Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés Tema 1 Contexto político y cultural Introducción La guerra civil (1936-39), con el triunfo del bando sublevado, marcó el final de un periodo de gran actividad cultural y de pensamiento liberal y progresista en España que permitió la actuación de la mayor parte de los autores de este periodo. El conflicto tuvo gran repercusión internacional. La España del exilio y la del interior siguieron caminos muy diferentes. La línea de pensamiento liberal que arrancaba de fines del s. XIX solo tuvo continuidad en un primer momento en las actuaciones aisladas de los distintos autores que marcharon al exilio, quienes intentaron recrear culturalmente en los diferentes países de acogida (México, Argentina, Puerto Rico, EE. UU., etc.) parte de lo que no pudieron concluir en España. Los exiliados se sentían continuadores de los esfuerzos intelectuales pasados y representantes de la España democrática, de ahí que, en 1939, un grupo de exiliados en México —gran parte de ellos pertenecientes al Grupo del 27— fundase una revista con el título de España peregrina, continuadora de Hora de España. En el interior, la importancia cultural del periodo anterior a 1936 fue sistemáticamente denostada. Mientras los autores exiliados continuaron su añoranza de la España perdida, en el interior se exaltaron, sobre todo en un primer momento, los valores patrios defendidos por el nuevo régimen. Esta ruptura ideológica y de contenidos sobre la idea de España se evidencia en el contraste entre la publicación en el interior de obras como la Antología poética del Alzamiento frente a las publicadas por los autores del exilio (p. ej., Español del éxodo y del llanto de León Felipe, México, 1939). A medio plazo, sin embargo, la huella de la guerra civil marcó gran parte de la literatura posterior a 1939, incluso en el interior, aunque a veces no explícitamente debido a la fuerte censura. Obras como Hijos de la ira de Alonso (1944) o Historia de una escalera (1949) de Buero Vallejo manifiestan indirectamente las secuelas de la guerra civil. El reconocimiento por EE. UU. del régimen franquista (1950) y la firma de los primeros acuerdos (1953) o la entrada de España en la ONU (1955) iniciaron un lento proceso de normalización que permitiría a la literatura española comenzar su integración en las nuevas corrientes internacionales. La literatura del exilio 1939. Español del éxodo y del llanto de León Felipe. 1940. Poeta en Nueva York de Lorca (México). Memoria del olvido de Prados. Las nubes de Cernuda. 1941. Entre el clavel y la espada de Alberti. 1942. Ocnos de Cernuda. Sender comienza La crónica del alba. 1943. Campo cerrado de Aub. 1944. El adefesio de Alberti. La dama del alba de Casona.
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés 1945. Campo de sangre de Aub. Memoria de Leticia Valle de Chacel. 1946. La estación total de Juan Ramón Jiménez. 1948. Todo más claro de Salinas. 1950. Cántico de Guillén. 1951. Campo abierto de Aub. Muerte de Salinas en Boston. 1953. La arboleda perdida de Alberti. Mosén Millán (Réquiem por un campesino español) de Sender. 1956. Noche de guerra en el Museo del Prado de Alberti. 1960. La sinrazón de Chacel. 1961. La calle de Valverde de Aub. 1962. Desolación de la quimera de Cernuda. La tesis de Nancy de Sender. Muere Prados. 1963. Campo del Moro de Aub. El fondo del vaso de Ayala. Muere Cernuda en México. 1966. El arquitecto y el emperador de Asiria de Arrabal. 1967. Homenaje de Guillén. 1979. La sonrisa inmóvil de Sender. 1987. La arboleda perdida (1942-87) de Alberti. Muchos de los escritores del primer tercio del s. XX tuvieron que marchar al exilio, bien a América, bien a través de los Pirineos (Francia, Inglaterra, Rusia). En París se creó Ruedo Ibérico, publicación fundamental que dio salida al descontento progresivamente asentado en el interior de la sociedad española de posguerra. El comienzo de la Segunda Guerra Mundial (1939) obligó a muchos exiliados acogidos en Francia a trasladarse a Hispanoamérica, en busca del sonido de su misma lengua, lo que tuvo gran importancia para la continuidad de la literatura española en el exilio. La ayuda del gobierno mexicano fue decisiva al concederles la nacionalidad mexicana a miles de refugiados españoles. Esta actitud favoreció que en la capital del estado se formase un importante grupo de intelectuales exiliados agrupados en torno a la Casa de España en México —después llamada Colegio de México—, se crease la revista España peregrina y la editorial Séneca de Bergamín y Altolaguirre —responsable de la publicación de Poeta en Nueva York (1940) de Lorca— y la del Fondo de Cultura Económica. La poesía del exilio Gran parte de los autores del 27 se instalaron en México, junto a otros muchos (Bergamín, Altolaguirre, Prados, Moreno Villa, Cernuda posteriormente, León Felipe, etc.); Alberti se instaló en Argentina tras un periplo, y Salinas y Guillén en EE. UU. Además de los poetas del 27, cabe destacar a Pedro Garfias y a Juan Rejano, ambos afincados en México. La poesía siguió gozando de la calidad de sus autores, cuya obra evolucionó hacia diferentes tendencias. El teatro del exilio Tal vez el género menos afortunado fue el teatro, ya que sus dos figuras fundamentales, Lorca y Valle-Inclán, habían muerto en 1936. La mayoría de las obras escritas en el exilio no llegaron a representarse debido a su menor calidad, en general, y al uso de una temática muy variada, ajena mayoritariamente a las vicisitudes de la contienda. No
