KABASH
KABASH
Curso básico
Aprende a canalizar la fuerza de la mente y del espíritu
para alcanzar tus metas en todos los planos:
profesional, económico, físico, emocional, afectivo,
familiar y espiritual.
Coordinación. Gral.: Maestra, Ps. Alma Pochellú.
Maestra, Ps. Ana Paula Garrido
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KABASH
PROGRAMA
• INTRODUCCIÓN
EL MAESTRO ROLLAND Y EL INSTITUTO NEFRÚ
• EGIPTO EN LA DINASTIA XVIII
• LA REVOLUCIÓN ATONIANA
• EL KABASH
• DABRAKÁ
EL PODER DE LA MEDITACION
Como meditar con la Dabraká
¿Qué dificulta la meditación?:
1) La autoestima
2) Influencias Negativas
I) Ejercicios de concentración
Concentración en la Dabraká
II) El poder de creación de la mente.
III) Como generar corriente de energía: el concepto de polarización
• EL CONCEPTO DE AURA
• INVESTIGACIONES CIENTIFICAS COMPRUEBAN LOS BENEFICIOS DE LA
MEDITACIÓN
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KABASH
INTRODUCCIÓN
El objetivo del curso es ayudar a comprender qué es el Kabash y cómo se vivencia su práctica energética
y mística: la Dabraká, una tradición de meditación según la sabiduría del Antiguo Egipto.
El Kabash es un conocimiento amplio que incluye la autoayuda y lleva a la elevación del ser humano.
A lo largo de un proceso de crecimiento personal, el Kabash puede ser utilizado como un poderoso
instrumento de ayuda al otro de una forma equilibrada y responsable.
Es a través de la práctica de la meditación que mejora el aprendizaje dado que siendo una sabiduría de
transformación personal y de auto superación, no se basa únicamente en una teoría ni en una
comprensión puramente racional. La teoría es importante en la medida que nos lleve al despertar de
ese gran potencial humano: el poder de la mente unido al espíritu!
Sin embargo, aprenderemos Kabash verdaderamente si practicamos con el corazón. Podremos decir que
sabemos Kabash recién cuando se convierte en parte de nuestra propia vida.
EL MAESTRO ROLLAND Y EL INSTITUTO NEFRÚ
Todo este conocimiento llega a nuestros días a través de las enseñanzas de Rolland – Maestro en
Kabalah y en Kabash.
Rolland (Manuel Berniger Litman) es uruguayo, nacido en Montevideo. Vivió su infancia en Europa
realizando sus primeros estudios en Francia y Alemania.
En su adolescencia, viajó a Buenos Aires donde comenzó a estudiar profundamente la Kabalah, cursando
también las carreras de Medicina y Psicología.
Su pasión por la Mística lo transformó en un tenaz y apasionado investigador del Antiguo Egipto. Dedicó
muchos años en las tierras del Nilo al estudio del legado cultural de esa civilización maravillosa.
Entonces sintió una necesidad de transmitir ese gran conocimiento de aquellos sabios del pasado que
fuera rescatado de su investigación y por la profundidad de su mística. Con ese objetivo funda el
Instituto Nefrú, con sede en Uruguay y Argentina; todos enfocados a la difusión y práctica de esa
Sabiduría.
Hace 40 años que enseña incansablemente a través de cursos, seminarios, libros, programas de radio,
conferencias, etc.
Sobre el camino que lo llevó a descubrir el Kabash y ser un eslabón más en la cadena de transmisión de
estas enseñanzas, el propio Maestro Rolland nos hablará más adelante.
El nombre: Instituto Nefrú, es en homenaje a una Suma Sacerdotisa del Antiguo Egipto que vivió
aproximadamente 3500 años atrás, en una etapa de la Dinastía XVIII: Nefrú “La Dama de la Flor Azul”,
Maestra y Médica del Cuerpo y del Alma, además de Escriba de la Política, Escriba de la Justicia,
Organizadora de las Leyes del Alto y Bajo Egipto. Una mujer extremadamente culta y de gran fe; como
filósofa contribuyó notablemente con sus escritos y fue una de las ideólogas de la revolución monoteísta
del reinado de Akenaton y Nefertiti.
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KABASH
EGIPTO EN LA DINASTIA XVIII
El Kabash vivió su apogeo justamente en este período de la Historia. Por lo tanto, para que hoy en día
podamos acercarnos a su esencia, debemos conocer un poco sobre su contexto histórico:
Egipto fue el imperio que se mantuvo por más tiempo a lo largo de la historia. Una civilización de gran
esplendor que nos dejó una herencia tan rica que aún hoy continúa siendo descubierta.
Su territorio estaba dividido en dos áreas con características bien diferenciadas. Esa división se daba a
partir de una línea imaginaria situada aproximadamente donde actualmente está la ciudad de El Cairo.
Al Norte se encontraba el Bajo Egipto donde el Nilo presentaba varios brazos formando un Delta. Al Sur,
el Alto Egipto, llegaba hasta Elefantina, hoy Aswan. Si bien ambos reinos o los Dos Países como era
llamados antiguamente, fueron unificados, cada uno mantenía sus símbolos.
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El Alto estaba representado por una corona blanca y su emblema era una flor de Lotus. La corona roja
representaba al Bajo Egipto y su emblema era una planta de papiro. El Faraón usaba una doble corona
ya que era Rey del Alto y del Bajo Egipto.
El Faraón, que llevaba el título de “hijo de Dios, era dueño absoluto y dirigía el destino de los Dos Países.
Todo pertenecía al Faraón: las tierras, los bueyes, los patos, el oro. Nadie era dueño de la tierra en la
que vivía y los campesinos daban gran parte de sus cosechas al Rey. Nadie acumulaba granos en su
casa. El Estado, cuando la cosecha era buena, los guardaba en grandes galpones y así podrían subsistir
en los años de escasez.
El Faraón tenía sus consejeros, visires y escribas que lo asesoraban e informaban permanentemente,
sobre todo en asuntos de interés para el gobierno. También estaban los grandes sacerdotes, los
Hierofantes, que traían los consejos más místicos: “la voz de los dioses”. Ellos hacían sus profesías y
recibían mensajes para orientar al Gran Faraón sobre cómo llevar adelante su reinado.
Los altos funcionarios del gobierno – visires, escribas, arquitectos, etc.- eran una minoría que gozaba de
muchos privilegios. Formaban castas, es decir, pasaban el derecho de sus cargos a sus hijos en forma
directa. El que no era hijo de un Escriba, no podía ser Escriba. Lo mismo ocurría con los sacerdotes y
con todas las profesiones de la época. No había posibilidades de estudiar y obtener un título
demostrando conocimiento.
La religión Egipcia, siempre fue politeísta, excepto en una corta etapa durante la Dinastía XVIII.
Los dioses más importantes como Osiris, el Dios de los Muertos; Isis y Hator, diosas del amor y la
fertilidad; Horus, el Águila protectora; Toth, Dios de la sabiduría; Rá, Dios Sol, etc., compartían el
panteón con otro grupo de deidades de menor entidad. Existía un Dios para cada necesidad.
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Dioses del Antiguo Egipto
fig. 1 fig. 2
fig. 3 fig. 4 fig. 5
fig.6
Fig. 1: Dios Osiris, de la muerte
Fig. 2: Diosa Isis, de la fertilidad
Fig. 3: Dios Horus, dios protector
Fig. 4: Dios Toth, de la sabiduría.
Fig. 5: Diosa Hator. Diosa del amor
Fig. 6: Dios Atón, Creador
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Todo Egipto era un país organizado, especialmente los trabajos de siembra y cosecha que debían ser
realizados con gran precisión. Como no llovía, la fertilidad de la tierra dependía de la creciente del Nilo.
De esta forma, gracias a tu organización, a pesar de sus desiertos y de la poca extensión de tierra
cultivable, Egipto fue considerado “El Granero del Mundo”.
Fue gobernado por muchos faraones a lo largo de sus 22 Dinastías; algunos más conocidos que otros,
pero para seguir con el propósito de este curso, el Faraón más importante del que hablaremos es
Amenofis III, noveno faraón de la dinastía XVIII que ascendió al trono de Egipto en 1391 AC y reinó hasta
1352 AC aproximadamente. Era hijo de Tutmosis IV y padre de Amenofis IV, llamado posteriormente
Akenaton, o conocido como “El Faraón Hereje” que implantó el monoteísmo en el Antiguo Egipto a
través de la Revolución Atoniana.
El Egipto que encontró Amenofis III era una tierra de gran opulencia y poder. Como “Gran Constructor”,
él mismo contribuyó sumando grandes obras arquitectónicas al esplendor egipcio. Buscó mantener las
relaciones con los países vecinos y vasallos a través de tratados y de un activo intercambio comercial,
con pocas acciones militares. Sin embargo, el Destino llevaría a este Faraón a entrar en una época crítica
en la historia de los Dos Países.
