vieron corrieron tras ella para cazarla,
ya que tenía un pelaje muy brillante.
No pasó mucho tiempo cuando se vio
rodeada de cazadores. Entonces ella
asustada, corrió lo más rápido que pudo
y accidentalmente se resbaló y cayó
al río. El agua lavó todo el maquillaje
y cuando salió del agua, con su pelaje
negro de nuevo, los cazadores no
pudieron verla porque se confundió con
la noche, así que escapó sin problemas.
Fue allí cuando se dio cuenta que su
diferencia era una gran virtud y no un
defecto. Cuando regresó a su hogar le dijo a quien se burlaba de ella:
— Di todo lo que quieras, ya no me importa porque ahora
comprendo que solo soy diferente y eso me hace especial.
Moraleja:
Valora siempre tu apariencia, porque lo
que te hace especial es la diferencia.
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El humilde zorro rojo
y el conejo arrogante
José Jorge Mojica
En un bosque había un humilde zorro que tenía mucha
hambre. El zorro no acostumbraba comer a otros animales
pero esta vez tenía tanta hambre que podría comerse a
cualquiera. Entonces se encontró con un conejo. El conejo
viendo los ojos del zorro entendió sus intenciones.
-Zorro inútil eres
muy lento para poder
agarrarme - dijo el
conejo -Yo soy muy
rápido saltando,
corriendo y nadie
puede alcanzarme.
El conejo era muy
arrogante y enseñaba
sus habilidades con
orgullo. El zorro reconociendo sus debilidades le respondió:
-Tienes razón, sí soy muy lento y además
estoy muy débil para poder correr.
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El conejo solo se burló del zorro. Pero el solo en lugar de intentar
perseguirlo le dijo: -Tome señor conejo que esto es un tipo de lechuga
único y como yo no lo puedo comer creo que a usted le gustaría.
El conejo respondió: -Ves que ahora ahora reconoces
mi esplendor, ahora me estas dando regalos.
El conejo no tenía miedo del zorro
ya que el zorro estaba débil por
el hambre y él sabía que era más
rápido. Con una sonrisa tomó la
“lechuga” y se la comió. Justo después
el conejo se sintió débil. El zorro
comenzó a sonreír y le dijo: - Conejo
arrogante se te olvidó que nosotros
los zorros somos muy buenos para
poder engañar a otros animales.
El conejo se dio cuenta que había caído en la trampa del zorro.
Entonces enojado le preguntó: - ¿Qué me has dado zorro? Ahora era
tiempo para que el zorro le diera una lección. - Te di remolacha que
es básicamente veneno para los conejos y usted por su arrogancia
no pensó nada malo de mi regalo. El conejo creyó que el zorro se lo
comería, pero en lugar de eso le dijo: - Ya se me quitó el hambre, así
que no te preocupes, no te comeré, iré buscar bayas y otros vegetales.
El conejo estaba confundido y comenzó a reflexionar sobre
su arrogancia mientras miraba alejarse al zorro irse.
Moraleja:
Cuando un desconocido te da algo
que parece bueno, ten cuidado
que puede ser un veneno
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El conflicto entre los
fuertes leones y las
pobres tortugas
Estefania Román
Después de un largo día de peleas en el bosque, las tres tortugas
hermanas ya estaban cansadas de ser maltratadas por los
leones. Todas llegaron al acuerdo de que tenían que tomar fuerzas,
y reunir a todos los animales para dar un mensaje importante.
—Y ahora qué quieren ustedes, si no
sirven para nada.—Dijo el león.
— ¡Callate! Nosotros queremos que
haya igualdad entre todos — dijo
la tortuga, mientras se acercaban a
los otros leones. — Nosotras solo
queremos sentirnos seguras en este
ambiente, aunque no seamos iguales
a ustedes y la única manera para que ustedes nos respeten y seamos
tratadas de la misma manera es solo si pudieran vivir como nosotras,
y así entender y sentir como es esta vida — concluyó la tortuga.
— ¡Eso es absurdo! Nosotros no podemos vivir como
ustedes, simplemente no nacimos para eso y tampoco
54
es nuestra culpa que este bosque no sea adecuado
para todos los animales. — dijo el león líder.
— ¡Claro que sí podemos, nada hacia la justicia y la
igualdad es imposible! Ustedes tienen que poner trabajo
de su parte. — exclamó otra de las tortugas.
Todos los animales quedaron sorprendidos por la valentía de
ellas, gritaban y aplaudían por el discurso de esas tortugas.
En un instante, un león se levantó ante todo el público
y les dijo que estaban de acuerdo: — está bien— dijo—
trataremos de vivir como ustedes, intercambiamos roles.