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés obstante, destacan algunas obras y autores concretos, como Alejandro Casona —que volvió a Madrid en 1961— y, sobre todo, Max Aub. Max Aub (París, 1903-México, 1972) fue un gran lector y asiduo miembro de tertulias literarias e intelectuales en Valencia y Barcelona durante el primer tercio del s. XX. Sus lenguas maternas fueron el alemán y el francés, pero al trasladarse a Valencia a los trece años, adoptó el español como lengua literaria. Tras la guerra civil se exilió a Francia, luego fue deportado a Argelia y finalmente se embarcó hacia México, donde residiría el resto de su vida. Entabló amistad con los miembros del 27. Su obra incluye narrativa, teatro, ensayo, poesía y memorias. Destacan las novelas de El laberinto mágico (1943-67), conjunto de seis libros sobre la guerra civil, y La calle Valverde (1961). Entre sus obras teatrales se encuentran San Juan (1943), El rapto de Europa, o siempre se puede hacer algo (1946) y No (1949). El ensayo y la narrativa La prosa escrita por los autores del exilio tuvo un gran auge, tanto el ensayo como la novela. Unamuno había muerto en 1936; Ortega, tras su exilio, volvió a Madrid en 1948. Entre sus discípulos se encuentran Julián Marías, Xavier Zubiri y María Zambrano. El ensayo cobró nueva vida en América, con autores como Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz, que trataron ampliamente el tema de España en sus respectivas obras La realidad histórica de España (1954, 1962, 1966) y España, ese enigma histórico (1957). En el interior, el ensayista Pedro Laín Entralgo retomará ese tema en España como problema (1948). José Ferrater Mora, afincado en EE. UU., escribió su Diccionario de Filosofía, una muestra más de lo fructífero que resultó el exilio para algunos autores españoles. Lo mismo puede decirse de María Zambrano, exiliada en La Habana y otros lugares de Europa y América, con sus obras Filosofía y Poesía (México, 1939) y Hacia un saber sobre el alma (1950). La novela del exilio contó igualmente con nombres muy relevantes, algunos ligados a la Generación del 14, como Benjamín Jarnés, Francisco Ayala y Ramón J. Sender, residentes en México, Buenos Aires y EE. UU, respectivamente. Del poeta y novelista Juan GilAlbert, exiliado en Argentina y México, destaca su Crónica general (1974). También se encuentran Rosa Chacel, exiliada en Brasil y Buenos Aires, y Arturo Barea, en Londres, con La forja de un rebelde (1940-45). La temática de las producciones realizadas en el exilio fue muy variada, aunque en ellas prevalecía el recuerdo de lo vivido antes de 1936, alternando con temas políticos y sociales: es el caso de Mosén Millán (1953) de Sender, el cual, no obstante, se apartó del dramatismo de esta época en obras posteriores como La tesis de Nancy (1962).
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés Los libros de memorias fueron muy cultivados: La arboleda perdida de Alberti, Memorias de la melancolía (1970) de María Teresa León, etc. También proliferaron las novelas autobiográficas: el conjunto de novelas Crónica del alba de Sender, Barrio de Maravillas de Chacel, etc. Rosa Chacel (Valladolid, 1898-Madrid, 1994) recibió una educación doméstica por parte de su madre, que era maestra. Con diecisiete años ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, pasó cinco años en Roma y a la vuelta conoció a Ortega. Al estallar la guerra civil se exilió en Brasil y Argentina, y regresó definitivamente a España en 1973. Escribió narrativa, poesía, ensayos y memorias, y mantuvo constantes colaboraciones literarias en revistas durante toda su vida. Entre sus novelas destacan Memorias de Leticia Valle (1945), La sinrazón (1960) y Barrio de Maravillas (1976). Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901-San Diego, EE. UU., 1982) fue autodidacto y gran lector. Se inició muy pronto en el periodismo y tuvo una intensa actividad política, de tendencia anarquista. Durante la guerra emigró a Francia, y posteriormente a México y EE. UU., si bien a partir de 1976 pasó largas temporadas en España. Su obra más reconocida es la narrativa, que abarca desde la novela histórica hasta la autobiográfica, pasando por la narración social-realista y por la narración alegórica. En su obra posterior a 1939 destaca Crónica del alba (tres volúmenes, 1942-66), Mosén Millán (1953, posteriormente publicada como Réquiem por un campesino español, 1960) y La tesis de Nancy (1962). Francisco Ayala (Granada, 1906-Madrid, 2009) estudió Filosofía y Letras y Derecho en Madrid. Al caer la república se exilió en Buenos Aires y posteriormente en Puerto Rico y EE. UU. En 1960 regresó por primera vez a España y en 1976 se instaló definitivamente en Madrid. Escribió narrativa, artículos y ensayos de temas político-sociales, reflexiones sobre el presente y el pasado de España y sobre cine y literatura. Entre sus novelas, destacan Muertes de perro (1958), El fondo del vaso (1962) y El jardín de las delicias (1971). La literatura del interior. Nuevas tendencias europeas y americanas La literatura del interior La literatura española posterior a 1939 partió en el interior de una situación de desubicación generalizada: en los tres años que duró la guerra civil, los valores imperantes habían cambiado radicalmente y desde el poder se intentó recomponer una conciencia nacional que reagrupase a la población bajo nuevas premisas políticas, religiosas y sociales, opuestas en general a las instauradas por la Segunda República. Internacionalmente se reforzaban las alianzas con las otras dos dictaduras imperantes en la época: la de Hitler en Alemania y la de Mussolini en Italia. La dura censura y las consecuencias políticas que siguieron al 1 de abril de 1939 hacían imposibles las expresiones literarias disidentes con la ideología impuesta desde el poder. Sin embargo, esta situación fue cambiando en su dureza con el paso del tiempo.