Amenofis IV. Posteriormente cambia su nombre
por Ahkenatón.
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KABASH
LA REVOLUCIÓN ATONIANA
Toda revolución nace como consecuencia de un proceso social, económico, cultural y religioso.
Egipto, sobre el final del reinado de Amenofis III, atravesaba un período de crisis castigado por el
hambre: luego de una seca prolongada, el Nilo se rehusaba a desbordarse e fertilizar así las tierras para
que pudiesen ser cultivadas. Los graneros o galpones estaban ya vacíos y por primera vez el Faraón se
sintió obligado a pedir a sus países vasallos que pagasen sus tributos con alimentos.
Pero Amenofis II también perdió las dos guerras más importantes que había enfrentado; por lo tanto,
algunos países y sus reyes dejaron de ser dominados y por lo tanto, dejaron de contribuir con el Imperio.
Egipto, no solamente había perdido sus dominios, sino sus grandes ingresos. Sin esas contribuciones se
quedó sin medios para mantener el ejército, corriendo así el riesgo de seguir perdiendo antiguas
conquistas.
En los templos había tristeza y gran ansiedad. Los sacerdotes bendecían las tierras y a los campesinos,
pero ni las bendiciones ni las oraciones a sus Dioses daban resultado. Muchos interpretaron esa
situación como si estuviesen siendo víctimas de un castigo, lo que generaba miedos e inseguridad.
La revolución hizo erupción como consecuencia de un problema social, no fue solamente el resultado de
una confrontación religiosa.
La religión de Aton se hubiera podido practicar en convivencia con los demás Dioses como era hasta ese
momento. Aton, cuyos adeptos eran pocos, nunca representó una amenaza para las grandes deidades
como Amón-Ra, Osiris, Isis o Hator. La mayoría de ellos pertenecía a tribus semitas que vivían en
Egipto. Los judíos vivían separados, tenían otras costumbres, otras creencias, excepto los ricos que
fueron absorbidos por los templos egipcios conciliando su Dios, su monoteísmo con las otras
divinidades…
Poco a poco, judíos y egipcios sufrieron una mutua influencia de sus creencias. Su culto fue llevado
hasta las tierras del Nilo por descendientes de la tribu abramita que profesaba el monoteísmo; dentro de
ellos, el conocido José de los escritos bíblicos que en Egipto fue llamado Yuya.
Como cuenta la Biblia, José fue vendido por sus hermanos como esclavo a los egipcios, pero fue
nombrado Visir cuando interpretó un sueño del Faraón (las siete vacas flacas que salieron del Nilo y
comían 7 vacas gordas), aconsejándolo a guardar los granos de los años de abundancia para que hubiese
alimentos en los años de escasez que vendrían; consejo que salvó al país del hambre y de la miseria en
aquella época. De esta forma, la descendencia abrahamita alcanzó el poder lo que tuvo su momento
cúlmine con el casamiento de Amenofis III y la hija de Yuyá, Tyié – cuyo nombre significa “estoy con Ié”.
Además de ello, el hermano de la Reina Tyié, el General Jai Ari, era el el Jefe de los Ejércitos.
Con el tiempo, el Dios Ié que era el Dios de los Milagros, el Gran Dios Invisible, ocupó un lugar de
destaque dentro del panteón egipcio: unido a Aton, Dios de los Ejércitos, cuyo culto ya existía en
Heliópolis (Ciudad Bíblica de On), pasó a ser llamado Aton-Ié y luego, unido a la gran fuerza solar de Ra,
se convirtió en Aton-Ra, que apoyado por los principales dirigentes del gobierno de Egipto, se convirtió
en Símbolo de la revolución atoniana y fue proclamado como Dios oficial de la religión egipcia por
Amenofis IV.
De esta forma, por un corto período de 17 años, el país rindió culto a ese dios Abraamita, un Dios único
que puso a un lado todas las deidades que formaban parte de las arraigadas tradiciones religiosas. Se
instaura entonces, por primera vez en la historia del Antiguo Egipto, hace cerca de 3500 años atrás, el
monoteísmo.
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Amenofis IV, quien cambió su nombre a Akenaton “Servidor de Aton”, fue uno de los personajes más
controversiales de las Tierras del Nilo. “El Faraón Hereje, casado con la Reina Nefertiti “La Bella ha
llegado”, oriunda de las tierras de Mitanni.
Akenaton y Nefertiti, al desencadenarse la revolución atoniana, tuvieron que enfrentarse a la hostilidad
de los sacerdotes de Tebas que eran politeístas y rendían culto al dios Amón-Rá, Dios principal en aquel
entonces. Tebas era la capital y el centro cultural y de poderío político, económico y religioso de la
época. De esta manera, los sacerdotes tebanos concentraban mucha riqueza, eran portadores de mucho
conocimiento y acumulaban privilegios; su poder se comparaba a la de un gobierno dentro del propio
gobierno Egipcio.
En forma estratégica, la pareja real, transfirió la capital para el centro del país, donde construyeron la
nueva ciudad, Neket-Aton u “Horizonte de Aton” (actualmente conocida como Tell-Amarna). Allí se
fundaron los primeros templos de Aton o las llamadas Casas de Vida.
Buscaban implantar una nueva filosofía representada por un Disco Solar con los brazos extendidos y
cuyas manos daban vida, así como el Sol da luz y calor y su bendición a todos los hombres sin importar
su condición. Era el Dios de la Justicia, del Amor y la Verdad, una profunda esencia de humanismo.
A partir de estos conceptos, las Casas de Vida abrían sus puertas a la población para ayudar a través de
terapias desarrolladas por los sacerdotes atonianos y organizadas por la Suma de Sumas Nefrú. También
rescataron los conocimientos de la Antigua Escuela de Ptah Otep (Dinastía XII y trataron de enseñar al
pueblo a crecer y vivir mejor, para que todos fuesen responsables de su propia felicidad.
Esa fue la forma de atraer más adeptos y la religión atoniana se tornó popular, con la propuesta de una
sociedad más justa.
A pesar de ello, los más conservadores arraigados a sus antiguos Dioses, no aceptaban lo que
consideraban una total herejía y la revolución comenzó a tener rechazo por parte de las clases
dominantes unidas al clero de Amón-Ra, ya que sintieron amenazados sus privilegios y su poder.
Más tarde se unieron a los países vecinos que quisieron aprovecharse de la situación para liberar a
Egipto, y así, hubo una fuerte reacción que culminó con el fracaso de la revolución.
Quisieron borrar este período de la Historia: un Faraón hereje y su revolución hereje, un mal ejemplo
que debía ser olvidado por completo, por eso muchos registros de la época fueron destruidos.
Sabemos que esa fue la base de tres religiones actuales que retomaron la esencia monoteísta de Aton
que son el Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo. Esa etapa también puede ser considerada como
fuente de inspiración de otras revoluciones que ocurrieron posteriormente, ya que fue una fase
innovadora: en el plano social hubo un momento de destaque del rol de la mujer y de sus derechos, lo
que fuera bien representado por la figura de la Reina Nefertiti; en el plano cultural, notamos el
nacimiento del llamado Arte de Amarna, que retrataba la importancia de la unión del Hombre con la
Naturaleza. Además, hubo gran riqueza de principios filosóficos, éticos y humanistas.
Parte de todos esos conceptos puede llegar hasta nuestros días gracias a la influencia innegable ejercida
por las leyes Mosaicas y la religión judía. Como ya hemos visto, los judíos vivieron 480 años en Egipto y
absorbieron gran parte de la cultura egipcia. El propio Moisés, que fuera un príncipe criado en Egipto,
solo podría enseñar a su pueblo lo que había aprendido en los Templos Egipcios unido claro a la gran
inspiración que tuvo en el Sinaí.
Este es el pensamiento del Maestro Rolland pero también de otros autores como Freud que en su libro
Moisés y el Monoteísmo, toma en consideración este tema cuando habla sobre los orígenes de la
cultura y de la religión mosaica.
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Nefertiti, “la bella ha llegado”
EL KABASH
Quizá una de las preguntas más importantes en este momento sea entender cómo llegó el Maestro
Rolland a la Sabiduría que viene transmitiendo hace años a sus discípulos y que es la gran base de las
enseñanzas divulgadas y practicadas por el Instituto Nefrú. Pero vamos a dejar que él mismo nos cuente
su historia:
“Grandes hombres, grandes guías de nuestra civilización miraron atrás porque buscaban aprender.