Pasaron algunos días, hasta que los leones aprendieron a
disfrutar la vida con paciencia y pasaron mucho tiempo por
los lagos. En cambio, las tortugas pasaron felices tratando de
ser rápidas y fuertes. Con la ayuda de otros animales, hicieron
actividades de cazar, correr, pelear como los leones.
— ¡Gracias por esto! Espero que se hayan dado cuenta de las
diferencias que hay entre nosotros pero eso no significa que
podemos ser discriminadas por nuestra apariencia, ni por nuestras
habilidades diferentes. — Exclamó con alegría una de las tortugas.
—Ustedes no tienen garras, ni dientes filosos, pero
si tienen muchísima paciencia para ser como son,
las admiro — exclamó riendo un león.
Gracias por ser parte del bosque, y vamos a estar más
unidos que nunca. ¡Por ustedes aprendimos a aceptarnos
tal como somos! — exclamó alegre el león líder.
Moraleja:
Entre nuestras diferencias,
también tenemos un poco de paciencia.
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La aventura de la
tortuga y el perezoso
Yirhim Kim
En un bosque pacífico, vivían dos mejores amigos: una tortuga y
un perezoso. Ellos compartían muchas cosas en común, como
el hecho de que ambos eran muy lentos en todo y que amaban las
cosas brillantes. Un día, el perezoso escuchó un secreto entre los
animales del bosque, que en la cima de la montaña más alta del
bosque, se encontraban los tesoros más preciosos del mundo. Al
escuchar que nadie había logrado llegar a la cima de esta montaña,
el perezoso fue a la tortuga para contarle todo lo que había oído.
—Sé que amas las cosas
brillantes como yo, ¡así
que te estoy ofreciendo
ir conmigo para
recoger esos tesoros y
compartirlos!—susurró el
perezoso con emoción.
—¿Qué estás
exclamó la tortuga con entusiasmo. esperando? ¡Vamos!—
Luego, llenos de energía, el perezoso y la tortuga comenzaron
a escalar la montaña. Sin embargo, a medida que subían
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más y más, su cansancio aumentaba No pasó mucho
tiempo para que el perezoso comenzara a quejarse:
—¡Puaj! Los dos
somos demasiado lentos,
nunca llegaremos a la
cima de esta montaña
tan alta. ¡Ya ni siquiera
sé dónde estamos y qué
tan lejos tenemos que
caminar solo para subir
la cumbre! Oye, creo que
ya deberíamos bajar,
esto es imposible.
—¿Y los tesoros? ¿No los querías? Vamos, sigamos adelante.
¡Podemos llegar a la cima si damos nuestros mejores esfuerzos!—
respondió la tortuga, tratando de motivar al perezoso.
—Ay... Por supuesto, sí lo quiero mucho, pero realmente
no creo que podamos lograrlo... Voy a bajar y pienso que tú
también deberías rendirte. Tienes que admitir que lograr
conseguir esos tesoros es un sueño que nunca se hará
realidad—dijo el perezoso con apatía a la tortuga.
—Está bien, entonces, haz lo que quieras. Sin embargo,
puedes bajar tú solo, porque yo seguiré subiendo. Estoy cansado
como tú, pero haré todo lo posible hasta el final—afirmó la
tortuga mientras declaraba su determinación al perezoso.
Después de un mes desde que el perezoso y la tortuga
se separaron, el perezoso estaba comenzando a preocuparse
por la tortuga que aún no había regresado de la montaña;
pero al día siguiente, sucedió algo increíble. El perezoso vio a
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la tortuga regresar de la montaña, cubierto de oro y joyas,
una gran bolsa llena de riquezas. El perezoso, sorprendido
de que la tortuga realmente llegara a la cima y regresara
luciendo más rica que nunca, le dijo cuidadosamente:
—Em… Mirá tortuga, aunque te dejé a mitad de camino, ¿aún
podemos compartir los tesoros? Eso es lo que acordamos, ¿verdad?
—Sé que eres mi mejor amigo, pero no puedo compartir
esto —dijo la tortuga con decepción — Subí la montaña con todas
mis fuerzas. Fue persistente con mis metas, sin importar cuánto
tiempo me costara lograrlas, mientras que tú decidiste rendirte y
dejar ir tu propia oportunidad, por tu ociosidad e inconstancia...
Moraleja:
Lograrás todo con la perseverancia,pero
nunca tendrás éxito con la inconstancia.
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Lo incorrecto y
lo correcto
Fernando Moya
El rey de la ciudad ordenó un filete de elefante y con prisa un
cazador es informado. El cazador le contó a su esposa con gran
entusiasmo el beneficio económico que recibiría al completar
esta orden. — ¿Sabes que tan ricos nos volveríamos?— dijo el
cazadora su esposa. Su esposa rápidamente le recordó: —¿Estas
conciente que los elefantes están en peligro de extinción?