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés Dada la importancia que la evolución del régimen franquista (1939-75) tuvo en la trayectoria de la literatura española del interior, puede dividirse su estudio en tres etapas: 1939-50, 1950-70 y a partir de 1970. Estas divisiones coinciden aproximadamente con hechos políticos importantes que marcan el proceso de reconstrucción y normalización de la sociedad española a partir de 1939: los acuerdos y reconocimientos de EE. UU. al régimen franquista en los años 50 y la institucionalización de la democracia a partir de 1975. Esta evolución política fue acompañada de un crecimiento económico progresivo, gracias fundamentalmente a la ayuda de EE. UU., en un primer momento, con el Plan Marshall europeo, y posteriormente debido a la reconstrucción económica, con el turismo como principal fuente de riqueza y la mayor apertura política del régimen. La no intervención de España en la Segunda Guerra Mundial (1939-45) también favoreció la reconstrucción interior, si bien mantuvo cerradas, al principio, las fronteras ideológicas, impidiendo la participación del país en las corrientes de pensamiento europeas. España tardó en estar de nuevo en Europa en los niveles cultural, político y social. Fue un proceso lento que también afectó a la literatura: esta partió de una vuelta a valores patrios, defendidos por el poder, en la mayor parte de las creaciones de los años 40, acompañada de una literatura existencialista y tremendista, que reflejaba desde el yo la desolación de la España de posguerra. Por el contrario, en los años 50, la literatura empezó a reflejar lo que sucedía en la colectividad y adquirió rasgos de compromiso social: la novela, el teatro y la poesía reflejaron esta nueva tendencia que, en conjunto, significaba el comienzo de una nueva etapa. Los años 60 y 70 representaron el inicio y el triunfo de la experimentación literaria, que acompañó a la total integración de España en el ámbito internacional. A partir de 1970, el proceso de normalización del país ha continuado en un intento, aún presente, de zanjar temas pendientes relativos a la guerra civil, mientras se tiende a rechazar la preeminencia de escuelas o estilos literarios determinados para dar paso a una multiplicidad de tendencias sin líderes generacionales. Nuevas tendencias literarias europeas y americanas Desde principios del s. XX se dio un proceso de renovación en la literatura europea y americana en contra del teatro, la poesía y la narrativa realistas de fines del XIX que alcanzó a muchos autores españoles del primer tercio del siglo, tanto en la novela (Unamuno, Pérez de Ayala) como en el teatro (Valle-Inclán, Lorca, Mihura, Grau, Unamuno), sobre todo con la influencia de las vanguardias de los años 20, especialmente la surrealista, que alcanzó al teatro (Lorca, Azorín) y principalmente a la poesía (poetas del 27). Esta renovación se truncó con la guerra civil, que retrotrajo a los autores del interior hacia posiciones más conservadoras: habría que esperar hasta los años 60 para que se produjese un alejamiento de la literatura realista, si exceptuamos obras aisladas como Hijos de la ira o La familia de Pascual Duarte. También el teatro cambió su concepción
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés en la segunda parte del s. XX, aunque tal vez sin alcanzar el nivel renovador de algunas creaciones anteriores a 1936. La aparición de Buero Vallejo con Historia de una escalera (1949) significó el comienzo del verdadero teatro de posguerra. Esta obra destaca por su temática y por su afirmación político-social, más que por su renovación técnica, que llegaría después a través de autores como Fernando Arrabal o Francisco Nieva. No obstante, muchos aspectos de los renovadores de la poesía, la novela y el teatro europeos y americanos tuvieron su reflejo en la literatura española posterior a 1939. Los dos grandes renovadores de la narrativa europea y norteamericana de principios de siglo fueron el francés Marcel Proust con En busca del tiempo perdido (1913-22) y el irlandés James Joyce con Ulises (1922). Su influencia en la renovación de la novela contemporánea se completa con las aportaciones de Franz Kafka (La metamorfosis, 1913), Hermann Hesse (El lobo estepario, 1927), el norteamericano William Faulkner como principal representante de la generación perdida, y sus compatriotas John Dos Passos (Manhattan Transfer, 1925), John Steinbeck (Al este del Edén, 1952), Ernest Hemingway (El viejo y el mar, 1953) y George Orwell (Rebelión en la granja, 1945). Estos autores representaron la crisis moral posterior a la Primera Guerra Mundial y la guerra civil española, y expresaron su disconformidad a través de la innovación literaria, basada en el objetivismo y la fragmentación de la realidad —la llamada técnica del contrapunto—, entre otros aspectos. Aunque la mayor parte de estos autores desarrollaron su principal labor literaria en la primera mitad del siglo, su máxima repercusión en la narrativa española llegó en la segunda mitad, unida a la de los autores existencialistas franceses, como Albert Camus (El extranjero, 1942; La peste, 1947) y Jean-Paul Sartre (La náusea, 1938), ambos de enorme influencia en la narrativa europea. Sartre también manifestaba la angustia vital y lo absurdo del mundo contemporáneo a través de sus obras teatrales, de gran influencia en el teatro español de los años 60 (p. ej., Alfonso Sastre). Sus postulados respecto a la literatura