Apéndice 2—Factores importantes en la elección de cónyuge 497
La capacidad de los contrayentes para mantenerse en buena con- [547]
dición financiera también fue presentada por la Sra. de White como [548]
un requisito para el éxito en el matrimonio. Señaló que hay quienes
“no han adquirido una propiedad”, y que no poseen “fortaleza física
o energía mental para adquirir una propiedad”, “que han tenido apu-
ro por casarse y han asumido responsabilidades cuya importancia
desconocían”. Pero son los hijos los que con frecuencia sacan la
peor parte, porque “los que tienen serias deficiencias en su capacidad
para sus negocios y que están menos capacitados para abrirse paso
en el mundo, por lo general llenan su casa de hijos”, los que “no
son alimentados y vestidos adecuadamente, y no reciben educación
física ni mental” (Véanse las p. 484 y 485 de este tomo).
Hay otro asunto que fue objeto de consejos. Se trata del ca-
samiento de hombres y mujeres que tienen diferencias étnicas y
culturales. Este tema se presentó cuatro veces en manuscritos y
publicaciones. Dos de las cuatro declaraciones acerca de este punto
aparecen en este volumen, en las p. 394 y 395. Estas fueron escri-
tas en 1896 y en 1912, y se eligieron para ser publicadas en este
volumen porque presentan los principios básicos implicados, y de
ese modo muestran cuál es la razón por la que no hay que estimular
tales matrimonios. Se declara que estas uniones pueden crear fácil-
mente “controversias y confusión”. Otra razón que ella señaló para
desalentar tales casamientos parece ser la “desventaja” que éstos
imponen sobre los descendientes, lo que puede llevar a los hijos a
sentir “rencor hacia los padres que les dieron esa herencia para toda
la vida”.*
*En cuanto a las otras dos declaraciones concernientes a los matrimonios mixtos, la
primera aparece como núcleo de un mensaje fundamental presentado por Elena G. de
White, el 21 de marzo de 1891, a los dirigentes de la iglesia, en el que ella los instaba a
trabajar en favor de la gente de color de los Estados Unidos. (Quien se interese en esta
declaración, puede encontrarla en toda su extensión en The Southern Work, 9-18, edición
de 1966.) En ella la sierva del Señor estableció con rasgos inequívocos la fraternidad
de todos los seres humanos, y dijo claramente que en el culto todos estaban en igualdad
delante de Dios. Al mismo tiempo dio una advertencia. En esta declaración, leída por ella
ante los dirigentes de la iglesia, encontramos estas líneas:
“Como iglesia, somos culpables de pecado porque no hemos realizado más esfuerzo en
favor de la salvación de las almas entre la gente de color... No tenéis permiso de Dios
para excluir a la gente de color de vuestros lugares de culto. Tratadlos como propiedad de
Dios, porque lo son tanto como vosotros mismos. Deberían ser miembros de la iglesia
juntamente con los hermanos blancos. Habría que realizar todo el esfuerzo posible para
498 Mensajes Selectos Tomo 2
Aunque estos cuatro mensajes que contienen palabras de consejo
fueron escritos en un momento definido, para hacer frente a ciertas
situaciones que imperaban en una zona geográfica particular, ¿no
podrían servir, sin embargo, para alertar a los que piensan casarse,
con relación a circunstancias y factores que podrían poner en peligro
la unión conyugal y legar a los hijos una herencia debido a la cual
algunos se sentirán agraviados?
Estos consejos figuran entre los que se han dado al creyente
con respecto a una experiencia significativa que tiene abarcantes
proyecciones en la vida, y señalan un proceder que contiene en
menor grado factores que podrían conducir a problemas angustiosos
y que podrían perjudicar o destruir la unión conyugal. Tal como
dice Elena G. de White: “Jesús quiere ver matrimonios y hogares
felices”.
Las declaraciones repetidas, formuladas por Elena G. de White
oralmente y en sus escritos, muestran claramente que de ninguna ma-
nera se trata de una desigualdad entre las razas. Ella siempre sostuvo
que existe una estrecha fraternidad entre todos los seres humanos, y
que en los libros del cielo el nombre de una persona perteneciente a
una raza está junto al nombre de otra persona perteneciente a otra
raza. Léase cuidadosamente el Apéndice 3, titulado: “La fraternidad
de los seres humanos”.—Los fideicomisarios.
borrar el terrible mal que se les ha causado. Al mismo tiempo no deberíamos llevar
las cosas a los extremos y tornarnos fanáticos en relación con esto. Habrá algunos que
pensarán que es conveniente derribar toda muralla de separación y hablarán de casarse
con gente de color, pero esto no es lo que debe enseñarse o predicarse”. The Southern
Work, 15, edición de 1966.
