GUERRA DE
VERDURAS
Andrea Paola Sarmiento Vargas
En la villa de las verduras vivían todos los vegetales
que el ser humano come todos los días y que son
necesarios para el funcionamiento de su cuerpo.
No eran muy amigables entre ellos
Creían que los demás no eran fundamentales en la dieta de las personas.
En la villa de las verduras los vegetales vivían en sus propios grupos
porque tienen comportamientos egoístas y no se toleran entre sí.
En la reunión mensual
los representantes cada
grupo de vegetales discuten
sobre los nutrientes que
son necesarios para el buen
funcionamiento del cuerpo
humano y cómo mejorarlo.
Al llegar a la reunión cada representante expone como sus nutrientes son
los únicos realmente necesarios y deja de lado a los demás vegetales.
Los tomates deberíamos ser la única
verdura que el humano consuma,
tenemos muchas vitaminas y
minerales, nosotros protegemos el
organismo, trabajo que ustedes no
pueden hacer.
Dijo Tomás, el tomate.
Ustedes los tomates no tienen
energía, nosotras las zanahorias
tenemos mucha, además de una
lista grande de nutrientes y
mejoramos todo el cuerpo desde las
uñas hasta los ojos.
Dijo Zara, la zanahoria.
Y así hablaron Pepe el pepino; Ruth la remolacha; Brody el brócoli, mostrando
sus atributos y haciendo sentir mal a las demás verduras por sus carencias.
Al ver todo esto el Estoy harto de sus peleas, siempre pasa lo
señor Imago, el estómago, mismo y nunca llegamos a un acuerdo. Lo
he pensado y lo mejor es que dejemos al ser
dijo:
humano decir qué es lo mejor para él.
Desde hoy, los humanos solo comerán una
verdura durante toda su vida, con esto se
darán cuenta de muchas cosas.
Y así fue, el ser humano decidió cuál sería su verdura para toda la vida,
muchos escogieron el tomate, también la zanahoria o la remolacha.
Al principio, las verduras pensaban que habían ganado ante todas las demás,
probando su punto, que solo su grupo era necesario para mantener al ser
humano sano; pero después de poco tiempo se dieron cuenta de que la salud
de las personas se deterioraba y se enfermaban con más frecuencia y facilidad.
A las personas que escogieron los
tomates les faltaba energía, no se
movían, lo cual se veía reflejado en sus
cuerpos delgados
Así como las personas que escogieron
los pepinos, aunque estaban muy
hidratados, su piel se veía amarilla.
Todas las verduras empezaron a
preocuparse y se dirigieron a la gran sala
de reuniones donde el señor Imago las
esperaba a todas.
Él, como el estómago sabio que
era, les explicó por qué todas eran
necesarias para el organismo del
ser humano, brindando las
vitaminas y minerales necesarias
para el balance perfecto.
Y aunque al principio las verduras solo querían una solución rápida, donde solo
triunfara un grupo, después de discutir y conversar se dieron cuenta de la
verdad, todas ellas eran necesarias y no podían dejar de lado a ninguna de la
dieta humana.
Así las verduras aprendieron a ser solidarias y
tolerantes unas con otras, aprendieron a convivir y a
ver en el otro lo valioso que complementa su propia
existencia. Las verduras compartieron y vivieron felices
en la granja, beneficiando al ser humano, permitiéndole
tener las mejores vitaminas.