comprometida, frente a una literatura burguesa que consideraba caduca, tuvieron gran repercusión. En España, sin embargo, la ruptura más extrema con el realismo se produjo en la novela de los años 60-70, y afectó tanto a la estructura como al contenido de las obras. En ella aparece la influencia de las nuevas formas narrativas, presentes en la novela europea desde principios del s. XX a través de Proust, Joyce y el boom de la narrativa hispanoamericana. En estos años se produjo en EE. UU. una crisis de valores gestada durante la guerra fría y la posterior caza de brujas, agravada con el asesinato del presidente Kennedy (1963), el escándalo Watergate (1972-74) y la guerra de Vietnam (1958-75), lo que propició la aparición de la generación posmodernista, personificada en autores como Truman Capote y su obra A sangra fría (1965). Esta es la principal representante de la ficción documental narrativa, que utiliza técnicas casi periodísticas. Estos autores expresaban mediante sus obras su descontento respecto a la política oficial y el orden establecido. La guerra fría favoreció igualmente el surgimiento de un nuevo género: la novela de espionaje, con autores como John le Carré y Graham Greene, cuyas novelas tuvieron
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés gran repercusión en la narrativa española de los años 70: La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza, Beltenebros de Antonio Muñoz Molina, etc. En este siglo reaparece también la novela histórica, de raíces decimonónicas, con autores como Umberto Eco (El nombre de la rosa, 1980), Robert Graves (Yo, Claudio, 1934) y Margarite Yourcenar (Memorias de Adriano, 1951), todos ellos de gran repercusión en la literatura española contemporánea. Asimismo, surge otro tipo de novela de gran importancia actual: la erótico-sentimental, con autores como Vladimir Nabokov, cuya novela Lolita causó gran revuelo en la época al tratar de manera directa el tema de las relaciones entre un hombre maduro y una joven. Esta tendencia tendrá buena acogida en la novela española actual, en autores como Rosa Montero (Crónica del desamor, 2009), Antonio Gala (La pasión turca, 1993) o Almudena Grandes (Las edades de Lulú, 1989). En los años 80 aparece otro autor de gran repercusión internacional: Tom Wolfe, con La hoguera de las vanidades (1987) y Todo un hombre (1998). Otros nombres importantes del periodo son: Anthony Burgess (La naranja mecánica, 1962), Norman Mailer (La canción del verdugo, 1979), Alice Walker (El color púrpura, 1981), José Saramago (El evangelio según Jesucristo, 1991), Doris Lessing (Bajo mi piel, 1994), Gunter Grass (Pelando la cebolla, 2007), etc. En cuanto a las nuevas tendencias teatrales, los autores y teóricos teatrales europeos de principios de siglo vuelven a tener influencia en la segunda mitad: es el caso del italiano Luigi Pirandello con su obra Seis personajes en busca de autor y su búsqueda de un teatro más reflexivo; o del francés Antonin Artaud y su escrito El teatro y su doble (1938). La influencia de Bertolt Brecht fue también importante, con obras como Madre coraje (1941), en autores españoles de los años 60 (p. ej., Alfonso Sastre) y en los grupos de teatro independiente, que vieron en él un modelo para la realización de un teatro antifranquista. Otro de los autores españoles afectados por esta renovación fue Fernando Arrabal. En realidad, Artaud y Brecht representan los dos polos opuestos en la concepción del teatro renovador, contrario al realismo del s. XIX: el primero, con su teatro de la crueldad, más ritual y espectacular; y el segundo, con un teatro épico y reflexivo, marcaron gran parte de las creaciones teatrales renovadoras contemporáneas. Todos estos autores fueron responsables de la renovación del teatro contemporáneo, que hizo de la escena un revulsivo social y pasó a tratar el hecho teatral como conjunto y no solo como texto literario. Otros autores destacados son los estadounidenses Tennessee Williams (Un tranvía llamado deseo, 1947) y Arthur Miller (Muerte de un viajante, 1949), y el alemán Peter Weiss, cuya obra Marat/Sade (1964) utiliza el recurso del teatro en el teatro para criticar el totalitarismo político. La influencia de estos autores se reforzó en la segunda mitad del s. XX con los dos máximos representantes del teatro del absurdo: el autor francés de origen rumano Eugène Ionesco (La cantante calva, 1950) y el irlandés —aunque escribió la mayor parte de su producción en francés— Samuel Beckett, cuya pieza Esperando a Godot (1953) tuvo una
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés enorme resonancia en la época, por la renovación que proponía de la escena europea. El uso de elementos oníricos en la obra de Ionesco y lo absurdo de la espera inútil en la de Beckett constituían una manifestación más de la angustia de la sociedad contemporánea, expresada mediante el ilogicismo de situaciones y personajes, como también ocurrió en autores españoles (p. ej., Fernando Arrabal y Francisco Nieva). Respecto a la nueva poesía, los ismos de vanguardia tuvieron una gran repercusión en la poesía del primer tercio del s. XX en España, sobre todo el surrealismo francés con sus poetas más destacados: André Breton, Paul Éluard y Louis Aragon, de enorme influencia en la generación del 27. Estas vanguardias cambiaron radicalmente la concepción poética respecto a la del s. XIX, pues aportaron, entre otros aspectos, un lenguaje poético más ilógico y el uso del verso libre y del