Entonces, por qué no reflexionar sobre las enseñanzas de nuestros antepasados, de la sabiduría y la
cultura humanas acumuladas a los largo de millares de años? ¿Por qué despreciar esa valiosa
contribución? Por qué no escuchar la voz del pasado, traer al presente y llevar al futuro enseñanzas que
podrían ser útiles para nuestra vida?
Por eso, reconozco y respeto mis orígenes. Nací en cuna judía, mi padre era un Kabalista* y fue él quien
me enseñó la primera meditación que hice cuando tenía 8 años. En mis días de juventud, fui a la Escuela
de Kabalah en Buenos Aires; también estudié medicina y psicología. Siempre respeté a los maestros que
me enseñaron las esencias de la Kabalah, así también busqué aprender de los Maestros de mis
Maestros.
La Kabalah fue y continúa siendo una de las grandes soluciones para el hombre a través de los tiempos.
Especialmente para el pueblo judío, para quien fue algo mágico y hasta temido. Pero la Kabalah no es
fácil de estudiar y comprender, especialmente porque fue trasmitida, la mayor parte del tiempo, como
una tradición oral: de Maestro a discípulo. Los grandes Rabís enseñaban conceptos y combinaciones de
Kabalah (las meditaciones) oralmente y no permitían que nada fuera anotado.
Aquellos que me enseñaron seguían a diferentes Kabalistas, especialmente los que unían la Kabalah a la
religión y a la teosofía. Pero llegó a mí un Maestro que revolucionó mi visión sobre la Kabalah; él
comenzó a hablar de Lúria, que además de haber ido a Israel también estuvo en Egipto buscando los
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orígenes de esa sabiduría.
Aunque fueron pocos los Kabalistas que lo siguieron, ese gran genio tuvo importantes discípulos. La
influencia de Luria sobre mi fue muy grande, sobre todo por el concepto de que la Kabalah tenía que ser
para todos, no solamente para los judíos, tenía que ser llevada al mundo. Es claro que eso lo llevó a
tener muchos enemigos y a ser perseguido dentro de la propia colectividad judía. Pero para mí, él fue
muy grande y siempre tuve una simpatía especial por sus ideas, incluso aquellas relacionadas a los
orígenes egipcios de la Kabalah.
Estudiando egipcio, estudiando los jeroglíficos y buscando entre las tumbas, encontré muchas palabras
semitas** y pude percibir el origen egipcio de estas palabras. Muchas de ellas tienen su origen en el
antiguo Egipto. Tomemos como ejemplo el nombre del propio patriarca judío Abraham. Vi que en
egipcio antiguo Ab Ra Am quería decir “padre del pueblo de Dios”: Ab, padre; Ra: Sol y Am: pueblo.
Interesante ¿verdad?
Siempre pensé sobre el origen del pueblo hebreo: ¿por qué fueron a Egipto? Egipto era la capital del
mundo en aquel momento.
Así con el nombre de Abraham, entre por la puerta más grande en la historia del hombre. Ingresé en la
tierra del Nilo. Comencé a hurgar entre muchos nombres y conceptos hebraicos y los encontré en el
interior de la cultura egipcia. Busqué sus orígenes, solo quería encontrar la raíz, aquello que hace a una
cultura ser madre de otra.
Entonces fui a Egipto probablemente buscando los orígenes de la Kabalah, buscando una verdad más
allá, busqué los principios de todo lo que había aprendido con mis Maestros.
Recuerdo muy bien uno de los 14 viajes que realicé a Egipto mientras buscaba respuestas a mis
inquietudes como discípulo, como místico. Era Julio, pleno verano en el Cairo, sentado al lado de una
tumba, con un calor insoportable para mi no paraba de pensar: “Todo lo que estoy estudiando,
arqueología, jeroglíficos, tantas tumbas, monumentos y papiros…algún día sabré por qué lo hago? Qué
estoy buscando sufriendo este calor en el Valle de los Reyes?
Esperé tantos años para saber el porqué de estos viajes, de estos estudios. Hoy soy feliz porque sé!
Estas páginas son en parte el resultado de todo aquello que estaba haciendo en aquel momento sin
saber la razón.
Qué importante es conocer las grandes razones de nuestra vida!
Seguí ese mensaje, una inspiración, y seguí mi camino. Encontré una verdad, el Kabash, y es lo que
quiero enseñar. Tengo tanto para transmitir! Tantas enseñanzas!
Entonces, como una respuesta a esos pensamientos, sentí un mensaje: “En Egipto encontrarás la
verdad, el origen de la Kabalah: la gran sabiduría del Kabash.”
* Aquél que sigue y practica Kabalah, sabiduría de revelaciones y fuerzas místicas sobre la Creación y su Creador; fue
trasmitida por Moisés a los judíos.
**Descendientes de las tribus Sem. Se relaciona con los pueblos árabes, hebreos y sirios, localizados en SE de Asia y el
Norte de África.
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No me considero un egiptólogo, soy un apasionado del Antiguo Egipto y mucho de aquello que enseño,
principalmente su base práctica, no fue descubierto a través de mis estudios en papiros, libros,
inscripciones en tumbas y monumentos. Y no podría ser diferente ya que en la Dinastía XVIII, durante el
reinado de Akenaton y Nefertiti, la difusión de esta sabiduría estaba íntimamente ligada a la Revolución
Atoniana y, como ya vimos, muchos registros de esa época fueron destruidos.
Astenkeph. Espíritu Guía, Ka, del
Maestro Rolland.
Como místico, debo respetar un gran principio: honestidad. Debo ser
honesto conmigo mismo y por ello, hablar de un espíritu mensajero
que me acompaña y que, por inspiración, me llevó a las Tierras del
Nilo, la Suma Sacerdotisa Astenkpeh. Al saber de su origen egipcia,
sentí una gran necesidad de buscar, quería verificar los mensajes que
había recibido, quería saber si todo lo que sentía era real o estaba
delirando. No era por falta de fe, sino por un gran deseo de ver esa
realidad plasmada delante mio.
El estudio me abrió las puertas y me mostró la luz que deseaba hallar.
Tenía mucha hambre de saber. Así, entré en la Sabiduría del Kabash…
Siento orgullo de ser su mensajero, y ser el primero en escribir sobre
este conocimiento en nuestro tiempo. Me siento feliz por
devolverle la voz a esos Maestros del pasado!!
El Kabash es la gran Sabiduría Mística de los Sacerdotes Hierofantes del Antiguo Egipto. El Hierofante
era un sabio que tenía el más alto grado otorgado a un sacerdote; eran los consejeros del Faraón.
Se formaban en la Escuela de Ptah Otep, ésta a su vez, se inspiró en las enseñanzas del Dios Toth,
llamado Hermes por los griegos. Hermes Trismegisto, el “Tres Veces Grande”, considerado Maestro de
Maestros, Padre de la Sabiduría, Descubridor de la Alquimia y fundador de la Astrología, fue la esencia
de toda mística, en especial de la egipcia.
Esta sabiduría vivió su primer gran momento de organización, hace aproximadamente 3800 años, en la
Dinastía XII, durante la formación de la primer Escuela de Medicina de la Historia, que llevaba del
nombre de un gran genio que tuvo la idea visionaria de reunir todo el saber sobre el Ser Humano
existente hasta esa época. Ptah Otep dio órdenes a los escribas para que registraran todo.
En sus aulas enseñaba que era necesario tratar el cuerpo a través del espíritu. También decía que la
mejor forma de conquistar un nuevo mundo era luchar contra las pequeñas cosas que nos enfermaban:
debemos conocer nuestros miedos, inseguridades, estados depresivos, ideas persecutorias y los
bloqueos que nos anulan en varios aspectos de nuestra vida. Estas eran las clases de este sabio que lo
hacían llegar hasta lo que hoy llamamos psicología; tocaba temas básicos como el miedo y los sueños.
Decía que los sueños unen al hombre con lo que desea. Quien tiene sueños, vive, cuando una persona
no alcanza sus metas, se enferma. Los sueños son motivaciones de vida y son importantes como el pan
de cada día; la persona que no tiene aspiraciones entra en depresión, en una especie de vacío. Y el
espíritu que nos da deseos de vivir, sin sueños no hay vida, no hay un rumbo.
Una de las esencias más importantes de la Escuela de Ptah Otep era la de que el hombre tenía una
fuerza poderosa, que va más allá del instinto de conservación, tiene alma, lo que ningún animal tiene. El
hombre que cree, que tiene fe en su fuerza interior y en la vida, tiene armas para luchar y es aquél que
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KABASH
gana la batalla.
“Todo es mente y espíritu”, decía Ptah Otep. Se entendía que así como la mente muchas veces lleva a la
destrucción, a somatizar una enfermedad, también puede provocar el efecto contrario llevando al ser
humano a construir una vida armoniosa en todos los planos.
