Isla Flotante, CABA, 2022. 7 El cambio de gestión fue un hecho y después de veinte años el peronismo ganó las elecciones municipales, degradó la Secretaría de Cultura a Subsecretaría, y Federico Racca fue el primer responsable de esa cartera, no el único. Al iniciar la gestión, la residencia, como otras iniciativas, no tuvieron continuidad. 8 La sala que habito 2013-2017, Editorial Municipal, Córdoba, 2018. primero desde sus aspectos formales y materiales, en cuyo caso implicó estudiar la paleta de colores valiéndose de fotografías. En esas hojas que iba confeccionando como fichas, se pueden observar también anotaciones de la artista con datos o evocaciones derivadas de las entrevistas. Esto lo hizo con cada una de las piezas disponibles y así nace el Archivo LSQH. Un despliegue obsesivo, la desnudez de la máquina. Cuando la sistematización estuvo muy avanzada inició una serie de veinticinco pinturas que retrataron, de modo hiperrealista, cada uno de los objetos con el mismo fondo neutro, todas de un tamaño pequeño de 21 x 17 cm, con las figuras centradas flotando o levitando, como una típica imagen de catálogo, elevadas a objeto de deseo⁵. En esta decisión de presentarlos así, la pregunta sería ¿qué está haciendo la voz de la artista? La sutileza de desplazar un yo enérgico supone conjeturas acerca de las dimensiones políticas de su trabajo. Imposible saber qué habría hecho otra artista con el mismo propósito de construir una historia reciente de la residencia municipal. Sin embargo, algo que hasta ahora no he mencionado pero está siempre presente es la posibilidad de la queja, la protesta o la provocación. López calibra su máquina para crear una colección que jerarquiza aquello que era frágil, pero como dijo Kesselman⁶ sobre la obra de otro artista, “si el temor es el de ser lloroso, quejoso, lamentoso, hay que sacar al sujeto de la emoción”. El yo de López se viste de una voz institucional, la de un catálogo oficial, o de un ideal de gestión pública cultural. Las pinturas proyectan hacia el futuro una valoración sobre cada elaboración allí germinada e incluso sobre la residencia misma (por cierto, desde diciembre de 2019 desmantelada por el nuevo gobierno)⁷. Una sinergia pícara sucede al mismo tiempo que López avanzaba en su residencia, y es que la gestión municipal hace lo propio con la edición de un libro oficial⁸. El huevo o la gallina no


18 es la incógnita importante, sino la vibrante relación entre artista e institución que hizo que aquellos objetos tristemente reducidos a una función de souvenir, engañaran su fútil destino. Estas pinturas impolutas de López intentan convencernos de sus valores de transparencia, aunque la opacidad que las abraza sea su virtud. Recordemos que el intercambio era tácito y de legitimidad dudosa, lxs artistas no dejaban un material muy valioso, más bien, se trataba de restos y marcas de su paso por allí. Desprovistos de todo contexto, esos objetos bien podrían haber pasado como objetos perdidos en las terminales de colectivos, o hallazgos posteriores a una fiesta entre amigxs. López con toda esta operación traza un círculo sobre la cuestión sistémica del arte y genera la infraestructura para crear una elegante colección imaginada, compuesta por obras de artistas de Córdoba de lxs más activxs de esos años, entre lxs que se destacan Eugenia González Mussano, Juan Gugger, Lucas Despósito, Dianela Paloque, Samantha Ferro, Julia Levstein, Gisella Scotta, Gabriela Acha, Pablo Martínez, Noel de Cándido, entre otrxs. una familia muy normal Cuando lxs residentes finalizaban su estadía se realizaba un estudio abierto (más abierto que la propia residencia) que incluía invitaciones especiales a periodistas, coleccionistas, y al habitual medio artístico, es decir un cierre inaugural, valga la paradoja. Recuerdo asistir al de López y ver en cada pinturita la dedicación a sus colegas. En un nuevo tablón con caballetes estaban dispuestas sus anotaciones, los lienzos sin embastar parecían hojas arrancadas de algún libro. Todo ordenadamente dispuesto, su máquina perfecta se nos ofreció como un regalo,