versículo. Otros autores de gran influencia en la poesía española del XX son el checo —aunque escribió en alemán— Rainer Maria Rilke (Elegías de Duino, 1923), el francés Paul Valéry (El cementerio marino, 1920) y el portugués Fernando Pessoa (Poesía, 1942). También fue significativa la influencia de autores de habla inglesa, como el irlandés William Butler Yeats, los norteamericanos Ezra Pound y Thomas Stearns Eliot, y el inglés Dylan Thomas. La obra Tierra baldía (1922) de Eliot es un largo poema dividido en cinco partes que refleja la crisis del mundo contemporáneo de entreguerras: el nihilismo que desprenden sus versos, el abundante uso de connotaciones culturales y símbolos oníricos y la ausencia de signos de puntuación y títulos la convierten en la principal representante de una de las tendencias poéticas más innovadoras y de más difícil comprensión del s. XX. Este autor influyó en la poesía española del primer tercio del siglo, pero sobre todo en autores posteriores a 1939, como los de la generación del 50 (Ángel González, Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Claudio Rodríguez, etc.) o los novísimos (Pere Gimferrer, etc.). Contexto sociopolítico por décadas A partir de 1939, la sociedad española se ha visto sometida a cambios más radicales que los de cualquier otra etapa de su historia. Este proceso se ha debido a las transformaciones políticas producidas con la llegada de la democracia, pero también por la inserción de nuestra sociedad en el ámbito internacional, en el que cualquier actuación pública adquiere una dimensión global. A esta globalización y a la distinta concepción de cualquier producto cultural han contribuido poderosamente las nuevas tecnologías. Pero antes de llegar a esta situación se han recorrido varias etapas: la guerra civil, el exilio, la restauración de la libertad y la normalización de la vida civil, etc. La vida literaria ha alcanzado en esta época cotas similares a las más altas logradas en otras épocas de la historia. Década de los 40 Durante el periodo de autarquía en la década de los 40, se suman dura represión interior y el profundo aislamiento del exterior. En 1940 tiene lugar la entrevista de Franco
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés con Hitler en Hendaya, y España se mantiene neutral en la Segunda Guerra Mundial. Cuando en 1945 finaliza esta, se crea la ONU, que condena el régimen franquista. En los años siguientes se produce una leve recuperación industrial con la ayuda de Argentina y los primeros acuerdos comerciales con Francia e Inglaterra. Aparte de la producción del exilio, en el páramo cultural que es el interior aparece una serie de revistas y libros, buena parte de los cuales se inscribían en el cuadro de las directrices que marcaba el régimen dictatorial, mientras que otros mostraban cierta independencia e incluso criticaban la deplorable situación del país. Entre estas publicaciones se encuentran Escorial, Juventud, Cisneros, Azor, Garcilaso, Espadaña, Arbor, La Estafeta Literaria, Ínsula, Acanto, Cántico, Cuadernos Hispanoamericanos, etc. El año 1944 fue decisivo: además de fundarse la revista Espadaña, en cuyas páginas aparecieron algunos poemas sociales de Gabriel Celaya o las «Nanas de la cebolla» de Miguel Hernández, tan poco gratas para el régimen franquista,se publicaron los poemarios Sombra del Paraíso de Aleixandre e Hijos de la ira de Alonso: la visión panteísta del universo aleixandrino se complementa con la presentación desgarrada y existencial de la realidad de Dámaso. Otros libros reseñables publicados en el interior en esta década son: Eloísa está debajo de un almendro y Los habitantes de la casa deshabitada de Jardiel Poncela, La familia de Pascual Duarte de Cela, Nada de Laforet, La sombra del ciprés es alargada de Delibes, Viaje a la Alcarria de Cela e Historia de una escalera de Buero Vallejo. En el exilio, se publican Como quien espera el alba de Cernuda, El adefesio de Alberti, Memorias de Leticia Valle de Chacel y Los usurpadores de Ayala. Década de los 50 En estos años se pasa, dentro del bloque dominante, de la hegemonía de la burguesía agraria a la de la burguesía financiera y de negocios. Junto a esta y la aristocracia, van surgiendo las «familias del régimen», procedentes de los altos puestos del aparato estatal y enriquecidos gracias a la coyuntura dictatorial. En el plano internacional, a pesar de las escasas relaciones con el exterior, tiene lugar el ingreso de España en la UNESCO (1952) y la ayuda americana permite una cierta reactivación industrial. Poco después se producen la entrada de España en la ONU y la independencia de Marruecos (1955), así como una grave inflación (1957). En el interior, las fuerzas de la oposición se van mostrando cada vez más beligerantes, desatando huelgas y conflictos. En el contexto universitario destacan el Congreso de Escritores Jóvenes y el Homenaje laico a Ortega y Gasset. En enero de 1956 varios estudiantes firmaron una carta dirigida al ministro de Educación, solicitando la convocatoria de un congreso nacional, pero este no respondió. Los estudiantes rechazaron a los candidatos oficiales del SEU1 propuestos para las elecciones, tomaron la facultad de 1 El Sindicato Español Universitario (SEU) fue una organización sindical estudiantil de carácter fascista, creada en España durante la Segunda República Española por la Falange e impulsada por José Antonio Primo de Rivera con el objetivo de aplastar a la entonces mayoritaria Federación Universitaria Escolar (FUE) e introducir la propaganda de Falange en la Universidad. Durante parte de la dictadura franquista