La otra presentación acerca de este punto se encuentra en una carta escrita el 8 de enero
de 1901, que contiene un consejo dado a un joven cuyos planes se habrían concretado en
el casamiento de una persona de raza caucásica con otra de raza negra. Los consejos que
dió en esa oportunidad son similares a los contenidos en su comunicación de 1912, y que
aparecen en la página 395 de este volumen. Pero Elena G. de White afiade expresiones
dignas de que sean objeto de meditación:
“No se una en matrimonio con una señorita que luego tendrá motivo para lamentar para
siempre el paso dado...
“Oh, cuán codiciosos, egoístas y faltos de percepción son los seres humanos. Desconfíe
de su propio juicio y dependa del juicio de Dios. Distinga entre lo que es agradable y lo
que es provechoso. Cumpla sumisamente la voluntad de Dios. Si Ud. va en pos de sus
propios caminos y si obedece su propia voluntad, encontrará espinas y cardos” Elena G.
de White—Carta 4, 1901.
Apéndice 3—La fraternidad de los seres
humanos
[549]
Cristo no admitió distinción—Cristo no admitió distinción al-
guna de nacionalidad, jerarquía social, ni credo...
Cristo vino para derribar toda valla divisoria. Vino para manifes-
tar que su don de misericordia y amor es tan ilimitado como el aire,
la luz o las lluvias que refrigeran la tierra.
La vida de Cristo fundó una religión sin castas, en la que judíos
y gentiles, libres y esclavos, unidos por los lazos de la fraternidad,
son iguales ante Dios. Nada hubo de artificioso en sus procedimien-
tos. Ninguna diferencia hacía entre vecinos y extraños, amigos y
enemigos. Lo que conmovía el corazón de Jesús era el alma sedienta
del agua de vida...
Procuraba infundir esperanza a los más rudos y en los que menos
prometían, presentándoles la seguridad de que podían llegar a ser sin
tacha y sencillos, poseedores de un carácter que los diera a conocer
como hijos de Dios.—El Ministerio de Curación, 15, 16.
Una sola hermandad—Cristo vino al mundo con un mensaje
de misericordia y perdón. Colocó el fundamento de una religión que
une a judíos y gentiles, a blancos y negros, a libres y esclavos, en
una gran hermandad, considerada en un mismo plano de igualdad
a la vista de Dios. El Salvador tiene un amor ilimitado para cada
ser humano. En cada uno de ellos ve posibilidades de mejora. Con
energía y esperanza divinas da la bienvenida a aquellos por quienes
dio su vida. Estos, mediante la fortaleza de Cristo, pueden vivir una
vida abundante en buenas obras, llena con el poder del Espíritu.—
Testimonies for the Church 7:225.
500 Mensajes Selectos Tomo 2
[550] Una sola familia por creación y redención—Dios no conoce
ninguna distinción por causa de la nacionalidad, la raza o la casta. Es
el Hacedor de toda la humanidad. Todos los hombres son una familia
por la creación, y todos son uno por la redención. Cristo vino para
demoler todo muro de la separación, para abrir todo departamento
del templo para que cada alma pudiese tener libre acceso a Dios...
En Cristo no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre. Todos
son atraídos por su preciosa sangre.—Palabras de Vida del Gran
Maestro, 367.
El Señor ha contemplado con pesar la más lamentable de las es-
cenas: la raza de color en esclavitud. El desea que en nuestro trabajo
por ella recordemos su liberación providencial de la esclavitud, el
vínculo común que la une a nosotros por derecho de creación y de re-
dención, y su derecho a las bendiciones de la libertad.—Testimonies
for the Church 7:223.
En la religión de la Biblia no hay casta ni color—La religión
de la Biblia no reconoce casta ni color. Ignora el rango, la riqueza
y el honor mundanal. Dios estima a los hombres en su calidad de
hombres. El carácter es el que decide el valor de los hombres a la
vista de Dios. Y nosotros debemos reconocer el Espíritu de Cristo en
cualquiera en quien se revele.—Testimonies for the Church 9:223.
Cristo trataba de enseñar a sus discípulos la verdad de que en el
reino de Dios no hay fronteras nacionales, ni casta ni aristocracia;
que ellos debían ir a todas las naciones, llevándoles el mensaje del
amor del Salvador.—Los Hechos de los Apóstoles, 17.
El amor imparcial elimina el prejuicio—Las paredes diviso-
rias del sectarismo, las castas y las razas se desplomarán cuando el
verdadero espíritu misionero entre en los corazones de los hombres.
El prejuicio es eliminado por el amor de Dios.—The Review and
Herald, 21 de enero de 1896; The Southern Work, 55 (1966).
Se han erigido paredes de separación entre los blancos y los
negros. Estas paredes de prejuicios se desplomarán tal como las
murallas de Jericó, cuando los cristianos obedezcan la Palabra de
Dios, que ordena amor supremo al Hacedor y amor imparcial al
prójimo. The Review and Herald, 17 de diciembre de 1895 Véase
también Servicio Cristiano Eficaz, 269; The Southern Work, 43
(1966).