Se trabajaba con el concepto de que a través de la mente, se podía crear una corriente de energía y
canalizarla para donde fuera necesario; es decir, si se realizaba una concentración correcta y
direccionando la mente, se podía alcanzar la meta deseada.
Ptah Otep, un gran místico y un gran humanista se atrevió a enseñar a su pueblo a ser responsable de su
propia felicidad. No bastaba con pedir ayuda, era necesario ayudarse a sí mismo. Se entendía que era
fundamental que cada persona supiese cómo hacerlo, tomando en sus manos la responsabilidad por su
propia vida y por su realización personal.
Fue un idealista y un soñador que dio un sentido al estudio y al conocimiento. Su filosofía era la de que:
“no es suficiente saber por saber, es preciso entender que a través de la sabiduría, el hombre puede
mejorar su vida”.
Este concepto reflejaba la doctrina de su Maestro, el Gran Toth “Si la adquisición de conocimiento no se
puede manifestar en la práctica y en el trabajo, será lo mismo que enterrar metales preciosos. Algo sin
sentido e inútil. El conocimiento, al igual que la fortuna, debe ser empleado.”.
Ese sabio Hierofante, siempre lucho por desarrollar u profundo sentimiento humanista en sus
discípulos. Aseguraba que todo conocimiento debería formar no solamente un gran intelecto sino
también un “corazón inteligente” porque entendía que “la inteligencia, sin corazón, crea destrucción”.
Estos son los conceptos fundamentales dados por ese alto funcionario y Médico Faraónico, Ptah Otep,
que hoy después de casi 4 mil años de historia, deberían ser oídos más que nunca.
El auge de estas enseñanzas ocurrió en una etapa de la Dinastía XVIII, durante el reinado de Akenaton y
Nefertiti, hace 3550 años. Como parte de la estrategia de la revolución atoniana, las Casas de vida,
como se le llamaba a los Templos, también grandes centros del saber, abrían sus puertas para ayudar a
enseñar a la población a vivir mejor, basándose en esta sabiduría.
La llamada “Sabiduría de las Estrellas”, ya que según la creencia de la época, fue transmitida por “dioses
llegados de otros mundos”; de las estrellas. Pero lo más importante no es conocer su origen, al igual que
nunca sabremos exactamente cómo y cuando el hombre pudo dominar el fuego por primera vez o
comunicarse a través del habla y posteriormente a través de la escritura – conocimientos esenciales para
la cultura humana y que utilizamos hasta hoy…
Lo más importantes es entender que el Kabash abarca el conocimiento sobre el ser humano en todos los
planos, su relación con los astros y con la naturaleza y el encuentro con su alma y con su destino. Un
profundo saber sobre la integración energética del hombre con el Universo al cual pertenece.
Los estudiosos del Kabash, trataban de comprender la naturaleza de todo lo que puede ofrecernos.
También estudiaban la influencia de los astros sobre la tierra y sobre todos los seres vivos, con la certeza
de que no estamos separados del universo y que las mismas leyes que lo rigen, rigen también nuestra
vida. En todo hay un orden natural y una armonía que deben ser respetadas, caso contrario, se genera
un caos y se verá afectada nuestra salud y equilibrio emocional. Por ello, enseñaban cómo el hombre
podía integrarse a ese orden de la mejor manera posible sin ignorarlo.
A partir de estos conceptos, aprendemos cómo curaban los antiguos sacerdotes médicos, su
conocimiento sobre el aura y cómo desarrollaban su mística. Aún hoy, aquellos sacerdotes podrían ser
calificados como “magos” por lo que lograban hacer con su fuerza mental y espiritual. Siempre me
asombró su sensibilidad y su sabiduría, su capacidad para entender la psiquis humana y para tocar tan
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profundamente el alma, así como sus conocimientos sobre la energía.
Me convertí en un gran admirador de aquellos sabios del pasado. Busqué aprender cada vez más sobre
sus consejos para la vida y sobre sus terapias, basadas en la aplicación de la Dabraká, la forma de
meditación según las tradiciones y práctica del Kabash. A través de la meditación aprendemos a
desarrollar el poder de la mente y el espíritu, canalizando energía para las necesidades diarias.
El Kabash no es historia, es un saber que vive a través de cada Dabraká, que debe ser entendido como un
instrumento que nos ayuda a superarnos, a transformar nuestra vida y a tener equilibrio y armonía; a
alcanzar nuestras metas llevándonos en dirección al éxito y a la realización personal.
DABRAKÁ
EL PODER DE LA MEDITACION
Durante mucho tiempo estuve en Egipto, estudiando, investigando y tratando de descifrar antiguas
escrituras, no solamente el significado literal de los textos sino su sentido real, en toda su profundidad.
Mi mayor felicidad fue cuando encontré en esas escrituras ciertas palabras que, según los egiptólogos,
no tenían una coherencia y por lo tanto no se podían traducir.
En el Museo del Cairo junto a un gran estudioso, el Dr. Nemem, analizaba frases de Imhotep (sacerdote
de la Dinastía III) no conocidas en el Papiro de Smith. Encontré una frase que decía algo así: “Que la
persona le reza a Osiris y que va pensando cual es su verdadera necesidad…”; inmediatamente venía una
frase que no se entendía…
Con la base que había aprendido a través de mi estudios en Kabalah, donde los Rabís enseñaban sobre la
fuerza de la concentración en la combinación de letras, pude entonces entender que aquella
combinación de jeroglíficos que parecía sin sentido era un “código”, eran letras que Imhotep estaba
tratando de unir para que la persona, en su oración a Osiris, encontrase fuerzas para sentirse bien.
Ese descubrimiento fue para mi como descubrir mi propia “Piedra de Roseta” que me posibilitó descifrar
frase que estaban envueltas en religión y misterio y que otros egiptólogos decían eran frases
equivocadas. La verdad es que no estaban escritas en jeroglífico sino en hierático, una escritura sagrada
y secreta. Estas combinaciones de escritura hierática, las Dabrakás, constituyen la esencia de una
sabiduría tan antigua, son la base del Kabash.
Así entonces, embargado por la emoción, hice por primera vez una meditación con una Dabraká. El Dr.
Nemem que estuvo a mi lado en ese momento tan importante, quiso acompañarme. Ambos meditamos
las combinaciones de Imhotep que estaban unidas a la Mística de Osiris, el Dios de los Muertos, pero en
realidad estas palabras sagradas estaban al servicio de la vida…
En el Antiguo Egipto, la Dabraká estaba íntimamente relacionada al culto en los templos ya que el saber
no estaba separado de la espiritualidad ni de la religiosidad que caracterizaba a aquella sociedad. Sin
embargo, cuando fundé mi propia escuela hace 35 años en Montevideo y posteriormente en Buenos
Aires y San Pablo, pase a transmitir ese conocimiento sin una connotación religiosa. Creo en Dios pero
no profeso ninguna religión, respeto todas ellas y cada uno puede unir la práctica de la Dabraká a su
creencia personal o no, eso como desee la persona.
Lo más importante es tener fe en aquello que hacemos, es importante tener fe en nuestra fuerza
interior, en nosotros mismos y en nuestra propia vida. Muchas veces no conseguimos un buen resultado
con la meditación porque tenemos baja autoestima.
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Es preciso reconstruir el “Yo”, la meditación ayuda a tener fe en sí mismo, ayuda a restablecer la
autoestima, la autoconfianza, y por lo tanto la posibilidad de alcanzar el éxito. Cada uno de nosotros
puede aprender a usar la fuerza de la mente y el alma para autoayuda en todos los aspectos cotidianos.
Todo en la vida es así…cuando tenemos fe, realizamos nuestro sueño! Su poder cura, “mueve
montañas”. Por eso diferentes religiones transforman la vida de sus fieles: es la fe la que hace el
milagro!! Incluso la medicina y la ciencia vienen estudiando y reconociendo la fuerza de ese fenómeno
humano. La fe es un sentimiento que puede o no estar relacionado a una creencia religiosa.
Lamentablemente, cuando crecemos en un hogar de escépticos, en un hogar donde hay constantes
discusiones y rivalidades, es difícil creer en algo. Cuando respiramos ese aire, cuando nuestros padres
no son sinceros y somos testimonio de una mentira, al llegar a la madurez, dudamos de todo y es difícil
aceptar a Dios y no podemos creer en nada.
Nuestro mundo sufre de un gran escepticismo. La sociedad actual paga las consecuencias del
desequilibrio entre la razón y el sentimiento. Todo se ve desde un punto de vista lógico, la razón domina
el espíritu que muchas veces es olvidado y hasta ignorado.