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés Derecho de la Complutense y realizaron una manifestación por el centro de Madrid hasta el Ministerio de Educación. Estos incidentes reactivaron los instrumentos de represión y coacción y, unidos a las huelgas en diferentes fábricas catalanas y vascas, llevaron al gobierno a decretar el estado de excepción. En este contexto se publican Tres sombreros de copa de Mihura, Quinta del 42 de José Hierro, Historia del corazón de Aleixandre, El fulgor y la sangre de Aldecoa, El Jarama de Sánchez Ferlosio, La hora del lector de Castellet y Entre visillos de Martín Gaite. Década de los 60 El Primer Plan de Desarrollo (1963) supone un cierto avance. Los obreros, estudiantes e intelectuales como Ángel González, Caballero Bonald y otros escritores madrileños continúan con movilizaciones; en Barcelona se produce una actitud crítica análoga. En líneas generales, la situación española seguía siendo desalentadora y los tentáculos de la represión continuaban segregando sus consabidas insidias. En mitad de este clima de malestar, las Cortes franquistas, a propuesta de Manuel Fraga, aprueban la Ley de Prensa e Imprenta (1966): escritores como Torrente Ballester estiman que esa medida ya les aportará poco a los autores maduros, aunque podrá beneficiar a los más jóvenes. Entre los eventos literarios y artísticos más significativos destacan los estrenos teatrales de Las meninas, El concierto de San Ovidio y El tragaluz de Buero Vallejo, El triciclo de Arrabal, La camisa de Olmo, Ninette y un señor de Murcia de Mihura; y la publicación de los poemarios Sin esperanza, con convencimiento y Palabra sobre palabra de Ángel González, y Poemas de la consumación de Aleixandre, y de las novelas Dos días de setiembre de Caballero Bonald, Tiempo de silencio de Martín Santos, Las ratas y Cinco horas con Mario de Delibes, Señas de identidad de Juan Goytisolo, Últimas tardes con Teresa de Marsé y Volverás a Región de Benet. En el exilio, se publica El fondo del vaso de Ayala. Década de los 70 Los años transcurridos desde 1970 han conocido tantas transformaciones, tan rápidas y dinámicas, en todas las esferas de la vida, que han definido una nueva época sin parangón con ninguna otra de las precedentes. En estos años se ha hecho más perceptible que las vidas de los hombres y mujeres son cada vez más cambiantes y azarosas, de modo que, como respuesta a esta inseguridad, se ha insistido en la búsqueda y reafirmación de la propia identidad. Pero, frente a esta pretensión, se han reforzado las políticas transnacionales y globalizadoras: se han globalizado las medidas económicas, las estructuras políticas, los instrumentos culturales y los medios de comunicación, pero también la guerra, la pobreza y el miedo. fue la única organización estudiantil universitaria legal, lo que le confirió un gran poder. Todos los estudiantes universitarios estaban obligados a pertenecer a él. Sin embargo, el SEU entró en una fuerte crisis tras estos Sucesos de 1956 y acabó siendo disuelto en 1965.
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés Los acontecimientos a partir de 1970 pueden dividirse en cinco etapas, cada una de las cuales encierran su propia singularidad, con evidente incidencia en la vida cultural y literaria: 1) 1975-82: muerte de Franco y Transición, gobiernos de la UCD presididos por Adolfo Suárez (1976-81) y Calvo Sotelo (1981-82). 2) 1982-96: gobierno socialista de Felipe González. 3) 1996-2004: gobierno del Partido Popular de Aznar. 4) 2004-2011: gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. 5) 2011-2018: gobierno del Partido Popular de Rajoy. La década comienza con nuevos incidentes estudiantiles y laborales, y con la aprobación del Tercer Plan de Desarrollo (1972). En 1973 se produce el asesinato del almirante Carrero Blanco y Arias Navarro es nombrado presidente del gobierno. En 1975 muere Franco y Juan Carlos de Borbón es proclamado rey. Seguidamente, Adolfo Suárez es designado presidente y se organiza el Referéndum para la Reforma Política, con la legalización de los partidos políticos y las elecciones al Congreso y al Senado en las que triunfa la UCD. En 1978 se promulga la Constitución española. Entre las obras poéticas más significativas se encuentran la antología de los Nueve novísimos poetas españoles de Castellet, Diálogos del conocimiento de Aleixandre, Las personas del verbo de Gil de Biedma y Sepulcro en Tarquinia de Colinas. Entre las novelas destacan La saga/fuga de J. B. de Torrente Ballester, Si te dicen que caí de Marsé, La verdad sobre el caso Savolta de Mendoza, Mortal y rosa de Umbral, Barrio de Maravillas de Chacel y Los mares del sur de Vázquez Montalbán. En el ámbito teatral, se estrenan Castañuela 70 del Grupo Tábano, Quejío del grupo La Cuadra, La Fundación de Buero Vallejo, Anillos para una dama de Gala y La carroza de plomo candente de Nieva. Además, en 1977 Aleixandre gana el Premio Nobel de Literatura. Década de los 80 La década empieza con las primeras elecciones autonómicas. En enero de 1981 Adolfo Suárez anuncia la dimisión de su cargo de presidente del gobierno y de su partido. Cuando ya parecía encauzado el proceso democrático se produjo el intento golpista del 23 de febrero de 1981 cuando el teniente coronel Tejero, al mando de un pelotón de guardiaciviles, asalta el Congreso de los Diputados durante la sesión de investidura de Calvo Sotelo como presidente. El nuevo gobierno de la UCD adoptó una postura a favor de la adhesión a la OTAN, la cual se hizo efectiva en mayo de 1982. En octubre de ese año, el PSOE ganó por mayoría absoluta las elecciones, siendo elegido Felipe González como presidente del gobierno. En 1985 se firmó el tratado de Adhesión de España a la CEE, de la cual en 1989 nuestro país ejerció la presidencia durante seis meses. Cae el muro de Berlín y finaliza la guerra fría. En el plano narrativo, se publican Los santos inocentes de Delibes, Asesinato en el Comité Central de Vázquez Montalbán, El laberinto de las aceitunas y La ciudad de los prodigios de Mendoza, La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro, El invierno en Lisboa de Muñoz