El cazador dudó un poco y comenzó a reflexionar sobre sus
decisiones, pero el rey seguía insistiendo y tentando al cazador
con subirle el pago que recibiría a cambio de conseguir el
elefante. El cazador dudando entre hacer lo correcto o lo que
le beneficiaría económicamente, se dijo a sí mismo: —Aceptar
este pedido va encontra de mis valores y los de mi esposa, debo
hacer lo correcto. El cazador se tomó el tiempo en responderle
al rey, pero luego le dijo: —Su majestad he decidido no aceptar
este pedido porque tengo que hacer lo que es correcto y no cazar
animales en peligro de extinción. El rey le dijo que entendía y
respetaba sus valores personales, que admiraba su determinación
porque existían pocas personas que aún tenían dignidad y no se
vendían por nada. El cazador ahora trabaja para proteger animales
en extinción junto a su esposa para tener un mejor futuro.
Moraleja:
La verdadera riqueza es vivir
una vida libre de vergüenza.
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Tortuga agradecida
y la Ardilla
Diego Martinez
Una tortuguita muy lastimada viajaba por una isla, allí se encontró
a un mono muy sabio que había bajado a comer algo, la vio y
se acercó a ayudarle. —¿Qué te ha pasado? ¿dónde están tus padres,
pequeño?— preguntó el mono. La tortuga
no hablaba, pues estaba asustada y herida.
Pero con la amabilidad del mono, poco
a poco, ella fue aceptando su ayuda. El
mono sanó sus heridas y como era de
esperarse, se hicieron buenos amigos. Años
más tarde, la tortuga andaba buscando
comida pues había una sequía y no había
pescados tampoco. Encontró un árbol
con solamente una fruta y justo cuando
iba a comer oyó una voz que le dijo:
—¡espera! He andado buscando comida y no he podido encontrar
nada — era una ardilla que pasaba también
por allí. La tortuga aunque estaba muy
hambrienta, recordó lo que el mono le había
enseñado y decidió invitar a la ardilla a comer,
pero está solo entró y en descuido le robo
todo. La tortuga muy triste, siguió caminando
con la esperanza de encontrar algo más para
comer. Al poco rato vio al otro lado del río
unas frutas caídas. La ardilla que también
pasaba por el lugar pensó en lo apetecible
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que se miraban las frutas, pero
sabía que sin ayuda de la tortuga
no podía cruzar. Entonces un poco
avergonzada por lo que le había
hecho antes, fue a pedirle a la
tortuga: —por favor lléveme al
otro lado y esta vez prometo no
robar su comida. La tortuga aun
sabiendo lo que le había hecho
antes, decidió ayudarla para que ambas pudieran comer. La ardilla le
preguntó: — ¿por qué decidiste ayudarme si yo te había demostrado
mi deslealtad antes? La tortuga se río y le dijo: — cuando era pequeña,
un mono me ayudó sin yo haberle hecho nada. Me enseñó que la
gratitud es algo muy importante, pues si la vida me da tantas cosas,
siempre hay que ayudar a los demás cuando tengamos la oportunidad.
Moraleja:
Si tratas a los demás como
quieres ser tratado, aprenderás
que no todo ha terminado.
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El karma que le
tocó al mapache
Lily Stephens
Por las horas del mediodía, se encontraba al mapache conduciendo
con esperanzas de reencontrarse
con su amigo, la tortuga. Al pasar
por las calles de Nicaragua, decidió
comprarse una Coca-Cola en bolsa y
en un arranque de hambre, se detuvo
para pasar comprando unas güirilas
que había visto. Esta rutina era tan
común en él que al llegar al puesto de
comida, la gata que estaba sirviendo
las güirilas lo reconoció y comenzaron a platicar. Al despedirse, el
mapache se llevó las güirilas y las bebidas a su carro . Unos minutos
más tarde, ya se lo había comido todo. Luego, sin pensar mucho
en ello, tiró las sobras y el resto de la basura que había acumulado,
por la ventana. Por fin logró llegar a la casa de la tortuga, quién
por cierto, tomaba todo su tiempo en promover el cuido de la
naturaleza. Los dos se saludaron y platicaron por unos minutos.
— ¿Sabés lo que pasó con los peces?— preguntó la tortuga.
— No, ¿qué pasó? — le contestó el mapache.