En una época que se rige por valores materiales y pragmáticos, falta el alimento de la fe que es
fundamental, no podemos vivir sin ella, es como vivir sin amor… Por otro lado, parece que la crisis social
y humana en la que vivimos está empezando a cambiar esos parámetros; en estos últimos tiempos,
principalmente en el fin y comienzo de milenio, el hombre ha demostrado estar más abierto a la
búsqueda espiritual..El futuro dirá…
Yo agradezco que no me enseñaran a desconfiar. Al contrario, me dieron una base para creer. Por eso
no soy escéptico. Gracias a Dios tampoco lucho contra la razón y la lógica pero siempre busco triunfar a
través de la fe y del amor.
Como místico, enseño que si practicamos la Dabraká con emoción, con fe y con gran integración,
conseguimos los resultados que anhelamos. No vamos a comprenderlo a través de la razón pero vamos
a sentir su efecto así como no comprendemos el amor pero si sentimos o sabemos de su fuerza en
nuestras vidas. Tantas veces aprendemos algo que podemos entender racionalmente pero que no nos
sirve para casi nada, no soluciona nuestros problemas.
En esencia, la Dabraká es una combinación especial de letras que corresponde a una combinación de
números, inmensas fuerzas que forman “El Verbo de la Creación Divina”. Lo que está relacionado al
concepto pitagórico de los valores numéricos que se unen formando distintas fuerzas que influyen en la
vida del hombre y del Universo, es decir, estamos hablando del orden Universal que puede traducirse en
números.
Cuando nos concentramos mentalmente en las combinaciones, que no poseen un significado semántico,
producimos una vibración que crea una corriente de energía. Son como “códigos energéticos” creados a
partir de combinaciones entre letras con cargas negativas y positivas, o poéticamente, letras con
esencias masculinas y femeninas; el principio de polaridad, los opuestos que se atraen y que chocan, sin
fundirse jamás, creando una corriente de energía. Es así en el átomo, en la electricidad que ilumina
nuestras casas y también en la unión del hombre y la mujer a través del sexo dando vida…
Tenemos que entender que somos energía. A este punto debemos introducir el concepto de aura para
comprender mejor cómo actúa la Dabraká: para que haya vida es necesario que haya energía, que
también se manifiesta como luz, brillo, formando un campo bioenergético que envuelve al ser vivo.
Desde hace algunos años, la foto Kirlian puede registrar este fenómeno ya mencionado por los místicos
desde la antigüedad, cuando hablaban de luminosidad y de los colores que emanaban de las personas;
sin embargo, no es fácil verlas, es necesario un gran desarrollo de la sensibilidad. Todo lo que vive tiene
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KABASH
aura pero los elementos también tienen: una piedra, los metales tienen su aura, el aura del ser humano
consta de tres niveles: la energía vital relativa al cuerpo; la energía emocional relativa a la mente y
psiquis y la energía astral, referente al alma.
Entonces, a través de nuestra mente, de la concentración, dirigiendo de forma adecuada nuestras
corrientes energéticas, podemos ordenar nuestra propia aura, liberar el exceso de cargas negativas que
acumulamos y también canalizar energías positivas del Universo, de la Naturaleza. De esta forma nos
mantenemos en un maravilloso equilibrio que nos traerá bienestar y fuerza para conquistar nuestras
metas.
La práctica de la Dabraká estimula la glándula pineal del cerebro, nuestro gran centro organizador y la
sede de nuestra mente. Es donde encontramos la fundamental incidencia de esta glándula que segrega
hormonas importantes como la serotonina y la melatonina. Lo que hoy llamamos de Pineal,
antiguamente se relacionaba al místico “tercer ojo”, o, el “ojo de Horus” para los egipcios. Su desarrollo
es fundamental ya que es el centro de equilibro del campo bioenergético humano. En el pasado, por
todo lo que ella representaba, era motivo central de prácticas energéticas y místicas realizada en los
templos; Las “Casas de Vida” de la Dinastía XVIII.
El “Tercer Ojo” era considerado una inteligencia mayor. Observando las pinturas del antiguo Egipto en
bajo relieve veremos que los Faraones usaban en la frente una especie de Tiara con el Ureus, una
insignia en forma de cobra. Dentro se colocaban elementos de carácter místico a los cuales atribuían
una “fuerza mágica” para estimular su “Ojo de Horus”. Los Hierofantes, sabían hace más de 3500 años
que para obtener positivismo y equilibro en todos los planos es necesario estimular lo que hoy
conocemos como la glándula pineal.
Pero la meditación, según la tradición del Kabash, no es una simple concentración: la repetición mental
de la Dabraká unida a la fuerza espiritual nos transporta a un estado especial de iluminación, de paz, de
positivismo y fuerza interior.
Es una meditación muy profunda a través de la cual nos conectamos con la esencia transcendental del
ser: nuestra alma. Es una práctica mística de gran profundidad.
En el Antiguo Egipto, los Hierofantes decían que la Dabraká era el lenguaje del alma. También podía ser
entendido como “Dabraká” que quiere decir “la palabra del Ka”>; la palabra que llega a nuestra alma, las
palabras sagradas de los sacerdotes del Kabash.
En otra de sus traducciones significa “diálogo del Bá con el Ká”. En términos modernos podríamos
entenderlo como el diálogo de nuestra mente (y todas sus atribuciones) con nuestra “esencia” o con
nuestro “estado de ánimo”, aquello que nos anima, que nos da vida, nuestra alma.
Por lo tanto, meditando aprendemos a conocernos. A través de ese estado de mayor interiorización,
alcanzamos un sentimiento místico que nos une al “Aliento Divino” que crea, y de esa forma también nos
transformamos en creadores. Meditar es hablar en silencio con la fuerza del alma..Pero debemos
siempre recordar que sin fe y sin mística la Dabraká no tendrá vida!
Entonces ustedes me preguntarán: “Maestro Rolland, la Dabraká es magia?"
No, la magia existe hasta el momento en que entendemos cómo funciona, a partir de ahí deja de
serlo..Muchos de los conocimientos que integran el Kabash aún no fueron descubiertos por la ciencia
moderna. Por eso, aún teniendo sus orígenes en un pasado lejano, es una sabiduría tanto para el
presente como para el futuro. Sé que las Dabrakás son del pasado, pertenecen al presente y serán las
prácticas del futuro.
Hace algunos años, la sociedad moderna está cediendo ante el poder de la mente; inclusive a través de
investigaciones científicas se constata una gran influencia de la fuerza mental sobre nuestro bienestar
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KABASH
físico y emocional y también sobre el éxito de nuestros proyectos de vida. Pero aún no estamos
acostumbrados a utilizarla a favor nuestro; por lo tanto, sufrimos con los problemas que la mente crea
como consecuencia de los desequilibrios emocionales que vivimos.
Poco a poco, nuestra sociedad también va reconociendo el beneficio que prácticas milenarias de
meditación traen al ser humano; vienen siendo utilizadas de forma terapéutica a y algunos médicos se
proponen realizar experiencias para poder obtener pruebas científicas sobre ese tipo de terapia
considerada “alternativa”.
En mi rica experiencia como Maestro de Kabash, he observado una infinidad de casos en que se
solucionaron diferentes problemas o en que mejoró mucho la calidad de vida de la persona con la ayuda
de la meditación. Son incalculables los beneficios que las Dabrakás proporcionan porque también
ejercen su influencia sobre los planos inconsciente y subconsciente; es decir que continúan actuando
mientras dormimos y se relacionan con nuestros sueños.
Desarrollando nuestro plano espiritual día a día y practicando esa unión entre mente y espíritu para que
se transforme en una gran fuerza, estaremos más positivos, equilibrados y disfrutando de mayor energía
vital. Además de ello, si mantenemos ese hábito, en el momento en que necesitemos hacer una
meditación para una situación difícil, obtendremos resultados infinitamente superiores.
Mis queridos discípulos, mediten...esa será la verdadera base de todo lo que les voy a enseñar. Nunca se
olviden de que dentro de cada uno de ustedes hay una fuerza maravillosa que espera ser desarrollada y
descubierta...
Esta es la sabiduría que guía la práctica y el pensamiento del Instituto Nefrú: de que estos conocimientos
deben ser divulgados, dentro de principios éticos, para ayudar al individuo efectivamente en el día a día
para que pueda desarrollar su autoestima y la seguridad en su poder personal que lo transformará en un
ser libre pero también responsable de sus propias actitudes, por su vida y por su felicidad!
Con la certeza de que un mundo mejor se construye con personas equilibradas y realizadas, que podrán
así construir algo positivo para sí y para los demás.