19 podíamos ver a sus colegas con sobrada atención. Las preocupaciones de la artista por las discusiones patrimoniales contrastan con los repertorios habituales de esas contiendas. Igualmente, su trabajo tiene algunos parientes cercanos. Por caso, la obra Camouflage (2013) de Luciano Burba (Córdoba, 1980) premiada con el segundo galardón en ocasión del Salón y Premio Ciudad de Córdoba. Se trataba de una pintura sobre lona que copiaba el slogan de la gestión municipal que rezaba “Ordenar es el camino” con tal realismo, que el día del montaje de la exposición fue confundida con un cartel y se traspapeló por unas horas. Más allá de la provocación, la obra funcionaba explícitamente como una vía de financiamiento para un proyecto editorial y así le fue informado al jurado en su postulación. Burba hacía uso de la única instancia de acceso a fondos públicos cordobeses para tales fines. No había otras iniciativas que involucraran un estipendio económico para artistas, en ese momento. También en la calle de la mímesis, buena parte del cuerpo de obra de Manuel Molina (Córdoba, 1988) es afín, como aquella copia alegórica del diario La Voz del Interior (2014) exclusivamente dedicada al vandalismo de la escultura de Ana Frank ubicada entre los museos Emilio Caraffa y Palacio Ferreyra. Lejos de la solemnidad, esa pieza toma un hecho de la realidad para construir una especulación, dirigiendo la atención al derrotero sobre la autoría y sucesivas restauraciones fallidas de la escultura que salieron a la luz, a partir del vandalismo. Una verdadera fuente de noticias sobre este patrimonio público. Imitar la naturaleza del objeto de interés sobrevino en una forma de protesta que modificó el lenguaje antes vinculado estrechamente a las expresiones gráficas, urgentes y callejeras. La idea de transformación social se desplaza por la transformación de lo aparentemente real. Un entre, una virtualidad. El registro contemporáneo del


20 9 TAF nace en la ciudad de Córdoba en el año 2020 como espacio de activismo feminista dentro del campo de las artes visuales para despatriarcalizar las propias prácticas, el medio y sus instituciones y tejer redes con otras organizaciones en pos de generar herramientas políticas de reivindicación salarial entre otras. Aunque tuvo varios comienzos, entre 2017-2018 se realizaron reuniones en sintonía con Nosotras Proponemos de Buenos Aires, y para las marchas del 8M. Después, en 2019, fueron más continuas tanto las reuniones como las acciones dentro del taller que ocupaba la artista Sofía Sartori hasta que en un 2020 con pandemia la organización fue más compacta. Entre 2019 y 2020 se le puso nombre al grupo: Trabajadorxs del arte feministas. 10 “The economy, stupid”, fue una frase muy utilizada en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992, que lo llevó a convertirse en presidente de los Estados Unidos. La frase se popularizó como “es la economía, estúpido” y la estructura de la misma ha sido utilizada para destacar los más diversos aspectos que se consideran esenciales. Tal como lo indica su publicación en Wikipedia. arte parece ofrecer estrategias más higiénicas en principio, menos efímeras después. En este sentido, podría decirse que la crítica institucional se viste de activismo artístico y está tan presente en un colectivo como el de Trabajadorxs del Arte Feministas –TAF⁹, en el que participa López– como en obras que participan del circuito académico, y hasta del comercial. ¿Qué diferencia, entonces, estas obras de los años 2010 de las manifestaciones artísticas de los años 90 en plena crisis institucional de Córdoba? Es la economía estúpido!10 Entre la emergencia de los oscuros casos de corrupción del gobernador radical Eduardo Angeloz que saltaron en los 90, el ajuste sin igual de la gestión de Ramón Mestre (padre), la aparición de los bonos Lecor y Cecor que reemplazaron al dinero en la crisis de los 2000, el tejido social estaba arrasado por el neoliberalismo del justicialista Carlos Menem. En esos años el arte en Córdoba para muchxs era el medio por el cual se podía irrumpir en la opinión pública, tener una voz colectivizada en la calle igual que los distintos sectores sociales que salían a resistir las medidas de gobierno. Como en el caso del colectivo de artistas “Las chicas del chancho y el corpiño”11 de los años 90 o “Urbomaquia”12 desde el 2001, ambos herederos del imaginario de las revueltas políticas culturales de la posdictadura. En cambio, el régimen del arte contemporáneo actual homologa su representación mediante el circuito económico, que aunque precario en este país, ofrece un menú de posibilidades de desempeño más amplias que la docencia o el trabajo institucional para sustentar la vida. Como también ofrece lógicas enunciativas alejadas de lo abyecto, capaces de traficar intereses de los más diversos pero hegemónicos, como el del porvenir profesional del arte. En este sentido, un síntoma a la vista es que dentro de los numerosos roles que lxs artistas han desempeñado en la historia reciente, también se incluye el desarrollo