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés Molina, Filomeno a mi pesar y Crónica del rey pasmado de Torrente Ballester, La lluvia amarilla de Llamazares, Obabakoak de Atxaga, El desorden de tu nombre de Millás, Juegos de la edad tardía de Landero, Piedras preciosas de Clara Sánchez, y Luis Goytisolo termina su tetralogía Antagonía. En poesía, se publican La proximidad del silencio de Talens, Noche más allá de la noche de Colinas, Laberinto de Fortuna de Caballero Bonald y La caja de plata de Luis Alberto de Cuenca. En el teatro, se estrenan Las bicicletas son para el verano de Fernán-Gómez, La estanquera de Vallecas y Bajarse al moro de Alonso de Santos, La torre herida por el rayo de Arrabal, Teledeum de Els Joglars, ¡Ay, Carmela! de Sanchis Sinisterra y Séneca o el beneficio de la duda de Gala. Además, se estrena Mujeres al borde de un ataque de nervios de Almodóvar y Cela recibe el Nobel. Década de los 90 Se incrementan los conflictos externos, mientras la presencia española es más activa internacionalmente. En 1990 tres buques españoles zarpan al Golfo Pérsico con el consiguiente malestar de la izquierda; al año siguiente estalla la guerra de los Balcanes. El año 1992 es pródigo en celebraciones y publicaciones con motivo del quinto centenario del descubrimiento de América, se inaugura la Exposición Universal de Sevilla y se celebran los Juegos Olímpicos de Barcelona. En 1996 triunfa el Partido Popular en las elecciones generales y Aznar es elegido presidente del gobierno. En esta década se publican las novelas No es distinta la noche de Clara Sánchez, La soledad era esto de Millás, El manuscrito carmesí de Gala, Malena es un nombre de tango de Almudena Grandes, y los poemarios Habitaciones separadas y Completamente viernes de García Montero. Primera década del s. XXI En las elecciones de marzo del 2000, el Partido Popular de Aznar vuelve a obtener la mayoría absoluta y, en la escena internacional, George W. Bush gana por menos de 1000 votos al candidato demócrata Al Gore. El 11 de septiembre de 2001 dos aviones impactan contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono en Washington y otro en una zona boscosa en Pensilvania. Estos atentados fueron reivindicados por el grupo terrorista Al-Qaeda. Bush acusó a los talibanes afganos de dar cobijo al líder de la organización, Bin Laden, y en octubre comenzó el bombardeo de Afganistán. En 2002 entra en circulación el euro en doce países de la UE. Al año siguiente, con el objeto de derrocar a Saddam Hussein y de destruir unos supuestos arsenales de armamento nuclear, EE. UU. con el apoyo de Inglaterra y España comienza la invasión y el bombardeo de Irak, a pesar de la oposición de la ONU y de naciones tan importantes como Francia, Alemania, Rusia y China. Entre las respuestas a estos ataques, el 11 de marzo de 2004 una célula de terroristas islamistas conectados con Al-Qaeda perpetra en Madrid el atentado terrorista más grave de la historia de España. Las bombas fueron colocadas en cuatro trenes de Cercanías de Madrid. Como consecuencia de la tardanza por parte del gobierno en reconocer la autoría del atentado, el PSOE gana las elecciones
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés del 14 de marzo con Rodríguez Zapatero al frente del Ejecutivo. En 2005 se perpetra el ataque de Al-Qaeda en Londres y Angela Merkel se convierte en la primera mujer en asumir la Cancillería alemana. Al año siguiente la organización terrorista Hamas gana las elecciones palestinas y se desata una vez más la guerra del Líbano. Saddam Hussein es ahorcado y Fidel Castro delega la presidencia de Cuba en su hermano Raúl. Comienza el boom de las redes sociales. En 2008 se inicia la crisis económica y financiera mundial con la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers. Dimitri Medvédev es elegido presidente de Rusia, Vladimir Putin pasa a ocupar el puesto de primer ministro y en EE. UU. Barack Obama se convierte en el primer presidente afroamericano. El ejército israelí lanza una operación militar a gran escala para combatir a Hamas en la franja de Gaza. En literatura, durante estos años se publican las novelas Rabos de lagartija y Canciones de amor en Lolita Club de Marsé, La carta esférica de Pérez Reverte, Días felices en Argüelles de Umbral, Historia del rey transparente de Rosa Montero, La aventura del tocador de señoras y El asombroso viaje de Pomponio Flato de Mendoza, La noche de los tiempos de Muñoz Molina y Esperadme en el cielo de Maruja Torres. Desde 2010 hasta el presente la producción literaria ha seguido un ritmo creciente. En poesía, destacamos La intimidad de la serpiente de García Montero, El príncipe rojo de Almudena Guzmán