Como meditar con la Dabraká
Piense que si usted tiene un lugar para alimentar su cuerpo, también debe buscar un lugar para
“alimentar” su espíritu. En su casa debe haber un espacio destinado a la meditación, a la mística, a su
espíritu... No es necesario que sea exclusivo, puede ser su dormitorio, una sala o en su escritorio, pero
usted debe saber que allí siempre encenderá su vela para meditar.
La mayoría de las veces, de acuerdo a lo indicado, usted prenderá la vela antes de comenzar a practicar
la Dabraká. A través de ese fuego, de esa luz usted llegará a su propio fuego y a la luz que emana y que
forma su aura. Arquetípicamente el fuego representa la comunicación; así, usted estará buscando
comunicarse con lo más elevado, con lo que está más allá de su intelecto.
Cuando usted realiza sus prácticas, abre los canales de comunicación entre sus energías y las grandes
fuerzas del universo; por lo tanto, usted debe conectarse de la mejor forma posible con ellas no usando
calzado con suela de goma o ropa con materiales sintéticos; suela de cuero o yute son apropiadas pero
también puede meditar descalzo o con medias de lana o algodón; lo ideal sería también usar ropa de
fibras naturales. Al mismo tiempo, el lugar para meditar no debe tener piso aislante (plastificado o
alfombra sintética), para obtener una mejor polarización y generar una intensa corriente energética es
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KABASH
necesario el contacto con la tierra a través de un piso que puede ser de madera, cualquier tipo de
piedra, cerámica, azulejo o sobre una alfombra de tejido natural o de cuero.
También es preciso que usted, al momento de meditar, se saque todos los metales que estén en
contacto con su piel (anillos, pulseras, relojes, caravanas, etc.); lo que sea de oro puede dejarse ya que
es neutro; cada metal tiene su propia energía que influye sobre la práctica de la Dabraká.
Sacarse el reloj también tiene un sentido simbólico: por un momento se dejan de lado los horarios de la
rutina diaria y se entra en oro plano, el de la mística, donde el tiempo es relativo. La concentración en la
combinación de letras debe ser profunda pero rápida; aproximadamente de 3 a 5 minutos. Luego de
eso es natural que la mente se disperse. Pero ese tiempo no debe ser medido; la experiencia nos
llevará a tener una noción clara de ese “tiempo interno” de concentración.
Para facilitar ese proceso de interiorización, debemos apartar los pensamientos de la vida cotidiana, las
preocupaciones, los problemas que nos perturban y que no permiten la integración plena con la
Dabraká. Para ayudar a aquietar su mente, antes de meditar, es conveniente, siempre que sea posible,
lavarse las manos colocándolas bajo el agua de la canilla, concentrándose en:TASH LEJ
Otro ejercicio de concentración que lo ayudará mucho se hace mirando fijamente la llama de la vela
antes de iniciar la práctica de la Dabraká. Aunque es natural que al principio muchos pensamientos lo
invadan cruzando su mente como flashes incontrolables, poco a poco usted conseguirá ordenarla y
dirigirla a su propósito. Primero piense en la meta que desea alcanzar con su meditación; hágalo con
emoción, entre en contacto con su fe, creyendo que conquistará su gran objetivo. Luego busque dejar
su mente en blanco; en ese momento, concéntrese con toda su fuerza en la Dabraká.
Repita mentalmente la combinación de letras, como un lenguaje interior, a su ritmo, con mucha fe,
sienta entonces la fuerza de esas letras, su vibración... Deje que esa palabra se transforme en un
“pequeño sol” que da vida a su espíritu; libérelo y déjelo alcanzar vuelo...entréguese.
La llama de la vela se convierte en “Divina”, iluminando su mente para que usted encuentre la fuerza o la
respuesta que está buscado para crecer y ser feliz.
Recuerde que la práctica de la Dabraká es un profundo diálogo consigo mismo y para buscar entrar en
contacto con su esencia; con esa fuente de donde emana su fuerza interior, usted también puede
practicar la meditación unida a un cántico místico, que en el Antiguo Egipto era llamado Niguen o
Naguen (la repetición de una combinación de letras asociadas a una melodía).
Los Sacerdotes Hierofantes sabían que a través del canto y de la danza, despertaban una gran fuerza,
emitiendo una entonación mística conseguían entrar en trance, lo que permitía el despertar de su
sensibilidad para realizar sus prácticas.
Como místicos creemos que a través de esa música podemos alcanzar nuestra alma.
Principalmente para aquellos que comienzan a meditar, el niguen puede facilitar este estado de mayor
interiorización; de esta forma y siempre que sea posible o cuando sienta la necesidad de hacerlo, usted
también puede prepararse para la meditación escuchando un cántico místico (antes de meditar y no
simultáneamente para no perder la concentración en la Dabraká)
Entonces vamos a aprender un Niguen indicado para esa preparación, pues lleva al auto-control. En el
Antiguo Egipto, cuando llega el “momento del Marif”, el momento en que surge la primera estrella en el
cielo, los sacerdotes se dedicaban al encuentro con sus almas. A partir de ese momento, hombres y
mujeres abandonaban sus tareas cotidianas para dar lugar a la Mística en sus vidas.
Para rescatar esa tradición, nos concentramos en: ABITOJ
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KABASH
¿Qué dificulta la meditación?:
1) La autoestima
Como hemos visto anteriormente, muchas veces no conseguimos un buen resultado de la meditación
porque no creemos en nosotros mismos; tenemos una baja autoestima. La mente, lo que pensamos de
nosotros mismos, es muy importante.
El primer paso es meditar y tener fe en sí mismos, en su fuerza interior.
La autoestima es una base sólida para alcanzar la victoria, incluso más importante aún: la victoria sobre
sí mismo, lo que se reflejará en todos los planos de la vida!
Así, con el más profundo deseo de tener fe en sí para confiar en su fuerza y en su capacidad, delante de
la luz del sol o de una vela, medite: AVUNT
2) Influencias Negativas
Somos energía, por lo tanto el desequilibrio de nuestra aura de refleja en todo nuestro ser, incluso en
nuestra mente, afectado nuestra voluntad y nuestra concentración.
A veces sentimos la necesidad de meditar pero no conseguimos vencer la falta de ánimo o comenzamos
a meditar y sentimos que nos falta energía para iniciar el proceso; o, incluso meditando, percibimos una
falta de concentración que no es normal.
En estos casos, podemos estar negativos y debemos tratar primero de equilibrar nuestra energía
“limpiando” el exceso de cargas negativas que vamos acumulando por diversos motivos.
En cualquier horario o posición, podemos meditar para equilibrar nuestra energía, ayudar a equilibrar la
energía del grupo con que estamos conviviendo y también del ambiente:SHOJEN LOJ
Ahora estamos preparados para trabajar en profundizar nuestra meditación y alcanzar buenos
resultados.
Así, debemos entender que iniciamos un proceso que con la práctica nos ayudará a meditar cada día
mejor.
Por lo tanto, debemos también prestar atención a algunos aspectos de nuestro desarrollo:
I) Ejercicios de concentración
Podemos disciplinar nuestra mente a través de simples ejercicios que nos ayudarán a obtener mejor
concentración para aprovechar al máximo la fuerza de la Dabraká.
Será más fácil lograr poner la mente en “blanco” para concentrarnos en la Dabraká se aprendemos a
alcanzar ese estado y practicamos con frecuencia. Por lo tanto, debemos comenzar con estos ejercicios
con una vela encendida:
1) En un ambiente oscuro, nos sentamos delante de una mesa sobre la cual tenemos una vela
encendida, a la altura de nuestros ojos a una distancia de nuestro cuerpo equivalente a la medida del
brazo. En silencio, miramos fijamente la vela. Al rato podemos percibir que los pensamientos van
desapareciendo y que nuestra mente empieza a quedar en “blanco”.
2) En la misma posición, nos concentramos en la llama de la vela y al rato veremos la llama de la vela
dividida en dos.
3) Aún en la misma posición, colocamos sobre la mesa dos velas de la misma altura y separadas entre si
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KABASH
por una distancia de, aproximadamente, diez centímetros. Al rato debemos lograr ver las dos llamas
unidas en una sola.
Concentración en la Dabraká
. Una técnica simple para empezar a practicar la Dabraká es tratando de “Ver”, con los ojos cerrados, la
combinación de letras escrita en nuestra frente. Vamos recorriendo cada una de las letras y, ni bien nos
concentramos en este ejercicio, los pensamientos desaparecen y la energía de la Dabraká se mantiene
en nuestra mente.
.Otra forma e concentración es a través de lo que se denomina “Tercer Ojo”, u “Ojo del Alma”, u “Ojo de
Horus” del Antiguo Egipto, que, anatómicamente pertenece a la glándula pineal.
Lo imaginamos localizado en el centro de nuestra cabeza, siendo este el punto central de concentración.