21 11 Alicia Rodríguez, Marivé Paredes, Viviana Oviedo y Cristina Kiki Roca accionaron colectivamente durante mediados de los años 90 a través de intervenciones callejeras con altas dosis de sátira y humor. Valioso material de archivo e investigación está disponible en la publicación Archivo de las intervenciones realizadas por Las chicas del chancho y el corpiño entre los años 1995-1997 en la ciudad de Córdoba editado por Casa Trece Ediciones, 2022. 12 Formado en 2001 por Magui Lucero, Liliana Dinegro, Sandra Mutal, Guillermo Alessio, Walter Moyano y Susana Andrada, con la incorporación al año siguiente de Patricia Ávila. Mientras escribo esto, sucede la exposición retrospectiva del colectivo Dar la palabra curada por Carina Cagnolo en el Museo Caraffa. de proyectos comerciales como son las galerías de arte. López no es la excepción, y junto con el artista Pablo Martínez abrieron en el año 2021 Satélite, la galería que llevan adelante y a través de la cual participan de ferias conformando una plataforma de gestión que difunde a artistas de las provincias. patrimonios y algo más Volviendo al proyecto de López, Colección LSQH, este simulacro patrimonial también se suscitó ante el rumor que circulaba en los pasillos del Cabildo, el que decía que se había considerado al conjunto de objetos como un acervo con la idea de ingresarlo a la colección del Museo Municipal de Bellas Artes Genaro Pérez. El rumor incluía que la iniciativa fracasó. A esta cadena de sucesos sumemos el interés del coleccionismo privado, tanto así que ambos conjuntos, la Colección y el Archivo de López pertenecen a dos colecciones de Córdoba, la de Atilio Bugliotti y la colectiva de Marcos Comamala, Pablo Martinazzo y Alejandro Londero. ¿Por qué es importante la dimensión patrimonial para este proyecto? La respuesta está en el contexto. A diferencia de otras provincias, el arte en Córdoba reviste de una dimensión altamente institucionalizada por la influencia de la Universidad Nacional y su Facultad de Artes, así como también de la Universidad Provincial y su Escuela Figueroa Alcorta, sumado a la mayor cantidad de metros cuadrados destinados a museos y centros de artes en una ciudad del país, fuera de Buenos Aires. Sin embargo, la presencia del arte contemporáneo, en especial del local, en las colecciones públicas es minúscula, y esa disforia posiblemente sea la que lleva años alimentado obras y acciones de artistas de diferentes generaciones.


22 13 Entre el 2010-2020 se realizaron dos exposiciones con obras de la colección, en 2017 en el Palacio Ferreyra “Inventario fragmentado” curada por lxs rosarinxs Guillermo Fantoni y Adriana Armando; en 2018 en las salas del Caraffa se expuso la donación de obras y de archivo de Horacio Juárez curada por el equipo de Colección. Para ampliar la idea de contexto y su relación con Colección LSQH tomaré dos museos con algunos indicadores respecto de sus colecciones: el Museo Provincial de Bellas Artes Emilio Caraffa (1914) y el Museo Municipal de Bellas Artes Genaro Pérez (1947). Como en casi todos los museos públicos del país, el ingreso de obra a las colecciones ocurre mediante aleatorias motivaciones personales privadas y/o sucesos eventuales públicos. En el Caraffa se estila que luego de las exposiciones temporales lxs artistas donen alguna pieza (nada se diferencia del acuerdo que tenía la residencia). Además, se adquieren obras a través de programas para tales fines que financian instituciones privadas y asimismo por la decisión personal de la dirección de turno, e incluso de funcionarxs de la Agencia Córdoba Cultura. A esto se le suman las obras que ingresan por los premios que organiza la Asociación de Amigos. Por ejemplo, entre el 2012 y el 2020 ingresaron 385 piezas de las cuales sólo en un 12 por ciento fueron adquisiciones, eso representa unas 53 obras y de esas, 35 son de una misma serie de un mismo artista. Esta información y mucha más está a disposición para quien quiera consultarla, y esto también parece suceder con la colección. Sabemos que está ahí, que tiene un gran trabajo de archivo, catalogación, conservación, sin embargo, no la conocemos porque las exposiciones del acervo son demasiado esporádicas 13. Si alguien pasa viviendo diez años en Córdoba quizás tenga la suerte de ver una o dos exposiciones con algunas pocas piezas del acervo. Tampoco las colecciones públicas de Córdoba tienen catálogos razonados actualizados. En este sentido, la marca definitiva de López es la de crear además una pequeña historia del arte contemporáneo local. En el caso del Genaro Pérez, en cambio, podemos ver obras de la colección porque usualmente la planta baja se destinaba para la exposición permanente, aunque