Apéndice 3—La fraternidad de los seres humanos 501
Cuando el Espíritu Santo sea derramado los seres humanos triun- [551]
farán sobre el prejuicio al buscar la salvación de las almas. Dios
controlará las mentes. Los corazones humanos amarán tal como
Cristo amó. Y muchos considerarán a la gente de color en forma
muy diferente de lo que la consideran ahora. Para amar tal como
Cristo ama, elevar la mente hacia una atmósfera pura, celestial y
abnegada.—Testimonies for the Church 9:209.
Acercaos a Dios como una hermandad—Cuando el Espíritu
Santo inunde las mentes humanas, desaparecerán de ellas todas las
quejas y las acusaciones mezquinas que ocurren entre los hombres
y sus semejantes. Los luminosos rayos del Sol de Justicia brillarán
en las cámaras de la mente y el corazón. En nuestro culto a Dios no
debe existir distinción entre ricos y pobres, ni entre blancos y negros.
Debe eliminarse todo prejuicio. Cuando nos acercamos a Dios,
debemos hacerlo como una sola hermandad. Somos peregrinos y
extranjeros, y vamos en viaje hacia una tierra mejor, a saber, la patria
celestial. Allí terminarán para siempre todo orgullo, toda acusación
y toda vana ilusión. Se quitará toda máscara y “lo veremos como él
es”. Allí nuestros cantos repetirán el tema inspirador, y tributarán
alabanza y agradecimiento a Dios.—The Review and Herald, 24 de
octubre de 1899.
Extracto del llamamiento realizado el 20 de marzo de 1881—
El Señor Jesús vino a esta tierra a salvar a los hombres y las mujeres
de todas las nacionalidades. Murió tanto por la raza de color como
por la raza blanca. Jesús vino para iluminar a todo el mundo. Al
comienzo de su ministerio declaró cuál era su misión: “El Espíritu
del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de
corazón; a pregonar a los cautivos libertad, y vista a los ciegos; a
poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del
Señor”. Lucas 4:18, 19.
El apóstol Pablo dice: “Porque ¿quién te distingue?” 1 Corintios
4:7. El Dios del hombre blanco es el mismo Dios del hombre negro,
y el Señor declara que su amor por el menor de sus hijos excede al
amor de una madre por su hijo amado.
Los ojos de Dios están sobre todas sus criaturas, él las ama a
todas, y no establece diferencia alguna entre el blanco y el negro;
la única diferencia que hace consiste en tratar con especial y tierna
502 Mensajes Selectos Tomo 2
[552] compasión a los que tienen que soportar cargas más pesadas que
otros. Los que aman a Dios y creen en Cristo como su Redentor,
aunque tengan que hacer frente a las pruebas y las dificultades que
encuentran a su paso, deben aceptar con un espíritu gozoso su vida
tal como es, y considerar que Dios ve todas estas cosas desde lo alto,
y que por todo lo que el mundo deja de proporcionarles, Dios mismo
los resarcirá con sus favores escogidos...
Cuando el pecador se convierte, recibe el Espíritu Santo que lo
hace un hijo de Dios y lo prepara para la compañía de los redimi-
dos y de las huestes angélicas. Es hecho un coheredero con Dios.
Cualquier miembro de la familia humana que se entregue a Cristo,
quienquiera que preste atención a la verdad y la obedezca, llega a
ser hijo de una misma familia. Los ignorantes y los sabios, los ricos
y los pobres, los paganos y los esclavos, los blancos y los negros:
Jesús pagó por todos ellos el precio de sus almas. Si ellos creen en él,
su sangre purificadora se aplica a ellos. El nombre del negro queda
escrito en el libro de la vida junto al nombre del blanco. Todos son
uno en Cristo. El nacimiento, la posición social, la nacionalidad o el
color no pueden elevar o degradar al ser humano. El carácter es lo
que hace al hombre. Si un piel roja, un chino o un africano entrega su
corazón a Dios, con obediencia y fe, Jesús no lo ama menos debido
al color de su piel. Llama a todo sus hermanos amados...
Los seres humanos tienen prejuicios heredados y cultivados,
pero cuando el amor de Jesús llena el corazón y ellos llegan a ser
uno con Cristo, no se ofenderán ni lo despreciarán. Van viajando
hacia el mismo cielo y se sentarán en la misma mesa para comer
pan en el reino de Dios. Si Jesús mora en nuestros corazones no
podemos despreciar a los de color que tienen al mismo Salvador
morando en su corazón.—The Southern Work, 9-14 (1966).—Los
fideicomisarios.
Corporación Editorial Elena G. de White
Wáshington, D. C.
Agosto de 1967.