Vamos a representarlo con un círculo con un punto en el medio al cual dirigimos nuestra concentración.
Cerramos los ojos y visualizamos ese círculo, fijamos la mentalización de la Dabraká en este punto
central. Este ejercicio está basado en la filosofía de que concentrando la energía en un único punto,
obtenemos una fuerza mayor.
Otra forma de conseguir una buena concentración: sentado o acostados en un ambiente oscuro con una
vela encendida, primero miramos la llama de la vela durante unos minutos, luego, con los ojos cerrados,
nos concentramos en la Dabraká dentro de esa luz que tratamos de visualizar mentalmente, como si ella
apareciese en nuestro interior.
Lo más importante es comprender que aprender a meditar es ir integrándose a ese nuevo lenguaje con
el cual nos comunicamos con nuestra Alma. Así como aprender un idioma lleva tiempo, meditar con la
Dabraká también exige un proceso de aprendizaje. Al principio es natural que no se logre la
concentración necesaria porque los pensamientos nos invaden. Pero, poco apoco, nos vamos
comunicando con mayor fluidez con nuestra Alma hasta que llega el momento de que lo hacemos con
naturalidad; sin ni siquiera pensar en cómo debemos concentrarnos, lo hacemos automáticamente. En
ese momento tendremos incorporada la meditación a nuestro ser.
Por lo tanto, debemos integrarnos a esas prácticas con fe y meditar con mucha frecuencia; lo ideal sería
empezar y terminar el día con una Dabraká.
II) El poder de creación de la mente.
La mejor forma de meditar es lo que hace el niños; con total entrega, sin dudas y con un corazón puro
en sus propósitos.
Para el niño, lo que él imagina lo vivencia como una realidad. En la vida adulta, dejamos de lado toda
esa fuerza del pensamiento mágico y vivimos esclavos del pensamiento lógico, principalmente en
nuestra sociedad. El místico trata de vivir en equilibrio, entre esas dos instancias porque sabe que según
la filosofía de Ptah Otep “Todo es mente y espíritu”.
Así, lo que concretamos en la realidad depende de que lo protéjamos con la fuerza de nuestra mente y
con un profundo deseo de nuestro espíritu.
Entonces, vamos a aprender a desarrollar el poder de creación de la mente para que nuestras metas
puedan realizarse a través de la Dabraká.
Para estimular nuestra mente, debemos trabajarla a través de la visualización mental.
Los Antiguos Egipcios creían que los símbolos son importantes para el desarrollo de la capacidad
mental.
También los estímulos visuales ayudan a ejercitar la imaginación y favorecen la transmisión de un
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KABASH
determinado pensamiento y energía. Imaginar algo que no vemos es crear.
Ejercicio:
Con una vela encendida, imaginamos que somos pájaros y tenemos alas. Así, tratamos de conducir
nuestra imaginación a través de un vuelo por bosques, ríos, valles, por el cielo; siempre escenarios
naturales y nunca ciudades. Debemos sentir que volamos con nuestras alas mientras meditamos por
alrededor de diez minutos con la dabraká: TZI PO RA
III) Como generar corriente de energía: el concepto de
polarización
Aprendemos a través de la mente que se puede crear una corriente de energía y canalizarla en dirección
a nuestras metas. Ahora vamos a aprender a intensificarla para alcanzar mayores resultados con nuestra
meditación y también para, en el futuro, ser capaces de transmitir esa fuerza y ayudar al otro.
Por lo tanto, vamos a retomar el concepto de polarización:
Sabemos que toda la corriente de energía es generada a partir de dos polos opuestos. Al igual que el
Universo y nuestro planeta, el hombre tiene dos polos: un positivo y otro negativo, y, como tal, se atraen
generado así una “corriente” de vida.
Cuando el Maestro Rolland utiliza el término polarización se refiere al hecho de que podemos organizar
nuestras energías o nuestros polos energéticos.
Para conseguirlo vamos a hacer el siguiente ejercicio:
Comenzamos tratando de establecer un orden mental. Dividimos nuestro cuerpo en una línea imaginaria
que pase por el centro de os ojos y desde nuestra boca, continuando hasta el ombligo y termina en el
punto medio entre nuestros pies. A la derecha es el lado positivo y a la izquierda el lado negativo.
Luego de ello, podemos hacer una Dabraká que ayuda a organizar nuestra energía. Existen muchas para
ello. Vamos a aprender una práctica simple de hacerse: de pie haciendo una balanceo con el cuerpo,
primero con todo el peso sobre la pierna izquierda y al mismo tiempo moviendo marcadamente el brazo
y la mano izquierda que estará con la palma abierta en un movimiento que recuerda a un “corte” hacia
abajo; allí nos concentramos en AISH. De la misma manera, repetimos para el lado derecho y nos
concentramos en AISHÍ y le damos secuencia al ejercicio durante dos o tres minutos.: AISH AISHÍ
Ahora estamos preparados para meditar profundamente y desarrollar esa fuerza que existe dentro de
cada uno de nosotros con fe y con mística. Para crecer y superarnos en el día a día…
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KABASH
EL CONCEPTO DE AURA
Desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días, diversas civilizaciones y culturas manifestaron sus
conocimientos sobre la existencia de energía en el ser humano. Muchas personas fueron perseguidas o
condenadas por ello. Por el contrario, otros fueron distinguidos por su gran sensibilidad frente a las
“manifestaciones divinas” y por su gran capacidad de ayuda.
A través de diferentes palabras o símbolos, fueron muchos los que a lo largo de la historia se referían a
ese “brillo”, esa “luz”, esos “colores” que emanan de todo ser vivo.
Los cristianos representaban esa luz en las aureolas de los santos, ese brillo dorado sobre las cabezas de
las figuras consideradas más elevadas espiritualmente.
Dentro del judaísmo se conocen las dos franjas de luz que sobresalen de la frente de Moisés. Los Judíos
Kabalistas hacen referencia a la Shehina, considerada como la belleza y la fuerza que emana de Dios y
del espíritu del hombre. Como dice la biblia: la “Luz de Dios”.
Muy próximo a ese concepto está lo que los antiguos egipcios llamaban de Shehin o Shehika; palabra
que se refiere al planeta Mercurio, considerado por los egipcios el astro de mayor importancia para el
aura, como el astro que rige el equilibrios por ser lo más próximo del sol – el centro de vida y de energía
para nuestro mundo.
A través del tiempo, se transmitió esa esencia mística que llega hasta nuestros días como Aura. Para el
hombre primitivo, los fenómenos no tenían una explicación lógica, siempre se atribuían a lo
desconocido, el mundo trascendente. Hoy, gracias a la invención de la cámara Kirlian, hasta la propia
ciencia ha reconocido la existencia de lo que frecuentemente llamamos campo bioenergético. Ya no se
consideran delirantes aquellas personas que hablan del brillo, de la luz de los colores que rodean a los
seres humanos.
Sin embargo, aún falta mucho para que la ciencia aprenda a pesar de sus avances tecnológicos.
Qué es el Aura?
Es la energía de nuestra vida. Representa nuestra alma, nuestro plano espiritual, psíquico y físico. Sin
aura, es decir, sin energía, no hay vida. Aún más que eso; los Sacerdotes Hierofantes del Antiguo Egipto
enseñaban que en todo existe aura; incluso una piedra tiene aura. Consideraban la existencia de
diferentes auras correspondientes a diferentes formas de la naturaleza; por eso, el aura de un ser
humano no es igual a la de una roca o a la de una hormiga.
Cuál es la explicación que damos a ese fenómeno?
Es el resultado de desprendimiento de energía. Por ejemplo, el brillo del sol proviene de su constante
desintegración que libera energía. Si quemáramos un pedazo de pan, este de desintegrará y gracias a
eso, habrá luz. Por eso, lo que se desintegra genera luz.
Pensando de esta forma, podemos entender que el campo bioenergético es el brillo, la luminosidad
resultante del desprendimiento de energía.
De acuerdo al concepto de que el hombre es un microcosmos que corresponde a un macrocosmos de la
misma forma que la desintegración permanente del sol produce una emanación de luz y calor que
posibilita nuestra existencia, también cada cédula que muere en el cuerpo libera una energía de vida.
Podemos pensar que el brillo del sol es fruto del proceso de su muerte, la misma causa del brillo que
emana de los seres humanos: cada célula que muere libera energía vital. En nuestro organismo, en cada
instante, mueren y nacen millones de células. Nacimiento y muerte. El ciclo de vida que se renueva sin
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KABASH
sesar.
Sabemos que cada energía posee una frecuencia que produce una determinada coloración. Así el aura
emana diferentes colores que solo podemos percibir a través del “tercer ojo”, que corresponde a la
glándula pineal, ese “portal” que se abre para otra dimensión de vida y puede captar aquello que está
más allá de los cinco sentidos básicos. Podríamos entender al “tercer ojo” como la sede de nuestro
“sexto sentido”.