y Poemas en prosa de Talens. Mediación, recepción y recreación La mediación Hace referencia a la dinamización de la cultura. En primer lugar, el propio estado cumple un papel mediador con la creación de un ministerio de cultura (1977) que ha ejercido como uno de los más importantes agentes mediadores, si bien entre 1996-2004, durante el mandato del Partido Popular, fue suprimido y convertido en una Secretaría de Estado del Ministerio de Educación. La función mediadora del Ministerio de Cultura gestiona los Museos, el Patrimonio Histórico, la Promoción del Arte y la Propiedad Intelectual, y canaliza su labor a través de los organismos autónomos dependientes del ministerio: la Biblioteca Nacional, el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (INAEM) y el Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA). En el ámbito privado, constituyen importantes aparatos de mediación los premios literarios como el Nadal, el Planeta, el Alfaguara o el Primavera. Además, la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas concede anualmente los Premios Nacionales en las diversas especialidades. Contribuyen igualmente a la difusión y a la lectura los premios públicos de la Crítica, el Cervantes y el de las Letras Españolas. Las universidades, además de las enseñanzas regladas, organizan actividades de extensión universitaria y cursos de verano en los que son invitados novelistas, poetas, dramaturgos y ensayistas junto a profesores universitarios, investigadores y críticos, y se
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés abordan temas monográficos no estudiados en las aulas o desarrollados solo parcialmente. Una labor similar llevan a cabo los centros de enseñanza no universitaria. En este contexto se han de incardinar las diversas instituciones pertenecientes a las Consejerías de Cultura o de Educación de las Comunidades Autónomas, los Institutos del Libro de las Comunidades y las Fundaciones. Algunas de estas son especialmente activas, como la Fundación Caballero Bonald. Los centenarios y aniversarios de obras y autores prestigiosos constituyen fechas elegidas por las instituciones públicas y privadas, como la RAE, para la organización de congresos, seminarios y conferencias. A la difusión del libro han contribuido poderosamente los medios de comunicación tradicionales (radio, televisión) y las nuevas tecnologías, además de los suplementos y revistas culturales. La recepción La preocupación por la recepción de las obras literarias encuentra sus antecedentes en autores como don Juan Manuel, Lope de Vega o Juan Ruiz, de quienes resulta evidente tenían en cuenta a sus receptores cuando escribían. Pero fue durante la década de 1960, con la Estética de la Recepción, cuando el papel del lector fue más encarecido y estudiado: conceptos como el lector modelo de Umberto Eco o el de reader-response criticism llevaron a la tajante conclusión de que un libro que no se ha leído es un libro que no se ha escrito. A fines de los 2000, mientras un 40 % de los lectores declaraba leer casi a diario, un 45 % aseguraba no hacerlo casi nunca. Sin embargo, la media de libros leídos al año parece ir aumentando, sobre todo a expensas de la edición electrónica. En 2007 el índice de lectura era del 54 %. Los géneros preferidos son la novela histórica y de misterio, así como el relato de aventuras; por el contrario, han decaído la novela romántica, el género de terror y el de ciencia-ficción. Madrid es la comunidad con un mayor índice de lectura. Pérez de Ayala, en «Más allá del teatro y del cine» (1914) insiste en la idea de que el público prefiere el cine al teatro porque el arte escénico, a partir de las últimas décadas del s. XIX, singularmente en España, se había instalado en una imitación realista muy pronto superada por el séptimo arte. La profesora Vilches de Frutos, en un trabajo de 2001, constata el escaso interés de los españoles por el teatro en la última década del XX. Sin embargo, en los últimos años, en un área tan significativa como Madrid, se ha producido un aumento considerable de los espectadores de teatro; buena parte de dicho aumento parece debido a la programación de musicales. Además, en los últimos años, el teatro ha comenzado a percibir el potencial del cine y la televisión como instrumentos eficaces para la incorporación de nuevos públicos: se aprecia un notable incremento de las conexiones entre ambas artes, lo que se corrobora si atendemos a la creación textual, las puestas en escena, las adaptaciones teatrales de éxitos cinematográficos y a la presencia del teatro en la pequeña pantalla.
Literatura española del siglo XX: desde 1939 Alberto Inés La recreación Walter Benjamin en su ensayo La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936) se refirió al papel del cine en el proceso de desaparición del «aura» de la obra artística. Es cierto que, con la llegada del cine, la televisión y las nuevas tecnologías se ha asediado a los textos literarios para recrearlos y difundirlos, pero la obra original no parece perder por ello su singularidad ni se liquida con estas recreaciones, sino que, por el contrario, gracias a ellas puede llegar a un público más amplio. En el prólogo a El arte de la adaptación Linda Seger afirma que un 30-40 % de las películas españolas que se producen cada año se basan en obras literarias. El proceso inverso tampoco es infrecuente, de modo que algunas películas se han convertido más tarde en textos teatrales literarios o en novelas.