23 14 Vale aclarar que el ingreso vía Salón fue reemplazado por obras que se adquirían en la feria local Mercado de Arte a través de un fondo creado por coleccionistas que luego donaba las obras al museo. Al menos desde el 2017 hasta el 2020. Actualmente, en el verano del 2023, no hay novedades sobre el Salón, y la feria que fue suspendida quince días antes de realizarse en el 2022, tendría su nueva versión en junio. Recordemos que ambas iniciativas están legisladas por ordenanza municipal. retratos, paisajes, figuras públicas son algunas de las decimonónicas categorías por las cuales se presentaban al público. En los últimos años, la modalidad de invitar artistas a “intervenir” la colección removió algún que otro polvo, pero se trató más de agudizar el trabajo de curaduría que pueden realizar lxs artistas. En el Genaro, la incorporación de obra durante el mismo período es radicalmente inferior al del Caraffa (metros, equipo, presupuesto, protagonismo, son varios los indicadores diferenciales que por supuesto derivan de la incomprensible indiferencia que sucesivas gestiones le han dedicado) se trata de 45 a 50 obras aproximadamente. De las mismas, 19 ingresaron a través del Salón y Premio Ciudad de Córdoba vigente hasta el 2016 14, 26 piezas por donación de artistas después de sus exposiciones temporarias y ninguna adquisición del museo. Podríamos decir que lo que tienen en común la colección de López con el entusiasmo municipal de esos años, es la atención al arte contemporáneo como un tejido de valor en el ecosistema. Para la “muni”, desde el punto de vista de las industrias culturales. Para López, frente a las dificultades burocráticas y de anemia institucional, la práctica artística es la máquina para saltar por arriba el frondoso laberinto patrimonial. Quizás no se trate tanto de integrar colecciones que puedan decir algo de la historia, sino de crear colecciones que muevan la historia. Tal como la pintura durante las vanguardias, Colección LSQH parece ir más allá de recuperar voces y experiencias de artistas locales, de catalogar para dar cuenta de un momento específico del arte en Córdoba –tal como lo hace todo acervo– sino que avanza en la posibilidad de la pintura como ficción para intervenir en las dinámicas institucionales reales y al mismo tiempo reparar el tejido emocional a través de una representación colectivizada de artistas. Así como afirma la inutilidad del objeto artístico


24 como entidad preferencial ponderando una colección virtualizada, López confirma que, incluso por vías inesperadas, algunos sucesos poco relevantes pueden convertirse en históricos.


COLECCIÓN y ARCHIVO LSQH


26 Proyecto N°0. Taller de baldosas de ANDA 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm


28 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°1. Otra ciudad es posible (otra ciudad es necesaria) de Elisa Canello


30 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°2. Sodoma y Gamarra en el acto de Susana Gamarra


32 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°3. Acciones para un mundo menos refinado de Eugenia González Mussano


34 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°4. El habitante del espacio interior de Lucas Despósito


36 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°5. La actualidad es la pausa intercrónica en la que nada sucede de Juan Gugger


38 2021 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°6. Construcciones de Martín Carrizo


40 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°7. Pulse: un recorrido desde los sentidos al pensamiento de Noel De Cándido


42 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°8. Cantera: dinamitando el paisaje de Córdoba en imágenes de Constanza Chiappini


44 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°9. Entre el espacio y yo no hay nada más que la piel de Dianela Paloque


46 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°10. Entrevistas de Martín Russo


48 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°11. La sala del deseo de Samantha Ferro, Mercedes Zamar y Mariano Grebnicoff


50 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°12. Trayectogesto de Pablo Martínez y Gastón Goulu


52 2018 Acrílico sobre lienzo 17 x 21 cm Proyecto N°13. Mudar | Parcialmente concebible de Gabriela Acha


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