Una de las grandes bellezas de la vida mística es poder “ver a través del tercer ojo”; ese ojo invisible que
se proyecta de nuestra frente y que busca una verdad desconocida para el intelecto y para la razón.
En el Antiguo Egipto, los sacerdotes realizaban intensas prácticas de desarrollo de sensibilidad mística
para que pudieses visualizar el aura a través del “tercer ojo”. De hecho esa civilización fue una de las que
mayor importancia dio al tema energía. Sin duda tuvieron un profundo conocimiento sobre cómo
generar y conservar la energía vital. Sabemos de momias de hace más de 3000 años conservaban en su
piel el aura y que semillas que fueron encontradas en las pirámides germinaron después de 30 siglos.
En aquella época conocían los “mapas” del cuerpo humano en los que se localizaban los diversos centros
energéticos y diferenciaban los distintos niveles de aura humana correspondientes a los conceptos de
Guf (cuerpo, energía vital), Ba (mente, energía espiritual –relativa a la energía anímica y afectiva) y Ka
(alma, energía astral). Sabían que la enfermedad se refleja en una diferencia en el aura; incluso con
alteración de sus colores; cuando un órgano no funciona bien es porque se alteró su equilibrio
energético lo que se manifiesta en el campo de energía de ese órgano. En este caso hay un aumento de
intensidad de luz en el punto correspondiente a ese órgano en el aura, pues en ese estado hay una
mayor desintegración ya que las celulares mueren con mayor rapidez.
Solamente interpretando los colores del aura, los sacerdotes médicos podían llegar a detectar una
enfermedad que la persona aún no sabía que tenía o un futuro dolor que aún no se había manifestado.
De la misma forma, sabían que el aura reflejaba los diferentes estados de ánimo en que vivía la persona:
su nivel de estrés, su agotamiento físico, sus desilusiones afectivas, su desequilibrio emocional y
psíquico.
A partir de este diagnóstico, aquellos antiguos sabios, mediantes los mapas arriba citados, transmitían
energía vital a las personas a través de las “Agujas Sagradas” o de las propias manos. Entendían que la
fuerza del creador también estaba en sus manos. Al tocar a una persona con un profundo sentimiento y
deseo de curar, concentrándose en una “Palabra Sagrada” o Dabraká, podían unirse a la gran energía
cósmica, la fuerza vital que existe en todos los seres o elementos de nuestro universo. Así lograban
ayudar a las personas a superar un desequilibrio o un problema ya sea físico, psíquico o espiritual.
Enseñaban prácticas para que la propia persona supiese cómo mantener su energía vital que podría
canalizar para cumplir sus metas de vida. También decían que para el equilibro del campo bioenergético
es indispensable estar en contacto con la tierra y con los demás elementos de la naturaleza,
fundamentales para la vida en nuestro planeta. Además, entendían que el amor es el gran cimiento que
une las auras de los seres humanos, siendo una gran fuente de energía y vitalidad.
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KABASH
Investigaciones Científicas comprueban los
beneficios de la Meditación
En la Sociedad Occidental, durante siglos, la fe y la ciencia dominaron separadamente. La entrada del
nuevo milenio trajo consigo una aproximación en ese sentido. La encíclica de Juan Pablo II de 1998
afirma: “La fe y la razón constituyen las dos alas por las cuales el espíritu humano se eleva para
contemplar la verdad”.
En el ámbito científico, es probable que las manifestaciones religiosas de Einstein – expresadas por
primera vez en 1950- hayan sido en sus primeros pasos facilitadores de esa aproximación. El decía que
un científico podría ser, efectivamente, un hombre de fe y creía en una perspectiva “cósmica, no
antropomórfica” de Dios. Parece que esa apertura posicionada por Einstein funcionó como punto de
ruptura de un pensamiento que hacía incompatibles a la fe y la ciencia en el mundo moderno.
En 1988, la Organización Mundial de la Salud, incrementó la dimensión del bienestar espiritual al
conocido concepto multidisciplinario de salud que, como se sabe, hasta entonces solo tomaba en
consideración las dimensiones físicas, psíquicas y sociales. Ese es sin duda alguna el sello decisivo y
universalizado de enlace entre la fe y la ciencia.
A partir de esa nueva forma de pensar, muchos investigadores habían realizado experiencias para
estudiar los resultados de la práctica de la meditación. Especialmente el sector médico estaba venía
dedicando desde hacía algunas décadas – sobre todo en los años 90- una gran atención al tema, lo que
se dio gracias al avance del conocimiento sobre el cerebro humano y al desarrollo tecnológico adecuado
para medir y cuantificar los procesos relativos a las experiencias místicas y de meditación. Hoy ya es un
hecho que los estados de meditación profunda se asocian a alteraciones electroencefalográficas.
Técnicas de imágenes cerebrales tipo Spect (Single Photon Emission Computed Tomography) o Pet
(Positron Emission Tomography) o aún una resonancia magnética, muestran un aumento de actividad en
algunas áreas cerebrales y disminución en otras durante la práctica de meditación.
Durante 25 años el científico Herbert Benson de la Universidad de Harvard, dirigió estudios en este
sentido y llegó a conclusiones muy interesantes. Sus descubrimientos se resumieron en un informe
destinado a la Oficina de Sistemas y Prácticas Médicas Alternativas del Instituto Nacional de Salud de
Estados Unidos en la década del 90. Algunos de los beneficios comprobados son los siguientes:
• Reducción de los niveles en sangre de cortisol u hormona del stress
• Disminución de la presión sanguínea y del ritmo cardíaco (dado que disminuir no significa
necesariamente normalizar).
• Baja de la tasa de colesterol en sangre. Como sabemos la acumulación de estrés puede
aumentarlo y por lo tanto, es razonable obtener el efecto contrario si conseguimos reducir la tensión
diaria.
• Alivio de la ansiedad y el dolor crónico cuando se medita regularmente
• Ayuda en el control del uso abusivo de sustancias nocivas como el alcohol, drogas, calmantes,
cigarros, etc.
• La meditación está asociada a una mejora en la calidad de vida y a la longevidad; en consecuencia
a la disminución en los costos de manutención de la salud.
A este importante estudio se le suma otro dirigido por Richard Davidson, profesor de Psicología y
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KABASH
Psiquiatría de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos), donde muestra que la práctica regular de la
meditación puede inducir a cambios en la llamada “sincronía neuronal” que involucra la coordinación
global del funcionamiento cerebral. Meditar eleva la escala de oscilaciones de rápida frecuencia, los
ritmos de “gama completa” asociados a las actividades mentales mas sofisticadas tales como la atención,
el aprendizaje y la percepción consciente –mejorando por lo tanto, la capacidad cognitiva. En la misma
dirección, estudios donde se utilizaba Spect, mostraron un aumento significativo de la actividad cerebral
en la región de la corteza pre frontal durante la meditación, lo que es consistente con el proceso de
atención focalizada.
En Brasil, la Universidad Federal de San Pablo –UNIFESP, desarrolla investigaciones para avalar los efectos
psicofisiológicos de las técnicas de meditación. Hay tesis de maestría y doctorado mostrando que esa
práctica mejora la calidad de vida en los ancianos, incluso optimiza el tratamiento de las insuficiencias
cardíacas; ayuda al manejo del estrés y de los trastornos del sueño y es coadyuvante en el tratamiento
de diversos problemas de salud, especialmente aquellos relacionados a la ansiedad y la depresión.
Además de las investigaciones científicas, las terapias complementarias basadas en esta práctica vienen
adquiriendo cada vez más respeto y credibilidad junto con la comunidad médica. Se considera un hecho
que el equilibrio emocional fortalece el sistema inmunológico, además de armonizar el funcionamiento
de diversos órganos y glándulas. Se sabe que meditar ayuda en esta tarea ya que cuando el cuerpo y el
alma están en armonía, es más fácil controlar las emociones. Técnicas de meditación están siendo
utilizadas en servicios públicos y privados de salud en Brasil. Son ejemplos los Hospitales San pablo y
Servicio Público Municipal también de San Pablo. Los médicos ya están haciendo declaraciones como
“luego que los pacientes comenzaron a meditar, el número de remeditos que tomaban disminuyó” o
“todos deberían tener acceso a terapias (refiriéndose también a la meditación) que mejoran la calidad
de vida”. Sin embargo, aún falta mucho para que la ciencia pueda avanzar en el campo en que la
sensibilidad humana, la fe y la mística vienen dominando hace más de 4000 años sin necesidad de
explicaciones racionales o científicas.
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