— Bueno, como tú sabes, realmente me molesta cuántas especies
han sido afectadas por las malas andanzas de otros. Lo peor es que
ayer me enteré que a los pobres peces les ensuciaron sus hogares
porque ha habido un impulso de tirar basura de manera incorrecta.
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Es que, no entiendo porque los animales no solo pueden seguir las
leyes y deshacerse de su basura de manera correcta, ¡no es tan difícil!
Mientras la tortuga hablaba, el mapache tenía su mente en otro
lugar; pensaba en terminar uno de los videojuegos que había
comprado el día anterior. Sin embargo, le contestó: — No pues sí,
tenés razón. Es muy lamentable honestamente, pobres peces.
Los dos amigos charlaron un rato más hasta
que el mapache le dijo a la tortuga:
— Ya me tengo que ir, ¡fue un gusto
volver a verte y ponerse al día!
— ¡Igual aquí, espero que te vaya bien!
Entonces el mapache se dirigió
de regreso a casa, haciendo una breve parada por el río de
su vecindario para poder refrescarse y darse una limpieza.
En cuanto llegó, se lanzó al río, pero al tragar un poco de
agua salió instantáneamente y exclamó: — !¡Qué asco!
Echó un vistazo alrededor del río y notó que estaba muy contaminado;
lleno de bolsas plásticas y hasta se podía ver unas cuantas envolturas
de las güirilas que él mismo había tirado. Ya no había remedio, el
próximo río quedaba a 20 kilómetros de donde él se encontraba y
seguramente estaría igual. Trató de informar a un oficial sobre las
circunstancias, pero igual que él antes, no le dieron importancia. El
mapache lamentaba sus acciones, pero dijo: — Aún quedan cosas por
hacer, no es demasiado tarde. Empezaré yo a cambiar de actitud.
Moraleja:
Cuidar al medioambiente,
es una acción consciente.
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El macho y su padre
Tomaso Mikelic
Mi padre es y siempre será el caballo más veloz de
toda la carretera. Como el hijo digno que soy, puedo
correr tan rápido como el viento, ganándole al más
veloz de los animales en cualquier tipo de carrera.
—Todos se rieron y pensaban que él estaba bromeando,
pero después se enojaron y le demandaron que los
enfrentará en una carrera. El macho, sin pensar aceptó el
reto y amenazó con que les ganaría aun sin practicar.
. Llegó el día en el que el macho tenía que poner en práctica todo
aquello de lo que alardeaba en una carrera, y aunque sentía que
podía ganarle a todos, sus rivales, en el momento de la competencia
vio cómo uno a uno fueron adelantándose sin demasiado esfuerzo,
cuando el macho mulo en la línea de meta, estaba en la última
posición. Enfadado con sus propias patas por no correr tan rápido
como él esperaba o al menos deseaba, fue a reclamarle a su
padre: — Dime ¿por qué no soy veloz, si tú siempre lo has sido?
Además nadie me respeta y he sido la burla de todos hoy. El papá
le recordó todo lo que él tenía que hacer para ser fuerte y veloz,
no era hablar y hablar, se trataba de entrenar, de obedecer los
consejos del entrenador, de ser perseverante y de esforzarse día y
noche para mejorar. Solo así se ganaría el respeto de los demás.
Moraleja:
El respeto debe ser ganado,
Si no vas a ser avergonzado.
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La importancia
de la paciencia
Marco González
En un día de celebración en un bosque, muchos animales
buscaban comida, estaban impacientes por conseguirla,
más que todo la ardilla. Ella corría de un lado a otro, pero
cuando vio al búho muy tranquilo en la rama de un árbol, le
preguntó: — Por qué estás allí sentado, ve a buscar comida. El
buho riéndose le dijo: — no tienes que estar apurado para
buscar comida ten paciencia que todo toma tiempo.
La ardilla molesta por su comentario le dijo: — Usted no es nadie
para decirme qué hacer y cómo buscar mi comida— y siguió
corriendo. El búho seguía esperando que pasara un ratoncito
o también esperando ver un gusano para atraparlo. Después
de algunas horas llegó la ardilla sin comida y el búho sequía
esperando. La ardilla lo vio, se rió, le dijo: —Usted nunca va a
encontrar comida para su familia con esa paciencia que tiene. Al
día siguiente la ardilla regresó al bosque en busca de su comida.
Ella notó que el búho ya no estaba sentado en el árbol, mientras
regresaba a su casa con una nuez chiquita observó que en la
casa del búho, la familia y él estaban comiendo y celebrando. La
ardilla se molestó, pero tomó eso como una lección y aprendió
que debía tener paciencia, observar y planificar bien sus cosas,
como lo había hecho el búho para obtener buenos resultados.
Moraleja:
La paciencia es una virtud
Que te llenará de salud.
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